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Flores & espinas

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Flores &

espinas Una antologĂ­a


Una antología

Flores & espinas

Anna Camila Avendaño Ramírez (2001). Cecilia Becerra Lezama (2001). Ana C. Blackaller De la Peña (2001). Fernanda Chagoyán Herrera (2001). Paula Galli Daher (2001). Montserrat García Ventura (2002).


Primera edición: 2020 ISBN: 978-123-456-789-1 (IEC) ©Anna Camila Avendaño Ramírez ©Cecilia Becerra Lezama ©Ana Claudia Blackaller De la Peña ©Fernanda Chagoyán Herrera ©Paula Galli Daher ©Montserrat García Ventura Diseño de portada e ilustraciones: Ana Claudia Blackaller De la Peña Impreso y hecho en México Printed and made in Mexico Este libro no puede ser fotocopiado ni reproducido total o parcialmente por ningún medio o método sin la autorización por escrito del editor. This book may not be reproduced, in whole or in part, in any form, without written permission from the publishers.


Índice Prólogo

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Cecilia Becerra Lezama

Mi observador

11 Anna Camila Avendaño Ramírez

Flor de Jazmín

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A mamá

15 Anna Camila Avendaño Ramírez

El vestido

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Montserrat García Ventura

Guerrera de cristal

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Fernanda Chagoyán Herrera

¿Por qué?

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Montserrat García Ventura

Detrás de los pétalos

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Paula Galli Gaher

¿Qué significa ser mujer?

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Ana C. Blackaller De la Peña

El dolor es eterno

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Cecilia Becerra Lezama

Ojos

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Ana C. Blackaller De la Peña

En pedazos

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Fernanda Chagoyán Herrera

Múltiples vidas

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Cecilia Becerra Lezama

Agradecimientos

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Cecilia Becerra Lezama

Paula Galli Daher


Prólogo

La creación de las historias que se encuentran hoy en la antología, que está a punto de leer, comenzaron para muchas de las autoras como experiencias que se terminarían por convertir en recuerdos de aquello que han sido sus vidas. Algunos dulces, otros amargos. Para otras no fueron más que sueños o noticias en periódicos abandonados. La realidad es que cada una de las mujeres involucradas en este proyecto son personas completamente diferentes en apariencia y en pensamiento. Sin embargo, esto no les fue de impedimento para poder crear aquello que hoy posee usted en sus manos. “Flores y espinas” nace dentro de un periodo crítico en la vida de las mujeres en el mundo, en el cual disfrazar la verdad no es más una opción. Es por ello que estas letras pasan a convertirse en aquel refugio que tanto habían estado buscando, un lugar en donde se pudieron sentir libres de contar todo aquello que venían guardando desde hace ya muchos años. La obra se encuentra inspirada en la perspectiva que cada una tiene con respecto a lo que significa ser mujer, todo desde el contexto de unas estudiantes de una de las universidades más prestigiosas de México. Se encuentra dividida en relatos y poemas con el propósito de conmover y recordar todo aquello que las ha llevado a convertirse en lo que son hoy. Dicha obra fue diseñada de tal manera que usted pueda apreciar ambas caras de una misma moneda. Cabe mencionar que estos textos fueron creados para ser leídos en la intimidad y en el silencio, debido a que sólo así usted podrá otorgarse la oportunidad de ser guiado por todo un camino de pétalos y pena. 07


“Para aquellas que ya no tienen voz.”

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Mi observador Anna Camila Avendaño Ramírez Crecemos sin tener una idea clara de lo que significa ser mujer. Tal vez esto es porque incluso en un diccionario, su significado es tan básico como la sociedad nos lo ha hecho ver: “persona adulta de sexo femenino”, es lo que la RAE dice, lo que todos predican. Luego, vamos creciendo con la idea inculcada en el seno familiar, la mujer es la mamá, la esposa, la hija, la que cuida, la que limpia, la que nutre. Justo después, llega una nueva etapa y con esta algo que llamamos “liberación femenina”. Salimos de casa, nos enfrentamos al mundo, conseguimos un trabajo, nos encontramos con nosotras mismas. En esta etapa juntamos nuestra labor doméstica con un salario y más quehacer. Si resumimos nuestra situación, lastimosamente, seguimos igual. Peor, considerando que ahora es una doble jornada. Seré honesta, nunca me había planteado la pregunta de qué es ser mujer, o por lo menos basado en mis observaciones, desde mi ojo hacia el mundo. Para mí, ser mujer es vida. Nos fue otorgado el don maravilloso de concebir y desde el día uno poder sentir a alguien dentro de ti, que poco a poco te va enseñando a crecer y madurar. Nuestro cuerpo cambia, nuestra mente también. Damos paso a un nuevo ser e incubamos en nuestro cuerpo la vida. Ser mujer es trascendencia. Dejamos no solo nuestro ADN en nuestros hijos, sino que dejamos enseñanzas inimaginables en lo que nos rodea y en quienes nos rodean,

