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Gobernar con principios

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Indice

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IV. V. VI. VII. VIII. IX.

Igualdades Derecha e izquierda La falsa contradicción entre liberalismo y conservadurismo Diversidad e identidad en la derecha Confianza: fundamento del desarrollo El desafío de asumir la historia: dictadura, DD.HH. y transición

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Palabras al cierre

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Prólogo Agradecimientos Cómo leer este libro Introducción: la “nueva derecha” I. Bosquejo histórico de la derecha chilena II. La derecha y el derrotismo: entre el arca de Noé y el síndrome de Estocolmo III. Gobernar con principios La necesidad de formular principios Principios para la centroderecha Principios base Nuevos principios

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Prólogo

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Por Luis Larraín Arroyo

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El libro que prologamos hoy, “Gobernar con principios: ideas para una nueva derecha”, de Francisco Javier Urbina y Pablo Ortúzar es un libro muy necesario. Fue el primer comentario que se me vino a la cabeza cuando uno de sus autores me pidió que leyera los primeros borradores. La centroderecha en Chile no ha reflexionado seriamente acerca de las ideas y principios que la aglutinan, desde hace mucho tiempo. De hecho, históricamente el sector no ha sido muy proclive al estudio de la política y la elaboración de ideas y esta obra nos ilustra bien sobre el particular.

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Después de las grandes discusiones entre conservadores y liberales a raíz de la relación entre la Iglesia y Estado y de algún debate motivado por la creación de la Falange a partir de sectores de pensamiento socialcristiano del Partido Conservador, son muy escasas las personas interesadas en la reflexión en el sector. Las divisiones que motivaron la guerra civil del 91 y la etapa que le siguió están tan cruzadas por intereses y personalismos que difícilmente pueden identificarse como diferencias ideológicas. En tiempos más recientes, Pedro Ibáñez, de alguna manera, y muy especialmente Jaime Guzmán, son excepciones a esta regla, en cuanto siempre intentaron dotar a la política de contenido y sobre todo de principios. 5


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Guzmán fue, como bien lo deja ver el libro, el último intelectual de la derecha. Comprendía muy bien que la acción política debía tener un correlato con la discusión de ideas, pues de lo contrario queda desprovista de virtud y se convierte en una actividad destinada a perseguir fines particulares, a satisfacer ansias de poder, a defender intereses creados. De allí a concebir la política como una forma de exacción de su patrimonio a particulares, para favorecer a otros y a utilizar al Estado como instrumento para ello hay poco trecho. Por eso no le fue difícil a Guzmán modificar, incluso, su pensamiento, para dar cabida a las ideas del liberalismo clásico cuando en Chile se realizaron reformas a su economía que iban en esa dirección.

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Si se está en política, entonces, es necesario estar también en la discusión de ideas y la derecha chilena, por diversas razones, algunas de las cuales se examinan en el libro, no ha sido muy entusiasta en participar en este debate. Hay un cierto desdén en la derecha por la actividad intelectual. Bajo el prejuicio de que no sería ésta una actividad productiva, concepto tan equivocado y falto de profundidad como el de aquellos que consideran que la industria financiera es especulativa y no contribuye a la creación de riqueza, se ha despreciado el estudio del pensamiento, el análisis de la historia, la filosofía, la antropología o la sociología. Los jóvenes afines al pensamiento de derecha que son más talentosos, se dedican preferentemente a la ingeniería, a la práctica de la medicina, a la economía o al derecho; estas dos últimas disciplinas más bien en su vertiente privada, quizás con la idea de que así están haciendo una contribución mayor a la sociedad y también, por qué no decirlo, con la expectativa de una mayor retribución económica. Esta falta de masa crítica en el pensamiento de la derecha en Chile, que el joven abogado y estudiante de filosofía Axel Kaiser ha denominado la anorexia cultural de la derecha

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en su libro La fatal ignorancia, tiene consecuencias en la legitimidad de la acción política de la centroderecha.

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Justamente cuando después de tanto tiempo la centroderecha gobierna en Chile, bajo el liderazgo del Presidente Sebastián Piñera, no es un misterio que ciertas actuaciones de este gobierno han provocado fuertes discusiones entre sus partidarios. Desde el centro de estudios Libertad y Desarrollo, un entusiasta partidario de la candidatura de Piñera y proveedor de muchos profesionales que han ido a ocupar importantes posiciones en esta administración, nos hemos visto en ocasiones en posiciones encontradas con el gobierno, cuando a nuestro juicio sus políticas no reflejan los principios de la centroderecha.

