EL DESAPEGO
DE LA POLÍTICA ISSN0716-6782
Enero 2026
N°568
O LA PÉRDIDA DEL SENTIDO DE LO COMÚN * LA SEGUNDA VUELTA PRESIDENCIAL * GUSTAVO BOLDRINI: UN CRONISTA DE TIERRA Y MAR * GRANJAS LECHERAS ROBOTIZADAS Y SOSTENIBLES * EL PAÍS DE LOS JAIVAS
ÍNDICE I ENERO 2026 2
Atentamente Guillo
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Editorial
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Correo de los lectores
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La segunda vuelta presidencial: una revisión desde el año 2022
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El desapego de la política. O la pérdida del sentido de lo común
18 Gilles Lipovetsky: cartografía de la hipermodernidad
23 El reto de la gestión pública en contextos de crisis y legitimación
27 Un “cuarto propio” Mujeres y masonería
33 Gustavo Boldrini: un cronista de tierra y mar
40 Una revolución en la industria de la leche Granjas 4.0 robotizadas y sostenibles
45 Christian Jamett Ibarra: La fotografía como vehículo expresivo y color que manifiesta el espírituo
48 Literatura El libro que inaugura la “novela gris”
50 Literatura Civilización contra la barbarie “El colgajo” de Philippe Lançon
52 Música Chile, país de “Los Jaivas”
54 Música El piano, señor de los instrumentos (2ª parte)
58 Opinión El Frankenstein que nos mira desde el espejo
60 Cine Cine chileno y su paso por la cartelera
64 La última palabra ¿Son inútiles los filósofos?
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EDITORIAL
EL NUEVO AÑO
Fundada en 1944 Enero 2026
PARTE EN ENERO
Edición N° 568 ISSN 0716 – 2782 Director Rodrigo Reyes Sangermani director@revistaoccidente.cl Comité Editorial Ximena Muñoz Muñoz Ruth Pinto Salgado Roberto Rivera Vicencio Alberto Texido Zlatar Paulina Zamorano Varea Editor Antonio Rojas Gómez Diseño Alejandra Machuca Espinoza Colaboran en este número: Guillo Javier Ignacio Tobar Galo López Zúñiga Juan Ignacio Tobar Ricardo Bocaz Sepúlveda Paulina Zamorano Varea Ignacio Vidaurrázaga Manríquez Pierine Méndez Yaeger Roxana Ibarra Briceño Claudia Readi Silva Lyovin Pablo Cabaña Vargas Edgard “Galo” Ugarte Pavez Mario Varas Rojas Ana Catalina Castillo Ibarra Rogelio Rodríguez Muñoz Fotografías Shutterstock.com Unsplash.com Archivo Nacional Publicación Editorial Occidente S.A. Marcoleta 659, Santiago, Chile Gerencia General Gustavo Poblete Morales Suscripciones y Publicidad Nicolás Morales
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ada rito de paso —ya sea el cambio de estación, el cierre de un ciclo vital o el tránsito simbólico entre un año que muere y otro que nace— encierra una enseñanza antigua que la modernidad, absorbida por la velocidad, parece empeñada en olvidar: no hay porvenir posible sin una mirada consciente sobre el pasado. Avanzamos con la ilusión de que el futuro puede construirse como una tabula rasa, desligado de la experiencia histórica, cuando en realidad toda proyección se asienta sobre capas acumuladas de memoria. Las culturas antiguas comprendieron que el tiempo no era una flecha rectilínea, sino un círculo. El mito cíclico de la vida, presente en múltiples tradiciones, no hablaba de una repetición mecánica, sino de aprendizaje y conciencia. Volver sobre lo vivido no era un acto de melancolía, sino una forma de auscultar el pasado para extraer sentido, advertencias y orientaciones. En ese gesto se jugaba la posibilidad de no tropezar una y otra vez con las mismas piedras. Este umbral del año 2026 nos encuentra, además, en un escenario global particularmente elocuente. La crisis de la democracia liberal, el avance de autoritarismos, la erosión de los consensos básicos y la naturalización de guerras que parecen no tener fin son signos de una humanidad que ha olvidado leer sus propias lecciones. Conflictos armados que se repiten bajo nuevas banderas, discursos de exclusión que regresan con ropajes actualizados, y una política internacional cada vez más dominada por la fuerza y el cálculo inmediato antes que por la ética y el derecho, revelan una peligrosa amnesia colectiva. No es casual, entonces, que enero —January— derive su nombre de Jano, el dios romano de los comienzos y las transiciones. Jano, con sus dos rostros, miraba simultáneamente al pasado y al futuro. Su figura encarna una sabiduría hoy urgente: solo quien comprende lo que fue puede decidir con responsabilidad lo que quiere ser. La mirada doble no paraliza; orienta. Mirar críticamente el pasado político reciente implica reconocer cómo la fragilidad institucional, la desigualdad persistente, el descrédito de la política y la renuncia a la memoria han abonado el terreno para la violencia, tanto simbólica como real. Las democracias no colapsan de un día para otro; se erosionan lentamente, cuando se dejan de escuchar las advertencias de la historia y se normaliza lo excepcional. El mito cíclico nos recuerda que todo comienzo exige asumir lo que termina. No hay renovación auténtica sin balance. Cada nuevo año se escribe sobre un palimpsesto de decisiones colectivas, guerras no resueltas, promesas incumplidas y aprendizajes parciales. Ignorar esas capas no las borra: solo las vuelve más peligrosas. En tiempos de incertidumbre global, el cambio de año debiera invitarnos menos al optimismo superficial y más a una reflexión compartida. ¿Qué enseñanzas nos dejan las democracias debilitadas? ¿Qué nos dicen las guerras que persisten sobre nuestros fracasos como comunidad internacional? ¿Qué valores estamos dispuestos a defender, incluso cuando ello implique incomodidad o sacrificio?
suscripciones@editorialoccidente.cl Fono +56 22476 1133 Los artículos firmados u opiniones de los entrevistados no representan necesariamente la línea editorial de la revista. Se autoriza la publicación total o parcial de los artículos con la única exigencia de la mención de Revista Occidente.
Tal vez la lección más profunda de Jano sea la de la responsabilidad histórica. Avanzar, sí, pero con memoria. Porque solo una sociedad que se piensa a sí misma en continuidad —con conciencia de sus errores y de sus logros— puede aspirar a construir un futuro más justo, más pacífico y verdaderamente común. Que 2026 nos encuentre, entonces, mirando hacia adelante sin renunciar a la lucidez que solo el pasado puede ofrecernos.
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CORREO DE LOS LECTORES SEGUNDA VUELTA (1)
Sr. Director, Las elecciones presidenciales en segunda vuelta dejan ver una señal inquietante pero honesta: muchas y muchos ciudadanos votan más motivados por impedir el avance de una opción que por una identificación profunda con la alternativa vencedora. Este voto defensivo, más que programático, refleja una distancia creciente entre la ciudadanía y los relatos tradicionales de la política. La democracia no está en crisis por falta de mecanismos electorales, sino por su dificultad para responder, con la debida rapidez y profundidad, a intereses y demandas sociales que se han diversificado desde finales del siglo pasado. La sensación de que la política siempre llega tarde alimenta la apatía, el enojo y la desafección. En este contexto, resulta especialmente valioso que revistas como la suya propongan miradas
amplias, no binarias, que favorecen el análisis pausado por sobre la consigna, y que invitan a comprender antes que a simplificar. Saluda atentamente, Mario Cifuentes B. SEGUNDA VUELTA (2)
Sr. Director, La reciente segunda vuelta presidencial en Chile vuelve a confirmar un fenómeno que ya no es excepcional: una parte significativa del electorado no vota tanto por adhesión ideológica a una opción, sino más bien para vetar a la corriente gobernante o a aquello que percibe como continuidad. No se trata necesariamente de entusiasmo por el proyecto triunfante, sino de un voto de rechazo que expresa cansancio, frustración y desconfianza. Esta lógica revela un problema más profundo. La democracia, aun siendo el mejor sistema de gobierno conocido, no ha logrado interpretar con la misma velocidad
H I STO R I A
SER UNA CIENTÍFICA ANTÁRTICA:
DE LUCES Y DE SOMBRAS
LA TRAYECTORIA DE CLAUDIA MATURANA BOBADILLA POR IGNACIO VIDAURRÁZAGA MANRÍQUEZ Periodista y magíster en literatura
Además, del proyecto gabinete INACH: “Descifrando los patrones invasivos de la nueva mosca antártica trichocera maculipennis: Un enfoque genético y morfométrico integrativo”. Posteriormente y en tanto investigadora principal de postdoctorado, impulsó el proyecto 2021-2024 FONDECYT “Cambio de rango provocado por el calentamiento global en el camarón hada branchinecta gaini: nuevos conocimientos sobre especies de agua dulce como centinelas del cambio climático en la Antártida”.
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iene 41 años y es originaria de Santiago. Los estudios y experiencias para transformarse en científica le han significado la mitad de los que tiene de vida. Es madre de Violeta de 1 año y 9 meses, y pareja con el también científico Sebastián Rosenfeld al que conoció navegando en el ya retirado buque Almirante Óscar Viel, en uno de los siete viajes que ha realizado al sexto continente. Como familia viven desde hace poco tiempo en Punta Arenas, “base” desde la que ambos continúan su trabajo científico, incluido viajes juntos o por turnos para cuidar de su hija. Es Claudia Maturana, licenciada en Biología, magíster en Ciencias Biológicas y Doctora en Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Chile. En 2020 continuó con su postdoctorado FONDECYT en el Instituto Milenio de Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (BASE). En los últimos años ha estado participando como coinvestigadora en diversos proyectos. A saber, el interno del Instituto Milenio BASE: “Insectos antárticos nativos y no nativos: ¿qué nos dice la estructura poblacional sobre su capacidad para dispersarse y colonizar nuevos hábitats frente al cambio climático?”.
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LAS OTRAS FORMAS DE PARTICIPAR En 2017 Claudia fue fundadora y directora de la ONG APECS-Chile (Asociación de jóvenes investigadores polares) y en la actualidad oficia como vocera del Colectivo Mujeres Antárticas. En 2019 participó del video promocional del día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB). En tanto, el 2022 participó en el documental: “Soy la Tierra, Historias desde el fin del mundo”. Antes, el año 2021 había recibido el Premio Joven Destacada en el X Congreso de Investigaciones Antárticas y el mismo año el Premio L’Oreal for Women in Science 2021 en la categoría de postdoctorado.
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SU OPINIÓN NOS IMPORTA Envíe sus opiniones en una extensión máxima de 1100 caracteres con espacios a: director@occidente.cl Occidente se reserva el derecho a editar los textos y ajustarlos a las normas editoriales. El lenguaje debe ser respetuoso y sin descalificaciones.
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las demandas ciudadanas, crecientes y complejas desde fines del siglo XX. La política parece ir detrás de una sociedad que cambia más rápido de lo que sus instituciones consiguen procesar. Agradezco a Revista Occidente por insistir en lecturas más generosas y amplias de nuestra coyuntura política, alejadas del slogan y cercanas a la reflexión, invitando siempre al estudio y al pensamiento crítico, tan necesarios en tiempos electorales. Atentamente, Jaime Alcázar LA ANTÁRTICA Y UNA MIRADA NECESARIA
Sr. Director, Quisiera destacar el valioso conjunto de artículos que Revista Occidente ha dedicado en los últimos meses a la Antártica. A través de enfoques humanos, geográficos, biológicos y medioambientales, la revista ha logrado acercar al lector a un continente blanco que, pese a su relevancia estratégica y científica, suele permanecer ausente de la reflexión pública. Estas miradas múltiples no solo amplían el conocimiento sobre un territorio extremo y frágil, sino que también nos recuerdan la responsabilidad colectiva que implica su preservación. En tiempos marcados por la urgencia climática y la simplificación del debate, resulta especialmente necesario detenerse, observar y comprender. Agradezco a Revista Occidente por sostener una línea editorial que invita al estudio, a la conciencia crítica y a una comprensión más profunda de espacios que, aunque distantes, son fundamentales para nuestro futuro común. Atte. Sergio Tapia Venegas Santiago centro
POLÍTICA
UNA INTERPRETACIÓN DE
UNA ELECCIÓN QUE YA PASÓ
POR JAVIER IGNACIO TOBAR ESCOBAR Abogado, académico, ensayista
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l plebiscito constitucional de septiembre del año 2022 marcó un punto de inflexión decisivo en la historia política reciente de Chile. No se trató únicamente del rechazo a la primera (de las dos++ que hubo) propuesta de un texto constitucional específico luego del “estallido social”, sino de un momento de realineamiento profundo entre ciudadanía, sistema político e instituciones. Con voto obligatorio y una participación inédita desde el retorno a la democracia, el resultado activó a un electorado más amplio, más heterogéneo y menos ideologizado que el que había definido los equilibrios de la transición. Desde entonces, la política chilena entra en una fase distinta, caracterizada por la erosión de los relatos refundacionales, el debilitamiento de las mediaciones tradicionales y la consolidación de una lógica de evaluación basada en desempeño, orden y eficacia estatal.
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El Chile electoral que emerge tras el año 2022 es, ante todo, un país que incorpora de manera estructural a los sectores históricamente periféricos del proceso político. El voto obligatorio no solo eleva la participación, redefine quién decide y con qué criterios. El nuevo votante es menos militante, menos identificable con clivajes ideológicos clásicos y más exigente respecto de resultados concretos. Seguridad, empleo, salud y costo de la vida pasan a ocupar el centro de la evaluación política, desplazando a un segundo plano los debates identitarios, simbólicos o de largo aliento institucional. Este cambio no implica necesariamente un giro ideológico coherente hacia la derecha o el conservadurismo, sino una transformación del lenguaje de la legitimidad: gobierna quien promete restaurar control, previsibilidad y funcionamiento básico del Estado. Desde una perspectiva institucional, el período 2022–2025 puede leerse como el cierre del ciclo constituyente y el tránsito hacia una política post-constitucional. Dos plebiscitos fallidos, en 2022 y 2023,
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consolidan una regla informal que atraviesa todo el período: la ciudadanía ejerce su capacidad de veto frente a proyectos percibidos como maximalistas, impuestos o desconectados de las prioridades cotidianas. La Constitución deja de ser vista como la “llave maestra” de transformación social inmediata y pasa a ocupar un lugar más distante, casi técnico, en la jerarquía de preocupaciones ciudadanas. En su reemplazo, gana centralidad la noción de la capacidad estatal: la pregunta ya no es qué tan ambicioso es el diseño institucional, sino qué tan efectivamente funciona el aparato público en su dimensión más elemental. La dinámica del “costo-beneficio” del mercado dejó su huella. Este desplazamiento tiene efectos directos sobre el sistema de partidos y sobre la gobernabilidad. La confianza en los partidos políticos y en el Congreso se mantiene en niveles bajos de aprobación ciudadana, mientras crece la frustración con el funcionamiento de la democracia representativa. Las mediaciones tradicionales pierden densidad simbólica y organizativa, y son reemplazadas por liderazgos más personalizados, discursos de baja complejidad programática y promesas concentradas en una agenda corta (nada muy lejano del temido “populismo”). El resultado es un presidencialismo tensionado, obligado a operar con prioridades acotadas y con una lógica transaccional en el Congreso, donde la fragmentación exige acuerdos ad hoc más que coaliciones ideológicas estables. En el plano sociológico, el giro iniciado en 2022 se explica en gran medida por la consolidación de una clase media emergente que se convierte en el actor decisivo del período. Se trata de un grupo social formado al alero del mercado, que ha experimentado movilidad ascendente en las últimas décadas, pero cuya trayectoria está marcada por la precariedad estructural y el riesgo permanente de retroceso. Este sector no demanda una transformación radical de las reglas del juego, por el contrario, busca estabilidad, protección y eficiencia. El malestar no es esencialmente redistributivo ni identitario, sino defensivo: se teme perder lo alcanzado frente a la inseguridad, la enfermedad, el desempleo o el deterioro del orden público. Desde esta perspectiva, el rechazo a la “refundación” no es una defensa acrítica del statu quo, sino una reacción frente a la percepción de riesgo. Las grandes narrativas de cambio profundo, asociadas al ciclo abierto en 2019, son reinterpretadas como amenazas a la frágil estabilidad lograda por amplios sectores sociales. La inseguridad, el narcotráfico y la inmigración irregular operan como catalizadores de este temor, reforzando una demanda por autoridad, control territorial y eficacia coercitiva del Estado. En
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este contexto, el discurso antiélite y la crítica a una clase política percibida como distante o ensimismada adquieren una fuerza transversal, capaz de articular apoyos más allá de la clásica división izquierda-derecha. Electoralmente, el eje “Apruebo” versus “Rechazo” de 2022 funciona como un nuevo organizador del campo político, al menos durante el período que culmina en 2025. Este clivaje no reemplaza completamente al histórico eje democracia versus autoritarismo heredado del plebiscito de 1988, pero sí lo desplaza como referencia principal para una parte significativa del electorado. La política deja de estructurarse en torno a memorias del pasado y se reordena en función de evaluaciones presentes y expectativas inmediatas. El voto obligatorio amplifica esta lógica: quien gobierna es castigado, quien promete corregir el rumbo es premiado, independientemente de su densidad doctrinaria.
LA PASADA ELECCIÓN PRESIDENCIAL CRISTALIZA ESTE PROCESO El escenario electoral se organiza en torno a la seguridad y la economía, mientras un sector importante enfrenta dificultades estructurales para desmarcarse del fracaso simbólico del ciclo constituyente. La moderación discursiva de sus candidaturas no logra revertir una percepción más profunda de desconexión cultural con el nuevo electorado obligatorio. Al mismo tiempo, la derecha aparece fragmentada en varias expresiones, desde opciones más institucionales hasta discursos más radicales, pero unificadas por una narrativa común de orden, control y recuperación del crecimiento. El Chile de hoy, a fines de este año 2025, es un país post-constituyente, más escéptico y más pragmático. No ha abrazado un proyecto ideológico coherente ni ha cerrado su crisis de representación, pero ha redefinido los criterios con los que evalúa a sus gobernantes. La
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legitimidad ya no se construye a partir de promesas de transformación estructural, sino de la capacidad de producir resultados visibles en plazos breves. Este desplazamiento genera oportunidades y riesgos. Por un lado, abre espacio para una política más orientada a la gestión y a la reconstrucción de capacidades estatales básicas. Por otro, eleva las expectativas de manera peligrosa: si la promesa de orden y eficacia no se cumple con rapidez, el mismo electorado que hoy castiga a unos puede mañana castigar a otros, profundizando la volatilidad y el desapego institucional. Las proyecciones para el período siguiente dependen, en consecuencia, menos de alineamientos ideológicos estables que de la capacidad efectiva del sistema político para responder a una ciudadanía más grande, más impaciente y menos indulgente. Si el Estado logra mostrar avances concretos en seguridad, servicios públicos y estabilidad económica, es posible que se abra un ciclo de recomposición gradual de la confianza. Si, en cambio, las sobre expectativas chocan con limitaciones estructurales, el riesgo es una profundización del voto de castigo, una mayor fragmentación y el fortalecimiento de alternativas aún más anti institucionales. El giro iniciado en 2022 no es, por tanto, un punto de llegada, sino el comienzo de una fase distinta de la política chilena. Una fase en la que la pregunta central ya no es qué país se quiere construir en abstracto, sino qué tan capaz es el sistema político de garantizar orden, protección y funcionamiento en un contexto de alta incertidumbre social. Ese es el lugar en el que se encuentra hoy Chile, y ese será el terreno sobre el cual se jugarán sus próximas definiciones. Chile no giró simplemente a la derecha después de 2022; giró contra una forma de entender la política. El rechazo constitucional marcó el momento en que una ciudadanía ampliada, obligada a votar y cansada de promesas abstractas, decidió retirar el crédito simbólico que había concedido al lenguaje de la épica transformadora. Desde entonces, la política chilena se desenvuelve en un terreno más áspero y menos indulgente, donde ya no basta con tener razón histórica, superioridad moral o coherencia ideológica: se exige control, eficacia y resultados visibles, aquí y ahora. La paradoja es evidente. Nunca Chile había participado tanto en decisiones políticas relevantes y, al mismo tiempo, nunca había desconfiado tanto de quienes las conducen. El voto obligatorio no produjo una ciudadanía más politizada, sino una ciudadanía más exigente y más punitiva. No trajo reconciliación con las instituciones, sino un uso instrumental de ellas como mecanismos de sanción. La democracia sigue siendo preferida como sistema, pero es vivida
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con fastidio, sospecha y una paciencia cada vez más corta. El mensaje implícito es incómodo: la legitimidad ya no se hereda ni se presume; se renueva elección tras elección, resultado tras resultado. El ciclo constituyente fracasó no solo por sus excesos, sino porque chocó con una sociedad que ya no cree que los grandes rediseños normativos resuelvan sus miedos inmediatos. El Chile posterior a 2022 no es conservador en sentido doctrinario, pero sí defensivo. No sueña con un nuevo pacto social; busca protección frente al deterioro del orden, la inseguridad y la fragilidad de trayectorias vitales construidas con esfuerzo. En ese contexto, la promesa de “refundar” dejó de sonar emancipadora y pasó a percibirse como una amenaza. La política, al insistir en no leer ese cambio, se volvió sorda a su propio país. Lo verdaderamente provocador es que este giro no garantiza estabilidad alguna. El mismo electorado que cerró la puerta a la izquierda transformadora puede cerrar mañana la puerta a la derecha del orden si esta no cumple con rapidez y contundencia. Chile ha entrado en una fase de alta volatilidad democrática, donde el poder se concede con condiciones estrictas y se retira sin nostalgia. La política dejó de ser un proyecto y se convirtió en una prueba permanente de competencia. Gobernar ya no es conducir un horizonte; es sobrevivir a la evaluación cotidiana de una ciudadanía impaciente. El riesgo mayor no es el autoritarismo clásico ni el quiebre institucional, sino algo más sutil: una democracia vaciada de expectativas de largo plazo, reducida a una sucesión de castigos y correcciones, sin capacidad de imaginar futuro común. Si la política no logra reconstruir un mínimo de sentido colectivo —no épico, pero sí creíble—, el Chile que emergió en 2022 puede transformarse en un país gobernable solo en apariencia, pero profundamente escéptico de sí mismo. El giro ya ocurrió. La pregunta abierta es si el sistema político será capaz de entender que no fue un cheque en blanco, sino una advertencia.
