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DE MI TIERRA AL CEMENTO
Mirada perdida, detrás, la vista que tiene desde su hogar.
Foto: María Paula Aponte Ortíz.
Por: Juan Acosta, María Aponte, Sebastián Cortés, Laura Dussan, Diego Albornoz.
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lba Marina Quiñonez es una mujer nacida en La Apaya (Putumayo) que por causa de la guerra y la violencia característica en el país, ahora está erradicada en el sur de la ciudad de Bogotá.
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iene dos hijos, un hombre y una mujer, quiénes a su vez le han dado dos nietos. En la actualidad vive en un “ranchito” — como lo llama ella — en el barrio Los Alpes en la localidad de Ciudad Bolívar.
Doña Alba fue desplazada por la guerrilla de las F.A.R.C de Puerto Leguizamo - Putumayo en el año 2001, en plenos dialogos de paz entre este grupo subersivo y el gobierno de Andrés Pastrana.
En este año las F.A.R.C. volvieron con sus hostilidades hacia la población y el Putumayo no fue la excepción, dado que este departamento es importante para su economía con la mayor producción de coca a nivel nacional.
Doña Alba fue desplazada por la guerrilla de las F.A.R.C de Puerto Leguizamo - Putumayo en el año 2001, en plenos dialogos de paz
Este proceso se dio desde 1998 hasta el 2002, sin embargo, en el año 2001 ya se veía que no iba en buen camino.
Ella sostiene su humilde ranchito a base de costuras y alegría.
Foto: Diego Alejandro Albornoz.
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Manos de una mujer trabajadora, fundaciรณn renacer. Foto: Laura Dussan.
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A raíz de las circunstancias que tuvo que atravesar Doña Alba, ella entiende las condiciones a las que se deben someter las víctimas para conseguir ayuda, por lo cuall decidió ingresar a la Fundación “El Renacer De La Familia”, donde buscan el cumplimiento de los derechos de los desplazados
y vulnerables. Ella también quiere liderar y emprender varios proyectos para tratar a mujeres víctimas de violación.
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dificultad de adaptación a la ciudad teniendo en cuenta las costumbres de vivir de la tierra y pasar a no tenerla.
Después de su desplazamiento ella piensa que éste no es un acto justo, afirma que los campesinos no necesitan que el Estado arregle sus vidas, ellos se rebuscan y tienen sus quehaceres para subsistir.
Compara las condiciones de vida del ámbito rural y urbano, resaltando la dificultad de adaptación a la ciudad teniendo en cuenta las costumbres de vivir de la tierra y pasar a no tenerla.
Pero cuando son desplazados y llegan a las ciudades, es importante que se divulgen los lugares dónde pueden acudir.
Sus ojos se posan en los dibujos de su nieta, al fondo ella asoma la cabeza por la puerta del baño.
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Foto: Juan Diego Acosta.
La desconfianza reflejada en el rostro de su nieta Laura.
En el presente, doña Alba está totalmente dedicada a su familia y a la fundación. Su mayor deseo es ayudar a las víctimas del conflicto armado en su proceso, siendo una acompañante y guía para todas estas personas invadidas por la incertidumbre y la desesperación.
Foto: Sebastián Cortés.
Un ejemplo a seguir, ella con su actuar siembra esperanza en las vida de las personas que rodea y colabora a diario, a quienes le brinda todo su cariño y dedicación.
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