PUBLICACIONES BIOÉTICAS DE FUNDACIÓN JAIME ROCA
SERIE ENTREVISTAS
ENTREVISTA AL
DR. JULIO CABRERA
Presentamos un diálogo con el Dr. Julio Cabrera, quien obtuvo el Premio Bioética 2014 Fundación Dr. Jaime Roca por su trabajo “Problemas bioéticos persistentes entre la lógica y la ética”, en el que propone una reflexión limítrofe entre ética y argumentación sobre problemas éticos persistentes (aborto y eutanasia), a la luz de una lógica y una ética negativas, llevando al plano de la Bioética algunas propuestas ya surgidas en libros anteriores del autor. Julio Cabrera es Doctor en Filosofía (1974) por la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina). Hasta 2013, fue Profesor Titular en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Brasilia (Brasil). Actualmente está vinculado al Programa de Maestría y Doctorado en Bioética de la Universidad de Brasilia. Trabaja en las áreas de filosofías del lenguaje, lenguaje del cine, éticas y bioéticas negativas y filosofía latino-americana. Autor de los libros Crítica de la Moral Afirmativa (Gedisa, Barcelona, 1996. Segunda edición, corregida y aumentada, 2014) - Cine: 100 años de Filosofía (Gedisa, Barcelona, 1999. Segunda edición, corregida, 2015. A aparecer). (Este libro está traducido al italiano y al portugués) - Margens das filosofías da linguagem (Editorial de la Universidad de Brasilia, 2003. Segunda edición, 2009) Análisis y Existencia. Pensamiento en travesía (Ediciones del Copista, Córdoba (Argentina), 2010 – Diário de um filósofo no Brasil (Ijuí, Brasil, 2010. Segunda edición, 2013), entre otros, además de artículos publicados en Argentina, Brasil, España, Portugal, EU, Colombia, Venezuela y México. Por Eduardo Darío Beccar* y Eduardo Piluso*
¿CUÁL ES LA DIFERENCIA ENTRE SITUACIONES “PERSISTENTES” Y “EMERGENTES” EN GENERAL Y COMO OBJETO DE LA BIOÉTICA EN PARTICULAR? USTED ADVIERTE QUE AMBOS TIPOS DE SITUACIONES SON PASIBLES DE “IMBRICARSE” Y AGREGA QUE ELLO PUEDE OCURRIR “ACTUALMENTE”. ¿CÓMO ES ESTO Y POR QUÉ? Sólo aplico esa distinción en ética y bioética, de manera que no sabría reconocerla en un plano más general. Se trata de una distinción muy usada (sino nacida) en el curso de Bioética de la Universidad de Brasilia, y específicamente de los trabajos de Volnei Garrafa y colaboradores, que la aplican para referirse a problemas bioéticos que ya vienen del más remoto pasado de la humanidad (como, típicamente, aborto y eutanasia, a las que yo agrego suicidio y procreación), y problemas bioéticos que surgieron en el siglo XX como consecuencia de los modernos desarrollos tecnológicos (reproducción artificial, trasplante de órganos, clonación, etc). Sin embargo, es fácil observar que esta distinción es más heurística y auxiliar que nítida o absoluta, porque en el panorama actual ambos tipos de problemas se entrecruzan y mezclan de variadas formas. La idea rectora de esa “imbricación” es evidente: aborto y eutanasia son tipos de intervención humana en procesos naturales del nacer y el morir. En la medida en que cambios tecnológicos afecten los modos de nacer y morir, se producirá una mezcla de situaciones persistentes y emergentes. Siendo más específicos, la alta tecnología permite hoy efectuar abortos y eutanasias de maneras completamente indoloras; esto vuelve a plantear la importante cuestión ética de si una acción que no causa sufrimiento a alguien, puede, aún así, considerarse inmoral en relación a esa persona. Esta diferencia entre “perjudicar” y “ser ético” ya viene de la tradición (por ejemplo, puede leerse en el opúsculo de Kant sobre la mentira), pero gana luz diferente en el actual panorama tecnológico y puede replantear en nuevas bases todas las relaciones entre la ética y el sufrimiento. Una conexión interesante es la que se establece entre la cuestión persistente del aborto y la cuestión emergente de la obtención de células de un feto abortado (con el consentimiento de la mujer y demás responsables) para efectos terapéuticos en beneficio de terceros. A primera vista, este hecho nuevo parecería reforzar los argumentos pro-aborto, pero, por otro lado, si fueran encontrados argumentos fuertes en contra de la obtención de células fetales, -2-
fuertes en contra de la obtención de células fetales, ellos podrían valer, por contraposición lógica, como nuevos argumentos en contra del aborto.