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recetas deliciosas, dichos de la abuela, fortaleza y sabiduría. Así como, nuestras antecesoras nos dejaron el legado de luchar por nuestros derechos; hacer que nuestra voz sea escuchada, haciendo la mezcla perfecta entre delicadeza y fuerza. Ser mujer es pasión. Entregamos lo mejor que tenemos, entregamos nuestra alma y todo nuestro ser en cada cosa que hacemos. No nos conformamos ni nos estancamos con críticas y malos comentarios. Nos levantamos cada día para ser la mejor versión de nosotras mismas. Ser mujer es agradecimiento a esa divinidad o energía universal que nos permite el día de hoy estar presentes. Agradecemos cuidando nuestro organismo, nutriendo nuestra alma y alimentando nuestros sentimientos; poniendo todo en nuestra esencia y corazón. Ser mujer es resiliencia. Nos adaptamos de la mejor manera a cada situación, a cada nuevo reto y saltamos cada obstáculo que nos pone la vida. Para mí, ser mujer es maravilloso. Ser mujer es representación. Ser mujer es ser YO.

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Flor de Jazmín Paula Galli Daher Es capaz de ver lo bello en lo cotidiano, la luz en la más profunda oscuridad sensible en situaciones de adversidad, mi mamá es un ángel con sus alas escondidas. Fuente que me trajo a la vida, en cada lejano recuerdo está presente, su cálida voz me brinda un sentimiento de hogar, me guia en mis mejores y peores días. El brillo de sus ojos, reflejo de las perlas que cuelgan de su cuello, el perfume que marca su presencia es sutil y próximo como tenue brisa de verano. Mi mayor ejemplo de fuerza y valentía, una mujer admirable y segura que incondicionalmente me cuida, su perseverancia y optimismo alejan la desgracia con su deslumbrante sonrisa. Elegante y sencilla cual bella flor, Jazmín no le importa lo que las demás digan, en cualquier jardín siempre se va a distinguir.

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Es mi ángel guardián y la compañera de mi vida, le debo todas mis sonrisas y espero devolverlas cada día.

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A mamá Anna Camila Avendaño Ramírez Mujer completa, magia en tus manos, con tus abrazos calmas mi tempestad, con un beso borras cualquier sentimiento malo. Mujer completa, tu sonrisa ilumina la habitación, incluso Apolo, el sol, le tiene envidia. Mujer hermosa, tomas el mundo como lienzo en blanco y lo pintas de colores. Bella flor de loto, floreces en la tempestad. Tu distinguida voz y tu escandalosa risa, crea melodías difíciles de olvidar. Mujer fuerte, tomas en tus manos la adversidad, enfrentas la vida sin miedo, nunca te arrepientes, nunca miras atrás. Sabes qué decir y sabes cómo actuar, alzas tu voz por los inocentes, no te pesa la lengua para decir la verdad. Mujer valiente, hecha de fuego, por donde pasas dejas una huella imborrable, con tu furia arrasas, hay que temerte si te hacen enojar.

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Tan delicada como el aleteo de una mariposa, tan fuerte como tus creencias y tu moral, incomparable mujer que el dĂ­a de hoy quise honrar con mis palabras, mujer cuyo nombre no voy olvidar, porque soy su espejo, porque de ella aprendo, Mujer completa, es mi mamĂĄ.