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POLÍTICA
EL DESAPEGO DE LA POLÍTICA O LA PÉRDIDA DEL SENTIDO DE LO COMÚN “La política es la forma más elevada dela esperanza colectiva”. (CORNELIUS CASTORIADIS)
POR GALO LÓPEZ ZÚÑIGA Administrador público, académico cientista político
Sin embargo, sería un error interpretar este fenómeno como apatía cívica. El desapego ciudadano es, más bien, una forma de defensa ética: una resistencia silenciosa frente a una política que se percibe capturada, instrumentalizada, convertida en mecanismo de gestión y no de justicia. Y porque no también, como un espacio de privilegios distantes del mérito. De ahí surge la pregunta que articula este artículo: ¿Por qué la política, que representa la función esencial de la vida social, ha perdido su alma? Responderla exige volver al origen, a la comprensión filosófica de lo político, para rastrear en qué punto la sociedad comenzó a vaciar de sentido aquello que una vez fue su forma más alta de expresión colectiva.
INTRODUCCIÓN: EL SÍNTOMA VISIBLE DEL DESENCANTO
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xiste hoy un desapego real de la ciudadanía hacia la política? La respuesta, al menos en apariencia, es afirmativa. Basta observar algunos signos evidentes: el desprestigio de las instituciones, la desconfianza hacia los partidos, la distancia emocional con la figura del político, la volatilidad del voto y el auge de la abstención. Por otro lado, cabe destacar que en Chile, el retorno al voto obligatorio fue, en sí mismo, una confesión de derrota institucional: hubo que obligar a la ciudadanía a participar porque la política ya no era capaz de convocar. Así también, los últimos procesos electorales se han definido más por el voto rechazo que por el voto afirmativo. No se vota por adhesión, sino por negación. Y lo más preocupante es que esta distancia no surge de la ignorancia, sino del hartazgo moral: la percepción de que la política ha dejado de ser un instrumento de transformación para convertirse en un escenario de intereses opacos y discursos vacíos.
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LA FUNCIÓN ESENCIAL DE LA POLÍTICA SEGÚN ARISTÓTELES (Y SU RELACIÓN CON LA ÉTICA Y LA ECONOMÍA): Para entender la crisis contemporánea de la política, es necesario volver a su raíz conceptual. En la filosofía aristotélica, la política no es una técnica ni un instrumento de dominio, sino una ciencia práctica orientada a determinar cómo debemos obrar bien en la vida común. Al respecto, Aristóteles distingue tres modos fundamentales del saber:
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Las ciencias teóricas, orientadas a la verdad (metafísica, física, matemática). Las ciencias productivas, orientadas a la creación (medicina, arquitectura, poética). Las ciencias prácticas, orientadas al bien (ética, política y economía). En esta clasificación, la política pertenece a este último grupo, junto con la ética y la economía, porque su finalidad es el bien común, no la eficacia ni la ganancia. Mientras la ética guía la conducta individual hacia la virtud, la política busca realizarla en la comunidad. Por eso, la política es la síntesis suprema de la ética: el espacio donde el bien personal se convierte en bien público. En este marco, la economía ocupa un lugar subordinado. Para Aristóteles, la oikonomía -la administración recta del hogar y de los recursosdebía estar al servicio de la vida buena. Su contrario era la crematística: el arte de acumular dinero por el dinero mismo, sin fin ni límite moral. La riqueza, decía el filósofo, no es un fin en sí misma, sino un medio para el bien vivir. Esa advertencia, formulada hace más de dos mil años, anticipa la inversión de los fines que caracteriza a nuestra época: la economía emancipada de la ética, la política subordinada al mercado y la felicidad
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confundida con el consumo. Allí donde Aristóteles vio armonía entre las tres ciencias prácticas, nosotros hemos erigido un sistema de subordinaciones inversas: la economía domina a la política, y la política ha olvidado a la ética.
1. La Institucionalidad Inversa (la captura del poder sobre la política): Durante buena parte de la historia republicana, la sociedad fue la variable independiente: el motor de los cambios institucionales. Las conquistas civiles y sociales -el voto femenino, los derechos laborales, la educación pública, la seguridad social- surgieron de presiones sociales que impulsaron transformaciones políticas. La secuencia era clara: Dolor Crisis Tensión Reconocimiento Transformación (Ver esquema 1). Esquema 1: Una sociedad que por medio de la política modela su institucionalidad La Política
Institucionalidad =
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f (Sociedad)
Esa dinámica aseguraba la legitimidad del orden institucional, sustentada en tres pilares: la justicia detrás del dolor con la fuerza para producir los cambios, la confianza de que ese dolor con esa fuerza podría ser escuchado y el realismo como proceso racional para construir acuerdos viables. En ese contexto, la política era el lugar del encuentro entre las diferencias, el arte de civilizar el conflicto, transformarlo en diálogo y, por último, en un acuerdo que se formalizaba a través del sistema normativo (institucional).
menos mínimas- para modelar con algún grado de legitimidad a toda la sociedad. La victoria que permite a los vencedores imponer su doctrina, sus relatos salvíficos, su verdad absoluta y sus condiciones. Con ello, la política se reduce a esa lucha por el poder entre bandos que se articulan desde sus respectivas trincheras. Con lo cual, los adversarios se transforman en el mal a combatir. Simples enemigos a los que no se les debe dejar ningún espacio para deliberar, pues ellos simbolizan el mal a combatir, anular y reprimir (y porque no también, en un caso extremo a expulsar o exterminar). Así, y dentro de esa lógica del todo o nada, la sociedad se polariza y las demandas sociales (el descontento y las injusticias), son atendidas por una diversidad de mecanismos de administración del malestar. Ya sea: bonos paliativos que sustituyen políticas estructurales, subsidios que anestesian el conflicto, mesas técnicas que dilatan los cambios, narrativas mediáticas que deslegitiman las protestas, etc. En otros términos, el objetivo no es resolver, sino mantener; no es transformar, sino apaciguar. La política, así instrumentalizada, pierde su carácter deliberativo y se convierte en administración del orden. El poder deja de ser medio y se transforma en fin. La legitimidad ya no proviene del pueblo, sino de la legalidad formal y del discurso tecnocrático. Y allí donde la política deja de ser el espacio donde la sociedad conversa consigo misma, comienza su vaciamiento moral.
Sin embargo, en las últimas décadas esa relación se invirtió. Ya no es la sociedad la que impulsa la institucionalidad: es la institucionalidad, apropiada por el poder, la que intenta modelar a la sociedad. A este fenómeno lo llamamos INSTITUCIONALIDAD INVERSA: la captura del orden institucional por estructuras de poder que buscan conservar su dominio, no responder a la ciudadanía (Ver esquema 2). Esquema 2: Una sociedad modelada desde su institucionalidad (Institucionalidad inversa) El Poder
Sociedad = f (Institucionalidad) Desde esta lógica, lo esencial es la lucha por el poder institucional, buscando las condiciones -al
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2. La Dimensión Económica de la Institucionalidad Inversa (el mercado como molde de la sociedad): El fenómeno político de la Institucionalidad Inversa tiene su correlato económico. En efecto, la teoría sostiene que el sistema se organiza -buenamenteen torno a una demanda autónoma, es decir, bajo la premisa de que las necesidades reales de las personas determinan la oferta. Desde esta perspectiva (Esquema 3), el mercado aparece como un espejo de la libertad individual, donde cada ciudadano, en virtud de sus preferencias, gustos y proyectos vitales, “revela” sus necesidades, y el sistema productivo responde con bienes y servicios adecuados. Esquema 3: La Sociedad (Lo que aspira al modelamiento) El Estado
La Oferta =
f (La Demanda)
Bajo esta lógica, si la ciudadanía requiere educación, surgirían múltiples proyectos educativos que competirían por ofrecer calidad; si requiere salud, se multiplicarían clínicas y centros asistenciales;
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si necesita vivienda, se desarrollaría un mercado inmobiliario diverso; si busca diversión, florecerían diversos mecanismos privados capaces de atender esa demanda; y así, en todos los espacios de la vida. En ese contexto, la competencia entre los oferentes redundaría en bajos precios, una mejor calidad y una creciente innovación. En definitiva en una mayor eficiencia y productividad. De esta forma, la demanda -se dice- sería el motor virtuoso que empuja a la oferta a perfeccionarse, innovar y diversificarse. Y así, la sociedad entera podría resolver sus dolores, angustias y anhelos mediante la simple expansión de mercados con reglas claras y transparencia suficiente. Este ideal teórico, basado en la racionalidad del consumidor y la autosuficiencia del mercado, postula que la institucionalidad debe limitarse a facilitar este proceso: garantizar propiedad, contratos y libre competencia. El Estado queda relegado a un rol marginal, como árbitro neutral que vigila el cumplimiento de las normas básicas. Si la demanda es autónoma -si las personas saben lo que quieren y pueden pagarlo-, entonces la oferta sabrá responder, ajustando precios, calidad y volumen. Sin embargo, la realidad -en toda su complejidad social- muestra una inversión radical de esta ecuación (Esquema 4). Ahí, la oferta, concentrada, tecnificada y globalizada, adquiere una autonomía mucho mayor que la demanda. Ya no es el ciudadano quien determina qué necesita, sino que es la lógica de la oferta la que define qué debe considerarse valioso, necesario o deseable.
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funcionalizadas que los incorporan desde la lógica de la captura del ingreso. En estos espacios olvidados, la exclusión sostenida no solo deteriora las condiciones materiales de vida, sino que erosiona la salud mental de las personas, generando sentimientos de fracaso, desesperanza, impotencia y pérdida de sentido. A la larga, este malestar se convierte en caldo de cultivo para conductas autodestructivas, depresiones profundas, consumo problemático de sustancias y estallidos de violencia, donde la agresión -sea hacia otros o hacia sí mismos- emerge como expresión última de vidas que no encuentran reconocimiento ni lugar en la trama institucional. En definitiva, zonas abandonadas, postergadas o invisibles; minimizadas o directamente expulsadas, generando territorios donde la institucionalidad formal no entra y donde la vida se organiza mediante reglas paralelas. Es allí donde surgen nuevas institucionalidades informales -económicas, culturales e incluso criminalescomo el narcotráfico, que no solo provee ingresos y protección, sino que otorga sentido y pertenencia a quienes han sido abandonados por el mercado y por el Estado. El resultado es una economía que, bajo la promesa de libertad, produce dependencia, vulnerabilidad y desigualdad estructural. El mercado, convertido en molde de la sociedad, dicta no solo precios, sino también valores; no solo qué se compra, sino qué se considera valioso; no solo qué se distribuye, sino qué se invisibiliza. Así, cuando el dinero sustituye al bien, la economía deja de ser medio y se convierte en poder normativo, colonizando la política, absorbiendo la ética y desfigurando la convivencia. Y así, el ideal aristotélico de una economía al servicio del bien vivir queda invertido: la vida queda al servicio de una economía cuyo fin ya no es humano ni comunitario, sino puramente crematístico, según la voz de Aristóteles. En definitiva, lo que se revela en esta inversión estructural entre demanda y oferta no es simplemente una desviación técnica del modelo económico, sino la expresión más nítida de la Institucionalidad Inversa en su dimensión material. Allí donde el diseño teórico afirmaba que la autonomía de la demanda garantizaría libertad, pluralidad y desarrollo, emerge una oferta tan poderosa -por su concentración, su capacidad tecnológica, su manejo de información, sus capacidades colusivas y su influencia cultural- que termina por condicionar, dirigir y administrar aquello que la ciudadanía “demanda”. La libertad del consumidor se transforma en apariencia; la autonomía, en ilusión; y la preferencia individual, en un guion previamente escrito por la estructura ofertante. En este punto, la institucionalidad deja de
Esquema 4: La Sociedad (La realidad se escapa)
“Zona ciega”
Demanda
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(Oferta) “Zona ciega”
La economía deja de reflejar la sociedad y comienza a moldearla. El marketing, la publicidad y la ingeniería del consumo fabrican necesidades antes inexistentes; la oferta orienta expectativas, dirige hábitos, administra emociones y termina por colonizar la experiencia cotidiana. El ciudadano deja de ser un sujeto que elige y se convierte, progresivamente, en un objeto de diseño, moldeado por estímulos, campañas, algoritmos, incentivos financieros y narrativas de éxito. La llamada “demanda autónoma” deviene así una ficción: lo que las personas creen desear ya ha sido anticipado, inducido o producido por la estructura ofertante. Y ello, sin siquiera mencionar, todo un despliegue de potestades que la oferta se arroga para dominar sus mercados, como lo es el caso de los acuerdos colusivos al interior de las industrias. O bien, el poder del lobby para generar una estructura normativa amoldada a sus intereses, hasta quedar resguardada por un Estado de Derecho ad hoc. En este escenario, el Estado -lejos de corregir los desequilibrios- legitima la asimetría bajo la retórica de la competitividad y la eficiencia. Allí donde el mercado no llega, el Estado no accede con políticas estructurales, sino con mecanismos funcionales al propio mercado. En efecto: subsidios focalizados que permiten a la oferta expandir su clientela, créditos con aval estatal que transfieren el riesgo al contribuyente, bonos que reaniman temporalmente la demanda sin modificar las condiciones de fondo. Se trata de una incorporación condicionada: el sistema admite solo aquello que puede integrarse en los términos del mercado, no en los términos de la justicia. En este contexto, lo que el modelo no alcanza a incorporar cae en sus zonas ciegas; como por ejemplo: comunidades sin poder adquisitivo, territorios periféricos, jóvenes sin horizonte, adultos mayores sin capacidad económica, trabajadores informales que no se ajustan al patrón productivo. No están fuera del sistema por elección, sino porque el sistema no encuentra un espacio rentable para ellos; salvo en formas altamente
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ser reflejo de la vida social y pasa a modelarla desde arriba, consolidando un orden en que la economía ya no responde a la sociedad, sino que la sociedad es acomodada, moldeada y reducida para responder a las exigencias de la economía (en este caso a la crematística). Esta es, en su esencia más profunda, la lógica de la institucionalidad inversa: el lugar donde el poder -político, económico y cultural- captura el sistema institucional para preservar su propia dinámica, incluso a costa del agotamiento de la demanda real y del vaciamiento del sentido humano de la convivencia.
El Vaciamiento de la Política (la pérdida del sentido de lo común): Con todo ello, entendemos que el desapego ciudadano no es apatía, sino un síntoma moral de una sociedad que no se siente escuchada. Y con ello, un malestar que surge cuando la política deja de ser el espacio de la voluntad colectiva y se transforma en una técnica de administración. Es decir, donde antes se discutía el destino, hoy se gestionan indicadores. Donde antes se debatía el bien, hoy se calcula el costo. Y así, respuestas reactivas y focalizadas en la emergencia del momento, es decir, a aquello que ha logrado notoriedad, ya sea por el volumen del daño, por el ruido que genera quien grita más fuerte, u otra forma de lograr alguna visibilidad. Un clamor e indignación que logra salir de la referida zona ciega al hacerse visible mediáticamente (a modo de ejemplo, recordamos los miles de niños marginales muertos en el silencio; supuestamente protegidos en
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el SENAME, hasta que la cantidad fue tal que logró ser vista por alguien). Así, el gobernante ideal ya no es quien conduce hacia un horizonte compartido, sino quien mantiene el orden sin sobresaltos. La democracia se reduce a procedimiento, y la representación a trámite. El ciudadano deja de ser sujeto político para convertirse en beneficiario, cliente o espectador. Y la política, el escenario mediático de tales espectáculos. En ese contexto, el voto deja de ser un acto de soberanía para transformarse en un gesto ritual. Simplemente, la participación se convierte en simulacro. La desafección, en defensa de la dignidad: el rechazo a participar en un juego donde el resultado está definido por la estructura del poder económico y mediático. En tal sentido, vemos como la política queda subordinada a la lógica de la eficiencia, perdiendo su alma simbólica. Y con ella, la sociedad pierde su espejo. El espacio público se llena de ruido, pero vacío de sentido; de discurso, pero sin palabra; de presencia, pero sin encuentro. Cuando la política deja de nombrar lo común, la comunidad deja de existir. Lo que queda no es el orden, sino la soledad de los individuos frente al poder.
La Institucionalidad Inversa como Diseño de Filosofía Política La Institucionalidad Inversa no debe comprenderse como un accidente histórico ni como el agotamiento de un ciclo político que justificó su surgimiento. A diferencia de ello, su emergencia responde a un diseño
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pretende cerrarse sobre sí mismo, porque interpela, exige y convoca a nuevos horizontes de justicia. Por ello, el relato institucional comienza a presentar el pasado como un terreno que conviene dejar atrás: se despolitiza la memoria, se fragmenta la narrativa colectiva, se reemplaza la historia por estadísticas y se promueve una cultura del presente continuo donde nada parece tener causas, genealogías ni responsabilidades. Ahí, el ciudadano se vuelve individuo; la experiencia común se encapsula; y la historicidad -motor de la política- queda sustituida por una racionalidad técnico-administrativa. En este vaciamiento de memoria, la sociedad pierde la conciencia de sí y, con ella, la capacidad de presionar transformaciones profundas. a La disminución de lo público: El segundo movimiento es la erosión deliberada del espacio público, ese territorio simbólico donde los ciudadanos se reconocen como pares, discuten, deliberan y construyen proyectos comunes. Pero, sabemos que reducir lo público equivale a reducir la política misma. En efecto, al debilitar la educación pública, la salud pública, los bienes comunes, el arte, la ciencia y la cultura como expresión de lo colectivo (salvo una cultura maqueteada que exalte los valores convenientes), se debilita también la idea de que hay algo que nos pertenece a todos. Así, el ciudadano, privado de espacios comunes se refugia en lo privado, lo colectivo se vuelve sospechoso, lo común se vuelve impracticable y en ese desierto de vínculos, la política ya no encuentra dónde arraigar.
de filosofía política que, con notable consistencia doctrinaria, buscó desplazar la historicidad viva de la sociedad y sustituirla por un nuevo orden institucional modelado desde un determinado paradigma económico. No es, por tanto, un acomodo inercial, sino un proyecto político de reemplazo. A diferencia del modelo histórico que describimos -donde la sociedad operaba como variable independiente y donde la dialéctica social impulsaba transformaciones políticas, jurídicas y culturales-, este nuevo diseño se planteó un objetivo distinto: contener la incertidumbre democrática, neutralizar los conflictos propios de una comunidad plural y, desde ahí, construir un sistema que asegurara certezas, aunque fuera al costo de suprimir la vitalidad política de la sociedad. Y para ello, tal diseño institucional requería: 1) Neutralizar la historia, 2) Disminuir lo público y 3) Capturar la política. Tres condicionantes que permitieran el desacople entre la Sociedad y el Sistema Institucional; lo que pudo ser factible mediante esta Institucionalidad Inversa. La de un modelamiento que respondiera a las necesidades de la sociedad, no como consecuencia de la dialéctica política, social e histórica, sino que mediante la facticidad de una estructura económica con el poder para modelar las necesidades de esa sociedad. Veamos estas ideas aunque sea someramente: a La neutralización de la historia: El primer movimiento de este diseño consiste en debilitar la memoria social, pues toda memoria es dialéctica: recuerda injusticias, evoca luchas, reabre demandas. La historia viva es peligrosa para un orden que
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Pero este proceso no es accidental: es parte estructural del diseño de la institucionalidad inversa. En efecto, para que la economía pueda convertirse en el principio ordenador de la vida social, es necesario desarticular al Estado como figura arquetípica de lo público. El Estado -que encarna la posibilidad de lo común, la deliberación democrática y la acción colectiva- debe ser reducido, minimizado y controlado. Debe aparecer como ineficiente, pesado, costoso, sospechoso; un obstáculo para la libertad antes que un garante del bien común. Desde esta lógica doctrinaria, todo lo estatal se vuelve equivalente a lo fallido; y todo lo privado, a lo eficiente. De ahí el ánimo permanente de reducir el Estado, restringir su intervención, tercerizar sus funciones, fragmentar su presencia y limitar su capacidad de orientar la convivencia. No se busca solo achicarlo, sino impedir que intervenga en aquellas esferas que interesa mantener bajo la regulación de la economía, donde la crematística -en sentido aristotélico- puede operar sin contrapesos. Así, la Institucionalidad Inversa necesita este vaciamiento para poder instalar una verdad fundamental: solo la economía -y no la deliberación pública- podría organizar la vida social. Y, al consolidar esta narrativa, la disminución de lo público pasa a ser una estrategia política de resocialización sustentada en el interés privado: despojar a la sociedad de sus espacios de encuentro para subordinarla a la lógica de la eficiencia y del mercado. a La captura de lo político: El tercer movimiento es la apropiación fáctica de la política por parte del poder económico. La política deja de ser el espacio donde la sociedad conversa consigo misma y pasa a convertirse en un dispositivo de gestión del orden, donde los partidos actúan más como administradores de estabilidad que como articuladores de horizontes colectivos. Esta captura no es espontánea: responde a un diseño deliberado destinado a preservar el modelamiento institucional, dificultar cualquier transformación profunda y asegurar la permanencia del marco doctrinario. Uno de los mecanismos centrales ha sido la imposición de quórums calificados y cerrojos constitucionales que hacen casi imposible modificar el modelo desde la deliberación democrática. Así, el conflicto político deja de resolverse por la vía de la persuasión o la justicia y se gestiona mediante reglas que impiden que la política sea efectivamente política.
