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INTERNACIONAL año I • n°1 • octubre/2020
"Eu não consigo respirar escrito em bandeira norte-americana", Nova York, foto de Flo Ngala.
PRESENTACION Revista Internacional es una publicación conjunta de CTR - Corriente de Trabajadores Revolucionarios (Argentina) y GOI - Grupo Operario Internacionalista (Brasil). Presentamos a los lectores y lectoras de los periódicos La Voz de las y los Trabajadores y de Palavra Operária, y otras publicaciones de la CTR y del GOI, el primer número de nuestra Revista Internacional. La Revista reunirá nuestros esfuerzos conjuntos de elaboración con el fin de analizar los principales hechos de la lucha de clases mundial y para exponer una política que tiene como objetivo presentar un Programa revolucionario para hacer avanzar las luchas contra la explotación y la opresión capitalista que hoy recorren todo el planeta. Revista Internacional también busca constituirse en un punto de referencia y colaboración mutua para el activismo revolucionario en Argentina, Brasil y otros países, buscando materializar la formación de Frentes Únicos Revolucionarios que avancen hacia la reconstrucción de una Internacional Revolucionaria (basada en los principios de la IV Internacional, fundada por León Trotsky y otros revolucionarios en 1938) y partidos políticos revolucionarios en cada país. Buena lectura para todos. Esperamos una crítica revolucionaria de nuestros análisis y posiciones político-programáticas.
año I • n°1 • octubre/2020
Diagramación: N. Ferreira
Minneapolis em chamas, Reprodução/Twitter @georgegalloway.
En Estados Unidos está el epicentro de la revolución mundial Por W. Yoffé
a sentencia que encubre a los policías que asesinaron a Breonna Taylor condujo a nuevas protestas contra el racismo y la violencia policial en los Estados Unidos. Las protestas tuvieron lugar en Louisville (Kentucky), donde ocurrieron los hechos, y también en otras ciudades, como Washington, Nueva York, Atlanta y Chicago.
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Según los informes, dos policías recibieron disparos durante las protestas de Louisville. Según el diario El País, “El 13 de marzo, la técnica de emergencias médicas de 26 años recibió ocho disparos de tres policías que llegaron a su departamento con una orden judicial. En la tarde del
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23 de septiembre, y luego de más de 100 días de deliberaciones, un jurado de instrucción (etapa preliminar de un caso judicial) imputó al ex policía Brett Hankison por haber actuado deliberadamente de forma imprudente en el incidente que resultó en la muerte de Taylor, mientras que los otros dos agentes involucrados, John
Mattingly y Miles Cosgrove, no serán llevados a juicio". La policía, según los informes, irrumpió en el departamento de Breonna en busca de un ex novio.
LGBT fobia, ha centrado la atención de dos grandes bloques políticos que gobiernan el país. El republicano Trump y el demócrata Biden, que disputan las elecciones de noviembre, visitaron Kenosha y Desde las multitudinarias protestas pusieron el tema del conflicto racial contra el asesinato de George Floyd en el centro de sus campañas en mayo-junio de este año, además presidenciales. Trump, en su estilo del caso Breonna, otro episodio de directo y sin máscara, se presentó violencia policial racista ya había como el "hombre fuerte" que desea incendiado la ciudad de Kenosha poner fin a las protestas por medio (Wisconsin), cuando Jacob Blake, de la fuerza militar y paramilitar en un hombre negro de 29 años, fue defensa del "estilo de vida abatido por la espalda con siete americano". Biden, con su prototipo disparos efectuados por agentes de de “viejo zorro burgués y blanco” policía. El choque de las protestas del establishment político, con el antirracistas con milicianos apoyo de Barack Obama, Bernie paramilitares que se trasladaron a Sanders y otras figuras del Partido la ciudad con el objetivo de hacer Demócrata, se presenta a sí mismo frente a los manifestantes causó la como el “hombre de la paz social”, muerte de dos activistas, asesinados prometiendo reformas en la policía por un joven ultraderechista de 17 y condenando las protestas años, armado con un rifle automático. "violentas". En estas dos figuras políticas de la mayor potencia Estos dos episodios muestran al imperialista del planeta se menos dos cosas. Primero, la sintetizan los dos frentes y las dos violencia policial contra obreros y políticas que dividen hoy a la trabajadores negros, jóvenes y burguesía mundial ante el ascenso pobres, lejos de haber terminado de la revolución proletaria: Trump, tras la ola masiva de protestas de como jefe del frente de la mayo- junio, sigue intensificándose contrarrevolución autoritaria y en Estados Unidos. En segundo fascista; Biden, como el " líder" del lugar, las protestas tienden a ser cada vez más violentas, en la medida en que son atacadas por milicias fascistas que se organizan y se extienden por todo el país, lo que genera la necesidad, cada vez más consciente en la vanguardia antirracista, de la autodefensa armada en los actos, de los activistas y movimientos de lucha. Este estado de pre-guerra civil en la sociedad de Estados Unidos, donde los antagonismos de clase, evidenciados por la mayor crisis económica y social desde la Gran Depresión del año 1930, son avivados por los conflictos causados por el racismo y otras formas de opresión resonantes como el sexismo, la xenofobia y la
frente por “la paz”, “la diversidad” y “la democracia”. Ambos, uno por la fuerza de las armas y otro por el engaño de la reacción democrática, tienen como objetivo poner fin a las protestas y a la lucha de clases que se acrecienta en el país. La palabra final la darán los miles de activistas que se están formando al calor de las protestas contra la opresión y la explotación en Estados Unidos, que son en este momento, el epicentro de la revolución a nivel mundial. Los activistas que se aglutinan en torno al movimiento Black Lives Matter, y los jóvenes precarizados que organizaron la huelga general de trabajadoras y trabajadores de Amazon, Walmart, FedEx, Instacart, Whole Foods y Target, el 1° de mayo de este año. De las luchas que vendrán y de esta vanguardia depende el futuro de la revolución mundial.
Protesto de trabalhadoras e trabalhadores da Amazon.
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Mulheres negras protestando, foto de Chelsea Lauren.