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El vestido Montserrat García Ventura Creo que me voy a desmayar. Mi corazón late tan rápido que estoy segura de que todos alrededor de mí lo pueden escuchar, me sudan las manos y sé que si me pongo mis zapatos, se me venceran las rodillas. A pesar de mis nervios estoy feliz, emocionada. Por fin la puerta se abre detrás de mí y una señora amable que conocí apenas hace una hora entra con la pieza de ropa más importante de mi vida, mi vestido de novia. Bueno, el que ahora es mi vestido de novia, pues antes le perteneció a mi madre. Siempre ha sido mi sueño usar su vestido el día de mi boda. Yo sé que la prenda no tiene un estilo moderno, tampoco fue muy caro, mis abuelos no eran personas de dinero en la época en la que mi papá se arrodillo y pidió la mano de mi madre. La razón por la que siempre he querido usar este vestido en mi día especial es porque siempre he anhelado ser como ella. Suena a cliché, lo sé. Todas queremos ser como nuestras mamás al ser niñas, hasta que decidimos que no nos entienden, que no nos dejan hacer nada y que nos regañan por las acciones más tontas, pero no fue así para mí. Yo decidí que quería ser como mi mamá cuando me dí cuenta de la razón por la cual estaba cansada todo el tiempo, cuando me percaté de que su closet no tenía tanta ropa como el mío y cuando empecé a quedarme más tiempo en la mesa para acompañarla a comer.

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Entendí el trabajo que toma barrer y trapear la sala cada martes y viernes después de regresar del trabajo, aún más cuando los amigos de mi hermano se quedaban a jugar videojuegos y llenaban nuestros sillones blancos de manchas de pizza y helado de chocolate. También entendí que aquellas pocas blusas que pedía prestadas cuando salía con mis amigas tenían más años que yo, pues prefería gastar el sueldo injusto que ganaba siendo jefa en una oficina llena de hombres en los tenis de mi hermano y en los jeans rasgados que tanto me gustaba usar en mi adolescencia. Y finalmente, entendí que ella comía hasta al final todos los días porque le enseñaron que los hijos y el marido siempre van primero. Sí, yo quiero ser como mi mamá, pero cuando digo esto no quiere decir que quiero ser la única que ayuda en el hogar, ni que quiero ganar menos de lo que me corresponde o que quiero adherirme a aquellos estereotipos con los que ella ha tenido que vivir. Quiere decir que deseo ser igual de resiliente y protectora. Quiere decir que, al igual que ella, no deseo que más mujeres se vean obligadas a pasar por lo mismo. Es por esto que, cuando la señora de la tienda de novias termina de ajustar el vestido de mi madre, mis ojos se llenan de lágrimas y no puedo esperar a salir del probador para que me vean mi mejor amiga, mi prima y mi mamá.

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Todas gritan y ríen al verme, pero no las estoy escuchando. Los ojos de mi mamá al verme salir son lo único que me importa en este momento. Me doy cuenta de que me está viendo con los mismos ojos con los que yo la he visto toda la vida.

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Guerrera de cristal Fernanda Chagoyán Herrera Ella fragmento caído del cielo destello con luz propia Camina con firmeza su sombra colgada detrás cicatrices colmadas de recuerdos de un pasado imborrable con mil batallas vencidas Es tan simple y complicada frágil y fuerte guerrera única y libre perfecta con errores humana Destaca por su amor incondicional perdona a sus agresores no desea el mal Joya rescatada del abismo regalo para la humanidad.

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¿Por qué? Montserrat García Ventura Hay tantas cosas en esta vida que los seres humanos aún no entendemos. Tantas preguntas sin respuesta, tales como ¿hay vida en otros planetas? ó ¿cómo es que se creó el Universo? Yo también tenía preguntas sin resolver. Preguntas que, aparentemente, tenían una respuesta lógica. Tan lógica, que la gente parecía burlarse de mí cuando me las expresaban, pero ninguna de esas respuestas tenía sentido para mí. La primera vez que hice un cuestionamiento que, alguien no quiso (o no supo) responder, fue la vez en la que decidí que prefería jugar futbol con mis compañeros de la primaria en lugar de sentarme a platicar sobre mi princesa favorita. Ese alguien fue el maestro de educación física. Cuando me vio preparándome para patear el balón, corrió hacia mí y pidió a los niños que pararan el partido. “Las niñas no juegan fútbol, regresa con tus amigas”. Cuando le pregunté la razón por la cual las niñas no podían jugar fútbol, él me explicó que las niñas no sabemos de deportes y que además somos más débiles que ellos. Ahí surgió mi primera pregunta: ¿por qué dice que somos más débiles? Yo había visto a Valeria jugar vencidas con Diego y ella había ganado limpiamente. “Pues porque si, todos lo saben”, fue lo único que dijo el maestro antes de darse la vuelta e irse con el balón en la mano.

