Cuentos al estilo de El conde Lucanor Alumnado de 1ยบBachillerato de Adultos
Lo que casi le sucedió a una chica por perder su sonrisa Un día, hablaba el Conde Lucanor con Patronio de este modo: -Patronio, vos sabéis que siempre he sido un hombre de muy buen ver, cosa que me ha dado seguridad en la vida. Pero últimamente me noto algo viejo. Cuando sonrío ante el espejo veo unas horribles patas de gallo en mis ojos. Es por eso que estoy pensando en operármelas y no sonreír tanto y eso hace que tenga miedo de que la gente del pueblo me critique por mi superficialidad. Como confío mucho en vos, os ruego que me aconsejéis qué debo hacer. ─ Señor Conde –dijo Patronio-, para ayudarlo en esta cuestión le contaré la historia de lo que le pasó a una muchacha de inmensos ojos azules por dejar de sonreír. Señor Conde, en un pueblo del sur vivía una bella chica de nombre María, dueña de unos enormes ojos azules y de una hermosa sonrisa que alegraba el día de las personas con las que coincidía a su paso. Muchos eran los hombres del pueblo que la pretendían por estas virtudes, cosa que causaba mucha envidia a las demás mujeres. Un día, estaba María con su prima Rosa y esta, muerta de envidia, le dijo que había leído
en una fuente veraz que a las personas que sonreían mucho se les empequeñecían los ojos. Inmediatamente María dejó de sonreír, puesto que estaba muy orgullosa de sus preciosos ojos y no quería que cambiaran. Poco a poco los hombres del pueblo empezaron a dejar de pretenderla, cosa que entristeció a María, ya que su gran sueño era formar una bonita familia. Esto hizo que recapacitara y volviera a ser la chica alegre y soñadora de antaño, puesto que de poco le serviría tener unos hermosos ojos si no iba a poder compartir las cosas bellas que veía con otra persona, que era lo que más anhelaba. En muy poco tiempo todo volvió a ser como antes y a día de hoy está casada con el hombre más guapo y bondadoso del pueblo. Por eso, Señor Conde, es cierto que el paso de los años se va notando, pero no debe impedir que sigáis siendo la persona risueña y amable que todos conocemos; y con respecto a la decisión de operarse os diré que es un detalle indiferente, porque si seguís siendo la misma persona de siempre, las gentes del pueblo verán que usted no ha cambiado y os tratarán con el mismo respeto que os tienen. El Conde pensó en este gran consejo y al final decidió no operarse. Y como le gustó tanto este cuento, lo mandó poner en este libro e hizo estos versos: De nada sirve tener belleza si la tapa nuestra tristeza Mar Torres
Lo que le sucedió al ratón con su disfraz Hablando otro día el conde Lucanor con Patronio, su consejero, le dijo así. ─Patronio, viendo que ya tengo una edad voy reconociendo que el físico está cambiando ya que yo era muy apuesto y coqueto y ahora me siento menos atractivo y menos seguro de mi mismo ya que el tiempo me ha cambiado. Estoy pensando seriamente en hacerme algún retoque estético pero temo que la perdida de naturalidad afecte a mi rostro aparte de ser el centro de todas las habladurías de todo el pueblo. -Señor conde –dijo Patronio- para poderle aconsejar me gustaría que supiera lo que le sucedió a un ratón con su disfraz. El conde preguntó qué le había ocurrido -Señor conde Lucanor –dijo Patronio-, un ratón vivía en una ciudad donde la mayoría de sus habitantes eran gatos. El ratón estaba cansado de esconderse para poder salvar su vida. Cansado de todo, un día decidió disfrazarse de gato y así poder salir a pasear tranquilamente por la ciudad, donde en rara ocasión había podido transitar. Los gatos del lugar lo observaron y rápidamente se dieron cuenta de que el supuesto gato era en realidad un ratón disfrazado. Al ver esto, los gatos le tendieron una trampa. Lo invitaron a cenar con ellos y el ratón aceptó. Quedaron esa misma noche en un local muy famoso de la ciudad. Cuando el ratón llego los gatos lo estaban esperando, lo pusieron en una mesa y cuando más a gusto y cómodo se sentía entre ellos, uno de los gatos le quitó el disfraz y le dijo que
sabían que era un ratón por mucho disfraz que tuviera y que se lo comerían en el momento. El ratón intentó huir del lugar y tras un rato forcejeando consiguió escabullirse y así sobrevivir. Cuando llegó a su casa pensó que prefería vivir siendo un ratón aunque tuviera que esconderse antes que intentar ser otra persona y morir a causa de ello. Y a vos señor conde, os aconsejo que os quedéis como estáis puesto que por mucho que intentes cambiar es mejor ser lo que eres y que la gente lo reconozca así, que intentar cambiar para satisfacer a los demás.
