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Las Logias de San Juan: Resumen de historia general de la masonería

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BENJAMIN OVIEDO

LAS LOGIAS DE SAN JUAN RESUMEN DE

HISTORIA GENERAL DE LA MASONERIA

IMP. Y ENC. V. SILVA BANDERA 761

SANTIAGO

1030


LAS LOGIAS DE SAN JUAN


DEL AUTOR La Logia Lautarina

La Masonería en Chile

Ritos Masónicos Bibliografía Masónica Chilena


BENJAMIN OVIEDO

LAS LOGIAS DE SAN JUAN RESUDEN DE

HISTORIA GENERAL DE LA MASONERÍA

IMP.

ENC. V.

Y

BANDERA 761

SANTIAGO

1930

i

SILVA


PRIMERA PARTE Del origen de la Institución Masónica

Muchas y muy variadas han sido las teorías que se han emitido acerca del origen de la Institución Masónica; y el hecho de que su historia se haya visto obscurecida durante siglos por el velo del mis­ terio y envuelta por el manto de las leyendas, nos habla de las dificultades con que se han estrellado en todos los tiempos los esfuerzos de los historia­ dores, que han intentado penetrar con la luz de la verdad en las tinieblas del pasado. Y sólo hace poco que los eruditos y estudiosos han podido desentrañar con relativo acierto el origen lejano de la Orden. En realidad, este ha sido siempre el punto capital de los estudios y el más difícil y complejo, ya que aún en nuestros días, en nuestra época de crítica histórica exigente, las leyendas más extrañas y pin­ torescas encuentran no solo creyentes de buena fé, sino también ardientes defensores. Gran número de los autores que se han dedica­ do a escudriñar este problema, no se conforman con


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encontrar sus orígenes en la masonería propiamen­ te dicha o sea en la masonería operativa o arte de construir, con la cual tiene claros y no lejanos entroncamientos, sino que anhelando para la Orden un origen remoto y milenario, han torturado su imaginación a fin de relacionar sus símbolos y ritos con los usados por las antiguas asociaciones iniciaticas del Oriente y aprovechando estas analogías como un lazo de unión, han llegado a establecer hipotéticas relaciones de parentezco con instituciones separadas de la nuestra por el infranqueable abismo de los siglos... No entraremos al análisis de estas teorías» que para nosotros carecen de todo valor histórico; y so­ lo nos limitaremos a exponer a grandes rasgos al­ gunas de ellas, a modo de curiosidad» Sin embargo, no dejamos de reconocer la efectiva antigüedad de la idea fundamental de la masonería, esto es, la idea de agruparse para efectuar un esfuerzo moral comúnTpara encontrar en el mutuo ejemplo una es­ cuela dejxrfeccípn y para cultivar la inteligencia por medio de vastos y constantes estudios» Las Teorías Milenarias. Los Esenios

He aquí una de las teorías acerca del origen de la Institución Masónica, en la cual concuerdan va­ rios eruditos de reputación, como Amiable, Roghellíni de Schio, Ragon, Clavel, Lenoir, Teder, etc» Según ellos, la masonería deriva de las asocia­ ciones misteriosas de los pueblos antiguos y viene


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a ser “el resultado de las religiones egipcia, judía y cristiana”. LaTndia y el Egipto—afirman-ha sido el ma­ yor centro de iniciaciones de la antigüedad. (1) Los Faraones eran iniciados antes de ascender al tro­ no; de lo contrario, se les consideraba como usur­ padores y se les desconocía toda autoridad. Los sa­ cerdotes de Isis hacían pasar a los profanos por las pruebas de los cuatro elementos: del aire, del agua, de la tierra y del fuego. Los autores nombrados encuentran curiosas ana­ logías entre la Orden masónica y la secta judía de los Esenios, de la cual, según ellos, salió Jesús. Los esenios, muy numerosos en Egipto, habitaban la Judea y la Palestina. Tenían también un centro considerable en Alejandría. La filosofía de los ese­ nios era muy ecléctica; estaba formada por todas las ideas bellas, honestas, justas y verdaderas, y de todas las principales virtudes de la época. La conti­ nencia y la templanza del profano eran puestas a prueba durante el primer año; sus demás costum­ bres, en los años siguientes. El iniciado llevaba un mandil blanco en el tem­ plo y vestía de blanco igualmente. Los adeptos ha­ cían donación de todos sus bienes al ingresar a la Orden; vivían como hermanos y poseían signos es­ peciales de reconocimiento. El filósofo Philon de Alejandría, que perteneció a esta secta mística, nos (1) “Un solo bien proviene de la Incjia: la Iniciación, es decir, la Verdad, que es la .protectora de los hombres''.-1—Ragón: Ritnel de F Apprenti Ma<;on. París, s. a.


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ha dejado interesantes noticias acerca de las auste­ ras costumbres de los esenios. (1) Esta hipótesis, que hace descender la francma­ sonería contemporánea de los misterios de la India y del Egipto, ha sido hábilmente presentada por Alejandro Lenoir en su obra “La Franc-Ma^onnerie rendu a sa veritable origíne”, París, 1814, y reforzada posteriormente por Schaurer quien en 1861-63 publicó su “Vergleichendes Handbuch der Freimaurerei”. Mas, a pesar de todo su talen­ to, estos defensores de la teoría ocultista no han podido establecer sino lo que ya antes hemos seña­ lado: la existencia, en la antigüedad, de asociacio­ nes misteriosas; la analogía entre ciertos símbolos de la Francmasonería y los símbolos de los miste­ rios antiguos o de los druidas célticos, analogías que se encuentran en monedas y monumentos co­ mo también en leyendas y cantos. Sin embargo, no es difícil demostrar que buena parte de estos sím­ bolos, leyendas y usos de la francmasonería fue­ ron introducidos en el siglo XVIII, bajo la influen­ cia de imaginaciones arcaicas. Por lo demás, a los aficionados a atribuir a la Orden Masónica un origen milenario, se les puede oponer este sencillo principio de la crítica histórica: no basta suponer las filiaciones; es necesario tam­ bién demostrarlas. No basta encontrar en dos épo­ cas y en dos civilizaciones, instituciones semejantes para afirmar que la una proviene de la otra, ya (1) Gastón Coroyer.—Estude Hiatorique sur la Fránc-MaQonnerie. París 1921.


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que ello, nueve veces en diez, consiste en analogías que solamente se deben a que causas semejantes pro­ dujeron semejantes efectos, sin que exista entre unas y otras ningún vínculo directo» Crítica de las teorías milenarias Mas, por muy bien concebidas que nos parezcan estas y otras teorías semejantes, no debemos olvi­ dar que solo se trata de hipótesis, basadas en ana­ logías e interpretaciones de símbolos, bases muy poco consistentes para soportar una crítica concien­ zuda» He aquí como juzga el historiador masónico Findel, en su “Historiografía Francmasónica0 el valor de dichas teorías: (1) “Todas'las tentativas que se han hecho para en­ contrar verdaderos datos históricos, desde la Edad Media hasta la antigüedad más remota, han sido siempre infructuosas» Se debe rechazar como aven­ turada y ridicula la idea de querer encontrar el origen de la asociación en los misterios del Egipto, esa tierra de castas rígidas”. Y agrega estas pala­ bras: “No creemos necesario examinar ahora aquí detalladamente las leyendas de la Orden, las cua­ les hemos de citar más adelante; y entonces tendre­ mos ocasión de probar históricamente la falta de continuidad directa o inmediata de un misterio ma­ sónico a través de las asociaciones secretas de los tiempos antiguos*'» (1) J. G. Findel: Historia General de la Francmasonería.


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Otro historiador masónico, Chr. Krausse,—cita­ do por Fíndel—dice a su vez: “Cuando en un pueblo cualquiera y en una épo­ ca, sea la que quiera, descubrimos una tendencia hacia la vida social, que por la forma y el objeto se asemeja a la sociedad francmasónica, no nos con­ sideramos autorizados para establecer entre ellos más relaciones que las que resultan de la uniformi­ dad de la naturaleza humana y del principio social, a menos que algunos hechos históricos decisivos vengan a probar de una manera incontestable la existencia de relaciones directas44. Y termina su pensamiento con estas elocuentes palabras: “Muchos autores que se han dedicado al estudio de antigüedades y a investigaciones históricas pro­ fundas, se han dejado arrastrar hasta aplicar los conocimientos históricos adquiridos a la demostra­ ción de pretendidas relaciones entre la francmaso­ nería y las antiguas instituciones y no han tenido reparo en consignar como verdades averiguadas sus apreciaciones puramente personales» Estas aventuradas aseveraciones encontraban tanto más eco, cuanto menos conocida era la historia de la Francmasonería; y todos se hallaban dispuestos a admitir un origen antiquísimo para la institución, sin duda porque creen que así se le presta mayor importancia44.

La Leyenda del Arte Otros autores, de acuerdo con investigaciones


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modernas y documentadas, sostienen que la actual Orden Masónica viene, por filiación directa, de los gremios de constructores, o sea de los masones pro­ piamente dichos, cuyas logias, a principios del si­ glo XVIII sirvieron en Inglaterra de base a lo que hoy se conoce con el nombre de Francmasonería, “Muchas de estas hipótesis—dice Robert P. Me, Colloch (1)—tienen su origen en manuscritos ante­ riores al año 1390, que son, a su vez, copias de otros perdidos o destruidos, muchos más antiguos aún. A estos manuscritos se les da el nombre de “La Leyenda del Arte“ y son muy extensos, ha­ biendo sido escritos unos en prosa y otros en verso. De acuerdo con estos manuscritos, la Masonería Operativa habría empezado en esta forma: El Patriarca Lamech, que vivía antes del diluvio, tuvo cuatro hijos, los cuales poseían conocimientos de Geometría y Arquitectura. Anticipándose a la catástrofe, construyeron dos columnas: una de már­ mol (incombustible) y otra de ladrillo (inmune al agua) y en ellas grabaron escrituras que se referían a la ciencia de la construcción, que conocían. Reti­ radas las aguas, se encontró una de las columnas con la inscripción que llegó a formar la base de las reglas de la construcción desde entonces. De esta manera, los conocimientos de la ciencia de la Geo­ metría o Arquitectura fueron conservados y trans­ mitidos de edad en edad y de pueblo a pueblo, por aquellos que los poseían. El ilustre James Anderson, encargado por la (1) Boletín de la Gran Logia de Kansas.


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Gran Logia de Londres de redactar las primeras Constituciones de la Asociación, de acuerdo con los más antiguos manuscritos, puso al frente de su co­ dificación una historia de la Masonería, en la cual aparece la leyenda bíblica del origen de la Fraterni­ dad. La hace remontar a Adán, quien enseñó a sus hijos la Geometría y las artes afines, y la continúa hasta el siglo XVIII. El sabio escritor Olí ver, en su libro “Antiquities of Freemasonry", hace remontar con mucha for­ malidad el origen de la Francmasonería a la crea­ ción del mundo y descubre sus principios en la constitución primitiva del Paraíso. Señala a Moisés como uno de los Grandes Maestros, a Josué como su Diputado y a Aholiab y Bezalcel como principa­ les miembros. Otros célebres escritores masónicos fijan un ori­ gen más moderno a la asociación: algunos la re­ montan a ¡a construcción del Templo de Salomón, como Mitchell; y otros a los Druidas, como Tomás Payne, o a Herculano, como Dause de Villoison, etc. Ramsay emitió, en 1740, una hipótesis que tuvo singular fortuna. Ideó hacer descender la Masonería de la Orden de los Templarios, a causa de la Le­ yenda relativa a la construcción del Templo de Sa­ lomón. Poco a poco esta teoría fue adquiriendo cier­ to carácter oficial y presidió la organización de los altos grados, como lo veremos más adelante, hecho que le dió una singular fuerza. En 1779, una conjetura menos brillante pero más conforme a la realidad histórica, fué emitida por el


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erudito francés Abate Grandidíer, autor de un “En­ sayo Histórico sobre la Catedral de Estrasburgo". Grandidíer sostiene que la Francmasonería no ha­ ce más que reproducir la antigua asociación de ma­ sones profesionales, la cual tuvo su asiento precisa­ mente en Estrasburgo, Esta opinión fué calurosa­ mente defendida por Vogeí en sus “Briefen über die Freímaurerei, 1785“ y por Albrecht en “Mate­ rial en'zu einer Kritíschen Geschichte der Freimaurerei“, Hamburgo, 1792, Más, poco a poco, la Historiografía Masónica fué entrando en el terreno de la crítica científica. Los manuscritos y demás documentos que contienen las leyendas y reglamentos de la Edad Media, fue­ ron sometidos a riguroso examen antes de conce= dárseles nuevo valor documental. El ya nombrado Krausse, Mossdorf, Heldmahn y Schraeder, los comentan con erudición y con só­ lido criterio de historiadores y demuestran la filia­ ción innegable de la Orden con las corporaciones de constructores del siglo XIII, Algunos quisieron remontarse más lejos, hasta los Colegios de artesa­ nos establecidos en la Roma antigua, como Reboíd en su “Histoire General de la Franc Ma^onneríe”, París, 1851, e “Histoire des Trois Grand’Loges de France”, París 1864.

Los Colegios Romanos

Los Colegios de constructores romanos gozaron de una situación privilegiada bajo el Imperio. Te­ nían personalidad civil, su caja propia, archivos, su


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sello particular, sus puntos de reunión, sus escue­ las, etc. Se administraban en forma autónoma, de­ liberaban y decidían por mayoría de votos; acepta­ ban nuevos miembros por común acuerdo; tenían sus patronos y constituían una sociedad de socorros mutuos. Estaban subdivididos en maestros, compa­ ñeros y aprendices, teniendo diversos funcionarios, vigilantes, tesoreros, secretarios, etc. Practicaban un simbolismo, en el cual figuraban los útiles e ins­ trumentos profesionales, los que igualmente repro­ ducían grabándolos en las tumbas (compás, nivel, mazo, etc.) Aunque se daban entre sí el nombre de hermanos, este calificativo no se hizo común sino más tarde. Esparcidos por el vasto Imperio, los miembros de estas robustas corporaciones estaban investidos de especiales privilegios, libres de los impuestos. Se ha comprobado en forma fehaciente su existencia en la Gaíia y en la Bretaña. Por lo tanto, no sería aventurado sostener que las corporaciones de la Edad Media hayan sido la pura y simple continua­ ción de aquellas, con las cuales tenían tantos pun­ tos de semejanza. Sin embargo, esta brillante con­ jetura debe ser abandonada. Está perfectamente es­ tablecido que las corporaciones del Imperio Roma­ no desaparecieron poco después que él; no se en­ cuentra huella alguna de ellas en la época carlovingia, cuando la población urbana estaba reducida a su mínima porción. Por otra parte, la organización de los masones constructores de la Edad Media difería profunda­ mente de aquella de la antigüedad romana. Las cor­


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poraciones romanas eran esencialmente sedenta­ rias; las de la Edad Media, cosmopolitas, con sig­ nos de reconocimiento para los hermanos que se ausentaban. Entre estos artistas errabundos y los del Imperio, la diferencia es profunda; las reglas de los gremios medioevales (Compagnonnage) respon­ den a una nueva organización social y económica. El estudio detallado de las Constituciones y costum­ bres de los masones constructores de la Edad Me­ dia—únicos antecedentes auténticos de la actual Masonería—no permiten relacionarlos directamen­ te con los colegios de constructores de la antigüedad. Los Antiguos Documentos

Los más antiguos documentos y constituciones, son los de los masones de York, fechados el uno en 1370 y el otro en 1409. Después hay que consig­ nar el que Halliwel encontró en el Museo Británi­ co, que data del siglo XV, entre los años 1427 y 1445 (l).Este, en 794 versos encierra la leyenda de los orígenes de la asociación de los masones; sus reglamentos; la leyenda de los Cuatro Coronados (mártires) y una conclusión moral. Hay que mencionar, enseguida, las cartas ale­ manas de los picapedreros de Estrasburgo (1459) y las de Torgau (1462). La primera fué el fruto de un doble congreso o capítulo, celebrado en Ratisbona y Estrasburgo; tiene más carácter moral que profesional y constituye un manual secreto de las obligaciones de los afiliados entre sí y en relación (1) AJgunos autores creen que fué escrito a fines del siglo XIV.


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con los extranjeros. La de Torgau fué el resultado de la deliberación de un congreso de las corporacio­ nes de Alemania del norte. Tenemos, enseguida, por orden cronológico: Una Carta inglesa, de fines del siglo XV, publi­ cada por Cooke en 1861, Londres, en la que se trasmiten noticias más detalladas que en el Manus­ crito de Halliwel; una Carta escocesa del siglo XVI, y varias otras inglesas del siglo XVII, entre ellas una que se refiere a los Guildas de Chester y que indica el precio que era necesario pagar para ser recibido masón (de cinco a veinte chelines) y habla de los signos secretos, solamente conocidos por los adeptos.

