Huellas a la mar 9 Antología Internacional de Revista Literarte en su 20° Aniversario Federico Skliar
Huellas a la mar 9 Antología Internacional de Revista Literarte en su 20° Aniversario Noviembre 2001/2021
Ediciones Literarte edicionesliterarte@gmail.com 54 9 11 5773 3860 ©Huellas a la mar 9 revistadigitalliterarte@gmail.com Reservados todos los derechos
Arte de portada: Josefina Fidalgo Título: Huellas a la mar Técnica: Óleo sobre tela Medidas:40cm x 30 cm
Diseño y diagramación: Graciela Diana Pucci Fontana 1° Edición-Noviembre de 2021 Está prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio o procedimiento, sin el consentimiento explicito del autor.
Prólogo
Finalizando el mes de noviembre del 2001, cuando en Argentina transitábamos un complicado momento económico y social, nacía Revista Literarte. La gestación comenzó a mediados de ese año. Por entonces yo asistía a un taller literario y allí se publicaba, anualmente y subvencionada por la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Vicente López, una revista con textos de los talleristas, ésta se repartía sólo entre familiares y amigos. Los poemas y cuentos eran de gran nivel y me inquietaba que no salieran de “esas cuatro paredes”, a ese taller asistían personas muy talentosas que no tenían la posibilidad de ser conocidas por falta de difusión, fue por eso que diseñé el número cero de Revista Literarte y, con ella debajo del brazo, salí a recorrer los distintos talleres literarios que funcionaban en Vicente López. La publicación comenzó en forma cooperativa, a bajo costo, para poder solventar los gastos de imprenta y, ante mi sorpresa, todos los convocados participaron. Para paliar la diferencia entre lo recaudado y lo que costaba la impresión en papel, salí, con ese mismo número cero, a vender publicidad. El resultado fue muy bueno. Con el tema económico para la gráfica, resuelto, comencé a diseñar el primer número de Literarte y el día 29 de noviembre de 2001 se realizó la presentación en el Centro Cultural del Paseo de la Costa, en Vicente López. Con el tiempo y debido a la inestable economía de Argentina, la publicación que aparecía en soporte papel y digital, sólo apareció, y lo sigue haciendo, en soporte digital bajo el dominio www.revistaliterartedigital.blogspot.com 5
Muchos escritores y artistas han participado desde el primer número, otros se han sumado a lo largo de todo este tiempo, algunos ya no están en este plano pero han dejado su impronta impresa entre las páginas de Revista Literarte. Este 29 de noviembre de 2021 cumple 20 años de permanencia y en agradecimiento a los escritores y artistas que han publicado, Literarte les obsequia esta nueva edición de Huellas a la mar. Dado los acontecimientos pandémicos que estamos viviendo y que nuevamente acarrean problemas económicos, esta antología aparecerá en soporte ebook y se difundirá por email y redes sociales. Los invito a recorrer las páginas siguientes, pero antes deseo hacer un especial reconocimiento hacia Josefina Fidalgo, por haber realizado una obra pictórica para ilustrar la portada de esta antología. Gracias a todas/os por el acompañamiento desde el inicio, a los/as que se sumaron durante estos 20 años y a quienes se sumarán en el futuro porque Revista Literarte cumple apenas sus primeros 20 años.
Graciela Pucci Fontana Noviembre de 2021
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Literatura
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Rosani Abou Adal Brasil Velero invisible
El sonido invade la soledad del alma, Corazón sin ropas en naufragio. Barco sin rumbo, sin destino guía mis pensamientos. Marinero solitario en la noche sin estrellas, sin brújula. Mar negro ilumina los caminos, trasciende la metáfora del vacío. Peces duermen en el fondo del océano, solo las olas quiebran el silencio. Palabras mudas despiertan multitudes. Sola en pensamientos, siento el aroma de los espíritus visitantes del velero invisible.
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Mary Acosta Argentina
Sagrada salvación El alma nace en la fecundidad del tiempo bendecida por los brazos eternos del sol, un par de alas nacen en la tierra madre sagrada profeta de Dios. En la penumbra del cielo, hay diluvios de estrellas consagración de vida, Paz en la creación. Hijo de la Tierra, señor de los sentidos eleva tu respiro y comulga salvación, pinta fortaleza con fe entre tus sombras y en tiempos sin formato regala tu perdón. Confiado y suplicante te ruego mensajero riega tu destino aletea Paz a vivo sol, renace en la memoria, perfuma tu universo y ante el altar supremo germina sin control, no renuncies, nunca! sé fiel y hermano, respeta tu misión, nuestra misión.
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Gabriela Alzogaray Argentina La hermana Cuando llegó, encontró la puerta abierta. Él ya esperaba. Apoyó su cálida mano sobre ella, pensó en todos los años que recorría ese camino, en silencio, con naturalidad, con el alma en la mano. Su paso siempre fue seguro y suave, se miró la punta de los zapatos negros de cuero, no recordó cuantos años tenían, las arrugas marcadas en ellos aseguraban que eran muchos. Un anciano paso a su lado, le sonrió con pocos dientes y tristeza, le devolvió una sonrisa vivaz. Se sintió abrumada, pero libre, el encuentro nunca dejaría de ser ilegal… Ella estaba comprometida, había jurado amor eterno, fidelidad. La vida a veces tiene otros planes para uno. Cuando lo conoció sabía que iba a ser un error, no pudo evitarlo. Cuando estaba con él se transportaba, por una hora dejaba de ser la que creían que era. Él era viudo, con dos hijos, profesor de matemáticas, inteligente, sensato, lleno de vida, ella sentía que se disolvía en sus brazos. Sus encuentros fugaces eran solo dos veces al mes, para ella suficiente, para él no. Cuantas veces le había planteado que lo dejara todo, que se fueran juntos, se merecían ese amor. No podía, nunca iba a dejar a ese ser a quien ella había consagrado su vida veinte años atrás. Además cuidaba de dos hermanas mayores, habían sido su guía, nunca las abandonaría. Solo pensaba como los adolescentes rebeldes en vivir el momento. El encuentro fue mágico. Se despidieron con melancolía. El regreso fue apresurado, se había quedado más de lo acordado. Sus zapatos gastados hicieron el recorrido de vuelta solo apenas besando la vereda. Acarició con amor la cabeza del perro callejero que siempre la esperaba en la puerta de su casa. Sentía que el pequeño peludo conocía su secreto. Frente a la gran puerta tallada de historia, la hermana Mabel, se acomodó el velo, respiró profundo y entró con una amplia sonrisa al convento. 10
Miriam Brandan California-Estados Unidos Matar a un sentimiento
¿Cómo hacer para matar a un sentimiento que me ha dejado vacía, con el corazón desierto? Sin tierra para enterrarlo y sin agua para ahogarlo, ni tan siquiera hay un árbol en donde pueda colgarlo para que al soplar con fuerza, tal vez se lo lleve el viento. ¿Cómo hacer para matar a un sentimiento que me ha dejado vacía, con el corazón desierto? No hay precipicios profundos, ni oscuros despeñaderos, no hay afiladas cornisas, ni peligrosos senderos, no hay bosques enmarañados en donde pueda perderlo. ¿Cómo hacer para matar a un sentimiento? Si sus raíces se hunden en el fondo de mi alma no dejándome arrancarlo para arrojarlo muy lejos. Persistente y obstinado, se aferra con fuerza a mi pecho y crece desmesurado… sabiendo que no lo quiero.
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Justina Cabral Mar del Plata-Argentina Bici rosa
A mi bicicleta rosa que me lleva por los aires y descubre cada cosa y no me hace desaires. A mi bicicleta rosa que se lustra los pedales y tropieza con baldosa en vueltas primaverales. A mi bicicleta rosa con canastito amarillo... escondida victoriosa descansa sobre ladrillo.
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Lina Cafarello Buenos Aires-Argentina Marzo adentro
Esta vez se descorren los espejos y entre vigilias de musgo se aventura el azul de las calandrias, el adagio de los vértices, la geometría del pez. Germinan espirales de silencio y en cierta madriguera hay un roce de hebras, aquellas margaritas y algún ritual naranja. Giran y giran las señales, los labradores de Ícaro, el ojo expandido en el arroz. La loca sabe de esos huecos; juega en la alfombra de los dioses. Incendios que horadan la zozobra. Es marzo y es la hora.
