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hi s to r i a
Guatemala, 2020. Autobiografía María Alejandra. Versión Digital Primera Edición.
No es lo que se dice, sino cómo se dice. Contar una historia va más allá de sólo contar lo que sucedió. Lo que cuentan son los detalles. Anónimo
Índice: Introducción
6
Contenido
Capitulo 1: Así inicia un sueño.
12
Capitulo 2: ¿Quienes son parte de mi vida?
20
Capitulo 3: Un camino inesperado.
28
Capitulo 4: Siendo conquistada.
36
Capitulo 5: Una ayuda en los simientos.
45
Capitulo 6: La fuerza de la naturaleza
49
Capitulo 7: Enfrentando retos.
58
Conclusiones
78
Recomendaciones
82
Comentario Final
86
Introducciรณn
Despertar y sentirse fuera de si, en un tiempo que no es mi tiempo, y sentir que no soy capaz de reconocerme, es curioso cómo puede pasar este tipo de cosas luego de un sueño profundo. Luego recordar y pensar que esos suceso no llevan menos de 24 horas de haber sucedido. Pero sólo lo piensas, y es que han pasado años desde que ese recuerdo se creó en tu memoria. La posibilidad que veamos que, en nuestra trabaja de tal manera que archiva sucesos y experiencias y que tu subconsciente juegue en los sueños y te crea recuerdos que puedes cambiar y que se puedan generara con cierto grado de melancolía, alegría, miedo, confusión o cualquier emoción que te indique que estás vivo y que has vivido. Cómo juega el recuerdo de la realidad con la fantasía, con el deseo y con la necesidad de expresarte de cuenta manera que tu misma
personalidad no te dejó. Pero es entonces que se considera la pregunta: ¿Para qué mi memoria se presenta cómo los sucesos que pasaron o los que pudieron haber pasado? ¿Por qué mi personalidad no me deja reaccionar a cómo yo quisiera o tomar las decisiones con más detenimiento, cómo si fuera pensado y analizado con anterioridad? En realidad, tenemos la intención de accionar de cierta manera, pero por alguna razón es nuestro ser el que permite reaccionar hasta cierto punto y con aspectos que quizá y tampoco estemos muy de acuerdo. Pero si lo hacemos es, por que tenemos un fin, por que queremos lograr algo y por que se nos presentó una oportunidad que no debemos dejar ir. La vida está llena de experiencias que, gracias a oportunidades, son posibles en nuestro diario vivir, no sólo pensar en no realizar lo que se
nos presenta, o que nosotros no manejamos las formas cómo quisiéramos, sino es de aprovechar cada oportunidad para actuar cómo mejor nos parezca. Y es que, no estamos completamente solos; no. Estamos acompañados de personas que, al igual que nosotros, se pueden encontrar en una encrucijada para realizar acciones que llevarán por caminos que sus mismos actos le guíen. Pero no es el motivo de un sueño, ni el de un recuerdo. Es el aspecto de crecimiento de cualquier persona. Y ¿Por qué hablo acerca de los sueños y los recuerdos? Es simple, cada aspecto es una huella que nos enseña lo que fuimos, y es que tener una historia, hace que nuestras personalidades actúen de cierta manera, no sólo es genética, sino cultura y entorno. Tenemos la necesidad de contar una historia y que capacidad tenemos de recordarla y aprender de ella. Comprender aspectos que, probablemente
en un punto no podías comprender, por tener una perspectiva unilateral. Es a causa de la perspectiva que se emplean ciertos pensamientos que, a futuro sabrás si estás o no en lo correcto, tendrás intención de seguir con esa idea o de cambiarla por una mejor. Pero de eso se trata la vida. De vivir con ideales, con objetivos, con perspectivas y ser capaz de mantener firmeza o cambiar a un punto en el que lo creas conveniente para tu vida. Las experiencias nos pueden enseñar más, y vivir o escuchar de estas experiencias, hacen que la vida pueda convertirse a favor de nosotros mismos.
Capitulo 1 Así inicia un sueño
Hoy tuve un sueño de regresión. Regresé el tiempo a unos años atrás, mientras estaba en el colegio. Eran imágenes muy claras, mencionaban nombres de los cuales ya ni recordaba, ver las instalaciones exactamente a cómo eran: mi aula, los colores, el clima e incluso los profesores. Vi a unos amigos, pero el sueño era confuso, eran amigos de secundaria, bachillerato y unos cuantos de la universidad. El sueño se contó por si sólo. Había un inicio, en dónde, desorientada, yo estaba recuperando datos de mi memoria, datos en los cuales yo asimilaba los rostros de mis compañeros, era una mezcla de la persona que pudieron ser hace 7 años a la persona que soy ahora. Un nudo en dónde hablaba, molestaba y recibía una clase, era exactamente lo que sucedía en el salón de clases de hace años pero yo pensaba e intentaba recordar. Verme envuelta entre tantos recuerdos, recordar a las personas que había olvidado, y ser capaz de manejar mi vida a
cómo la hubiera querido manejar en ese entonces. Concluyó con algo que yo sabía que no hice, pero quería hacerlo, fui capaz de debatir ideas, con lo que mi personalidad no me deja, pero lo logré y desperté con una sonrisa de logro y plena satisfacción que sólo me deja pensar: -¿Qué pasaría si dejo de lado todos los miedos y tomo las riendas de mi propia vida? Todos los recuerdos a fin de cuentas nos permiten analizarnos y reflexionar de lo que somos, lo que fuimos y lo que queremos llegar a ser. Y así es cómo inicio mi historia. No hay mucho que contar, y si hay mucho que recordar y desear haber cambiado, o accionado de diferente manera, pero si no fuera por esas decisiones, en su momento, esto no estuviera pasando por lo que debería ser. Las posibilidades, las oportunidades y las decisiones son lo que nos hacen permanecer firmes, de modo que,
para todo debemos considerar estos tres aspectos. Mi nombre es María Alejandra; debiéndole el nombre a mis dos abuelas, la señora: María Graciela, y la Maestra Jesús Alejandra. Nací un 12 de mayo de 1997 en la ciudad de Guatemala. Según a lo que me cuentan, mi historia comenzó un día lunes a las 18:20 horas. Hay quienes le agregan más minutos, hay quienes le agregan menos minutos. Pero así inició. En realidad, inició antes de mi existencia; y es pues, gracias a la decisión que tomaron mis papás, el hecho de que hoy yo sea una realidad, más allá del aspecto antropológico, biológico, teológico e incluso filosófico, hoy yo existo. Y el hecho de estar en este momento escribiendo estas palabras, se deben a las oportunidades, posibilidades y decisiones que tanto yo como los que se encuentran en mi entorno, hemos tomado. Describiéndome un poco más: soy la hija mayor de un matrimonio, nieta primogénita en la familia por
parte de mi madre y primera nieta (mujer) por lado de mi padre. A los dos años y nueve meses nació mi hermana. Quien, desde entonces, ha estado conmigo en todo el trayecto de mi vida. He vivido en varias regiones del país, esto gracias a las oportunidades que vienen como efecto colateral de un divorcio a mis 7 años de edad. Pero antes de estos sucesos, resulta que los rasgos de personalidad ya iban muy arraigados a Maria Alejandra de niña, lo cual detallaré muy a fondo a continuación. La hiperactividad era lo que efectuaba mi descripción a tan corta edad. Una dieta libre de azúcares, carbohidratos, harinas refinadas y cafeína, cuando el cafecíto con pan es uno de mis vicios desde tan corta edad, era lo ideal para mi existencia; sin embargo, los ideales no siempre se cumplen, por lo que esos consumos se volvieron parte de mi. Fue entonces cuando el pediatra mencionó un deporte, como alternativa. No era posible tanta ansiedad en un niño,