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En paralelo, frente a una política que suele proyectarse en horizontes de largo plazo, este diseño -propio de la Institucionalidad Inversabusca volverla irrelevante para la vida cotidiana de una ciudadanía agobiada por su fragilidad económica, por la inseguridad y por el peso de necesidades inmediatas. Hoy la gente ya no está dispuesta a esperar los tiempos extensos que la política tradicional requiere para procesar cambios. Cada persona experimenta su urgencia -salud ahora, seguridad ahora, ingresos ahora-, y cuando la política no puede responder a ese ritmo, comienza a perder sentido, siendo desplazada por mecanismos más rápidos, aunque superficiales, provenientes del mercado o de soluciones parciales o prometeicas. A esto se suma que la política deriva en un espectáculo de confrontaciones insustanciales, donde predominan promesas salvíficas y acusaciones recíprocas, muchas veces más orientadas a corregir simbólicamente al adversario que a enfrentar los problemas estructurales del país. Se encapsula en debates abstractos, técnicos o ideológicos, que poco tienen que ver con el ahogo real de las personas. En este escenario, la política se transforma en una arena de tensiones permanentes y descalificaciones mutuas, hasta convertirse en una guerra inútil y estéril entre actores que parecen competir por el poder simbólico más que por la justicia social. En este clima, las personas simplemente se alejan: no porque no les importe lo común, sino porque ya no reconocen allí su vida. Y este alejamiento no es un accidente: es funcional al diseño de la Institucionalidad Inversa. Una política desacreditada, irrelevante y desconectada facilita la consolidación de un modelo donde el orden económico -y no la deliberación pública- define prioridades y organiza la convivencia. Cuando la política pierde su capacidad de convocar, el modelo gana su capacidad de moldear. La captura también opera sobre el manejo del dolor social. Las demandas no se integran políticamente, sino que se canalizan a través de mecanismos de contención que buscan evitar que cuestionen la estructura del modelo. La respuesta preferente se articula mediante instrumentos propios de la lógica oferta–demanda: subsidios, bonos, vouchers, créditos con aval del Estado, gasto focalizado e incentivos dirigidos a la demanda para hacer sentir a los excluidos como parte -aunque sea precaria- del circuito del mercado. Se trata de un dispositivo de pertenencia
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simbólica: el carenciado siente que “participa” del mercado no porque sus derechos hayan sido reconocidos, sino porque su consumo ha sido posibilitado artificialmente con recursos públicos. La política queda así reducida a un mecanismo de transferencias paliativas y no a una fuerza orientada a la justicia estructural, mientras se refuerza la narrativa de que el sistema económico es -y debe ser- el verdadero encargado de resolver las necesidades sociales. En este marco, la captura de lo político despliega cuatro operaciones simultáneas: a Desactivar la deliberación, sustituyéndola por procedimientos, protocolos y comisiones técnicas. a Controlar el conflicto, visibilizando solo aquello que no amenaza el diseño institucional. a Mitigar los dolores, mediante medidas paliativas, sintomáticas, reactivas y focalizadas, evitando transformaciones de fondo. a Legitimar la crematística, consagrando al mercado como el centro ordenador de la vida colectiva. Con ello, la política pierde su función transformadora y se convierte en prolongación del orden económico. En términos aristotélicos, la crematística desplaza a la economía, y lo hace bajo un manto ideológico que promete libertad, eficiencia y neutralidad, pero que esconde una profunda asimetría de poder. La política deja de ser una actividad orientada al bien común y se vuelve un instrumento para sostener un modelo que se administra a sí mismo, incluso a costa de la ciudadanía que debería representar. a Del desacoplamiento social a la Institucionalidad Inversa: Este diseño requiere, primero, desacoplar a la sociedad de su institucionalidad para romper el vínculo dialéctico que históricamente la convirtió (a esa sociedad con sus dolores, sueños y expectativas), en la variable independiente que iba modelando los cambios institucionales. Se trata de una operación de ingeniería institucional que busca: reducir la participación, fragmentar lo social, convertir la desigualdad en normalidad (la que se podría corregir por medio de la movilidad social como mecanismo estructural), fijar la identidad del ciudadano en su rol de consumidor (lo que requiere de la centralidad puesta en el consumo) y desplazar el conflicto hacia la marginalidad (cuya atención va a estar en la focalización del gasto social) o la criminalización (cuya atención quedaría reservada a la estigmatización y la represión). Una vez debilitada la capacidad de incidencia
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social, el segundo paso de esta ingeniería institucional es dar forma al molde inverso: un marco institucional cerrado, autorreferencial, que ya no se alimenta de la sociedad, sino que intenta modelarla para sostener su estabilidad. Es el triunfo de la certeza económica sobre la incertidumbre democrática. La economía -convertida en crematística- ocupa el lugar de la política, define prioridades, fija límites, moldea subjetividades y normaliza desigualdades. Así, la Institucionalidad Inversa es, en este sentido, la expresión más acabada de una filosofía política que busca resolver el conflicto social no mediante la justicia, sino mediante el control estructural; no mediante la deliberación, sino mediante la estabilización; no mediante la democracia, sino mediante la administración. ---o--Así, el diseño es coherente: busca ofrecer certezas, pero lo hace al costo de desfondar la política, reducir la sociedad y colonizar la subjetividad. Lo que promete estabilidad produce desconexión; lo que promete orden genera exclusión; lo que promete libertad entrega dependencia. Desde Aristóteles, ya sabíamos que la crematística -cuando se emancipa de los fines humanos- corrompe la vida colectiva. Hoy lo comprobamos en su versión sistemática: una institucionalidad que ya no nace de la sociedad, sino que la reemplaza; que ya no acompaña su movimiento, sino que lo sujeta; que ya no cuida lo común, sino que administra lo útil. Con ello, la política, despojada de su alma, deja de convocar. La sociedad, privada de su voz, deja de creer. Y así nace el desapego: no como apatía, sino como forma silenciosa de resistencia frente a un orden que primero emancipó a la economía… y luego subordinó a la vida.
EPÍLOGO: REENCANTAR LA POLÍTICA, RESTITUIR EL LAZO Tal vez la política no haya muerto: simplemente fue desplazada de su centro vital. Y reencantarla no significa inventar algo nuevo, sino recordar lo que siempre fue: un espacio para cuidar el bien común, tejer convivencia y construir un sentido compartido. Pero para recordar eso, hay que nombrar con claridad la fractura: la política se vació porque fue sustituida por un diseño de ingeniería institucional que no brotó de la historia, sino de un proyecto doctrinario que buscó fijar la vida social en un molde funcional al orden económico.
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sentir que somos parte de un destino compartido y no piezas de una maquinaria económica. Reencantar la política implica volver a situarla en el triángulo aristotélico entre política, ética y economía, donde la política otorgaba el fin, la ética la dirección y la economía los medios. Hoy ese triángulo está invertido: los medios se volvieron fines, la ética fue marginalizada y la política quedó reducida a mera administración del orden. Reencantar la política es, sobre todo, volver a escuchar. Escuchar el dolor que no cabe en las estadísticas; escuchar las voces expulsadas de la institucionalidad; escuchar aquello que ningún diseño anticipó: la humanidad real. Porque, donde la política vuelve a ser ética, la sociedad vuelve a ser humana. Y donde la ética vuelva a ocupar el corazón de lo público, la historia recupera su sentido. Quizás el reencantamiento no consista en grandes reformas, sino en un acto más hondo y humilde: volver a creer en el nosotros. Ese nosotros roto por la ingeniería institucional, pero vivo en la memoria, en la justicia que se promete, en la dignidad que aún se exige. Mientras exista una conciencia capaz de recordar que la política nació para servir a la vida -y no al revés-, nada estará perdido. Tal vez ese recuerdo, pequeño pero luminoso, sea el inicio de una nueva política: una que vuelva a mirar a la sociedad no como problema que administrar, sino como comunidad que reconocer.
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La institucionalidad inversa no emergió del conflicto vivo, del dolor, de las luchas o de las esperanzas de la ciudadanía. No nació del movimiento humano que, durante generaciones, empujó cambios sociales desde abajo. Nació, más bien, de la voluntad de asegurar certezas, reemplazando la incertidumbre democrática por la previsibilidad de un modelo económico que se pretendió autosuficiente. Pero la gente no vive en los modelos. Vive en la historia: en la fragilidad cotidiana, en el temor al mañana, en el ingreso que no alcanza, en el anhelo de dignidad. Por eso la política dejó de resonar. Porque mientras la Institucionalidad Inversa habla en el lenguaje del diseño y desde el poder que la sustenta, la ciudadanía habla en el lenguaje de la vida. El mercado, elevado a condición de árbitro supremo, puede asignar recursos, pero lo hace tarde -porque es reactivo-, no anticipa. Solo interviene cuando una demanda es suficientemente masiva y rentable como para atraer la inversión. Mientras tanto, los problemas crecen, los dolores se acumulan y la desigualdad se profundiza. Y allí donde el mercado no llega -porque no ve, porque no quiere ver, porque no le conviene ver- surgen las zonas ciegas: territorios, cuerpos y biografías sin poder adquisitivo suficiente como para merecer respuesta. Restituir el lazo significa, por tanto, reconstruir aquello que este diseño fracturó: el lazo común, el lazo social, el lazo de pertenencia a una misma realidad histórica. Ese vínculo básico que nos hace
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FILOSOFÍA
GILLES LIPOVETSKY:
CARTOGRAFÍA DE LA HIPERMODERNIDAD POR JUAN IGNACIO TOBAR Abogado, académico y ensayista
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a obra de Gilles Lipovetsky puede leerse como un mapa para orientarse en la transición de la modernidad a la “hipermodernidad.” No propone un final de época, sino una aceleración: la racionalidad instrumental, la autonomía individual y el consumo ganan terreno, pero reorientados hacia lo hedonista, lo emocional y lo estético. La promesa de emancipación no desaparece, solo cambia de lugar. Se mueve desde los grandes marcos teleológicos a la experiencia inmediata, a la gestión de sí y a la búsqueda de bienestar cotidiano. Este desplazamiento reorganiza la economía, la política, la cultura, las temporalidades y las subjetividades, y lo hace bajo una ambivalencia deliberada: ni apocalipsis ni euforia, sino una lectura sobria de tensiones reales que debemos aprender a gobernar. En el centro se sitúa el hiperindividualismo, entendido no como una moda psicológica, sino como un régimen normativo que convierte la elección personal en principio organizador de la vida. La identidad deja de depender de anclajes trascendentes y se vuelve proyecto revisable. Se compone con ensayos y rectificaciones, con nuevas métricas de rendimiento afectivo y de calidad de vida. La ampliación de opciones impulsa innovación, diversidad y creatividad, pero expone a una ansiedad tenue: la obligación de autoajuste permanente, la comparación constante y la fatiga de decidir. La libertad se expande al tiempo que se multiplica su sombra: más posibilidades implican más incertidumbre y la necesidad de dotarse de criterios para elegir bien.
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En ese marco, el consumo deja de operar solo como ostentación de estatus y se transforma en lenguaje de autoexpresión y administración del ánimo. El individuo compra confort, salud, experiencias, moduladores de humor y piezas de identidad. De allí la “felicidad paradójica”: a mayor accesibilidad de bienes y servicios, más móvil y exigente se vuelve el horizonte de satisfacción; a mayor personalización, más vívida la percepción de carencias relativas. El mercado aprende a modular deseos con una fineza creciente. Diseño, narrativa, calidad de servicio y reducción de fricciones. El resultado es una economía que integra categorías estéticas y afectivas como variables centrales. No hay un “afuera” del consumo, incluso su crítica se estetiza y adquiere circuitos propios, con marcas, festivales e indumentarias morales. La estetización del mundo se convierte así en el rasgo estructural del capitalismo contemporáneo. El “capitalismo artístico” —la fusión de diseño, imagen, relato y tecnología— deja de ser excepcional y pasa a organizar objetos, interfaces, ciudades y entornos laborales. Las marcas actúan como narradores consistentes; los espacios se conciben como escenografías funcionales, y los servicios se piensan como recorridos sensibles. Esta estética no es un maquillaje superficial: mejora la usabilidad, fortalece la ergonomía psicosocial, cuida el detalle y democratiza estándares de calidad. Pero también abre riesgos: homogeneización estilística, sustitución de criterios de verdad y bien por criterios de impacto sensorial, colonización de lo público por lógicas de atención que pueden vaciar los procesos deliberativos. La cultura de la seducción, que Lipovetsky estudia desde la moda y la publicidad hasta el ecosistema de pantallas, funciona como el “código operativo”
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de esta sociedad. La moda ya no organiza solo el vestir, sino la temporalidad de la novedad; marca ritmos de obsolescencia y expectativa. La publicidad deja la persuasión burda y se vuelve ingeniería del deseo, asociando bienes con valores blandos como autenticidad, frescura y cuidado. Las pantallas perfeccionan la lógica: imagen en directo, clip breve, reacción instantánea y desplazamiento infinito convierten la atención en el recurso escaso decisivo. El espectáculo no es evasión: es infraestructura afectiva y cognitiva con la que compiten escuela, biblioteca y foro, reordenando jerarquías de credibilidad y autoridad. En este terreno, la educación en la atención se vuelve tan relevante como la alfabetización textual clásica. Sobre este suelo emerge una ética indolora o mínima. No desaparecen las normas, pero cambian de tono. Se atenúa la voz del deber trascendente y prevalece una moral de baja intensidad centrada en el respeto, el no dañar y el cuidado de sí y de los otros en la proximidad. Lipovetsky la describe como una “adaptación realista a sociedades pluralistas”, donde no hay relatos prescriptivos capaces de congregar adhesiones unánimes. Su fuerza radica en hacer practicable una convivencia decente entre diferentes y en promover una responsabilidad cotidiana sostenida, su debilidad aparece ante retos que exigen sacrificio diferido y coordinación robusta, como la crisis ecológica, la desigualdad estructural o la gobernanza tecnológica. El desafío consiste en articular esa “ética ligera” con políticas del límite y del sentido que permitan afrontar problemas de largo aliento. La política, en este diagnóstico, sufre un desenganche simbólico. La ciudadanía hipermoderna no renuncia a la Democracia, pero reajusta expectativas: reclama servicio, transparencia y resultados visibles. La paciencia institucional se reduce y se impone la evaluación pragmática de desempeños. La comunicación pública se “estetiza”: programas, liderazgos y políticas se diseñan como experiencias, con curaduría visual y emocional. El peligro es el cortoplacismo y la sustitución del juicio por métricas de atención; la oportunidad, reencantar lo público con proximidad, claridad e interfaces amables que devuelvan tiempo y dignidad. El remedio no es restaurar catecismos cívicos del pasado, sino formar una autonomía crítica capaz de gestionar abundancia informativa y afectiva sin sucumbir a ella. El trabajo se reconfigura en paralelo. La estetización no afecta solo a productos y servicios, sino a los entornos laborales: ergonomía, climas de trabajo, diseño de procesos y experiencias de usuario interno se
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vuelven determinantes. La flexibilidad prometida convive con evaluación permanente y una autoexplotación sutil, asistida por tecnologías que diluyen los límites entre tiempo propio y productivo. La economía de la atención se introduce en la gestión del rendimiento subjetivo: creatividad, empatía y entusiasmo pasan a medirse y a organizarse. La respuesta razonable no es nostalgia, sino la exigencia de políticas y culturas organizacionales que pongan límites a la captura del ánimo y del tiempo, y que instalen la calidad de vida como indicador estratégico y no como adorno retórico.
LAS PARADOJAS ATRAVIESAN TODO EL CUADRO A más libertad, más incertidumbre; a más bienestar, más insatisfacción comparativa; a más igualdad formal, nuevas asimetrías simbólicas en tiempo, atención, capital cultural y competencias digitales, y a más estética, riesgo de superficialidad y despolitización. La originalidad del autor consiste en sostener estas tensiones sin respuestas fáciles. Señala ganancias reales de sensibilidad —en el trato, en la calidad de los servicios, en la atención a lo pequeño— y, al mismo tiempo, advierte la deriva hacia un yo fatigado, sometido a auditorías emocionales y métricas de
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visibilidad, que queda indefenso si no se liga a bienes comunes fuertes. Las críticas a este enfoque —eurocentrismo, subestimación de clivajes materiales, ligereza normativa— no neutralizan su poder explicativo. Es cierto que muchos ejemplos surgen de consumos urbanos avanzados y que, en contextos de precariedad, la gramática de la elección funciona de otra manera. También es cierto que la estetización puede operar como barniz de desigualdades. Sin embargo, la matriz hipermoderna ilumina fenómenos globales difíciles de negar: la convergencia de estilos de vida aspiracionales, la expansión de plataformas, la centralidad de la atención, la reorientación educativa hacia habilidades socioemocionales y la valoración pública de experiencias rápidas y legibles. Desde esta lectura se desprenden orientaciones prácticas. Las políticas culturales ya no pueden tratarse como lujo, sino como inversión en bienestar y civilidad estética. Urbanismo que ahorre tiempo y estrés; servicios públicos con interfaces comprensibles, y espacios comunes que mejoren la convivencia. La educación necesita dos alfabetizaciones añadidas: una estética, para distinguir brillo de calidad y elevar el estándar del gusto; y otra atencional, para gestionar estímulos en un entorno de oferta infinita.
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La regulación de plataformas y publicidad debe proteger vulnerabilidades cognitivas y afectivas, especialmente en infancia y adolescencia, y reconocer que la competencia económica por sí sola no ordena el espacio mental compartido. Las instituciones, si desean recuperar confianza, deben practicar una ética de la claridad: procesos legibles, plazos razonables, lenguaje directo y métricas que importen efectivamente a la vida de las personas. La obra encuentra además símiles persuasivos en cine, pintura y música que vuelven sensible su diagnóstico. El cine exhibe biografías editadas en tiempo real y libertades que se fatigan. “Her” muestra una intimidad gestionada por interfaces y una afectividad sin grandes trascendencias; “Lost in Translation” retrata la subjetividad flotante que busca intensidades suaves; “The Social Network” dramatiza la arquitectura de plataformas donde relación y reconocimiento se truecan por capital atencional; The Devil Wears Prada y The Neon Demon convierten la moda en disciplina del deseo y la visibilidad en valor social; Blade Runner 2049 despliega la estetización como atmósfera total; Black Mirror sistematiza la “pantalla global” como medio moral que forma juicios y vínculos. Estas narrativas presentan libertad y comparación permanente como dos caras de una misma lógica, con optimización constante como horizonte y cansancio como efecto. En la pintura y el arte contemporáneo, la estetización del mundo actúa como método. Warhol instala el régimen de lo reproducible y convierte el consumo en iconografía; Hockney traslada la experiencia al dispositivo y normaliza la alianza entre técnica y afecto; Barbara Kruger y Richard Prince intervienen imágenes publicitarias para revelar la fricción entre deseo y mercancía; G erhard Richter oscila entre fotografía y pintura para problematizar la autoridad de la imagen en una cultura de archivo infinito; Jeff Koons afirma la superficie pulida como valor en sí en un glamour de gramática industrial; Yayoi Kusama y Olafur Eliasson diseñan espacios inmersivos donde la obra es experiencia, selfie y rito de atención. En conjunto, este recorrido describe el tránsito desde el aura del cuadro único a una economía de experiencias habitables en la que diseño, luz y circulación forman parte de la obra y del modo de estar en lo común. La música ofrece una traducción acústica de la hipermodernidad. El minimalismo de Reich y Glass propone una serialidad amable que sugiere un tiempo eficiente pero contemplativo; Brian Eno define el ambient como música-servicio que optimiza estados cognitivos y afectivos; el pop electrónico de Daft
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y de la explotación estética de toda interacción. El sentido impide que la estética suplante a la verdad y a la justicia como criterios rectores. Esta combinación permite mantener abierta la modernidad bajo condiciones nuevas, con delicadeza en lo cotidiano y con instituciones capaces de atender problemas duraderos como el clima, la desigualdad, la salud mental y la gobernanza de datos y algoritmos. La conclusión es enfática y práctica. El mayor aporte de Gilles Lipovetsky es ofrecer una gramática clara para entender sociedades que han hecho del elegir, del sentir y del embellecer sus ejes estructurales. Su obra no pide volver atrás ni aplaudir sin reservas, pide “gobernar la seducción.” Ello exige una tríada concreta: autonomía personal exigente para no delegar el juicio propio en métricas de visibilidad, educación estética y atencional para distinguir calidad de brillo y administrar estímulos, y responsabilidad cívica enfocada en bienes comunes que no caben en la lógica instantánea del “like”. La hipermodernidad ha ampliado la libertad y la sensibilidad, el reto es que su aceleración no erosione la posibilidad de un mundo compartido con reglas claras y horizontes largos. Al parecer, aprender a administrar la atención, elevar el estándar del gusto y diseñar instituciones legibles es, hoy (y “solo por hoy”), el modo sensato de preservar la justicia, la verdad y la dignidad del tiempo humano. HTTPS://WWW.ELINDEPENDIENTE.COM/WP-CONTENT/UPLOADS/2021/08/DIPTICO-MARILYN-WARHOL-SCALED.JPG
Punk y The Weekend combina nostalgia estilizada y placer inmediato con producción pulida; el vaporwave estetiza el consumo, recicla jingles y paisajes sonoros de centros comerciales y convierte la ironía en textura; el bedroom-pop y el lo-fi ofrecen intimidad curada como estética; los playlists algorítmicos organizan la escucha como moral blanda: no exigen conversión, prometen bienestar modulable y sin fricción. La música deviene interfaz del ánimo: foco, descanso, fiesta, regulación fina del estado emocional a demanda. De estos símiles se desprenden tres constantes que retroalimentan la tesis. Primero, la ética indolora que privilegia el “no dañar” y el cuidado de sí sobre los deberes heroicos, con compromisos reversibles y contratos cortos. Segundo, la gubernamentalidad de la atención: montaje, curaduría visual y diseño sonoro compiten por segundos de foco y recompensan al instante. Tercero, la paradoja de la abundancia: más opciones producen ansiedad, la democratización estética convive con desigualdades simbólicas, y el brillo puede enmascarar la pérdida de densidad significativa si no se cultiva un gusto exigente. Nada de esto obliga a demonizar el consumo ni a renunciar a la autonomía. Por el contrario, sugiere tomarse en serio la promesa hipermoderna —elección, bienestar, experiencia— y someterla a una política de límites y de sentido. El límite protege de la captura total de la atención, del vaciamiento del tiempo común
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POLÍTICA
EL RETO DE LA GESTIÓN PÚBLICA EN CONTEXTOS DE CRISIS Y LEGITIMACIÓN
POR RICARDO BOCAZ SEPÚLVEDA Mg.en Psicología
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a gestión pública contemporánea enfrenta un desafío estructural en contextos marcados por la crisis de legitimidad institucional, la complejidad social y las tensiones derivadas de la globalización y la transformación tecnológica. Las administraciones públicas, tradicionalmente centradas en el control burocrático y la eficiencia procedimental, han debido reconfigurar sus estructuras y orientaciones bajo nuevas demandas de transparencia, participación y generación de valor público. En este escenario, resulta imprescindible repensar la función directiva en la gestión pública desde un enfoque que integre eficiencia, gobernanza colaborativa y creación de valor social. Tal como sostiene
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Christopher Hood las reformas asociadas al paradigma del “New Public Management” promovieron una lógica de desempeño y rendición de cuentas inspirada en los principios de la administración privada. Desde otra perspectiva, Elinor Ostrom aporta un marco alternativo al destacar la capacidad de los actores sociales y organizacionales para generar sistemas de gobernanza policéntrica, en los cuales la cooperación y la confianza se erigen como ejes fundamentales del buen gobierno. Su enfoque sobre la autogestión de los bienes comunes redefine la concepción de la acción pública, situando la participación ciudadana y la corresponsabilidad institucional como pilares fundamentales. Complementariamente, Mark Moore propone la noción de “valor público” como horizonte estratégico de la gestión estatal. Para este autor, los
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CHRISTOPHER HOOD
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líderes públicos deben actuar como emprendedores cívicos capaces de articular legitimidad, apoyo político y capacidad operativa en torno a resultados socialmente valiosos. Sin embargo, en diversas organizaciones públicas emergen nuevos procesos, creencias y valores que fortalecen el desarrollo institucional e impactan positivamente en la eficiencia estatal. Algunas de ellas incluso rompen con los parámetros clásicos del control, adoptando estrategias de gestión del capital humano orientadas a mejorar los servicios y resultados. ¿Qué impide, entonces, que los líderes de la gestión pública fomenten la creatividad de sus equipos y adopten una orientación de cambio positivo en sus organizaciones, mejorando la calidad de procesos y resultados basados en la evidencia? Se sabe que las principales dificultades para el desarrollo organizacional incluyen factores que, por sí solos y de manera aislada, no conducen a resultados que impulsen una mirada holística e integradora para superar las brechas existentes en el desarrollo de los colaboradores, equipos y sistemas. La confianza, la autonomía, la iniciativa y la cohesión son claves para fortalecer la pertenencia e identidad, generando propuestas que consoliden la integridad y la ética en las acciones. Asimismo, la integración de aspectos socioculturales que potencien el capital psíquico positivo de quienes implementan políticas públicas deriva en una apreciación favorable del hacer individual y del deber laboral, especialmente en grupos de alto desempeño que muestran indicadores
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positivos tanto organizacionales como personales. El análisis de las dinámicas multidimensionales para la productividad, especialmente en la comprensión de la interacción positiva, permite proyectar resultados crecientes en bienestar y felicidad laboral. Tal como plantea el psicólogo organizacional Ignacio Fernández, complementando la investigación de Marcial Losada en la Universidad de Michigan, el trabajo colaborativo y la positividad fortalecen la cohesión de equipos conectados con un “ethos” fundante basado en participación, transversalidad y transparencia. Esto permite implementar cambios positivos en la gestión pública, cada vez más vinculada a la cibernética, la adaptación tecnológica y el uso de bases de datos. La gobernanza que promueve la expresión de valores de integridad e inclusión favorece la flexibilidad y la creatividad frente a la ambigüedad, la inseguridad y la inestabilidad de un entorno cada vez más exigente, siempre que se oriente al fortalecimiento de talentos y competencias relacionales en los equipos públicos. La adaptabilidad efectiva requiere una vocación de servicio que permita crear, al igual que en los emprendimientos privados, ecosistemas públicos integrados para expandir la humanidad y la calidad individual basada en competencias múltiples, acentuando el crecimiento personal y social. El progreso, entonces, debe ser con y para las personas, alejándose de las doctrinas ideológicas que anulan la iniciativa individual. Las competencias directivas de los gestores públicos implican implementar cambios no solo en la
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ingeniería del control de costos y ajustes económicos, producto de las variaciones del mercado en un sistema abierto como el chileno, sino también en la formulación de prácticas centradas en el compromiso, la toma de decisiones participativas, la comunicación generativa y las actitudes positivas. Estas prácticas son esenciales para alcanzar las metas y desafíos de la modernización del Estado, frecuentemente percibido como lento y burocrático. El liderazgo basado en el hacer, desde el ser sigue siendo una tarea pendiente en muchas organizaciones públicas rígidas y estructuradas. Por ello, los valores humanos de quienes dirigen y crean procedimientos, normas y mecanismos deben evolucionar desde métodos tecnocráticos y verticales hacia modelos horizontales, comprometidos, flexibles y autorregulables. Una cultura organizacional abierta al cambio y orientada a las personas y las tareas conduce a mejores resultados en entornos reflexivos, con alto desarrollo humano y valores sólidos. Según el teórico Shalom Schwartz, estos entornos promueven espacios saludables y armónicos, especialmente en tiempos de confusión, conformando equipos que fluyen en sintonía con los procesos adaptativos necesarios para superar dificultades y alcanzar el éxito. Los valores forman parte de la construcción individual y de las normas culturales que influyen en el comportamiento personal y colectivo. Todo enfoque teórico sobre los valores, entendidos como significados compartidos por los miembros de una sociedad, se traduce en actitudes hacia los objetos y fenómenos del entorno. Helmut Brinkmann, académico e investigador, define el valor humano como “el concepto que tiene un individuo de un objetivo que expresa intereses (individuales, colectivos o ambos) concernientes a un dominio motivacional (placer, poder) y que es evaluado en un rango de importancia (muy importante - sin importancia) como principio rector de su vida”. Su relevancia radica en el impacto que ejerce sobre los estilos directivos y el desarrollo organizacional, especialmente en el ámbito público, donde influye en la eficiencia y eficacia de los procesos grupales vinculados a los servicios y las distintas esferas de influencia, desde la alta jerarquía hasta las estructuras operativas de atención ciudadana. En la función pública, los valores humanos deben integrarse para orientar a las personas hacia una realidad social compartida, estableciendo objetivos comunes que satisfagan necesidades vinculadas a valores personales y que incrementen la eficiencia y calidad del servicio público, mejorando la calidad de vida en la sociedad.