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Ezequiel Cámara Mar del Plata-Argentina Los Zorros
Perú, el reino de arriba y el reino de abajo. La desacralización, el quechua, Los Zorros, esa escritura rupturista de Arguedas, el fin, el colapso, el suicidio y la escritura, los múltiples registros, novela reveladora, cosmovisión quechua, hombre escindido en dos culturas, la occidental y la aborigen, serpiente de las profundidades que sube. La gran revolución truncada, binarismo, estalla en la multiplicación de los mundos.
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María Crescencia Capalbo Pergamino-Argentina No me violentes
No me violentes en esa pesadilla recurrente que es caer bajo esos puños que son solo tuyos. No me violentes que en esta vida solo vale el amor y las alegrías y no, no las desdichas bajo tu mal temple. No me violentes con tus cavilaciones y tu sonrisa serena que eso es solo para el afuera y atosigas mi alma entera. No me violentes porque he decidido ser valiente, marcharme de ese infierno para transformar mi presente. Ya no más violencia he aprendido a despojarme de tus falsas promesas, he aprendido a vivir, a vivir feliz, serena sonriente y sin más violencia.
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Javier Claure Suecia La Palliri * La palliri es una mujer solitaria en los desmontes madre, esposa o quizá viuda que emite señales a golpe de cincel el martillo es su rosario las piedras su oración en la última entraña de la puna La palliri de trenzas gruesas y pálida sombra martilla y martilla para encontrar el dorado templa el aire de esperanzas víspera de ilusiones es cada segundo pero en su vieja canasta de mimbre sigue ardiendo el fuego de la Inquisición La palliri dedos callosos y pómulos partidos siembra semillas, jamás cosecha frutos y en sus polvorientos atados la vida tiene otro palpitar cien gramos de estaño en la balanza y toneladas de quebrantos en su estómago La palliri hija del telúrico temblor recolectora de minerales en plena desolación Penélope del altiplano entre cascajos teje y desteje sueños en su mandil y en el dobladillo de su pollera encuentra las cruces de su existir
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La palliri más fuerte que el viento gélido de la pampa más vulnerable que los dolores del alma es un grito abrumador en el campamento minero no fue a la escuela nunca tuvo un sillón para apoyar su adolorido cuerpo ni tampoco vino Dios a su encuentro.
* El apelativo de palliri viene de la palabra quechua “pallar” que significa recolectar. La palliri es generalmente una mujer que escoge, a martillazos, el mineral de las rocas.
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Silvia Susana Consolino Argentina El tejido
¿Qué piensan las mujeres cuando tejen? Le venía a su memoria una nota de una revista “femenina” de hacía muchísimo tiempo, cuando las mujeres aún tejían. El autor había dado una extensa explicación. En aquel momento, veinte años atrás, ella también supo tejer. Muchas compañeras lo hacían. Aparecía la secretaria de la escuela, con un modelo lleno de ochos, punto arroz y trenzas: “- No, me los tejo yo”. Mirá si lo voy a comprar”. Les contestaba a sus compañeras. –En qué momento, con cuatro hijos, secretaria por la mañana y dando clases por la tarde. “- A la noche, mientras espero que lleguen para la cena, miro las noticias y no puedo estar sin hacer nada”-. Esa era la respuesta. Y también tejían bastante las maestras, mujeres que trabajaban mucho. Y ella para no ser menos supo tejerse dos o tres pullovers por año. El entusiasmo se contagia. Todo esto comenzó a recordarlo mientras tejía las primeras vueltas de lo que sería un chalequito para una recién nacida, que aún estaba en la panza de su mamá y seguro ella no conocería jamás. Hablar de bebés, y más cuando necesitan elementos básicos, parece que despierta el instinto maternal aún en mujeres que estuvieron alejadas de la maternidad. Su mente se fue para otro lado, porque ¿qué piensan las mujeres cuando tejen? Cualquier cosa, se pasa de un tema a otro sin darse cuenta. Recordaba la luna. Tal vez porque hace un tiempo se le sacan muchas fotos y se ven espléndidas en el facebook. Su luna había sido toda suya cuando era chica, tal vez adolescente. Era la luna de enero. Salía a la noche por la calle 25, y la veía: un disco gigante, rojo. Claro pensó- en esas épocas no había luz en las calles. Los árboles eran bajos, casi se podía ver la playa desde ahí. Era 18
hermosa su luna…Y hacía mucho no la veía ni la recordaba así. Y vinieron a su mente las imágenes que vio en el último tiempo. Motivada tal vez por todo lo que gira alrededor de ese mágico objeto al que muchos miran y para otros es algo que está ahí pero no le prestan atención. Pasaron las imágenes vertiginosamente por su cabeza, a veces parecía de plata, sólida, fuerte, otras veces de cristal, hubo momentos en que creyó que le transmitían mensajes. Ahora la poesía, esa que abrevó en su vida no hacía tanto tiempo, se le había alejado de las cosas. Por un instante pareció escuchar el ruido del océano, el que le infundía terror cuando era pequeña, y con ese rumor de sus recuerdos otra vez recordó a la luna. Ahora le pareció que se deshacía en un cataclismo de botellas rotas. Dejó el tejido en un costado, se levantó de la silla, y se preguntó cómo podía hacer para alejar recuerdos.
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Carlos Cuccaro Argentina Cómics 1975 Adiós, Jackaroe. Tu capote sombrío se recorta en el atardecer del páramo. Disparos lejanos de caño recortado: flores que caen del cielo de la infancia. La muerte era otra cosa. La muerte era una fiesta. Adiós. Ahora soy un hombre encarcelado en mi lenguaje de viento, un coyote que aúlla perdido en lo innombrable. Adiós, Jackaroe. Nada vuelve cuando ya somos distintos. 20
Teresa Elsa Dominguez Argentina Encuentro inesperado
Te encontré a la vuelta de otra vida. Ibas caminando apurado y yo a contramano de la corriente. Vos como un loco que sabías interpretar las cosas. Esas cosas que, a los ojos de otros, más cuerdos, no sabían ver. Y ahora te veo entre la muchedumbre. A pesar del anonimato te supe ver. Como cuando te conocí. Aquella vez hace tanto tiempo, me viste y me dijiste que yo era tu destino. Te dije que eras un trastornado. Te rogué que te fueras. Me seguiste varias cuadras, me harté y tomé un taxi. Bajé y entré sin mirar atrás. Lo que no me imaginé que estarías allí en la puerta esperándome al salir. No supe si reír o llorar. Y esa no fue la única vez que lo harías. Enhiesto como estaca en la parada del colectivo. Rondabas cerca de mí con paciencia y obsesión. Te vi tantas veces que se me hizo hábito. Un día me tomaste entre tus brazos y me partiste la boca con un beso. Me dijiste que estabas enamorado de mí. No supe si era real o delirio. Me dejé ir por donde quisiste, seguro de vos, de tu impronta arrasadora. Me envolviste en el arrullo de tu voz apasionada. De esos ojos ardientes, dos brasas cocinándome despacito, dispuestos a tragarme de un sólo bocado. Y yo acepté tu juego y caí en la trampa. Vivimos esa pasión por muchos meses. Libando miel de tu boca cual abeja de flor en flor. Hasta que de pronto, sin motivos ni explicaciones, desapareciste de mi radar. Tu celular muerto. Tu departamento vacío. Nada. Como un sueño de ficción. Me dejaste vacía. Mi vida opacada. Era una piltrafa arrastrándome por mis días sin esperanza alguna. Me fui secando en ese al páramo, del cual no podía salir. Y ahora te encuentro otra vez, inesperadamente. Sufrí un colapso. Reaccioné y te seguí. No sabía muy bien para qué. Quería gritarte, escupirte en la cara el sufrimiento, vociferarte la 21
impotencia, la sin razón, el horror del abandono. Al llegar al cruce de dos avenidas frené. Te vi cruzar la calle. Me apoyé en la pared para sostener mis temblores, aquietar mi corazón y respirar hondo. A medida que te alejabas te fuiste desdibujando, desintegrando de a pedacitos. Me obligué a ir despacio en sentido contrario rumbo a donde iba. A pesar de todo, me sentí liviana de equipaje. Cierto alivio en mi alma. Eras mi pasado y yo ya estoy rumbo a mi futuro. Nadie y menos tu nefasto recuerdo, me lo impediría. No quiero volver a sangrar sobre mi herida.
