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Una historia bajo ruanas

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UNA HISTORIA BAJO RUANAS

Jessica Natalia Contreras Hernández Paula Valentina Ávila Cubides María Sofía Segura Parra Karen Vanessa Clavijo Rodriguéz 2019 – 02

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INTRODUCCIÓN

Una tierra llena de historias por contar, de rostros y tradición campesina, abrazada por el páramo de Ocetá y bañada en el Rio Morro. Monguí, que significa baño de la esposa, haciendo referencia a su riqueza hídrica y tierra fértil goza de un extenso legado artesanal e histórico preservado en su arquitectura colonial y su gente trabajadora. Orgullosa de sus raíces y perseverante que habitan en un lugar en donde “los hombres trabajan en pelota y las mujeres en bola”. Monguí fue fundado oficialmente en 1601, pero el descubrimiento del territorio fue en 1550, cuando los primeros misioneros de la comunidad franciscana, enviados por la corona española, entraron en contacto con las tribus Tutasá, Tirem, Teguas y Sanoas, las cuales no opusieron mucha resistencia ante los extranjeros. En recompensa el Cacique del territorio, que actualmente es Monguí, viajó a España a conocer al rey Felipe ll, quien le obsequió el cuadro ‘San Martín de Tours’, sin embargo, trocaron accidentalmente la pintura con el de “la Sagrada Familia de Sogamoso”, cuya virgen se convirtió en la patrona de Monguí y posteriormente en “La reina de Boyacá” (1929) El 31 de diciembre de 1.601 el pueblo es fundado por Alonso Domínguez Medellín, quien compartía poder con el padre eclesiástico Fray Juan Blas Redondo, ambos se encargaron de diseñar el plano de construcción de lo que se convertiría en “el pueblo más lindo de Boyacá” (elegido el 8 de diciembre de 1.980). De esta planeación surge la primera iglesia llamada San Antonio de Padua, casi al mismo tiempo se empezó la construcción de la Basílica Menor de Nuestra Señora de Monguí, la cual duro aproximadamente 100 años en quedar finalizada. La religión católica ejerció mucha influencia en la región por lo que Monguí fue el principal centro de reunión y difusión de la fe. Construyeron todo el territorio pensando en la influencia religiosa que podría ejercer en los habitantes, como es el caso del puente Calicanto que fue construido por los indígenas para transportar las piedras de la Basílica. Tal fue el impacto de las construcciones religiosas que en 1975 la Basílica, el Convento, la Capilla y el puente de Calicanto fueron declarados monumentos nacionales. Estas influencias se ven reflejadas actualmente en la cosmovisión de los habitantes de este territorio con actos cotidianos como la asistencia a la iglesia, las expresiones en el lenguaje y el uso de símbolos católicos.

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Monguí parece una postal del pasado, evocado en sus calles de piedra, sus tradicionales construcciones e imponentes monumentos. No en vano se le llama “El pequeño esclorial suramericano” en honor al monasterio de El Esclorial en Madrid, uno de los más bellos e identificables de la arquitectura madrileña. Sin embargo, toda su belleza permaneció oculta durante mucho tiempo, esto porque a pesar de su encanto, el pueblo no había logrado llamar la atención nacional y se le tomaba como uno más de los diversos municipios colombianos.

Esto cambiaría en el siglo XX cuando los habitantes únicamente con sus manos, hilo y retazos de cuero fabricaron su paso al reconocimiento nacional. No se puede hablar de la historia de Monguí sin mencionar la gran influencia de Froilán Ladino Agudelo, quien trajo en 1934 la idea que revolucionaría la industria artesanal y cultural monguiseña: los balones. Froilán se inspiró en una fábrica brasilera que conoció prestando servicio militar en la frontera en medio de la guerra contra el Perú. Al volver a su tierra decidió enseñar a 12 personas y sus familias esta técnica, que fue creciendo con el pasar de los años. Monguí coció su propia historia con balones hechos a mano que actualmente son de calidad internacional. Los balones se convirtieron en la fuente principal no solo de artesanía sino también de economía y turismo, esta última característica es importante debido a la gran cantidad de turistas extranjeros y nacionales que a diario visitan este municipio. Las fábricas pusieron a Monguí en el mapa y su calidad llevó a que sus balones fueran elegidos para el Campeonato Nacional de futbol colombiano. Actualmente decenas de familias viven no solo de las fábricas sino de hoteles, restaurantes y museos, que fueron construidos gracias al aporte de la gran industria insignia. Actualmente, el territorio monguiseño hace parte de la red de pueblos patrimoniales de Colombia y ha crecido hasta tener 9 veredas y 6 barrios a pesar de su modesta extensión de 81Km². Su cotidianidad está hecha de retazos de domingos de mercado, un clima frio de máximo 15°C, sus vestuarios tradicionales, las creencias de su gente, y por supuesto, sus balones. Los monguiseños se esmeran día a día para mantener la historia de su pacífico hogar: Monguí, el pueblo que vive entre ruanas, historia y balones.

