INTRODUCCIÓN
Para cualquier cristiano, la oración es una dimensión fundamental y de vital importancia para el desarrollo de una vida integral saludable. La oración debe impactar tocar todos los aspectos y áreas de la persona: lo antropológico, espiritual, humano, familiar, social, relacional, y su interioridad. Es por eso que todas las religiones conocidas poseen diversas maneras de orar o métodos que ayudan a sus discípulo y seguidores a conectarse con la divinidad a la cual adoran y entregan su vida.
En el caso de nosotros, los cristianos, la Biblia es la base de nuestra espiritualidad y Jesucristo es el centro. Por lo que debemos llevar una vida de sencillez y apertura para que podamos leer y comprender las Sagradas Escrituras desde la fe y aceptar las invitaciones y proposiciones de Jesús, que es nuestro gran maestro.
No en vano, Jesús mismo oraba, no sólo para enseñar y crear en sus discípulos la práctica y constancia de la oración, sino para que ellos se mantuvieran en unidad entre ellos y con el Padre y así continuar su proyecto de Dios en el mundo. Tanto así que, sus discípulos, viendo orar profundamente y con mucha constancia le pidieron que les enseñara a orar:
“Una vez, Jesús estaba orando en un lugar; cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos. Jesús les dijo: Cuando oren, digan”:
“Padre, santificado sea tu nombre. Venga tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo Danos cada día el pan que necesitamos.
Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos han hecho mal. No nos expongas a la tentación.” Libranos del mal”.
(San Lucas 11: 1-4)
En este año 2026, AÑO DIOCESANO DE LA ORACIÓN, auguramos buenos frutos en ese sentido a fin de que, nuestra vida tenga sentido y se fortalezca más la esperanza a la cual hemos sido llamados (as)1.
Invitamos a cada episcopal, a las familias, los arcedianatos, en fin, a toda la Diócesis, a hacer de la oración el motor de nuestra vida cotidiana, puesto que una vida sin oración es como un címbalo que resuena pero que nadie lo escucha. Por tanto, les exhortamos a intensificar los momentos de oración diaria.
Los clérigos recuerden que debemos: ANIMAR, INSPIRAR, PROMOVER LA ORACIÓN en nuestras Comunidades de Fe.
RECOMENDACIONES IMPORTANTES PARA REALIZAR UN BUEN MOMENTO DE ORACIÓN.
1. Escoger un lugar adecuado: Capilla, sala o salón donde haya un ambiente de silencio externo que invite al recogimiento, a la paz y a la quietud interior.
2. Adopta siempre una posición corporal correcta: cabeza y tronco erguidos.
3. Asegura una buena y pausada respiración.
4. Relájate, evita tensiones y nervios
1 1 Pedro 3:15
5. Evita las preocupaciones, los recuerdos, las imágenes de la mente
6. Concéntrate. Pon tu pensamiento en Dios e invoca al Espiritu Santo. Comienza a dialogar, a orar con Dios.
CUATRO EJERCICIOS PREPARATORIOS PARA UNA MEDITACIÓN
U ORACIÓN PERSONAL PROFUNDA:
1. RELAJACIÓN CORPORAL: Consiste en estar tranquilo, concentrado, suelta uno por uno de los brazos y piernas, sintiendo cómo se liberan las energías. Puedes cerrar los ojos. Suelta los músculos del cuello girando la cabeza. (Este ejercicio puede tomar unos 10 minutos).
2. RELAJACIÓN MENTAL: Comienza a repetir la palabra Paz. En lo posible en voz alta y en la fase respiratoria. Sentir cómo se suelta el cerebro, repítelo por varios minutos y tendrás una agradable sensación.
3. CONCENTRACIÓN: En esta etapa se trata de no pensar en nada. Sentir tranquilidad. Concéntrate en el funcionamiento de tu cuerpo. Luego quédate quieto, sin movimiento físico alguno. Capta y suelta todos los ruidos posibles. (esto puede durar unos 5 minutos). La meta es captar ahora los latidos del corazón.
4. RESPIRACIÓN: Ponte tranquilo y relajado. Inspira por la nariz lentamente hasta llenar bien los pulmones, bota el aire por la boca entreabierta hasta expulsarlo completamente. Llena los pulmones al mismo tiempo que se llana el abdomen, se vacían los dos al mismo tiempo. Todo ha de hacerse simultáneo.
NOTA: Al principio será un poco difícil, pero luego te acostumbrarás. Todo se mejora paulatinamente. Los efectos serán sorprendentemente positivos.
Tener en cuenta que, la oración, al igual que cualquier otra actividad del ser humano, es cuestión de aprendizaje. En nuestro caso espiritual, no puede dejarse solamente a la gracia de Dios, sino que es una combinación entre la gracia y la naturaleza humana. LA ORACIÓN ES UN ARTE, que exige aprendizaje, es por lo que necesitamos de una pedagogía o método, para no quedarnos estancados en la mediocridad.
ALGUNOS MÉTODOS O FORMAS PARA HACER ORACIÓN:
1. LECTURA REZADA:
Para este ejercicio puedes tomar una frase, plegaria, jaculatoria escrita. Ejemplo: un Salmo u otra oración cualquiera. El propósito es hacer una oración personal con ella. Repítela varias veces. Identifícate con ella. Lee despacio la oración, frase, plegaria o jaculatoria.