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Mi mamá me dijo que no dejara que aquella conversación me desaliente de jugar fútbol con mis compañeros, pero para no meterme en más problemas, preferí no volver a pedirles a mis compañeros que me dejaran jugar fútbol con ellos. A partir de ese día se acumularon más y más preguntas sin resolver. Como la primera vez que me invitaron a una fiesta de quince años. Mi hermano ya había ido a muchas y me había platicado de todo lo que me gustaría de aquellas fiestas. Como el vestido de la quinceañera, bailar con mis amigas y tomarnos fotos en las cabinas. Estaba tan emocionada. Había ido con mis amigas a comprar un vestido nuevo el fin de semana antes de la fiesta y todas habíamos decidido arreglarnos en casa de Daniela para llegar juntas. Antes de salir de la casa, la mamá de Daniela nos advirtió que no tomáramos nada, que tuviéramos cuidado con muchachos que no conociéramos y que no nos separáramos. Estas advertencias no me resultaron extrañas, ya las había escuchado antes, pero solamente en la televisión. Cuando por fin llegamos al salón, escuché que nos recogerían a las 11:00 de la noche. Pero si a mi hermano siempre lo recogíamos de los quinces a la 1:00 de la mañana, ¿por qué no podemos quedarnos hasta más tarde? “Pues porque es más peligroso para ustedes” fue lo último que escuché mientras Daniela me empujaba para salir del auto. 27


La pregunta más reciente llegó a mí cuando miraba las noticias en la cocina de mi abuela con mis tíos. Yo no estaba prestando mucha atención, pues mi grupo de la prepa empezó a llenarse de mensajes. No estaba entendiendo nada hasta que escuché que una reportera dijo el nombre de una de mis compañeras de clase. No éramos muy amigas, pero siempre nos sonreíamos si nos veíamos pasar en la cafetería. Había escuchado que desapareció hace dos fines de semana en un antro y al principio me alegré pensando que había sido encontrada, que había regresado sana y salva a su casa. Pero no fue así. La reportera dijo que la encontraron en un terreno baldío golpeada, violada y sin vida. “Fue su culpa”, logré escuchar a uno de mis tíos decir. ¿Por qué fue su culpa? “Pues mira cómo iba vestida.” Tantas preguntas importantes que me he hecho a lo largo de la vida y al parecer todas cuentan con respuestas que no entiendo. No puedo evitar pensar que hay algo más allá de las respuestas que me dan, pero creo que lo acabo de descubrir.

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¿Por qué no puedo? ¿Por qué tengo que hacer lo que me dices? ¿Por qué merezco menos? ¿Por qué no debería salir sola? ¿Por qué me gritas eso cuando camino en la calle? ¿Por qué me miras así? ¿Por qué me tocas? ¿Por qué me golpeas? ¿Por qué me violas? ¿Por qué me matas? Ah… pues porque soy mujer.

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Detrás de los pétalos Paula Galli Daher Batalla interna sin fin por aquello que queremos ser y lo que se espera de nosotras: un simple accesorio o un frío monumento, con rostro bonito pero esconde todo lo que lleva dentro. Nuestros sueños y metas desde pequeñas nos limitan: no vueles tan alto, corre más despacio, temen que salgamos de este molde imposible de llenar y que al hacerlo recuperemos la confianza que nos han arrebatado. Las faldas cortas se vuelven vulgares, distraen sus miradas, nos castigan por llamar la atención. Otra luz lentamente se apaga. Rosa y azul, colores que cargan cientos de significados, se vuelven parte de nosotros sin saberlo y desde su inocencia nos encasillan. La inseguridad y el miedo son nuestros compañeros permanecemos alerta, cuidamos la última botella de agua en el desierto. Hace tanto tiempo dejamos de cuestionarnos

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Bella florecita, muñeca de porcelana complementos que se nos han grabado desde niñas, somos mucho más que simples flores y muñecas hay mucho más detrás de la fachada.