El conde pensó que era un buen consejo y don Juan lo mando poner en este libro y hizo estos versos que dicen: Mantén lo que el tiempo te ha dado Si no quieres salir chamuscado Alejandro Pérez Acosta
Lo que sucedió a Teobaldo con su mujer Otra vez habló el conde Lucanor con Patronio en busca de sus sabios consejos, del siguiente modo: -Patronio, mi fiel amigo Teobaldo ha sido engañado por la desvergonzada de su mujer, que se ha ido con un mozo treinta años más joven que ella. ¿Qué crees que debería hacer? Tendrías
que ver cómo le ha dejado de hundido. No se le reconoce a simple vista, está triste, cuitado, muy desaliñado para su estatus, desaliñado como un pobre vagabundo. Oh, pobre amigo mío ¿Qué hago, Patronio? Cuando hubo terminado respondió Patronio: -Señor conde Lucanor, para que veáis lo que debéis hacer, se tendría que poner en su mismo pellejo. No es nada fácil esa situación y debe ser totalmente empático con su amigo Teobaldo. Le contaré una historia similar que le pasó a mi vecino y cómo yo le ayudé, señor conde. El conde, intrigado, le preguntó qué le había sucedido a su vecino. ─ Señor conde -dijo Patronio-, mi vecino estaba también casado con su esposa desde hacía mucho tiempo, pero ella, lejos de lo que le pasó a su amigo, le dejó, pero no por un tercero, sino porque ya no era feliz en su matrimonio, y se fue tan lejos como pudo para empezar una nueva y feliz vida. Lo que le quiero decir con esto es que la mujer de Teobaldo, fue cobarde mucho más tiempo y aguantó la infelicidad de su matrimonio hasta que apareció un tercero. Hágale ver a Teobaldo, que no todas las rosas son iguales, ni las mujeres tampoco, y que ese tercero, lleva consigo un refranero: quien corteja a una casada, la vida lleva prestada. Señor conde Lucanor, cómo habréis podido observar en esta pequeña historia, es que usted tiene que hacer ver a su
amigo Teobaldo que no ha perdido a su amada, sino que se ha liberado de un matrimonio y una vida infeliz al lado de alguien que no merecía el amor que le daba. Anímelo como usted bien sabe, que yo, señor conde sabré dar consejos y prestar ayuda, pero para animar a alguien como usted, no hay nadie. Al conde le agradó mucho lo que le dijo Patronio y le hizo ver cuánta razón tenía. Así que lo hizo así y su amigo cambió poco a poco al Teobaldo vitalizado que tenía por amigo, y al Teobaldo fiel que emprendió un viaje hacia la cumbre del olvido y la paz. Ana Isabel Espino
Lo que sucedió a la joven Erika ─ Patronio, ¿el cuerpo físico y su juventud es tan importante para una mujer? ─ Señor, para algunas mujeres sí lo será, pero para otras lo más importante es el amor. Perdone mi imprudencia, pero, ¿A qué se debe esta pregunta? ─ ¡Ah, mi viejo consejero! Le contaré lo que le ha pasado a un
amigo mío. Mi amigo Alfonso La Real, ha sido engañado por su mujer. Después de treinta años juntos de matrimonio, lo ha dejado para irse con un joven de treinta años. Patronio, dígame cómo puedo animar a mi viejo amigo que está destrozado por este suceso con su esposa. ─ Mi Señor, le voy a contar una historia que le va aclarar algo más las ideas y así podrá aconsejarle y animar a su amigo. El Conde Lucanor le pidió a su consejero que le contara aquella historia. ─ Bien, mi Señor, le relataré esta antigua historia – dijo Patronio. En un bonito pueblo italiano, llamado Forli Una bonita y joven pareja se conocieron Conoció en clases de hípica. Ambos concursaban con los caballos e iban a muchos lugares juntos. Cuando un día Luís, así es como se llamaba el joven, le expresó todos los sentimientos que tenía hacia A la joven Érika, ella le besó los labios, aceptando y confirmándole qué ella también tenía esos mismos sentimientos. Así, tan simple empezó un bonito amor. Tuvieron dos hijos. Cuando el hijo más chico tuvo 28 años y el mayor 30, ambos se independizaron. La pareja estaba volviendo a revivir una luna de miel, de nuevo los dos solos en casa. Sólo los fines de semana veían a sus hijos.
