aquella mascarita
luis tulio siburu
Aquella mascarita
Luis Tulio Siburu
Siburu, Luis Tulio Aquella mascarita / Luis Tulio Siburu. - 1a ed. - Munro : Literarte, 2022. Libro digital, Otros Archivo Digital: online ISBN 978-987-1957-93-4 1. Literatura Argentina. 2. Narrativa Argentina. 3. Poesía Argentina. I. Título. CDD A860
Ediciones Literarte edicionesliterarte@gmail.com 54 9 11 5773 3860
Aquella mascarita ©luissiburu@hotmail.com Reservados todos los derechos
Arte de portada: Lucía Elena Maini Título: Máscara Técnica: Óleo con relieve Medidas: 30 cm x 30 cm
Diseño y diagramación: Graciela Diana Pucci Fontana 1° Edición en soporte digital-Enero de 2022 Está prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio o procedimiento, sin el consentimiento explicito del autor.
A mis padres, esposa, hijos, nietas y demás familiares. A los amigos de la vida. A los compañeros que aún conservo del secundario y de los diferentes trabajos. Al coordinador y talleristas del Taller Literario La Araucaria.
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"Siempre he envidiado la capacidad de olvidar que tienen algunas personas para las cuales el pasado es como una muda de temporada o unos zapatos viejos a los que basta condenar al fondo de un armario para que sean incapaces de rehacer los pasos perdidos. Yo tuve la desgracia de recordarlo todo y de que todo, a su vez, me recordase a mí" Carlos Ruiz Zafón - Cuento "Blanca y el adiós" - Libro "La ciudad de vapor"
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AQUELLA MASCARITA Si alguna vez te enredaste con alguien y bailaste tango toda la noche, sin poder despegarse uno de otra, otra de uno. Si no intestaste mirarle el rostro bajo el antifaz, la ropa, el cuerpo; apenas quisiste aspirar su perfume y su aura. Si no se te ocurrió detener el movimiento, sentarte a un costado, buscar la oscuridad, alejarte de la música, tomar una copa. Si la amaste desde el primer compás, el segundo corte, la tercera quebrada, el cuarto pisotón, la quinta disculpa, el sexto no es nada. Si te hablaste todo y ella quedó callada, o al revés, si ella no paró de parlotear y vos sólo escuchabas. Si no te diste cuenta que al lado tuyo había corso, comparsas, pomos con agua, cornetas, papel picado, disfraces y carcajadas. Si olvidaste ahora su nombre y su voz, un collar de lentejuelas, los lunares pintados en la mejilla y esa flor que llevaba en el cabello. Es probable entonces que hayas estado en la calle Boedo, casi San Juan, hace más de sesenta años, en esas noches de Momo, cuando una cuadra era peatonal por cuatro lunas, para danzar sobre adoquines y vías de tranways. Sin darte cuenta o quizás consciente, no quisiste desenredarte y seguiste idealizando un encuentro efímero, así como – aún con poca memoria - seguís silbando hoy “Después de carnaval”, del maestro Amuchástegui Keen. Y ahora querés comprender qué pasó, qué misterio hubo, donde estará aquella mascarita, porqué te sentiste unido a ella. Casi seguro que de un balcón arrojaron una serpentina, azul o bordó vaya a saber, sin brillo, de papel de descarte, como eran antes, como no son ahora. Y ella – a pesar de su fragilidad - los rodeó a ambos fugazmente, atándolos en un dos por cuatro que se quedó allá lejos. En uno de los cuatro días locos.
LTS – 24.08.2015 6
ALTILLO
21.10.2021 “He tenido sueños y he tenido pesadillas. Supero las pesadillas porque tengo sueños” (Jonas Salk)
A veces subimos a una montaña otras al campanario de una catedral Pegada la frente a la ventanilla de un avión en vuelo parece que buscamos al Cielo como soledad como si la cercanía de la Tierra nos llenara de ruidos y distracciones Les propongo algo vayan al altillo de su casa y allí sueñen todo lo que se les ocurra Claro que está la almohada nocturna para hacerlo con más comodidad pero allí estamos dormidos y los más hermosos sueños no los de descansar, sino los de imaginar hay que tenerlos despiertos de forma tal que se contagien de la realidad y la mejoren o modifiquen Y el altillo es el lugar indicado Allí hay libros y discos antiguos una cama vieja para recostarse fotos de lo que fuimos alguna vez tal vez un poco de olor a humedad porque los años no pasan en vano y las tejas no son eternas
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Paredes algo descascaradas cosas que nunca queremos tirar el lugar más conservador de la casa Prueben alguna vez suban despacio las escaleras tomensé de los pasamanos ya las piernas no son las mismas hagan un descanso cada cinco escalones respiren hondo llenen los pulmones de aire para enfrentar el último trecho Ya están ahora en el altillo lugar de intimidad nos juntamos con nosotros mismos sin nadie que nos mire o nos interrumpa Y ahora sueñen tranquilos no importa el tiempo ni el alcance de cada sueño Se sentirán renovados como si estuvieran escribiendo poesía o pintando un cuadro o sacándole una melodía al violín Un regalo que sólo les da el altillo Aprovéchenlo No tienen que agradecérselo a nadie
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ANILLO
19.10.2021
Ella, estrella de la farándula, se miró la mano izquierda y expresó…”Qué bien me queda la mano sin el anillo…” . Y revolvió sus cabellos rubios al viento. Mientras el ex marido, que con su cara de santo jamás se había acercado ni siquiera a una florista de Montparnasse y mucho menos a las cercanas bailarinas del Follies Bergere, tomó sus cosas con pena y nostalgia por los dos hijos que dejaba de ver cotidianamente, y se fue sin saber adónde, aunque al menos sabía que por su juventud podía seguir jugando al fútbol, profesión que le había dado muy buenos ahorros. La tristeza en el hombre tiene esas características. Se le da por caminar para adelante sin mirar para atrás, pero dejando en el camino todo lo que venía haciendo, con un grado de desesperanza. Pasó el tiempo. Le llegaron a ella los kilos de más, las ojeras, las tetas caídas, las vàrices, los estiramientos de la piel de la cara, que cada vez parecía más un pergamino. Su pasado de virgen que le dio fama se había convertido en una estampilla de una gorda María Antonieta. Ya el periodismo del cotilleo había olvidado el hecho de la separación brusca e injustificada y nadie llamaba a su celular para preguntarle nada. Perdió el trabajo de representante de su marido futbolista y escaseaban las ofertas para decir pavadas por los micrófonos. Como ella también tenía una caja de ahorros colmada para toda la vida, pudo cargar con sus hijos de dos matrimonios y vivir como una reina, pero sin rey. Y a la larga se extraña la compañía, el buen amor, el desayuno entre dos y compartir la cama siempre con el mismo. 9
Por eso un día buscó el número telefónico del club donde jugaba su ex. La pregunta fue sencilla. ¿Todavía tenés el anillo? Yo lo tengo guardado en un cajón. Me gustaría que vuelvas. Estaba equivocada. Me creí todo lo que inventó la turra de la reportera para ganar rating en la radio, sobre que me metías los cuernos. Y se volvió a poner el anillo.
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RISA CONTAGIOSA
15.10.2021
Lo envidio. Tiene el don de la risa fácil, de la risa contagiosa. Aunque alguien cuente una bobada, él siempre le encuentra gracia. Y al reírse logra que quienes lo rodean estallen en carcajadas o al menos se diviertan con el comentario del otro. Hay actores de películas o de obras teatrales que tienen ese don, desde ya muy beneficioso para el éxito de la producción. Claro que en ese caso, se perfeccionan y entrenan para ese papel, aunque a veces la personalidad o la característica del artista ayuda. Pero éste personaje al que me refiero no pertenece a la farándula. Sin embargo tiene el mismo carisma que aquellos que aparecen en las carteleras de espectáculos. Y solo con reírse, a veces normal, otras en formas exagerada, contagia al resto. Y uno se queda pensando. ¿Será una pose, un recurso para atraer a otros, un tic nervioso, una actitud ante la vida, un regalo genético? No tengo la respuesta. Será porque a mí me cuesta mucho reír. Pero sí he descubierto que algunos se ríen hasta en los velorios y eso me llama la atención, porque uno en esos casos trata con toda su voluntad y consciencia de no hacerlo. A menudo nos reímos en los momentos más inoportunos. Y los psicólogos parecen estar descubriendo que esas risitas involuntarias podrían ser uno de nuestros comportamientos más importantes. 11
La neurocientífica Sophie Scott, ha pasado los últimos años investigando por qué la risa es tan importante y, a la vez, un comportamiento muchas veces mal interpretado. Un estudio realizado por Scott le hizo darse cuenta de que la risa es uno de los "tics" vocales más valiosos. Investigaciones previas mostraron que todos podemos reconocer seis emociones universales, sin importar la cultura -miedo, ira, sorpresa, disgusto, pena y felicidad- basándonos en las expresiones faciales. Independientemente de la opinión científica, por supuesto muy valiosa, creo que la risa es una forma de elogio hacia un comentario ajeno y en otros un rechazo irónico. El que tiene el don de la risa, y más de la risa contagiosa, tiene un punto a su favor en el logro inmediato de la adhesión o no adhesión grupal, importante componente de las relaciones humanas. Salvando las distancias, las variaciones y el timbre de la famosa risa de la hiena, dicen algunos, pueden ayudar a estos animales a establecer jerarquías sociales, opinión que no está muy lejos de lo que decía antes. Pero escapando al mirar científico de la risa, contagiosa o no, su origen, contenido, propósito y consecuencia, estoy seguro que el personaje al que me refiero no tiene la menor idea de todas las implicancias y estudios sobre la risa. Él se ríe así porque siempre lo hizo. Y si lo hace sin darse cuenta o a propósito es un problema de él. A mí solo me queda envidiarlo. Me gustaría reírme mucho más. No poner siempre cara de culo. Espasmódicamente, en ciertas ocasiones, muy pocas, me he reído a carcajadas recordando un hecho ocurrido 12
quizás varios años atrás. Y alguno que estaba sentado en la mesa de una reunión de conocidos me ha dicho… “jamás te había visto reírte así…”. O sea que no estoy imposibilitado de hacerlo, aunque sea con cuentagotas. Será cuestión de practicarlo. Comenzaré comprando una máscara del Guasón y mirarme tres veces por día al espejo.
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LA PIEZA FALTANTE DEL ROMPECABEZAS 12.10.2021 “A veces los locos pueden imitar increíblemente bien la cordura.“ (Stephen King, “El misterio de Salem's Lot”)
Miro para los costados. Para arriba y para abajo. Los techos de las viviendas se caen por falta de mantenimiento. Los bosques se prenden fuego y muchas veces el agua inunda pueblos. Los idiotas útiles continúan reuniéndose para cortar las calles. El cementerio está lleno de los que no resistieron al covid, al cáncer, al infarto, a la depresión. No hablo de las tumbas, porque ya no se usan, es demasiado trabajo ir de vez en cuando a rendirle homenaje a los antepasados. Me refiero al crematorio, así lo único que queda en casa de compromiso con el finado es el retrato apoyado sobre un mueble. Los cartoneros siguen pasando frente a casa. El hambre habita en las esquinas de las villas. Matan por un celular y con un celular pedís ayuda a la policía y no te contesta. Fabrican billetes como fideos de domingo al mediodía. Al menos la pasta te la comés, la moneda sin valor te la metés en el traste. Solicitan que no se reúnan más de veinte personas en un lugar cerrado y van cuarenta. La viveza criolla sigue siendo una pandemia, que no es la misma que la de todo el mundo. Podría seguir toda la mañana, la tarde y la noche dando ejemplos de que a este rompecabezas le falta una pieza. Todos la conocemos pero nos hacemos los distraídos. Mientras cada uno se salve, todo vale. Y los que ya no se salvaron no saben qué hacer, solo esperan recibir. Nadie practica lo de enseñar a pescar en lugar de dar pescado. Seguimos el carrousel, viajamos cuatro días a la costa aunque mañana no tengamos para comprar pan 14
ni medicamentos. Lo que hace el otro parece ser la verdad y el espejo. Además muchos se sienten mal cuando el vecino le cuenta lo linda que estaba el agua salada y la arena. Hace años, cuando éramos chicos, si faltaba una pieza del rompecabezas, se la buscaba por todos lados. Debajo de la cama, en el tacho de basura, al fondo del jardín, en la cucha del perro. Se la encontraba y solucionado el problema, o fabricábamos algo que la sustituyera para seguir jugando. Al fin y al cabo era un juego. No nos deteníamos en la forma, el tamaño, el color de la pieza repuesta. Ahora nos damos cuenta de que el rompecabezas no se trata de un juego. La pieza que falta es tan simple o compleja como los componentes de la vida misma. Es el criterio. El trabajo. La confianza. El compromiso con los demás. La cordura. La diferencia principal es que sin esa pieza no podemos seguir jugando. ¿O como dijo una vez un delirante somos un país condenado al éxito y no nos damos cuenta que en realidad a lo que nos condenaron eternamente es a la imbecilidad? ¿O seremos realmente los locos a los que se refiere el amigo Stephen King, disfrazados de cuerdos “pour la galerie”?
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QUE SEPA ABRIR LA PUERTA
23.07.2021
Quizás alguna en la imaginación masculina exacerbada Etérea forma vaporosa de mujer que parece no poder /alcanzarse Acaso un escalón de un sueño largo y romántico Vista alguna vez caminar por la vereda de enfrente, porque se cruzaba cuando me veía Parecida a la heroína de una película que esperaba le /sequen una lágrima Labios que seducían por un beso sin saber si mi boca era /la esperada Pechos que intentaban escapar de la blusa y de mi /mirada Pies pequeños de una Cenicienta caída del cuento Voz de quien me excitaba por radio cuando todo me /excitaba Acompañantes apretadas de boleros en fiesta de quince /años Mini pollera escocesa tentadora de alumna del /secundario Quien me prestó el libro y me dijo te gustará mucho Aquel regalo de los dieciocho que acertó con mi gusto /de corbata Ojos encantadores que hacía bajar mis propios ojos Quien me dijo gracias cuando le levanté el pañuelo del /suelo 16
Pícara que leía en el colectivo pero me miraba de reojo Hermana de un amigo que se alegraba cuando yo /llegaba Compañera de trabajo que se reclinaba sobre mí /murmurando no entiendo La más seria de un grupo que se reía mucho de mis /halagos Pudo haber sido ella o cualquiera de ellas Lo importante, lo más importante, Es que haya sido la que supo abrir la puerta de mi /corazón
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EL MATE
21.07.2021
-¡Mate! ¡Mate! Y ahí viene La Chacha con el amargo. -Pero no Chacha…no quiero…le estoy diciendo al compañero de truco que si tiene el siete bravo, mate en ésta mano que yo después tengo resto para la última. -¡Mate! ¡Mate! Y ahí viene La Chacha con el amargo. -Pero no Chacha…no quiero… le aviso a mi contrincante que le acabo de dejar afuera el rey en la partida de ajedrez. -¡Mate! ¡Mate! Y ahí viene La Chacha con el amargo. -Pero no Chacha…no quiero… estoy mirando en la televisión el partido de fútbol de River y le grito al 9 que entra solo que empate el partido en el último minuto contra Colón. -¡Mate! ¡Mate! Y ahí viene La Chacha con el amargo. -Pero no Chacha… no quiero… nos acercamos a Nochebuena y le grito al Pocho que le retuerza el pescuezo al pavo que ya está listo como para cocinarlo. -¡Mate! ¡Mate! Y ahí viene La Chacha con el amargo. -Pero no Chacha…no quiero… lo estoy azuzando al policía que está allá enfrente que trata de defenderse de esos dos chorros que lo asaltan, sin usar el arma reglamentaria. -¡Mate! ¡Mate! Y ahí viene La Chacha con el amargo. -Pero no Chacha… no quiero… lo estaba cargando al vecino de al lado que desde chico le pregunta a la madre porqué le dicen cabezón.
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-Es increíble Don Vizcacha las cosas diferentes que se pueden expresar con una misma palabra… mire este caso del mate… la cantidad de acepciones que tiene… a propósito Chacha… ¿qué pasa con la vuelta? ¿anda atrasada? ¿Cuándo me toca a mí? -Ya se enfrió el mate, viejo desagradecido… se lo llevé cinco veces y me lo rechazó… ahora vaya usted, ponga yerba nueva y caliente el agua en la pava, o qué se cree, que soy su sirvienta… ¿o no ve mi pañuelo verde?
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QUIÉN ME QUITA LO BAILADO
16.07.2021
De pantalón corto y en la vereda pateé la de trapo, la pulpo /y la de cuero Más grande, volvía de la milonga en madrugada y dormía /hasta el mediodía Cine y pizza. Salí con Rosa, con Carmen, con Susana y /debuté con Sofía Me gustaba el estudio y el trabajo, pero también la siesta y 18 /hacer huevo Leí Robin Hood, Juvenilla, Moby Dick, Sandokán y algo de /las Cruzadas Más tarde a Sabato, Proust, Hesse, Soriano, Cortázar, /Hemingway y Sartre mezclado todo con la Contabilidad, Estadística, Sociología /y Matemáticas para iniciarme luego en una naviera noruega como /Encargado de Embarque Ya para entonces amaba, reía, imaginaba el futuro, /soñaba mucho cada noche Departamentito propio, Fiat 600, las mechas castañas de /la chica de al lado Brillo en los timbos negros, corbata a lunares y el ansiado /traje gris cruzado Título universitario, gerencia a mi alcance, luna de miel en /Bariloche Conocí mundo, tengo amigos, tres hijos, siete libros, un /árbol plantado Por eso puedo afirmar hoy feliz en voz alta… Quién me /quita lo bailado 20
A CABALLO REGALADO NO SE LE MIRAN LOS DIENTES 06.07.2021 “Si confieres un beneficio, nunca lo recuerdes; si lo recibes, nunca lo olvides” Quilón de Esparta 600AC/520AC (uno de los 7 sabios de Grecia)
Julio 1954. “Primera Junta”. Pequeño club de barrio. Solo básquet, ping pong, billar…y varias mesas de truco, escoba de quince, dominó. A la vuelta de casa, sobre Centenera, donde nos juntamos los pibes de la manzana y de más allá. No hay personas de mediana edad. Solo muchos chicos y algunos mayores de sesenta y pico, cada cual en lo suyo. Pero hay un viejito más viejito que el resto, rondando los noventa. Con sombrero y emponchado. Cuentan que fue un gran jugador de billar. Viene todos los días, siempre a eso de las seis de la tarde, se sienta a un costado y observa a los jugadores de la mesa de paño verde. Cada tanto da algunas atinadas y bien recibidas indicaciones. A los que saben y a los que están aprendiendo. Se llama Juan pero nosotros le agregamos por respeto el Don adelante. Esa escena en el salón llevaba ya tres años aproximadamente, cuando un día vino su hija y nos dijo que Don Juan había muerto. No tuvimos la oportunidad de decirle gracias o adiós. Pero seguramente él sabía que su final se acercaba. Estoy seguro. Porque un poco antes de fallecer me invitó a tomar una Crush en el pequeño buffet del club y tuvimos este diálogo: DJ: Vos sos muy ansioso. No naciste para este juego de las tres bolas. Acá tenés que pensar antes. Mientras ponés tiza al taco alejáte un poco de la mesa y mirá el conjunto. Fijáte bien las distintas posibilidades de tiro que 21
tenés. El posible rebote de las bandas. Hay que agarrar bien el taco. Respirar profundo y mirar otra vez cuando te inclinás para efectuar el tiro. Y no conversar con los de afuera ni dejarse llevar por sus opiniones, las recomendaciones sirven solo fuera de las partidas. YO: Tiene razón Don Juan. Soy apresurado y medio fantasioso. Quiero hacer la carambola de la forma más complicada, en lugar de buscar la sencilla. No me fijo mucho en el anotador, vengo a entretenerme y no estoy pensando en ganar. DJ: Mirá pibe, te conozco de verte jugar y escucharte hablar con tus amigos. A todos les tengo cariño pero vos tenés un aura especial y un agradable trato conmigo. Te voy a hacer un regalo. YO: ¿Un regalo? DJ: Sí, te regalo mi futuro. YO: ¿Su futuro? ¿Y cómo es eso? DJ: Yo tuve una vida larga. Pasado y presente con conocimientos y experiencias ricas, que te van a servir en tus próximos desafíos. Mi futuro seguramente las arrastrará y las llevará consigo. Utilizálo de la mejor manera posible. Y de paso me recordás, que es lo que cualquier persona ansía y yo no soy una excepción. No lo analices ahora, entiendo que no es algo material con lo que vos puedas ver, tocar o jugar…pero como dicen, a caballo regalado no se le miran los dientes. YO: Bueno, gracias Don Juan. Todavía no me queda muy claro pero está bien. Ahora lo dejo porque me esperan los chicos. Pasaron algunos meses. Extrañábamos la figura de Don Juan. Pero yo no olvidaba aquella conversación. Tanto que un día acerté una carambola a tres bandas que generó un aplauso. Parecía que el regalo empezaba a dar frutos. Luego llegaron éxitos más importantes que una carambola. Pero lo formidable es que hoy, a casi 70 años de aquel regalo, sigo recordando a Juan Aguerrebhere, aquél 22
viejito muy viejito emponchado que me enseñaba a vivir y también a jugar al billar. Cuando él me regaló su futuro me estaba diciendo, entre otras cosas importantes, que no me olvidara de él. Cumplí Don Juan. Descanse tranquilo. Además, estoy seguro que algunas cosas buenas que hice en mi vida venían en el paquete con moño de su futuro.