AFIRMA QUE EL ABORDAJE NEGATIVO DE LA ARGUMENTACIÓN EN EL PLANO ÉTICO GENERA UNA “DEFLACIÓN” DE LOS CONCEPTOS DE NACIMIENTO Y MUERTE, LO QUE TIENE POR EFECTO LA DUPLICACIÓN DEL NÚMERO DE PROBLEMAS BIOÉTICOS PERSISTENTES. ¿QUÉ PODEMOS ENTENDER POR “DEFLACIÓN”, TÉRMINO GENERALMENTE UTILIZADO EN ECONOMÍA, AL APLICAR ESE SIGNIFICANTE A LOS CONCEPTOS DE NACIMIENTO Y MUERTE? ¿Y POR QUÉ ESO DUPLICARÍA LA CANTIDAD DE PROBLEMAS BIOÉTICOS “PERSISTENTES”?
En el abordaje afirmativo usual en ética y en lógica (que es, según creo, el hegemónico), no se considera que hacer nacer a alguien constituya un problema. Vivimos en una sociedad (afirmativa) en la cual reproducirse es visto como un acto evidentemente ético, inclusive sublime, fuertemente recomendado socialmente (tan sólo atento a obstáculos económicos o demográficos) y, según se cree, basado en la naturaleza. En el abordaje negativo, la vida humana es considerada como sensible y moralmente problemática, por lo cual reproducirse pasa a constituir un problema ético, que plantea el dilema de si debo o no reproducirme. En esta visión, pues, aumenta el número de problemas bioéticos persistentes porque procrear pasa a ser un problema bioético, obviamente persistente (un problema que no precisa del alto desarrollo de la tecnología para plantearse). A esto llamo una “deflación” del concepto de nacimiento, porque en la concepción “inflacionada” habitual y hegemónica, sólo se consideran problemáticos nacimientos con determinadas características (por ejemplo, de fetos anencefálicos, o de bebés gravemente enfermos), mientras que en la visión negativa es el nacimiento mismo, sin características peculiares, lo que pasa a considerarse problemático.
casos muy especiales de suicidio consentido y asistido) y, según se cree, anti-natural. En el abordaje negativo, la vida humana es considerada sensible y moralmente problemática, por lo cual eliminar la propia vida pasa a constituir un problema ético, que plantea el dilema de si debo o no continuar viviendo (especialmente cuando cuestiones éticas son relevantes para la decisión). En esta visión, pues, vuelve a aumentar el número de problemas bioéticos persistentes porque eliminarse pasa a ser un problema bioético, obviamente persistente. A esto llamo una “deflación” del concepto de muerte, porque en la concepción “inflacionada” habitual y hegemónica, sólo se consideran problemáticas aquellas muertes con determinadas características (por ejemplo, de personas gravemente enfermas), mientras que en la visión negativa, es la muerte misma, sin características peculiares, lo que pasa a considerarse problemático. De manera que, en esta visión, pasamos a tener cuatro problemas bioéticos persistentes, y no sólo dos, como en el abordaje afirmativo.
