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Guaduas y aRMERO Vanesa Suárez Romero Daniel Cuéllar Galindo Miguel Vivas Trochez
Guaduas y aRMERO Vanesa Suárez Romero Daniel Cuéllar Galindo Miguel Vivas Trochez
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INTRoDuCCIÓN
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Las salidas de campo, oportunidades únicas para viajar en el tiempo
os viajes en el tiempo siempre han figurado como una realidad utópica, un concepto fantástico y lejano que no ha sido ajeno a sus ambiciones. De cualquier manera, el hombre contemporáneo es consciente de todo lo que repercute el legado histórico de la humanidad, compuesto de episodios sumamente importantes, es decir, para darnos cuenta de lo que somos es necesario dar un vistazo atrás, en el pasado se encuentran las claves para entender nuestro presente e incluso las vías más despejadas a la hora de mejorar nuestro futuro.
Pese a que los viajes en el tiempo se encuentran todavía lejanos de lo que nuestro conocimiento científico ha producido, aún con los avances en materia de tecnología hasta el día de hoy. Sin embargo, el hombre en su continuo afán de explicar lo que a leguas resulta inexplicable, ha reproducido numerosas formas de viajar en el tiempo, aunque no sea de una manera semejante a la que conocemos ordinariamente como un viaje en el tiempo. Desde la música, las cámaras del tiempo enterradas por jóvenes de todas la generaciones con sus recuerdos más preciados para luego desenterrarlos tiempo después, hasta los números y gigantescos volúmenes de libros con cientos de datos históricos en su interior y en algunas ocasiones a modo de novelas de ficción donde se simulan los viajes más fantásticos y pintorescos en el tiempo, incluso llevados a la pantalla grande como en el caso de “Back to the future”.
Lo cierto es que el ser humano agota sus recursos a lo largo de los años para intentar romper la barrera de los años luz, quizá el único estorbo entre nuestra civilización y los viajes reales en el tiempo. Más allá de toda está gama de inventivas, usadas a modo de herramienta por los humanos para dejar volar la imaginación y el conocimiento a través de los siglos, los encuentros académicos realizados en universidades de todo el mundo, en las diversas disciplinas y ciencias, protagonistas de las cátedras de las innumerables aulas escolares alrededor del globo también son epicentro de actividad histórica y cultural que facilitan, aún más la reconstrucción del pasado, y lo mejor de todo, en tiempo real y con la suficiente cercanía para no tener nada que envidiar a un inverosímil viaje espacio-tiempo propio de las películas de ciencia ficción. Pero… ¿Cómo se logra esto?, ¿Cómo es posible sentirse dentro de un pasado esfumado entre las arenas del tiempo aun habitando en el presente? Estas dos interrogantes fueron fácilmente respondidas luego de una experiencia tan maravillosa y enriquecedora como lo fue la salida a Armero y a Guaduas, una manera diferente de no solo viajar en el tiempo, sino de hacer parte de él, sentirse parte de una época ajena… Esta tan solo fue una de las enseñanzas que nos dejó este viaje, nos permitimos hacer un viaje a través de una historia que nos ha sido tan esquiva y en cierta manera arrebatada por las industrias culturales extranjeras, culpables de una malformación y al mismo tiempo una mala interpretación de la misma.
