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Paisajes ocultos

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Paisajes ocultos Por: Gustavo Reina Laura Benavides Santiago chamorro


PAISAJES OCULTOS

Gustavo Reina Laura Benavides Santiago Chamorro Foto de portada Laura Benavides

Trabajo de fotografĂ­a e historia 2017


INTRODUCCIÓN Nuestra vida se mide a través de las experiencias que tenemos y las lecciones o moralejas que logramos obtener de ellas. En nuestro caso, atesoramos esta salida de campo como una de las más especiales a lo largo de nuestras carreras como comunicadores sociales y periodistas, ya que a través de ella pudimos aguzar nuestros sentidos, conocer sobre la vasta cultura de nuestro país y disfrutar de los paisajes. Nuestra salida de campo no inició desde el momento en que nos subimos al bus camino a Guatavita y Sesquilé. Tuvo una preparación minuciosa por parte tanto de los organizadores como de nosotros los estudiantes, quienes teníamos la difícil tarea de dar a conocer el patrimonio de estas dos poblaciones mediante nuestra cámara fotográfica. Para quienes consideran que se trata de algo sencillo están muy equivocados; nuestro trabajo no solo consistía en fotografiar cualquier paisaje que nos pareciera atractivo o alguna persona u objeto porque sí, se trataba de dar cuenta de la historia de estos lugares, de su gente, su arquitectura y costumbres a través de la fotografía. Lo más importante para nosotros era la actitud y disposición, tener la mente abierta para aprender y el ojo listo para captar momentos importantes o lugares encantadores; sabíamos que sin buena actitud no podríamos cumplir con nuestro objetivo de dar a conocer una historia y seguramente quien viera estas fotografías no les hallaría sentido alguno. La dinámica consistió en dividir el grupo en dos, de manera que unos irían primero a la Laguna ubicada en Guatavita y otros iríamos a visitar un resguardo indígena en Sesquilé.

Una vez llegamos a nuestro destino, la primera impresión que tuvimos fue la de estar un lugar aparentemente tranquilo y amplio, características típicas de un ambiente rural un día domingo. El resguardo se encontraba bastante retirado de dónde nos había dejado el bus, por lo que el camino fue más largo y empinado de lo que esperábamos, esta fue la prueba de nuestro pésimo estado físico, ya que no llevábamos ni quince minutos de recorrido y ya estábamos “como para recoger con cuchara”; sin embargo y a pesar de ello pudimos contemplar la belleza del lugar y respirar su aire puro, algo que muy difícilmente se puede hacer en Bogotá

Mientras nos acercábamos al asentamiento muisca, el guía (un joven indígena) nos contaba que en la época indígena las enfermedades eran consideradas como castigos divinos o malos espíritus que tomaban posesión del cuerpo, dichos males solo podían ser curados mediante tratamientos con base en plantas medicinales, esta tribu creía fielmente en la consigna de “cuidarse a sí mismo” y se servía de la naturaleza para lograr su objetivo. Nos resultó bastante curioso ver cómo pequeñas plantas que a simple vista lucen normales, contienen un sinfín de propiedades curativas y representan la cultura de una población. Al llegar al resguardo nos sorprendió su apariencia, era totalmente distinto a lo que imaginábamos; por alguna razón estábamos convencidos de que llegaríamos al lugar y encontraríamos un conjunto de chozas de bareque y a sus habitantes vestidos con los trajes típicos...lo que encontramos fue completamente distinto. Se trataba en su mayoría de un ambiente rodeado de naturaleza y una que otra construcción rústica (miradores) o lugares que funcionaban como santuarios para el autodescubrimiento espiritual.


La visita constó de varias paradas, cada una sirvió como un momento de aprendizaje y reflexión. Algo que nos pareció muy bonito fue que los guías nos recordaban una y otra vez la importancia de la familia y la unidad y nos hizo pensar que la gente se equivoca cuando cree que el conocimiento indígena no sirve para nada o que sus rituales son simples celebraciones paganas, seguramente no conocen su trasfondo espiritual y la gran herencia cultural que nuestros antepasados nos dejaron y que definitivamente no valoramos.

