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Faro de Alejandría Nº3

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Faro de Alejandría Número 3 | Semestre ii 2017 | ISSN 2145-8618 Faro de Alejandría es una revista del Departamento

de los estudiantes de Geografía. Facultad de Ciencias Humanas

| Universidad Nacional de Colombia | Rectora | Dolly Montoya Castaño

Vicerrector | Jaime Franky Rodríguez

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Director Bienestar Facultad Ciencias Humanas | Esperanza Cifuentes Arcila

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| Dirección | Prof. Myriam Susana Barrera Lobaton

| Edición | Jineth Tatiana Mora Linares, Carlos Arturo Guzmán García, Nasdy Astrid Reyes Bermúdez.

| Equipo de colaboradores | Jineth Tatiana Mora Linares, Carlos Arturo Guzmán García, Nasdy Astrid Reyes

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Revista Faro de Alejandría, es una revista de investigación

de los estudiantes del departamento de Geografía de la Universidad Nacional de Colombia impulsada por el grupo

estudiantil GEOPOLIS UN. Los textos presentados en la siguiente publicación expresan la opinión de sus respectivos autores y la Universidad Nacional no se compromete directamente con la opinión que estos pueden suscitar. Universidad Nacional de Colombia Sede Bogotá

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Contenido 6

editorial

GEOGRAFÍA HUMANÍSTICA COMO PARADIGMA Y SU LEGADO EN LA NUEVA GEOGRAFÍA CULTURAL

ESPACIO DEPORTIVO Y RECREACIÓN CIUDADANA: UNA APROXIMACIÓN A LA IMAGEN DE CIUDAD. BOGOTÁ, COMPLEJO ACUÁTICO SIMÓN BOLÍVAR

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LA ELEGANCIA Y LA CALENTURa. UN ANÁLISIS A LA SALSA DESDE LA GEOGRAFÍA FEMINISTA

CAMBIO DE LA COBERTURA Y USO DEL SUELO COMO INDICADOR DE LA DEFORESTACIÓN EN EL MUNICIPIO DE MIRAFLORES, GUAVIARE (1980-2013), A PARTIR DE SENSORES REMOTOS

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FARO DE ALEJANDRÍA

EDITORIAL “En lo que respecta a territorio, espacio y relaciones sociedad-naturaleza, la geografía tuvo y tiene aún mucho que decir”. Urquijo y Bocco, 2015

A

nte la consolidación del pensamiento geográfico latinoamericano, Urquijo & Bocco (2015) comentan la importancia de una integración dada por los sistemas de educación sin dejar de lado propuestas externalistas o caer en encallecimientos, donde la divulgación científica, tecnológica y cultural sea un elemento clave en la ampliación de los ángulos de apreciación, el fomento del intercambio de enfoques, experiencias, procesos históricos y culturales, y la mitigación de los efectos de las problemáticas sociales y ambientales. Los aportes, desde la mirada geográfica latinoamericana, en las últimas décadas, han incluido una construcción social del espacio, no solo como una expresión más o una moda, sino vista como un potencial de análisis suscrito en las relaciones de lo subjetivo y de lo objetivo, el cual se traduce en una construcción social del lugar por el lenguaje; un ejercicio constante de acción sobre la realidad que, a través de entidades distintas de la naturaleza: esquemas, conceptos y representaciones o imaginarios, reconstruye conocimiento y lo comunica (Lindón, 2007).

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De allí la importancia de encontrarnos, una vez más, frente a un espacio de divulgación promovido por y para los estudiantes. Una pequeña muestra de los debates que, por medio de la mirada geográfica, damos dentro y fuera de las aulas, con compañeros de la misma y otras profesiones, docentes, habitantes de los territorios estudiados o, simplemente consigo mismo. Una muestra del constante ejercicio en la construcción de un pensamiento geográfico que se renueva, que cuestiona, desde otras perspectivas, el espacio, las relaciones que se establecen allí y sus expresiones, así como otros modos de acercarse a este y medios para su compresión. En este tercer número de la Revista Faro de Alejandría se reúnen algunos trabajos en los que estudiantes del Departamento de Geografía reflejan, por un lado, como lo menciona Santos (1990), el reto de abandonar el miedo por lo nuevo, lo desconocido, arriesgarse a imaginar y descubrir, y de comunicar las ideas en creación; y, por otro, la diversidad de las nuevas tendencias en la geografía; ejemplo de ello son las cuestiones culturales, las implicaciones sociales de lo deportivo y las dinámicas de género.

Bibliografía Lindón, A. (2007). Los imaginarios urbanos y el constructivismo

geográfico: los hologramas espaciales. Eure, 33(99), 31-46.

Santos, M. & Maurel, J. B. (1990). Por una geografía nueva. Madrid: S.L.U. Espasa Urquijo, P. S. & Bocco, G. (2015). Pensamiento geográfico en América Latina:

retrospectiva y balances generales. Investigaciones Geográficas. 2016(90), 155-175.

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GEOGRAFÍA HUMANÍSTICA COMO PARADIGMA Y SU LEGADO EN LA NUEVA GEOGRAFÍA CULTURAL


FARO DE ALEJANDRÍA

Resumen

Introducción

L

a Geografía Humanística es una corriente de primer orden teórico y con plena vigencia; esta constituye un paradigma de la ciencia geográfica y un rompimiento ontológico y epistemológico respecto a la forma en la que se trabajaba anteriormente en la disciplina, especialmente respecto a los metadiscursos estructuralistas positivista y marxista. Desarrollada a finales de la década de 1960, centra su análisis en la elaboración del conocimiento, logrado por la participación más que por la observación, y por el privilegio de la subjetividad sobre la objetividad. A pesar de su posición marginal, la Geografía Humanística sentaría las bases filosóficas que permitirían el avance de otras corrientes de la geografía humana como la Nueva Geografía Cultural; incluso, posteriormente, devengará en la revolución posmoderna. El lugar y el espacio han sido reevaluados en el discurso geográfico contemporáneo y hoy en día es central, dentro de la geografía humana, el reconocimiento por las particularidades sociales y culturales subjetivamente diferentes.

La Geografía Humanística, desarrollada a finales de los años 60, es una escuela de primer orden teórico, cuando de corrientes de la geografía se habla. Más que una corriente, constituye un paradigma de la ciencia geográfica y un rompimiento ontológico y epistemológico respecto a la forma en la que se trabajaba anteriormente la disciplina. Este cambio, si bien no se considera como una revolución en su momento, sentaría las bases filosóficas, las cuales permitirían el avance de otras corrientes de la geografía humana, como la geografía cultural; incluso, posteriormente, devengaría en la revolución posmoderna. Este ensayo reivindica el papel de la Geografía Humanística desarrollada a mediados del siglo pasado, marginal en su momento, pero importante en el sentido de plantear una tercera vía –parafraseando la frase economicista y políticamente usada– entre el Positivismo y Marxismo dominantes en la disciplina geográfica. La Geografía Humanística, como alternativa a estas dos visiones dominantes y a su vez antagónicas, constituye un verdadero paradigma para la Geografía actual. A su vez, la Nueva Geografía Cultural es una rama de la geografía humana, muy conocida y respetada hoy en día, la cual tiene aplicaciones de todo tipo y abarca estudios particulares y generales en múltiples espacios y momentos. Por ello, busca acercarse a la interacción del ser humano con su medio y las

Palabras Clave: Geografía Humanística, Nueva Geografía Cultural, humanismo, paradigma. 12


GEOGRAFÍA HUMANÍSTICA COMO PARADIGMA Y SU LEGADO EN LA NUEVA GEOGRAFÍA CULTURAL

problemáticas que esto supone desde una perspectiva cultural, asumiendo, con seriedad y, al mismo tiempo, con rigurosidad, los factores culturales que, desde lo subjetivo del ser humano, construyen y constituyen el espacio habitado. Ante lo anterior, este escrito hace énfasis en analizar cuál fue la historia disciplinar de la geografía humana en general, para que la geografía cultural llegara a este momento de consolidación actual. Lo cierto es que, a pesar de la importancia y novedad de la escuela humanística, no se le da mucha relevancia dentro de la rama dominante de la geografía cultural, como lo es la Nueva Geografía Cultural. En palabras de Entrikin y Tepple se sufre una “Reciente amnesia disciplinaria sobre la Geografía Humanística” (2006, p. 30).

La corriente como paradigma El debate no está resuelto ya que, de hecho, durante las dos últimas décadas, se ha presentado un proceso de profundización y difusión teórica del positivismo desde Estados Unidos hacia la región hispanoamericana. Este es el caso de la economía y de la ciencia política, y podría ser también de la psicología y la sociología; y por qué no de la Geografía. Una de las realidades llamativas de las ciencias sociales, hoy, es la abrumadora y penetrante influencia del positivismo en la economía, la psicología, la ciencia política y la sociología, mientras que, en el campo de la filosofía de la ciencia, es, irónicamente, considerado teóricamente demolido (Parada-Corrales, 2004, p. 407). Llevado al campo de la Geografía el predominio del pensamiento positivista es vigente, sobre todo, en las aplicaciones prácticas de la disciplina, como las Tecnologías de la Información, aun cuando, en el pensamiento dominante, ha sido superado; ni qué decir del dominio en la actualidad, en la Geografía Humana, por las corrientes marxistas o radicales. Esto da pie para pensar que dichos antagonismos, en el buen sentido de la palabra, entre positivismo y humanismo o radicalismo y humanismo dentro de la geografía supusieran no una convivencia tranquila entre corrientes, sino la aparición de la Geografía Humanística como una verdadera ruptura con respecto a los paradigmas anteriormente mencionados. Durante los años cincuenta y sesenta, el positivismo desaparecería fulminantemente, bajo los ataques del paradigma hermenéutico y la crítica que provino desde las visiones de Kuhn y de Popper sobre la ciencia (Parada-Corrales,

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2004, p. 409). Esta última noción defendía que el surgimiento de nuevas teorías suponía una verdadera lucha entre teorías; afirmaba que las nuevas teorías científicas no nacen por verificación ni por falsación de sus supuestos, sino por sustitución de unas por otras: la aceptada noción de que una teoría es cierta hasta que llega otra y comprueba lo contrario, para convertirse en la verdadera y dominante. Bajo este pensamiento, Kuhn explica su definición de paradigma cuando reza que: “Considero a éstos (paradigmas) como realizaciones científicas universalmente reconocidas que, durante cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica” (1995, p.13). Al respecto, dice Parada Corrales que un cambio como tal Implica no solamente un proceso teórico, también una lucha social que en cierto grado también refleja los cambios externos en la sociedad. Por esa razón, observamos la enorme cantidad de esfuerzos desplegados por los científicos que pertenecen a un paradigma dominante para explicar las anomalías dentro del

‘núcleo central’ de teorías […] Cuando surge un nuevo paradigma, lo hace después de una larga lucha dentro y fuera de la comunidad científica, pudiendo explicar mejor las anomalías con respecto al viejo paradigma, generando una nueva metodología, una nueva visión y nuevas preguntas (Parada, 2004, p. 407).

La historia de la Geografía Humanística es una historia de lucha, la cual nace de la marginación que solo, hasta la actualidad, empieza a cosechar los frutos que sembró. A finales de los años sesenta, muchos geógrafos se mostraron descontentos y desconfiados con las corrientes positivistas y marxistas dominantes en la disciplina y optaron por formas alternativas de conocimiento relacionadas con perspectivas humanistas como el existencialismo y la fenomenología (Delgado-Mahecha, 2003, p.103). Por ende, la Geografía Humanística, que se desarrolló en el contexto del final de la Segunda Guerra Mundial, tomó una postura tajantemente crítica frente a las limitaciones del positivismo y del materialismo, en la que “los geógrafos humanistas se fijaron la misión de restaurar la subjetividad humana, excluida por el dominio del objetivismo de las prácticas científicas positivistas y marxistas” (Delgado-Mahecha, 2003, p.106). En consecuencia, la Geografía Humanística es paradigmática puesto que rompía, o por lo menos contradecía, las dos grandes corrientes episte-

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mológicas y ontológicas en aquel entonces. No será este momento considerado como una revolución ni mucho menos; pero, por la única razón de que aún sus postulados eran marginales y poco respetados; situación que en la actualidad no es así.

