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Fotolibro Leyenda-Guatavita

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LEYENDA

Valentina Ariza Balléz Alejandro Ávila López Andrés Barajas Muñoz Fotografía e Historia 2017-1


LEYENDA

Valentina Ariza Balléz Alejandro Ávila López Andrés Barajas Muñoz Fotografía e Historia 2017-1

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INTRODUCCIÓN

SINCERIDAD Esta escena describe a cabalidad lo que es llegar a Sesquilé: brazos abiertos para todos.

El pueblo de Guatavita cuenta con una estructura colonial y una temperatura promedio de 8° centígrados (clima frío). Está localizado en el departamento de Cundinamarca, pertenece al municipio de Sesquilé y fue el sitio ceremonial donde los indígenas adoraban a Chie, la diosa del agua, para ellos el trabajo en oro no representaba valores económicos sino una forma de acercarse a estos dioses. Muy arraigado a nuestro ADN está la leyenda de El Dorado, precolombina y totalmente autóctona, que tenía como parafernalia todo un rito realizado para consagrar al cacique con elaboradas piezas de oro y ofrendas que llamaron la atención de los exploradores europeos. Los muiscas son una comunidad indígena que nace en Centroamérica, pero hacia el 600 a.C. migraron poblando exactamente en los departamentos de Boyacá y Cundinamarca. Actualmente están distribuidos en resguardos de zonas aledañas a Bogotá y, uno de estos es Sesquilé, un pueblo ubicado en Cundinamarca aproximadamente a dos horas de Bogotá. En el pueblo mencionado anteriormente tuvimos la oportunidad de conocer la cultura de los Muiscas, quienes con su característica amabilidad nos guiaron

Créditos: Valentina Ariza Ballén

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alrededor del pueblo y nos enseñaron costumbres y tradiciones que tienen como comunidad indígena. Interesante y fascinante son los mejores calificativos para esta cultura. Durante todo el recorrido nos mostraron el acercamiento que tienen hacia la naturaleza y cómo esta hace parte fundamental para cada uno de los muiscas. Tienen conocimientos milenarios sobre el poder y los beneficios que tienen las zonas naturales donde habitan y, por esa misma razón, utilizan de manera apropiada cada uno de los recursos que tienen a su alcance. Con lo mencionado anteriormente cabe resaltar el uso medicinal que le dan a las plantas, pues son el ejemplo de una raza que desconocía la maquinaria de la vida fuera de las montañas, pero lograron incorporar la vida exterior sin afectaciones para su hábitat.

eucalipto, que además de ser una especie extranjera, tiene el dualismo de absorber agua en grandes cantidades, lo cual es positivo en época de lluvias, pero desastroso en tiempo de sequía. Se imponen desde casi un kilómetro de la legada de Sesquilé y sobre toda la montaña, además del camino que lleva a la legendaria laguna de Guatavita. En esta laguna se pueden realizar caminatas nocturnas hasta la parte superior del cerro, en donde se podrá observar la laguna y el pueblo de Guatavita. Además de esto, se pueden realizar campamentos en las zonas seleccionadas para esta actividad. Debemos tener en cuenta que ahora funciona como sitio turístico en el cual se realiza ciclo montañismo, caminatas, parapente, kayak, entre otras.

El guía del resguardo indígena nos agradece el silencio haciendo un ademán de cortesía, pero invitando a desaprender el carácter sitadino, ruidoso y exigente, para cambiarlo por una expresión de tranquilidad y conexión profunda con el poder de la montaña. Hay algo que fascina a simple vista a medida que se va avanzando cuesta arriba: la sed de conocimiento que cualquier foráneo tiene. No está de más preguntarle al guía, quien hace parte de la comunidad. Pero con su carácter pedagógico nos da a probar distintas especies. El sabor en varios casos era mejor que muchos sabores cotidianos. Al llegar a los picos de la montaña no solo la vista era despampanante, también la sensación de grandeza con la que nos vimos envueltos por la montaña es inefable. El camino de vuelta fue menos complicado, pero deja el sinsabor de dejar atrás la montaña, donde su funden el cielo y la tierra y que reconforta a quien bien la conserva. Un aroma robusto nos acompañó todo el camino. El

