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Escuela Juvenil de Formación Ignaciana ReDar 2021

JUVENTUDES ARTESANAS DE ESPERANZA EN NUESTROS TERRITORIOS


Contenido 1. ¿Qué es ReDar? 2. El territorio es nuestra pesca 3. ReDar 2021: Artesanas de Esperanza 3.1. Cronograma 3.2 Estructura formativa [módulos] 4. Nuestra Metodología 4.1. (I) Circulo de saberes 4.2. (II) Ideas Fuerza 4.3. (III) Experiencias 4.4. (IV) Diálogos Cardoner 5. El territorio es la vida de Francia Márquez 6. Poema “Juventud bien ida seas” 7. Conexión Vital

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Editores de contenido Equipo ReDar 2021

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Diseñadora Marla E. Guarin


¿Que es ReDar? “Redar es un espacio en donde los jóvenes de distintas regiones del país se unen con el fin de compartir un diálogo de saberes, en el que se vislumbra las realidades que viven, sus expectativas y sueños, además de las propuestas que se plantean para mejorar esas realidades. Y todo esto se hace en una gran pesca” Diana Valencia, Nariño “Redar es una combinación de culturas, de personas, enseñanzas. Es un espacio en el cual de alguna manera dejamos lo que somos y así mismo recibimos de los demás. Es una oportunidad para pensarse el país de otra manera, que no todo es una utopía” Ana Lucía Arutro, Valle - Pacífico.

“Redar es una oportunidad de recoger frutos a nivel nacional, donde los jóvenes toman riendas del futuro del país de modo que logremos construir y concientizar realmente estos ideales” Juan Pablo Maya, Antioquia “Redar es la construcción comunitaria de espíritus jóvenes que sueñan un país espiritual, social y políticamente reconciliado” Francisco Gabriel López, Nariño

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“Para mi Redar es la oportunidad de encontrarse con otras personas de diferentes partes de mi país con diferentes contextos y puntos de vista, y dialogar sobre la importancia inmortal de la reconciliación y crear maneras de animar a otras personas a caminar hacia ella” Juan Felipe Marín, Bogotá “Redar es un proyecto que le permite a los jóvenes conocerse y aprender y, sobre todo, a desarrollar habilidades y crear, ver la vida desde otro punto y darles soluciones a los problemas” Ingrid Ríos, Valle - Pacífico

La Escuela Juvenil de Formación Ignaciana es una propuesta de la Red Juvenil Ignaciana que nació en el 2018. Su objetivo es brindar una formación participativa, colectiva y experiencial a jóvenes que lideran procesos regionales en la Provincia Colombiana de la Compañía de Jesús. Nuestra Escuela no pretende ser un espacio de cátedra, en donde se exponen unos temas y los participantes reciben información; se trata, en realidad, de generar espacios donde los jóvenes, desde sus experiencias y conocimientos, sean los protagonistas. Redar es una apuesta profunda por el diálogo de saberes, en donde todos y todas, adultos y jóvenes, acompañantes y participantes, compartimos nuestro saber y lo ponemos en diálogo con los demás. De allí surgen conocimientos que buscan potencializar y articular los procesos que los y las jóvenes lideran en sus territorios. Redar hace referencia a la acción de lanzar la Red. Es enredarnos en sentidos, experiencias y conocimientos. Lanzar nuestros sueños y añoranzas hacia un futuro esperanzador, y en esa búsqueda, pescar nuevos conocimientos. De esta manera, Redar se constituye en un espacio donde los jóvenes se piensan a sí mismos desde un diálogo auténtico de saberes, asumiendo como punto de partida sus experiencias, perspectivas y conocimientos previos, reconociendo su capacidad de agencia y liderazgo para la transformación de realidades injustas de nuestro país. Este diálogo de saberes juveniles, como le hemos denominado en la Red Juvenil Ignaciana, pone en evidencia la necesidad de recoger las múltiples perspectivas juveniles sobre nuestras realidades humanas, desestimando por completo los prejuicios, las representaciones, las prácticas, los discursos y los presupuestos dados sobre los jóvenes. Somos los jóvenes narrándonos a nosotros vmismos.