Las ideas revolucionarias de la Geografía Humanística La Geografía Humanista difiere del positivismo, sobre todo, por su énfasis en la experiencia interna, es decir, por la valoración del conocimiento logrado por la participación, más que por la observación y por el privilegio de la subjetividad sobre la objetividad (Delgado-Mahecha, 2003, p.104). Es, en definitiva, una ruptura total del paradigma positivista y de la ciencia dura preocuparse por lo subjetivo, lo perceptivo y lo cotidiano más que por los postulados generales, las leyes perfectas y las explicaciones totalizadoras. Para irse al extremo, mientras esta corriente habla de modelos matemáticos de análisis espacial, los actores racionales que toman decisiones basados en información perfecta desde ambientes vistos como planos homogéneos, en donde la única variable es la distancia relativa entre las diferentes posiciones de los puntos en el plano; los, todavía marginados, geógrafos humanistas ven su trabajo como una forma de abrir la disciplina a concepciones más humanas y realistas de los agentes geográficos. Ante ello, Entrikin y Tepple afirman: Los humanistas ven sus esfuerzos como intelectualmente liberadores. Argumentan que los agentes se basan en sus experiencias, actitudes y creencias así como sus juicios morales y estéticos para tomar decisiones que moldean

sus ambientes. Los agentes geográficos no son solamente actores económicos en busca de aumentar su bienestar material sino también seres morales y culturales. (Entrikin & Tepple, 2006, p. 31. Traducción propia).

Mientras que, como decía Delgado Mahecha, la fenomenología: […] aboga por una mirada integral de los fenómenos que no separa las apariencias y las esencias, no establece escisión alguna entre obje-

tividad y subjetividad, ni desliga la experiencia del mundo externo, puesto que toda experiencia siempre es experiencia de algo […] Filósofos

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como Marcel, Sartre o Merleau-Ponty dan gran importancia al cuerpo como modo de participación humana en el mundo cotidiano, de donde

se deriva la importancia de su localización espacial como cuerpo que lo ocupa, y su posición en relación con otros cuerpos (2003, p.104).

Esta participación en el espacio, como cuerpos concretos, implica la necesidad inherente a la existencia de organizar el espacio en términos de la propia existencia y del cuerpo mismo, como medida y referencia de todas las cosas. Izquierda, derecha, arriba, abajo, enfrente y atrás, por ejemplo, son formas fundamentales de organización del espacio; además, son naturales a la experiencia de vivir en este mundo. En términos geográficos, esto implica que el estudio de cualquier espacio o lugar tiene, como parte central, no solo la experiencia respecto al lugar de la gente que lo vive y habita, sino de aquel que lo estudia (Delgado-Mahecha, 2003, p.104). La Geografía Humanística reivindica algo que, hasta el momento, no se había hecho dentro de la disciplina: la experiencia cotidiana de la gente como algo esencial para la comprensión del lugar de los seres humanos, no solo en una localidad allá aislada, sino en el mundo en general. En segunda medida, se tiene que, tal como en el análisis locacional positivista, “el estructuralismo marxista en geografía no escapa a una visión del mundo fundamentalmente económica y racionalista” (Delgado-Mahecha, 2003, p.109). La subjetividad humana, central para los humanistas, no tiene cabida como determinante en la geografía marxista, porque “los agentes de los procesos históricos no son personas sino abstracciones como las relaciones de producción. La gente únicamente desempeña las funciones prescritas para ella, no por ella misma, sino por las necesidades funcionales de la lógica estructural” (Delgado-Mahecha, 2003, p.109). De esta forma, existe otro punto importante, que se considera como una ruptura paradigmática: la crítica de la geografía marxista ortodoxa, ya que la tarea principal del marxismo, desde el punto de vista humanístico, es la preservación de la capacidad explicativa del modelo intelectual de la superestructura económica por sobre la relevancia que tiene la experiencia misma de la realidad social. En ese sentido, resulta siendo más importante, para estos autores, desde el punto de vista epistemológico, la solidez total de la teoría crítica en detrimento del análisis individual. Así, para los geógrafos radicales, los hechos

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geográficos son rigurosamente determinados, mientras, para los humanísticos, son el producto de contingencias, elecciones individuales, preferencias y procesos de negociación entre agentes geográficos determinados. En conclusión, el cambio radical es epistemológico porque la tarea primaria del marxismo, eminentemente estructuralista, no es la clarificación de la experiencia de la realidad social, sino la postulación de un modelo intelectual mecánico y perfecto, donde las expresiones más subjetivas quedan supeditadas a la superestructura cultural. Especialmente, porque tanto el marxismo como el positivismo han desplazado lo subjetivo como algo no científico, y, por tanto, no forma parte del objeto de investigación.

La Nueva Geografía Cultural y su talante humanístico La llamada revolución posmoderna, que afecta a todas las ciencias sociales, incluye a la geografía. De esta manera, dentro de lo que se podría denominar como un gran rescate de lo subjetivo, se encuentra, en primera plana, la llamada Nueva Geografía Cultural; en esta, se tiene que cada individuo entiende su realidad espacial de acuerdo con su propia percepción. Así se hace referencia al asunto nodal del enfoque geográfico: la cultura. Mas, hasta la segunda mitad de la década de los 80, se comienza a hablar de Nueva Geografía Cultural. Estos “estudios culturales” cambian de escala: es más fácil observar cómo se construyen las categorías utilizadas por un grupo particular en un ambiente dado, que comprender culturas gigantescas como la china o la árabe. El cambio de escalas permite estudiar sutilezas de la cultura, impresas en el espacio, y renunciar, de una vez por todas, a la conformación de grandes teorías generales o de tesis ambiciosas (Fernández, 2006, p.239). En consecuencia, la Nueva Geografía Cultural aparece como producto del llamado “giro cultural”, el cual implica una renovación del enfoque cultural en la Geografía en los 60, especialmente, con los geógrafos del ámbito anglosajón, como Denis Cosgrove y Peter Jackson. Este se hace reflexionando no sobre las colectividades, sino sobre los individuos. “La Nueva Geografía Cultural se interesó más en la cultura de los grupos marginales que en las grandes civilizaciones; en las expresiones populares más que en la corriente de élite” (Fernández, 2006, p.240). No se limitó a describir meras expresiones materia-

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les sobre el territorio, sino que se preocupó por símbolos que, para los habitantes, tenían algunos rasgos del paisaje. Bajo este enfoque, ahora, la cultura es vista como un medio a través del cual la gente transforma el mundo material en un mundo de símbolos a los que le da sentido y a los que se les atribuye un valor subjetivo. En relación con lo planteado antes como la ruptura paradigmática del humanismo, la siguiente frase de Frolova y Lara puede dilucidar la relación que se quiere plantear entre este y la Nueva Geografía Cultural: En las tres últimas décadas, la geografía humana ha experimentado transformaciones significativas, que cobran mayor profundidad en el contexto de crisis de las paradigmas más consolidados de las ciencias sociales y, en par-

ticular, a la luz del denominado «giro cultural», que planteó el redescubrimiento de la dimensión cultural en la geografía y su presencia, de una forma u otra, en casi todos los campos de la disciplina” (Frolova & Lara, 2007, p.222).

Complementariamente, el llamado “giro cultural” no se identifica como una renovación endógena propia de la vieja rama evolucionista de la Geografía Cultural del siglo XIX, como el romanticismo alemán de Humboldt o la posterior escuela de Sauer; más bien, como un “apego transdisciplinar notorio al que fue conducida la geografía producto del vértigo que tomaban las nuevas reconfiguraciones sociales y espaciales, interesadas ahora en problemáticas antes no estudiadas por lo tradicional” (Silva, 2008, p.285). En conclusión, el giro cultural que se vivió en el seno de la geografía responde, por un lado, al jalonamiento causado por ese impulso posmoderno, transversal a todas las disciplinas, el cual, a su vez, significa la reivindicación de las ideas de los geógrafos humanísticos: antes, con sus ideas en segundo plano; pero, ahora, con el correr de los años, en un apogeo cada vez mayor. Lo sorprendente es que se nombra muy poco, casi nada, al legado de la Geografía Humanística dentro de la Nueva Geografía Cultural, aun cuando esta es, para nuestra disciplina, lo que en otra ciencia llamarían como la ciencia de punta. Entrikin y Tepple (2006) secundan esta posición cuando se preguntan cómo es posible que se discuta tanto acerca del giro cultural en la geografía contemporánea y apenas se tenga conocimiento de la Geografía Humanística en los análisis: “¿Cómo puede ser tan poco notada (la geogra-

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fía humanística) en los tantos anuncios del llamado 'giro cultural' en la geografía contemporánea?” (Entrikin & Tepple, 2006, p. 30. Traducción propia). Se habla mucho de la importancia contemporánea de estos estudios pero se recuerda poco el paradigma humanista.

A manera de conclusión La problemática del giro geográfico y el giro cultural no es ajena ni esta desvinculada del “desafío posmoderno”. Precisamente, “desde los años ochenta el discurso posmoderno –iniciado en la filosofía contemporánea pero rápidamente retomado en las distintas ciencias sociales y también en el campo de arte– de manera creciente va siendo parte de la reflexión en geografía humana” (Hiernaux & Lindón, 2006, p.11). Esto es muy parecido a afirmar que, cada vez más, los postulados del paradigma humanista van cobrando relevancia. El llamado “giro cultural” –que significa un viraje para los estudios culturales desde Sauer, el padre de la Geografía Cultural, tal como se le conoce hasta la Nueva Geografía Cultural– resulta ser un giro en el mismo sentido en el que se giró de los paradigmas positivista y marxista dominantes, a la geografía humanística. Sobre Sauer, Delgado dice: Del mismo tipo positivista resultaron la geografía cultural que desarrolló Sauer, la cual se basó en la concepción orgánica de la cultura avalada por el antropólogo Alfred Kroeber, y

la geografía como ecología humana propuesta por Barrows, centrada en la etología y no en la cultura (Delgado, 2003, p.108).

En otras palabras, hay mucha más relación, epistemológicamente hablando, entre la Geografía Humanística y la Nueva Geografía Cultural, que entre esta última y la corriente clásica saueriana de la Geografía Cultural. Puesto que se esperaría encontrar un rol preponderante de la Geografía Humanística en el llamado giro cultural, pero esta está claramente ausente de su literatura (Entrikin & Tepple, 2006, p.36). Como conclusión, la Geografía Humanística es un paradigma de pensamiento contemporáneo, puesto que, cuando surgió, en los años sesenta, definitivamente no floreció y permaneció en una posición marginal. Solo cobró

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FARO DE ALEJANDRÍA

relevancia posteriormente, por la fuerza que ganó en los años noventa, gracias al amparo de las ideas posmodernistas y, por supuesto, a las críticas de los metadiscursos positivistas y marxistas. Lo cierto es que el lugar y el espacio han sido reevaluados en el discurso geográfico contemporáneo y, actualmente, es central, dentro de la geografía humana, el reconocimiento por las particularidades sociales y culturales subjetivamente diferentes. Debemos, en definitiva, valorar el paradigma humanístico vigente y como tal.

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Bibliografía Delgado-Mahecha, O. (2003). La Geografía

Kuhn, T. (1995). Estructura de las Revoluciones

humanística y la experiencia del espacio.

Científicas. México: Fondo de Cultura Económica.

contemporánea (pp. 103-122). Bogotá:

Parada-Corrales, J. (2004). Realismo

En: Debates sobre el espacio en la geografía

Universidad Nacional de Colombia. Entrikin, J. N. & Tepple, J. H. (2006). Humanism

and democratic place-making. En: S. Aitken

& G. Valentine (Eds.). A pproaches to Human

Geography (pp. 30-41). Londres: Thousand Oaks.

crítico en investigación en ciencias

sociales: una introducción. Investigación

& Desarrollo, 12(2), 396-429.

Silva, M. (2008). La Geografía Cultural. Rasgos centrales en su constitución y

procedimientos. Huellas, (12), 282-285.

Fernández, F. (2006). Geografía cultural. En: D.

Hiernaux & A. Lindón (Eds.).Tratado de geografía humana (pp. 221-253). Barcelona: Anthropos

Editorial, Universidad Autónoma Metropolitana. Frolova, M. & Lara, J. J. (2007). Reseña de "Tratado de Geografía Humana" de

Daniel Hiernaux y Alicia Lindón (dirs.). Cuadernos Geográficos, (40), 221-230.

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Jose Alejandro Ospina Nino

D. Hiernaux & A. Lindón (Eds.).Tratado de

geógrafo. Universidad Nacional de Colombia.

Editorial, Universidad Autónoma Metropolitana.

Recepción de artículo en calidad de estudiante.