por lo que esa energía se canalizó con el deporte de Karate Do, cómo una terapia. Pronto, la personalidad competitiva, estaría saliendo a luz. Y aunque esa disciplina no fuera mi pasión total, me enseñó elementos importantes de lo que era ser parte de algo. Sin embargo, no soy una persona violenta, por lo contrario, sabía que mi vocación estaría en otro aspecto deportivo, cómo lo era la danza, siendo este el lado más artístico, al que yo correspondía. No obstante, esa disciplina no estaba arraigada a las oportunidades de ese momento, por lo que tomar una disciplina no implicaba vocación, sino terapia. No me mal entiendan, eso no significa que mi progenitora y la que, desde mi nacimiento hasta la fecha vive pendiente de mi, no supiera qué era lo que yo necesitaba y por ello llegara a frustrarme. Por lo contrario, vivir a la vanguardia de las disciplinas
efectúan en los niños y niñas una personalidad, de pronto comprometida a una posibilidad, que nos hace crecer en cierto punto social. Desde entonces, vivía metida en competencias, entrenamientos y giras. Mi vida desde tan corta edad, frecuentó responsabilidades y presenció ejemplos de personas que trabajan, estudiaban, enseñaban y manejaban sus días de manera productiva. En ese entonces, yo aún viviendo dentro del matrimonio de mis progenitores, mis papás estaban creciendo en su negocio de construcción y para cualquier reunión que mi papá, mi mamá y mi tío tenían, yo los acompañaba. Por lo que viajar se volvió parte de mis rutinas. Viajaba dentro del entorno del occidente del país, a México y a la ciudad, recuerdos de ellos tengo el montar la camioneta minivan de mis papás, recostarme en el asiento trasero junto a la silla de
niños de mi hermana, con una almohada muy cómoda y una sábana por el frío excesivo que solía hacer en esas madrugadas de occidente. Admito que mis recuerdos van más de montar a la madrugada y viajar a nor-oriente, pero esto sucedía cuando mis papás ya estaban en procesos de divorcio.
Capitulo 2 ÂżQuienes forman parte de mi vida?
Hablaré por eso un poco de mi familia. Iniciaré con mis abuelos. Mi abuela materna es una señora muy alegre, divertida, extrovertida pero con esto, un poco dependiente. Mi abuelo paterno por otro lado es un señor muy trabajador, independiente, centrado y disciplinado. Ellos se conocieron en la ciudad de Guatemala, luego de que mi abuelo se mudó desde Oriente partiendo por la necesidad de trabajo y mantener a sus hermanitos a falta de ambos padres, era el responsable. De mis bisabuelos, por parte de él, no he oído mucho; únicamente de mi bisabuela, que la describen cómo una señora alta, blanca y muy linda, mi abuelo menciona que mi hermana tiene cierto parecido a ella. Por el otro lado, mi abuela si me comenta de sus papás (mis bisabuelos maternos de parte de abuela). Conocí a Mama Chave, una mujer que nunca
olvidaré por su mirada terneza y sus comidas con un sabor único. Era una señora muy pulcra y decente, no conocí a mi bisabuelo, pero lo mencionan cómo un señor dedicado al trabajo de la sastrería. A decir verdad, he tenido ejemplos en mi familia de personas que han dedicado su vida y alma al trabajo. Por otro lado, mis abuelos de parte de papá. Los profesores. Viví gran parte de mi niñez temprana con mi abuela, o cerca de ella. Tengo recuerdos muy claros y conmovedores de cuando bailaba con ella marimba o el “ticu titicu” dándome y dandole pequeñas palmadas en la retaguardia. Su risa es algo que me mueve sentimientos de esos recuerdos. Y aunque muchos la han conocido como alguien muy estricta, en mi memoria no hay momento en el que ella no me consintiera, cuidara o defendiera.
No puedo explicar con palabras el sentimiento con el que yo recuerdo esos momentos. Y sí, cómo antes mencioné, era muy adicta al café con pan a las 17:00 horas y eso se debía a los sonidos constantes de la cuchara pegándose en los límites de la taza que contenía el café y estaba en proceso de endulzarse. Era mi timbre para salir corriendo desde cualquier parte de la casa hacia la cocina, sentarme en esas sillas metálicas con asientos de patrones café con beige en forma de rombos, forrados de plástico. Mi taza de Goofy
ya lista con
cafesito y variedad de pan para que me deleitara en comer. En la mesa ya estaban mi mamá cargando a mi hermana y mi abuela esperando a poder servirme. Esos son los recuerdos que yo llamo, recuerdos dorados. Valen tanto en esta vida. Mi abuelo paterno era un hombre serio, calmado y muy paciente. No
tengo muchos recuerdos de él y era debido a su trabajo, por lo que los recuerdos que tengo de él son gracias a lo que me han contado. Sin embargo siempre lo consideré alguien muy entregado a su trabajo y enfocado. Sin embargo no les mentiré. Tengo la bendición de tener más de cuatro abuelos, y es que hacen falta los dos amores de mi vida. La historia es muy larga, pero les diré en resumidas cuentas que mi mamá no se casó, la segunda vez, con un extraño, sino con mi otro papá. Al comienzo no fue un proceso fácil para una niña de 7 años de edad. La complejidad se debía a muchos factores, incluyendo al proceso de decir adiós a una niñez que me había acompañado y vivido conmigo desde mi nacimiento hasta mis primeros aspectos de razón y comprensión. Pero cada aspecto valió la pena. Sé decir que la separación no le hace bien a ningún hijo,
pero a mi me recompensó con varios seres que me aman y a quienes yo amo con mi corazón. Mis abuelos paternos son los seres de más cautela, paciencia y cariño que jamás he conocido antes. Corrijo, todos mis abuelos son los seres más cariñosos que jamás he conocido antes. Pero hablaré de mi abuela paterna (de oriente) una mujer muy trabajadora, muy dedicada, muy inteligente, muy noble y muy cariñosa. Desde que tengo memoria de ella, la veo cómo una señora con historias increíbles, con manos delicadas y con un sillón para descansar. Es la tía consentidora de todos, pero sus cariños e historias las reserva para los nietos, siendo nosotros, únicamente cuatro. Yo la primera. Mi abuelo paterno (de oriente), el señor más noble, con muchas historias que contar, el
más disciplinado y dedicado con su trabajo, y de quien sé, soy muy querida. Recuerdos de él siempre han sido de nobleza y respeto, por todas las personas, seres y naturaleza. No conozco de él aspectos negativos, y aún escuchando que solía tener un carácter fuerte, no logro asociarlo con él, puesto que siempre me ha mostrado signos de temple. Soy tan afortunada de tenerlos. Y es así cómo los recuerdos con personas tan importantes en mi vida, han logrado formar en mi, la mujer que soy. Soñadora, gracias a las muchas historias; intrépida, gracias a las enseñanzas; creyente, gracias a las oraciones que siempre oí de sus bocas; disciplinada, gracias a los ejemplos. Ser nieta de figuras tan ejemplares llega a asustar un poco, y es que han logrado tanto
que he temido mucho llegar a decepcionarlos de cierta manera. Y no dejo de lado a mis padres. Personas que me han demostrado que con esfuerzo y dedicación se puede lograr las metas que se propongan. Y he aquí, el por que de los rasgos de mi personalidad. Mencioné al principio mi afán por la competencia.
