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La Defensa de Chile en La Haya

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INDICE

PALABRAS PRELIMINARES

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INTRODUCCIÓN: Relaciones Chile-Perú, una Historia Compleja

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CAPÍTULO PRIMERO: Los Límites Chileno-Peruanos en la Actualidad Sección Primera: El Límite Terrestre Sección Segunda: La Frontera Marítima

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CAPÍTULO SEGUNDO: Perú construye un Caso

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CAPÍTULO CUARTO: La Defensa de Chile en La Haya Sección Primera: Existencia de un Límite Marítimo Sección Segunda: Hito N°1 y la Frontera Terrestre Sección Tercera: El Triángulo Exterior en Alta Mar Sección Cuarta: La Práctica de las Partes Sección Quinta: Ecuador es parte de los Tratados de 1952 y 1954 pero no participa en el proceso Sección Sexta: Estabilidad de las fronteras Sección Séptima: La interpretación de los Tratados de 1952 y 1954 según el Derecho Internacional

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SÍNTESIS

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PALABRAS FINALES

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LÁMINAS

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ANEXOS

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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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CAPÍTULO TERCERO: Principales Aspectos de la Demanda de Perú

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PALABRAS PRELIMINARES

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La frontera terrestre chileno-peruana fue establecida por el Tratado de Lima de suscrito el 3 de Junio de 1929, procediéndose en 1930 a su fijación y señalización por medio de 80 hitos. Los espacios marítimos fueron objeto, primero de Actos unilaterales válidos el 18 de Agosto de 1952 Chile y Perú, a los que se sumó Ecuador, denominado “Declaración sobre Zona Marítima”. De este Tratado emana la delimitación marítima reiterada por ambos países el 3 de Diciembre de 1954 y confirmada por los acuerdos de 26 de Abril de 1968 y 22 de Agosto de 1969. Es así como Chile ejerce hoy jurisdicción y soberanía sobre el territorio terrestre ubicado al sur del límite situado entre la orilla del mar y el hito 80, y en el mar, al sur del paralelo geográfico que pasa por el Hito N° 1 (21° 18’ 03”) hasta la distancia de doscientas millas marinas.

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Como es conocido, el 16 de enero del año 2008 el Perú presentó ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), una demanda en contra de Chile por estimar que, formalmente, nunca había acordado una delimitación marítima con nuestro país. Solicitó, en consecuencia, realizar la delimitación conforme a las normas del Derecho Internacional del Mar Consuetudinario. Pidió que se realizara partiendo, no desde el Hito N° 1 sino de lo que para Perú es el “Punto Concordia” (supuestamente ubicado en la intersección de la línea de la más baja marea con el arco trazado a 10 kilómetros sobre el río Lluta de la línea del ferrocarril Arica-La Paz) y trazando una línea equidistante de las líneas de base de ambas Partes, hasta un punto situado a 200 millas náuticas de esas líneas. Finalmente solicitó que, de estimarse que el límite era el paralelo 18°21’03”, debía reconocérsele un triángulo de mar actualmente considerado por Chile como Alta Mar. La demanda peruana implicó la comparecencia de nuestro país ante la Corte Internacional de Justicia, sobre la base de que Chile y Perú habían suscrito y ratificado el Tratado Americano de Soluciones Pacíficas de 1948, conocido también como “Pacto de Bogotá”. Chile hizo presente que al comparecer ante la Corte, a la que no presentó excepciones preliminares por las razones que se explican en esta obra, no aceptaba el fundamento de la demanda marítima. Ha concluido la fase escrita que implicó la presentación a la Corte de una Memoria por parte de Perú con fecha 20 de Marzo de 2009; de una Contra-Memoria chilena el 9 de Marzo de 2010; de la Réplica peruana el 9 de Noviembre de 2010 y, finalmente, 5


