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SERIE ENTREVISTAS - ENTREVISTA A LA DRA. JULIETA AROSTEGUY

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PUBLICACIONES BIOÉTICAS DE FUNDACIÓN JAIME ROCA

SERIE ENTREVISTAS

ENTREVISTA A LA

DRA. JULIETA AROSTEGUY


Por Eduardo Darío Beccar* y Eduardo Piluso*

El compromiso feminista, en cambio, tiene que ver con mi experiencia de vida que me llevaron a reconocer situaciones que desde muy pequeñas/os tomamos como naturales, pero que en realidad no lo son, y que dan lugar a desigualdades sociales, económicas y políticas muy cuestionables y que deberíamos tratar de cambiar.

¿CÓMO DECIDIÓ SU PARTICIPACIÓN EN LA CONVOCATORIA DE FJR? Desde que se abrió la convocatoria, el premio de la Fundación Jaime Roca se ha convertido en un espacio cada vez más importante para presentar y difundir la producción de jóvenes bioeticistas. Por un lado, los trabajos seleccionados reciben el reconocimiento de un jurado de expertas y expertos con una amplia trayectoria en la materia, y por el otro, reciben una visibilidad muy interesante en un ámbito que excede lo académico y apunta a un público más amplio. Con esto, el premio encarna dos valores que me parecen fundamentales en la investigación y producción en Bioética: la búsqueda de rigor académico y la voluntad de un amplio debate social.

SU TRABAJO PARTE DE LA AFIRMACIÓN DE QUE EN AMÉRICA LATINA HAY UN AMPLIO RECONOCIMIENTO DE TODAS LAS PERSONAS A UN ACCESO EQUITATIVO DE LA SALUD, PERO OBVIANDO LAS DIFERENCIAS DE GÉNERO. ¿ES ESTO ASÍ?

¿CÓMO ELIGIÓ EL TEMA DE SU TRABAJO? Mi trabajo en bioética se encuentra vinculado estrechamente con el compromiso político por una sociedad más justa. En los últimos años, a partir de mi experiencia personal de la maternidad, fui tomando consciencia de cómo nuestros estereotipos de género, nuestras expectativas acerca de la manera en que los hombres y las mujeres debemos comportarnos, afectan nuestros derechos y nuestra salud. Por este motivo, me interesa pensar en los problemas propios de la bioética tomando en cuenta la perspectiva de género. Si partimos de que vivimos en una sociedad injusta en muchos aspectos, y que algunas de esas injusticias se basan en el trato desigual que les damos a hombres y mujeres, resulta natural preguntarse, entonces, qué sería un trato justo e igualitario en materia de salud.

¿CUÁL HA SIDO SU FORMACIÓN Y CÓMO HA INFLUIDO ESTA EN SU INTERÉS POR EL TEMA? Yo inicié mi carrera en filosofía trabajando temas más teóricos y abstractos. Soy Licenciada en Filosofía y M.A. en Filosofía y comencé un Doctorado en Filosofía. Pero en un momento de mi carrera sentí que me había alejado de mis preocupaciones más concretas, y que lo que estaba tratando de decir en mi campo no tenía mucha relevancia para la vida de la mayoría de las personas que conocía. Así que llegué a la Bioética.

Efectivamente, en América Latina hay un ideario social muy fuerte en torno de la igualdad, del lugar del Estado como garante de los derechos y de la necesidad de garantizar el acceso universal a ciertos bienes sociales fundamentales, como la educación o la salud. Pero hay una tendencia a pensar que con diseñar sistemas de salud universales respondemos adecuadamente a todas las preocupaciones por la igualdad y la. Sin embargo, hay diferencias notorias entre las personas que muchas veces funcionan como barreras invisibles que limitan el acceso a los sistemas de salud. Y una de esas diferencias tiene que ver con el hecho de ser mujeres o varones. Y las diferencias que se generan en el acceso a la salud debido a las desigualdades de género no han recibido muchas veces la preocupación y la atención que merecen. Es así que la autonomía y libertad de las mujeres, muchas veces limitadas por el ejercicio no elegido de la maternidad, han sido cuestionadas desde los sectores más conservadores y también desde los sectores más progresistas del espectro político. Los sectores conservadores han visto en la igualdad y autonomía de las mujeres una amenaza a los valores tradicionales de la familia, la religión y la sociedad. Pero los sectores más progresistas también han visto en la autonomía, fundamentalmente en la autonomía reproductiva de las mujeres, una herramienta imperialista de control poblacional. Entonces, ya sea por razones conservadoras, o por razones de geopolítica, los roles tradicionales de género han sido exaltados políticamente por sus valores positivos, sin poner adecuada atención en los problemas que estos roles también traen aparejados. Obviamente, no se trata de negar el carácter positivo que estos roles pueden tener, sino de cuestionar las desigualdades innecesarias que ellos generan y modificar las que resulten injustas a la luz de la reflexión teórica y el compromiso político.