El racismo pandémico sacude el sueño americano Por Sandra Fortes
i bien la OMS (Organización Mundial de la Salud) recomendó desde el 11 de marzo “quedarse en casa” y seguir medidas de distancia social para reducir el riesgo y el número de contagios y muertes por Covid-19, dos factores contribuyeron a que una parte de la población estadounidense no pudiese acatar esta medida: primero, el hecho de que el presidente Donald Trump niega la gravedad del Covid-19, y
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segundo, el hecho de que los trabajadores (sean esenciales o no) no pueden trabajar desde su casa, trabajadores de fábricas, trabajadores de la salud, transporte público, supermercados, seguridad pública y privada, limpieza y servicios generales. Sin la necesaria protección rigurosa, tanto en sus lugares de residencia, en el camino (transporte público) como en el lugar de trabajo, continuaron con sus actividades esenciales para
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la sociedad, se contagiaron ellos y sus familiares, enfermaron y miles murieron víctimas del Covid-19. En los Estados Unidos aunque las negras y los negros son una minoría en la población, son la mayoría entre las víctimas contaminadas y fatales del Covid-19, porque se ubican en estos sectores de la economía. Junto con los salarios más bajos y las peores condiciones laborales,
se incrementan para las mujeres y hombres negros una serie de problemas como enfermedades relacionadas con el trabajo, que incluyen enfermedades mentales, hipertensión, diabetes, obesidad, relacionadas con el bajo valor nutricional. Las peores condiciones de vivienda: el número de personas es mayor en las familias negras y las residencias son más precarias, pequeñas y con un mayor número de habitantes. Cabe señalar aquí que las mujeres negras son la base de la pirámide económica. Esta realidad es la que explica por qué hay más contagiados y víctimas fatales de Covid-19 entre los negros que entre los blancos en los EE. UU. Además, el país no cuenta con un único sistema de salud (universal y gratuito para la población) y los servicios privados de salud son muy costosos para la mayoría pobre de la población. Sí, en los Estados Unidos de América hay mucha pobreza. El número de desempleados, en medio de la crisis económica y la
pandemia de coronavirus, ha crecido a un ritmo alarmante. Esto hizo que se encendiera la luz roja para la burguesía y sus órganos de represión (policía, ejército y fuerzas de seguridad) por la necesidad de proteger sus riquezas y bienes frente a la población negra, latina y no blanca, que constituye la gran mayoría de los pobres. precarios y desempleados en el país. La burguesía narcotraficante depende del empleo de la mano de obra juvenil entre estos desocupados, para su actividad ilegal. Por lo tanto, la población carcelaria estadounidense es la más grande del mundo. No por casualidad, el de Brasil es el tercero más grande. Es así. Ha sido así. En países, continentes y el mundo imperialista, la opresión de negras y negros, árabes, asiáticos, indios, latinos, caribeños, pueblos originarios, aumenta las ganancias de las grandes empresas que se mueven por el globo, rebajando el valor de la fuerza laboral. Dentro de países como Brasil, por ejemplo, el
racismo también se manifiesta en la opresión de los pobres del Noreste, condenados a vivir en sus estados sufriendo privaciones o migrando al sureste y sur del país para vender más barata su fuerza de trabajo para las empresas que se benefician de la desvalorización de estas y estos trabajadores. La opresión de los pueblos originarios (indígenas). La opresión de inmigrantes bolivianos, haitianos y venezolanos.
No fue solo por un billete de 20 dólares El país más rico del mundo vive con intensos conflictos raciales y miles de protestas contra las detenciones y asesinatos de cientos de negras y negros por parte de un estado racista cuyo símbolo más notable es el Ku Klux Klan, que ha estado reviviendo desde hace más de dos siglos gracias a los gobiernos racistas como el de Donald Trump, que incrementó enormemente el número de detenciones y asesinatos de hombres y mujeres negros.
Os restos mortais de George Floyd chegam para o serviço memorial na Igreja Fonte de Louvor em Houston, Texas, em 9 de junho. Foto de Montinique Monroe.
El 25 de mayo, ante la sospecha de un billete falso de 20 dólares, el guardia de seguridad George Floyd fue asesinado por un policía blanco, que lo asfixió con la rodilla durante ocho minutos, mientras que George repetía: “No puedo respirar.” El brutal asesinato de Floyd, filmado y viralizado en todo el mundo, literalmente hizo arder a la potencia capitalista más grande del mundo, haciendo arder en llamas a sus símbolos como McDonald's y edificios policiales. Miles de personas marcharon por diferentes ciudades y calles contra el racismo, contra la policía, contra Trump, contra el desempleo, contra el hambre, contra las personas sin hogar, contra la opresión y contra la explotación. Entonces, durante semanas, una multitud protestó, enfrentándose y desafiando la represión policial de los gobiernos, gobernadores y alcaldes de Trump, haciendo que la necesidad de luchar sea la actividad más esencial en tiempos de la pandemia del coronavirus. El malestar social comenzó con protestas en la Región Metropolitana de Minneapolis-Saint Paul, donde Floyd fue asesinado, organizado por el movimiento Black Lives Matter, y se extendió rápidamente a nivel nacional y a más de 60 países. Un estudio revela que 1 de cada 10 adultos estadounidenses (alrededor de 33 millones de personas) participó en alguna de las más de 7.750 manifestaciones, en 2.000 ubicaciones en los 50 estados del país. Fueron las mayores protestas en el país desde la lucha negra por los derechos civiles y juveniles contra la guerra de Vietnam en la década de 1960. Estas protestas, que bloquearon calles, rodearon la Casa Blanca, cruzaron avenidas, quemaron símbolos y gritaron "Justicia para George Floyd" nos demuestran a
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revolucionarias y revolucionarios la importancia, la necesidad y urgencia de la construcción, intervención y dirección del Partido Revolucionario de la clase trabajadora. Sí, porque los capitalistas acorralados se retiran, para seguir explotando, enriqueciéndose y matando. Castigan a los policías, retiran algunas armas. Los reformistas buscan perfumar al capitalismo con ilusiones de migajas y escaños en el parlamento por “representar a nuestra clase”. ¡Negro en el Parlamento! ¡Mujeres en el Parlamento! ¡Lgbtts en el Parlamento! ¡Pueblos indígenas en el Parlamento! Nos preguntamos: ¿qué parlamento? ¿El burgués? ¿Donde el “toma y daca” de nuestra vida es para asegurar las ganancias de las grandes empresas que bajan los salarios, ahorran con equipos de seguridad y quitan los derechos de la clase trabajadora?