Los Canteros Alemanes Los picapedreros alemanes y los obreros de pie­ dra libres ingleses—dice Findel—no estaban tan solo constituidos en gremios de oficios sino tam­ bién en cofradías libres que poseían la doctrina se­ creta del arte. Los usos de los masones alemanes en todas sus relaciones, sobre todo los usos de los canteros alemanes, de los albañiles y de los carpin­ teros, se encuentran reunidos y comentados en la obra de M. F. A. Fallou, titulada “Los Misterios de la Francmasonería". Estos usos—continúa—se refieren a la recepción en la sociedad, al derecho de la logia, a los exáme­ nes y al ejercicio de la hospitalidad. El compañero que al terminar su aprendizaje pedía su ingreso en la cofradía, debía presentar la prueba de la honra-


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dez y legitimidad de su nacimiento» Debía, ade­ más, gozar de buena reputación. Los principales estatutos prescribían como con­ dición expresa de admisión, haber nacido libre, te­ ner una reputación sin tacha y buenas disposicio­ nes físicas y morales. El nuevo miembro recibía desde luego una señal que debía reproducir en todas sus obras: era una marca de honor. El hermano que le había propues­ to se encargaba desde entonces de su dirección es­ pecial. El día señalado, el aspirante se presentaba en el lugar de la reunión del cuerpo del oficio, don­ de el maestro de la logia había hecho preparar con­ venientemente el salón, dedicado a este objeto. En­ traban todos los cofrades (desarmados, porque di­ cho lugar estaba consagrado a la paz y a la concor­ dia) y el maestro abría la sesión. Empezaba por participar a los allí reunidos que habían sido con­ vocados para asistir a la recepción de un candidato y encargaba a uno de los maestros que fuese a pre­ pararlo. Este invitaba entonces al compañero a adoptar el aspecto de un mendigo; se le despojaba de sus armas y de todos los objetos metálicos que llevaba; se le desnudaba en parte, y con los ojos vendados, y el pecho y el pié izquierdo desnudos se le conducía a la puerta del salón, que se abría después de haber llamado con tres golpes fuertes. El segundo presidente lo guiaba hasta el maes­ tro, que le hacía arrodillar mientras se elevaba una plegaria al Altísimo. Terminada esta ceremonia, se hacía dar al can­ didato tres vueltas alrededor del salón y se le colo­ 2


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caba en la puerta, donde se le enseñaba a poner los pies en escuadra y adelantar tres pasos hacía el si­ tio del maestro* Delante de este se encontraba una mesa, en la que estaba colocado el Libro de los Evangelios, abierto, y la escuadra y el compás, so­ bre los cuales, según la antigua costumbre, el can­ didato extendía la mano derecha para jurar fideli­ dad a las leyes de la Cofradía, aceptar todas las obli­ gaciones y guardar el más absoluto secreto sobre lo que sabía y lo que pudiese aprender en lo suce­ sivo. Prestado el juramento, se le descubrían los ojos, se le mostraba la triple gran luz, se le daba un mandil nuevo y la palabra de paso y se le señalaba el sitio que debía ocupar en la sala de la corpora­ ción. El saludo y el toque los recibía en el curso de su admisión entre los compañeros. Como símbolos expresivos encontramos el com­ pás, la escuadra, el nivel y la regla, que dentro de la logia tenían una significación propia. Los Masones Constructores y la Libertad de Conciencia

Las corporaciones de obreros constructores exis­ tían en una época en que se hallaba más florecien­ te la enseñanza ortodoxa de la Iglesia y sus institu­ ciones y en que el papado vivía su edad de oro. Pe­ ro, en que al propio tiempo, se tenía que luchar enérgicamente contra la ola creciente de luces que se exparcian por doquier y contra un número in-


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menso de sectas heréticas, gnósticc-maniqueas, (los cataros, los albigenses, los vaídenses, etc.); en una época en que los adeptos de estas sectas y sus afi­ liados recorrían la Europa entera fundando otras nuevas y convirtiendo a sus creencias no solo a los nobles, a los hombres libres, a los ciudadanos y a los mercaderes, sino también a los abades y a los obispos; en una época en que la razón se preparaba en silencio a sacudir el yugo opresor y a descubrir en medio de las tinieblas generales la luz de la ver­ dad. Ni las excomuniones, ni los entredichos, ni las hogueras, pudieron detener o reprimir la liberación intelectual del género humano. Los canteros alemanes no podían, naturalmente, mantenerse extraños a este movimiento reformador y es indudable que muchos tomaron parte activa en él. Su profesión los ponía en contacto con todas las clases de la sociedad, les dejaba conocer el sis­ tema de la Iglesia y les hacía testigos de la dege­ neración del clero; también por su misma profesión se encontraban colocados a mayor nivel que la ma­ yoría de sus conciudadanos, y sus viajes, en los que recorrían no solo la Europa sino a veces los pueblos más lejanos del Oriente, los familiarizaban con las diferentes opiniones religiosas y con la in­ terpretación más pura del cristianismo (1). En to­ do caso, aprendían la práctica de la tolerancia, de modo que las logias eran un asilo para los libre pensadores y para los perseguidos del fanatismo (1) Findel—Obra cit.


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clerical. Los miembros ce las corporaciones los aco­ gían a todos, a condición de que fuesen buenos, virtuosos y hábiles en el ejercicio de su profesión; y los sustraían a las pesquisas de la sanguinaria in­ quisición, lo que les era tanto más fácil, cuanto que ninguna clase de la sociedad, ningún estado podía prescindir de los servicios de los masones operarios, circunstancia que les hacía menos sospechosos a la Iglesia.

Las Cofradías en Inglaterra

Lo mismo que los canteros alemanes, los maso­ nes ingleses también se constituyeron en cofradías y sus miembros se reconocían entre sí por medio de signos secretos. Los masones ingleses no fueron nunca ni tan libres ni tan independientes como los alemanes; estaban sometidos a la vigilancia de la policía y únicamente se les concedió el derecho de reunirse, de recibir el salario de sus miembros, de elegir sus maestros y presidentes y celebrar asam­ bleas seguidas de banquetes. A este respecto dice Herber en su “Historia de las doce grandes sociedades libres de Londres": Ellos tenían, apoyados en un principio de solidari­ dad general, iguales derechos; y desde el momento en que eran hermanos perfectos, su parte en todas las ventajas, derechos de propiedad, etc. En caso de necesidad y mediante una proposición, podían jecíamar fondos de la cofradía.


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Masones alemanes y masones ingleses Para Findel, es un hecho perfectamente com­ probado que los masones ingleses y los canteros alemanes formaban una sola y única corporación; y en tal caso, se comprende claramente que las constituciones inglesas más antiguas, sean las mis­ mas, en sus puntos esenciales, que los antiguos re­ glamentos de los canteros alemanes. Lo que los dis­ tingue a unos de otros, es la duración del aprendi­ zaje, que en Inglaterra era de siete años y en Alemanio de cinco; y la obligación que se imponía a los canteros alemanes, cuando ingresaban a la so­ ciedad, de hacer un viaje que debía durar dos años más. Las logias de Alemania eran completamente libres e independientes, mientras que las de Inglate­ rra se hallaban sometidas a la vigilancia de las au­ toridades; y en cambio, éstas dedicaban más cuida­ do que aquellas a la emancipación intelectual, al desenvolvimiento del arte y a la moralidad de la conducta de sus miembros.

Los Masones Aceptados Hasta entonces, los masones eran verdaderos obreros constructores, albañiles, canteros, carpinte­ ros. Pero desde fines del siglo XVI o principios del XVII, las cofradías comenzaron a recibir como miembros a personas de todas clases, no importan­ do para el caso que fuesen completamente agenas a la profesión manual. Sin embargo, estas admisio­ nes no se hacían al azar o al capricho; y si bien


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no pesaba en el ánimo de los primitivos masones la no calidad de obreros manuales de los recipien­ darios, tomaban muy en cuenta sus antecedentes y costumbres y solo admitían a personas honradas y respetables» Tales admisiones eran más bien consi­ deradas como un título honorífico, ya que los ad­ mitidos de ese modo no disfrutaban de ninguna de las prerrogativas de los verdaderos masones cons­ tructores» Parece que se buscaba al aceptarlos, la protección para la cofradía» De ahí el calificativo de acepted (aceptado o admitido) que se agregó al títu­ lo de free-mason (franc-masón, masón franco o libre). Estas admisiones marcan, indudablemente, el primer paso dado hacia la radical transformación que habría de operarse antes de mucho tiempo en la Confraternidad Masónica. Fué por aquella época (Octubre 1646) cuando el sabio anticuario Elias Ashmole se hizo admitir en el seno de la cofradía de masones constructores» Esta admisión se verificó en una logia de Warrington, condado de Lancastre.

Elias Ashmole. Reforma de los Rituales De día en día se acentuaba la decadencia de las cofradías de constructores. En la única parte en que se conservaban restos de su antigua organización era en Inglaterra, país que en su propio aislamien­ to encontraba defensa para librarse de las corrien­ tes innovadoras que conmovían el Continente. Más, también de día en día aumentaba el número de per­


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sonas agenas a la profesión que ingresaban a ellas. Estas personas eran en su totalidad hombres de verdadero valer intelectual: sabios, escritores, erudi­ tos, estudiosos, fueron congregándose en los rinco­ nes hospitalarios de las logias, donde la tolerancia mutua permitía un fructífero intercambio de ideas y en donde el espíritu de fraternidad los estrechaba con lazos de sincera estimación. Más, Elias Ashmole, a poco de ingresado a la cofradía y no hallando en ella lo que buscaba, esto es, los conocimientos secretos; y sorprendido, al con­ trario, de la sencillez de las fórmulas de recepción y del escaso o ningún conocimiento filosófico que en­ cerraban, concibió la idea de modificar sustancial­ mente la ceremonia de recepción de aquellos obre­ ros, que consistía casi exclusivamente en la comuni­ cación de algunos signos de reconocimiento, usados, con pequeñas diferencias, entre todas las confrater­ nidades y gremios masónicos constructores. Para realizar esta idea tomó como base la cere­ monia que se llevaba a cabo en los antiguos cole­ gios de arquitectos romanos; y agregándole parte de las ceremonias de la antigua iniciación indoegipcia y de otras de la misma época, bajo el velo arquitectónico y las alegorías, trató de dar a la na­ ciente institución, cuyos albores se empezaban a vislumbrar, un impulso tan generoso como poten­ te, que, basado sobre las leyes de la naturaleza y en el amor de la humanidad, viniera, por medio de la Unión, la Fraternidad, la Perfección, la Igualdad y la Ciencia, a formar un lazo universal que uniera a todos los hombres de la tierra. Así, pues, hizo


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descansar a la Francmasonería sobre tres Grados, que resumen en sí el triple estudio a que debe dedi­ carse el masón: PASADO

PRESENTE

PORVENIR

De donde viene.

Qué es.

A donde va.

He aquí el comentario que acerca de la creación de estos tres grados, hace un escritor masónico: Guiado por estas sublimes inspiraciones y amol­ dándolas a la tradición, compuso, pues, el Primer Grado de la Masonería Simbólica, o sea el de Aprendiz, tal como subsiste aún hoy con muy po­ cas modificaciones, y que es el que presenta más íntima analogía con la antigua iniciación, cuyos misterios se proponía hacer revivir y regenerar. Es­ te grado, según puede verse en el sumario del mis­ mo, enseña la moral y explica algunos símbolos; señala la transición o el paso de la barbarie a la ci­ vilización; inculca el reconocimiento y excita la ad­ miración hacia el Gran Arquitecto Del Universo; da a conocer los principios fundamentales de la Ma­ sonería especulativa, sus leyes y sus usos; y dispo­ ne al neófito para el estudio y la práctica de la filan­ tropía. Los trabajos, en lugar de abrirse por la ma­ ñana y cerrarse por la tarde, como sucede con los ordinarios, tienen por objeto recordar las misterio­ sas conferencias que celebraba Zoroastro con sus discípulos e iniciados, las que se abrían, como es sabido, a medio día y no se cerraban hasta la me­ dia noche, después de lo cual se tomaba un frugal refrigerio.


Tal fué y es todavía el Grado fundamental de la Francmasonería, modelo de moral y sabiduría, que nunca será bastante alabado ni bien comprendido» Adoptado enseguida por las Logias de Londres, se propagó y fué igualmente admitido por todas las demás de Inglaterra» Dando mayor desarrollo a su pensamiento y per­ feccionando en gran manera su primitivo trabajo, en 1648 compuso el Segundo Grado, o sea el de Compañero, que, sometido a la aprobación de los iniciados, fué inmediata y unánimemente adoptado también por todos los masones aceptados. Continuación fiel y progresiva del programa que se trazara, en este Grado las doctrinas del primero vienen a armonizarse con las de Tales y Pitágoras; se dispone al neófito para que pueda entregarse al estudio de las maravillas del universo, de las cien­ cias naturales, de la filosofía y la historia; se le en­ seña a investigar el origen y la causa de todos los fenómenos de la naturaleza, así como de todas las cosas, por insignificantes que parezcan, y a conce­ bir todo lo que la sociedad humana puede obtener de la asociación masónica para su bienestar, por medio de la práctica inteligente e incesante del Tra­ bajo, la Ciencia y la Virtud. Por último, en 1649, completó y dió cima a su trabajo con la terminación del Tercer Grado, o sea el de Maestro, digna coronación de aquella obra. Digna coronación, porque en él se completaban las enseñanzas comenzadas en los dos grados prece­ dentes y se abrían ante el espíritu del recipiendario,


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nuevos y vastos horizontes, iluminados por clari­ dad hasta entonces no entrevista» Pero Ashmole no alcanzó a publicar su Tercer Grado tal como lo concibiera primitivamente. Los acontecimientos políticos que conmovían a Inglate­ rra por aquel entonces y la avasalladora corriente de simpatía que despertaba en los espíritus caballe­ rescos el pretendiente Carlos Eduardo Estuardo— más tarde Carlos II—príncipe romántico y desdi­ chado, influyeron de tal modo en el ánimo de Ashmole, que lo llevaron a variar totalmente la con­ cepción de su Tercer Grado, sustituyéndolo por una ceremonia a base de la leyenda salomónica, susceptible de tantas interpretaciones» Acaso estas mismas interpretaciones, de las cua­ les las menos favorables eran propaladas por los ad­ versarios de la Masonería, fueron las que hicieron sospechosa la Orden Masónica a algunos gobier­ nos; y acaso también esa misma razón obligó a los masones a no practicar el Tercer Grado sino hasta años después de la fundación de la Gran Logia de Londres»


SEGUNDA PARTE

Decadencia de la Masonería Operativa

Según Findel, los restos de las antiguas logias de constructores se encontraban en precaria situa­ ción hacia el comienzo del siglo XVIII. Los obreros que las habían formado, sin tener las mismas labores a que dedicarse para ganar la sub­ sistencia, se habían dispersado, encaminándose a diferentes regiones, en busca de mejor fortuna. La única entidad que había logrado mantenerse en condiciones más o menos favorables, había sido la logia de York; pero si es cierto que daba señales de vida, su vitalidad era más bien aparente. En el sur de Inglaterra, donde las Logias habían sido muy numerosas, hacía la fecha que nos venimos refirien­ do, se contaban solamente cuatro. Dice Prestan, que ya bajo el reinado de Jacobo II, “la masonería empezaba a verse abandonada y sus progresos fueron completamente nulos. Las fies­ tas anuales estaban ya abolidas”. A la época en que Jorge I subió al trono, la so­ ciedad masónica había llegado a su más lamenta­


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ble estado de decadencia. En esta época existía un número considerable de nobles espíritus, afiliados a diversas opiniones políticas y religiosas, que para sustraerse a todas las contingencias de los antiguos partidos, aspiraban a descubrir un punto de salva­ ción que les brindara la tranquilidad, y en donde pudieran reponer las fuerzas necesarias a los cum­ plimientos de los deberes que les reservaba el por­ venir. Los masones aceptados que, como hemos dicho, habían sido admitidos en la cofradía sin ser propia­ mente obreros manuales, temían la caída inminente de la organización francmasónica y anhelaban con vehemencia una reforma completa, que estuviese en relación con la época, las costumbres y los luga­ res en que la institución se desarrollara.