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¿CUÁLES SON ESAS DIFERENCIAS EN GENERAL, Y PARTICULARMENTE EN SALUD? Las desigualdades son muchas y se dan en todos los ámbitos de interacción social. Las mujeres reciben en promedio remuneraciones más bajas en el sector formal de la economía. Pero también realizan dentro de sus hogares tareas que no son reconocidas como trabajo y por la que no reciben ningún tipo de remuneración. Cuando las mujeres trabajan fuera del hogar, las tareas domésticas no se distribuyen equitativamente entre todos los miembros de la familia, sino que recaen sobre las mujeres, produciendo una sobrecarga que limita su uso del tiempo, y también afecta su salud y sus posibilidades de cuidado. La maternidad y los cuidados afectan diferencialmente a hombres y mujeres, ya que se espera que las mujeres prioricen las tareas familiares sobre sus trabajos formales. Las mujeres tienen menor representación política y no ocupan en proporciones equitativas cargos de responsabilidad política e institucional. En materia de salud, esto se refleja de varias maneras. En primer lugar, las condiciones en que las mujeres enferman son diferentes de las que los hombres enferman. Muchas veces, las mujeres y varones tienen distintas enfermedades, y otras veces, cuando tienen las mismas patologías, los síntomas y las condiciones bajo las que se manifiestan son diferentes. Esto se debe a razones biológicas, que hacen que las mujeres y los varones tengan vulnerabilidades diferenciales frente a algunas enfermedades, pero también a razones de género. Por ejemplo, si bien sabemos que las mujeres tienen una expectativa de vida más alta que los varones -por razones biológicas- también sabemos que las mujeres viven peor que los hombres: con enfermedades crónicas, con dolores crónicos muchas veces inhabilitantes. Y esto se debe a razones sociales y culturales, por ejemplo, a la doble y a veces triple carga laboral a las que están sometidas las mujeres que trabajan fuera y dentro del hogar, y que afectan su salud a largo plazo. También son muy diferentes las posibilidades de auto cuidado, las posibilidades de recibir cuidado de otras personas, y las posibilidades de acceso a los servicios de salud.

consideraciones de justicia. Hay autores que niegan que exista este derecho, por lo cual Daniels busca explicar por qué una sociedad igualitaria debe asegurar a todas las personas un acceso equitativo al cuidado de la salud. Pero como reconoce que un acceso equitativo debe tener límites, una de las preocupaciones fundamentales de Daniels es la de determinar cuáles deberían ser esos límites. Así, Daniels toma el concepto de “funcionamiento normal de la especie”. Este concepto, de raigambre biologicista, propone una concepción de la salud lo suficientemente acotada como para poner límites: no todo queda incluido dentro del derecho a la salud. El funcionamiento normal de la especie, además, tiene un contenido moral, en tanto que Daniels sostiene que es necesario para que las personas puedan tener una justa igualdad de oportunidades en su vida: estar enferma hace que una persona no tenga las mismas oportunidades que las demás, y esto es injusto. A partir de esta base, Daniels sostiene que un sistema justo de salud es aquel que le asegura a todas las personas el funcionamiento que sería esperable para ellas, en tanto miembros normales dela especie humana. Es preciso prevenir las enfermedades y afecciones que impidan este normal funcionamiento, curar las afecciones que lo afecten, y ofrecer los cuidados necesarios para amortiguar las consecuencias de las afecciones que no se pueden reparar.

SU TRABAJO ANALIZA, COMENTA Y CRITICA UNA DE LAS PRINCIPALES TEORÍAS DE JUSTICIA DE LA SALUD, LA TEORÍA DE NORMAN DANIELS. ¿PUEDE EXPLICARNOS DE QUÉ SE TRATA? Norman Daniels busca dar cuenta del derecho universal e igualitario al cuidado de la salud sobre la base de -3-


PARTIENDO DE QUE DANIELS RECONOCE LA VIGENCIA DE LOS LLAMADOS “DETERMINANTES EN SALUD”, PIENSA UD. QUE ESTOS DEBEN CONSIDERARSE TAMBIÉN DESDE UN PERSPECTIVA DE GÉNERO? La teoría de Daniels se fue complejizando, y más adelante reconoce la relevancia de los determinantes sociales de la salud para pensar en el derecho a la salud. Esto genera un problema en la teoría de Daniels, ya que una vez que le abre la puerta a otros factores que pueden afectar la salud de las personas, la conexión que fundamenta su posición inicial entre el funcionamiento normal de la especie, su importancia para la igualdad de oportunidades y el acceso igualitario a la atención de la salud se desdibuja. Si la atención de la salud no es ya fundamental para garantizar la salud de las personas, entonces ¿cómo se desprende de su teoría el derecho a un acceso igualitario a la atención de la salud?