No hay capitalismo sin racismo La lucha consecuente contra el racismo es una lucha contra el capitalismo. Uno alimenta al otro. Racismo para lucrar, empleando, subempleando, desempleando y jugando con la marginalidad negra, latina e inmigrante. Racismo para proteger las ganancias encarcelando y asesinando a negros, latinos e inmigrantes. Este es el papel de las fuerzas de seguridad, públicas y privadas, al servicio del Capital. Es, por tanto, una ilusión pensar que es posible “reformar” la policía para hacerla más democrática y menos racista.
tanto, es incapaz de acabar con el racismo, pues éste, junto con el machismo, la lgbtfobia, la xenofobia y otras formas de opresión, aumenta sus ganancias e incluso desintegra, divide a la clase obrera, con la reproducción de la opresión. Por lo tanto, no hay forma de luchar contra el racismo de forma coherente sin luchar contra el capitalismo. Es urgente acabar con la propiedad privada de los medios de producción, acabar con el lucro de la pequeña minoría parasitaria que no trabaja, garantizar el empleo para toda la clase trabajadora repartiendo los empleos existentes, garantizar salarios y condiciones de vida dignas para toda la clase trabajadora: vivienda, comida, salud, ocio, cultura. Los ricos no compartirán la riqueza robada a la clase trabajadora con los trabajadores. La clase obrera necesita organizarse, luchar y tomar en sus manos esta riqueza producida por ella misma para socializarla. Solo así será posible acabar con la explotación y la opresión.
"No hay capitalismo sin racismo", dijo Malcolm X. Esta simple frase tiene un significado profundo: el capitalismo se aprovecha del racismo histórico para aumentar aún más sus ganancias, sobreexplotando a los sectores oprimidos de la clase trabajadora. La burguesía, por Malcolm X discursa em manifestação de negros e negras pelos direitos civis. Harlem, Nova York, 1963.
"A Zona Autônoma de Capitol Hill, também conhecida como a Zona, Free Capitol Hill, ou CHAZ, foi uma comunidade intencional autodeclarada e comuna de cerca de 300 residentes, que cobre aproximadamente dez quarteirões no bairro de Capitol Hill, em Seattle, Washington, no noroeste dos Estados Unidos."
Las lecciones de la revuelta antirracista en Estados Unidos Por Ian Felippe
a historia y trayectoria del pueblo negro de Estados Unidos está marcada por revueltas populares. A principios de la década de 1960, el mundo vio las marchas históricas encabezadas por Martin Luther King en defensa de los derechos civiles. En 1965, los Watts Riots en Los Ángeles marcaron uno de los trastornos populares más graves hasta la fecha. Los disturbios resultaron en 34 muertes, 1.032 heridos, 3.438 arrestos y más de U$D 40 millones en daños a la propiedad. El asesinato de King, el 4 de abril de 1968, generó también una inmediata conmoción y revuelta popular en varios estados americanos, superada en participación popular e impacto social y económico sólo con el actual levantamiento en memoria de George Floyd.
Como resultado de la resistencia negra que resonó en ese período, en 1966 surgió el Partido Pantera Negra por la Autodefensa. El partido socialista y revolucionario, fundado por Bobby Seale y Huey Newton, sirvió hasta mediados de 1982 en barrios negros como patrulla armada para monitorear la acción policial. Actualmente, algunos militantes organizados buscan rescatar esta experiencia y los nuevos Black Panthers ya se han visto en protestas recientes. Ya a principios de la década de 1990, nuevamente en Los Ángeles, luego de ocurridas una serie de injusticias, especialmente con la absolución del asesino de Latasha Harlins y los policías que golpearon a Rodney King, el malestar popular se apoderó de una de
las ciudades más famosas del mundo. Con consignas “Sin justicia, sin paz”, que también se hicieron eco en las manifestaciones contra la muerte de Floyd, miles salieron a las calles a fines de abril de 1992. Se produjeron saqueos, asaltos, incendios, asesinatos y daños materiales, causando al gobierno de EEUU una pérdida de U$D 1 mil millones. En total, 53 personas murieron durante los disturbios y miles resultaron heridas. Ante estos hechos históricos e importantes, similares en varios aspectos, para comprender la realidad del pueblo negro de Estados Unidos y su organización, la primera gran lección que debemos aprender de la lucha antirracista en Estados Unidos y el reciente levantamiento contra el asesinato REVISTA INTERNACIONAL
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de George Floyd, es que, a pesar de tantas luchas y revueltas, el estado capitalista, al servicio de los intereses de la clase dominante, sigue reproduciendo, alentando y sembrando el racismo. Y, sin embargo, los pocos logros que tuvieron, como la victoria inmediata en Minneapolis con la extinción de la policía local, fueron el resultado de la movilización y la lucha en las calles y no de reformas a través del parlamento. Recordemos que son los hombres y mujeres negros norteamericanos los que están siendo las principales víctimas del Covid-19 y el desempleo, que hoy afecta a más del 16% de la clase trabajadora. Además, también siguen siendo el principal objetivo de la brutalidad policial, como lo revela el asesinato de George Floyd. La segunda lección es que la solidaridad de clases es fundamental en la lucha contra el racismo y todo tipo de opresión. El levantamiento de Minneapolis que se expandió a los cuatro rincones de los Estados Unidos, mostró la
fuerza de la unidad de los pueblos. La participación de jóvenes negros, latinos, judíos, musulmanes, blancos, asiáticos, indios, etc., en su mayoría trabajadores y trabajadoras, en una unidad multirracial en protestas callejeras, refuerza la resistencia contra los prejuicios, la xenofobia y el racismo en sus diversas formas, tan agudas en el período histórico actual y la crisis económica mundial del sistema capitalista. La tercera lección que debemos aprender es que es necesario rescatar los métodos de lucha de la clase trabajadora, como la autodefensa, las huelgas, las ocupaciones y la solidaridad activa en una lucha anticapitalista contra el racismo. La reciente huelga unificada de trabajadores de Amazon y otros servicios de entrega “on line”, la huelga de trabajadores de McDonald’s por mejores condiciones laborales y salarios, el paro de los trabajadores del transporte de autobuses que se negaron a llevar a los prisioneros de las manifestaciones antirracistas y el paro de los
portuarios del 19 de junio, fecha en la que hombres y mujeres negros en América del Norte celebran la liberación de los negros esclavizados de Texas y otros estados confederados en el sur de Estados Unidos, fortalecen a la clase trabajadora para hacer frente a las terribles condiciones de vida en el capitalismo y avanzar en la comprensión de cómo el racismo es parte integral de esta estructura económica que debemos derribar para luego construir una sociedad socialista, libre de explotación y opresión racista. Finalmente, los ejemplos de auto-organización de la clase trabajadora en EE UU, a partir de los procesos de la lucha antirracista, como la creación de la Zona Autónoma de Capitol Hill, una comuna internacional con 300 habitantes ubicada en el predio abandonado por el Departamento de Policía de Seattle, nos muestra que es posible construir un nuevo tipo de sociedad organizada por trabajadores y para los trabajadores.
Greve de 48 mil operários da General Motors, em setembro de 2019, primeira paralisação nacional nos Estados Unidos em 12 anos.