5 Pisando la tierra que algún día habitaron algunos de los próceres históricos, un halo de emoción toma inevitablemente el control de nuestra curiosidad, incluso con un poco de imaginación es demasiado fácil imaginarse respirando y viviendo en esas épocas, mientras el hemisferio derecho de nuestro cerebro hace el resto del trabajo, devorando ferozmente las imagenes y la infraestructura colonial que adorna el hermoso pueblo de Guaduas ubicado al noroccidente de Cundinamarca. Realmente lo curioso de nuestra historia nacional es que va directamente relacionada con la diversa y complicada geografía del país, en donde no es difícil pasar de un clima a otro en cuestión de horas, pero no solo varían las condiciones climáticas, también juegan un papel fundamental las variables históricas. Para explicar esto no hay mejor experiencia que la vivida por el grupo de Comunicación Social- Periodismo del segundo semestre en compañía de docentes y brigadistas. Después de un desayuno acompañado por el mejor ambiente colonial en un clima húmedo y más o menos caliente como el de Guaduas, pasamos a un infierno en la tierra en donde el calor se convirtió en nuestro peor enemigo; por otro lado, nuestra curiosidad intrínseca desde nuestra condición de humanos no nos iba a permitir privarnos de una reconstrucción histórica maravillosa como la de una de las catástrofes más recordadas en el país, esta vez a tan solo 31 años de distancia, un tanto más cercanos en comparación del periodo colonial. Nos encontrábamos en Armero, un pueblo convertido en cementerio a causa de la erupción del segundo volcán más activo de Colombia, el Nevado del Ruíz. Nuestros zapatos ahora caminaban por las tierras en donde más de 20.000 personas murieron, en su mayoría sepultadas por una gran avalancha asesina causada por la erupción del volcán del Nevado del Ruiz. Quizá suene a superstición, pero lo cierto es que al llegar por carretera al
pueblo fantasma que ahora es Armero, es inevitable sentir una tristeza en el ambiente, que te coloca los pelos de punta, es una energía negativa y diferente, en comparación de lo que normalmente se vive en la metrópolis urbana, Bogotá. Caminando entre las ruinas acompañados del intenso sol de mediodía, éramos testigos de lo eficaz y temeraria que puede llegar a hacer la furia de la naturaleza, paredes con avisos que indicaban la existencia de negocios, baños destartalados y perdidos entre los escombros, hormigas de un tamaño irreal caminando por las columnas derribadas de las casas son algunas de las imágenes que encontramos a lo largo de nuestra caminata, todo esto acompañado por el sin fin de tumbas que nos dan la sensación de que nuestra vida es un pequeño grano de arena, en comparación con el océano que resulta ser la vida en general. Luego de obtener información de primera mano, ayudándonos a creer el cuento de que estamos desenterrando las huellas de un pasado e incluso viviéndolo de una manera u otra, regresamos a Guaduas donde todo su legado histórico y cultural nos hace pasar una velada agradable, complacidos con la mejor comida y bailes tradicionales de la zona, seguíamos viajando en el tiempo, violando las leyes de la física y toda lógica posible, nos sentimos como la Pola, Nariño y otros personajes distinguidos de nuestra historia patria durmiendo en el interior de las casas coloniales, que en su momento albergaron a las figuras más reconocidas de la época, pero sobre todas las cosas, logramos despertar ese niño interior, rescatándolo de las cenizas. Pusimos a funcionar no solo lo único que nos hace sentir infantes de nuevo, sino incluso, lo que podría ser la clave para lograr un mejor entendimiento de nuestra patria por parte de nosotros los colombianos, por supuesto hablamos de la imaginación, nunca podremos viajar en el tiempo sin la compañía de esta valiosa herramienta. A continuación les mostramos como fue nuestro viaje en el tiempo…
Armero es la prueba fiel de que solo somos simples inquilinos de la madre naturaleza, pues esta, a través de los años, a recuperado poco a poco lo que le pertenece por derecho, dándole a Armero la última condición necesaria para ser considerado como un pueblo fantasma, abandonado, que escurre en las lágrimas de sus recuerdos, la sonrisas sepultadas por el lodo protagonistas en los mejores días del pueblo.
dANIEL cUÉLLAR
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Algunos locales dedicados a la actividad comercial lucen mejor que otros, como el caso de esta ferretería cuyo nombre también alcanzamos a apreciar, “el gilar”. Otra de las infraestructuras mejor conservadas en este pueblo fantasma.
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La cúpula del campanario de lo que alguna vez fue la iglesia principal de Armero. Cabe resaltar que fue rescatada durante el aniversario número 25 de la tragedia, en el 2010. Se requirió de maquinaria pesada moderna para poder trasladar la cúpula de concreto del lugar de su hallazgo hasta el lugar donde se encuentra actualmente, como se aprecia en la fotografía.
