Nicolás Beltrán Romero Ana Lucía Rodríguez Gutiérrez Nicole Carletti Ramírez Fotografía e Historia 2017-2
Foto: Nicole Carletti Ramírez
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Nicolás Beltrán Romero Ana Lucía Rodríguez Gutiérrez Nicole Carletti Ramírez Portada: Nicole Carletti. Contraportada: Lucía Rodríguez.
Fotografía e Historia 2017-2
INTRODUCCIÓN “Parte de entender qué es una tradición es primero vivirla. No puedo hablar de un mito si no lo conozco, si no lo he escuchado de un anciano, de un mayor, o de un niño también. Yo no puedo hablar de un canto si tampoco lo he vivido. No puedo hablar de un territorio si no lo he caminado. No puedo hablar de una cultura si no sé qué se hace. Todo tiene que ser vivencial, tiene que empezar a experimentar, y así mismo es el territorio. Si mi territorio lo conozco a la perfección, voy a poder hablar de una tradición, y en ese caso, ¿cómo conocer un territorio? ¿Cuál es el primer territorio que hay que conocer? Nuestro cuerpo. Si conoce su cuerpo, su propio territorio, conoce un territorio espiritual”. – Miguel Ángel, guía y miembro de la comunidad Muisca. El conocimiento del territorio no consta solamente de una vasta extensión de tierras, va más allá de lo terrenal, es en sí la interiorización de lo propio, de la tradición por medio del conocimiento y la sabiduría. Esto último deviene de un valor fundamental que es el respeto, pues no se respeta algo externo sin haber comenzado por sí mismos. Dicho valor es el eje fundamental del reconocimiento llevado a cabo con la comunidad Muisca en Sesquilé, un lugar que guarda la magia de la cultura ancestral, y la nostalgia de un pasado colonial que propició el declive de toda una organización social. Tiempo después se han realizado esfuerzos conjuntos para el reconocimiento, la recuperación y la conservación del patrimonio, pero lo que es cierto es que día a día la lógica occidental se adueña de más espacios, y esto último gracias al desconocimiento y al desinterés de un país que muchas veces no ve más allá de lo que otros quieren hacerlo ver, y se olvidan de que lo suyo es tan hermoso como lo externo. Lo ancestral y lo moderno se unen en un espacio lleno de historia que aviva la esencia de lo que una vez fue uno
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de los mayores grupos indígenas de Colombia. En esta serie de imágenes se podrán ver objetos y lugares con historias ocultas que revelarán al lector un poco más del pasado colombiano desde la perspectiva indígena, una perspectiva pura y conectada con su entorno, por lo mismo, hay un sentido de respeto que, gracias a los guías nativos de la cultura Muisca, se contagia a lo largo del recorrido de un territorio que, así no les pertenezca, conviven armoniosamente con él, ya que los nativos dicen: “el territorio no nos pertenece, nosotros pertenecemos al territorio” – Clara Lucía Chauta, guía y miembro de la comunidad Muisca. La conexión con la naturaleza es algo vital en la vida de los Muiscas, pues es en ella donde se encuentran los espíritus ancestrales, quienes guían las decisiones más importantes de las autoridades indígenas como la elección de un cacique, de un médico tradicional y de otros cargos dentro de la organización social. A su vez, la naturaleza les ofrece la curación de diversas enfermedades, como por ejemplo la “Tuna”, que da un fruto que tiene la función de limpiar el colon y sirve para problemas gástricos. El cordoncillo liso de esa misma planta sirve para problemas de dermatitis. “Parte de la memoria está guardada en las plantas. Debemos aprender, primero, a escuchar, a sentir, a ver, a degustar; si no sé a qué sabe algo, no lo voy a poder recetar, y mucho menos si no sé el origen de la planta”. – Miguel Ángel, guía y miembro de la comunidad Muisca. Todo el conocimiento se pasa de generación en generación, por eso los apellidos han sido de vital importancia en la comunidad Muisca, dando a entender que estos llevan una trascendencia en la historia de dicho pueblo; tales como Mamanché, Chauta, Bojacá, Chiguasuque, etc. Es por ello que conocemos muchos de los mitos que hoy en día son típicos de Colombia, aun sabiendo que muchos de estos apellidos desaparecieron en la época colonial. Uno de los mayores exponentes de esto es el mito de El Dorado, que se desarrolla en la Laguna de Guatavita.