Así se llevaron durante cuatro años hasta que Érika le contó a Luís que ya no sentía el mismo amor que antes y que se estaba fijando en un compañero de clases de baile y que la atracción era mutua. Luís le preguntó que si era porque había envejecido más o por su físico que ya no era como antes y su esposa le respondió que no era por su físico, era porque ella quería salir, viajar, ir a clase de baile, etc. Y su esposo entendió que mujer le quería decir que él nunca la acompañaba a nada, siempre iba sola a todos los lados. Entonces Luis, le pidió sólo una oportunidad para volverla enamorar y ella aceptó. A los dos meses después de haber visto un gran cambio en su marido y en su relación con él, le comentó que ahora es era cuando estaba disfrutando de nuevo el amor, de saber que siempre era acompañada por su marido, al igual que cuando Luis quería ir algún sitio ella lo acompañaba. Y siempre juntos estuvieron disfrutando uno del otro del amor que se daban y de cómo se divertían los dos realizando sus actividades rutinarias. ─ Vos, Señor Conde Lucanor, si queréis darle el consejo a vuestro amigo Alfonso La Real, antes cuéntele esta historia y dígale que le pida a su esposa una oportunidad. Seguro que ella aceptará y juntos volverán. Piense, mi Señor, que cuando una dama se fija en alguien más joven que ella es porque de carencias padece su relación. Estoy seguro de que su viejo amigo sólo vive y está siempre metido en su casa y no acompaña a ningún lado a su esposa. ¿Me equivoco mi Señor?
-No, os equivocáis Patronio, vos sois muy sabio. Al Conde le gustó la historia y el consejo que le había dado su viejo consejero, así que decidió ir a visitar a su amigo Alfonso La Real. Y como a don Juan le agradó mucho esta historia, la mandó a escribir en este libro e hizo estos versos que dicen así: Empatiza más con los demás Y empatiza un poco menos en ti. Cristina Montero León
Lo que ocurre cuando el aspecto físico es un problema Otro día hablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, de este modo: ─ Patronio, vos sabéis que ya he cumplido unos años y mi atractivo se va perdiendo ¿Creéis que debería hacerme algún retoque estético, o debería dejar que mi rostro de forma natural y no avergonzarme de ello? ─Señor conde Lucanor –dijo Patronio—mucho me place esto que me contáis, y para que mejor os podáis decidir, me gustaría que supieseis lo que le ocurrió a Moisés.