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Alguien podría considerar inoportuno, por el debilitamiento de la unidad en torno al gobierno, que se realicen estas críticas o que se produzca esta discusión hoy día. Desgraciadamente ella no se realizó antes, y es muy importante, como lo hemos dicho, que la acción política vaya acompañada siempre de una remisión a los principios. Todos somos responsables de no haber ahondado en estas materias antes. Los centros de estudios, llamados a realizar estas tareas, comprendemos que nuestra labor en ese campo ha sido insuficiente. Quizás privilegiamos el análisis de políticas públicas concretas, más que el de las ideas; confiados en que había más coincidencia en torno a estas últimas de lo que realmente hay y entusiasmados con la perspectiva que la centroderecha llegara al gobierno después de tantos años. Pero la falta de claridad en las ideas, la carencia de una sólida base de principios entre nuestros políticos y en la sociedad tiene una consecuencia compleja. Cuando muchas veces reclamamos a autoridades de gobierno e incluso parlamentarios por alguna política, la respuesta privada suele ser que “no hay 7


piso político” para defender nuestros principios e ideas. Y eso no puede ser. Debemos buscar entonces ese piso político, debemos examinar en qué hemos fallado e intensificar la labor de estudio y difusión de las ideas en la centroderecha. Y este libro viene como anillo al dedo.

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Gobernar con principios: ideas para una nueva derecha, ya el título dice mucho. Pablo Ortúzar y Francisco Javier Urbina hacen un encomiable esfuerzo para identificar los principios de la centroderecha. Parten de la premisa que detrás de toda idea política hay una antropología, vale decir una idea de lo que es el hombre. Con rigor, y con brillo en ocasiones, los autores hacen una verdadera disección del pensamiento de la centroderecha a partir de conceptos de liberalismo clásico y pensadores conservadores, para extraer lo que, a su juicio, es la esencia del pensamiento del sector.

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A mí al menos, me resultó difícil discrepar de las opciones que Francisco y Pablo van tomando para caracterizar el pensamiento de la centroderecha, aunque siempre será posible encontrar algunas diferencias. Especialmente valioso me parece el intento por actualizar el ideario de la centroderecha al abordar, luego de los indispensables principios fundamentales, un conjunto de nuevos principios, tales como la democracia, o los derechos humanos, sin caer en ese intento en algunas de las trampas que la izquierda nos pone al enarbolarlos, sino encontrando en valores propios la fundamentación para incorporarlos a nuestro conjunto de principios. Este último, es uno de los mayores aportes del libro, en cuanto supera el tradicional derrotismo que es parte de la cultura política de la derecha, al pensar que necesariamente somos minoría, lo que tiene un efecto muy dañino, que es que se pierde porque se piensa que no se puede ganar. Puede ser discutible elevar todo los que los autores invocan a la categoría de principios, pero el intento es encomiable.

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Las estrategias que la derecha usa habitualmente bajo la sombra de este derrotismo, son bautizadas con acierto por los autores como “El arca de Noé” y el “síndrome de Estocolmo”, adecuadas representaciones de una actitud que ellos sugieren reemplazar por la idea de gobernar con principios.

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Otro aporte muy valioso de este libro es cuestionar la antinomia entre una posición liberal y una conservadora. Es posible rescatar cuestiones muy valiosas de una posición conservadora, como su respeto por la tradición, que no es otra cosa que la sabiduría y valores acumulados de la gente. Pero al mismo tiempo una convicción liberal hace que seamos muy respetuosos de la libertad de las personas y dentro de esa libertad está la posibilidad de cambiar, de acuerdo a nuevas circunstancias. Lo interesante en este proceso es discernir qué es esencial en materia de principios y cómo se pueden ir modificando algunos valores sociales sin transgredir principios fundamentales de libertad y humanidad. Esta nueva manera de ver la relación entre lo conservador y lo liberal puede llevarnos a ver con más claridad por qué no es liberal utilizar las leyes y el aparato del Estado a cada momento para intentar cambiar las conductas de las personas, restringiendo sus libertades, en una suerte de labor “moralizante” del Estado. Sí procede, en contraste, recoger en la legislación cambios que se hacen necesarios, dadas las conductas y creencias que las personas voluntariamente han adoptado a lo largo del tiempo. Si nuestra generación es responsable de la llamada anorexia cultural de la derecha, con todas las consecuencias que hemos señalado, nos queda felicitarnos por el hecho que una nueva generación, la de los autores de este libro, está decidida a superar esta carencia. Con 26 años, Pablo Ortúzar es antropólogo de la Universidad de Chile, magíster en sociología de sistemas y estudiante de Derecho en la misma universidad. Ha sido dirigente estudiantil y tiene publicaciones sobre diversas materias. Es, además, profesor de Antropología Económica en el

