Imprimatur
María José Alzate Alejandro Fonseca Juan Campuzano Fotografía e Historia 2017-2
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Imprimatur
María José Alzate Alejandro Fonseca Juan Campuzano Fotografía e Historia 2017-2
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INTRODUCCIÓN En nuestra búsqueda por conocer mucho más acerca de nuestras raíces, viajamos a Guatavita y a Sesquilé, en donde logramos conectarnos con nuestros antepasados, parte de nuestro origen, la naturaleza y la cultura que hemos olvidado.
demás celebraciones. La laguna sagrada de Guatavita ubicada en el municipio de Sesquilé, era el lugar predilecto de los indígenas para adorar a su diosa Chie, su diosa del agua, que generaron la leyenda del DORADO, ‘en la cual el cacique Muisca llegaba acompañado de cuatro sacerdotes en una balsa de madera, antes de sumergirse impregnado en oro y cargado con los tesoros que recogía de la comunidad, con el fin de abandonarlos en el agua como ofrenda y símbolo de adoración.’ Los Muiscas utilizaban elementos de oro como ofrenda de adoración.
Lejos de la ciudad, del ruido aturdidor, entre automóviles y tráfico, a 58.4 kilómetros de Bogotá, se encuentra Guatavita, un municipio del departamento de Cundinamarca, ubicado en la provincia del Guavio, en donde habita parte de la cultura Muisca. Guatavita, durante la época precolombina, cuando los pueblos indígenas habitaban en América, era la capital religiosa del Zipazgo, ya que en la Laguna de Guatavita se celebraban cultos, alabanzas y
En la época colonial, los españoles realizaban expediciones para adueñarse de las joyas preciosas y los tesoros que le pertenecían a
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los muiscas, sin embargo, gracias a la astucia de los indígenas, lograron conservar algunas cargas de oro. En la leyenda también se cuenta, que algunos de estos tesoros se encuentran enterrados en el fondo de la laguna de Guatavita. La biodiversidad del paisaje natural de Sesquilé, nos sumerge en una historia asombrosa, en la cual el poder de la relación de nuestros antepasados con la naturaleza tiene el poder de inclusive sanar enfermedades por medio de rituales tradicionales de la cultura muisca que aun reside en este lugar magistral. Su alimentación es gracias a su propia agricultura, además de sustentarse con actividades como la agricultura, la minería, la pesca, la cerámica y la industria textil. La construcción de sus conocimientos por medio del aprendizaje de la tierra, el respeto a la naturaleza, la preservación de sus costumbres, e inclusive el entendimiento de las fases de la luna y las estaciones en la tierra, les permite identificarse con nuestras raíces. El pueblo que hoy se conoce como ‘La nueva Guatavita’ es una villa inspirada en el estilo colonial de nuestros conquistadores, a cargo del arquitecto Jaime Ponce de León, este diseño, está inspirado en modelos
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arquitectónicos de Grecia y España. En el centro, se encuentra la majestuosa iglesia en donde se refleja el poder del catolicismo; y a su alrededor, casas simétricas al estilo de organizaciones rusticas y clásicas españolas. Este diseño arquitectónico evidencia la ideología conservadora ya que en las pocas casas que pudimos observar en su interior, y en ocasiones en la parte externa, estaban decoradas con cruces, y figuras alusivas a la religión católica. Durante el transcurso del viaje, pudimos observar el municipio de Sesquilé, en el cual había varias personas, que transmitían la tranquilidad, lejos de la ciudad. En su mayoría eran familias, niños pequeños, y adultos mayores, que entre risas transitaban de un lado a otro con inocencia abrumadora, con un semblante diferente que no se acostumbran a ver en las personas de la ciudad. Posteriormente, llegamos al resguardo indígena, en donde nos explicaron antiguas tradiciones, como la prueba por la que debían pasar los hombres que querían ocupar el cargo de ‘caciques’, ellos, tenían que resguardarse durante 9 años dentro de un lugar similar a una caverna, llamada ‘cuca’, en la cual debían responder todas las preguntas que les surgieran, debían
encontrarse consigo mismos y tener una comunicación permanente con sus ancestros, después de esto, se sometían a una prueba en la cual, tres mujeres bailaban de manera erótica frente al sometido, y ellos no debían tener un mal pensamiento con ellas, ni desear tocarlas, ni mucho menos intentarlo. Si esto llegaba a ocurrir se exponían a diferentes penas como la exclusión del pueblo, el trabajo forzado, e inclusive la expulsión para el peor de los casos. La naturaleza, fue otro factor realmente importante, ya que cada una de los elementos de la diversidad en su flora tenía un poder medicinal, un poder curativo, en el cual inclusive sana la pulmonía, la migraña, la gastritis y demás molestias. A pesar de que mencionaban que en ocasiones, estos dolores eran producidos por el cuerpo como respuesta a una situación negativa en la vida de la persona; por esto, debemos proteger, respetar y cuidar a la naturaleza, tal como lo hacen nuestros antepasados, los Muiscas. La Laguna de Guatavita, ubicada en el municipio de Sesquilé, es un paisaje natural maravilloso, en el cual se narra la leyenda anteriormente nombrada. Y el pueblo de Guatavita, por medio de su arquitectura, sus habitantes, su clima, y su entorno colonial, realmente nos transporta a nuestros orígenes,
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a recordar la importancia que tiene este lugar, ubicado en el corazón de Cundinamarca. En la construcción de un contenido narrativo para nuestro foto libro, mezclamos elementos visuales, fotografías que narran, describen la historia y el desarrollo cultural que encontramos en Guatavita.