La geografía humana: un camino a recorrer. En: geografía humana (pp. 7-24). Barcelona: Anthropos

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Hiernaux, D; Lindón, A. (2006). Introducción.

contacto: joaospinani@unal.edu.co


ESPACIO DEPORTIVO Y RECREACIÓN CIUDADANA: UNA APROXIMACIÓN A LA IMAGEN DE CIUDAD. BOGOTÁ, COMPLEJO ACUÁTICO SIMÓN BOLÍVAR '

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Nicolas Alexander Perez Forero


FARO DE ALEJANDRÍA

Resumen

Introducción

E

n Bogotá, los espacios deportivos y recreativos ocupan un lugar importante para la administración local; por ello, se despliegan esfuerzos para transmitir una imagen de ello. Teniendo presente esto, se realizó una investigación con las personas que habitan en el Complejo Acuático, la cual permitió concluir que la función social de estos espacios reafirma las aspiraciones de una imagen de ciudad deseada; pero, también, revela realidades contrastantes cuando se evalúa en profundidad qué es la imagen de ciudad. Estas ideas surgen de recoger información cualitativa a través de entrevistas, cartografía social, etnografías participantes, entre otras.

En la ciudad, más aún, en las metrópolis contemporáneas, tener espacios recreativos y deportivos reflejan la presencia del sector público en la gestión de satisfacer las necesidades de sus ciudadanos, por lo que se ha convertido en la manera de responder ante preocupaciones como la calidad de vida en la urbe. El balance de las proporciones que tienen estos espacios, en cuanto los ciudadanos reconocen la importancia de ellos, redundará en generar un valor social de espacios tributarios al capital público de la ciudad. Ante esto, el actual gobierno de Bogotá invierte recursos en esos elementos con algún valor social, relativos a la cultura, la educación, el comercio, los negocios, el turismo y el ocio, en concordancia con su posición como capital. La intención de estas acciones persigue propósitos de aprovechar los beneficios que esto trae para su imagen de ciudad, diseñada entre una forma ideal de verla y lo que desean sus ciudadanos. En ese sentido, el deporte es una pieza de esta puesta en marcha por alcanzar las aspiraciones de una ciudad con imagen propia, cumpliendo la función práctica de resolver diferentes cuestiones, como el sedentarismo de sus habitantes, desarrollando programas disponibles para todos, los cuales incentiven hábitos saludables en el tiempo libre. Recientemente, estos espacios son una fuente de inclusión social, acogen jóvenes y niños de colegios distritales en el marco de fomentar una cultura del deporte (idrd, 2014, web).

Palabras clave Espacio deportivo, espacio público, imaginarios, imagen de ciudad, y marketing urbano. 24


ESPACIO DEPORTIVO Y RECREACIÓN CIUDADANA: UNA APROXIMACIÓN A LA IMAGEN DE CIUDAD. BOGOTÁ, COMPLEJO ACUÁTICO SIMÓN BOLÍVAR

La dimensión real de esto aterriza en un escenario deportivo como el Complejo Acuático Simón Bolívar, un lugar que opera, prácticamente, todas las aspiraciones de una Bogotá Humana, por medio del desarrollo de ejercicios recreativos y formativos al servicio de sus ciudadanos. En consecuencia, presenciar las dinámicas sociales que se dan allí, nos remite a indagar el grado de influencia que tienen los espacios deportivos en replicar esa imagen de ciudad, redundante a profundizar sobre otros aspectos inherentes al estudio de ello, como las representaciones del espacio público, la construcción de lugar, el soporte conceptual y discursivo de tener estos espacios, así como el potencial de todo esto para estimular acciones concretas. Aunque se acentúe una dimensión inmaterial en el examen de la relación espacio deportivo con la ciudad, esto responde a la vigencia de la imagen y a la imaginación en la conducta de la sociedad, su organización y sus formas de relacionarse con su entorno, de gran resonancia para la geografía humana hace unos años (Lindón, 2012). De acuerdo con lo anterior, este artículo se apoya en conceptos como el diálogo de saberes y la observación participante, en virtud a desarrollar un proceso de investigación donde los actores investigados tienen gran influencia en los nuevos conocimientos obtenidos. Por ende, el contenido del artículo comprende la síntesis y la reflexión, obtenidos en las prácticas de investigación, en el marco de una relación sociedad-investigador lo menos dominante, de manera que, aunque inevitable, la espontaneidad saliera a flote. Este artículo está divido en dos partes: en la primera parte, se expone la forma de entender el deporte para los intereses de la geografía, por lo que la búsqueda de los vínculos entre su enfoque humano dejará entrever los procesos de imaginación en los que se envuelven los actores, quienes se ligan con el espacio deportivo. En la segunda parte, se desarrolla todo un análisis de los resultados obtenidos durante la investigación, tratando de distinguir las representaciones más sobresalientes con las que se asocia el espacio deportivo: la ciudad extensa, lo público, y la integración social y la ciudad ideal, necesaria de espacios deportivos, terminando con la revisión del marketing urbano, con el fin de darle un giro a los sistemas dominantes de representación que la imagen de ciudad mantiene en relación con el espacio deportivo.

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FARO DE ALEJANDRÍA

Geografía del deporte, geografía de lo imaginario La geografía del deporte puede responder preguntas sobre la proporción y la distribución mundial de alguna modalidad, en especial, la tendencia de practicarla en regiones donde las características ambientales lo permitan: esquiar donde abunda el hielo y la nieve, o escalar donde las montañas se presten (Dejonghe, 2008). La esencia de estas respuestas deriva de un enfoque material de cómo los ambientes determinan la existencia de un deporte sobre una región; se remite a ver las expresiones más prácticas (localización) del deporte en algún lugar. Ejemplo de ello es el trabajo desarrollado por John Bale en “Space, place and body culture: Yi-Fu Tuan and a geography of sport” (1996), ya que aportó algunas ideas alternativas a la dimensión geográfica del deporte para el siglo XX. Esto permitió vislumbrar otro campo de estudio, relacionado con los paisajes del deporte, puntualmente, su reflexión acerca de la relación entre el buen vivir y la ausencia de un lugar, como construcción social en estos espacios (Bale, 1996). El deporte, como parte de una expresion social y humana, ofrecía, así, renovados estudios, con respecto a la sociedad, desde una parte de su cultura. De tal forma que, los temas abordados son relativos a la comprensión de las implicaciones sociales de masivos espectáculos deportivos, la percepción de ello y las desigualdades espaciales que hay de fondo. Ello, debido a que grupos específicos de la sociedad, ligados al deporte, desarrollan acciones con implicaciones sociales para el mantenimiento de un sector más de la economía. Incluso, el deporte adquiere una clase de intervención territorial (Luque-Gil, 2012), asistido por la autoridad local o nacional que tenga lugar, a través de la construccion de escenarios para determinada modalidad deportiva, los soportes de eventos internacionales y el despliegue de políticas públicas. Así, el deporte, como aliado en los procesos de intervención territorial, requiere dotar sus justificaciones de un discurso, el cual entresaca sus argumentos de las necesidades que tiene una sociedad, sus aspiraciones y sus prioridades. Esto, en el caso de Bogotá, se refleja por medio de una política pública relacionada al deporte, en el marco de un principio de inclusion social, la cual integra a jóvenes y niños estudiantes de colegios distritales (idrd, 2014), cuya

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calidad de vida se puede mejorar si su necesidad de proteger la salud y participar en actividades de ocio se satisfacen en mayor grado, con la oferta de espacios deportivos para tal efecto. En ese sentido, los criterios, que justifican una inversion en el sector del deporte para Bogotá, parten de reconocer, en sus iniciativas, la relevancia del estado en el que viven las colectividades, y la prioridad de articular la vida cotidiana en los proyectos de la ciudad. Considerar este tipo de variables, ha sido un gran reto para quienes lideran iniciativas desde el sector público, en su papel de facilitador no solo de recursos, sino también de intermediario entre los deseos y las ideas que circula en la mente de sus ciudadanos. No obstante, la vida cotidiana proporciona una dimension de análisis más profunda sobre los discursos y las representaciones que revisten el espacio deportivo, puesto que, en lo que respecta a su relación con las acciones en la ciudad, su exploración puede vislumbrar los elementos decisivos a las formas de interpretación individual y colectiva de la ciudad, en su complejidad. De acuerdo con Lindón (2012) la cotidianidad constituye un espacio de tipo repetitivo, resultado de lógicas racionales e instrumentales, dado el caso de alienación, donde está en juego la imaginación como potenciador de la innovación y la rutinización. En síntesis, el espacio deportivo es una expresión de intervención en el territorio; en este caso, agenciada por el gobierno local, quien atiende las necesidades del público y las ideas

que se pueden configurar en una atmósfera subjetiva, en donde la influencia de las personas, en algunas decisiones que se plantean de la ciudad, son el producto del encuentro entre lo imaginario y la vida cotidiana. Esta inquietud, de observar lo que va más allá del espacio deportivo como entidad factual, está en sintonía con un interés por rescatar la experiencia espacial de las personas y de su articulación con imágenes que se difunden e intersectan en la sociedad. En palabras de Lindón, “una dimensión más o menos estructural de tipo cultural” (2012, p. 73). De acuerdo con esto, la dimensión de lo imaginario permite dar sentido a las razones por las cuales, algunos padres que llevan sus hijos a la piscina del Complejo Acuático, se permean de una Bogotá imaginada, construida mentalmente desde lo desconocido, donde la asignación de categorías para el Sur (pobres) y Norte (ricos) de la ciudad legitiman la decision respecto a quienes deben tener prioridad en el acceso de estos escenarios. En la atmósfera de estas cuestiones, el espacio deportivo en su plano multidimensional, es decir, de las representaciones y significados que se construyen en torno a él y a la ciudad, junto a las prácticas sociales que tienen allí lugar, convergen en la construcción de un espacio público en particular, mediado por la experiencia de habitar en el Complejo Acuático.

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Distinguiendo los imaginarios del Espacio Deportivo. Complejo Acuático Simón Bolívar La población que deambula y reside en el Complejo Acuático agrupa diversos rasgos de la sociedad bogotana. No existe cierta homogeneidad en las características sociales, distintas a las de poder usar, como ciudadanos, un escenario público a su servicio. En el mismo marco, se diferencian grupos deportivos que se especializan y se organizan independientemente, mas, están ligados al integrar una parte de las opciones de vivir en la ciudad. Por esto, las personas que contribuyeron con sus ideas en la investigación, no convergen en aspectos cuya claridad, para otros, es indiscutible, como el hecho de acoger, en este escenario deportivo, procesos de educación y formación, distinto a las ideas relacionadas con lo público y la necesidad de tener estos espacios en la ciudad.

Un espacio deportivo reflejo de la ciudad extensa y desconocida El Complejo Acuático pertenece al grupo de equipamientos más importantes de Bogotá, su diseño arquitectónico y capacidad, no es comparable con ningún otro escenario deportivo para la práctica de ejercicios acuáticos. Sin embargo, lo urbano ha desbordado la escala del conocimiento de lugares centrales para muchos de sus habitantes, como este. La novedad de encontrar un lugar como el Complejo Acuático, de tan grande magnitud y funciones públicas, nunca llegó a fundar, por la cabeza de algunos, una imagen de ello. Para Luz Marina, una madre que asiste al lugar acompañando a su hija con discapacidad física, los comentarios de amigos sobre la “Piscina del Salitre”, era la única noción que tenía del Complejo Acuático, puesto que, como menciona ella, nunca imaginó la existencia de un lugar como este (testimonio T, 2015). Las formas y los medios para transmitir el conocimiento de estos lugares ha sido un proceso que tanto las redes sociales, como el correr voz a voz