de la Dúplica de Chile el 11 de Julio del año 2011. Los alegatos orales comenzarán el 2 de Diciembre próximo, al cabo de los cuales el Tribunal pronunciará su sentencia, estimada para mediados del próximo año. En este contexto, he considerado importante referirme a la sólida defensa escrita presentada por Chile. La demanda peruana, trabajosa y cuidadamente elaborada, ha tomado como pretexto las disposiciones de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, asumiendo no haber delimitado su territorio marítimo por paralelos con mucha anterioridad. Como se expondrá a lo largo de estas páginas, Perú fijó unilateralmente los límites de su territorio marítimo en 1947, celebró un Tratado con Chile y Ecuador en 1952, lo que confirmó en 1954. Esto fue reiterado en 1968 y 1969 y lo ha aplicado hasta nuestros días.

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El trabajo realizado no pretende otra cosa que dar a conocer, de un modo didáctico y sencillo, sin tecnicismos, los principales argumentos planteados por Perú en su demanda, y las fundadas respuestas que Chile ha debido entregar a la Corte para defender los espacios marítimos que posee y sobre los cuales ha ejercido jurisdicción y soberanía desde 1947.

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Los argumentos han sido mayoritariamente extractados de los textos escritos preparados por el grupo de abogados que, dirigidos por el Agente Alberto van Klaveren y la Co-Agente María Teresa Infante, he tenido el honor de integrar.

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Soy testigo del esfuerzo desplegado para obtener, en Chile y en el extranjero, todas las pruebas posibles que avalen directa o indirectamente el derecho que nos asiste a mantener el territorio sobre el cual ejercemos soberanía y que, tras más de medio siglo de posesión tranquila e indisputada, nos ha sido controvertido. Los alegatos que comienzan a tener lugar, constituyen la fase final de un proceso que Chile no buscó y que espera, fervientemente, sea el último eslabón de una larga cadena que ha mantenido a sectores intelectuales y políticos atados al pasado.

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INTRODUCCIÓN RELACIONES CHILE-PERÚ, UNA HISTORIA COMPLEJA

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Las relaciones entre Chile y Perú, dos países unidos por la geografía y una herencia común, no han estado exentas de dificultades a través de la historia. Mientras el Perú, cuna del Imperio Inca, fue elegido por España como Virreinato en su conquista de este sector del continente americano, Chile fue su Capitanía General. Dice Francisco Antonio Encina en su “Historia de Chile” que el Virreinato del Perú había ejercido hegemonía en Sudamérica por la superior cultura y las riquezas acumuladas durante el pasado colonial. “Hasta 1810, Lima tenía más de 80.000 habitantes, que nadaban en bienestar hasta las últimas clases sociales”[1]. Señala más adelante, citando a un ilustre chileno que la visitó por primera vez, “El fausto de las clases ricas daba a esta ciudad el importante aspecto de una Corte. Tenía magníficos colegios, contaba con muchos hombres de ilustración superior dentro de la época y de la América española, y se jactaba de poseer más hospitales que Madrid”[2]. Su supremacía económica, dice Encina, quedó condensada en una frase célebre “Cuando en Lima los mulatos usaban medias de seda, en Chile los caballeros calzaban ojotas y en Argentina andaban a pata”[3]. Alberto Wagner de Reyna en su “Historia Diplomática del Perú” dice: “La Capitanía General o reino de Chile dependió de Lima hasta 1798, la élite de sus hombres se educó en Lima, y separado de la Argentina por la cordillera, su vecino más efectivo era el Perú. Razones geográficas, económicas, técnicas y políticas determinaron que la República de Chile fuera un país pobre pero organizado y de empuje, y es históricamente lógico que se cruzarán sus destinos con un Estado como lo era el Perú al asumir su independencia”[4]. En efecto, todo ese fausto, riqueza y hegemonía que el propio Perú destaca en su Memoria,[5] sufrió sus primeros embates cuando el continente emprende la lucha por su independencia. Argentina y Chile hicieron frente a sus propios procesos, el Ejército Libertador derrotó a las fuerzas españolas en Chacabuco, y para consolidar la liberación de España, organizó la expedición libertadora del Perú encabezada por

