N° 01 AÑO I. FEBRERO 2012
CERRO NILONTRARO (LONCOTRARO) FOTOGRAFÍA CAROLINA SÁNCHEZ A..
AGRUPACIÓN ESCRITORES DE ERCILLA
EDICIÓN 127° ANIVERSARIO COMUNA DE ERCILLA
A UNA GRAN MAESTRA
Leo. Mujer de figura cansada; de pelo blanco y hermosos ojos, se te vio afirmada en un bastón de madera, para poder sostenerte. Los cien años que llevabas a cuestas; quitaron la fuerza a tu frágil cuerpo, y sin embargo igual recorrías, las calles de tu Pueblo. Tú que al saludarte; respondías con una sonrisa angelical, quizás, para ocultar, la terrible soledad que estabas viviendo. Fuiste la mejor de las Maestras; porque diste todo por la enseñanza de tus alumnos, y esos mismos contigo, se portaron ingratos. Tú que perdiste otros horizontes; por quedarte con tus niños, y por quedarte con ellos, tuviste que esperar aquí el Invierno. Otros niños, y la gente de tu Pueblo; lloraron tu partida, y la tierra donde viviste, ansiosa de tenerte con ella, con mucho amor te recibió.
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LAS FIESTAS PATRIAS DE FRANCISCO ULISSES CASTRO PLAZA 1° LUGAR Categoría 11 a 15 años Colegio San Francisco de Asís Concurso de Cuentos “18 en mi Comuna” Septiembre de 2011. Había una vez un niño llamado Francisco que un día llegó a Ercilla; él no entendía mucho sobre el 18 de septiembre porque era un extranjero que provenía de España. Conoció a Samuel, un niño de 10 años, que se hizo su mejor amigo, y un día Francisco le preguntó, ¿Samuel, que significa el 18 de septiembre? pero Samuel tampoco sabia lo que significaba. Entonces le preguntaron a la mamá de Samuel. Pero ella no recordaba mucho de su infancia y entonces les dijo de lo que se acordaba: el 18 de septiembre se celebra la independencia de Chile y a esa fiesta le llamamos las Fiestas Patrias, en donde celebramos con comidas, fiestas y juegos: Las empanadas, las típicas sopaipillas con pebre y los ricos asados; las ramadas; el juego del trompo, el emboque y los volantines. Samuel entendió, pero Francisco no entendió mucho por que era de España y como Samuel era de Chile, entendió. Samuel llevó a Francisco al desfile, al que le gustó mucho y después fue a compartir un rico asado con la familia de Samuel. En la escuela de Samuel hicieron una cuecada y le enseñaron a Francisco a bailar cueca, de primera le costo aprender, pero después Francisco se convirtió en un gran bailarín de cueca. Al atardecer Francisco fue a su primera ramada con su amigo Samuel, en donde comió muchas empanadas, un rico asado y sopaipillas con pebre, el que le picó mucho en su boca. Al terminar el día entendió lo que era el 18 de septiembre y muy contento se fue a casa a contarles el entretenido día con su mejor amigo chileno a sus padres. Al llegar a casa, Francisco le contó todo sobre el 18 de septiembre y además le dijo lo que significaba; - ¿y conociste a un amigo? - pregunto la mamá,-sí, mañana te lo presento-respondió muy feliz. A la mañana siguiente los padres de Francisco conocieron a Samuel; -es un niño muy tierno, exclamaron los padres, y lo invitaron a almorzar. La mamá le dio una mala noticia a Francisco: mañana vuelven a España, por que se terminaron nuestras vacaciones. Muy triste Samuel se fue a su casa, muy apenado por la noticia. En el aeropuerto; Samuel se despidió de Francisco, dándole un recuerdo, para que no se olvidara de su amigo chileno y también del hermoso día que habían pasado juntos. Al llegar a España, Francisco en su escuela le contó a sus compañeros lo que hizo en sus vacaciones en Chile y también que conoció a su mejor amigo, que era de Ercilla, Samuel. Los compañeros se quedaron muy sorprendidos con su historia, pero había algunos que no creían y entonces les mostró el recuerdo que le regalo su amigo y después de mostrarle al verlo le creyeron. Samuel se quedó muy triste pero a la vez feliz por que cada año, en el mes de Septiembre Francisco venia de vacaciones a celebra las “Fiestas Patrias” a la comuna de Ercilla.
Fin 2.-
EL DIECIOCHO EN MI COMUNA MATÍAS LEVÍO RIQUELME 2° LUGAR Categoría 11 a 15 años Escuela Salvador Allende de Pailahueque Concurso de Cuentos “18 en mi Comuna” Septiembre de 2011. Érase una vez un niño que se llamaba Pedro, le gustaba mucho el dieciocho y siempre, para estas fechas, salía con sus amigos a jugar al trompo, elevar volantines y disfrutar de todos los juegos típicos. En las tardes de septiembre pasaban horas divirtiéndose juntos sin parar. Cada año competían por ver quién era el mejor en distintos juegos típicos de nuestro país, pero un día se pelearon porque un niño que observaba el juego le pegaron con un trompo en la pierna, y Pedro, su hermano mayor, que estaba jugando con ellos, se enojó mucho y agredió al causante de esto. Mas tarde, Pedro llevó a su hermano menor al hospital, allí se juntó con el otro niño, y ya menos enfadado, se disculpó con él, y volvieron a jugar juntos. Luego de esto se fueron a elevar volantines por el resto del día y como siempre competían por ver quién llegaba más alto y lo elevaban por más tiempo. Al otro día se fueron para la escuela a desfilar con el resto del colegio frente a todas las autoridades y tuvieron el mejor desfile nunca antes visto. Representaron muy bien a su comuna y en especial a su colegio Salvador Allende Gossens. En la tarde Pedro y su hermano fueron a la velada para participar en una obra realizada por su curso y también competir en el concurso de cueca junto a sus amigos, ganando el segundo y tercer lugar consecutivamente. Después de la velada, fueron a comer un asado con su familia para celebrar las mejores fiestas patrias que han pasado en todo su vida. Más tarde volvieron a jugar trompos y siguieron su vida normal, excepto por una cosa, llevaron a su escuela una linda propuesta de vida: ser niños responsables y estudiosos que les permitan el logro de todas sus metas, sus sueños e ideas y hacer que el desafiante futuro sea más llevadero. Al año siguiente quisieron superar sus metas, ser mejores, y así lo hicieron. Fueron los mejores en todo lo que hacían, solo les faltaba superarse en la ejecución de nuestro baile nacional. Ensayaron hasta caer rendidos, pero ese esfuerzo rindió sus frutos; cuando fueron a competir superaron a todos sus contrincantes y ganaron el primer y segundo lugar demostrando que Pailahueque está hecho para cosas grandes y aunque sea un pueblo pequeño sigue siendo el mejor pueblo de la comuna. Mientras más grandes eran mejor: comprendían el significado de estas fechas y las disfrutaban mucho más. FIN 3.-
