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La última

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FRANCIA VILLABONA

Arctos

La última Luz

2015

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Arctos,

la última luz.

Arctos, la última Luz

Universidad de los Andes. Facultad de Artes y Humanidades. Departamento de Arte. Bogotá D.C. - Colombia. Mayo de 2015 2


Para los que ven en la oscuridad.

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La aurora (Laudes) Buen dĂ­a (Prima hora) 12:00 (Sexta) La espera (VĂ­speras) Buenas noches (Completas)

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Ahora, para mí, los días trascurren como sucesiones de luz y oscuridad. Un continuo amanecer y anochecer. Los destellos del día funcionan como una metáfora del tiempo. Ese tiempo imperceptible, esas horas banales a las que cada día más me acostumbro. Sigo buscando lo que se ha perdido. Sin embargo, quiero detenerme una vez más. Tener la libertad de contemplar. De ver el tiempo pasar, desdoblándose.

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Si

pudiera

detener

el tiempo, pasar,

verlo

Quiero agarrarlo

con

comprender su

mis manos.

su

plasticidad,

tactilidad, su

lentitud.

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no lo

harĂ­a

el

sentimiento

jamĂĄs.

Me de

de lo

la

gusta fatalidad, irreparable.

Quiero

Descubrir la

imposibilidad

de 9

definirlo.


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La aurora no es sino una especie de aclaramiento del cielo, una especie de renovación. Un día mas; otro viernes, otro veinte de marzo, de enero o septiembre (…). ¡Con que rapidez nos transporta la corriente de enero a diciembre! Somos arrastrados por el torrente de las cosas y estas cosas se han tornado tan familiares que ya no percibimos su sombra. Nos limitamos a flotar sobre la superficie de la corriente.*

*  Virginia Woolf, Las Olas (Chile: Facultad de ciencias sociales Universidad de Chile, 2000) 12


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Mi vida transcurre en un incesante despertar para dormirme en seguida, del mismo modo que el cielo se aclara y oscurece en ciclos interminables; en periodos comunes, obvios y ordinarios. Vacilo entre lo trivial y repetitivo. El ruido de fondo, lo habitual. ¿Cómo hablar de estas cosas? ¿Cómo sacarlas de lo evidente? ¿Cómo darles una lengua, permitirles hablar de lo que son, de quienes somos?

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La mañana, en su certitud, me acompaña con un sentimiento de tragedia y de fatalidad. Hay siempre un miedo a lo impredecible. A notar un cambio en la estabilidad. Me levanto con la certeza de que el mundo estará a mi alrededor. Los mismos paisajes de todos los días. Lo cotidiano tiene ese rasgo, pertenece a la insignificancia. Es el sitio de toda significación posible. Lo que siempre está es lo que nunca vemos, lo que no nos abandona. Siempre me fijo en las minucias, lo más hermoso. He encontrado la profundidad en la superficie. En lo que se revela aquí y ahora. Hay algo que he reconocido pero sigue siendo un misterio.

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El pasado solo existe para nosotros, nosotros no existimos para él. Lo que tenemos aquí, es este momento y nada más. Hay un elemento desconocido que actúa como cuarta dimensión y conduce a la extraña sensación del presente extendido en el tiempo.

…Lo que el pasado y el futuro tienen en común es nuestra imaginación, capaz de evocarlos. Y nuestra imaginación hunde sus raíces en nuestro pavor escatológico: el pavor de pensar que carecemos de antecedentes y de consecuencias. Cuanto más intenso es ese pavor, más minuciosa es nuestra concepción de la antigüedad o de la utopía.*   *  Joseph Brodsky, Marca de Agua (Barcelona: Edhasa, 1993) 15


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Hace dos años tengo un retablo colgado en la pared, siempre está frente a mí antes de dormir. Es una fotografía de un paisaje. Nunca conseguí definir si se trata de un amanecer o un atardecer. Toda la habitación cambia a su alrededor, una sucesión de cielos se despliega fuera de él día tras día. Pero es siempre la misma fotografía que no puedo entender. Hay un cielo y un mar. Trato de imaginar un mundo a su alrededor, pero parece irreal. Contemplar el agua es como salirse del tiempo, estar frente a otra dimensión. Una vez escuche que el agua es la imagen del tiempo. Cada segundo cae como una gota y se prolonga en círculos infinitos. Miles de pliegues, oscilaciones y ondas que, para comprenderlas, hace falta sumergirse en sus profundidades. Un proceso de cambio que solo puede ser asimilado mediante la contemplación. 18


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Cuando percibimos por medio de los ojos, como causas, la fluidez del agua, la frialdad del hielo, la solidez de las rocas, la desnudez de los árboles en invierno, es cierto que otras cualidades se hacen aparentes y controlan la percepción.*

La materia habla lentamente. A mí me gusta que sea así. Busco el ruido y la energía en medio del silencio. Yo amo lo que se puede tocar, lo que se puede morder. Amo la lluvia cuando se transforma en nieve y se convierte en algo palpable.† *  John Dewey, El arte como experiencia (Barcelona: Paidos, 2008). †  Woolf, Las olas. 19


Quiero escuchar caer las piedras en el ocĂŠano. Tocar el universo. Sentir las olas romperse.