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Las creencias directivas de los líderes que construyen procesos organizacionales son esenciales para articular modelos de dirección participativa y horizontal. Los comportamientos y conductas derivadas de estas creencias se internalizan en la organización y moldean su cultura. Las creencias, por tanto, son un factor clave en el desarrollo de organizaciones públicas promotoras de culturas participativas y de excelencia en la gestión. Solo una verdadera vocación por la calidad de servicio puede prevenir y corregir vicios o errores intencionales y negligentes en la acción pública. En cambio, la persistencia de creencias tradicionales centradas en el control limita la creatividad y humanización en la aplicación de políticas públicas. Las creencias y valores están estrechamente relacionados y ejercen una influencia poderosa en la vida. Cuando una persona cree firmemente en algo, esas creencias se convierten en una fuerza extraordinaria que guía su comportamiento. Para que los miembros de un mismo sistema actúen coherentemente con sus valores básicos, deben compartir, al menos parcialmente, determinadas creencias comunes. Existe una relación positiva entre los valores humanos de Schwartz y las creencias organizacionales directivas. Entre ellas, destaca la creencia arraigada en culturas que tienden a controlar el desempeño más que potenciarlo, priorizando la reducción de costos por sobre la generación de ideas nuevas, lo que restringe la innovación y la investigación. En contraposición, la cultura del desarrollo basada en las ciencias del comportamiento reconoce que las personas poseen características psicológicas, so-
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ciales y culturales que potencian el rendimiento, la colaboración y el compromiso, promoviendo tanto el logro de objetivos como el crecimiento personal y organizacional. Los estudios sobre organizaciones públicas son menos numerosos que los dedicados al ámbito privado, lo que genera un dilema en la toma de decisiones debido al alto impacto social de su labor. Los instrumentos validados para evaluar la gestión pública son a menudo asimétricos respecto a la inversión y los recursos disponibles. Por ello, la aplicación de herramientas pragmáticas por parte de líderes enfocados en el desarrollo organizacional puede impulsar de manera significativa la gestión pública, permitiendo superar el estado del arte e impulsar procesos de mejora continua. Así, las instituciones públicas pueden avanzar hacia una verdadera cultura de calidad, no como un eslogan, sino como un compromiso genuino que potencie el capital psicológico positivo de sus integrantes y eleve el desempeño con sentido humano. En definitiva, el reto consiste en incorporar elementos estratégicos provenientes de las ciencias del comportamiento, la axiología humana y el diálogo generativo en los entornos organizacionales públicos, promoviendo cambios desde la esencia del ser humano. Esta estrategia impacta positivamente en la forma de actuar, con una mirada apreciativa desde los servicios públicos, basada en una vocación decidida por el cambio organizacional y la incorporación de
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ejes valóricos como la participación, la horizontalidad y la autonomía responsable. Todo ello contribuye al desarrollo de ideas-acción que fortalezcan la calidad y la mejora continua de los procesos, asegurando la satisfacción de los usuarios y la efectividad de las respuestas, sin importar el territorio donde surjan las necesidades. La formación de cuerpos directivos y equipos públicos de alto rendimiento, con valores legitimados y orientados por conceptos multidimensionales, auto motivados y generadores de satisfacción laboral, es esencial para consolidar una identidad y pertenencia organizacional. Asumir la resiliencia como método en la co-construcción de realidades públicas permite crear, crecer, compartir y aprender en instituciones que avanzan hacia mayores niveles de equidad, acceso a la información, positivismo, conciencia ampliada y expansión del ser de cada colaborador, en pos de un servicio público de calidad y excelencia. Asumir estos cambios implica aceptar un reto consciente por parte de los directivos públicos: fortalecer a los servidores del Estado para potenciar los valores positivos individuales y colectivos, promoviendo una cultura organizacional abierta, creativa, dialógica y orientada al meta aprendizaje. Solo así será posible construir organizaciones públicas capaces de co-crear y comprometer un nuevo mundo de relaciones satisfactorias, realmente orientadas al bien común y al fortalecimiento de un Estado al servicio de la sociedad.
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MUJERES
UN “CUARTO PROPIO”
MUJERES Y MASONERÍA POR PAULINA ZAMORANO VAREA Académica, licenciada en Humanidades, doctora en Historia de Chile
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n 1928 el Newnham College y el Girton College, ambas universidades femeninas de la Universidad de Cambridge, solicitaron a Virginia Wolff que realizara una y luego varias conferencias en las que expusiera sobre “Las mujeres y la novela”. Un año después, en septiembre de 1929, publicó un ensayo donde compilaba estas presentaciones. El ensayo, medio ensayo medio novela, relata y explica las interrogantes que se hiciera al momento de recibir el encargo, sus disquisiciones, preguntas, búsquedas y finalmente juicio respecto al estado de la cuestión. (Publicado por primera vez el 24 de octubre de 1929, el ensayo está basado en una serie de conferencias que la autora desarrolló en octubre de 1928 en el Newnham College y el Girton College, ambas universidades femeninas de la Universidad de Cambridge) YA ESTÁ DICHO… Las preguntas expresaban sorpresa, aunque hacia esa fecha, eran del todo pertinentes. Como ella misma lo explica, en la historia de la literatura y aún más de la novela, las mujeres eran una excepción. ¿Cómo escribir entonces sobre las mujeres y la novela? Su reflexión se fue afinando para llegar a preguntarse, en la práctica ¿dónde estaban las mujeres en la literatura y aún más en la historia del arte, las ciencias, la cultura? La búsqueda comenzó en las novelas, en diversos textos guardados en los anaqueles del Museo Británico y luego en los libros de historia. Los hallazgos fueron decidores ¿Tenéis alguna noción de cuántos libros se escriben al año sobre las mujeres? -se preguntaba- ¿Tenéis alguna noción de cuántos están escritos por hombres? ¿Os dais cuenta de que sois quizás el animal más discutido del universo? ¿por qué atraen las mujeres mucho
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¿Y el “cuarto propio”? En la antigua Grecia las casas u Oikos reservaban espacios diferenciados por sexo/género: El andrón para los hombres y el gineceo para las mujeres, esposas, hijas, sirvientas, espacio este último, dedicado solo para realizar tareas como el hilado, el tejido, la comida y ubicado en la parte trasera de la casa, mientras los hombres habitaban el andronitis ubicado en la parte delantera de la casa, lugar conectado con lo público. El gineceo era un cuarto propio donde se cumplía el rol maternal y nutricio. Esta práctica de aislamiento de las mujeres o por géneros siguió teniendo una larga historia, no solo material sino también conceptual. En las sociedades modernas de los siglos XV y XVI el cristianismo fortaleció el sentido institucional del matrimonio y de la familia. Este concepto se instaló en la mayoría de las lenguas occidentales: family, famiglia, pero ¿cuál era su significado? Familia viene del Famuli que significa sirviente, así el sentido del concepto en la práctica es el conjunto de mujeres, niños, niñas y sirvientes que viven bajo la subordinación y dependencia de un padre, quien, en estricto rigor, no es parte de la familia. Otro cuarto propio, el espacio de lo doméstico marcado por los roles y la jerarquía, por el poder. También un cuarto propio como el espacio delimitado de conventos y monasterios, la celda, donde las monjas podían dedicar tiempo a la escritura. Espacio aislado, como planteaba Wolff, pero bajo la atenta mirada del cura confesor, ya que la pecadora podía expiar sus culpas mediante la escritura. Qué mejor ejemplo que el de Sor Juana Inés de la Cruz prolífica y reconocida escritora mexicana del siglo XVII quien hiciera de su celda un lugar de encuentro intelectual, pero que al cabo de una polémica tuviera que vender sus libros y escritos y dedicarse finalmente a la contemplación. Según constata Wolff los escritos de las mujeres comienzan a tener mayor visibilidad durante el siglo XVIII. Las mujeres pudieron sobrevivir con sus escritos y otras como Olympe de Gouges, Madame d’Epinay y Mademoiselle Jodin, feministas ilustradas, difundieron a través de cartas, diarios, panfletos, discursos, sus ideas sobre el derecho de las mujeres a la educación, derecho de ciudadanía, de representación y participación política; igualdad de oportunidades y de derechos con los hombres, acceso a oficios, al divorcio. Pero las mujeres también se movilizaron asaltando la Bastilla el 14 de julio de 1789; marchando un 5 de octubre de ese mismo año hacia Versalles para reclamar ante el Rey y la Reina el derecho al pan, el “pan de mujeres” como
más el interés de los hombres que los hombres el de las mujeres? La revisión de la Historia de Inglaterra, de Trevelyan, le demostraba que nada se sabía de las mujeres excepto que “la encerraban bajo llave, le pegaban y la zarandeaban por la habitación” y si bien reinas y princesas no eran omitidas “de ningún modo hubieran podido las mujeres de la clase media, sin más en su haber que inteligencia y carácter, tomar parte en los grandes movimientos que constituyen, reunidos, la visión que tiene el historiador del pasado” concluye Virginia. Estas eran evidencias claras de la dificultad que le significaría hablar sobre la “verdadera naturaleza de la mujer y la verdadera naturaleza de la novela” porque finalmente de lo que podía opinar era que “una mujer debe tener dinero y un cuarto propio para poder escribir novelas”. La imagen que se planteó Virginia hace casi cien años me sirve para abordar la reflexión sobre la masonería y las mujeres: ¿por qué las mujeres y la masonería? ¿dónde han estado las masonas? ¿por qué parte de la masonería excluyó a las mujeres? En una búsqueda simple en internet nos daremos cuenta de que el título/tema recurrente es la “masonería y las mujeres”, sin más provocaciones analíticas, sin problematizar explícitamente. Son las mujeres puestas en la centenaria institución o en relación con la institución o dentro de la institución, pero no con ella. Las mujeres como agentes de la institucionalidad y de sus más altos ideales han sido omitidas. Pero la historia lleva al sujeto que la agencia, de tal manera que por un lado está Wolff y su pregunta y por otra las acciones de personas, mujeres que las realizaron. En Historiografía hay un debate respecto a si las mujeres constituyen un enfoque en sí mismo o si se deben entender en lo social, más aún si ya son sujetos históricos. Ese es, en mi opinión, el sentido que Virginia Wolff hizo a su pregunta. ¿Cómo saber de las mujeres a partir de sus experiencias? Entonces ¿cómo conocer a las mujeres masonas? Por ello había que empezar a escribir la historia, evitar la ausencia, la omisión, para no olvidar, pero especialmente para relevar la agencia femenina en la construcción de una institución y su impacto en lo social y en lo individual. “Dinero y un cuarto propio” señala Wolff, porque había constatado y evidenciado que las mujeres eran pobres, pero no solo pobres porque no contaban con 500 chelines (los que heredó de su tía) sino porque el rol que debían cumplir, en su opinión, hacía imposible que la mujer fuera independiente, un hecho transversal en la diversidad de las mujeres cuando siguen persistiendo las brechas laborales y salariales.
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se le llamaba al de más baja calidad. La revolución no habría sido revolución sin las mujeres. Las mujeres se organizaron e hicieron de los salones y de los clubes espacios de intercambio de sus ideas. Se reunían en el club de las Republicanas Revolucionarias, en el club de las Amazonas nacionales, en el club de las Damas Patrióticas, en el club de las Damas Ciudadanas y en el club de las Damas de la Fraternidad, entre otros. Los clubes también fueron espacios privilegiados para reunirse y expresarse más libremente. Por ejemplo, Etta Palm D’Aelders (1743-1799) integrante activa del Círculo Social que compartía las ideas del famoso filósofo ilustrado Nicolás de Condorcet (1743-1794) respecto a la igualdad de derechos políticos de las mujeres, hacia fines de 1790 se hizo miembro de la Confederación de amigos de la verdad, el primer club político que admitió mujeres. En su alocución inicial al ingresar al club sintetizó en dos párrafos el avance de la acción femenina en la revolución, así como las inconsistencias e injusticias que no obstante ello subsistían: “Señores, habéis admitido mi sexo en este club patriótico Los Amigos de la Verdad; este es un primer paso hacia la justicia. Los augustos representantes de esta feliz nación acaban de aplaudir el intrépido coraje de las Amazonas [mujeres armadas que esperaban incorporarse al ejército] en uno de sus departamentos y les han permitido levantar un cuerpo para la defensa de la nación [...] No seáis justos a medias, señores; [...] la justicia debe ser la primera virtud de los hombres libres, y la justicia exige que las leyes sean las mismas para todos los seres, como el aire y el sol. Y, sin embargo, en todas partes, las leyes favorecen a los hombres a expensas de las mujeres, porque en todas partes el poder está en tus manos. ¡Qué! ¿Los hombres libres, un pueblo ilustrado que vive en un siglo de ilustración y filosofía, consagrarán lo que ha sido el abuso de poder en un siglo de ignorancia?” (D’Aelders, 1790). El activismo político de mujeres como Etta Palms, Olympe de Gouges, Madame Roland o de revolucionarias como Théroigne de Méricourt (17621817), así como de las tejedoras de la Convención no sobrevivió a la sospecha y a la censura en que derivara la Convención Nacional durante el período del Terror (3 de junio 1793 – 28 de julio de 1794). Los clubes de mujeres adolecían de un control masculino, patriarcal, lo que las convertía en una amenaza, razón por lo que todas las organizaciones femeninas fueron clausuradas y prohibidas (30 de octubre de 1793) y muchas de sus líderes políticas guillotinadas.
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Existe una larga historia de búsqueda de espacios de libertad e igualdad por parte de las mujeres, anhelos que se expresan en ideas y escritos que, en el caso de la Ilustración, profundizan en la ambigüedad, en la paradoja del discurso ilustrado universal. Por ello, el cuerpo ordenado de ideas y principios que constituyeron el feminismo ilustrado o feminismo de la igualdad fracasó en su intento por accionar cambios, y aún más, fue olvidado, aunque se debe comprender “como una poderosa raíz del pensamiento feminista”. Es en ese contexto histórico cuando la Masonería se organiza como institución con un cuerpo coherente de ideales. ”Es el momento en que se reforzó la fe en el ser humano, en su capacidad de razón y de juicio, capaz de buscar la salvación, la verdad y el conocimiento de la realidad a partir de las condiciones propiamente humanas, sin ayudas providenciales y cuyo ethos se basa en la aceptación de una Ley Moral Universal que todos podemos reconocer”, señala la ex gran maestra de la Gran Logia Femenina de Chile, Miriam Silva, en la introducción al libro Mujeres con mandil. Una historia femenina de la Masonería en Chile (1959-2003). En Latinoamérica y en Chile fueron los flujos y reflujos de estas ideas ilustradas las que catalizaron la fundación de la institución masónica, en un mundo más global de lo que actualmente se puede imaginar (Los hitos son por todos y todas conocidos: En Valparaíso se funda en 1862 la Gran Logia de Chile; 67 años después, en 1929, se organiza la Gran Logia Mixta de Chile, y 58 años después, en 1983, se funda la Gran Logia Femenina de Chile). El cuarto propio al que nos traslada la reflexión de Virginia Wolff se puede entender como una metáfora de la libertad de las mujeres, de su igualdad. Así las cosas, la presencia/ausencia de las mujeres en la Masonería recorre el largo camino de reivindicaciones de estas en procura de la igualdad, la libertad, la diferencia que fueran acalladas, silenciadas. Porque tampoco se encuentran con facilidad las huellas de las mujeres en la masonería. Parte de la historia afirma que se olvidó el papel que cumplieron en la masonería operativa medieval. La verdad es que más que ello, las mujeres ya sea como constructo social o como esencia siempre han sido. Si cuesta encontrar a las mujeres en los documentos logiales, ¿cómo escuchar las voces de esas mujeres? En su mundo personal, transfiriendo y agenciando sus principios, así como en los talleres, operando,
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reflexionando, instruyendo. Aparecen cuando son esposas de…, madre de…, hijas de... Sin embargo, cada vez se encuentran más rastros. “La puerta que me habéis abierto no se cerrará sobre mí y toda una legión seguirá mis pasos” se supone que habría afirmado la francesa María Deraismes incorporada a la Francmasonería el 14 de enero de 1882 en la logia “Les Libres Penseurs de Pecq”, en París. La historia la reconoce como la primera mujer masona, quien además habría preparado a otras 16 candidatas que fueron reconocidas como masonas con el fin de fundar y desarrollar una nueva institución masona mixta, la Orden Masónica Mixta Internacional Le Droit Humain, fundada en la convicción de la igualdad de mujeres y hombres el 14 de marzo de 1893. Se distinguían por ser mujeres de elite con opinión y visibilidad pública. En Chile, los rastros nos llevan a: Eloísa Zurita Arriagada (1875-1941) líder obrera que luchara incansablemente por los derechos de los y las trabajadores y por la igualdad entre hombres y mujeres, fue una continuadora en el norte de Chile del pensamiento feminista y anticlerical de la española y masona Belén de Sárraga, que la llevó a la fundación de la Sociedad de obreras, instrucción y socorros mutuos N°1 con solo 18 años. Una de sus consignas fue luchar por la instrucción y la libertad intelectual de las mujeres porque “la instrucción de la mujer es palanca poderosa de la civilización humana, porque de ella podrá traernos nuevos horizontes de luz y nuevas vías de adelanto”. “Es indispensable para el progreso de las ideas republicanas y para la derrota del clericalismo, invitar al elemento femenino a participar de nuestros trabajos” se escucha en Templos, talleres y ágapes de la época, según se puede leer en la historia de la Gran Logia Mixta. En efecto, los propulsores de la incorporación de las mujeres en la Masonería, desde comienzos del siglo XX, y más adelante las mujeres pioneras coincidían en ser progresistas, con ideales republicanos, posturas laicas, anticlericales, defendían derechos políticos, jurídicos y patrimoniales de las mujeres. Su accionar público “cobraría fuerza a partir de diversas organizaciones de mujeres –como el Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile (MEMCH, 1935-1953) y se concretaría a mediados del siglo XX con la obtención del derecho a voto en 1949, el que recién se pudo ejercer para elecciones presidenciales, en 1952”. El MEMCH fue un espacio
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BELÉN DE SÁRRAGA
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de expresión amplio no solo para las generaciones de mujeres que accedieron a estudios superiores sino también para las mujeres trabajadoras. “Combinando la lucha social con la de género, las “memchistas” lideraron la historia de las organizaciones feministas de la primera mitad del siglo XX, haciendo públicas sus demandas por mayores derechos civiles y políticos para las mujeres chilenas en general, y la protección de la maternidad obrera de la infancia para el creciente segmento de trabajadoras en el país”. Incansable defensora de la paz y de los derechos de las mujeres, educadora de vocación, académica exonerada durante el golpe militar, Olga Poblete Poblete (1908-1999) dedicó sus 91 largos años de vida a participar activamente en organizaciones, grupos, movimientos como el MEMCH del que fue una entusiasta oradora. A comienzos de los 90 reflexionaba sobre la deuda de los partidos políticos con el género femenino: “Especialmente los partidos de izquierda han cometido errores muy graves
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respecto de la participación de las mujeres y, sobre todo, en la comprensión de sus luchas por suprimir la discriminación que desde siglos arrastran”. Así, la relación entre el pensamiento masónico y el discurso y la lucha por los derechos de las mujeres puede ser reconocida en diversos movimientos tanto en Europa como en Latinoamérica, cuando reivindicaron la defensa y ampliación de los derecho civiles, políticos y patrimoniales de las mujeres, a la vez que buscaban disminuir las inequidades económicas de las que eran objeto. El desarrollo de la masonería femenina en Chile se comenzó a gestar en este contexto. En 1948 por iniciativa de un grupo de mujeres se instaló el primer Centro Femenino auspiciado por la Logia Aurora de Italia N° 24, perteneciente a la Gran Logia de Chile. La creación de centros femeninos se expandió animada por el interés de las mujeres por su desarrollo intelectual y espiritual, en un contexto de mayor acceso a la educación y secularización de la sociedad chilena. A ello siguió la creación de la Asociación de Centros Femeninos en 1955, expresión de la voluntad de las mujeres, esposas, hijas, madres, hermanas de masones de vivir una experiencia vital animada por los valores masónicos. Si bien la principal tarea benefactora y de caridad era parte de la cultura de las mujeres de la elite chilena no satisfizo los ideales de estas pioneras quienes en 1960 fueron aceptadas en la Logia Mixta Derechos Humanos; en 1970 con el auspicio de una institución masónica mexicana,
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su delegada en Sudamérica, María de Letre, apoyó e instó a que se retiraran de la logia mixta para fundar una logia solo de mujeres, acción que se concretó el 11 de enero de 1970, cuando se fundara la logia Araucaria N° 3, la que tendría que robustecerse para finalmente, 13 años más tarde, fundar la Gran Logia Femenina de Chile, el 9 de mayo de 1983. No obstante, la masonería mixta nació y se desarrolló tempranamente en el siglo XX, durante la primera ola feminista, la masonería femenina esperó hasta la segunda ola, animada en este caso no por una igualdad hacia el interior, sino por la igualdad exterior; instituciones equivalentes, que se reconocen, respetan y mantienen relaciones fraternales. En este punto se encarna la visión de Virginia Wolff en el sentido de que el cuarto propio significaba materializar la autonomía, la libertad para aprender masónicamente y así contribuir a un proyecto que se comprende universal. Sin recursos y sin un espacio físico la sola reunión de las mujeres hacía difícil concretar el proyecto. Como lo señalan las autoras del libro Masonería femenina en Chile. 2004-2018 “Desde el punto de vista masónico tener casa es una noción que va más allá del puro carácter material; tiene también una condición existencial como es la de habitar, y no en el sentido de la posesión sino de
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ser en el mundo”, es en síntesis una forma de existir en el mundo. La generación de espacios, la casa, el cuarto propio reproduciéndose en distintos puntos de Chile y de Latinoamérica. Es importante seguir reflexionando teóricamente y así aportar a los debates que tensionan entre la estructura y el individuo. La historia desde las pioneras, desde las instituciones es fundamental para construir identidad y fortalecerla. La GLFCh, por ejemplo, ha relevado su historia en dos libros que recogen su historia desde las bases, desde las propias masonas. Sin embargo, queda ahora la tarea de preguntarse, de indagar, por ejemplo, sobre la contribución de la masonería a los feminismos, a las políticas pública con perspectiva de género, a la educación. El cuarto será genuinamente propio cuando lo amplifiquemos con una mirada crítica respecto a la episteme que lo hace posible y a la coherencia inclusiva que sostiene desde sus fundamentos: Llegado a este punto de la reflexión y dado el accionar de las mujeres masonas en orden a expandir su presencia en el país y en Latinoamérica, la próxima historia deberá incorporar esa experiencia masónica latinoamericana, regional y feminista, como apropiación y resignificación de una tradición europea, universal y masculina.
