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Un bicho muy peligroso

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Toque final

Fernando-Alonso Ramírez

L

30

Agosto, 2011

Un bicho muy peligroso Los he visto enfermar de repente. Se acuestan sanos y al otro día se levantan realmente graves, pero no crean que solo pica de esa manera. También los he visto agravarse de forma crónica, casi sin darse cuenta se van deteriorando, poco a poco, de manera imperceptible y, cuando menos piensan, ya el mal está hecho y es irreversible. Recomiendo, de hecho, que los organismos de salud se pongan serios y se den cuenta que estamos en época de epidemia y es asunto de salud pública. Tengo amigos que han sido picados por lo que sea que transmita la enfermedad y no se han podido recuperar. No importa el color del bicho, los síntomas que provoca son iguales en todos los casos: pérdida de objetividad, rechazo a la crítica, convicción total en el triunfo, seguimiento a pie juntillas, y sin resabios, al líder que corresponda, a quien miran como un iluminado, no importa la cantidad de estupideces que el personaje de marras diga, ellos están convencidos que es la reencarnación de Churchill. Inclusive en algunos casos parece que se están recuperando, alcanzan hasta a reconocer que han cometido un error y justo cuando van a salir por fin… llega la nueva elección y la recaída, esa que mata, cuando se es picado por el bicho de la política. ¿Que nunca me picó? Estuvo cerca. Vi nacer un movimiento político, de líderes jóvenes, convencidos de que iban a cambiar el mundo. Administraba yo entonces el bar en el que se reunían y planeaban cómo sería un futuro mejor, donde no importara el color sino el bien común. A varios de ellos los vi crecer en diferentes cargos, resistir embates violentos y jurídicos, otros escalaron hasta las más altas posiciones,

pero después de 25 años ellos forman parte del Establecimiento al que no se querían someter, siguen inoculados por el ejercicio electoral y político, mientras yo celebro ver los toros desde la barrera. He visto a jóvenes amigos por estos días con esa misma chispa que brilla en los ojos cuando empieza la enfermedad. Se les nota hiperactivos, comprometidos, con el verbo ligero para juzgar a sus rivales, pero con la prudencia y la vehemencia para quien ose decir algo en contra de su candidato. Además vienen con las frases: “debo prestar un servicio público…”, “es una profesión muy sacrificada…”, “estamos en un momento crucial…”, “vamos a poner un granito de arena para el futuro de…”, “vamos a trabajar por los más necesitados”… Así empiezan a hacer su carrera. Algunos, la mayoría, se queman en el camino, pero no sé a qué pabellón de quemados es que asisten, pero la medicina que les dan parece un energetizante que les hace olvidar sus cicatrices. Vuelven a la próxima recargados, generalmente en un grupo distinto al que pertenecieron antes y con ambiciones mayores. No les alcanzó para concejal y luego quieren ser senadores, pero así es el bicho. Coherencia no es precisamente una palabra que identifique a quienes sufren de esta enfermedad. Hoy tienen la habilidad de reunirse con unos y mañana con otros, de decir una cosa y negarla a la siguiente y, de hablar y hablar y se escuchan a sí mismos y se responden. Se creen iluminados. A esos, desde ya, les anuncio: no cuenten con mi voto jamás. Exijo además que se haga una fumigación masiva contra este bicho. No quiero más bajas


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Un bicho muy peligroso by Fernando-Alonso Ramírez - Issuu