La mayor crisis en el corazón del imperialismo Por William Felippe iremos la verdad tal como es, sin disculparnos: los Estados Unidos de América es el país más justo y excepcional que ha existido en la Tierra". Con esta frase, Donald Trump celebró el Día de la Independencia del país, el pasado 4 de julio. Sus palabras no serían más que una exaltación del capitalismo yanqui, de boca de uno de sus magnates, y no merecerían más comentarios, si no fuera por un detalle: millones de personas en todo el mundo creen en ellas. Especialmente las generaciones nacidas en la década de 1990, que no han conocido otra forma de organización de la sociedad que la capitalista, ya que los países "socialistas" fueron aniquilados por las revoluciones anti-burocráticas en la URSS y Europa del Este y el capitalismo fue restaurado en estos países así como en China y Cuba.
Es difícil no estar de acuerdo con Trump sobre el carácter "excepcional" del capitalismo estadounidense. Busquemos en Google al azar acerca de "el poder de los Estados Unidos". En el sitio web “Brasil Escola / UOL”, ampliamente utilizado por los estudiantes brasileños, encontraremos lo siguiente: “Estados Unidos es la única nación que acumula liderazgo en el poder industrial, militar, financiero, nuclear, estratégico y cultural. (...) con un PIB que corresponde aproximadamente a una quinta parte de la riqueza mundial, con un poder de consumo altísimo y con un poder de inversión muy por encima de los demás, Estados Unidos sigue siendo soberano en el liderazgo político del Nuevo Orden Mundial ”.
"oportunidades" y "democracia" para todos es lo que le permite a Trump elogiar a Estados Unidos como el país "más justo" de la faz de la Tierra. Sin embargo, estas "verdades" aparentemente incuestionables han sido puestas a prueba en los últimos meses, desde que Estados Unidos se convirtió en el epicentro de la pandemia y crisis económica que sacude al capitalismo mundial. En ningún lugar la crisis ha sido más catastrófica que en el país de Trump. El asesinato de un joven negro por un oficial de policía blanco en Minneapolis también desencadenaría el mayor movimiento de masas contra el racismo desde la década de 1960, poniendo en jaque el mito de la "democracia estadounidense".
El imperialismo estadounidense continúa afirmando su dominio sobre todas las naciones del planeta. Y la imagen de un paraíso único de
"O sonho americano está acabado", foto Reuters.
Campeón de muertes e infecciones por coronavirus En Estados Unidos es donde la pandemia de coronavirus está siendo más letal: con más de 160.000 muertos y casi 5 millones de infectados (al momento de escribir esto), lo que corresponde aproximadamente a ¼ de Covid19 en el mundo. La humanidad no ha sufrido una pandemia de las proporciones del Coronavirus desde la gripe española (cuyos primeros casos se detectaron en Estados Unidos), que en apenas dos años (1918-1919) se estima que ha matado entre 50 y 100 millones de personas en todo el mundo. Superando con creces los 10 millones de muertos en la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Este conflicto armado entre las naciones más poderosas del mundo fue considerado por Lenin como una marca del inicio de la decadencia del capitalismo, la era del imperialismo, que estaría marcada por guerras y revoluciones. Sin embargo, puede ser necesario agregar: tiempos de guerras, revoluciones y enfermedades, y destacar la pandemia de gripe española como también un hito de la era imperialista, ya que la muerte de millones por enfermedades contagiosas ha escrito uno de los capítulos más crueles de la agonía mortal del capitalismo. Durante los últimos cien años. Las cifras son llamativas, y mencionaremos solo algunas. Solo en los últimos diez años, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado seis situaciones de Emergencia de Salud Pública debido a enfermedades con potencial pandémico, como H1N1, Ébola y Zika. El virus del VIH ha matado a 32 millones de personas desde que se diagnosticó el sida en 1981. Millones más son víctimas de muertes silenciosas
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causadas por enfermedades para las que existen medicamentos y vacunas como la malaria desde hace muchos años (que solo el año pasado contagió a 228 millones y mató a 405.000 personas en todo el mundo), o sarampión (140.000 muertos en 2019), o tuberculosis (un promedio de 1,8 millones de muertos por año), entre otros. El capitalismo decadente ha logrado la hazaña de hacer un avance único en la ciencia médica y farmacológica en el último siglo, mientras que las enfermedades continúan matando a millones en todo el planeta. Esta fatal contradicción entre el avance de la ciencia y el avance de la muerte está ahora en su mejor momento en los Estados Unidos. ¿Qué explica que en el país más rico del mundo, que tiene a su disposición todos los medios y recursos de la Ciencia y la producción, sea donde se produzca el mayor número de víctimas del Covid-19? Veamos lo que dice BBC News, uno de los medios imperialistas más importantes, sobre la situación de los trabajadores y trabajadoras frente a la pandemia: “(...) no hay una ley federal en el país que obligue a los empresarios a ofrecer bajas por enfermedad, muchas veces los empleados tienen que elegir entre trabajar enfermos o quedarse sin paga, o incluso perder sus trabajos. Además, sin un sistema público de salud, muchos no están cubiertos y evitan ir al médico por temor a los altos costos (...) Entre los países ricos, Estados Unidos destaca por ser uno de los únicos países que no ofrece a sus trabajadores beneficios como baja por enfermedad, vacaciones pagadas o baja por maternidad. Como estos beneficios no están previstos en la ley federal, la decisión se deja al empleador (...) Alrededor del 40% de los trabajadores del sector
servicios y casi el 60% de los que trabajan a tiempo parcial no tienen licencia médica (...) 27 millones de personas en Estados Unidos no tienen seguro médico, según datos del Censo Estadounidense, y el país no cuenta con un sistema de atención médica universal gratuito. Entre quienes tienen seguro médico, la cobertura suele ser limitada y requiere un alto porcentaje de copagos. En un caso, reportado por The New York Times, un estadounidense dijo que él y su hija habían sido evacuados de Wuhan, el epicentro del coronavirus en China, por el gobierno estadounidense y puestos en cuarentena, que incluyó unos días de aislamiento en un hospital. Aunque la internación fue ordenada por el gobierno -y no se les diagnosticó el virus- recibió una factura de casi US$ 4 mil (más de R $ 18 mil) por servicios de ambulancia, médicos y radiólogos”. Esta información muestra que los millones de infectados y miles de asesinados por Covid-19 en Estados Unidos, casi todos ellos pobres y trabajadores, la gran mayoría de los cuales son negros y latinos, están siendo víctimas de un verdadero genocidio provocado por las terribles condiciones. Del trabajo y la vida a la que están sometidos por la explotación de los capitalistas, lo que les impide acceder a los ingentes recursos de la medicina concentrados en el país más rico del planeta.