Capitulo 3 Un Camino Inesperado
Luego de la separación de mis padres, la rutina se vio afectada, por lo que a mis siete años, no consideré el deporte cómo una base segura para aferrarme. Cambié de colegio y nos mudamos a las afueras de la ciudad, a 300 kilómetros lejos de lo que yo conocía como mi hogar. Sin embargo, desde entonces supe que hogar no es la infraestructura de una vivienda, sino los seres que me acompañaban. Eramos mi mamá, mi hermanita y yo. Recuerdos llegan a mi memoria de una mamá que madrugaba para dejarme al colegio, luego el colegio en el que tenía la oportunidad de ver a mi hermana en el receso, cocoa con leche y un pan con huevo y a medio día la fila tomada de la mano de mi hermanita esperando a que fuera el turno del vehículo de mi papá para pasarme a traer. Llegábamos directo al negocio de mi mamá para jugar, llegaba la hora e íbamos a la casa, a cinco minutos del negocio. Comíamos y veíamos alguna película.
Eramos sólo las tres y emanaba de nosotras paz y amor. Obviamente sentí la ausencia de mi papá, pero él me visitaba los fines de semana, tal y cómo pasaba cuando vivíamos juntos; pero esta vez, ya no iba mi mamá con nosotros. Salíamos al cine, a comer o a algún lugar a jugar, le contábamos qué habíamos hecho en la semana, a quienes conocíamos y que aprendíamos. Yo era la que más hablaba, puesto que mi hermanita de tan sólo 4 años de edad, no era consciente de lo que ocurría días pasados, sino únicamente del momento. Su preocupación era jugar, comer y dormir. La mía era jugar, comer, dormir, estudiar y capturar cada detalle para contarle a mis papás de mi día. No veía mucho a mi papá, pero por suerte, mi mamá tiene un hermano menor (quien es mi padrino de bautizo), y fue mi figura paterna ese tiempo que estuvimos completamente solas las tres. Mi tío llegaba, jugaba y nos enseñaba cosas nuevas. La
energía que él tenía con tan sólo veintitrés años (la edad que tengo justamente ahora) era increíble. Nos dedicaba, tanto a mi hermana cómo a mi, el tiempo del mundo para consentirnos. No sabía cual era la razón por la qué el vivía con nosotras, pero sí sabía que eso era lo mejor. Cómo lo mencioné con anterioridad, soy muy bendecida. Y aún pasando por procesos muy difíciles, mis papás fueron personas muy responsables que nos tomaron cómo prioridad a mi hermana y a mi. Tiempo después, terminé mi ciclo escolar, y empecé a conocer a una nueva persona. Un hombre con una mirada muy amable, pero casi no hablaba. Sólo sonreía. No se nos acercaba mucho, en cambio sólo nos veía con mucha energía positiva, ternura y melancolía. Mi mamá nos lo presentó un día soleado, íbamos a visitar a Mamá Chave, pero nos detuvimos en un parqueo de Elektra, cerca de nuestro lugar de destino. Estaba sentada en el asiento trasero del carro
de mi mamá abrazando a mi hermana, cuando mi mamá bajó y nos pidió quedarnos allí. De pronto mi mamá abre la puerta de mi lado y nos dice:
-
Quiero presentarles a un mi amigo. -
Mueve su mentón, cómo señalando a la otra ventana, giro mi cara y lo logro ver.
-
¡Buenos días! - Sonó en coro las
voces de una niña de 8 años y la otra de 5 años. No hubo respuesta, sólo su mirada de ternura y sonrisa de alegría procurando contenerse.
-
Mami, tu amigo es mal educado, no
saluda. - Dice mi hermana, mientras yo la abrasaba con mis pequeños brazos, ella con la voz adormitada y confundida. Sólo se oyen risas.
-Hola. - Nos dice al fin. Su “hola” resuena en
mi cabeza, era la voz más segura, calmada y llena de
amor. Fue entonces que conocí a mi papá. Pero, ¿Entonces que sucedía con él ser que yo ya conocía cómo mi papá? ¿Se enojaría? ¿Yo hacía mal? No juzgo a nadie, por que en su lugar, yo no sé cómo hubiera actuado. Además, creo que cómo humanos, podemos sentir sensaciones de propiedad y de celos. Luego de ese momento, no recuerdo qué sucedió con “el amigo de mi mamá”, pero si tengo en mi mente, acciones que se tomaron después. Cómo cualquier niño, el fin de semana que llegó, le conté a mi papá que había sucedido.
-
Conocimos a un amigo de mi mamá.
- Dije sin pensar en los efectos de nada.
-
¿Un amigo? ¿Quién? - Preguntó mi
papá mientras cambiaba la velocidad de su carro, para seguir manejando. Su ceño se frunció.
-
No sé su nombre. - Dije, sin recordar
más detalle. - Fue cerca de la casa de Mama Chave. Pasó nuestro momento juntos y a decir verdad, no sé que sucedió en la relación de mis papás. ¿Mi comentario les afectaría? No lo hice con malas intenciones, pero a fin de cuentas lo hice. Imagino que pasado ese periodo de tiempo, en el que convivíamos más con “el amigo de mi mamá” me di cuenta que mi mamá sentía más por él que una amistad. Era una niña, no sabía mucho. Pero inicié a llamarlo papi Tato. No sé por qué, ni cómo llegamos a eso, pero así fue. Otro fin de semana, y le cuento nuevamente a mi papá que pasamos una semana divertida con “papi Tato”. Si comprendo que pude lastimar el corazón de mi papá, y sin saber a qué magnitud. Yo era sus ojos, su luna, su pequeña, y ahora llamaba a alguien más “papi”. Fue entonces que me dijo: “El no es
tu papá. Tu papá soy yo”. No sé cómo pude tomar esas palabras, y estoy segura que mi papá no lo hizo con mala intención o con intención de lastimarnos, pero comprendí que la lógica me marcaba que se tenía sólo un papá. No era culpa de nadie. Eso lo entiendo ahora. Pero no logramos estar preparados culturalmente para comprender que los seres que amamos pueden tener más seres que los aman, y eso sólo acrecienta el afecto que se les debe tener a las personas. Empecé a negarme a hablar, abrazar o mostrarle cariño al señor a quien mi mamá llamaba “mi amigo”. No imaginé que lo lastimaría, pero esa fue mi reacción. (Ahora comprendo muchas cosas). Entonces mis papás empezaron a comprender que debían tener mucho cuidado en las palabras que nos expresaban, ya que podían llegar a tener alto impacto en nuestra vida. La influencia que tienen mis seres queridos sobre mi, es muy alta.