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ÍNDICE DE FOTOS

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La minería es otro de los pilares fundamentales de Monguí junto con la fabricación de balones. Se destaca principalmente la minería de carbón. Los indígenas Chibcha de la zona explotaron los yacimientos de carbón con herramientas de piedra, usaban el mineral para la cocción de arcilla y fabricación de herramientas de hilado. Los indigenas taparon las minas para esconderlas de los españoles, por lo que solo se volvieron a usar hasta mediados del siglo XX. Foto: Jessica Contreras pág 8 La basílica de nuestra señora de Monguí, junto a otros monuimentos religiosos, fue declarados monumento nacional en 1975. La tradición religiosa católica está fuertemente arraigada entre los monguiseños, su basta colección de arte religioso es uno de los principales atractivos del pueblo, esta incluye una pintura de la sagrada familia donada por el rey Felipe II de España. Sin embargo, la tradición de los balones de Monguí es tan importante y tradicional como la religión y su fabricación es la insignea del municipio. Foto: Jessica Contreras pág 7 La Capilla más antigua de Monguí , San Antonio de Padua, refleja en su estructura el paso de los años, este contexto transporta en el tiempo y simboliza la influencia del pasado en el presente. La cotidianidad de una calle de Monguí, en donde se puede reflejar la arquitectura colonial, sus colores y la tranquilidad de la vida y de las calles que componen este pueblo. Esta construcción del siglo XIX es considerada patrimonio Nacional. Foto: Valentina Ávila pág 9 La escalera al cielo, como la apodaron sus habitantes, se dirigen al tan reconocido páramo de Ocetá, que recibió este nombre por la princesa indígena que sumida en la tristeza a causa de la muerte de su amado en manos de los españoles se dirigió a la cima del páramo para dejarse morir de hambre y frio. Foto: Karen Clavijo

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Las mujeres desde la historia cumplen un papel muy importante, destacándose muchas veces con las tareas del hogar, el cuidado de sus hijos y en este caso, la agricultura. Gracias a ellas los simientos del pueblo pudieron ser alzados desde cero y ha prosperado por la elegancia, orden y mano dura que cada mañana todas las mujeres ponen con esfuerzo. Foto: Karen Clavijo

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Las ovejas son un factor importante para las familias, debido a que el clima que los rodea es perfecto para su desarrollo y provecho al recolectar la lana y fabricar a su vez ruanas para el comercio del municipio y los turistas. Foto: Valentina Ávila

pág 26 Las actividades agropecuarias son comunes en las once veredas que tiene el municipio de Monguí, el ganado es principalmente ovino, vacuno y caprino, para poder aprovechar la lana, leche y carne. Algunas casas que cuentan con los medios contratan trabajadores para mantener saludables a los animales, tal es el caso de esta joven que dedica su vida a cuidar las ovejas de su patrona en compañia de su madre. Foto: Karen Clavijo pág 25 Un niño de seis años que expresa amar a sus animales, disfruta acompañar a sus padres para aprender a negociar, dice que cuando crezca espera continuar con la tradición de su familia e invitarnos a verlo. Él mueve orgulloso su lazo a todas partes, intenta practicar según como ve a su madre hacerlo; representando la juventud campesina, sigue los mismos pasos que sus ancestros de la construcción de un sector ganadero más estable en Monguí. Foto: Valentina Ávila pág 29

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La importancia de la influencia campesina hace que sus habitantes, como esta mujer, estén orgullosos de sus símbolos y trabajo que con esfuerzo y amor realizan a diario. Así como ella miles de mujeres y hombres salen cada día a recorrer Monguí transportando el material necesario para sembrar y cosechar. Así mismo esta mujer le enseña este trabajo a su hijo para que en un futuro siga la tradición familiar con orgullo, como ella. Foto: Karen Clavijo pág 19 Una cerveza entre amigos o más que eso, crea un ambiente amigable y confiable; estas personas anhelan un domingo para descansar de sus labores cotidianas y compartir al llamado, “vega, jartese una”. Foto: Valentina Ávila