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La Laguna de Guatavita es uno de los lugares más representativos de la región andina y de la historia precolombina en general. En ella se albergan secretos que, aún hoy en día, no se han podido revelar. Tiene una historia turbulenta, llena de aperturas, daños, dolores y una regeneración lenta que hace de este lugar, un vivo ejemplo de la fuerza de la naturaleza. Alrededor de ella lo que vemos es un paisaje verde en el cual diversas especies conviven entre sí, tales como el pájaro carpintero, el azulejo, armadillos, comadrejas, entre otros, que aumentan la biodiversidad del lugar. El aspecto actual de la laguna difiere mucho de cómo lo era en sus inicios. Cuando se hace la caminata por dicho territorio y se llega a los 150 escalones para llegar al mirador más alto donde se podrá ver la Laguna de Guatavita en todo su esplendor, los guías dan un dato que a más de uno deja sorprendido: el nivel real de la laguna era a 3.100 metros de altura, en el inicio de las escaleras estarían por debajo de ese nivel. La historia cuenta que los colonos españoles y diversos exploradores extranjeros (ingleses, alemanes, franceses, italianos) por años pusieron a los esclavos negros e indígenas a, con totumas, saquear y desaguar la laguna, logrando en aproximadamente tres meses que bajara metro y medio. A su vez, para agilizar el proceso, los conquistadores empezaron a abrir la montaña, y Lázaro Ponte y Antonio Sepúlveda drenaron la montaña. Es una historia de apuñaladas y recuperación, en donde los mismos Muiscas han quedado vulnerados, pero es por ello que en Sesquilé se encuentra un resguardo indígena en el cual lo occidental se va y lo ancestral renace de entre las cenizas para ver la luz del sol de nuevo.
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GUATAVITA
Foto: Da
Cusmuy Era una casa de preparación física, mental y espiritual. La mayoría de veces los abuelos transmitían sus experiencias a los más jóvenes. Las pinturas y objetos representan algunas de las actividades que hacían a diario. Foto: Nicole Carletti Ramirez
Hostal con ambiente hogareño La hostería camino a El Dorado, es un restaurante y bar que cuenta con zonas de camping para los viajeros extranjeros que ayudan a la economía de la región.
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Foto: Nicole Carletti
Pasado en arte Los habitantes de la región exponen sus artesanías a la venta del público turista, plasmando en ellos parte de su cultura y raíces ancestrales.
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Foto: Lucía Rodríguez
Huertos de Guatavita En la cordillera oriental de Colombia, los campesinos viven de los cultivos como: guascas, lechuga crespa, coliflor, maĂz, entre otros. La recolecta se da de mayo a junio y se venden en la capital de Colombia.
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Foto: Nicole Carletti
De la época de los dinosaurios La palma boba es una de las plantas más longeva del territorio, se dice que vive desde la época de los dinosaurios, y desde entonces es una parte fundamental de la naturaleza, ya que con ella han vivido generaciones y generaciones de humanos. y de especies “Podríamos decir que es un fósil viviente.”
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Foto: Nicolás Beltrán
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Entre el cielo y la tierra Las casas de bahareque hacen parte de la idiosincrasia de la cultura Muisca ya que estas son usadas como centros espirituales, son un lugar sagrado en el que “Las maderas representan la comunidad”, y a su vez “ Las columnas representa el puesto donde se sentaban cada líder”. Foto: Nicolás Beltrán
Casa cusmuy o de agua La casa ceremonial actual es una réplica de la época antigua. Eran construidas con bahareque y las pinturas representaban los 4 elementos: el fuego para perder los miedos, el aire la limpieza y el camino del pensamiento, la tierra es la semilla y el agua servía para todo menos para la sanación. Foto: Nicole Carletti
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Sendero de la vida Durante 1 kilómetro y 800 metros de la caminata ecológica y contemplativa, se hacía una limpieza purificadora de malas energías para acercarse más a la naturaleza. Durante la caminata, se pueden contemplar las variedades de plantas que han existido por más de una década. Foto: Nicole Carletti
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Hacia otro mundo. Camino clausurado. Era el antiguo camino turístico por donde se entraba al recorrido, pero debido a que la tierra se está regenerando, es peligroso para los visitar pasar por ahí hoy en día por derrumbes y deslizamientos. Foto: Lucía Rodríguez
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El camino de en medio. La montaña, en la época colonial, fue “partida en dos” por los muchos exploradores que venían en busca del mítico oro de El Dorado. Fue allí por donde desaguaron prácticamente la laguna que tenía entonces 3.100 metros de elevación, dejando así dicho camino. Foto: Lucía Rodríguez
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La vejez El frailejón es “Un abuelo de 120 años.”, una planta propia de los páramos. Dentro de la cultura Muisca cobra una gran importancia, pues, “Para los Muiscas el frailejón representa el guardián del territorio.”, “...crece 1 cm por año, es la planta que sostiene el ecosistema y es patrimonio cultural...”. Foto: Nicolás Beltrán
Foto: Nicolás Beltrán
Respeto Aún cuando la población Muisca se vio afectada durante la colonia, hoy siguen rezando con orgullo: “Gracias madre tierra, por permitirnos entrar, recibir tus buenas energías, tu conocimiento y permitirnos ir y volver bien a nuestro sitio de origen, no solo a ti sino a la casa de donde venimos”.