Imagino que irrumpo la seguridad. Contemplo una superficie amenazante. Ahora es ella la que se viene contra mĂ­. Sus olas se arrojan sobre mi vida. La orilla se desdibuja y me siento abandonada. Todos los movimientos parecen suspendidos, pero prontos a desbordarse.

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Es claro como el océano, un fragmento de la naturaleza y una remanente amenaza de inundación, llegó a inspirar terror, al igual que las montañas y todo vestigio caótico de desastre.* La naturaleza tiene un sentido agudo de la independencia, su complejidad excede continuamente la capacidad humana para controlarla o entenderla. Su experiencia es fundamentalmente transformativa, la disrupción de las coordenadas de tiempo y espacio. Una confrontación con lo desconocido, la llamada de atención sobre algo que desafía nuestra capacidad de entendimiento. Con algún grado de horror nos enfrentamos frente a aquello que no podemos entender ni controlar –algo excesivo-.

*  Hari Kunzuru “I see the sea: On Paul Noble” en Utopías, ed. Richard Noble (Londres: Whitechapel Gallery, 2009) 21


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Finalmente el sol llego a la altura de la ventana, tocando el cortinaje

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de rojo y saco a luz círculos y líneas. Ahora el sol ardía innegablemente.*

* Woolf, Las olas.

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La flor es como una ilusión de los ciclos naturales. En el corazón de una flor no hay nada, sino el corazón. El crecimiento parece escapar al ojo. Solo se percibe cuando está completo, dejando en la sombra lo que se ofrece fácilmente a la vista. Cada cielo tiene su tiempo, Siempre retorna, pero nunca de la misma manera. Frente a él, la estabilidad se pierde. No hay control ni certeza, Solo instantes de incertidumbre, impredecibles y salvajes; imposibles de reducir a la monotonía. El caos deviene, la liminalidad e indeterminación como posibilidad de existencia.

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Los estados liminales o dudosos existen en cualquier lugar donde algo está a punto de someterse a una fase de transición o de convertirse en algo más (…) Lo que es conceptualmente difícil en observar estados liminales es que incluso distinciones fundamentales como tiempo y espacio entran en cuestión. ¿Dónde estamos y cuando estamos en el medio?* Trazo un borde y quedo en una frontera, con medio día al sur, y medio día al norte. Un borde que no divide, sino que mezcla dos estados y crea uno nuevo. Una transformación que escapa al control. Una hendidura acaba de abrirse. Una abertura a la penumbra que indica el comportamiento ordinario, lo innombrable y lo invisible; siempre pronto a entrar en erosión. Una súbita abertura frente a la cual tu pequeño tiempo fracasa. En el equilibrio, la materia es ciega, lejos de él, se renueva. *  George Quasha y Charles Stein, “Liminal Objects,” en The Sublime, ed. Simon Morley (Londres: Whitechapel Gallery, 2010) 27


El tiempo es un sol imaginado. La ilusiĂłn entre El acto de decir simplemente, aquĂ­ es.

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lo que estĂĄ en el instante presente y fuera de ĂŠl. Ser consciente no es ser en el tiempo.

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El ocaso resulta un tiempo extraño, una temporalidad intermedia y multicolor. Todos los colores se mezclan en la habitación. Los objetos proyectan sombras borrosas y llevan tras de sí zonas de oscuridad. Siluetas que cambian segundo tras segundo y que en ocasiones nos sorprendemos en inútiles intentos por capturar con nuestras manos. Por unos instantes el tiempo y el espacio se perciben como volátiles, los significados se trastocan y nada parece ser sólido. Un momento en que tenemos frente a nosotros lo inalcanzable. De repente, me parece que los objetos no llevan tras de sí el peso de la oscuridad, sino que proyectan color y reflejan tonos brillantes. Me gusta pensar que entonces la luz se refleja como negación. No es cuestión de blanco o negro sino de intermedios. Las sombras dejan de ser ese lugar donde la luz se obstaculiza y por el contrario, incorporan halos de luz. Nuestras percepciones se desestabilizan y se tornan extrañas. Me he liberado del espacio y el tiempo. El azul de la tarde y el negro de la noche encuentran un mismo sitio donde reposarse. 32


La espera

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Las sombras, arrastradas por el viento cambian como nubes sobre las cabezas ¡si pudiera agarrar un solo instante! Jamás podré detener el tiempo, pero tal vez si perpetuar su imagen frente a mí. De un momento para otro la sombra se tornó luminosa. Se iban formando reflejos luminosos que contenían nada más que un instante y hacían creer que el instante presente lo contenía todo. Se reinventan los días, el parhelio con los colores de la melancolía.