pág 23-24 Con un buen sombrero negro, y una buena ruana, este hombre se siente orgulloso del lugar y de la gente que lo ha visto crecer. Con valores y responsabilidades bien inculcadas según la tradición, es amable con todos los que lo rodean, sea extraño o conocido, cree que todos merecen un saludo y una cálida sonrisa. Foto: Sofia Segura

pág 35 Una anciana que ha vivido toda su vida en Monguí, ama el verde del campo y salir a la plaza a caminar, dice que ya no se puede movilizar tan fácil, pero disfruta ver a sus nietos gozar de este, su paraíso. Para ellos la tradición es muy importante, no quieren que los jóvenes se olviden del campo y de las actividades campesinas que se realizan a diario, como la agricultura, artesanía, religión, entre otros que demuestran la diversidad de este territorio. Foto: Karen Clavijo pág

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Una finca de Mongui que se compone de siete casas anexadas la una a la otra cuenta con una extensión de tierra destinada a cultivar cosechas de moras silvestres y uchuvas, también se crian ovejas para aprovechar su lana. Una de las decoraciones favoritas de la dueña de la casa con los craneos de animales que se encuentran en las cercanías a la propiedad, esto debido a que los vecinos crian ganado vacuno y le regalan los huesos de los ejemplares difuntos. Los huesos son “de buena suerte” y ayudan a que haya una mejor cosecha según las creencias de la mujer. Foto: Valentina Ávila pág 5-6 La artesanía es uno de los artes más representativos de Monguí, lo más hermoso de esto es ver el amor y dedicación que le pone su gente a cada pieza. Lo más hermoso de esto, es que en cada rincón de Monguí se puede ver como los artesanos y sus obras están repartidas por todo el pueblo, su mayor logro y orgullo es el arte de hacer balones, industria que llego en 1932 y que actualmente es la fuente económica, turística y cultural principal del municipio. Foto: Sofia Segura pág 47 Aunque los balones son el principal producto hecho a mano de Monguí, las artesanías de muñecas hechas por algunas familias también son relevantes para los artesanos. Hechas de tela y lana, son decoraciones ofrecidas a los turistas. Algunos habitantes de Monguí mantienen estas muñecas en sus habitaciones, como decoración o incluso juguetes para los más pequeños. Foto: Jessica Contreras

pág 50 Las artesanias son fundamentales para los pobladores de Monguí, la actividad artesana es capaz de mantenerse en el municipio gracias a los más de 25000 turistas nacionales e internacionales que visitan el pueblo anualmente. Los artesanos coexisten con su trabajo, teniendo muchas veces su negocio en el lugar en donde habitan, por lo que el producto de su trabajo se mezcla con los elementos de su casa y su cotidianidad. Foto: Jessica Contreras pág 49

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Las mujeres también hacen parte de la tradición ganadera, de comprar y vender ganado. Disfrutan de negociar y cuidar a sus animales, también aprovechan el que gran parte del pueblo este reunido para hablar con sus familiares y vecinos. Es notorio en sus caras lo mucho que disfrutan de este día, en donde la tradición campesina ganadera que desde inicios del siglo brinda protagonismo económico y cultural, brinda un espacio en donde cualquiera que vaya se siente parte de esta actividad. Foto: Valentina Ávila. pág 31 Admirar el esfuerzo de las mujeres es lo que se hace en esta región, desde muy pequeñas se les inculca a luchar por quienes más aman y nunca dejar de hacerlo, y esta mujer es ejemplo claro de nunca desfallecer, sino continuar con sueños e ilusiones de un mejor mañana. Foto: Valentina Ávila

pág 30 Un hombre negocia con un ganadero la compra de una vaca y una pequeña oveja. Esta es una tradición que se realiza cada domingo en el pueblo, consiste en que los habitantes llevan su ganado a un mismo punto del territorio para intercambiar, comprar o vender. Esta es una actividad muy representativa de los pueblos de Boyacá y se planea seguir con esta llamativa tradición Foto: Valentina Ávila

pág 32 Todos los domingos los ganaderos se reúnen en la plaza de mercado donde llegan a comercializar sus productos, uno de ellos es el ganado, mientras se negocia se van tomando una “cervecita” con el objetivo de vender sus mejore reses. Foto: Karen Clavijo

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Moises Juez después de tener un accidente en las minas de carbón se dedicó junto a su esposa a coser balones a mano, donde les pagan a seis mil pesos cada balón, siendo ese su ingreso económico para poder sacar adelante a sus tres hijos. Foto: Karen Clavijo

