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Fotógrafo del mes: Duong Dinh

El

maquillaje en el

Retrato

¿Qué es mejor Canon o Nikon?

Ari Mahardikha


Contenido

Año VI.- Núm. 56- Marzo 2016 PROMOTOR José Luis Cuendia, “Guendy” DIRECTOR Francisco Trinidad COLABORADORES Eugenio R. Meco, Pepe Haro Castaño, Ma Bernarda Ballesteros, Carlos Flaqué Monllonch, Glyn Griffits, Ricardo González “Completu”, Salvatore Grillo, Javier Madroñero, Narciso del Río, Juanjo Gallardo, Monchu Calvo, Antonio Ramón Ferrera, Cristina Capracci, Gustavo Velázquez, Cora Coronel, Justín del Barrio, Arturo de las Liras, Juan José Alonso, Ilona Gogh, Jan Puerta, Albino Suárez, Gloria Soriano, Ildefonso Robledo, José Manuel Gonzalo, José Mª Ruilópez, Juan Depunto, Juan José Pascual, Viviana Genta, Nadima, Antonio Martínez, Ángeles Pereira Perera, Claudio Serrano. DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA José Luis Cuendia DIRECTORA DE COMUNICACIÓN Lola González DISEÑO y MAQUETACIÓN Francisco Trinidad

Fotógrafo del mes: Duong Dinh por Francisco Trinidad

El maquillaje en el retrato

por José Luis Cuendia “Guendy”

La belleza gitana a través de Miriam Márquez por Eugenio R. Meco

El teckel negro por F.T.

Drama en La Puentepiedra por Monchu Calvo

Un hotel familiar por Gloria Soriano

Los cuatro elementos (y 4) El Aire por Juanjo Pascual

Taekwondo en Luanco

por Ricardo González “Completu”

Abén Humeya

por Juan Depunto

El juego del guiñol

por Nadima/Claudio Serrano

Ari Mahardhika ¿Qué es mejor, Canon o Nikon?

www.moldeandolaluz.com Reservados todos los derechos de reproducción total o parcial tanto del texto como de las imágenes. Las imágenes están protegidas por las leyes de copyright internacionales. Para cualquier consulta o sugerencia contacte con nuestro correo electrónico

Luz y Tinta

info@moldeandolaluz.com

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Moldeando la Luz es miembro de la Royal Photographic Society Nuestra foto de portada: «Guendy»

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Presentación

El pasado número se abría, con esta presentación, anunciando la semana temática del Carnaval e invitando a todos los moldeadores a que se sumergieran en el mundo multicolor de esa fiesta pagana que antecede al tiempo religiosamente adusto de la Cuaresma o, para quienes no tengan ese horizonte, al tiempo inestable que antecede a la primavera. Ese último coletazo del invierno, con lluvias y nieves, propició el que algunas celebraciones del Carnaval hubieran de suspenderse o celebrarse de manera menos lucida, pero no en todos los casos ni en todos los lugares, por lo que las fotos de máscaras y disfraces inundaron nuestra semana temática. Como es habitual en Moldeando la luz la participación fue alta, tanto en número de votos como en votaciones directas a través del modo de votación de elegir favoritos, tan transparente, pues tanto votantes como votados pueden comprobar cuántos votos ha recibido cada foto e incuso de quién proceden tales nominaciones. El resultado, ya conocido, fue que cinco fotografías se alzaron con el mayor número de votos. Sus autores fueron Nadima, Kezzin, Ionut Caras, Lucas e Ildefonso Robledo. La calidad de tales fotografías puede comprobarse en este mismo número de Luz y Tinta, que las publica páginas adelante con la felicitación de la redacción a sus autores. Tras el Carnaval, cuando ya los vientos, las lluvias, los hielos y las nieves del invierno comienzan a desperezarse y el sol empieza a mostrar su cara más amable y su temperatura más acogedora, se anuncia la primavera, que muchas veces irrumpe como un tiempo nuevo desplazando la oscuridad del invierno con la luminosidad de una estación colorida que ha sacudido de siempre la inspiración de los poetas. “La primavera ha venido/ nadie sabe cómo ha sido”, escribía el inmortal Machado subrayando cuanto de súbito tiene su llegada. Así que en este mismo mes de marzo en que aparece este número 56, cuando esté muy próxima la Semana Santa, la primavera, con todo su esplendor y colorido y con toda la fuerza de la vida que se abre paso en las ramas de los árboles que recuperan su follaje, nos brindará la oportunidad de bellas tomas en plena naturaleza, pues, aunque cualquier momento y estación son propicios para la fotografía, no deja de ser cierto que las estaciones con mejor luz y mejor tiempo abren muchas posibilidades. Esperemos que todos los moldeadores las aprovechen y Moldeando se nos llene de colorido primaveral. Pero además en marzo este año coincide la Semana Santa, allá por la tercera semana, del 24 en adelante; y es este un tiempo en el que, religiosos o no, y en España con todo su esplendor, se abren mil y unas podibilidades a los fotógrafos. Procesiones y celebraciones religiosas, con su especial liturgia y su vistosidad –si algo hay que reconocerle a la Iglesia católica es su decantación por celebraciones en las que prima la puesta en escena– muestran un abanico multicolor de opciones fotográficas. Raro es el pueblo, rara es la ciudad, y casi se diría que, sobre todo en algunos lugares, raro es el barrio en que no se organiza algún acto que brinde la ocasión de ser registrado fotográficamente. Y aparte los motivos religiosos, la Semana Santa es también tiempo de vacaciones y ya se sabe que los viajes y excursiones son un excelente momento para cargar con la cámara fotográfica y, al paso del viajero o del viandante, fotografiar lugares y motivos para el recuerdo. Esperemos que Moldeando la luz, así como Luz y Tinta sean el destino final en que compartamos muchas de estas capturas.

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Se anuncia la Primavera

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Fot贸grafo del mes de Febrero

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Duong Dinh


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Aún recuerdo las primeras fotos que vi en Moldeando la luz de Duong Dinh. Me sorprendieron todas, especialmente aquella mujer de rojo posando en distintos escenarios, muchos de ellos a orillas del mar o en un acantilado al que llegaban las gaviotas anunciando la interacción entre mar y tierra. Me sorprendió especialmente la luz que imprimía a sus tomas, esas sensación de niebla que aparecía como un abrazo. Así que entré en Internet y busqué su trayectoria, que me dejó francamente impresionado. En ese momento, envié un correo a “Guendy” pasándole los enlaces y comentándole que estábamos ante un verdadero artista. Desde entonces he seguido, una a una, todas sus fotos en Moldeando. Me he dejado atrapar por su mundo mágico, en el que tienen obsesiva presencia la mujer y el agua. Incluso las fotos que tienen como escenario un bosque se dejan ganar por esa sensación de humedad que proporciona la niebla. Y he visto cómo en distintas semanas sus fotos han sido seleccionadas y algunas de ellas han llegado a ser seleccionadas para ser portada de Luz y Tinta, en cuyo número 47 colocamos como portada una de sus fotos de una mujer en movimiento que nos descubre una de las especialidades de Duong Dinh: la captura del movimiento, maestro como es de las velocidades bajas y de la congelación de la imagen, especialmente cuando capta el fluir del agua, tan díficil, o el vuelo de los pájaros, más difícil todavía, o ya, como comento, el revoloteo de las vestimentas de la mujer. Por todas estas razones, y por muchas otras que a ningún espectador de las fotos de Duong se le ocultan —el tratamiento de la luz y del color, el sentido pictórico de muchas de sus tomas, la delicadeza y sensibilidad con que resuelve sus desnudos, su capacidad para desvelarnos la mirada en los retratos…— hoy se le destaca como fotógrafo del mes y, a diferencia de ocasiones anteriores, me he permitido no trazar una semblanza como suelo hacerlo, hablando de sus fotos preferentemente, sino esta a modo de… en que hablo más de mi y de mis sensaciones que del propio fotógrafo homenajeado.

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Y ello porque el texto que nos envía Duong Dinh sobre sí mismo es lo suficientemente expresivo como para que mis palabras no pretendan ni hacerle sombra, que no lo conseguirían, ni desviar la atención de una trayectoria envidiable y plena. Cuando Guendy me envió la contribución de Duong, me dijo: “alucinarás en colores”. Y efectivamente, permítaseme el desgarro, aluciné. Como espero que hagan cuantos lo lean. Por eso invito a que se lea el texto de Duong Dinh en el post correspondiente de nuestra web, http://moldeandolaluz.com/profiles/blogs/fotografo-del-mesde-febrero-duong-dinh, y se aprecie en toda su dimensión la altura de este artista con el que tenemos la suerte de compartir espacio en Moldeando la luz. sirvan las fotos que aquí se publican como aperitivo de su impresionante galería.

Francisco Trinidad


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El maquillaje en el retrato Existen varias maneras de clasificar las imágenes fotográficas. La clasificación por “tema” es uno de esos métodos. Al definir los diferentes tipos de fotografía, interviene una distinción importante relativa a la razón por la cual se ha creado la imagen. ¿Qué tenía el fotógrafo en la mente antes de disparar? ¿Cuál era su intención ¿Qué pretendía que fuera la imagen o qué uso quería darle? En parte, la respuesta viene dada por el contexto; una fotografía expuesta en una galería o publicada en un lujoso libro ilustrado es probable que responda a la voluntad del fotógrafo de realizar una imagen artística. No ocurre lo mismo con una fotografía de comida preparada y publicada en una revista. A pesar de que sea útil clasificar las imágenes de esta manera, asistimos a una superposición de usos y a una nada desdeñable cantidad de interacciones positivas entre la fotografía comercial y la fotografía artística. Ahora bien, todo tipo de temas necesita de una cierta dosis de realidad, que sea capaz de transmitirnos algo. La fotografía de cosas tiene que ver con la documentación y en gran medida con la venta de objetos como, por ejemplo, cosméticos, coches, ropa u ordenadores. La fotografía de personas incluye la fotografía de retrato directo a través de lo que se denomina “fotografía de sociedad”. Esto incluye la fotografía de boda, los retratos de grupos escolares y la mayoría de los acontecimientos sociales. Y la fotografía de acontecimientos se refiere al mundo de las imágenes de noticias impresas, imágenes de actualidad. La diferencia importante en esta categoría es que existe un sentido de oportunidad. Son imágenes que nos muestran lo que está ocurriendo ahora en el mundo. La fotografía de actos no es lo mismo que la fotografía de acontecimientos. Una de las áreas de crecimiento de la fotografía moderna, gracias a la naturaleza inmediata de la tecnología digital, es la fotografía de actos sociales, que consiste en fotografiar a las personas que participan en el acto, más que el acto en si. La fotografía de boda y el retrato eran en el pasado dos géneros muy estereotipados. El retrato tenía sus poses formales en los estudios con distintos tipos de iluminación cuidadosamente preparados antes de la toma según el tipo de rostros, el carácter o la complexión. A menudo las fotografías de boda parecían más para un anuario fotográfico y conformaban aquellos álbumes de boda que contenían, foto tras foto, imágenes de grupos formales posando, de las que solo una o dos fotos daban verdadera cuenta de la atmosfera del evento. Lo que hoy nos ocupa es el maquillaje en el retrato. Decir antes, que a partir de la década de los años sesenta el retrato también perdió su rigidez tradicional, me refiero evidentemente al retrato de sociedad, y no al que conocemos como retrato de fotografía social, que es completamente diferente, y sobremanera cuando se ahonda con la fotografía en sacar a la luz las miserias humanas de nuestra sociedad. En esta ocasión, me refiero al retrato de sociedad, y al de glamour fashion. Una vez perdida la rigidez a la que me refería anteriormente este nunca más ha vuelto a mirar atrás. En la actualidad es uno de los ámbitos más creativos y apa-

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por José Luis Cuendia “Guendy”

