La delegación dominicana, impulsada por la condición de anfitriona y el respaldo del público, se mantenía al cierre de esta edición en el quinto puesto, con diez medallas de oro, once de plata y 35 de bronce. Entre sus actuaciones destacadas figura el tercer lugar alcanzado en la competencia por equipos mixtos de judo, disciplina en la que el país acumuló tres oros, dos platas y siete bronces. La programación abarca deportes de gran tradición en la región, como atletismo, baloncesto, béisbol, boxeo, natación, voleibol, judo y levantamiento de pesas, junto con disciplinas que amplían el atractivo de la competencia. El béisbol comenzó el 29 de julio, mientras los torneos de fútbol masculino y femenino también fueron programados desde esa fecha, extendiendo la emoción de los Juegos hacia su segunda semana. Más allá de las medallas, Santo Domingo 2026 representa una oportunidad para proyectar la capacidad organizativa, la cultura y la hospitalidad de la República Dominicana. La celebración fortalece los vínculos entre los pueblos de Centroamérica y el Caribe y confirma al deporte como un espacio de integración, identidad regional y encuentro entre nuevas generaciones de atletas.
Un siglo de historia deportiva
Los Juegos Centroamericanos y del Caribe fueron fundados en 1924 y celebraron su primera edición competitiva en 1926, con la participación de tres países y 269 atletas. Son reconocidos como la competición multideportiva más antigua del hemisferio occidental avalada por el Comité Olímpico Internacional. Con el paso del tiempo, el certamen creció hasta reunir a decenas de naciones y miles de deportistas, convirtiéndose en uno de los principales escenarios de preparación para el ciclo olímpico. República Dominicana ha ocupado un lugar especial en esta historia. Santo Domingo recibió los Juegos en 1930 y 1974, mientras Santiago de los Caballeros fue sede en 1986. Con la edición de 2026, el país organiza la competencia por cuarta ocasión y Santo Domingo se convierte nuevamente en punto de encuentro del deporte regional. México y Cuba han sido las grandes potencias históricas del certamen, dominando el medallero general en numerosas ediciones.
Mundo
Paraguay y Ecuador fortalecen sus relaciones durante encuentro presidencial
Fotos: Metroecuador y El Universo
El presidente de Paraguay, Santiago Peña, arribó al Palacio de Carondelet, donde fue recibido por su homólogo ecuatoriano, Daniel Noboa, para desarrollar un encuentro presidencial orientado a fortalecer las relaciones entre ambas naciones. Durante la jornada, los mandatarios encabezaron reuniones de trabajo junto con las delegaciones oficiales de Paraguay y Ecuador, en las que abordaron temas de interés común y oportunidades para ampliar la cooperación bilateral en distintas áreas estratégicas. El encuentro reafirma la voluntad de ambos gobiernos de mantener un diálogo permanente y avanzar en iniciativas conjuntas que contribuyan al desarrollo económico, la integración regional y el bienestar de las poblaciones paraguaya y ecuatoriana.
Keiko Fujimori asume la Presidencia de Perú y promete un Gobierno de unidad
Keiko Fujimori juró como presidenta de la República del Perú para el período 2026-2031, durante una ceremonia solemne celebrada en el Congreso Nacional. Con su investidura, se convierte en la primera mujer elegida mediante el voto popular para dirigir el país y marca el regreso del fujimorismo al poder después de casi tres décadas.
Durante el acto, Fujimori recibió la banda presidencial y expresó su compromiso de cumplir la Constitución, preservar la soberanía nacional y trabajar por la libertad, la democracia y la integridad de todos los peruanos, especialmente de los sectores históricamente postergados. La nueva mandataria también manifestó que impulsará un país más seguro, próspero y unido.
La ceremonia contó con la presencia de representantes y jefes de Estado extranjeros, entre ellos el rey Felipe VI de España y mandatarios de varios países latinoamericanos. Fujimori inicia su gestión luego de imponerse en una reñida segunda vuelta electoral, con el desafío de fortalecer la gobernabilidad, enfrentar la inseguridad y recuperar la confianza de la ciudadanía en las instituciones públicas.
