NIETZSCHE.
1. Vida y obra. Nietzsche nació en la ciudad alemana de Röcken en 1844. Hijo de un pastor protestante, estudió filología clásica en las universidades de Bonn y Leipzig. A los 24 años fue nombrado catedrático de filología clásica en la universidad de Basilea. Once años después, y como consecuencia de una enfermedad, tuvo que abandonar la docencia. Desde entonces llevó una vida errante y solitaria por diversos lugares de Suiza e Italia, en busca de un clima adecuado para su estado de salud. En Enero de 1889 sufrió una parálisis cerebral, de la que no se recuperó. Murió en el año 1900. Nietzsche no estructura su pensamiento en un sistema filosófico. Al contrario, se declara enemigo de toda visión sistemática y racional del mundo y del hombre. De ahí su estilo aforístico, cuya finalidad es impactar más que argumentar. Sus obras más importantes son: El nacimiento de la tragedia, Consideraciones intempestivas, Humano, demasiado humano, Aurora, La Gaya Ciencia, Así habló Zaratustra, Más allá del bien y del mal, genealogía de la moral, El anticristo, Ecce Homo y La voluntad de poder (póstuma). Poeta, filólogo, literato, visionario, profeta del no-Dios, atormentado, desconcertante, sarcástico, demoledor, solitario, rechazado por la mujer a la que amó, Nietzsche ha influido de manera determinante en generaciones y generaciones y ha sido utilizado hasta la sociedad por las ideologías más extremistas del siglo XX, desde el fascismo, hasta la ideología progresista que tuvo su culminación en el Mayo del 68.
2. Contexto histórico-cultural y filosófico. Nos encontramos en el siglo XIX. En el ámbito político tiene lugar el triunfo de la burguesía frente al proletariado -sobre todo al término de las revoluciones que acontecen en 1848-, el restauracionismo monárquico y la consolidación de los grandes estados europeos. La guerra entre Francia y Prusia en 1870 traerá consigo la supremacía de Alemania sobre el resto de países. Como acontecimientos puntuales significativos
podríamos destacar, la Guerra de Secesión americana en 1861, o la fundación de la Asociación Internacional de Trabajadores en 1866. Socialmente, lo más destacado sería el enfrentamiento que tiene lugar entre la clase propietaria de los medios de producción y la clase trabajadora. La burguesía disfruta de uno de sus mejores momentos en toda la historia, mientras que la gente del campo y los obreros en las minas y en las fábricas viven en condiciones infrahumanas. Hay una gran explosión demográfica. Rige el conservadurismo y la moral victoriana impuesta por la clase dominante. En 1864 se funda la Cruz Roja Internacional, al año siguiente tiene lugar la Abolición de la esclavitud en los Estados Unidos. En 1871 se produce la revuelta de la Comuna de París. En términos económicos asistimos al afianzamiento del capitalismo industrial y a una notable expansión del imperialismo europeo en Asia y África. Culturalmente nos encontramos con un período en el que cada día tiene lugar un acontecimiento científico: la termoelectricidad, la máquina de vapor, el telégrafo, la anestesia, vacunas... En 1859 Darwin publica sus revolucionarias tesis evolucionistas bajo el título del Origen de las especies. En literatura triunfa el realismo de Dickens, Flaubert, Zola o Tolstoi y el simbolismo de Baudelaire, Rimbaud, Verlaine, etc., aunque aún tiene cierta vigencia el movimiento romántico. En pintura, podemos destacar el surgimiento del movimiento impresionista. En el mundo de la música triunfan Wagner, Debussy, Chopin y Berlioz.
3. La crítica de Nietzsche a la cultura occidental. Nietzsche efectúa la crítica más radical que jamás se ha ejercido contra la cultura de Occidente. Según nuestro autor, se trata de una cultura enferma ya desde sus orígenes, porque ha basado el conocimiento de la verdad en el uso del logos, y así, lo que ha hecho ha sido alejarse de la misma. Él se considera un “sanador”. Utiliza un método genealógico, o sea, basado en una investigación sobre las causas, los orígenes del problema. Pero para realizar su cometido, antes tendrá que actuar como “pura dinamita”, “a martillazos”. Sus objetivos principales, en este sentido, se centrarán en la filosofía, la moral y la religión.