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y la publicidad institucional se presentan insuficientes para abarcar una ciudad de dimensiones espaciales exageradas, un entramado urbano inagotable, hasta para la vida más ociosa. Precisamente en la entrevista con Jaime (CP, 2015), administrador del escenario, se evidencio la escasa referencia del Complejo Acuático en el conocimiento de los ciudadanos, con lo cual, uno de los propósitos de su administración es generar actividades que permitan ese encuentro. Por ejemplo, el “Programa distrital jornada escolar 40 horas semanales para la excelencia académica y la formación integral” (idrd, 2014), detallado en profundidad más adelante, resulta ser una expresion para dar a conocer un lugar, en ocasiones, recóndito. Los niños y jóvenes que asisten semanalmente representan una forma de avanzar en la promoción de un lugar “abierto a todos”. Paradójicamente, las vías que conectan la ciudad con el lugar, son arterias para el transporte público, el escenario está ubicado de tal forma que, en términos prácticos, no existan obstáculos para el acceso a este. No obstante, retomando el relato de Luz Marina: “me fue difícil encontrar la piscina, duré horas buscando y nada” (T, 2015), el Complejo Acuático, en términos de articulación urbanística, puede estar bien pensado, pero, a la luz de la experiencia en este espacio, el problema no solo es práctico, también es geográfico. De acuerdo con Hiernaux (2012), los imaginarios sub-urbanos han fortalecido la imagen de una ciudad sin límites, una aquella que toma formas exhuberantes, denominadas megalópolis. Los avances del suelo urbano, liderados en la periferia por el sector inmobiliario, refuerzan las imágenes de lo extenso y difuso que se ha convertido lo urbano, razones por las cuales se da explicación a problemas imperantes, como la difícil movilidad en la ciudad. Esto se traduce en integrar soluciones en los medios de comunicación, cuando la centralización se está volviendo un problema social de mayor magnitud. Anderson, un deportista de rendieminto con limitaciones físicas, en su opinión sobre la articulación del espacio deportivo a la ciudad, reafirma las ideas de lo antes discutido. Él reside en Bosa, una zona alejada del Complejo Acuático, donde diariamente debe ir para entrenar. Al igual que él, muchos de su compañeros “viven lejos”, con lo cual, en virtud de repensar esta problemática, este se deja llevar por el proceso de imaginar. A flor de piel, desarrolla un relato de las zonas en Bogotá donde aspiraría podrían construirse escena-

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rios deportivos; similar a imaginar una ciudad menos sectorizada, donde los beneficios sean principalmente para los del “Sur”. Precisamente, los deportistas que entrenan allí poseen algún tipo de privilegio por usar este tipo de instalaciones. El Complejo Acuático ha sido considerado como un escenario único en Suramérica, por lo cual, las razones de aumentar su estatus como espacio público, desde la imágen que recae en la sociedad, juega un papel importante, en cuanto reafirma la idea de una ciudad con lugares privilegiados, con atención especial, a expensas del abandono de otros. Indagar sobre las representaciones del espacio deportivo, inserto en la estructura urbana de la ciudad, puso a prueba la influencia de fenómenos geográficos, como la expansión urbana, en el espacio público. La realidad que narraron sus usurios replicó la imágen de una ciudad destinada a seguir creciendo, sin poder articular estos espacios deportivos, en terminos de un acceso menos desgastante para quienes no los cobija la centralidad. En cuanto a la ciudad desconocida, los ciudadanos con su imaginación, dadas las preocupaciones que suscite, elabora escenarios mentales con alguna probabilidad de materializarse, mezcla los deseos e ilusiones que rondan por su cabeza sobre una ciudad desconocida que puede convertirse –en virtud de su subjetividad– en una realidad concreta.

Espacio deportivo: un aliado de lo público y la integracion social El análisis del crecimiento en las ciudades, y sus implicaciones sociales y geograficas llevó consigo el arrojar enunciados importantes como: el valor social que tienen los espacios deportivos en la ciudad. Espacios que, en Bogotá, son administrados por el Instituto Distrital de Recreación y Deporte (idrd) y cuyo valor social, además de ser públicos –como lo es el deporte–, resultan en un elemento importante para los intereses del gobierno distrital. Por tanto, la presencia de un ente regulador para el espacio deportivo repercute en considerar seriamente su dominio para incidir en los escenarios a su cargo, convertiéndo su capacidad de influencia en un factor clave para comprender las dinámicas que atañen al Complejo Acuático.

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Presto de tal cargo, el idrd, como representación de la institucionalidad en el Complejo Acuático, utiliza el espacio como instrumento para replicar los linemientos de un gobierno central. Su carácter público condiciona cuáles son las prioridades a las que debe servir; pone de relieve el bien general por encima del individual y está dispuesto a adaptarse ante los reclamos de quienes beneficia: sus ciudadanos. De manera tal que, el programa de inclusión social, emblemático, relacionado con el deporte, jornada 40 horas para la excelencia académica y formación integral, nunca antes visto en la ciudad, es una política pública y proyecto de inversión liderada por el idrd e implemetada en el Complejo Acuático, interesante para el análisis del contexto geográfico del cual parten y desarrollan su objetivo. Los jóvenes y niños objeto del proyecto tienen la particularidad de vivir en zonas vulnerables de la ciudad y cargan consigo la estigmatización de ser “jóvenes” (idrd, 2014), un actor que, en algunos contextos, es poco útil para la sociedad; por tal razón, a través de estos programas, se pretende fortalecer hábitos saludables, una formación integral desde la educación escolar y, como menciona el director del idrd, “quita[rle] 28 millones de horas dedicadas a la vagancia y las malas compañías de nuestros estudiantes” ( Jcortes, 2015, web). Ante esta propuesta de compromiso social, ¿qué tipo de relación con la geografía tiene el uso de espacios deportivos para tales beneficios sociales? En gran medida, entre los intersti-

cios que justifican los objetivos de este programa, habita un imaginario respecto a una ciudad con espacios viciados, propicios para la delincuencia y el deterioro social, producto de un ocio incontrolado. En ese sentido, son nítidas las reflexiones de Lindón (2012, p.1) sobre “la construcción de un medio urbano hostil”, donde las conductas de protección toman diferentes formas ante un “entorno supuestamente peligroso, en buena medida porque se le percibe como el territorio apropiado por otros peligrosos, que siempre pueden acechar” (Lindón, 2012, p.1). Incluso, las nociones acerca de esa atmósfera de inseguridad en la que se ha tornado el medio urbano son inherentes a las justificaciones de invertir en el deporte, como iniciativa que catalice esas circunstancias. Desde hace tiempo, el espacio deportivo, en añadidura a su promoción institucional, se muestra ante la sociedad como una oportunidad segura para las prácticas sociales de los “jóvenes”, sea en el contexto de problemas específicos donde los niños y jóvenes estén proclives a recaer en vicios, o la delincuencia. Estas ideas se refuerzan con la visión de actores comunes como Mónica Velandia, una profesional en pedagogía e instructora de natación en el Complejo Acuático. Para ella, el espacio deportivo tiene una función fundamental en la “formación y educación de la sociedad”. Aunque cualquier espacio sea propicio para ello, en su contexto, “el Complejo Acuático es un lugar para inducir la disciplina en los jóvenes, crear relaciones y valores sociales en el marco de

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fomentar hábitos saludables” (Velandia, CP, 2015). En estos términos, el espacio deportivo engrana una cantidad de elementos que van más allá de la práctica de un deporte, pues busca gestar, en estos espacios, un proyecto social cuyo desarrollo depende, de alguna forma, de los esfuerzos del gobierno distrital. El idrd, con la inversión de proyectos para el bienestar social, en el marco de operar el eje sobre inclusión social del plan distrital que lo cobija: “Una ciudad que supera la segregación social y la discriminación: El ser Humano en el centro de las preocupaciones del desarrollo” (idrd, 2014, web. Cursivas fuera del original), tiene un andamiaje discursivo e híbrido tal que, estas iniciativas se articulan a la formación de una sociedad del pos conflicto. A comienzos del 2015, durante la inauguración del programa 40x40 horas, el director del idrd reconoció los beneficios formativos de implementar este programa “en más de 74 colegios distritales donde los estudiantes beneficiarios, sean multiplicadores de paz y convivencia” ( Jcortes, 2015). En esta parte de su discurso, se observa la capacidad que tiene un actor político para extender las ideas más preocupantes del contexto social, en este caso, conseguir una sociedad del posconflicto en virtud de alanzar la paz. Ello, a su vez, tiene algunas explicaciones desde el ámbito de lo geográfico. El cenit de estas discusiones le da sentido a las palabras de Lindón (2012) sobre la relación entre el imaginario espacial y el discurso, puesto que […] si bien el imaginario espacial se configura a través de la capacidad del sujeto de pensar con imágenes, y ello emerge en las prácticas;

también se nutre de lo discursivo y en lo particular, de las narrativas de las vivencias propias y de los otros (p. 77)

Es decir, la relación de un contexto urbano y social, complicados, articula la vocación del espacio público para remediarlos mediante un discurso que se posiciona legítimo, el cual, precisamente, se nutre del sujeto que piensa con imágenes, además de tener incidencia en la realidad, en este caso, el representante de todo un sector de la administración de Bogotá. No obstante, la permeabilidad de los espacios deportivos para replicar un discurso del gobierno local, los imaginarios de un medio urbano peligroso y los aspectos ya mencionados hacen parte de la realidad del Complejo Acuático y otros espacios públicos de la ciudad, de tal forma que, el

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imagen 2-1: a las espaldas del director del idrd, estudiantes sentados de colegios

distritales en el evento inauguración del programa 40x40 2015.

fuente: instituto distrital de recreación y deporte (idrd) (s.f., web).

espacio deportivo se presenta como un aliado clave de lo público y su fortalecimiento desde el discurso y la práctica. Por otro lado, el espacio deportivo, en su función de ofrecer un lugar seguro y acogedor de buenas prácticas, no hace mucho, tuvo un carácter de refugio para quienes vieron un escape en la práctica de algún deporte ante un contexto complicado, en términos de ingresar a una institución educativa luego de terminar la vida escolar, o como estilo de vida mejor valorado para personas que padecen alguna limitación física. La práctica del deporte, como estilo de vida, más que el espacio mismo, depositó un rasgo de estandarización social para las personas que decidieron tomar el camino de competir para ganar, sin recibir medallas por su papel como actor social. Esto trajo consigo que, desde hace algunos años, los deportistas proyectaran una imagen desvalorizada; sobretodo, fuera de su círculo social. Por lo que, luego de la carrera, se asume que el deportista carece de

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capacidades para contribuir como ciudadano. Empero, esto ha cambiado ya que han adquirido una formación más integral y propositiva, por medio de los calores de liderazgo. Esto exige retomar la idea acerca del carácter formativo de los espacios deportivos, fomentado por el idrd, dado que la transformación de la imagen del deporte ha sido fruto de revaluar los propósitos en los que se enmarca, precisamente, de “ser multiplicadores de paz y convivencia”. De esta forma, el espacio deportivo, lejos de estancarse en una imagen meramente recreativa, es un reflejo de los esfuerzos por reproducir ciudadanos activos para con la sociedad que los rodea.

imagen 2-2. complejo acuático. divisando tras bambalinas el parque de los novios. fuente: archivo personal del autor.

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La ciudad ideal tiene espacios deportivos Hasta ahora, se ha realizado un análisis de varios aspectos relacionados con el espacio deportivo y su relación con la imagen de ciudad, y parte de ellos se ha decantado en la validación de razones con respecto a la inocuidad de disponer espacios como estos; ya que su significado de prácticas saludables es una razón dominante y difundida en la sociedad. La vida en la ciudad se torna repetitiva y sedentaria, el cuerpo adopta hábitos de inactividad y poco esfuerzo físico, los cuales, de alguna manera, repercuten en la aparición de enfermedades que podrían prevenirse con hábitos de actividad física, con lo cual, ante este panorama, se toma por antonomasia la necesidad disponer de estos espacios en la ciudad. La necesidad de estos espacios atiende a la función para alivianar el desgaste cotidiano del cuerpo y de la mente, a través de la recreación mental, física y, si se quiere, espiritual en una ciudad compleja, que se torna agobiante para algunos. Las personas asisten a espacios deportivos y recreativos cuya actividad corporal efectúa un momento neutralizante, de extracción a un entorno urbano de constantes impresiones esquizoides. El espacio deportivo, a su vez, acoge el encuentro de grupos para el entrenamiento, la relación y el compartir social; permite, en algunas ocasiones, generar mezcla entre actores provenientes de contextos incompatibles, llamativo en los efectos que tienen para considerarlos como necesarios.