Destrucción masiva de puestos de trabajo El exterminio de vidas proletarias por Covid-19 se vio agravado por la vertiginosa destrucción de puestos de trabajo. En marzo de este año, cuando la tasa de desempleo en el país era solo del 3,5% (la más baja en cincuenta años), Trump celebró en Twitter: "¡Trabajos, trabajos,
trabajos!" Esta realidad se derrumbó en solo dos meses: en mayo, el desempleo saltó al 14,7%, la tasa más alta de los últimos setenta años. En tan solo unas semanas, se ha destruido el doble de puestos de trabajo creados en los últimos diez años desde la recesión de 2008-2009. Y, obviamente, los más afectados por el desempleo son los sectores oprimidos: 18,9% entre hispanos, 16,7% entre negros y negras, mientras que entre los blancos la tasa es del 14,2%. Desde marzo, más de 50 millones de trabajadores han solicitado el seguro de desempleo, lo que equivale aproximadamente a un tercio de la población activa total. El seguro de desempleo en los Estados Unidos no está garantizado por el gobierno federal, sino por los estados, que va desde el 40% al 50% del salario pagado, lo que significa que cada desempleado recibirá, en promedio, hasta 600 dólares por semana, a pagar hasta 28 semanas (7 meses). Pero, ¿y después de eso?
El colapso de la economía expone el crecimiento de la pobreza Trump (y todos los gobiernos del mundo), los medios y los economistas al servicio del capital responden que la crisis económica fue provocada por el coronavirus y que la economía volverá a la normalidad con el fin de la pandemia. La creación de 4,8 millones de puestos de trabajo en junio (menos del 10% del total de personas que solicitaron el seguro de desempleo), fue suficiente para que el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steven Mnuchin, afirmara que "Todo estadounidense que haya perdido su trabajo, lo recuperará”.¿Será? Los pronósticos de las autoridades económicas oscilan siempre entre la incapacidad teórica de la
economía política burguesa para predecir nada y la pura y simple mentira. Un ejemplo del primer tipo fue el "pronóstico" de la Fed, el Banco Central de EE. UU., que en su informe anual sobre el estado de la economía del país (el llamado "libro beige"), publicado en enero de este año, afirmó que "Expectativas a corto plazo siguen siendo modestamente favorables en todo el país”. Sin embargo, el PBI cayó un 5% en el primer trimestre y un 32,9% en el segundo trimestre (!), El peor índice desde la Gran Depresión de la década de 1930. El "pronóstico" del secretario Mnuchin sobre la reanudación del empleo no es más que una mentira descarada! En primer lugar, es necesario desenmascarar la mentira de que la crisis económica fue provocada por la pandemia de coronavirus. A pesar de que la economía de Estados Unidos estaba casi en pleno empleo en marzo de este año, el crecimiento del PBI se ha mantenido en niveles bajos (menos del 3% anual) desde la recesión de 2008-2009. La pandemia fue el detonante de una crisis aguda en un paciente (la economía capitalista) que ya se encontraba en muy mal estado de salud. Los análisis económicos más serios predicen que incluso volver a las anémicas tasas de crecimiento de antes de la crisis, solo sucederá dentro de tres o cinco años. En los últimos diez años desde la última recesión, esta dinámica precaria de la economía capitalista ya ha sido evidente, y el crecimiento del PBI no alcanzó los niveles más altos del ciclo de expansión anterior. En otras palabras, en el mejor de los casos, la economía estadounidense (y, en consecuencia, también la economía mundial) permanecerá estancada en los próximos años y,
en el peor de los casos, la recesión actual puede convertirse en una grave depresión económica. Ninguna de las dos hipótesis es buena para la clase trabajadora en Estados Unidos y el mundo. Millones permanecerán sin trabajo y quienes logren recuperar su empleo recibirán salarios más bajos y peores condiciones laborales, como sucedió después de la crisis de 2008-2009. Desde la década de 1970, los trabajadores se han vuelto más pobres con cada crisis cíclica del capitalismo.
La burguesía no se suicida La dramática situación que vive la clase trabajadora con la combinación de la crisis económica y pandémica muestra que Estados Unidos está lejos de ser "el país más hermoso de la Tierra", como proclama Trump. Sin embargo, aún es necesario completar este cuadro, analizando la situación de la otra clase, la clase capitalista. Primero, en relación con la pandemia. Evidentemente, el coronavirus “democrático” no elige entre ricos y pobres para contagiar. Sin embargo, la burguesía y los estratos altos de la pequeña burguesía y la clase media están protegidos de la pandemia por su estatus de clase: no están obligados a trabajar, menos aún en las condiciones inseguras que se le han impuesto a la clase trabajadora dentro de las empresas y en el transporte público; sus lujosas casas y fortunas permiten un agradable aislamiento social; y si están infectados, tienen los mejores recursos médicos que el dinero puede pagar. En segundo lugar, en relación con la crisis económica. La crisis de 1929 dejó en el imaginario popular escenas de capitalistas arrojándose de los edificios tras la quiebra de la Bolsa de Nueva York. REVISTA INTERNACIONAL
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La Gran Depresión, que se extendió durante toda la década de 1930 y solo terminó con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, llevó a la quiebra de miles de empresas y bancos. Y es un hecho que algunos capitalistas se suicidaron. Pero, en la crisis actual, las imágenes que recorren el mundo son distintas. Los especuladores del mercado de valores emocionados celebraron la rápida recuperación de los valores de las acciones en mayo y junio (apodado "el mayor repunte de 50 días en la historia del S&P 500"), después de la aterradora caída que tuvo lugar entre el 19 de febrero y el 23 de marzo, cuando el índice bursátil (S&P 500) perdió un tercio de su valor. Sonrisas y fotos de Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo, dueño de Amazon, no esconden su felicidad por haber sumado, desde enero de este año, otros US $ 34 mil millones a su fortuna personal, totalizando US $ 149 mil millones (según el índice de Multimillonarios de Bloomberg). Según un informe de Chuck Collins y otros investigadores del Institute for Policy Studies: “La riqueza de los multimillonarios estadounidenses en realidad aumentó en casi un 10% en solo tres semanas, justo cuando comenzó la crisis del COVID-19. (...) Al menos ocho de estos multimillonarios agregaron más de $ 1 mil millones a su riqueza durante la pandemia". Es decir, mientras 50 millones de trabajadores perdieron su empleo de la noche a la mañana y más de 160.000 perdieron la vida víctimas del Covid-19, los especuladores bursátiles recuperaron sus ganancias en 50 días y el capitalista más rico del mundo rompió todos los récords de enriquecimiento personal. ¿Necesitamos más pruebas de lo "justo" que es el capitalismo yanqui? "Esta foto foi tirada em um protesto Black Lives Matter em Los Angeles em 30 de maio. O movimento BLM foi fundado por três mulheres negras, Patrisse Cullors, Alicia Garza e Opal Tometi.", foto Stephanie Mei-Ling.