[1] Encina, Francisco A. Historia de Chile. Editorial Ercilla. Santiago 1983. Tomo XI pág. 25. [2] Encina, Francisco A. Obra citada. [3] Encina, Francisco A. Obra citada. [4] Wagner de Reyna, Alberto. Historia Diplomática del Perú. Lima. Ediciones Peruanas. 1964. Volumen I. pág. 15. [5] Perú, Memoria. Párrafo 1.7 Pág. 20. 7


el General San Martín e integrada por chilenos. Wagner de Reyna manifiesta “la propia campaña de la emancipación y el viaje de la escuadra libertadora, ateniéndose estrictamente a la realidad estratégica y dejando de lado otras consideraciones, fue una campaña anfibia de sur a norte”[6]. Y esa campaña anfibia dejó heridos desde el momento en que sectores importantes perdieron poder e influencia. La lucha por la independencia y posterior separación de la metrópoli originó en las nuevas naciones americanas un período de consolidación que, en algunos casos, fue más prolongado que en otros. En Chile el proceso transcurrió relativamente rápido, comenzando en 1831 un tiempo de estabilidad política con cuatro gobiernos conocidos como decenios, que encabezaron los Presidentes Prieto, Bulnes, Montt y Pérez.

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Las turbulencias en las relaciones con Perú se iniciaron pronto. El Mariscal Andrés de Santa Cruz organizó la Confederación Perú-Boliviana que unió al Alto Perú con un sector del Bajo Perú. La Memoria peruana ante la Corte Internacional de Justicia, se refiere escuetamente a la guerra que opuso a Chile con la Confederación Perú-Boliviana en 1836. Manifiesta que la Confederación fue considerada en Chile como amenaza a la seguridad del país, por lo que organizó dos expediciones militares, la primera que fracasó y la segunda que derrotó al ejército confederado en 1839, logrando su disolución[7]. Pero, sin perjuicio del efectivo peligro que representaba para Chile la Confederación, la demanda silencia lo que expresa el propio autor peruano. Dice Wagner de Reyna: “Oficialmente, era Chile el aliado del gobierno peruano, cuyo presidente, Gamarra, había venido a bordo de las naves chilenas en la segunda y definitiva expedición para desalojar a Santa Cruz y restaurar la independencia del Perú”[8]. Este episodio que tuvo el extraño carácter de ser visto como guerra civil para el Perú y campaña internacional para Chile, continuó provocando heridas en nuestras relaciones. Mientras Chile se había estabilizado políticamente y su economía crecía, el Perú aún no encontraba su camino. El orden y seguridad que ofrecía Chile y los almacenes francos de Valparaíso, hizo que el comercio marítimo que se realizaba por el puerto del Callao fuese desplazándose hacia Valparaíso. La rivalidad entre dichos puertos se fortaleció por la importancia que jugaba el comercio marítimo internacional en sus economías. Y parecía evidente que quien ganara esa batalla dominaría comercialmente el Pacífico Sur Oriental. Wagner de Reyna, de manera muy franca, expone cómo el eje de la región se desplaza de norte a sur, desde el viejo Virreinato a su antigua Capitanía General que se [6]Wagner de Reyna, Alberto. Obra citada. Pág. 15. [7] Perú, Memoria. Párrafo 1.12 Pág. 25. [8] Wagner de Reyna, Alberto. Obra citada. Pag.15. [9] Wagner de Reyna, Alberto. Obra citada. Pág. 17. 8


ordena, crece y se desarrolla, pero provoca sentimientos de rivalidad y enemistad. Resume así su propia percepción sobre el fenómeno: “la emigración de chilenos a las costas del Perú y no en menor término la idiosincrasia de cada pueblo y su deseo de dominar ese Pacífico Sur tenido en común, llevaron a la convicción en ambos de que, aún siendo interdependientes, eran necesariamente adversarios[9]. El descubrimiento de la riqueza salitrera y guanera en el norte agregó un nuevo factor al llevar a numerosos nacionales hacia esas regiones. Los problemas que se originaron con Bolivia movieron a ese país a solicitar apoyo del Perú que, en una decisión estratégica, suscribió en 1873 un Tratado secreto de Alianza Defensiva, al cual buscó se sumara Argentina, lo que habría entregado una garantía de éxito.