Idéntica de línea de argumentación se aplica a la cuestión de la muerte. En el abordaje afirmativo usual en ética y en lógica, no se considera que quitarse la vida constituya un problema. Vivimos en una sociedad (afirmativa) en la cual matarse es visto como un acto evidentemente anti-ético, inclusive monstruoso, fuertemente rechazado socialmente (tan sólo atento a -3-
en el “aprovechamiento” máximo de la vida, la postergación de responsabilidades y el consuelo arrepentido.
¿CUÁL ES LA CONVENIENCIA DE ADOPTAR LA ÉTICA NEGATIVA COMO ABORDAJE A LOS PROBLEMAS “PERSISTENTES” EN EL CAMPO DE LA BIOÉTICA? SI BIEN SU TRABAJO ACLARA DESDE EL TÍTULO QUE SE REFIERE SÓLO A LOS PROBLEMAS “PERSISTENTES”, ¿PODRÍA TAMBIÉN APLICARSE LA ÉTICA NEGATIVA A PROBLEMAS “EMERGENTES”, DADO QUE ÉSTOS SON LOS QUE CON MAYOR FRECUENCIA DEBEN ENFRENTAR LOS COMITÉS DE BIOÉTICA? Aquí, como en otras cuestiones, quiero insistir en un tema que puse de relieve en mi alocución durante la entrega del premio: el lugar de la filosofía y del filósofo dentro de la Bioética. Si en el equipo bioético va a estar presente un filósofo, los otros profesionales tienen que estar preparados para lo insólito y lo inhabitual, para lo anti-intuitivo e, inclusive, para lo no previsto en el plano jurídico (y esto yo lo aplicaría, incluso, al filósofo del derecho). Pues filósofo – tal como yo lo entiendo – es aquél que piensa las cuestiones humanas de manera radical y general (lo que no quiere decir abstracta), y los resultados de sus investigaciones no tienen por qué encuadrarse en las ideas y valores vigentes. La filosofía puede apuntar a la conveniencia de cambiar valores y actitudes fuertemente enraizados en nuestra sociedad, por más difícil que esto sea. Esto es particularmente claro en el caso de la ética y bioética negativas, en donde se pide un cambio fundamental de actitud delante del nacimiento y de la muerte, lo que, en base a numerosos argumentos, creo que mejoraría sensiblemente la calidad de la vida humana. Esto es muy complejo para ser explicado en pocas palabras, pero se puede decir que uno de los graves inconvenientes del abordaje afirmativo en ética y bioética, es que se ponen en el ser humano expectativas que la vida no está en condiciones de satisfacer, lo que genera sufrimientos inútiles y evitables. El ser humano afirmativo está mal preparado para la experiencia de la muerte, que considera lejana e improbable (o ni siquiera cree en ella), y es muy irresponsable ante la cuestión del nacimiento, al que considera algo que no enfrenta ningún problema moral relevante. Una de las conveniencias de la adopción de una visión negativa (que no es nihilista, pesimista o depresiva a no ser desde la perspectiva afirmativa) es que prepara mejor para una vida sobria y minimalista, más de acuerdo con la estructura de la existencia. Pero es claro que adoptar esta visión implica un profundo cambio en las actitudes actuales, fuertemente basadas
En lo que se refiere a la segunda pregunta, no me he ocupado mucho con la cuestión del abordaje negativo en problemas emergentes, pero es claro que los mismos esquemas lógicos y éticos se pueden aplicar, mutatis mutandis, a problemas como procreación artificial, donación de órganos, células-tronco o clonación. Desde el punto de vista lógico-argumentativo, los argumentos a favor o contra del uso benéfico de células-tronco no pueden, en el abordaje negativo, alcanzar ninguna solución estable y única; esta discusión es tan interminable como la del aborto o la eutanasia. Tienen que ser atacados los presupuestos, y no lo que se deduce de ellos. Desde el punto de vista ético, del hecho de considerar al nacimiento como un problema bioético (una de las tesis fundamentales de la ética negativa) se deriva, por ejemplo, que el problema de la procreación artificial (via inseminación, fecundación in vitro, etc), una cuestión típicamente emergente, pase a ser vista de manera sensiblemente diferente que la habitual. El horror a la infertilidad y la actitud de hacer cualquier cosa para reproducirse, serán vistos de otra forma (y sin tener que lanzar mano de ninguno de los habituales contra-argumentos religiosos).