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El informe de Chuck Collins y sus colegas también analiza las diferencias en las perspectivas de recuperación económica en los próximos años para ricos y pobres, trazando un paralelo con el período posterior a la crisis de 2008: “la recuperación de la pandemia agravará aún más nuestras desigualdades de ingresos, riqueza y oportunidad. Hemos visto que esto sucedió antes, en la recuperación de la crisis económica de 2008. Una recuperación que, para la mayoría de los estadounidenses, nunca fue completa. (...) Solo el 20% de los hogares estadounidenses habían recuperado completamente la riqueza que tenían antes de la Gran Recesión. Por otro lado, mis colegas y yo descubrimos que los miembros de Forbes 400, los 400 multimillonarios más ricos de Estados Unidos, lograron recuperar completamente su riqueza en tres años. En una década, su riqueza aumentó en más del 80%. (...) En la última crisis, en 2008, rescatamos a los bancos de Wall Street, pero no a los propietarios y los pequeños negocios que cerraron sus puertas en las calles de la ciudad”. Ciertamente, la crisis actual dejará un rastro de destrucción entre las pequeñas y medianas empresas y es posible que algunos grandes empresarios tengan que cambiar de negocio. Sin embargo, las grandes corporaciones y los mega-especuladores capitalistas están protegidos nada menos que por el propio Estado, más precisamente, por recursos públicos estatales, cuya fuente son los impuestos que paga la población en su conjunto. En el caso de Estados Unidos, también existe la capacidad del Estado para imprimir dólares, la principal moneda convertible del planeta, así como para emitir bonos del Tesoro (letras del Tesoro), la forma más segura de reserva monetaria (junto con el oro, a al menos hasta ahora).
Desde la crisis de 1929, la burguesía yanqui ha aprendido una lección preciosa: en períodos de crecimiento económico deben prevalecer las ideas de Adam Smith: el Estado debe dejar que la "mano invisible del mercado" conduzca libremente a la sociedad hacia el bienestar social . Pero en tiempos de crisis, esta regla de oro del liberalismo debe ser puesta en cuarentena y reemplazada por las ideas de John M. Keynes: la economía capitalista debe salvarse mediante inversiones estatales. En la Gran Recesión de 2008-2009 las grandes corporaciones financieras (JP Morgan Chase, Bank of América, Citigroup, etc.), las compañías de seguros (AIG) y las empresas industriales (GM, Chrysler) en los Estados Unidos se salvaron de la quiebra por parte del Estado, mediante inversiones. Fondos no reembolsables de recursos públicos que totalizaron alrededor de US$ 7,4 billones. Estos hechos han demostrado que las grandes empresas capitalistas no pueden sobrevivir sin ayudas estatales. Y para garantizar este billón de dólares de ayuda a los grandes capitalistas y especuladores bursátiles (que se repite ahora, diez años después), es necesario recortar al máximo los recursos públicos destinados a los pobres y trabajadores a través de inversiones estatales en educación, salud, vivienda, alimentación, seguros de desempleo y accidentes de trabajo, etc. etc. Solo por poner un ejemplo, en Estados Unidos solo el 0,25% del PBI se destina al seguro de desempleo, menos del 0,30% destinado a Brasil (datos de 2017). Resulta que la burguesía es solo una clase de parásitos.
Miles de millones para los ricos y $ 1200 para el trabajador En la crisis actual, Trump (y su Partido Republicano), con la ayuda del Partido Demócrata en el Congreso, ya ha previsto el derrame de 2,2 billones de dólares en las arcas públicas, distribuidos de la siguiente manera: 550.000 millones de dólares para las grandes empresas; $ 350 mil millones para pequeñas y medianas empresas; un cheque único de $ 1,200 para personas con ingresos bajos y medios, más $ 500 por niño (lo que sumaría alrededor de $ 500 mil millones); $ 150 mil millones para hospitales y otros proveedores de atención médica privados. También según el informe de Chuck Collins y sus colegas: “Las personas que ganan más de $ 1 millón, sin embargo, pueden recibir un impuesto a las ganancias extraordinarias promedio de $ 1.6 millones, según un análisis publicado por dos congresistas. Estas cifras muestran la enorme desigualdad en la distribución de los recursos públicos y que el Estado está al servicio de la salvación de las grandes corporaciones y los millonarios capitalistas. La euforia de los especuladores bursátiles se financia con dinero del pueblo, mientras millones se ven arrojados a la pobreza, la enfermedad y el desempleo. El mega-capitalista Jeff Bezos, además de los recursos públicos que consiguió y el crecimiento del comercio online durante la pandemia, se benefició, sobre todo, de la explotación desenfrenada de los empleados de Amazon. En un Manifiesto difundido en marzo, denuncian: “Si bien la pandemia de Corona ya ha matado a miles de personas y matará a muchas más, los almacenes de Amazon siguen REVISTA INTERNACIONAL
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funcionando las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Los gobiernos de todo el mundo están ordenando el desapego social, pero al mismo tiempo obligan a los trabajadores a seguir trabajando. (...) De hecho, Amazon obliga a los trabajadores a correr el riesgo de infectarse y a llevarse el virus a casa con nuestras familias, permitiendo su propagación. (...) Protestamos contra el intento de la empresa de sacar provecho de esta crisis, poniendo en riesgo nuestra salud. Protestamos en Polonia y España, hicimos huelga en Italia, Francia y Nueva York”. Son innumerables los casos de Covid-19 que ocurrieron en Amazon, y debido a la irresponsabilidad de la empresa, los propios trabajadores se vieron obligados a formar comisiones para identificar los almacenes infectados y denunciarlos a las autoridades sanitarias. Para "compensar" los riesgos, Bezos ordenó el pago de $ 2 adicionales por hora en salarios (que son $ 15 por hora para los trabajadores del almacén) durante los primeros meses de la pandemia, pero este "beneficio" ya fue cortado en junio. Estas quejas de los trabajadores de Amazon estuvieron acompañadas de varias luchas y protestas, la más importante de las cuales ocurrió el 1 de mayo, cuando realizaron una histórica huelga nacional junto con trabajadores precarios de Walmart, FedEx, Instacart, Whole Foods y Target.