Capitulo 4
Siendo Conquistada
Mi mamá y “su amigo” decidieron intentar iniciar con una relación en Izabal. He dicho “intentaron” ya que tanto mi mamá, cómo él, debían tomar tiempo y cautela en sus desiciones. No sólo por mi, no sólo por mi hermana, no sólo por las familias, sino por sus corazones. Debían cuidarse mucho. Así lo hicieron. Pasó tiempo, unieron sus corazones, pero el problema empecé a ser yo. No
me
enorgullezco,
para
nada,
de
mi
comportamiento. Estoy consciente de lo difícil que llegué a ser, no aceptaba para nada a mi “nuevo papá”, por otro lado, mi hermana era lo contrario. Lo que yo podía desanimar, mi hermana animaba siendo la niña más cariñosa, apegada y graciosa de todas. Fui a la psicóloga, fueron a la psicóloga, fuimos a la psicóloga. Y es en ese momento en dónde recuerdo muy bien el esfuerzo que hizo el primero hombre
para enamorarme. Más allá de todo lo que hacía mi papá, se notaba que existía la intención de conquistarme para poderlo aceptar. Salí ganando. (Me río resoplando con la nariz, moviendo mi cabeza de lado a lado, con este recuerdo). La terapia que se volvió una costumbre en mi familia, era poder involucrarme en actividades cómo “fin de semana de papá”, “fin de semana de mamá”, “citas” y “actividades en familia”. Entonces, viajábamos mucho a Rio Dulce, Livingstone, Petén, Quirigua, El Estor, Castillo de San Felipe y muchos otros lugares. Vi a un par de personas tomando fotografías a todos esos lugares turísticos. Quise una. Empecé con cámaras de juguete, en los que veía por la lente y se reflejaba una imagen a contra luz. Luego de eso, mi primera cámara fotográfica. Le tomaba fotos a todo. A mis papás, a mi hermana, a un caballo, a una lancha, a los yates, a las vacas, a
la tierra, a los potreros, a los carros y a todo lo que pasaba por mi vista y me alcanzara el rollo y la batería. Fui, entonces, la fotógrafa de la familia. Los encuadres siempre eran a medio cuerpo en vertical o desenfoque total, pero para mi era el trabajo del siglo. Y para mi familia también. Mi parte favorita era ir a revelar los rollos y que me entregaran mi producto. De 100 fotos tomadas, 5 eran pasables y dignas de impresión. Yo era la niña más feliz. Los fines de semana de papá o de mamá constaban en que, una de las dos hijas iría con papá a trabajar o se quedaba con mamá a hacer las cosas de la casa o al mercado. Nunca me gustó ir al mercado, el sólo hecho de pensar que tendría que pasar en medio de las personas con señoras voluptuosas tirándome con su
retaguardia, machucando mis piesitos no era de mi afán. Aparte, tenía que tomar una parte del pantalón de mi mamá para no perderme, y en el calor de Izabal, era todo un reto. Luego llegar a la casa, ordenar las frutas y verduras (no siempre muy limpias), bajar bolsas acondicionándolas, bueno, no era fanática de ese oficio. Por otro lado, ir con mi papá a trabajar era lo mejor. Aunque tendría que madrugar a las 04:00 am, no interesaba. Me despertaba y a bañarme, mi mamá nos preparaba el desayuno y la lonchera para ir a trabajar, mi papá calentaba el Pick Up (su transporte para el trabajo) sonaba toda la casa, tomábamos atol. Me colocaba mis botas vaqueras y mi sombrero. (Si, mi papá trabajaba en la agronomía) íbamos y pasábamos el día montando a caballo, pagando planillas, vacunando o pesando ganado, comíamos los sandwiches que mi mamá nos preparaba o la
comida que nos enviaba. Seguíamos trabajando, pasando de un lado a otro en su carro, sin tráfico, con aire y música. Un sueño hecho realidad. De regreso, en nuestro sábado, pasábamos comiendo un helado y visitando las ruinas. Era por eso que, trabajar con mi papá, era el fin de semana deseado. Llegábamos a la casa, estaba el almuerzo preparado, aire acondicionado. Terminábamos de comer y podríamos salir un rato a dormir a la hamaca; luego podríamos jugar en la tarde o hacer tareas. Era productivo, ¿No sé por que los niños de ahora no aprovechan circunstancias así? O simplemente, en la ciudad eso no se puede. Les comenté en un inicio que, mis abuelas me enseñaron de la fe y el amor de Dios hacia nosotros. Me enseñaron a rezar los rosarios, yo hincada en una almohada y con mis codos
recostándose (sin que lo notaran mucho) sobre el sillón, con un rosario entre las manos pasando de oración en oración, avanzando con las yemas de mis dedos cada perlita del rosario. Ese rosario que me prestaba mi abuela, con aroma a rosas, de un rojo intenso. Era el rosario de los niños en un canal católico en la tarde. Sin embargo, mis papás tomaron la decisión de acercarse a Dios de una manera más devota y comprometida en la misma iglesia a la que asistía mi psicóloga. Me recuerdo muy bien de ella y sus deliciosas galletas con un relleno similar a la cajeta. Era un deleite. Comencé a integrarme a la iglesia evangélica. En el grupo del coro infantil, en las escuelas dominicales, en las células que se realizaban y mis papás nos llevaban. Me gustaba sentirme parte de eso. Conocí amigos y asistía a un colegio de bases cristianas. Empecé a formar mi
célula, fui a un retiro, me bautizaron y desde luego, inicié a danzar. Recuerdo muy bien a una mujer vestida de un traje blanco con muchos vuelos, en las mangas, en la falda. Era una tela suelta y muy fresca. Entró en la iglesia danzando, me enamoré. Yo quería ser igual que ella. Luego de eso, la hermana del pastor de la iglesia se acerca a mi mamá y le comenta que veía en mi el don de la danza. Me lo ha contado desde entonces y yo sólo considero disfrutar bailar. Cómo lo mencioné en un principio. Yo amo la danza, el baile y la música. No sé por qué no me crecí en la disciplina de la danza, pero si sé que cada vez que tengo la oportunidad, lo hago. Muy adentrada mi familia en la iglesia, un día nos llama mi mamá, para contarnos que venía una tía,
de 14 años de edad y mi primo de 8 años de edad, a pasar sus vacaciones en Guatemala. Estaban con Mamá Chave, pero ellos querían viajar un poco más. Cómo vivíamos a 250 kilómetros de distancia de la casa de mi bisabuela, arreglamos todo para pasar a traerlos. Fueron las vacaciones de medio año más divertidas, tuve por primera vez a una hermana mayor. Jugaba con nosotras, yo tenía 9 años y mi hermana 6, montábamos a caballo e íbamos a la iglesia, todos juntos. Yo la veía a ella y a sus amigas cómo las niñas más lindas de todas. Se iban en motocicleta y paseaban dentro del pueblo. Entró a darle clases de inglés al salón de mi hermana, pero mi primo no quiso entrar a estudiar. Únicamente pasar sus vacaciones. El día que se regresaron, sólo recuerdo que ya me había acostumbrado y encariñado mucho con ellos. Desde luego, los extraño.