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Liliana Escanes Argentina A la Cop26
“La última oportunidad” / “la última llamada” Anuncios, frases... que asustan, aterrorizan, espantan... Pero es la dura realidad que vivimos, que debemos enfrentar… o salvamos a nuestro bello planeta y a todos sus seres vivos... ...o nos extinguimos... es real, es verdad... no hay otra salida... de a poco, nos extinguimos... extinguimos a muchas especies, ya… vegetales y animales... que ya no existen sobre la faz de la tierra… desde hace siglos, algunas… otras, están extinguiéndose de a poco… insectos, peces, aves, mamíferos... muchas especies ya no existen, o quedan aún pocos ejemplares de ellas… ¡Es un error terrible!!! ¡Es un gran pecado, en realidad!!! No cuidar la creación que se nos regaló, a los humanos… todo lo contrario, contaminarla, devastarla, destruirla… “la última oportunidad” / “la última llamada” son frases aterradoras, espantosas, pero ciertas… ojalá, los que ahora tienen las principales decisiones en sus manos, las tengan en cuenta… y actúen, ya, para contrarrestar esto… Aún estamos a tiempo. aún estamos a tiempo. No me gustaría que alguien, si sobrevive, dentro de unos años, lea estas palabras, u otras similares a las mías, ¡ya hay tantas escritas!... ...y diga: “hubo personas con conciencia de lo que pasaba. ¿por qué no lo evitaron???... ¿por qué no lo evitaron???...” y lamentablemente, sólo un profundo silencio obtenga por respuesta... ...¡¡¡Porque ya no habrá nadie que le conteste!!! 23
Santiago Espel Argentina
Maizal Noche cerrada en el maizal. Muy lejos se escuchan los camiones en la ruta. Estoy solo y sin linterna. Lo único que brilla son los ojos del espantapájaros.
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Alba Estrella Gutiérrez Argentina Poema
qué difícil amar hasta la hartura dejar el corazón sólo de pérdidas soltar las manos oceánicas de vuelo llorar todo el dolor y ser la pena qué difícil amar y ser paso fugaz en la memoria la soledad del uno en el espejo qué difícil a veces el abrazo un temblor de pájaro en la boca y un palpitar de alas en el viento
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Jorge Etcheverry Chile Res extensa
El cuerpo como extraño e íntimo Raro cuando lo veo en el espejo Sorprendiéndome con sus lisuras Y anfractuosidades Sus huecos sus pelos Sus inesperados detalles Esos lunares nuevos o quizás Recién descubiertos Su calor que disminuye su Frío que se desata en la noche O en las mañanas frías De esta región de camanchacas Pero que siempre aparece inmerso Acaso responda a la luna en sueños Sé de sus necesidades que también son las mías De sus fatigas y placeres De la oscura necesidad del adorno Del agradecimiento de su piel ante el agua Los ungüentos y las caricias Pequeños dolores lo recorren O se anidan en los músculos Las articulaciones Pesados se estiran en los huesos Es por el salitre dicen Pero no es nada Levantémonos, le digo Para empezar el día
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María Laura Finochietto Argentina Melodías de amor Lorenzo, caminando por las calles del pueblo, se paró frente a esa casa, de balcones franceses, lugar donde a Matilde le dio el primer beso. Estaba allí para venderla, no deseaba conservarla, luego de fallecidos sus padres. Decidió entrar, recorrió la sala, cuantos recuerdos inolvidables. Observó con detenimiento, los muebles llenos de polvo, subió a la planta superior, donde se encontraba la habitación que había compartido con su amor. El dormitorio estaba todo como lo había dejado, la cama de hierro herrumbroso, la cómoda y encima el espejo con marco de madera, se paró frente a él, observándose, habían pasado treinta años, rememoró con tristeza el momento que conoció a Matilde, había sido en la Escuela de música, eran estudiantes, ella tocaba el violín, y él la guitarra, ambos tenían pasión por sus instrumentos. Entusiasmados estudiaban y tocaban juntos, había nacido entre ellos un gran amor. Pero duro muy poco, fue truncado por la incomprensión del padre de Matilde, hombre rígido de la época, que consideraba a Lorenzo de un estrato social inferior. Matilde se fue del pueblo, dejo el violín, ingresó a la Universidad donde egresó como médica. La vida de Lorenzo continuó en su terruño, rodeado del cariño de sus padres, siguió con su guitarra, fue maestro de música y trabajaba en una ferretería. Un domingo por la mañana, la vio paseando por una calle del pueblo, Lorenzo no se animó a hablarle, sus miradas se cruzaron, Matilde iba con un niño en brazos y su cabello estaba atado con una cinta celeste. Siempre lo había llevado sujeto. Pensó que tal vez se hubiese casado, pero no deseaba pensar en ello. Dejo de mirarse en el espejo, se sentó en la cama, estaba cansado, recorrió con su mirada la estancia, pensó que felices hubiesen sido en esa casa. Escuchó voces que provenían de la planta baja, se acercó a la puerta para oír mejor: -¿Te parece, entremos así sin llamar? —preguntó Ana -Si, se dice en el pueblo que aquí vivió mi padre--respondió
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Mateo, mientras sacaba de la funda, su guitarra, poniendo a tocar una hermosa melodía. La joven de ojos azules, con su cabello rubio atado con una cinta celeste danzaba alrededor de la sala. Lorenzo escuchaba entre sollozos los rasguidos de las cuerdas, esa bella melodía que lo inundaba de recuerdos y penas, no deseaba salir de la habitación para no romper el encanto. Cuando dejo de escuchar la música, bajo despacio la escalera, al pie de ella había una funda arrugada llena de polvo atada con una cinta celeste.
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Josefina Fidalgo Argentina Abrir compuertas
Quiero sumergirme en el océano detener los peces que van a contramano pactar el tacto del roce huyente el destello de escamas espiadoras. Quiero llegar hasta el viejo barco acercarme al atérmico navío encallado en algas posesivas y abrir camarotes de historias clausuradas Quiero emerger del álbum de la ausencia del dolor en cada pesadilla tirar la llave que es la cruz de espera y arrancar el miedo de intemperies vanas que me arrojan al abismo día tras día. Quiero que me empuje la corriente y me rescate la orilla en golpe de ola y vomite las hilachas enredadas. Desatarme quiero y dormirme en la arena blanca Que me habite el sol calmo calmo y seguir serena mi camino tramo a tramo.
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Norma Froy Argentina Hojas de otoño
Hojas doradas, ocres, amarillas, rojas ... con el viento giran, bailan, se hamacan… vuelan, suben y bajan, las hojas cansadas, pobrecillas, caen al suelo amontonadas, quedando una alfombra, mullida, acolchada, de una tonalidad dorada... ¡Pobrecitos los árboles quedan desvalidos sin hojas, sin abrigo... sin nada...!
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Isabel Furini Brasil
Travesia de Van Gogh
Quebrada la realidad del mundo inicia la travesía en los brazos de la locura. Su hálito creativo, sin fragilidades, imprevisible, súbito, rasgas padrones, y, lejos de las fórmulas de la simetría extiende colores sobre la tela desafiando las reglas. En Arles, recursos de luz y de sombras nutren su instinto, pero lejos de la razón y de la ternura, se deprime. (En el horario del ocaso se marchitan los girasoles cortados).
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Lita Gallino Argentina La poesía
La poesía es la expresión máxima del corazón Es navegar hacia un mundo pleno de amor, en los días brillantes de sol… o sumergirnos en obscuro mar de dolor, en noches tristes y desoladas, por una espina que hiere hondo el pecho. La poesía es dejar volar la imaginación, a través de un inmenso cielo azul. Cada palabra y cada pensamiento tienen un porqué… La poesía es tejer un enjambre de sueños, fantasía y enamoramiento. Dejando en cada frase, una verdad, un recuerdo, una esperanza…
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Elsiana Goedert (Cica) Brasil
El silencio es oro
en la quietud reside la sabiduría palabras arrojadas en el colmo de la euforia traen consecuencias
la mejor actitud es la lengua contener con inteligencia actuar mirar cuidadosamente analizar desacuerdos y solo entonces opinar
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Susana Noemí Greco Argentina Ella
Ella no lo sabe pero está hecha de acero, de piel y de sueños, de fuerza, de manos, de invierno, de fuego. Ella no lo sabe pero está hecha de hierro, de amor, de roca, de agua, de genio, de sangre y cerebro. Ella no lo sabe pero es diamante, es sal, es tierra, y flor y ganas y rezos, es sol de medio día y tormenta de Enero es África y es entraña, es cielo e infierno. Ella no lo sabe, no se lo han dicho, pero saldrá de esto... Porque ella es quiero, Es quiero. Y es puedo.