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Instituto de Sociología de la Universidad Católica y Director de Estudios del IES, Instituto de Estudios de la Sociedad. Francisco Javier Urbina tiene 29 años, es abogado de la Universidad Católica graduado con distinción máxima y Premio Carlos Casanueva, ha desarrollado una importante carrera académica, es Master en Derecho y cursa estudios de Doctorado en la Universidad de Oxford. Fue Presidente del centro de alumnos de Derecho en la UC y uno de los fundadores del IES. Escribe habitualmente en el diario La Tercera.

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Francisco Javier y Pablo son parte de una generación de jóvenes que adhiere a los principios de la centroderecha, que han dedicado su vida al estudio de las ideas y que además tienen un fuerte compromiso con la acción política. Valoran la participación orgánica en la actividad y están decididos a darle una vuelta de tuerca a la centroderecha chilena. ¡Bienvenidos sean!

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Como podrán apreciar los lectores, la discusión que plantea este libro es extraordinariamente oportuna y está en el centro mismo de las definiciones que la centroderecha debe tomar en los próximos años. No cabe sino felicitar a sus autores por esta gran iniciativa y poner nuestra esperanza en que sea seguida por otros aportes de igual valía.

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Agradecimientos

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Escribir este libro no habría sido posible sin el consejo e invaluables intercambios de ideas con Luis Larraín A., José Francisco García, Cristián Rodríguez, Fernanda Badrie, María Josefina Poblete, Joaquín Castillo, Pilar Molfino, Javier Urbina, Alejandro Fernández G., Guillermo García M., Germán Vera, Fernando Barros, Jorge Sahd K., Clemente Recabarren, Sergio Melnick, Ignacio Urbina, Claudia Rioseco, Nicolás Casanova, Camila Muñoz, Gustavo Palma, Felipe Álvarez G., Fernando Muñoz, Raquel Fuenzalida, Cristóbal Bellolio, Edson Dettoni, Andrés Forero, Santiago Ortúzar, Pablo Ortúzar A., Bernardo Mackenna, Marily Lüders, Denise Couyoumdjian, María Jesús Wulf, Jaime Bellolio, Joe y Madeleine Suttie, Olivia y John Kirwan, Thana Campos, Marguerite Gautriand, Víctor Vial, Axel Kaiser, Daniela Sarras, Cristián Larroulet P., Loreto Cox, Herman Chadwick L. y muchos más.

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Todos ellos son responsables, muchos sin saberlo directamente y a veces sin estar de acuerdo con nuestras ideas, de lo bueno que haya en las siguientes páginas. Los errores, por supuesto, son responsabilidad de los autores.

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Cómo leer este libro

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Este libro está estructurado sobre la base de capítulos breves, todos los cuales son autónomos, y, por lo tanto, pueden ser leídos con independencia del resto (y, por lo mismo, hemos asumido el costo natural de esta decisión, que es el de decir algunas cosas más de una vez). Esto no quita que el libro sea una unidad. Si bien cada pieza hace sentido por sí sola, el conjunto muestra un panorama coherente.

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El capítulo central es el tercero, que comparte el título de este libro: “Gobernar con principios”. En dicho capítulo argumentamos que la acción política necesita que exista claridad en los principios que la justifican, y ofrecemos una lista de principios para la centroderecha. El capítulo está dividido en secciones, una para la justificación de contar con principios, y luego una para cada principio. Cada una de estas secciones puede leerse independientemente también.