La imagen de ciudad desde el espacio deportivo y recreativo: una revisión de la crítica al mercado urbano Una de las preguntas claves para iniciar esta investigación fue: ¿cuáles son las representaciones acerca de la imagen que tiene la ciudad desde un espacio como el Complejo Acuático? En la relevancia del espectro social que asiste a este espacio público e indagar, en el núcleo del que emergen los atributos de Bogotá como postal. La pregunta se dirige a estudiar aspectos relativos a cómo la ciudad condensa sus atributos más apreciados y simbólicos en algo concreto como su imagen; sin embargo, también tiene que ver con las estra-

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tegias usadas para competir a nivel internacional con otras “ciudades globales” (Invest in Bogotá, 2014). Competir, al igual que sucede en los campeonatos desarrollados en el espacio deportivo, ha sido una experiencia en la que se sumergen ahora las ciudades. Las transformaciones que ha tenido Bogotá durante las últimas décadas, asegura Duque (2011): […] tienen como aspecto central la promoción interna y externa de la ciudad con el propósito de crear una marca, que pareciera estar dando resultados. […] Las ciudades, al competir por atraer inversiones, visitantes y turistas, han pasado a convertirse en una mercancía, un pro-

ducto que debe ser vendido en aquellos mercados en los cuales tiene opciones, es decir, en donde puede ofrecer ventajas comparativas, en términos de infraestructuras, de telecomunicaciones, de costos de instalación, atractivos turísticos o de oferta cultural y de entretenimiento (p. 30-31)

La implementación de estrategias para la promoción de Bogotá como un producto ha incluido sectores de interés, como la recreación y el deporte, en virtud del valor asignado a ciertos elementos cruciales para la definición de la imagen de ciudad, como lo puede ser este; además, con esta perspectiva, se abre de lleno otra discusión respecto al trato que tienen sectores como el deporte para la imagen de ciudad. Precisamente, Duque (2011) ilustra la integración del sector recreación y deporte a la marca de ciudad “Bogotá es más” durante el gobierno de Samuel Moreno; un precedente clave para demostrar que la influencia del deporte para los planes de la ciudad se viene dando hace tiempo. El marketing urbano se encarga de diseñar la marca de la ciudad, la cual, en su proceso de diseño, recalca la idea de acoger a todos los ciudadanos que, de alguna manera, se ven beneficiados (Duque, 2011). Incluso, el papel de los ciudadanos, en la ciudad mercancía, es vender esa imagen, sentirse identificados y adoptar una postura de confianza en esa autoimagen. El marketing urbano parte del principio de que esa imagen o marca de ciudad es fruto de un consenso ciudadano, por lo cual, al contexto que atañe esta idea (el Complejo Acuático), ofrece resultados que justifican revaluarla. En concordancia con los resultados del taller de cartografía participativa, los asistentes concluyeron que Bogotá carece de espacios y zonas verdes a su

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imagen 2-3. marca bogotá es más.

fuente: assad, d. & rozo, g. (s.f., web).

alcance; privilegia más la vigencia de lugares “lucrativos” que públicos y la imagen de ciudad que se difunde desde alianzas público privadas como “Invest in Bogotá”, impulsando la imagen de Bogotá, una aquella de talla mundial, corresponde a las características de zonas específicas donde se concentran las riquezas; no son el reflejo en conjunto, en palabras de Victoria, una deportista de rendimiento: estas iniciativas son “un distractor más”. Las zonas donde se podría verificar esa Bogotá a la altura de las grandes capitales del mundo, tienen una localización específica. Así, el desarrollo de métodos cualitativos en la exploración de las representaciones en un lugar público, como el Complejo Acuático, permitió verificar la importancia del espacio deportivo para vender la ciudad y, a la vez, controvertir, desde la experiencia, una imagen creada por “quien gobierna y pretende marcar la diferencia” Duque (2011, p. 43).

Consideraciones Finales Los debates críticos sobre el marketing urbano ofrecen un ángulo en la comprensión de los fines que persigue la ciudad en la creación de su imagen, relevantes al momento de analizar lo que implica promocionar una imagen de

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ciudad controvertida por la experiencia. La institucionalidad le asigna un valor a su propia imagen, fomentando la valoración de espacios deportivos, de modo que este sea un escape a problemas más densos, como la segregación en la ciudad, aún más legítimos cuando destinan estos espacios como una prioridad para la inversión de recursos, en virtud de empezar a disciplinar a esos “jóvenes” que no encuentran una función cívica para con su sociedad. La mayor contribución a estos esfuerzos en el sector público es la creación de algún tipo de orgullo por hacer parte de un proyecto de “talla mundial”, de inducir un sentido de pertenencia. El estudio de los imaginarios urbanos, en general de los imaginarios, le dan vital importancia a las imágenes mentales adquiridas para percibir un entorno cotidiano, en mérito a que, en la actualidad, las imágenes son centrales en la comprensión de una sociedad más subjetiva que objetiva, de tal manera que el espacio deportivo toma valor para la sociedad en la manifestación de su pensar a través de imágenes.

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LA ELEGANCIA Y LA CALENTURa. UN ANÁLISIS A LA SALSA DESDE LA GEOGRAFÍA FEMINISTA Jenny Patricia Veloza Torres


FARO DE ALEJANDRÍA

Resumen

E

“Si las mujeres Negras fueran libres, esto significaría que todas las demás tendrían que ser libres, ya que nuestra libertad exigiría la destrucción de todos los sistemas de opresión”

l presente texto analiza desde la geografía feminista las representaciones del cuerpo femenino en las expresiones artísticas caribeñas, particularmente, las representaciones expresadas en la canción de salsa: “La rubia y la trigueña” del grupo venezolano Billo’s Caracas Boys. Se ahonda por los imaginarios y estereotipos que a nivel latinoamericano se han establecido frente a las mujeres mestizas o “trigueñas”, y lo respectivo a la idealización de la mujer blanca como categoría en la cual convergen una serie de características físicas y simbólicas defendidas históricamente por el eurocentrismo, específicamente, por el pensamiento propio de la modernidad.

Manifiesto Colectiva del Rio Combahee (1977)

Palabras clave: Geografía feminista, representaciones corporales, expresiones artísticas. 42


“LA ELEGANCIA Y LA CALENTURA”. UN ANÁLISIS A LA SALSA DESDE LA GEOGRAFÍA FEMINISTA

Los estudios de la geografía feminista Estos se iniciaron con el desarrollo de la geografía de la percepción, específicamente, con los estudios sobre la percepción y el comportamiento de las mujeres en el espacio. Por una parte, según García Ramón (2006), la geografía feminista surge en los países anglosajones donde ha tenido un mayor desarrollo, y, en los países latinoamericanos, se configura como un enfoque reciente que ha tenido un rápido desarrollo y aceptación. Por otra parte, Janice Monk (1994, p. 32) plantea que: La aparición de estudios feministas en geografía en la década de 1970 fue una expresión académica del movimiento de mujeres. Igual que este movimiento, la investigación ha ido ampliándose y haciéndose más compleja, tanto

por las cuestiones que plantea, como por los enfoques teóricos que adopta, lo que refleja a la vez las nuevas perspectivas y los cambios que se han producido en la vida de las mujeres desde entonces.

Por su parte Deborah Dixon y John Paul Jones (2006) señalan que la geografía feminista empezó a hacerse campo en la disciplina, a mediados del siglo XX, con algunas dificultades por diferentes aspectos; en primera medida, por la existencia de una cultura que privilegiaba el universo masculino sobre el femenino, y una forma de producción de conocimiento que se regía estrictamente por los preceptos de lo que se definía como ciencia en ese momento, paradigmas positivistas radicales excluían campos y realidades por las que se interesaban los feminismos desde años atrás. En este texto, los autores plantean que, en muchas etapas, la geografía fue altamente excluyente, en términos de clase, raza / etnia y género; ejemplo de esto fue que las primeras universidades fueron colmadas, en su mayoría, por hombres blancos de clase alta en contextos anglosajones, y un pequeño número de mujeres académicas era, principalmente, concentrada en la enseñanza y profesiones de ayuda o cuidado (por ejemplo, de enfermería). Por ello, en ese tiempo, las pocas mujeres incluidas en la formación de pregrado y postgrado en Geografía publicaron sus investigaciones en un estilo y en lugares que no se consideraban expertos. En este sentido, vemos cómo se fue construyendo esta corriente dentro de la disciplina y cuáles han sido los principales aportes desde el feminismo, como movimiento social, teoría crí-

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tica y paradigma epistémico, produciendo conocimiento desde diferentes disciplinas, corrientes y categorías. En la disciplina, vemos que los primeros trabajos que incorporan a las mujeres fueron en Norteamérica. Estos se centraban, básicamente, en las diferencias entre hombres y mujeres con respecto a las pautas de desplazamiento, las migraciones, los campos de acción y el conocimiento del entorno, el estatus socioeconómico y la calidad de vida, temas que no han dejado de ser una preocupación para la geografía feminista. Sin embargo, el énfasis en los estudios se concentró en las relaciones de género, lo que devino en el desarrollo de un trabajo teórico más complejo sobre la variedad en la construcción espacial del género y las formas específicas por las que la masculinidad y la feminidad varían entre espacios, clases y razas. Esto continuó avanzando con la mirada interseccional de los feminismos de frontera, donde se lee la realidad desde distintos sistemas como el patriarcado, el capitalismo y el racismo-colonialismo. Desde los aportes de las distintas olas del feminismo, desde una lectura interseccional y desde el análisis espacial amplio y complejo, que posibilita la disciplina, la geografía feminista ha abordado la revaluación de las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza, las relaciones con el espacio y el comportamiento espacial según las experiencias particulares de los distintos géneros, la segregación espacial y sexual en los espacios públicos y privados, y, más recientemente, se ha profundizado en los estudios sobre el cuerpo y sus representaciones, asunto que recoge el presente texto, abordando, no solo esta temática, sino las distintas discusiones que puede aportar la geografía feminista a las representaciones culturales que recrean las expresiones artísticas latinoamericanas, como es el caso de los imaginarios y estereotipos sobre el cuerpo y la raza que promueven expresiones artísticas como la salsa.

Las representaciones corporales en la salsa La canción “La rubia y la trigueña” se lanzó en el año 1967 en el álbum que lleva el mismo nombre; fue compuesta por Los Billo’s Caracas Boys, una orquesta Venezolana (1940-1988) dirigida por Luis Frómeta, la cual se destacó por tener influencias de la música caribeña, cubana y costeña colombiana. Esta canción llama la atención por las representaciones y características que les atribuye a las mujeres rubias y trigueñas. La canción recrea un espacio donde dos inte-

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“LA ELEGANCIA Y LA CALENTURA”. UN ANÁLISIS A LA SALSA DESDE LA GEOGRAFÍA FEMINISTA

grantes del grupo musical se encuentran en un lugar con público femenino, en una especie de contienda, discutiendo sobre cuál de las dos mujeres “es mejor”, para lo cual, nombran una serie de “características” o prejuicios sobre lo que implica física y simbólicamente ser rubia y trigueña. La premisa básica con la que se desarrolla esta canción es que, en ella, podemos notar la influencia de un discurso colonial y patriarcal sobre la comprensión del cuerpo femenino, el cual se filtra en una manifestación musical propia del Caribe. De acuerdo con lo expresado por la feminista y activista argentina María Lugones (2008, p. 73) “existe una interseccionalidad entre raza, clase, género y sexualidad” dentro del análisis de las diversas violencias que sistemáticamente se infringen sobre las mujeres no blancas, y no solo en el contexto latinoamericano. Teniendo en cuenta lo anterior, el presente documento establece un proceso de interpretación de aquellos párrafos de la canción que dan cuenta, tanto de los prejuicios y estereotipos que, a nivel latinoamericano, se han establecido frente a las mujeres mestizas o “trigueñas”, como en lo respectivo a la idealización de la mujer blanca, como categoría en la cual convergen una serie de características físicas y simbólicas defendidas históricamente por el eurocentrismo, específicamente, por el pensamiento propio de la modernidad.

imagen 3-1. portada y contraportada del álbum "la rubia y

la trigueña" de los billo’s caracas boys, 1967.

fuente: jotalopez (2009, web).

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FARO DE ALEJANDRÍA

El primer alegato a favor de las “trigueñas”, se centra en sus “supuestas” capacidades amatorias y sexuales. Para Mara Viveros (2002), quien ha trabajado el tema de género y las nuevas masculinidades, “las mujeres, por su función en la reproducción biológica de la especie, fueron relegadas al ámbito de la naturaleza mientras los hombres lo fueron al ámbito de la cultura y de lo social” (p. 271). No es raro, por tanto, encontrar diversas alusiones a elementos propios de la “naturaleza”, como referentes bajo los cuales se relaciona lo femenino: Ayer como en el presente, la trigueña en el amor, es tierna como la flor, y como el licor ardiente, cuando la pasión se siente,

de su corazón se inflama, con el delirio que ama, de su príncipe se adueña, porque la mujer trigueña, es pura canela en rama.