FIESTAS PATRIAS EN ERCILLA EDUARDO LAGOS MELINAO 3° LUGAR Categoría 11 a 15 años Escuela G-122 de San Ramón Concurso de Cuentos “18 en mi Comuna”. Septiembre de 2011. Érase una vez un niño llamado Juanito que vivía con sus padres en la comuna de Ercilla. No tenía hermanos ni hermanas y su padre trabajaba de mecánico, por lo que pasaba sólo algunas fiestas en su casa. Este niño contaba que nunca había celebrado las Fiestas Patrias con toda su gente, por lo que fue una sorpresa cuando se enteró que su familia llegaba a pasar el 18 con él. Juanito no sabia que estaba pasando y su mamá lo notaba raro. Al día siguiente comenzaron a preparar empanadas desde temprano, y anticuchos para comer con un vaso de chicha para luego ir a la plaza a disfrutar del día, para correr y jugar en ese hermoso lugar. Volvían a su casa del campo cuando de pronto vieron salir humo de una de las casas que había al lado de ellos y de inmediato el fuego se expandió alcanzando el comercio donde vendían banderas chilenas, trompos y emboques. El fuego arrasó con todas las cosas que se vendían. El ambiente de fiestas en la cuidad se acabó pero la tía de Juanito lo consoló diciendo que para pasar la pena se irían a casa a hacer más empanadas. El papá de Juanito mató un chancho muy grande para celebrar el 18 como debe ser, el niño jugaba con su trompo. Al terminar el almuerzo la familia se fue al rodeo que quedaba en el sector para distraerse un poco de los estudios .De allí pasaron a un local a jugar al “taca- taca “. Al volver a casa Juanito se estrelló con un árbol y por suerte no le paso nada, por lo que pudo llegar a casa en buen estado. Allí la familia compartió los últimos minutos antes de separarse .Pasaría un año para que se volvieran a juntar nuevamente, por lo que Juanito y su familia siguieron su vida y sus actividades. FIN
4.-
LUIS Y LAS FIESTAS PATRIAS DANITZA LUENGO ORTIZ MENCIÓN HONROSA Categoría 11 a 15 años. Escuela Salvador Allende de Pailahueque Concurso de Cuentos “18 en mi Comuna” Septiembre de 2011. Un niño llamado Luis, tenía seis años y le gustaba mucho ir a la escuela todos los días del año, nunca faltaba por que era muy responsable. Un día en su escuela todos los niños andaban con banderas, copihues y adornos en el patio y salas de clases. Luis no sabía que pasaba, qué celebraban ni por qué estaban haciendo esto. Él pensaba que estarían celebrando el día de la mamá, el del papá o mejor el día del niño. La profesora de historia justo iba pasando por el pasillo de la escuela y le pregunta a ella; ésta le respondió: ¡Luis, cómo no vas a saber que se celebra el 18 de septiembre, se celebra la independencia de Chile! Por eso ahora se celebra todos los 18 de septiembre de todos los años. Luis ahora preguntó por las comidas que se preparan y sirven en esta fecha. La profesora le explicó que los platos más tradicionales para el 18 de septiembre son las empanadas, anticuchos, ajiacos, arrollado de huaso, caldillo de congrio etc. Luis pensó en todas esas delicias y esperaba con ansias el 18 de septiembre. La profesora le recordó que sólo faltaban dos días para que se celebrara el 18 y lo animó a ir a las fondas, participar en los juegos y ver bailar cuecas muy chilenas y alegres. Luis empezó fabricar adornos para su sala de clases.Todos los alumnos hicieron guirnaldas, banderas, copihues, volantines, remolinos etc. El estaba muy entusiasmado y feliz de participar en esta importante fiesta ¡el 18 de septiembre! Al llegar a su casa le contó a su madre todo lo que le había ocurrido en el día y las cosas nuevas que había aprendido en la sala de clases sobre las Fiestas Patrias y la independencia de Chile. Para sorpresa de Luis su mamá estaba preparando unas ricas empanadas, pajaritos, mote con huesillos, asado y un postre delicioso. Todo para celebrar unas ¡Fiestas Patrias que nunca olvidaría! . ¡¡ Viva Chile querido ¡¡ 5.-
El DIECIOCHO DE SEPTIEMBRE. JOSÉ INOSTROZA ROCHA 1° LUGAR Categoría 7 a 10 años Escuela Salvador Allende de Pailahueque Concurso de Cuentos “18 en mi Comuna” Septiembre de 2011. Había una vez una un niño caminando, y había una punta blanca enterrada. El niño empezó a excavar y no era un juego, era nuestra bandera chilena y que hoy es símbolo de la Patria; otro es el escudo, el himno nacional de Chile y los copihues. El niño fue a buscar a su amigo, para contarle lo que pasaba y fueron a dejar nuestra bandera a las ramadas, para que el 18 de septiembre lo pasen bien todos los chilenos, bailes, juegos y para que se diviertan mucho. Y todos los amigos se reunieron para servirse un rico asado al palo y de postre mote con huesillo y todos fueron felices recordando que el 18 de septiembre es el cumpleaños de nuestra Patria que se vive en mi comuna. Todos bailan cueca y se visten de huaso la mayoría de las personas. A mí me gusta mucho porque en mi colegio cada curso prepara números artísticos y a mí me gusta mucho participar en esto. Lo encuentro muy especial ya que cuando desfilo por mi colegio lo hago con mucho orgullo al son de la banda del liceo de Ercilla y su sonido llega a mi corazón, y veo a los militares que una vez al año visitan mi Comuna tan elegantes, hermosos y muy bien formados, los admiro mucho. También al cuerpo de bomberos que lucen sus mejores trajes y carros para esta ocasión, y bueno, así celebramos el 18 en mi comuna. FIN 6.-
UNA ESTRELLA EN SEPTIEMBRE ROBERTO QUIÑILÉN ARRIAGADA 2° LUGAR Categoría 7 a 10 años Escuela Salvador Allende de Pailahueque Concurso de Cuentos “18 en mi Comuna” Septiembre de 2011. Había una vez un niño que se llamaba Felipe, el era muy pobre, no tenía casa y tampoco una familia. Vivía en un hogar para niños en Pailahueque. Ese año llegaron las fiestas patrias y comenzaron las celebraciones en el pueblo. Todos los niños salían con sus padres felices a encumbrar volantines, pero Felipe no tenía un volantín para jugar. Una noche, mientras miraba por la ventana de su pieza, esperando que llegara alguna familia que lo quisiera, vio tres estrellas fugaces. Ni siquiera lo pensó, cerró los ojos pidió tres deseos: tener un volantín, tener una familia y una casa. Al otro día se despertó, pero nada de lo que había pedido se había cumplido. Caminó a su escuela, y cuando estaba en clases un inspector lo llamo a su oficina. Esto le extrañó a Felipe por que él no era un niño de dar problemas. Lo que él no sabía era que al pueblo había llegado un matrimonio que buscaba un niño para convertirlo en su hijo y darle todo su amor. De este modo comenzaron a cumplirse sus tres deseos. Ya tenía a sus padres, quienes lo llevaron a conocer la linda casa en la que vivirían juntos los tres. Después de almorzar unas ricas empanadas de pino y mote con huesillos, le entregaron de regalo un volantín gigante, el cual compartió con sus amigos del hogar Ana, María y José. Al otro día se realizó la velada patriótica del pueblo, sus padres lo fueron a ver bailar y lo felicitaron por lo hermoso que bailaba cueca. Felipe jamás olvidará estas fiestas patrias, por que se transformaron en las mejores de su vida.
FIN
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EL CABALLO TROYO LEONEL PAREDES CIFUENTES 3° LUGAR Categoría 7 a 10 años Escuela Salvador Allende de Pailahueque Concurso de Cuentos “18 en mi Comuna” Septiembre de 2011.
Un día muy bonito, fui con mi papá a las carreras de caballos. Había caballeros que hablaban y se reían fuerte. En una ramada vendían mote con huesillos, latas de cerveza y sopaipillas. Lo estábamos pasando muy bien tomando bebida mientras corrían y corrían los caballos. De repente la gente empezó a gritar: un caballo que le llamaban Troyo, botó a su jinete rasguñao’ y se fue corriendo, algunos se metieron a los autos y yo me corrí para al lado.