Laguna de Guatavita En ella se refleja toda la pureza que la comunidad mhuysqa tenĂa, todas sus tradiciones, y como en ella adoraban y agradecĂan a sus dioses. Foto: Alejandro Fonseca
Guatavita
A comer se dijo
Foto: Juan Campuzano
La ganaderĂa de Guatavita deja ver la dedicaciĂłn de los campesinos al acomodar los espacios para sus animales
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Orquídea fernandazia Al igual que está compuesta esta orquídea, está conformada nuestra historia, por varios componentes vitales que han servido para la formación de una obra de la naturaleza y la perseverancia.
Foto: Alejandro Fonseca
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Camino al viento En nuestro agradable recorrido a la laguna de Guatavita vivimos la amistad, el cansancio y la suave brisa de Cundinamarca. Foto: Juan Campuzano
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Digitalis Purpurea.
Foto: Alejandro Fonseca
En el municipio de sesquilĂŠ se puede notar la gran cantidad de flora que la comunidad mhuysqa utlizaba como medicina.
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Helechos medicinales
Foto: Alejandro Fonseca
Un tipo de planta que se utilizaba y aun actualmente con fines medicinales, eliminar parรกsitos o sanar algunas afecciones.
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Marco de paja La arquitectura ancestral Muisca nos deja ver lo mรกgico de sus rituales.
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Ilumina el camino
Foto: Juan Campuzano
La ahora restaurada reserva de Guatavita goza de un control total, pues antes todos podĂan entrar, muchas veces haciendo daĂąos al ecosistema. Los nuevos senderos cuentan con iluminaciĂłn y empedrado.
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Bajo la penumbra en Guatavita
Foto: Maria José Alzate
Guatavita es un centro turístico debido a sus riquezas culturales y a todo lo que acontecio en su construcción colonial en 1967.
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Atuendos y orfebreria
Foto: Maria JosĂŠ Alzate
La comunidad mhuysqa se caracteriza por su vestimenta, vestidos abrigados que iban desde el cuerpo hasta los pies, algo que se sobreentiende por el clima en el que se vive. .
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El nuevo camino
Foto: Juan Campuzano
Tras unos derrumbes en la década pasada, y antes de la restauración de la reserva, había un camino que dirigía directamente a la laguna, pero éste fue reemplazado por el nuevo y más largo.
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La hoguera
Foto: Juan Campuzano
Un lugar para rituales indĂgenas, el fuego es elemento masculino, y este ritual acoge la formaciĂłn del cacique de la comunidad.
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Sesquilé
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Observatorio Mhuysqa Presenciamos este lugar y pudimos evidenciar la verdadera esencia y su principal funciĂłn, por cada orificio del observatorio la sombra seĂąalaba a un lugar sagrado como lo es la Laguna o los santuarios de BacatĂĄ Foto: Alejandro Fonseca
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Una mirada hacĂa el pasado
Foto: Maria JosĂŠ Alzate
El sentido de pertenencia a sus creencias y a su lugar de origen es primordial para los habitantes de sesquilĂŠ
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Solanum quitoense
Foto: Maria José Alzate
En sesquilé, encontramos gran variedad de fauna como este tipo de lulos que por su forma y sus colores son fácilmente de captar por cualquier persona.