(billo’s caracas boys, 1967, estrofa v, interpretada por memo)

Llama la atención ver la inocultable alusión que se hace de la mujer trigueña, como un sujeto atravesado por una sexualidad desbocada, un estereotipo que perdura incluso, hoy en día, en diversos circuitos y contextos. La anterior mirada se relaciona con lo que Patricia Hill Collins (2000, p. 96), denomina una “sexualidad agresiva” en referencia a la percepción dominante estereotipada de las mujeres negras. Tales alusiones a la naturaleza y a un ejercicio del amor, fuertemente erotizado, hacen suponer a la mujer trigueña como una dimensión situada fuera de los límites de la cultura, o de lo que es lo mismo, de las pretensiones de la modernidad de racionalización y esquematización del comportamiento humano. El siguiente fragmento de la canción, en el cual se hace una defensa de la mujer “rubia”, como una manera de contrarrestar la apología de la trigueña, llama la atención sobre determinadas características físicas, tanto de las mujeres blancas y rubias, como de las mujeres trigueñas. Si de la primera se hace una especie de idealización a partir de determinados rasgos, tales como el color del cabello, en el caso de la segunda hay una fuerte descalificación corporal, mediante la burla de su fisonomía:

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“LA ELEGANCIA Y LA CALENTURA”. UN ANÁLISIS A LA SALSA DESDE LA GEOGRAFÍA FEMINISTA

...una rubia es un tesoro, una rubia es lo más bello, porque luce en su cabello, una cascada de oro, yo por una rubia lloro,

porque es el tipo buscado, pero nunca me ha gustado, una trigueña infeliz, porque tiene la nariz, igual que un maní tostado.

(billo’s caracas boys, 1967, estrofa vii, interpretada por cheo)

Hay una lectura consecuente con el párrafo anteriormente mencionado, en tanto se sigue prolongando un binarismo que, en este caso, podría ser clásico / exótico, o aún más inquietante, simétrico / asimétrico. Si la sexualidad mestiza o trigueña constituye una dimensión fuera de cualquier orden, y por consiguiente, la sexualidad “blanca” si logra entrar en unos regímenes específicos de regulación, la belleza trigueña no se ajusta a unos cánones que sí aplican para la estética “rubia”. El símil entre la nariz trigueña con un maní tostado constituye una imagen que choca “desfavorablemente” frente a la imagen del cabello rubio cayendo como una cascada de oro. Vale la pena destacar que, tanto en el caso de la rubia, como de la trigueña, la belleza física se constituye en un elemento de evaluación masculina, dimensión que, para María del Mar Agudelo (2003), representa otra forma de hegemonizar y capturar la experiencia de lo femenino, por parte de los hombres, en tanto, y como lo afirma Gilles Lipovetsky, (1999, p. 123) “al suceder a la prisión doméstica, la prisión estética permitiría reproducir la subordinación tradicional de las mujeres”. Respecto a las concepciones sobre el cuerpo y cómo este se presenta y se percibe en el espacio, Linda McDowell (1999) afirma que: Un cuerpo, aunque no todos los estudiosos de la geografía lo crean, es un lugar. Se trata del espacio en el que se localiza el individuo, y sus límites resultan más o menos impermeables respecto a los restantes cuerpos. Aunque no cabe duda de que los cuerpos son materiales

y poseen ciertas características como la forma y el tamaño, de modo que, inevitablemente, ocupan un espacio físico, lo cierto es que su forma de presentarse ante los demás y de ser percibido por ellos varía según el lugar que ocupan en cada momento. (p. 56)

47


FARO DE ALEJANDRÍA

Esta forma de ser percibido el cuerpo, según el lugar que ocupa en cada momento, se evidencia en las dos siguientes estrofas –IX y X de la canción–, donde se hace un especial énfasis en la distribución de las trigueñas y las rubias en el territorio y la manera en que estas últimas tienen una menor representación poblacional –¿o acaso una menor visibilidad? –, al menos en ciertas regiones latinoamericanas y en determinados espacios. De acuerdo con lo expresado por Linda McDowell (1999), los espacios semipúblicos construidos en el siglo XIX, tales como los grandes almacenes, brindaron a la mujer “la oportunidad de salir de los confines del mundo doméstico y huir de la presencia controladora del hombre, aunque sólo fuera por breves períodos de tiempo” (p. 221), constituyendo, de esta manera, un espacio donde se podía gozar de una “relativa libertad”. En la primera de las estrofas analizadas a continuación –IX de la canción–, es posible evidenciar cómo la presencia de la mujer trigueña se hace patente en determinados espacios públicos y semipúblicos, aparición que contrasta con las muy pocas veces que puede llegar a verse una mujer rubia en este tipo de lugares. Es evidente que, debido a los procesos de colonización y mestizaje dados en América Latina, existe una preponderancia de mujeres negras, mulatas y mestizas, es decir, no blancas, frente a las mujeres “rubias” citadas en la canción. La trigueña es más bonita, y si tú en buscar te empeñas, Cheo por cada 20 trigueñas, hallas una rubiecita, cuando sales de visita,

si al cine acudes un rato, en la playa, en el teatro, tan solo trigueña ves, porque la trigueña es, la que está en el aparato.

(Billo’s Caracas Boys, 1967, estrofa IX, interpretada por Memo)

No se preocupen rubiecitas lindas, que aquí esta Cheo García que las va a defender como es debido, la rubia por

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su elegancia, es dif ícil de encontrar, porque lo que no es vulgar, nunca se halla en abundancia, yo que sé de la importancia,


“LA ELEGANCIA Y LA CALENTURA”. UN ANÁLISIS A LA SALSA DESDE LA GEOGRAFÍA FEMINISTA

de la rubia la deseo, y muy rara vez la veo, aunque en un camino largo,

la trigueña sin embargo, la vende por menudeo.

(Billo’s Caracas Boys, 1967, estrofa X, interpretada por Cheo)

Otro de los lugares comunes mencionado en la canción es el respectivo a la supuesta “elegancia” de las mujeres rubias frente a la “calentura u ordinariez” de la mujer trigueña. Si para María Lugones (2008) “la pureza y la pasividad sexual son características cruciales de las hembras burguesas blancas quienes son reproductoras de la clase y de la posición racial y colonial de los hombres blancos burgueses” (p. 98), es posible evidenciar cómo la construcción identitaria de la mujer rubia se ha basado en la negación y el rechazo a ciertos modelos de comportamiento, espacios e imaginarios propios de las mujeres no blancas. De esta manera, existe un distanciamiento frente al “exotismo e hipersexualidad” atribuidos a las mujeres mestizas o trigueñas. Las dos últimas estrofas de la canción –estrofas XI y XII – hacen una alusión directa a la constitución física de las mujeres rubias y trigueñas: si la mujer trigueña es símbolo de fuerza, la mujer rubia simboliza la delicadeza. En ese sentido, Lugones (2008) señala que la supuesta y socialmente construida debilidad de sus cuerpos y de sus mentes cumple un papel importante en la reducción y reclusión de las mujeres burguesas y blancas, con respecto a la mayoría de los dominios de la vida; de la existencia humana. En contraposición, la alusión que se hace a una “cocinera” en la parte final del último párrafo, en referencia a la mujer trigueña, se articula con la caracterización que, desde el eurocentrismo se ha hecho históricamente de las mujeres colonizadas, no blancas, incluidas las mujeres esclavas, en tanto sujetos poseedores de una “gama de perversión y agresiones sexuales, y también, consideradas lo suficientemente fuertes como para acarrear cualquier tipo de trabajo” (Lugones, 2008, p. 96). Se resalta, a su vez, la valoración positiva que tiene a una comida “más sofisticada” representada en el arroz con pollo, sobre un alimento propio y tradicional como son las caraotas, consumidas masivamente en Venezuela.

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FARO DE ALEJANDRÍA

La trigueña no delira, y en ser rubia no se empeña, porque la mujer trigueña es salud lo que respira, una rubia si suspira,

cuando hace frío bastante, un catarro le echa al guante, coge f iebre, palidece, y a los 3 meses parece un cadáver ambulante.

(Billo’s Caracas Boys, 1967, estrofa XI, interpretada por Memo)

Jaja no le digan nada a Memo, no se preocupen, y oigan bien este versito para defenderlas a ustedes. Es la rubia para mí, la que bota la pelota, porque habiendo arroz con pollo,

no hay quien coma caraotas, siempre la rubia se nota, un tipo lindo, elegante, y una trigueña con guante, ja que risa me da mi hermano, parece una cocinera, que se le quemó las manos.

(Billo’s Caracas Boys, 1967, estrofa XII, interpretada por Cheo)

Davis (1981), Marable (1983) y Jones (1985) (citados por Collins, 1998, p. 257) afirman que “la opresión de las mujeres negras se ha estructurado siguiendo distintas dimensiones interdependientes, entre las más importante está la explotación de su trabajo –las ‘ollas y teteras de hierro’ […]– representan la dimensión económica de la opresión”. Esto nos permite evidenciar que existe una diferenciación de roles de género que sujetan a las mujeres a la realización de labores consideradas de menor valor social dentro de la sociedad, por ejemplo, la realización del trabajo doméstico y del cuidado, como es el caso de la mujer trigueña mencionada en la canción. Según Sabaté (1995), con la revolución industrial hubo una separación espacial más visible entre el espacio de la producción –el lugar del trabajo remunerado– y el de la reproducción –el hogar y el trabajo doméstico–, y se concibió el espacio como un conjunto neutro, asexuado y homogéneo, ahondando en el papel que juega en esta configuración el espacio privado

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“LA ELEGANCIA Y LA CALENTURA”. UN ANÁLISIS A LA SALSA DESDE LA GEOGRAFÍA FEMINISTA

y el trabajo doméstico que realizan las mujeres. En este mismo sentido, McDowell (1999) considera imprescindible y un reto de la geografía feminista aportar teóricamente a la superación de la dicotomía entre las concepciones público y privado, ciudad y casa, política y vida privada –donde los hombres y la masculinidad van ligados al primer grupo de conceptos, mientras las mujeres y la feminidad, al segundo grupo–, ya que, como ocurre en la realidad, las mujeres se encuentran a ambos lados, actuando y modificando su presencia en los dos. Quisiéramos concluir afirmando que desde una geografía feminista se analiza que no solo existe una división social del trabajo –por clases– sino que existe una división espacial –en distintas escalas: en lo doméstico, lo local, lo regional, lo nacional y lo internacional–; una sexual –hay una asignación cultural para cierto tipo de tareas y oficios para hombres y mujeres–, y una racial –donde física y simbólicamente se le asignan labores a hombres y a mujeres según su color de piel, procedencia étnica o nacional– del trabajo. Igualmente, podemos observar cómo diversas manifestaciones de la cultura popular latinoamericana han vehiculizado, históricamente, profundos estereotipos acerca de las mujeres no blancas, lo cual se puede observar con esta canción de salsa, donde se reproducen estereotipos coloniales, patriarcales y de clase, como patrones de subordinación. Otro aspecto a resaltar es la conciencia que se tiene de las propias opresiones al interiorizarlas y naturalizarlas; en esta canción, las mujeres no participan más que como espectadoras pasivas, sin llegar a manifestarse sobre las representaciones que se producen sobre ellas; se podría decir que hay un punto donde llega a existir una complicidad implícita con lo que se expresa; pues cuando habla cada cantante, de fondo hay unos sonidos de apoyo o rechifla de mujeres. Esto solamente como un ejemplo de las diversas situaciones cotidianas donde este tipo de expresiones patriarcales surgen ante la naturalización de las mujeres de estas opresiones, con su aprobación e incluso, surgiendo también de ellas mismas por un proceso de interiorización de dicho sistema. Vemos también que este es un discurso pronunciado por hombres igualmente mestizos o trigueños –Cheo García y Memo Morales nacieron en Maracaibo, Venezuela–, el cual legitima y afirma la misma discriminación que se tiene con las personas no-blancas:

51


FARO DE ALEJANDRÍA

El suprimir los conocimientos producidos por cualquier grupo oprimido facilita el ejercicio del poder de los grupos dominantes, pues la aparente falta de una conciencia independiente

entre los oprimidos puede ser tomada como una colaboración voluntaria de éstos en su propia victimización (Fanon, 1963; Freire, 1970 & Scott, 1985 en Collins, 1998, p. 257).

Para finalizar, según lo analizado, vemos que contemporáneamente, es posible evidenciar cómo algunos ritmos musicales, tales como el reggaetón, la champeta y la salsa, siguen imponiendo unos patrones de masculinidad y feminidad que, en muchos casos, determinan maneras específicas de construcción de la identidad sexual y de género, influenciadas por una comprensión del cuerpo femenino desde un discurso colonial y patriarcal, identidades que influyen en la representación de las mujeres en varias esferas de la vida cotidiana, repercutiendo en sus condiciones de vida materiales, por ejemplo al entrar estos discursos en el ámbito laboral, público y privado; por lo cual, se recomienda seguir profundizando en el análisis del contenido expresado en algunos de estos ritmos y su influencia en la construcción de dichas representaciones.

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Jenny Patricia Veloza Torres geógrafa. Universidad Nacional de Colombia. contacto: jpvelozat@unal.edu.co

Recepción de artículo en calidad de estudiante.