Finalmente volvió el Troyo a la carrera. Venía mojado de tanto correr. Igualmente ganó la carrera y se ganó el premio; mi papá estaba muy contento y seguía celebrando.
Cuando ya se estaba oscureciendo, mi papá yo nos fuimos a la casa. Mi papá caminaba de un lado a otro. Yo lo agarré fuerte hasta llegar a la casa y él me dijo: mi chiquillo bonito. Nos fuimos para la casa y nos fuimos a dormir. Finnnnnnn!
FIN
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EL YOYO MÁGICO VÍCTOR MEZA AEDO MENCIÓN HONROSA Categoría 7 a 10 años. Escuela Salvador Allende de Pailahueque Concurso de Cuentos “18 en mi Comuna” Septiembre de 2011. Érase una vez un niño que se llamaba Jorge .Para el 18 de septiembre salió con sus amigos a los juegos patrióticos que se realizaron en la cancha de Pailahueque. Estaban jugando a subir el palo encebado, y luego a seguir el chancho. Como él estaba corriendo se tropezó con un yoyo, y adentro del juguete había un mago muy agitado que le dijo ¿Cómo te llamas? y el niño le respondió: Jorge - .Genio dijo que se llamaba Rigoberto. Jorge no sabía que cada 18 de septiembre, el mago venía por su venganza sobre los niños chilenos, porque lo habían engañado y encerrado en el yoyo. Como Jorge era inteligente, sabía que no tenía que hablar con extraños, y no siguió el juego del mago. Botó el yoyo a un basurero y el mago no pudo salir nunca más.
FIN
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ANGELITO ALQUIMISTA DE SUEÑOS Hay fiesta en el cielo, porque un ángel llegó, de ojitos traviesos, de moreno color. Al César lo del César, a Dios lo de Dios, porque se ha ido, el ángel que El nos prestó. Nos llenaste de recuerdos, nos robaste el corazón, con tus risas y travesuras, hoy estás alegrando al Señor. Una pena llevamos en el alma, que nos dejó tu partida, sólo nos conforma saber... que los ángeles no son de esta vida. Los recuerdos se llevan en la mente, el amor en el alma, en el cielo un ángel, sabe que en la tierra lo aman. En el cielo están de fiesta, por el ángel que llegó, y en la tierra, un gran dolor nos quedó.
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SE FUE PARA SIEMPRE Patty Se fue para siempre dejando en mi vida la amargura inocente que aún yo no vivía…. Se fue para siempre cuando aún no era su hora dejando en el aire una estera de aroma….. Se fue para siempre llevándose con él toda mi alegría y mi desgano de vivir sin él…. Se fue para siempre y sé que jamás lo olvidaré porque fue él... el que me dio el ser…. Se fue para siempre y llora mi piel en cada noviembre que lo vio nacer…. Se fue para siempre y espero volver a mirarme en sus ojos de color miel…
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ERCILLA ESTACIÓN DE OTOÑO LEO
Es hermoso vivir en mi Pueblo; y sentir los vientos del norte, ver el cielo cubrirse de nubes, y ver la tarde cuando se hace triste. Hermoso es escuchar la brisa; azotando viejos ventanales, que entonando bellas notas, nos dice que son tiempos otoñales. Es hermoso admirar la Plaza; y su inmenso manto de hojas, como corre el encargado, tras las que con el viento se le escapan. Hermoso es disfrutar de su Avenida; y ver sus románticos faroles, que atrae las parejas por las noches, para jurarse amores. Es hermoso caminar por sus pedregosas calles; ya desgastadas por el tiempo, observar el cauce del río, que en Primavera riega los jardines. Hermoso es saber de su historia; su gente y sus personajes, escuchar que Ercilla existe, crece y tiene vida......
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MÍRAME Ana Rodríguez Palacios Tiempo atrás, fui igual que tú, joven, con ansias de vivir, llena de ilusiones y fantasías. Este corazón, que ahora falla, también latió de esperanzas y de amor. Fui feliz en mi juventud pues tenía como tú, ilusiones, y el mundo a mis pies. Pero la vida como a todos los que ves a mi alrededor me cobró también su cuota y ahora aquí me ves afirmada en mi bastón, pues mis pasos vacilantes el camino, ya perdieron. Mis ojos ya no ven, y están tristes a la vez, pues a lo lejos se divisa aquella bruma, más y más. Y mis manos, que ya tiemblan están frías de soledad, de vejez. Mis canas al mirarme cada día blancas están, eso indica que el camino ya se acorta más y más. Pero eso no te indique que he dejado de luchar, por los niños, por los pobres, por el Huinca, por el peñi, por los viejos que se apoyan mano a mano y demuestran que el amor y los deseos de querer, de ser mejores cada día, cada instante, nunca han de morir. No desprecies al adulto que no sirve, según tú, pues Dios mismo está presente en su modo de querer. Que ser viejo, no es deshonra, es ser sabio, no ignorante, es su modo de vivir. Yo no espero un aplauso ni honores a la vez, sólo espero que respetes como ellos, ya lo ves. 13.-
BIENVENIDA MUERTE. Luis Lizama Rivera. Siento que por fin te decides a verme por estos dolores que te anuncian mi cabeza, mi columna, mis piernas tanteas la sede de tu estadía pero no me importa nada por donde vengas, eres bienvenida a fin de cuentas esta vida mía es un error, en mi viaje tomé malas decisiones nunca pude acariciar un logro de felicidad, les fallé a quienes me enseñaron de valores, escogí un camino lleno de escollos y perdí ante todo, mis temores. Eres bienvenida muerte, pues los dos haremos un favor al mundo tu llevándome, yo dejándolo por que no quiero luchar más quiero descansar de mis padeceres quiero irme, por fin terminar este suplicio …eres bienvenida, amiga muerte…
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SI TU ERES… Patty Eres el que aparece en mis mañanas presa de un largo encantamiento, y siento en mi corazón el sosiego de tu mirada y tu presencia y pienso…… Sí, tú eres……. El que enciende mis pensamientos. Sí, tú eres……. El que hace mis días esperanzadores. Sí, tú eres……. El que sin pensarlo llenó mi vida. Eres el que se va cada tarde llevándose mis ilusiones y digo……. Sí, tú eres…… El que piensa y ríe con mi risa Sí, tú eres…… El que siente y ama con mis besos Sí, tú eres…… Mi luz en tus ojos de niño soñador. Eres mi letargo en mis noches cansadas y en mi piel morena te siento y te sueño…. Sí, tú eres…… Sí, tú eres……… Sí, tú eres………… 15.-
MI ÚLTIMO INTENTO. Luis Lizama Rivera. Canciones apagadas en el alma y corazón. murmullos presentes e inexistentes, caminos pedregosos, veredas espinosas, vida de basura. Vida de demente encerrado en candados de melancolías, renuencia de risas, de colores, apego a las sombras que se hacen más grandes por esta poca luz que provocan mis dolores; sueño de todo y… de nada ilusiones estúpidas de algo que nunca podrá ser, verdades inciertas, mentiras dudosas pero algo palpable y real es este padecer, esta máquina que se niega a funcionar y con el paso de los años, se oxida cada vez más, ya no tengo ánimos para pelear que sea lo que Dios quiera…¡Yo no puedo más! moriré con mis deseos, mis nostalgias, mis intentos ni siquiera dejaré un recuerdo de mi pasado funesto no tendré epitafio, pues nadie conoció mis adentros nunca pude trascender, siempre fui de los del resto, del amor, siempre fui un instrumento, fui la ola que venía y se iba, fui el viento que no encontró un lugar, fui el intento fallido …que se acabó por olvidar.