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Bajo el subtítulo de “La Catástrofe”, Wagner de Reyna dice: “la diplomacia peruana llevó en forma deficiente este asunto: el Tratado fue conocido e interpretado en vista de su carácter secreto, como ofensivo por Chile, y la búsqueda de la alianza Argentina, considerada por él como el intento de un cuadrillazo contra ese país”[10]. El Embajador chileno en Lima, Joaquín Godoy confirma lo anterior en su nota de 3 de Abril de 1879, “ninguna precaución ha sido bastante para ocultar por más tiempo la existencia del tratado secreto de alianza que en 1873 celebraron Bolivia y el Perú. Según ese Pacto, ajustado cuando Chile descansaba en la confianza de que una profunda paz reinaba en sus relaciones con este país, con Bolivia y con todas las naciones, el Perú quedó formalmente obligado a constituirse, dado el conflicto hoy existente, en enemigo de Chile, y a comprometer en su daño sus naves, sus ejércitos y sus tesoros. No sólo existe ese compromiso consignado en el pacto secreto de 1873. El gobierno del infrascrito es sabedor de que el de Vuestra Excelencia ha comenzado a darle cumplimiento suministrando directa aunque ocultamente al de Bolivia armas y municiones día”[11]. Si bien la causa inmediata de la guerra puede encontrarse en lo que dice el Embajador Godoy en su nota – “suministro de armas y municiones a Bolivia, la actitud bélica de Perú, y su negativa a declarar su neutralidad en el conflicto chileno boliviano dando por fundamento el Pacto Secreto”[12] - su origen mediato se encuentra en esta maniobra diplomática urdida en 1873 por Perú y Bolivia que, de haber triunfado, habría implicado nuevamente la existencia de una potencia rival y dominante en el Pacífico Sudoriental.

[10] Wagner de Reyna, Alberto. Obra citada. Pág. 17. [11] Nota de Embajador J. Godoy al Ministro de RR.EE. de Perú Manuel Yrigoyen al abandonar su Misión en Lima. [12] Ibid. 9


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El conflicto, iniciado en 1879 y terminado con Perú en 1883 con la suscripción del Tratado de Ancón, dejó profundas huellas en las relaciones chileno peruanas, y tanto más por el largo proceso diplomático conducente a resolver la cuestión de Tacna y Arica, definida finalmente por el Tratado de Lima de 1929. Pero mientras todo hizo creer que con la firma de ese histórico documento, se rompían las cadenas que ataban a ambos países al pasado, como lo tituló un importante periódico nacional, surgieron más adelante nuevos desencuentros con motivo de las cláusulas cuya ejecución requería de otros acuerdos a partir del Tratado de 1929. Como hay constancia en nuestra historia diplomática, fueron numerosos los esfuerzos de ambos países por lograr un acuerdo que resolviera definitivamente lo que el Tratado de 1929 había dejado para su implementación mediante acuerdos sucesivos. En algunos de ellos tuvo participación activa el ex Ministro de Relaciones Exteriores del Perú y actual Agente ante la Corte Internacional de Justicia, Allan Wagner. En otros, el mismo autor de estas líneas que creyó había finalizado el proceso con los Tratados de Lima suscritos en 1993. Todavía recuerdo la solemne e impresionante ceremonia realizada en el Palacio Pizarro, con la presencia del Presidente de la República, el gabinete peruano y cuerpo diplomático residente, ante los cuales los Ministros De la Puente del Perú y Silva Cimma de Chile suscribieron dichos textos. Desgraciadamente los Tratados no fueron aprobados por el Congreso peruano, lo cual condujo a nuevas negociaciones que en 1999, condujeron al Acta de Ejecución, hoy vigente, y mediante la cual Perú declaró que recibía los establecimientos y zonas a plena satisfacción. Pero lo que se creyó era el fin de nuestros asuntos pendientes, no fue tal, pues al iniciarse el siglo XXI surgió la elaborada creación del nuevo caso que ahora nos enfrenta.