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¿Qué significa ser mujer? Ana C. Blackaller De la Peña Ser mujer es tener ojos sobre tus talones. Al nacer, no conoces la condena tatuada en tu cabeza. Te miran y acusan. Eres criminal en tu ADN. Llega un momento en la vida de cada niña donde nota la mirada. Esos ojos que te persiguen. Un ser omnipotente, cada personaje en tu periferia, que juzga tu existir. Un panóptico que acosa tu caminar. Las mujeres nacieron mal hechas. Por eso el mundo nos recuerda todo lo que es disfuncional. Nuestro valor se rige en nuestra piel. Nuestra autonomía va ligada a un pedazo del hombre. Nunca vamos primero, debemos satisfacer el ojo ajeno. La televisión te lo recuerda. Las noticias te lo advierten. Tu mamá y abuela te lo dicen. Tu misma te impones las reglas.

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Esa voz en tu cabeza que corrige tu forma de vestir, tu forma de hablar y moverte, tu forma de ser. Aquel altavoz que nunca se calla. No eres suficientemente mujer. Nunca has llenado el molde que te encierra. Has cambiado en forma, personalidad y corazรณn, pero nada parece completarlo. Eres un camaleรณn fallido. Y se te reprime cuando no cubres el molde. En casos con la muerte. Se siente una impotencia. Ver como a tu hermano lo dejan vivir en su libertad. Y tu no eres mรกs que un objeto que cuidar. Un objeto violable que proteger. Es el miedo de no regresar. Que tu mamรก no regrese del super. Que tu amiga no regrese de esa cita. Es un miedo continuo de existir plenamente. Ver otro rostro desaparecido con lรกgrimas secas. Ya no sabes si sentirlo o atender a tu mente, que desborda con remordimiento. 35


Las mujeres somos supervivientes. Creamos más de lo que nos da el mundo. De un hilo, una bufanda. De una casa, un hogar. La historia ha tramado en nuestra contra. No pueden dejar que las brujas sean. Contienen demasiado poder. Nos cazan y queman en la hoguera. Por más esfuerzo empleado en nuestra exterminación, las mujeres seguiremos siendo. Molestando al mundo con nuestra existencia. Una rebelión desde el útero, que arde viva.

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El dolor es eterno Cecilia Becerra Lezama Hoy hablo por aquella niña que a los seis años le chiflaron mientras iba de camino a la escuela. Hoy hablo por Michelle que a los ocho años su tío le pidió mantener un secreto que le permitía a él abrir sus piernas. Hoy hablo por esa chica que desde los diez años comenzó a sentir que había cambiado la manera en que sus compañeros veían su cuerpo. Hoy hablo por Daniela que a los doce años le juraron amor eterno para así poder robar todo lo que tenía dentro. Hoy hablo por mi amiga que a los catorce años le gritaron puta por ponerse un vestido que acentuaba su hermosura. Hoy hablo por Rubí que a los quince años salió con el novio que le iba a terminar privando de todo. Hoy hablo por aquella madre que a los veinte años fue obligada a casarse con un hombre que solo haría de su vida algo miserable.

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Hoy hablo por Regina que a los veintidós años la hicieron callar en la mesa, debido a que su voz solo representaba carencia. Hoy hablo por mi abuela que a los veinticuatro años tuvo que pretender que su violación no había sido más que un mal recuerdo de algo que nunca ocurrió. Hoy hablo por Brenda que a los veintiocho años subió a un taxi sin saber que había pagado por su muerte y un adiós. Hoy hablo por tu maestra que a los treinta años le dijeron que no podía ser madre y seguir siendo ella la que pagara las cuentas. Hoy hablo por Alicia que a los treinta y cinco años fue golpeada por el hombre al que ella amaba. Hoy hablo por tu vecina que a los cuarenta y seis años fue humillada por no ser lucir lo suficientemente bella entre arrugas y canas. Hoy hablo por Cinthia que a los cincuenta años se sigue preguntando si todo esto habrá valido la pena.

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Hoy hablo por la señora que a los ochenta años intentó seguir viviendo ocultando la dolorosa verdad que calló por todos estos años. Hoy hablo por Susana que a los catorce años encontró a su hermana tirada en medio de sangre y sábanas. Hoy hablo por aquella desconocida que a los quince años persiguieron por las calles en plena madrugada. Hoy hablo por Mariana que a los dieciséis años le bajaron las bragas para su cuerpo poseer. Hoy hablo por mi hermana que a los diecisiete años le reclamó a Dios por haberla hecho mujer. Hoy hablo por mí que a los dieciocho años comprendí que el único lugar en el cual podría llegar a sentirme segura sería estando oculta en un hueco sellado por una tumba. Hoy hablo por el recuerdo de un mundo que nunca cambió.