Capitulo 5 Una ayuda en los cimientos
No lo comenté antes, pero… dentro del proceso de separación, cambio de colegio a medio año y mi confusión a los 7 años, pasé primero primaria en dos colegios. La primera mitad en occidente, y la segunda mitad en otro colegio. El problema fue que no lograba concentrarme a la hora de comprender cómo leer y escribir. Mi maestra de ese entonces, no me tuvo toda la paciencia que requería, por lo que mis procesos de aprendizaje en primero primaria se vieron afectados. Tuvo repercusión hasta el tercero o cuarto primaria. Cambié de colegio, hacia el de creencias evangélicas. En ese entonces, estaban iniciando con un programa de ayuda especializada, para niños cuyos casos eran, hasta cierto punto, especiales. Yo califiqué bien en el programa, puesto que ya estaba en tercero y le tenía pánico a leer, por lo que no podía, siquiera articular bien las palabras.
Fue
entonces
cuando,
se
decidió
utilizar
métodos poco ortodoxos para una práctica de lectura más fluida y efectiva. Cantaba, con la letra en la pizarra, contaba historias y me contaban cuentos. Recuerdo muy bien cuando mi mamá se recostaba y yo encima de ella, para que me leyera, la veía para arriba y admiraba su capacidad de leer tal y cómo hablaba, muy fluido. Luego de tanto enfoque que se le dio a mi desarrollo dentro de la lectura, adquirí la bibliofilia. Amaba ir a las librerías o bibliotecas y comprar un libro, leerlo y cambiar. Se me volvió costumbre. Y empecé a encerrarme en esa actividad. Mi rutina había cambiado completamente, pero se mantenía respetando mis principios de disciplina.
El colegio era doble jornada y bilingüe; por lo que, toda la mañana estudiábamos en inglés (para nada el español), y toda la tarde, le dedicábamos al español. Mi rutina iniciaba a las 05:00 am con el sonido de la corrugadora. A las 7:00 estaba iniciando a recibir clases. Almuerzo a las 12:00 horas y a las 13:00 horas ya estaba recibiendo mi segunda jornada. Salía a las 16:00 horas, pero por motivos a mi refuerzo dentro de clases, yo recibía tutorías de inglés y lectura en la tarde, saliendo libre a las 18:00 horas, llegaba a la casa y a hacer tareas. Y lo mismo el siguiente día, y el siguiente, hasta llegar el sábado. El día de papá e hija o mamá e hija. Y el domingo en la mañana, ir a la iglesia. Cómo les dije, era una rutina muy determinada.
Capitulo 6 La Fuerza de la Natura leza
En dónde vivía, era muy “plano” y poco drenado; por lo que, cuando llovía, era muy fácil que existiera inundación. Yo no había presenciado ese desastre natural anteriormente. Hasta que entró una tormenta tropical por lado del atlántico a Guatemala, arrasó con todo. Sé que afectó otros lados del mundo, pero en lo personal, sólo recuerdo mucha lluvia silenciosa, se veía como caía la llovizna con suavidad y lentitud. No imaginamos que fuera a ser tan devastador. Mi papá, como de costumbre, salió a trabajar de madrugada, llovía. Nos levantamos algo tarde ese día, mi abuela materna ya vivía con nosotros. Mi hermana y yo no podíamos salir a jugar ni nada. Cuando timbró el teléfono de mi mamá. Era mi papá.
- Arreglen
inmediatamente desesperación.
de
allí.
maletas -
dijo
y
salgan
con
mucha
Mi mamá no comprendía por qué lo decía. Estaba lloviendo, pero no era para tanto.
-
De acuerdo. - respondió mi mamá.
Arreglamos todo para meterlo al carrito, un sedán 2005 de mi mamá, llenamos el baúl y mi abuela, mi hermana y yo estábamos listas para irnos. Pero, ¿A dónde iríamos? Suena nuevamente el timbre del teléfono de mi mamá.
-
¿Ya están en camino? - Preguntó mi
papá agitado y atormentado.
-
No, de aquí no nos movemos hasta
que estés con nosotras. - Le respondió mi mamá intrigada y asustada.
-
No seas terca, agarra a las niñas y a
tu mamá y salgan de inmediato. - Repitió, y esta vez
con mucho miedo en su voz.
-
Te dije que no - Le respondió mi
mamá, temiendo que nos separaríamos de él. Mi papá estaba sacando a las personas de la finca, para un lugar seguro, ya que estaba por volverse más complicada la situación. Apresuró a todos para llevarlos y manejó a gran velocidad hacia la casa. El problema de en dónde estábamos es que debíamos cruzar un pequeño puente. Puente del cual pasaba un riachuelo muy pequeño, casi seco. Esperamos unos minutos cuando vimos entrar el Pick-Up de mi papá. Jamás lo había visto de ese modo. Estaba atormentado, agitado y nos apresuraba a que entráramos todas al carro para salir de allí. No duramos ni un minuto más cuando él pasó primero con mi hermanita, atrás íbamos en el carrito con mi mamá y mi abuela. Pasando el bosque para entrar
al puente íbamos cuando, se escuchó un sonido estruendoso junto con la llovizna que se estaba arriesando cada vez más, los parabrisas del carro estaban a su máxima velocidad. Pasó mi papá por el puente, cuando se escuchó de su carro la bocina a todo lo que daba. Mi papá nos estaba avisando que apresuráramos el paso. La crecida ya estaba allí. El riachuelo ya no era un poco de agua pasando bajo ese puente, era un río grande sobre el puente. Mi papá y mi hermana del otro lado; mi mamá, mi abuela y yo, de este lado. Mi papá le llama a mi mamá al teléfono y le dice que atraviese el puente rápido por que si no podríamos quedarnos atrapadas. Mi mamá con miedo intenta avanzar. Mi papá le dice con voz más fuerte que lo haga. Ella cuelga e intenta avanzar. Poco a poco y el río pasando con mucha fuerza y pegándole al carro, se escucha nuevamente el sonido
estruendoso. No estoy segura si era un trueno o el río avisando que crecería más. Poco a poco íbamos avanzando. Pero fue allí, cuando el carro empezó a avanzar pero a dirección del río. Nos estaba arrastrando. El miedo se sentía, podíamos caernos del puente, no tenía nada para detenernos. Fue entonces que mi mamá no resistió y avanzó con toda la velocidad que podía. Logramos salir. Estuvo muy cerca. Sentirnos a la salvedad del otro lado, fue lo que nos dio otro respiro. No había terminado aún, pero al menos salimos de esa. Viajamos a la salida del pueblo, en una gasolinera. Pararon los carros y mis papás se bajaron. Sólo vi un abrazo. Mi papá nos abrazó y nos dio la instrucción que viajaríamos a Oriente. Nos preparamos para el viaje con galletas, aguas y refrescos y emprendimos viaje.