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CAMBIO DE LA COBERTURA Y USO DEL SUELO COMO INDICADOR DE LA DEFORESTACIÓN EN EL MUNICIPIO DE MIRAFLORES, GUAVIARE (1980-2013), A PARTIR DE SENSORES REMOTOS Francisco Rojas Heredia '

'

Luz angela Silva alvarez


FARO DE ALEJANDRÍA

Resumen

Introducción

E

n este trabajo se realizó un análisis espacial, entre cuatro décadas (1980-2013), de los cambios del uso y la cobertura vegetal en el municipio de Miraflores, Guaviare, a partir del procesamiento digital de imágenes Landsat de escala regional. De ello, se estimó el cambio de las coberturas, haciendo énfasis en el bosque húmedo tropical, el cual corresponde al piso bioclimático de mayor extensión en la zona. Se identificó que el mayor aumento de pérdida de cobertura boscosa fue entre 1990-2000 debido al reemplazo por usos asociados a pastos, cultivos y tierras desnudas; a su vez, se encontró mayor deforestación hacia la zona norte del casco urbano. La información obtenida representa una herramienta de tipo espacial e histórico para el estudio de la deforestación en la puerta de la Amazonia colombiana.

La Amazonía es el mayor bosque húmedo tropical del planeta. Este bioma presta, a la sociedad, múltiples servicios ambientales tales como: fijación de Dióxido de Carbono en las capas orgánicas, para la regulación del clima mundial; el almacenamiento de, alrededor del 18%, del agua dulce a escala planetaria, además de ser el contenedor de la mayor diversidad biológica de plantas y animales, entre otros (UICN, 2014). Para el contexto colombiano, la Amazonía ocupa el 23.33% del territorio continental, dividido en los departamentos del Amazonas, Vaupés, Guaviare, Putumayo, Guainía y Caquetá. Para el año 2007, el departamento del Guaviare presentaba 42.515 Km2 de bosques densos altos, 2.672 Km2 de pastos limpios y 950 Km2 de vegetación secundaria o en transición (SIAT-AC, 2014a y 2014b); lo que denota la transformación y la afectación del bioma, por los diferentes usos del suelo. Esta estratégica eco-región ha sido impactada por procesos antrópicos, como la deforestación, la ganadería extensiva, la minería ilegal y el aumento de la frontera agrícola; encontrándose altamente amenazada (Imani & ICN, 2001). Según el Informe anual de deforestación en Colombia para el año 2013, en el país, se talaron 120.933 ha de bosque natural, de las que el 57% del área deforestada se concentra en la Amazonía. En este panorama, el eje San José del Guaviare - Calamar constituye uno de los principales núcleos de deforestación, como consecuencia

Palabras claves: Teledetección, bosque húmedo tropical, procesamiento espacial, metodología Corine Land Cover. 56


CAMBIO DE LA COBERTURA Y USO DEL SUELO COMO INDICADOR DE LA DEFORESTACIÓN EN EL MUNICIPIO DE MIRAFLORES, GUAVIARE (1980-2013), A PARTIR DE SENSORES REMOTOS

de la fragmentación del ecosistema; esto, en este caso particular, afecta, principalmente, la conectividad ecológica con la Serranía de la Macarena, ambiente de gran importancia biológica debido a sus atributos ecológicos, derivados de características como la insularidad, la cual generó particularidades de especiación, hibridación y dispersión de especies; ello denota una alta existencia de endemismos y de facilidad en la integración de características propias de los biomas presentes en los Andes, la Orinoquía, la Amazonía y el escudo Guayanés (Castaño-Uribe, 1999; IDEAM, 2014). Este eje presenta, como mayor motor de deforestación, la plantación de cultivos ilícitos, actividad que se ha desarrollado desde la configuración de los municipios del Departamento, en la década de los años 70, lo que ha dificultado la observación directa y el seguimiento de las áreas naturales presentes en razón a la presencia de grupos armados al margen de la ley en la zona. Es el caso específico del municipio de Miraflores, tercero en extensión del Departamento del Guaviare, ubicado estratégicamente en inmediaciones del río Vaupés. En el año 2000, fue catalogado como el municipio con mayor número

imagen 4-1. división política de miraflores, guaviare, colombia.

fuente: alcaldía de miraflores - guaviare (2012, web).

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FARO DE ALEJANDRÍA

de plantaciones de coca en el país (Godoy, 2001); actualmente, ocupa el cuarto lugar, con 1.779 ha de cultivos ilícitos (UNODC, 2014). La práctica representa una de las principales prácticas que generan la pérdida de cobertura vegetal. El estudio del cambio de uso del suelo, por medio de la obtención, el procesamiento y el análisis de imágenes de sensores remotos, constituye un insumo de importancia para el entendimiento de la pérdida de cobertura natural, ya que permite obtener información de manera indirecta a partir de la respuesta espectral de los elementos presentes en la superficie terrestre. Este trabajo buscó estimar el cambio en el uso y cobertura del suelo en el municipio de Miraflores a partir del análisis multi-temporal de 4 imágenes satelitales, utilizadas como elemento principal. A su vez, se buscó generar entidades que determinarán la tendencia de la deforestación en el área, por medio de la caracterización geográfica de las escenas, con la elaboración de productos cartográficos; esto permitirá la reconstrucción histórica de la cobertura del suelo del municipio, destacando áreas con mayor dinamismo, representando un insumo para el ordenamiento y la planificación territorial.

imagen 4-2. esquema metodológico del análisis remoto. fuente: elaboración propia.

Obtención y análisis de información ••

Cartografía Base Políticos • • Forestales • • Uso del Suelo ••

Metodología Corin Land Cover • • Usos forestales, usos agropecuarios • • Comportamiento espectral • • Mapa de uso del suelo: 1985, 1992, 2000, 2013

Estudios anteriores •• ••

Mapa de uso del suelo (80, 90, 00, 10) Mapa de deforestación (80, 13)

Sensores remotos

uso y cobertura del suelo

procesamiento final

58

Imágenes de media resolución espacial: landsat selección de imágenes • • Impotación • • Extracción de subescenas • • Georreferenciación • • Realce espacial • • Realce Radiotérmico • • Funciones especiales (clasificación supervisada) ••

interpretación de imágenes


CAMBIO DE LA COBERTURA Y USO DEL SUELO COMO INDICADOR DE LA DEFORESTACIÓN EN EL MUNICIPIO DE MIRAFLORES, GUAVIARE (1980-2013), A PARTIR DE SENSORES REMOTOS

Materiales y Métodos La ejecución del análisis siguió una metodología de corte cuantitativo, con el uso de los software: ERDAS 9.1 y ARCGIS 10.2. Con ello, a manera secuencial, se realizó el análisis espacial final, tal como se especifica en la imagen 4-2.

Selección de imágenes Se descargaron cuatro imágenes Landsat multi-temporales del área de estudio, con la asignación de las grillas Path/Row: 6/59, obtenidas a partir del portal web Global Land Cover Facility (LGCF) de la Universidad de Maryland, y el United States Geological Survey (USGS), por medio de la plataforma GLOVIS. Se escogió un área de estudio generada a través de un AOI, con una extensión de 544.089 ha (Imágenes 4-3, 4-4, 4-5, 4-6).

tabla 4-1. insumo remoto usado para el análisis multi-temporal. fuente: elaboración propia

DÉCADA

NOMBRE IMAGEN

FECHA DE CAPTURA

RESOLUCIÓN RADIOMÉTRICA

PROYECCIÓN

ESFEROIDE DATUM

WIDTH

HEIGHT

1980

TM_659_24_3_85

24 de marzo de 1985

8 Bits

Transversa de Mercator - sge

GRS 80

7330

6580

1990

TM_659_25_3_92

25 de marzo de 1992

8 Bits

Transversa de Mercator - sge

GRS 80

7200

8192

2000

ETM+_659_5_1_00

5 de enero del 2000

8 Bits

Transversa de Mercator - sge

GRS 80

7758

7234

2010

TIRS_659_15_10_13

15 de octubre del 2013

16 Bits

Transversa de Mercator - sge

GRS 80

7591

7761

59


imagen 4-3. Imagen TM_659_24_3_85-RGB: 3, 2, 1. fuente: Global Land Cover Facility.

imagen 4-5. Imagen ETM+_659_5_1_00- RGB: 3, 2, 1. fuente: Global Land Cover Facility.

imagen 4-4. Imagen TM_659_25_3_92-RGB: 3, 2, 1. fuente: Global Land Cover Facility.

imagen 4-6. Imagen TIRS_659_15_10_13- RGB: 3, 2, 1.1 fuente: Global Land Cover Facility.1


CAMBIO DE LA COBERTURA Y USO DEL SUELO COMO INDICADOR DE LA DEFORESTACIÓN EN EL MUNICIPIO DE MIRAFLORES, GUAVIARE (1980-2013), A PARTIR DE SENSORES REMOTOS

Procesamiento básico Los procedimientos aplicados en este apartado se realizaron a partir de la información del manual Notas de Clase Curso Básico de Sensores Remotos (Vargas, s.f.). Estos constituyen la base para la clasificación de entidades espaciales de importancia, acordes con la finalidad del estudio, los cuales se explican a continuación: a. Importación. Hace referencia a la adaptación del archivo en el formato adecuado para la asignación de columnas y filas. Las imágenes sin georeferenciar fueron importadas con algún formato binario (BSQ, BIL, BIP) y las ortorectificadas, con el formato GEOTIFF. b. Layer stack. Por medio de este procedimiento se unieron todas las bandas para formar una imagen continua en la que se pudiera hacer combinaciones espectrales tales como: falso color y color RGB (verdadero). c. Realce radiométrico. Mejoramiento del contraste de la escena, con lo que automáticamente se modificó, el histograma variando el número de valores en los pixeles a partir de diferentes métodos estadísticos. d. Realce espacial. Adecuación de la resolución de la escena, tomando como base la banda pancromática y el método de re-muestreo Vecinos Cercanos. e. Reproyección. Adecuación del sistema de proyección geográfica de las imágenes a la proyección Transversa de Mercator, esferoide GRS 1980 - DATUM Magna Sirgas Este. f. Filtros. Las imágenes fueron sometidas a filtros para el mejoramiento de: Reducción de líneas malas, Reducción de Bruma y Disminución de Bandamiento.

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FARO DE ALEJANDRÍA

Funciones especiales (Clasificación Supervisada) Los procedimientos aplicados en este apartado se realizaron a partir de la información del manual Funciones Especiales ERDAS (Universidad Distrital Francisco José de Caldas, s.f.). Para la elaboración de los mapas de uso y cobertura del suelo, se utilizó un método programado, el cual clasifica entidades con la misma respuesta espectral, denotada en cada uno de sus pixeles. Para esta identificación, se utilizaron las combinaciones de banda 4, 3, 2 – 7, 4, 2 y para la imagen Landsat: 8, 6, 5, 2. Cada entidad fue clasificada, por lo menos, 10 veces y combinada para dar un valor confiable en diferentes sectores de la escena. Igualmente, se verificó la firma espectral de cada uno de los elementos clasificados. Al final, se aplicó una reclasificación con la herramienta RECODE, a fin de eliminar las entidades con valores inconclusos, entre estas, las nubes.

Imagen 4-7. firma espectral de las unidades clasificadas.

Fuente: elaboración propia. 140

120

100

80 Depositos de ? Cauce activo Tejido urbano Bosque Húmedo Mosaico de ? Tierra ? Meandros ? Bosque de ?

60

Meem

40

20 1

layer

2

3

4

5

62

6

7


CAMBIO DE LA COBERTURA Y USO DEL SUELO COMO INDICADOR DE LA DEFORESTACIÓN EN EL MUNICIPIO DE MIRAFLORES, GUAVIARE (1980-2013), A PARTIR DE SENSORES REMOTOS

Entidades Clasificadas La clasificación fue realizada a partir de elementos presentes en la escena, tomando como base a la Leyenda Nacional de Coberturas de la tierra, metodología CORINE Land Cover, adaptada para Colombia por el Instituto Geográfico Agustín Codazzi. Se identificaron elementos en los que fue necesario generar nuevas categorías, las cuales contribuyeran con los fines del estudio. a. Tejido urbano continuo. Son espacios adyacentes a la infraestructura edificada tales como casas, edificios, fábricas. Las edificaciones, vías y superficies cubiertas artificialmente cubren más de 80% de la superficie del terreno. La vegetación y el suelo desnudo representan una baja proporción del área del tejido urbano. La superficie de la unidad debe ser superior a cinco hectáreas (IDEAM, 2010, p. 14).