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Francis Yoshi Kawa Brasil
Nostalgia
Vuelo con los ojos de la mente me ahogo en nostalgia y revivo el pasado mientras devaneo ella piensa en mí ¿O será solo alguna remembranza? Con un hilo de esperanza el mañana puede ser bello
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Sheina Lee Leoni Uruguay
Amarte en silencio Amarte en silencio, es tocar la gloria, vestir sentimientos, que nunca se borran, olvidar el miedo trapasar las horas, cuando corre el tiempo, por nuestra memoria, que en solo un momento, con ardor nos honra. Amarte en silencio, es sentir tu boca, cubierta de besos, en mi piel ansiosa, sentir que te quiero, desterrar la sombras, y rogar al cielo, cuando al fin me ahoga, ese fuerte fuego, de la pasión loca, eternos recuerdos, que ya nos desbordan, mientras nuestros cuerpos, dan vuelta la hoja, renace el deseo, otra vez nos roza, juega entre mis dedos, volviéndolos notas, 36
esas que el silencio, transforma en historias, y yo vuelvo versos, millones de estrofas, raudos en el lecho, luz que nos invoca, entre nuevos sueños, que al amarnos brotan; gemidos sedientos, otra vez exhortan, hacia un nuevo encuentro, de amor y de gloria.
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Etelvina Maldonado Argentina Caperucita enamorada Descansando bajo un árbol de castañas, caperucita miraba a las ardillas subir y bajar por las añosas ramas. El peso de la canasta la obligaba a detenerse varias veces, porque en un principio, fue llevar unas perfumadas manzanas a su abuela, después se fueron agregando dulces, aceite, tomates enlatados, yogur y así, al trascurrir los años, más cosas se fueron sumando, edulcorante, café descafeinado, pañales descartables, corega y un sinfín de cosas que la abuela a medida que envejecía, iba necesitando. Aunque era penoso recorrer tantas leguas, le gustaba visitar a su abuela. Fue más placentero aún, desde el día en que descubrió al apesadumbrado príncipe vagando por el bosque, esperando que la princesa despertara. Mucho tiempo aguardó el gallardo joven que la bella durmiente abriera sus ojos, mientras tanto, los encuentros con la caperucita eran frecuentes. Un día el príncipe desapareció, pero enamorad caperucita, lo siguió esperando bajo el árbol de castaña. De niña el miedo al lobo la atormentaba de grande, siguiendo los consejos de la abuela, tuvo que cuidarse de los leñadores, por eso a veces cambiaba el recorrido, aunque no era desagradable toparse con algunos de ellos, esos hombres de espaldas transpiradas y brazos fuetes. Caperucita con los ojos cerrados pensaba en esos encuentros , cuando un leve rumor de ramita pisada le avisó que el príncipe había llegado, se quedó quieta esperando sus caricias, sintió el aliento en el cuello, las manos tocar sus seños y subir presurosas por las piernas entonces el grito la sobresaltó: -¡Migue! ¡qué hacés manoseando a la vieja! -Si a ella le gusta- dice sin culpa el senil jardinero. -¡Qué costumbre de quedarte dormida en el parque!- rezonga la enfermera, mientras arrastra a la anciana, que sigue soñando que es caperucita y que el príncipe la ama. 38
José Maldonado Argentina Amores de Carnaval
Tres días en la fiesta del “Inti Chamampi”, de las calurosas tierras ariqueñas benditas de sol, mar y valles, donde las miradas parecían acariciarse, entre la ñusta de la morenada y aquel irpa azapeño, anhelando el encuentro ya desde el Convite. Ella provenía del sur, siendo una universitaria a punto de egresar de Enfermería. Unas compañeras la invitaron a bailar, con la fortuna de haber sido elegida reina. Bastante guapa era la chica, de piel clara y cabellos castaños, con el entallado traje haciendo relucir su silueta. Nunca pensó que le llamaría la atención aquel joven, el cual guiaba su comparsa con prestancia y alegría. La sonrisa amplia y pícara del moreno la cautivó, y por más que trataron de disimular, una chispa de curiosidad y deseo comenzó a brotar entre ellos. Tres días de danza, música y algarabía, con el sentimiento andino a flor de piel, al ritmo de poderosas bandas de bronce y las míticas tarkas aymaras. Pero por más que anhelaban, la ñusta y el irpa no podían coincidir, ante la multitud que bailaba, jugaba con challa o bebía. Solo durante la segunda noche pudieron encontrarse, mirándose ya sin titubeos, deseándose desde la punta de los tacos hasta las plumas de sus multicolores sombreros. Así llegó la última noche, buscándose ya con ansiedad. Como sería la voz del moreno que soñaba conocer, pensaba ella; como serían las manos de aquella joven, meditaba él. De madrugada pudieron juntarse, a la hora de los premios, 39
decidiendo ambos que aquello era ellos mismos. Ya sin espacio para presentaciones formales, hablaron más los besos, abrazos y caricias, detrás de alguna palmera cómplice. Guiados por la aventura y el calor de sus cuerpos, arrendaron un cuarto, único testigo de la música de sus quejidos plenos. Ella aceptó gustosa ser guiada en el sexo, mientras él se rendía feliz a los encantos de su ñusta. Allí se acoplaron lentamente a la cadencia de un antiguo takirari putreño, pero pronto sus cuerpos demandaron el roce del combativo tinku… Se quedaron profundamente dormidos, en pleno centro de una ciudad que ya empezaba a retomar sus actividades cotidianas, mientras ellos soñaban con un Carnaval eterno, y así poder amarse todas las noches que durara la festividad ariqueña. Al despertar, ella ya no estaba. Rezó él, entonces, por volver a verla pronto. Algo que nunca más volvió a suceder, puesto que la chica regresó al sur a ejercer la carrera cerca de su familia, y él se perdió en algún rincón agrícola del Valle de Azapa.
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Ana María Manceda Argentina Polvo de estrellas en mis manos
Cuando estuve cerca del río soberbio, creyéndose mar no lo supe valorar. ¿Qué haría el mar sin los ríos? La luna llena cegaba luego el descubrimiento existían otras regiones, otros fantasmas existían otros olores y la asepsia... El desgarro y la esperanza. tuve en mis dedos estrellas que jugaban a huir hoy las tengo aferradas a mis puños ¡Me iluminaron de tal manera! Ahora lo sé Quizás perdí la pericia del juego Una estrella que salta titilando Y mis dedos buscan su salto Así es ahora... Tengo polvo de estrellas en mis manos.
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Daniel Mauricio Brasil
Mis pensamientos son barcos que me llevan a lugares, donde tal vez, mis pies no puedan ir.
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Diana Mesterman Argentina Miradas de fuego
Rueda la tarde en cobre y oro, rojizas luces encienden brasas, miradas de fuego alquimia sobre el papel. Sorprende a los amantes, piel sobre piel en un suspiro tallando besos en el infinito con labios acompasados. La noche llueve lágrimas de olvido. La página en blanco se conmueve haciendo cosecha de invierno. Es la soledad honda, cuando me desnuda en palabras al cobijo azul de la noche que desgrana sueños. Mezcla de cuerpos sudor que estremece. Qué sola brilla la luna en su tristeza. Cuelga del horizonte un cascabel de manos que palpita en sangre, raptando la memoria.
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De prisa, de prisa la noche es mentira se hizo de hojas secas, engarzadas en la duda. La agonía abraza mi cintura, no habrá nadie para refugiarme. Es un amor de tiempo pasado me ciega el día cuando amanece.
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Carlos Moreno Argentina Carne de diván
Se agudiza el entender en el obstinado analizar porque se esconde el sol en el triste atardecer de la cuna al ataúd se redime la verdad que existe en existir en la ignominia de vivir suspicaz en la mirada salpicada en precisiones contemplan la palabra implicada en emociones conflicto singular de la carne en el diván aferrado al adiós de aquel beso que no fue.