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CIENCIA
GUSTAVO BOLDRINI:
UN CRONISTA
DE TIERRA Y MAR “En ese camino, y desde antes, fui acuñando el concepto de pequeño viaje. Un pequeño viaje contrapuesto al concepto de gran viaje de estudios o turismo que siempre es un lugar grandioso y epopéyico. El pequeño viaje es a lugares que no están en las guías de turismo; es un viaje discreto, no al otro lado del mundo sino a cercanías, pequeños pueblos... Ahora, y con mis alumnos, y en nombre de Suelo Americano los hacemos en el convencimiento de que donde estamos nosotros está la Universidad. El viaje amplía el aula del conocimiento. Hay alumnos que dentro de una sala jamás dirán nada porque nada se les ocurre. Pero a ese mismo alumno llévenlo de viaje y pregúntenle. Algunos observarán cosas excepcionales, nutrirán, serán resonantes. Se ponen en la horizontal de la educación. La vertical los abruma, y ni ellos lo sabían. El pequeño viaje, sin pizarrón, les hizo, trascendiendo, entender la Enciclopedia y la cultura. El viaje no es una metodología, es la materia de un ser humano, su tiempo, un destino”.
POR IGNACIO VIDAURRÁZAGA MANRÍQUEZ Periodista y magíster en literatura
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l 2025 fue un buen año para este escritor. En marzo se reeditaba Raín, Crónica del último canoero. El 21 de agosto recibía el Premio al mérito abandónico en el Congreso Literario de Pueblos Abandonados en Santiago. Y en diciembre comenzaba a distribuirse Un Alma Navegante. Horrores, alegrías y misterios en el mar chileno, su última obra. Él es un caminante, carpintero, historiador, investigador y docente que se llama Gustavo Boldrini Pardo (1951, Quemchi). Y anótese: esa es la ciudad de sus abuelos que ha elegido para su nacimiento. En los 80 y también en Chiloé fue parte del Taller Puertazul, refugio creativo de multiples saberes. Es cierto, es difícil encontrar las obras de Boldrini en librerías, en repetidas ocasiones no están ni nuevos ni usados. La distribución de las editoriales independientes a veces se torna compleja. En tanto, él se enorgullece que sus libros más significativos estén en las bibliotecas escolares de los pueblos
(Gustavo Boldrini, VIII Coloquio de Suelo Americano, plegable 03, Escuela de Arquitectura Universidad ARCIS)
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FOTO CLAUDIO PINO OCAMPO, 2025
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más alejados de la loca geografía de Chile, adquiridos luego de ser premiados por el estatal Fondo del Libro. Boldrini dice: “están en las bibliotecas públicas de Chile, por ejemplo encontré libros míos en la biblioteca de Ñirehuao, en el Aysén, y en la Placilla, cerca de La Ligua”. Con Un Alma de Navegante…al parecer ya no sucederá eso del no lo tenemos. En ciudades al sur de Valdivia es distribuido por su editor Ricardo Mendoza de Ediciones Kultrún. En tanto, en Santiago se encontrará en las librerías del Fondo de Cultura Económica, Clepsidra y Palmaria entre otras.
CONTAR UN PAÍS, UNA GEOGRAFÍA, O LO QUE NO SE VE En los escritos de Boldrini es posible descubrir territorios que desconocemos, personajes distantes a las ciudades donde vivimos, relaciones con la naturaleza casi irreales, pero que han sucedido o suceden. Sus textos tienen demasiado de ese concepto conocido y hasta trajinado de lo real maravilloso vinculante con toda Latinoamérica. Su narrativa nos convoca a aprender toponímicos y glosarios extendidos. No es fácil leer a Boldrini, pero ya logrado, se reconoce. Así escribe Boldrini en un Un Alma de Navegante. Horrores, alegrías y misterios en el mar chileno : “Por la comisura de los labios chorrean las proteínas y minerales venidos desde un océano primordial cuya sopa biológica -fría o caliente- hoy se come bajo la Vía Láctea como si fuese la única leche que puede ser succionada tras la explosión de un Primer Átomo. La visión de la almeja cruda en su concha abierta siempre es poética transfiguración. Aquello hace pensar que lo visto es otra cosa. Que la verdadera imagen está escondida y puede ser un milagro. Siglos de rastros cósmicos cruzan entre lo humano y la almeja. Implícita viene la pregunta: ¿en qué lugar hemos estado? De eso solo sabemos que, como contemporáneos de tempestades estelares, ya ambos licuados por las aspas de una estrella-molienda y oropel-, se nos hizo probar una gota de su precipitación sideral. Entonces la tragamos sin mascarla a la hermana y ella hace lo mismo […] La almeja acaso solo sea un ingrediente. No es cocina y es el aderezo de una gesta caníbal, tal como puede serlo el salvajismo de un ajo o un piure que también son sabores drásticos de la evolución. Y están allí para refrescar la memoria. ¿Qué vería alguien capaz de leer el pasado o el futuro en las vísceras de una almeja recién
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abierta? Lo más seguro, si es chamán omnisciente de edades, reconocería tempestades en las Islas Wollaston, en las de Diego Ramírez. Lloraría mirando la agonía acuática, lúcida, de la bella Marta Ugarte lanzada al mar allá en la bahía La Ballena de Pichicuy. Vería el naufragio lento del Endurance y el zarpe del Piloto Pardo hacia la Isla Elefantes para rescatar a los náufragos ingleses. Divisaría el momento en que los huemules eran peces y también verá que mañana regresarán al mar”.(págs.55-57) ¿Qué almejas son esas? ¿Acaso seremos capaces de, al degustarlas, metabolizar esa narración?
EL ARCHIVO DE BOLDRINI No se encuentra en ninguna nube, tampoco en un disco duro, ni en un artefacto computacional. Escribe a mano, con los lápices o lapiceras que tenga y en cuadernos de croquis. Tampoco usa celular, pero cuando lo llaman contesta desde un teléfono fijo que tiene. El archivo de Boldrini está en su memoria que a los 74 funciona sorprendentemente bien, incluso escarbando en los detalles. Pero cuando requiere referencias acude a su archivo de bitácoras, cuadernos de viaje o como se denomine a ese poco más de un centenar que atesora en un mueble de biblioteca escolar. Ahí ordenadas y con números están las referencias de sus patiperreos. A veces con hojitas pegadas, otras con boletos de bus o cualquier otra seña de la singularidad de cada una de sus exploraciones. Esos cuadernos parecen ser mapas de andaduras, acopio de huellas, testimonios y notas de sus caminos y navegaciones. Así lo cuenta: “En realidad es mi computadora. Como no accedí a la tecnología, los cuadernos los llevaba desde niño. Recuerdo los primeros cuentitos que hice desde muy pequeño, a los once o doce años y que después guardó mi mamá. Y me los entregó pasados los años. Ahí me di cuenta que yo ya había hecho algunos relatos, en el fondo eran resúmenes de cosas que o había visto o había leído. Creo que lo que también influyó fue la biblioteca de mi papá y el ambiente de lectura y de conversación que había en la casa.” Pero, no es posible entender el método Boldrini desconociendo sus diversos e interrumpidos estudios académicos. “Esos me dieron la base de la ilustración, lo reconozco. Soy un ilustrado porque empecé a leer desde muy chico. Quizás desde los siete años estaba leyendo libros mayores, no eran
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cuentitos, me acuerdo de la colección La Linterna donde estaban todos los Jack London”. También hay que considerar las características de su biblioteca muy estrechamente conectada con sus exploraciones y temáticas. En palabras de Boldrini: “Lo que yo creo es que todo va en lo mismo, la misma cosa y mi biblioteca tiene de todo: plantas, animales, ferrocarriles, caballos…No he podido andar haciendo divisiones disciplinarias, temáticas, todo es la misma cosa. Siempre he tenido los dos discursos, libros y viajes, que para mí son lo mismo”. Sus textos publicados datan de 1986 con El tren de Chiloé, (Centro de Folklore del Magisterio de Ancud) y Chiloé bitácora del viajero en coautoría con Renato Vivaldi (Ediciones Altazor). Y así se continúan publicaciones conocidas y otras inencontrables. Quillota, una Relación Personal (Ediciones Altazor, 1988). Chiloé, Andanzas y Palabra Escrita (Ediciones Mar Interior, 1990). En un Circo Podría Estar la Niña Perdida (Ediciones Altazor, 1999). Guía de Arquitectura de Santiago, Universidad de Chile, con textos de su autoría de (2000). Raín, Crónica del Último Canoero (Ediciones Kultrún, 2006). ¡Chuchetas! Resistencia y Esplendor de una Banda de Cuatreros en el Norte Chico (Ediciones Kultrún, 2010). Longotoma. Fragmentos de una Novela Imposible (Ediciones Kultrún, 2015). Catapilco a la Redonda, en coautoría con Pablo Labbé (Taller Quickprint Ltda., 2020). El 2025 aparecerá la segunda edición de Raín, Crónica del Último Canoero (Ediciones Ofqui). Y más recientemente Un Alma Navegante. Horrores, Alegrías y Misterios en el Mar Chileno (Ediciones Kultrún). Además, de innumerables textos académicos relativos a talleres y clases de arquitectura como son, por ejemplo: El destino está en el Cerro Blanco, noviembre de 1995 y En Rengo a la hora señalada, abril de 1997.
carreta, del paso, trote o galope del caballo o de la velocidad con que se desplaza una embarcación. Percibo que siempre hay un trayecto y un movimiento presente…” Boldrini le responde: “Me parece que tiene que ver con la biografía. Soy movible y siempre tengo que estar al aire libre y siempre lo estuve. Y eso significa montañas, significa litoral y, por lo tanto, caballo o mulas o bote.”
EL MAR Y LA MAR Hay una diferencia esencial entre ambas formas de nombrarlo y nombrarla, Boldrini lo explica en su última entrega. También, y al pasar habría que mencionar una referencia respecto del texto de Ignacio Balcells La Mar, una versión de la vida ante el mar y del viaje a solas por las costas de Chile (Editorial Andrés Bello 2001). Ambas obras, teniendo en común la temática, difieren en los ámbitos epistémicos y metodológicos. Balcells remite a la ilustración greco-romana, Boldrini a los pueblos originarios del sur chileno. Y, por cierto, comparten el ser de escritores exploradores y viajeros. Retornemos a Boldrini. ¿Qué es para ti el mar y la mar? “-El mar, como yo lo entiendo, tiene que ver con un soporte económico, de comunicación. Como lo ve la mayoría de la gente, como un lugar de obtención de recursos. Ese es el mar, es un mar a secas, una cosa que hay que cruzar para hacer algo, por tanto es un lugar de paso, un trámite. En cambio la mar tiene que ver más con una bestialidad que puede ser querida o no. Esa es la patria del marinero, del que navega, del que vive en su orilla. Ya es una entidad. Creo que detrás de haberle cambiado el género está la comprensión de un espacio que dimos en llamar el maritorio, que es lo opuesto al territorio que es un suelo firme, inamovible. La mar por su parte es una entidad que promueve mitos y pensamientos. Promueve interactuar con ella, pero ya no desde lo utilitario, no solamente desde la economía o del lugar de recursos para ir a buscar cochayuyo. Tiene que ver con una cosa que trasciende lo útil y lo manual y se mete en otras esferas, en la espiritualidad o en el alma. Es lo que quise decir en este último libro al dotarlo de un alma navegante.”
EL VIAJE Y EL TIEMPO EN LA ESCRITURA DE BOLDRINI En el libro Asilvestrado, del colectivo Pueblos abandonados, está la entrevista que le hizo a Boldrini la escritora y poeta Verónica Zondek. De ese diálogo citamos un fragmento: “Me da la impresión de que el movimiento es algo central en todos tus libros. Que el tempo de la historia que narras guarda relación con el tempo de las caminatas, del viaje en bus o en
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¿Por qué a este país le ha costado relacionarse con el mar y con la mar? -“Hay unas miradas que están dentro del desarrollo cultural humano que es racionalista, esa es una mirada interesada en lo extractivo, en lo funcional y hay otras mirada que es la culta, la actitud creativa que se tiene frente al medio y que funciona desde el sentimiento, desde el estar ahí. Eso que es una cosa muy chilena: estoy ahí, vivo ahí, somos de aquí, que es la de la gente del litoral y que trabaja con el mar. No olvidemos que el pescador comienza siendo alguien que trabaja para su subsistencia primero. Después se extiende más y se hace pescador artesanal pero primero trabaja para él y su familia. Esos hombres de orilla, los que descienden de los changos, son gente que caminó por la playa porque era una alternativa más conveniente que caminar por la montaña, era más fácil vivir, subsistir a la orilla del mar y así lo hicieron muchos pueblos. A ese conjunto se les llamó changos y ellos tienen una relación distinta con el mar. La mar es una mujer, menstrúa, se enoja, no le gusta que griten en sus playas. La mar tiene la regla como una mujer que es la marea roja y también la mar pide sacrificios. La gente de Horcón, Maitencillo, Ventanas, playas muy cercanas entienden a la mar como una mujer.”
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¿Entenderlo como una mujer es que guarda vida? -“Claro y que las necesita también, los ahogados por ejemplo son ofrendas a ellas. Hay un chamán jefe de bailes chinos en Loncura que dice que mientras más se ahoga gente venida de afuera, veraneantes en el verano, menos muertes de pescadores tienen ellos en invierno, porque se equiparan esas vidas y en ese sentido no sienten tanto la muerte de un turista.” ¿Hay desafío en el bordemar en Chile? -“Mucho, cada vez más. A medida que se olvidan los mitos marinos se pierde la cultura del habitar. Los mitos son los que te guían en cómo habitar la orilla. Ahora último ha habido terremotos, tsunamis, naufragios… y no se sabe actuar frente de ellos. Es porque se perdió la relación con los mitos ordenadores de una costa que, aunque desafiante, acogía a la gente de orilla pues sabían vivir en armonía con el mar. Por ejemplo, en algunos casos se trata del olvido en que cayeron mitos como el de Ten Ten y Kai Kai Vilú que eran las entidades que regían el diálogo permanente y telúrico entre la tierra y el mar. También están Mankián, la Pincoya, el Caballo Marino…, muchos más, todos mediadores entre un territorio y un maritorio. Ese conocimiento era necesario para no vivir en medio de un desafío permanente frente al mar”.
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EL CURSO DE SUELO AMERICANO
había un discurso profesor-alumno, era un descubrir cosas juntos.”
¿En tu experiencia de ARCIS, cómo valoras el espacio de libertad existente? -“Sí, eso es lo que valoré en ARCIS. Nunca tuve tanta libertad para expresar lo que yo sabía y para entender lo que me iría formando, por cuanto mis ramos y sus contenidos siempre los armamos entre los alumnos y el profesor. Nosotros, antes de empezar un curso, hacíamos excursiones a lugares que encantaban a los alumnos y conversábamos mucho; descubríamos qué temas nos apasionaban y luego decíamos: ese va a ser el tema del curso Suelo Americano de este año. Era inédito y maravilloso porque nadie ‘la llevaba’. Ahí se resumía la frase que acuñó el director de la Escuela, Joaquín Velasco, que era muy buena: todo lo que hacímos era ‘desde una profunda ignorancia’. Era una ignorancia muy nutritiva y creo que fueron los mejores años de mi vida. “
¿Algún lugar especial que recuerdes junto a los estudiantes? -“De las excursiones largas por ejemplo, recuerdo una semana en La Campanita. Ese era un cerro tutelar mío, pues desde niño es lo que más conocí, sabía donde estaba cada planta, cada árbol. La Campanita para mí era un lugar muy conocido y yo les podía convidar a mis alumnos, se los regalaba. Ahí partíamos desde cómo se pone un pie, cómo se va subiendo, cómo se descansa y todo esto en pro de decirles que teníamos que aliarnos con la montaña, ser un elemento más de la tierra. Muy distinto a eso de “voy a hacer cumbre” o “atacar la montaña” como dicen muchos escaladores. Y a veces están a la vista los desgraciados resultados de esa actitud prepotente. Tú tienes que aliarte con la altura, con la pendiente, aprender a respirar de otra manera, la montaña es un ser vivo y tú tienes que compartir esa actitud de vida de la montaña siendo montaña, nadie que no se haga montaña la comprende. Lo mismo pasa en un bosque.”
¿Cómo sucedía ese encantamiento de los estudiantes en esos lugares? -“Se daba en forma natural. Creo que fuimos a las salidas de terreno y se fascinaron no más. No
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¿Recogían cositas? -“Cuando tenía que ver con el Taller de la Madera sí. Se recogían troncos viejos, secos y se recomendaba no abandonarlos, dormir con ellos; teníamos que llegar a saber todos sus secretos y además inventarles nuevos destinos si era posible. En ese Taller teníamos un lema: la madera pide, la madera es, la madera quiere, y eso había que descubrirlo.” Suelo Americano duró hasta poco antes del cierre de la extinta ARCIS. Sus aprendizajes y singulares metodologías de conocimiento quedaron polinizadas entre sus estudiantes y profesores, además de registrados en algunos textos. Hasta ahí fue posible.
EL MÉTODO BOLDRINI O UNA FORMA DE CONOCER PARA ESCRIBIR Aproximarse a conocer el método Boldrini, la forma en que desde sus experiencias biográficas acumuladas, desde sus saberes cultos e ilustrados el autor llega al momento de la escritura. Ese fue el propósito central de esas horas conversadas en noviembre útimo en el taller escritorio y biblioteca de Boldrini. Una habitación amplia con muros de libros ordenados temáticamente, casi como un mapa de territorios de Chile. Navegación, exploraciones, Chiloé, velorios de angelitos, diccionarios diversos, maderas, etc. En un mueble vidriado de viejo liceo están sus tesoros más preciados. Hasta el momento, alrededor de 120 bitácoras en libretas de tapas duras y numeradas. ¿Hay un método? ¿Cuál es el tuyo? -“Todo parte con el emocionarse que se podría conceptualizar en la primera impresión ante el encuentro con el objeto. Después viene el periodo de la reflexión donde tú escoges elementos de esa emoción. De la primera impresión, seleccionas algunos que consideras que te sirven o te motivan más o que te muestran un camino, esa es la reflexión. Después viene el tercer momento que es el de la creación. En arquitectura le llamaríamos el proyecto. Pero, primero es necesario emocionarse, reflexionar, y ahí recién tirar la primera línea del proyecto. Creo que esas son las condiciones que me han servido. Alguna vez fuimos a la Feria de Animales de Quillota solamente para encontrar el momento de la emoción, la primera mirada. El ir con los estudiantes a esa Feria se me ocurrió que podía ser el lugar porque era muy complejo, de una brutalidad tremenda. Luego, al retornar a las clases empezábamos con la reflexión. ¿Qué nos había emocionado? ¿Qué nos había pasado? ¿Cuáles eran los elementos que
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hacían esa emoción? Una vez que acordábamos diez elementos de porqué nos emocionamos ya teníamos parte de un discurso creativo y entonces podíamos tirar líneas. Venía el tiempo de la creación”. ¿Te das el tiempo de anotar? -“Siempre ando con mi cuaderno.” ¿Tienes pensado de antemano lo que escribirás? -“Hay cosas que las tengo pensadas en términos que las he digerido, pero la mayor parte de mi escritura se va haciendo. Al partir no tengo un final, casi nunca sé lo que va a pasar, creo que lo voy encontrando… Por ejemplo, en mi último libro tenía muy diversos temas pero no sabía cómo los iba a desarrollar. Algunos quedaron fuera. No escribí sobre las orcas. Tampoco sobre Tirúa o el cementerio de Punta Arenas, porque era demasiado, fue mejor guardarlos para otro libro.”