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ANTIFACES, ABANICOS Y BARBIJOS
05.07.2021
Domingo de verano con un sol que quema. Poco personal en el Hospital Salaberry. El quirófano está sumamente alterado. Hay una emergencia. Operación urgente de corazón para un distinguido infartado que volvió de Miami y acaba de enterarse que lo quieren poner en cuarentena en el Hotel alojamiento La Cigarra no es un Bicho. Empieza la chica del conmutador a llamar a los celulares de Cirujano, Anestesista, Enfermeras, Instrumentista, que seguramente disfrutan del día libre con sus familias y vaya a saber dónde. Empiezan a llegar. El personal de seguridad no cabe en su asombro. Los ve ingresar a los citados al hospital con la cara semitapada. Por suerte cada uno tiene su tarjeta personal para marcar el reloj y no se preocupa por la identidad de los que van arribando. Lo extraño que algunos vienen en shorts de baño, otros de guayabera y algunas enfermeras, que generalmente concurren en jeans, hoy están muy trajeadas y de taco alto. Ya están todos adentro, se cierra la puerta del quirófano. Solo falta el cirujano. Reina el silencio. Comienzan los preparativos. 24
De pronto algunas carcajadas. El enfermo tiembla. No le parece el mejor ambiente para que su cirugía finalice con éxito. El anestesista le está inyectando el sedante con un antifaz de Batman… bueno qué pretenden, se justifica, estaba
en una fiesta de disfraces y me sacaron volando, no tuve tiempo de cambiarme. La enfermera se acerca a rasurarle el pecho al enfermo mientras se da un poco de fresco en el rostro con un amplio abanico floreado… qué quieren que haga, dice
mortificada, me invitaron a tomar el té a la Confitería Las Violetas y me puse encima lo mejor que tenía y de paso estrené éste hermoso abanico que había traído de Madrid, no iba a ver otra ocasión. En ese momento entra el cirujano cardiovascular con un barbijo rojo y verde y el escudo de Portugal.
¡¡¡Qué miran jetones¡¡¡ exclama… estaba con amigos portugueses. El dueño de casa, Joao Oliveira Carvalho, nos había invitado a comer un típico bacalao a las brasas seguido de estupendas francesinhas, con la condición que lo acompañáramos luego a mirar por TV el partido de la Copa de Europa versus Alemania, manteniendo la distancia social y con el barbijo correspondiente, que él mismo había hecho preparar para todos sus invitados…y acá estoy, por esta vez no uso el celeste reglamentario, no hay tiempo de cambiarlo, sino este hombre se nos muere. Por suerte el paciente ya estaba completamente dormido, porque si hubiera visto la escena que se desarrollaba alrededor de la camilla, seguro que le pedía al Barbeta que se lo lleve antes que estos anormales lo toquen. La Instrumentista, única con el barbijo quirúrgico de protocolo, se tuvo que ir corriendo al baño, porque se meaba de risa. Todo el conjunto parecía una de las escenas de hospital desopilantes de MASH, la famosa comedia bélica americana.
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ESTAMPA DE INVIERNO
28.06.2021
Invierno. Santa Fe, entre Cerrito y Libertad. Julio de 2007. Un peatón toma esta foto de un homeless durmiendo en la vereda y la imagen, combinada con el afiche de atrás, hace parecer que ofrece una rosa a quien pasa. Es una típica estampa del invierno porteño que no tiene todavía solución.
Me llama el Jefe de Redacción, me muestra la foto, y me pide que escriba un texto para acompañar la original ilustración. Justo a mí, no sé, debe pretender algo como las aguafuertes porteñas de Roberto Arlt, pero yo estoy muy lejos del maestro, me sentaba en el último banco de su clase. Intentaremos algo. Una pequeña obrita en cuatro actos. El personaje se llama ALGUIEN. Para que no haya confusión con algún conocido.
Primer acto ALGUIEN está sin trabajo y no consigue otro. Se siente conflictuado con su esposa y sus dos hijos. Incomprendido, no aguanta más la convivencia. Decide separarse e irse de la casa. Toma todos los ahorros en efectivo que tiene, le da dos terceras parte a su mujer y se lleva la otra tercera parte para poder vivir hasta que consiga algo. Arma su valija, les deja las llaves, dice adiós. 26
Segundo acto ALGUIEN pasa sus primeros días de soledad en un hotelucho de Almagro, pero ve que el dinero se le va rápido, por lo que se cambia a una pensión con baño compartido de San Telmo. El trabajo no aparece, la billetera cada vez más delgada. Recurre a un amigo soltero, que con paciencia lo cobija durante dos meses durmiendo los dos en una única pieza. Pero la paciencia del amigo parece agotarse y entonces ALGUIEN, muy educado y comprensivo, se va a la búsqueda de otra cosa. Averigua por los hogares de paso municipales y recala en uno de ellos. Es solo cama y desayuno. Luego debe irse a las 9 y retornar a las 20 horas. Si no está de vuelta a esa hora, otro ocupará la vacante, que es muy codiciada. Así pasa dos meses, mientras mira avisos de oferta de trabajo, concurre a entrevistas, pregunta en oficinas, dada su experiencia anterior de administrativo. Pero no hay nada. Un día, abatido por la mala suerte, se queda tomando un vino en un bar, se dormita y cuando se quiere acordar ya son las 22hs. Ahora sí se quedó sin el pan y sin la torta. La última opción es la calle y pedir limosna. ALGUIEN se convierte en un homeless. Un día en la plaza, otro en la entrada de un banco, a veces en un negocio que olvidó recoger el toldo. Los túneles del subte o los andenes de las estaciones ferroviarias.
Tercer acto Meditemos sobre el tema. ¿Cuántos ALGUIEN hay en Buenos Aires? Muchos. Pululan por el microcentro y uno quizás los observa y les tiene más lástima en los días de frío, otras, los ignora. La ilustración, con todo respeto a los homeless, con la publicidad política tendenciosa detrás y con el aparente ofrecimiento de una rosa por parte de la mano del hombre, parece una ironía. Es más, la convierte en una estampa de invierno original, rebelde, denunciante, alegórica. ¿Por qué los ALGUIEN? ¿Es una forma de elección de vida? ¿Han perdido la confianza en la sociedad y aislarse de ella es una forma de vacuna? ¿No les gusta el 27
trabajo o no reúnen condiciones para acceder a ninguno? ¿Algún desengaño amoroso los empujó a esa forma de vida? ¿Una tragedia familiar o de amigos, de esas que no se superan, los llevó a entrar en una cúpula de silencio, hambre, mendicidad y lástima? ¿Por qué algunos se resisten a utilizar los hogares que hay para que los homeless pasen la noche? ¿Cuál es la libertad o felicidad, aunque parezca incongruente, que encuentran en esa vida de calle?
Richard Gere, conocido actor y trabajador incansable en favor de este flagelo de la humanidad, que filmó la película “Invisibles”, dedicada a ellos, dijo una vez: "La sensación de ser un homeless es terrible". "Es increíble lo rápido que uno se puede desmoronar y lo frágil que es la estructura mental de las personas", explica Gere, que ha definido como "un infierno" la sensación que tuvo al caracterizarse como mendigo durante el rodaje de algunas de las escenas y sentir que nadie le miraba a la cara. Cuarto acto o cierre Ya no creemos que ALGUIEN vuelva a su hogar. Ni siquiera que encuentre trabajo en esta época. Solo esperamos que la seguridad social encuentre alguna solución laboral y asistencial a este problema, porque realmente, en la mayoría de los casos, es comparable a una enfermedad mental no necesariamente recluíble. Si así fuera la acción estatal, algún día quizás veamos a ALGUIEN en una plaza, en horario diurno, con ropa azul de trabajo, mientras cuida los jardines y barre las hojas, alimentándose adecuadamente y descansando de noche en un hogar como la gente. No nos llamará la atención entonces, que cuando llegue la primavera le ofrezca una flor al transeúnte. Una imagen diferente a la fuente de este relato.
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PULPO DE GOMA
14.06.2021
Saltó de golpe desde la sartén de la paella. Me lo quedé mirando. Nunca me había ocurrido y eso que los ingredientes son muchos y los dejo manejarse a cada uno con libertad de movimientos. Pero escaparse de la preparación del plato especial del Día del Padre ya era una falta de respeto, una incongruencia, una transgresión a las reglas. Me acerqué a levantarlo, no para retarlo sino para aprovecharlo, tampoco con lo que cuestan uno puede dejar escapar un pulpo. Allí me di cuenta que su cuerpo era de goma. Eso merecía una profunda explicación. Decidí interrogarlo. Y esta fue la respuesta.
“Resulta que un día, hace como un mes, llegó un padre a la juguetería marplatense, entusiasmado buscando un regalo para su pequeño hijo de tres años. Yo estaba entre un montón de chiches de goma con diferentes personalidades. Monos, cocodrilos, elefantes, caballos, dragones, de diferentes colores y tamaños. Y entre todos ellos me eligió a mí. Yo estaba orgulloso y sorprendido, aunque tuviera que abandonar mi góndola zoológica e ir a un lugar desconocido. Me envolvieron en un papel brillante de varios colores y con moño. El hombre pagó y salimos de la juguetería. Me llevaba en la mano. Caminó por la calle comercial Guemes, creo que se llama, luego entró a Havanna a tomar un café y allí, oh sorpresa, se encontró con un viejo amigo de la secundaria. 29
Luego del segundo capuccino y del tercer alfajor, cuando recién la conversación estaba en la mitad de la vida de cada uno, decidieron caminar hacia el puerto. Y allí fui yo, siempre entre las manos de éste padre. Las anécdotas continuaron. Novias, carreras universitarias, empleos varios, nada quedó sin recorrer, mientras estaban sentados en la escollera. Tanto era el interés que ponian en la charla que en determinado momento mi comprador dejó el paquete sobre la piedra mientras su mente se perdía en su juventud y en su pasado. Y ocurrió lo previsible. Ante un movimiento brusco de su brazo festejando con su amigo un éxito que habían tenido como profesionales, yo me fui al agua, siempre dentro del paquete, pero sin salvavidas alguno. Recién se habrá dado cuenta cuando se les acabaron los temas, pero eso lo presumo porque yo ya no estaba. Pasaron los días, pasaron los barcos pesqueros rojos y amarillos, pasaron junto a mí los mayoristas de la banquina y nadie se dio cuenta que yo no era un pulpo normal. Así fue que terminé en una pescadería de barrio, donde seguramente tu señora, poco experta o poco atenta a revisar lo que compra, me trajo acá a tu cocina para que vos prepararas la paella de tu propio día de festejo. Terminé de escuchar su historia. Le dije que lamentaba su aventura, lavé bien la salsa que lo rodeaba, lo dejé secar un rato, busqué un papel decente para envolverlo, mientras pensaba que haría con él. Seguramente me escuchó, porque alcancé a oír su vocecita que me decía…
Te propongo algo. Primero te aclaro que el cumpleaños de tu hijo fue en mayo y que el padre distraído de la historia eras vos. No me tirés de vuelta sin darte cuenta, 30
presentáme a tu hijo y decíle que le trajiste de la casa de los recuerdos para turistas, un regalo para que se entretenga. Seguro le gustaré aunque tu hijo merecía un regalo más importante. Disculpáme si te hice “de goma” la paella y el Día del Padre. En realidad yo no tuve nada que ver, esto te pasó por descuidado…
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UN DÍA FLORIDO
21.06.2021
El medicamento de las tres de la mañana me recuerda que tengo que tomarlo Me quedo mirando insomne boca arriba el cielorraso de pronto se abre en él una pantalla en blanco y negro algo nebulosa como fuera de foco que muestra lo que parece una película de los sesenta Medianoche de sábado retorno de baile calle empedrada veredas desparejas una chica de dieciocho y yo de diecinueve en un tropezón un beso en otro tropezón un abrazo la vuelta a la casa de ella se va incendiando Jardín al frente verjas puerta de hierro sin llave un matorral poblado de jazmines la luna dando una luz tenue familia y vecinos durmiendo pared medianera sirve de apoyo Y allí acurrucados ella y yo entrelazados casi como uno solo caricias que suben y bajan deteniéndose en partes sensibles piernas que se abren humedades Cópula entre gemidos Mi retina aún retiene el brillo del orgasmo en sus ojos de almendra
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La pasión se desbordó pero el amor está desaparecido Un día florido que se secó con el tiempo ¿Existió? Apuesto que sí Una agenda marchita que todavía conservo la tiene a ella ¿Dónde estará en este momento? ¿Recordará la noche lejana del aroma a jazmines? ¿Mirará como yo ahora el cielorraso? O dormirá de costado, ajena a todo para aliviar el dolor del lumbago de la ancianidad
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HUÉSPEDES INESPERADOS
07.06.2021
Llegaron por la azotea y allí quedaron golpeando frenéticamente el techo corredizo vidriado que tenía el patio de la vieja casa de Alberdi. Las reconocí por el aletear, su ruido ensordecedor, el verde de su cuerpo. Cumplían con su visita anual. Eran las langostas. No sé porque se los cuento ahora. Alguna razón inconsciente debe haber. Quizás porque tuve insomnio y anoche, desde la cama, tuve que verme tres películas para que me venga el sueño, sí tres, aunque no lo crean, casi cinco horas de entrar en cualquier historia con tal de borrarme del presente. Aclaro que las veo en mute para no despertar a mi señora, así que las voces y el sonido lo pongo yo a piacere, según cara del personaje. Las tres eran de argumento relacionado con vida de adolescentes. Una chica que visitaba a la psicóloga por un problema de niña. Un joven que se enamoraba de su profesora de cine. Una despabilada que no la embocaba con el sexo que quería vivir. No hubo casualidad en la elección. Quería juventud, o traslado en el tiempo, nada de suspenso ni sangre. Quizás buscaba despegar del 2021 y aterrizar en el 1960, año que saqué la libreta de enrolamiento. Una forma de huir del encierro obligado de la pandemia y del no sé qué hacer de cada día. Y de una vejez que la soñé de mil maneras, menos de la forma que se presentó en los últimos meses. Y por allí en el imaginario aparecieron las langostas, huéspedes que me vinieron de perilla para 34
enfocar el tema semanal y de paso retroceder en el tiempo, porque actualmente en la ciudad, puede que en el campo sí, ya ni se habla de las langostas. Entonces, era algo no esperado. Ideal para completar las dos palabras del disparador buscado. Ahora solo falta esperar que se vayan las langostas, de la misma manera que en algún momento se acaba la creatividad. Sé que no es un bicho querido. Dicen que destruye los sembradíos. Discrepo por hoy. Me distrajo mi campo, me lo llenó de flores por un rato, le puso color al gris que entra hoy por el palomar, al gris que me viene de adentro y me inunda el bocho. Miro hacia arriba, hacia el techo corredizo. Ya se fueron. No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Frase de viejos pero sabios. Que vieron muchas langostas y tuvieron muchos huéspedes. A veces inesperados, como este virus infernal. Pero eso es otro tema. Tiene que ver con el destino. Lo que nadie elige. Como tampoco elegíamos hace mucho, qué día las langostas llegaban para tapar el cielo.
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DECÁLOGO DE LA SERENIDAD
31.05.2021
Final futbolera en la cancha de Villa La Ñata. “Los Tenebrosos de Mildberg” vs. “Caiga quien Caiga de Río Luján”. Gente de avería, si las hay. Antes de la hora de inicio, alguien se había robado la copa para el ganador y el jabón del vestuario, justo ahora que tanto se necesita por la higiene de manos por la cuarentena. Escondido entre unas chapas tipo casamata, el relator de FM LA BARCA preparaba los datos y números de los jugadores, previo pedido de sus características personales al Juzgado de San Isidro y comisarías de la zona. Para referee habían contratado a un miembro del Grupo Halcón que estaba de franco, pero que igual se presentó con todos sus pertrechos, armas y casco, más un escudito prestado de la Asociación de Árbitros de Tigre, para justificar la medida extrema. Unos minutos antes del comienzo del partido, el director técnico de Mildberg reunió a sus jugadores y les comentó las respuestas mínimas que esperaba de ellos para tan importante final. Las denominó “El decálogo de la serenidad”, y se las fue leyendo punto por punto: 1. Si recibieran aunque sea un leve empujón, contestar con un piquete de ojos. 2. Aquí nadie cobrará offside cuando atacamos nosotros, porque lo digo yo. En caso de que ocurriera, meterle el banderín solferino en el traste al linesman. 3. Un toque del rival en tobillo propio, equivale inmediatamente a una trompada disimulada en el estómago del involucrado. 36
4. Los choques de cabeza son siempre culpa del otro. Reaccionar con sobriedad escupiéndole en la cara, salvo que juegue con barbijo. En ese caso pueden optar por bajárselo primero delicadamente y escupir luego. 5. El referee nunca tiene razón y menos hoy. Si consideran recordárselo en algún momento, recomiendo una buena puteada, un pechazo fuerte y una amenaza suave tipo “a la salida sos boleta” 6. Cualquier caída de uno de nuestros jugadores en el área, es penal. No esperen la decisión arbitral. Vayan y coloquen la pelota y pateen y festejen el gol. No nos pueden llevar por delante. 7. El capitán rival es muy hablador. Si les dice al oído “a vos te conozco del barrio”, ahí nomás le bajan los dientes de un trompazo. 8. Ahora bien, si les dice “te voy a cagar a patadas”, ya es mucho más serio y advertencia grosera de agresión ilimitada. En este caso recomiendo un soberano shot en el testículo derecho. Lo especifico, porque ya el izquierdo se lo hicimos bosta en un partido anterior y se lo extirparon. No es cuestión de patear al cohete, hay que reservar energías. 9. La plancha por parte de un mono de los contrarios se considera un delito mayor y no hay tutía. Ningún juez de Río Luján puede hablar de inimputabilidad, aunque el rival esté jugando en pedo. Allí la reacción será colectiva: los once jugadores de Mildberg al unísono le saltan encima al del planchazo hasta que sea declarado en coma profundo. 10. Por último recuerden el título de este Decálogo que les enumeré. Todo lo que hagan como reacción con aspecto justificable, traicionero, discriminatorio, inocente o criminal, debe ser realizado con la más absoluta SERENIDAD. Al fin y al cabo esto no es más que una final barrio contra barrio. Coherencia por favor. 37
El silbato del árbitro dio comienzo al partido. Desde ese momento, los del Grupo Halcón ya sabían que habían perdido para siempre un efectivo de su plantel y preparaban la placa de bronce de homenaje para poner en la pared de ingreso al cuartel. En la cancha de Villa La Ñata el único que no miraba el partido era el encargado de llamar al SAME. Ya empezaba a digitar el número del celular del Dr. Crescenti por anticipado. El servicio en provincia era una atención que tuvo Larreta con Kicillof, dada la peligrosidad del encuentro. Un ejemplo de la solidaridad argentina.
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CADA VEZ QUE PIENSO... MÁS RABIA ME DA 24.05.2021
Es verdad, como dicen, de lo único que hay que arrepentirse es de lo que se ha dejado de hacer. Aunque a veces también es por lo hecho. Por educado o por temor. Por estúpido o por conservador. Por despelotado o por vago. Razones hay muchas pero la vida es una sola. Y ahora, cuando se está más cerca del arpa que de la guitarra, cada noche, sobre la almohada, desfilan hechos que fueron ocurriendo en esta larga trayectoria de respirar todos los días. Contestaciones que uno debía haber dado, rebeldía interior ante lo que nos parecía injusto y sin embargo nos quedamos congelados; reacciones violentas cuando en realidad teníamos que habernos quedado en el molde porque no era la ocasión para esa trompada que tiramos. Pros y contras que fuimos dibujando en la dura aventura de levantarnos a las seis y acostarnos a las veintitrés, si era de lunes a viernes, aunque también en el fin de semana hubo anécdotas para no acordarse. Pero ya no lo podemos cambiar. Ocurrió en el pasado y nosotros todavía tenemos que seguir afrontando el presente, que por cierto ya de por sí es duro. Que el pasado sea tema de los poetas, que lo usufructúan bastante, pero para humildes laburantes no puede ser una mochila pesada innecesaria. Claro que, de cualquier manera, nos gustaría modificar nuestros errores, y en esa ansiedad que se produce cuando no se puede rebobinar la película, cuando la pared quedó media torcida y ya no hay mezcla de cemento y arena para intentar tirarla abajo y empezar de nuevo, aparece la frase tan remanida pero irrefrenable de… “cada vez que pienso, más rabia me da”, que lo único que hace es aumentar la frustración y disminuir el optimismo. 39
Tachémosla ya mismo de nuestro lenguaje. Que nos equivocamos, sí, nos equivocamos, pero como decíamos hace poco, la vida es bella como para perder minutos en tener rabia. Dejémosla para los perros no vacunados o para los murciélagos chinos, los que parieron el coronavirus… pucha, cada vez que pienso, más rabia me da… perdón, perdón… estos últimos cinco renglones se agregaron solos, sin darme cuenta. Cuando los reciban, por favor tacharlos… se me escapó la tortuga…
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UN SUEÑO (onírico, no despierto)
05.05.2021
Bostecé, dejé de leer, puse el separador en el libro, apoyé éste en la mesita de luz, acomodé la almohada y me quedé dormido… habrán pasado minutos u horas, no sé, pero ocurrió ésto…
La calle es Hipólito Irigoyen, cuando es avenida con dos manos, en Almagro, frente a una iglesia. Allí hay una empresa, mezcla de planta fabril y oficinas, con un frente de grandes jardines y paredes grises. Concurro todos los días a trabajar y me llevo bien con todos. Son rostros conocidos, no puedo arriesgar el apellido, pero intuyo que son de momentos diferentes en el tiempo, como si en el calendario de tu vida aparecieran de golpe en una jornada juntos Bill Halley, Mercedes Sosa y los Pimpinela. Como se me mezcla la gente también se entretejen las anécdotas, alegrías y tristezas, producciones exitosas y objetivos que no se pueden cumplir, todo en un carrousel imparable de ocho horas, que empieza llegando en un colectivo que no conozco y yéndome en un tranvía que nunca puedo verle el número. No sé de qué casa vengo y a qué casa voy, es probable que no tenga familia, solo estos compañeros de trabajo. Pero gozo mucho el momento de estar con ellos, de los festejos de fin de año, de las charlas alrededor del mate o del café, del intercambio de datos o ayuda mutua en las tareas, cuando a alguno se le complica algo. Es un lugar para no irse más aunque anochezca ni para dejar de venir aunque tenga fiebre. Mañana marcaré de vuelta la tarjeta de ingreso en el empleo de la calle Irigoyen. 41
Hay tres tipos de sueños, bueno, al menos para mí. Los que se buscan a propósito, los que se repiten de vez en cuando y los nuevos, los que aparecen por primera vez o por un hecho puntual. Este, el relatado, es de los que se repiten y hasta el día de hoy no le encuentro explicación. Lo bueno es que no me molesta, lo disfruto y hasta a veces le pregunto a mi mujer si alguna vez yo trabajé en la calle Irigoyen, aunque íntimamente, o al comprobar mirando el certificado que llevé a la Anses para jubilarme, sé que no es verdad.