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Cueva de la desolación Quien quisiera ser cacique, debería estar encerrado durante 9 años en la llamada “kuqa”, tiempo suficiente para encontrarse consigo mismo, con la locura o la muerte. Foto: Maria José Alzate
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Mitos y leyendas En la parte exterior del muro del observatorio se encuentran los mitos y leyendas, Chibchacum es uno de ellos, dios de los comerciantes y de los sectores populares.
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Foto: Alejandro Fonseca
Naturalismo viviente
Foto: Maria JosĂŠ Alzate
El clima del semipĂĄramo crea una atmosfera humeda y frĂa, resaltando las diferentes tonalidades verdosas y el ecosistema de especies vegetales como los frailejones.
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La casa del árbol
Foto: Juan Campuzano
La serranía que bordea Sesquilé cuenta con un resguardo indígena en el cual se encuentra este bello observatorio, construido con maderos del mismo árbol.
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CONCLUSIONES Después de esta experiencia de encuentro con el legado cultural que han dejado los Muiscas por más de 300 años, nos han aportado su conocimiento de la naturaleza, de su medicina tradicional, la importancia de cuidar, proteger y preservar la naturaleza, la recuperación y respeto por sus tradiciones, sus costumbres, su territorio y su implementación en la actual sociedad colombiana. Este es un ejemplo de resistencia, a pesar de la globalización que actualmente está presente en nuestra cotidianidad, es totalmente contrario lo que practican los Muiscas en su cultura, ya que nombraban la importancia de respetar al otro, ya sea una planta, un animal, o un ser humano. Algunas flores crecen en las ramas de los árboles, y estas a su vez se complementan para subsistir una al lado de la otra, pero el ser humano, al contrario, ataca al otro para poder obtener poder, y sacar provecho de lo
que pueda. En la cultura Muisca enseñan a pensar en el otro, a comprenderlo, a valorarlo, y todos estos valores inculcados pasan de manera oral de una generación a otra. Es importante rescatar las culturas aborígenes, que ya han sido olvidadas, no podemos permitir que nuestra historia desaparezca, su lengua, su tradición y su territorio. Aún existen aproximadamente 1.200.000 Muiscas en el territorio colombiano, los cuales luchan por conservar su cultura, persistiendo para que los colombianos se preocupen un poco por estas riquezas pluriculturales que residen en el país. Estos terrenos, que para muchos no tienen valor ni significado, para los Muiscas, son territorios sagrados, en donde se conectan directamente con su ser supremo, el sol, la naturaleza y la tierra, lugares energética y espiritualmente especiales
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para su cultura, además, de preservar la flora, las montañas, los caudales, las lagunas, los pozos, y los majestuosos senderos que crean memoria e historia. Los Muiscas que habitan allí, tienen un alto sentido de pertenencia e identidad con su cultura, además de preservar los valores que les han inculcado durante toda su historia, como lo son el respeto a los mayores, el respeto a todo ser vivo, manteniendo los conocimientos tradicionales y los usos de estos mismos para el beneficio de toda la comunidad. Desde los senderos rodeados de naturaleza, calma y vida, hasta la limpieza energética con algodón y la tradicional medicina de inhalar tabaco puro en polvo, este lugar nos impactó y nos transmitió su conocimiento por medio de sus plantas, sus guías, sus lugares de cultos, los dos perros que nos acompañaban durante las caminatas, su ingeniosa manera de transmitirnos su cultura por
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medio de la realización de los ‘Ojos de Dios’. Y nos llevamos el valor y el respeto que le debemos a la naturaleza, la importancia de preservar nuestras culturas aborígenes, el respeto por otras ideologías, y a pesar de que seamos ‘gente de la ciudad’, lo que sabemos es muy poco, comparado con el conocimiento que tiene la cultura Muisca de las estrellas, la medicina tradicional, el sol, la naturaleza, el calendario lunar, las etapas de la agricultura y demás. Para construir un futuro en el cual las culturas nativas tengan más importancia e integración en nuestra sociedad, además autorreconocernos, y conocer un poco más de dónde venimos, nuestras raíces, y la verdadera historia que se esconde entre el altiplano cundiboyacense.
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FotografĂa e Historia 2017-2