LOS ESCRITORES ESCOGIDOS ¿Cuánto te significa Manuel Rojas? “-Todo, para mí es como el padre. Lo considero el mejor escritor de la literatura chilena, por ese trasfondo que tiene de realidad que, creo, también está en mis cosas. No es que se lo haya copiado, pero leyendo a Rojas encontré una afinidad. Me gusta leerlo.” ¿Y Coloane? “-Me gustan sus historias, las tramas y sus argumentos pero no encuentro que Coloane sea un escritor de mar. Creo que él ocupó el mar como escenografía para sus relatos que son altamente humanos. En los libros de Coloane no comparece el mar como maritorio, sino como una escenografía y posiblemente no le quedaba otra porque él también es un niño de Quemchi. De los americanos quizás el que me más interesó en algún momento fue Juan Rulfo. Me sabía de memoria la partida de Pedro Páramo, pedazos enteros de tanto leerlo.”
SOLEDAD O LA SOL Nada de lo que ha pensado y expuesto Gustavo Boldrini en sus clases, textos, obras de madera y otras creaciones -a lo menos desde los años 87-88- ha sucedido sin la complicidad, compañerismo, y todo tipo de apoyo de la también escritora y editora Soledad Miranda, su pareja que también es exploradora y que asoma en algunos de sus relatos. Creo que ella es la Mar para él.
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CIENCIA
UNA REVOLUCIÓN
EN LA INDUSTRIA DE LA LECHE GRANJAS 4.0 ROBOTIZADAS Y SOSTENIBLES POR PIERINE MÉNDEZ YAEGER Periodista
mediados de la década de 1970 por el Dr. Fernando Monckeberg Barros, los ministerios de Salud y de Educación comenzaron a desarrollar programas de alimentación complementaria basados en la entrega de leche en polvo enriquecida en los consultorios (la famosa “Leche Purita”). Esta sencilla, pero potente iniciativa, fue crucial para fortalecer tanto la salud de las madres en etapa de gestación, como de los niños en etapa escolar, lo que finalmente permitió dejar atrás los alarmantes índices de mortalidad infantil e impulsar el desarrollo nutricional y cognitivo de las generaciones que,
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esde todo punto de vista, la leche es uno de los alimentos más completos, nutritivos, saludables e inocuos que existen. Así lo avalan diversos estudios científicos, técnicos y académicos, publicados a lo largo de más de medio siglo y cuya evidencia es irrefutable. De hecho, solo basta recordar que Chile derrotó a la desnutrición infantil gracias a la leche, pues a partir de las propuestas técnicas entregadas a
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al logro de nuevos objetivos estratégicos, como la reducción de la huella de carbono, el incremento del bienestar animal y el auge de nuevas estrategias de circularidad.
APORTE TECNOLÓGICO VITAL
precisamente, hoy forman parte del ecosistema innovador nacional. Este crucial escenario permitió que el sector lácteo nacional creciera auspiciosamente durante varias décadas, superando obstáculos, desafíos y complejidades, hasta posicionarse como uno de los más importantes proveedores de alimentos y bebidas diseñados específicamente para ser parte integral de una dieta equilibrada, saludable y nutritiva. Y si bien en los años recientes este crecimiento se vio afectado por diversas complejidades, como el alza en los costos de insumos y producción, y el ataque injustificado de un sector de la población que rechaza el consumo de lácteos, hoy existe consenso respecto de que el actual nivel de desarrollo productivo, permitirá que el sector se oriente de manera exitosa
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Todas estas ventajas se obtienen gracias al uso de nuevas tecnologías y métodos de producción “inteligentes”, que en conjunto ayudan a alcanzar mejores indicadores de producción sostenible. Aspecto que también resulta crucial para mantener la competitividad en un mercado cada vez más exigente, tanto desde el punto de vista nutricional como valórico. Al respecto, el Dr. en Ciencias Silvoagropecuarias y Veterinarias, Nicolás Pizarro Aránguiz, investigador del centro INIA Remehue, enfatiza que la industria láctea nacional “ha experimentado una evolución profunda, impulsada por la revolución digital y una mayor conciencia de sostenibilidad”. “Este cambio se observa en la rápida adopción de tecnologías de ganadería de precisión, que han transformado la gestión diaria como, por ejemplo, sensores en collares y dispositivos de monitoreo ruminal, que permiten seguir en tiempo real, desde una app en el teléfono, la actividad, rumia y patrones de alimentación de cada vaca, facilitando la detección temprana de celos y problemas de salud”. El Dr. Pizarro explica que esta conectividad digital se extiende a toda la cadena ganadera, desde la crianza de terneras, hasta la nutrición de todo el ganado, incluyendo la adopción de comederos automatizados que dosifican las raciones individuales; y el uso de métodos de ordeña de última generación, “con robots y sistemas voluntarios que nos ayudan a mejorar la calidad de la leche y la salud de la ubre (previniendo enfermedades como la mastitis), mientras otros robots de limpieza aseguran la inocuidad de todo el proceso”, detalla. Estos avances tecnológicos que han posicionado a Chile como país pionero dentro del contexto latinoamericano, ofrecen múltiples ventajas y beneficios, tanto para las empresas, como para los consumidores. Sus múltiples alcances pudieron comprobarse de manera fehaciente y concreta durante la realización de la Cumbre Mundial de la Leche (World Dairy Summit 2025), organizada precisamente en octubre en nuestro país, por la Federación Internacional de Lechería, IDF, en conjunto con el Consorcio Lechero de Chile y el ministerio de Agricultura. Durante dicha jornada, Trevor DeVries, profesor titular e investigador de la Universidad de Guelph, Canadá, y doctor en Ciencias Animales de la Universidad de Columbia Británica, explicó que la
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tecnología conocida como Sistema Automatizado de Ordeña, no solo reduce la labor física propiamente tal que se realiza en las granjas lecheras, sino que también “optimiza la calidad de vida de los animales y de sus cuidadores, lo cual representa un aspecto extremadamente importante, pues recientes estudios realizados en Canadá, muestran que gran porcentaje de los granjeros sufre altos niveles de estrés debido a la naturaleza agotadora de sus jornadas de trabajo”. “Por el contrario, con la implementación de sistemas robotizados, se logra una importante flexibilización del trabajo, así como también una profunda reducción del estrés y mejor empleabilidad en general, lo cual es trascendental para enfrentar los actuales desafíos de la producción láctea, tanto en términos de eficiencia, como de inocuidad, seguridad y sostenibilidad ambiental”, agrega el académico canadiense. El Doctor DeVries también enfatizó que toda la evidencia publicada hasta la fecha, demuestra que los operarios de granjas robotizadas duermen más y mejor, alcanzando un nivel de bienestar que, consecuentemente, también se transmite a los animales, generando impacto positivo en la salud y cuidado global del ganado. “Hoy existe evidencia documentada de esta evolución positiva en prácticamente todos los países donde se ha adoptado esta tecnología, incluyendo Canadá, Finlandia, Países Bajos, Noruega y Chile”, asegura el académico. Estas opiniones fueron refrendadas por la Dra. Ilka Klaas, Dairy Development Director de la compañía DeLaval International, una de las multinacionales
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con más experiencia en el desarrollo de sistemas de ordeña automatizada. Durante su exposición en la Cumbre Mundial Lechera, la Dra. Klaas comentó que otro estudio realizado en Estados Unidos, mostró que un gran porcentaje de las granjas de dicho país que adoptaron esta tecnología, optimizó diversos aspectos de la crianza y, al mismo tiempo, logró una producción más inocua y sostenible de leche. “Si bien la tecnología en sí misma no garantiza el éxito absoluto, pues se requiere además un adecuado proceso de capacitación y apoyo permanente para el productor, todas las evaluaciones realizadas en terreno demuestran que, en un alto porcentaje de los casos, se logra alto grado de satisfacción, eficiencia y sostenibilidad, detalló la experta.
CHILE, PIONERO TECNOLÓGICO El Sistema de Ordeña Automático (Automatic Milking System o AMS en inglés), es un término genérico utilizado para referirse a los métodos automatizados que completan todo el proceso de ordeña, sin la participación directa de trabajadores humanos. También se denominan sistemas “robóticos”, porque el trabajo de ordeña lo realiza un brazo robótico; y “voluntarios”, porque las vacas pueden elegir individualmente el momento en que quieren ser ordeñadas (a diferencia del proceso manual tradicional, donde el ganado es arreado en grupo y de una sola vez hasta los puestos de ordeña).
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Esta tecnología consta por lo general de los siguientes componentes: • Un puesto, jaula o “box” de ordeña. • Una máquina de ordeña equipada con un brazo robótico que fija las pezoneras a las ubres de cada vaca, sin intervención humana. • Un sistema de identificación electrónica. Para realizar la ordeña, la vaca entra por si sola en la jaula donde es identificada mediante un código QR ubicado en una etiqueta sujetada a su pata, alrededor de su cuello o en su oreja. En este punto, el software de escaneo determina si la vaca tiene “permiso” o no para ser ordeñada. Si el momento es correcto, el robot limpia la ubre, coloca cada una de las pezoneras y procede a la ordeña. Luego va retirando las pezoneras de acuerdo con el flujo de leche que emana de cada cuarto. Si, por el contrario, aún no es el momento de efectuar la ordeña, las puertas delanteras del box se abren y la vaca es liberada. Durante la ordeña, asimismo, se puede ofrecer a la vaca diversos tipo de alimento, como hierba fresca, concentrados de harina, grano o melaza, entre otros, para mantenerla tranquila y evitar que sufra algún tipo de estrés. Todo este proceso puede monitorearse a través de un computador o un dispositivo móvil (según la configuración específica de cada sistema). Ello permite realizar acciones tales como, por ejemplo, dirigir los flujos de leche hacia tanques comunes, separados, de almacenamiento o de reserva. Además, es posible recopilar diversos datos sobre la vaca y la calidad de la leche, como peso, rendimiento y conductividad de cada cuarto, color, cantidad de grasa y niveles de proteína, entre otras variables. Todo ello permite utilizar aplicaciones de análisis de datos e Inteligencia Artificial que, a su vez, ayudan a optimizar tanto el proceso mismo (desde los puntos de vista de la eficiencia, inocuidad, seguridad y sostenibilidad), como el bienestar y salud de los animales. Si bien los sistemas de ordeño automatizado fueron desarrollados para granjas con bajo número de vacas (pues los robots de primeras generaciones solo podían ordeñar una cantidad limitada de animales), el crecimiento constante del sector a nivel mundial, generó una creciente demanda de este tipo de soluciones en lecherías de mayor envergadura. Frente a esta exigencia, la industria logró desarrollar una nueva generación de sistemas especialmente diseñados para satisfacer esta demanda, como los robots de ordeña DeLaval VMS™ V300 y V310, cuyas avanzadas
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configuraciones permiten atender entre 8 y 9 vacas por box cada hora, adoptando los beneficios de la ordeña robotizada a las grandes explotaciones, sin sacrificar las ventajas de tiempo y bienestar que esta tecnología proporciona a las granjas más pequeñas. DeLaval International también opera en nuestro país, posicionándose actualmente como la principal proveedora de soluciones y servicios tecnológicos para el sector lácteo nacional. De hecho, su aporte ha sido fundamental para consolidar el éxito de Agrícola Ancali, emprendimiento familiar que nació hace tres décadas en el sur de Chile y que hace 11 años decidió dar este significativo paso, evolucionando constantemente desde entonces, hasta convertirse en la granja láctea robotizada más grande del mundo. Estas instalaciones, ubicadas en la zona de San Carlos, hoy operan con 64 robots que ordeñan a más de 5.000 cabezas de ganado, lo que permite alcanzar una producción cercana a las 130.000 toneladas de leche. Todo ello dentro de un proceso específicamente diseñado e implementado para garantizar la salud y bienestar de los animales.
VENTAJAS DEL SISTEMA Hoy, los sistemas de ordeña automatizada se posicionan como uno de los principales ejes capaces de orientar el desarrollo lácteo hacia la eficiencia sostenible. Al respecto, Felipe Aceituno, director comercial para Chile, Perú, Bolivia y Ecuador de la firma DeLaval,
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expresó en una columna de opinión publicada a mediados de año en Infortambo, que el ordeño robótico “dejó de ser una curiosidad tecnológica para convertirse en una realidad aplicable a distintos sistemas productivos”. “En nuestro país ya hay 23 lecherías con robot de ordeña y más de 150 unidades en operación, tanto en sistemas pastoriles como en confinamiento, con tráfico libre o guiado, y movimiento voluntario o en bloque (batch milking)”, detalló el ejecutivo. “Pero más allá del robot como equipo que extrae la leche, la ordeña automatizada representa un cambio de paradigma en la gestión lechera. Permite tomar decisiones basadas en datos en tiempo real, con información individual de cada vaca. Esto habilita el diseño de rutinas más eficientes, alineadas con la estrategia de producción, el bienestar animal y la flexibilidad del productor”, agrega. Aceituno también destaca que la incorporación de sensores que miden parámetros como producción individual por cuarto, componentes de la leche, células somáticas y progesterona, entre otros, permite entender a fondo todo el proceso y anticipar múltiples escenarios, lo que ayuda a impulsar la mejora continua del sector, tanto en lo que se refiere a eficiencia productiva, como seguridad, inocuidad, bienestar animal y sostenibilidad. Las principales ventajas de esta tecnología, son las siguientes:
traduce en mayor eficiencia en la gestión de tiempo, y mejor distribución de las tareas para el personal.
AUMENTO PRODUCTIVO Y REDUCCIÓN DEL ESTRÉS Los robots de ordeña, equipados con sensores avanzados, monitorean cada cuarto de la ubre de la vaca, optimizando la extracción de leche, y ayudando a compensar las eventuales diferencias que se producen entre cada uno de ellos.
MAYOR BIENESTAR ANIMAL La ordeña voluntaria de las vacas, reduce el estrés asociado a su arreo. Además, la posibilidad de alimentarlas durante el proceso y los extensos períodos de descanso entre ordeñas, contribuye a una mejor salud y comportamiento del ganado. Los estudios en terreno, también reportan una reducción de la mastitis y de la incidencia de cojeras. Este último problema suelen ser común en las lecherías tradicionales, debido a la propia técnica de arreo.
MANO DE OBRA MÁS EFICIENTE Aunque la inversión inicial en tecnología robótica es alta, a largo plazo se observa ahorro significativo en mano de obra, pues el sistema reduce la necesidad de contar con personal dedicado exclusivamente a la ordeña, reasignando trabajadores a otras tareas cruciales dentro de la producción láctea como, por ejemplo, gestión de pastoreo, control sanitario o mantenimiento de la infraestructura, entre otras.
FIN DE LOS HORARIOS RÍGIDOS DE ORDEÑA TRADICIONAL La ordeña manual exige que el personal trabaje a horas específicas, generalmente muy temprano en la mañana y en la tarde (6:00 AM y 4:00 PM). En cambio, las lecherías robotizadas eliminan esta restricción, permitiendo que las vacas se ordeñen a su propio ritmo, a cualquier hora y día de la semana. Esto se
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APLICACIONES ADICIONALES Algunos sistemas robotizados también incorporan funciones adicionales como monitoreo de la salud de las vacas, detección temprana de enfermedades y pautas optimizadas de nutrición. Esto se traduce en decisiones más precisas y oportunas, lo que mejora el manejo sanitario del ganado y minimiza las pérdidas por enfermedades. Todos estas ventajas permiten trazar un futuro prometedor para el sector, bridando una gran oportunidad para modernizar al conjunto de la industria láctea nacional, mejorando su eficiencia, optimizando el bienestar animal e impulsando la rentabilidad de los productores. Asimismo, también constituye una gran oportunidad para atraer al talento joven de regreso a las lecherías, por las perspectivas que esta tecnología ofrece para el crecimiento sostenible e innovador de un sector que, a pesar de las críticas infundadas, sigue siendo vital para el desarrollo nutricional de la toda la población.
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C U LT U R A
CHRISTIAN JAMETT IBARRA:
LA FOTOGRAFÍA
COMO VEHÍCULO EXPRESIVO Y COLOR
QUE MANIFIESTA EL ESPÍRITU POR ROXANA IBARRA Periodista
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a fotografía se apoderó de él. Lo embriagó y sin darse cuenta estaba sumergido en imágenes y colores que capturaba con una Canon, que era de su abuelo; luego una Zenith y hoy con cámaras que le permiten profundizar en detalles que hace 20 años eran impensables. Arica, su primer escenario, le ofreció una mixtura de culturas las que comenzó a retratar sin que el obturador se detuviese. Hablamos de Christian Jamett Ibarra, 45 años, un profesor de Educación General Básica de Arica, su tierra natal. Un incansable y tenaz luchador que después de titularse en la Universidad de Tarapacá, se doctoró en Historia del Arte y Arqueología en la Universidad de Perpignan, Francia. Hoy, es un reconocido fotógrafo autoral realizador de exposiciones en distintas partes del mundo. Sus trabajos como “Arica y un poco más”, “Afrodescendiente más allá de Arica” han ocupado importantes espacios desde Lolol en Chile, pasando por Brasil, Uruguay, México, Corea del Sur, entre otros destinos. Paralelo a ello, es fotógrafo oficial para Getty Images, un centro proveedor de imágenes de stock para medios de comunicación y empresas, a nivel mundial, que cuenta con un archivo de más de 80 millones de imágenes. “Trabajar en una agencia para captar el momento fotográfico que sirva para ilustrar una noticia periodística o para otro fin, me obliga a disociarme. Lo primero es la búsqueda del objetivo encomendado y luego, no perder la mirada autoral que se relaciona a matices
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“Gran parte de mi carrera profesional transcurrió en establecimientos educacionales, no como profesor sino en otras áreas, como fue el caso del Liceo Juan Noé Crevani, lugar donde me encargaba de las comunicaciones y pude desarrollar la cinematografía. En paralelo pude trabajar en la Universidad de Tarapacá donde ejercí como profesor de la Carrera Multimedia. Siempre he mantenido un vínculo con la educación, una conexión con los alumnos que enriquece mi trabajo”
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EXPOSICIÓN EN GRAN LOGIA DE CHILE
diferentes que voy descubriendo en la medida que enfoco el lente. Ambos trabajos son apasionantes, y solo la práctica y la experiencia me han permitido que el disociarme en forma constante ya no sea tan difícil. Puedo ir recolectando material autoral mientras cumplo con el objetivo periodístico. Según Christian, la fotografía ha expandido sus horizontes pues latinoamerica ya no es un reproductor de imágenes que abastece otros mercados. Europa, por ejemplo, busca una mirada más abstracta. “Yo, desde mi mirada propia, desde mis ideas políticas, desde mi entorno puedo contar parte de la verdad, de un contexto determinado, que damos a conocer al mundo. La fotografía y por ende la imagen también pueden mentir. Lo que sí es innegociable, es la ética. Traspasar límites para provocar un impacto no es lo mío. En este sentido, capto parte de una realidad y reproduzco iconos que no tengan una mirada turística, sino que profundicen la realidad”, añade Jamett.
La serie Anata: Entre lo sagrado y lo pagano, del fotógrafo Christian Jamett, se expuso en la Gran Logia de Chile como parte de las actividades culturales que promueve el departamento de Biblioteca, Archivo y Museo de la Institución. Una obra que documenta visualmente una de las expresiones más potentes del sincretismo andino: el carnaval. Una festividad, caracterizada por su intensa carga simbólica y estética, constituye un espacio ritual donde convergen lo divino y lo terrenal, lo ceremonial y lo festivo. A través de una mirada atenta y respetuosa, el autor explora cómo las comunidades andinas han resignificado sus tradiciones ancestrales en diálogo con las transformaciones del presente. Lejos de una representación folclorizante, la obra enfatiza la profundidad del vínculo entre las personas y sus territorios, haciendo visible la ritualidad que subyace a la celebración, donde el cuerpo se convierte en vehículo expresivo y el color en manifestación del espíritu colectivo. Esta es una de las tantas incursiones fotográficas que le han dado visibilidad y reconocimiento fuera de nuestro país. Es el resultado de un largo camino que comenzó en Arica desde niño y que continuó en la universidad. Hoy, es un ciudadano del mundo que va y vuelve a su querida Arica, la ciudad que le permitió captar sus primeras imágenes con la Canon de su abuelo.
SU INCURSIÓN EN “LOS CUERPOS PINTADOS” Llegó el año 2000 y Latinoamérica se desnudó con intervenciones perfomáticas que lograron el interés noticioso de Sudamérica. Christian Jamett, silenciosamente, antes de la llegada de Spencer Tunik, realizó varias performances en Chile. Una de las locaciones importantes fue el desierto junto a la obra del escultor Juan Díaz Fleming quien lo autorizó para fotografiar sus cuerpos pintados al lado de una de sus obras en Arica. Cada persona que participó se convirtió en protagonista de un momento único. Sus instalaciones se prolongaron hasta el 2010, todas enmarcadas en un contexto de lo sacro y lo divino, con una fuerte conexión con los pueblos originarios
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EL LIBRO QUE INAUGURA LA “NOVELA GRIS” “MATAR AL PRESIDENTE”, DE ANTONIO ROJAS POR CLAUDIA READI SILVA Escritora
muy severo entrega al relato una pausa que permite profundizar y empatizar con todo lo que nos cuenta de su historia personal. Al mismo tiempo, el autor le entrega a José una función inusual, dándole un toque refrescante. Me refiero a que usa en sentido inverso lo que sucede, generalmente, en las novelas negras: que es demostrarnos que los “buenos” no lo son tanto. En cambio, acá el relato nos habla más bien de la redención de José. Porque es él mismo el que se cuestiona sus limitaciones emocionales frente a relaciones personales y de algún modo desea evolucionar y alcanzar en ese aspecto a su amigo detective. Esto y otra evolución de la trama (que no les puedo contar), es un atípico toque esperanzador, transformando su novela negra en una gris claro. Categoría que no existe, pero que Antonio inventa con pericia y deja al lector con un buen sabor de boca. Los lectores asiduos al género no estamos acostumbrado a eso, al contrario, quedamos confirmando que hay personas que hacen de la vida algo peligroso y hostil, dado que algunos no son tan buenos como aparentan. En el fondo, José concentra algunas de las habilidades de Antonio. Vemos que José es quien define el ritmo de la novela; es el que conecta al lector con todo lo que sucede en el libro; es el que logra la empatía que toda buena obra debe generar; y, por lo tanto, es quien logra que la novela se quede en nosotros después de terminar su lectura.