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RASCANDO EL FONDO DE LA OLLA, ENCONTRÉ… 22.04.2020
Tomé el detergente, esponja de acero, desincrustante, y abrí el agua caliente. No era mi trabajo habitual, pero se me había ocurrido introducirme subrepticiamente en la cocina para intentar preparar una buseca con varios ingredientes de efectos desconocidos al final de la cocción a fuego máximo, al menos para mí. Ergo, había quemado la olla. No me quedó otra que solucionar los inconvenientes ocasionados. Rasqueteé hasta el cansancio. Como a mí esa posición de pie y semi inclinado me provoca dolor de cintura, el cansancio en realidad apareció a los cinco minutos y me fui a sentar al patio -medio escondido- para trabajar exclusivamente sobre los deterioros, fundamentalmente unos tremendos lamparones negruzcos, tanto fondo como laterales. Como soy demasiado ansioso y no había resultados rápidos, intenté con un papel de lija y la punta media mocha de la rasqueta que había olvidado el pintor. Tampoco encontraba resultados. Tomé un punzón y el martillo y entré a darle con todo. Hasta que ocurrió lo que tenía que ocurrir. Se abrió un agujero en el fondo de la olla… y oh sorpresa… …por allí empezaron a surgir -con fechas de calendario antiguas- ravioles de ricota, pollo a la cazadora, sopa de verduras, colita de cuadril mechada con zanahorias, arroz con hongos en risotto… y hasta un sobre salpicado de perejil y ajo que tenía escrito “Abrir solo en caso de emergencia”. Era mi caso. Rápido lo abrí y me encontré con una tarjeta que decía… la cocina es solo para los que saben…
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Ya me imaginaba quien era la remitente. Me saqué el delantal adornado con toros que habíamos traído de Madrid y me fui con la olla agujereada al bazar de la esquina… quisiera por favor una igualita que ésta le dije al empleado… pero por favor no la envuelva para regalo… es para un reemplazo forzoso y si es posible inadvertido.
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EL SUERO DE LA ABUNDANCIA
20.10.2020
A veces cuando Cándido Esperanza sueña, y sueña muchas veces, no es tan ambicioso. Mejor dicho, no es tan ambicioso en cuanto a la abundancia de lo que desea, pero sí lo es en cuanto a lo único que desea, tanto que racionalmente sabe que es casi imposible lograrlo. Y no sabe si es porque lo impresionó en su niñez la increíble serie de El Hombre Invisible y los problemas que resolvía con su invisibilidad o que lo relacionó con aquellas situaciones que veía a su alrededor y no estaba a su alcance solucionar. Así fue que averiguó dónde atendía la bruja Cachavacha y le planteó las posibilidades de que ella le pudiera conceder ese privilegio durante una noche y a qué costo. Cachavacha, más rápida que mentirosa, le dijo que no había ningún problema, pero que debía cumplir previamente un tratamiento y que sin que él se diera cuenta se volvería en 72 horas invisible, aunque por una cuestión de protocolo a él le iba a parecer que se veía los brazos, las piernas y todo su cuerpo, pero que en realidad los otros no verían nada de él. El ingenuo de Cándido pagó los 1.000 dólares del tratamiento y se llevó cinco paquetes de yuyos que debía consumir en ayunas, en pijama, sentado en el bidet, con la banderola abierta, durante tres días. A la noche del tercer día se desnudó, se miró al espejo, y se vio tal cual era, pero recordó lo que había dicho Cachavacha, el protocolo hacía que se viera pero los demás no lo verían. Recordó que los protocolos de la OMS eran así de extraños y cambiantes, así que lo creyó a pie juntillas. Ya quería entrar en acción, con la velocidad de su personaje favorito. Apuntó enseguida a lo que lo tenía 45
desesperado, la voluptuosa vecinita rubia de enfrente, la que pondría paz a sus hormonas. Cruzó rápido la calle. Una abuela que estaba asomada al balcón lo miró extrañada y en verdad hasta interesada, pero pensó que se le había cortado el agua y buscaba el baño de un amigo. Hacía mucho calor. Subió hasta el segundo piso para no encontrarse con nadie en el ascensor, tanteó la puerta del 2ºB, estaba sin llave. Seguro ella había llegado del trabajo apurada por tomar una ducha, así que decidido se dirigió al baño. Se paró a mirarla a través de la cortina transparente, sintió que la sangre le hervía e imaginó la escena apenas ella terminara de enjuagarse, apoyara sus delicados pies en el piso y la viera completamente desnuda. Cándido nunca había soñado lo que pasó a continuación. El jabón Palmolive, para piel seca, le entró mojado y con espuma por el ojo derecho. El cepillo para lavarse la espalda le golpeó justo en los testículos y su fiel compañero se bajó de golpe. El grito desaforado de la rubia atrajo al agente de la esquina que subió de a tres escalones por vez. La abuela, que no quería perderse detalle, eligió el ascensor porque sabía que la escena que podría encontrar le subiría la presión. Todo terminó en la clínica de la vuelta con Cándido esposado en la camilla y el médico de guardia pidiendo al enfermero que le colocara suero en abundancia, por si acaso, mientras llegara el psicólogo.
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FANTASÍAS
16.02.2021
Ha dejado de llover Estoy de vacaciones en una zona serrana. Subo a la moto de última generación y recorro la cinta asfáltica a casi doscientos kilómetros por hora. En el horizonte distingo el arco iris que se ha formado por efecto de la tenue aparición del sol. Pongo primera y asciendo por la pista roja superior externa del arco hasta llegar al punto más alto. Allí encuentro sentado sobre el balcón del arco a un joven aniñado de anteojos con gruesos armazones, cabello largo peinado hacia atrás y dos entradas profundas que parten de su frente. Estaciono a un costado la moto y me acerco despacio. Parece estar meditando y observando el pueblo que se ve allá abajo, a lo lejos, desde casi 3000 metros de altura. Me presento. Soy Luis, me dicen Lucho, hablo solo español. Me contesta soy Aldous, me dicen Al, soy inglés y hablo cuatro idiomas, entre ellos el tuyo. Qué bueno. Podemos conversar. ¿Qué estás mirando? El producto de mi imaginación que estoy seguro se está haciendo realidad poco a poco, hay que esperar que hagan efecto las drogas especiales utilizadas. Mirá allá abajo qué feliz se ve a la gente. Yo que acabo de escuchar el noticiero de la tarde y pagar $ 500 una merienda en Mc Donalds, no lo entiendo. A éste, pienso, le faltan un par de caramelos. ¿Estás seguro Al? inquiero con cuidado. Segurísimo Lucho. Tenés que ponerle un poco más de onda y tener fe de llegar al objetivo. Claro que es normal que te parezca utópico, pero tampoco lo podés negar como una futura realidad. 47
No te entiendo bien Al… Seguramente no leíste Un mundo feliz, un libro donde lo explico, pienso yo, lo más sencillo posible. Mirá, acá tengo un ejemplar, llevátelo y en vez de andar tanto en moto para levantar minas, dedicále tiempo a la lectura que mal no te va a hacer. Te haré caso Al, pero te quiero pedir un favor. Decíme Lucho. Yo sé que acá estás cómodo y podés observar ampliamente la repercusión de tus ideas en esa comunidad pueblerina de allá abajo. Pero yo te invito a que te sientes en el extremo superior del Obelisco de mi ciudad, no te preocupes, no pincha, hay una pequeña ventanita y una silla para que se siente el observador. Ok… ¿Y allí qué hago? Lo mismo que estás haciendo acá. Mirar hacia abajo. Y te aviso que entre las miles de personas que se mueven entre diagonales y avenidas, o dentro de múltiples oficinas, muchos leyeron tu libro. ¿Querés mis conclusiones? Por supuesto. Aspiro a que me expliques en qué carajo nos equivocamos para vivir tan estresados, malhumorados, violentos y depresivos. Lo haré Lucho… ¿adónde te mando mis conclusiones? Nos encontraremos de vuelta acá, ojo que esto te va a llevar mucho tiempo, digamos que en el primer arco iris del año 2022. Saludé a Al con un abrazo, subí a la moto y bajé del arco iris. Cuando estacioné frente a la posada cordobesa noté que la moto se iba convirtiendo poco a poco en un burrito y que un morochito de diez años, con su tonada pegadiza, me invitaba a dar una vuelta por algo para comer. Allí caí. Había sido todo, una fantasía. Creo que ni siquiera había llovido.
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DESAFÍO
23.02.2021
Eran ya dos viejos chotos. En su juventud, Uno le había robado la novia a Otro. Duró poco la aventura. Al poco tiempo, Otra lo dejó a Uno e ignoró a Otro. Pero Uno y Otro no olvidaron el hecho, más Otro que Uno. Porque Otro perdió todo y Uno perdió a medias. Fue así que se guardaron rencor mutuamente durante muchos años y aunque siguieran su vida en barrios diferentes. Un día se encontraron en un Club de Jubilados, donde cada uno se tiene que llevar el cuchillo y tenedor y alguna ONG pone la carne a la parrilla. Después de los postres, en el aplauso vivando al asador y el festejo del exorbitante aumento previsional de marzo, se reconocieron Uno a Otro. Y se desafiaron a matar o morir, total, con lo que les daba el ANSES, mucho no durarían. Uno, con el dedo, limpió su cuchillo de restos de morcilla. Otro, de lo que quedaba de chorizo en el suyo. No habían comido carne por temor a que se les cayera la dentadura postiza.
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Se trenzaron en la cancha de bochas mientras el resto de ancianos apostaban a favor de Uno u Otro. Se olvidaron de correr las bochas. Al tercer entrevero pisó Uno el bochín y Otro una bocha, y se ensartaron las hojas mutuamente. Uno el corazón de Otro, Otro la femoral de Uno. Empate. Nadie cobró un mango de apuesta. Y arriba el Club perdió dos socios. Otra, que ya también se había jubilado y se la rebuscaba como personal femenino de seguridad del club, llamó al 911… ”Comisario, acá hay dos masculinos que cometieron homicidio por torpes, manden la morguera”. Y estalló en una carcajada de satisfacción. Es increíble como el ser humano puede alimentar tan fácil su ego. Ya ni a los ex novios se respeta.
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INCIERTO FUTURO
26.04.2021
Apagá la radio. Apagá la televisión. No leas los diarios. No escuchés los comentarios de los vecinos. Recorré la biblioteca. Buscá un libro cuyo autor o tema te agrade. Apoyá cuatro almohadas contra el cabezal de la cama para estar más cómodo. Sacáte las zapatillas y recostáte. Prendé el velador y ponéte los anteojos de lectura. Hacéme caso. Yo ayer hice eso cuando se acercó la tristeza de la noche del domingo, acrecentada por el desastre riverplatense. Leí hasta la página 74 de “Andamios”, de Mario Benedetti. Mi ansiedad de lector fue creciendo paulatinamente y solo la llegada del sueño hizo que interrumpiera la lectura. Encontré un presente agradable y perdí lo incierto de mi futuro. Hacé la prueba. Debés tener decenas de libros que no leíste. Ninguno de ellos cambiará el futuro, de la misma manera que vos tampoco lo podés cambiar. Pero te ayudarán a sobrellevarlo. 51
AVATARES
19.04.2021
Rogelio llevó los chicos a la plaza. Los dejó cerca, en la zona de los juegos. Ellos optaron primero por el sube y baja y allí estuvieron un rato largo entre gritos y risas, a veces uno arriba y el otro abajo, y así sucesivamente. Con la aventura y el temor el que quedaba arriba, con la picardía de tener el poder el que estaba abajo. Una ironía pensaba Rogelio. Un poco así, como el sube y baja, había sido su vida. A veces le tocó estar arriba, otra abajo. Ojalá los chicos, pensó, tengan una existencia diferente al sube y baja, que todo sea más estable y menos inseguro. Craso error en lo inmediato, al menos para él. Se levantó para ir a tomar agua al bebedero, cuando de pronto las piernas de una nena en una hamaca, volando más allá de lo aconsejable, le golpeó la cara. Con paciencia, no dijo nada y aceptó las disculpas. Siguió caminando. Al pasar junto al tobogán un rubio desaforado que se había largado boca abajo se le cayó sobre los tobillos. Tres pasos más y un gurrumín le tiró arena a los ojos, sin querer, por supuesto. No era su día. Se acercó a la calesita y pidió permiso para subirse al caballito blanco, solo por una vuelta dijo, ya sé que soy mayor, pero puede que acá no me pase nada, prometo no robar la sortija. Los avatares en los juegos de la plaza no son demasiado diferentes de los avatares de la vida, dedujo Rogelio, y se quedó recordando al barquillero de su niñez, que le hacía girar el disco, para entregarle la golosina según lo que le correspondiera en suerte. 52
"CUANDO EL AGUJERO NEGRO SE COMA A LA TIERRA, ¿QUÉ HARÁS EN TU DÍA FINAL?" 12.04.2021
Qué pregunta difícil Primero abrazaré a mi familia y les agradeceré haberme acompañado y hacerme feliz durante tantos años Luego sospecho que seguiré una costumbre arrancaré la hoja diaria del calendario para llevarla conmigo sería la última vez que lo haría una costumbre simple Siempre que llegué al fin en un empleo en la universidad El secundario El nacimiento de los hijos El casamiento La muerte de mi madre lo hice de esa manera para recordar el día del acontecimiento fuera bueno o malo 53
Son hitos para conservar ¿De qué me servirán en el cielo o en el infierno? No sé San Pedro o el Diablo capaz que me la piden como una especie de pasaporte una muestra de que vengo de la Tierra en una fecha determinada Espero que sea una jornada cualquiera no dentro de una tragedia mundial si no en un amanecer luminoso con gente en la calle y en las fábricas en las escuelas y en los templos con los hospitales vacíos Habrá lágrimas seguro pero quizás también una tenue sonrisa porque creo que si me espera Dios hay otra vida esperándonos igual o mejor que la actual para continuar escribiendo Quién dice que allá exista un taller y me estén esperando Antonia, Horacio, Raúl, Brunilda, Amneris, Rachel, Teresita, mis siete libros y el último ejemplar de La Piña
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SE ALQUILA NIDO DE HORNERO
09.04.2021
Hornero y Hornera vivían juntos en un cuchitril de un solo ambiente de Floresta, sobre la calle Atahualpa, propiedad de Hornero. La vida y la relación era todo color de rosa. Mantel de hule con flores rojas y verdes. Imagen de San Cayetano con rosario plástico símil madera. Cortinitas celestes y blancas para ahorrarse la bandera los días patrios. Cuatro sillas con un delicado almohadoncito fucsia. Paredes a dos colores, gris y pastel, para agrandar visualmente el espacio reducido. Reloj cucú hecho de junco, traído de un paseo al Mercado de Frutos. Versos en cuero de Martín Fierro en el almanaque 2021. Atigrada colcha de cama. Veladores quinqué en naranja. Foto de ellos acurrucados en la cama, con marco repujado en plateado. Un día Hornera lo vio a Hornero arrastrándole el ala a una Torcaza y ayudándola a juntar palillos para su vivienda. Hornera puso el grito en el cielo y Hornero bajó arrepentido su mirada al suelo. Se alejaron de golpe uno de otro, así, a vuelo de pájaro, como si estuvieran migrando. 55
Todos los colores que lucían en el cuchitril se convirtieron de golpe en una gran bocha marrón terroso y la entrada en un óvalo sin puerta. Hornera armó la valija y se fue volando a buscar otro desnivel de ventana. Hornero se quedó llorando hasta hacer barro en el piso. Al otro día solo quedaba un pequeño cartel en el cuchitril de la calle Atahualpa: “Se alquila Nido de Hornero”.
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EMPEZAR DE NUEVO
05.04.2021
¿Querés que te cuente?... Mirá, lo conocí en la cárcel de Olmos, cuando me dieron 4 años por un robo en un maxi quiosco de Benavídez. Feliciano era un tipo raro. De esos que no le sacás una palabra ni por puta. Para colmo los únicos momentos que teníamos para poder dialogar era la salida al patio o el comedor. Durante una cena me animé y le dije: Hola, cómo te llamás. Me miró con ojos entre asombrados e insondables. Pero agarró conversación. Me presenté como Pascual y que todavía me faltaban dos años para salir. Él me dio su nombre y confesó en voz baja que se iba la semana que viene, después de purgar durante doce años la coparticipación en un asalto a mano armada con heridos. Estaba temeroso de hablar, desde siempre, por temor a crear algún conflicto o discusión que llevara al alargue de la pena. No aguantaba más. En realidad me contó que nunca se pudo acostumbrar al encierro. Que su pecado fue juntarse con gente malparida, solo por necesidad de unos mangos en un tiempo que estaba sin trabajo. Entendí su alejamiento de todos. Tenía miedo. No era un tipo de avería que desconoce el temor por su forma de vida. Feliciano tenía un solo delito y estaba arrepentido. Me siguió contando. La mujer lo había dejado y se había llevado los dos hijos. La comprendía, él para ella era un malandra, aunque no tuviera antecedentes y se hubiera comportado como padre y esposo correctamente. 57
Los años de distancia y los comentarios familiares y de vecinos seguramente horadaron los sentimientos de la esposa. Feliciano me confesó que lo asustaba el futuro, la soledad, la falta de trabajo, la desconfianza de los demás. Tomó la bandeja, se levantó y mirándome desde arriba me dijo, casi en un susurro… no me queda otra que empezar de nuevo.