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sionantes de la industria fotográfica. Casi todos los retratos de gente famosa se realizan para ser publicados, pero su estilo y popularidad ha dado paso a un mercado próspero para el retrato que refleja un estilo de vida dirigido a individuos y familias. Ahora el mercado demanda algo mucho más sofisticado que la imagen tradicionalmente enmarcada para colocar sobre la mesa del despacho. Tanto en el arte como en la vida, las cosas no siempre son lo que parecen. Con la invención de la fotografía, hace casi dos siglos, el subjetivo ojo del artista tuvo un nuevo rival, uno que representaba el mundo como era realmente. Además, hoy en día, en la era de las imágenes digitales, las fotografías se pueden modificar fácilmente. Todos se quieren ver más guapos de lo que somos en realidad, y es que no se trata de una moda contemporánea a la que asistimos en la actualidad, pues los hombres y mujeres prehistóricos ya conocían y usaban el maquillaje, lo que no está tan claro es la finalidad de este, si se usaba en las ceremonias, para realzar la belleza corporal o para la celebración de algún tipo de rito, o para todo ello. Y qué decir de los antiguos egipcios que creían que delinear sus ojos con determinadas cosméticos a base de galena molida les alejaba de la negatividad atraída por el ojo maligno. Además esta galena servía también como desinfectante. Luego serían los griegos quienes difundieron por toda Europa cantidad de productos de cosmética divulgando el culto al cuerpo y a la belleza, los baños, masajes, etc. Para diferenciarse las clase altas de los campesinos, los primero blancos y los segundos morenos por estar expuestos durante muchas horas al sol, los primeros ingerían vinagres y blanqueaban la piel con determinados ungüentos, los segundos se quemaban al sol. Durante la era pre-islámica la mujer era considerada como un bien material, con el fin de satisfacer las necesidades vitales y sexuales del hombre, bueno la verdad, es que en algunos países islámicos poco han cambiado las cosas desde entonces a esta parte. Pues bien, ayer como hoy, muchas de ellas vivían y viven recluidas en el hogar sin vida social. Pero en ambos casos siguen dedicando muchas horas al embellecimiento, se maquillan y pintan sus manos, ojos y se dan coloretes, para estar bellas para sus maridos. La época más negra para la belleza vendría con la edad media, pues el cuidado personal llegó a ser indigno y ofensivo. No olvidemos aquella famosa promesa de Isabel la Católica, que cuentan dijo que no se cambiaría la camisa en señal de penitencia hasta que fuera conquistada Granada. Con el tiempo y debido a la influencia árabe se volvieron a interesar por la cosmética y destacaron los grandes trenzados del pelo, que más que un peinado a veces parecían obras de arte sobre la cabeza. También se utilizaban mucho los perfumes, en parte o sin ella, para paliar el mal olor producto de la mala higiene. Sería en el siglo XVII y XVIII cuando verdaderamente estallaría una auténtica obsesión por el maquillaje y los perfumes, eran las modas que imponía la corte. El hombre se maquillaba tanto o más que la mujer y le daba a este un aspecto un tanto afeminado. Tanto el hombre como la mujer lucían grandes pelucas, se empolvaban la cara con polvo de arroz y estaban muy de moda las lunares, se las pintaban o las hacían de terciopelo. En fin, nada nuevo bajo el sol. Con la fotografía ocurre también que el maquillaje es uno de sus grandes aliados. Todos sabemos que el aspecto más importante de la fotografía es la luz, ésta siempre varia dependiendo de la altura, el lugar y la situación donde estemos tomando las fotos, el norte, el sur o el ecuador, cuando sale el sol o cuando se pone. Casi se podría decir aunque suene a sacrilegio que el lugar no importa, si del retrato se trata, porque un maquillaje correcto puede hacer lucir el retrato con cualquier tipo de luz, iluminar o apagar la cara de la persona a retratar. Al igual que a nuestros antepasados con la diferencia que nos van imponiendo las tendencias y las modas, el maquillaje nos ayuda a vernos mejor, a disimular aquello que no nos gusta y a destacar nuestros mejores rasgos y encantos. El maquillaje digital tiene el mismo problema que el real, hay que conocer sus conceptos de luces, sombras, colores y aplicación. Con un buen dominio de Photo-


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shop, se puede ir paso a paso maquillando, segmentando el rostro a través de las diferentes capas, aplicadas a las diferentes áreas y se pueden obtener resultados muy logrados. Personalmente prefiero a una maquilladora profesional que sepa hacer bien su trabajo, pues ese es el trabajo que se ahorra el fotógrafo a la hora de editar sus fotos, pero no cabe ninguna duda de que para los maquilladores y maquilladoras Photoshop les plantea un reto muy grande, solo se puede salir de él de forma victoriosa, con mucho oficio y creatividad, tener un dominio perfecto de las herramientas para las cejas, las cremas, los polvos, las sombras, la luz, el color y el manejo de los pinceles como si de Picasso se tratara. En nuestra primera sesión sobre el maquillaje, hemos optado por darle un toque de glamour y fantasía. La realizamos bajo el conocido y difundido sistema de TFCD. Se trataba de una “Beta” como dicen los informáticos. Necesitábamos conocernos y ver qué sensaciones experimentábamos cada cual en relación al otro, y sobre todo en lo que cada cual aporta. Tanto Maylín como yo, que fuimos los fotógrafos, quedamos satisfechos, era la primera vez y de seguro que en otra ocasión con los mismos participantes o como con otros, hay ya un camino recorrido y todos estaremos más pendientes de las cosas que en esta ocasión se nos han podido escapar. Una buena planificación, bocetos en forma de guión con ideas ya preconcebidas es fundamental para próximos trabajos. El excelente trabajo de la maquilladora, la gijonesa Andrea Fernández Guerra es evidente, creo que su mejor presentación es contemplar los trabajos realizados sobre estas dos diferentes obras realizadas a cada modelo. A la maquilladora Andrea tenemos que pedirle perdón, ya que en el anuncio que en la anterior revista se hacia sobre este trabajo, los duendes del Word o del Adobe InDesing, vaya usted a saber, se comieron la “a” y pusieron en su lugar una “s”, por lo que sin mala intención la maquilladora pasó a llamarse en aquella ocasión Andrés. (Sin acento, lo cual demuestra el inocente error) Gracias por todo Andrea Fernández Guerra. Y


gracias también a estas dos bellas modelos, Joana y Vida, que pusieron sus bellos cuerpos y rostros, como lienzos, para que Andrea los maquillara y José Luis Maylin y yo (José Luis Cuendia “Guendy”) los pudiéramos retratar.

El próximo fin de semana, en Denia, Alicante, se celebra el Art Nude Master Class, en el Art Boutique Hotel Chamarel. Participarán diez fotógrafos españoles, entre los que nos encontramos el moldeador José Luis Maylin y yo mismo. Contaremos durante dos días con la rusa Ekaterina Vladi, una de las modelos preferidas por los moldeadores Nadima, Andrew Lucas, Dmitry, Gene e Igor. Tendremos la oportunidad de hacer realidad lo que hasta ahora es virtual, a través de los trabajos de estos excelentes maestros rusos de la fotografía. El evento estará bajo la dirección del Manager and Creativity Direction Gonzalo Villar, el Productor de Video and Fhotos Manuel Torres y el Translator Assistant Javier Salinas. Así que la asociación colaboración de Maylin&Guendy que comenzó las pasadas navidades con motivo de la creación de la cabecera de Luz y Tinta de Diciembre, continúa. Así pues, daremos buena cuenta del Art Nude Master Class en el próximo número.

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La belleza gitana a través de Miriam Márquez por Eugenio R. Meco

Cuando tengo frente a mi cámara mujeres como Miriam Márquez, me recuerda la copla que hace alusión al gran pintor cordobés Julio Romero de Torres. Y es que siempre he tenido debilidad, pasión por ese tipo de mujeres (caras para retrato), quizás porque ello me hace sentir más con los pies en mi tierra, de la misma manera siento cierta atracción también por el otro extremo, pasar de la belleza de la piel morena y los ojos oscuros al pelo rubio y los ojos claros. Mirian es de estirpe gitana, ese pueblo que se encuentra disperso por todo el mundo debido a sus múltiples migraciones; su lengua gitana (el romaní) manifestación máxima de la cultura del pueblo, es una de las más antiguas del mundo, hoy los jóvenes ya casi no la hablan, salvo algunas palabras sueltas. Llegaron a Andalucía en el siglo XV y XVI, hoy casi todos están integrados en la sociedad y destacan en todas las manifestaciones artísticas o sociales, como ellos dirían, como cualquier payo. Tampoco se trata de hacer aquí un tratado sobre esta etnia que en España asciende a unas 800.000 personas, la mayoría vive aquí, en el sur del país, y la coexistencia de gitanos y payos es perfectamente posible. La gracia, sabiduría, picardía, belleza y honestidad de estas mujeres las hace uno de los grupos humanos más dignos de admirar. Como en toda sesión de fotografía la inspiración es vital, Mirian contactó conmigo a través de Yolanda Gatica, la chica del trabajo fotográfico que presenté el mes pasado ya que son amigas. Así pues, mis actitudes, su elegancia y raíces hicieron posible el presente trabajo que forma parte de una interesante sesión fotográfica. La conducta de mis imágenes intenta poner al descubierto una demostración de sentimientos adquiridos, la elegancia que transmiten las imágenes van más allá

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Julio Romero de Torres pintó a la mujer morena, con los ojos de misterio y el alma llena de pena.

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de la estética que puedan ofrecer las prendas, intento poner con ellas énfasis en un estilo de vida. Una elegancia que se desprende, se intuye, se escucha, se saborea y se siente: la elegancia gitana. Todas las fotos están inspiradas en una belleza diferente, con su arte y sello propios, manteniendo su procedencia y su cuna. Mirian es una mujer que puede dejar huella, que transmite con su poderosa identidad. Una belleza cuya profunda mirada encierra el secreto de las palabras. Al reflexionar sobre el tema de nuestras fotografías, cuál debe de ser su apariencia y qué ideas queremos que transmitan, hay que tener en cuenta otra dimensión importante: la obligación que tenemos con los demás a través del trabajo que creamos.

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Morena, la de los rojos claveles La de la reja floría. La reina de las mujeres. Morena, la del bordao mantón, La de la alegre guitarra,La del clavel español.

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Fotomontaje: “Guendy”

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El teckel negro Tengo una perrita Yorshire Terrier, de color canela, con la que me veo obligado a salir al parque más cercano a mi casa para que retoce un poco por el césped. Haga frío o calor, todos los días, salvo temporal que lo impida, en cuanto llego a casa al atardecer, después de mi jornada en el despacho, comienza a caracolear a mi alrededor y a ladrarme si tardo en coger la correa y enfilar las escaleras. Una vez en el parque se siente la dueña del mundo. Corretea un poco por el césped, se acerca a otros perros, ladra si alguno le parece amenazante y si encuentra un compañero de juegos participa en sus correrías con total entrega. Lógicamente, no olvida que el objetivo principal de estas salidas son sus deposiciones, para las que nunca elige el mismo lugar, obligándome a seguirla con la bolsa hasta que se decide finalmente. Algunas tardes, mientras ella corretea con algún otro perro, converso yo con el otro dueño, siempre sobre las mismas cosas: la alimentación, las costumbres, las gracias y desgracias de nuestras mascotas. Cuando el encuentro se ha producido más de una vez, y estamos ambos al cabo de las monerías de nuestros respectivos, suelen entablarse otras conversaciones no menos interesantes: el estado del tiempo y su evolución en las próximas horas, la evolución de la economía nacional siempre de capa caída o, lo que es más apasionante, el resultado del partido del domingo y las posibilidades que a nuestro equipo se le plantean en el próximo encuentro, que siempre es estimulante que gane. Algunas veces, cuando el interlocutor se muestra dispuesto y nuestros perros nos dan tiempo, aparece la cuestión política, aunque con el natural recelo de estar hablando con un desconocido de cuestiones en las que median posturas personales que conviene siempre mantener dentro de las lindes del ámbito privado. Una de esas tardes, mi perrita, Lola, se enzarzó en mil y una carreras alrededor de un seto con un teckel negro, con un inconfundible lunar blanco en el lomo izquierdo y un collar rojo, que correteaba tras una pelota de tenis amarilla que de vez en cuando le tiraba la que supuse su dueña. Cuando ya los perros estaban hartos de traer y llevar la pelota, me acerqué a ella e iniciamos la típica charla sobre nuestros perritos, comenzando por sus nombres. El teckel respondía al nombre de Baco y su dueña me explicó que sus padres, ya fallecidos, habían tenido una bodega y aquel nombre era un homenaje a los caldos que habían regado su vida y engrandecido su patrimonio. De mi Lola siempre hasta entonces había contado la verdad, que era un homenaje, quizás con retranca, al gran amor de mi vida, que me había dejado una mala tarde para embarcarse en una muy lucrativa relación con el dueño

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por F.T.