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Ojos Ana C. Blackaller De la Peña Todas las mujeres conocemos la presencia de los ojos. Ese sentimiento que corre por nuestro cuello. La respiración de un ente invisible, que juzga todo nuestro ser. Toma diversas formas; es un organismo mutante. Su aparición comienza poco a poco. El hormigueo se manifiesta un día y nunca se va. Cuando eres pequeña, no estás segura de qué es. Es como una sombra que desaparece en la esquina de tu campo de visión. Se siente extraña la manera en que todo lo que haces es vigilado. Debes aprender a ser de la manera correcta, pero ¿cuál es esa? Poco a poco sabes que no son iguales. Tu hermano y tú. No hay gran diferencia aún entre sus mentes primitivas, pero algo sobre su falta restricciones, su manera de respirar sin pensarlo dos veces, te recuerda a la mirada que te examina. ¿Por qué él no lo siente? Desarrollas un crítico interior para evitar el reproche de los ojos. Mira, estás gorda. Con solo nueve años ya estás pensando en tu primera dieta. Creen que no escuchas, y aunque no lo comprendas en su totalidad, algo sientes que está mal. Espero saque los genes de su papá. Ojalá no tomé los de mi lado o engordará. Mira que buena madre va a ser, que bien cuida de sus muñecas. Parecen inofensivos, pero desde ese momento comienzas a sentir el seguimiento de los ojos y la jaula que se estrecha un centímetro más. 41


Ahí estaban unos desconocidos evaluando tu feminidad. Tu aptitud para ser una buena esposa y madre. Te empiezas a sentir fuera de tu propia piel. Algo no encaja. Tu manera de vestir no es como la que ves en las revistas, ni la forma de tu rostro. Recién comienzas a perder tus rasgos de niña en lo físico, pero tu mente sigue siendo la de un infante. Los ojos empiezan a tener cara. Antes solo eran voces a tu alrededor, pero cuando tu mamá te dice que te cubras porque los hombres te empiezan a ver, el miedo se encarna. Empiezas a evitar usar ropa que muestre cualquier indicio de cambio. Las blusas de tirantes y los pantalones cortos se llenan de polvo en los cajones. Tu misma escuela te recuerda que no es apropiado usarlos. Hasta los regalas porque ya nunca te los pones. Ay mijita te ves un poco demacrada. No te haría mal una manita de gato. Así es como el maquillaje se convierte en otra piel para ti; ya no te reconoces sin él. Algunas mañanas te hipnotizas en el espejo viendo tus imperfecciones, otras simplemente le das la vuelta. Y cada una de esas mañanas, la voz de tu cabeza te dice qué hacer y qué no. La ropa. El maquillaje. La sonrisa plástica.

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Es como si hubieras absorbido los ojos que te acechaban y ya no puedes tomar una sola decisión sin pensar en lo que verán los demás. Creces. Ni siquiera soportas ver tu cuerpo envejecer; arrancas las canas, planchas las arrugas y cortas los pellejos. Untas otra crema mágica que te vendió un infomercial para evitar este proceso tan natural y castigado. Te preguntas qué causó esta bola de nieve que no te permite ser suficiente. Ves tu piel y te compadeces. ¿Por qué permití que esto pasara? Recuerdas al parásito que se infiltró en tu vida cuando eras apenas una niña: aquellos ojos que nunca te dejaron en paz. Deseas haberlos sacado de sus fosas desde que recién aparecieron; en ese momento no sabías sus intenciones. Después de tanto tiempo, tu cuerpo ya no es tuyo. Tus brazos cobran vida propia y te encierran con cariño. Tu visión se aclara y notas que tus manos no son las ramas secas que pensabas, son fuertes y habilidosas. Tus arrugas no son demostración de vejez, sino de felicidad bien vivida. Tu peso es solo una demostración de la energía potencial que cargas. Nunca hubo nada mal contigo, solo que desde pequeña portas unos lentes que visibilizan defectos e ignoran lo bueno; habías olvidado quién eras. Ahora utilizas lentes para ver, pero te miras con ojos nuevos.