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VIAJE A SAN ISIDRO EN PANDEMIA
21.03.2021
Hoy es el día de la poesía Voy a San Isidro a encontrarme con ella No puedo tomar el colectivo porque no soy esencial Me voy un poco a pie y otro poco caminando Tomo Edison hasta la avenida Santa Fe y luego Sigo derecho cambiando Santa Fe por Centenario Hasta llegar a Belgrano y cruzo la vía Llego hasta el mástil y doblo en Chacabuco Ya estoy en Martín y Omar 339. Casa de la poesía, al menos los lunes. Pero no hay nadie. Ni siquiera un portero que hable de poetas Porque es domingo y hay pandemia me dicen Mentira Tampoco habrá nadie mañana, pasado… ¿o nunca? Y entonces sigo caminando hasta la Plaza Bartolomé Mitre Frente a la Catedral Allí hay banco vacío, sombra, sol, otoño recién nacido Ambiente de escritura, como diría el viejo Neruda Sacar papel y lápiz, como diría aquel maestro de primaria Y comienzo a tratar de decir algo
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No hay peor soledad que la soledad sin palabras Peor, de las palabras escritas Las que permiten unir al poeta con el lector O al lector con el poeta Pues la simbiosis es mutua Como bien lo expresa el término Y empiezo a buscar las palabras Pero de pronto aparece Pandemia Una palabra nueva, horrible, viscosa, invisible, Voraz, letal, malnacida, inescrupulosa, inmanejable Que parece estar en todos lados Y en todos lados no la encuentran Sin embargo… ¿puedo escribir hoy sin esa palabra? No, no puedo, estaría faltando a la verdad ¿Y entonces? ¿Qué me queda? Recitar a solas a Bécquer
Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres.... ésas... ¡no volverán! Al menos hasta que este maldito virus No se vaya, no se muera, no reaparezca Bug shitty diría Shakespeare Bicho de mierda traduciría Quiroga Mientras, me vuelvo caminando a Martínez
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HORA DE LA SIESTA
18.03.2021
Son las trece horas de un día caluroso de marzo. Acabo de almorzar una entrada de fiambres abundante, un plato y medio de ravioles de ricota con nueces y un flan casero mixto con dulce de leche y crema, todo acompañado con un tinto Malbec de 2018. Mi circulación sanguínea me avisa a los gritos que se tiene que ir a visitar al estómago y que se va a notar su ausencia en la cabeza, que por favor la cuide durmiendo una siesta importante. Creo que aunque no hubiere existido el aviso corporal, mi mente ya estaba apoyada en la almohada, los párpados se iban cayendo hacia las sábanas y el bostezo era más grande que el colchón que me esperaba. Así, en pocas palabras, he definido a la siesta, al menos a mi siesta, costumbre que no tuve hasta hace un año, cuando comencé a tomar un relajante muscular para el dolor del ciático, que me cambió la vida entre la una y las tres de la tarde. No hay película de acción o suspenso, partido de fútbol importante, vacuna o inflación proveniente del sugerente televisor, que impida una entrada suave pero profunda hacia esa mezcla de nube, caverna, distancia y ocaso, que es la siesta casi no buscada. Tiene una particularidad diferente la siesta de la tarde al descanso en horario nocturno. Durante la siesta no tengo sueños, mejor dicho, apoliyo profundo sí, lo que no hay es actividad onírica. Es como si no hubiera laburo cerebral alguno. El cerebro está de franco hebdomadario. El cuerpo entra en una laxitud total, en una necesidad de apagar la máquina, en una búsqueda feroz del silencio. Me pregunto… ¿serán capaces los ravioles y el vino de tamaña alteración fisiológica o yo he descubierto a un Morfeo vespertino que desconocía? 61
Es cuestión solo de sacarse el calzado y nada más, la siesta no es para pijama, es el placer de dejarse caer con los pantalones, las medias y la remera puestos, e incluso a veces olvidar apoyar los anteojos en la mesita de luz. Con razón Leopoldo Torre Nilsson filmó Homenaje a la hora de la siesta, la tenía clara, o también él se manducó pastas con Malbec. Lejos están aquellos pedidos de la abuela para que a la tarde vayamos a dormir la siesta, mientras nosotros no hacíamos caso y jugábamos a cualquier cosa y seguramente hacíamos mucho ruido y la pobre nona no alcanzaba a pegar los ojos ni diez minutos. En realidad ahora entiendo, la madre de mi madre era pícara y egoísta, lo que quería ella era dormir la siesta tranquila. Sin duda, lo mismo que hago yo ahora a la misma edad de ella en aquella época. Con la diferencia que no tengo chicos para motivarlos a que me imiten y por lo tanto no debo perseguirlos. Dicho esto, que es demasiado romántico para la simple siesta, quiero aclarar que no todo es bueno en ella. El problema es levantarse después de la siesta, y más si uno aún no está acostumbrado. Te queda una bruma en la cabeza y una pesadez en las piernas que impide retomar las actividades diarias. Por ejemplo, si no existiera este mal de la pandemia y todo funcionara normal, en el horario de despertar debería salir corriendo a la clase del taller literario. ¿Cómo haría entre mis formales compañeros para lucir despierto y creativo? Ya sé, se me ocurre algo… Para disimular entraría al aula ensayando algún verso rimado, algo así como…
No me miren mal, ya sé, vengo dormido Disculpen, ando demasiado relajado Pero al menos sepan que responsable he sido Podría haber seguido durmiendo hasta el hartazgo 62
Y luego me sentaría al lado de mi querida compañera Chita, despacito, en silencio, mientras ella, abriendo grandes los ojos y mirándome de costado, me preguntaría así, sin anestesia… Pero Luis… ¿estás bien? ¿te pasa algo? Y allí quedaba deschavado. Culpa de la siesta pasaba a ser un alumno descarriado.
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FRAUDE ELECTRONICO
13.03.2021
Lo vieron venir al presidente del Club. Le empezaron a arrojar piedras, palos, monedas, de todo. Se tuvo que meter, casi arrojar dentro de su automóvil y partir raudamente. No contentos con eso los más bravos de la hinchada ingresaron al Club. Rompieron las vitrinas, se llevaron trofeos, aprovecharon para pasar por el restaurant y meter entre las banderas que portaban todos los sandwiches triples de miga que la Comisión Directiva había comprado para un breve agasajo previo al anuncio que haría el Dr. Fasulo ante los socios más representativos. Hacía ya unos días que por las redes circulaba la noticia que venderían al centro delantero Cuadrado, el que había conseguido el ochenta por ciento de los goles del equipo en la última temporada. Nadie lo podía creer. El enojo era tremendo. A nivel futbolístico y también entre los vecinos del barrio que siempre tuvieron su corazoncito metido, desde su creación, en el club Social y Deportivo “Ganamo, Perdemo, pero mejor que Ganemo”, allá a comienzos del siglo pasado. Al final llegó la Policía y desbandó a todos. Mientras caminaban hacia sus respectivas casas, el Melena Pescia y la Colorada Mc Allister no podían controlar su excitación y trataban de encontrar alguna explicación a la tan desproporcionada decisión de la presidencia del club, especialmente de Fasulo, que si bien no era un genio, tampoco parecía que tomara una medida extrema. 64
En eso sonó el tango Puro Cuento en el iPad de antigua generación de la Colorada. Quiso atender la Colorada y no pudo. O porque llegó tarde, dado que era manca del brazo izquierdo y el aparato lo tenía del mismo lado de su discapacidad, en el bolsillo trasero del jean, o porque la llamada se cortó antes que atendiera. La reputa madre exclamó enojada, mientras el Melena la miraba extrañado por el lenguaje exagerado de una miembro conspicua de la hinchada. No es para tanto, será tu novio, llamará de vuelta, atinó a decir. No Melena, puteo porque hace rato este aparato no anda bien, incluso el otro día me entró un mensaje raro por el WhatsApp. ¿Cómo raro?... musitó Melena. ¿Qué decía? Te lo voy a contar, pero no se te ocurra decir nada ni venderme. Resulta que abro el mensaje y decía… ”El sábado 13, todos en el club, lo quieren vender al Cuadrado, llevar elementos variados de contusión rápida y efectiva” Me llamó la atención, porque yo, que vivo casi debajo de la tribuna este, no sabíamos nada, y un chitrulo cualquiera, identificándose como BBVA, me sale con ésta. Así que consulté con el Negro Zanzun, que vive afanándose celulares, acerca de si podía haber una falla electrónica o de otro tipo. Zanzun, ni lerdo ni perezoso, me dijo…a Cuadrado no lo vende ni Fasulo ni la profesora de Aritmética… a vos Colorada te mandaron una fake news, sabés lo que es eso… ni la más puta idea contestó la Colorada suavemente…bueno te explico, continuó fanfarroneando Zanzun, es un bolazo para que vos lo divulgues sin averiguar la verdad, es muy común en política, en deporte y en quilombos familiares. Uy, que joda ¿o sea que todos los chabones que fueron a tirar piedras y destrozar el Club se chivaron por lo que yo les pasé?
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Si… y lo peor es que Fasulo iba a anunciar la compra de un 8 del rojo de La Paternal, tipo peón de brega, inside de ida y vuelta, con 48 asistencias anuales… ¿48 asistencias?... bramó la Colorada… Si, pero no a un compañero de equipo, sino a la Comisaría de Villa Caraza. Lo dejaban salir solo los domingos para jugar en Argentinos Juniors, con permiso de Presidencia, qué tal. ¿Y ahora qué hago Zanzun? Presentáte mañana en reunión de Comisión Directiva… decí que tenés un amigo vidriero que arreglará todo. Que te hicieron un fraude electrónico y lo distribuiste sin querer…no te van a decir nada…los sándwiches eran del día anterior y Fasulo es un tierno. Esto pasa todos los días en los celulares, por eso me los afano, para que la gente no se deje engañar.
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EL BARCO QUE JAMÁS SALIÓ DEL PUERTO 01.03.2021
Bolivia. Santa Cruz de la Sierra. Yo era una niña morocha de 14 años. El viejo ex colectivo paró frente a mi casa, con las ventanillas pintadas y sin asientos, para ocultar el interior. Me subieron sin decirme adónde iba. Mis padres, con nueve hijos, ni se dieron cuenta que faltaba uno. En el interior me encontré con veinte chicas más, casi todas de mi edad. Solo paramos para nuestras necesidades. Adentro del colectivo había sándwiches y bebidas para un largo recorrido. Llegamos a Buenos Aires, al barrio porteño de Barracas. Me enteré por lo que dijo el chofer. Bajamos de noche, a escondidas, directo a un sótano de un viejo inquilinato, lleno de mesas y máquinas de coser, con telas multicolores desparramadas por todos lados. Y a un costado colchonetas. A la mañana siguiente nos dimos cuenta de qué se trataba. Seríamos costureras de veinticuatro horas, para un capanga de ojos rasgados que comercializaba las prendas terminadas a bajo precio, porque el costo de mano de obra no existía, ya que no pagaba salario. 67
Comíamos prácticamente lo mismo todos los días, arroz, polenta, arroz, polenta, y alguna que otra fruta. Y eso sí, mucho, mucho pan y agua. No había fines de semana libres. Era una tumba llena de ruido ensordecedor de máquinas cosiendo, con una débil luz que entraba por unas pequeñas y altas ventanas y una sola puerta siempre vigilada por un hombre que rotaba cada doce horas con otro. Así pasé cuatro años, incluyendo el día de mis 15 años que no pude festejar con mi familia, que inútilmente trató de ubicarme, hasta que se cansaron y me dieron por desaparecida. Un día me agoté y tomé una determinación, aun a costa de mi virginidad. Como no era tan mal parecida, me fui conquistando de a poco, con miradas y sonrisas, a uno de los guardias, el que estaba generalmente como nocturno. Así fue que una medianoche, cuando todos dormían, lo invité a mi colchoneta e hicimos el amor con todo mi asco. Quedó agotado y semidormido. Le saqué las llaves, abrí la puerta y empecé a correr. Era la madrugada. Corrí con todas mis ganas, aun sin conocer la ciudad. Apunté hacia la salida del sol, no sé por qué, quizás porque me parecía un símbolo de libertad. Llegué a una amplia avenida con hermosos edificios, al borde de un canal. Allí encontré a un uniformado que me dijo que era de la Prefectura. Me llevó hasta la cabina de guardia y me dio un café con leche con galletitas, y me dijo que descansara un rato hasta la mañana, que él terminaba su turno e iríamos a dar un paseo. Era un domingo soleado. Para mí todo era felicidad, al menos en ese momento. Me llevó a conocer la fragata museo Presidente Sarmiento, que está anclada permanentemente en ese barrio que me dijo se llamaba Puerto Madero. Observé en la recorrida fotos de viajes por todo el mundo. Rostros sonrientes en ciudades desconocidas. 68
Frente a mí vi pasar la vida disfrutada, libres, con amigos. Y en ese lugar me puse triste. Le dije que quería estar sola en la proa, junto a la banderita que ondeaba. Y entonces hice la comparación entre la historia alegre de la tripulación de la fragata y mi vida. Me sentí como un barco que jamás salió del puerto. Que nació a la juventud encerrada en un sótano mugriento y carcelario. Que no vio el mar, la música de las olas, las gaviotas volando libres, el mundo flotando a su alrededor. Y me zambullí en las oscuras aguas del canal. Nadie me vio, de la misma manera que nadie me había querido durante los últimos cuatro años. Como no sabía nadar me fui hundiendo lentamente mientras pedía perdón a mis lejanos padres y agradecía mentalmente al cercano prefecto que me dio un rato de esparcimiento luego de tanto sufrir. Seguramente Dios me esperaba para soltar mi ancla y hacerme navegar por lugares brillantes del Paraíso. Salir del puerto de donde nunca había partido.
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DE LA NADA HICE UN IMPERIO, EL DE LAS ILUSIONES Y LOS SUEÑOS
12.02.2021
Cuando jugaba con los soldaditos de plomo soñaba con tener un ejército a mi mando y voltear al caballo de Troya. Y si lo hacía con los autitos preparados con bujías y gomitas, me gustaba imaginar que ganaba la carrera de Buenos Aires a Caracas. Cuando terminé la primaria le tenía miedo a las fórmulas matemáticas y químicas que me enfrentaría en la secundaria y esperaba con ansiedad que alguien me las explicara antes para no quedar como un ignorante. Cuando terminé la secundaria me imaginaba que en cinco años, a lo sumo seis de universidad, estaría trabajando en una auditoría de prestigio. Después aparece la realidad. Cuando cursé el secundario, lo hice en una escuela militar. Jamás olvidé a un mayor Jorge Recio, que en nuestra despedida de la institución, nos dijo a todo el grupo de recibidos…” Muchos piensan despectivamente que el cuartel es un gallinero, donde los de arriba cagan a los de abajo. Quiero informarles que la vida de ustedes, desde acá hasta su muerte, será siempre un gallinero…” Y tengo que reconocer que tuvo razón. Así fue en las oficinas, en las plantas fabriles, en los negocios, en los emprendimientos privados, en los trámites, en la compra de bienes como inmuebles o automóviles, en los pagos de impuestos, en los precios. Y sigue siendo aun en la jubilación, donde uno creía que comenzaba un bienestar general, al menos de la presión desde arriba. Estaba equivocado, cada vez cobro menos, porque el Estado gana menos por su ineficiencia y corrupción.
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El imperio de las ilusiones y los sueños tiene un corto recorrido. Llega con suerte hasta los veinte años. Después, rebuscátela. Seguí soñando con el imperio, eso es bueno para tu autoestima e impulso, pero no dejes de apoyar los pies sobre la tierra. O escribí un libro, es lo más libre para hacer dentro del gallinero. Hasta el día que salga de casa con los pies para adelante, me acordaré de las palabras del mayor Jorge Recio.
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CAMINANTES
01.02.2021
Caminábamos juntos cuadras y cuadras Por las veredas de varios barrios Llenas de otoñales hojas amarillas Casi como el amarillo de los tranvías Todavía las casas eran grises Como gris el empedrado Blancos los monoblocks Que daban frente al parque Tal cual el blanco de las ropas colgadas En sus cientos de balcones Todos igualitos como muchas cosas Que eran iguales en aquél tiempo Por bastante tiempo, así me parecía En aquél tiempo que caminábamos Tomados de la mano Muchas veces sin palabras Como si el amor fuera un mudo Que solo hablara dentro de Cada uno de nosotros Por eso no nos escuchábamos Éramos caminantes en silencio Un silencio que hoy me hace ruido En la memoria que no tiene sonido Pero que alcanza para que escuche Que en realidad caminaba solo
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ETERNOS FANTASMAS
25.01.2021
Romualdo es un personaje. Para él todo lo que hace está bien. No tiene reglas morales ni de las otras, porque la de plástico color azul que le regaló el padrino cuando entró al colegio se le perdió. Romualdo está casado con Rosalía, una cuarentona, bonita y rubiona, tiene dos hijos maravillosos, un buen trabajo administrativo y amigos que no lo contienen mucho. Resulta que él está recaliente con una exuberante morocha que vive enfrente y no sola. Está en pareja con un camionero Pablo de 1,98 de altura, fortachón y pendenciero. El susodicho está muy poco en la casa porque trabaja para una empresa que engancha siempre viajes a Tartagal y eso, entre ida y vuelta, le lleva unos cuantos días. Para colmo la morocha, se ve que tiene un poco alterado el termostato, y entonces levanta todas las persianas durante el día e incluso la noche, no es de usar cortinas para no andar lavándolas, por lo que ustedes se imaginarán que la ansiedad y las hormonas de Romualdo están por la estratosfera, en especial las noches de días laborables y las 24 horas de feriados. Se ha construido una especie de mangrullo en la terraza, y apoyado allí un telescopio como para mirar a Venus, una cámara filmadora continua, tipo Municipalidad de Tigre, que capta hasta los mosquitos, y una máquina de fotos de última generación. Para que no entrara en sospechas, le dijo a Rosalía que se volvió un fanático de las estrellas desde que un compañero de oficina le contó de un paseo al Observatorio Astronómico. Y ella, con tal que no se le vaya al boliche o se acueste a mirar a Defensa y Justicia, le da libertad completa. 73
Y así fue pasando el tiempo, entre vistas de la morocha en ropa interior, probándose mallas para ir a la pileta, preparando un huevo frito en camisón transparente, haciendo el amor con Pablo, lamentando Romualdo que éste fuera tan grandote que le tapaba todo, todo lo mejor digamos. Más porque Pablo no se sacaba el buzo verde de Moyano Conducción ni para esa actividad tan íntima. Pero un día llegó la pandemia. Y allí cambió todo para Romualdo. No en lo particular de los “trabajos” de Romualdo en actividades extracurriculares, que continuaban a todo trapo, sino que la inactividad que le imponía la ausencia al trabajo por prevención del virus, hizo que durmiera más de lo aconsejable. Y con los largos apoliyos surgieron los sueños. Y con los sueños se hicieron presente los pecados. Y con los pecados apareció el miedo. ¿Miedo a qué? Soñaba Romualdo recurrentemente a Pablo descubriendo que los elementos de su mangrullo no apuntaban al cielo, sino a su casa. Y que cruzaba la calle corriendo y con toda su humanidad, más dos muchachos del sindicato, tiraba abajo la puerta, subía a los saltos las escaleras y llegados a la terraza, le rompían la trucha a puñetazos, los ojos le quedaban tan negros y chiquitos, que ya no veía ni a la morocha, ni a Rosalía y a los nenes los reconocía por el olor a suavizante que su señora le ponía a la ropa. Del mangrullo y sus modernos componentes ni hablar, en el sueño se lo tiraban a la calle y los cartoneros aplaudían enloquecidos. Algunos vecinos ingenuos entendían que Romualdo se mudaba a un moderno piso del centro porque había vendido muy bien una filmación del último eclipse. Los sueños, de pronto, se habían convertido en un eterno fantasma. Se asustó tanto Romualdo, que le confesó a Rosalía su pecado y le preguntó si era “inimputable” por ser bizco. 74
Rosalía, que era una chica bastante culta, había cursado algo de Derecho, le gritó desesperada…
- Animal, nunca leíste los Diez Mandamientos… - ¿Qué día sale?
- No es una revista bruta bestia, está en la Biblia, entre otras cosas dice que no codiciarás a la mujer del prójimo, ni a su buey ni a su asno… - Yo solo codicié a la morocha, al asno de Pablo ni lo miraba, y buey no ví, apenas cada tanto se ve un gato negro…
-Con la morocha alcanza inconsciente, por qué no espiás a tu esposa, que me tenés bastante olvidada. Ahora todo depende de mí, si yo no hablo, no pasa nada.. - Perfecto, tiraré todo el material fílmico a la basura, pero a vos te hago un pedido, si querés que vuelva con más ahínco y erotismo… por favor tirá las bombachas blancas talle 56 que te llegan hasta los pechos, y compráte unas tangas rojas y violetas como la morocha de enfrente. Así voy a ver a Venus de vuelta y sin telescopio…
-Andáte a la rpmqtrmp
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LA PALABRA MEJOR
21.01.2021
¿Mejor que qué? Porque todos tenemos diferentes apreciaciones de lo peor, lo mejor, lo excelente y lo superlativo. Y también todos tenemos índices distintos de ansiedad o de complacencia, de conformidad o disconformidad. Es probable que algo pueda hacerse mejor que lo que se hace en el presente, suponiendo que todos crean que está mal hecho, pero seguramente las ideas para mejorarlo sean muchas, y el hacedor entonces tendrá la feroz disyuntiva de elegir una de las mejoras propuestas, que capaz sea el 1% de las propuestas presentadas, quedando un 99% de frustrados que volverán a protestar para exigir mejorar. ¿Cuál es el punto medio? Aquél en el que quien hace coincide con los reclamantes que no hacen pero tienen una somera idea de qué es lo mejor por hacer. Y entonces aquí intervienen otras acciones que la sociedad a veces adormece pero que son más útiles que la exigencia y la protesta. ¿Cuáles son? El diálogo entre hacedor y usuario. En que uno explique cómo lo hace y los límites o inconvenientes que tiene para hacerlo. Y que el otro comente hasta qué punto lo hecho lo satisface o está dispuesto a aceptar algo parecido, dejando de lado apetencias de perfección. ¿Es difícil? Muy difícil, pero sí posible. Depende de la buena voluntad de ambas partes. De que cada uno deje de mirarse al ombligo y comprenda que somos parte de una sociedad y que cada cosa que se haga 76
debe satisfacer mínimamente a todos por igual. Que el encierro del hacedor en su idea no facilita las cosas, pero que tampoco lo facilita el reclamo ruidoso. ¿Llegaremos a ese punto o es una utopía? Lo venimos intentando desde que el mundo es mundo, pero quizás este fenómeno mundial de la pandemia, a pesar de lo trágico, puede que nos ayude a cambiar el estilo de vida. Ojalá así sea. Alguna vez tenemos que adecuar nuestro planteo.
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EL ÁRBOL CAÍDO
14.01.2021
La voz sonaba agitada. Le costaba hilvanar una oración completa sin tomar aire. Pero lo había ido a visitar al geriátrico el nieto Esteban, un simpático quinceañero, y el abuelo no quería perderse la oportunidad de contarle una historia que se parecía a su vida, y entendía que era la mejor herencia que podía dejarle. Acercáte Esteban, te relataré una anécdota de cuando tenía tu edad…
“Allá en el campo donde vivía con mis padres y hermanos, había un árbol que nació antes que yo y que dicen vive muchos años, aunque por su creciente diámetro de su tronco y lenta inclinación pareciera que en cualquier momento se fuera a caer. Los entendidos decían que era una tipa. Nosotros lo apodábamos “el viejo”. Trepábamos por sus ramas, armábamos precarias casitas entre su follaje, pero por lo que más lo queríamos era porque cada mañana cuando salíamos de casa estaba allí, majestuoso, como saludándonos con su ángulo oblicuo que semejaba una leve reverencia. Éramos amigos de su silencio acogedor. Reunidos a su pie contábamos historias, leíamos libros, besábamos amores, pintábamos cuadros, gozábamos del fresco en verano y disfrutábamos de sus violentos movimientos en las tormentas. Te podría contar de mis estudios, trabajos, picardías de la juventud, paseos a caballo por el monte, los juegos en el tanque australiano, en fin, todo lo que le pasa a un hombre en 80 años, pero entre las muchas cosas que se pierden de la memoria, preferí hablarte de algo que cuando lo veas, te 78
recuerde a mí, el viejo abuelo, que seguramente en poco tiempo estará bajo tierra, quizás al pie del otro “viejo”, conversando con sus raíces profundas y bebiendo el agua de las lluvias que le dan vida… Me cansé, por favor alcanzáme la mascarilla del oxígeno que está junto a la cama… Esteban le puso la mascarilla al abuelo y vio que se dormía. Un descanso extraño, el pecho no se movía rítmicamente, las manos demasiado tiesas y frías. En ese momento pasó la enfermera, pegó un grito y dijo: -Este hombre está muerto. Esteban, dolido pero fuerte, le respondió: - Puede que sí, que el árbol se haya caído. La simbiosis entre el abuelo y el “viejo” era muy fuerte.