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Rosa Esther Moro Argentina Simona Te veía en ese otro lado de mi mientras crecías en el vientre de tu madre avizoraba tu pelo desteñido por el sol verano piel dorada en la mañana danza de luz siendo con todas tus ganas para que canten las flores y sonrían verdes sonrisas los árboles Allí me mostraban telas de todos los colores y texturas para vestir ese brillar que insinuabas -estas son todas tus telas ¿cuál de todas es para ella? -la mejor la mejor para la niña con destino lejos- donde seremos yo letra del libro de vez en cuando y Ella regalo de luciérnagas adorno de abismos en las noches del tiempo síntesis de la huella de las todas que duermen entonando la canción esperada entonces sietes sueñas para atrás y siete por delante serán bellas otra vez para danzar la vida con sus piernas y cantar con su voz
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Cecilia Ortiz Argentina Mensaje
Traspaso la imprevisión en un estante de la noche mi esperanza entra y sale -pasajera en busca de una señalSe hospeda en mis ojos se ancla profundo se repliega en su ansia de vivir un misterio. Alguien nombra la orfandad de mi tropiezo en una palabra -confié esa evocación del agua en manos equivocadasY quedo al margen del poema inclinado al este <cada vez más> llegando al río que me bordea al río que se acerca al mar al río que se lleva mi evocación. Quiero ser mensajera que retorna entre espuma y abanicos al adiós entre rótulos al cristal que contiene flores blancas al anuncio del amanecer. Y solo soy un mensaje sin respuesta.
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Analía Pascaner Argentina Hoja perdida de un diario personal Fotos. Papeles descoloridos. Un sobre rosado, otro celeste. Cartas. Pastilleros de plata, de nácar o laqueados. Retazos de telas. Botones. Un tocado. Una hebilla. Una cinta. Un moño. Dibujos infantiles. Todo amorosamente acomodado en varias cajas, tan diversas como todo lo que se escondía adentro. Diversión, asombro, curiosidad, tantos sentimientos brotaban mientras yo me deleitaba con historias contadas con paciencia y detalle. Un mundo fascinante el ropero de la abuela. Ella siempre me complacía sacando alguna caja llena de recuerdos, al pedirle ver sus cosas “de cuando era joven”. Anécdotas, risas y lágrimas. Sólo conocí a mi abuelo a través de sus palabras y ya desde pequeña, mi abuela se convirtió en mi refugio y su casa en mi remanso. El paso del tiempo fue acomodando sus jugadas y ya no compartíamos tantos momentos alrededor de los recuerdos. Nos enriquecían horas de charlas, los intercambios de recetas de cocina o de hierbas medicinales. Disfrutábamos la mutua compañía, la complicidad, la dedicación. Me escuchaba sin horario, su sonrisa radiante, fundiendo su mirada con la mía; yo me maravillaba con su sabiduría, con su piel blanca y suave, sus manos sobre las mías. Durante unos pocos meses se fue apagando, en silencio y sin sufrimiento físico. Su partida fue un golpe desgarrante para mí. Me quemaba tan profundamente que ni siquiera sabía adónde sentía el dolor. Jamás imaginé cuánto duele perder a un ser amado. Quedé paralizada, y cuando el fuego y la angustia dieron paso a la tristeza y la nostalgia, me concentré en el primer año de la universidad. Había que desocupar la casa de la abuela y mi madre comenzó con la titánica tarea de reacomodar muebles, ropa, recuerdos: regalar, conservar, tirar. Mis clases, libros, idas y venidas, eran suficientes motivos para no pensar. No quería escuchar o ver las cosas que mi mamá contaba o traía de esa casa que no soportaba imaginar vacía. Al comenzar las vacaciones, ella me comentó que había un armario que tenía cosas que tal vez podrían interesarme. Abrumada aún, regresé a esa casa y volví a desarmarme en llanto, herida y sola, frente al ropero de la abuela. Me 48
solidaricé con mi mamá y la acompañé día tras día, dolor tras dolor, primero desocuparía el ropero y luego la ayudaría con el resto de la casa. Con respeto y cuidado, revisé esas cajas tan conocidas, leí unos pocos papeles, miré algunas fotos, evoqué las historias de cada objeto, sonreí, lloré. Recuerdo tras recuerdo iban pasando los días. En cierta oportunidad al sacar un cajón, descubrí un papel doblado y gastado que nunca había visto; mientras lo abría cuidadosamente se iba desmenuzando en los dobleces y debí rearmarlo sobre la cómoda. Leía y releía sin poder creer, había visto películas con situaciones similares pero ésta era la letra de mi abuela, las palabras de mi abuela. El papel estaba arrancado y supuse que sería una hoja de un diario personal. Ya en mi casa, para conservarlo, pegué ese papel sobre otro y lo coloqué en una de mis cajas personales. A partir de ese momento era responsable y guardiana del recuerdo mejor guardado de mi abuela.
3 de junio de 1923 Este domingo me está aplastando. Me siento agobiada. Hace dos días estuve con él. Era uno de esos días en que las cosas se empeñaban en salir mal: los pasos equivocados, las palabras incorrectas, los tropezones inesperados. Sí, uno de esos días en que todo está torcido, uno de esos días para olvidar. Y entonces él apareció. Muchos meses sin verlo, aunque nunca se va completamente: quedo atrapada en su voz pausada y sugestiva, en sus caricias tiernas y provocadoras, en su mirada franca y penetrante. Cada día me siento en un banco de la plazoleta a varias calles de mi hogar. Detengo el tiempo leyendo sin leer, estando sin estar, sin siquiera saber si acaso lo encontraré. Y cuando está a mi lado, simplemente me pierdo. Mis pensamientos se fugan cuando debería concentrarme y averiguar quién es, de dónde viene, qué hace, por qué desaparece. Nunca me habla de él. ¿Quién es…? Preguntas que surgen más tarde, cuando estoy en calma y él seguramente estará muy lejos de aquí. Ah… mi querido compañero… Jamás sabrás en quién pienso mientras transitamos la vida juntos. Hora tras hora, rutina tras rutina. ¿Tendría yo el valor de confesártelo? Me perdonarías, seguirías a mi lado y callarías evitando el tema, cerrando la puerta detrás de tremenda revelación. ¡Y tú, desconocido! ¡A ti te hablo! Debería odiarte. Pretendes atenuar nuestro deseo con una separación y luego me buscas. Tu seguridad, mi entrega y nuestra urgencia nos sacan de esa plaza. Tu recuerdo me estremece, tu presencia me alborota. Tu respiración incitante, tu piel ardiente. Tu ser fundido con el mío, invadiendo mi cuerpo, exaltándonos 49
de placer. Desde hace dos días sólo existo para ti, por ti. Mi piel se eriza, mi respiración se torna incontrolable, mi corazón galopa desenfrenado. La ropa me aprieta, me siento inquieta. Anhelo recorrer con mis besos todo tu cuerpo. Ahora mismo quisiera morir en tus brazos. Hace tan sólo dos días se cruzó nuevamente en mi camino. No tengo clara conciencia acerca de lo sucedido esa tarde. Mi razón me abandonó para no opacar mis sentimientos. En ese día negro, él me trató como yo necesitaba, me arropó con una manta de colores, con ternura y calidez. Supo una vez más cómo llegar hasta mí y envolverme íntegramente. La magia brotó en el instante preciso. Y hoy, mientras este domingo se desvanece con insoportable pesadez y los minutos se acomodan en solitarias horas, intento desvelar si amo a este desconocido. Costumbre o amor, deseo o amor, soledad o amor. Debería olvidarlo. Sin embargo, seguiré caminando hasta la plazoleta, me sentaré a esperar, algún día aparecerá y yo, aturdida, conmocionada e inmensamente complacida, volveré a sucumbir ante su presencia. Julia Abuela querida mía: Tu recuerdo me acompaña siempre, vive en mi alma, en mis hijos y en mis nietos. Hace muchos años, en mi jardín enterré la hoja perdida que encontré aquel día. He decidido que tu secreto muera conmigo, sólo está grabado en mi memoria. ¿Sabes, querida abuela? Cada domingo pienso en tu espera, en ese hombre desconocido, en tu entrega pasional, en tu silencio. Cada domingo pienso si lo habrás amado. Cada domingo pienso que si yo hubiera vivido una pasión como la tuya, tal vez jamás me habría sentido sola.