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El Territorio es nuestra pesca

Somos pescadores de Latinoamérica. Somos el resultado histórico de resistencias, mezclas y añoranzas de transformación. Desde esta historia nos narramos, desde allí alistamos nuestras atarrayas, canoas y fuerzas milenarias. Pescamos en el rincón noroccidental de Sudamérica, somos pescadores de Colombia. Recibimos la herencia indígena, africana e hispana. Aquí nos situamos, aquí pescamos.

Somos pescadores de experiencias. Nuestro saber viene de lo que hemos vivido, de lo que hemos recogido con nuestra red. Pescamos en los mares y en los ríos, somos ribereños, nuestra vida se ha dado en el agua, en los caudales y las mareas, pero también en la cordillera, donde se abre paso nuestra herencia andina, nuestro campo y el poder sobrenatural de nuestra tierra. Somos pescadores citadinos, pescamos en los barrios, en las escuelas y en las calles, en el murmullo, en las movilizaciones y en el silencio. Somos pescadores de tierra fría y de tierra caliente, nuestra piel es de diferentes colores, nuestros 5


acentos varían según el lugar de la pesca. Y aunque nuestras redes no lucen desgastadas, pues la juventud es nuestra virtud, tenemos en común que salimos al encuentro, lanzamos nuestras redes para enredarnos con otras, recoger lo nuevo aprendido y fortalecernos, siempre fortalecernos, para llegar más lejos con nuestra próxima pesca. Somos jóvenes pescadores. Aunque algunos subestimen nuestra pesca, lanzamos con nuevos movimientos, aprendemos rápido las últimas destrezas, nos juntamos para pescar mejor. Somos diversos, desde allí aprendemos a pescar; somos movimiento, esa es nuestra fuerza natural; somos pensamiento crítico, creemos que un mundo mejor es posible; somos comunidad, compartimos la vida, nuestra fe y nuestra espiritualidad; somos transformación, desde ya, con nuestras redes, lideramos el cambio. Somos pescadores que buscan la reconciliación de todo aquello que ha sido fracturado. ¡Lanzamos nuestras redes para transformar nuestros territorios! 6


2021

ReDar

Artesanas de esperanza


Este año, tomando como base las experiencias y conocimientos compartidos en el 2020, en nuestra

Nuestra escuela se llevará a cabo con la participación de 50 jóvenes que lideran y/o acompañan procesos juveniles, pastorales y comunitarios en 8 regiones de la Provincia. Como se describe en el siguiente cronograma, entre el 12 de junio y el 31 de julio, Redar se realizará en una modalidad de 5 encuentros virtuales y 1 encuentro presencial a nivel regional. De igual forma, como se indica en el cronograma, la estructura formativa de la escuela está conformada por tres módulos distribuidos de la siguiente manera: Reconocimiento En este módulo los participantes harán parte de un grupo temático según sus intereses y búsquedas. Los grupos temáticos son los siguientes:

Territorio Este módulo se realizará en un encuentro presencial a nivel regional. Cada región llevará a cabo este encuentro con sus respectivos participantes. En este módulo, como su nombre lo indica, el centro es el territorio; buscamos propiciar un diálogo de saberes alrededor del territoPresencial rio desde la espirituaConstrucción de paz lidad, la construMe mo cción de paz ria Diálogo de Saberes y la memoria. Territorio

Escucha nuestra invitación de apertura: https://drive.google.com/file/d/1f9vE6MmviAnuH5OrJnfKv4h-LSonj4kO/view 8

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Formativa

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Estos grupos serán interregionales, y por medio de metodologías dinámicas y participativas, profundizarán en la temática que les corresponde abordar.

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Espiritualidad y territorio Memorias y verdades de nuestros territorios. Construcción de paz en nuestros territorios.