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PALABRAS ROBADAS
10.01.2021
Sí, lo confieso. Te robé las palabras que nunca pronunciaste. Me pareció escuchar un “te amo” pero no, fue solo mi deseo, mi ansiedad, mi inocencia. Sí, lo denuncio. Te robé las palabras “hola, ¿cómo andás?”, “¿qué tal el colegio?”, “¿está bien tu madre?”, pues nunca las dijiste por tu equivocado machismo. Sí, lo reconozco. Te robé las palabras “dame la mano”, “dejáme acariciarte el pelo”, porque al pronunciarlas y hacerlo te daba vergüenza que la calle te estuviera mirando. Ahora que han pasado los años, que ya no nos vemos, que la distancia nos separa física y también se podría decir sentimentalmente, por ponerle un nombre a esa relación, pienso que estuve mal en robarte las palabras, porque robar siempre es un delito. Lo que como mujer niña te debía haber exigido, era que me las dijeras, mejor dicho, preguntarte por qué no me las decías, porque en los romances no puede haber exigencias. Y me hubiera dado cuenta entonces, allá en mis quince años, que te hubieras quedado mudo, que en realidad no me amabas, que sólo perseguías tener una novia para lucirte entre la muchachada. Y me doy cuenta también ahora que en este relato apliqué mal el concepto de robadas, ya que el amor no se puede robar, pues vive en aquellos lugares tan profundos desde donde no se puede sacar nada, pero desde donde se puede dar mucho. 80
¿QuÉ SERÁ DE MI AMIGO?
01.01.2021
Lo veo aún arrojarse allí, en la vereda, contra el árbol /añoso. Para detener en forma elástica la antigua pelota de /trapo. Que yo le pateara fuerte, bien esquinado, medio furioso. Con la nueva Sacachispas de los Reyes, el cruel /derechazo. Lo observo al pasar al lado guiñarme pícaro el ojo /orgulloso. Mientras milonguea algo separado con la rubiecita /delgada. Se cruza conmigo cerca en la pista y se pone un poco /celoso. A mí me tocó una morocha, ojos verdes, que baila muy /pegada. Pasaron los años. Distintos rumbos, el destino nos /separaba. Hubo mudanzas, casamientos, distancias… pucha que /se extraña. Llegó la época de los calendarios veloces. No supe de él /más nada. Otros trabajos y conocidos. Un nuevo olvido cada /mañana. ¿Qué será de mi amigo?... aquél de la adolescencia /amada. De las noches de bailongo, levante, lotería o pizza en la /barra. Transcurrió medio siglo, podría buscarlo y quizás lo /encontrara. Pero me detengo. Al pasado no se vuelve sin perder en /la parada.
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¿CUÁL ERA EL TIMBRE?
08.08.2020
Me dijeron que era por acá, en este barrio, por esta calle. Un edificio de paredes con mármoles grises. Cuatro pisos, puerta de vidrio con marcos dorados. Desconocían exactamente la numeración. Tenía que preguntar por la señora Carmen, no recordaban bien el apellido. A Carmen la conocí cuando teníamos quince años. Ambos nos gustábamos, pero no lo decíamos. Era una época más de sueños que de realidades. Quizás por timidez o por no arriesgarse a un no que podía doler. Sesenta años después sentí la necesidad de saber qué había sido de ella. Volví adonde vivíamos para comenzar la búsqueda. Ya no eran los mismos vecinos y si bien en algunos casos lo eran, quienes me atendían pertenecían a otra generación, ni siquiera primera, con suerte segunda o tercera. Hasta que alguien con barba blanca y bastón me dijo: se casó y se fue a vivir a Recoleta, puso allí un negocio de bijouterie, cerca de una librería que también es bar, creo que sobre Paraguay, casi Callao, así me comentó una vez el abuelo de Carmen, ya hace mucho tiempo, vaya a saber si todavía está allí. Fui a buscar la bijouterie y la encontré. Ya no era de ella, pero se la había vendido a una señora Cristina, que a su vez, luego de unos años, cedió la llave de negocio a la madura señora que me atendió a mí con paciencia y me dio el teléfono de Cristina. Cuando la llamé, por supuesto, por razones de seguridad me hizo mil preguntas, pero al final la convencí y me dio los datos incompletos que mencioné al principio, sin recordar el apellido u ocultándomelo para no entrar tanto en detalles, por si Carmen se molestaba. 82
Y ahora estoy frente a cinco timbres. Descartando la planta baja del portero, me quedan cuatro. Hay apellidos: Soler, García, Magariños y Giovanetti. Pienso que estará por el apellido de casada, así que cualquiera me da lo mismo. Toco el de Soler. ¿Está la señora Carmen? Responde un chico. No, señor, acá no hay ninguna Carmen. Toco García. Ya empiezo a sentir algo en el pecho. Estoy más cerca. ¿Cómo dice… Carmen?... no, debe estar equivocado, aquí no es. Me quedan dos. Carmen era hija de un gallego. Seguro que se casó con alguien de la colectividad, en aquella época era bastante común. Elijo Magariños. Pulso el timbre del tercer piso. Una voz de mujer atiende. Arriesgo un ¿Carmen?... Sí, ¿quién es?... Me viene la taquicardia y se me va la voz… No lo escucho, señor, hable fuerte que soy un poco sorda… allí empiezo a perder un poco la parte romántica del reencuentro… soy un viejo amigo, Ernesto, capaz se acuerde, del barrio de Boedo, fui a su baile de quince… Espere que bajo, la verdad en este momento no lo ubico… Parado frente a la puerta la veo salir del ascensor. Canosa, algo encorvada, caminando con un trípode, las manos y el cuello con arrugas del tiempo, no la puedo o no la quiero reconocer. Nos miramos durante un minuto, casi dos diría, con el vidrio de por medio. Ella parece dudar, y me recorre con sus ojos de pies a cabeza, carajo, ahora me doy cuenta que yo tampoco estoy muy presentable. Sin embargo abre un poco la puerta, no del todo. Algo intuye pero igual se decide. Disculpe señor, no lo recuerdo, debe estar confundido…pruebe con otro timbre…buen día. Me quedaba el cuarto piso. Pero no insistí. No tenía sentido arriesgar con otro timbre. Estoy seguro que era la Carmen de los quince años. Y ella quizá haya recordado que yo era aquel Ernesto. Pero no nos quisimos reconocer 83
uno a otro. Fue algo mutuo y consentido. Como fuera el primer beso. ¿Seguiríamos tímidos como en aquella época? ¿O ninguno quiso destruir la idealización que cada uno tenía del otro, aquellas dos imágenes jóvenes que se quedaron paseando hace mucho, pero mucho tiempo, por las calles de Boedo?
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CULTIVAR LA PAZ
24.12.2020
Parece fácil pero no es tan sencillo Olvidar desencuentros, ignorar comentarios No es agarrar la pala, es hablarle al amigo Mirar para otro lado, evitar los engaños Parece fácil pero no es tan sencillo La paz se alimenta de nudos y desatanudos Acariciar al bueno y recomponer al pillo No esperes halagos, quizás solo de los tuyos Parece fácil pero no es tan sencillo Jugar al triunfo pero aceptar la derrota Y si te ofrecen tablas, no dudes, igual es un brillo Cultivar la paz es entender otro idioma en isla remota Parece fácil pero no es tan sencillo Hay pueblos guerreros, hay pueblos pasivos Algunos por ambición, otros por servil destino Juntarlos en la misma mesa, ese es el objetivo Parece fácil pero no es tan sencillo Lo intentaron Jesucristo, Gandhi, Luther King, Mandela Ganaron y perdieron, pero suyo fue el camino Retomémoslo, antes que el Diablo plante su bandera
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CANSANCIO EXTREMO
14.12.2020
Estoy cansado sí No sé si me entendés Cansado de encontrarme en el pasado De revivirlo cada noche Mariposas en la panza De ver el mismo rostro Como si leyera Juvenilla Y el final del libro nunca llegara De ver las baldosas gastadas El aro temblando en cada tiro La noche de un club que ya no está Y una luz débil… débil luz de barrio Las piernas con las medias bajas Corriendo tras una pelota que pica y pica Y detrás como una sombra iluminada Entre las sillas de metal tras la línea blanca La pollera escocesa a cuadros y esa sonrisa Y esa semana larga de Pascuas Con el gordo multicolor o echarpe largo Y la ganada medalla dorada Y ese rostro que hoy será un pergamino Dando un beso en la boca y en las lágrimas Estoy cansado sí De tener el mismo sueño De encarar la misma noche De soñar la misma estampa Qué parte será la del cerebro Que esconde esas imágenes Queridas y añoradas ¿Por qué aparecen ahora cuando el descanso me hace falta? Cuando el libro es más profundo Y necesito analizar cada palabra 86
Y me tapo con la sábana Y me tapo con la almohada Pero siempre se aparece Y sigue hasta la madrugada Quisiera un bisturí que perforara Y llegara hasta ese álbum pequeño Y gris Que supongo esconde y guarda Esas malditas páginas amarillentas Para detectarlo y extirparlo No hay pastilla ni té de abuela Que nieblen la memoria Como dijera Najnudel… mi ídolo No pasa nada… y si pasa… no pasa nada Quizás él pudiera vivir con esa frase, pero a mí Me cuesta tanto Como un pase de faja a mi nostalgia
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NUNCA ABRAS…
10.04.2020
…los cajones de nadie, la intimidad de ninguno, la entrada a los secretos de cualquiera. Podés encontrarte con lo que lo no querés ver, conocer, comprender. Limitáte a vivir tu vida y respetar la de los demás. Cada cual es como es, como quizás vos no querés que sea pero el otro es así y así él lo quiere. Nunca abras cajones. Algunos guardan parte de su vida, que con suerte puede ser larga, y quizás haya retazos de ella que el otro pretende esconder allí, sin entrometidos. No seas curioso cuando del mundo interno de un semejante se trata. Hay gente que no tira todo su pasado, guarda parte de él en algún cajón diferente al de la ropa interior o al de las medias o al de los pañuelos. Y su propósito no es esconder, sino resguardar, proteger, sin renegar del presente ni dejar de disfrutar del mismo. No todos lo hacen. Apenas quienes tienen una sensibilidad especial o un tremendo respeto a los hechos vividos con anterioridad al presente. Lo que está dentro del cajón es sagrado para él, aunque quizás para vos no represente nada, simplemente calmar tu curiosidad. No te elude a vos ni te deja de lado, simplemente él aísla lo que entiende es propio, tan propio 88
como que seguramente los otros pueden no llegar a entender. La próxima vez, si suponés que en ese cajón que no es tuyo hay algo que vos perdiste, pedí permiso o requerí que busquen lo que no sabés dónde está. Y no tengas deseos morbosos de asomarte a la intimidad de alguien. Puede parecer divertido, hasta inocente, pero te darán una lección que te hará sentir muy mal. Recordálo, puede que algún furioso te cierre el cajón con la mano adentro y en los dedos te quedará el recuerdo de todo lo que te dije.
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LA CRIATURA Y LA CARICATURA
19.08.20
La pequeña Patricia, de ocho años, estaba tirada en el suelo, cuan larga era, dibujando con lápiz negro sobre una hoja blanca. Mercedes, la chica que trabajaba de doméstica y hacía también de niñera la miraba desde lejos, mientras observaba el reloj con impaciencia porque ya había terminado su horario laboral. Los rasgos del dibujo no eran muy nítidos, pero parecían aproximarse a dos rostros, uno de mujer y otro de hombre, ambos de mediana edad. No tenían cuerpo, el dibujo terminaba en el cuello, la mujer con un pelo lacio que caía hacia los costados de la cabeza. El hombre era pelado, se remarcaban mucho las pestañas. Había algo idéntico entre los dos rostros: la boca marcaba un gesto adusto, casi como de enojo. En ese momento llegó de su consultorio la Dra. María, madre de Patricia. Colgó el tapado en el perchero, se disculpó con Mercedes y le dijo que se vaya pronto que había problemas con el transporte. Recién entonces se percató de Patricia tirada sobre el parquet. -Hola mi amor… ¿qué estás haciendo? - Un dibujo… - ¿Me lo dejás mirar?... -Todavía no lo terminé… -Bueno, estoy muerta, no te beso porque si me agacho no me levanto, me voy a dar una ducha y luego preparo la cena, debe estar por llegar papá… Patricia siguió dando los últimos retoques al dibujo que la tenía muy entretenida. En eso llega Roberto, el padre. Cuando la ve en el piso le pega un grito… Nena ¿qué hacés en el suelo?... 90
levantáte que ensuciás toda la ropa y mamá tiene que ponerse a lavar… Roberto no la besó y ni siquiera reparó en qué estaba haciendo Patricia. Patricia se levantó medio malhumorada y se fue a su cuarto. El dibujo quedó sobre una silla. Cenaron en silencio. Los padres parecían estar pensando en otra cosa y Patricia los miraba pero no atinaba a hablar. Luego María y Roberto se sentaron en el sillón a mirar el noticiero de las 21hs. Patricia se fue a su cuarto, se puso el pijama y siguió leyendo el libro “Vivir jugando”, que le había prestado una compañera del colegio. Cuando terminó el noticiero dijeron de irse a dormir y en ese momento vieron sobre la silla el dibujo de Patricia. Les llamó la atención el parecido con ellos mismos. Pero lo que más les disgustó era que los había dibujado con cara de enojados… Me parece que Patricia tiene un problema, vamos a preguntarle… Abrieron bruscamente la puerta del cuarto pero ya estaba a oscuras. Dejarían el tema para mañana. Patricia sonrió. No estaba dormida aún. Por la forma que abrieron la puerta sus padres, se dio cuenta que su mensaje había llegado. Se durmió pensando que no había mejor espejo que una caricatura.
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EL CORAZÓN EN LA CORTEZA DEL ÁRBOL
25.08.2020
Fue una tarde de llovizna y nubes bajas De jugar al futuro y disfrutar el presente Los dos bajo un árbol con telón de hojas Apostando a que el sentimiento nunca miente La pequeña navaja fue haciendo su trabajo Poco a poco se fue la corteza y llegó el corazón Dos nombres, flecha atravesada y fecha abajo Quedó lugar para decir de donde eran: Tropezón En silencio pensaba el árbol en su inventario De amores comenzados allí mismo en la colina Que no volvían juntos en el siguiente calendario Y su corteza herida por costumbre dañina Guardaría por años un juramento innecesario Hubiera alcanzado un beso o un te amo Karina
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ÁNGEL DE LA GUARDA… GUARDA CON EL ÁNGEL 18.11.2020
Ángel Monasterio, el monaguillo de la Parroquia de los Escasos Santos, creía fervientemente en el Ángel de la Guarda. Estaba seguro que lo protegía de todas sus acciones, las buenas y las malas. Los feligreses no pensaban igual. Cuando en la misa dominical pasaban los niños con la canastilla para las ofrendas, las madres y padres siempre ponían su billete de cinco pesos de fuera de circulación y luego agregaban en voz baja… “Guarda con el Ángel”. Los abuelos no ponían nada porque la jubilación no les alcanzaba y no hacían comentario alguno, porque en su larga vida habían conocidos a tantos buenos y malos, que no se arriesgaban ya a apostar quien era uno y quien era otro. Pero Ángel continuaba siendo el preferido del padre Severino Habeses, que le encomendaba al monaguillo llevar la boleta del Quini a la esquina, comprar en el almacén el vino de misa y un tinto común y hacer el cambiazo antes de la ceremonia, poner los claveles frescos que traían las novias en el altar y distribuir en los bancos los de utilería que guardaban en el depósito y servían para cincuenta casamientos. Por supuesto que de un Habeses así no podía surgir un Monasterio intachable. Tampoco era para tanto lo que hacía el monaguillo, ocurre que su rostro de pícaro y bastante fachero no lo 93
ayudaba a ser bien visto, pero en realidad él solo guiñaba el ojo a las quiceañeras que cantaban en el coro, trataba de arreglar citas con las solteronas que ocupaban el primer banco y en última instancia –a falta de respuesta de las anteriores– ayudaba a arrodillarse a alguna viudita joven con problemas de artritis. No era para tanto, lo que pasa que la gente siempre habla, a veces por envidia. Pero la mayoría siempre se impone. Aunque decidan injusta y exageradamente. La Comisión de Damas Impolutas de la Parroquia lo denunció a la Policía de la Mujer. Así fue que una tarde del 5 de noviembre, que Monasterio estaba sólo, llegó la Oficial Rosario Rapidanga. Le impuso a Ángel los detalles de la denuncia, un poco turbada por la pinta del monaguillo, y le dijo que el delito era excarcelable, pero que tenía que terminar con sus actitudes y no molestar a los feligreses femeninos. Que se conforme con hablar con su Ángel de la Guarda. Y para finalizar le habló con sinceridad… mire Ángel, usted sabe que la policía siempre está un poco floja de papeles, le voy a pedir un favor, aunque sé que no está dentro de los Sacramentos…yo tengo muchas cosas para confesarle al padre Severino, pero me da vergüenza… ¿no podría confesarme usted, que tiene más acceso al confesionario?... Monasterio confesó a Rapidanga un lunes 6 de noviembre. El confesionario parecía arder por todos los costados ante los comentarios de Rosario y la croqueta de Ángel. En la Parroquia de los Escasos Santos, el sábado 11 de noviembre, se casaron en primeras nupcias Ángel y Rosario, con el padre Severino exultante, con claveles frescos y vino original para la misa de esponsales. Una guardia de seis agentes de la Seccional, vestidos de gala, le hicieron corredor a la entrada de los novios. No había ni un feligrés. Y no por el Covid. Estaban masticando rabia en sus casas, menos las quinceañeras, que pedían a su Ángel de la Guarda, que ojalá trajeran otro monaguillo como Monasterio. 94
SONETO DE CUARENTENA
03.11.2020
Esa mañana, al levantarme, comprendí lo que me /pasaba. Era una sensación de agobio, de que todo sería igual a /lo de ayer. A las doce sonaría el cucú y a las nueve de la noche /había que comer. No me importaba si había sol, lluvia, frío, calor o nada. Me fui a la ducha y cerré los ojos bajo la rosa con agua /caliente. Noté que aún tenía sueño y que podía haber seguido /durmiendo. Deseé que hubiera muchas cosas por hacer, al menos /me entretengo. Vi mis ojos sin brillo y sin ganas mientras me cepillaba /los dientes. Bajé las escaleras con energía sin olvidar la careta de /hombre feliz. No quería contagiar a nadie de mi modorra y desgano /pasajero. Dije buenos días, di un beso a mi mujer y traté de no /ser parco. Leí el diario, comí tostadas, bebí el café, no cometí /ningún desliz. Adentro, las plantas en maceta me parecieron mustias, /sin vida y sin riego. Afuera, los árboles se agitaban como bailarines vistos /desde un palco. 95
MIRANDO UNA FOTO
29.10.2020
A media luz la mesa, a media luz los dos. Así están los abuelos, alrededor de la vela. No se los ve, la penumbra los envuelve, pero además no entraron en el cuadro de la foto porque hubo que reducirla para publicarla acá. Se ha cortado la corriente, cortocircuito, que pena. Pero ellos no se quejan, algo tienen para hacer. Nona Francesca Bonavita teje de memoria un pulóver para el nieto que está por nacer. El nono Giusseppe D'Angelo, bibliotecario, buena vista. Tiene anteojos de montura, sin patillas, pero coqueto no los usa. Revisa libros, anota en una libreta su parecer de cada uno. Y como es muy ordenado, tiene un sellador, y sella al pie de su opinión de lo que es mejor para leer. Beben de la misma copa, un vino que seguro es añejo. Tienen la tijera para apagar la vela por si volviera la luz. Todo completo y a mano. Una escena de paz, sin alboroto, sin nervios, sin exasperación. Qué otra cosa se puede esperar de estos dos divinos personajes que captó el fotógrafo Salvatore Lavitta con mucho tino y creatividad. Se abre la puerta y entra el hijo Vito Corleone D'Angelo. Le pregunta Francesca si pagó la boleta de Edenor con el dinero que le dio Giusseppe. No, contesta Vito, tenía una fija en la sexta de Palermo mamma… Al viejo D'Angelo se le ponen las venas azules y la cara roja… Figlio di putana, porca miseria… y le arroja el Ulises de Joyce de 1532 páginas y tapa dura sobre la cabeza. Con razón tenemos que usar la vela, non voglio piú parlare con te, vaffanculo. El fotógrafo decide retirar la foto que había presentado para la exposición de la Sociedad Cultural Italiana “La Prima Cosa É La Famiglia Unita”.