La Gran Logia de Londres. Su organización Por fin pudo realizarse esta general aspiración, gracias a los esfuerzos de masones aceptados tan distinguidos como King, Calwett, Lumley, Madden y otros, que en estrecha colaboración se propusie­ ron dar a la Orden un impulso definitivo, encabe­ zados por el doctor John Teófilo Desaguliers, nota­ ble hombre de ciencias y miembro de la Academia Real de Londres. En esta empresa, que no solo se proponía dar un nuevo impulso a la Fraternidad, sino también im­ primirle un rumbo completamente nuevo, vemos concurriendo con sus esfuerzos, al lado de Desagu­ liers, a Jorge Payne, erudito anticuario y al doctor


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en teología Jaime Anderson, predicador de la Corte. Una vez que este Comité dió fin a sus trabajos preliminares, se reunieron las cuatro logias que existían entonces en Londres: la de San Pablo, la de la Posada de la Corona, la de la Posada del Manzano y la de la Posada “Al Romano”. Esta reunión se llevó a efecto en Febrero de 17\7 1 ? y se constituyó una Gran Logia con todas las fór­ mulas requeridas para este objeto, acordándose que se compondría de las cuatro logias ya mencionadas y que sus miembros se reunirían en Asamblea to­ dos los trimestres, bajo la dirección del maestro más antiguo, hasta que se nombrase otro persona­ je a quien conferir este cargo. En cumplimiento de este acuerdo, la Gran Logia se reunió nuevamente el día de San Juan Bautista, 24 de Junio; y desde entonces, este día se ha se­ guido considerando y celebrando como la fiesta de la fundación de la Sociedad de los Francmasones. En esa Asamblea se eligió por gran mayoría de vo­ tos Gran Maestro de la Orden a Antonio Sayer. Instalado en sus funciones por el maestro de la Logia más antigua y aclamado por los miembros de la Asamblea, nombró Inspectores (vigilantes) al capitán Ellíott y al maestro carpintero Lamball. “La piedra fundamental del edificio que habría de sostener la antigua Institución, estaba ya colo­ cada; entonces se vió nacer lo que en nuestros días se conoce con el nombre de Francmasonería; y aunque conservando escrupulosamente el espíritu que animaba a lu antigua cofradía, sus principios constitucionales y los trasmitidos por la tradición,


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se acordó abandonar por completo la masonería, es decir, el arte de construir, a la gente del oficio. Se conservaron los términos técnicos en uso y los signos que simbólicamente se referían al arte de la construcción de Templos, dándoles un sentido más filosófico y elevado y abandonando para siempre la enseñanza del arte gótico, que desde algún tiempo se hallaba olvidado entre los francmasones; se con­ servaron, sin embargo, algunas de sus figuras co­ mo emblemas”. “Desde entonces, la sociedad de los francmasones se convirtió en una sociedad esencialmente distin­ ta de la de los obreros constructores, dedicada a la consecución de un objeto más elevado y moral. Y, por lo mismo, más susceptible de exparcirse por to­ do el mundo, llegando a ser una profesión común a todo el género humano. El edificio moral, en cu­ ya construcción debía trabajarse en adelante, debía servir, como el trabajo material de los masones, para fundar el bienestar general de la sociedad hu­ mana” (Findel). Una de las primeras disposiciones adoptadas por la Gran Logia fué la de limitar el privilegio de que había gozado la cofradía en general, de reunirse en calidad de masones; y que siempre que una nueva logia quisiera reunirse, debía obtener al efecto una autorización escrita del Gran Maestro. Apenas adoptada esta reglamentación, se cons­ tituyeron varias logias nuevas en los diversos ba­ rrios de Londres. Sus Maestros e Inspectores fes decir, sus Venerables y Vigilantes) debían asistir a las Asambleas de la Gran Logia, dar cuenta de sus


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trabajos y comunicar periódicamente al Gran Maes­ tro una copia de los reglamentos locales para que no estuviesen en desacuerdo con las Ordenanzas Generales. Organizada de este modo la Orden, los miem­ bros de las cuatro Logias fundadoras quisieron dar una prueba de confianza a los Maestros e Inspecto­ res de las logias de reciente fundación y declararon que en lo sucesivo, en las reuniones de la Gran Lo­ gia, aunque no concurrieron los miembros de las logias antiguas, se podían tomar las decisiones que se estimara convenientes; es decir, se daba a los miembros de las logias nuevos, poder para legislar por sí solos. Pero pronto comenzó a notarse que estas logias nuevas, más numerosas y aumentando de día en día, llegarían prácticamente a ahogar los derechos de las logias fundadoras, ante el sistema de la ma­ yoría de votos en las decisiones. A fin de evitar no solo este peligro sino también de prevenir cualquier discordia que pudiera surgir, se acordó per unani­ midad de pareceres redactar un Código de la cons­ titución ulterior de la Sociedad. Jorge Payne y las Ordenanzas Generales Anderson y el libro de las Constituciones

Cupo a Jorge Payne, segundo Gran Maestro, elegido el 24 de Junio de 1718, la misión de fo­ mentar lo que podríamos llamar literatura masóni­ ca, reconociendo desde luego la importancia de la


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historia de la asociación; y manifestó el deseo de que los antiguos manuscritos y documentos referen­ tes a los masones y a la masonería, fueran recogi­ dos y entregados a la Gran Logia para su aprove­ chamiento» Al año siguiente, 1719, era elegido Gran Maes­ tro (en 24 de Junio) el hermano Desaguliers, quien robusteció las columnas de las logias, atrayendo a muchas personalidades destacadas en las ciencias, las letras y la nobleza» Durante este período se ins­ talaron numerosas logias nuevas y se trabajó inten­ samente. Jorge Payne, como hemos dicho, fué el que más se preocupó de la documentación masónica; recopi­ lando lodos los acuerdos tomados hasta entonces por la Gran Logia, logró formar la base de la no­ table colección de las “Treinta y nueve Ordenan­ zas Generales”, que se pusieron en vigencia bajo el mallete del sucesor, en 1721» El doctor Anderson fué encargado “de compa­ rarlas con los antiguos documentos y con las pri­ mitivas costumbres de la cofradía, de ponerlas de acuerdo y de apropiarlas al uso de las logias de Londres, Westminster y los alrededores”. Anderson cumplió en tan breve plazo su encar­ go, que el 27 de Diciembre del mismo año, el tra­ bajo estaba terminado y pudo someterse al examen de una comisión compuesta de catorce hermanos, nombrados para el objeto por el Gran Maestro. La comisión, al dar cuenta de su cometido, declaró “ha­ ber examinado el manuscrito de Anderson, titulado Historia. Obligación, Organización y Poesías, apro­


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bándolo con ligeras modificaciones. La Gran Logia acordó entonces su impresión, la que no se hizo, sin embargo, hasta 1723. En Enero de ese año, el Gran Inspector Timson presentó impreso a la Asamblea el libro de las Constituciones, libro que nuevamente fue aprobado y firmado por los repre­ sentantes de veinte logias.

La Fiesta de San Juan Una disposición contenida en el nuevo Código de la masonería inglesa, declaraba obligatoria la celebrsción de la Fiesta de San Juan, el 24 de Junio, seguida de un banquete. Esta fiesta se había veni­ do realizando desde dos años antes, es decir, desde 1721. en que el Gran Maestro Payne instaló al su­ cesor, el Duque de Montagú, primer miembro de la nobleza designado jefe de la Masonería. Anderson, en el libro de las Constituciones, da el relato de esta primera Fiesta de San Juan, que con­ sistió en una procesión, en que tomaron parte todos los hermanos revestidos con sus insignias masóni­ cas; después se efectuó un banquete y a continua­ ción Jorge Payne instaló “en el Trono de Salomón“—al decir de Anderson—al nuevo Gran Maes­ tro Montagú. La Masonería tuvo desde esa época una organi­ zación sólida y perfecta. Contando en su seno con miembros distinguidísimos, los unos por su inteli­ gencia, por su posición social los otros y todos por su entusiasmo, no podía menos de extenderse y prosperar. Así fué, en efecto, y muy pronto se vió


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exparcida por todos los países; y la Gran Logia de Londres, a la cual se debían todos estos trabajos, extendió también su influencia por todas partes. Pronto fué necesario crear el cargo de Gran Se­ cretario, para atender el despacho de la correspon­ dencia, cada vez más activa y abundante* Las antiguas logias del País de Gales, que fun­ cionaban separadamente, atraídas por la actividad que reinaba en los Talleres de la Gran Logia de Londres, pidieron su agregación a ésta, la que les fué concedida, creándose con tal motivo el cargo de Gran Maestro Provincial. Propagación de la Masonería fuera de Inglaterra

La influencia de la Gran Logia de Londres no se limitó solamente a Inglaterra, sino que se exten­ dió a muchos otros países. En Francia se estable­ cieron bajo sus auspicios algunos Tatieres, anima­ das del verdadero espíritu de la Masonería, tales como Amistad y Fraternidad, en Dunkerque (1721); Luis de Plata y Santa Margarita en París (1729) y algunos otros. En 1726 la Gran Logia de Londres expidió Pa­ tente de Constitución a una Logia establecida en Gibraltar y al año siguiente a otra erigida en Ma­ drid, en la Calle Ancha de San Bernardo. Otras varias logias se establecieron por este tiempo en Portugal, bajo los auspicios de la Gran Logia In­ glesa, como las anteriores. Igualmente constituyó en Bélgica algunas logias, donde ya se hallaba establecida, en 1721, la Per­


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fecta Unión” en Mons, que pasó más tarde a ser Gran Logia Provincial» También la Baja Sajonía constituyó desde 1730 un Maestrazgo Provincial y siete años después, la Alta Sajonía, siendo Gran Maestro de esta pro­ vincia masónica Enrique Guillermo, mariscal here­ ditario de Turingia» En Holanda, desde 1725, había varias logias, en una de las cuales, presidida por Lord Chasterfield, fué iniciado Francisco de Lorena, más tarde Em­ perador de Alemania (1731)» En fin, por toda la Alemania, Suiza, Dinamarca, Suecia, Rusia, Polonia, Italia y por muchos otros países se fué extendiendo la sociedad, casi siempre bajo los auspicios de la Gran Logia de Inglaterra» Las posesiones inglesas recibieron también la be­ néfica y civilizadora institución. En 1728 fué fun­ dada en Calcuta la primera Logia por sir Jorge Pomfret. Después se fundaron en la India otros mu­ chos Talleres, El Canadá en 1721; Gewey en 1730; Massachussets en 1730 vieron igualmente el estableci­ miento de diferentes logias en su territorio» Finalmente, hasta el Africa llevó Inglaterra la Masonería, constituyendo en 1735 una logia en Gambia y otra en Cabo Coart-Castle. La Logia de Economos de Londres

En medio de la actividad y buen espíritu que animaba a los miembros de la Gran Logia de Lon­ dres, no faltaron tropiezos que pudieren ser fatales»


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De día en día, se iba haciendo más visible cierta tendencia aristocrática en torno de la Gran Logia; pero lo que causó verdadera alarma fué la desmo­ ralización introducida entre los Ecónomos, que ha­ bían sido creados para organizar y vigilar las fies­ tas masónicas. Estos Ecónomos, al parecer muy orgullosos de su cargo, empezaron por introducir variantes en las decoraciones masónicas; sustituyeron el color azul por el rojo a fin de distinguirse y agregaron una se­ rie de detalles sin valor alguno, con el exclusivo ob­ jeto de hacer resaltar su importancia. Luego, no contentos con eso, organizaron una logia de Ecóno­ mos, que obtuvo privilegios extraordinarios. Entre otras prerrogativas, pretendían que, a escepción del cargo de Gran Maestro, todos los demás de la Gran Logia, debían salir de la logia de ellos. Más, como el empleo de Ecónomo era costoso, solo podían des­ empeñarlo los que poseían muchos bienes de fortu­ na. De esta manera, se creó en el seno de la Maso­ nería una aristocracia gerárquica, que a nada bue­ no podía conducir y que fué, por el contrario, ori­ gen de discusiones que pusieron en grave peligro la vida misma de la Fraternidad. El Cisma de la Masonería Inglesa No obstante tales progresos, cierto número de antiguos masones no se habían adherido a la Cons­ titución que la Gran Logia de Londres promulgara en 1723; cinco logias se negaron a suscribir­ la. Además, habían quedado aislados numerosos


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masones de las antiguas cofradías de constructores, que no estaban inscritos en ninguna logia. En las provincias y especialmente en el norte de Inglate­ rra, estos masones aislados o agrupados en logias, no se ocupaban ni poco ni mucho de las decisiones de la Gran Logia de Londres. Entre estos, se con­ taban especialmente los de la logia de York, que pretendía remontar su origen al siglo XIII y que funcionaba con cierta regularidad durante los siglos XVII y XVIII. Dicha logia, hacia el año 1725 co­ bró nueva vida y se reformó a ejemplo de la Gran Logia de Londres, adoptando el mismo título y dis­ putándole la prioridad. Sin embargo, pronto comen­ zó a languidecer, y, a partir de 1730, cesó de re­ unirse. Poco después, en 1734, se fundó en York otra logia, hija de la de Londres, pero en 1741, siete an­ tiguos miembros de la primitiva logia de York la reabrieron bajo el título de Gran Logia. Para ello, se apoyaban en la leyenda que hacía de la logia de York el primer centro de la Masonería inglesa; to­ maron el nombre de antiguos masones, en oposición a los masones modernos de Londres. Lo que daba cierto carácter de legitimidad a tal oposición, era la presencia de aquellos masones verdaderamente an­ tiguos que habían rehusado aceptar la organización londinense de 1717-1723. Sin embargo, habría sido posible a la Gran Logia de Londres obtener la su­ misión de las logias refractorias; pero las diversas incidencias producidas en su propio seno, a causa de las tendencias aristocráticas de algunos herma­ nos, lo impidieron.


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Ante tal estado de cosas, los llamados antiguos masones prosperaron y establecieron cinco logias y finalmente, en 1753, eligieron un Gran Maestro; en 1772 esas funciones eran desempeñadas por el duque de Athol, quien fué reconocido por las lo­ gias de Irlanda y de Escocia. Así, pues, el cisma que comenzara hacia 1738, estaba consumado. Los separatistas se apoyaban en la antigua logia de York, oponiendo el sistema del rito antiguo o de York al rito nuevo o de Londres, Pero la verdad es que dicho Rito de York es más reciente que el de Londres. El Grado Real Arca

Por ese mismo tiempo, la Masonería inglesa aceptó las innovaciones llegadas de Francia; un misticismo nuevo se infiltró en su espíritu, de lo cual da pruebas la edición de 1784 de la Constitución. Conforme a las tendencias que prevalecían en Fran­ cia, el nombre de Orden reemplazó a los de Compa­ ñía o Cofradía, en uso hasta entonces. De estas innovaciones, la más considerable fué la creación del Grado de Real Arca; en esta for­ ma, los altos grados, creados en Francia, comenmenzaron a introducirse en las Islas Británicas. Sin embargo, los “antiguos masones” se adhirie­ ron a la práctica de dicho grado. Los del rito de Londres lo resistieron hasta que se produjo la fu­ sión de la masonería inglesa, en 1813; a partir de entonces, lo aceptaron también completamente. Este Grado de Real Arca fué compuesto en


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Francia, medíante tina confusa combinación de re­ ferencias al Nuevo y al Antiguo Testamento, de leyendas y de tradiciones religiosas y masónicas. Dicho Grado, llevado a Inglaterra probablemen­ te por intermedio de Irlanda, pasó a América, en 1758 y a Escocia en 1760. Al color azul adoptado por las logias ordinarias de San Juan, los Capítulos del Grado Real Arca opusieron el color rojo, tan grato a los Economos, que lo habían introducido en la Masonería. En este Rito, los tres Grados primitivos se consideraban como simples etapas y el de Real Arca venía a ser el coronamiento del edificio. En 1782 se fundó en Londres un Supremo Capítulo Real de Jerusalén, sobre los Capítulos de Real Arca; pretendía traer su origen de los iniciados del Oriente y Grecia y tendía a identificar la Masonería especulativa con la enseñanza oculta. El Principe de Gales Gran Maestro ad-vitam Termino del cisma

La influencia de tales innovaciones, fué perjudi­ cial para la Masonería inglesa. Poco a poco la for­ ma, primando sobre el fondo lo fué haciendo olvi­ dar; las logias empezaron a perder su influencia, aún sobre sus propios miembros y pronto se vieron con­ vertidas en simples sociedades de socorros mutuos. De esa manera se malograron las esperanzas que parecían justificadas a principios del siglo XVIII.