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ESPONTANEIDAD Una escena que nace de manera espontóanea y logra capturar el momento exacto en el que el ruido interrumpe la tranquilidad de la naturaleza. Créditos: Valentina Ariza Ballén

HUELLAS


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CALOR HOGAREÑO Lo más importante que debe transmitir un hogar es la serenidad, característica ideal de las viviendas de Sesquilé. Aquí una muestra de que los pequeños detalles lo son todo. Créditos: Andrés Barajas Muñoz

Foto: Daniela Romero

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PROPORCION IDEAL En medio del equilibrio entre tierra y aire se asienta, una casa que refleja la modesta invasión del ser humano.

COLORES DE FANTASIA Suaves contrastes entre el color de las flores y el de las montañas, un dvistintivo imposibles de ignorar.

Créditos: Alejandro Ávila López

Créditos: Alejandro Ávila López

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FRATERNIDAD Habitantes de Sesquilé reciben con una sonrisa a los turistas que llegan a visitar su ineludible idiosincracia. Créditos: Andrés Barajas Muñoz

MUTUALISMO Una muestra de que el ser humano no depende de las máquinas. Los medios siempre han estado a nuestro alcance. Créditos: Andrés Barajas Muñoz

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PLANO DETALLE Aunque no son comestibles, los colores vibrantes apoortan una propuesta llamativa y detallada en el paisaje. Créditos: Alejandro Ávila López

ESPEJO El reflejo del cielo corrobora la conexión de los elementos naturales sobre la que los muiscas hablan. Créditos: Andrés Barajas Muñoz

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MALOKA Diferentes perspectivas con un mismo propósito: serenidad hogareña. La ruptura visual de esta casa a medio camino hacia la laguna de Guatavita evoca el carácter rústico de los campesinos colombianos. Créditos: Izq. Valentina Ariza Ballén. Der. Andrés Barajas Muñoz.

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VINTAGE A LA COLOMBIANA La armonía de elementos en los paisajes de la zona son la respuesta a un caos que, bajo una mirada bohemia, se complementa a la perfección. No hay que ir muy lejos para encontrar escenas irreales. Créditos: Alejandro Ávila López

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BIENVENIDA Una escena que nace de manera espontóanea y logra capturar el momento exacto en el que el ruido interrumpe la tranquilidad de la naturaleza.

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Créditos: Valentina Ariza Ballén

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HOGAR Para cualquier raza el hogar es tan inmportante que en cada lengua merece un nombre distinto. Créditos: Alejandro Ávila López

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INTENTO DE NIEVE Una forma de plasmar la cosmogonía indígena de los muiscas era ilustrar con simples figuras geométricas.

PICTOGRAMAS Una forma de plasmar la cosmogonía indígena de los muiscas era ilustrar con simples figuras geométricas.

Créditos: Alejandro Ávila López

Créditos: Andrés Barajas Muñoz

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ESCONDIDAS Este sendero aparentemente es claro para la visión, pero en la práctica está escondido casi camaleónicamente entre las hojas. Créditos: Valentina Ariza Ballén

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GUÍA A CASA Guatavita conserva su estilo colonial ambientado con toques minimalistas de urbanización. En la noche el juegos de luces y sombras la hace un destino turístico en el que convergen la historia y el arte. Créditos: Valentina Ariza Ballén

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LIENZO EN ESCALA DE AZULES La noche es particular en Guatavita. El estilo de sus construcciones fabrica sombras sórdidas pero fascinantes, que enaltecen la arquitectura colonial de un pueblo que ha sabido actulizarse. En el día, sin embargo, la magia también existe: los vitrales reflejan su iridiscencia con el paso de los rayos del sol. Créditos: Alejandro Ávila López

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VISIÓN DE TÚNEL Las artesanías se encuentran detrás de este tunel con la suerte de que los más observadores las encuentren.