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MENSAJES A QUINO
09.10.20
El recientemente fallecido Quino tuvo hijos nacidos de su inagotable observancia de la realidad y de su inteligencia, además de la habilidad para el dibujo. Esos hijos, que podemos llamar personajes, no han querido dejarle mensajes póstumos, sino un simple comentario para que en la próxima vida los haga algo diferentes. Veamos qué le dijeron…. MAFALDA Cuando San Pedro te haga quinoterapia en el cielo, decíle de parte mía que no te haga nacer en Argentina, quiero ser un personaje de alguna isla paradisíaca sin políticos y sin sopa, donde no tenga que usar el coco para analizar la realidad sino simplemente bajarlo de la palmera, hacerle un agujerito y tomarme su jugo helado. GUILLE Por favor Quino, apenas me hagás nacer, ponéme una fonoaudióloga permanente para que los demás me entiendan. FELIPE Papá Quino, antes de meterme en la tira, cerrá por diez años las escuelas, hasta que me vaya acostumbrando de a poco, y traéme de allá arriba todas las historietas que puedas encontrar, seguro que habrá muchas sobre la estratosfera, lugar que adoro. LIBERTAD Quino, cuando vuelvas, vos que ahora sos invisible y podés volar por el mundo, traéme todo lo que puedas sacar de Versailles y de la Sorbona, especialmente de liberalismo e izquierdismo, un pedacito de la Torre Eiffel y una docena de cruasán. 97
MANOLITO Cuando vuelvas y pienses en la tira, por favor Quino quiero un rostro como el de James Dean y un local en Alto Palermo. La caja registradora no la toques, dejála como está, si querés ponéle DOLERÁN (dólares angelicales) que deben valer más que el blue y no tienen impuesto. Basta de soda y jabón en polvo. Me dedicaré a la numismática. Ahh….y a Susanita no le traigas nada. MIGUELITO ¿Seguro que te moriste? ¿Y cómo es eso? ¿Ya no vas a volver? ¿Con quién estás allá? ¿En serio que hay fuego en el Infierno y que en el Cielo ya lo apagaron, pero que hay un cuerpo de bomberos muy grande porque cada tanto se filtra alguno que enciende la mecha? SUSANITA Cuando vuelvas, porque los buenos siempre vuelven, ya tendré seis hijos, viviré en Brasil, en una casa grande con vista al mar, porque a mi marido lo trasladaron, aquí en Bs.Aires ya no queda ninguna trasnacional y él era Gerente General. Allá estarás con Platón y Fangio, y todos los que se murieron entre ellos dos, así que tendrás un montón de chismes para contarme. LOS PADRES DE MAFALDA Un deseo Quino…vos que estás allá, de donde despegan las cigüeñas, por si llegáramos a pedir de vuelta… ¿no podrás pispear si adentro de la canasta ponen otra Mafalda?... si así fuera por favor hacé un cambiazo, ya se suicidó el psicólogo que nos atendía.
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EL BROCHE MUERDE LA SOGA DE LA ROPA
09.10.20
Extraña paradoja, metafóricamente hablando. Según como se mire, el broche puede ser un ayudante solícito o un ladrón condenable. En el primer caso quizás sea el buen vecino que ayuda a la pobre señora que no tiene dinero para alimentar a sus seis hijos, quienes se le cuelgan de la pollera queriendo morder un pedazo de pan. En el segundo caso puede ser un delincuente armado que entra a la casa de la señora, le roba todos sus ahorros y deja a los seis hijos colgados de la inanición, sin acceso ni a la mordida de una mísera cremona. Pero no seamos ni inocentes pajaritos ni pájaros de mal agüero. El verbo morder del título me ha hecho analizar el caso en forma intelectualmente tergiversada. Me tengo que dejar de joder con las inferencias literarias, que ya la cuarentena molesta bastante. Lo real y comprobable es que con los broches de plástico y la soga de nylon que compré en la ferretería de Don Calderó, le armé a mi señora en la terraza un sencillo tendedero para que cuelgue la ropa recién lavada, creo que eran seis remeras. No vino ningún vecino a ayudarme. Esa es la única verdad, y si miro a los costados, veo que todo el vecindario hizo lo mismo. Hay decenas de tendederos en patios y terrazas. Nadie “mordió” el anzuelo. Eso sí, me quedé con unas ganas bárbaras de morder un mignón recién salido del horno.
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NENA CON PLATO
2.10.2020
Abuela querida, ya me tomé cinco sopas Dejá la polenta con salsa para otro día No quiero ser a los quince como esas chicas gordas Que viven en el gimnasio para bajar una caloría No te enojes por favor, el caldo estaba riquísimo Y los cabellos de ángel con queso rallado también Pero ya estoy satisfecha y quiero darte un mimo Porque lo que te pido lo cocinás en un santiamén Ahora podemos ir al sube y baja y a la hamaca del /parque Vamos caminando despacio para que no te canses No te olvides el bastón y la mantilla por si está fresco Allí veo a mis amiguitas, las encuentro en el estanque Jugamos hasta cansarnos y leemos cuentos de príncipes Volveremos cuando caiga el sol y nos tomamos un /refresco
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CARA O CECA
23.09.2020
Mis abuelos maternos llegaron en barco desde Génova en 1906 y se instalaron en el barrio de Flores. Se acomodaron como pudieron en la calle San Pedrito y tuvieron dos hijas, Nydia y Electra (mi madre), mientras el abuelo hacía trabajos de electricidad en casas particulares, lo que les alcanzaba para el alquiler y los gastos. Pero el tano había venido con deseos de progresar, lo que en Italia en aquella época no se podía, y lo que hacía le quedaba chico. Así fue que empezaron a ponerse en contacto con algunos parientes que ya estaban en Buenos Aires, quienes les presentaron personas que podían ofrecerle trabajo a mi abuelo, “ingenieri italiano” como se decía, pero que en realidad no era un profesional, pero si un técnico muy especializado y preparado en todo lo que a electricidad se refería. En aquel momento surgieron dos posibilidades. Una era la ciudad bonaerense de Maipú, como encargado de líneas de alta y baja tensión, dependiente de la Municipalidad. Trabajo interesante, pero sin vivienda, aunque cercano a la Capital Federal. La otra alternativa era Jefe del Mantenimiento Eléctrico del Arsenal Militar Puerto Borghi, junto a la ciudad santafesina de San Lorenzo y muy cercana a Rosario, puerto muy importante en aquella época, con el agregado que le daban vivienda dentro del Arsenal. Un trabajo desafiante pero con el tema latente y bastante peligroso de todo el material bélico que se guardaba en los depósitos y también en los subsuelos. Manlio y María pasaron algunas noches en vela y días intercambiando ideas y pro y contras de cada ofrecimiento, hasta que eran tan parecidas las opciones, 101
material y económicamente, que no se les ocurrió otra manera de tomar la decisión que tirar una moneda al aire. Si salía cara se iban a Maipú y si salía ceca se iban a Borghi. Salió ceca y prepararon las valijas para salir de Retiro con destino a Rosario. En el Arsenal la familia creció con otros ocho hijos, diez en total, y Manlio era feliz con su trabajo y María con la atención de los cuatro varones y las seis mujeres, a quienes siempre mantenía vestidos iguales de punta en blanco, por supuesto con la diferencia de sexo. Pasó el tiempo. Mucho tiempo. Mis abuelos volvieron a Buenos Aires en 1941 y después se fueron yendo de a poco. Primero los viejos y después los hijos. Llegamos a 2020. Hoy leo que el Comando del Ejército ha decidido levantar las instalaciones del Arsenal Puerto Borghi (ahora llamado Fray Luis Beltrán). Hace solo un mes falleció Vina a los 93 años, la última de los diez hijos, la más chica. O sea que ya se fueron también mi madre y mis nueve tíos. Ambos acontecimientos tan cercanos entre sí me dan la impresión que se ha cerrado definitivamente un círculo. Un círculo idéntico a la moneda que arrojaron los abuelos para decidir su destino. Como siempre, en todo ser humano, siempre hay un cara o ceca, sea la elección con o sin moneda. Después, acatado el resultado, todo depende poco o mucho de su suerte.
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EL PRIMER ANIMAL DOMÉSTICO DE ADÁN DESPUÉS DE LA EXPULSIÓN DEL PARAÍSO TERRENAL FUE LA SERPIENTE 09.09.2020
Diálogo teatral entre Adán y Eva, ya lejos del Jardín del Edén (Se levanta el telón) Eva: No me jodas más Adán, yo quiero un caniche. Adán: No entiendo Eva, desde que mordiste la manzana siempre entendí que te gustaban las cosas grandes… ¿no te interesa un bóxer? Eva: No te la creas Adán, lo que pasa es que no había con quien compararte. Adán: Está bien, paso por alto tu ironía, por ahora ya te dí la costilla y disfrutaste igual, así que luego discutiremos el tema de la mascota… pero ya que nos rajaron del Jardín tenemos que elegir qué río costeamos para caminar por la selva. Eva: Me da lo mismo cualquiera. Está el Pisón, el Guijón, el Tigris y el Éufrates. Caminemos junto al Pisón, porque allí hay oro y piedras preciosas. Y comenzaron a caminar, pero no dejaron de discutir… Adán: No me entra en la cabeza Eva, porqué se te ocurrió tocar el árbol de la Ciencia y del Bien y del Mal, con todos los que había alrededor. Dios había dicho que el que lo tocaba moriría o le pasarían las mil y una. Eva: Pero Adán, vos te creés todos los sermones. Resulta que andaba por ahí una serpiente y me dijo que si me comía un fruto de él nos convertiríamos en dioses y no tendríamos que salir a ocupar terrenos en Guernica. Adán: Sos una boluda Eva. Así que la guacha de la serpiente… que ella venga a arreglar el problema ahora. No nos morimos por suerte pero nos dejaron en bolas. Así 103
que busquemos pronto algunas hojas grandes de higuera para taparnos las partes pudendas, antes que nos calentemos de vuelta y vos termines embarazada y como castigo previsto vas a dar a luz con mucho dolor, justo ahora que no se consiguen camas por ningún lado. Eva: Pobrecita la serpiente, ella también la ligó. Vive arrastrándose. Adán: Si tanto te gusta, traigámosla como mascota entonces. Eva: Bárbaro, yo la busco y mientras vos pensá el nombre que le ponemos. Adán se subió a una piedra y miró a lo lejos por última vez el Jardín del Edén. Ya no podrían volver a ese Paraíso. Habían aprendido la diferencia entre el bien y el mal. Dios había puesto querubines para cuidar la entrada y un remolino que disparaba rayos en el camino hacia el Árbol de la Vida. Al rato volvió Eva con la serpiente y le dijo si ya había elegido el nombre. Adán: Sí, le pondremos Krist, es el más adecuado y está de moda. Eva: Te parece, loco. ¿No iremos en cana? Adán: Despreocupáte… la yuta está toda de paro… andá buscando algunos bichos para la serpiente que no tenemos ni un mango para alimento balanceado. No vaya a ser que ésta arrastrada se crea que es Dylan. (Cae el telón)
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CERDO, CREDO, CEDRO
29.08.20
Fue en el chiquero. Bajo la sombra de un antiguo cedro. Hijo único, nacido antes de todos los siglos. Cuando hubo que ponerle nombre pudo ser cochinillo, cochino, lechón, puerco, chancho, pero María eligió cerdo. Le bajaron la temperatura con un té de cedro rojo y fue bautizado en el credo cristiano en un templo con puertas de la misma madera porque el cedro tiene un alto contenido espiritual, incluso quemaron sus hojas para con el humo purificar al cerdito. Aunque el cedro albergaba dioses importantes y era una entrada a dimensiones más elevadas, no pudo influenciar para que el cerdo llegara ni siquiera a gobernar su propia vida, como soñara George Orwell. Apenas alcanzó a ser el héroe de Rebelión en la granja. La gran organización que había creado fue denunciada por Poncio Pilatos y el cerdo fue crucificado y sepultado -por supuesto al pie de un cedro- aunque a los tres días resucitó y tiene un cuadro a la derecha del escritorio del Gerente de Chacinados Paladini, mientras que su cuerpo seguía viaje al frigorífico. Comenzó una nueva vida en forma de chorizo. Ahora está presente en los asados de los domingos, recibiendo adoración y gloria por parte de los profetas japoneses del choripán, que se reúnen debajo del inamovible cedro, a disfrutarlo sabiendo que proviene de uno de los animales con más capacidad intelectual, según la cultura mitológica oriental. Creo en el Credo. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero que le alcance al cerdo, al cedro, a la consigna y a mí. Que Paladini -por ambicioso- se vaya a llorar a la iglesia.
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9.08.2020
HAIKUS
Es demasiado Grande el universo Para mí solo
Tapá la foto recuerdos feos trae perdí mi madre
Estoy muy triste Hablo yo con mi perro Él me entiende
El trompo gira niño mira y ríe papá acertó
Hoy miro libros Y elijo alguno Tengo amigo
Gente corriendo algo exagerado el tren no saldrá
Está gris muy gris Tan gris como mi alma ¿Hay otro color?
la luna mira amantes ya se besan misión cumplida
Un violín suena Escucho tras la pared Me calma mucho
Flor pide beber lluvia no llegará hoy manguera lista
No quedan hojas Árbol muere sin verde Invierno vive
Joven tropezó y no es farolera ¿la canción miente?
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EL HILO
27.07.2020
Algo me pasa Me cuesta seguir el hilo de las conversaciones Piso sin querer el hilo de coser de la máquina de mi señora Me olvido de cortar el hilo del salamín y me lo termino /sacando de la boca Me enredo los tobillos con el hilo de la bordeadora No entiendo el hilo de las cosas que van pasando sin pausa Se me queda en la dentadura el hilo del choclo No sigo el hilo de la película y pierdo la trama No estoy encontrando el hilo dental y estoy seguro que lo /compré Me enojo cuando el ministro cambia el hilo del reportaje En las conversaciones con amigos siempre me queda un /hilo suelto por cortar Cuando más lo necesito no recuerdo dónde se me cayó el /ovillo de hilo Hoy encontré al nieto del finado ferretero que me vendía /el hilo del barrilete Cuando discuto con mis hijos no doy puntada sin hilo Cuando empiezan a hablar de los presidentes, pierdo el /hilo de cuando estuvo cada uno Cuando subo las escaleras siento como que un hilo tirara /de mí hacia atrás Al revisar la galleta que yo había armado, descubrí que un /hilo estaba roto Me asusta lo que le pase a mis hijos, cuando vuelan vivo /con el alma en un hilo Cuando saqué la basura, pasé junto a dos vecinas. Había un hilo de continuidad en su conversación, no muy /distinta a la de los noticieros. ¿Una de mis canas, o que sea, habrá alcanzado el nivel /para llamarla hilo de plata?
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Mirando el almanaque me doy cuenta que me queda poco /hilo para los 78 Entre diabetes, coronarias y virus, sin aislamiento mi vida /pende de un hilo La vejez es un hilo fuerte de experiencias pero un hilo débil /de expectativas El hilo se corta siempre por la parte más delgada… ¿Cómo /encuentro esa parte? ¿Serán todas éstas las causas de que esté hilando tantas /cosas con hilo?
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UN DÍA EN LA VIDA DEL VIEJO LITO
09.07.2020
Me llamo Pascual Milito. Nací y vivo en Avellaneda, para más datos en la Avenida Galicia, a tres cuadras de Pavón. Las inmobiliarias dicen que es un barrio chato. Puede que tengan razón, las crisis cerraron las industrias y no dejaron crecer las casas de los que en ellas trabajaban. Tengo un bodegón que se llama “La Acadé”. Lo atiendo junto a mi señora Adelia que cocina con la ayuda de Julia, una chica del barrio, que también hace las compras, y un mozo que atiende las mesas, de sobrenombre Gallego. A la noche viene a ayudar Patricia, que estudia de día y se quiere ganar unos pesos extra. Tengo tres hijos. Milo y Mili se fueron a Europa a probar suerte con el fútbol y allá hicieron su vida con variada suerte. A Milita se le dio por estudiar japonés y luego se fue a Tokio a enseñar español y de paso puso una escuela de baile de tango que casualmente también se llama “La Acadé”. Se casó con un japonés de ojos rasgados. Nada fuera de lo común. Adelia y yo éramos padres sobreprotectores, pero ahora gastamos la energía en extrañarlos. Con suerte los vemos una vez al año, pero la pasamos bien. El día que están, no importa que sea Navidad, todos comemos milanesas con papas fritas en “La Acadé”. Soy un poco cascarrabias, obsesivo, peleador de precios con los proveedores pero amigo de los clientes. Especialmente jubilados viudos que no quieren cocinar para ellos solos o simplemente no saben hacerse ni un huevo frito. Algunos me llaman Lito, por aquello que de chico era Pascualito. Y lo recuerdan porque en las veredas de Avellaneda somos siempre los mismos desde hace mucho.
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Medio petisón y con algo de barriga, no muy agradable el aspecto, pero debo caer bien porque todos me llaman a su mesa, y allá voy con mi carga de anécdotas. Los días de Lito 5.00: Suena el despertador en la casona de los Milito. Me baño y afeito y me voy al bodegón, porque es una bendición del cielo que ya haya clientela obrera, diareros, barrenderos, policías, enfermeras, esperando por un café con leche. Eso indica que hay trabajo y que también otros tienen trabajo. Por suerte Manuel, el panadero, ya está con sus medialunas calientes y los mignones para almuerzo y cena. Me tengo que ocupar solo del café y la leche, aunque a veces alguno pide té. Y ya el Gallego se está colocando la chaqueta blanca. 7.00: Sentado en una mesa de un extremo comienzo a armar el menú del día. Entrada de ensalada rusa y dos fetas de jamón cocido, luego filet de merluza con puré y un flan casero, si alguno lo quiere con acompañamiento, va aparte, igual que la bebida, salvo que se arreglen con el agua. 8.00: Le abro la puerta del costado a Adelia y Julia y ya les dejo el plan de trabajo para el día. Todo ordenadito como cuando era colimba y oficiaba de furriel en el Regimiento de Patricios. 8.30: Ya llegan los proveedores. Los de Cabrales hacen honor a su nombre. Tienen muy buen café pero se enojan cuando les discuto que aumentan cada quince días, no entienden que lo mío es un negocio también, aunque mucho más chico que el de ellos. Los de La Serenísima en cambio son muchachos tranquilos. Parecen enanos al lado de tremendo camionazo. La carne viene de un frigorífico de Mataderos. Con esos no discuto mucho, son morrudos, con cara de enojados, seguro hinchas amargados de derrotas de Nueva Chicago, de pocas pulgas, mejor respetar los precios, igual ya sé que la carne es buena. El pescado me lo surte un tano que recibe directo de Mar del Plata. Le tengo fe. Nadie jamás se intoxicó. La verdura y 110
fruta me la trae el boliviano de la vuelta con su sonrisa permanente. Claro, somos clientes cautivos. 11.30: Llegan los habitués del vermut. Algunos que buscan charla; otros descargar problemas; corredores que despliegan papeles alrededor de un café y un especial de jamón y queso; el que viene a garronear el Clarín con la excusa de una Sprite con limón. Me siento a conversar con cada uno de ellos. Les conozco la vida de pe a pa. A veces creo que me confunden con un psicólogo o se lo quieren ahorrar. Sus esposas o amantes me tienen celos. Hablan más conmigo que con ellas. 12.30: Se larga el almuerzo. Ayudo al Gallego tomando pedidos o entregando en mesa. …Lito, me podés alcanzar aceite de oliva… Lito, agregáme un tomate… Lito, decíle al Gallego que no se duerma que después el patrón me dice que vuelvo tarde… y… yo me sonrío, les palmeo el hombro, les cuento un chiste, según la tendencia política que tenga le hablo bien o mal de la situación económica… hago de cuenta que los chicos de Europa y Japón han venido este mediodía a “La Acadé”. 14.00: Con Adelia nos vamos a dormir una siestita, estamos a dos cuadras, Julia es de tiro largo, al igual que el Gallego, ambos se quedan limpiando, nos esperan hasta la tarde y luego se van. 16.30: Vuelvo solo. Adelia vendrá luego para preparar la cena. No es barrio de mucha merienda, casi todos laburantes que toman mate en la casa, pero suelen venir algunos pibes de colegio o parejitas, y hay que tener preparada la licuadora para los jugos y las salchichas calientes para los panchos. Son de hacer un poco de ruido, pero hay que respetar, porque en Avellaneda hay muchos bares y no es cuestión de perder la clientela. Por si acaso en la pared tengo fotos viejas del gol de Cárdenas al Celtic y del Kun jovencito, y también una camiseta celeste con la banda roja por si viene alguno de Sarandí. Yo soy amigo de todos. No me gusta el fútbol así que no tengo problemas con nadie. Con decir que una vez mis hijos se pelearon en la cancha y me fui de vergüenza. ¿El nombre del bodegón? 111
Lo puso Adelia, ella sí que es fanática de la Academia y de Francella y de su grito de guerra en la tribuna. 19.00: Es hora de otro vermut. Con Gancia o Cinzano. A esta hora aparecen los empleados de oficina, que se dan una vuelta para juntarse antes de ir para sus casas. Acá cambia un poco el diálogo. Dólar, minas, laburo, el partido del domingo anterior y el siguiente… ya me leí el Clarín detrás del mostrador para asesorarme y puedo entrar a tallar con algún bocadillo. El Lito sabe por diablo pero más sabe por viejo. Y a ellos les gusta que el Lito esté en su mesa. Es como que la experiencia les trae una aceituna o una papa frita de más. 21.00: Llegó la cena. Adelia preparó un tomate relleno de entrada y luego fideos a la bolognesa. Y postre vigilante. Los comensales son casi los mismos, algunos menos porque la vesícula les pide un caldo solo antes de acostarse, y entonces se lo hacen en la casa. Me ayuda Patricia. A ellos les gusta que una jovencita los atienda. Ya no llaman a Lito, ahora hasta los escarbadientes se los piden a Patricia, y ésta se liga algún piropo (uy, que palabra antigua). 23.00: Cerramos la persiana. Me voy con Adelia caminando despacito, cansados. Cada día que termina nos alegra. La vida continúa. En Europa los chicos están durmiendo y en Japón Milita se prepara para almorzar sushi, lo único que no tenemos en el menú.