4. “Cómo se filosofa a martillazos”: crítica de la filosofía. 4.1. Crítica de la racionalidad decadente. Al entender de nuestro autor, todos los intentos de alcanzar lo más elevado en el plano filosófico que ha llevado a cabo la razón, encumbrada por los griegos como el atributo humano más importante, han sido, a lo largo del tiempo, estrepitosos fracasos. La razón, desde sus orígenes, no ha hecho más que producir constructos decadentes. Mediante un método genealógico Nietzsche busca el momento en el que nuestra cultura se ha equivocado y por qué motivo se dejó llevar por la razón. Lo encuentra cuando tiene lugar el surgimiento de la filosofía. Es entonces cuando, a su juicio, el ser humano abandona las fábulas y los mitos para explicar los fenómenos que ocurren a nuestro alrededor y se confía al logos, pretendiendo encontrar una demostración experimental para todo cuanto ocurre. Este objetivo es imposible de alcanzar. El conocimiento absoluto al que ha aspirado la razón a través de los siglos es una quimera. Hay infinidad de cosas que no podremos conocer jamás. Para Nietzsche esta situación provocará la decadencia de occidente. La cultura occidental está enferma y moribunda y nuestro autor decide acelerar ese proceso de decadencia rematándola mediante la creación de espíritus libres.
4.2. Crítica del mundo metafísico. Siguiendo a Marx, Nietzsche afirma que a lo que la razón se ha dedicado históricamente es a crear superestructuras o ideologías al servicio de las clases dominantes. Los productos de la razón son, a juicio del autor del Crepúsculo de los ídolos, “momias”, realidades ultramundanas configuradas para obviar la vida que vivimos a cada instante, con todo lo que sucede en ella. Esta vida, según nuestro hombre, debido a su intensidad, a veces produce miedo, o no puede ser del todo comprendido. Por eso es por lo que los “engañadores” (los filósofos) se han dedicado sistemáticamente a negarla o explicarla mediante conceptos metafísicos universales, invariables, que agradan al entendimiento por su capacidad simplificadora. 4.3. Ser y devenir, realidad y apariencia.
Para Nietzsche la realidad de lo que vivimos es, en su ser más profundo, como pensaba Heráclito, cambiante, y se nos aparece de manera distinta a cada momento. Siguiendo la lógica de la contradicción de Hegel, para explicar la constitución y el desarrollo de la realidad, Nietzsche dirá que todo está sometido a un fluir constante que sigue el siguiente esquema: establecimiento de algo (tesis), aparición de otro algo que se le opone (antítesis) y surgimiento de una síntesis (que se convierte en tesis, y así, el proceso vuelve a empezar). Este devenir, imposible de apresar de una vez por todas, nos produce incomodidad o inseguridad, y esta es la causa que nos ha llevado a rechazarlo. En cualquier caso el ser más profundo de la realidad no es eterno o inmutable como creyeron Parménides y toda la corriente racionalista, es cambio continuo misterioso y enigmático. Es constante apariencia. Se puede experimentar, pero no conocer. Para captar la verdadera realidad el mejor instrumento del que disponemos son los sentidos, y no la razón (mucho menos un alma como ese del que habla Platón). La razón o el logos puesto en valor por los antiguos griegos y, tras ellos, toda la tradición de pensadores occidentales, históricamente no ha deparado más que monstruosidades. La mayor es la que afirma la existencia de dos mundos: uno inteligible (que es el verdadero) y otro sensible o aparente (que es falso). Otro buen exponente lo constituye la Revolución Francesa, ya que, tras la promesa de Libertad para la Humanidad, lo que trajo fue masas obreras cada vez más desfavorecidas y embrutecidas. La razón se apoya en un lenguaje gramatical que diferencia al sujeto de sus acciones o de sus predicados. Es lo que ocurre cuando expresa, por ejemplo, que “el relámpago brilla” o que “la noche es oscura”. Con ello, lo que consigue es duplicar la realidad, disociarla en causas y efectos. Pero esto es un sinsentido, puesto que la realidad acontece y se nos muestra como un todo indisoluble. La razón utiliza conceptos fríos, “encorsetadores”. Pero, más allá de estos, el mejor recurso del que podemos valernos para expresar la realidad en constante cambio y llena de matices que se muestra ante nuestros sentidos es la metáfora. La metáfora sugiere, evita la renuncia a la pluralidad y a la diversidad del ser. Nos lleva a un estado mental alejado de argumentaciones y repleto de intuiciones. La metáfora propicia un universo de perspectivas y posibles interpretaciones. Éstas constituyen el máximo conocimiento auténtico que podemos elaborar sobre la realidad. Cercanos a la metáfora se encuentran también, como instrumentos que nos acercan a lo existente, los aforismos (sentencias que afirman algo de manera concisa,
pero sin detenerse a explicarlo o demostrarlo), las analogías (relaciones de similitud, comparaciones, aproximaciones), la ironía (afirma lo contrario de lo que se piensa, con tono humorístico, para que el interlocutor se dé cuenta de que ha de dársele la vuelta) y las fábulas (o breves relatos aleccionadores). El lenguaje al que da lugar la utilización de estos recursos favorece interpretaciones diversas, más libres, subjetivas. Niezsche, con sus teorías, se considera un médico. Pero lo que hará con el paciente enfermo no es curarlo, sino procurarle una muerte rápida que evite el contagio.