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Conexión de vida. La laguna tiene un 400x300 de diámetro, su profundidad no se ha podido calcular de manera exacta. Se dice que vinieron expedicionarios como Jean Gustave que querían encontrar el fondo, pero la laguna tiene esas algas que hacen que se forme una pared muy densa. Después de 15 minutos los buzos sufren de hipotermia.
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Foto: Lucía Rodríguez
Foto: Nicolás Beltrán
Contravida En la época de la colonia, la Laguna de Guatavita fue drenada y saqueada por españoles, ingleses y alemanes. Los ingleses en su ambición, liderados por Cooper, trajeron a Guatavita “...la dinamita negra, que es la que se utiliza en las minas de carbón. Así que terminaron de abrir la montaña”.
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Foto: Nicolás Beltrán
Abuelos de la comunidad En el elemento aire, según los ancestros Muiscas, se encuentra una cuestión fundamental de la sabiduría, y es: “¿el pensamiento nos domina o nosotros dominamos el pensamiento?.” Tres abuelos, en tres rocas como símbolo, hacen honor al conocimiento y a la conexión con la madre tierra.
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Laguna del cacique de Guatavita La leyenda de El Dorado cuenta que los Muiscas eran matrilineales, ellos elegían al hijo de la hermana mayor del Guay para entrenarlo desde su nacimiento, aunque sus primeros 9 años estaba con su mamá, el Zipa tenía que pasar varia pruebas para ser el soberano y si las pasaba, lo bañaban con polvo de oro. Foto: Nicole Carletti
Descenso eterno En la bajada de la Laguna de Guatavita, se puede observar la flora del paisaje con mayor visibilidad. Los caminos estĂĄn conformados por piedras sobrantes de la laguna y cuenta con cercas para mayor seguridad. que pasar varia pruebas para ser el soberano Foto: Nicole Carletti y si las pasaba, lo baĂąaban con polvo de oro.
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La media luna del sol naciente. Cada día los campesinos de la región de Sesquilé caminan y trabajan por horas bajo cielos azules o grises opacos para así poder sostener a sus familias y brindarles alimento.
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Foto: Lucía Rodríguez
Sesquilé
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Foto: Nicolรกs Beltrรกn
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La cena El 60% de la población de Guatavita y Sesquilé, se alimenta con gallinas, verduras y frutas. Las vacas son los animales que más frecuentan el lugar, pero no se consumen porque sacan mayor provecho de la leche.
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Foto: Nicole Carletti
Hasta lo alto. Las plantas son parte importante para los Muiscas. Llevan la herencia y son el elemento principal en su medicina.
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Foto: LucĂa RodrĂguez
Lo ancestral en medio de lo occidental. El resguardo indígena de Sesquilé limita con varias veredas, como lo son Poitibá (foto) y Espiga sector bajo.
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Foto: Lucía Rodríguez
La regeneraciรณn Parte de la memoria estรก guardada en las plantas y cuando las grandes maquinarias destruyeron el ecosistema, la fauna disminuyรณ y el ecosistema se marchitรณ. Pasaron muchos siglos para que la naturaleza se regenerara y nos brindara su ayuda medicinal.
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Foto: Nicole Carletti
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Riqueza hídrica Guatavita es un paraíso en Colombia. Además de albergar parte de una cultura en recuperación, provee gran cantidad de agua a toda la región de cundinamarca junto a represas como Chingaza. Esta área es rica en fauna flora y todo esto gracias a las riquezas hídricas. Foto: Nicolás Beltrán
El origen de la vida La casa vacía en forma de caracol, es el origen de la vida. La madre Abella Nilahue pensó en la creación, ella creó 4 chaguanes: fuego, tierra, agua, aire y pensamiento para tener un equilibrio. En la pared aparece Cobar, Chia, Babue, Chuaquiquin, Sacerdotista, Texacoal ,Zia y Zie.