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FIGURA
14.06. 2020
Dicen que cuando uno se quema con leche, ve una vaca y llora. Lo mismo me pasó cuando vi en la vidriera de un bazar chino una figura en cerámica de una supuesta mezcla de bestia y humano, con algo de caballito de mar furioso o dragón pendenciero. Impactaba. Por supuesto que al lado del aburrido gatito dorado y blanco que mueve continuamente el brazo derecho, cualquier cosa llama la atención. La diferencia con la frase tan remanida del comienzo, es que no me había quemado con leche, sino que había escuchado tres noticieros alarmistas o rondas periodísticas seguidas, donde sí había algo que asustaba y era el futuro. Tampoco yo lloraba, pero justo me tocó tomarme la presión y los números no mienten: tenía valores superiores a los normales en tensión y frecuencia cardíaca. Evidentemente era el resultado perfecto del momento sanitario, social y económico que estamos viviendo. Fundamentalmente la incertidumbre, que es peor que una mala realidad. Dentro de ese marco no demasiado motivante, se me ocurrió escribir. Justamente, escribir sobre mi visión o sensación acerca de esa cerámica maléfica, que en primera instancia era como una invitación a putearla de arriba abajo, aunque al mismo tiempo era un lindo desafío. Me aparecieron en la imaginación todas las ideas negativas que uno se puede imaginar. Pero preferí ser positivo. 113
Un objeto pretendidamente artístico es algo material. Mi sentimiento en cambio, a esa altura del partido, rayaba con la sensibilidad. Combinarlos es difícil, intolerable, frustrante y en última instancia, sin un valor auténtico. Debía haber otra opción. Opté por pensar entonces que se parecía a un caballo de ajedrez. Agresivo sí, porque se comía con facilidad alfiles y torres, pero dentro de un contexto de serenidad, paz, silencio. Si había estadísticas a lo sumo eran las que cada jugador anotaba tras su movimiento. Y no las propalaba al viento con la palabra urgente como bandera y una música rimbombante de fondo. Me quedé más tranquilo. Había que esperar solo hasta que llegara el jaque mate o las tablas, o el reloj anunciara que ya no había más tiempo para el juego. Por veinticuatro horas no había que comparar si teníamos más contagiados y muertos que el día anterior. Justo la chinita se llevó en ese momento la cerámica, por suerte ya había terminado mi interpretación del objeto. Seguro había un comprador con otra mirada distinta. Es que las cosas son como son, ni buenas ni malas, el ser humano las clasifica y califica según su estado de ánimo o elección de alegrarse o deprimirse.
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TODO Y NADA
25.05.2020
TODO Todo era, todo es, todo pudo ser. Pero en algún momento se fue. ¿Adónde? ¿Por qué causa? ¿En qué latitud me está esperando? ¿O se ha muerto definitivamente y no hay forma de que lo vuelva a ver? ¿Usted tiene la respuesta y no me la dice? ¿Todo es todo? ¿O quedó algo y se fue solo una parte? ¿Por qué yo creo que aún puede estar? ¿Qué misterio insondable me hace ser tan optimista? ¿Si usted tiene una aproximación a la verdad, sería capaz de venir y decirme que estoy equivocado? ¿Quedamos así? Y recuerde…todo es todo lo que toco, todo lo que respiro, todo lo que sueño, todo lo que siento, todo lo que amo…no se confunda…cuando me traiga la respuesta a mi todo sepa que tendrá que decirme todo de mi todo, ni un todo más ni un todo menos… NADA Nada es la peor palabra del abecedario de la vida. Nada es simplemente nada. Casi la muerte ¿Te preguntaste alguna vez sobre un nada tuyo? ¿Alguien te dijo que tenías un nada o eras nada? ¿Te sentiste solo en la nada, frágil en la nada, ausente en la nada, enfermo en la nada, hambriento en la nada? ¿Acusaste a un ser querido de que no habías recibido nada de él? Si no ocurrió nada de eso, nada que ver. No sabés lo que es la nada. En la nada, nada te conforma, nada te satisface, nada te hace feliz. Si eso no te ocurre no te hagás nada de problemas. Estás sano, sin nada de enfermedad. Andá a nadar a la nada que nada te hará volver sin haber nadado.
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MONÓLOGO DEL GUSANO ADENTRO DE LA MANZANA 25.05.20
Me preparo como para la guerra. Sé que la manzana es dura, arenosa y resistente. Ya me he puesto el casco, la pechera, cargué la pala lineman, el Máuser al hombro y la ametralladora en la espalda. Atravesando el rojo brillante de la cáscara, me meto en la manzana cuerpo a tierra mientras analizo el camino a tomar para llegar al centro carnoso y jugoso que me interesa. Me arrastro sigilosamente eludiendo las minas defensivas con una cruz azul o las recomendaciones de los defensores ecológicos cipolletianos, gozando de su aroma único e incomparable, ya estoy pensando en el desayuno con apple pie que me comeré de postre… ¡Trampa! ¡Trampa! Se escucha gritar a un jurado de la Exposición de Cuadros en el Museo del Tigre…la condición era naturaleza muerta y allí se mueve algo… El pescador que hacía tiempo para pescar al mediodía en el Río Luján se lleva el gusano. Nunca pensó que a la vuelta de la manzana y un 25 de mayo iba a conseguir tan fácilmente una carnada… La manzana está triste porque quedó virgen y sin novio para el feriado patrio… A pocos metros, una reproducción de la Gioconda se siente mal por el incumplimiento del reglamento y deja de seguir con la mirada a los visitantes, justo por lo que vienen el noventa por ciento de los asistentes… Mientras, el director del Museo se pega la cabeza contra la pared mientras exclama… justo se abrió algo la cuarentena y este gusano terminó siendo peor que el virus… para qué habré comprado tanto alcohol en gel… 116
MANTENER FUERA DEL ALCANCE DE LOS NIÑOS 25.04.2020
Jorgito había traído malas notas al fin del primer trimestre del tercer grado. La madre le pidió al padre que le diera una lección ejemplar. A éste se le ocurrió algo. Esconder lejos del alcance de Jorgito todos los juguetes hasta que mejorara las notas en el segundo trimestre. Pelota, revistas, ladrillos para armar, todo, fue a parar a un lugar desconocido para Jorgito. Pasaron los días. El niño se dedicaba al estudio apenas llegaba del colegio. Una tarde escuchó discusiones en la cocina. Se acercó sigilosamente. Mamá le decía a papá que los WhatsApp no entraban como antes en el celular que él le había regalado a ella. Papá se quejaba de que no podía trasladar una foto al archivo de la computadora desde el celular que ella le había regalado a él. Jorgito entendió que era el momento oportuno. Entró a la cocina sonriente y triunfante y les hizo una propuesta. Si le devolvían sus juguetes les arreglaba en cinco minutos ambos celulares. Los padres se miraron entre sí, les pareció una negociación correcta. Mientras Jorgito arreglaba los celulares el padre fue a buscar los regalos, mientras la madre preparaba una chocolatada con vainillas, merienda preferida de Jorgito. Moraleja o Jorgileja. Negociar no siempre es vender algo a otro o convencer de algo a otro. Es simplemente darse cuenta que en determinado terreno nos movemos con mucho más conocimiento que el otro. Y casi seguro que ganamos. Jorgito sabe…. 117
BOSTEZO
23.03.2020
Dicen que aparece cuando a uno lo empieza a vencer el sueño. Son mentiras, hay otras cuantas causales. Les detallo un montón de circunstancias donde también se presenta. En las películas aburridas, que uno eligió al azar y se creyó el comentario de la cartelera. En las explicaciones incomprensibles y nunca acertadas de los economistas. En la mesa de café adonde invitó a una chica a tomar un capuccino y ella le empieza contar de sus profesores de la secundaria. En la lectura de un abogado del escrito que presentará por uno para un simple resarcimiento de deuda y parece que el reclamante haya solicitado un resumen del tratado de Tordesillas. Escuchando de una señora que se las sabe todas, el chisme de una vecina sobre el señor de la otra cuadra a quien uno no ha visto en su vida y tampoco le interesa si se acuesta con la rubia de la esquina a la cual uno tampoco conoce. En la cola del cajero del supermercado los sábados a la tarde cuando tiene 27 carritos esperando delante suyo.
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Cuando el vendedor de automóviles le relata las mil y una maravillas del modelo que intenta venderle…y uno no sabe nada de mecánica. En la mitad del discurso presidencial de la apertura de sesiones del Congreso. En la mitad de la tetralogía de Wagner, con todo el respeto por el autor. En la página 48 del libro El pasado, de Alan Pauls. O en la página 53 del libro La chica del tren, de Paula Hawkins, que todas las librerías recomiendan desde hace dos años y ninguno de los que lo leyeron se anima a decir que no entendió nada. Ahhh, me olvidaba decir… estoy hablando del bostezo.
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AQUELLOS AVIONES QUE ESCRIBÍAN EN EL CIELO 24.11.2021
Uno de los entretenimientos favoritos de la niñez era la remontada de barriletes construidos por nosotros mismos. Íbamos con mi primo Carli al Parque de la Cervecería Quilmes, un amplio campo verde donde todos jugaban a todo. Y allí subían hasta lo más alto los cometas. Tratando de alcanzar el cielo. En los días de cúpula celeste y pocas nubes, más allá de nuestros barriletes, mucho más lejos, bien arriba, se veían unos pequeños avioncitos que revoloteaban en círculos, mientras dibujaban frases de humo blanco, ya sea de publicidad como de conmemoración de algún día especial. Estábamos acostumbrados a ellos, sabíamos de su cometido, pero sin embargo siempre representaban un misterio. Es que para aquella época jamás habíamos subido a un avión, no conocíamos la sensación del espacio más allá de una visita con nuestro abuelo a la cúpula de la Torre de los Ingleses de Retiro o al mirador del Edificio Kavanagh de la calle Corrientes, dónde la gente siempre bajaba con una mentira a cuestas…”es la locura…sabés que pude ver la ciudad de Colonia”. Ahora, ya lejos, muy lejos, de aquella maravillosa niñez, trato de imaginar lo que pensaban nuestras cabecitas sobre aquellos movimientos aeronáuticos a tanta distancia de tierra firme. 120
Seguro que nos imaginaríamos que un día, así como escribían frases, alguna vez recorrerían el mundo de punta a punta, por supuesto con mayor tamaño y velocidad, pero volando, un misterio aún en aquella época. Todavía no estábamos enamorados de alguna chica, por lo que seguro no pasaría por la mente que algunos llegarían a la Luna romántica o a otros planetas. De haberlo sabido (todavía no habíamos leído a Julio Verne) hubiéramos inventado las mil y una aventuras. La imaginación virginal hubiera superado al corto hilo del barrilete y nos habría metido a desenmascarar el misterio del espacio cósmico. Hoy el humo blanco del avioncito es la nebulosa gris de la nostalgia.
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EL PALACIO DE LOS MENDIGOS 21.11.2021
Defensa al 1100. Barrio de San Telmo. Supo ser la casa de la familia Ezeiza. Está desde 1880. Estilo italiano, organizada sobre la base de tres patios, fue inquilinato durante muchos años. Conserva columnas de hierro, baldosas originales, pisos de pinotea y un aljibe de mármol. Desde 1981 fue una galería comercial, que entre la pandemia y la malaria económica ha ido quedando vacía. Es un verdadero palacio, fue el comentario de un grupo de una veintena de mendigos de la zona, mientras observaban la propiedad. Gente humilde que se vino a la capital desde el interior del país o extranjeros de países limítrofes, con el sueño de trabajo y casita propia, aunque sea en una villa. Pero no alcanzó la ilusión a cobijar a todos. Y ahora duermen en el zaguán de una casa chorizo o en el banco del parque o a la entrada de un cajero automático. Por eso le han echado el ojo a la casa de los Ezeiza. Ahora están reunidos un domingo, en la Plaza Dorrego, entre los puestos de compraventa de objetos varios, ropa vintage, revistas viejas, máquinas de escribir en desuso y los turistas o paseantes que observan todo distraídamente. La voz cantante comenta… ¿Y si un lunes cualquiera, día de poco movimiento barrial, vamos de a uno, disimuladamente, cada cual con su pequeño bolsito, entramos a la casona y nos hacemos un lugar en cada una de las tantas habitaciones? La miseria jamás pone peros cuando la necesidad acucia. Todos asienten. Nadie piensa en la palabra okupas ni en casa tomada. 122
Hoy ya es una realidad. La casa de los Ezeiza es el palacio de los mendigos. Aunque a los que les va bien les parezca una barbaridad, visto desde afuera y con la cama caliente y el techo que cubre el invierno y el verano. Fenómenos de la pobreza, calificaría un filósofo de pacotilla. Falta de previsión social, rumiaría un sociólogo sin cátedra. A Juan Mendieta, uno de los mendigos, todo le entra por un oído y le sale por el otro. Él se siente allí como un cortesano de Luis XIV, paseando en ojotas y con un mate en la mano por el Palacio de Versailles.
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RIÑA DE GALLOS
12.11.2021
El morocho Cipriano y el colorado Romualdo. Hermanos de campo adentro, criados, casi se diría, en el mismo corral. En el rancho, los mismos abuelos, la misma madre, el mismo aparcero. En los amaneceres fríos, la vaca Aurora les daba similar leche tibia, sentados en sendos banquitos al lado de la teta. Iguales alazanes a manchas marrones y blancas, galopando entre las cuchillas entrerrianas. Idénticos juegos, atardeceres, carreras de sortija, manzanas mordidas debajo del ombú donde compartían las siestas del verano. Así fueron llegando hasta los diecisiete años, cuando las hormonas tienen el mayor movimiento y acosan la mente y los testículos. Quiso el destino que se enamoraran ambos de Rudecinda, la chinita más linda del monte. La niña no era una hamaca, no podía compartirse al mismo tiempo. Y… como dicen que hay cosas que tiran más que una yunta de bueyes… algo había que hacer… ¿La jugarían a la taba, al truco bravo o a puñetazos?... o quizás seguirían al poeta chileno Juan Garrido…
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Con las plumas relucientes y tirando picotazos quieren hacerse pedazos, pues traen ganas de pelear... ...y en el choque cae el giro sobre el suelo, ensangrentado. ¡Ha ganado el colorado que se pone ya a cantar! ¡Ay, fiesta bonita!... Parece mentira. Quienes se querían en aquel corral que era su casa, ahora se destrozan ante la peonada que grita hasta que uno muera. Como una riña de gallos. La Rudecinda toma de la mano al Romualdo, mientras entierran al Cipriano. Ninguno de los tres se merecía esta historia de amor y tragedia. La vaca Aurora muge entristecida. En el rancho se apagan los quinqués.
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EL PRIMER RELATO QUE ESCRIBÍ, UN HOMENAJE AL NEGRO EL PIBE DE AL LADO
09.11.2009
Madrugada insomne de noviembre 2009. Estoy mirando el cielorraso, recordando. Buenos Aires, verano del 48. Caballito. Juan Bautista Alberdi casi Centenera. Dos casas pegadas. Una de alto, 906, la de mis abuelos, donde yo vivía, la de cuatro balcones que rodeaban toda la esquina, señorial y barroca, con puerta cancel de hierro forjado, larga escalera de mármol, techo corredizo en el patio interior, terraza inmensa, con bar y almacén de catalanes en planta baja, la envidia del barrio aunque fuera alquilada. La otra, 908, de las familias Domínguez y Pane, también alquilada, tipo chorizo, con verjas al frente, pequeño jardín con olor a ruda, patio al fondo con parra y muchas habitaciones, incluso junto a la escalera camino a la terraza. Un mañana de febrero mi abuela me dejó bajar a la vereda. Digo mi abuela porque mi madre no estaba porque trabajaba y la nona era la que me cuidaba y absorbía. Al menos hasta ese día. Un día no común. Ya no estaba mirando la vereda desde el balcón, mientras tiraba esos avioncitos que no eran otra cosa que frutos del árbol que llegaban hasta el primer piso. Ahora estaba en la vereda, en ese instante el primer objetivo de mi vida. Tenía cinco años y cinco meses. Sentado en el umbral blanco que yo debía limpiar todos los días, esperé que apareciera el pibe de al lado, ese que pateaba contra la pared una pelota de trapo y cada tanto miraba hacia arriba como diciendo…¿qué esperás para venir a jugar conmigo? 126
Sabía que a partir de ese momento me hubiera gustado que sólo tuviera que volver a casa para comer, bañarme y dormir. Quería la calle, la quería con toda el alma, aunque también quisiera los cuentos de mi abuelo. Pero intuía, si a tan corta edad se puede intuir, que mi vida estaba del lado de afuera de la casa, o sea junto a los personajes o lugares que hasta esa mañana solo veía desde el para mí encierro del balcón. Cercano al cartero, al policía de la garita de la esquina, al lechero de jarrita a domicilio, al canillita con su puesto de diarios y revistas, al afilador de cuchillos, al vendedor de sillones de mimbre y plumeros, a los maníes y papas fritas que dejaban los que se iban de las mesas del bar Fénix de enfrente, y por encima de todo, junto al chico de la casa vecina, que tenía la libertad de jugar con los cochecitos en el cordón y al que siempre espiaba desde mi terraza alta a su terraza baja. Al fin apareció el pibe de al lado. No sé cómo empezó la relación pero seguro que la pelota de trapo se me vino encima, tirada a propósito, y tuve que atajarla. A los cinco minutos ya habíamos marcado los arcos entre pared y árbol y jugábamos a doce. Me ganó, no importa. Se llamaba Jorge pero le decían Negro. Yo le dije que era Luisito. Así empezó aquello. El primer vecino que traté y el primer amigo que tuve. Desde ese día – y con el transcurrir de los años – conocí tantas cosas en la casa del Negro, ni mejores ni peores que en casa, pero diferentes y encandilantes. La colección del Rayo Rojo de Colt Miller y El Gráfico de Borocotó padre. Las milanesas de su madre Victoria, que las hacía con ajo, pimienta y perejil e inundaban de aroma a frito la cocina. La filosofía de su padre Daniel, gallego que cortaba zapatos para el Dr. Scholl y que me hizo conocer el ajedrez, las atrocidades de la guerra civil española, las zarzuelas de Radio El Pueblo, el Glostora Tango Club, los programas de la BBC de Londres, el boxeo de madrugada de Bob Canel desde el 127
Madison y los relatos de fútbol de Fioravanti, en fin, casi como tener al lado al papá que yo no pude disfrutar. Los sentimientos de su tío Pin, el rengo, enfermo desde chico, que se aferró al bandoneón y al tango y que por formar parte de una renombrada orquesta típica nos hizo encariñar con los mejores temas e intérpretes de la música ciudadana. Los domingos con su tío Alberto, que tenía platea en el Gasómetro, donde nos llevaba cada vez que San Lorenzo jugaba de local, para ver a Farro, Pontoni y Martino.
Jorge (el Negro), yo, una sobrinita Nora y Nélida, en el Parque Chacabuco, donde muchas tardes fuimos felices.
Su hermana Nélida, tres años mayor que yo, de la que me enamoré de pantalones cortos pero sin decírselo nunca. Su tía Vicenta, enferma pobre de la vesícula pero siempre riendo y queriéndome como si fuera otro sobrino. Resultado, que a través del Negro me metí en una familia cálida sin por eso olvidar ni perder a mi familia. Desde los cinco a los dieciseis años se puede decir que viví en dos casas: 906 y 908. 128
Pero volvamos al Negro amigo, celoso de mis juguetes al punto a veces de romperlos y yo perdonarlo. No íbamos a la misma escuela por la mañana pero éramos compañeros de tardes enteras jugando al básquet en el Club Primera Junta o al fútbol en el empedrado de Hualfin, o preparando la lotería, la escoba de quince o el truco o el baile del sábado a la noche en la casa de Carlitos y Roberto, allá en Cachimayo casi Valle. Los miércoles de cine continuado en el Astro para terminar luego en la pizza de La Cumbre o después Banchero. Los baldazos de agua y los bailes de carnaval disfrazado primero de cowboys, luego de Fantomas y al final de nada, porque “ya era cosa de chicos”. Y porque teníamos los pantalones largos para ir a ver a Varela con Laborde y Lezica. O las fiestas del secundario en Nino de Vicente López, donde el Negro aportaba a las primas para poder ir en pareja, porque aún no había novias. ¿Por qué recuerdo al Negro en ésta madrugada de 2009, recuerdo que no quiero que escape y que me obliga a levantarme y darle a las teclas de la computadora para fijar las imágenes? Aún no lo sé con exactitud. Quizá porque novias, trabajo, estudio y muchas mudanzas nos fueron alejando apenas pasamos los diecisiete. La última vez que lo vi fue a mediados del 67 en un mini reportaje que le hice junto a su esposa en la calle Colombres de Boedo, cuando yo era free lance de Gente y me encargaron una encuesta sobre la juventud y el casamiento. Estaba cambiado, mucho más suelto al hablar, quizá porque era vendedor de refrigeración y los cursos de marketing le habían dado mucha letra. Él normalmente era seco, rudo, pero esa tarde sonreía mucho y no soltaba la mano de su mujer. Pasó un tiempo sin que supiera nada de él, no mucho. El primer día hábil de enero de 1968, lo recuerdo muy bien porque yo venía con la resaca de la fiesta de fin de año, subí al tren en Quilmes y con suerte conseguí asiento. Por eso cuando pasó el diariero voceando el 129
Clarín, se lo compré. Siempre comienzo a leer de atrás para adelante. Por los chistes y por el deporte. Pero antes de llegar a Bernal las ruedas chirriaron, levanté la vista sorprendido y dejé abierto el diario en la antepenúltima página, la de los avisos fúnebres, la que jamás leo, por razones obvias. Cuando volví al diario, medio distraído, posé la vista donde nunca la poso y allí lo vi. Jorge Daniel Domínguez-QEPD-31 de diciembre de 1967. Rogué que no fuera él, porque Domínguez podían haber muchos. Pero estaban Daniel, Victoria y Nélida despidiéndolo. No había duda en el aviso ni aire en mi respiración. Llegué a Constitución y pensé faltar al trabajo en el centro y correr al 908 de Alberdi para abrazar a Victoria y Daniel. No tuve coraje para ver llorar a unos padres que han perdido a un hijo muy joven. Fui una semana después. El Negro sufría de una enfermedad que lo deshidrataba mucho cuando la temperatura era alta. Y ese fin de año hicieron más de 40 grados. Entró en coma y no pudieron salvarlo. Tenía 25 años. Ahora sé porque lo recuerdo al Negro. Porque no pude despedirlo y omití siempre homenajearlo haciéndome la ilusión que aún vivía. Porque el Negro y su familia no fueron unos simples vecinos, eran mucho más que eso, eran todo un sentimiento, parte de la fotografía de mi niñez y adolescencia. Una fotografía eterna, tanto que aún hoy están tal cual los edificios del 906 y 908. Igualitos sus balcones y la ruda, como en el verano del 48. Pero sobre todo porque él fue mi primer amigo y porque éste es mi primer relato y ya tengo a quien dedicarlo. Por supuesto al Negro, a quien nunca he olvidado.
