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Revista Memorias "Educando por un país mejor."

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Bogotá - Colombia

Otubre 2016

Educando por un país mejor.

Octubre 2016

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Educando por un país mejor.

María G. Martínez, está foto representa cada uno de los seres que el conflicto le arrebato

Por: Jaylin Ayala, Mateo Quintero, Andrés Rodriguez, José Alejandro Vinchery

M

aría Gladys Martínez Rodríguez nació el 21 de junio de 1961 en Puerto López, Meta. Hija de Jeremías Martínez, un soldado y hacendado importante del Meta y Evelia Rodríguez, una ama de casa dedicada a sus 15 hijos productos del matrimonio. A muy temprana edad María quedó en embarazo producto de una violación por lo cual, luego de dar a luz a un varón al que nombraron Franklin, abandonó su casa dejando

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a su hijo a cargo de los abuelos. Con solo 12 años ella halló una “nueva vida” bajo el techo de una congregación de monjas en Puerto Gaitán, donde a los 16 años la unieron en matrimonio con un militar llamado Efraín Benavides, dándole fin 4 años después a esta unión que dejó como resultado dos hijos llamados Efraín y Hernán Benavides.

Foto: José Alejandro Vinchery Martínez


Durante el tiempo que María llevaba a cabo su nueva vida lejos de la casa de su familia, los grupos al margen de la ley llevaron a cabo un proceso de fortalecimiento y expansión en esta zona del país (Meta), gracias a la labor de recolección y robo de tierras que llevaron a cabo. La familia Martínez

Rodríguez no salió invicta de esta labor, debido a la gran cantidad de tierras que eran propiedad del patriarca de la familia, llegó la extorsión y en respuesta a esta la negativa por parte de Jeremías que trajo como consecuencia a la familia el asesinato de 2 de sus hijos.

María G. Martínez mirando los últimos recuerdos que le quedan de su hijo Franklin

Soy como el ave fénix porque reviví de las cenizas

Foto: José Alejandro Vinchery Martínez

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En busca de nuevas oportunidades para su vida y la de sus 2 hijos María Gladys se mudó a la ciudad de Bogotá, donde logró conseguir un trabajo en una empresa de textiles llamada “Carretón” en la cual más adelante terminaría ejerciendo la función de administradora. Durante esta época recibió la noticia del secuestro de su padre, por parte de los grupos que operaban en

esa zona del país, incertidumbre que aún al día de hoy sigue viva ya que nunca se conoció el paradero de Jeremías. Simultáneamente con este suceso se fortalecieron los lazos de comunicación con Franklin, quien constantemente se trasladaba a la ciudad de Bogotá para visitar a su madre.

María G. Martínez en su trabajo como docente de Diseño de Vestuario Foto: José Alejandro Vinchery Martínez

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Uno puede decir perdón pero uno no olvida, uno queda con cicatrices en cuerpo y alma. El perdón es necesario para seguir adelante

María G. Martínez dictando clase en la Institución Universitaria Escuela de Artes y Letras.

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En la vida de María transcurrieron varios años en tranquilidad en los cuales fue alcanzando ciertas metas: conformó una nueva familia al lado de Jaime A. Vinchery que posteriormente se vio completa con la llegada de dos hijos más (Juan Pablo y José Alejandro); logró graduarse de su carrera universitaria como Diseñadora de Vestuario y más adelanté la complementó con un diplomado en docencia; logró superar un cáncer de melanoma contra el que

estuvo luchando por más de tres años, sin embargo, a pesar del cáncer, vivió años en paz… Hasta que un día recibió la noticia del fallecimiento de su madre, asistió para darle santa sepultura. Su llegada a este acto fúnebre estaba siendo esperada por otra tragedia familiar: Su primogénito, Franklin, había muerto hace un mes a manos de los grupos insurgentes que seguían atemorizando esta zona del Meta.

Foto: José Alejandro Vinchery Martínez


María G. Martínez en compañía de su familia.

Después de este suceso desgarrador, María entró en un programa para la restitución de víctimas, aconsejada por un abogado de familia, donde se suponía se procedería a entregarle una indemnización por cada familiar que el conflicto armado le había arrebatado, dicho proceso fue abortado abruptamente al saber que otra persona ya se había beneficiado de la indemnización. Aún con el caso abierto, pero sin mucho interés en él, María Gladys supo continuar con su vida, enfocándola ahora a formar a las nuevas generaciones por medio de su trabajo como maestra, en la Institución Universitaria de Artes y Letras y en una

Foto: José Alejandro Vinchery Matínez

fundación de niños en condición de discapacidad en la cual va como voluntaria y que espera reforzar con una maestría que está cursando actualmente en Tecnológico de Monterrey en conjunto con la Corporación Universitaria Minuto de Dios. A pesar de todas las dificultades que se vio obligada a pasar en su vida, María, sigue con la firme esperanza de un país mejor, donde, aunque no se pueda borrar la historia, se puede construir una mejor.

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Dejar de lado nuestras diferencias y trabajar por un bien comĂşn, es el comienzo para una paz sin fronteraS.

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