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Una mujer de Monguí, quien nos cuenta lo mucho que ha crecido su negocio por el turismo, este se ha desarrollado aún más desde la importancia y protagonismo que han tomado los balones en este municipio, expresa que esto generó mucho empleo y también permitió que la artesanía creciera. Dice que está feliz y orgullosa de nacer en esa tierra, que valora su cultura y que no cambiaria su pueblo y trabajo, ojalá todos aprendiéramos a amar a nuestra tierra así. Foto: Valentina Ávila pág 39 Desde la infancia se ha aprendido a admirar a los padres en su oficio, teniéndolos como referencia para que en el futuro puedan ser como ellos. Esta niña, se sienta en lo más alto para poder admirar su entorno de lo que algún día desea ser. Foto: Valentina Ávila

pág 38 Nelquisides Moreno Hernández es un hombre de 78 que llegó a Mongui a la edad de 10 años con sus padres, con el tiempo se enamoraron de este lugar a tal punto que decidieron quedar allí, actualmente es amante del buen guarapo (bebida elaborada con caña de azúcar). Este hombre dedica gran parte de su tiempo en el ancianato porque la memoria y recuerdo de su esposa lo ata a este lugar. Foto: Karen Clavijo pág 18

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Una familia trabajadora depende de su burro para llevar los insumos necesarios para pacticar la agricultura. Benjamín, siendo solo un niño, ve al animal de carga como una compañía y miembro más de la familia. Lo cuida y lo protege mientras lo lleva por las calles en piedra de Monguí, mientras sigue a su madre camino a casa donde aprende el oficio de la tierra. Foto: Jessica Contreras

pág 15 El balón y los niños, la representación perfecta de la juventud que une la historia con el futuro, los niños cada día aprenden de sus padres los trabajos que sus abuelos les enseñaron a ellos, es tarea de los niños seguir con esta tradición del balón y cultura boyacense. Cómo es notorio los labios del niño son morados, esto se debe a las bajas temperaturas del territorio. Foto: Valentina Ávila

pág 37 Los balones son la industria económica más fuerte en Monguí, pero más que eso, se volvieron en un símbolo cultural autóctono de este municipio, un símbolo que los destaca globalmente. Quien se encargó de traer esta industria a Monguí y compartirla fue Froilán Ladino quien no se imaginaría que actualmente este fuera el lugar con mayor industria en la artesanía de balones y un gran símbolo de orgullo monguiseño. Foto: Karen Clavijo pág 43-44 Una cultura campesina, trabajadora, humilde y honrada madruga a la iglesia para encomendarse a la virgen de mongui y comenzar su día de descanso de la mejor manera. Foto: Valentina Ávila

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Con la vista en alto y supervisando todo, este hombre ha luchado día a día por adquirir lo que tiene actualmente, su esfuerzo sin cesar ni desfallecer le ha enseñado a ser humilde y amable con todos los que lo rodean Foto: Valentina Ávila

pág 27 La economía de Monguí se basa tradicionalmente en la fabricación de balones principalmente para fútbol y microfútbol, aunque también se pueden encontrar de otros deportes. La idea llegó en la década de los años 30 luego de que Froilán Ladino llevara la idea a los monguiseños tras conocer una fábrica de balones mientras prestaba servicio militar cerca a la frontera con Brasil. En la actualidad Monguí tiene más de 20 fábricas de balones. Foto: Sofia Segura pág 45 El poblado de Monguí se construyó con la tradicional arquitectura colonial de casas blancas pequeñas, pintura verde y techos de teja española roja. La construcción giró al rededor de la iglesia Basílica Nuestra señora de monguí, construida en 1603 para reemplazar a la modesta capilla de San Antonio de Padua. Al conservar su estética colonial siglos después fue declarado patrimonio. El municipio fue declarado villa republicana en 1966 y en 1980 “el pueblo más lindo de Boyacá” Foto: Karen Clavijo pág 11 El pueblo atrapado en la historia, sobre piedras y con el sol mañanero en la cara, un monguiseño con su ruana para el frio, sale muy temprano de su casa a la iglesia como es tradición. Los domingos se reúnen las personas del pueblo en la Basílica de Nuestra Señora de Monguí, allí se congregan puntualmente a las 6 de la mañana con sus mejores ropas, para después ir al mercado y reunirse con toda la gente del pueblo. Foto: Valentina Ávila. pág 13-14