HAY UN PÁRRAFO DE SU TRABAJO QUE DICE: “TAN SÓLO BUSCAMOS ARGUMENTOS CUYOS CONTRA-ARGUMENTOS PUEDAN SER RESPONDIDOS RAZONABLEMENTE DENTRO DE LA RED DE ARGUMENTOS, Y CUYAS FALLAS (INDICADAS POR LOS CONTRA-ARGUMENTOS) SEAMOS CAPACES DE SOPORTAR, LÓGICA Y PSICOLÓGICAMENTE”. ¿CUÁL ES EL SIGNIFICADO QUE LE ASIGNA AL SIGNIFICANTE “SOPORTAR” EN ESTE PÁRRAFO? ¿SUPONE ESTE “SOPORTAR” LA BÚSQUEDA UN TOLERANTE CONSENSO ENTRE LAS PARTES ARGUMENTATIVAS, ACEPTANDO LO MEJOR QUE SEAMOS CAPACES DE LOGRAR? ¿CÓMO ARRIBAR A ESE CONSENSO O TOLERANCIA MUTUA EN DISCUSIONES HABITUADAS A UNA LÓGICA Y ÉTICA AFIRMATIVA? Lógica y ética van siempre juntas, tanto en el abordaje afirmativo como en el negativo. Según la lógica negativa, para cualquier argumento hay siempre por lo menos un contra-argumento, lo que torna las discusiones interminables, contra las expectativas de la -4-
la lógica afirmativa, que piensa que hay argumentos mejores que otros de modo absoluto, y que algunos quedan refutados (en general, los del adversario) y otros comprobados (en general, los propios). En el abordaje negativo ya renunciamos a refutar argumentos, pero también defendemos los nuestros como plausibles. Al mismo tiempo, sabemos que tendrán fallas (como cualquier argumento), y que esas fallas serán notadas y denunciadas por el adversario (y si es nuestro enemigo, él procurará exagerarlas al extremo). Por eso, además de tratar de argumentar correctamente siguiendo las reglas de la lógica, también hay que estar preparado para soportar contra-argumentos, que siempre aparecerán. En el abordaje negativo, los argumentos no son tan sólo piezas intelectuales impersonales, sino instancias existenciales en las que nos apoyamos para vivir, de manera que todo contra-argumento, además de hacernos ver fallas argumentativas, también nos hieren y lastiman. Estos impactos psicológicos forman parte del proceso argumentativo, aunque no lo agoten. (El proceso argumentativo es logo-pático, para usar un término que utilizo en mis libros sobre Cine y Filosofía; es intelectual y afectivo al mismo tiempo; no se trata tan sólo de flemáticos cuestionamientos en los que no estamos involucrados). Por eso utilizo el término “soportar”, no de manera metafórica, sino literal. Los contra-argumentos nos duelen como contrariedades existenciales. Cuando asumimos una posición, tenemos que estar equipados para enfrentar los cuestionamientos que nos provoquen menos dolor, y es mejor no adentrarse en discusiones para cuya oposición no estemos preparados, lo que puede llevar a irritaciones, desgastes y enfermedades. Pero es claro que no se pueden consensuar impactos afectivos provocados por las argumentaciones; no puedo prometer que presentaré tan sólo argumentos con los que el otro sea capaz de lidiar sin que su vida se desmorone; y él tampoco tiene esa capacidad respecto a mí. La tolerancia deberá aparecer en otros sectores del proceso argumentativo, por ejemplo dándonos cuenta de que la postura del otro es perfectamente sustentable aun cuando yo sea capaz de presentarle muchos contra-argumentos. Como lo sugiere su pregunta, esto es terriblemente difícil en un ambiente dominado por el afirmativismo lógico (así como argumentar contra la reproducción o a favor del suicidio es terriblemente difícil en un ambiente dominado por el afirmativismo ético), ya que cada parte entra en la discusión con la firme intención de ganarla, y de refutar al adversario.