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Nuestras relaciones han sido más complejas, y comprenden más hechos y episodios que los que, de manera tan general y dirigida, ha planteado el gobierno del Perú en su demanda. Hacemos votos porque resuelto el caso que actualmente conoce la Corte Internacional de Justicia, el pasado quede en la Historia y nos dispongamos a actuar juntos de cara al futuro.

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CAPITULO PRIMERO LOS LÍMITES CHILENO-PERUANOS EN LA ACTUALIDAD

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Chile tiene sus fronteras delimitadas con Perú, tanto la terrestre como la marítima. La terrestre es producto del Tratado de Lima de 1929, que puso fin a la larga disputa por las Provincias de Tacna y Arica que el Tratado de Paz de 1883 había dejado en poder de Chile hasta la realización de un Plebiscito que decidiera su suerte, y que debía tener lugar a partir del décimo año de vigencia del Tratado. En 1929 ambos países resolvieron que Tacna regresara al Perú quedando Arica bajo soberanía chilena. La materialización de la frontera se realizó en 1930 por medio de una Comisión Mixta que la fijó en el terreno por medio de 80 hitos que corren desde el Océano Pacífico hacia el Este, culminando en el Hito Nº 80, conocido como trifinio, por constituir, frontera también con Bolivia.

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SECCION PRIMERA

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La frontera marítima data de 1952 cuando en virtud de la Declaración de Santiago sobre “Zona Marítima”, Chile, Perú y Ecuador, celebraron el tratado más importante sobre este espacio marítimo de 200 millas, que se encarnó en las políticas exteriores, el Derecho Internacional y en las respectivas legislaciones domésticas.

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EL LÍMITE TERRESTRE El tratado de Lima de 1929 y la frontera terrestre Tras separar las Provincias de Tacna y Arica, el Tratado de Lima encargó a una Comisión Mixta integrada por un miembro designado por cada gobierno, la fijación y señalamiento en el territorio de la línea fronteriza por medio de hitos[13]. Su artículo segundo precisa que la frontera “partirá de un punto de la costa que se denominará Concordia, distante diez kilómetros al norte del puente del Río Lluta, para seguir al oriente paralela a la vía de la sección chilena del Ferrocarril de Arica a La Paz y distante diez kilómetros de ella...”[14]. Conforme a instrucciones idénticas emanadas de ambos gobiernos y remitidas a sus [13] Tratado de Lima de 1929. Art. 2: “dicha línea será fijada y señalada en el territorio con hitos por una Comisión Mixta compuesta por un representante de cada país” entregando al Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, en fallo inapelable, la responsabilidad de dirimir los eventuales desacuerdos. [14] Tratado de Lima de 1929. 11


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respectivas delegaciones con fechas 24 y 28 de abril de 1930, la Comisión Demarcadora desarrolló sus trabajos para cumplir con el mandato de instalar el “Hito Concordia”. punto inicial, en la costa, de la línea fronteriza”[15].Para fijar ese punto, las instrucciones ordenaron: “se medirán diez kilómetros, desde el primer puente del ferrocarril de Arica a La Paz sobre el río Lluta, en dirección hacia el norte, en la pampa de Escritos, y se trazará, desde el poniente, un arco de diez kilómetros de radio, cuyo centro estará en el indicado puente y que vaya a interceptar la orilla del mar, de modo que, cualquier punto del arco, diste diez kilómetros del referido puente del ferrocarril de Arica a La Paz sobre el río Lluta. Este punto de intersección del arco trazado, con la orilla del mar, será el inicial de la frontera divisoria entre Chile y el Perú”[16].

[15] Instrucciones a Comisión Mixta. [16] Instrucciones a Comisión Mixta. 12


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