Fue entonces cuando viajamos con mi abuela paterna (de oriente), pasamos las vacaciones con mis abuelos y mis primos. No nos despegábamos. Jugábamos basquetbol, bases, arranca cebollas, montábamos bicicleta y la pasábamos muy bien. Despertábamos y directo a jugar. No conocíamos la casa si no era para comer o dormir. Disfrutamos mucho de esa infancia. Estando allá, terminaron las vacaciones. Y de repente arreglamos maletas para regresar a Izabal. Mi abuela sufrió tanto que le dijo a mi mamá:
-
Mejor mátenme antes de llevarse a las
nenas. Me acostumbré a ellas. Desde luego que nosotras también nos acostumbramos a estar allá. Teníamos identidad. No queríamos separarnos de ellos.
Fue entonces que se tomó la decisión de mudarnos y empezar a vivir en Oriente. La mejor infancia de todas. Pasé mis años de preadolescencia y adolescencia allí. Nos adentramos a la iglesia nuevamente. Esta vez, la católica. Y fue exactamente allí cuando aprendí que para Dios no existe religión, sino relación. Es pues, la religión, una manera, rutina, vía o forma de amarlo, y no la relación que se tiene con el. Mi conclusión llegó a tal magnitud ya que me estaban enseñando exactamente lo mismo que en la otra iglesia. Yo me sentía feliz. Trabajar nuevamente con el grupo de niños era la labor en la que mis papás iniciaron a servir. Yo disfrutaba ya que era parte de eso. Organizar, conocer, comentar y pasarla bien. Aprender doctrinas, asistir a misa, sentirme querida. Era pues, la experiencia de estabilidad en mi hogar. Desde entonces, en la casa se puede discutir o negociar todo, excepto la iglesia y el estudio. No me vería de otra forma.
Pero al igual que el cambio de “doctrina”, era el cambio de rutina en el colegio. Pasé de doble jornada a una jornada matutina. Era un respiro. No existía una buena base en inglés, pero por lo demás se comprendían bien las materias. Crecíamos poco, pero crecíamos en el ámbito académico. Pasé mis últimos años de primaria en el colegio, conocí amigos y amigas. La pasábamos divertido y no era muy acaparador de mi tiempo.
Capitulo 7 Enfrentando Retos
En sexto grado, conocí a un amigo, quién resultó ser mi primo. Cómo dicen: “Pueblo chico…”. Todos éramos familia. Llegamos a ser muy buenos amigos, junto con otra chica a quien me presentaron también cómo mi prima. Estábamos por salir, cuando me habló mi amigo comentándome que él se cambiaría de colegio al mejor del departamento. Me alegré por él. Comentó que era un colegio muy exclusivo y que únicamente entrabas por beca. Muchos exámenes de admisión y requisito de tener a alguien del núcleo familiar trabajando en la empresa de la que era parte el colegio. Bueno, yo no tenía familia cercana trabajando en esa empresa. Ni siquiera sabía que existía el colegio. Bien estaba que era muy exclusivo. Mi amigo mencionó que no quería que nos separaremos, por lo que, nos dio un formulario a mi prima y a mi para aplicar a las evaluaciones
de admisión. ¿Me darían permiso mis papás? Bueno, es de intentarlo. Le pregunté más acerca del colegio y qué necesitaban hacer mis papás para que yo pudiera ingresar o pagar el colegio. ¡Era beca! No debían pagar nada, si la lograba pagar. Bueno, un porcentaje muy pequeño y accesible, que en realidad era más que todo significativo. Nos vimos a la cara mi prima y yo, y pensamos en que debíamos comentarlo con nuestras familias. Así que, el formulario tenía número, estábamos siendo consideradas para aplicar. Pero debíamos entregarlas en menos de 3 días. Llegaron al colegio por mi y mi prima. Por cierto, mi hermana y la hermana de mi prima estudiaban en el mismo colegio que nosotras, en el mismo grado (las hermanas pequeñas). Entramos al carro de mi mamá, empezó a marchar. Entrando
a la ruta estábamos cuando, mi mamá preguntó por nuestro día. No me atreví a soltar ni una sola palabra.
-
Todo estuvo bien, gracias. ¿Y el
tuyo? - Dije sin pensar.
-
El mío estuvo bien. - Respondió
mi mamá mientras mi prima me codeaba para que le dijera. No lo hice. Marchábamos en el camino, mi mamá encendió el estéreo para escuchar nuestras canciones favoritas y avanzamos en la ruta hasta llegar a la casa. Estando en la casa, saqué mi mochila y la acomodé en mi cuarto. Almorzamos tranquilas. Terminó el almuerzo y empecé a acomodar la platería para llevarla al lava trastes. Terminamos esa rutina, mientras iniciábamos la otra; hacer
tareas. Subí por las escaleras, abrí mi mochila y saqué mis cuadernos. Recordé el formulario, me armé de valor y bajé por las escaleras. Acomodé mis cuadernos en la mesa y fui hacia mi mamá, ella estaba en el negocio.
-
Quiero decirte algo. - Salieron las
palabras, con detalles de valentía, de mi boca.
-
Si, dime. - Respondió mi mamá
sin darle tanta importancia a esa frase poco atrayente a conversaciones serenas.
-
Es
del
colegio.
-
Le
dije
apretándome las manos y moviéndome de lado a lado, como claro signo de nerviosismo. Fue entonces que mi mamá levantó la mirada alertada, notando una conversación con aspecto de llegar a ser grave.
-
¿Todo bien? ¿Qué te pasó? -
Preguntó con un tono de alerta.
-
Si, todo bien. Es que hoy un amigo
nos habló que, al terminar el año, el cambiaría de colegio. Nos mencionó a dónde iría y los beneficios que tenía. Es considerado el mejor de la región, pero únicamente se puede acceder a él con beca.
-
¿Beca? ¿Tu sabes qué es ser
becado? - Me preguntó con asombro. Su cambio drástico de mirada de alerta a sorpresa evidenciaba que no se esperaba ninguna de esas conversaciones.
-
Pues, la verdad no mami. - Le
respondí con temor a equivocarme en una respuesta. Y por lo que ella me explicó, era muy seguro que mi respuesta no fuera la acertada.
-
Beca, mi amor, es comprometerte
a una institución que te brindará apoyo para estudiar, siempre y cuando tú salgas bien en las clases, y no conformarte con una nota de “satisfacción” sino con una de “excelencia”. Me dijo con una tonalidad de ternura.