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EL ADIÓS A MI MADRE Marina Castro Castro Me despedí de ti con un hasta pronto, luego nos veremos; yo quería que escucharas cuánto te había amado. Pero tu cuerpo rígido e inerte no respondió a mi llamado. Te perdí, ya no tengo a mi amiga, mi consejera…pues era mi todo. Pero la vida es así… no podemos hacerla a nuestro modo. Lo que no puedo olvidar, es el primer golpe de tierra que estremeció mi corazón; esa tierra que no permitiría que nunca nadie más te viera. Mis amigas y parientes me decían: Tu madre ha muerto… ¡No, no! Mi madre vive se fue al infinito en un espiral de viento… y allá feliz junto a Dios está, esperando el reencuentro.
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AMOR EN EL MÁS ALLÁ ANA RODRÍGUEZ PALACIOS (MENCIÓN HONROSA CONCURSO LITERARIO HISTORIAS DE VIDA POETA JORGE AGUILERA PÉREZ)
En estas líneas dejaré escapar parte de mi vida, mis sentimientos, ilusiones, dolor y soledad. Mi historia comienza a los 18 años, plenos de juventud y ansias de vivir. Conocí a Carlos, hermano de mi mejor amiga, y me enamoré perdidamente de él. Nuestro romance duró 3 años y un día fijamos la fecha de nuestro matrimonio, con el beneplácito y alegría de nuestros padres. Sólo faltaba un mes para unirnos ante Dios y los hombres, pero mi conciencia no me dejaba vivir, me había acordado de un juramento que había hecho a Dios. Cuando niña y estando mi hermanita menor enferma, y al ver el dolor de mis padres, rogué a Dios y prometí irme a un convento si Él escuchaba mis ruegos y sanaba a mi hermana. Él me escuchó y vi la alegría nuevamente en los ojos de mis padres, pero con la inconciencia de una niña, con el tiempo olvidé ese pasaje de mi vida. Pero al preparar mi matrimonio, la conciencia comenzó a herirme día a día, mi única solución fue confiarle a un sacerdote mi dilema, y la respuesta fue rápida y sabia. El sacerdote me miró a los ojos y me dice: “Si es la voluntad de Dios, entra a un convento, y ahí sabrás la respuesta. Si no es tu vocación, volverás a tu vida normal y saldrás del convento tal como entraste. Pero si te casas, nunca podrás dar marcha atrás y vivir en paz”. El dolor y la desesperación que sentí en esos momentos no los puedo explicar. Lloré al tener que destrozar con mis propias manos una felicidad que deseaba junto al ser amado. Mi corazón ya estallaba de dolor al decirle a Carlos que lo nuestro nunca podía ser. Lloramos juntos, pero Dios nos dio el valor de 18.-
separarnos y aceptar el camino que Dios me trazaría de ahí en adelante. Amar a Dios y servir a mis semejantes, especialmente a los que más necesitaban, o sea, los más pobres. En el año 1961, un día muy de mañana acompañada por mis padres, entré al convento “Misioneras de Jesús”. Prometí cerrar mi corazón y mis sentidos a las sensaciones del amor humano y sólo dedicar mi vida a Dios. Traté de apartar de mi pensamiento todo lo que mi corazón deseaba. Poco a poco en compañía de las hermanas del convento, mis pensamientos y sentimientos comenzaron a adormilarse, y después de seis meses de postulante, tomé mi velo de novicia. Mi vida en el régimen del claustro cambió, y a pesar de todo, fui feliz según los designios de Dios. Él me dio fuerzas, me dio amor por las personas que debía ayudar. Nos enviaron a misionar a los lugares en donde las personas necesitaban el cariño y el conocimiento de Dios, y esas fueron las comunidades mapuche en la novena región. Conocí muchas reducciones mapuches como se le llamaban en ese tiempo. El sacerdote de la comuna nos iba a dejar a esos lugares donde sólo existían las rucas. Todo lo acepté, el frío, hambre, enfermedad, miedo y dolor. En momentos de flaqueza pensaba que yo sólo era un instrumento en las manos de Dios, y seguía ayudando, instruyendo a pesar de caer una y otra vez; pero mi corazón y conciencia estaban tranquilos. Él me quitó un amor, pero me dio el cariño de muchas personas y niños que traté de acercar a Dios. Y esos jóvenes de ese tiempo, aún me entregan ese cariño, y también son adultos mayores ahora, como yo. Un día, después de la misa en el convento, el señor Obispo me llama y dice que necesita hablar conmigo en su oficina. Extrañada que solamente me citara a mí, luego de pedir autorización a la
Superiora, fui a su oficina, sin saber lo
que realmente sucedería con mi vida desde ese momento. Después de seis años de haber profesado como religiosa, el señor Obispo me dice que después de analizar mi situación, y el motivo de ingresar al convento; su resolución es que yo no tenía vocación de religiosa, y que debo volver junto a los seres que me aman y esperan. 19.-
Volví a mi casa con una nueva ilusión, tal vez revivir ese primer amor, el más puro y sincero…pero la vida había seguido su curso, y al que había sido mi ilusión y mi amor de juventud, ya no lo encontré. Fui a su casa a conversar con su madre, ella me abrazó al verme aparecer después de seis años, y al verme temblando de ansiedad y de angustia, al preguntarle por Carlos, apretándome muy fuerte me dice: “Anita,
en seis años la vida siguió su curso…Carlos se fue
desorientado, amargado al perderte a ti, al perder tu amor, y pensaba que nunca más te vería. Él ahora tiene ya su familia, se casó pensando que nunca más volverías a salir de ese convento, que consideraba una tumba donde él también había ayudado a enterrarte. El necesitaba tener un motivo para no enloquecer y poder curar su corazón, y olvidarte a ti.” Yo sabía que eso sucedería y sufrí, pensando que era el mismo dolor que yo le causé cuando me fui a ese convento.Lloré por mi amor perdido, por la felicidad caída a mis pies, rota en mil pedazos, y cada uno de esos pedazos, incrustado en mi corazón. Pasaron años y me casé, no porque estuviera enamorada, sino por mi soledad y tratar nuevamente de ser feliz. Tuve dos hijos, pero mi matrimonio fracasó.Un día al subir a un bus y entregar el pasaje al chofer, mi corazón casi estalla de dolor, felicidad, dudas y esperanzas…era él…y quedamos estáticos, mirándonos como si fuésemos fantasmas. Después de veinte años, el destino me dio la oportunidad de volverlo a ver, él se había separado, y nuevamente la vida nos ponía en una encrucijada. Me pidió volver a vernos, pero a pesar de mi amor por él, nuevamente lo herí .Le dije que no podía ser, no quería herir a nadie, ni a su esposa ni a mis hijos.Por segunda vez destrocé mi posible felicidad y lo dejé escapar. Nunca he podido ser feliz, ya que a los pocos meses su hermano me avisa que él tuvo un accidente y murió con mi nombre en sus labios. De esto hace 30 años, y nada ni nadie logrará curar la herida que llevo muy dentro de mí, solo espero que algún día nos encontraremos sin ataduras en el más allá. FIN 20.-
DECIMAS VERSOS POR MI PUEBLO OLIVER Mi ciudad noble y sencilla Lleva el nombre de un poeta Y estoy siguiendo la veta de Don Alonso de Ercilla “La Araucana”, maravilla que reconoce al guerrero y al pueblo mapuche entero por gallardo y belicoso Lo digo muy orgulloso que lo sepa mundo entero.