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Con tranquilidad y paciencia, esta mujer espera que abran la iglesia para profesar sus creencias en el Dios que le ha sido fiel, desde que tiene memoria. El paisaje que la rodea, le hace inspirarse para agradecer y sonreír por un día más de vida. Foto: Valentina Ávila

pág 23 Las pieles animales en algunas ocasiones son generadoras de materias primas para la realización de balones permitiendo diversidad a la hora de comercializar este producto. Foto: Karen Clavijo

pág 51-52 Cada domingo la plaza de mercado se llena no solo de compradores sino de observadores, que van a hablar con sus vecinos y amigos para luego ir a beber algo en alguna tiende cercana del barrio. Foto: Valentina Ávila

pág 35 Este municipio se caracteriza por cuidar sus fuentes hídricas, siendo un factor importante que conservan diariamente pensando a futuro, debido a que una gran cantidad de flora y fauna se benefician de estos lugares. Foto: Karen Clavijo

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Desde la niñez los padres motivan a que sus hijos se sientan orgullosos de su tierra, inculcándoles el valor del respeto y admiración de ese lugar que los vio, ve y los verá crecer. Foto: Karen Clavijo

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Los asrtesanos venden replicas pintadas a mano de uno de sus monumentos más representativos: El monumento al balón. Es una exaltación a todos los hombres y mujeres que se dedican al diseño y fabricación de balones en Monguí. El monumento está dedicado a Froilan y Manuel Ladino, los hermanos que iniciaron el negocio de la fábrica de balones con su familia, luego de que Froilan volviera con la idea de una fábrica que vio prestando servicio en la guerra contra Perú. El monumento fue entregado a la ciudad en la primera edición del festival internacional de balones que se celebró en el 2006. Foto: Jessica Contreras

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Los animales en las labores del campo son muy importantes, pero con el paso del tiempo especies como los burros pasan a ser parte de la familia boyacense. Reflejándose en ellos características como la curiosidad y fidelidad, buscando entablar una buena amistad con todo aquel que le ofrezca comida. Foto: Karen Clavijo

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Mariela Soto es una mujer viuda que se dedica a “las cositas del hogar” como dice ella, toda su vida ha vivido en Mongui, gracias a la tranquilidad que le brinda este municipio; donde tiene su “casita” y cuida de sus más de veinte flores, diversificando sus especies entre rosas, lirios, margaritas, entre otras. Sus ojos reflejan la alegría y paciencia de cuidarlas diariamente. Foto: Karen Clavijo

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Cada domingo decenas de hombres y mujeres se levantan antes de las 6:00 a.m para llegar a tiempo a la eucaristía en la Basílica de nuestra señora de Mongui. La temperatura en las mañanas llega en promedio a 5 °C por lo que la ruana es una prenda imprescindible para los fieles católicos en Boyacá. Foto: Jessica Contreras

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CONCLUSIÓN

La historia del boyacense muchas veces pasa desapercibida, pocos conocen las capacidades, historias y

cotidianidad de sus habitantes, en especial del municipio de Monguí. Un patrimonio cultural lleno de historia y encanto colonial. Se podría decir que tanto el balón como la religión construyen una identidad en este municipio, viéndose reflejado en el arte, costumbres e ideologías su fervor, dedicando el día domingo al “Todo Poderoso”. El monguiseño se caracteriza por ser trabajador, de lunes a domingo madrugan para encomendase a Dios y empezar con sus labores. Este municipio ha fomentado su turismo al paso de los años, siendo reconocido como patrimonio nacional. Al visitar este municipio, es notable en sus habitantes valores y cualidades como la dedicación, el ser honrados, humildes y respetuosos, donde el saludo es base fundamental de educación. Las personas se destacan por su hospitalidad y orgullo boyacense, el amor por el campo y la tranquilidad que se respira allí, es por esto que sus mismos habitantes se encargan de conservar tanto los rasgos históricos como los culturales. De allí una característica notoria al primer momento de pisar el municipio, los colores coloniales, blanco, verde y rojo, simbolizan una historia arquitectónica desarrollada al pasar de los años, al pisar sus calles se viaja en el tiempo a la era colonial de campesinos boyacenses que forjaron la República de Colombia. Invitamos a todos los colombianos a visitar este municipio de nuestro país, es necesario conocer nuestra historia y Monguí es una muestra de un pasado que debemos saber para construir nuestro futuro. Boyacá es fundamental en uno de los capítulos más importantes de nuestra historia el cual es la independencia, recorrer este lugar es llenarse de experiencia y conocimiento no solo territorial sino aprender a partir de sus habitantes y de las tradiciones que aún conservan. Caminar bajo ruanas, tomar chicha y bailar carranga son características autóctonas de una cultura diversa que hace parte de nuestro país, debemos aprender y apropiarnos de esta diversidad que nos ayuda a vivir la historia y así, sentirnos colombianos. “Y no se les olvide volver a jartarse un buen guarapito”

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