Imagen 4-8. Tejido urbano continúo.

Fuente: Global Land Cover Facility.

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FARO DE ALEJANDRÍA

b. Cauce Activo. Corriente de agua que corre con fluidez en un área continúa y corresponde a la superficie donde circula la mayoría del caudal del drenaje.

Imagen 4-9. Cauce activo.

Fuente: Global Land Cover Facility.

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Imagen 4-10. Meandro abandonado. Fuente: Global Land Cover Facility.

c. Meandro Abandonado. Cuerpo de agua abandonado por el cauce activo o principal, con forma curvada, generalmente. Es evidencia del lecho mayor del rĂ­o o un antiguo paleocauce.

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FARO DE ALEJANDRÍA

d. Depósitos de Vega de Divagación. Son depósitos formados dentro del cauce o lecho mayor del río y se identifican por sus formas tabuláres y lobuladas sobre las márgenes del cauce activo del río, en dónde se presentan varios canales que se disponen entrecruzadamente. Se componen litológicamente de arenas finas con niveles de limos y arcillas asociadas a periodos de inundación (Vargas, 2008, p.195).

Imagen 4-11. Depósitos de vega de divagación. Fuente: Global Land Cover Facility.

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Imagen 4-12. Tierras desnudas y baja capa de vegetaci贸n.

Fuente: Global Land Cover Facility.

e. Tierras desnudas y baja capa de vegetaci贸n. Superficies de terreno desprovistas de vegetaci贸n o con escasa cobertura vegetal o de cultivos debido a la ocurrencia de procesos naturales y antr贸picos.

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FARO DE ALEJANDRÍA

f. Bosque de Galería y Ripiario. “Se refiere a las coberturas constituidas por vegetación arbórea ubicada en las márgenes de cursos de agua permanentes o temporales. Este tipo de cobertura está limitada por su amplitud, ya que bordea los cursos de agua y los drenajes naturales” (SIAT-AC, 2014a y 2014b, p. 1).

Imagen 4-13. Bosque de Galería y Ripiario. Fuente: Global Land Cover Facility.

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Imagen 4-14. Bosque húmedo tropical. Fuente: Global Land Cover Facility.

g. Bosque denso húmedo tropical. Cobertura constituida por una comunidad vegetal dominada por elementos típicamente arbóreos, los cuales forman un estrato de copas (dosel) más o menos continuo cuya área de cobertura arbórea representa más de 70% del área total de la unidad, y con altura del dosel superior a cinco metros. Estas formaciones vegetales no han sido intervenidas o su intervención ha sido selectiva y no ha alterado su estructura original y las características funcionales (IGAC, 1999, citado en IDEAM, 2010 p. 41)

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h. Mosaico de pastos y cultivos. Comprende una asociación de pastos y cultivos, en los que el tamaño de las parcelas es pequeño. Los cultivos se encuentran en etapas de floración y cosecha.

Imagen 4-15. Mosaico de pastos y cultivos. Fuente: Global Land Cover Facility.

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CAMBIO DE LA COBERTURA Y USO DEL SUELO COMO INDICADOR DE LA DEFORESTACIÓN EN EL MUNICIPIO DE MIRAFLORES, GUAVIARE (1980-2013), A PARTIR DE SENSORES REMOTOS

Producto Cartográfico Se generaron 4 mapas, cada uno de estos corresponde a las décadas que comprenden el periodo transcurrido entre 1980 y 2013, con el uso y la cobertura del suelo propio. A partir de la información creada, se realizó el análisis del cambio multi-temporal de la cobertura de bosque denso húmedo tropical a otras coberturas.

Imagen 4-16. Mapa de uso y cobertura del suelo 1980-1990 Municipio de Miraflores-Guaviare. Fuente: Elaboración propia.

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Imagen 4-17. Mapa de uso y cobertura del suelo 1990-2000 Municipio de Miraflores-Guaviare. Fuente: Elaboraciรณn propia

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Imagen 4-18. Mapa de uso y cobertura del suelo 2000-2010 Municipio de Miraflores-Guaviare.

Fuente: Elaboraciรณn propia.

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Imagen 4-19. Mapa de uso y cobertura del suelo 2010-2013 Municipio de Miraflores-Guaviare. Fuente: Elaboraciรณn propia.

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CAMBIO DE LA COBERTURA Y USO DEL SUELO COMO INDICADOR DE LA DEFORESTACIÓN EN EL MUNICIPIO DE MIRAFLORES, GUAVIARE (1980-2013), A PARTIR DE SENSORES REMOTOS

Análisis de resultados DÉCADA

1980-1990

1990-2000

2000-2010

2010-2013

Bosque denso húmedo tropical

477.800

450.700

446.400

424.400

Mosaico de pastos y cultivos

10.500

9.300

19.500

53.800

Tierras desnudas y baja capa de vegetación

5.700

18.900

41.100

37.000

Tabla 4-2. Área de categorías de uso del suelo en hectáreas con mayor cambio. Fuente: Elaboración propia.

Es apropiado tener en cuenta que, como limitación en la realización del trabajo, fue imposible gestar el respectivo trabajo de campo para la correcta verificación de la información, principalmente, por la difícil accesibilidad al municipio. La carencia de recursos limitó el uso de imágenes de mayor resolución, entre otros. Según los resultados obtenidos a partir del procesamiento digital de las imágenes, se pudo inferir que la cobertura de tierra desnuda y baja capa de vegetación es la que mayor incremento ha tenido en el transcurso de las cuatro décadas; este hecho tiene una relación directa con el aumento del mosaico de pastos y cultivos, lo que puede estar ligado a las dos primeras etapas de crecimiento de los cultivos: siembra y floración. Es evidente la tendencia de pérdida de cobertura del Bosque denso húmedo tropical durante las 4 décadas. Es de especial atención el incremento en la deforestación que se presentó en la década de 1990-2000, en comparación con la de 1980-1990, denotando la cifra más alta de pérdida, probablemente debido a la situación de orden público en aquel momento en el país, donde el narcotráfico estuvo en pleno auge y la búsqueda de terrenos para cultivo de coca se intensificó en toda Colombia. Además de esto, a partir de la década de 1990, se evidencian las diferentes presiones en las coberturas vegetales, distintas a los cultivos ilícitos de diverso tipo como: la gana-

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FARO DE ALEJANDRÍA

dería extensiva, el aumento de la frontera agrícola y la tala de bosques para la obtención de madera (FAO, 1996). En cuanto a la década actual –2010-2013–, se identifica el incremento acelerado en la pérdida de cobertura boscosa. Teniendo en cuenta que este rango de tiempo solo comprende 3 años en los que se ha perdido el 4.92% de cobertura arbórea con respecto a la década anterior, se anticipa que, de seguir presentándose este patrón, puede convertirse en la década con mayor deforestación, en comparación con los últimos tres grupos analizados. El mapa de superposición de capas de Bosque denso húmedo tropical de todas las décadas (80, 90, 00, 10) representa el insumo de mayor utilidad, pues demuestra las variaciones y tendencias en el cambio multi-temporal –tanto pérdida como ganancia– del bioma en la zona. Una de las tendencias observadas es la expansión de la deforestación hacia el costado norte del casco urbano en las veredas de La Esperanza, La Milagrosa, Caño Magiña, La Hacienda, Mate guadua y La Ye, lo cual se relaciona con la expansión territorial y poblacional, las cuales están generando presión sobre el uso de la tierra. La tendencia de pérdida, en lo que va de la última década, deja entre dicho la veracidad de las zonas de protección del Ministerio de Ambiente y Desarrollo sostenible, donde se cataloga a la Amazonía como reserva forestal. La declaratoria del Parque Nacional Natural Chiribiquete enfatiza la necesidad de implementar acciones para reducir la deforestación, dada la cercanía del parque con el municipio y las relaciones ecológicas entre el ecosistema; esto, teniendo presente que, el área hace parte de la provincia biogeográfica de la Guyana, en el Distrito Selvas del Norte de Guaviare (Hernández et al., 1992). Según el SIAT-AC (2014a y 2014b), los suelos de la Amazonía, en general, son muy pobres en nutrientes químicos y físicamente susceptibles a ser erodados, debido a la alta pluviosidad que solubiliza constantemente elementos como el calcio, el magnesio, el potasio y el sodio, dejando coberturas con óxidos de hierro, hidróxidos de aluminio y cuarzo, generalmente; por lo que la actividad agrícola a gran escala, no es una vocación sostenible a futuro para estas áreas, sin mencionar la ganadería extensiva, que exhibe, en mayor medida, la exposición del interperismo y la meteorización a los suelos, con una consecuente mayor tasa de devastación ecológica.

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CAMBIO DE LA COBERTURA Y USO DEL SUELO COMO INDICADOR DE LA DEFORESTACIร N EN EL MUNICIPIO DE MIRAFLORES, GUAVIARE (1980-2013), A PARTIR DE SENSORES REMOTOS

Imagen 4-20. Mapa de uso y cobertura del suelo 1980-1990 Municipio de Miraflores-Guaviare

Fuente: Elaboraciรณn propia.

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Las cifras de pérdida de cobertura boscosa, en los últimos cuarenta años, reflejan el reto al que está sometido el Gobierno Nacional, en referencia al pacto 2020, firmado en septiembre del 2014 en la ciudad de Nueva York, el cual busca restaurar 20 millones de Hectáreas antes del 2020 (IDEAM, 2014). Para ello, es fundamental asegurar la efectividad de programas como Visión Amazonía, la cual busca reducir la tasa de deforestación a cero en la Amazonía (CEPRI, 2014). El programa Visión Colombia fue formulado por el gobierno de Colombia; es apoyado por los gobiernos de Alemania, Noruega y Reino Unido, y busca reducir la deforestación, a cero, en la Amazonía para 2020, por medio del desarrollo de estrategias multisectoriales para la reducción en la emisión de Carbono, como la estrategia REDD+ y la expansión de las áreas naturales protegidas. En adición, teniendo en cuenta las necesidades de la población que habita el territorio, se han planteado alternativas de desarrollo sustentable, las cuales promuevan el uso de la tierra de manera planeada, fortalecida mediante la gobernanza y el respeto de los territorios y los derechos indígenas. A manera de contribución, Alemania y Noruega se han comprometido a prestar apoyo al programa, por medio del pago, a medida que se haga evidente la reducción de la tasa de deforestación; mientras que Reino Unido ha financiado la investigación en principios de deforestación en Colombia (Gobierno del Reino Unido, 2014).

No obstante, estos programas requieren mayor compromiso para el área del municipio de Miraflores, donde, como lo demuestran las cifras, hay una tendencia hacia el aumento acelerado en la deforestación, tendencia acompañada de la poca voluntad política que se le presta actualmente a esta situación. Planes de monitoreo, como el Programa de Reducción de Emisiones de Carbono causadas por la Deforestación y la Degradación de los Bosques (REDD), pueden contribuir en el conocimiento y la protección del bosque, aportando mayores beneficios, como áreas de protección a futuro, en sintonía con las comunidades que lo habitan. De igual forma, el potencial ecoturístico, presente en el área, podría ser un motor para disminuir las prácticas lesivas al medio ambiente, generando una salida económica legal en la región del Guaviare.

i. La búsqueda de la imagen correspon-

diente a la última década presentó problemas debido a la gran cubierta de nubes.

Consultando otras fuentes gratuitas como el satélite Landsat 7, evidenciaba un ban-

damiento (daño) que no permitía interpretar, por lo que se seleccionó la imagen OLI

TIRS, capturada el 15 de octubre del 2013 aunque no estuviera completamente “limpia”.

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CAMBIO DE LA COBERTURA Y USO DEL SUELO COMO INDICADOR DE LA DEFORESTACIÓN EN EL MUNICIPIO DE MIRAFLORES, GUAVIARE (1980-2013), A PARTIR DE SENSORES REMOTOS

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geógrafo. Universidad Nacional de Colombia.

geógrafa. Universidad Nacional de Colombia.

Recepción de artículo en calidad de estudiante.

Recepción de artículo en calidad de estudiante.

contacto: frojash@unal.edu.co

'

Luz angela Silva alvarez '

Francisco Rojas Heredia

contacto: lasilvaa@unal.edu.co

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La tercera edición de la revista Faro de Alejandría se terminó de producir en las instalaciónes del Programa de Gestión de Proyectos de la Universidad Nacional de Colombia en mayo del 2018, 40 años después una serie de revueltas culturales pensadas hacia la descentralización de poderes territoriales. Las familias tipográficas usadas fueron: Rustico J adobe caslo pro J Blanch


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