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de unos billares que le habían hecho millonario; pero en aquella ocasión, prendado de los ojos negros de mi interlocutora y atento a todos los movimientos de su cadera mientras tiraba la pelota de tenis, no me pareció oportuno desnudar mi melancolía y le dije que era un nombre que me había surgido al azar el día que la llevé a casa. Ella me dijo que tenía gracia, pues Lola era su propio nombre. Se llamaba Manuela, lógicamente, me dijo entre risas, pero todo el mundo, amigos, conocidos y familiares, la llamaban así. Ella se reía, pero a mi no me hacía excesiva gracia, pensando en los equívocos que pudieran surgir si los encuentros se repetían. Y claro que se repitieron. Yo seguí fiel a mi horario y Lola aparecía todos los días con su teckel negro y proseguíamos con nuestras conversaciones. Cuando terminamos el catálogo habitual, nos adentramos en las cuestiones personales. Hablamos de nuestras profesiones y de nuestras costumbres y soledades: ella, viuda, y yo, separado, ambos entregados al recuerdo de lo que fue y al cuidado de nuestros perros, también solitarios y unidos al mundo a través de nuestros cuidados. Así seguimos encontrándonos, tarde tras tarde, durante dos semanas, siempre de lunes a viernes, porque los fines de semana yo suelo irme a una casita que tengo en la sierra y ella me dio una excusa que no entendí en aquel momento y que hoy no recuerdo, ni falta que hace. Una de aquellas tardes, mientras los dos perros correteaban y ella me contaba una lejana historia de vecinos y compañeros de trabajo, siguiendo un impulso que nacía tal vez en la transparencia de su blusa sobre el pecho, le tomé una mano, sumergiéndome en sus ojos, y le pregunté si quería cenar conmigo una de aquellas noches. Aunque me dijo que sí, y aunque siguió con su insignificante historia de compañeros y vecinos, nuestras manos siguieron unidas un buen rato. Aquella tarde nos despedimos por primera vez con un beso, tímido y breve, pero que ambos creo yo que entendimos como preludio de algunos más lentos y decididos. Fuimos a cenar el miércoles de la semana siguiente. Tras repasar un rato largo el sitio al que podríamos ir y el tipo de comida que nos apetecía, y tras recordar la soledad de nuestros perros si nos íbamos a un restaurante, decidimos ir a mi casa, donde improvisé unos lomos de merluza al horno y donde más que a la comida en sí y al vino que me esforcé en elegir bien, recordando que ella era de familia vinatera, nos dedicamos a mirarnos a los ojos, a sonreírnos con intención y, mientras los perros se dedicaron a deshilachar la alfombra del salón, nosotros le buscábamos las costuras al deseo. Como era de esperar, al primer beso siguieron varias docenas en cascada y terminamos haciendo el amor como dos adolescentes, mientras Lola y Baco recorrían el pasillo en una carrera interminable con su inseparable pelota de tenis amarilla. Sería más de la una de la madrugada cuando apuramos el último trago del gin tonic con que habíamos subrayado nuestro primer encuentro. Me ofrecí a acompañarla a su casa para que no fuera sola por la calle a aquellas horas, pero se negó en redondo alegando que estaba cerca, que no merecía la pena y que estaba acostumbrada. Tuve la sensación de que enfatizaba demasiado su negativa, pero no le di entonces mayor importancia. Seguimos viéndonos a diario y compartiendo cena en mi casa de vez en cuando, generalmente los miércoles; eso sí, cada vez menos comida y más sexo, cada vez más vino y más euforia sexual, terminando siempre con un gin tonic y mi insistencia en acompañarla a casa seguida de su consiguiente negativa, cada vez más firme. Creo ahora que excesivamente rotunda. Una noche, ante mi insistencia, consintió en que la acompañara y mi sorpresa fue grande cuando comprobé que su casa quedaba mucho más lejos de la mía y del parque donde nos reuníamos a diario que lo que me habían hecho suponer sus muchas negativas a acompañarla. Había un par de parques al menos que le quedaban más cerca que aquel en que nos reuníamos con nuestros perros a diario.

—Tengo la casa un poco abandonada, no ascensor besuqueándonos y con Baco enredan Y más que abandonada, la casa daba la se para alguna escapada ocasional. Por todo mob las habitaciones y los muebles que pudiera ha fuimos directamente a aquel cuarto en el que noche. En un momento en que ella fue al ba armario empotrado de aquella habitación con que no conocía y dos o tres vestidos también del baño, fui yo y, como estaba suponiendo, s tubo de dentífrico y un bote de champú en un preguntarle por qué y cómo aquel abandono tarde siguiente mientras nuestros perros cor


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te asustes —me dijo mientras subíamos en el ndo entre nuestros pies. ensación de deshabitada. O quizás, preparada biliario tenía una cama y una mesita en una de aber en la cocina, en la que no entramos, pues e redoblamos nuestra ración de sexo aquella año pude comprobar subrepticiamente que el ntenía muy poca ropa interior, un abrigo beige n desconocidos para mi. Cuando ella regresó solo encontré en él un cepillo de dientes, un na esquina de la bañera. Me hubiera gustado o, pero era tardísimo y decidí dejarlo para la retearan tras la pelota de tenis.

Pero no hubo ocasión. Al día siguiente ella llegó diez minutos más tarde que yo y desde la dirección opuesta a su casa; al menos a la casa en que habíamos estado la noche anterior. Iba a preguntarle por la casa aquella, que tan intrigado me tenía, pero ella me hablaba sin cesar, como arrobada, aunque en realidad relataba menudencias cotidianas, mientras los perros corrían alrededor del seto. Se fue más temprano que de costumbre, se despidió con un beso y, al doblar la esquina, de nuevo en dirección contraria a la casa de la noche anterior, me hizo un gesto de despedida con la mano y un mohín con los labios. Y no volví a verla. Pasaron los días, uno a uno, lentamente. Pasaron hasta tres semanas, más lentas aún, y Baco y Lola no aparecían. Fui tres o cuatro noches hasta aquella casa en que estuvimos la última noche, escudriñando desde abajo sin ver luz alguna hasta una noche en que apareció iluminada una de las ventanas. Sin pensarlo dos veces, subí las escaleras de dos en dos y toqué el timbre. Desde dentro me respondió una voz de mujer, aunque no era Lola si no alguien que imaginé mayor. Y efectivamente me abrió una anciana que podría rondar los ochenta años y que me miraba sorprendida sin descorrer la cadena de seguridad. Le pregunté por Lola y su sorpresa fue aún mayor. En ese momento abrió la puerta, se colocó con media sonrisa en la mitad de la puerta y pude observar que aquella casa en nada se parecía a la que yo había visitado con Lola. Era la misma estructura, sí, pero estaba totalmente amueblada, la entrada con un taquillón y un espejo que no ocultaban los muchos años, el pasillo con un par de lámparas de lágrimas de cristal y, al fondo del pasillo, la habitación donde habíamos estado, mostraba a través de su puerta abierta muebles que la llenaban y que yo desconocía. La anciana me explicó que vivía sola, que no había abandonado la ciudad en los últimos meses y que no sabía nada de aquella Lola de la que yo le hablaba ni de aquel teckel negro que yo decía que la acompañaba siempre. La desconfianza inicial de la anciana se había trocado en una sonrisa burlona que me descolocaba. Abandoné precipitadamente la charla con la mujer y salí a la calle donde volví a repasar el edificio: no tenía la menor duda de que allí había estado con Lola. Regresé andando a mi apartamento y quiero creer que mi perrita se dejaba contagiar de mi desconcierto y mi tristeza. Siguieron pasando los días y las semanas sin que Lola ni su perro dieran señales de vida. Hasta que una tarde, cuando ya me preparaba para regresar a casa, vi llegar al teckel negro sujeto con su correa por un joven muy atildado, con una llamativa corbata de tonos rojos y un abrigo tipo Loden que seguramente le hacía mayor de lo que era. Lola comenzó a mover su rabo al verlo, pero el teckel ni se inmutó, pasó a nuestro lado sin mirarnos y dio un par de carreras sin sentido por el césped. Lola siguió a lo suyo y yo, desconcertado, me acerqué al joven de la corbata roja y le conté cómo semanas antes había compartido tiempo con la dueña de aquel perro. El joven me miró confuso. “¿Está usted seguro?”, preguntó dos veces. Ante mi insistencia —y yo estaba totalmente seguro, aquel teckel negro con su lunar blanco en el lomo izquierdo y su correa de color rojo era totalmente inconfundible—, me contó que había heredado aquel perro hacía un año y que bajaba todos los días a aquel parque, aunque siempre un par de horas antes a la de aquel día en que había tenido que quedarse en la oficina para hacer frente a una emergencia. Por supuesto, mi historia con Lola le provocaba desconcierto y quizás, quise adivinar, una leve sonrisa que acentuaba mi perplejidad. Me despedí torpemente del joven atildado, recogí a Lola y me encaminé a mi casa. El teckel negro seguía correteando por el césped, ajeno a la incertidumbre y desazón que su presencia me provocaba.