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a trayectoria de Antonio Rojas Gómez habla por sí sola: de su calidad literaria, de sus conocimientos y del manejo del arte de escribir que se plasman en esta obra. Matar al presidente, como buena novela negra, es muy humana, pero de una manera especial que no aparece comúnmente en las publicaciones actuales que tienden al vértigo, dado que reflejan nuestro estilo de vida “moderno”, en el que todo es para ayer y nos quitan la calma para vivir mejor. Así es que también le agradezco al autor por esta pausa tan saludable, que me sacó por unas horas del estrés de la vida. Y qué mejor que con una intriga, con una conspiración que nos mantiene entretenidos. Antes de profundizar, creo necesario contarles grosso modo de qué trata esta novela que une dos historias. Por un lado, tenemos al comisario Mandiola y a su amigo de años, el periodista José Ortega. Y por el otro, una conspiración para impedir que el sucesor de Piñera sea alguien de izquierda, representada en Gabriel Boric. No les contaré más, porque es difícil controlar mi pasión por los misterios y saltan alertas de spoiler. Así es que vayamos al meollo. Desde mi mirada, en esta obra destaca el personaje José. Concentró en él diversas herramientas literarias al servicio de la novela. Por ejemplo, es quien por sobrevivir a un Covid
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MATAR AL PRESIDENTE ANTONIO ROJAS GÓMEZ EDITORIAL FORJA 142 PP., 2024
No es una novela negra mercantil, de consumo rápido. De hecho, sin darme cuenta, me encontré varias veces cesando su lectura, reflexionando lo que nos va contando. Mi norma al leer novelas negras es estar leyendo ansiosa, y como leo muchísimo, resulta que al final no recuerdo todo o mi mente confunde tramas. Esta, les puedo asegurar que destaca. Pepe da equilibrio frente al ímpetu que debe tener su amigo PDI y me encantó ese juego de ritmos. Son precisos para disfrutar la lectura y, al mismo tiempo, no perder el interés por el desenlace. En el aspecto criminal y las propias reflexiones de José nos son familiares. Está lleno de nuestra propia historia, en el menor de los casos de manera simbólica o metafórica. Por ejemplo, José me contagió de manera física la nostalgia de nuestra sociedad análoga. No sabíamos lo valioso que teníamos al carecer de tanta tecnología. Tecnología facilista, al punto de que lo digital nos está idiotizando. Ya no es necesario pensar mucho.
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Y bueno, con todo esto, al final resulta más importante Pepe que el presidente. Ustedes deben de creer que me enamoré de Pepe. Y no, al contrario, lo detesté. Antonio, con muy buen oficio, provoca una dicotomía en el lector. Uno no sabe si quererlo o juzgarlo por sus actos y pensamientos retrógrados. Y es que la redención que busca consigo mismo no compensa que represente a esos hombres que por su propia incapacidad termina despreciando lo que no es capaz de conectar. Así, para él las mujeres somos una cosa, una posesión que adorna solo si son bellas y jóvenes. Y útil en lo doméstico y sexual. Todavía quedan hombres así, incluso adolescentes, pero que lo disfrazan valorando el aporte económico que podemos hacer al hogar. Y sería solo eso nuestro gran aporte a la humanidad. Se valora mucho que ponga el tema sobre la mesa, porque no está del todo superado. De todos modos, esa línea de pensamiento de José nos lleva a otra dualidad, esta vez en el propio personaje, porque en la novela lee dos obras. Y las dos son de grandes mujeres chilenas: Isabel Allende y Julia Guzmán Watine. Por cierto, todo lo que les he dicho lo logra en pocas páginas. Y no es magia. Es fruto de un trabajo más exigente. Otra habilidad que agradezco porque también soy del mismo equipo: de menos, es más. Incluso, en la figura del gringo Samuels “de la Cía”, vi representado al grupo que de verdad tiene el poder de imponer las reglas en nuestras sociedades. Y este personaje con suerte aparece en una hoja. En resumen, Rojas tiene la capacidad de usar un estilo sugestivo con maestría. Nos invita a masticar, a una lectura que no tiene nada de pasiva, con personajes que nos provocan risa, nostalgia, desprecio y cariño, casi en simultáneo. El autor nos sumerge en una novela negra emotiva, siendo una suerte de inauguración del género gris. Además, Matar al presidente termina siendo más que una novela negra, es un aporte a nuestro patrimonio inmaterial más importante: la memoria. Y la crítica social se ve en décadas con la genealogía de Pepe. Muy ingenioso al usar ese recurso. De ahí que dice tanto en pocas palabras. Porque nos deja servida la bandeja para pensar. En conclusión, Rojas, con una prosa sobria y contenida, genera que cada emoción se sienta más intensa, inversamente proporcional a la extensión de su descripción.
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CIVILIZACIÓN CONTRA LA BARBARIE “EL COLGAJO” DE PHILIPPE LANÇON POR LYOVIN
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s probable que la lectura de El Colgajo de Philippe Lançon frustre nuestra expectativa de sumergirnos en una crónica sobre el atentado a las oficinas parisinas de la revista satírica Charlie Hebdo, perpetrado en enero de 2015; y como fue escrita por uno de sus pocos supervivientes, quedemos perplejos porque su autor no nos confirme lo que hemos creído saber acerca de los límites entre el bien y el mal. Es un libro autobiográfico en el que el narrador cuenta con enorme detalle la masacre. Su relato no es sentimentalista ni autocompasivo, aunque el autor tiene razones de sobra para ponerse en el lugar de víctima. Con un lenguaje elegante, abundante en sustantivos, construye una distancia emocional que es útil para que el lector, junto con asistir a la experiencia del horror, pueda pensarla. No nos ahorra nada de la escena del tiroteo, lo reporta con una profesional objetividad: en el pasado Lançon ha trabajado como periodista de guerra en los márgenes de Occidente y por eso adopta una perspectiva integral sobre las complejas multi causas de los conflictos armados, especialmente los que pugnan por una superioridad cultural. Se diría que aprendió una actitud básica de respeto y prudencia cuando llega la hora
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deviene en un delicado relato sobre la recuperación y el paso desde el infierno al purgatorio. Al igual que ocurre con Hans Castorp en La Montaña Mágica, se deforma el tiempo y se llena de personajes que lo conducen por las catacumbas del dolor. Personajes vivos: integrantes de los equipos de salud, policías que lo protegen, colegas de Charlie Hebdo y Libération, familiares y amigos y, muy especialmente; personajes de la ficción sacados de la Montaña Mágica, de las Cartas a Milena, de En Busca del Tiempo Perdido. El arte puede salvar, se transforma en un amuleto que provoca diálogos silenciosos con Thomas Mann, Kafka y Proust. Ellos, pero también Bach brindan una pequeña gota de optimismo antes de cada nuevo ingreso al quirófano, estancia en la sala de reanimación, entre vendas babeadas, cables, sondas y aparatos sacados de la ciencia ficción, con un fondo de escaras y escozores ardientes, y dolores intraducibles que demarcan la diferencia entre sentirse vivo y estar del otro lado, en un tiempo interrumpido. Philipp Lançon se adueña de su vuelta a la vida, respiro a respiro, asume con disciplina estoica las órdenes de sus cirujanos, y se entrega a los equipos de enfermeras, fisioterapeutas, psicólogos, y a la compañía de otros pacientes, que a su vez muestran su propia grandeza; todos ellos le revelan que más allá de la transformación física y mental, más allá de la metamorfosis de su colgajo en un rostro, hay una posibilidad de expiar sin revanchismos simplones la violencia de la que a ratos nos sentimos cómplices.
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de juzgar las dinámicas sociales e históricas. Y eso incluye la acción de los hermanos Kouachi, autores del atentado que le quitó la vida a sus colegas y amigos. Es como si supiera convivir con la irracionalidad. No obstante, esta comprensión activa no es una forma de relativismo moral. Cuando nos transporta a la oficina y vemos con él los cuerpos inertes o mutilados, la sangre por todas partes, y el silencio que dejan detrás de sí las botas negras que él ve desde el suelo, sentimos su miedo, nos quedamos para siempre con su miedo. Mientras yace junto a los demás, ocurre el lento desprendimiento de con-ciencia, como lo llama él, que desemboca en la lenta y terrible constatación, a través de la mirada de los demás y de un súbito reflejo en una pantalla, de que las balas le han volado el maxilar inferior y lo han desfigurado para siempre. Solo cinco minutos antes de que los asesinos entraran disparando, los dibujantes, escritores y el personal administrativo concluían una de sus reuniones, al máximo creativas y siempre con la idea fundante de mantener vivo el faro de la libertad de expresión en Francia, en Europa. Debatían sobre el próximo número, que habría de contar con un artículo y una portada dedicada a Sumisión de Michel Houellebecq, la novela que había sido publicada esa misma semana, pero no se ponían de acuerdo en qué postura tomar. A pesar de todo, no es un libro sobre el atentado. Ese es solo un gatillo: el sobreviviente ingresa a Urgencias del hospital La Salpêtrière y la narración
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CHILE, PAÍS DE
“LOS JAIVAS” POR PABLO CABAÑA VARGAS Abogado
de la gran guerra), y dar vida a ese sonido único que reconocemos como la música de Los Jaivas. En sus primeros discos, era posible advertir el aire del hipismo de finales de los sesenta, y su llamado al encuentro entre los seres humanos y a la fraternidad universal, más allá de sus inevitables diferencias, como queda de manifiesto en la canción “Todos juntos” y en la banda sonora de la película “Palomita Blanca” de Raúl Ruiz, ideales que los integrantes de la agrupación concretaron desde lo especulativo a lo operativo, durante sus años de vida en comunidad en Argentina y Francia, producto del autoexilio por el que optaron. En un período que va desde 1977 a 1984, con la edición de “Canción del sur”, “Alturas de Macchu Picchu” y las “Obras de Violeta Parra”, la banda transitó por un estado de gracia creativo y aportó discos fundamentales para el rock latinoamericano, fusionando quenas, zampoñas y trutrucas, con el minimoog de Eduardo Parra, el piano de cola de Claudio Parra, y la guitarra y la batería del “Gato” Alquinta y Gabriel Parra, respectivamente, y la calidad interpretativa de éstos últimos más la de Mario Mutis. En especial, “Alturas de Macchu Picchu” logró llevar la belleza de dos expresiones artísticas a límites inéditos, musicalizando los versos inmortales de nuestro poeta mayor, para entregarnos una visión épica, sacrificial y sublime de lo que significa haber nacido en este lado del mundo, con sus tragedias, sincretismos y densidad cultural.
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a historia de los procesos sociales y las grandes ideas, es la sucesión de pequeñas coincidencias o hechos. Y el relato que sigue así lo demuestra. Primer suceso: en los patios del “Liceo Guillermo Rivera” de Viña del Mar, dos niños se pelean a golpes y se revuelcan por el suelo. Sus nombres: Mario Mutis y Gabriel Parra. De esa anécdota, surgió una amistad que dio origen a la creación de una banda musical llamada originalmente “High Bass”, que animaba cumpleaños y kermeses escolares, interpretando covers y boleros. Dicha historia, tuvo un vuelco esencial debido a otro suceso. Uno de sus integrantes, Eduardo Alquinta, decide emprender a finales de los sesenta un viaje por Latinoamérica, trayecto iniciático que lo llevó a conocer las costumbres, idiomas y formas de expresión de los indígenas de los países que visitó. A su regreso, tuvo una idea que cambió la historia de la cultura americana: fusionar la fuerza telúrica de nuestros ancestros con la tradición del rock (que no es otra cosa que el lamento negro del blues, asimilado genialmente por británicos jóvenes empobrecidos y enrabiados luego
LA PODEROSA MUERTE Con el devenir de la poderosa muerte, la banda tuvo que dar muestras de resiliencia para continuar pese a perder a Gabriel Parra, referente mundial en la batería, y una verdadera fuerza de la naturaleza por su energía y empuje, y que murió como vivió: con intensidad y yendo hacia alguna parte, el 15 de abril de 1986. Luego, a Eduardo “Gato” Alquinta, compositor,
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líder musical y guitarrista de excelencia, fallecido el 15 de enero de 2003, en la plenitud de su creatividad. Y, por si fuera poco, también un día 15, pero de marzo de 2004, Eloy Alquinta, hijo del “Gato”, murió cuando integraba la banda buscando mantener vigente el legado de su padre a un año de su partida. En esa labor de sobrevivencia, fueron claves las figuras de Mario Mutis, Claudio y Eduardo Parra, embajadores tutelares de la tradición, y de Juanita, que se hizo cargo de la batería luego de algunas dudas y titubeos, sobre si asumirse o no como la continuadora natural del legado natural de su padre, hecho que ocurrió finalmente cinco años después de su muerte. Como demuestra la evidencia, vivir de lo que nos apasiona y persistir hasta donde se pueda en el intento, es una garantía de una vida larga, fructífera y trascendente, lo que se percibe en artistas como Paul McCartney o los Rolling Stones, o en el último baile que nos ofreció Ozzy Osbourne en Birmingham, una semana antes de morir. En ese sentido, “Los Jaivas” permanentemente buscaron concretar proyectos ambiciosos, complejos y colaborativos, como fue la musicalización de las obras de Violeta Parra, de los versos inmortales de Neruda en un hecho cultural único y esencial como fue la creación de “Alturas de Macchu Picchu” (lugar que, vaya genialidad, solo conocían por fotos), el homenaje poético a Gabriela Mistral en “Mamalluca” y dos empresas que quedaron truncas: darle vida a “Altazor” de Vicente Huidobro y llevar a cabo una ópera basada en la cultura mapuche. De esa forma, pudieron sortear la desgracia y
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honrar a los que quedaron en el camino, persistiendo en la tarea, integrando experiencias y revitalizando su legado con la misma intensidad con que vislumbran sus proyectos futuros.
60 AÑOS La noche del 7 de diciembre recién pasado, “Los Jaivas” celebraron sus 60 años de música en el estadio nacional, en una noche llena de nostalgia, recuerdos y de profundo respeto por su trayectoria y la vigencia de sus canciones, y en que la inteligencia artificial permitió, aunque fuera por algunos segundos, volver a sentir la presencia de Gabriel Parra y Eduardo Alquinta, pero sin que flotara en al aire una atmósfera de despedida o de labor cumplida, sino que, por el contrario, solo la certeza de que la celebración de dicho hito -los 60 años-, constituye un impulso para continuar creando y agradeciendo al público el cariño recibido. Así, escuchar su música y empaparse de su biografía, permite acercarse, de manera tentativa, a conocer el misterio por el cual “Los Jaivas” se asentaron en el corazón y biografía de los chilenos, permeando cada infancia con los tambores iniciales de “Todos juntos” y el arrullo sicodélico de “Mira niñita”, melodías que parecen venir incorporadas con cada habitante del país y formar parte de su educación sentimental básica. O quizás sea mejor no saberlo, y aceptar que su música debía llegar a nuestras vidas e integrar el ser íntimo de la nación, debido a la conexión transgeneracional que transmite su arte, en el que convergen la energía de nuestros atávicos orígenes con los más altos ideales humanistas que hemos construido.
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EL PIANO,
SEÑOR DE LOS INSTRUMENTOS (2ª PARTE)
POR EDGARD “GALO” UGARTE Licenciado en Teoría de la Música Universidad de Chile, cantautor, compositor y guitarrista
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EL CLASICISMO Y EL NUEVO DIÁLOGO
l tránsito del clavecín y el clavicordio al fortepiano no significó meramente una mejora mecánica; fue la materialización sonora de un cambio estético que definió el período Clásico (1750-1820). Si el Barroco había anclado su expresividad en la compleja urdimbre polifónica y en las dinámicas de cambios abruptos, el Clasicismo abrazó la simplicidad formal, la melodía acompañada y la subjetividad dinámica. El fortepiano, cuyo mecanismo permitía, por primera vez, que el teclado respondiera con matices a la fuerza del toque -el piano e forte-, se elevó como el instrumento ideal para esta nueva sensibilidad. Grandes maestros como Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) y Joseph Haydn (1732-1809) abandonaron paulatinamente los antiguos teclados para adoptar los instrumentos perfeccionados por la escuela vienesa de Stein y Walter. Mozart en particular, fascinado por la claridad, ligereza y la ágil articulación que ofrecían estos fortepianos de martillos cubiertos de cuero, compuso una vasta obra para el teclado, incluyendo 27 Conciertos para piano y orquesta que sitúan al instrumento como un solista dialogante. Ya no se trataba del discreto acompañamiento del bajo continuo, sino de un personaje musical con voz propia, capaz de contrastar la ligereza con la solemnidad. Joseph Haydn, una figura fundamental en la consolidación del estilo clásico y padre de la sinfonía y el cuarteto de cuerda, compuso más de 50 Sonatas para teclado (en un principio para clavi-
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cordio y clavecín, adaptadas y finalmente escritas directamente para el fortepiano). Haydn exploró la capacidad del nuevo instrumento para introducir el ingenio y la sorpresa en la música. Sus sonatas son un ejemplo magistral de cómo el fortepiano permitía el contraste dinámico repentino, la articulación precisa y los cambios de carácter rápidos, elementos esenciales de su famoso sentido del humor musical. El Sforzando súbito o el piano inesperado, que en el clavecín eran imposibles de lograr, en el fortepiano se convertían en vehículos para la chispa y la vivacidad. El fortepiano vienés, con su timbre claro y su rápido decay (extinción del sonido), era idóneo para la articulación ágil y los contrastes dinámicos sutiles y dramáticos que exigía el estilo Clásico. Al tiempo que el instrumento adquiría preponderancia como solista, el concepto de la sonata (obra estructurada en varios movimientos) se cimentó definitivamente en torno a él. El piano se transformó así en un personaje central en la narrativa musical.
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BEETHOVEN: EL ÍMPETU HACIA UN NUEVO LENGUAJE La evolución del piano y su potencial expresivo alcanzaron un punto de inflexión decisivo con Ludwig van Beethoven (1770-1827). Beethoven no fue solo un compositor que escribió para el teclado: fue un visionario que exigió más al instrumento de lo que este era capaz de dar en su momento. Él tradujo en su música la lucha, el pathos y la profundidad emocional que se convertirían en la base del Romanticismo. Las 32 Sonatas para piano de Beethoven son la crónica de esta transformación. En ellas, se observa el abandono gradual de la delicadeza del fortepiano vienés en favor de instrumentos más robustos, como los de la escuela inglesa (Broadwood), que ofrecían un sostenuto más largo, un sonido más potente y un mecanismo más pesado. El compositor necesitaba un vehículo capaz de expresar contrastes extremos, desde los murmullos más íntimos hasta los fortíssimos de densidad orquestal. Su Sonata No. 29 en Si bemol mayor, Op.
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106 (Hammerklavier), con sus vastas dimensiones y exigencias técnicas, es una prueba palpable de cómo Beethoven obligó al instrumento a crecer, a volverse épico y trascendental. Su genio consistió en ver el piano como una orquesta en miniatura, explotando el pedal de resonancia para unificar el sonido y crear bloques armónicos masivos, y empujando los límites del registro. Al hacerlo, sentó las bases no solo del repertorio, sino también de la construcción del piano para el siglo que venía, forzando a los fabricantes a buscar una mayor resistencia y volumen.
EL CORAZÓN DEL ROMANTICISMO: VIRTUOSISMO Y LÍRICA El piano se estableció como el epicentro de la expresión musical en el Romanticismo (1820-1910). Este período abrazó la subjetividad, la emoción desbordada y el culto al individualismo, encontrando en el piano el único instrumento capaz de encarnar fielmente estas pasiones. Su versatilidad le permitió dominar tanto el ámbito público del concierto como la esfera íntima del salón burgués. En la privacidad de los salones, el piano era el compañero de la introspección. Compositores como Frédéric Chopin (1810-1849) se dedicaron casi exclusivamente a él, redefiniendo géneros breves como el Nocturno y el Preludio. Chopin desarrolló una técnica del teclado orientada a hacer que el instrumento cantara con una fluidez y un legato propios de la voz operística. Él hizo del uso del pedal de resonancia una herramienta esencial, creando ese característico velo armónico que envuelve sus melodías y que permite el rubato (la sutil variación rítmica) con una expresividad inigualable. El piano, en sus manos, dejó de ser un instrumento de percusión para transformarse en un instrumento de canto, resonando con la melancolía y la elegancia del alma. En el escenario público, el piano fue el vehículo para el virtuosismo deslumbrante. Franz Liszt (18111886) es el epítome de esta era, transformando los recitales en espectáculos teatrales de masas. Un verdadero «rock star» de la época. Inspirado por la destreza del violinista Paganini, Liszt adaptó y superó ese nivel de dificultad, escribiendo obras de exigencia extrema, como sus Estudios de ejecución trascendental y sus Rapsodias húngaras. Su música demandaba no solo agilidad, sino una fuerza física y una resistencia instrumental que solo podían ser satisfechas por los pianos más avanzados. El virtuosismo lisztiano, con sus arpegios vertiginosos, saltos inmensos y acordes en octavas, actuó como el catalizador final que forzó a los constructores a crear el piano moderno, capaz
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de soportar la tensión necesaria para un volumen y una potencia que compitieran con una orquesta.