Fotos: Fuente Externa
CAMBIA EL CHIP El día que el amor entró a la cancha
Por Elizabeth Mena
Hay tardes que duran apenas unas horas, pero tienen la capacidad de llevarnos muchos años atrás. La final de la Copa Mundial de la FIFA fue una de ellas. Mientras millones de personas esperaban el inicio del segundo tiempo y observaban por primera vez un espectáculo de medio tiempo en la historia de una final mundialista, yo no podía dejar de regresar a Santo Domingo, al Mundial Femenino Sub-17 y a un sueño que alguna vez imaginé para nuestro país.
Tuve el privilegio de formar parte de la organización de aquella Copa Mundial y, como ocurre con quienes trabajan detrás de un evento de esa magnitud, inevitablemente uno comienza a imaginar posibilidades. Soñaba con una inauguración que hablara de nuestra cultura, de nuestra música y de esa alegría que distingue a los dominicanos. Imaginaba que el deporte podía encontrarse con el arte para construir una experiencia capaz de emocionar incluso antes de que rodara el balón. Sin embargo, muy pronto comprendimos que un Mundial no se organiza únicamente con creatividad. Existen protocolos, presupuestos, tiempos calculados al segundo y reglas diseñadas para proteger la competencia. La cancha debía permanecer intacta y cada decisión respondía a una planificación rigurosa. Hoy miro aquellos días con nostalgia, no porque faltaran ideas,
sino porque entendí que, muchas veces, organizar un evento de clase mundial también significa aprender a renunciar a buenas ideas cuando las circunstancias así lo exigen.
Quizá por eso el espectáculo dirigido por Chris Martin tuvo un significado distinto para mí. Mientras muchos veían un concierto, yo veía una idea que finalmente encontraba el escenario perfecto para hacerse realidad. No porque el fútbol necesitara parecerse a otros deportes, sino porque el deporte más universal del planeta había decidido utilizar uno de sus momentos de mayor audiencia para transmitir un mensaje que iba mucho más allá del resultado de un partido.
No podía existir una persona más apropiada para dirigir ese mensaje que Chris Martin. Quienes hemos seguido la trayectoria de Coldplay sabemos que sus conciertos nunca han sido únicamente música. Durante años ha construido una propuesta artística basada en el amor, la empatía, la inclusión y la esperanza. Sus espectáculos invitan a las personas a verse unas a otras, a celebrar las diferencias y a recordar que la humanidad siempre será más grande que aquello que pretende dividirla. Eso fue exactamente lo que ocurrió sobre la cancha. Durante unos minutos el fútbol hizo una pausa para hablar de amor. No del amor romántico, sino del amor entendido como respeto, solidaridad, inclusión y la convicción de que, antes que rivales, banderas o idiomas distintos, todos compartimos una misma condición humana. Vivimos en una época en la que resulta demasiado sencillo encontrar motivos para enfrentarnos. Discutimos por política, por religión, por ideologías, por fronteras y hasta por un equipo de fútbol. Las redes sociales nos acostumbraron a responder antes que escuchar y a juzgar antes que comprender. Sin embargo, el
deporte continúa recordándonos que todavía existen espacios donde millones de personas pueden emocionarse al mismo tiempo, abrazar a un desconocido después de un gol o cantar una misma canción sin importar el idioma en que fue escrita. Mientras observaba cada minuto de aquel espectáculo, inevitablemente regresé a Santo Domingo. Pensé en las ideas que quedaron sobre la mesa, en los proyectos que no pudieron realizarse y en los sueños que aceptamos posponer porque las condiciones simplemente no lo permitían. Y, lejos de sentir frustración, sonreí. Comprendí que las buenas ideas nunca desaparecen; simplemente esperan el momento adecuado y el escenario correcto para cobrar vida.
La mayor enseñanza que me dejó Chris Martin aquella tarde no fue artística. Fue una lección de liderazgo. Los grandes líderes entienden que los escenarios más importantes no existen únicamente para exhibir talento o poder. Existen para amplificar mensajes capaces de transformar la manera en que las personas se relacionan entre sí. En tiempos donde abundan los discursos que alimentan el miedo, la división y el enfrentamiento, él eligió hablar de amor. Y hacerlo desde el escenario con mayor audiencia del planeta convirtió aquel espectáculo en mucho más que un concierto: lo convirtió en una declaración de principios.