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Drama en La Puentepiedra

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por Monchu Calvo

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Creo que ya había escrito sobre Domingo Calvo, el alimañero casín. Esta narración que recogí hace poco, narra un hecho que fue muy comentado en todo el concejo. La pelea que un lobo que había recogido de cachorro, tuvo con su criador. Lo transcribo en ese dialecto de los aldeanos de Caso, que es la lengua que emplean sobre todo los mayores, y que nos adentra con sus expresiones en lo más profundo de su existencia. Tampoco vive Domingo Calvo Testón,”el alimañero”, protagonista de esta historia quien supo hacer de su pasión un modo de vida. Como siempre, la imagen de un lobo cazado por él, al que le han colocado una presa en la boca, una cabeza de otro animal, con la idea de mostrar que es un gran depredador, que ello está en su naturaleza. Todos los elementos de esta


fotografía (paisaje, hombre y lobo) no son elementos extraños a la memoria de mucha gente de Casu, sobre todo a los que tienen una cierta edad. Y no solo eso, van los tres de la mano, como algo inseparable. Tal vez sea esta la razón que me lleve a escribir una historia de llobos que bien podría ser un relato de ficción, aunque no le hace falta, sabedores todos que la realidad supera a aquella con suma facilidad. Procuraré ser fiel a las palabras oídas y trascribiré los hechos con la mayor exactitud que me sea posible y el máximo respeto al lenguaje. Todo comenzó en el Puertu de Contorgán de Caliao, como tantas otras veces. “Domingo puenxo una garduña a los llobas en La Requexaína. Como no había onde atála, amarróla a un soroyu (palo). Cayó una lloba y tiró abaxu, hasta la riega, onde trabó. Parió ena garduña y comió toes les críes menos una, a la que no alcanzó. Cuando encontré a Domingo que baxaba del monte - me cuenta Serrano Aladro- díxome:- Mira lo que trao equí.Y ensiñóme la cría de llobu que traía detrás de la camisa, en pechu, al calor del so cuerpu, como el que trae una alhaja. Cuntóme la historia de cómo había hayáu a la lloba ena garduña y que la había matáu a cayaazos. Después hayó al llobatu que traía tres la camisa y díxome que lu iba a criar a la mano».Y así fue como nació la historia de «Baldroguín» el llobu que Domingo Calvo crió como a un perru y que puebla no pocas fotografías de la época, en un intento baldío de desafiar las leyes de la naturaleza. Todo fue bien hasta que «Baldroguín « sintió la llamada de lo salvaje, el instinto que anidaba en sus genes y atacó a quien lo había criado. Me cuenta la historia Domingo Blanco Blanco, 74 años (28/08/1940), de Buspriz, otro apasionado del monte y testigo directo del suceso. “Aquel día andábamos a la maera pa Domingo, Mario Alonso Toyos, el de Encarnita, que era de Rioseco y yo. Arrastrábamos la maera col burru que tenía Domingo, el Jacinto. Habíamos acabáu y llegamos a La Puentepiedra, a so casa y sacómos Florinda una botella vinu y unes manzanes de mingán. Mentres les comíamos, Domingo dixo que iba a buscar al llobu a encima la llosa, onde lu tenía atáu. Acabamos apriesa, porque Mario había andáu de talanquera ( juerga) el día antes y tenía gana de ise. Yo baxé hasta el puente y estaba en chigre(bar) de Julio y Pilarina cuando sonó un tiru. En estes estábamos cuando baxó Florinda llamádome a voces pel nombre pa que subiera. Crucé el puente en un alíu (aprisa) y cuando llegué estaba Domingo Calvo sangrando pelos brazos y con un zarpazu ena barriga y el llobu dando enviones (golpes) cola cabeza pa llavantase, como atrofiáu. Había tiráu-y un tiru de posta menudu. Mandóme rematalu y fécilo con un tiru de bala ena oreya, cola escopeta del 20. Más tardi esfollélu como me mandó y comiérenlu en Rioseco en cae (casa) La Gochera. Después ya me cuntó Domingo lo que había pasáu. Baxaba col llobu de ramal y al paecer el llobu baxaba de mal coyón( gana) y dio-y un mordiatu equí, ena pulpa de la pierna (y señala con su mano mientras habla, los gemelos de una pierna). Domingo dio-y un cadenazu y el llobu llavantóse y tirose a elli de pie. Domingo sujetólu pel collar y peles narices mentres que Florinda-y daba fozazos (con la hoz) pel llombu que non-y facín nada. Vete pola escopeta - mandó-y Domingo- que se podió desfacer del llobu lanzándolu p’alantre y agarrando la foz que dexó Florinda. El llobu fu( fué) tres ella hasta la puerte casa, pero cuando la vio descolgar la escopeta dio la vuel-

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Esta es la narración de unos hechos que conmovieron al concejo. Un animal, aparentemente domesticado, sintió su lado salvaje y se volvió contra su cuidador. La lucha, como vemos, fue a muerte. Hombre y animal pelearon hasta sus últimas fuerzas, hasta que la ayuda prestada desde fuera acabó aquella épica batalla.

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ta. Fu en esi momentu cuando Domingo agarró la escopeta y tiró-y el tiru de posta. Cuando llegué, Domingo estaba arrimáu al varganal ( cierre). Estaba sangrando munchu y mandóme rematalu. Yo baxé en bicicleta a Coballes a buscar a don Manuel, el médicu. Don Manuel subió a La Puentepiedra y volvió a baxar con Domingo en so coche a curalu a Coballes porque tenía munchu, y en so casa de La Puentepiedra non se arreglaba.” Cincuenta puntos precisó Domingo en sus maltrechos brazos y piernas, nos contaba asombrado el médico. Era un hombre de gran fortaleza, y enseguida se recuperó. Esta es la narración de unos hechos que conmovieron al concejo. Un animal, aparentemente domesticado, sintió su lado salvaje y se volvió contra su cuidador. La lucha como vemos, fue a muerte. Hombre y animal pelearon hasta sus últimas fuerzas, hasta que la ayuda prestada desde fuera acabó aquella épica batalla. Siempre se culpó de aquella muerte. El era cazador, pero aunque parezca contradictorio, sentía un profundo respeto por las piezas que cazaba, y estaba convencido que aquella muerte podía haberse evitado si él hubiera actuado de otra manera. En un diario póstumo que dictó lo deja escrito, que llevará ese pesar hasta su tumba, porque esos hombres, hoy irrepetibles, ya no existen. Solo queda su historia, para los que hoy la leemos asombrados.

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Un hotel familiar por Gloria Soriano

El asunto de la vaca lo llevaba Doña Lourdes, la directora. El tema había que tratarlo con discreción. Era un hotel respetable y la señora Smith uno de los clientes más antiguos. Hacía cinco años que vivía en la suite azul, la misma en la que antes se alojaba con su esposo. Mientras el marido escribía, ella disfrutaba de los días soleados, que eran muchos, y exploraba los senderos de los alrededores, o jugaba en el jardín con Lourditas, la hija de los dueños, antes de que la niña se ausentara a causa de los estudios. Lourditas regresó de la universidad convertida en Lourdes, el único nombre por el que atendía, y cuando se hizo cargo del hotel pasó a ser Doña Lourdes. El día que propuso quedarse a vivir en el hotel, doña Lourdes tuvo sus dudas. En su idea de modernización del negocio, una viuda tan arrugada ocupando de forma permanente una habitación, no terminaba de encajar. Recordó el concurso organizado por sus padres. El relato del señor Smith fue premiado con una estancia para dos personas, y el hotel se convirtió en su amuleto de la buena suerte. Allí los personajes de las novelas cobraban vida y tintaban de suspense el folio en blanco. Doña Lourdes apartó de si las teorías del beneficio, y echó mano de una improvisada ley de reciprocidad. Si el escritor debía su fama al hotel, fuente inagotable de inspiración, tal vez el éxito que ella tanto anhelaba podría estar vinculado a un cliente fijo, su viuda. Lo de la vaca ni se lo imaginaba por entonces. La directora aceptó la propuesta. Después de todo, se conocían de tantos años que ya era como de la familia. Apenas hacía ruido, pero si faltaba, su ausencia era notoria. A las ocho bajaba al comedor y tomaba café con leche y galletas. Su mesa preferida estaba junto a la ventana desde donde seguía los trabajos del jardinero. Subido en una escalera podaba los arbustos que tapiaban el recinto. Con frecuencia la directora se sentaba a desayunar con ella. Después doña Lourdes empezaba la supervisión de las tareas diarias. Hablaba mucho por teléfono. En ocasiones con clientes, otras veces con proveedores. Siempre tenía cosas que resolver. En estos días andaba ultimando detalles para una obra de ampliación que iniciaría a principios de año. El hotel estaba en lo alto de una colina con vistas al mar. Desde la habitación de la señora Smith también se veía el campo y un edificio ruinoso, antaño una vaquería. Un tiempo atrás Doña Lourdes había comprado esos terrenos con el fin que ahora ocupaba su mente. Habría que arrancar el boj, el muro que delimitaba las dos fincas, o tal vez bastaría con abrir en él una puerta por la que acceder al gimnasio y la zona de juegos que pensaba construir. Estas y otras decisiones las tenía que reconsiderar con el arquitecto. Las obras se llevaron a cabo sin mayor problema, es decir, con todos los problemas habituales de una obra y que Doña Lourdes supo lidiar. Se abrió una amplia entrada a través del seto. Desde la ventana de la suite azul la viuda veía a los jóvenes de pantorrillas desnudas con raquetas al hombro, y a los niños que brincaban alegres como terneros en el prado. Aquel año los clientes disfrutaron aún más, y su satisfacción se propagó como el eco. La ocupación del hotel durante el verano fue del cien por cien. Doña Lourdes estaba feliz pero muy cansada. Agradeció la llegada del otoño y la vuelta a la rutina de los desayunos. La señora Smith empujó la puerta del comedor y la dejó caer como siempre. No tenía fuerzas para contener el ímpetu con el que una hoja buscaba a la otra para cerrarse. Esta vez la puerta se batió despacio, sin ruido. Doña Lourdes, sentada junto a la ventana, ni siquiera levantó la cabeza del periódico. Al verla se sorprendió.

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Para Miguel, Miguel Ángel, Mónica, Juan Ramón, Pedreño, Gonzalo, Ana, Lola, Alfonso, Silvia, Ruth, Alejandro, Jorge, Raquel, David y por supuesto Judith. Ellos me han hecho reír y pensar en los días en que una vaca rondaba por mi cabeza.

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—¡Ah, ya está aquí! No la había sentido entrar. Como hemos cambiado la puerta… —Ya notaba yo algo raro, dijo. Y se volvió un momento hacia la cristalera por donde había entrado. Después se sentó como si acabara de hacer un gran esfuerzo. Ese ademán ya nunca la abandonaría. Doña Lourdes levantó el brazo. El camarero emplazado en la barra entendió la orden y sirvió el desayuno. —Tienes que aprender, se quejó doña Lourdes, que a mí me gusta corto de café y con leche templada. —Lo siento —se disculpó el camarero— he confundido las tazas. La señora Smith, que lo mismo podía quemarse los labios que tomar el desayuno frío, siempre lo pedía caliente. Tan pronto se lo sirvieron disolvió un azucarillo. Doña Lourdes lo tomaba sin azúcar y el camarero tuvo que preparar otro. Ay que ver qué torpe es este muchacho, —se dijo a sí misma en voz alta— no sé por qué lo contraté. A continuación se dirigió a la anciana señora. —¿Qué tal ha pasado la noche? —Bien, muy bien, salvo por lo de la vaca. A la directora se le abrieron dos interrogantes en los ojos que para la viuda pasaron desapercibidos, como todo lo que miraba sin lentes. —¿Qué ocurrió? —insistió. —Pues nada. Esa vaca que hace meses me observa desde la ventana, esta noche ha entrado en la habitación. Ha estado horas sin moverse de la cabecera, clavándome los ojos. No me podía dormir.


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Guardó silencio un instante. Tenía un gesto de preocupación propio de la gente que rumia pensamientos sobre el futuro. Con la franqueza que la caracterizaba añadió: —¡Llevo muchos años de viuda! A estas alturas no podría acostumbrarme a compartir lecho. Doña Lourdes, tan absorbida por el trabajo durante los últimos meses, lamentó no haberle podido prestar más atención. No había oído a nadie referirse a una vaca que rondara de noche, lo que le hizo suponer que la señora Smith no había hecho comentarios. Esto la tranquilizó. ¡Los clientes son tan sensibles!, ¡tan especiales! Si la marquesa de Cantones hubiera tenido noticias, habría reclamado una vaca en su ventana, el general Celemín habría organizado un batallón de captura, y los clientes empáticos asegurarían haber tenido visiones similares para acallar las mofas de los chicos de Tresuve. Por suerte nada de esto tuvo lugar. Todo estaba bajo control. A partir de ese día, la vaca instalada de forma permanente en la suite azul, sería el tema de charla en el desayuno. A doña Lourdes, transportada por la fascinación de las aventuras de una viuda decrépita, le llegaba a veces cierto olor a boñiga. Un día la señora Smith no bajó a desayunar. La encontraron tendida en la cama con la boca entreabierta y la cabeza un poco ladeada. Quieta para siempre. Su ausencia fue como un árbol talado en el paseo, que sigue presente en el alcorque vacío, y en la no sombra de los días calurosos. Doña Lourdes esperó un tiempo, como si guardase un luto, antes de ordenar que pintaran y repararan los desperfectos de la habitación. En el declive de la anciana, las paredes se habían llenado de desconchones, los muebles astillado, las losetas deslucido. Aunque devolvieron el brillo al suelo y cambiaron de color la habitación, en la suite violeta se siguen oyendo unos mugidos que no saben cómo acallar.