DANIEL CUÉLLAR
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Los únicos vestigios de lo que fue el pujante Armero a través de su industria, pues en su momento no solo contaba con cinco entidades bancarias, sino que también era sede de una industrial de gaseosas bastante fructífera de la época. La fábrica de gaseosas “La bogotana” también quedó sepultada en el olvido junto a un recuerdo de mejores épocas en Armero.
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Aqu铆 apreciamos lo que parece ser un local dedicado a la venta de helados, bebidas y hielo, el letrero ha corrido con mayor suerte que la vivienda en la cual est谩 plasmado. Es ir贸nico ver como el letrero prevalece mientras la edificaci贸n parece ceder a las grietas.
MIGUEL VIVAS
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Por otro lado, algunas casas son la gran excepción, e incluso al parecer algo maltrechas debido a la tragedia y al paso de años, no pierden su color. Parecen conservarse casi intactas, como es el caso de esta vivienda, también se alcanzan a apreciar los orificios de ventilación en la parte superior de la vivienda característicos de las casas en tierra caliente.
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Algunas casas sobreviven con creces al tiempo y al abandono, como el caso de esta vivienda que conserva gran parte de su color original solo afectado por la humedad en pequeĂąas partes de la parte superior, tambiĂŠn se conservan de manera perfecta los adornos en las paredes de la casa.
daniel cuèllar
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Debido a la naturaleza de la tragedia, Armero se convirtió en un pueblo cementerio, debemos recalcar que muchos habitantes del pueblo quedaron sepultados en sus casas debido a la feroz avalancha producida por la erupción del volcán. Aquí vemos un ejemplo de cómo se han adornado los lugares de defunción de las victimas con tumbas elaboradas y decoradas por sus familiares.
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La diversidad de tumbas en el lugar hace que sea comĂşn encontrar sepulcros adornados con todo tipo de colores y arandelas por parte de los familiares de las vĂctimas. Se relaciona con una manera diferente y alegre de relacionarte con la muerte y con sus familiares desaparecidos.
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El hospital del pueblo tampoco escapó de la catástrofe, esto fue lo poco que quedó tras la avalancha. Se puede apreciar que la fachada está mejor conservada en comparación de las partes laterales de la edificación en donde incluso el yeso empieza a derrumbarse dejando al descubierto algunos ladrillos que sostienen la construcción.
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El interior del hospital luce sombrío, estas sombras le dan un toque tenebroso. No es para menos, en el interior de la edificación murieron cientos de personas, antes y después de la tragedia. Algunos colores en las paredes siguen conservándose a pesar del tiempo, aunque el interior de los cuartos que lo conforman son similares a de las ruinas observadas en la parte residencial.
MIGUEL VIVAS
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Estatua levantada en honor a la visita de Juan Pablo II a Armero luego de la tragedia. El sumo pontífice celebró una emotiva oración en conmemoración de las víctimas. De esta manera se convirtió en el segundo papa católico en visitar Colombia.
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Algunas casas a pesar de conservar su color, tienen abolladuras en sus fachadas, como el caso de esta vivienda a la cual le hace falte una parte del marco de la puerta y consigo un pedazo de pared. TambiĂŠn se aprecia firmas escritas en las paredes, con los nombres y apellidos de las vĂctimas que alguna vez habitaron la vivienda.
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Guaduas es uno de los lugares a lo largo de Colombia que alberga un gran patrimonio histórico y cultural del país. Sus casas coloniales junto a la Catedral y otros sitios turísticos convierten al pueblo en un lugar ideal para reconstruir la historia, no solo de la nación sino de los próceres que nos dieron la independencia. No por nada es el lugar que vio nacer a uno de los emblemas de libertad más conocidos, Policarpa Salavarrieta.
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La fuente juega un papel fundamental dentro de la l贸gica colonial ya que era el lugar predilecto de reuni贸n de los habitantes de los pueblos durante esa 茅poca. La fuente de guaduas es conocida como la pila de los monos o los micos. En 1871 fue reemplazada por una fuente republicana donada por Leandro Gutierrez, benefactor de Guaduas.