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Los príncipes de la familia real entraron a la Ma­ sonería: en pos del duque de Cumberland, el Prín­ cipe de Gales. Es conocida la importancia que atri­ buyen los ingleses a la adhesión de estos grandes personajes. El Príncipe de Gales fué elejído Gran Maestro. A partir de entonces, dicho cargo fué en­ tregado siempre a príncipes de la sangre. Un Gran Maestro en tales condiciones, podía ejercer una au­ toridad ilimitada. Felizmente, ella se aprovechó para poner término al cisma, mediante la fusión de las dos Grandes Logias de Inglaterra. Después de algunas conferencias al respecto, quedó definitiva­ mente consumada en 1813. A la cabeza délos “an­ tiguos masones” se encontraba el duque de Kent. Se decidió que no habría sino tres grados para la antigua y pura Masonería, pero se reconoció el sis­ tema Real Arca y se autorizó el funcionamiento de logias o capítulos para los grados llamados “de cabalíería“. Así quedó fundada la Gran Logia Uni­ da de Inglaterra. Esta aceptó también una parte de los Rituales de los “antiguos masones4' y se hi­ zo revivir el principio de tolerancia religiosa.

La Masonería en Irlanda y en Escocia La Masonería se introdujo en Irlanda hacía 1723; en 1726 se contaba una Gran Logia Provin­ cial en Munster; en 1730, Lord Kingston, antiguo Gran Maestro, fundó la Gran Logia de Dublin. A partir de esa fecha, la dignidad suprema quedó ejercí-


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da, como en Inglaterra, por los nobles. Digno de notarse es el hecho de que, a pesar de la situación del país, la Masonería se mostró altamente toleran­ te, reuniendo a protestantes y católicos. Escocia había tenido, como Inglaterra, sus logias de masones constructores desde el siglo XV en ade­ lante. La Masonería especulativa fué introducida en 1736. El jefe de la familia Sinclair, que era pa­ trono hereditario de los masones, fundó la Gran Logia de Edinburgo, ante la cual renunció sus pri­ vilegios. Desde entonces, el Gran Maestro es elegi­ do libremente de periodo en periodo. La Masonería en Francia

Detallar la marcha progresiva que ha seguido la Institución Masónica en los diversos países, sería desbordarse muy lejos de los límites de nuestro te­ ma; por lo tanto, después de haber señalado rápi­ damente la evolución de la Masonería moderna en Inglaterra, su cuna, dedicaremos algunas líneas al desarrollo de la Orden en Francia, país en el cual ha hecho sentir más hondamente su influencia. Después de la revolución de Inglaterra de 1688, los emigrados ingleses pertenecientes al partido rea­ lista establecieron logias en Alemania, Italia y prin­ cipalmente en Francia; logias que tenían por obje­ to trabajar en pro de la restauración y eran, por lo tanto, de tendencias exclusivamente políticas. Al mismo tiempo, como hemos visto antes, se funda­ ron algunos talleres verdaderamente masónicos, ta­


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les como los ya citados Luís de Plata, Amistad y Fraternidad y Santa Margarita. En 1725, los ingleses establecieron la primera logia en París, mereciendo la asociación masónica el título de universal, porque estableció vínculos de sinceridad entre cuantos espíritus aspiraban a la justicia, la asistencia mutua, el honor y la dig­ nidad. La masonería francesa había pedido en 1735 a la Gran Logia de Londres autorización para cons­ tituirse íegalmente y para formar un Gran Maes­ trazgo Provincial, pero la tendencia exclusivamen­ te política de algunas logias fué causa de que no se accediese a esta demanda hasta 1743. En este año, se constituyó, pues, de una manera regular la Francmasonería en el país, formándose la Gran Logia Inglesa de Francia. Más, por la apatía de sus dirigentes, cayó poco a poco en el abandono; las lo­ gias secundarias prosiguieron sus trabajos prescin­ diendo de ella. En 1755, queriendo la Gran Logia remediar es­ te mal, se separó de la de Inglaterra y se constitu­ yó independientemente, con el nombre- de Gran Lo­ gia Central de Francia, esperando así adquirir más actividad e iniciativas. He aquí, en pocas palabras, los principales puntos de organización que enton­ ces adoptó: No se reconocían más que los tres primitivos grados de la Masonería. Los Venerables de las lo­ gias de París formarían la Gran Logia, pero los demás Oficíales de estas Logias concurrirían con sus Venerables a formar varios centros admi­


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nistrativos en que aquella se dividiría. Más, a pe­ sar de la primera declaración de no reconocer sino los tres primitivos grados, ya en los Estatutos apro­ bados en aquella ocasión, se habla de los Maestros Escoceses, que tendrían la vigilancia de todos los trabajos y el derecho a castigar las faltas cometidas por los otros hermanos. Esta organización existió durante el siglo XVIII. Los Altos Grados

Antes de proseguir estos breves apuntes sobre la Masonería francesa, debemos hacer una digre­ sión, indispensable para la buena inteligencia de acontecimientos que posteriormente hemos de rela­ tar; esta digresión se refiere a la creación de los llamados altos grados de la Masonería. Ya hemos visto que los emigrados ingleses, par­ tidarios de Carlos Eduardo Estuardo, intentaron servirse de la Masonería para su objeto político. Lo primero que para esto hicieron, fué atribuir a los símbolos y alegorías de los tres grados fundamen­ tales, un sentido apropiado a sus miras. De esta manera quisieron demostrar que la asociación ma­ sónica no era una continuación de la sociedad de obreros constructores, sino que constituía una ver­ dadera conjuración, destinada al restablecimiento de la casa de los Estuardos en el trono de Inglate­ rra. Entonces se inventaron muchos grados, tales como los de Maestro Irlandés, Perfecto Maestro Ir­ landés, Muy Alto Maestro Irlandés, y otros, que íes


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sirvieron para estimular el celo de los adeptos y pa­ ra probarlos. Pronto apareció un personaje que dió a estos nuevos grados un impulso extraordinario: tal fué el caballero Ramsay, hombre de imaginación ardien­ te y fecundo talento. Presbiteriano refugiado en Francia, se había retirado a Cambray, donde el cé­ lebre Fenelon lo convirtió al catolicismo. Se adhi­ rió al partido de los Estuardos y lo sirvió con el mayor entusiasmo. Con tales miras, entró a la Francmasonería, que creyó muy útil para el mejor éxito de su causa. Primeramente pretendió probar que la Orden Masónica había tenido su origen en Tierra Santa, en la época de las Cruzadas, siendo constituida en su mayor parte por caballeros templarios; que in­ vitados éstos más tarde por el rey de Inglaterra, se retiraron a dicho reino y se dedicaron no solamen­ te a propagar las buenas costumbres y todo lo de­ más que puede redundar en bien de la humanidad, sino también a difundir y hacer florecer el gusto por la arquitectura, la pintura, la escultura y la mú­ sica. Ramsay ensalzó su sistema con varios hechos históricos, especialmente con los relativos a la par­ ticipación de los Caballeros del Temple en los tra­ bajos de las sociedades masónicas de la Edad Me­ dia y la construcción del Colegio de Templarios de Londres, ejecutado en el siglo XII por una compa­ ñía de masones venida de los Santos Lugares. Con tales suposiciones tendía Ramsay a restaurar en Inglaterra el ejercicio del catolicismo, preparando con esto el camino para la vuelta del pretendiente


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En 1728 llevó Ramsay sus innovaciones hasta París, donde obtuvieron un éxito prodigioso» Sus grados fueron introducidos como altos grados en la masonería ordinaria, abandonándose en mucha par­ te los grados irlandeses que se habían seguido has­ ta entonces» Tal es, en síntesis, el origen de estos grados, denominados escoceses, que se multiplicaron después y fueron los precursores de una multitud de sistemas, en los que sucesivamente se reflejaron cuantas opiniones se manifestaron en Francia, ya en público, ya en secreto. Consejo de los Emperadores de Oriente y Occidente

En 1756 se constituyó el Primer Capítulo for­ mal de altos grados para Francia: el de los Caba­ lleros de Oriente, que según el artículo 7»o de sus estatutos, se consideraban como “los príncipes so­ beranos de la Orden“; y en el curso del año 1758 se produjo otra novedad. Apareció un sistema com­ puesto de veinticinco grados diferentes y se intituló “Consejo de los Emperadores de Oriente y Occidente“ y sus miembros “soberanos príncipes maso­ nes44. Distribuyó Cartas Constitutivas para logias de los grados más elevados y nombró Grandes Inspectores y Grandes Diputados, para la propa­ ganda de esa masonería “elevada y perfecta44. En­ tre estos, el hermano Esteban Morin, recibió una Patente en 1761, premunido de la cual pasó a Norte América a propagar el sistema, que, ve­ nido de Europa con veinticinco grados, habría de


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volver años después con treinta y tres a su tierra de origen. Este Consejo de los Emperadores fundó en Fran­ cia muchos Consejos particulares (el del Príncipe del Real Secreto, en Burdeos). Entre los grados de este nuevo sistema se encuentran los de Real Arca y Rosa Cruz, creados por ese tiempo y que al de cir de Tschoudy (Discusión Histórica) "no era otra cosa que la religión católica graduada".

División en dos Grandes Logias

A partir del año 1760, la desunión se introdujo entre los Emperadores de Oriente y Occidente y entre todos los príncipes soberanos de la masone­ ría; y como los dos partidos habían elegido desde mucho tiempo a la Gran Logia como teatro de sus conflictos, se produjo necesariamente una profunda escisión. Intentó la Gran Logia, por medio de un decreto de Agosto de 1766, prevenir el desorden prove­ niente de los altos grados y prohibió a las logias simbólicas reconocer y acatar la autoridad usurpa­ da por los Capítulos. Además, se puso en estrecha comunicación con la Gran Logia de Londres, que le prestó su apoyo para mantener lo disciplina, Pe­ ro la animosidad de los masones franceses los pre­ cipitó a un rompimiento y se fundó una nueva Gran Logia. Ambas entidades se combatieron con ardor, hasta que intervino el Gobierno y les prohibió con­ tinuar celebrando sesiones (1767). Algún tiempo después, se logró la reapertura de


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la Gran Logia Central de Francia, cuyos destinos regia el Duque de Chartres, más tarde Felipe Igual­ dad. En 1772, el Duque de Chartres, nuevamente ele­ gido Gran Maestro, aceptó el cargo “por amor al arte—según su propia expresión—y a fin de con­ centrar bajo una autoridad única toda la actividad masónica", Como se ve, no se refería ya solo a la Gran Logia, sino que se extendía, además, a los al­ tos grados de los Emperadores de Oriente y Occi­ dente y facilitaba a su Consejo el camino de la aproximación y reunión con la Gran Logia. Esta unión se verificó en Agosto del mismo año; y con este hecho, los Caballeros de Oriente quedaron completamente desautorizados. Pero estos no se desanimaron, y en Marzo de 1773 quedó establecida la Logia de Caballeros de Oriente, presidida por el duque de Luxemburgo, con el nombre de Gran Logia Nacional; más ade­ lante adoptó el título de Gran Oriente de Francia. La Palabra Semestral Entre las medidas adoptadas por el Gran Orien­ te, debemos mencionar aquí como de mayor impor­ tancia, las siguientes: l.o El Decreto de 1777 (Febrero) que prohibía a todas las logias y a todos los masones mandar imprimir escrito alguno sobre masonería sin pre­ sentarlo antes a su autoridad. 2.o La que fijaba en 21 años la edad legal para


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la recepción de un aprendiz; en 23 para la de com­ pañeros y en 25 para el grado de maestro. El 3 de Julio del mismo año, el Gran Maestro declaró que "convencido por una larga experiencia de la insuficiencia de los medios empleados para alejar a los falsos masones, hemos creído que lo mejor que puede hacerse es rogar al Gran Maestro que dé cada seis meses una palabra, que no se co­ municaría mas que a los masones regulares y por cuyo medio se hicieran reconocer en las logias que visitaran". Tal fué el origen de la Palabra Semestral.

La Masonería ¡francesa y la Revolución de 1789

Si dirigimos una mirada retrospectiva—dice Rebold—sobre el conjunto de los trabajos de la maso­ nería durante los treinta años que anteceden a la revolución, vemos producirse un cambio notable en las ideas de la burguesía y aún en las del bajo pue­ blo y de los oficíales del ejército dentro de ciertos grados. A pesar de la confusión de los diversos sistemas masónicos, a pesar del mal camino que varios de ellos seguían, las logias presentaban unanimidad en la manifestación de sus principios; todos predi­ caban como doctrina la igualdad, la libertad y la fraternidad; sus dogmas se confundían con un me­ nosprecio igual hacia las instituciones aristocráticas y absolutistas existentes entonces en Europa. Proclamando a todos los hombres iguales, dando en su seno el ejemplo de esta libertad que reclama­


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ban para todos, predicando la fraternidad universal, las logias demostraban que sus doctrinas tienden a la democracia; condenando el fanatismo y la supers­ tición en que los sacerdotes mantenían a los pue­ blos, entendían las logias sustraer a estos de tan perniciosa influencia y emanciparlos. Ya la gran mayoría de la nación solicitaba me­ joras, y protestaba en secreto contra el estado de cosas dominante, contra la posición intolerable que le había creado el gobierno y la nobleza; pedía la supresión de los privilegios que dividían a la so­ ciedad. El mayor número de los masones pertenecía a la clase burguesa; el foro, el comercio, los artistas y los sabios formaban los principales elementos; contábase también con algunos personajes de la no­ bleza y algunos oficiales superiores del ejército. Más de ochocientas logias había entonces en Francia; sus miembros llevaban a sus familias, a sus círculos y a sus reuniones íntimas los princi­ pios que oían predicar sin tregua en el seno de sus Talleres, y así estos principios extendíanse poco a poco en el pueblo, en el que tal simiente no podía dejar de producir sus frutos. Recuérdense, además, los esfuerzos desplegados en el siglo XVII por los filósofos para emancipar al pueblo, para destruir los errores, los prejuicios que engañan y dividen al género humano; piénsese que gran número de estos sabios formaban parte de las logias, que Voltaire, Franklin, Lalande, Helvecio, Lafayette y tantos otros varones no menos distin­ guidos prestaron su concurso al triunfo de los idea­


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les masónicos, y nadie se admirará de la propaga­ ción de estos principios, que prepararon la transfor­ mación profunda que regeneró a la Francia y con ella a la Europa,

Las luchas políticas, para las cuales Francia se preparaba desde algunas años, detuvieron todo pro­ greso masónico; ante los acontecimientos de 1789, la mayor parte de las logias se clausuraron. El Gran Oriente continuó, sin embargo, sus trabajos en cuanto lo permitieron las circunstancias y aún constituyó varios nuevos Talleres en 1789 a 1792» Pero los masones eran en todas partes inquietados y perseguidos, siguiéndose de esto que casi todas las logias se cerraron. Parece que en París, tres logias, “Los Amigos de la Libertad”, “La Martinica de los Hermanos Reunidos” y “Centro de los Amigos”, no dejaron de funcionar, aún en lo más recio del Terror. La Gran Logia paralizó por completo sus traba­ jos y su personal se dispersó. El Gran Oriente se muestra en esas circunstan­ cias más valeroso que la Gran Logia; porque, si bien ha interrumpido sus trabajos, no los cierra por completo y constituye el 7 de Septiembre la Logia “Puente Perfecto”, en París y el 20 de Diciembre la “Buena Amistad“ en Normandía. El citado Rebold, concluye así sus apuntes sobre la Masonería durante 1794: Durante los cinco años en que se desarrolló la


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tormenta revolucionaria, el Gran Oriente obró con mucho discernimiento; en compensación, atravesó estos difíciles tiempos sin ser demasiado perturba­ do; pero habiendo muchos hermanes dejado la ca­ beza en el cadalso, juzgó prudente no dar señales de vida44. La Masonería en la América del Norte

La primera autorización para difundir la Maso­ nería en Norte América la concedió en 1730 el Gran Maestro inglés Th. Howard al hermano Da­ niel Cox, confiriéndole el título de Gran Maestro Provincial de Nueva Jersey; pero no hay antece­ dentes que establezcan el hecho de haberse consti­ tuido logia alguna por el hermano Cox. El 30 de Abril de 1733, el hermano Enrique Price recibió de Lord Montagu, Gran Maestro de la Gran Logia de Inglaterra, una Patente, en la cual lo nombraba Gran Maestro Provincial de Nueva Inglaterra, con la facultad de escogerse su Diputa­ do y de reunir a los hermanos de América en una o varias logias, según lo juzgara conveniente. El 30 de Junio del mismo año, Enrique Price abrió una Gran Logia Provincial en Boston con el título de Gran Logia de San Juan. Después de ha­ ber exhibido su Patente, escogió para Diputado al hermano Andrés Belcher y como Inspectores a Tomás Kennelly y Juan Duanc. El mismo día recibió el Gran Maestro una peti­ ción firmada por dieciocho hermanos de Boston pa­