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(...) A medida que trascurren los meses las cosas que me rodean comienzan a perder su rudeza. Nada es firme. Nada es definitivo en este universo (…) Los duros rayos del sol penetraban la habitación. Cada objeto tocado por la luz quedaba investido de una vida intensa y dura. Un plato se convertía en un lago blanco. Un cuchillo se asemejaba a una daga de hielo. Los vasos se revelaban de pronto sostenidos por rayas de luz. Las mesas y las sillas subían a la superficie cual si hubieran estado sumergidas bajo el agua y emergieran recubiertas de una pequeña película rosa, naranja, purpura como la pelusa sobre la piel de un maduro. Las venas sobre el barniz de las porcelanas, el grano de las maderas, las fibras del tapiz parecían grabados en trazos cada vez más finos. Todo carecía de sombra. El ojo atraído por el verde intenso de un jarro parecía colarse dentro de él como un molusco absorbido por el vacío.*

* Woolf, Las olas.

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Me gusta la oscuridad, y el negro. Es una sensación extraña la ausencia de luz, resulta muy agradable no tener ninguna referencia. No saber si se está aquí o allá. Oscuridad no significa obscuro, significa desestabilizante. El negro es un color hermoso. Nunca nadie lo ha visto. En la soledad, trato de encontrarlo. El signo más feliz de todos. Donde viven las piedras. Estoy ciega para ti. Porque eres intangible. Te encuentro en la frontera entre lo que puedo ver en el brillo, y lo que entiendo en lo intocable. Como si empezara a dibujar lo inseguro, lo invisible. Te llevo a lo indeterminable, El paisaje es siempre inestable. 38


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Cuando camino me gusta cerrar los ojos. Sentir el vértigo. Si frunzo mis ojos, experimento la noche. ¿Ha intentado usted descubrir la oscuridad? ¿Descubrir la noche durante el día? ¿O encontrar la sombra cuando no hay sol? ¿Transformar la ausencia? En la noche estamos solo tú y yo. No hay reglas. Es despertar mientras otros duermen. La Ipomoea Alba despierta, nadie lo ha notado. ¿Se está tornando oscuro? Eso depende. ¿Cómo manipular la oscuridad? Estas cegado por mucha luz. ¿Qué pasa cuando nada pasa? 39

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Yo debĂ­a descubrir cĂłmo una experiencia horrible, convulsiva, es capaz de cambiarme el ritmo; de llevarme a perderlo de repente para encontrar otro en su lugar, uno desconocido, un ritmo terrible que uno no sabe como manejar, que hace todo diferente, irreconocible, insano, que lleva todo a sobrepasarse a si mismo. Un flash que no puede seguirse, pero que debe seguirse. No puedo imaginar la velocidad inhumana alguna vez cesando.

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I was myself to discover what an awful, convulsive experience it is to change one’s tempo, to lose it suddenly, to find another in its place, an unknown, terribly fast tempo that one does not know how to handle, that makes everything different, unrecognizable, insane, that causes everything to overshot itself and flash by, that cannot be followed, that must be followed. One cannot imagine the inhuman speed ever ceasing. Henri Michaux. To draw the flow of time, 1957.

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Bibliografía

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Brodsky, Joseph. Marca de Agua. Barcelona: Edhasa, 1993. Dewey, John. El arte como experiencia. Barcelona: Paidos, 2008. Dickinson, Emily. Poemas. Madrid: Ediciones Cátedra, 2013. Johnstone, Stephen, ed. The everyday. Londres: Whitechapel Gallery, 2008. Metahaven. White Night Before a Manifesto. Eindhoven: Onomatopee, 2008. Morley, Simon, ed. The Sublime. Londres: Whitechapel Gallery, 2010. Noble, Richard, ed. Utopias. Londres: Whitechapel Gallery, 2009. Pallasmaa, Juhani. La imagen corpórea. Barcelona: Editorial Gustavo Gili, 2014. Woolf, Virginia. Las Olas. Chile: Facultad de ciencias sociales Universidad de Chile, 2000. Mataix, Carmen. “Ilya Prigogine: Tan solo una ilusión.” Parte Rei: Revista de Filosofía. Acceso Mayo, 2015. http:// serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/mataix.pdf 45


Se terminรณ de imprimir el 22 de Mayo de 2015. Bogotรก - Colombia. 46


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