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MIS LIBROS SON ESPEJOS
06.12.2021
“Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él. Los libros son espejos: sólo se ve en ellos lo que uno ya lleva dentro” (Palabras del escritor español Carlos Ruiz Zafón)
Como dice Zafón, cada libro tiene alma y el que escribió también. Por eso hoy mi alma quiere celebrar junto a los siete libros anteriores. En función de ello, no quiero dejar pasar la oportunidad de publicar en este octavo libro un trabajo al menos de cada uno de los siete anteriores. Es un pequeño homenaje a las creaciones, base real o ficción, que me acompañaron en estos últimos once años. Y una forma de sentirlos aún cercanos a todos.
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Libro “AL FIN LO ENCONTRÉ” - 2010 “Antiguo compañero”
10.08.2009
Lo sentí venir, entraba de costado. Sólo vi canas largas, bien no lo percibía. Alguien dijo… un compañero nuevo. Giró hacia mí, me miró de frente, dijo Raúl Weihmüller y extendió la mano. Lo ubiqué enseguida, venía del pasado. Adolescencia de cadetes del secundario. Liceo Militar General San Martín, medio pupilo. De lunes a viernes y la salida el sábado. No me conoció. Yo había pensado que era parte de su historia. Lo tenía en mi álbum viejo, en mi foto ajada, en el estudio corto y en las risas largas, en los exámenes buenos y en las imaginarias malas. Pensé un momento… debemos respetar, las vidas plenas y las memorias gastadas, que van dejando, sin querer, en el camino, los compañeros de antes, las anécdotas de lejos, los momentos de antaño. En fin…fueron más de cincuenta años. Y entonces le dije, yo soy Luis Siburu. Dormíamos en la misma cuadra, en camas dobles aledañas. Te acordás de Osvaldo Saltari, de Papalardo, del gallego Rodríguez, de Constantino Ferro, del loco Padra, el narigón Serventi y el gordo Urigüen. Algunos vivos, otros ya finados, era un grupo de fierro que en las noches de septiembre, antes 132
que toque Silencio, en el fondo oscuro de la pileta azul, sin agua, intercambiábamos sueños, movíamos el mundo, planeábamos futuro, elegíamos y descartábamos profesiones, confiábamos noviazgos reales o idealizados, Nos hacíamos grandes, sin aún habernos afeitado. Qué sorpresa Raúl ¡¡¡ Qué bueno que es esto ¡¡¡ Te busqué muchas veces… mas nunca pude ubicarte. Hoy, imprevistamente, en la agenda del destino, un lunes a la tarde y en un taller literario, se nos quedó atrás medio siglo y una poesía adelante.
Libro “BI” - 2012 “Es más que lo prometido”
06.04.2011
Lo observé de cerca. Sentí su aroma y escuché el mensaje. Me lavé con el rocío, que parecía acompañarlo. Temblé, ante el silencio exterior de sus caparazones. Guardé en mi oído la música, que de adentro venía. Se me hizo murmullo, el oleaje de la marea atropellada. Alcancé a notar el cielo, flotando allá en la distancia. Las caracolas entre la arena y el mar azulado. Había mil colores en cada pincelada. Admiré la mano de quien aquello pintaba. Ví el crecimiento y la búsqueda de la perfección, en cada sombra agregada. Imaginé la alegría, 133
de quien alcanza a plasmar, una realidad imaginada. Me dejé caer en el sillón. Desde allí, pude ver todo y mejor. El atril, las pinturas, el modelo cuadriculado, dos ojos escudriñando. Y te dije. Es más que lo prometido. Te había pedido un motivo para la tapa de un futuro libro, que significara el número dos. Pero acá hay mucho más. Es tu amor hecho un cuadro, una pintura de tu cariño o ambas cosas a la vez. Sin marco, desnudo, no pidiendo nada a cambio
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Libro “PUENTE MILAGRO” - 2013
“Juguetes”
26.09.2013
hay hombres/sí/muchos hombres/ y mujeres/también mujeres/ que alguna vez en sus vidas/ no jugaron con juguetes/ mejor dicho/jugar jugaron/ pero/ equivocaron el juego/ y en lugar de usar juguetes/ personas utilizaron quizás duerman ahora en la cárcel/ convento/ en un loquero/ o atados/ a la soledad de su ego/ y hasta es posible que alguno/ con suerte/todavía ande suelto/ condenados para siempre/ por dañar a su mujer/ o acaso a su hombre/ hijos/padres/ y no miento/ si digo que hasta a su perro/ seguro no tuvieron claro/ cuando comenzaron el juego/ que el juguete/es aquél de madera/ plástico/metal/ o fabricación casera/ y no los que tienen piel/ ojos/ alma/sangre/cariño en su intención/ corazón en su maleta/ 135
confundieron/sí/lo confundieron todo/ no maduraron/quedaron infantes y aunque quisieran/ ya no juegan/ porque perdieron un amor/ se les rompió la familia/ algún amigo quedó desarmado/ la mascota no gira como un trompo/ y el último juguete los niega/ diciendo que ya no tiene cuerda/
Libro “HORA PARA LEER” - 2015 “Visiones del recuerdo”
25.07.2014
…Hacía mucho calor y yo estaba espantando los recuerdos que intentaban subirse a la cama. En general bastaba con un gesto de la mano y decirles: “Fuera, recuerdo, fuera”, pero algunos volvían y volvían.. de “Cerrado por melancolía”, Isidoro Blaisten (1933-2004), poeta argentino nacido en Concordia, Entre Ríos
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Si lo miro de frente y agudizo la memoria Quizás encuentre un nombre, un lugar, una fecha Si lo observo desde atrás y reviso mi diario Quizás encuentre un amigo, un amor, una anécdota Si lo enfoco del lado del corazón y me meto en el mío Quizás encuentre una carcajada, un dolor, un suspiro Si con el ojo derecho voy hurgando en mi alma Quizás encuentre sed, apetito, frustración o esperanza Si el suelo es de cristal y lo visualizo desde abajo Quizás encuentre soberbia, comprensión o criterio Si me cuelgo de una nube y puedo verlo desde arriba Quizás encuentre solidaridad, venganza o afecto Estas son las seis variaciones de acceder a un recuerdo y también las seis alternativas de no hallarlo igual al /original Porque la vida no siempre es una clase lineal de /geometría y la edad nos ha llevado de a poco del ángulo recto al /agudo Por eso el mangrullo desde donde atisbamos el pasado, /puede 137
que esté un poco hundido en el barro, torcido o /enclenque Y entonces el recuerdo parecerá algo idealizado, lejano, en sombras, escondido…casi como deseando no ser /encontrado
Libro “AMARRE DE EMOCIONES” - 2016 “¿Y ahora qué hago?”
06.06.2016
Saqué el periscopio por el agujerito del ombligo para hacer la inicial observación de mi vida. Vi las piernas abiertas de mi madre, unas manos enguantadas esperando y haciendo cuchara. Noto que me deslizo por un túnel gelatinoso y salgo al aire fresco, percibo que una mujer enmarcada, con el dedo en los labios, me pide silencio. Fue la primera sensación de represión, sin saber que luego vendrían muchas más. Pero lo importante es que estaba sanito. Allí fue cuando me pregunté… ¿y ahora qué hago? Entrega de prueba de Geografía de quinto grado. Al dorso aparece una papa grandota. Y un comentario que me pareció agresivo. “Luisito… Santa Rosa no queda en La Rioja, Punta Arenas es chilena y el Océano Atlántico no baña el muelle del Club de Pescadores de la Costanera”. El alcanfor que me colgaba mi abuela todos los días del cuello no alcanzó a disminuir mi ira. Primero tiré una tiza contra el pizarrón y luego el borrador contra una ventana, justo cuando entraba el Director. ¿Allí fue cuando me pregunté…y ahora qué hago? Debut universitario. Instituciones del Derecho Administrativo. Conocía de pe a pa la Constitución Nacional, los hitos del siglo 19, los aciertos y 138
barrabasadas de Urquiza, Rosas, Sarmiento, Roca y tantas otras estampillas conmemorativas. Me senté allá arriba, en ese estrado que se parecía a un cadalso, y saqué una bolilla. El Dr. Florentino Sanguinetti se había montado sus anteojos en el extremo de la nariz, no miró el número extraído y solo expresó: “…día, mes y año de la creación de la Universidad Nacional…”. Allí fue cuando me pregunté… ¿y ahora qué hago? Primer día de trabajo de cadete. Traje nuevo gris oscuro, camisa celeste y corbata azul con pintitas celestes. Me pidieron llevara un sobre a una oficina de la Galería Florida. La magia, los edificios, la gente del centro, me ponían la piel de gallina. Pasé junto a un cine donde daban películas prohibidas. De allí surgió un chistido y detrás de él unos labios exageradamente rojos, unas tetas exageradamente grandes, una pollera exageradamente corta, unas medias negras exageradamente caladas y una voz exageradamente gutural que me hizo cosquillas en el cuello con un… “…hoy puede ser tu gran día…”. Allí fue cuando me pregunté… ¿y ahora qué hago? Pude observarlo apenas una hora después de haber nacido, detrás de la vidriada nursery del Sanatorio Guemes. Rostro oscuro, medio amoratado por el fórceps, casi todo de celeste, mirando sin ver todavía. Y me pareció irreal que fuera mío, que mi mujer hubiera traído al mundo ese muñeco, que ahora sí podía jugar al metegol con mi hijo, comprarle la camiseta de River y llevarlo al Monumental un domingo de sol y triunfo. En medio de ese delirio futbolero de padre estúpido, la enfermera me avisa que ahora me lo trae y ya lo tengo en mis brazos y ya comienza a llorar como un marrano y ya se está meando y cagando como cualquier chico. Allí fue cuando me pregunté… ¿y ahora qué hago? Las nietas han venido de vacaciones desde Cincinnati. Los padres han salido. Las acomodamos en la pieza de arriba. Están acostumbradas cada una en su habitación pero acá no es posible. El paseo por Palermo las cansó bastante. La noche transcurre normalmente. De 139
repente la voz de la más chica llega quejosa: “Tengo miedo, tengo miedo”. “No pasa nada”, le contesto: “Dormí que acá cerca estamos nosotros”. Pero he menospreciado la viveza extrema de los niños. Enseguida se escucha un quejido dramático… “Abuelito, abuelito… lleváme a tu cama…”. Se me cayeron los pantalones del pijama. Allí fue cuando me pregunté… ¿y ahora qué hago? La parada del colectivo tiene una visitante extraña. Toda vestida de negro, rostro esquelético y algo así como una hoz en la mano. Debe ser el nuevo uniforme de los municipales de Posse que levantan residuos, pensé. Craso error. Fue un mareo repentino y un caerse despacio. Desde abajo del 707, con el cuerpo en Edison y el alma allá arriba, me acordé del apodo de La Parca que me habían puesto en la fábrica porque la oficina de Recursos Humanos era la última estación del despedido. Me tenía que haber dado cuenta de la semejanza. Allí fue cuando me pregunté… ¿y ahora qué hago?
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Libro “ARRUGAS QUE RELATAN” - 2018 “Confesiones de un mimo”
10.04.2017
Hace tiempo/ yo era un niño/ practicaba raras morisquetas de pie/ desgarbado/ frente al espejo vertical de nuestra casa y que en tardes de lluvia/ o calor/ así en calzones y chancletas hacía reír al abuelo/ al loro/ a la abuela/ y también a la muchacha Años más tarde/ yo ya joven/ vino un día un padrino pelado de esos que viven enfermos/ de optimismo y de confianza que se propuso llevarme a un lugar/ el transitado túnel del subterráneo y me paró/ de golpe/ frente a personas apoyadas en cerámicas decoradas Puso una alfombra persa en el piso/ me vistió de negro/ trajo maquillaje color amarillo gris blanco rojo azul/ y hasta el verde esperanza no faltó el bastón/ pucho apagado/ el funyi/ la batuta/ el moño plateado hasta una lámpara de pie/ que parecía un débil reflector en llanta 141
Y me azuzó imperativo/ cara de piedra/ motivador/ exultante/ buena onda vos soltáte/ hacé lo de siempre/ lo tuyo/ provocá risas o lágrimas no te importe si en la lata/ los demás ponen caramelos media hora en lugar de monedas/ billetes marrones/ o simplemente un gracias Desde allí comencé a leer sobre el ser humano/ me mezclé con la gente aprendí que el rostro es la foto del interior/ que el cuerpo se mueve por el engranaje de los pensamientos/ que la fuerza estaba en la mente podía decir sin palabras/solo con gestos/ser como otros y que imitar duele En una tarde de esas tardes de milagros/ que nunca le faltan a uno pasó un señor bien trajeado/ fumador de boquilla/ aspecto de tipo vivo se quedó parado detrás de todos/ callado/ tras redondas volutas de humo y aunque no aplaudió/ antes de irse/ se agachó/ dejó tarjeta de ejecutivo Y hoy estoy en el escenario/ bajo un cono de luz/ soy estrella almidonada 142
actuando lo que sé/ lo que me gusta/ y hago feliz a una platea que encanto ellos me llaman mimo/ y me miman sí/ mimándome con la mirada desde butacas en penumbras/ que se iluminan con carcajadas o llanto
Libro “EN ESA ESQUINA” - 2020 “Un puñado de migas”
10.02.2018
Yo era un pibe de dieciocho años en un sábado cualquiera, cuando transcurría septiembre de 1993. Estaba lluvioso, no había un programa firme y la verdad tenía ganas de tirarme en el sillón. Pasé por el video de la Diagonal Salta en Martínez y a las dos atentas señoras que atendían les pedí que me eligieran algo para disfrutar y entretenerme. Me llevé la cajita roja y blanca con el logotipo del negocio. 143
Crucé la Plaza 9 de Julio y en la Panadería El Sol pedí una larga baguette rústica, para que me durara las casi dos horas de película, siempre y cuando yo manejara bien la ansiedad de devorarla. No es exagerado, las hacen buenísimas. Los viejos se habían ido de paseo al campo por lo que nadie me interrumpiría. El sillón de cuero del living me recibió afectuoso y la pantalla se iluminó al recibir la cinta con fantasía, mientras yo leía distraído el resumen en la contratapa. Un ex presidiario que se decanta por la profesión de cocinero al cumplir una condena de dieciocho meses por falsificación de cheques. Ya en libertad, es contratado por el propietario de un bar, donde trabaja una camarera reticente que guardará las distancias, debido a una relación traumática que le influye haciéndole desconfiar de los hombres. Todo clarito. El actor, simpático y majestuoso. Pero cuando apareció ella todo se transformó en mí. Hermosa, lejana, distante, casi transparente. Esos ojos color zafiro, enmarcados por un cabello matizado de rubio y castaño que caí distraído, me volvieron loco. Mirada mezcla de penetrante e ingenua. Esta mina sabía compartir con un alma solitaria como la mía, su belleza inexpugnable. Era imposible no amarla, su sexualidad arrolladora la convertía en un objeto de deseo. Para colmo la escena de la florería, con ese beso que va llegando de a poco. Con una enorme flor blanca en el medio se van rozando las narices continuando con los labios y luego todo estalla. Y ese chemisse floreado, simple pero insinuante, que dibuja las formas de su cuerpo y que yo mordisqueo en la baguette. Y después mamita, se van para la casa, qué cosa de locos, y ya están en la cama, ella ya tiene las piernas abiertas y levantadas…y yo comparto el momento con avidez y excitación pero… el boludo del cocinero se ha olvidado el preservativo, para tristeza de la rubia, quien se baja con frustración el chemisse y se le enturbian los 144
ojos color zafiro… y para mí, como espectador participante, que ya estaba en trance y se me estaba por acabar la baguette. Después siguió el fuerte gancho de la historia. El romance con idas y vueltas, con esa magia de dos grandes artistas que convierten a personajes simples en muñecos de hombre y mujer con aura, que se sientan al lado tuyo durante toda la película, transmitiéndote sus tristezas y alegrías. Hasta que llegó el The End. Michelle Pfeiffer (aún hoy te extraño) y Al Pacino (aún hoy te admiro), me dijeron adiós. Sólo quedó un puñado de migas blancas sobre la parte superior de mi pullover azul. El domingo devolví rápido a Frankie y Johnny, antes que me cobraran la mora.
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Índice
4 * 6 * 7 * 9 * 11 * 14 * 16 * 18 * 20 * 21 * 24 * 26 * 29 * 32 * 34 * 36 * 39 * 41 * 43 * 45 * 47 * 49 * 51 * 52 * 53 * 55 * 57 * 59 * 61 * 64 * 67 *
Dedicatoria Aquella mascarita Altillo Anillo Risa contagiosa La pieza faltante del rompecabezas Que sepa abrir la puerta El mate Quién me quita lo bailado A caballo regalado no se le miran los dientes Antifaces, abanicos y barbijos Estampa de invierno Pulpo de goma Un día florido Huéspedes inesperados Decálogo de la serenidad Cada vez que pienso... más rabia me da Un sueño (onírico, no despierto) Rascando el fondo de olla, encontré... El suero de la abundancia Fantasías Desafío Incierto futuro Avatares Cuando el agujero negro se coma a la tierra... Se alquila nido de hornero Empezar de nuevo Viaje a San Isidro en pandemia Hora de la siesta Fraude electrónico El barco que jamás salió del puerto
70 * 72 * 73 * 76 * 78 * 80 * 81 * 82 * 85 * 86 * 88 * 90 * 92 * 93 * 95 * 96 * 97 * 99 * 100* 101* 103* 105* 106* 107* 109* 113* 115* 116* 117* 118* 120* 122* 124* 126* 131*
De la nada hice un imperio, el de las ilusiones... Caminantes Eternos fantasmas La palabra mejor El árbol caído Palabras robadas ¿Qué será de mi amigo? ¿Cuál era el timbre? Cultivar la Paz Cansancio extremo Nunca abras... La criatura y la caricatura El corazón en la corteza del árbol Ángel de la guarda... guarda con el ángel Soneto de cuarentena Mirando una foto Mensaje a Quino El broche muerde la soga de la ropa Nena con plato Cara o ceca El primer animal doméstico de Adán... Cerdo, credo, cedro Haikus El hilo Un día en la vida del viejo Lito Figura Todo y nada Monólogo del gusano adentro de la manzana Mantener fuera del alcance de los niños Bostezo Aquellos aviones que escribían en el cielo El palacio de los mendigos Riña de gallos El primer relato que escribí, un homenaje al Negro Mis libros son espejos
Luis Tulio Siburu nació en Villa del Parque, Buenos Aires, un 2 de septiembre de 1942. Observador y escritor de la realidad, se ha nutrido de las vivencias que le han dejado la mudanza por nueve barrios porteños y suburbanos y una profesión que lo mantuvo siempre en contacto con las personas. Licenciado en Administración de Empresas, trabajó durante 44 años en Recursos Humanos de tres importantes compañías, estando paralelamente a cargo de la dirección de los house organ “Esso Noticias” y “Sendero Hughes Tool”. Publicó siete libros de poesías y relatos: “Al fin lo encontré” (2010) y “BI” (2012), en ediciones La Carta de Oliver; y luego en Ediciones Literarte, “Puente milagro” (2013), “Hora para leer” (2015), “Amarre de emociones” (2016), “Arrugas que relatan” (2018) y “En esa esquina” (2020). Publica mensualmente en Literarte Digital y desde 2011 ha participado anualmente de la Antología Huellas a la Mar. Edita las revistas digitales “La Piña”, “La Piñita” y “Píndaro”, del Taller Literario “La Araucaria”, del cual forma parte desde 2009, y que es coordinado por el escritor Santiago Espel.