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Los cuatro elementos (y 4) El Aire El elemento aire, junto con el fuego, la tierra y el agua, es uno de los cuatro elementos de las cosmogonías tradicionales en Occidente y está presente en todas las religiones y sus rituales, en la filosofía esotérica, en la alquimia y en la astrología. Se considera activo y masculino, al igual que el elemento fuego, frente la tierra y agua, pasivos y femeninos. En la mitología egipcia Shu “Luz”, es una deidad cósmica, que personifica el aire atmosférico y la luz. En la mitología griega, los Anemoi (en griego antiguo Άνεμοι, ‘vientos’) eran dioses del viento, que se correspondían con los puntos cardinales desde los que venían, relacionados con las distintas estaciones y estados meteorológicos. A veces eran representados como ráfagas de viento y otras como hombres alados, en ocasiones tomaban la forma de caballos encerrados en los establos de su señor y gobernante, Eolo. Los demás dioses, especialmente Zeus, ejercen poder sobre ellos. Según Hesíodo los vientos beneficiosos —Noto, Bóreas, Argestes y Céfiro— eran hijos de Astreo y Eos, y los destructivos lo eran de Tifón. Homero ya menciona a los cuatro vientos principales. Bóreas, el viento del norte que traía el frío aire invernal (su equivalente en latín es Aquilo o Septentrio); Noto, el viento del sur que traía las tormentas de finales del verano y del otoño (su equivalente en latín es Auster); Céfiro, el viento del oeste que traía las suaves brisas de la primavera y principios del verano (en latín, Favonio); y Euro, el viento del Este (para los romanos, Subsolanus), que no estaba asociado con ninguna de las tres estaciones griegas y es el único de estos cuatro que no se menciona en la Teogonía de Hesíodo ni en los himnos órficos. Bóreas y Céfiro suelen ser mencionados juntos en Homero, al igual que Euro y Noto. Las deidades equivalentes a los Anemoi en la mitología romana eran los Venti (en latín ‘vientos’). Estos dioses tenían nombres diferentes, pero por lo demás eran muy similares a sus equivalentes griegos, tomando prestados sus atributos y siendo frecuentemente mezclados con ellos.

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por Juanjo Pascual

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En la mitología celta las espirales de la figura del triskel representan al aire el agua y la tierra los elementos terrenales y el círculo exterior representa al fuego que atraviesa y es parte de los otros tres, pero esta es una de las lecturas de esta simbología ya que tiene diversas más. Teniendo en cuenta de que el aire es una mezcla homogénea de gases los cuales conforman la atmosfera terrestre, de por sí transparentes e incoloros, tenemos un elemento de difícil representación. Hay un tipo de fotografía científica, la fotografía schlieren o estrioscopía. Este es un proceso óptico usado para fotografiar la variación de densidad de un fluido (conocido como “efecto schlieren”). Se utiliza para estudiar los flujos del aire en situaciones de velocidades supersónicas como pueden ser en aeronáutica o balística, para fotografiar el flujo de aire que rodea a un objeto en movimiento.

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Se denomina luz colimada a la luz cuyos rayos son paralelos entre sí, lo que se puede lograr de diferentes formas, siendo la más sencilla hacerla incidir en un espejo cóncavo desde una fuente situada en el foco”.

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El primer sistema que observó el efecto, fue el diseñado por Robert Hooke con una gran lente convexa, y dos velas. El “sistema de Schlieren” convencional se le atribuye al físico alemán August Toepler. Actualmente, el sistema básico de Schlieren es un sistema óptico iluminado con luz colimada. Se suele decir que la luz colimada está enfocada en el infinito., con fuente tras el objeto a observar. Las variaciones en el índice de refracción causadas por el gradiente de densidad del fluido en observación, distorsiona el haz de luz colimada. Esta distorsión en los haces de la luz, crea una variación espacial en la intensidad de la luz, que puede ser visualizado directamente como un gráfico de sombras. En la fotografía de Schlieren, la luz colimada se enfoca con una lente, y se usa un cuchillo en el punto focal para bloquear la mitad del haz de luz. Cuando se observa un fluido de densidad uniforme, esto simplemente hará que la fotografía tenga la mitad de brillo. Cuando se observa un fluido con variaciones de densidad, el haz se focalizará de manera imperfecta, y las partes que están focalizadas en el área cubierta por el cuchillo quedarán bloqueadas. El resultado es un conjunto de manchas claras y oscuras, que corresponden a positivos y negativos de los gradientes de densidad del fluido en la dirección perpendicular al filo del cuchillo. Cuando se utiliza un cuchillo, el sistema se conoce generalmente como un “sistema de Schlieren” (Schlieren system), que mide la primera derivada de la densidad, en la dirección del filo del mismo. Si no se usa el cuchillo, el sistema es conocido


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como “gráfico de sombras” o umbrioscopía —Shadowgraph—, que mide la segunda derivada de la densidad. Con el aire más bien fotografiaremos sus efectos, pero nos será de gran ayuda a veces y otras nuestro mayor enemigo. Aunque sin su presencia sería imposible realizar las fantásticas fotografías que vemos de festivales aéreos, las acrobacias de los paracaidistas y las gráciles aves en vuelo en la naturaleza. Este aire podemos controlarlo si es generado de forma artificial por nosotros bien sea con máquinas (ventiladores, sopladores de aire, secadores de pelo) o de forma manual cuando no se disponen de ellas, aunque el flujo de aire será mucho menor. Si contamos con ayudantes y unos cartones, abanicos, o cualquier superficie rígida y ligera que podamos usar moviéndola como si de un abanico se tratase. Como recurso para salir del paso y contando con más de un ayudante, siempre podemos lanzar al aire el motivo a fotografiar el pelo de la modelo o modelos) y con un poco de suerte conseguiremos tomas muy creativas y a veces sorprendentes. También ciertos juegos de cuando éramos niños nos brindarán un buen abanico de posibilidades para capturar este aire tan escurridizo. Sin olvidar por supuesto elementos que las gimnastas rítmicas usan en sus ejercicios de precisión. Esta es la “receta” que utilicé para crear la solución para hacer las pompas de jabón de las fotos que acompañan el artículo, con esta mezcla las pompas aguantarán el viento y llegarán al suelo sin romperse: Mezclar 2-3 partes de agua, una parte de detergente (el típico que se usa para lavar la vajilla, aunque también puede servir el champú para niños) una parte de glicerina, una parte de gomina o gel fijador extrafuerte (de la máxima fijación disponible) y tres o cuatro cucharadas de azúcar glasee.

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Taekwondo en Luanco Siempre voy apurado a la hora de ponerme a escribir para el siguiente número de Luz y Tinta, pero es que espero que la próxima sea peor que la que la va a preceder y ahí es donde está el castigo personal. Tengo que decir que los contenidos de estas ediciones siempre son sin ánimo de lucro, o lo que es lo mismo, que escribimos y en mi caso comento mis trabajos por puro amor a la fotografía de composición en pantalla y la comparto. Yo, encantado de que mis trabajos le sirvan a otros fotógrafos y profesionales del sector, para ambientarse en sus obras. Lo que no estoy muy seguro, es de si se aprovechan o si fallo en mis explicaciones. Pero ¡qué se le va hacer, si hay comentarios y fotografías y además no cuesta dinero, aunque para entenderlo haya que leerlo dos veces! Algunas personas que he conocido mientras hacía fotos les comenté nuestra web y me dijeron muy ilusionados que se inscribirían; pero no fue así. Algunos de los que he vuelto a ver me dijeron: “¿Tú has visto las fotos que ponen!!!!!!!!! ? Que mis fotos son una porquería al lado de ellas”. Yo lo que les respondo es que tienen razón, lo mejor es que sigan haciendo fotos a rosas y claveles y no veab mas allá de la tapa del objetivo. Es verdad que hay fotógrafos de Primera, y destacan desde otra Liga, pero luego estamos otros como yo, que somos de “fotografía de parvulario”, pero que queremos aprender de los grandes, y arrimarnos un poco a sus buenas técnicas. ¡En fin, los hay que nacieron y aún no saben abrir los párpados! Vamos a seguir comentando para aquellos que queremos mejorar. Hace un mes (y estoy escribiendo esto, el 12 de febrero de 2.016 y la Revista saldrá el 10 de marzo), se me invitó para hacer un reportaje fotográfico en el Poli-

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por Ricardo González “Completu”

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deportivo de Quirinal en Avilés, Asturias, mientras daban unas clases de taekwondo pero no he concertado día fijo ni aproximado, porque quiero ver en mi objetivo la pura realidad de lo que tengo delante y mi contacto Manuel Fernandez, es el único que me conoce y tampoco sabe que día iré. Sin llamada previa, me presento en ese pabellón deportivo y me identifico al conserje, el cual me dio pase, para ir a la clase que comento. El local es enorme y con muchísimas actividades y puertas, así que me pierdo. En uno de los pasillos había un grupo de chicos de unos 13 años, que vestían kimonos y les pregunté por los tatamis de Taekwondo. Los cuatro querían ubicarme el sitio que buscaba, pero tres se callaron para que uno solo me lo explicara, y eso siempre con un tratamiento de usted. Cosa que en los tiempos que estamos me sorprendió. La zona era un poco complicada desde donde estábamos y uno de ellos, por cierto, rizoso, un poco gordito y con las manos en los bolsillos, me dice “Si quiere le llevo yo allí y, de paso recojo un cinturón para mi kimono, que el mío no lo traje”. Vamos caminando por los pasillos y fui conversando con él, de si hacía judo, qué cinturón tenía, si era de los buenos, etc. etc, El chaval, siempre muy correcto, me contestaba y ya cuando casi llegamos me dice, sacando la mano del bolsillo con dos caramelos bombón de chocolate, ¿Quiere uno? Le dije, que no Gracias, pero es que no me gusta el chocolate. El chico llama a la puerta dos veces y nadie contesta, así que abre la puerta, da dos pasos hacia delante, se gira hacia el maestro que impartía las clases, se inclina saludando a los presentes y le dice al profesor: “Este señor, pregunta por esta clase”. Estaban haciendo los calentamientos previos y le mostré con señas de manos al monitor que tranquilo, que después hablaríamos. Le di las gracias por todo al pequeño. Me sorprendieron los modos, el carácter, la seriedad y la disciplina que estaba notando en el ambiente con aquellos chavales. Mi amigo no estaba y los de allí no sabían nada de mi presencia, así que los pillé en la realidad, como son. Cuando llegó Manuel, y después de saludarnos y hacer las presentaciones, me quité los zapatos y, como no podría ser de otra manera, porque mi pequeño guía me lo enseñó, me incliné en ese saludo oriental, hacia el tatami, el profesor y los alumnos y después ya empecé a hacer mi trabajo. Somos la pura imagen de lo que vemos y cuantos más años tenemos, más aprendemos. Hice algunas fotos usando el trípode y unos focos de led, pero aprecio que los alumnos están un poco distantes, así que necesito romper el hielo, para conseguir mejores efectos de las expresiones, mientras practican. El maestro serio, pero muy, muy serio sigue dando la clase y le pregunto a mi amigo por el profesor y me dice que Javier Carnero Alonso, es 6º dan de taekwondo y 4º dan de aikido. No se si con ello, empecé a romper el hielo, o como algo me salga mal, seré yo a quien rompan. Bueno, fue emocionante hacer las fotos metiéndose entre las zapateadas y los saltos que pegan,

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Es verdad que hay fotógrafos de Primera, y destacan desde otra Liga, pero luego estamos otros como yo, que somos de “fotografía de parvulario”, pero que queremos aprender de los grandes, y arrimarnos un poco a sus buenas técnicas.