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ra erigir una logia que, con su consentimiento, se instaló con el nombre de "First Lodge", De esta logia salieron poco a poco, gracias a los esfuerzos del hermano Price y de su sucesor Tomlison, varias otras logias, tales como las de Massachussets, de Nueva Hampshíre, de Pensylvania, de Carolina del Norte, etc. Todos estos talleres adoptaron expontánea mente el régimen de la Gran Logia de Inglaterra. El hermano Roberto Tomlinson mantuvo duran­ te siete años las funciones de Gran Maestro Pro­ vincial, a partir de 1737; y fué reemplazado por el hermano Tomás Oynard, que ocupó este puesto durante diez años. A la muerte de éste se llamó al ya anciano hermano Price, como decano de los Grandes Maestros, a servir el Oriente vacante, hasta que en 1755 de Inglaterra se expidió el nom­ bramiento de Gran Maestro Provincial a favor del hermano Jerónimo Gridley (1755-1767). Un año después de la instalación del hermano Price, cuando sus facultades se habían extendido a toda la América del Norte, constituyó en Filadelfia una logia, cuyo Venerable Maestro fué Benjamín Franklin, tan ilustre después. De su imprenta salió en 1734, la primera obra publicada en América so­ bre Masonería: una edición del libro de las “Cons­ tituciones" de Anderson. Divergencias en America

Cierto número de aquellos que habían tomado el nombre de antiguos masones, habían llegado a reu-


unirse en Boston, manteniéndose aislados de las lo­ gias existentes en la ciudad; queriendo hacer vida masónica activa, se dirigieron a la Gran Logia de Escocia para obtener de ella una Constitución y la consiguieron. Estos hermanos erigieron en 1752 la logia San Andrés, y transportaron de este modo, a través del Océano, las divisiones que dominaban en Ingla­ terra. Como prosperara, no obstante los obstáculos que Ies suscitara en estas circunstancias la antigua Gran Logia, trabajó sin descanso para obtener la autorización de llevar el nombre de logia de los an­ tiguos masones y que se le permitiera fundar otras logias del mismo sistema. Dentro de estos propósi­ tos llegó hasta obtener del Gran Maestro de Esco­ cia que la reconociera como Gran Logia Provincial. Al celebrarse la Asamblea de la Fiesta de San Juan, en 1769, el hermano José Warren recibió una Patente firmada por el Gran Maestro de Esco­ cia, que lo nombraba Gran Maestro Provincial de los antiguos masones para Boston y cíen millas de circunferencia. Fué instalado en este carácter antes que la Asamblea se disolviera. El renombre de que gozaba este hermano era muy propio para asegurar a la nueva Gran Logia la autoridad y la influencia deseables. A la primera Patente siguió otra que extendía a todo el conti­ nente Norte Americano sus facultades de Gran Maestro (1772). Mientras que en el intervalo, la masonería se ex­ tendía en otras partes del país, las dos Grandes Lo­


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gias de Boston se mantenían frente a frente con sus respectivos regímenes; su hostilidad recíproca se acrecentaba de día en día, y cada día también am­ bas ganaban en importancia, hasta que en 1775 la guerra de la emancipación, poniendo término a las querellas, suspendió la actividadde todas las logias y Grandes Logias. Reconstrucción de la Masonería en Boston En 1776, los hermanos, dispersados por la gue­ rra, comenzaron de nuevo a reunirse en Boston; muchos de ellos habían quedado en los campos de batalla. La jefatura de ambas logias estaba vacante. Pa­ ra darle nuevo titular y restaurar la vida de la Gran Logia de los antiguos masones y para reorganizarla, convocaron estos el 8 de Marzo de 1777 una Asam­ blea, en la cual eligieron Gran Maestro al herma­ no José Webb. La Gran Logia se declaró autóno­ ma e independiente de la de Escocía. Después de ajustada la paz entre la nueva Re­ pública e Inglaterra (1783) la Gran Logia de San Juan renovó, a su vez, los trabajos; pero se dejó sobrepasar considerablemente por su activa y vigo­ roso hermana, con la cual llegó a fundirse en 1792.

Fusión de las dos Grandes Logias

Desde tiempo atrás parecían reconocer ambas partes los inconvenientes de la existencia de dos Grandes Logias vecinas; y así fué despertándose el


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deseo de restablecer la armonía, la confianza y la fraternidad y de preparar el camino para un acer­ camiento. El hermano Webb, en particular, parece haber trabajado con fervor para obtener esta fusión; con­ tribuyó, además, con vivo empeño a la difusión de la Masonería en América: publicó su Manual Ma­ sónico el Monitor, sirviéndole de guía Preston. Además de estas Grandes Logias y de las que estaban afiliadas, nacieron durante la guerra varias logias compuestas por hombres de color, que tra­ bajaban separadamente (1).

La Gran Logia de Pensylvania La primera logia de Pensylvania fué—como he­ mos visto—fundada en Filadelfia (1734) y tuvo por Primer Venerable Maestro a Benjamín Franklin, que estaba aí comienzo de su brillante carrera. En Junio de 1764, la Gran Logia de Inglaterra constituyó en Pensylvania una Gran Logia Pro­ vincial y nombró Gran Maestro de ella al herma­ no Guillermo Bell. Parece que esta Gran Logia continuó sus trabajos hasta el momento en que es­ talló la guerra de la independencia. En 1779, asistió el hermano Washington a la ce­ lebración de la Fiesta de San Juan en Filadelfia. En esta ocasión se nombró Secretario al hermano Guillermo Schmit y se le encargó la preparación de un conjunto de leyes para el régimen de la Gran (1) Véase el párrafo “La Masonería Negra".


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Logia. Presentó su trabajo, que fué aceptado, en la Asamblea de Noviembre de 1781. La Gran Logia General de America

En 1780 se emite por primera vez y posiblemen­ te con el propósito de sustraerse a toda dependen­ cia extranjera, la idea en cuya realización se han ocupado infructuosamente muchas generaciones: la de fundar una Gran Logia General de América. La Gran Logia de Pensylvanía tuvo la iniciativa de este proyecto; propuso al general Washington como primer Gran Maestro General y pidió el con­ curso de las Grandes Logias de Masschussets y de Virginia (esta había sido fundada en Octubre de 1778). Se acogió con tanta frialdad el proyecto, que hubo de ser abandonado. En 1790 la Gran Logia de Georgia vuelve a pro­ poner la fundación de la Gran Logia general y de nuevo fracasa tal propósito. Nueve años más tarde la Gran Logia de Caro­ lina del Sur tentó lo mismo y con este fin dirigió a todas las Grandes Logias una Circular invitando a reunirse en Asamblea General en Washington. Ca­ da Gran Logia debía designar, como representan­ tes, tres delegados. La Gran Logia de Virginia se declaró contraria al proyecto, por pareceríe que el plan en cuestión no respondía al objeto que se pro­ ponía realizar. En 1803 se insistía de nuevo en el proyecto y otra vez se le rechazaba como impracticable por las


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Grandes Logias de Pensylvania, de Nueva Hampshire, Massachussets, Maryland y otras. Reclamaron estas últimas, sin embargo, una asamblea de delegados de las diferentes Grandes Logias, a fin de concertar entre ellas una alianza más estrecha, de establecer relaciones más regula­ res y de convenirse sobre los medios de obtener la uniformidad en la manera de trabajar, Tampoco esta idea se realizó. Fundación de Grandes Logias Independientes

En Diciembre de 1782, tres logias civiles y seis militares constituyeron la Gran Logia Provincial de Nueva York. La guerra de la independencia, que separó las co­ lonias americanas de la madre patria y les aseguró la autonomía, trajo por consecuencia la separación de las Grandes Logias Provinciales americanas de las Grandes Logias Inglesas y del Gran Oriente de Francia. Cuando terminó la guerra se inició en todos los estados de la Confederación Americana la funda­ ción de Grandes Logias independientes. He aquí al­ gunas fechas de fundación: Setiembre de 1786 la de Pensylvania; Diciembre del mismo año, las de Georgia y Nueva Jersey; en 1787 las de Nueva York, de Carolina del Norte y Carolina del Sur; en 1789 las de New Hampshire y Connecticut; en 1791 la de Rhode-Island; en 1794 la de Vermont.


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El Rito Escocés Antiguo y Aceptado Hasta 1762 los hermanos americanos no cono­ cieron más que los tres grados de San Juan de la Masonería primitiva; pero en esta época llegó de París el hermano Esteban Morin, a quien ya he­ mos citado, para implantar el nuevo sistema de los “príncipes soberanos de la masonería”. Como he­ mos visto, antes de salir de París, en 1761, había sido nombrado por el Consejo de los Emperadores de Oriente y Occidente, Diputado Gran Inspector, y provisto de los poderes suficientes para difundir la masonería al otro lado de los mares, por la co­ municación de los veinticinco grados superiores que conocía tal Consejo. Morin no limitó a esto su misión, sino que incitó a sus hermanos de América a hacer llegar estos grados hasta el número de treinta y tres; y así se hizo en Charleston (Carolina del Sur), donde más tarde, en Mayo de 1801, se fundó un Supremo Consejo. Esta nueva Masonería se anunció primero por medio de una Circular (1802) y recibió después el nombre de Rito Escocés Antiguo y Aceptado. En Nueva York, un sucesor de Morin, José Cernau, estableció en 1802 un Soberano Gran Consistorio con este Rito, que se propagó con facilidad y rapi­ dez; poco más tarde, este Rito, ampliado en la for­ ma que acabamos de exponer, fué dado a conocer en París por el hermano De Grasse-Tilly.


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Protesta de la Masonería Escocesa contra los Altos Grados

Naturalmente, y como no podía dejar de suce­ der, la Masonería escocesa protestó enérgicamente contra el nombre de Rito Escocés dado al nuevo sistema franco-americano, implantado y perfeccio­ nado por Esteban Morin; y en Mayo de 1806 de­ claró formalmente que la sociedad de Francmaso­ nes de Escocia se componía exclusivamente de tres categorías de miembros: los discípulos o aprendices; los compañeros y los maestros de San Juan. La Masonería Negra El 6 de Marzo de 1775, catorce hombres de co­ lor, entre los cuales figuraban Prince Hall, Thomas Sanderson, Boston Smith, John Hartfield, William H. Gregory, Charles Spooner y John Cárter, fueron iniciados en una Logia Militar, agregada a uno de los regimientos del general Gage, que esta­ ba entonces de guarnición en Boston. Recibieron ahí los tres grados, y poco después formaron una Logia especial. Queriendo regularizar sus trabajos, se dirigieron al celebre patriota Warren, que era Gran Maestro provincial de la Gran Logia de Massachusetts. Es­ te eminente masón les dió palabras de estímulo; pe­ ro el 17 de Junio de 1775 murió en la batalla de Bunker’s Hilí y quedaron paralizadas las tramita­ ciones iniciadas. El año siguiente, las tropas inglesas evacuaron a Boston. A esta partida, muy pronto se siguió la de-


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cíaración de independencia de las provincias britá­ nicas: Se concibe que a raíz de estos sucesos, Prince Hall y sus compañeros, separados de quienes los habían iniciado y mantenidos fuera de las Logias blancas, trataron de aproximarse a éstas, como efectivamente lo intentaron, sobre todo en 1779; pe­ ro Warren había desaparecido y no se les dió res­ puesta alguna. Se dijeron entonces: “Es preciso que esto no nos desamine ni nos haga renunciar a nues­ tro propósito. Lo realizaremos y pediremos al extrangero lo que aquí se nos niega“. En aquella época, la condición social de los ne­ gros, su absoluta falta de instrucción, asi como los prejuicios de la opinión pública, no permitían mi­ rarlos como hombres, como hermanos. Se sabe que en el Estado de Massachusetts, solo en 1783 se abolió la esclavitud. Antes de esa fecha, la esclavi­ tud y la trata de negros estaban autorizadas por la ley. Los negros estaban pues fuera de la ley; y por esto Prince Hall y sus compañeros de infortunio y de esperanzas no podían reunirse sino con permiso expreso y especial de las autoridades de Boston. A pesar de estas condiciones desventajosas, per­ severaron en su amor a la Masonería; pero hubie­ ron de dirigirse a la Gran Logia de Inglaterra, “la fuente de la luz“, como Prince Hall la llamara en su petición de l.o de Marzo de 1784, para obtener de ella una Carta. Este documento le fué concedido en Londres con fecha 29 de Septiembre de 1784. Está encabezado


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con el nombre de Thomas Howard, conde de Effingham, lord Howard, etc., etc,, que actuaba bajo la autoridad de Su Alteza Real Enrique Federico, du­ que de Cumberland, etc., etc., y Gran Maestro de la muy antigua y muy honorable Sociedad de los Masones Libres y Aceptados. Con esta Carta, que llegó a sus destinatarios el 29 de Abril de 1787, Prince Hall organizó regu­ larmente el 7 de Mayo del mismo año en Boston la Logia Africana. Ningún reparo se opuso entonces al derecho que la Gran Logia de Inglaterra ejerció al conceder es­ ta Carta; y hay constancia de haber visitado con frecuencia en aquella época la Logia Africana ma­ sones de raza blanca. De 1788 a 1797, Prince Hall mantuvo corres­ pondencia oficial con la Gran Logia de Inglaterra. Cada vez que lo hizo envió cinco o diez dollars pa­ ra el fondo de beneficencia. En 1793, el número de matrícula de la Logia fué cambiado. Recibió el 370, con el cual figuró en el calendario hasta 1813, habiendo tenido anterior­ mente 459. Ese año, las dos Grandes Logias ingle­ sas se fusionaron, y la Logia Africana fué rayada del cuadro oficial, así como todas las Logias de los Estados Unidos. Es probable que la dificultad de las comunica­ ciones con Londres, unida a la muerte en 1807 de Principe Hall, trajera por resultado la cesación de toda correspondencia. Sin embargo, la Logia Afri­ cana no se consideraba desligada de su Gran Logia,


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pues en 1824, varios de los hermanos que la com­ ponían pidieron a la Gran Logia de Inglaterra re­ novación de las relaciones interrumpidas y facul­ tad para conferir los grados del Real Arco; Ade­ más, hacían constar la floreciente condición de su Logia. Mientras tanto, Prince Hall había dejado constiluídas una Logia en Filadelfia y otra en Provi­ dencia, Rhode-Isíand. En 1808, con la ayuda de estas dos Logias, la Africana había formado en Bos­ ton una Gran Logia, que fundó a su vez nuevos Talleres. En 1828, esta Gran Logia, que no recibía comu­ nicación alguna de Londres, proclamó su indepen­ da, y publicó en un diario de Boston, una declara­ ción con fecha 18 de Junio de ese año y las firmas de John T. Hilton, Thomas Delton, Lewis York y J. H. Purron. Exponían ahí diversos antecedentes sobre la re­ gularidad masónica de la Logia Africana y del acto de emancipación que realizaban. A partir de esta declaración, se fundan en los diversos Estados de la Confederación americana Logias de color, que permiten a su vez constituir Grandes Logias en la mayor parte de los Estados y formar una rama frondosa de la Orden, Desde sus primeros días hasta la fecha, la Ma­ sonería blanca ha repudiado por irregular a la Ma­ sonería negra en toda la extensión de los Estados Unidos; y amenazando con retirar su admistad y correspondencia a las Potencias Masónicas extran-


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geras, han conseguido las Grandes Logias ameri­ canas que permanezcan las de color en casi com­ pleta incomunicación con el resto del mundo ma­ sónico»


TERCERA PARTE La Masonería en la América Latina La Institución Masónica no llegó a la Amárica Latina hasta en los comienzos del siglo pasado; pe­ ro no debe extrañarnos que su propagación no se hubiera efectuado antes, si consideramos la situa­ ción política y social de todos los pueblos de esta parte del mundo. Muchas sociedades secretas de orden político apa­ recieron y actuaron en la epopeya de la emancipa­ ción de la América Hispana; pero, aunque es indu­ dable que sus organizadores procedieron a imitar la estructura masónica, que muchos de ellos habían conocido en el viejo mundo, no pueden considerar­ se como pertenecientes a la legítima fraternidad. Tipo de esta cíase de asociaciones político-milita­ res, es la célebre Logia Lautarina. que actuó en Buenos Aires, Mendoza, Santiago de Chile y tal vez en muchas otras regiones, funcionando como palanca revolucionaria. Obtenida la independencia e iniciado el período del desarrollo institucional de las repúblicas latino-