Mi pueblo hermoso de Ercilla Tuvo tiempos de importancia Sembrando grandes estancias Relucían sus gavillas A yegua hacían la trilla Fuimos de Chile un granero Pero los tiempos postreros Quedaron en la memoria Fue parte de nuestra historia Y hoy somos sus herederos.
Grandes praderas señores Donde pastaban las reses Hoy el pino que allí crece Sólo han causado dolores Se han perdido los colores Paisaje y bellos motivos Porque los bosques nativos Son talados sin piedad Una triste realidad Tal cual como aquí lo escribo. 21.-
Pero tengo la esperanza De ver aquellos paisajes De bosques bellos parajes Como en tiempos de bonanza Ver el campo y su labranza Con todo su colorido No sé cómo se ha podido Talar bosque y montañas Mi vista sufre y se empaña con lágrimas muy dolido Lo último que se pierde dicen que es la esperanza Regresará la confianza Todo volverá a ser verde Y el dolor que hoy día muerde El alma del campesino Se quedará en el camino Mientras todos avanzamos La tierra que cultivamos Cambiará nuestro destino Nuestra gente campesina Está trabajando duro Por un próspero futuro Al que Chile se encamina El campo es una gran mina Sus mineros labradores Siendo los emprendedores los que extraen su riqueza derrotando la pobreza junto a sus trabajadores.
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LA PUERTA DEL INFIERNO JOSE NAVARRETE R. (Pepe Lalo) Este era un campesino que le decían el huaso Raimundo, el que tenía un campito cerca de un pueblito del sur de Chile, vivía con Beatriz, una dama maciza, corpulenta y malas pulgas, por lo que Raimundo, poco salía de su campo, pero cuando llegaba a salir casi siempre terminaba con unos tragos de más. Y cuando llegaba a su casa era pelea segura con Beatriz, ya que llegaba sin un peso, porque era enamoradizo y se tomaba hasta el aire que tenía cerca. Cierto día como de costumbre se levantó muy temprano y tomaron desayuno con Beatriz, luego le dijo –voy a ir al pueblo a comprar unas semillas que me están haciendo falta para las chacras-, Beatriz lo quedó mirando y le dijo – espero que esta vez no llegues curao’ como siempre lo haces, borracho y sin plata como de costumbre, porque ahí sí que vamos a pelear de verdad-. Raimundo ensilló su caballo y se las echó rumbo al pueblo; lo primero que hizo fue pasar al negocio de don Narciso a comprar las semillas que necesitaba, y como siempre lo hacía una vez hechas las compras se fue a dar una vueltecita por el pueblo sonde se encontró con unos amigos y se fueron a ponerle unos traguitos entre pera y bigote. Así se le fue la tarde sin darse cuenta. Cuando Raimundo salió del boliche ya estaba de noche, le dieron los apuros y se dijo a sí mismo, -¡chuta que se me hizo tarde!-, -seguro que la Beatriz me ha de estar esperando y seguro que debe estar muy enojada, no sé por qué pero me da que vamos a tener una peleíta porque está remañoza-, pero se dijo para sí mismo, -esta vez no va a tener razón porque no estoy tan curao-, -claro que se me doblan las piernas pero es producto del reuma-, trató de subir en su caballo, pero estaba tan curado que le costó mucho subir a su caballo, entonces pensó,- chutas que se me hizo tarde y pa’ peor esta tan oscuro-, echó a andar su caballo e iba pensando, - ¡ay, no pase donde la Berta, no vi ni a las chiquillas!-. Doña Berta era la dama que dirigía una de esas casas donde hay niñas bonitas y buenas para bailar. Esto iba pensando Raimundo, cuando lo empezó a vencer el sueño, trataba de no quedarse dormido, pero le era imposible mantenerse despierto, pero llegó el momento en que el sueño lo venció y se quedó dormido. Nunca supo Raimundo cuanto tiempo durmió sobre su caballo, la noche estaba tan oscura que no se veía ni las manos, entonces Raimundo pensó, -¿Dónde putas estaré?-, -¿Qué horas serán?-, trató de ver algo, pero era tanta la oscuridad que sólo veía sombras, tal vez estaba cerca de su casa o a orillas de un monte. No se veía nada, pensó en detenerse, pero se dijo,- el caballo me llevará a casa-, y soltó las riendas para que el caballo lo guiara, pasaron unos minutos y vio una luz al lado del camino por el cual iba y se dijo para sí,- esa no puede ser mi casa y no me acuerdo que hubiera una casa por aquí, voy a acercarme y preguntaré donde estoy, seguro me indicarán el camino a seguir-. Cuando estuvo cerca de la 23.-
puerta de la casa vio una casa hermosa, algo le llamó la atención: una casa tan linda en este lugar y que raro, no hay perros, ni se sienten ni se ven, se acercó lo más que pudo y habló:- ¿hay alguien en casa?-, nadie salió ni contestó, entonces Raimundo se bajó de su caballo, fue hasta la puerta, sintió ruidos y conversaciones. Entonces, decidió tocar, esperó unos segundos y sintió que alguien se acercaba, seguramente a abrir. Raimundo quedó asombrado, vio a una jovencita muy linda, preciosa, y como Raimundo era enamorado, pensó para sí, esta debe ser la puerta del cielo para que la abra un angelito-, sus ojos no se despegaban de la niña, claro que a todo esto a Raimundo se le había pasado un poco la borrachera y medio tartamudeando le dijo, - señorita, mire, ando perdío’ ¿podría decirme usted para dónde queda San Ramón?-, la niña le dijo, - mire, yo no soy de acá, pero mi tía debe saber, voy a preguntarle-, dicho esto la niña llamó a la tía diciendo, - tía Amelia puedes venir-, y la tía Amelia apareció como por arte de magia, era una mujer muy linda, tal vez mas que la jovencita. Al verla Raimundo pensó para sí mismo,- estas deben ser las puertas del cielo, como aquí están estos ángeles-, y más tartamudo que antes le hizo la misma pregunta a Amelia, a lo que ella contestó diciendo,- mire caballero, usted se encuentra bastante lejos de San Ramón. San Ramón se encuentra al otro lado del pueblo, pero es tan tarde, como se va a ir, pase adelante-, Raimundo ni corto ni perezoso, aceptó. Al entrar en la casa quedó con la boca abierta. Esta era una casa muy linda y pensó,- esta casa es más linda que la de la tía Berta-, lo pasaron adelante y le mostraron las demás niñas, las que dijeron ser primas; a todo esto la tía Amelia dijo,- mire señor, le voy a presentar a nuestro tata, quien nos invito a esta reunión familiar,- a todo esto apareció un hombre de mediana edad, parecido a alguien que alguna vez creyó haber visto antes. Lo presentó la tía Amelia, -este es nuestro tata Damián-, se saludaron. A Raimundo algo le cayó raro del nombre y esa facha, pero no pudo recordar nada. Después de varios tragos, Raimundo se puso enamorado como era su costumbre y dijo,- ¿por qué no bailamos para acortar la noche?-, y así se hizo, pusieron música y se pusieron a bailar, pero Raimundo como siempre enamorado, después de un rato empezó a quedarse dormido, las niñas le dijeron: don Raimundo, por qué no se va acostar, aquí tenemos camas; y él, ni corto ni perezoso aceptó la idea. Una de las niñas lo llevó a un dormitorio precioso. Raimundo, con los ojos entreabiertos, miraba lo hermoso que era todo, rojo precioso, la niña trataba de poner a Raimundo sobre la cama; después de un gran esfuerzo logró recostarlo. Aquí Raimundo mostró la hilacha de enamorado y le dijo a la niña:- mira amor, quédate conmigo para poder dormir-, la niña trató de esquivar al enamorado Raimundo, después de algunos forcejeos la niña le dijo, si me deja tranquila le doy un abrazo-, Raimundo, pensando, por algo hay que empezar, dijo:-prometido- y la niña le dio el abrazo y no supo más de sí. Se quedó dormido como un oso en invierno. Al otro día como a las nueve o diez de la mañana, Raimundo despertó, no podía abrir los ojos, se acordó de la hermosa casa y de esa cama tan linda, y de la niña que había abrazado, estiró la mano y encontró todo duro, como 24.-
