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Las casas del Padre

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El compromiso y la misión es la consumación de la experiencia de Dios alimentada por la oración personal y el silencio contemplativo. Quien se adentra en el misterio de Dios no puede menos de dejarse afectar por el sufrimiento de la humanidad. No puede menos de comprometerse en la “evangelización”, en el anuncio y la realización del evangelio de Jesús.


«Qué felices serán las Misioneras Eucarísticas de la Santísima Trinidad que al fin de su vida puedan decir: “Padre he realizado la obra que me encomendaste, he amado, he hecho amar tu nombre; te he glorificado» Pablo María Guzmán MSpS


Será por la vía de la evangelización, de la enseñanza, de la lucha por los derechos humanos… o simplemente por la vía de tareas mucho más sencillas y menos vistosas al interior de la propia comunidad.

Por muy gratuita que sea nuestra vida, también los consagrados tenemos una misión en medio de la humanidad.


La oración y contemplación, tendría que llevarnos a la constante búsqueda de la misión, un atinar con lo que Dios quiere de cada una de nosotras en cada etapa de nuestra vida, un acertar con aquello que estamos llamadas a aportar para la construcción de una humanidad más humana, más justa, más fraterna. Const. 15


Es preciso recuperar el SILENCIO “EXTERIOR E INTERIOR”. El ruido físico y las interferencias ideológicas se han convertido en un enemigo de la calidad de vida.

Los ruidos e interferencias abundan en nuestras jornadas apostólicas e incluso al interior de nuestras comunidades


Se requiere también una recuperación de la SOLEDAD HABITADA, esa capacidad de convivir con nosotros mismos. «La soledad del espíritu consiste en ofrecernos a Dios despojadas de todo para que Él nos habite, nos trabaje y nos haga como nos quiere» Nuestra Madre «En la soledad, en el recogimiento interior, Dios habla a las almas». Nuestro Padre


Solo se puede llegar a experimentar a Dios en todas las dimensiones y actividades de la vida, si hay una ejercitación permanente en la oración y en la contemplación. En estos tiempos fuertes de interioridad, es donde se ponen las bases para la contemplación en la acción, para mirar todas las dimensiones de la vida desde la perspectiva de la fe, desde el horizonte de Dios. Solo desde ahí se puede estar evangélicamente en el mundo.


Se trata de compartir nuestras convicciones religiosas más profundas, nuestras reacciones como mujeres creyentes o vacilantes ante la vida, el sufrimiento y la alegría, la salud y la enfermedad, el entusiasmo apostólico y el cansancio, el éxito y el fracaso, el crecimiento de la justicia y el escándalo de la injusticia… ahí se pone de manifiesto nuestra experiencia de fe.

Si falta la comunicación a nivel de fe, seguramente la comunidad se debilitará y la convivencia se hará difícil en muchos momentos.


El alma del rezo son la fe y la vida Es un medio importante para fomentar virtudes y actitudes que nos permitan ser mรกs humanas. El mero cumplimiento rutinario de una norma disciplinar no hace oraciรณn comunitaria, ni garantiza una experiencia de fe. Es necesario que en nuestra comunidad busquemos tiempos, horarios, formas que permitan reanimar o poner alma de nuevo en la oraciรณn y celebraciones comunitarias.


Esto no es un lujo, es un derecho como lo es el descanso. Son importantes para compartir la fe, discernir la vida, orar comunitariamente sin prisa, sin timbre, ni telĂŠfono. Hay momentos en los que hay que hacer silencio y oraciĂłn, para discernir y para encontrar herramientas necesarias para enfrentar la vida y la misiĂłn en forma evangĂŠlica.


Misión viva hace oración y liturgias vivas La oración y las celebraciones son vivas en la medida en que la vida se hace presente en ellas. Nuestros éxitos y nuestros fracasos, la gracia y el perdón de los pecados… todo esto es importante para poner calidad de vida en la oración comunitaria y para poner calidad a la vida de la comunidad. La calidad de vida teologal es fuente de calidad de vida humana, a pesar de la vejez, las enfermedades, las limitaciones, etc. Estas hermanas son con frecuencia el pilar de las comunidades y de la misión.


Ni pensar que la salvación del mundo y la solución de todos sus problemas depende de nuestro trabajo. Este complejo mesiánico también daña la calidad de vida. El medio está en trabajar responsablemente en la medida de nuestros dones y talentos, de nuestras posibilidades y descansar razonablemente.


A mejorar la calidad de vida contribuye tambiĂŠn el arte de la diversiĂłn y la celebraciĂłn.


Fomenta la alegrĂ­a que acaba reflejĂĄndose en el rostro, en las ganas de vivir, en un entusiasmo renovado, facilita la comunicaciĂłn y la convivencia distendida, que es fundamental para que la vida tenga sabor y sentido.


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Las casas del Padre by Guadalupe Alfaro MESST - Issuu