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americanas, la Masonería aparece, colaborando el afianzamiento de los principios de concordia, pro­ greso, tolerancia y justicia* Pero, en esta parte del mundo más que en otra alguna, apenas empieza a dar manifestaciones de vida, es combatida y hosti­ lizada en toda forma y en toda ocasión por el clero católico, que fulmina en contra suya los anatemas más ardientes* En varios de los países de sud y centro Améri­ ca, la Masonería viene directamente de la españo­ la, la cual, como se sabe, se originó en 1727 de la Gran Logia de Inglaterra, bajo cuya jurisdicción estuvo hasta 1779; fecha en que se desligó de la Masonería inglesa y se constituyeron muchas lo­ gias en toda la Península hispana y aún en sus po­ sesiones* Tres logias formaron una Gran Logia Nacional en 1809; y dos años después, fué erigida en Gran Oriente de las Españas y de las Indias* Ese año se había establecido por el Rey José Bonaparte un Capítulo de grado superiores* Más o menos por esa época, ya se presentan al­ gunas manifestaciones de masonería en América, pero con intermitencias. Puede decirse que hasta la mitad del siglo pasado no logra establecerse de ma­ nera sólida* No obstante, más tarde o más temprano, en to­ dos los países de América la Masonería se ha ido difundiendo, de acuerdo con las necesidades y la idiosincracia de cada país, aunque no siempre con la seguridad y firmeza de organización que requie­ re una entidad social para subsistir por largo tiem­


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po. La poca experiencia de sus organizadores y la influencia de algunas obras—como el “Manual de la Masonería" de Andrés Cassard—desorientaron en más de una ocasión los esfuerzos de los masode América» Casi sin escepción, en estos países, se practica la Masonería bajo la forma del Rito Esco­ cés A. y A»

México Hacia el año 1825 se introdujo en México el Ri­ to Escocés y poco después el de York, y aunque había campo para la propagación de ambos, se tra­ baron inmediatamente en lucha por la supremacía. En Octubre de ese año, la autoridad civil lanzó un decreto contra la Masonería, a causa de que los escoceses sostenían a españolizantes y conservado­ res y los yorkinos a exaltados y liberales. Este pe­ ríodo podemos llamarlo de gestación, puesto que, aunque sea de nombre, existían logias escocesas y yorkinas. En ese mismo año de 1725 y debido a la lucha de ambos Ritos, se acordó la fundación del Rito Nacional Mexicano, con toda forma y compuesto por masones de los Ritos contendientes. En Mayo de 1826, se fundó una Gran Logia con cinco logias, cuyos primitivos nombres de "Me­ ridiano Anahuasense", "Igualdad", "Terror de los Tiranos", "Despreocupación" y "Luz Mexicana" fueron sustituidos por los de "Reforma", "Inde­ pendencia", "Libertad", "Orden" y "Constancia",


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ha alcanzado en las demás repúblicas híspano-americanas, por razones de diversa índole. En Guatemala, Honduras, San Salvador, Nicaruaga, Costa Rica y Panamá, han existido desde tiempo antiguo logias, establecidas por Potencias masónicas extrangeras, pero su labor no ha sido continua ni estable. En 1870 se estableció un Supremo Consejo del Grado 33° para la América Central, con asiento en San José de Costa Rica, Fué reconocido como re­ gular en el Congreso Universal de los Supremos Consejos de Lausanne y se le confirió jurisdicción sobre toda la región del Istmo de Panamá. Sin embargo,, la Masonería nacional, en cada país ha ido abriéndose lentamente su camino y tras largos esfuerzos ha llegado a constituir Poderes Ma­ sónicos autónomos. He aquí la fecha de fundación de estos Poderes: Gran Logia Nacional Independiente de Puerto Rico, en 1885. Gran Logia de Costa Rica, en 1899; Gran Logia de Nicaragua, 1907; Gran Logia Cucastlán, en El Salvador, en 1912; Gran Logia de Panamá, en 1918; Gran Logia de Guatemala, en 1919; Gran Logia de Honduras, en 1922. La Masonería más antigua de estas regiones fué la establecida en algunos países del archipiélago. Así, en Haití vemos establecido un Poder Masóni­ co desde el año 1824; y en Santo Domingo, desde 1858.


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Cuba

Según las noticias de Ricardo A. Byrne, sería una verdad indiscutible que a los franceses emigra­ dos de la isla de Santo Domingo se debe la introdución de la Masonería en Cuba. Sin embargo— agrega—la primera logia que allí trabajo fue una militar, adscrita a un regimiento irlandés, cuando la toma de La Habana por los ingleses en 1762. En el año de 1784 ya existían en Santo Domin­ go Logias masónicas dependientes del Gran Orien­ te de Francia y en 1798 existía también un Gran Capítulo. La influencia de la revolución francesa pronto se dejó sentir en la isla y en 1798 principió la emigración de una gran parte de los colonos franceses, yendo muchos de ellos a establecerse a Santiago de Cuba, Matanzas y La Habana. Al abandonar su residencia, recogieron los archivos, Cartas Patentes y demás objetos de uso masónico y pronto fueron establecidas las logias "La Perse­ verare" y "La Concorde" en Santiago de Cuba; "L'Amitié" y "La Bénefique Concorde" en la Ha­ bana (años 1802 a 1803). En 1804, varios hermanos, también emigrados franceses, pidieron a la Gran Logia de Pensylva­ nia Carta para fundar en La Habana una logia con el nombre de "Le Temple des Vertus Théologales". Además existían, con nombres castellanos las logias "Amistad" y "Benéfica Concordia". Producida la lucha que la historia llama guerra de la independencia española, el pueblo cubano ma­ nifestó abierta hostilidad hacia los franceses, que


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hubieron de trasladarse a Luisíana en 1809; con ellos se fueron las logias "Benéfica Concordia" y "Amistad" de la Habana y "La Concorde" y "La Perseverance" de Santiago de Cuba. Estas logias aparecen más tarde en Nueva Orleans y contribu­ yeron a formar, en unión con otras, la Gran Logia de Luísíana, Esta Gran Logia otorgó en 1815, Car­ ta para fundar en La Habana la logia "Unión Fra­ ternal" y en 1818 para la "Divina Pastora" en Matanzas y para la "Rectitud" en la Habana. Pe­ ro poco después, estos tres talleres se sometieron a un Cuerpo Escocés que fundó bajo los auspicios deí Gran Oriente de Francia el General Luis D’Clouet. También la Gran Logia de Pensylvania había dado, en 1818, Cartas para fundar "Las Delicias de la Habana" y "Recompensa de las Virtudes" y la Gran Logia de Carolina del Sur para la logia "Constancia". La primera y la tercera de estas logias, en unión de la antigua "Templo de las Virtudes Teologa­ les", se reunieron en Convento Masónico el 27 de Marzo de 1818 y establecieron la Gran Logia Es­ pañola del Rito de York de La Habana. Sucesivamente, el Gran Oriente de Francia y la Gran Logia de Pensylvania continuaron creando nuevos organismos masónicos en Cuba, hasta que en Diciembre de 1821 fueron cedidos los 'derechos del Gran Oriente Francés al Gran Oriente Nacio­ nal de España, fundándose el Gran Oriente Simbó­ lico Español Americano de la Isla de Cuba. Pero en vista del poco interés que a este nuevo Poder prestó el Gran Oriente Nacional de España,


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el cuerpo cubano le negó la obediencia y se consti­ tuyó en organismo independiente con el nombre de Gran Oriente Territorial Español Americano de la Isla de Cuba» (Septiembre de 1822), Todos los talleres que habían dependido de las Grandes Logias Norte Americanas se habían in­ corporado a la ya mencionada Gran Logia Españo­ la del Rito de York de La Habana y en Octubre de 1822 se fusionaron ambos cuerpos, quedando cons­ tituida la Gran Logia Española del Rito de York de la Isla de Cuba.

Reiterada en l.° de Agosto de 1828 la Real Or­ den de 1824, que prohibía las reuniones masónicas bajo pena de muerte, se disuelve en l.° de Octubre del propio año la Gran Logia Española del Rito de York de la Isla de Cuba. En 1858, dos logias de Santiago de Cuba, de las constituidas por Pensylvania, que no trabajaban sino a intervalos desde la disolución de la Gran Lo­ gia Española de York y cuyos nombres cambiaron por los de "Fraternidad" N.° 1 y “Prudencia" N.° 2, sclicitaron incorporarse a la Gran Logia de Carolina del Sur; pero este Poder les aconsejó que en lugar de ello, solicitaran Carta para un nuevo taller, la cual fué concedida por la mencionada Gran Logia, estableciéndose en Noviembre de 1859 la logia "San Andrés" N.° 3; estos tres talleres fun­ daron el 5 de Diciembre de 1859 el Gran Oriente de Colón para Cuba. Con este acontecimiento, el


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territorio masónico de Cuba quedaba legalmente ocupado» En distintas ocasiones se trató de introducir en la masonería cubana las reformas que se hacían sentir cada día con más fuerza y que debían condu­ cir a la proclamación de la independencia del Sim­ bolismo y su separación de los Altos Grados, im­ plantados según el sistema de Cassard. El ejemplo de las Grandes Logias Simbólicas no había sido aún reproducido, hasta que los trabajes de un ma­ són estudioso e ilustrado—Aurelio Almeida—se tradujeron en un hecho real el 2 de Agosto de 1876. Con la concurrencia de siete logias se constituyó en La Habana la Gran Logia de la Isla de Cuba. El día 8 del mismo mes, las demás logias de La Habana, de la obediencia del Gran Oriente de Co­ lón, se constiyeran también como Gran Logia de Colón.

Venezuela

La Masonería fue introducida en Venezuela ha­ cia el año 1808. Esa es, al menos, la fecha que es­ tá consignada en los documentos de su historia ma­ sónica. En su origen, la masonería venezolana se formó de la española. Hacia 1811, Venezuela se conmovió en la lucha de emancipación contra España; la Masonería Ve­ nezolana se vió envuelta en ese movimiento sepa­ ratista y sus labores sufrieron las contingencias de aquella grande y cruel guerra de catorce años, ha-


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biendose instalado en su territorio logias bajo di­ versas jurisdicciones. No obstante tales peripecias, la Masonería se organizó, aunque de manera efí­ mera, por el año de 1814, en que se la encuentra con un Gran Oriente como suprema autoridad, de estructura análoga al de las Espanas y de las In­ dias.

Disuelta la Gran Colombia, en 1830, surgió de nuevo la organización masónica nacional junto con la república; del acuerdo de las logias existentes en el país, nació y se instaló la nueva Gran Logia de los Estados Unidos de Venezuela, que se organizó en 1835, con la misma estructura que conserva des­ de entonces, es decir, como un Congreso perma­ nente formado por diputados elegidos cada año por las logias de la jurisdicción. Hasta el año 1840 no se estableció en Venezue­ la ningún Supremo Consejo; el primero, presidido por el general José Antonio Páez, se instaló en ese año, y con él los demás cuerpos de su dependencia: Gran Consistorio, Consejo Kadosch, Grandes Ca­ pítulos Generales. Como autoridad independíente, con jurisdicción sobre la masonería simbólica, la Gran Logia de los Estados Unidos de Venezuela se ha confederado con otros cuerpos masónicos venezolanos, regular­ mente constituidos, para conservar la estructura del Rito Escocés A. y A, dentro de una confedera­ ción masónica nacional, la cual en las distintas épo­


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cas se ha denominado Gran Oriente Nacional de Venezuela. La Masonería venezolana, como en casi todos los países en que empieza a organizarse, ha tenido sus crisis y ha atravesado períodos de dificultades, divergencias y aún de cismas; pero el buen espíri­ tu se ha sobrepuesto en aras del progreso común. En 1916, el Gran Oriente se disolvió; y la Gran Logia de los Estados Unidos de Venezuela, con­ juntamente con el Supremo Consejo, dictó una nue­ va Constitución Masónica. Este hecho de adptar una legislación común, no fué bien mirado por algunos hermanos demasiado celosos de la independencia del Simbolismo, quie­ nes creyeron ver en tal acuerdo cierto sometimien­ to de la Gran Logia al Supremo Consejo. Con tal motivo, renunciaron sus cargos y se retiraron de sus respectivas logias el Gran Orador, el Gran Se­ cretario, el Gran Secretario Adjunto, el Gran Ex­ perto, el Gran Maestro de Ceremonias y otros miembros de la Gran Logia. A fin de que su con­ ducta no fuese mal interpretada, enviaron circula­ res a las logias del país, explicando el alcance de su actitud y exhortando a los demás hermanos a separarse del Supremo Consejo y a fundar una Gran Logia realmente autónoma. Para ayudar su propaganda, fundaron la revista “El Mazo44, que desde su aparición se proclamó órgano de la “agru­ pación masónica legitimista de Venezuela44. Como consecuencia de esta prédica, el 19 de Di­ ciembre de 1918, se reunieron en Puerto Cabello los delegados de siete logias y quedó establecido un


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nuevo Poder bajo el título de Gran Logia Sobera­ na de Libres y Aceptados Masones de Venezuela. En Enero de 1920, una parte de los cismáticos se separaron a su vez del núcleo principal, y uni­ dos con otros masones de Ciudad Bolívar, Curipano y Tumeremo, se constituyeron en un tercer cuerpo llamado Gran Logia Simbólica de Oriente, proclamándolo autoridad soberana en contra de la Gran Logia regular y aún de la irregular. Colombia El movimiento separatista que produjo la diso­ lución de la Gran Colombia en 1830, se hizo sentir también en la masonería, pues por aquella fecha no había más centro masónico que el de Caracas. Los masones colombianos, tanto en Bogotá co­ mo en Cartagena, deseaban independizarse de Ca­ racas; más no pudíendo realizar sus anhelos los de Bogotá, por razones políticas que obraban en su contra, les tocó a los de Cartagena la misión de proclamar la independencia masónica nacional. Es­ te hecho se verificó en Junio de 1833, creando con el Supremo Consejo del Grado 33.° el Gran Orien­ te Neo-Granadino, bajo cuya obediencia quedaron, con escepción de las de Venezuela y sus islas, to­ das las logias que antes dependían de la autoridad de Caracas. Los tiempos corrieron y Bogotá hizo otro tanto. Estimando que las Grandes Constituciones del Ri­ to Escocés A. y A. los autorizaban para ello, los masones de esa ciudad, encabezados por el herma­


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no Tomás Cipriano Mosquera, constituyeron en Mayo de 1864 otro Supremo Consejo del Grado 33°, bajo la denominación de Gran Oriente Central Colombiano» Pero el Supremo Consejo de Cartagena se negó a reconocerlo y lo declaró irregular» Vino entonces la lucha intestina, que felizmente declinó en 1870» En esa época se llegó a un acuerdo, según el cual, ambos Poderes se reconocían mutuamente como le­ gítimos y repartían la jurisdicción masónica de Co­ lombia»

Perú La Masonería aparece en el Perú apenas afian­ zada la independencia política del país» Según algu­ nos autores, de 1825 a 1830 existían en Lima las siguientes logias: “Paz y Perfecta Unión44, “Orden y Libertad44, “Virtud y Unión44 y “Constancia Pe­ ruana44. En el Cuzco, “Sol de Huaina Capac“; en Lambayeque “Unión Justa44; en Piura “Constan­ cia Heroica44 y en lea “Filosofía Peruana44. Tam­ bién se dan como existentes otras cinco logias en Arequipa, Trujillo, Cajamarca, Puno y Huamachuco» Todas estas logias practicaban el Rito Es­ cocés A. y A. Además de dichos Talleres, se ase­ gura la existencia de Capítulos Rosa Cruz en Li­ ma, Lambayeque, Piura, Trujillo, Payta y Are­ quipa. En Noviembre de 1830 se fundó en Lima un Su­ premo Consejo del Grado 33°, un Consistorio del Grado 32° y un Aerópago del Grado 30°.