a partir de la manera en que pensamos la salud, el cuidado de la salud y el derecho a la salud. Mi trabajo apunta a mostrar cómo, en un plano teórico, es necesario reflexionar teniendo explícitamente en cuenta que la salud quizás no signifique lo mismo para las mujeres que para los varones, y que por lo tanto, definir desde la teoría en qué consistiría un acceso justo al cuidado de la salud requiere que se tomen en cuenta estas diferencias. Pero no alcanza con el análisis teórico. También es necesario poder ver cómo en la práctica las políticas de salud y el sistema de salud afectan el acceso igualitario de las personas a sus derechos, reforzando desigualdades de género que existen por fuera del sistema de salud, pero que se ven reflejados, y muchas veces potenciados por el sistema de salud. Para ello se precisa información empírica confiable, que permita evaluar si las medidas que se toman son efectivamente universales e igualitarias, o si afectan de manera diferencial a las personas. Finalmente, es necesario la voluntad de modificar las prácticas que y decisiones que generan desigualdad. Y lamentablemente, esto es una gran deuda pendiente en el sistema de salud. Para poner un ejemplo, nada más, consideremos el acceso a los derechos sexuales y reproductivos. Si bien existe evidencia de sobra que muestra cómo las barreras en el acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva afectan la salud de las mujeres, su posibilidad de desarrollo social, económico y ciudadano, hay sectores que siguen resistiendo el acceso a estos servicios.

Pero dejando de lado este problema teórico que se le presenta a Daniels, una vez que hablamos de los determinantes sociales de la salud, obviamente le estamos abriendo la puerta a las preocupaciones por la equidad de género. De hecho, el género es un determinante de la salud, y además, también recorre los demás determinantes. Si pensamos en el trabajo, por ejemplo, y en la manera en que las condiciones laborales afectan la salud de las personas, no podemos dejar de mencionar que las desigualdades laborales pueden y deben leerse también a la luz de la perspectiva de género, que permita visibilizar cómo estas desigualdades se entretejen con otras, como ser el sexo de las personas, pero también sus roles de género, su clase social, su nivel educativo, etc. Cualquier reflexión acerca de las desigualdades sociales, y en este caso, en materia de salud, debe hacerse a la luz de una teoría que de cuenta del entrecruzamiento de múltiples factores que determinan las desigualdades sociales, entre los cuales debe contarse el género.

A MODO DE RESUMEN, ¿CUÁL ES SU PROPUESTA PARA MODIFICAR LA SITUACIÓN ACTUAL? Ante todo, creo que es necesario reconocer que las decisiones teóricas que tomemos son relevantes para pensar en la equidad de género en salud. Es preciso, entonces, visibilizar las desigualdades que se generan -4-


¿CUÁLES SON, A SU CRITERIO, LAS POSIBILIDADES Y DIFICULTADES DE UNA APLICACIÓN PRÁCTICA DE LAS CONCLUSIONES DE SU TRABAJO? Yo diría que es la falta de voluntad que mencionaba recién. Para lograr cualquier cambio en la situación actual, es fundamental que haya un compromiso social y político que reconozca la igualdad entre hombres y mujeres como un objetivo social legítimo y prioritario. Creo que estamos avanzando en esa dirección, y que en la última década ha habido cambios sociales y legislativos muy importantes. Pero si bien hay numerosas/os profesionales y funcionarias/os que honran este compromiso, y la equidad de género está comenzando a aparecer como un tema en la agenda pública, aún estamos lejos de que la búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres sea un objetivo prioritario en el ámbito de la salud.

¿CUÁLES SON SUS OBJETIVOS ACTUALES Y SUS PROYECTOS EN EL ÁREA DE LA BIOÉTICA?

Actualmente estoy trabajando en lo que se conoce como “violencia obstétrica”, tanto desde la investigación y la academia como desde la gestión. Junto con la Dra. Perla Prigoshin, coordino desde hace más de un año un grupo de trabajo que funciona en el ámbito de la CONSAVIG con el fin de pensar acciones que permitan modificar prácticas actuales de atención obstétrica que resultan violatorias de los derechos de las mujeres, pero también perjudiciales para su salud y la de sus hijos. También investigo cuestiones relacionadas con el acceso a los derechos reproductivos, como el aborto legal y la objeción de conciencia. Especialmente, estoy investigando cómo los cambios normativos que regulan el acceso a los derechos y a la salud en la Argentina que tuvieron lugar en las últimas décadas amplían los derechos de las mujeres en estas áreas de la salud. Por ejemplo, cómo este nuevo marco normativo influye en las condiciones de penalización del aborto y cómo, de hecho, la prohibición del aborto debería considerarse caduca.

Mis actividades académicas y profesionales se vinculan con un fuerte compromiso militante con la igualdad de género y la justicia en salud.

Entrevistadores Eduardo Darío Beccar. Médico. Miembro del Comité de Bioética de Fundación Jaime Roca. Eduardo Piluso. Médico. Miembro del Comité de Bioética de Fundación Jaime Roca.

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