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En pedazos Fernanda Chagoyán Herrera Hoy grito porque no hay quien me detenga ya no estoy dispuesta a callar lo que siento Hoy grito por esa niña de trece años a quien le arrebataron su infancia le cortaron las alas se llevaron su sonrisa la encadenaron al dolor Una sola vez basta para matar la inocencia de una niña para apoderarse de sus sueños y hacer que la flor que lleva dentro se marchite aquel día se despidió de su vida su destello de luz se apagó lentamente Nunca podrá olvidar la escena. Y nadie lo sabe. Nadie escucha. ¿Por qué a mí? ¿Por qué nadie me ayudó? Pasó horas en la regadera queriéndose quitar unas manos de encima talló su piel hasta que ardiera hasta que ya no pudiera sentir

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Lágrimas recorrían sus mejillas no se sentía ella misma como si estuviera en el cuerpo de alguien más uno que no reconocía No cabe tanto dolor en las palabras. Le robaron su seguridad quebraron su ternura Esa niña de trece años sigue ahí. La dejaron caer. Ella se levantó. Recogió sus piezas y volvió a nacer más fuerte. Aprendió a gritar. Se volvió intolerante al silencio. Ahora grita por las mujeres que no pueden. Por todas aquellas que no pudieron sobrevivir.

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Múltiples vidas Cecilia Becerra Lezama Suena el teléfono, es ella. La encontraron cerca de un río envuelta en una bolsa, como si no se tratara de un ser humano. Del mismo modo en que suelen tirar a los cerdos la han desechado, como si nunca hubiese caminado, vivido o respirado. Cierro los ojos por un minuto y no puedo evitar el imaginarmela. Mi alma no resistirá más tiempo, la respiración se me entrecorta y puedo sentir como si me hubieran succionado la vida desde aquel momento. El cuerpo ya no lo soporta y se quiebra. La hemos perdido. Yo la he perdido. Pasa un día y me piden ir a reconocerla, siento como el pulso se me acelera en medida de cada paso que doy por dichos pasillos que no huelen más que a muerte y destrucción. Me encuentro frente a la puerta que divide un antes y un después de nuestras vidas, no quiero cruzarla. No quiero que sea verdad. No quiero que sea mi pequeña. Me obligan a dar el paso que provoca mi caída en el abismo de la amargura y depresión. No quiero sentir este veneno que me hierve la sangre por dentro. Abro los ojos, la han colocado enfrente mío y… no la reconozco. No es ella, no puede serlo. Han profanado su cuerpo y su vida dejando los restos de lo que fue alguna vez mi hija.

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Las lágrimas caen con la misma fuerza en que cayó su cuerpo sobre una cama mientras la preparaban para violarla. Esos monstruos la ataron de manos y pies exponiéndola como un trofeo para su indeseable placer. Mi garganta se esfuerza para contener el grito que confirma lo que mis ojos ahora saben. Esos malditos me la quitaron. Ellos la mataron. ¡Quemaré la ciudad, el Estado, no me importa! Quiero que todo el mundo sienta el terror por el cual ella vivió antes de morir a manos de unos cerdos que se hacen decir humanos. La miro y mientras acaricio aquello que quedó de ella recuerdo el primer momento en que la sostuve entre mis brazos, era hermosa, era perfecta, era mi hija. En estos momentos solo puedo reclamarle a Dios por hacernos vivir este infierno. ¿Por qué la tomaste a ella y no a mi? Era solo una niña. Pero es eso de lo que se trata todo esto, era una niña, vulnerable y un objeto de deseo. Algo creado para el vil placer humano y un mundo sin escrúpulos ni remordimientos.

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Agradecimientos

A nuestros maestros, que creyeron en el eco de nuestras palabras y a nuestras compaĂąeras por recordarnos aquello que es sentir con el alma.

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Hecho en 2020


Flores & espinas Cariño, el mundo está siendo observado. Muchas rosas han sido robadas del campo, y no ha pasado desapercibido. Lo que antes parecía ser un secreto no es más que un cuento que se viene creando desde hace mucho tiempo. Por esto es que hoy hemos roto el silencio. Siéntate a mi lado que hoy quiero leerte lo que tienes entre tus manos. Cierra los ojos e imagina a una flor pasando de ser lo más bello a algo tenebroso, es eso de lo que leeremos. De cómo todo un mundo se marchitó.

Una antología


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