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He conseguido alguna toma buena y elegí esta, para nuestro reportaje mensual y, como no podía ser de otra manera, tendrá que salirse de lo habitual. La Torre del Reloj en Luanco es todo un símbolo, así que por un momento imaginativo, lo vamos a sorprender y componer con algún alumno/ a. Escogí la modelo que muestro, porque además es de la misma ciudad y creo que habiendo alguien conocido, se supone que no hay maldad fotográfica. Pobrecita María, que ella no sabrá hasta que salga la 56 edición la que le estoy liando. La foto 1 está hecha con objetivo de ojo de pez, y en horizontal, porque no sabía muy bien si sería esta forma la deseada o la vertical. La foto 2, intenté con otros tipos de objetivos, pero no me convencían el ángulo y volví a usar el mismo que el anterior. Se trata de un monumento a las plañideras y está ubicado en la misma ciudad. En la 3, está María con sus compañeros y haciendo el ejercicio justo que yo quería. Y ahora viene lo fácil, la composición. Ponemos foto 1 en PhotoShop y añadimos la foto 2 y ajustamos la figura que interesa, por su escena de escándalo. Bajamos opacidad y borramos los sobrantes. Seguimos con capa/ combinar capas. Marcamos la parte que queremos tirar con la herramienta de lazo, como dejo ver en la foto 4, y con Edición/Transformacion Libre lo inclinamos. Seguimos con el mismo recorte y con Edición/ Transformar/Deformar hacemos las curvas de las paredes y resto de deformaciones dentro de lo seleccionado. Capas/ Combinar Capas y ya después como en mi caso es el mismo cielo lo que se va a ver a través de la supuesta rotura, clono de otras partes de la foto y lo voy añadiendo. Con Herramienta Dedo y seleccionando un pincel con formas irregulares, vamos dando por las zonas que queremos que parezca que se están destrozando y deformando por la rotura. En mi caso, selecciono con herramienta de corte a María Carnero Heres y copio y pego en mi trabajo. Con Edición/ Transformar/Voltear Horizontal. Quitamos los sobrantes cada uno con su técnica; en mi caso borrando con la goma y combinamos capas. Para hacer como que hay trozos cayendo, simplemente he seleccionado partes de la fachada de la torre y copiar y pegar donde creamos conveniente y marcamos un poco con la herramienta Dedo, por las aristas. Ya está, es así de simple. Y ahora cualquiera que vaya a visitar la ciudad de Luanco se fijará en la Torre del Reloj, esperando que siga en pié.

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Casa del siglo Xiv con la Alhambra al fondo.

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Abén Humeya por Juan Depunto Escucha, Federico, que de Hernando vi en campos ardientes, ensoñados, rodeado de monfíes desalmados, su silueta por Válor cabalgando…

Me llamo Fernando, Fernando de Córdova y de Válor. Nací cristiano en Granada y heredé de mi padre Antonio la veinticuatría y el Señorío de Válor. Fue el premio que recibió mi abuelo Hernando de los Reyes Católicos por su conversión pacífica al cristianismo. Éramos descendientes de alcurnia, por un lado de los Omeyas cordobeses y por otro de los Abencerrajes granadinos, por lo que contar con nuestra lealtad era importante para los monarcas cristianos. Ser caballero veinticuatro en el Cabildo granadino era un alto honor que muy pocos llegaban a ostentar, veinticuatro exactamente, de ahí su nombre. El equivalente a lo que hoy llamáis concejales, pero a perpetuidad. O casi. Entrar en el cabildo tenía estrictas reglas y un día se me olvidó dejar fuera mi daga y fui denunciado. Naturalmente fue una excusa para humillarme mandándome encerrar, por mis orígenes moriscos y… por mi debilitada economía. Como bastante más adelante reflexionó vuestro profeta Marx, en la economía está la explicación de toda la historia. Al igual que hicieron con los judíos, auténtico motivo de su expulsión en 1492 o del Holocausto más tarde, estaban empezando a hacer con nosotros los moriscos y mis deudas hipotecarias, que hubiera solventado con un mínimo de paciencia de mis acreedores, fueron la razón para ser desahuciado de mis bienes. Exactamente igual que ahora en vuestro tiempo. Naturalmente mis simpatías por los reconquistadores decrecieron en la misma o mayor proporción que lo hicieron mis finanzas y con ellas se fue mi lealtad. En esos primeros años del siglo XVI, mi siglo, Felipe II traicionó la Capitulaciones firmadas por sus bisabuelos los Reyes Católicos para la toma de Granada.

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En ellas se especificaba claramente que se respetarían las costumbres, el idioma, la comida, vestimentas y religión de los musulmanes reconquistados. Pero Felipe II firmó una proclama en la que prohibió todo esto bajo pena de expulsión, o incluso de muerte, y la rebelión no se hizo esperar, levantándose la Alpujarra progresivamente. Un día, desplazándome a mis tierras, fui interceptado en Béznar por moriscos sublevados. Conociendo mis orígenes principescos y siendo Señor de Válor, los rebeldes encontraron en mí la persona idónea para aglutinarlos bajo un solo mando y me nombraron su Rey bajo un olivo que aún se conserva y visita (situado entre Narila y Cádiar, el llamado “Olivo del moro”). Acepté de buen grado, era una ocasión para devolverles su ofensa a quienes me humillaron. Me convertí al Islam tomando el nombre de Muhammad ibn Umayya (hijo de Umayya, un Omeya cordobés), en cristiano Aben Humeya, y me puse a organizar la rebelión. Se nos unieron los monfíes de la sierra, el precedente de los posteriores bandoleros, como éstos hicieran con los españoles cuando se les unieron para echar al francés tres siglos más tarde. Derrotamos a las tropas del Marqués de Mondéjar y del Marqués de los Vélez, que llevando 5.000 soldados no pudieron con mis 4.000 rebeldes. Las diferencias entre estos dos generales cristianos y los saqueos de sus tropas propiciaron que la rebelión se extendiera a la Alpujarra almeriense y a la Axarquía malagueña. Fue preciso que Felipe mandara a su mismísimo hermanastro, D. Juan de Austria, “Jeromín”, con un ejército de más de 20.000 soldados para reducirnos. Esto no fue obstáculo para que habiéndome replegado a mi palacio de Laujar se me ocurriera una idea interesante para mantener activas y entrenadas a mis huestes mientras estábamos asediados por los soldados de Felipe II. Convoqué los “Juegos moriscos”, en Purchena (Almería), consistentes en una serie de pruebas inspiradas en los antiguos juegos olímpicos griegos, que incluían la lucha, el lanzamiento de piedras, el levantamiento de piedras pesadas, carreras de distinta longitud e incluso cantos y danzas para relajar a mis tropas. Tanta repercusión tuvieron que hace poco un compatriota vuestro, a la sazón Presidente del Comité Olímpico Internacional, José Antonio Samaranch, pronunció estas palabras en 2001: “Los Juegos Moriscos de Aben Humeya suponen rehacer el eslabón perdido de la cadena entre la Antigüedad y el mundo moderno”. Desde 1993 se han reanudado de nuevo todos los años en la villa de Purchena, cada primer fin de semana de agosto.. A pesar de todo, consiguieron finalmente reducirnos, pero no sólo por su desproporcionada fuerza de 6 a 1, también por que, estando en casa de mi primo Diego López, que tomó el nombre musulmán de Aben Aboo, y que aspiraba a relevarme, me asfixiaron con un cordel que yo mismo me coloqué al cuello para

Casa de Abén Humeya (s. XV) A la derecha, Mirhab y casa del siglo XV


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disminuir en lo posible el tormento, viendo que el fin era irremediable. Desde entonces, 1569, vago por estos pagos escoltado a caballo por los monfíes más fieles que me siguieron. Mi primo consiguió que lo nombraran mi sucesor, pero de poco le valió, pues a pesar de conseguir reunir 10.000 moriscos, más del doble de los que yo tuve, no tenía suficiente capacidad de mando y organización, perdiendo la guerra tres años más tarde y siendo ajusticiado. A partir de esta gran derrota continuaron las escaramuzas locales aisladas, decretándose la expulsión de los moriscos a otros lugares de la península, fundamentalmente Extremadura y el norte (al Bierzo sobre todo, donde se ganaban la vida como arrieros), lo que afectó a más de 50.000, incluidos los que habían permanecido fieles a la corona cristiana. De estos expulsados murieron más de 10.000, por enfermedades y desnutrición durante su éxodo. Fue solo el preludio de la expulsión general de España decretada por Felipe III en 1609 y que tanto nos perjudicó como nación, perdiendo la mano de obra en los oficios más necesarios y en la agricultura, se perdió la industria de la seda (como antes se perdió el comercio y buena parte de las finanzas y administración del Estado, con la expulsión de los judíos), quedándoos solo con los hidalgos que solo de guerrear y conquistar sabían. Pero recordemos cosas más agradables de mi historia: En Granada tuve residencia en el barrio morisco, el Albayzín o Albaicín (del árabe al-bayyatín, que significa el arrabal de los halconeros, “Rabat Al-Bayyatín”). Este barrio fue el núcleo inicial de la ciudad musulmana desde el siglo XI y antes de la romana (desde el siglo III a.C), y aún antes de la íbera (s. VII a.C.). Entre la dominación romana y la nuestra, de esos siglos, IV al X d.C., en que invadieron la península los visigodos, no hay muchos vestigios, suponiéndose que fue abandonada. La colina del actual Albaicín estaba rodeada de antiguas murallas, lo que se conoce como Alcazaba Cadima o Qadima, la “Qasabat Garnata”, la Alcazaba de Granada, que se refunda en el siglo XI por Zawi ben Zirí, fundador de la primera dinastía, la Zirí. Mi casa la tenía y sigue estando en su zona más alta y noble, donde al principio estaban los palacios reales antes de que se trasladaran a la cercana colina de la Sabica, tras construirse allí la Alhambra por tener mejor abastecimiento de aguas

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que la colina del Albayzín. Desde mi casa veía y aún se puede observar la bellísima fortaleza roja de la Alhambra y tras ella las cumbres nevadas de la Sierra… El barrio del Albaicín con la reconquista y expulsión de los moriscos terminó degradándose. Se intentó repoblar con cristianos, pero éstos no admitían de buen grado vivir allí y ya en el siglo XVII el estado de abandono lo hacía una ruina permanente, habitándolo tan solo una mínima población dedicada a algunas de las actividades tradicionales como caldereros (de ahí el nombre de “Calderería” de su calle principal actual), abarqueros (una especie de zapateros), repujadores de cuero, tintoreros, hiladores de seda, etc. Solo se salvaba la zona de la margen derecha del Darro que había sido ocupada por las clases nobles cristianas. Fue típico del barrio la canalización y distribución del agua potable a través de aljibes, de los que aún perviven buena parte de ellos como el del “Trillo”. En 1994, el Albaicín fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco como ampliación del conjunto monumental de la Alhambra y el Generalife. Mi casa del Albaicín con el correr del tiempo, por los años sesenta del siglo XX, fue a parar a un curioso personaje estadounidense que se hacía llamar Bruce Alfonso de Borbón, príncipe de Condé, y se decía primo del Rey de España. El personaje estuvo implicado en las guerras del Yemen y terminó expulsado de España y muriendo en Marruecos. De ahí viene el mirhab que construyó en los jardines de mi casa. El personaje tuvo conocimiento de que en el Albaicín granadino había una casa que fue de mi propiedad, la localizó y adquirió, junto con otra cercana del siglo XIV. Unificó estas dos construcciones moriscas cercanas, la del siglo XIV y la mía del XV, adosadas a dos de los torreones de la muralla de la Alcazaba Qadima construida en el siglo XI, con la fundación de la Granada árabe. Entre medio, jardines y lugares de esparcimiento; todo ello es lo que se conoce en Granada como un “carmen”. La palabra “Carmen” viene de la palabra árabe “karm”, que puede traducirse como “casa con huerto”. Es de la época andalusí-musulmana y se convirtió en un importante tipo de construcción en la ciudad tras la toma de Granada en el s. XV, caracterizándose por sus huertos y jardines. Es decir una especie de palacete ajardinado con vistas insuperables, como lo es el carmen de mi nombre, el Carmen de Aben Humeya. El Borbón americano instaló en mi carmen un local para tomar copas que hoy llamaríais “pub”. Luego, tras un escándalo del que resultó deportado a Marruecos, la propiedad pasó a una pareja de catalanes, que no vivieron en el carmen y que lo tenían medio abandonado, terminando en un lamentable estado de conservación; finalmente a esta pareja, en el año 1996, se lo compró el Dr. Ballesta que lo re-