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gran pesca de reconciliación, queremos hacer un llamado a seguir siendo Juventudes artesanas de esperanza en nuestros territorios. Los territorios que habitamos los y las jóvenes son los lugares donde se da la vida, donde se generan transformaciones sociales, comunitarias y espirituales que lideramos como jóvenes. Este año queremos centrarnos en el reconocimiento y la transformación de nuestros territorios desde la espiritualidad, la memoria y la construcción de paz. Nuestro objetivo este año, por tanto, es propiciar, por medio de un diálogo de saberes juveniles, la generación de conocimientos ad alid itu que contribuyan en la transformar i p Es ción de nuestros territorios. Nuestra Escuela no pretende ser Co ns tru cc en un espacio exclusivamente de nu de p ión e a te rrit stro z or s cátedra, en donde se expoios Me mo yv rias nen unos temas y los partide n erdade s ue terr stros itor cipantes reciben informaios ción; se trata, en realidad, Espiritualidad y Territorio de generar espacios donde los y las jóvenes, desde sus experiencias y conocimientos, sean los protagonistas.

1. 2. 3.

Conexiones Por último, a partir del diálogo generado en el módulo de territorio, buscamos profundizar en las temáticas del módulo uno, reconocer nuevas conexiones, aprendizajes y perspectivas. En este módulo los participantes se vuelven a integrar, de manera virtual, a los grupos temáticos conformados en el módulo 1.


Nuestra

Metodologia Circulo de saberes

Ideas Fuerza

I II III IV

La propuesta metodológica de Redar está fundamentada en las posibles conexiones que se pueden establecer entre los saberes juveniles,

Experiencias

Dialogos Cardoner

la espiri tualidad ignaciana y la generación de nuevos conocimientos. En esta búsqueda metodológica hemos constituido 4 bloques que, unidos entre sí, confor man un solo cuerpo formativo. De esta forma, cada módulo temático, a pesar de contemplar distintos objetivos, está constituido por la misma estructura.

(II) Ideas fuerza

En un formato de taller, y tomando como base las experiencias compartidas en el círculo de saberes, el equipo acompañante de Redar lidera un espacio de formación sobre la temática a trabajar. En este bloque se pretende compartir algunas <<ideas fuerza>> con los y las participantes; estas ideas pueden ser alimentadas de conceptos, mensajes y marcos teóricos que queramos compartir en la escuela. Estas ideas, junto a los conocimientos y experiencias de los y las jóvenes, serán el principal insumo en la generación de nuevos conocimientos.

(III) Experiencias

Por medio de la participación de actores externos, en este bloque buscamos reconocer distintas experiencias alrededor de la temática a trabajar; buscamos, por tanto, que los participantes puedan encontrarse con escenarios que nos permiten ampliar, reforzar y/o contradecir lo trabajado en los anteriores bloques. Aquí es importante centrarnos en las prácticas de espiritualidad, de memoria y de construcción de paz que constituyen las apuestas trans formadoras de las experiencias compartidas.

(I) Círculo de saberes En Redar hemos definido un punto de partida: los saberes y experiencias de los y las jóvenes. En este espacio, además de generar un primer reconocimiento entre participantes y acompañantes, buscamos circular la palabra de los jóvenes, así como sus conocimientos y experiencias previas frente a la temática que vamos a abordar durante el módulo. A partir de una metodología participativa, donde el centro es la palabra, la voz, el relato, nos acercamos a las nociones, ideas, percepciones y experiencias de los y las jóvenes.

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(IV) Dialogos Cardoner

Estos diálogos buscan que acompañantes y jóvenes veamos la novedad en lo ya conocido. En este bloque buscamos indagar, por medio de diálogos espirituales, sobre lo nuevo aprendido, reconociendo los aprendizajes, explorando las sensaciones y los movimientos producidos a lo largo del módulo trabajado. El nombre de este bloque hace referencia a una experiencia vivida por San Ignacio de Loyola en el río Cardoner, muy cerca de Manresa. En el número 30 de su autobiografía San Ignacio relata: “Una vez iba por su devoción a una iglesia, que estaba poco más de una milla de Manresa, que creo yo que se llama san Pablo, y el camino va junto al río; y yendo así en sus devociones, se sentó un poco con la cara hacia el río, el cual iba hondo. Y estando allí sentado se le empezaron abrir los ojos del entendimiento; y no que viese alguna visión, sino entendiendo y conociendo muchas cosas, tanto de cosas espirituales, como de cosas de la fe y de letras; y esto con una ilustración tan grande, que le parecían todas las cosas nuevas. Y no se puede declarar los particulares que entendió entonces, 10aunque fueron