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Los capítulos inmediatamente anteriores (el primero y el segundo) contienen un breve análisis histórico de la derecha, importante para fijar un contexto de la discusión así como entender las características de la identidad del sector que hacen patente la necesidad de trabajo intelectual como el que promovemos en este libro. En particular, el capítulo segundo, sobre el derrotismo en la derecha, sirve como una clave para entender ciertas formas de acción política características de la derecha en Chile. El derrotismo es un lastre del sector, y debe ser abandonado. Esto ayuda a comprender históricamente lo que argumentaremos en términos abstractos en el capítulo tercero, sobre los principios: que es fundamental realizar un trabajo intelectual que esclarezca las convicciones, valores y principios que motivan al sector. Después de ofrecer nuestra versión sobre los principios de la derecha, abordamos otros aspectos que se relacionan con la necesidad de comprender 12


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intelectualmente el sector. Así, analizamos el problema de la igualdad, la (falsa) contradicción entre conservadurismo y liberalismo de derecha, el problema del disenso interno, elaboramos sobre las antropologías implícitas que subyacen a la división entre derecha e izquierda, y llamamos la atención (no más que eso) sobre el importante tema de la confianza. El capítulo final expresa algunas ideas sobre la necesidad de hacerse cargo de la controversial historia reciente del sector. Unas breves palabras a modo de conclusión cierran este libro con una invitación a mantener una discusión constante sobre estas ideas.

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Introducción: la “nueva derecha”

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Hace un tiempo se instaló en la prensa la discusión sobre la “nueva derecha”. La discusión fue notablemente improductiva. La nueva derecha, se dijo, sería capaz de trascender los ámbitos de la vieja derecha, preocupándose por temas como el medio ambiente, los derechos humanos, o los pueblos originarios. Fue poco más que eso lo que supimos de la nueva derecha.

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Pero la preocupación por esos temas no puede definir ningún movimiento político. Esto es así porque los “nuevos” temas de la “nueva” derecha son ya temas de Estado. La derecha no los pone en la agenda. Los temas ya están en la agenda pública, y ya existen políticas e instituciones del Estado que los asumen. Un movimiento político no se puede definir por lo necesario, por lo obvio, por lo que tendrá en común con cualquier otro movimiento político serio. Decir “yo asumiré los problemas de gobierno” es trivial. El punto, todo el punto, está en el cómo. Desde qué valores, con qué ideas, cuál será el eje programático inspirador. En definitiva, con qué sentido.

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De eso, el debate sobre la “nueva derecha” no dejó nada. Por cierto, había una raíz correcta en el planteamiento del ministro Hinzpeter. Una disconformidad con la situación actual que responde a necesidades reales de su coalición política. Esa necesidad era la necesidad de una mejor articulación intelectual del sector. Se ha observado que la derecha llegó al poder con un programa poco fundamentado. Con proyectos de políticas concretas (nunca tantos ni tan detallados como se pensó); con una promesa genérica de trabajo más duro y más honesto realizado por gente más preparada (“la nueva forma de gobernar”); y con 14


algunas intuiciones políticas heredadas, pero poco desarrolladas y articuladas (el valor del mercado, la necesidad de orden público, etc.). Tenía una falencia crucial, y la falencia estaba en la respuesta a la pregunta por qué justifica y da unidad, en último término, a las políticas del programa y a los nuevos estilos; qué visión de conjunto está en juego y, crucialmente, qué le da legitimidad a esa visión.

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Esta falencia apareció con claridad en cada ocasión que el gobierno tuvo que manejar el disenso ideológico, es decir, cada vez que se cuestionó la legitimidad del sistema y políticas que proponía. El debate sobre educación del año 2011 fue un ejemplo notable. El reclamo de los estudiantes era un reclamo de derechos humanos, es decir, un reclamo de justicia, y fundamentaban sus medidas con argumentos de justicia, los más fuertes en el mundo retórico y moral. No cuestionaban sólo la eficiencia de las políticas en educación, sino la legitimidad del sistema. El gobierno, por su parte, parecía no procesar este nivel de la discusión. Notablemente, carecía de una guía política, basada en principios, que le indicara qué es lo que el sistema educacional debe ser, qué lo haría justo, decente, bueno para nuestra sociedad. La falta de esa guía hizo que por meses el gobierno no pudiera enfrentar el discurso de los estudiantes en su mismo plano, el plano de los principios. Al ofrecer aumentos en la inversión educacional y correcciones en políticas públicas, el gobierno no podía satisfacer, ni menos enfrentar exitosamente, a los estudiantes. No discutían en el mismo nivel.