Al fondo, Sierra Nevada. A la derecha, entrada al Restaurante Abén Humeya.


habilitó y creó una fundación con sede en el mismo, dedicada al estudio de temas íberos y moriscos. La historia del personaje americano y el origen del carmen dio lugar a una novela escrita por el singular cirujano Carlos Ballesta, experto en obesidad: “El misterio del carmen”. Hoy está convertida en restaurante. Pero no un restaurante cualquiera. Es uno de los diez restaurantes más románticos del mundo según la “Guía Zagat”,* ocupando concretamente el quinto lugar, único de entre los restaurantes españoles. Es atendido con profesionalidad exquisita por el chef Rubén García y por la responsable del mismo, Ángela, que practican una cocina creativa y moderna con base en productos mediterráneos. Se puede degustar desde un ajo blanco de mango y coco con anchoa y uva verde, a un entrecot de buey tradicional o terminar con un postre de sopa de chocolate blanco y ron pálido de Motril. Yo, de vez en cuando, doy una vuelta por allí, preferentemente a la caída de la tarde, a la hora de las ánimas, a mi hora, y en un atardecer de esos le conté este relato a quien lo suscribe…

https://es.wikipedia.org/wiki/Abén_Humeya (consultada en 2016). Mármol y Carvajal, Luis del. Historia del rebelión y castigo de los moriscos del reyno de Granada, Madrid, Ed. Imprenta de Sancha, 1797. Consultado a través de Google. Perez de Hita, Ginés. Historia de las guerras civiles de Granada, Paris, Ed. Langelier, 1609. Consultado en la Biblioteca virtual Cervantes. De la Cierva, Ricardo. Historia General de España. Tomo V. Madrid, Ed. Planeta. 1979. Periódicos “Ideal” (2008), “El País” (2009) y “Granada hoy” (2015). Guía Zagat: Guía basada en las opiniones de cerca de 500.000 clientes, a diferencia de la guía Michelín y otras; inició su andadura en 1979 en USA. Consultado a través de Google.

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Referencias:

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El juego del guiñol por Claudio Serrano

Nos tiene acostumbrados Nadima a series de fotos que narran una historia y que sugieren muchas otras. Lógicamente, como buena “narradora”, sus ‘historias’ aparecen abiertas, que diría el maestro Umberto Eco, y cada lector puede reconstruir la narración adaptándola a sus gustos y sobre todo a sus referencias personales. Esta capacidad de sugerencia nos habla bien a las claras de la fuerza de las historias que nos trae y de su versatilidad a la hora de elegir sus temas y la forma de plantearlos. En este caso Nadima nos presenta una serie de imágenes que, leídas en el orden en que aquí aparecen —aunque serían posibles varias otras lecturas—, nos remiten al mundo mágico del guiñol y a esas historias truculentas en las que median golpes sobre los personajes malvados y caídas generosas que despiertan la hilaridad de los espectadores. Eso sí, estos espectadores sabe que los títeres son movidos por manos de quienes se ocultan tras la tramoya del teatrillo. Y esas manos, así como los rostros y figuras de quienes las mueven siempre se ocultan al público, que de este modo puede centrarse en el mensaje que a través de los muñecos quiere transmitirse. Personalmente en esta ocasión las imágenes de Nadima me recuerdan el ambiente londinense de Charles Dickens y, más concretamente, de una de sus novelas emblemáticas, Oliver Twist, cuyo clima londinense por algún lejano mecanismo subconsciente me retrotraen a aquellas escenas de miseria y dominio de la novela,

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Fotos: Nadima

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que por otra parte bien pudieran remitir a ambientes similares de Gorki, más afín al mundo de referencias de la propia fotógrafa. Pero en este caso es Dickens sobre todo quien despierta mi memoria. Ese personaje que mueve los hilos del guiñol, quizás por el gesto de la primera foto, la que abre esta serie, me trae al recuerdo aquel personaje siniestro, Jack Dawkins, que fuerza al huérfano Oliver a sumergirse de lleno en el mundo del hampa y apurar la hiel de los múltiples delitos a los que le fuerza el viejo en su demencia. En este caso, las fotos de Nadima no nos traen un solo niño, sino dos niñas, en este caso hermosas, bien vestidas y alejadas de la imagen de miseria y pobreza con que se asocia la de Oliver Twist. Pero los gestos del modelo masculino, ese ceño fruncido y esos dientes amenazantes, hacen al espectador temer lo peor y en función de cómo y hacia donde se muevan los hilos las niñas pueden acabar en ese río inmenso de los niños manejados a distancia por seres inmundos que hacen de la mendicidad infantil un descalabro social. Sin embargo, y ese es siempre el gran valor de las buenas narraciones infantiles, y esta de Nadima parece tener esa aspiración, en las fotos finales los gestos amenazantes se tornan más amable y lo que parecía una inquietud al principio acaba conformando una escena amable en la que los gestos adustos se cambian por sonrisas y las amenzas en abrazos. Y todo ello, obviamente, con ese clima insaciable de Nadima en el que todo juega a favor de la historia: el atrezo, el vestuario, el maquillaje y esencialmente el gesto de los modelos. Fotografía en estado puro y narración elevada a su más significativa expresión.

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Ari Mahardhika Seguimos con los trabajos digitales que tienen como denominador común el cuerpo. Hoy llegan a nuestras páginas los mágicos trabajos de Ari Mahardhika.

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¿Quien no habla consigo mismo de vez en cuando? A veces es la única conversación interesante que se nos ofrece. El fotógrafo Ari Mahardhika lleva estas conversaciones al siguiente nivel, utilizando técnicas de fotomontaje y clonación digital para jugar con las ideas de escala y el yo. Ari, nativo de Indonesia, ha dedicado los últimos seis años a aprender fotografía por su cuenta. Como se puede ver, tiene un enfoque distinto, llena una fotografía a tamaño real de sí mismo o de su amiga Audy, con pequeños clones de su misma figura. Cada montaje comienza en un papel, como un dibujo de la última visión liliputiense de Ari. Puede tardar hasta una semana en realizarlo y después se pasa varias horas con un trípode y un autodisparador para conseguir las mejores tomas. Cada fotografía está hecha delante de una pared blanca en casa de Ari, para que el fondo liso permita que se pueda manipular la imagen más adelante, durante el proceso creativo que desarrolla en su ordenador. Una vez ha situado todas las imágenes en miniatura, añade luces, sombras y reflejos para darle realismo. En algunos montajes, Ari es asediado por sus mini-yos, que trepan por todo su cuerpo; en otros, su representación a tamaño real observa como múltiples miniaturas están ocupadas realizando alguna tarea.

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“Mis montajes son una mezcla de ideas que expreso utilizando fracciones de mi propio ser� explica el artista.

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Ari Mahardhika

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Manda tus preguntas a: moldeandolaluz@gmail.com


¿Qué es mejor Canon o Nikon? Honestamente, son similares en lo que se refiere a calidad para el uso del día a día. Es como si me preguntaras ¿Mercedes o BMW? ¿Nissan o Toyota? Pepsi Cola o Coca Cola?. Elemento por elemento, y precio a precio a precio, no hay una enorme diferencia, especialmente cuando hablamos sobre su gama de objetivos de “precio razonable” Por ahí, hay unos pocos objetivos Nikon estelares y unos pocos objetivos Canon estelares. Algunas veces un 85mm supera al otro viceversa. Y ya metidos en este tema me planteas ¿Nikon o Canon?

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¿Quién tiene la mejor gama de objetivos, Nikon o Canon?

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Mi respuesta definitiva es, no importa. No importa nada. Cada fabricante tiene unas opciones mejores que el otro. Algunas veces pienso y deseo que los distintos ingenieros de las dos marcas se emborrachen en uno de esos eventos industriales, se encierren en el hotel y den a luz la cámara perfecta. Tomaría una Nikon por el cuerpo con el sensor de cualquier Canon 5D Mark. Eso sería la cámara perfecta entre las dos, al menos eso es lo que pensaba hasta no hace mucho tiempo, hoy ya no lo tengo tan claro En los viejos tiempos del carrete, una persona podía tener cualquier cuerpo de cámara que quisiera. El cuerpo no importaba mucho. Cada fabricante de cámaras tenía una buena, una mejor y luego la de gama alta. Entonces la elección de carrete se basaba en las diferentes cualidades y características preferidas por el fotógrafo. Había fotógrafos Nikon y fotógrafos Canon que utilizaban carretes de Fuji, o usaban una vez Fuji y otra vez Kodak; o se podía mezclar el carrete y emparejarlo como uno quisiera. En estos días el carrete es el sensor en el cuerpo de la cámara. Los buenos y los mejores cuerpos de cámara tienen diferentes sensores. Un sensor Nikon tiene una característica y calidad diferentes que un sensor Canon. Bien, no puedes elegir un cuerpo digital de uno y el sensor de otro, al menos en el mercado DSLR. Hasta cierto punto puedes tener esas opciones pero en el mundo del formato medio. Para hacerte con una nueva cámara conviene que conozcas bien el tamaño del sensor, pues este afecta además de la calidad de la imagen a la distancia focal del objetivo. Cuando compramos un objetivo por ejemplo de 18-55mm y lo usamos a 18mm, en realidad sólo son 18mm si tenemos un Sensor Full Frame (el primero de la lista de arriba, el grandote). Si el sensor es más pequeño entonces la distancia focal real no será de 18mm sino mayor, a lo mejor de 27mm o por ahí, y así vamos, cuanto más pequeño sea el sensor, mayor distancia focal real obtendremos. Esto es un inconveniente si buscamos una fotografía de gran angular, pero es toda una ventaja si lo que queremos es un teleobjetivo de enorme zoom. Pues con un 200mm obtendríamos casi 300mm reales. El megapíxel, un mito al que los fabricantes han recurrido cada vez más en los últimos años para vender millones de cámaras bajo la lógica de que un sensor más grande puede obtener más información de la que uno más pequeño y producir mejores imágenes. Todos hemos visto imágenes dudosas de cámaras de muchos


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megapíxeles y sabemos que después de un punto, los megapíxeles no importan para la mayoría de la gente – una cámara compacta de 16 MP no es nunca ni va a ser tan buena como una cámara réflex digital de 12 MP en formato de fotograma completo. Afortunadamente los consumidores somos cada vez prudentes. Lo que importa fundamentalmente es el tamaño del sensor. Luego aquí nos encontramos con otra deriva: ¿Es mejor una réflex con sensor CCD o CMOS? Tanto los sensores CCD como los CMOS están fabricados con materiales Semiconductores de Metal-Óxido (MOS) y estructurados en forma de matriz. Acumulan una carga eléctrica en cada celda de la matriz (o pixel) en proporción a la intensidad de la luz que incide sobre ella localmente. Nikon monta el CMOS y Canon el CCD. No obstante existen diferencias notables entre ambas tecnologías: En un sensor CCD (Charge Coupled Device) o Dispositivo de Cargas Acopladas, para recuperar una imagen, se procede a la lectura de estas cargas, mediante desplazamientos sucesivos y de forma secuencial. El CCD convierte finalmente estas cargas en Voltaje y entrega una señal analógica a su salida, que debe ser digitalizada y procesada por la circuiteria de la cámara. En un sensor CMOS, (Complementary Metal Oxide Semiconductor) los fotones que recibe cada celda son convertidos en carga eléctrica y en voltaje en la misma celda receptora, de esta manera al contrario que en los CCD, las celdas son totalmente independientes de sus vecinas. Al contrario que el CCD, el sensor CMOS realiza la digitalización píxel a píxel, ello conlleva que el resultado que entrega a la circuitería de la cámara este ya digitalizado. En resumen CCD obtiene más calidad de imagen a costa de un tamaño mayor y consumo mas elevado. Por su lado CMOS es superior en integración y bajo consumo a costa de perder calidad de imagen en situaciones de poca luz. (Nota: Si os fijáis en todo este tiempo las SLR siguen manteniendo el mismo ruido en ISOS bajos como consecuencia de esto).