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Laura Pérez Suárez Argentina Tarde de versos
Voy a soltar versos esta tarde cuando la prisa pone a prueba mis sentidos. Liberaré versos audaces que puedan deletrearse a su paso. Versos que derramen sangre aún tibia de tormentos apilados en el alma. Aquellos silenciados por las balas, por la opresión, la desidia, la ignorancia. Versos blancos con olor a leche cuajada de críos sin futuro, panzas gordas, patas largas. Versos con alas rotas y roídas, presos de la avaricia y la desesperanza. Tengo versos de amor, el silenciado. El que no se vanagloria ni se dice y en silencio camina, a manos dando. Encontré otros con olor a menta, frescos de sabor, livianos de esperanzas. Todos quieren salir, manifestarse. Contar que hay dolor, madres llorando. Justicia que no es justa, acuerdos por lo bajo. ¿Quién dijo que sólo hay versos rosados? Si están los que callados gritan dándole voz a tantos silenciados. He visto a los oscuros esconderse entre los renglones de las páginas.
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También los descarados, que prefieren el adiós a dar la cara. Hoy los suelto, abro la puerta de la jaula ¡Qué sean libres! ¡Qué maduren o se pudran en las ramas, pero sean! Para poder leerlos sin sonrojar ni amedrentarlos.
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Graciela Pucci Fontana Argentina Memoria en la piel
Sin ruido solo un leve estremecimiento en el alma - volar de aves desaladascayeron los velos párpados mustios despertaron reconociendo falacias un relámpago atravesó el cuarto penumbroso vislumbré la realidad -caballo indómito derrumbando fantasíaspero la piel tiene memoria recuerda otros instantes cuando danzaban los ángeles y la voz era plegaria tierna cayeron los velos fantasmas desnudos -música sin acordes
bailan a mi alrededor monotonía de silencios-
alas olvidadas bajo mis pies descalzos anuncian la partida de los ángeles estoy a solas con mi piel memoriosa me despellejo nada queda ni siquiera yo 53
Norberto Ramazotti Argentina Al momento de partir Cuando se apaguen las luces poniendo fin a esta función, cuando se baje el telón, acabada ya la letra del personaje que encarno Cuando no quede más tiempo de sonrisas ni de lágrimas tus brazos ya no me abracen y no tenga más tu piel calentándome las sábanas Cuando me toque partir solo, como vine al mundo, a cruzar el Aqueronte, hacia un sitio más allá. ¿Cerca, lejos? No sé dónde. No tendré que armar valijas nada he de necesitar llevarme quizá tan solo dos monedas con que al barquero pagarle Pero quisiera saber, necesito esa certeza, si elegí bien mi camino, si mi deuda fue saldada, si he cumplido el objetivo con el que llegué a esta historia, si el personaje cumplió lo que el autor le marcara. Vanos esfuerzos los míos por encontrar la respuesta. Al menos en este plano, lleno de intentos fallidos. Tal vez, allí donde llegue, me pondrán en un rincón, con un bonete de burro o me condecorarán, por los logros obtenidos. 54
O quizás, es lo más seguro, alguien se siente a mi lado y, con sonrisa socarrona, disculpando mi torpeza, me explique que Vanidad, uno más de mis pecados, me hará repetir la “prueba”, insistir en esa empresa.
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Decio Romano Brasil
Yo no sé si soy... Yo no sé si eres Ni sé por donde voy Yo no sé nada de hoy Ni sé del mundo. Pero sé que hoy el día brilla profundo porque estoy contigo.
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Élida Rosales Argentina Cáscara de estrella
Ensangrentada miraba a esa luna roja que brillaba el tiempo transformó su luz igual que madura un grano de pus blanco se volvió tu cuerpo que el sol siempre envidiaba lucha de amor que nadie ganaba Una noche ya no estabas negrura sin fin ocupabas incógnita en oscuridad ignorancia de vanidad cuando desapareciste sola quedé como una cáscara de estrella tristemente me apagué
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Solange Rosenmann Brasil
Estrellas
Estrellas soberanas Reinas de la madrugada Inaccesibles a cualquiera Ellas brillan causando envidia, Por tanto esplendor. En el infinito permanecen, Deslumbrantes en noches de calor, Se revisten de oro Solo catalogan viajeros, Vagabundos, bohemios, cantores, Cristalizando la Luna Llena. Buscan la culminación Del cielo Homérico. En la incógnita inusual, De los que elevan los ojos Parpadeando al brillo del Amor.
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Ruth Sánchez Argentina
Sueño
Ayer soñé con Dios, estaba en un bosque grande con árboles grandes, pinos y un prado verde. El cielo se movía como que pasaba rápido de día a noche, de noche a día y era tan rápido que no notaba que se movía.
Todo era lindo, había paz y una planta que alguien había roto por la mitad y Dios puso sus manos y dijo soy el dador de vida y el que la saca, soy el principio y el fin de todo, el creador, el que tiene la potestad.
Y él hizo que esa planta rota empezara a crecer y a vivir de vuelta, el tallo se levantó y en la punta nació una flor blanca y hermosa.
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Luis Tulio Siburu Argentina
Nunca abras…
…los cajones de nadie, la intimidad de ninguno, la entrada a los secretos de cualquiera. Podés encontrarte con lo que lo no querés ver, conocer, comprender. Limitáte a vivir tu vida y respetar la de los demás. Cada cual es como es, como quizás vos no querés que sea pero el otro es así y así él lo quiere. Nunca abras cajones. Algunos guardan parte de su vida, que con suerte puede ser larga, y quizás haya retazos de ella que el otro pretende esconder allí, sin entrometidos. No seas curioso cuando del mundo interno de un semejante se trata. Hay gente que no tira todo su pasado, guarda parte de él en algún cajón diferente al de la ropa interior o al de las medias o al de los pañuelos. Y su propósito no es esconder, sino resguardar, proteger, sin renegar del presente ni dejar de disfrutar del mismo. No todos lo hacen. Apenas quienes tienen una sensibilidad especial o un tremendo respeto a los hechos vividos con anterioridad al presente. Lo que está dentro del cajón es sagrado para él, aunque quizás para vos no represente nada, simplemente calmar tu curiosidad. No te elude a vos ni te deja de lado, simplemente él aísla lo que entiende es propio, tan propio como que seguramente los otros pueden no llegar a entender. La próxima vez, si suponés que en ese cajón que no es tuyo hay algo que vos perdiste, pedí permiso o requerí que busquen lo que no sabés dónde está. 60
Y no tengas deseos morbosos de asomarte a la intimidad de alguien. Puede parecer divertido, hasta inocente, pero te darán una lección que te hará sentir muy mal. Recordálo, puede que algún furioso te cierre el cajón con la mano adentro y en los dedos te quedará el recuerdo de todo lo que te dije.
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Alicia Smidth Argentina Un paisaje
Los alerces el lago la nevada detrás de una ventana el calor de un hogar Ociosa tarde soy libre en los sueños en un tiempo débil la noche se acerca la luz ya disipada Una lámpara se enciende la calma que viaja silenciosa y yo con ella en la vereda de la realidad
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Julio Tisera Argentina
Otoño
Los niños temprano caminan entrando en calor. Juegan con las hojas caídas que han perdido su color. Junto con el sol divisan la escuela; llevan en su pecho prendida una escarapela. Juega en sus cabellos el viento nervioso; mientras que les ruegan apurar el paso. Llega el mediodía y la clase culmina; es el mes de otoño que nadie domina.
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Carmen Vega Olivencia Puerto Rico Resguardando la lujuria
Me deshojo impaciente, lo sé, voy soltando pétalos de lirios, allí, donde te espero resguardando la lujuria. Caen lentamente sobre la seda blanca de mi lecho. Allí se esconde la caricia, la mueca de placeres incompletos, el tenue dulce del pan sin levaduras. Si, en silencio, te aguardo temblando, angustiada, tierna, tibia. Rogándole a la vida susurrar delicias en tu nuca, lamer tu elixir conjugando verbos, Y dejarte un poema tatuado en la mirada.