"Justicia para George Floyd": la caída del mito de la democracia yanqui Cuando la pandemia y la crisis económica ya mostraban al mundo la verdadera cara explotadora del capitalismo estadounidense, un hecho nuevo contribuiría a derribar otro mito del país “más justo” de Trump: el mito de la democracia estadounidense. El 25
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de mayo, en Minneapolis, George Floyd, un trabajador negro de 40 años, fue cobardemente asesinado a sangre fría por un policía blanco. Esta acción policial común para reprimir a los negros y los pobres desencadenaría las mayores movilizaciones desde la década de 1960, cuando se combinaron dos grandes luchas en los Estados Unidos: la rebelión contra el apartheid social y los derechos civiles de negros y negros y las protestas contra la guerra de Vietnam. Durante más de dos semanas, millones de personas, con jóvenes negros al frente uniendo a latinos, árabes, nativos y blancos, marcharon por las calles de ciudades de todo el país exigiendo “Justicia para George Floyd” y denunciando el carácter racista de la policía y la “Democracia estadounidense”. Estados Unidos ya no era solo el epicentro de la pandemia y la crisis económica, sino también el centro de la lucha de clases mundial.
Esperanza socialista versus búnkeres apocalípticos A principios de 2019, una encuesta del Instituto Gallup indicó que la mayoría (51%) de los jóvenes estadounidenses tienen una "perspectiva positiva" sobre el socialismo. Este “socialismo” expresa, en primer lugar, el deseo de los jóvenes de más y mejores trabajos, acceso para todos a la salud pública y la educación, un mundo menos contaminado, una sociedad más igualitaria y menos racista, sexista, LGBT-fóbica y xenófoba. Estos sentimientos alimentan al ala izquierda del Partido Demócrata y proyectan a socialistas reformistas como Bernie Sanders, la diputada Alexandria Ocasio-Cortez y el concejal de la ciudad de Seattle Kshama Sawant. Más importante
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aún, están en la raíz de la lucha de organizaciones como Black Lives Matter y las protestas y huelgas de trabajadores jóvenes precarios, como empleados de Amazon y otras empresas. Los sentimientos de la juventud socialista fueron el combustible que ayudó a incendiar las calles en las protestas antirracistas de mayo y junio. La juventud estadounidense ciertamente no está de acuerdo con Trump en que su país es "el más justo que ha existido en la Tierra" y está dispuesto a luchar por un país mejor. Que los jóvenes prevean sus esperanzas de cambio no en el "estilo de vida estadounidense" capitalista, sino en una perspectiva socialista, es una gran amenaza para la burguesía de la nación imperialista dominante en el planeta. Prueba de ello es una curiosa inversión que ha obsesionado a los multimillonarios yanquis en los últimos años, según revela un artículo reciente del diario El País, titulado “Los multimillonarios se preparan para el fin de la civilización”: “La crisis del coronavirus, junto con la amenaza del terrorismo y el cambio climático, ha incrementado el miedo de las clases privilegiadas y cada vez son más las personas que apuestan a estar preparadas para un posible apocalipsis, desencadenando rápidamente la demanda de búnkeres y refugios. Desde Silicon Valley hasta Wall Street y Marbella, así es como los ricos se preparan para el fin del mundo. (...) ”. Dance Vicino, director ejecutivo de The Vivos Group, una de las empresas líderes en la construcción de redes de refugios subterráneos, explica esta nueva demanda de los ricos del mundo: “La gente siente que se acerca el infierno, desde Corea del Norte y Oriente Medio a una potencial Tercera Guerra Mundial con Rusia
y China”, dice, anticipando también futuras “plagas, asteroides o el colapso económico total”. Detrás de sus sonrisas y su euforia, el 1% de los magnates de Amazon, Microsoft, Google, Facebook, General Motors, Tesla, Nike, JP Morgan, Exxon, WalMart y otras
megacorporaciones estadounidenses esconden su terror ante la decadencia inevitable de su sistema de explotación económica y opresión social y política.
bunkers apocalípticos será superado por la esperanza socialista que se está construyendo en las luchas de la juventud proletaria en Estados Unidos y en el mundo.
Por nuestra parte, estamos convencidos de que el pesimismo de los imperialistas con sus
¡FUERA TRUMP! Por Ernesto Silva
as enormes movilizaciones contra la violencia racial, desencadenadas tras el asesinato de George Floyd, y la respuesta represiva del presidente Trump enviando a la Guardia Nacional para sofocar las protestas, desnudan el carácter racista, xenófobo y anti popular del Presidente de los Estados Unidos. Desoyendo todos los reclamos y acusando de “anarquistas” y “terroristas” a quienes encabezan las protestas, intenta de este modo apagar el incendio con “nafta”.
Pero esta herida abierta en el corazón del Imperialismo es parte de una crisis sistémica que abarca varios aspectos de la sociedad norteamericana. Así como el Covid 19 es la muestra del colapso del sistema capitalista que es incapaz de garantizar los derechos básicos y elementales como la salud, la educación y el empleo; el racismo en Estados Unidos es apenas la punta del iceberg de un sueño americano que se transformó en pesadilla para la clase trabajadora de este país.
Con casi 20 millones de desocupados, en medio de una desigualdad social abismal donde la peor parte la llevan los afroamericanos, latinos, mujeres e inmigrantes, las calles se han convertido en escenarios de huelgas y grandes luchas como la de los docentes de West Virginia, Kentucky, Carolina del Norte, Los Ángeles, entre otros estados, durante 2018 y 2019, la gran huelga de 40 días de los obreros de General Motors, y muchas otras que cuestionan la concentración de la riqueza en las manos del 1%
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de la sociedad, de las grandes trasnacionales como Amazon, Google, Facebook, Microsoft y de los representantes de Wall Street y del Bank of América, entre otros. El 99% restante son la mayoría de los
trabajadores que ven deteriorarse día a día su salario, que son arrojados a la desocupación, que no tienen acceso a un seguro médico estatal, que no pueden terminar sus estudios; y, como si
esto no bastara, son las principales víctimas de la pandemia que ya se cobró las vidas de más de 170.000 personas.
"Manifestantes protestam contra a morte de George Floyd em frente à Casa Branca, sede do governo dos Estados Unidos, 1 de junho de 2020 | Foto: Olivier DOULIERY / AFP".
¡América primero! Este fue el slogan utilizado por Donald Trump durante su llegada a la Casa Blanca. Haciendo alusión probablemente al sentimiento patriótico y de superioridad del coloso imperialista ante el resto del mundo. Acompañando sus discursos de una xenofobia y racismo que se plasman en políticas contra los inmigrantes, como la construcción del muro con la frontera de México y las deportaciones masivas. Sin embargo, ni su discurso “supremacista” ni las políticas de “proteccionismo económico” y la
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guerra comercial con China pudieron tapar el sol con las manos. Estados Unidos está sumido en una crisis económica brutal que se refleja en un sobre endeudamiento histórico, con caída del dólar y una recesión galopante en la industria local. Agravada esta crisis por la pandemia. Pero las medidas de Trump fueron en busca de rescatar a las viejas industrias del acero y alumino, a las gigantes de la tecnología y a las automotrices, poniendo altos aranceles a las importaciones, sobre todo de China. Sin lograr revertir la caída de la industria y de su PBI.