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Pero que no nos lleve a la confusión de pensar que un CCD de una cámara compacta media es superior en calidad de imagen a un CMOS de SLR de alta gama, lógicamente a mismo tamaño de sensor esta diferencia se diluye, CCD obtiene mejores calidades con sensores GRANDES. Como siempre no hay nada superior de por sí, sino situaciones en las que cada tecnología es mas adecuada. Los COMS en realidad no tienen peor calidad de imagen. En sus inicios eran algo peores que los CCD, pues empresas como Nikon aún seguían apostando por las cámaras de carrete, pero hoy día es un mal que está prácticamente subsanado. La tecnología CCD ha llegado a su límite y es ahora cuando se está desarrollando la CMOS. Fue por ello por lo que el CMOS empezó a implementarse en las cámaras de gama baja compactas, donde la baja calidad no era un gran problema. Ha sido tras la evolución de la tecnología cuando se ha empezado a implementar en cámaras réflex. Además, gracias al CMOS conseguimos cámaras con una velocidad de ráfaga más alta, precios más bajos y mayor autonomía en las baterías. Así que no cabe lugar a dudas de que el futuro se llama CMOS De los datos anteriores se pueden observar cosas curiosas, como que Nikon coloca sensores propios a los buques insignia de la marca: D3, D4, D4S o la flamante D5 que se pondrá a la venta este mes de Marzo. O que las que tienen en su denominación una “x” sus sensores son fabricados por Sony. Por ello me causa mucha gracia cuando los hooligan de una otra marca se echan en cara lo hibridas que pueden resultar las cámaras de sus rivales, pues en las cámaras Canon hay una buena cantidad de componentes de Panasonic y otras marcas, que el sensor lo fabrica Canon... pues sí... y no, habría que ver si la producción es totalmente propia o fabrican otras partes como los fotolitos fuera (como es el caso de Sony, que los fotolitos los fabrica Nikon, que es de los más o el más

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avanzado en esta área), además la tecnología de estos sensores es relativamente estándar, vamos que pocas diferencias tecnológicas hay entre unos y otros y lo más importante se basa en lo optimizado del proceso y la precisión de acabado. Casi todas las partes de los sensores actuales están patentadas y unas empresas compran o intercambian derechos en favor de usar una u otra tecnología. Casi todos tienen que pagar a Kodak por usar el filtro bayer y al igual que esto pues seguro que con los sistemas de estabilización, microlentes, estructuras, procesos de fotólisis, hasta por los códecs de vídeo usados y los conectores (HDMI requiere un royalty). Da la sensación que decir que Nikon monta sensores Sony en cierta medida desprestigia la marca, algo que encuentro absurdo, ¿acaso Canon no monta sensores Sony en todas sus compactas?, qué más da el sensor o componentes que monten cada uno, lo importante es la calidad final y aquí me parece que es precisamente Canon quien tiene algo que aprender; y de echo lo están haciendo, pues cada vez se escucha más en los círculos de investigación y desarrollo que ya existe un acuerdo entre Canon y Sony para desarrollar un sensor de 50MP Queda por saber si será CCD o COMS. Las cámaras que utilizarían el citado sensor de unos 50 megapíxeles, sendas versiones serían con y sin filtro de paso bajo, tal y como Nikon ya hizo en su momento con las D800 y D800E.

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Además, en este mundo corporativo a saber los tratos que pueden llegar a hacerse, seguramente los fotolitos de los sensores Sony los fabrique Nikon para toda su producción o al menos para los sensores aps y ff, pero probablemente Canon haga lo mismo y parte de la producción se la haga alguna empresa externa como Kodak, Agilent, Dalsa, etc. El caso es que en producciones tan grandes lo más habitual es que un fabricante no haga todo el proceso. Pero si ocurre con los coches, alternadores y motores de arranque incluidos los optimizados para el sistema Star/stop que se montan en la mejores marcas del mercado son Bosch. No es muy conocido que gran parte de las innovaciones tecnológicas que montan los fabricantes en sus últimos modelos, no son realmente suyas, sino que han sido desarrolladas por fabricantes de componentes como Bosch o Delphi, que a su vez venden las patentes a firmas como Ford, Audi, BMW, Toyota… Hay un tema que viene siendo estrella últimamente y que no podemos obviar: las cámaras sin espejo. Sí, esas pequeñas cámaras que muchos adoran por su calidad suprema y su tamaño contenido, y que otros aborrecen por su aspecto de juguete y su calidad por demostrar. Lo que es innegable es que las cámaras sin espejo o EVIL ganan mercado día a día, y puedo decir que ya se atreven a rivalizar profesionalmente con sus hermanas mayores las réflex o DSLR. Diría lo mismo que dije en su día cuando llegaron otras innovaciones que hoy sería impensable trabajar sin ellas, creo han venido para quedarse, lo dejaré ahí. Personalmente hasta hace poco prefería los sensores Canon y los cuerpos de Nikon. Pero realmente, no importa. Prefiero la óptica de Nikon. Si tuviera un cuerpo Nikon D4s con un sensor Canon EOS-1D Mk IV, te aseguro que sería un hombre MUY FELIZ. Aún no conozco la Nikon D5 y la respuesta de Canon con la EOS-1D X, puede que para entonces cambie de opinión, pues por lo que he leído se atreve con el 4K, y asusta a la competencia con su sistema de enfoque y sensibilidad y su ISO superior a 3 millones. Pero todo esto son apreciaciones muy personales intentando descubrir lo bueno de cada cual, después haber tenido la oportunidad de probarlas y de fascinarme con ellas, teniendo muy claro que no existe ninguna marca mejor que la otra por definición. Por ello, y para terminar te propongo el siguiente juego: si ponemos en fila a 10 fotógrafos profesionales de Nikon y 10 fotógrafos profesionales de Canon. Entonces, podrías mirar el trabajo de cada uno de ellos y, al final del día, comprobarías que no se trata de Canon o Nikon. Lo que importa es quien usa la cámara. Joe McNally no es más profesional porque use Nikon. Jeremy Cowart no es más profesional porque use Canon. Los dos son grandes fotógrafos con diferentes sistemas de cámaras, diferentes objetivos, diferentes ojos, diferentes cerebros, diferentes estilos; ambos son impresionantes. Sujeta una Nikon en tu mano, Toma una Canon con la otra mano. ¿Cuál te gusta más? ¿Cuál te estimula más? Compra esa. Aquellos que participan en guerras de Nikon contra Canon o Canon contra Nikon en internet, son personas amargadas. Esas discusiones no conducen a nada, además se les ve el plumero cuando opinan, parece que tuvieran acciones en estas compañías, pobres…

No importa nada. Cada ciones mejores que el otro deseo que los distintos ing se emborrachen en uno de se encierren en el hotel y fecta.


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fabricante tiene unas opo. Algunas veces pienso y genieros de las dos marcas e esos eventos industriales, den a luz la cámara per-

De igual manera creer que una marca es mejor que la otra en función de los premios de tal o cual evento, es igual de necio; detrás de los eventos fotográficos más importantes del mundo, está el mecenazgo interesado de una u otra marca, y cada cual arrima el ascua a su sardina, es como la línea política de los diarios de comunicación, son como la voz de su amo, siempre existe algún interés económico, y además promocionar algunos de estos certámenes a través de sus fundaciones desgrava impuestos sobre sus fabulosos beneficios. Lo he dicho hasta la saciedad y no me cansaré de repetirlo, el llevar colgada del hombro la cámara más cara del mercado, no te hace mejor fotógrafo. “La cámara no hace al fotógrafo”. También es cierto que no hay nada que moleste más, que oír al lumbreras de turno “Jo, colega, así cualquiera, con esa cámara las fotos salen solas”, no me extraña, con lo que vale… Terminaré diciendo que hoy se hacen más fotos que nunca, pero no se hacen mejores, es más, muchos de los que se acercan a este mundo de la fotografía piensan que para hacer fotos no se necesita saber nada sobre ella, la tecnología es increíble, la cámara pude decidir por nosotros, después de realizar miles de cálculos, puede decidir, el diafragma, la velocidad de obturación y el ISO, solo hay que apretar el botón y milagro. Si todo esto fuera verdad, las fotografías de unos y de otros serían inmejorables, todos podríamos ser fotógrafos las Agencias Magnum, Reuters, etc. ¿Y por que no todos somos fotógrafos famosos? Pues por lo dicho, la cámara no hace al fotógrafo, históricamente está demostrado que las grandes obras de fotografía, no han dependido del tipo de cámara. El buen fotógrafo es capaz de hacer grandes fotos con una Canon con una Nikon o con una caja de zapatos. También olvidamos cuando nos encerramos en la estéril discusión de ¿Nikon o Canon?, que también existen otras buenas marcas, Pentax, Sony, Olympus, etc.. y ya no digamos si hablamos de cámaras que están muy por encima de las míticas Canon y Nikon, en cuanto a prestaciones profesionales se refiere, como son la Hasselbland, Leica, Phaseone o Leaf. Y ahora si termino de verdad con tu pregunta, te diré que tanto Canon como Nikon, o Nikon como Canon son grandes marcas de prestigio mundial, marcas que han demostrado a lo largo de muchos años el porqué de su fama. Y solo un consejo daré, si te encuentras con alguien que te recomienda efusivamente una de estas dos marcas pero criticando a la otra, no te fíes, esa persona ni sabe lo que dice ni de lo que está hablando, pues en este campo de las cámaras réflex también hay mucho talibán. Con el tiempo comprenderás que la mejor cámara es la que llegues conocer, la que te va a dar las mejores satisfacciones fotográficas, la que con el tiempo y por supuesto entenderás sin importarte la marca, y si me apuras el precio. Ni Canon es mejor que Nikon ni al revés. Y en esto de las marcas, personalmente cada vez admiro más a los fotógrafos que ocultan la marca de la cámara con la que realizan sus trabajos, porque verdaderamente lo que importa es el resultado final, su trabajo, y pienso como los que así empiezan a actuar, si quieren que se ponga la marca de la cámara en mis fotos, que paguen por ello, ya está bien de hacerles publicidad gratis.

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La semana temática del Carnaval, que se celebró durante el mes de febrero, y manteniendo la tónica de otras semanas temáticas anteriores sobre diversos temas, registró una amplia participación tanto en cantidad como en calidad. Con su voto directo, los moldeadores eligieron como más destacadas las fotos que a continuación publicamos de Nadima, Kezzin, Ionut Caras, Lucas e Ildefonso Robledo. Su innegable calidad hace innecesario cualquier comentario. La enhorabuena de Luz y Tinta a todos los participantes y en especial a los autores de estas cinco fotos destacadas.

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Lucas

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Ildefonso Robledo

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Jesús Álvarez Rodríguez

También pudier

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Duong Dinh

ron ser portada

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