LAS INNOVACIONES QUE CREARON EL PIANO MODERNO Para finales del siglo XIX, la necesidad de un instrumento que pudiera proyectar el sonido en las grandes salas de conciertos y resistir la fuerza de los virtuosos románticos impulsó una serie de innovaciones definitivas, llevando al instrumento a su forma actual. La limitación fundamental del fortepiano era su marco de madera, incapaz de soportar la tensión requerida para un sonido potente. La solución llegó con la introducción del marco de hierro fundido, una innovación capital que permitió aumentar la tensión de las cuerdas hasta alcanzar las 20 toneladas en los modernos pianos de cola. Fabricantes estadounidenses como Steinway & Sons (fundada en 1853) estandarizaron este uso, resolviendo el problema de la resistencia y permitiendo la instalación de cuerdas más largas y gruesas -la escala tensorial- lo que resultó en un aumento drástico del volumen y, fundamentalmente, del sostenuto del sonido. Dos avances mecánicos y acústicos sellaron la modernidad del piano: El Mecanismo de Doble Escape, patentado por el francés Sébastien Érard en 1821, el cual revolucionó la ejecución. Permitió al intérprete repetir la misma nota con una rapidez y ligereza extraordinarias, esencial para el virtuosismo romántico, ya que el martillo podía volver a golpear la cuerda sin necesidad de que la tecla regresara completamente a su posición de reposo; y El Cruce de Cuerdas (Overstringing), también impulsado por Steinway, con una disposición que consiste en cruzar las cuerdas graves sobre las cuerdas medias
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y agudas. Este diseño no solo optimizó el espacio dentro de la caja de resonancia, sino que permitió cuerdas de bajo más largas, mejorando notablemente la riqueza armónica y la uniformidad del timbre en todo el registro.
EL PIANO EN LOS NUEVOS RUMBOS: DEL COLOR A LA PERCUSIÓN Con su construcción ya definida por los estándares de Steinway y Bösendorfer, el piano entró en el siglo XX como un instrumento consumado, listo para ser adaptado a las nuevas estéticas musicales, desde la sutileza tonal hasta la rudeza rítmica. Los compositores franceses del Impresionismo como Claude Debussy y también Maurice Ravel, utilizaron el piano no para el virtuosismo atlético del Romanticismo, sino para la creación de atmósferas. Explotaron la capacidad de sostenuto de los pianos modernos y el uso de los tres pedales para crear texturas fluidas, paletas de colores y efectos de “niebla” o “agua” sonora, tratando el instrumento como una fuente de timbres sutiles, difuminados, donde la resonancia es tan importante como la nota tocada. El piano, aquí, es un vehículo para la sinestesia, para la traducción de sensaciones visuales y emocionales en sonido. A medida que la música avanzaba hacia el siglo XX (con el Primitivismo y el Serialismo), algunos compositores buscaron un nuevo rigor rítmico, despojando al piano de su lirismo romántico para explotar su esencia fundamental: ser un instrumento de cuerda percutida. Compositores como Ígor Stravinski utilizaron el piano como una máquina rítmica y un motor armónico. En obras clave, las texturas son secas, angulosas y rítmicamente implacables. El toque es duro, buscando un ataque limpio y sin resonancia emocional, resaltando la naturaleza percusiva del martillo golpeando la cuerda. En este contexto, el piano se convierte en un instrumento de percusión de tono determinado. Esta visión se radicalizó con el concepto del Piano Preparado desarrollado por John Cage en la década de 1940. Cage insertaba objetos (tornillos, gomas, tuercas, trozos de madera) entre las cuerdas del piano. Al ser golpeadas por los martillos, las cuerdas producían sonidos que se asemejaban a un conjunto de gongs, tambores y otros instrumentos de percusión, transformando el piano de un instrumento armónico a una orquesta de percusión completa. Esta reinvención extrema demostró que el piano, con su mecanismo de martillos, llevaba en su ADN la capacidad de ser, ante todo, un instrumento rítmico.
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PROTAGONISTA DEL JAZZ Y DE LA MÚSICA POPULAR A partir del Ragtime y el Stride de principios del siglo XX, el piano se cimentó como el eje armónico y rítmico del Jazz. Pianistas de la talla de Duke Ellington, Fats Waller, y posteriormente Thelonious Monk y Bill Evans, demostraron que el piano era capaz de funcionar simultáneamente como una sección rítmica (a través de la mano izquierda, que marca el swing), una sección armónica (a través de los acordes densos) y un solista melódico (a través de la improvisación de la mano derecha). Su capacidad para tocar acordes complejos y sostener el pulso rítmico lo hizo indispensable, trascendiendo el ámbito clásico para dominar la música popular, rock, y contemporánea. Su estatus como herramienta de composición sigue siendo inigualable, siendo el primer punto de contacto para la mayoría de los compositores y cantautores. El piano, que nació de la humilde ambición de un clavicembalista florentino por lograr el sonido «piano e forte», ha cimentado un legado de expresividad y versatilidad inigualable. Es, con justicia, «El señor de los instrumentos», un testigo de la historia que se ha adaptado a cada época, resonando con la intimidad del hogar y la majestuosidad de la sala de conciertos.
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COLUMNA DE OPINIÓN
EL FRANKENSTEIN QUE NOS MIRA DESDE EL ESPEJO POR MARIO VARAS ROJAS Docente
En la penumbra de un mundo que parece siempre al borde de reinventarse —o de desmoronarse—,
En esta tensión entre creador y criatura se esconde la metáfora perfecta de nuestra relación con las tecnologías, las instituciones y los seres humanos que moldeamos —o destruimos— día a día. En el siglo XXI, hemos devenido una sociedad obsesionada con crear. Fabricamos inteligencias artificiales capaces de aprender solas, algoritmos que deciden a quién amar, a quién contratar, a quién vigilar. Parimos identidades digitales a ritmos febriles. Resucitamos imágenes, ideas y cuerpos mediante máquinas que prometen una memoria infinita. Y, sin embargo, como Víctor Frankenstein, rara vez asumimos responsabilidad por aquello que traemos al mundo. Creamos, pero no cuidamos. Innovamos, pero no miramos el costo emocional, ético o humano de nuestras creaciones. Y cuando algo sale mal — cuando la criatura levanta la cabeza y nos devuelve la mirada—, preferimos huir, negar o destruir. La criatura de Del Toro es vulnerable, inocente, frágil en su brutalidad. No pide existir; simplemente existe. Así también los miles de seres anónimos que nacen en un sistema que no está hecho para ellos: migrantes que cruzan fronteras que no los reconocen, trabajadores que dan su vida a máquinas que los reemplazan, jóvenes que construyen identidades en redes sociales que luego los condenan por no encajar de manera “correcta”. Todos ellos son criaturas modernas: creadas por circunstancias ajenas a su voluntad y abandonadas por creadores que no admiten deberes. En un mundo hiperconectado, la soledad ha adquirido una nueva forma. Víctor Frankenstein abandona a su criatura en el instante mismo de su nacimiento; la humanidad del siglo XXI abandona a los suyos lentamente, con promesas vacías, con la indiferencia silenciosa del scroll. Y, como en la
la historia de Frankenstein vuelve a tomar forma, no como un eco distante de la literatura gótica, ni como un simple capricho estético del director Guillermo del Toro, sino como un reflejo inquietante de nuestras propias sombras. La criatura, ensamblada de restos y voluntades ajenas, revive una y otra vez porque nunca ha dejado de existir; tan solo ha cambiado de rostro y de época. Y en el siglo XXI, ese rostro es el nuestro. La película de Del Toro, con su sensibilidad por los marginados y los monstruos hermosos, ofrece una versión que subraya algo esencial: Frankenstein no es solo la historia de un hombre que desafía a la muerte, sino la de un ser que despierta en un mundo que no lo quiere, que no está preparado para comprenderlo y que, sin embargo, lo juzga antes de que pueda pronunciar su primera palabra.
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película, la criatura del presente aprende a ocultarse, a mimetizarse, a sobrevivir, aunque esa supervivencia implique convertirse en aquello que los demás temen. Así nace el monstruo: no por maldad, sino por rechazo. La criatura de Del Toro, como la original de Mary Shelley, busca comprensión, compañía, un lugar donde el mundo no lo observe con horror. ¿No es eso también lo que buscamos hoy? Entre pantallas que nos devoran la mirada y discursos que fragmentan la realidad, la humanidad sigue anhelando el mismo fuego tenue que calentó al monstruo en la cabaña donde aprendió a leer el corazón humano. A pesar de nuestra tecnología, seguimos sin comprendernos del todo; seguimos tropezando con los mismos temores, los mismos prejuicios, la misma violencia que convierte a lo diferente en peligroso. Del Toro, con su sensibilidad característica, plantea en su Frankenstein que lo monstruoso no está en la criatura sino en el modo en que la humanidad decide verla. Nos recuerda que la monstruosidad es una construcción colectiva, alimentada por miedos heredados y errores no corregidos. En el siglo XXI, seguimos fabricando monstruos mediante etiquetas, algoritmos, titulares rápidos, juicios apresurados.
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Convertimos en amenaza a quien no entendemos y en desecho a quien no encaja en los moldes de eficiencia o belleza que la era digital ha impuesto. Quizás, al final, el mensaje más urgente que la película de Del Toro devuelve a nuestra época es el siguiente: no podemos seguir huyendo de nuestras criaturas, porque ellas nos definen. Lo que creamos es un espejo, y cada monstruo que surge es una parte de nosotros que no supo escuchar. En un siglo que avanza a una velocidad casi antinatural, recordar esta simple verdad podría salvarnos de convertirnos en los verdaderos villanos de nuestra propia historia. La criatura camina entre nosotros. No lleva cicatrices ni costuras visibles, pero nace de nuestros actos, de nuestras omisiones, de nuestros silencios. Tal vez el verdadero desafío del siglo XXI no sea crear algo nuevo, sino aprender a amar lo que ya hemos creado. Solo entonces, quizá, dejaremos de temerle al monstruo que nos devuelve la mirada. Y quizás, por primera vez, podremos reconocer en él —y en nosotros mismos— aquello que siempre estuvo allí: una humanidad imperfecta, rota, pero aún con la esperanza de la redención.
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CINE
CINE CHILENO
Y SU PASO POR LA CARTELERA POR ANA CATALINA CASTILLO IBARRA Académica, magíster en Literatura, diplomada en Historia y Estética del Cine
Quien escribe este artículo piensa que hay poco conocimiento del esfuerzo que implica producir una película en nuestro país y lo que es peor: hay muchos compatriotas que juzgan obras sin siquiera haberlas visto. Lo que resulta innegable es que 2025 fue un gran año para el cine chileno, sobre todo considerando que no es fácil llegar hasta las salas comerciales ni menos mantenerse en cartelera si la cinta no lleva suficiente público el primer fin de semana inmediatamente después de su estreno. Este año hubo varios estrenos nacionales en sala –no en plataforma– de gran calidad, y resulta interesante revisar la variedad de temáticas y estilos. Entre otros, hubo dramas con alcances sociales, como Patio de chacales (Diego Figueroa, 2024), Oro amargo (Juan Francisco Olea, 2024), Todos somos justos (Carlos Leiva, 2024). Destaca también una íntima y sensible película, Cuando las nubes esconden la sombra (José Luis Torres Leiva, 2024). Los People in the Dragon (Pablo Greene, 2024), un muy bien logrado falso documental musical, que en tono de comedia desliza una sutil crítica a rasgos chilenos muy reconocibles, fue parte de las novedades más refrescantes. El premiado director Sebastián Lelio figuró en las salas con su primer largometraje musical, La ola (2025), estrenado mundialmente en Cannes. Dado que este no es un género que se haya cultivado en nuestro país, es
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s un hecho conocido que, lamentablemente, el cine chileno no suele atraer mucho público a las salas; sin embargo, cada cierto tiempo se registran fenómenos de audiencia. La pregunta que surge es cuál es el factor que determina ese éxito. Como sea, detrás de cada obra cinematográfica hay un autor que siempre tiene un propósito especial y eso es valorable. Para algunos, será entretener a la audiencia; para otros, visibilizar desde el arte un aspecto de la realidad o poner en pantalla una temática íntima que juzga universal.
PATIO DE CHACALES (2024)
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ORO AMARGO (2024)
TODOS SOMOS JUSTOS (2024)
destacable el esfuerzo de producción en esta obra. También pasó por las salas Los años salvajes (Andrés Nazarala, 2025) una comedia dramática ambientada en un Valparaíso bohemio, que cuenta con destacadas actuaciones y Me rompiste el corazón: el amor de Roberto Parra y la Negra Ester (Boris Quercia, 2025) que visita con nueva mirada esta conocida historia.
de Cine de Valdivia, donde ganó el Premio del Público y el Premio Especial del Jurado. A las salas llegó en abril de este año y al mes, ya había congregado a más de 50.000 espectadores. Y luego está La misteriosa mirada del flamenco (2025), la ópera prima de Diego Céspedes que sorprendió en el último festival de Cannes, donde ganó la sección “Un Certain Regard”. Dado que esta cinta aún está en ruta de festivales, no se ha estrenado oficialmente en las salas, aunque tuvo un fugaz paso por una cadena durante una semana y con gran éxito. Hasta el momento, ha sido premiada también en el Festival de Cine de San Sebastián, en el Festival suizo FILMAR en América Latina y sigue en la lista para competir en los Premios Goya.
UN ÉXITO DE TAQUILLA Y UN RECONOCIMIENTO MUNDIAL En lo que sigue nos centraremos en dos producciones chilenas que han sido aclamadas por el público y por la crítica. Primero revisaremos un fenómeno de taquilla, una película que se mantuvo en salas por meses. Se trata de Denominación de origen (2024), coescrita y dirigida por Tomás Alzamora. La cinta fue estrenada el año pasado en el Festival Internacional
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RAZONES DEL ÉXITO En el caso de la película del director oriundo de San Carlos, Tomás Alzamora, su éxito se debe, a
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CUANDO LAS NUBES ESCONDEN LA SOMBRA (2024)
LOS PEOPLE IN THE DRAGON (2024)
decir de muchos críticos, a su marcada chilenidad. Es una cinta que nos retrata tanto en los aspectos positivos como en los negativos, y el hecho de que haya conectado tanto con el público se debe a una suma de decisiones bien tomadas. La primera, parece ser el secreto de los grandes: hablar de lo que somos y de lo que sabemos. Denominación de origen trata con humor y sensibilidad, entre otros temas, el sentido de pertenencia, el valor de la comunidad y el orgullo de lo propiamente local. Es decir, nos aleja del protagonismo capitalino y nos regala instantáneas de Ñuble y sus habitantes, de sus preocupaciones, sus formas de habitar un Chile que busca unirse, pero que por mezquindades no lo consigue. No obstante, la sensación final es que siempre se pueden buscar nuevos objetivos de noble lucha. Así, a partir de un hecho real, la adjudicación de denominación de origen para la longaniza de Chillán, la película se centra en la batalla librada por un grupo de habitantes de San Carlos para que les devuelvan lo que ellos consideran de justicia. Surge entonces el MSPLSC (Movimiento Social por la Longaniza de San Carlos) encabezado por la dirigente social Luisa Barrientos (Luisa Marabolí); Tío Lelo (Exequías Inostroza), un productor de longanizas; DJ Fuego (Roberto Betancourt), músico ranchero y emprendedor, y el abogado Peñailillo (Alexis Marín). Y aquí está el segundo gran acierto de esta película: su elenco, porque Denominación de origen es una obra coral y cada uno de sus personajes aportan ciertas peculiaridades de nuestra idiosincrasia. Cada uno de ellos resulta entrañable y juntos son el alma de la película.
Los cuatro protagonistas son actores naturales y salvo Luisa Marabolí todos son sancarlinos y lo que representan en pantalla no está lejos de lo que hacen en la realidad. Así, durante la trama, que recurre al formato de falso documental, ellos se embarcan en una cruzada que va dejando en evidencia la burocracia, la incomprensión de los pares y el poco compromiso con el bien común. Si bien el hilo conductor es el propósito del colectivo, en un acierto de montaje se van incorporando una mezcla de lenguajes y recursos que enriquecen la narrativa: entrevistas, fragmentos de reportajes, momentos musicales, animaciones y hasta una cata de longanizas. El humor atraviesa toda la cinta y está combinado con la ternura y cierta ingenuidad de los personajes que están convencidos de que bastan las buenas intenciones para conseguir lo que se han propuesto. Por otro lado, La misteriosa mirada del flamenco es una historia de disidencias. Ambientada en el norte de Chile en 1982, sigue las vivencias de las integrantes de una comunidad queer cuya casa es también una especie de cantina a la que llegan mineros de la zona y donde se montan pequeños espectáculos a cargo de las travestis residentes. En ese espacio ha crecido la huérfana Lidia, una niña de 11 años (Tamara Cortés), al cuidado de todas las mujeres trans que conviven allí, aunque su figura materna es Flamenco (Matías Catalán), la favorita del lugar. El guion de Céspedes es capaz de combinar momentos de extrema crudeza con otros mágicos, porque su afán era ofrecer una mirada de cómo se vivió la epidemia del sida en los 80 y pone en el cen-
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LA OLA (2025)
ME ROMPISTE EL CORAZÓN: EL AMOR DE ROBERTO PARRA Y LA NEGRA ESTER (2025)
DENOMINACIÓN DE ORIGEN (2024)
LA MISTERIOSA MIRADA DEL FLAMENCO (2025)
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tro un pueblo minero que se ha ido contagiando, aunque nunca se menciona la enfermedad, sino que se habla de una mirada que mata. A partir de ese tratamiento metafórico surgen momentos cercanos a lo que entendemos como realismo mágico. La película se caracteriza por la mixtura de géneros: LGTB+ , coming of age y wéstern. Con este último resuenan los paisajes desérticos, la soledad, la pequeñez del humano, la violencia, los personajes que viven al límite y la ambigüedad moral. Su relación con el coming of age o historia de maduración se da por el foco puesto en la protagonista, Lidia, quien quiere entender cuál es la enfermedad que ha estigmatizado a su familia y por la que ha sido castigada su madre. De hecho, la cinta regala tres pasajes inolvidables en que la vemos correr mientras alguien grita su nombre. Esos tres instantes marcan su paulatino despertar a un mundo cruel y violento. La misteriosa mirada del flamenco se destaca por un lenguaje visual exquisito, de planos abiertos brillantemente fotografiados por el colombiano Angello Faccini, quien capta el misterio del desierto en toda su inmensidad y belleza. Así como Denominación de origen ha sido aclamada por retratar de forma original, lúdica y honesta la chilenidad en toda su extensión, La misteriosa mirada del flamenco se ha destacado por la delicadeza en el abordaje de temáticas tan sensibles como la propagación del VIH, la discriminación y la vida en los márgenes. De tal modo, ambas se erigen como sólidos ejemplos del cine que se sabe instrumento facilitador de la reflexión, artefacto cultural y político en el sentido más puro.
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L A Ú LT I M A P A L A B R A
¿SON INÚTILES LOS FILÓSOFOS? POR ROGELIO RODRÍGUEZ MUÑOZ Licenciado en Filosofía y Magister en Educación, Universidad de Chile
¿Necesita de autocrítica la filosofía en nuestra época? Dos razones pueden darse que sustentan una
y no aceptando los tópicos generalizados que vienen impuestos por la tradición, la ideología, los prejuicios o las ocurrencias de moda. En un mundo en que todos quieren respuestas –y respuestas a interrogantes que no se ponen en cuestión– el filósofo pregunta por las preguntas. Para eso sirve: para no huir de las interrogantes, sino demorarse en ellas y analizarlas, problematizando las cuestiones desde las cuales surgen. La filosofía contribuye a entender mejor nuestra realidad. Y, justamente, porque no es una disciplina especializada. Al contrario, la riqueza de la filosofía es poseer “una mirada suficientemente amplia y precisa, ambiciosamente abarcadora, como para determinar la jerarquía de los acontecimientos, el orden de los valores, así como las zonas en sombra, los límites que en cada momento la humanidad ha ido percibiendo, no siempre con acierto, como infranqueables”. Del filósofo se puede decir que es inútil solo si se espera de él que proporcione respuestas a problemas puntuales que preocupen a las personas. Pero su valiosa misión es proporcionar preguntas. “Pero no siempre, claro está, las mismas preguntas (aquellas preguntas eternas, permanentes, inamovibles que tanto gustaban a la metafísica tradicional), sino las preguntas adecuadas a cada momento, las preguntas que nos ayudan a percibir determinados aspectos de la realidad”. Sobre todo en este siglo, en que experimentamos vertiginosas transformaciones en todo orden de cosas, se requiere del filósofo que pregunte y que lo haga cada vez mejor. Necesitamos de la cocina filosófica platos sabrosos y contundentes que alimenten nuestro anhelo de comprensión del tiempo presente.
respuesta afirmativa a esta interrogante. La primera, que parece que la filosofía ha perdido su hegemonía en el terreno del pensar. La segunda, que resuena cada vez más frecuentemente la pregunta: ¿para qué sirven los filósofos? Responder a estas cuestiones exige situarse en el contexto de qué inquieta reflexivamente a los filósofos, es decir, cuál es su ocupación. Y además, ¿cuál es la manera peculiar que tienen de afrontar esa ocupación? El pensador español Manuel Cruz nos ofrece en su libro Menú Degustación. La Ocupación del Filósofo una visita guiada por los asuntos que preocupan al filósofo en la forma de una carta de menú degustación. El propósito es abrir el apetito intelectual del lector, para que se preocupe por el mundo que le ha tocado vivir. Con amable buen humor escribe: “La mejor hipótesis es que el menú, además de satisfacerle, le siente bien. La mala, que le desagrade o que no consiga componerse una idea cabal del tipo de cocina que practica el filósofo”. Frente a esta especie de convencimiento difuso pero extendido de que hoy ya no tenemos una Gran Filosofía, nuestro autor sale al paso blandiendo diversos argumentos. Por una parte, este lamento por “los buenos tiempos perdidos” en materia de pensamiento no es exclusivo de nuestra época, sino que ha sido frecuente en cada periodo histórico de la cultura occidental. Todo presente genera estupor y se dibuja confuso para quienes lo viven y claman por su sentido. Por otra parte, si bien muchos piensan sobre la realidad no todos piensan bien, es decir, por cuenta propia
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ENFOQUES
¿POR QUÉ LAS ENCUESTAS EN CHILE MUESTRAN IMPORTANTES DESVIACIONES? CUANDO EL PAÍS CAMBIÓ MÁS RÁPIDO QUE SUS HERRAMIENTAS DE INVESTIGACIÓN
Diciembre 2025
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Noviembre 2025
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Agosto 2025 Número 563
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DEMO CRACIA Y NUEVOS
Noviembre 2025 Número 566
* LA CHAUCHA PA’L PESO: UNA HISTORIA DE REVUELTAS POLÍTICAS * LOS VALORES EN LA ERA DE LAS TECNOLOGÍAS DISRUPTIVAS
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LA INNOVADORA Y DESCONOCIDA EDUCADORA
UNIVERSIDAD DE CHILE INAUGURA SU GRAN SALA SINFÓNICA NACIONAL
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* DE NÁPOLES AL MUNDO: EL CINE DE PAOLO SORRENTINO
* CON LICENCIA PARA ENGAÑAR * DE LA MUERTE, EL DUELO Y LOS RITUALES * EL SOLSTICIO DE INVIERNO Y LA YARDA MEGALÍTICA * LAS VIDAS DE PEPE MUJICA * MARCELA PAZ Y PAPELUCHO: LA INVENCIÓN DE LO CHILENO
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LITIO:
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