Ese, quizás, sea el verdadero cambio de chip que necesitamos. Comprender que el éxito de un evento no se mide únicamente por la cantidad de espectadores que reúne, sino por el mensaje que deja cuando las luces se apagan. Porque los campeones levantan copas, pero las ideas, cuando nacen del amor y de la voluntad de unir a las personas, tienen la extraordinaria capacidad de permanecer mucho después de que el marcador deja de importar.
Fiebre, tos y secreción nasal: ¿es momento de usar un antibiótico?
La fiebre aparece, la tos no cede y el malestar preocupa a toda la familia. En cuestión de horas surge una duda que se repite diariamente en los consultorios pediátricos: «¿Necesita un antibiótico?».
Aunque la respuesta puede parecer sencilla, la evidencia científica demuestra que no todas las infecciones requieren este tipo de tratamiento.
Las infecciones agudas representan uno de los principales motivos de consulta en pediatría. Sin embargo, la mayoría son causadas por virus y no por bacterias. Una gran proporción de las infecciones infantiles tiene origen viral, por lo que suele resolverse con reposo, una hidratación adecuada y medicamentos destinados a aliviar los síntomas, sin necesidad de utilizar antibióticos. A pesar de ello, muchos padres todavía asocian la recuperación con el uso de estos medicamentos. La preocupación es comprensible: todos queremos que nuestros hijos mejoren lo antes posible. Sin embargo, cuando un antibiótico se utiliza sin estar indicado, no solo deja de acelerar la recuperación, sino que también puede producir efectos secundarios, como diarrea, reacciones alérgicas y alteraciones de la microbiota intestinal. Además, su uso inadecuado favorece el desarrollo de bacterias resistentes. La Organización Mundial de la Salud considera la resistencia a los antimicrobianos una de las principales amenazas para la salud pública mundial. Por su parte, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades han advertido sobre la elevada cantidad de infecciones causadas por bacterias resistentes y señalan que el uso innecesario de antibióticos es uno de los factores que más contribuyen a este problema. La Organización Panamericana de la Salud también ha destacado que el uso responsable de estos medicamentos constituye una prioridad para proteger su eficacia en las futuras generaciones.
Por: x
Algunos mitos y realidades sobre el uso de antibióticos
Mito: Los antibióticos bajan la fiebre. Realidad: La fiebre es una respuesta del sistema inmunitario. Si la infección es causada por un virus, el antibiótico no disminuirá la temperatura ni hará que el niño mejore más rápido.
Mito: El moco verde significa que existe una infección bacteriana.
Realidad: El color del moco puede cambiar durante la evolución normal de muchas infecciones virales y, por sí solo, no indica la necesidad de utilizar un antibiótico.
Mito: Si el antibiótico funcionó la última vez, servirá nuevamente.
Realidad: Cada enfermedad debe evaluarse de manera individual. Lo que fue adecuado en una ocasión puede no serlo en otra.
Mito: Cuando el niño mejora, se puede suspender el tratamiento.
Realidad: Si el pediatra indicó un antibiótico, este debe administrarse de acuerdo con la dosis, la frecuencia y la duración prescritas. El tratamiento no debe modificarse ni suspenderse sin consultar previamente al profesional de la salud.
Surge entonces la pregunta: ¿cuándo puede ser necesario un antibiótico?
Los antibióticos son medicamentos indispensables cuando existe una infección bacteriana confirmada o una alta sospecha clínica. Algunas enfermedades que pueden requerirlos incluyen determinadas neumonías bacterianas, infecciones urinarias, algunas otitis medias agudas, sinusitis bacteriana y faringitis causada por Streptococcus pyogenes.
En estos casos, el diagnóstico y la indicación del tratamiento deben ser realizados por un profesional de la salud, después de valorar los síntomas, realizar el examen físico y, cuando sea necesario, solicitar estudios complementarios.
Los antibióticos han salvado millones de vidas desde su descubrimiento y continúan siendo una herramienta esencial de la medicina moderna. Preservar su eficacia es una responsabilidad compartida entre los profesionales de la salud, los pacientes y las familias.
Comprender cuándo son realmente necesarios constituye uno de los pasos más importantes para garantizar que sigan siendo efectivos cuando verdaderamente puedan marcar la diferencia.