─Señor conde –dijo Patronio –, os hablare de Moisés un hombre que por su vanidad quería tener el cuerpo perfecto. Hizo que todos los que lo rodean, sus padres, sus hermanos, incluso algunos de sus primos, les paguen le pagasen la primera operación estética. Con el tiempo, cuantas más operaciones se hacían, más perfecto se quería ver. Así pedía a sus amantes, tanto hombres como mujeres que tenían poder y dinero. La deuda en el aire quedaba, que luego cobrarían en el futuro. Chantajeando a sus amantes y pidiéndoles dinero pudo construir clínicas de belleza y manipulando las mentes de sus pacientes, creó la “cirutética” que es la obsesión por el cuerpo perfecto. Así moisés consiguió su cuerpo perfecto y ser la persona más vacía y superficial. Era el hombre más despreciado de este mundo. ─ Vos, señor conde Lucanor, si queréis, podéis decidir por los retoque pero si os decís por mostraros de forma natural, llevar una vida más sana y un poco más de ejercicio, a lo mejor vuestra juventud no se perdería tan pronto, y así os ahorraríais ser el blanco de las habladurías del pueblo. El conde tuvo este por buen ejemplo y rogó a Dios que le dejase hacer las obras que le convenían para que perdurara más su juventud. Porque don Juan tuvo este por muy buen ejemplo, lo hizo escribir en este libro, e hizo estos versos que dicen así:
La belleza está dentro La belleza está fuera Dime tú, alma mía Donde crees que la veías Carmen Galeras
Lo que sucedió a las hormigas y al cuco Hablando otro día el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, le dijo: —Patronio, un hombre que se llama emprendedor, me vino a convencer, para que le diera una subvención, y le quitara las multas de su empresa, las cuales fueron por no tener contratados a sus trabajadores. Me decía, que su empresa creaba empleo, y se quejaba de la competencia desleal que tenía, con los vendedores ambulantes que vienen de otras partes del mundo. Entonces el conde contó a Patronio el trato que el empresario le proponía, y aunque parecía efectivamente de mucho interés, Patronio descubrió que pretendían engañar al conde, manipular a sus trabajadores, poniéndolos a pelear entre ellos. También injuriaban a los vendedores ambulantes, los cuales compraban productos de su empresa para venderlos como podían. Por eso le dijo:
—Señor Conde Lucanor, debéis saber que ese hombre os quiere engañar y así os dice. Por eso, para que evitéis ese engaño que os prepara, me gustaría que supierais lo que sucedió a las hormigas, y el pájaro cuco. Y el conde le preguntó lo ocurrido. —Señor Conde Lucanor —dijo Patronio—, el cuco encontró un día un hormiguero que estaba escaso de comida y puso en él un trozo de pan. Así se comía las hormigas mientras ellas iban saliendo. Se proclamaba dueño del hormiguero y forzaba a las hormigas hacerle otros trabajos. Alrededor del hormiguero, había más viviendas de hormigas negras. También convivían con hormigas rojas, las cuales, eran menor cantidad, porque llegaron del bosque arrasado por el fuego y subsistían como mejor podían y ayudaban a las hormigas autóctonas. Los pájaros trataban a cada hormiguero de diferente manera: unos con la ley de la selva, como la codorniz, que se puso de acuerdo con la reina de las hormigas para que limpiaran y cuidara su nido y a cambio les proporcionaría cereales. Otros, como el cuco o el cuervo también se excedían del poder que ostentaban. El cuco uno de los días que puso un trocito de pan en su hormiguero, vio a unas hormigas, una roja, que cogían unas migajas de pan que se le había caído a otra. EL pájaro, indignado por lo que vio, fue a ver el águila a quejarse, al rey de las aves. Le conto que le estaban robando y el jefe de la banda de las
hormigas era roja, una clase de hormiga que, según el cuco, era lo peor por ser diferente. El águila se reunió con la reina hormiga para informarle de estos hechos Ella puso en conocimiento de lo ocurrido a su hormiguero y las hormigas fueron condenadas junto con todas las rojas. Sabían que otro día cualquiera de ellas iba a coger esas migajas de pan por necesidad. Mal de necesitados, beneficio de aprovechados. Ramón Gómez Copado
Por el amor no se muere Un día habla el Conde Lucanor con Patronio de este modo: Patronio, un amigo mío se encuentra deprimido porque su esposa lo ha dejado después de treinta años de matrimonio, para marcharse con un chico treinta años más joven que ella. Él siempre ha sido buen hombre, admirable y con una gran vitalidad. Ahora se encuentra muy mal, no se reconoce a sí mismo y no sé como animarlo. Patrio le dijo: Para ayudarle con este
“problema” le contaré una historia que le pasó a un gran hombre por dejar de enamorar a su esposa todos los días. Señor Conde, En una ciudad llamada Córdoba vivía una mujer bellísima llamada Carmen. Le aseguro que podría enamorar a cualquier hombre que pasara por su camino, pero estaba casada con un gran señor llamado Luis Carlos. Luis Carlos casi siempre, por no decir siempre, estaba con su mujer, ambos muy románticos, alegres. Se hacían felices uno al otro y se ayudaban en todo, tanto malo como bueno, porque de eso se trata, señor Conde, el amor. Carmen con el paso del tiempo veía que Luis Carlos no era el mismo, la descuidaba un poco más cada día. Eso a ella no le gustaba y decidió salir con sus amigas. Un día salió con ellas y vio a un hombre totalmente diferente a Luis Carlos y surgió, por así decirlo, el amor a primera vista. Ahí es cuando Luis Carlos se dio cuenta de que había descuidado a su mujer, que no podría tratarla un día con un sentimiento y otro día con otro, que el amor es bonito y lo importante es querer bien. Señor Conde, Luis Carlos se dirigió a Carmen para decirle que le perdonara, que todo había sido un error por su parte y se mostró muy arrepentido. Pero ella le dijo que lo sentía que ella no creía en que él cambiaría. Luis Carlos se sintió muy mal, pero gracias a la ayuda de un psicólogo todo cambió y está aún más feliz.