CATOLICISMO INDÍGENA Pese a haber sido el asentamiento de la cultura muisca por siglos, los colonos europeos instauraron la religión católica. La lucha cultural la perdieron los muiscas.

Créditos: Andrés Barajas Muñoz

Créditos: Alejandro Ávila López

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DESTELLO DE FE La caída del sol en Guatavita tiene el contraste de los aisajes colombianos. El sol irreverente que no se quiere ocultar y el cielo nocturno imponiéndose en tonos azules. Créditos: Valentina Ariza Ballén

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CORAZÓN LLENO Sin hacer mucho ruido, los restaurantes de la zona tienen suficiente prestigio para que comensales de todas partes los visiten. Créditos: Valentina Ariza Ballén

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CONCLUSIONES

Para alguien que jamás haya visitado estos territorios puede llegar a generar un acercamiento mayor con la naturaleza que para quien lo ha vivido en diferentes ocasiones. Los paisajes no alcanzan a ser admirados con la verdadera magnitud que merecen. La carga histórica es tan fuerte que entrar resulta una experiencia casi académica, con todo el empirismo de una caminata de exploración. Hay un desapego de parte de los colombianos por reconocer y recuperar las raíces indígenas. Pero este lugar es el ambiente perfecto para reivindicar los valores muiscas con toda la parafernalia que la naturaleza misma envuelve. La montaña verde y vibrante, el suelo húmedo, el cielo robusto y acogedor generan una armonía tal que son muchas escenas fotográficas son perceptibles a simple vista. Es un paraíso para cualquier fotógrafo, como esta vez, que tuvimos el privilegio de retratar las figuras, las texturas, la vida misma que sucede, aunque la cámara no lo capture todo. UN HASTA LUEGO El ritmo de las estructuras yuxtapuestas matemáticamente despiden a los visitantes con la dicotomía de también invitarlos a seguir.

El escenario no cambia mucho del campo a las edificaciones de Guatavita. No hay una mejor imagen para

Créditos: Valentina Ariza Ballén

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recordar que los cielos dramáticos, como una pintura al óleo, que allí tenían lugar. El lugar en sí es una exquisita obra de arte, minimalista y purista que prefirió dejar adornar sus calles y construcciones por el amarillo ocre del sol o las nubes en todas las tonalidades índigo. Da la impresión de que alguien imaginó un lugar en donde cielo y tierra convergieran a la perfección y en ello estuvieran inspiradas estas tierras.

Puede ser un espacio para todo menos para dejar de visitar. No hay un espacio como un buen escenario colombiano en donde se confirme que este es un territorio de realismo mágico. Estos paisajes han sido a inspiración de personajes que han enaltecido nuestro nombre como nación, pero de otros tantos que nos enriquecieron con sus leyendas sin hacer tanto ruido en el mundo. No hay un mejor espacio para reencontrarse que en donde termina la montaña y comienza el cielo.

El viaje de ida y de regreso son un alto contraste en la memoria del visitante. La expectativa en realidad no es tan alta y por eso es gratamente superada. Hay una palabra que hace juego con lo que la laguna significa: inefable, porque no hay descripción suficiente para llenar el lugar en donde por décadas se celebró la leyenda de El Dorado. En estos espacios no hay lugar para no pensar en lo olvidadas que están algunas tierras de Colombia, en lo mucho que desconocemos de lo que llevamos en el ADN, de reconocer que no hay un espacio en el que ocurra tanta magia de manera natural, sin la intervención de nadie. Lo más sorprendente es el encuentro con un lugar en el que la mano del hombre ha sido tolerante y distante, porque la naturaleza es celosa y remunera bien a quien encuentre en ella un espacio de mutualismo. Por esto es innegable la labor de las tribus indígenas en nuestra cultura, aunque olvidada, siempre vigente. El balance con la naturaleza ha venido entrando en materia de discusión desde hace no más de 20 años, pero para los muiscas esto ha sido parte de la sabiduría popular desde que poblaron estas tierras fértiles y alguna vez libres de cualquier invasión.

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