SANTO DOMINGO, REPÚBLICA DOMINICANA
Opinión
Enfermedades raras en República Dominicana: la deuda pendiente del sistema de salud
Por: Dra. Massiel Carolina
Morales González
Pediatra genetista
Gerente de la Unidad de Genética del Hospital
Pediátrico Dr. Robert Reid Cabral
Directora médica de Gen & Kids Center
Docente de Genética Médica de la UASD
Por décadas, las enfermedades raras han permanecido al margen de las prioridades sanitarias en República Dominicana. No porque sean irrelevantes, sino porque, de manera individual, afectan a pocos pacientes. Sin embargo, esa percepción resulta engañosa. En conjunto, más de 7,000 enfermedades raras afectan a millones de personas en el mundo y, aunque no disponemos de cifras nacionales precisas, miles de dominicanos conviven con alguna de estas condiciones, muchas veces sin diagnóstico, sin tratamiento y, peor aún, sin ser visibles para el sistema de salud. La verdadera deuda del sistema dominicano no radica únicamente en la falta de acceso a medicamentos de alto costo. La deuda comienza mucho antes: en la ausencia de políticas públicas específicas, en el retraso diagnóstico, en la limitada disponibilidad de pruebas genéticas, en la escasez de especialistas y en la inexistencia de estadísticas que permitan identificar quiénes son estos pacientes, dónde están y cuáles son sus necesidades.
Las personas con enfermedades raras atraviesan lo que se conoce como la «odisea diagnóstica»: años transitando por múltiples consultas médicas, diagnósticos erróneos y estudios innecesarios. Durante este proceso enfrentan un enorme desgaste emocional y económico que no solo retrasa el inicio de los tratamientos y las terapias de apoyo, sino que también priva a las familias de información esencial para tomar decisiones clínicas y reproductivas informadas.
En la actualidad, la genética médica ha revo-
lucionado el diagnóstico de estas enfermedades. La secuenciación del ADN, las pruebas moleculares y la medicina de precisión permiten identificar condiciones que, hace apenas unos años, permanecían sin explicación. Sin embargo, el acceso a estas herramientas continúa siendo limitado para una gran parte de la población dominicana. La innovación científica avanza a una velocidad extraordinaria, mientras que la capacidad del sistema para incorporarla continúa rezagada. Debo destacar que hemos progresado durante los últimos años. Ha aumentado el interés de las sociedades científicas, las universidades y las organizaciones de pacientes por visibilizar esta realidad; existe una mayor sensibilización entre los profesionales de la salud y se observa un crecimiento progresivo de las capacidades diagnósticas. Estos pasos son importantes, pero aún resultan insuficientes frente a la magnitud del desafío. República Dominicana necesita construir una política nacional sustentada en evidencia científica y en principios de equidad. Esta estrategia debe contemplar la creación de un registro nacional de pacientes, el fortalecimiento de los servicios de genética clínica y de los laboratorios especializados, la implementación de un programa de tamizaje neonatal y el establecimiento de mecanismos transparentes que faciliten el acceso a
medicamentos huérfanos.
La formación médica continua de los profesionales de atención primaria y el impulso de la investigación también deben ocupar un lugar central, ya que la educación sigue siendo una de las principales herramientas para favorecer el diagnóstico. Además, sin datos epidemiológicos nacionales, resulta difícil diseñar políticas públicas eficientes, estimar las necesidades presupuestarias o participar activamente en redes internacionales. Pero quizás el mayor desafío sea cambiar nuestra manera de entender la equidad en salud. Un sistema sanitario no demuestra su fortaleza únicamente cuando responde eficazmente a las enfermedades más prevalentes. También la demuestra cuando protege a quienes representan una minoría y cuyas necesidades suelen pasar inadvertidas. La frecuencia de una enfermedad nunca debería determinar el valor que otorgamos a la vida de quien la padece.
Las enfermedades raras nos recuerdan que detrás de cada diagnóstico existe una persona, una familia y un proyecto de vida que merece las mismas oportunidades. La deuda pendiente del sistema dominicano no es únicamente sanitaria; también es social y ética. Saldarla exige voluntad política, inversión en ciencia, cooperación entre instituciones y un compromiso firme con la dignidad humana.