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En Junio de 1831,. los Venerables Maestros y los Vigilantes de las logias simbólicas, así como los delegados representantes del Supremo Consejo, Consistorio, Áerópagos y Capítulos y tambián los diputados de las logias de Lambayeque y de Huamachuco, se constituyeron e instalaron según la an­ tigua costumbre, como Gran Logia de Francmaso­ nes del Rito Escocés, que debía funcionar en la ciu­ dad de Lima. Fue elegido Gran Maestro Tomás Ripley Eldrege. En Agosto del mismo año, volvió a reunirse la Gran Logia y comenzó la tarea de formar una Constitución y los Estatutos Generales para su go­ bierno. También se resolvió cambiar el título de Gran Logia por el de Gran Oriente Peruano. Después de un receso de unos cuantos años, obli­ gado por los acontecimientos políticos, algunos her­ manos entusiastas se reunieron en 1845 para abrir la logia simbólica “Orden y Libertad44 y el Capítu­ lo Rosa Cruz de Lima. Continuaron trabajando con regularidad, y en Noviembre de 1848, después de celebrar una Asamblea General, volvió a abrirse el Gran Oriente. En Enero del año siguiente tam­ bién se reconstituyó el Supremo Consejo del Gra­ do 33°. En 1859, ambos cuerpos sancionan una Consti­ tución para el gobierno de la Fraternidad. Dos años más tarde se reorganizan y adoptan el nombre de Gran Oriente Nacional del Perú (1852). En ese mismo año, el Supremo Gran Capítulo Real Arca de Escocia, expidió Carta creando un Capítulo—Estrella Boreal—para que funcionara en


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el Callao. Este fué el primer cuerpo masónico del Rito de York que se abrió en la República*

La Masonería peruana trabajó con entusiasmo y tranquilidad durante algún tiempo, aunque su or­ ganización de Gran Oriente, en cuyo seno ejercía influencia preponderante el Supremo Consejo, ha­ bría de serle desfavorable, como ha sucedido en muchos otros países de América* Hacia 1857, las siguientes logias trabajaban con Cartas Patentes otorgadas por el Supremo Consejo en nombre del Gran Oriente Nacional: N.o 1, Orden y Libertad, en Lima* N*o 2, Concordia Universal, en el Callao. N.o 3, Estrella Polar, en Lima* N.o 4, Virtud y Unión, en Lima, N.o 5, Filantropía del Guayas, en Guayaquil. N.o 6, Estrella del Norte, en Huaras. N.o 7, Estrella del Sur, en Concepción, Chile. Tenía, además, siete cuerpos de Grados Supe­ riores en Lima, Callao y Guayaquil. En Mayo de dicho año de 1857, el Gran Orien­ te se reunió como Gran Cámara Suprema de Ritos, compuesta únicamente del personal que tenía el grado 33° y decretó cuatro Reglamentos y Estatu­ tos Adicionales, que debían considerarse como par­ te de la Constitución de la Orden. Pero lo extraño de este procedimiento legislativo dió margen a las logias números 2, 3 y 4 para separarse definitiva­ mente de aquella autoridad; y constituyeron en Li­


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ma una Gran Logia Simbólica independíente* Esta actitud, que mereció el aplauso de muchos maso­ nes de todos los grados, encontró imitadores en las demás logias y aún en algunos Capítulos, que al poco tiempo se desligaron a su vez del Gran Orien­ te y prepararon una Asamblea General de maso­ nes, a la que, naturalmente, se adhirieron las tres logias fundadoras de la Gran Logia Simbólica inde­ pendiente* De esta Asamblea resultó un nuevo Gran Orien­ te del Perú, establecido sobre bases más racionales, con separación completa del gobierno del Simbolis­ mo y de la administración de los Altos Grados y con una Constitución que permitía un desarrollo más fructífero* Ambas autoridades se combatieron durante al­ gún tiempo con ardor; hasta que la segunda, ha­ biéndose hecho representar y reconocer en el Con­ greso Universal de los Supremos Consejos celebra­ do en Lausanne en 1875, legalizó su situación de única autoridad sobre el Rito Escocés en el Perú. Después de 1884, el Gran Oriente se separó en dos ramas autónomas: la Gran Logia de los Anti­ guos, Libres y Aceptados Masones de la República del Perú, como única autoridad sobre el Simbolis­ mo; y el Supremo Consejo para el Perú, árbitro de los Grados Superiores. La influencia masónica peruana se ha hecho sen­ tir en diferentes épocas en los países vecinos: Chile, Bolivia y Ecuador, que tuvieron logias sometidas a su autoridad.


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Brasil Ya en 1821 existía en el imperio del Brasil una logia, que se dividió en tres talleres para constituir por medio de sus representantes un Gran Oriente del Brasil. Pero el carácter político de los trabajos obligó al emperador don Pedro a clausurarlos. No obstante la prohibición, funcionaba en Río Grande del Sur un Gran Oriente, aunque no reco­ nocido. Después de la abdicación de este monarca en 1831, volvieron las logias a recobrar su actividad y se constituyó un nuevo Poder con el nombre de Gran Oriente Brasilero. Las primitivas logias, tam­ bién reabiertas, dieron vida al fenecido Gran Orien­ te del Brasil. Ambas entidades disputaron durante muchos años acerca de su legitimidad, conociéndose res­ pectivamente con los nombres de Gran Oriente de Labradío el más antiguo y Gran Oriente de Bene­ dictinos el otro, tomando aquellos calificativos de los respectivos locales que ocupaban. En 1832 se fundó un Supremo Consejo del Gra­ do 33°, que contribuyó a aumentar la confusión existente, con la introdución de los Altos Grados. Este nuevo cuerpo se unió al Gran Oriente de Be­ nedictinos. Entonces el de Labradío, para contra­ rrestar esta influencia, instituyó a su vez una enti­ dad análoga en su seno. Por fin, después de muchos intentos fracasados, se celebró una Asamblea General, con representan­ tes de ambos cuerpos, en Diciembre de 1882 y se


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acordó la fusión. En Enero del año siguiente se reunió por primera vez la autoridad única, que ba­ jo el nombre de Gran Oriente Supremo Consejo del Brasil, fijó su sede en Río de Janeiro. Separó el Simbolismo de los Altos Grados, para cuyo efecto se estableció una Gran Logia Central; también se instituyó una Gran Logia Provincial en Bahía. Posteriormente, ha habido que lamentar nuevas dificultades que han venido a separar otra vez a la familia masónica brasilera. Uruguay (I)

El centro masónico más antiguo que haya sido fundado en el Uruguay, se remonta a 1827, época en la cual algunos masones franceses en Montevi­ deo se reunieron y formaron un Taller denomina­ do “Les Enfants du Nouveau Monde44, bajo la obe­ diencia del Gran Oriente de Río Grande del Sur (Brasil), Potencia masónica no reconocida en esa época y, por consecuencia, irregular. A pesar de es­ ta tacha de irregularidad, el Taller francés funcio­ nó de una manera más o menos continua, y tuvo frecuentes reuniones e iniciaciones. Esta Logia, esencialmente francesa por su carác­ ter y por la nacionalidad de sus componentes, se afirmó definitivamente en 1842; tomó entonces el título distintivo de “Les Amis de la Patrie44 y pidió (1) Hemos tomado estas noticias sobre la Masonería en Uruguay de un interesante artículo publicado por Georges Heyberger en “Acacia" de Montevideo, Octubre de 1927.


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Constitución al Gran Oriente de Francia. Esta fué concedida al año siguiente. Varias otras logias se fundaron por esta misma época, bajo la obediencia del Gran Oriente del Bra­ sil. Pero las discordias civiles introdujeron grandes divisiones en el seno de los Talleres y retardaron los progresos de la Masonería. La logia “Les Amis de la Patrie" trabajaba re­ gularmente desde hacía trece años, cuando en 1855 se manifestó en Montevideo un movimiento masó­ nico considerable. En Enero de ese año, la logia francesa recibía una nota en que se le comunicaba la fundación de una Potencia Masónica en el Uru­ guay; pero este pretendido Gran Oriente de Mon­ tevideo era completamente irregular. Declaraba adoptar el Rito Escocés A. y A. y fundó talleres comprendiendo los 33 grados del Rito. La logia francesa rechazó el reconocimiento oficial de este nuevo cuerpo y declaró que pediría instrucciones al Gran Oriente de Francia. También el Gran Orien­ te del Brasil se negó a reconocer la nueva Poten­ cia Masónica de Montevideo y puso sus logias en interdicción. El 24 de Junio del mismo año 1855, una nueva autoridad masónica se fundó en la capital de la Re­ pública, titulándose Gran Oriente del Uruguay, Pe­ ro la creación consecutiva de dos Grandes Orientes con sus logias respectivas en Montevideo, provocó una verdadera tormenta en el mundo profano. El Gran Oriente llamado de Montevideo, irregularmente constituido, no pudo resistir y se desplo­


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mó víctima de sus propios abusos y de la falta de conocimientos en la organización masónica. En Septiembre de 1856 el Gran Oriente llama­ do del Uruguay fué oficialmente reconocido por el del Brasil y un año más tarde, por el de Francia. Argentina (I)

Ya en los comienzos del siglo pasado y talvez antes, aparecen manifestaciones de masonería en las riberas del Plata. Algunos autores hacen de las “Logias Inglesas44, organizadas durante la recon­ quista (1806) las fundadoras de la Masonería ar­ gentina; otros sostienen que fué “la Logia San Juan de Jerusalen de la Felicidad de esta Parte de América44, fundada por el portugués Cordeiro an­ tes de 1804, pero en el siglo XIX; y finalmente, otro autor, con argumentos concluyentes, determi­ na que la primera entidad masónica organizada en Buenos Aires, fué la logia “Independencia44. “La logia Independencia—dice este autor—por su sola denominación, está acusando su existencia en un momento en que esa palabra simbolizaba un (1) La Masonería argentina cuenta ya con una magnífica histo­ ria de su desarrollo y actuación: “Las Sociedades Secretas, Políti­ cas y Masónicas, en Buenos Aires", por Martín V. Lazcano.—Bue­ nos Aires, 1927. 2 vola. Con este libro, cabe a la República Argentina el honor de ser el primer país latino americano que cuente con una historia completa de su vida masónica. Las noticias que insertamos en estas páginas son tomadas de dicha obra.


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ideal, una plegaría de todas las horas y una oferta serena de consagración de la vida en holocausto* Cuando las circunstancias especiales de la lucha por la emancipación política impidieron a la logia Independencia su funcionamiento, se clausuró, o, mejor dicho, delegó sus facultades en un grupo que fué conocido por el nombre de “Sociedad de los Siete" y a ella le cupo la gloria de lanzar el grito de Mayo de 1810“* He aquí lo que se sabe sobre la logia “San Juan de Jerusalen“* “Juan de Silva Cordeiro fundó una logia masó­ nica bajo la advocación y título de “San Juan de Jerusalen de la Felicidad de esta Parte de Américau* El templo estaba situado en una casa del ba­ rrio de las Catalinas y habiéndose humedecido las habitaciones a causa de una copiosa lluvia, fué in­ dispensable sacar al sol algunos de los objetos del servicio interno de la logia* Esta operación se prac­ ticó sin las convenientes precauciones, resultando de este descuido que fueran a parar a manos de una beata una Capa magna (?) y algunos mandi­ les* La beata puso en conocimiento del Capellán de las Catalinas aquel raro hallazgo; el Capellán lo comunicó al Obispo y este al Virrey, quien dispu­ so que inmediatamente se levantara por el Oidor Basso y Berri una información en toda forma le­ gal para descubrir a los cómplices de lo que hasta entonces se consideraban como delito contra la re­ ligión y contra el Estado“* t


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A la desaparición de las logias44 Independencia44, “San Juan de Jerusalen44 e “Inglesas44, que repre­ sentaron la primera época de la Masonería en el país, siguió el surgimiento de la Masonería políti­ ca, por delegación, como la “Sociedad de los Sie­ te44 en 1806, o de origen propio como la “Lautaro44 en 1812 y las que hasta 1856 se sucedieron con varias carátulas y finalidades políticas» Estas sociedades, sin perjuicio de que en sus componentes existieran masones, vivían al margen de las leyes y principios masónicos; y aunque si­ guen apareciendo hasta 1852, reducido fué el nú­ mero de las viejas columnas masónicas que contri­ buyeron a la organización de la Masonería Argen­ tina en su segunda época. Las proscripciones a Chi­ le, Brasil y Uruguay, hicieron de sus logias las cu­ nas iniciadoras de la gran mayoría de los fundado­ res de las logias de Buenos Aires. En 1854 aparece en Corrientes la logia “Cons­ tante Unión44 aunque con finalidad política, que so­ lo pierde cuatro años después para encarrilar su funcionamiento bajo la estricta reglamentación ma­ sónica. En Buenos Aires se estableció la “Unión del Plata44 el 9 de Mayo de 1856, de la cual surge, el 25 de Noviembre del mismo año, la “Confraterni­ dad Argentina44. A estas logias y sus hijas sucesi­ vas “Consuelo del Infortunio44, “Tolerancia44, “Re­ generación44, “Lealtad44 y “Constancia44, cúpoíes el honor de ser las generadoras del Supremo Consejo y Gran Oriente para la República Argentina, fun­


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dado en 1857, cuyo primer Comendador Gran Maestro fué el hermano Roque Pérez. Cuatro años después de su fundación, el Gran Oriente había aumentado considerablemente el nú­ mero de sus Talteres; fuera de los que concurrieron a establecerlo, se contaban en 1861 las siguientes logias: “Sol de Mayo44, “Fraternidad y Beneficen­ cia4', “Unión Italiana44, “Obediencia a la Ley44, “Verdad44, “Dios y Libertad44; también funciona­ ban las logias extrangeras “Les Amis de la Verité44, '“Amis de Naufragés44 y “Excelsior44. En Ro­ sario se contaban “Teutonia44 y 44Unión“ y en Pa­ raná 44Asilo de la Verdad4,. La Masonería Chilena debe a la Argentina la fundación del Supremo Consejo del Grado 33° para Chile, establecido en 1899.

Paraguay Por diversas razones de orden político y social, solo en el año de 1869 aparece la Masonería en el Paraguay. En Mayo de ese año se fundó en Asunción la logia “Fe44, que comenzó a trabajar en el Rito Es­ cocés A. y A. bajo los auspicios del Gran Oriente del Brasil; y en Septiembre del mismo, levantaba sus columnas la “Unión Paraguaya44 que el Gran Oriente Argentino auspició con el N." 30 de su ma­ trícula. En 1871 la logia “Fe44 obtuvo la dignidad de logia capitular y en Septiembre del mismo año, se declaró independiente de la autoridad que le había


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acordado su Carta Constitutiva, Entonces se divi­ dió en cuatro logias: "Fe", "Fraternidad Masóni­ ca", "Asilo de la Virtud" y "Fede e Lavoro", esta última con personal italiano. Una logia irregular establecida en el pueblo de Humanita, fué regularizada y luego sirvió de base a otras tres: "Esperanza", "Caridad" y "Amor a la Virtud". En el pueblo de Cerrítos se fundó otro Taller masónico con el nombre distintivo de "Cruz". Poco después quedó constituido un Gran Orien­ te y un Supremo Consejo del Grado 33° para el Paraguay. Ecuador Aunque en alguna parte hemos oído hablar de una logia masónica existente en Quito hacia 1809, creemos que, de haber existido, haya sido más bien una agrupación política semejante a la "Lautarina" de Buenos Aires, Mendoza y Santiago. También la tradición conserva noticias de otra lo­ gia que funcionó en Guayaquil por el año 1820. Pero cuando la Masonería aparece en forma inequí­ voca es en 1824, fecha en que el general Valero fundó en Guayaquil la logia "Ley Natural". Después, los acontecimientos políticos y el go­ bierno conservador de García Moreno ahogaron toda iniciativa masónica. Hacía 1857 aparece trabajando en Guayaquil la logia "Filantropía del Guayas", dependiente del Gran Oriente Peruano; pero como cesara de fun-


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clonar, quedó vacante el territorio masónico del Ecuador, que fué ocupado en Abril de 1897 por la Gran Logia de los Antiguos, Libres y Aceptados Masones del Perú, al establecer en Guayaquil la logia "Luz del Guayas", que ha tenido larga vida. En Diciembre de 1901, el coronel Alamiro Pla­ za, con poderes del Supremo Consejo del Grado 33° del Perú, instaló en Guayaquil una nueva lo­ gia con el nombre de "Sucre", a la que siguió la reapertura de la antigua "Filantropía del Guayas" efectuada en Junio de 1905 bajo los mismos aus­ picios. Aunque convencidos los masones ecuatorianos de la necesidad de desprender las logias simbólicas de los Supremos Consejos, para formar una Gran Logia Ecuatoriana, diversas dificultades les impi­ dieron dar vida a ese pensamiento. Solo se obtuvo en 1910 la creación del Supremo Consejo del Gra­ do 33° para el Ecuador, al cual se afiliaron las dos logias del Rito Escocés A. y A. existentes enton­ ces en Guayaquil y otras dos de Quito: una con el antiguo nombre de "Ley Natural", dependiente del Gran Oriente Español y otra denominada "Bo­ lívar", que estaba sometida al Supremo Consejo del Grado 33.° del Perú. En 1913, varios masones italianos que pertene­ cían a la logia "Sucre" de Guayaquil, se retiraron de ese Taller para fundar la logia "Antonio Saffi", sometida al Supremo Consejo del Grado 33.° de Italia; pero este nuevo elemento masónico no pudo continuar satisfactoriamente sus labores. De tiempo en tiempo, se suscitaban movimientos