La rebaja de impuestos a las patronales no fue suficiente para evitar la estrepitosa caída del empleo y la deuda externa ya supera los 21 billones de dólares (107% del PBI). Por supuesto que este endeudamiento es en función de rescatar a las grandes empresas y a los bancos, dejando a millones de estadounidenses, entre ellos latinos e inmigrantes, sumergidos en la pobreza. Por lo tanto, el slogan “América Primero” del presidente Trump está dirigido al 1% de la sociedad que acumula grandes fortunas con el respaldo económico y financiero del Estado.
¡Las protestas anti racistas marcan el camino! En medio de la carrera electoral, millones de trabajadores salieron a las calles para repudiar el asesinato de Floyd, pero también hartos del abandono del Estado y de la prepotencia de Donald Trump. Las protestas se extendieron a lo largo y ancho del país del Norte y recibió el apoyo masivo de la población blanca. Varias semanas de protestas que desafiaron el toque de queda decretado por el Gobierno nacional, con duros enfrentamientos con las fuerzas federales, y marchas pacíficas que hasta tuvieron el apoyo de efectivos de la policía que se negaron a reprimir las manifestaciones, fue el cuadro de situación que puso en la cuerda floja al presidente Trump, quien busca su reelección el próximo 3 de Noviembre. Pero tan dura fue la bofetada que recibió de las protestas callejeras y de la movilización que se trasladó a países como el Reino Unido, Francia y Alemania, que tuvo que ordenar la retirada de la Guardia Nacional de la capital y de otros puntos, ante las críticas de funcionarios de la oposición demócrata y del propio Partido Republicano. Esta ola de movilizaciones en el corazón del Imperio marca un “antes y un después” en la política de los Estados Unidos. Se abre así una situación marcada por las luchas democráticas, como la que sostienen hace tiempo los grupos anti racistas como Black Lives Matters, pero que también van dirigidas contra el régimen capitalista, contra el “Todopoderoso” Imperialismo yanqui, que no es capaz de devolverle el tan añorado Estado de Bienestar a su pueblo; y,
que también en el Congreso mostraron, una vez más, su compromiso con las corporaciones financieras y las grandes empresas, con la aprobación junto a los republicanos de un rescate económico de 2 billones de dólares, el más grande de la historia de Estados Unidos. Mientras le dan la espalda al pueblo que ya contabiliza 5,5 millones de infectados y 172.000 fallecidos por la crisis sanitaria por el Covid 19.
por tal motivo, esta vez le toca librar una guerra puertas adentro, la guerra que gobierno tras gobierno le han declarado a la clase trabajadora, en especial a los sectores más explotados, los afroamericanos, las mujeres, latinos e inmigrantes. Ellos son los protagonistas de este proceso que se abre y nos marcan el camino a los trabajadores de todo el mundo. Al igual que en los años 60-70 cuando millones de jóvenes y trabajadores norteamericanos salieron a las calles para repudiar la guerra de Vietnam, transformándose en una referencia a nivel mundial y en un apoyo clave para el triunfo de una de las revoluciones más grandes de la segunda mitad del siglo XX; hoy la historia la vuelven a escribir los trabajadores, estudiantes, desempleados, movilizados contra el “Establishment” que desenfunda sus armas contra su pueblo.
El flamante candidato demócrata, Joe Biden, representa como nadie estos intereses empresariales. El ex vicepresidente de Barack Obama tiene en su haber el apoyo a la guerra con Irak, el impulso de medidas contra los inmigrantes y su oposición al plan Medicare for all (seguro médico para todos), propuesto por Bernie Sanders. El ala más conservadora del Partido Demócrata y el Establishment ya eligieron su candidato, pero la última palabra la tienen los trabajadores.
Por eso, la salida está en las calles y no en las elecciones, y no se deben abandonar las barricadas.
El Partido Demócrata no es una alternativa El Partido Demócrata intenta capitalizar el desgaste del gobierno culpando a Trump de todos los males y proponiéndose como alternativa en las próximas elecciones. Pero lo cierto es que los demócratas no han hecho nada para contrarrestar las políticas anti derechos y anti sociales de Trump. De hecho, el alcalde Jacob Frey de Minneapolis, la ciudad donde fue asesinado George Floyd, es miembro del Partido Demócrata y fue quien decretó el toque de queda tras las movilizaciones. Pero no solo es evidente la complicidad demócrata con el racismo y la represión policial, sino
Nosotros, como trotsquistas revolucionarios, confiamos plenamente en la organización y en la lucha de la juventud y de la clase trabajadora de Estados Unidos. La movilización es la única que puede acabar con el gobierno reaccionario y racista de Trump, para imponer un verdadero cambio en favor del pueblo estadounidense. Que incluya a las minorías oprimidas, que acabe con los privilegios del 1% de la alta sociedad (multimillonarios de los gigantes de la informática, automotrices y grandes financieras) para garantizar empleo, vivienda, salud y educación para el pueblo trabajador. Pero este cambio no vendrá de la mano del candidato del Partido Demócrata. Por eso, es fundamental la continuidad de la movilización y la unidad de los activistas de Black Lives Matters con las organizaciones obreras y
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sindicales, como las que integran la central sindical AFL CIO. Para articular un programa que contenga las necesidades y demandas de la clase trabajadora de conjunto. Y construir una alternativa política desde abajo, retomando el camino de los procesos de 2011 con los “indignados” del Movimiento Occupy, tomando las calles y poniendo en el centro de la escena política de EE UU la voz de los trabajadores.
Desde nuestras organizaciones brindamos todo nuestro apoyo a la lucha del pueblo norteamericano contra el racismo y el abuso policial, y a todas las luchas sindicales contra los ajustes y despidos; y aportaremos nuestros esfuerzos para la construcción de esa alternativa revolucionaria que pueda representar todas estas luchas y unificar a la clase trabajadora, propugnando un cambio de raíz en suelo
americano. Llevando hasta el final la pelea por un sistema “socialista” que invierta la pirámide social, donde el 99% que produce la riqueza sea quien gobierne y dirija los destinos del país.
Amari Jackson, 7, segura uma placa do Black Lives Matter durante um protesto pacífico contra a violência policial em Bridgeport, Pensilvânia, em 3 de junho. Foto de Kriston Jae Bethel
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