Vaya que me lo explicó. Tenía la idea errónea que beca era ir a un colegio en dónde yo pasaría toda la semana estudiando. Si, lo confundí con internado. No sabía si la nueva explicación me daba más aliento que las historias que la televisión y las películas contaban que era un internado, no era a lo que yo iría, pero “notas de excelencia”, ahora comprendía mejor por qué el proceso de admisión. No sólo eran las evaluaciones para ingresar, sino también era el historial de mis estudios. ¿Estaría preparada para intentarlo? Recordé que mi papá, con quién vivía en ese momento, mencionaba que en su infancia era becado en un internado, probablemente por eso consideré la posibilidad de mi confusión. Así que le dije a mi mamá que lo quería intentar.
-
De acuerdo, entonces hay que
pedir otro formulario para tu hermana. - dijo mi mamá con un tono de tranquilidad. ¿Para mi hermana? No sabía que fuera posible, pero nada impedía pedirle a mi amigo. Mientras se llegaba el día de mañana, mi mamá tomó el formulario para guardarlo y llenarlo cuando tuviera ambos. Al día siguiente, llegué al colegio y le comenté a mi amigo que ya lo había hablado con mi mamá, pero que necesitaba otro formulario para mi hermana.
-
No es posible. - Me respondió. -
La oportunidad es limitada y sólo para primer ingreso. Yo pasaría a primero de secundaria, mientras que
mi hermana pasaría a cuarto de primaria. ¿Cómo le explicaba eso a mi mamá? Ya me había hecho la idea que era una oportunidad que no dejaría ir. Llegó la hora de salida, estaba mi mamá en la puerta de entrada del colegio. Las preguntas y respuestas de costumbre, el camino de 15 kilómetros, dejar mi mochila en mi cuarto y prepararme para el almuerzo, levantar los platos de la mesa y llevarlos al lava trastes. Todo igual.
-
Ah, y ¿Qué te dijo tu amigo del
formulario? - Preguntó mi mamá esperando que le llevara una respuesta positiva.
-
Dijo que no se podría, que el
número de formularios es limitado y sólo son para primeros ingresos. - Le dije buscando un tono de normalidad en mi respuesta, para no provocar efectos negativos en nuestra conversación.
-
¿Qué? ¿No podrá ingresar tu
hermana? - La voz de mi mamá se exaltaba
gradualmente.
-
El formulario debo entregarlo en 2
días. - Salió la respuesta de mi, sin siquiera que la considerara antes de decirla.
-
No irás, lo siento. - se notaba la
decisión de sus palabras.
-
¿Por qué no? - Dije sorprendida,
sin querer saber la respuesta.
-
Si no va tu hermana, no irás tu. -
Me dijo con el tono de mamá sin dar marcha atrás. Sentí que era injusto, era una oportunidad y una decisión. Pero no iban en la misma dirección. ¿Qué podría yo hacer para que la decisión fuera pensada en que no se repetirían oportunidades así para mi. Tomé el valor y le dije a mi papá que secundara a mi noción de poder intentar ingresar, no había nada escrito para que fuera parte del proceso. En primer lugar, yo no era parte de esa
oportunidad, y fue por buena fe de un amigo que yo tuviera una luz pequeña de ingresar, llegando el formulario, con un número destinado para mi. No sé, y desconozco qué hablaron mis papás y mi psicóloga, pero me comentaron la frase: “las oportunidades de una hermana, no deben quitárselas por la otra.” Así que fueron esas palabras las que me ayudaron a tener un porcentaje de probabilidad de ingresar al colegio, becada. Llenaron el formulario, ambos papás. Me lo entregaron y esperamos a la llamada para saber si había sido calificada para los procesos de admisión. Pasaron los días y con ellos, el nerviosismo aumentó. Decidí dejarlo pasar, de modo que no me afectara tanto. Pasó no más de 2 semanas cuando iniciaron a llamar para confirmar que podría iniciar con el proceso de ingreso. ¡Si me dieron la
oportunidad! ¡No lo puedo creer! La mirada de mi mamá era de alegría y nerviosismo; yo estaba por la misma situación. Podía ser capaz de lo que me propusiera, o eso pensaba. De acuerdo, intentemos. Se me aclaró desde un comienzo que los procesos no serían cosa fácil. No, serían más que eso, debía dedicarme a estudiar y a comprender. No podría permitir que mis promedios bajaran. ¿Promedios? Si, el mundo va más allá de sentirme nerviosa por la entrega de calificaciones y salir bien para ser felicitada y recompensada por mis papás. Esta vez verían que si era recomenzada era por que realmente tenía buenas calificaciones. Así que para eso era la exigencia. Bueno, era el momento en que la comprensión se hacía efectiva. Ya comprendía que no era sólo por mero gusto de fastidiar de mis papás, no era sólo para que tuvieran motivos
para volverse exigentes o estrictos. Me enseñaron que tarde o temprano, mis resultados serían analizados por un grupo de personas que califiquen y consideren si eres apto o no para tomar una responsabilidad tan grande como estudiar bajo presión de rendimiento. No era tan fácil cómo lo imaginaba. No importa, yo me lo propuse y debía luchar por conseguirlo. Y es que, las palabras de mi mamá fueron muy claras desde el comienzo.
-
Si vas a meterte a este proceso, es
para ganar y no sólo para perder el tiempo. Pensar en el hecho que no debía ser tiempo perdido, que los sacrificios de no salir en las tardes a jugar a la cancha, de dedicarme a tareas, mantener promedio y estudiar para ser efectivo
en los procesos de evaluación. Si, eso me quedaba a mi; y yo me sentía muy capaz. Sabía que todo esfuerzo podría ser bien recompensado. Pasaron los días, y enviaron las cartas con las fechas y temarios de evaluación. Tema por tema, evaluaciones numéricas, verbales, de comprensión y muchos aspectos más. Evaluaciones
psicológicas
actitudinales.
Llenamos
los
y
evaluaciones formularios
y
juntamos la papelería que solicitaban. Ya no sólo estudiábamos mi prima y yo, estaban todos apoyándonos para poder estudiar y ser eficientes en nuestros procesos. Llegado el día, nos indicaron el ingreso para la primera etapa. En efecto, no era nada a cómo estábamos acostumbrados a llevar los procesos de selección e ingreso a colegios. Lo digo sabiendo que tenía una basta experiencia en cambio de
institución académica, casi anual, debido a la constante mudanza por aspectos relacionados con los primeros capítulos. Viajar 60 kilómetros para llegar a la entrada de la empresa, asociada al colegio, no fue cosa fácil. El día estaba bien iluminado, y avanzados en el camino, no podríamos creer que tal lejos quedaba esta institución académica. Repito, no era nada a lo que imaginaba. Llegamos a la garita de primer ingreso, al vehículo de mi papá lo rodeaban enormes motores de carga y yo no imaginaba que fuera a ese lugar que se me ocurriera llegar. Iba acompañada de mi prima y su mamá, mi papá y mi mamá.
-
¡Buenos días! ¿A dónde se dirigen?