El final del recorrido fue quizá la parte más interesante y el momento de mayor relevancia para nosotros. Nos llevaron a una especie de santuario donde se llevan a cabo los rituales para dar inicio al año (esta tribu a diferencia de nosotros inician el año el 21 de marzo), bendecir las cosechas de maíz, algodón y añil, práctica que llevan realizando desde hace siglo atrás con el propósito de que los dioses escuchen sus plegarias y permitan cosechas exitosas. Lastimosamente no estaba permitido tomar fotografías pero valió la pena la experiencia, fuimos partícipes de dos rituales de purificación, una especie de renacer para nuestra alma, con el algodón sacamos de nuestro cuerpo todo aquello que nos hacía mal y a su vez le dimos la bienvenida a todo tipo de aspectos positivos que queríamos tanto para nuestra vida como para la de nuestros seres queridos; por otro lado, con el tabaco limpiamos nuestro cuerpo de la enfermedad, lo tomamos como un soplo de vida y como la oportunidad de renacer de las cenizas de nuestro pasado y valorar nuestro presente.

Luego de un merecido descanso y un buen almuerzo nos dispusimos para ir a la Laguna de Guatavita. Aunque ya era un poco tarde y nos encontrábamos exhaustos por la larga caminata nos emocionaba ir a este lugar, ya que es conocido por su gran belleza y por la leyenda que se tejió alrededor de ella, la cual cuenta que en la época indígena, los jóvenes príncipes se cubrían de oro y saltaban a la laguna dejando en ella dichas piezas como signo de adoración a los dioses. Como la cuestión era de tiempo, el bus nos dejó lo más cerca posible y desde ahí caminamos hasta la entrada de la laguna con tan mala suerte que cuando llegamos ya la habían cerrado, por lo que un poco decepcionados tuvimos que bajar hasta donde nos había dejado el bus; sin embargo, no todo fue tragedia, durante el camino pudimos tomar varias fotografías a los campos y a las montañas, parecían paisajes de cuadros y como empezaba a ocultarse el sol la luz resaltaba aún más su belleza. En vista de que no pudimos visitar la laguna terminamos en el pueblo llamado “Guatavita la nueva” construido hace 42 años en reemplazo de la antigua Guatavita, la cual se encuentra actualmente sumergida bajo las aguas del embalse Tominé (principal generador de energía del pueblo y de agua potable), este pueblito parecía sacado de un cuento, las construcciones eran del mismo color (blancas con retoques en café) con un estilo arqitectónico colonial, tejas de barro y apliques en madera. En realidad es un lugar muy bello tanto de día como de noche, existen pequeños corredores entre las plazas, estatuas creadas en honor a personajes ilustres del pueblo, pequeñas tiendecillas de artesanías y recuerdos del lugar, puestos de comida (postres, amasijos y bebidas calientes) y hoteles rústicos que funcionan como alojamiento temporal para los visitantes. Tristemente cuando llegamos a causa del frío y la hora el pueblo se encontraba “muerto”, casi no había gente por las calles y la mayoría de lugares se encontraban cerrados, había una que otra persona por las calles y el pueblo se encontraba iluminado por postes de luz cálida.


Purificación y tradición

SESQUILÉ

Resguardo indígena

Esta cueva funcionó como un lugar de celebración para la tribu muisca, en ella se realizaban rituales de purificación del alma David Santiago Chamorro


PAZ EN LAS MONTAÑAS Durante nuestro recorrido pudimos apreciar la belleza, descubrir paisajes, y deleitarnos con la gama de colores y la perfección de la naturaleza. Es un mundo paralelo a la caótica ciudad que estamos acostumbrados

David Santiago Chamorro

MEDICINA ANCESTRAL Antes de la existencia de la medicina moderna y de la llegada de los españoles a América, las tribus que poblaban nuestro territorio, como es el caso de la tribu muisca, hacían uso de estas plantas con el fin de tratar afecciones de caracter respiratorio, cutáneo, úlceras y estados febríles.

David Santiago Chamorro


UN MOMENTO PARA APRENDER Parte fundamental de nuestro recorrido, se basó en el aprendizaje e interiorización de nuestra riqueza cultural e historica. A través de ella no solo logramos plasmar lo que en este fotolibro mostramos, sino que adquirimos conocimiento que aplicaremos a nuestras vidas. Laura Benavides Salamanca

VESTIGIOS

Aunque el arte muisca consistía más que todo en productos de orfebrería y textiles, podemos observar, cómo a través de representaciones gráficas, nuestros ancestros mantenían viva la tradición y la historia de su pueblo, cabe resaltar el uso de pigmentos naturales para llevar a cabo estos dibujos en piedra Laura Benavides


EL ÁRBOL DE LA VIDA Si se aguzan los sentidos podemos percibir más allá de lo convencional, la belleza se encuentra en pequeñas cosas, como un simple árbol solitario en la falda de una gran montaña GUSTAVO REINA