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Foto: Nicole Carletti
Foto: Lucía Rodríguez
Nace la vida. La madre Bachué emerge de la Laguna de Iguaque y arrulla al pequeño guacamayo que será Iod, hasta los seis años cuando se convierte en humano (como se ve en la imagen). A los 18 o 19 años, forman un vínculo como pareja y es allí donde, recorriendo todo el mundo, la madre Bachué deja su decencia.
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Foto: Lucía Rodríguez
Buscando el orden. Chaquen. Es el dios de nos custodia, nos guarda en el territorio, nos va a proteger, no va a permitir que nos caigamos o nos hagamos daño o que algo que nos llegue a atacar en el camino de la vida, en este caso, en lo espiritual. El pueblo se refugiaba en él.
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Foto: LucĂa RodrĂguez
Dioses Muiscas. El dios tejedor coge un palito de 60 cts. de largo y abajo le coloca una rueca o algunos le colocaban una papa o una piedra. Es el Dios que nos lleva a trenzar, nos lleva a pensar, a construir vida. El pensamiento debe estar antes de construir.
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Busiraco En la cultura Muisca, el encargado de llevar los espíritus a su lugar de origen en una canoa de telarañas. “Así que el lema es que: Si tú ves una araña tú le vas a decir: tú sigue tu camino, yo sigo el mío porque los dos tenemos derecho a vivir”, de lo contrario romperiamos nuestra propia red.
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Foto: Nicolás Beltrán
Claro de luna El aislamiento de las casas limita las posibilidades de los campesinos para llegar al pueblo, es por eso que algunas se encuentran abandonadas en medio del bosque. Foto: Nicole Carletti
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CONCLUSIONES Los colombianos no conocemos nuestra historia, no conocemos nuestro pasado, nuestras raíces, y es por eso por lo que visitar la reserva de la Laguna de Guatavita y el Resguardo indígena de Sesquilé es vital para cualquier ciudadano de Colombia (y de cualquier parte del mundo). Estos dos lugares muestran el mundo indígena que en la época de la conquista quedó prácticamente destruido. Ir y explorar dichos espacios naturales y culturales, hacen que la persona se conecte con el entorno, profundizando más en su historia y conociendo sobre su pasado ancestral. Lo occidental queda de lado y pasan a un primer plano los mitos y creencias del pueblo Muisca, un pueblo que está en total armonía con la naturaleza, su terreno y su propio cuerpo. La diversidad de plantas y rituales que se hacen con ellas, crean un sentimiento de unidad con lo que los rodea. Esta unidad es una de las experiencias que los indígenas guías tratan de que los visitantes vivan, porque, durante todo el recorrido, van fortaleciendo sus lazos con su territorio. Al final del día, se hace un ritual importante donde, en una casa de ceremonias, todos se sientan en círculo y se vuelven iguales, no hay diferencias, son hermanos compartiendo su último momento del día en conjunto. Se hace un ejercicio de reflexión y limpieza; se tiene un algodón en cada mano y en ellas se piensa lo malo que ha vivido (izquierda) mientras que, de cabeza a los pies, se pasa el algodón limpiando todo del cuerpo, después se piensa lo bueno (derecha) mientras se repite la acción. Cuando todos hayan hecho esto, se queman los algodones en el quinto fuego, simbolizando la transformación de dichos pensamientos. Las manos se sentían pensadas, pero luego livianas.
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Después, los dos guías que acompañan la ceremonia dan una breve explicación de lo que se hará a continuación: quien quisiera, podía recibir la medicina natural que ellos ofrecían hecha de tabaco y una combinación de yerbas naturales. Esta medicina sirve para limpiar el alma, para alivianar el cuerpo y despejar la mente. Al aceptar recibir dicha medicina, uno de los indígenas encargados sopla en la nariz del visitante mediante unos pequeños tubitos, la medicina; esta crea diferentes sensaciones dependiendo de la carga emocional que cada persona sienta consigo mismo y su entorno. Cuando el efecto fuerte pasa, la persona se siente más relajada y tranquila, se siente en conexión con el otro y su territorio. La experiencia de todo el recorrido es una de las aventuras que todo ser humano debe emprender. La naturaleza, las personas, los animales, los centros ceremoniales y cada una de las historias que se esconden en cada lugar de la región hacen que la vivencia sea mágica. Por todo esto y más decimos Itseken.
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