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Las casas en su interior están decoradas con muebles y electrodomésticos antiguos que siguen dando ese toque de antaño. Apreciamos un tocador adornado por ramos de flores, espigas y además un sombrero con arreglos florales. Del mismo modo podemos apreciar las velas que sirven para iluminar las noches oscuras en las casas más tradicionales.
vanesa suárez
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Debido a la lógica colonial, es muy común encontrar la iglesia en la plaza central de los pueblos, donde por lo general colindaba con la alcaldía. Se trata de la catedral San Miguel Arcángel cuya construcción inició en 1809, tiene la particularidad der ser la última iglesia construida en el país durante el periodo colonial.
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El pueblo también se presta para la conversación de objetos considerados como reliquias en perfectas condiciones. Es muy común encontrar en los hoteles y restaurantes objetos preservados a través del tiempo que le dan un toque de conservación y de antaño único.
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Estatua levantada en homenaje a Policarpa Salavarrieta, “la pola”, uno de los símbolos históricos del pueblo debido a lo que su figura representa para la historia nacional. El monumento fue inaugurado en la plaza central o plaza de la constitución el 14 de noviembre de 1917, en conmoración del centenario de su muerte, por parte el consejo municipal.
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Perspectiva contrapicada del monumento construido en memoria de Policarpa Salavarrieta, símbolo y patrimonio histórico del pueblo. Una de sus frases más recordadas fueron las que pronunció minutos antes de ser fusilada. “Pueblo indolente”, “Cuan diversa sería hoy vuestra suerte si conocieses el precio de la libertad”.
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Algunas discotecas y hoteles que colindan con la plaza. Se aprecia un contraste entre lo moderno y lo colonial; al presentarse vehĂculos y motos modernos, junto a arquitecturas coloniales y tradicionales.
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La casas coloniales poseen diversas características de los que las habitaban en aquel entonces. Esta casa poseía una primera y única planta por lo que los dueños no poseían una gran posición económica, ya que una casa de dos pisos era sinónimo de lujo y distinción. Cabe recalcar que debido a su importancia cultural la Villa de San Miguel de Guaduas fue declarada monumento histórico en 1959.
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Placa conmemorativa de la estatua levantada en honor a “la pola” en la plaza central. Nacida el 26 de enero de 1796 en Guaduas y fallecida en 1817 luego de ser fusilada. Es uno de los emblemas del pueblo y de nuestra historia nacional. Fue conocida como una mujer con gran determinación y valentía, incluso colaboró con labores de espionaje a ejércitos de generales tan reconocidos como Francisco De Paula Santander.
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Una curiosa pajarera ubicada en una de las copas de los ĂĄrboles que rodean la plaza central, se puede apreciar la gran armonĂa que tienen los habitantes del pueblo con su entorno y la naturaleza, asĂ mismo el amor y respeto que tienen por su patrimonio.
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La plaza del pueblo es adornada por múltiples edificaciones, monumentos, vegetación y decoración en general. Para la muestra un botón, podemos apreciar las prominentes palmeras erguidas frente a la iglesia.
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Habitante de Guaduas tomando el sol durante la tarde, en la comodidad de la “Plaza de la constitución”. Se observa un contraste interesante entre el árbol y sus hojas amarillentas, con el porte y edad del personaje en el centro de la fotografía.
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La naturaleza se convierte en el mejor de los cómplices a la hora de escapar de la rutina, se reemplazan los edificios por árboles imponentes y los intensos tráficos citadinos por la fuerza descomunal del agua callendo de la cascada. El Salto de Versalles nos brinda una oportunidad única para encontrarse con un escenario que representa sin lugar a dudas la característica biodiversidad, que caracterizan el país. EL ruido del agua chocando con las piedras, con la intensidad que pauta la corriente genera un bienestar; precedido de un paisaje sonoro maravilloso.
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Uno de los rincones naturales que con su belleza deleitan a los ojos en el Salto Versalles. En este lugar, para el año 1917, existió una hidroeléctrica llamada “PELTON”, que abastecía de luz a la región y posteriormente desapareció.