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encaminados a fundar la Gran Logia del Ecuador, pero, por un motivo u otro, fracasaban. En 1917 pareció conseguido el intento. Miem­ bros de la logia "Sucre", de la "Filantropía del Guayas" y de la "Bolívar" aunaron sus esfuerzos y fundaron en Guayaquil dos nuevos Talleres: "Luz de América" y "Eloy Alfaro". A base de to­ das estas logias se verificó un Congreso Masónico Ecuatoriano, encargado de ocuparse de las cuestio­ nes previas a la instalación de la Gran Logia. Este Congreso comenzó a funcionar el 20 de Febrero de 1918 y declaró terminadas sus labores el 3 de Mayo. Sin embargo, la Gran Logia no era un hecho to­ davía. Por fin, el 19 de Junio de 1921 pudo constituir­ se detinitivamente, a base de las logias "Luz de Guayas", "6 de Junio" y "Oriente Ecuatoriano", la Muy Respetable Gran Logia del Ecuador, con sede en Guayaquil. Solivia

Bastante tardó la Masonería en propagarse has­ ta Bolivia. Los Poderes Masónicos del Perú y del Brasil habían instalado logias bajo su obediencia en el territorio boliviano; parece que otros Poderes extrangeros habían hecho lo mismo. Pero, por di­ versas causas, la vida de esos organismos no fué de larga duración en el altiplano. La logia que con mayores títulos puede considerarse como de más prolongada historia es la llamada "Honradez y Tra­


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bajo", de Sucre» Fundada en 1885, trabajó durante los primeros años bajo la obediencia de la Gran Logia del Perú, que le había concedido Carta Cons­ titutiva el 12 de Abril» Más, pasado algún tiempo, paralizó sus trabajos y quedó en receso. Transcurrieron varios años sin que la Masone­ ría volviera a dar señales de vida en Bolivia, has­ ta que el 17 de Enero de 1913, once hermanos ma­ sones fundaron un Potosí una logia, que se deno­ minó “Honor y Prudencia". Todos los fundadores eran extrangeros: tres ingleses; dos escoceses; dos chilenos; un francés; un alemán: un italiano y un dálmata. Como en Bolivia no había Poder Masónico Na­ cional, este Talíer pidió su Constitución a la Gran Logia de Chile. Dicha Gran Logia, en 20 de Ene­ ro de 1913, autorizó los trabajos en instancia; el 6 de Junio mandó extender la Carta Constitutiva. La Instalación de la logia "Honor y Prudencia"—a la que correspondió en N.° 44 en la matrícula de las logias chilenas—se verificó el 11 de Julio. Alma de la fundación de tal logia fué un masón alemán, miembro de una logia chilena de Antofagasta. Los trabajos masónicos prosperaron en el territo­ rio. El 28 de Agosto de 1916, en el domicilio par­ ticular de un distinguido militar boliviano de La Paz, se reunieron doce masones, para echar las bases de una logia en esa ciudad. Constituida la reunión preparatoria, se discutió acerca del Oriente Masónico a que el nuevo Taller pertenecería, y por unanimidad los presentes eligieron la Gran Lo­


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gia de Chile. El nuevo Taller se denominó “Illimani". Lo que decidió a todos a colocar bajo la jurisdic­ ción del Poder Masónico chileno al nuevo Taller fué el conocimiento que sus fundadores tenían de la manera como trabajaba la logia de Potosí y el con­ sejo entusiasta de un masón de nacionalidad fran­ cesa enterado de la rectitud de procederes de la Ma­ sonería chilena. La fundación de la logia “Illimani" fué autoriza­ da el 7 de Octubre de 1916 por la Gran Logia de Chile; el número de orden que le correspondió fué el 49. En 4 de Enero de 1918 se le extendió la Carta Constitutiva y el 8 de Febrero de ese mismo año se celebraba la fiesta de instalación. La actividad de las dos logias nacionales, des­ pertó en los miembros de la antigua “Honradez y Trabajo", que había funcionado en Sucre, el de­ seo de reabrirla. Ya en 1914 habían hecho tentati­ vas para obtener de la Gran Logia del Perú una nueva Carta Constitutiva, por haberse extraviado la de 1885; pero no se obtuvo ningún resultado. En vista de eso, el 9 de Marzo de 1917 los miem­ bros de la “Honradez y Trabajo" se dirigieron a la Gran Logia de Chile solicitando de este Poder Ma­ sónico que regularizara la situación de la logia de Sucre. Al efecto, el 7 de Agosto de 1917, la Gran Logia de Chile reconocía a la logia “Honradez y Trabajo" como logia regular de su jurisdicción, en la cual le asignó el N,° 52. Posteriormente fueron establecidas las siguientes


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logias, siempre bajo la jurisdicción de la Gran Logia de Chile: “Tunan" N.° 66, en Cochabamba; “Adolfo Ballivian44 N.° 67, en Oruro; “Mariscal de Ayacucho“ Ñ.° 68, en la Paz; y “Anglo-Bolívían“ N»° 69, también en la Paz» A escepción de esta última, que practica el Rito de York, las demás trabajan en el Rito Escocés A. y A» Gracias a los esfuerzos y al entusiasmo de los masones bolivianos, estas siete logias han desarro­ llado una considerable labor y han servido de base para establecer un Poder autónomo» El 12 de Abril de 1930, la Gran Logia de Chile autorizó los traba­ jos en instancia de la Gran Logia de Bolívia, con sede en La Paz.

Chile La Masonería fué introducida en Chile hacia la mitad del siglo pasado, por un grupo de franceses, que fundaron en Valparaíso la logia “Etoile du Pa­ cifique44, bajo los auspicios del Gran Oriente de Francia (1850). Elementos chilenos iniciados en dicha logia, sa­ lieron poco después a establecer la “Unión Frater­ nal44, que fué la primera logia masónica chilena (Julio de 1853). Esta nueva logia, también bajo los auspicios del Gran Oriente de Francia, funcio­ naba en Valparaíso, en donde, poco después, se ha­ bría de fundar otro taller con personal anglo-americano: la logia “Bethesda44 quedaba constituida en


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Diciembre de 1854, bajo la obediencia de la Gran Logia de Massachusets. De la "Union Fraternal", el movimiento masó­ nico se propago hacia otras ciudades del país: en Concepción se establecióla logia "Estrella del Sur", bajo la obediencia del Gran Oriente del Perú, (1856) que más tarde, bajo el nombre de "Aurora de Chi­ le" solícito su patente del Gran Oriente de Francia (1860); en Copiapó, la "Orden y Libertad" (Ene­ ro de 1862) y por esa misma époco se echaron en Valparaíso las bases de la "Progreso", Todas estas logias se habían constituido bajo los auspicios deí Gran Oriente de Francia, Pero cuan­ do este alto cuerpo masónico pasó a ser dirigido por el mariscal Magnan, profano, designado por decreto del Emperador Napoleón III, las logias de Chile proclamaron su autonomía y fundaron la Gran Logia de Chile (24 de Mayo de 1862), El primer Gran Maestro fué Juan de Dios Arlegui, Hacia 1870 se fundó un Supremo Consejo del Grado 33°, que tuvo vida efímera. Los altos gra­ dos no quedaron definitivamente establecidos hasta fines del siglo pasado, cuando el hermano Eduardo de la Barra estableció un Supremo Consejo del Gra­ do 33° con una carta-patente del que funcionaba en la República Argentina (Julio de 1899), Al contrario de lo ocurrido en casi todas las de­ más repúblicas latino-americanas, en que el simbo­ lismo y los altos grados se mezclan y confunden en Grandes Orientes y Supremos Consejos líenos de atribuciones, en Chile la organización masónica se perfectamente clara: La Gran Logia de Chile es la


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única autoridad de la masonería simbólica; y el Su­ premo Consejo es el árbitro de los grados superio­ res, pero sin facultad para establecer logias simbó­ licas* Siendo ambas entidades completamente autóno­ mas y manteniéndose cada una dentro de los lími­ tes de sus atribuciones, no ha habido ni puede ha­ ber divergencias, que tanto han perjudicado a la Orden en otros países. La Gran Logia de Chile pertenece a la 44 Asocia­ ción Masónica Internacional44 y está reconocida co­ mo regular y perfecta por todas las autoridades ma­ sónicas del mundo (1).

(1) Para conocer en todos sus detalles y extensión la historia de a Masonería nacional, consúltese nuestra obra “La Masonería en Chile". Santiago, 1929.


Persecuciones a la Francmasonería

Casi desde sus primeras manifestaciones, des­ pués de la transformación de 1717, la Masonería ha sido objeto de una encarnizada guerra por parte de la Iglesia Católica. Cupo al clero de Holanda el triste privilegio de iniciar esta persecución (1734) que no ha cesado y que ha sido mantenida y esti­ mulada por varios de los sucesores de San Pedro, Casi al mismo tiempo que en Holanda, la maso­ nería francesa y alemana fué objeto de algunas hos­ tilidades de parte del poder civil; pero estas no fue­ ron ni tan persistentes ni tan crueles que impidie­ sen los trabajos y los progresos de la sociedad. Más obstáculos que vencer y más peligros que arros­ trar encontró la Orden en Italia. El clero de Flo­ rencia influyó en el ánimo de Juan Gastón, último duque de Médicis, para que prohibiera el ejercicio de la Masonería. No satisfecho con esto, consiguió de Clemente XII que enviara un inquisidor a Flo­ rencia, para proceder contra la Sociedad. Pero no se satisfacía el clero con ahogarla en un solo pun­ to: aspiraba a destruirla en todas partes. En Ju­ lio de 1737, el Papa Clemente XII reunió en Ro­ ma a los cardenales Ottobone, Spínola, Jondedari


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y al Inquisidor de Florencia y acordaron los térmi­ nos de la Bula de excomunión, que se publicó en Abril de 1838» Desde entonces, los anatemas pontificiales se han repetido de tiempo en tiempo, en la siguiente forma: Clemente XII, en Abril de 1738. Benedicto XIV, en Mayo de 17 51 ♦ Pío VIII, en Septiembre de 1821. León XII, en Marzo de 1825. Gregorio XVI, en Agosto de 1832. Pío IX, el más encarnizado de todos, en No­ viembre de 1846, Septiembre de 1865 y Octubre de 1869. León XIII, en Abril de 1884. Pío X, en Noviembre de 1911. Más, a pesar de estas excomuniones y anatemas, la institución masónica 8rogresa y se propaga cada día con mayor éxito. FIN DE «LAS LOGIAS DE SAN JUAN»


Nota Bibliográfica

Al trazar este resumen de la Historia de la Fracmasonería no nos hemos atenido a las noticias y opiniones de un autor determinado, sino que he­ mos ido examinando cuanta obra, revista o ar­ tículo ha estado a nuestro alcance. Hemos querido evitar, en cuanto nos ha sido da­ ble, la influencia de determinadas doctrinas; y com­ parando los textos de unos autores con los de otros, tomando algo de cada cual, lograr como resultado ese término medio, que entre las afirmaciones au­ daces y las reticencias prudentes, da casi siempre la pauta de lo verdadero y de lo justo, Por otra parte, como la materia es de suyo com­ pleja y vastísima, para poder encuadraría dentro del estrecho límite de unas cuantas páginas, hemos debido circunscribirla a aquello que es fundamental, absteniéndonos de dar detalles y aún de referirnos a partes que, aunque importantes, no son capitales. Como escepción, hemos entrado en algunos deta­ lles al referirnos a la Masonería en la América La­ tina, por cuanto su historia es la menos conocida.


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A fin de que los lectores conozcan a los autores y obras de que nos hemos servido al escribir el pre­ sente trabajo, ya consultándolos directamente o por referencias y citas de otros autores sobre ellos, ofre­ cemos la bibliografía que va a continuación. Aun­ que hemos anotado todos los títulos en castellano, debemos advertir que, en su mayoría, las obras es­ tán escritas en alemán, francés e inglés. Hemos in­ dicado con la abreviatura Trad. puesta al lado del título, aquellas obras que han sido vertidas a nues­ tro idioma.


BIBLIOGRAFIA Albrecht.—Elementos para una historia crítica de la Masonería. Anderson.—El libro de las Constituciones. Trad. Clavel. —Historia pintoresca de la Fracmasonería. Trad. Clavel y Trucht. — Manual del Francmasón. Trad. Cooke.—Historia y artículos de la Masonería. Coroyer.—Estudio histórico sobre la Francmaso­ nería. Daruthy.—Investigaciones sobre el Rito Escocés A. y A. Fallou.—Los misterios de la Fracmasonería, su verdadero objeto y su origen. Fessler.—Historia Crítica de la Francmasonería y de la Asociación francmasónica desde los tiempos más antiguos hasta 1812. Frau Abrines.—Dice. Enciclopédico de la Masonéría, (en castellano). Grandidier.—Ensayo histórico sobre la catedral de Estrasburgo.


Halliwel.—El Manuscrito Regio. Heldman.—Los tres documentos más antiguos de la Masonería alemana. Jouaust.—Historia del Gran Oriente de Francia. Krausse.—Los tres documentos más antiguos de la Masonería. Lantoine.—Historia de la Masonería Francesa. Lazcano.—Las Sociedades secretas, Políticas y Masónicas, en Buenos Aires. Lenoir.—La Masonería restablecida a su verda­ dero origen. Mac Kollock.—Boletín de la Gran Logia de Kansas. Mitchell.—La Historia de la Masonería, etc. Mosdorf.—Enciclopedia para los francmasones. Oliver.—Antigüedades sobre la Masonería. Payne.—Origen de la Francmasonería. Preston.—Ilustraciones de la Masonería. Ragon.—Ortodoxia masónica. Id —Rituales. Roghellini de Schio.—La Francmasonería en sus semejanzas con las religiones antiguas egipcias. Rebold.—Historia General de la Masonería. Id. —Historia de las Tres Grandes Logias de Francia. Schaurer.— Estudio comparativo de los manua­ les de simbolismo masónico. Schraeder. — Elementos para una historia crítica de la Francmasonería. Thory.—Acta Latomorum. Tschoudy.—Discusión Histórica. Vogel.—Cartas sobre la Masonería.


INDICE

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PRIMERA PARTE

Del origen de la Institución Masónica ............... Las Teorías Milenarias. Los Esenios ......... ... Crítica de las Teorías Milenarias............................ La Leyenda del Arte............................................... Los Colegios Romanos ... .................................. Los antiguos documentos........................................ Los canteros alemanes ..................... • ......... Los masones constructores y la libertad de con­ ciencia.. ................................................... 18 Las cofradías en Inglaterra ............................ ... Masones alemanes y masones ingleses............... Los masones aceptados ........................................ Elias Ashmole. Reforma de los rituales.............

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SEGUNDA PARTE Decadencia de la Masonería Operativa............... La Gran Logia de Londres. Su organización ... Jorge Payne y las Ordenanzas Generales. Anderson y el Libro de las Constituciones ... La Fiesta de San Juan ........................................ Propagación de la Masonería fuera de Inglaterra La Logia de Ecónomos de Londres..................... El Cisma de la Masonería Inglesa ..................... El Grado Real Arca ............................................... El Príncipe de Gales Gran Maestro ad vitara. Término del cisma ........................................

27 28 31 33 34 35 36 38

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La Masonería en Irlanda y en Escocia.............. La Masonería en Francia- .................................. Los Altos Grados...................................................... Consejo de los Emperadores de Oriente y Occi­ dente ... ................................................... 45 División en dos Grandes Logias,.......................... La Palabra Semestral.................................. .......... La Masonería Francesa y la revolución de 1789. La Masonería en la América del Norte............... Divergencias en América .. .................................. Reconstrucción de la Masonería en Boston......... Fusión de las dos Grandes Logias ..................... La Gran Logia de Pensylvania............................. Ea Gran Logia General de América..................... Fundación de Grandes Logias Independientes... El Rito Escocés Antiguo y Aceptado ................ Protesta de la Masonería Escocesa contra los Altos Grados ................................................... La Masonería Negra...............................................

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TERCERA PARTE La Masonería en América Latina ..................... México........................................................................ Istmo de Panamá..................................................... Cuba........................................................................... Venezuela.................................................................. Colombia ................................................................. Perú............................................................................ Brasil ... .................................................................. Uruguay.................................................................... Argentina.................................................................. Paraguay ................................................................. Ecuador ................................................................. Bolivia....................................................................... Chile........................................................................... Persecuciones a la Francmasonería..................... Nota Bibliográfica.....................................................

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Las Logias de San Juan: Resumen de historia general de la masonería by Gran Logia de Chile - Issuu