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Nélida Vschebor Argentina Un encuentro peculiar
El fuego jugaba arabescos desde el brasero, mientras le rendían culto un anciano andrajoso que lucía un poncho oscuro de suciedad y de años, y un jovencito que saltaba ora en un pie, ora en el otro, para calentar su cuerpo. La noche se perfilaba destemplada, ventosa. No hablaban. Sólo los unía la desazón y el hambre. De pronto unos nubarrones se extendieron raudos. Seguidos de fuertes relámpagos, precursores de las gotas que en forma intermitente anunciaban la copiosa lluvia. Corrieron a parapetarse en un portón cercano. El anciano recostó su humanidad tratando de cubrirse lo más posible. A su lado se sentó el muchachito tiritando, sosteniendo sus rodillas con los brazos. Medio adormilado el hombre comenzó a quejarse, moviendo su vencido cuerpo. Eran sordos quejidos que brotaban de sus labios resecos. El joven sonreía en su sueño. Quizá se encontraba en lugar seguro, quizá frente a él se veía una opípara cena. Quizá rememoraba su familia perdida. El viento que soplaba entre los árboles lo despabiló. Comenzaba a amanecer. La lluvia había amainado durante la noche. El joven, casi un niño, trató de despertar al anciano. Este no se movió, estaba rígido y con una semi sonrisa impresa en su rostro. No había signos de dolor, no había gestos crispados. No había nada. Las lágrimas fluyeron mansamente por el rostro juvenil. Se arrebujó en el poncho oscuro y dándole un beso en la frente, se alejó del lugar.
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Yina (Alicia Tagle) Argentina
El mar soñado Las olas gigantes se yerguen… Como una danza ritual, se persiguen es el día puntual. Aquellos nombres en la arena… Junto al castillo ilusorio. El viento no perdona a quien en broma se rió. Tarde se arrepintió… Tonto que mintió, un corazón perdido que a nadie creerá. Una feroz y alta ola borró con impotencia palabras, pasión y un hola! Pero pleno de hipocresía. Amor…Ilusiones, carencias de amar y mentiras… Con sabor a burla.
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Luciano Diego Zavala Argentina Curándome
Ahora me miro al espejo Y casi ni veo cicatrices De a poco estoy sanando Ya no soy aquella ingenua Se que hay alguien afuera Esperándome para salir Y sacar lo mejor de mi Porque es de mi sangre Ante todo soy una persona Que necesita ser respetada Ya me cansé de los golpes A partir de hoy eso cambia Brillemos hija mía
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Arte
Anamá (Ana María Guarinelo) Argentina
Canción de amor Acrílico 23,5cm x 31,5cm 69
Matías Hernán Bitocchi Argentina
Goku Lápices acuarelables 210mm x 297mm 70
Maximiliano Pablo Bitocchi Argentina
Shadow Lápices de colores
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Lidia Bortolin Argentina
Piscis Acuarela
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María Carelli Argentina
Pasteles
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Cristina Colussi Argentina
Picasso Etapa Azul Óleo
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Lucas Mauricio Contreras Argentina
Devastación, en pie Talla en tronco de pino
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DEVASTACIÓN, EN PiÉ
(Esculturas donación y Homenaje a la humanidad, escudada por miembros de nuestro sistema de salud.) Este ser representa, en mayor o menor medida, a todos los que directa o indirectamente fuimos y somos partícipes del oscuro momento que vive la humanidad: Depresión, desesperación, incertidumbre, muerte, DEVASTACIÓN. Este ser se consuela y cobija con sus propias alas y manos, casi luchando por mantenerse en pie, con su rostro cabizbajo, dejando ver mucho sufrimiento. Pero también vemos que ese cuerpo casi agonizante no ha caído, sigue en pie, luchando... pero en pie! Escultura tallada con motosierra, en tronco de pino. Autor: Lucas Mauricio Contreras. Plaza Dr René Favaloro. General Alvear, Mendoza. 24/10/2021 Totalmente agradecido con la Municipalidad de General Alvear por el apoyo y disposición para hacer posible este homenaje. En unos días estaremos haciendo una entrega simbólica de esta obra a autoridades sanitarias en un acto.
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Leonor Cristiano Argentina
Dulce mariposa Óleo sobre tela 50 cm x 60 cm 77
Alicia De la Fuente Argentina
Desayuno Óleo sobre tela 50 cm x 70 cm
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Elsa Fender Argentina
Soltando amarras
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Josefina Fidalgo Argentina
Atardecer Óleo 40cm x 50 cm 80
Beatriz Lavagnino Argentina
Árbol de la vida Óleo
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Julio Alberto Machicado Argentina
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María de los Ángeles Mango Argentina
Mar Intenso Óleo
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Rony Martínez Flores Guatemala
Avecilla Lápices de colores 35 cm x 25 cm
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Delia Carolina Mogni Argentina
Paisaje de Estrasburgo, Francia Óleo
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Mónica Navarrete López México
Somos de mal genio Óleo sobre tela 60 x 50 cm
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Olga Patti Argentina
Óleo
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Sergio Pérez Argentina
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Pedro Polacek Argentina
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Graciela Pucci Fontana Argentina
Atardecer en San Miguel del Monte Fotografía
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Jorge Requena Argentina
Pastizales 80 x 100
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Raquel Rivero Argentina
Bosque otoñal Acuarela y fibra 28 cm x 13 cm
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Daniele Rocco Argentina
Casa en Mérida-Venezuela Acrílico
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Clorinda Sánchez Argentina
Homenaje a Van Gogh Óleo
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Sección Infantil Juvenil
Literatura
Andrea Michelle García Barrientos 12 años México Todos iguales En un pueblito de zapotecos vivía una pequeña niña llamada Michelle, tenía diez años. Ella tenía un gran sueño, de ser bailarina profesional, pero, como su pueblito era muy pequeño, no tenía escuelas y ella no podía estudiar, sus padres sabían que su sueño era ser bailarina así que decidieron enviarla al instituto de la ciudad, pero como no tenían dinero juntaron dos años seguidos hasta que Michelle tuviera doce años. Dos años después cuando Michelle cumplió los doce sus papás le dieron la sorpresa de poder estudiar en el instituto. Ella muy emocionada les preguntó, --¿Quién irá conmigo? – Ellos respondieron: --No podemos ir contigo porque no tenemos suficiente dinero, pero en el instituto de la ciudad alguien te cuidará— Una semana después llegó el día en que se iría, Michelle estaba emocionada por irse, pero, también estaba triste porque no podría ver a su familia por muchos años. Se despidió y subió al tren, cuando llegó al instituto la recibieron unos maestros, le dieron un recorrido por el instituto, después la llevaron a su habitación. El día siguiente comenzaron las clases, entró al salón, sus compañeros se le quedaron viendo con una mirada de burla, por ser indígena. Pasaron los años, ella ya iba a cumplir veinte años, y se graduó como bailarina. Por muchos años aguantó la burla, pero por fin se graduó. Tuvo muchos problemas, no le daban trabajo en centros de baile por ser indígena. Pero ella luchó por su sueño, nunca se rindió, por fin cumplió su sueño de ser bailarina. Se casó, tuvo hijos y fue feliz ¡Todos somos iguales!
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Miranda González 9 años Argentina Manotas and Be Yo fui a Manotas and Be y luego me tomé un café y vino el barman con su coctelera me tomé una primavera. Y yo la disfruté y yo la disfruté y yo la disfruté hasta que yo me alegré. Beto a la cocina se fue para después la milanesas traer la moza trajo el pedido y no me dejó de sorprender. Y yo lo disfruté y yo lo disfruté y yo lo disfruté en Manotas and Be. Walter con sus tragos también dio música y danza a mis pies y vino el barman con su coctelera me tomé una primavera. Y yo lo disfruté y yo lo disfruté y yo lo disfruté en Manotas and Be. 98
Manuel Mantilla 13años Argentina Un poema para mi papá, Jorge Te extraño mucho y no sabes la falta que me haces. Todos los días que estaba a tu lado siempre estaba feliz con vos. Porque vos me enseñabas todo de la vida: como se trabajaba, como se volanteaba ¡y hasta me enseñaste a manejar! y eso te lo agradezco un montón. y por vos soy la persona que soy ahora y por mí mamá. A ustedes dos, los amo. Espero que desde donde estés sigas siendo feliz... descansa en paz. 99
Alexa Márquez Barrientos 12 años México Los poderes de Alice
Era el año 205, en la ciudad de México nació una niña llamada Alice García, Alice era una niña de ojos azules y cabello pelirrojo. Sus papás eran Diego García y Azul García, pero Alice no era su hija de sangre, ellos adoptaron a Alice justo dos días después de que la dejaran en la puerta. Después de ese día se mudaron a San Antonio Texas para que Alice tuviera una mejor vida. Pasaron dieciséis años, era un día normal como todos cuando Alice se fue a la escuela, en la clase de español estaba sentada cuando unas niñas empezaron a molestarla, Alice estaba tan enojada que sus ojos se tornaron de un color morado, en ese momento los niños comenzaron a correr. Alice se fue corriendo a casa, cuando llegó, sus papás le contaron que era adoptada. Era tanta la tristeza de Alice que pasó lo mismo que en la escuela, sus padres salieron aterrorizados dejando a Alice sola en ese instante de pronto, apareció un señor que tenía puesto un traje negro y sus ojos eran de un color morado, en ese instante Alice intentó correr, pero el señor la detuvo, le dijo que él era su verdadero padre. Él era el dios de la oscuridad, le explicó, que ella por ser su hija se convertiría en la diosa de la destrucción. El señor se llevó a Alice a un lugar vacío muy alejado de la gente, había una mansión enorme, el señor le dijo que esa iba a ser la casa de ella, pero la veía con cierto temor. Así pasaron dos años, un día normal para Alice con su nuevo padre, no la dejaban salir y aprendió a controlar sus poderes, pero ese día descubrió que su padre solo la quería por su poder, ya que Alice podía acabar con todo el mundo. Ese día se enfrentó con su padre y lo derrotó. Después buscó a sus padres adoptivos, la aceptaron y vivieron felices para siempre.