El Conde pensó en este gran consejo para su gran amigo y esté decidió que el podría superarlo gracias a un psicólogo. Al Conde le gustó mucho y decidió llamarlo Por el amor no se muere Carmen Maya Vela
Los viajes del conde Una vez estaba hablando apartadamente el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, y le dijo: ─ Patronio, hoy llegará a casa un señor que nos dará una gran noticia para todos. Patronio le pidió que le contará contara tal cosa. ─ Ese señor que a media tarde llegará nos ofrecerá a la familia una cantidad de dinero muy amplia que muchas cosas pueden hacerse con tal. Podemos comprar una nueva casa para mi hijo o podemos viajar, tal como mi esposa quiere. He ahí la gran duda del asunto, Patronio, porque mi idea es la de comprar una nueva vivienda para que mi hijo, el cual desea casarse pronto, pueda disfrutar de su nuevo hogar libremente. La esposa del conde llegó y comentó: ─ Esposo mío, el dinero para nosotros debe ser, ya que ganado con nuestro sudor es. Nuestro hijo su dinero tiene ya y en un futuro no muy lejano, su casa con su amada tendrá. El conde le responde que no se debe ser egoísta puesto que su hijo es la primera opción y el dinero debe ser para su casa.
Patronio les dijo a ambos. ─ El dinero, señores míos, es un bien preciado que debemos dar a los que más lo necesitan. Finalmente tras una larga charla el conde decidió hacerle caso a su esposa y emprenden un viaje a lo largo del mundo, Visitando las pirámides de Egipto, la Muralla china, la Torre Eiffel y, por último, Venecia, para dar un paseo en góndola. Al volver el conde y su esposa encontraron que su hijo puso había puesto a medias todo su dinero con su amada sino que esta, separándose de él el mismo día que Llegaban, se quedó con todo su dinero. EL conde que pensaba que su hijo dinero podría prestarle pues Habían gastado más de la cuenta. Se Dieron cuenta de que ahora sin dinero estaban por no ser precavidos. Patronio le dijo al conde. ─Señor conde como bien le dije el dinero es algo preciado que para emergencias debemos guardar y para la próxima ya lo debe saber. Como dice el refrán “come a gusto y placentero, y que ayune tu heredero” Rafael Bueno Moreno
El dinero del Conde Otra vez habló el conde Lucanor con Patronio, su consejero, del siguiente modo: ─ Patronio, la duda me está matando. He recibido un gran dinero con el que no contaba y mi amada sólo ansía gastarlo en viajar y ver mundo, pero no sé si guardarlo para mi hijo, que pronto se casará y marchará a vivir con su querida esposa. Cuando hubo terminado, respondió Patronio: -Señor conde –dijo Patronio-, gaste el dinero en lo que más le apetezca, pero preocúpese y mire bien vos por su hijo, que en un futuro no muy lejano, él tendrá que mirar y preocuparse por vos. Nunca es tarde para ver mundo y nunca se es demasiado anciano para viajar. Vos, señor conde Lucanor, como habréis podido observar, cuando tenemos dinero nos preguntamos en qué gastarlo cuando deberíamos preguntarnos en qué invertirlo. No es lo mismo invertirlo que gastarlo. El dinero invertido no siempre se gasta, he ahí la diferencia. Al conde agradó mucho lo que dijo Patronio, dándose cuenta de que era mejor invertirlo en una vivienda para su hijo que gastarlo en viajar. Ángel Perea