muchos, sino que recibió una grande claridad en el entendimiento; de manera que en todo el discurso de su vida, hasta pasados sesenta y dos años, coligiendo todas cuantas ayudas haya tenido de Dios, y todas cuantas cosas ha sabido, aunque las junte todas en uno, no le parece haber alcanzado tanto, como de aquella vez sola. Y esto fue en tanta manera de quedar con el entendimiento ilustrado, que le parecía como si fuese otro hombre y tuviese otro intelecto, que tenía antes”.


Para muchos, el territorio es una fuente de riqueza acumulativa, un patrimonio que se puede vender y comprar, simplemente una propiedad privada. Sin embargo, la crianza comunitaria impartida por las mayoras y mayores de la comunidad en la que me crié me enseñaron a comprender, ver y sentir el territorio como un espacio de vida, de construcción colectiva y comunitaria. Un espacio donde se recrea la cultura, donde se tejen relaciones de familia extensa y a su vez reglas de derecho propio o consuetudinario sobre el relacionamiento con el entorno, con la naturaleza. Estas enseñanzas desde la sabiduría ancestral me han permitido entender la filosofía ubuntu: «el soy porque somos». Esa filosofía no solo nos recuerda el vínculo entre los seres humanos, sino también con la naturaleza, la cual nos permite entender que no somos sus dueños, sino parte de esta. Por tanto, cuidar la casa grande, la madre tierra, la pacha mama, es cuidarnos a nosotros mismos. Entendemos que el territorio se teje a partir de relaciones entre los seres humanos y los otros seres con quienes lo cohabi tamos. De otro lado, comunitariamente hemos aprendido a

He vivido el territorio en forma organizativa, comunitaria, familiar e individual, de distintas maneras. Por un lado, desde el sentido de comunidad, el territorio nos ha permitido ser Pueblo Negro a partir del desarrollo de nuestras identidades colectivas e individuales. El territorio es el espacio para el Ser, aquí ponemos en práctica los saberes ancestrales de nuestra cultura, los cuales se trasmiten de generación en generación. En lo individual, el territorio me ha permitido autoreconocerme y autodeterminarme como una mujer negra, cuidadora de la vida. De las parteras o comadronas, los sabedores y sabedoras, las mayoras y mayores hemos aprendido sus enseñanzas sobre la importancia de cuidar los ecosistemas del territorio, en tanto en estos se encuentran las plantas medicinales que ayudan a parir la vida, curar las enfermedades del espíritu y del cuerpo. De igual forma los agricultores y agricultoras nos han enseñado a usar las fases de la luna, a sembrar desde la diversidad de cultivos y a usar elementos del mismo entorno para alimentar los suelos, que a su vez nos proveen alimentos. Estos saberes o formas de cultivar no solo generan una autonomía y seguridad alimentaria, sino que permiten un equilibrio armónico con la naturaleza.

El Territorio es la

De otra parte, los saberes en la minería ancestral nos

el territorio como padre y madre, tal como constantemente nos lo recuerda Paulina Balanta: «El territorio es la dignidad y esta no tiene precio».

El territorio para el pueblo negro es la posibilidad real de parir la libertad, la autonomía, la autodeterminación, es nuestro espacio para el ser. Por ello con frecuencia arengamos: el territorio es la vida y la vida no se vende, se ama y se defiende, así mismo la sabiduría comunitaria nos demuestra que el territorio es la vida y la vida no es posible sin el territorio.