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Kevin Muñoz Gómez 14 años Cuba Un intruso
La cuarentena llegó cuando nadie la esperaba. Qué triste fue su llegada y se quedó lo peor. Un intruso virus nuevo. Comenzaron los problemas; Pero también gente buena, puso a prueba su amistad. La situación sin igual. Una vida paralela.
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Nattalya Pérez Carreón 10 años México Un vagabundo muy sincero En un pueblito muy lejano, vivía un vagabundo llamado Tito. Era muy sincero y tenía un gran sueño que era salir de la pobreza. Un día caluroso y despejado decidió ir a la ciudad en busca de un trabajo. Al llegar, a lo lejos, vio una dama muy hermosa que trabajaba en un restaurante y emocionado, se le formó una sonrisa en su cara. Al llegar al restaurante, Tito cambió de expresión, tenía una cara de tristeza. La dama del restaurante lo notó y decidió llevarle un platillo de comida. Él, sin entender qué pasaba, dio un ligero suspiro y al ver que la dama le llevaba un poco de comida se le pintó una sonrisa encantadora. Empezó a comer y a lo lejos, en el piso, vio algo extraño y decidió ir a ver que era. Pues... ¡Era una billetera, llena de dinero! La tomó y pensó: -¡Puedo ser millonario! Pero como era muy sincero, decidió buscar en las tarjetas que venían en la billetera el número de teléfono y nombre de la persona a la que le correspondía. Al llamar al número contestó una dama con voz muy hermosa, era la del restaurante. Le agradeció a Tito por ser un vagabundo muy sincero y decidió regalarle un millón de dólares. Tito emocionado dio las gracias y se marchó.
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Adrián Exequiel Prado 9 años Argentina Al gran Maestro
Maestro querido del aprendizaje amigo. Con ganas de enseñanza y de transmitir esperanza. Para Sarmiento no alcanza con solo saber la lección. De Maestro a Gobernador fundador de escuelas, gran escritor. También fue Presidente, un gran ejemplo nos dio. Con el libro y la pluma dispuesto a hacer su logro mayor, y nos ha dejado el legado a cada generación. ¡Quiero brindarte mi homenaje y agradecerte este don!
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Agustín Surubi 18 años Bolivia Rima
Probé tus besos y me fui haciendo adicto a ellos. Tu ojos brillan tanto como una estrella... ¡de todas las mujeres para mí eres la más bella!
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Arte
Catalina Acevedo Argentina
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Emir Acevedo 8 años Argentina
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Isabella Barrientos 9años Argentina
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Florencia Barrios 12 años Argentina
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Carlos Chaparro Argentina
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Agustín Correa 12 años Argentina
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Luz Dalila 11 años Argentina
El planeta llora
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Analía Esquivel 10 años Argentina
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Éfila Mía Faranna 9 años Argentina
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Eva Gabriela Fernández 14 años Argentina
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Formación Juventud Boliviana Bolivia
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María Luz Hidalgo Ortega 6 años Argentina
117
Dana Laila 15 años México
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Carlos Illan Llala Perú
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Franco Nahuel Machado Argentina
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Lara Victoria Perla 3 años Argentina
Pepa Pig Lápices de colores y crayones sobre impresión en fibrofácil
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Regina Desiree Ramallo 6 años Argentina
122
Vassily Orloff 4 años Argentina
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Angélica Sauma 9 años Bolivia
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Iris Sánchez 13 años Argentina
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Heloisa Soriano Ávila Argentina
Fileteado
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Vito Zubillaga 8 años Argentina
127
Índice 5
* Prólogo
Literatura adultos 8 * Rosani Abou Adal 9 * Mary Acosta 10 * Gabriela Alzogaray 11 * Miriam Brandan 12 * Justina Cabral 13 * Lina Cafarello 14 * Ezequiel Cámara 15 * María Crescencia Capalbo 16 * Javier Claure 18 * Silvia Susana Consolino 20 * Carlos Cuccaro 21 * Teresa Elsa Domínguez 23 * Liliana Escanes 24 * Santiago Espel 25 * Alba Estrella Gutiérrez 26 * Jorge Etcheverry 27 * María Laura Finochietto 29 * Josefina Fidalgo 30 * Norma Froy 31 * Isabel Furini 32 * Lita Gallino 33 * Elsiana Goedert 34 * Susana Noemí Greco 35 * Francis Yoshi Kawa 36 * Sheina Lee Leoni 38 * Etelvina Maldonado 39 * José Maldonado 41 * Ana María Manceda 42 * Daniel Mauricio 43 * Diana Mesterman 45 * Carlos Moreno
46 47 48 51 53 54 56 57 58 59 60 62 63 64 65 66 67
* * * * * * * * * * * * * * * * *
Rosa Esther Moro Cecilia Ortiz Analía Pascaner Laura Pérez Suárez Graciela Pucci Fontana Norberto Ramazotti Decio Romano Elida Rosales Solange Rosenmann Ruth Sánchez Luis Tulio Siburu Alicia Smidth Julio Tisera Carmen Vega Olivencia Nélida Vschebor Yina (Alicia Tagle) Luciano Diego Zavala
Arte 69 70 71 72 73 74 75 77 79 80 81 82 83 84 85 80 81 82 83
* * * * * * * * * * * * * * * * * * *
Anamá (Ana María Guariniello) Matías Hernán Bitocchi Maximiliano Pablo Bitocchi Lidia Bortolini María Carelli Cristina Colussi Lucas Mauricio Contreras Leonor Cristiano Elsa Fender Josefina Fidalgo Beatriz Lavagnino Julio Alberto Machicado María de los Ángeles Mango Rony Martínez Flores Delia Carolina Mogni Josefina Fidalgo Beatriz Lavagnino Julio Alberto Machicado María de los Ángeles Mango
84 * 85 * 86 * 87 * 88 * 89 * 90 * 91 * 92 * 93 * 94 *
Rony Martínez Flores Delia Carolina Mogni Mónica Navarrete López Olga Patti Sergio Pérez Pedro Polack Graciela Pucci Fontana Jorge Requena Raquel Rivero Daniele Rocco Clorinda Sánchez
Sección Infantil Juvenil Literatura 97 * 98 * 99 * 100* 101* 102* 103* 104*
Andrea Michelle García Barrientos Miranda González Manuel Mantilla Alexa Márquez Barrientos Kevin Muñoz Gómez Nathalya Pérez Carreón Adrián Exequiel Prado Agustín Surubi
Arte 106* 107* 108* 109* 110* 111* 112* 113* 114* 115* 116* 117* 118* 119*
Catalina Acevedo Emir Acevedo Isabella Barrientos Florencia Barrios Carlos Chaparro Agustín Correa Luz Dalila Analía Esquivel Éfila Mía Faranna Eva Gabriela Fernández Formación Juventud Boliviana María Luz Hidalgo Ortega Dana Laila Carlos Illan Llala
120* Franco Nahuel Machado 121* Lara Victoria Perla 122* Regina Desiree Ramallo 123* Vassily Orloff 124* Angélica Sauma 125* Iris Sánchez 126* Heloisa Soriano Ávila 127* Vito Zubillaga