que estuviera acostado en el suelo. Abrió los ojos, y grande fue su sorpresa al ver que se encontraba al lado de un tronco de un viejo roble y estaba abrazado a un esqueleto, tal vez de un perro o de un zorro que se encontraba en estado de descomposición, con hormigones y gusanos, y él estaba lleno de ellos por los brazos, y hasta lo habían picado. Levantándose de donde estaba, miró para todos lados: lo primero que vio frente a él fue una cueva pegada a la pared de un barranco y su caballo pastando, y se dio cuenta que tenía un olor a animal muerto que ya no lo aguantaba ni él, fue a ver su caballo, este estaba lo más bien. Subió a él y se dijo ¿Qué fue lo que pasó…?- Y sintió un susto que se le erizaron hasta las pestañas, miró donde estaba y se dio cuenta que lo que le había dicho la tía Amelia era verdad: que San Ramón estaba al otro lado del pueblo. Siguió pensando y no encontraba explicación alguna a todo esto, pero no tenía ninguna más que su mal olor, y de la casa nunca se supo. Tomó camino a su casa y trató de pasar lo más lejos del pueblo para que no lo fueran a ver sus amigos en ese estado, después de un largo rato llegó a su casa, la Beatriz estaba en la puerta de la casa con un sartén en la mano para darle unos sartenazos, pero al acercarse a él y hallar el olor que este tenía no le quedó más que alejarse de él, diciendo, -¡maldito, parece que vinieras del mismísimo infierno! En ese momento Raimundo recordó todo y pensó en el infierno, en Amelia, la reina de las brujas, y Damián el mismísimo demonio, entonces Raimundo pensó, -¿dónde estuve?... debe haber sido en ¡la puerta del infierno! y esas mujeres no eran otras cosas que diablas. Raimundo se dijo Santo Dios, de la que me libré, prometo cambiar mi vida, protégeme Dios mío- y desde entonces a Raimundo se le ve rara vez por el pueblo, nunca más se le ha visto borracho y casi siempre se le ve acompañado de Beatriz. En el pueblo dicen que Raimundo ha progresado mucho, piensan que hizo un pacto con el diablo. La más feliz es Beatriz, que nunca supo que le pasó a Raimundo que cambió tanto, menos mal que para bien. ¿Habrá sido un sueño de Raimundo o verdaderamente le sucedió? Quién sabe…. FIN
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LOS HIJOS DEL PATRÓN MARINA CASTRO Era asombrosa la felicidad que años atrás se vivía en el campo, sobre todo en los niños que asistían a una escuelita donde cursaban sólo hasta sexto año preparatoria. Los adultos eran personas honestas y sometidas a los patrones quienes los hacían trabajar de “sol a sol”, como decían ellos. Les pagaban sueldos míseros porque les daban una ración semanal que consistía en un par de kilos de porotos y de trigo. Además, diariamente recibían un pan grande al que llamaban “la galleta”. Eso sí, no todos los dueños de fundo eran déspotas, había algunos que trataban bien a sus inquilinos. Cuando los niños terminaban sexto año y no tenían recursos para continuar estudiando, ya siendo jóvenes pasaban también a ser inquilinos de los patrones de sus padres. La mayoría de estos jóvenes (hombres y mujeres), vivían felices, tal vez con romanticismo, pese a los pocos recursos con que contaban; se enamoraban y contraían matrimonio con personas de su misma clase social; lo que antaño marcaba una enorme diferencia entre ricos y pobres. Dentro de este ambiente vivía Carmen, una joven muy correcta, respetuosa, honrada y muy buena moza. Esta joven no tenía grandes ambiciones, sabía que sus padres no tenían dinero para que continuara estudios superiores; ella lamentaba la situación en que vivía, no obstante, siempre se veía con una sonrisa a flor de labios. Sus padres, viendo que ya era una jovencita que podía trabajar, la llevaron a la casa de los patrones, en donde desempeñaba con gusto las labores que le encomendaban: aprendió a cocinar, a lavar, y todo lo que debe saber una buena dueña de casa. Era muy prolija, y gracias a ella la casa de sus patrones resplandecía en cuanto a orden y limpieza. Ahí, en ese ambiente, conoció al que fue el gran amor de su vida: al joven que también se enamoró perdidamente de ella. El problema era que José Ignacio 26.-
era uno de los hijos de los patrones. Ellos no sospechaban nada de lo que ocurría entre su hijo y Carmen, quienes se entregaron por completo al amor que sentían, y vivían dichosos compartiendo ese secreto: quererse por siempre. Cierto día Carmen se da cuenta que está embarazada, y de común acuerdo con José Ignacio renunció a su trabajo, diciéndole a los patrones que se iba a trabajar al pueblo. Ella no quería que su amado tuviera problemas con sus padres. Este joven arrendó una casita en el pueblo, y continuaron manteniendo ese amor que los unía. Cuando nació su hijo, José Ignacio lo reconoció como tal, dándole su apellido y el nombre de Manuel. Dos años más tarde nació un segundo hijo, al que llamaron Roberto, y que también reconoció legalmente. No se casaron, ni lo pensaron siquiera; eran felices amándose, y con sus hijos a quienes adoraban. Pasaron siete años de felicidad…un día Carmen notó que algo raro pasaba, su amor llegó callado, no decía nada; solo abrazaba fuertemente a sus hijos y en su cara una tristeza que nunca antes vio. - ¿Qué pasa José Ignacio? – le preguntó Carmen. Él no se atrevía a decir lo que ocurría. Abrazándola con mucho amor y apretándola junto a su pecho le dijo: mis padres venden el fundo y nos vamos a la capital. Carmen no dijo ni una palabra, pensaba que perdería su amor, y tendría que luchar sola para criar a sus hijos. No fue así, José Ignacio venía continuamente a verlos y traía todo lo necesario para que nada les faltara. Los patrones supieron de la existencia de estos niños, y nunca le hicieron un reproche a Carmen. Pasó el tiempo, José Ignacio no venía a ver a sus hijos, ni siquiera enviaba dinero para el arriendo. Por este motivo tuvo que ir a vivir a casa de su madre viuda con sus dos hijos. Consiguió trabajo en una casa del pueblo, y su madre quedaba a cargo de sus hijos. 27.-
Habiendo pasado más de tres meses de haber quedado sola, recibió una carta de su ex patrona. Esta dama le contaba que su hijo José Ignacio había fallecido en un accidente automovilístico, y que le enviaría dinero para que comprara una casita donde pudiera vivir con sus hijos. Carmen sufrió lo indecible…tuvo que luchar con el tremendo dolor de perder para siempre al ser amado, y pensando en sus pequeños, poco a poco logró salir adelante. En cuanto al dinero que le enviaron, sólo pudo comprar una pequeña casita. Ella tal vez por ser tímida y no tener conocimiento de las leyes, no exigió lo que legalmente les correspondía a sus hijos. Al fallecer su madre, un hermano la ayudaba monetariamente, y con lo que ganaba en su trabajo logró educar a sus hijos, quienes tenían excelentes notas. Carmen lloró de alegría cuando sus hijos terminaron de estudiar y lograron ser profesionales. Se fueron a trabajar a otras ciudades, pero nunca dejaron de ayudar económicamente a su madre, a pesar que formaron sus propias familias. Le construyeron una casa con todas las comodidades que se merecía, por ser una madre tan buena que vivió sólo para ellos. Ella se siente orgullosa de sus hijos, y más aún de sus nietos, que también se educaron consiguiendo ser más de lo que son sus padres. Carmen espera encontrarse algún día con su gran amor, y ser felices por siempre bajo el alero de Dios. FIN