- Preguntó un hombre con casco y vestido de
trabajo, situado en garita.
-
¡Buen
Día
joven!
Vamos
al
colegio. - Respondió mi papá, que compartía la expresión de incertidumbre junto con todos los que abordábamos el vehículo, puesto que no imaginábamos que fuera allí que se situaría el colegio.
-
Si, con gusto. Pasen adelante,
estacionen el vehículo en ese parqueo y esperen a un bus que los conducirá a su destino. - No hay duda que la voz del joven era muy amable, pero eso no quitaba el asombro que tomamos por saber que deberíamos entrar en otro vehículo colectivo en lugar del que nos condujo hasta ese lugar. Parqueamos y aguardamos a que llegara el bus interno. No fue mucho tiempo cuando llegó un bus tipo transporte para turistas de buen presupuesto, con aire acondicionado, el logotipo
de la empresa y muy limpio por dentro y fuera. El vehículo sólo nos conduciría a nosotros. ¿Seríamos los únicos? ¿Llegarían más personas? Nos transportamos por todo el lugar, grande e impresionante, con tanto recurso y especialidad. Una pequeña ruta cuesta abajo, lleno de vegetación y un camino bien construido. Sentí el camino eterno, empezaban los nervios de conocer el lugar. Llegamos, allí también estaban más buses y nos topamos con más personas aguardando a escuchar instrucciones para iniciar con el recorrido a los procesos de evaluación. Llegaron
personas
uniformadas
y
bien
presentables. No gritaban, no era necesario intentar llamar la atención. Ya todos la teníamos dirigido a ellos.
-
Sigan por favor. - Les oí decir con
mucha seguridad. Avanzamos todos, que realmente no éramos muchos, si se tomaban en serio el tema de “la exclusividad”.
-
El recorrido iniciará con la visita
a las instalaciones, la exposición de nuestra visión y misión, el inicio de las evaluaciones, mientras los padres de familia nos acompañan a una charla informativa. - Seguía escuchando la voz de la seguridad en el personal uniformado y bien presentado. Tomé la mano de mis papás y sentía los nervios corriendo por todo mi ser. No sentí ni el recorrido a las instalaciones ni la charla de inicio. Sólo veía a un hombre, extranjero y con acento extraño, hablar y aclarar dudas. Nos hicieron formar por
nombres. Fue entonces que me separé del lado de mis papás, mi prima y a lo lejos veía a mi primo. No estuve con ninguno. Sentados, en silencio y pareciéndonos extraños, no volteábamos a ningún lado, en espera de las evaluaciones. A decir verdad, esperaba un libro de mil páginas esperando a ser resuelto, por el tipo de preparación que me solicitaron. En cambio, pequeños folletos acompañados de una amable voz que nos indicaba qué debíamos hacer, se volvió un proceso menos estresante. Luego del primero folleto de números, seguía el segundo de letras, el tercero de más letras y el cuarto que contenía textos para velocidad. Leía y respondía. No sentí el tiempo ni el proceso. Ya había concluido.
-
Las evaluaciones serán sometidas
a calificación y se les estará llamando en el
transcurso del semestre. No era yo la que prestaba atención al detalle en ese momento, luego que había salido viva e intacta de esas evaluaciones. Me lo repitieron camino a casa, y no podía quitarme esa sonrisa nerviosa de la cara. Pasaron tres meses y no había respuesta para ninguno de los tres. Ya empezaba a sentir miedo. Pasó buen tiempo. Una llamada… sonaba y sonaba.
-
¿María Alejandra? Te saludamos
para confirmar tu lugar en el colegio. Has aprobado los proceso, la beca te espera. Luego de eso, las aventuras estaban a punto de iniciar.
Conclusiones
El proceso de evaluación para ingresar en cualquier institución, podrá provocar estrés, angustia, miedo e incluso depresión; pero, la importancia de poderse someter a estos aspectos cuentan desde que se tiene el valor de ingresar y saber que será evaluado todo desempeño, detalle y punto de referencia del que puedas o no decir qué tipo de personalidad y persona puedes llegar a ser.
Para nadie es novedad que, la separaciรณn de una rutina o el cambio de la misma, suele causar frustraciรณn o dificultades en la personalidad, pero esto no es impedimento de el desarrollo de una nueva rutina, aventura y aspecto que puede llegar a ser favorable para las personas. No obstante, la madurez y consciencia con la que estos temas son abordados y procurados, influyen mucho en las reacciones que se lleguen a tomar.
Someterse a un proceso de crecimiento requiere de disciplina, dedicaciรณn y compromiso. Ser cautelosos a la hora de emprender un viaje y abocar al buen juicio hace que las cosas se vuelvan mรกs favorables. Es necesario someter a un mandato cuando a este va la experiencia y la comprensiรณn de los temas, puesto que no se debe, sรณlo cuestionar y no actuar por que esto puede llevar a un desastre que se pueda lamentar. Las acciones que se deben tomar, requieren de mucho coraje y obediencia.
Recomendaciones al Lector
Sugerir una lectura no es cosa fácil, por lo que tampoco es fácil sugerir el método de lectura. Este libro habla de aspectos que me sucedieron en los primeros once años de mi vida; y cómo estos pueden llegar a ser tan importantes e influyentes en la vida adulta de una persona. Se recomienda leer con detenimiento aspectos que puedan ser confusos, ya que se hablará de cosas poco convencionales, que aún que no tengan sentido para el resto del mundo, para mi fueron elementales en mi crecimiento.
No es una lectura convencional, y hablo de sucesos personales que, segĂşn mis creencias, credo, cultura y costumbres, lo veo con normalidad. Sin embargo, a los lectores se les recomienda discreciĂłn cuando se hable de un aspecto que pueda, no se vea como un aspecto normal, pero suele verse como un efecto de la toma de la cultura de otras personas. Si se habla de una misma fe, pero a perspectivas diferentes.
Al lector le sugiero que, este libro lo tome con calma y paciencia, ya que habló una niña que falta de ser adolescente y adulta, pero que suponía, sería un aspecto primordial que valía la pena expresar. Si en el transcurso de la lectura encuentra palabras que no se encuentren en su léxico cotidiano, se sugiere buscar el significado en cualquier diccionario de la lengua española. Es una manera correcta de complementar la comprensión.
Comentario Final
El reto de recordar hace que no nos enfoquemos en rasgos generales, sino en detalles de saber qué nos llevó a cierto lugar. Es el efecto que mi autobiografía provocó en mi. Hacer cuenta y enfoque a cada detalle de mi vida, me hizo reflexionar en los aspectos, las causas y los efectos, que tienen las decisiones en nosotros. Considerar que todos tenemos oportunidades, y aunque no sean las mismas, tenemos las oportunidades que requerimos para cumplir nuestro propósito en la tierra y en la vida.
Parte de mi vida se resume en este libro, el proceso de crecimiento y las experiencias de mi vida se traducen en pocas palabras que logran llengar este libro. No es mรกs que las memorias, las decisiones y las oportunidades.