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Monasterio de El Escorial

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La boca

del

infierno


El lúgubre e impresionante monasterio de San Lorenzo el Real de El Escorial, construido por orden de Felipe II, es uno de los monumentos más emblemáticos de todo el mundo. Las leyendas cuentan que fue erigido para tapar nada menos que una boca del infierno, como ocurrió en otros recónditos lugares. ¿Qué se oculta tras sus gruesos muros de piedra…? Juan Ignacio Cuesta jicm77@gmail.com

uentan que cuando suenan las doce campanadas a medianoche en el monasterio de San Lorenzo el Real, en el pueblo madrileño de El Escorial, se escucha simultáneamente la risa del fantasma de Felipe II, el rey que lo concibió y mandó construir. Es una de las leyendas de este lugar mágico, sagrado, misterioso… y siniestro para muchos. Ésta se explica por el crotoreo de las cigüeñas que anidaban en sus tejados cuando no se impedía que pusieran sus nidos. Pero hay muchas otras, y la más notable entre ellas es la que afirma que con este colosal santuario, equiparable a cualquiera de las grandes pirámides egipcias, quiso tapar una de las puertas que conducían directamente al infierno… un infierno muy particular, como vamos a comprobar.

C

El Rey contra el Señor de las Tinieblas Felipe II de Habsburgo, uno de los mandatarios más poderosos de toda la historia de Occidente, fue un hombre del que hoy podemos decir dos cosas: era más un tecnócrata maniático que un monarca, y era inmensamente supersticioso. Si hoy día fuera a la consulta de un psiquiatra, seguramente le diagnosticarían un síndrome que explicara su particular personalidad, en la que se mezclaba un temperamento maníaco-depresivo con una aparente y sorprendente serenidad… y una de sus principales fobias eran el diablo, sus legiones de ángeles traidores, y aquel tenebroso reino del fuego que podría atormentarle eternamente. Por eso sus dimensiones política y espiritual fueron siempre a la par, y ésto se reflejó en su más magna obra, un colosal edificio sagrado que también habría de convertirse en símbolo de su poder y de sus creencias. Lo levantó atendiendo a una petición de su padre Carlos I y le consagró para siempre como máximo defensor de una manera un tanto fanática de vivir un catolicismo fundamentalista que ocultó –y oculta– algunos de sus devaneos heterodoxos. Nos cuenta el cronista oficial de la historia del edificio, el padre jerónimo fray José de Sigüenza, que para decidir cuál era el lugar idóneo donde edificarlo se convocó una comisión de expertos donde había “hombres sabios, filósofos, arquitectos y canteros experimentados en el arte de edificar para examinar la sanidad, la abundancia de aguas y aires… conforme a la doctrina de Vitrubio”. Se les incorporaron otros frailes de la Orden de San Jerónimo, buenos conocedores de la Biblia y de las “intenciones reales”. Éstos serían los primeros que habitarían la clausura del futuro monasterio para rezar continuamente por su fundador y su familia y así conjurar al “amo de las tinieblas”. Tras descartar otros lugares, se reunieron el 14 de noviembre de 1561 para visitar el sitio e informar al monarca. Iban presididos por uno de los secretarios personales de Felipe II, Pedro del Hoyo, viejo compinche del rey en realizar en secreto experimentos de alquimia en su casa de Madrid. En la crónica del padre Sigüenza se cuenta cómo transcurrió la jornada. Se presentó un tanto turbulenta, y en ello quisieron los piadosos investigadores ver una señal. Soplaba un viento muy fuerte y terminaron zarandeados por un violento huracán que “no les dejaba llegar hasta el sitio, y arrancó las bardas de la pared de una viñuela, arrojándolas sobre sus rostros”. Y, “de este viento, despertado tan de repente en esta ocasión, han conjeturado algunos, con no poco fundamento, cuánto le ha pesado al demonio que se levantase una fábrica donde, como de un alcázar fuerte, se le había de hacer mucha guerra”. Además, tomaron nota de viejas leyendas populares que hablaban de una mina cuyas galerías llegaban hasta las mismísimas puertas del infierno y por donde salía a veces el diablo envuelto en chispas. En eso se basan las afirmaciones de quienes piensan que el santuario fue construido para taponar ese acceso y poner su control bajo la tutela del Rey Prudente. Dicho así, todo parece explicable sin darle más vueltas. Pero


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