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EL NIEBLA. ALQUIMISTA DE SUEÑOS De estatura mediana tirando a baja, según él con el esqueleto muy adentro, cintura de huevo y piernas flacas, de ojos redondos y vivarachos, que no conocen las paz, con una sonrisa siempre a flor de labios, el pelo negro como muchos de sus pensamientos, ondulado como desafiando la peineta, de cara redonda como una luna blanca, pintada por mano infantil, aunque ya tirando a rosada, un caballero con las damas y el más bravo entre los bravos, ese es el NIEBLA, con un mar de increíbles aventuras que no se resumirían en un libro y con una sed de desierto, pero no de agua. La noche desde hacía rato llenaba cada rincón del pueblo, dándole al ambiente un aire más frío del que realmente hacía, el viento jugaba con las ramas de los árboles meciéndolas de un lado a otro, la luna creaba figuras fantasmales en los rincones, las pocas luces de la calle cuales luciérnagas quietas, dejaban muchos rincones a oscuras, donde se escondían al pasar los fantasmas del borracho, éste se detenía con paso vacilante, con los puños apretados y con mirada recelosa, turbia por los efectos del alcohol, escudriñaba los rincones con un aire que quería ser bravucón y que al final solamente era un mirar perdido en los vapores del alcohol, esperaba con aire desafiante, tratando de mantener un equilibrio que hacía rato lo había abandonado, después de refunfuñar y cabecear unos momentos seguía su vacilante caminar, con las manos en los bolsillos, como atesorando las pocas monedas que ya no tenía, las piernas a duras penas lo sostenían, se afirmaba en las paredes, inclinaba la cabeza sobre el pecho y se quedaba dormido, de repente levantaba la cabeza y seguía su marcha. Era esta la rutina del Niebla, el alma de la cantina que entretenía a quien quisiera escuchar sus increíbles mentiras, las que le pagaban con unas copas de vino, esa era su vida y él era feliz viviendo así. Llegó a su casa, la que ya se caía de vieja, que tenía el mismo aspecto que él, de abandono, de soledad. Abrió la puerta, la oscuridad era completa, encendió un fósforo, buscando la vela, que era la única luz que había, la encendió y con un cansancio de muy adentro, en una vieja silla, se sentó a ruñir un trozo de pan duro. En el otro cuarto, su mujer y su hijo dormían, se detuvo en la puerta que separaba los cuartos y con tristeza miró la pobreza que reinaba en el hogar, la culpa lo invadió, unas lágrimas rodaron por sus mejillas y se dirigió a la cama vacía del otro rincón del cuarto, si es que se podía llamar cama y se acostó, apagó la vela y permaneció con la vista perdida en el techo, 29.-
mirando la luna por un hueco de las fonolas, con el remordimiento, pronto se durmió. El Niebla se despertó, ya con el sol en lo alto, su mujer y su niño se escuchaban en la pieza del lado, se enderezó con un fuerte dolor de cabeza, la mirada perdida, producto de la resaca y con una sed de los mil demonios. Se asomó, quiso saludar, quiso hacerse el gracioso, pero presintió algo en el aire que inundaba el cuarto, que lo detuvo en seco, no supo si fue la mirada de hambre del pequeño, el equipaje junto a la puerta, que presagiaba un viaje sin regreso o el cansancio que aplastaba a su mujer. Ésta lo miró como quien mira algo por última vez, con voz cansada, sin aire de reproche, le dijo que se marchaban, el Niebla abrió la boca y tragó aire como pez en lo seco, la resaca desapareció de golpe, como por arte de magia, supo que en ese momento su vida se había quebrado y sabía que el único culpable era él, prometió una y mil cosas como siempre lo había hecho, la mujer lo miró y no dijo nada, él entendió que esta vez no era una amenaza, era algo definitivo. Pero el borracho nunca pierde, la miró con aire desafiante y después de insultarla por enésima vez, como siempre, con un portazo salió, con rumbo conocido. La noche llegó con su misma rutina para el Niebla, aunque ahora estaba un poco más violento, - ¡mire que amenazarlo a él! -, él que daba la vida por ellos-, dónde iban a estar mejor que con su padre y su marido- no había visto personas más malagradecidas. Salió de la cantina y aunque su caminar era vacilante como el de otras noches, esta vez no hubo detenciones por el trayecto, no hubo fantasmas, era un hombre decidido a darse a respetar, así que no había tiempo para bravucones de rincones oscuros. A tropezones cruzó el cuarto, en la puerta del dormitorio encendió la vela, cuando la llama dejo de jugar con el viento e iluminó un cuarto vacío, que nunca le había parecido tan grande, con la respiración agitada y la boca abierta miraba de un rincón a otro, buscando lo que sabía que no encontraría, se acostó en la cama que siempre ocupaba su mujer y su hijo, sollozando, recriminándose por horas, tomó una drástica decisión, sin ellos la vida no le servía de nada. El día lo encontró despierto con una mirada dura, decidida, salió de la casa, el sol empezaba a calentar, que ganas de acercarse hasta la cantina, pero sabía que a esa hora estaba cerrada, pensó que bien le vendría un trago para darse más valor, pero él era hombre de palabra, su decisión era definitiva y nunca daba marcha atrás. Miró hacia la casa y con un suspiro emprendió su camino. 30.-
Llegó a la línea férrea, miró a ambos lado y echó a andar con rumbo norte, destino: el viaducto del Malleco. El sol empezó a calentar cada vez más, como castigándolo, la lengua se le pegaba al paladar, transpiraba copiosamente, se sacó la raída chaqueta y la tiró a un lado de la vía férrea, total, ya no la ocuparía más, pensó que con la sed que sentía, a lo mejor se atrevía y hacia un sacrificio y se tomaba un sorbo de agua, él que siempre ha sostenido que el agua es para las plantas, ahora de sólo pensar sentía su humedad en su garganta. Ya llevaba más de una hora de caminar por la vía, llegó al pequeño poblado a orilla de la línea, la estación ya no estaba, hacía mucho tiempo que el tren no se detenía aquí, se arrimó a la sombra de un árbol, miró a los niños del colegio, como corrían en el patio, en sus juegos, y escuchó sus risas alegres e inocentes y se preguntó - ¿algún día mi hijo irá al colegio, jugará y reirá feliz? - suspiró, mientras se contestaba – su madre lo cuidará mejor que yo – miró hacia el poblado, con una sed de legionario, buscando un letrero donde dijera cantina, pero no lo encontró, movió la cabeza resignado y se ánimo para seguir su camino, al caminar por la vía le pareció que el paisaje había cambiado, que era todo más hermoso, hasta el sol le pareció que había atenuado su calor, que hermoso sería cambiar – pensó- pero sabía, que él era un caso perdido. Ya habían pasado varias horas desde que emprendió decidido su camino, a lo lejos se sentía el bullicio de la ciudad, eso quería decir que su destino estaba cada vez más próximo, siguió caminando, aunque ahora sus pasos se fueron haciendo cada vez más lentos, y cada cosa en su caminar le llamaba poderosamente la atención, como queriendo prolongar el tiempo hasta el infinito, para no llegar a la cita que había concertado con su destino. Pero como no hay deuda que no se pague, ni plazo que no se cumpla, el Niebla se encontró de repente a la entrada del viaducto, miró hacia adelante - ¡¡¡por Dios, que es largo!!! - exclamó, y mirando hacia abajo, lo encontró más alto de lo que recordaba, se afirmó en la baranda de cemento a la entrada y cual curioso turista se puso a observar el paisaje, que hermoso es el puente vehicular, se dijo. Miraba hacia el interior del viaducto y le parecía infinito, cuanto rato estuvo en esto, no supo, hasta que haciendo uso de sus últimas fuerzas de voluntad, emprendió un triste caminar, por medio de la vía como contando los durmientes, mientras su vida iba pasando por sus ojos, los buenos y malos momentos, como si cada durmiente fuera una parte de ella, que iba quedando atrás, le 31.-
