VERSIONES DEL CUENTO QUID PRO QUO, DE LUIS GARCÍA JAMBRINA. FPB2 Teresa Jurado Un día que pase por un bar, escuché como una mujer se quejaba de su marido a su amiga. Fui a preguntarle por qué al verla sola y me dijo que la dejara en paz que si no llamaría a la policía. Me gusta el dinero fácil y busco victimas débiles, como esa mujer. Por eso le plantee matar a su marido por un módico precio, y si al matarlo no me pagaba habría graves consecuencias. -Si no quieres que mate a tu marido, tienes que dejar que te viole. Dije yo con tono amenazante. -No, no voy a ceder a ese vil chantaje.- contestó ella. -Pues ya sabes lo que hay.-la amenacé. A los pocos días, manipulé los frenos y el marido se mató con el coche. Cuando se lo dije se le quedó tal cara de pánico que me dijo que no quería verme más. A los pocos días salimos en las noticias con este titular “Delito doble y un muerto de por medio”.
Nieves Martínez Un Día que pasé por un bar, oí a una mujer quejándose de su marido y la seguí hasta el metro. Cuando llegamos, me acerqué a ella. -Discúlpeme-Saludé-No he podido evitar oír lo que comentaba de su marido. -¿De qué me habla?-Preguntó ella preocupada. -Yo podría encargarme de esa bestia, si usted lo desea-conteste mirándola a los ojos Sus ojos azules se iluminaron -Te prometo que tú no estarás involucrada, solo me pagas 2000 euros y ese maldito no volverá a molestarte-Dije acariciando su cabello rubio cobrizo. Ella asintió. Semanas más tarde me llegó el dinero y me mandó la dirección de su casa. Cuando llegué, se oían sollozos para después oírse un portazo. Me acerqué al coche de él y corté los frenos. Me escondí justo cuando se monto en el coche, arrancó y vi como moría estrellándose contra un árbol, espere unos minutos mirando como el coche
quedaba destrozado, forcé la cerradura y entré, la vi sentada en el suelo con varios golpes en el rostro, me acerque y me senté a su lado. -Tranquila no volverá a molestarte nunca más-dice abrazándola
Cayetano Hermán Desde ese día he seguido haciendo este tipo de “encargos”, escuché a una mujer diciéndole a su amiga que ojalá su marido muriera. Simplemente me acerqué a preguntarle. -Oye, no he podido evitar lo que le decías a ella de tu marido. - Era una forma de hablar, no lo decía de veras. - Dijo ella. - Solo necesito dinero para hacer tus sueños realidad – Insistí. -¡Váyase de aquí! ¡Hijo de puta! – me gritó la muy pendeja. A partir de ahí empecé a informarme sobre ella, familia, vivienda, amigos, tiempo libre… La volví a ver y le insistí en si quería que siguiera nuestro trato. -¡No! ¡Solo era una forma de hablar! – volvió a gritar. En ese momento llegó a su amiga y me fui sin levantar sospechas. Desde entonces me preparé para acabar el encargo; dos semanas después maté a su marido, fui a una cabina de teléfono y la llamé: -Ya he cumplido mi parte del trato. Le doy una hora para dejar 3000€ en una bolsa en el contenedor de basura de en frente de su estudio. - No le voy a pagar – me dijo asustada. - Pues tendré que incriminarla; tengo pruebas de que los frenos están manipulados – le dije con descaro. - No puede ser…
María Muñoz Me gusta el dinero fácil y busco a victimas débiles para poder conseguir mi objetivo. Caminaba una tarde por las calles del centro y entre a un bar para tomar un café, entre tanta gente había dos chicas que se sentaron detrás de mí. Se pusieron a platicar y no me pude resistir a escuchar lo que estaban hablando (que si querían viajar juntas una semana de vacaciones en verano, que si no se qué, que si lo otro…), ¡bah! cosas de tías. Lo que más me sorprendió es que, al preguntarle la amiga por su marido, ella respondió algo que solo yo le podía conceder… deseó que su marido se muriera. Al salir del bar me fui detrás de ella donde se dirigió hasta el metro, me acerque a ella y le dije: -Discúlpeme, no he podido evitar escuchar lo que comentaba de su marido. -¿De qué me habla? – ella sorprendida me respondió. -Ya sabe… lo que le contó a su amiga en el bar y si usted quisiera yo podría convertir su deseo en realidad. -Pero está usted loco - exclamó.
-No se me ponga arrabalera. Si es por el dinero podríamos, llegar a un acuerdo. -¡Es usted un cabronazo! – me gritó. -Venga, si estas deseando deshacerse de su marido, se le ve en la cara… -Bueno, a veces sí, pero, por otra parte… ¿Cómo lo harías? ¿Sufriría mucho? Me da muchísima pena – me preguntaba ansiosa convencida del todo. Pasaron días después y me la volví a encontrar, me dio todos los detalles de su marido con pelos y señales. -Aquí tienes una foto de mi marido y el lugar de donde trabaja. -Mmm… me servirá -Espero que no falles y dejes pistas. – Me dijo un poco preocupada. -Yo nunca fallo y nunca me han pillado, no es la primera vez que lo hago señora. -Está bien, confiaré. Me tengo que ir adiós. -Adiós, pronto tendrás noticias. Después de dos días pensando en cómo hacerlo encontré el momento perfecto, él estaba ahí justo donde estaba yo sentado, aprovechando que entro a un banco fui corriendo a manipularme los frenos del coche. Al día siguiente me llamo la mujer arrepintiéndose de mandarme a matar a su marido, pero ya era demasiado tarde, le dije que quería mis 3000€ o mandaba a la policía las pruebas que la incriminaban.