5. “El crepúsculo de los ídolos”: crítica a la cultura occidental. 5.1. Crítica de la moral y la religión. Nietzsche se considera “El primer inmoralista de la historia”. De lo que no cabe duda es de que el mayor crítico de la moral occidental. En concreto de la moral instaurada por Sócrates y Plantón y continuada por el cristianismo. La causa estriba en que, según él, es una moral antinatural, una moral que se opone la vida, que castiga al cuerpo –que es lo más genuinamente nuestro-; una moral que ve la muerte como la auténtica liberación del ser humano. Nuestro autor dirá que es una moral reactiva, para los débiles y los resentidos. Es una moral de esclavos, o moral de rebaño. En ella la obediencia es considerada virtud y el orgullo pecado. Frente a esta moral Nietzsche propone una moral natural, una moral que favorezca la vida: la moral de los señores, de los nobles, de los fuertes. Ha llegado el momento de de aniquilar los valores corruptos instituidos por la ética de los filósofos de Occidente e instituir otros nuevos. Se trata de producir una transvaloración que, más concretamente, consistirá en volver a considerar, al igual que ya ocurrió en la antigüedad: a) como buena, a la moral que eleva al individuo; sitúa en un primer plano el sentimiento de plenitud, el poder desbordante, el apasionamiento; desprecia al cobarde, al miedoso, al mezquino, al aprovechado, al servil, al que se autorrebaja, al que se deja maltratar, al adulador, al mentiroso; honra al orgulloso, al generoso, al diestro en hablar y callar, al riguroso y duro consigo mismo, al sutil en la represalia, al refinado en la amistad, a quien respeta a los mayores y a la tradición. b) como mala, a la moral que desconfía de la felicidad y el libre albedrío; genera el sentimiento de culpa y el remordimiento; prohíbe, castiga, reprime los instintos,
rechaza lo que produce placer; detesta el poder, la peligrosidad, la terribilidad; ampara a los atropellados, oprimidos, inseguros, cansados de sí; fomenta actitudes de compasión, ayuda afable, paciencia, diligencia, humildad, amabilidad. Todo lo dicho acerca de la moral es aplicable, al entender de Nietzsche, a las religiones. Las peores, a su juicio, son las monoteístas. Y, dentro de éstas, el judaísmo y el cristianismo. Ello es así en tanto que representan la culminación del proceso de renuncia a esta vida a favor de otra ficticia. En efecto, la tradición de pensamiento socrático-platónica defiende una antropología dualista que concibe al ser humano como un compuesto de cuerpo y alma. Esta segunda parte, a su entender, es inmortal. A la muerte del cuerpo se reencarnará. Este planteamiento es adoptado, en el marco de la cultura occidental, por la religión judeo-cristiana, que no habla de reencarnación, pero sí de otra vida más allá. Lo que proclama, concretamente, es que cuando morimos nuestros actos son juzgados y, si el balance es positivo, Dios nos proporciona la vida eterna en un paraíso. Así, en sus textos sagrados concibe esta vida terrenal como “un valle de lágrimas” o un lugar de tránsito, mientras que esa vida ultraterrena sería la definitiva, la que nos proporcionaría felicidad plena. 5.1. Crítica del concepto de Dios. El Nihilismo. Para Nietzsche, la religión occidental surge en el momento en que los seres humanos no somos capaces de dar sentido a nuestra vida y necesitamos un estímulo externo: Dios. Éste no deja de ser una mera invención. Es una concepción antropomórfica a la que atribuimos nuestras facultades elevadas a la máxima potencia. Por ejemplo, una persona puede ser considerada muy inteligente; pero Dios es inteligentísimo, omnisciente, capaz de ordenar todo el universo. Además de esto, le confiamos la solución de nuestros problemas. Así, llegamos a pensar que si no llueve y nuestros campos no pueden proporcionar las cosechas, llevando a cabo una rogativa o rezando, obtendremos de su generosidad la ayuda deseada. De este modo, al entender del filósofo alemán, Dios no hace más que perjudicarnos. Porque lo normal sería, en el primer caso, no quitarle mérito a esa persona, sino ensalzar su cualidad, considerarla como algo portentoso que puede resultar de gran beneficio para sus semejantes; y en el segundo caso, lo que deberíamos plantearnos, mejor, sería tomar medidas en contra de