Feliz o infelizmente, no somos seres enteramente racionales, sino, por el contrario, seres en los que el afecto es prioritario, aun cuando estemos haciendo matemáticas o ingeniería. (Gregorio Klimovsky solía decir en sus cursos que él elegía los axiomas de un sistema lógico por simpatía, porque le gustaban).
EN OTRO ESCRITO DEFINE LA ÉTICA NEGATIVA Y AFIRMA QUE “LA PREGUNTA TRADICIONAL DE LA ÉTICA HA SIDO: “¿CÓMO PODEMOS VIVIR ÉTICAMENTE?” (…) “CÓMO DEBEMOS VIVIR”, EN LAS ÉTICAS DEONTOLÓGICAS, O “CÓMO PODEMOS SER FELICES ÉTICAMENTE”, EN LAS ÉTICAS EUDEMONISTAS O HEDONISTAS). LAS ÉTICAS HABITUALES SON, PUES, ÉTICAS DEL CÓMO”. ¿PIENSA UD. QUE ANTE LA CONSIDERACIÓN DE UN PROBLEMA BIOÉTICO LOS PARTICIPANTES DEBEN ACORDAR PREVIAMENTE LA LÍNEA QUE SEGUIRÁN? ¿CÓMO ENCARAR ESA DISCUSIÓN CUANDO LAS NORMAS DE LA MEDICINA SON ABSOLUTAMENTE DEONTOLÓGICAS Y LAS JURÍDICAS RADICALES, COMO CUANDO DECRETAN QUE TODA PERSONA LO ES DESDE LA FECUNDACIÓN O PENALIZA LA EUTANASIA Y EL SUICIDIO ASISTIDO? Creo que la mayor parte de las discusiones filosóficas, y las bioéticas en particular, son mal conducidas debido a que los adversarios no concuerdan en los presupuestos, temáticos o metodológicos. No deberíamos discutir sobre aborto, eutanasia, reproducción o suicidio cuestionando afirmaciones muy avanzadas de la posición adversaria, sino que deberíamos ir directamente a la discusión de presupuestos, lo que incluye definiciones, conceptos básicos, herramientas lógicas que serán usadas, teorías éticas que serán aceptadas, etc. Entonces, realmente, si yo acepto una ética deontológica pero usted es un utilitarista, tendremos posiciones diametralmente opuestas respecto de todos los problemas bioéticos. En algunos casos, ni siquiera vale la pena iniciar la discusión, por ejemplo, si no hay acuerdo básico en la teoría ética que se va a adoptar durante la contienda. Ahora, en lo que se refiere al plano jurídico, vale lo que dije en la respuesta número 3: tenemos que decidir si la filosofía que hacemos acepta encuadrarse dentro de lo vigente o no. Hay filósofos que piensan que no tiene sentido reflexionar fuera de lo vigente. Yo no tengo esa concepción. Por ejemplo, la ética negativa no acepta como éticos los dos tipos de aborto admitidos por las
-5-
provisorias porque esa plausibilidad y sustentabilidad ocurre solamente dentro de la red holística de líneas argumentativas en donde otras líneas, inclusive diametralmente contrarias a la nuestra, también son plausibles y sustentables. Todo ocurre como si el conjunto de todas las otras líneas constituyese el carácter débil y provisorio de mi propia línea argumentativa; como si las argumentaciones de los otros constituyesen la finitud de mi argumentación.
leyes brasileñas, pero admite como ético ayudar a alguien a morir, si así lo pide, lo que es considerado ilegal. Si la filosofía no va a poder cuestionar, en algún nivel, estas reglas deontológicas, entonces es mejor sacar al filósofo del equipo bioético, pues un filósofo no sirve para nada si no se lo deja pensar.