Vida Vida Francia Márquez

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han permitido entender que, si bien esta es una actividad que permite condiciones económicas, hacerlo usando principios y valores comunitarios le da un sentido cultural, donde el autocuidado y la conservación siempre están presentes. Algunos de esos principios se basan en la solidaridad, el trabajo colectivo, el uso de los conocimientos ancestrales, como el empleo de plantas medicinales para curar o limpiar el oro, en vez de emplear mercurio, además de la utilización de un sistema de producción propia que permite realizar la minería articulada a otras actividades como la agricultura, la pesca, la cacería y la elaboración de artesanías, entre otras. A fin de mantener un equilibrio, es decir que la minería no es la única actividad que la comunidad realiza para su sostenibilidad económica, esta se entrelaza con muchas otras. Vivir el territorio también es sentir el espíritu de la naturaleza que nos habla, que nos guía, que nos inspira a entender nuestra relación con este, relación que se liga a partir de prácticas y sentires comunitarios que se tejen entre la vida y la muerte, a partir de creencias, de actos fúnebres realizados de manera específica en un territorio o comunidad. También el territorio y los elementos que lo integran son una inspiración que define los dialectos, nuestras formas de hablar, de narrar, las gestualidades corporales, la gastronomía, la forma como nos vestimos, la música, los bailes, nuestras formas de danzar, sin duda puestas en escena en medio de la cotidianidad, que le dan sentido mágico a la vida en comunidad. El territorio con todo lo que lo integra le da sentido a mi vivir individual y colectivo. Desde otro punto de vista, el territorio ha sido un escenario de permanentes disputas de intereses económicos y políticos. Sobre ellos se ha impuesto la visión del desarrollo hegemónico que ha usado la violencia armada, el racismo estructural, el patriarcado y las políticas de muerte como formas de dominación, exclusión, marginalidad y desposesión de derechos étnicos territoriales para favorecer a la supremacía blanca de este país. Estas violencias estructurales han afectado el territorio y a quienes somos parte de él, en su mayoría pueblos negros, 12indígenas y campesinos racializados, empo-

brecidos y violentados. En gran parte de la geografía colombiana nuestras vivencias territoriales han estado tristemente definidas por estas situaciones de violencia impuestas. Situaciones que han deshumanizado nuestro ser y puesto el territorio en una lógica de mercado, donde el desarrollo se mide a partir de la acumulación de capital económico y no desde la redistribución social y conservación ambiental. Esto, por supuesto, se enmarca en una política de muerte que nos ha llevado a vivir sistemáticas violaciones a los derechos humanos, tales como: destierro, desplazamiento forzado, amenazas de muerte en forma permanente, asesinatos, masacres, violencias sexuales, exclusión en términos de inversión social por parte del estado, militarización y control territorial por parte de actores armados que dejan como resultado violencias, además de las afectaciones ambientales que de manera directa el territorio ha vivido, son una amenaza constante frente a una vida armónica entre el ser humano y el territorio como fuente de vida.


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Un cuerpo que se alza con pereza porque el aire le pesa y el vestido. Sin sed ni preguntas, la boca cae, Caen también los pechos, tela de seda ajada, y son frutas secas los pómulos maquillados. Los ojos hundidos no miran hacia afuera Para ver el cojín desgonzado en el sofá o la luz que recalienta las flores; pasa ahora por ellos lo invisible, como una cara que ya no es o el verde acero de un río paralizado para siempre en la memoria. Juventud, bien ida seas: Heroína de las fábulas mentirosas Vestida con ropas prestadas, bien ida seas. Te llevas el coqueteo de los espejos y la alegría de gastar un cuerpo joven. Pero cómo añorar los turbios monólogos del amor, Las tardes de sábado con sus afanes fracasados, Aquella espera ciega de algo que no llega Y tanta playa, vino y rosas, piernas desnudas que anunciaron infiernos y paraísos y sólo serecuerdan después con un bostezo.

Juventud, bien ida Seas

Juventud, bien idea seas, es el momento de cambiar de sueños.

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Graham Greene


¡Bienvenidos y bienvenidas a conexión vital! Un espacio para reconocer nuestra espiritualidad, cuyos movimientos están ligados al movimiento de la humanidad, la tierra y el cosmos. Escucha nuestro Podcast: https://soundcloud.com/nicolas-herrera-726654527/espiritualidad

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