parecían tan delgados, se pasó a la barra de acero, llena de remaches, y con pasos cuidadosos avanzaba metro a metro, sus manos no querían soltar la baranda de fierro. Llegó a la primera pilastra – este lugar es bueno como cualquier otro – pensó, miró hacia abajo – ¡no!, está muy bajo, sólo me voy a quebrar y para quedar pataleando, no vale la pena tremendo viaje, - vamos más al centro – se dijo. El Niebla sudaba copiosamente, los pies le parecían de plomo, pero por lento que era su caminar, llegó al centro del puente, miró hacia el fondo de la quebrada y que delgado le pareció el camino que va a orilla del río, y este parecía un simple canal, se sentó sobre la plancha de metal, calculando quedar sobre el río, lo observó silencioso en lo profundo de la quebrada, miró sus aguas cristalinas, las que en una carrera loca y silenciosa
se alejan, ignorantes de su drama. Asomó medio cuerpo hacia el vacío
tratando de seguirlas, pero una cosa es querer y otra es poder, sus manos eran garras soldadas al metal de la baranda, lo intentó más de una vez, pero le era imposible soltarse, la transpiración corría a raudales por su rostro y su garganta nunca estuvo más seca. Miró hacia la ciudad y un brillo se asomó a sus ojos, en lo alto de la calle que baja a la quebrada, un letrero llamo su atención, forzó la vista, tratando de leer el letrero… “CANTINA”, ¡cantina!, se restregó los ojos, gracias a Dios siempre he tenido buena vista – se dijo - y una sonrisa le llenó la cara, si hasta sintió el frescor y el aroma de un vaso de vino pasando por su reseco gaznate. Será, sólo una, una nada más, sólo para tomar valor- se dijo – y con mucho cuidado se paró, sin soltarse de la baranda y con paso ahora más ligero, enfiló a salir del puente. Una vez en lo alto de la calle, que sube serpenteando la quebrada, enfrente de su destino, se volvió y miró el puente férreo, un suspiro de muy adentro se le escapó - ¡qué locura! – Se dijo para sí, - de vuelta, me voy por el puente carretero, por el otro es fácil caerse -
razonó y esbozando una sonrisa, se acarició la reseca garganta, como si
saboreara un néctar. Y sin mirar siquiera, imprudente, ciego de sed cruzó la calle, un bocinazo, un chirrido de un brusco frenar, olor a goma, un dolor que le llegó hasta el alma, con el golpe sintió que aprendió a volar, ya que la puerta de la ansiada cantina alcanzó y los pies ni movió, eso sí que el aprendizaje acabó, con
un doloroso, humillante y
polvoriento aterrizar, cansadamente parpadeó y la luz se le apagó. FIN
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LA NIÑA DE LOS ZAPATITOS DE CHAROL Vegoña En un pueblito de la novena región vivían una pareja de abuelitos, en el campo, pero llegó un día que le pidieron la casa, ya que no era de ellos, y se vinieron a vivir al pueblo. Tenían hijos pero eran grandes y tenían sus casas con sus familias. Un día estaban sentados los abuelitos alrededor del fogón, es decir, como antes, en medio de la casa estaba el fuego en el suelo y alrededor habían unas bancas con un cuero de cordero y estaban sentados y pensaban:-¡nos hace falta una chiquilla! Ellos no tenían ningún sueldo, pero el abuelito trabajaba en pisos de paja, yugo y ruedas de carreta, no le daban plata, pero le cambiaban su trabajo por trigo, harina, porotos o papas, y la abuelita vendía huevos, pollos, tortillas y hacia calcetines de lana. Un día llegó una amiga de la abuelita y le dijo a la abuelita: ¡te traigo un regalo!, y ella pensó que podía ser cualquier cosa, nunca pensó en una niña. La amiga le dijo entusiasmada:-¡te traigo una niñita, ya que tú decías: yo criaría una niña; aquí la tienes!- y ella fue a preguntarle al abuelito acaso estaba de acuerdo y él dijo:-sí criémosla. La niña tenía aproximadamente un año y medio, la recibieron con mucho cariño, y con sacrificio, la criaron. La abuelita salía a lavar una vez por semana, la niña tenía cinco años más o menos y la llevaba con ella, ella se iba muy temprano junto con la niña, ya que antes la ropa se remojaba, se enjuagaba, se ponía en el agua caliente, se enjuagaba , se azulaba y al final algunas se almidonaban; mientras ella lavaba, la niña miraba la quinta , los manzanos cargaditos de manzanas grandes, cerezos y otras clases de árboles frutales; en la quinta caían las frutas maduras y ella preguntaba si se podían comer . La abuelita le pedía permiso a la señora, y la señora le decía que recogiera algunas pocas, y que después saliera de la quinta. El lavadero quedaba cerca de la quinta, al lado de los jardines. El lavadero era una pieza grande, donde había un gran fogón, donde se hervía la ropa después de escobillarla, y una gran batea para enjuagarla. A las doce le daban almuerzo a la abuelita, una gran fuente con comida y un pan de casa y ellas se acomodaban en un rincón del lavadero y almorzaban juntas, compartían la fuente de comida; después a la niña le daba sueño y dormía en un gran canasto mientras la abuelita seguía lavando. En la tarde, mientras terminaba de lavar, la señora le daba harina cruda, azúcar, hierba y algunos pesitos para que comprara tabaco, ya que ella y su esposo fumaban, y en algunas partes le daban algunas piezas de ropa, y la abuelita la arreglaba para su niñita. Después la abuelita, tipo seis de la tarde, se iba por el centro, había una tienda grande, la niña la veía aun más grande ya que ella era chica. En la tienda había toda clase de géneros, ropa, comida y zapatos, la niña corría a la vitrina y le decía a su abuelita cariñosamente: yo quiero esos zapatitos brillantes, lindos, con cintas, y la abuelita le decía: algún día, cuando tenga plata. La niña los miraba, no se cansaba de mirarlos, mientras la abuelita entraba a la tienda a comprar tabaco para hacer sus cigarros, luego la abuelita salía, y tomaba de la mano a su niña. La niña le decía: cuando sea grande como usted, yo voy a trabajar, para comprarme esos zapatitos de charol, y para usted, lo que a usted le guste. La niña miró a la abuelita y le dijo: la quiero mucho mamita. Y luego la abuelita asombrada le responde: - es muy bueno lo que piensas- , y mientras caminaban de la mano, la niña soñaba con los “zapatitos de charol”. Fin 33.-
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Esta 1° edición se terminó de imprimir en la Biblioteca Pública Municipal de la Comuna de Ercilla, en el mes de febrero del año 2012.
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