¿QUÉ POSIBILIDADES O DIFICULTADES ESTIMA PARA LA APLICACIÓN PRÁCTICA DE LAS CONCLUSIONES DE SU TRABAJO EN LA TAREA COTIDIANA DE LOS COMITÉS DE BIOÉTICA?
EN SUS CONCLUSIONES ACEPTA QUE “(...) LA TESIS DE LA ARGUMENTACIÓN INTERMINABLE NO OBSTRUYE LAS DECISIONES, SINO QUE PERMITE DECISIONES FRÁGILES, PROVISORIAS Y MODESTAS, EN PLENO EJERCICIO DEL RECONOCIMIENTO DE NUESTRA FINITUD.” ¿CUANDO SE REFIERE A LA FINITUD HUMANA, LO HACE RESPECTO SOLO A LA MUERTE O AL CONJUNTO DE LIMITACIONES QUE NOS DEFINEN COMO ESPECIE? Me refiero a la finitud del existente humano como tal, al individuo tanto como a la especie como un todo. Pero la finitud no coincide con la muerte, sino con lo que llamo la terminalidad del ser (de todo el ser, no sólo del humano). La finitud tiene más que ver con el nacimiento que con la muerte, ya que todo lo que nace, nace mortal; la muerte es sólo una consecuencia tautológica del nacimiento mortal. Es claro que, dentro de este panorama, nuestras argumentaciones también son terminales, también ellas nacen y mueren (en general, asesinadas por sus contra-argumentos). Por lo tanto, en lógica negativa no es posible llegar a conclusiones definitivas y absolutas sobre nada (el aborto es perfectamente admisible en ciertas líneas de argumentación y totalmente inmoral en otras, y así con todos los problemas bioéticos); pero eso no impide llegar a ciertas conclusiones provisorias y débiles, vinculadas con la plausibilidad y sustentabilidad de la línea de argumento que estemos defendiendo. Ellas son débiles y
No tengo conocimientos suficientes sobre comités de bioética en el contexto mundial, de manera que sólo puedo tejer algunas consideraciones muy rudimentarias sobre el asunto. Mi primera impresión es que algunas propuestas derivadas de mi trabajo puedan ser irritantes al espíritu de un comité, que tendría que ser no sólo ético sino también lógico-argumentativo (ya que, en mi concepción, ética y lógica van juntas, la lógica es la ética del pensamiento). Las dificultades ya surgen en la propia constitución de comités. En general, ellos cuidan de estar compuestos por miembros venidos de sectores sociales y profesionales de todas las proveniencias: médicos, legos, religiosos, abogados, enfermeros, eticistas, etc, buscándose una decisión “consensual”. Pero habría que definir mejor este consenso, pues la lógica negativa trata de mostrar que los puntos de vista de estas personas son inconciliables, ya que parten de presupuestos diferentes e irrenunciables. Científicos y religiosos tienen visiones del mundo opuestas y no van a cambiarlas; a lo sumo pueden asumir (o incluso fingir) actitudes tolerantes, pero conservando sus perspectivas, lo que es perfectamente comprensible. Al final, las decisiones serán tomadas por voto, o por fuerzas de poder más o menos implícitas, y no por consenso. En esta misma línea de reflexión, no se trata, como se dice, de que “cuestiones complejas” exijan la existencia de comités, delante de “dilemas éticos”. La lógica negativa intenta mostrar que no se trata estrictamente de “complejidad”, sino de imposibilidad. Problemas como el desligamiento de un aparato de sobre-vida o la interrupción de un embarazo no son “complejos”, sino que simplemente no tienen ni pueden tener solución única. Se le llama “complejo” a un problema que no tiene solución única, pero un problema es complejo
-6-