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Un dato sobre Guaduas es que tuvo 3 fundaciones. La primera y mas importante fue el 20 de abril de 1572 por Andrés Venero De Leyva Diaz con el título de Villa De Guaduas, la segunda fue el 13 de diciembre de 1610 por Fray Tomás De Morales bajo el nombre de “San Miguel De Las Guaduas” y la tercera en 1644 por el capitán Francisco Perez Guzman. Posteriormente en 1779 por orden del virrey Ezpeleta fue erigido como municipio.
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Uno de los paraísos naturales más hermosos del país, en un día lluvioso, se trata del “Salto de Versalles”, ubicado a 5km del casco urbano del municipio de Guaduas por la ruta del sol vía guaduas- Pto salgar. Cuenta la leyenda que allí murieron dos indígenas del linaje panche y sus familias.
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La cascada que mide apropiadamente 40 metros de altura. La intensidad del agua que baja por el cauce, es debido a las lluvias presentadas en las últimas horas. El lugar es muy popular para la práctica de deportes como el torrentismo, canyoning y diferentes actividades ecoturísticas.
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cONCLUsIÓN
lo largo de nuestra cotidiana vida citadina, no son pocas las veces en las que ignoramos todo aquello que habita más allá del concreto, la vida moderna de la ciudad en ocasiones tiende a limitar nuestra perspectiva e imaginación, nos es imposible visualizar una vida más allá del bienestar que nos brindan las comodidades a las cuales estamos acostumbrados, nos gusta estar rodeados por la tecnología y la rutina, quizás son esos los dos factores culpables de condicionar nuestra existencia a seguir en el desconocimiento e ignorancia absoluta de todo aquello que reside al otro lado de nuestra zona de confort.
Cuando atravesamos las carreteras que poco a poco nos alejan del concreto y el bullicio de las calles capitalinas, las casas, negocios y oficinas comienzan a ser remplazados por la vegetación y diversidad de paisajes que adornan las carreteras del país. Somos defensores de la idea de que un viaje en avión nunca va a ser igual a uno en carretera; el avión puede ser mucho más cómodo y rápido, sin embargo, estos dos privilegios no se comparan con el espectáculo que solo podemos presenciar rodando en la carretera, horas de paisajes con vegetación extensa, montañas imponentes, un ambiente tradicional, que poco a poco se apodera de nuestras mentes e imaginación tras cada pueblo que a travesamos a lo largo del camino. Después de los primeros vestigios de luz que iluminan la oscuridad de la ignorancia citadina, nos encontramos con un estilo de vida totalmente diferente al cual estamos acostumbrados, rodeado de casas coloniales, clima cálido y sonrisas, que en estos tiempos son escasas en la ciudad. Lo curioso de estas sonrisas es que nos eran ofrecidas por personas a las cuales veíamos por primera vez en nuestras vidas, su sencillez estaba adornaba con ese calor hogareño que nos brindaban con sus atenciones, es bastante gratificante aunque sea por unos instantes, cambiar las caras
largas, llenas de ira y de dolor que normalmente deambulan en Transmilenio, por la cordialidad recibida de los habitantes del maravilloso municipio llamado Guaduas. Paralelamente a esto, los congestionadas y abultadas filas tan típicas en los restaurantes capitalinos a la hora de almuerzo un día habitual de estudio, fueron reemplazadas por la belleza arcaica de los bastones rústicos y lo sublime de los jardines que rodeaban el magnífico restaurante colonial “El fogón del patio” en donde nuestro paladar hizo un viaje al pasado, deleitándose con los mismos platillos del tiempo colonial, platillos que iban desde algunos más conocidos como el chocolate espumoso, hasta otros tan tradicionales del pueblo como el fiambre envuelto en hojas de viao; de hecho, tuvimos la fortuna de contar con la complicidad sorpresiva de la lluvia y la oscuridad para darle a nuestra experiencia culinaria el toque final, en donde las velas se apoderaron de las mesas y el sonido de la lluvia e incluso de una campana amenizaba las conversaciones. Otro de los contrastes que trajimos en nuestro equipaje luego de la salida de campo, fue sin duda alguna el de encontrar una población totalmente relacionada y atenta con lo que compete a su cultura e historia local, es importante resaltar esto debido a que en la mayoría de las ocasiones solemos asociar a la provincia, es decir lo no-capitalino, con la ignorancia y falta de educación. Sin embargo, para la sorpresa de muchos, daba pena ajena darse cuenta que mientras la mayoría de bogotanos ignoramos por completo la historia pasada de la metrópolis de la que tanto alardeamos, la mayoría de los habitantes del pueblo, sea de la edad o el nivel socio económico que fuesen, eran capaces de recitar casi de memoria los datos históricos más relevantes del lugar ponderado con un sentido de pertenencia increíble… y todavía creemos que somos lo más desarrollado y culto que tiene país.