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Pero también faltaba y falta consistencia. Un programa necesita cierta unidad. Y requiere basarse en ciertos principios que lo justifiquen moralmente y lo hagan inteligible, es decir, que sean capaces de mostrar su importancia y rectitud. La derecha llegó sin algo que articulara todo eso, y que la dotara de sentido. No se trataba sólo de un “relato”. Como diremos más adelante, el problema no es sólo comunicacional, sino ante todo sustantivo. Se necesitan ideas que den explicación final a qué valores y principios son los que se realizarán estando en el gobierno, y por qué esos valores y principios son mejores que los del rival político. Hay que enfatizar este punto. Las propuestas de la derecha no pueden justificarse solamente porque nos permiten avanzar en alguna medición técnica (“subiremos dos puntos en el índice X”) sino porque nos ayudan a hacer nuestra sociedad más humana y a constituirla sobre relaciones basadas en la justicia. 15


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Esta falencia intelectual no era culpa del gobierno. Es una deficiencia de su sector político, que se muestra en toda su magnitud cuando se está en el gobierno. Por lo mismo, se justifica pensar en algo así como una nueva derecha. No, por cierto, en un cambio total en el sector. Pero sí una reflexión profunda y crítica sobre la propia identidad, que genere principios suficientemente articulados y elaborados como para poder enfrentar mejor la complejidad de los asuntos de gobierno. Hablar de “nueva derecha” invitaba a esa reflexión sobre la propia identidad, sobre lo que está en el fondo de un programa de gobierno: los principios. Si un movimiento político se define por sus principios, un cambio en sus principios cambia también al movimiento político. Hablar de “nueva” derecha designaría con justicia ese cambio. Mantener el apelativo de “derecha” mostraría que el cambio ocurre dentro de una misma tradición e historia. Lamentablemente es poco de esto lo que había tras el anuncio de una “nueva derecha” realizado por el ministro Hinzpeter y, por tanto, se estuvo lejos de un debate sustantivo al respecto.

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El propósito de este libro es estimular ese debate, un debate necesario y urgente para el sector que actualmente gobierna el país.

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Es un debate necesario porque nos pone cara a cara con cuestiones ineludibles y decisivas tales como ¿Qué es ser de derecha (o de izquierda)? ¿Qué significa y qué sentido tiene serlo en Chile? ¿Qué se ofrece al país y a sus ciudadanos?

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Es un debate urgente porque en el país vivimos un momento de preguntas necesarias para toda República pujante: ¿Por qué tenemos el orden que tenemos? ¿Por qué éste y no otro? ¿Qué libertades queremos? ¿Qué desigualdades son legítimas? ¿Qué promesas y principios dan sentido a nuestra vida en común? ¿Qué camino queremos tomar para llegar al desarrollo? ¿Cuál es nuestra idea de desarrollo? Derecha e izquierda deben responder a esas preguntas, fundamentales para la conducción del país en el nuevo milenio. Son preguntas complejas, y su respuesta requiere de un constante trabajo y debate intelectual al interior de los dos sectores, y entre ellos. En las condiciones actuales, este trabajo intelectual debiera ser el compañero permanente de la acción política. 16


Finalmente, este libro es un llamado a hacerse cargo de la historia —parte fundamental de la identidad— de un sector político con una larga tradición, y a la construcción de un diálogo intergeneracional que no tenga temor de preservar y defender lo probado bueno en el pasado, condenar lo injustificable y abrirse reflexivamente a la novedad.

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Tal idea nos lleva a renegar de la supuesta división insalvable entre liberales y conservadores (la tesis de las “dos almas”), criticar el pesimismo histórico del sector que deriva en integrismos o entreguismos y, además, buscar una perspectiva revisionista ponderada respecto al convulsionado periodo histórico (1967—1989) que precedió y dio sentido a la actual configuración del mapa político nacional, evitando pretender que con amagues conceptuales (como la distinción entre “golpe” y “pronunciamiento”) podamos hacernos cargo de la complejidad, los aciertos y los horrores de nuestro pasado reciente.

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Lo que esperamos, en fin, es contribuir al surgimiento de una derecha confiada en el valor de sus ideas y principios, articulada sobre una base social, intelectual y política amplia e imbuida de un legítimo espíritu republicano y democrático. Una derecha que porte con orgullo la promesa de un país mejor para todos.

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