CAM A GUATA


SABIDURIA ANIMAL El ego humano es casi tan daĂąino como nuestras acciones en el planeta. Olvidamos que son los animales quienes conocen verdaderamente el entorno y conviven pacificamente con la naturaleza. Este pequeĂąo ternero se encuentra descansando en el pastizal con una mirada fija y tranquila. Laura Benavides

OLVIDO Es propio de este tipo de paisajes, encontrar estos objetos en medio de la nada como esta carreta. Al verla despierta en nosotros una sensaciĂłn de olvido y desesperanza, sensaciones que experimentamos en situaciones por lo general negativas. Gustavo Reina


CAMINOS Este sendero representa el camino que cada quien decide tomar a lo largo de su vida y la meta que desea alcanzar. Nos encontramos al inicio y estamos seguros de que estaremos satisfechos con nuestro final. Gustavo Reina


guatavita la nueva

ATARDECER EN GUATAVITA El sol está cayendo y la luna está saliendo, nos encontramos en lo que hoy llamamos Guatavita la nueva, un pueblo encantador rodeado de historia y lugares acojedores. Esta fotografía muestra en detalle la figura de un pajaro observando el pueblo con atención.

Laura Benavides


VISTA A LA ARQUITECTURA

Guatavita la nueva fue construída con base en un estilo arquitectónico colonial, caracterizado por el uso de colores neutro como lo son el blanco y el café, murallas de piedra y acabados en madera. David Santiago Chamorro

Otro aspecto a resaltar, es la uniformidad que se presenta en las costrucciones residenciales y de organismos públicos, como lo son la alcaldía, la estación de policía y otros.

Gustavo Reina


PUEBLO DE FÉ

Guatavita es un pueblo que mantiene una fé viva, esto se puede notar en los diferentes pasajes del pueblo, en los cuales se pueden observar obras de arte como la representada en la fotografía

Las cruces incrustadas en el concreto, realizan una gran armonía con el resto de la edificación, dándole un estilo único. Gustavo Reina


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GUATAVITA LA ALTA -Esta edificación ubicada muy cerca de el centro del pueblo, demuestra imponencia al imponerse en el cielo sobre el resto de pequeñas casas y edificos de la locación. Además cuenta con un estilo moderno conservando los estándares pautados para el pueblo, lo que la hace llamar la atención de cualquier visitante que pasee por la zona

Laura Benavides


LADRILLOS Guatavita es una ciudad construida con concreto y ladrillos, así se refleja cuando se tiene la capacidad de observar los techos de las casas del pueblo, esta armónica combinación que dan la sensación de estar en algun pueblo europeo, brinda tranquilidad y calma, transmitidas por la uniformidad de las construcciones Gustavo Reina

LA ANTIGUA ARQUITECTURA A pesar de que el antiguo pueblo fue sumergido por completo, todavía quedan algunas construcciones aledañas a la laguna, las cuales realizan un gran contraste entre la uniformidad de colores de el nuevo poblado, contra la variedad en la paleta de colores que merodeaba en el pasado Santiago Chamorro


CONCLUSIONES Olvidamos lo bello que es nuestro país y nos concentramos en conocer la historia de todo el mundo menos del nuestro, es imposible convivir en paz y armonía si no somos capaces de comprender y aceptar nuestro pasado y de la misma forma luchar por un futuro justo prometedor. Poseemos un legado histórico enorme, unas bases espirituales envidiables y una naturaleza diversa y hermosa, si esto es lo que tenemos a tan solo 40 km de nuestros hogares y nos lo estamos perdiendo por concentrarnos en banalidades, pregúntese usted señor lector: ¿ De qué otra cosa me estaré perdiendo?. Colombia no es solo conflicto ni violencia, no es Santos ni Uribe, mucho menos droga y corrupción; existe un universo entero detrás de cada palabra, de cada paisaje y de cada persona. Ser colombiano acarrea demasiadas cosas, sobre nuestras espaldas está el peso (entiéndase como algo positivo) de aportar nuestro granito de arena para ver al país crecer, no sólo a nivel infraestructural o económico sino culturalmente. La respuesta siempre ha estado aquí, el libertador Bolívar lo sabía a la perfección y es por esto que siempre buscó maneras de ayudar a crecer el país, pero que sobretodo fueran medidas que se adaptaran a las necesidades de la nación. A través de esta salida no sólo conocimos parte de nuestro hogar, trabajamos como un equipo y comprendimos la responsabilidad y confianza depositada en nosotros para con las personas que observan nuestras fotografías y leen esta crónica, comprendimos la importancia de mantener viva nuestra historia, la que nos brinda identidad.

Fotografía e Historia 10/2017


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