41 Finalmente, lo más trascendental de lo aprendido en el viaje, más allá de las fechas históricas y reliquias, fue la experiencia incomparable de cercanía que nos brindó la oportunidad de visitar no solo lugares vistosos y magníficos como en el caso de Guaduas, sino también de lugares tan oscuros y sombríos que nos hacen dar cuenta de que la historia no son solo capítulos felices. Armero la fiel prueba de esto, nos hace dar cuenta desde el primer momento en que pisamos sus tierras, y no es para menos, ya que fue el lugar en donde ocurrió uno de los desastres más catastróficos de la historia colombiana, en donde la naturaleza arrasó una vez más con el hombre, poniendo en evidencia lo poco que somos comparados con ella. Este suceso es recordado por el colombiano promedio gracias a los especiales que circulan en los medios de comunicación cada vez que se cumple un año de aniversario de la tragedia, en donde por lo general a modo de especial, hacen un reconteo momento a momento de lo que fue tragedia, alimentando el morbo de los espectadores con imágenes exclusivas obtenidas por el medio de turno en aquel entonces y del mismo modo todos los años, recordamos por un día para al siguiente olvidarlo con la noticia de moda. Esta era la única forma, al menos para un grupo de futuros comunicadores sociales y periodistas de obtener alguna referencia de lo que fue este desastre natural protagonizado por un avalancha causada por el volcán Nevado Del Ruíz. Visitar las ruinas de Armero desde luego, se convirtió en una oportunidad única para sentir cercano un fenómeno que hasta entonces solo veíamos por la televisión una vez al año, y uno que otro museo o catedra académica. Pisar los suelos llenos de lapidas, maleza e insectos de lo que alguna vez fue uno de los pueblos más bonitos de Colombia nos hizo ver con otros ojos, uno de los acontecimientos más importantes del siglo pasado. Caminando entre ruinas de antiguos negocios comerciales invadidos por los árboles y las hormigas, con la ayuda de algunas
fotos antiguas del pueblo y la información valiosa de los guías, reconstruimos poco a poco los momentos de angustia sufridos por los habitantes mientras eran sepultados por el lodo. Dejando en claro lo ignorantes que somos con la historia de nuestro país y peor aún después de saber que Armero solo queda a 160 km Bogotá. Pero no todo son malas noticias para nuestras desorientadas cabezas juveniles, nuestra condición de estudiantes nos permite explotar ese niño interior y curioso que con el pasar de los años hemos ido perdiendo, a pesar del sol y de las dificultades de recorrido por el pueblo fantasma, los estudiantes de la Facultad de Comunicación Social- Periodismo, algunos equipados con el lente de su cámara y otros simplemente de su visión, devoraban ansiosos las imágenes alrededor, siempre atentos a la información del guía, fue el momento oportuno para volver a presenciar todo con la mirada y mente inquieta de un infante, con cada paso que dábamos nos interesábamos más por la historia, más preguntas hacíamos, más queríamos aprender. Damos las gracias a todos los gestores de la salida de campo, nos enseñaron mediante paisajes históricos y naturales una lección para recordar toda la vida, pudimos potenciar las lecciones de historia aprendidas en clase en contexto, abrieron nuestros ojos para mostrarnos lo que se oculta más allá de la rutina y las redes sociales, descubrimos que no todo es Bogotá y además nos conectamos con nuestro pasado. Tuvimos la fortuna de estar, en un Paraíso Histórico. ¿Todavía piensan que no son posibles los viajes en el tiempo?
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