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Secretos de la última “catedral” de Europa

La

Sagrada Familia

En los estertores del siglo XIX, Antoni Gaudí inició la construcción de uno de sus edificios más emblemáticos, el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. Cuando visita sus estancias inacabadas, al turista se le suele escapar que el arquitecto escondió diversas claves ocultas y esotéricas en una obra hermética conocida en todo el mundo como máxima expresión de la arquitectura modernista catalana. ¿Qué secretos dejó grabados Gaudí tras sus esbeltos muros? Miguel G.Aracil mgaracil@gmail.com

an transcurrido casi 130 años desde que se empezó a construir la que muchos conocen como “La catedral de los pobres”, la Sagrada Familia. Finalmente será este otoño, el 7 de noviembre, cuando será oficialmente consagrada por el actual Pontífice Benedicto XVI y abierta al culto. Cientos o miles, dependiendo de la estación, de turistas de todas las razas, culturas y religiones, se acumulan diariamente formando largas y tediosas colas junto a la entrada del edificio sin duda más emblemático y visitado de Barcelona. La gran mayoría de visitantes quedan embelesados por sus poderosas agujas, que se alzan orgullosas y desafiantes al cielo, como deseando acariciar, quizá poseer o abrazar, las virginales nubes. Sin embargo, son pocos los que saben que el conjunto que muchos han definido como “la última gran catedral europea” y también “la catedral de los pobres”—ya que desde su comienzo en el año 1882, se ha financiado gracias a las aportaciones de particulares—, obra máxima y póstuma del místico, hermético y sobrio arquitecto Antoni Gaudí Cornet, a la que dedicó 40 años de su vida, es una gigantesca enciclopedia esotérica y hermética, aunque la mayoría de veces la gente no sepa observarlo. El primer investigador que trató a Gaudí no sólo como un gran arquitecto, sino como una persona iniciada en el mundo del eso-

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terismo sagrado, fue el escritor y politólogo Joan Llarch, cuando estaba éste preparando su magnífico libro Gaudí, biografía mágica (Plaza y Janés). Por aquel entonces, quedaban todavía por construir varios sectores de la fachada de la Gloria, el cimborio central de 170 metros, hecho en honor a Jesucristo, la torre de la Virgen María, de 125 metros de altura, y finalmente las torres de los cuatro evangelistas. Llarch nos presenta un Gaudí místico, iniciado en la alquimia, la simbología hermética medieval, la astrología y emparentado en ocasiones con los últimos grupos gremiales de origen medieval que posiblemente perviven todavía hoy casi ocultos en tierras francesas. Este gran arquitecto parecía estar dotado de unos profundos conocimientos en geobiología y fuerzas telúricas, ya que escogió –o mejor dicho,aceptó– posiblemente aquel lugar para edificar su obra maestra –aunque en un principio fuera adjudicada su construcción a Francisco del Villar–, pues creía que uno de los tres dólmenes prehistóricos que se sospecha tuvo Barcelona estuvo situado donde hoy se levanta la cripta del templo. Sobre esto último hay serias dudas, pues parece ser más que seguro que quien escogió exactamente el lugar fue un oscuro personaje, a medio camino entre el ilustrado coleccionista –además de editor– de libros raros y antiguos y el rico mecenas oculto, de


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