cuando tiene una solución difícil de descubrir. Cuando un problema no tiene solución única, él no es “complejo”, él es imposible, y lo único que se puede hacer es tratar de resolverlo dentro de una línea de argumento, lo que implica todo lo contrario del “pluralismo” de los comités. Lo que se puede hacer es entrar en un camino argumentativo y ser fiel al mismo hasta el final, sin cruzamiento de otras posiciones; tal vez, a lo sumo, el pluralismo pueda consistir en unas veces entrar por un camino, otras veces en otro. Pero esto es lo contrario de lo que ocurre. En los comités se exige, por ejemplo, que se comience por presentar una formulación “clara”del problema abordado, pero esto, desde el punto de vista negativo, es imposible; la presentación siempre será “gestáltica” y parcial; sólo será clara dentro de una línea de argumento, y oscura en otra; inclusive una determinada forma de presentar el problema ya sugerirá una solución también determinada. A la luz de una lógica negativa, los comités tendrían que admitir el carácter parcial e interminable de las discusiones y el carácter siempre provisorio y frágil de las decisiones. Lo que implica “soportar” la injusticia y el dolor que ciertamente derivarán, para alguien, de la solución adoptada, en decisiones de suspensión de tratamiento, de embarazo, conflictos familia-médico, sigilo (Sida), bebés anencefálicos, donación de órganos,etc. Los comités deberían, adoptando el abordaje negativo, estar plenamente conscientes de las características de la argumentación humana finita. Lo que ocurre en la realidad es, por el contrario, una especie de politización de la finitud.
¿CUÁLES SON SUS OBJETIVOS ACTUALES Y SUS PROYECTOS EN EL ÁREA DE LA BIOÉTICA? Feliz o infelizmente, soy un filósofo multifacético que se dedica a muchas cosas, aunque todas entrelazadas de maneras complejas, que tal vez alguien descubra algún día. Escribí recientemente un libro auto-biográfico (tiene un título dramático: “Testamento”) que, al igual que “Recuerdos de provincia”de Sarmiento, está destinado a cien lectores en todo el mundo (aunque ojalá sean más). En ese texto trato de entender las correlaciones entre éticas y bioéticas negativas, lenguaje del cine y filosofía latino-americana, mi última gran pasión. En este momento, motivado por mi transferencia del departamento de filosofía al curso de Bioética de la UnB (Brasilia), estoy particularmente empeñado en la formulación y desarrollo de un proyecto de investigación sobre abordaje negativo de la bioética, más o menos en las líneas presentadas en el trabajo premiado. Mis investigaciones sobre lenguaje del cine – como expuestas en mi libro “Cine: 100 años de Filosofía”, de 1999, cuya segunda edición aparecerá en Barcelona en abril de este año – se aplican también al proyecto de Bioética (lo que aparece claro en mi artículo “Eutanasia poética”, que apareció en Buenos Aires en 2013, en la revista Ética y Cine Journal). Por fin, el curso de Bioética de la UnB, en el que trabajo actualmente, asume explícitamente una actitud latino-americana con la que concuerdo plenamente, en el sentido de una politización de la agenda bioética que abarque no sólo cuestiones médicas o de salud, sino también cuestiones sociales. Me complace enormemente considerar a la pobreza, la injusticia y la discriminación como problemas bioéticos, en su impacto en la calidad de la vida. Si un niño sacando comida de una lata de basura no es considerado un problema bioético, todo está perdido y lo que hacemos no tiene ningún sentido.
Entrevistadores Eduardo Darío Beccar. Médico. Miembro del Comité de Bioética de Fundación Jaime Roca. Eduardo Piluso. Médico. Miembro del Comité de Bioética de Fundación Jaime Roca. -7-
Jer贸nimo Salguero 560 4860-1000 www.tcba.com.ar