la sequía que estén en nuestras manos, como realizar un trasvase, mejorar las técnicas de regadío, etc. En resumidas cuentas, la religión judeo-cristiana niega lo natural en favor de lo sobrenatural. Desvaloriza la única vida que tenemos. “Enferma al hombre”. En consecuencia, lo mejor que podemos hacer es acabar con él. Esto es algo que ocurrirá necesariamente, porque llegará un momento en que las sociedades avanzadas descubrirán la falsedad de este planteamiento teocéntrico y comenzarán a separarse de él. El anuncio de la muerte de Dios aparece en La Gaya. Se proclama como el acontecimiento más grande para la Humanidad. Más que matar a Dios, lo que hace el hombre llegada lo que para el autor de El Anticristo sería su verdadera mayoría de edad, es separarse de él, dejar que muera. El problema que surgirá entonces es que, posiblemente, los seres humanos quedemos desorientados, sin las referencias que daban sentido a nuestras vidas (como los mandamientos, los sacramentos, o el sistema de valores cristiano). Entonces experimentaremos el nihilismo: la negación del paradigma espiritual vigente. Se trata de un proceso psicológico que, en un primer momento, se manifiesta como una duda o desconfianza hacia todo lo establecido en materia moral y religiosa. Esto se conoce propiamente como nihilismo pasivo. Después, se convierte nihilismo activo: un trabajo de destrucción, de eliminación total de lo que ha pasado a calificarse como nocivo o perjudicial. Esta transformación se produce gracias a la voluntad de poder del hombre que, a su vez, es lo que hará que este se convierta en el anhelado superhombre.
5.2. El vitalismo. La voluntad de poder y el superhombre. La voluntad de poder que ejercerá el ser humano evolucionado o superhombre es un concepto ideado por Schopenhauer. Nietzsche no define en ningún lugar de su obra dicha expresión, pero se refiere a ella con mucha frecuencia. Nosotros,
simplificando los análisis que sobre ella se han hecho, podemos quedarnos con que es algo así como una voluntad de vivir o afán constante de superación. La voluntad de poder es una especie de impulso esencial que lleva a cada ser a intentar imponerse sobre lo que le rodea y sobre el no-ser. Es una especie de lucha sin fin que incluso le lleva a imponerse sobre sí mismo, lo que equivale a decir que se impone su propia superación. En esta idea no podemos menos que ver la influencia de Heráclito cuando nos dice que la lucha y la tensión es la clave y la esencia de todo lo que hay. También es constatable la influencia de Darwin, para quien aquellos seres que se superan frente a las adversidades son los que consiguen evolucionar. Lo hacen impulsados por sus instintos. Y siguiendo a Freud, afirmará que entre ellos, los más importantes son los que tienen que ver con eros y Thanatos, es decir, deseo sexual y supervivencia-destrucción. Con todo, la voluntad de poder es la tendencia del individuo a superarse, dando lugar a formas existencia más poderosas, ascendentes, libres, creativas; que actúan sin miedo, sin descanso, apasionadamente. Con esta concepción Nietzsche se erige en un extraordinario continuador del vitalismo. La vida desarrollada con la máxima energía es lo que más propiamente nos constituye como seres humanos. Este superhombre es un ser dionisíaco y no apolíneo. Por lo demás, en Así habló Zaratustra, nos habla de una triple transformación o metamorfosis que ha de sufrir el ser humano hasta convertirse en superhombre: “Tres transformaciones del espíritu os menciono: como el espíritu se convierte en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño”. -El camello simboliza al animal de carga, al hombre que ha acarreado, a través del desierto, los duros trabajos, sometimientos e imposiciones de la cultura occidental. -El león representa al ser libre, poderoso, que se hace señor frente a quienes le rodean. -El niño, finalmente, es el perfecto creador de nuevos valores que posee una visión lúdica y amoral de la realidad.