NO DEBES CORRER. NO HAY PRISA. Trata de entender y orar con lo que lees, hazlo tuyo, personal, pues Dios te está hablando. Una sola frase nos puede enlazar con Jesús. Repítela varias veces, medítala. Este ejercicio nos permite dar los primeros pasos para una profunda meditación.
2. LECTURA MEDITADA:
En este ejercicio es necesario escoger cuidadosamente un libro que nos ayude a concentrarnos en la oración. La mejor recomendación, es un tomar un libro de la Biblia, leerlo, lentamente, meditando todas y cada una de sus frases, haciéndolas nuestras. Dios mismo nos está hablando.
También se pueden escoger temas acordes con lo
que queremos meditar, en cuyo caso es recomendable escogerlos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Debes estar claro de lo que tu alma necesita a fin de no dispersarte. No es recomendable abrir la Biblia al azar, es por lo que, antes de iniciar la oración, necesitas estar seguro de qué tema necesitas ayuda.
Toma siempre la posición adecuada. Pide la ayuda del Espiritu Santo y adéntrate en la lectura despacio y sin distracción. Puedes repetir un texto, frase o línea a tu conveniencia. LEE DESPACIO. Usualmente la lectura meditada culmina con una oración personal.
3. EJERCICIO AUDITIVO:
Se trata de tomar una expresión fuerte, por ejemplo: “Mi Dios y Mi Todo”, o “Jesús acompáñame”, o cualquier otra de tu necesidad y agrado, puede ser un texto bíblico, una frase que toque o resuene en tu vida. Se repite en alta voz varias veces. Al pronunciarla se debe ir tomando conciencia de que a través de su contenido el Señor mismo es quien nos habla. Es muy importante ir asumiendo vivencialmente el contenido de la expresión y oración que vamos repitiendo una y otra vez.
La persona comienza a ver cómo la presencia divina encerrada en esa expresión va inundando su ser completamente. Es aconsejable tener cerca durante la oración la Biblia o un libro que te ayude a profundizar este tipo de oración. Es necesario irse distanciando poco a poco de la repetición e ir adentrándose en el SILENCIO INTERIOR y asi nos concentramos.
Después de un tiempo considerable de pronunciar la expresión en alta voz y luego mentalmente, la persona percibe cómo la presencia de Dios encerrada en las palabras, va lentamente inundando su ser entero, impregnando sus energías mentales, llegando así a mantener una conexión con Dios en el silencio de su ser. El silencio se hace cada vez más grande y las distracciones se reducen.
Se puede utilizar la terapia de aspiración y exhalación. Cuando aspiramos el aire por la nariz, el cuerpo queda tenso porque se inflan los pulmones. Cuando exhalamos el cuerpo se relaja porque al aire sale de los pulmones. Se repite todas las veces que sea necesario.
4. ORACIÓN ESCRITA:
En este método se trata de escribir aquello que el orante quisiera decir al Señor. En momentos de emergencia o sequedad espiritual puede resultar la única manera de orar. Es necesario, en tiempo de suma aridez o de aguda dispersión.
Este método tiene la ventaja de ayudar a concentrar mucho la atención en la oración que se escribe. Además, que, posteriormente, se puede orar con lo que se haya escrito. Otro valor es que, al ser una oración escrita, nos puede ayudar a observar nuestro crecimiento espiritual.
5.
ORACIÓN VISUAL:
En este método para hacer oración, se escoge y tiene una estampa, imagen, lamina o foto expresiva que nos inspire para contemplar el misterio de Dios realizado en la Historia de la Salvación. Por ejemplo: una Cruz, una imagen de Jesús, una imagen o foto de un Santo o de la Virgen María.
Estas estampas deben inspirarnos, provocarnos fuertes sentimientos, expresiones o pensamientos como paz, amor, mansedumbre, fortaleza, obediencia, compromiso, perseverancia, gratitud, bondad, entre otros. Lo importante es que a la persona que la contempla le exprese algo, le suscite sentimientos y pensamientos hacia Dios y le signifique mucho.
Tome la estampa en la mano y después de relajarse un poco, invoque al Espíritu Santo. Quédese quieto mirando, contemplando, admirando la estampa como un todo, pero también en sus detalles.
En segundo lugar, capte con su intuición, con concentración y serenidad las impresiones que esa imagen le evoque. Es decir: ¿Qué te dice esa imagen o figura? ¿Qué te hace sentir, pensar? ¿Qué significado tiene para ti?
En tercer lugar, con mucha tranquilidad trasládate mentalmente a esa imagen, como si tu fueras esa imagen, o te pusieras en el interior de ella, o hubieras realizado lo que ella realizó. En este momento debes hacer tuyas las impresiones que esa imagen despierta en ti. Es así como te identificas mentalmente con esa figura o estampa. Entonces, debes permanecer largo rato contemplándola e identificándote con ella.
Finalmente, en este momento de oración interior profunda, debes trasladarte mentalmente a la vida cotidiana, imaginar situaciones difíciles y superarlas con los sentimientos de Jesús. La pregunta que cada Episcopal debe hacerse es: ¿Qué haría Jesús en esa circunstancia? Esta modalidad de oración te ayuda a concentrarte y adentrarte poco a poco en la oración.
6. ORACIÓN DE ABANDONO:
Es la oración más genuina del Evangelio. Por tanto, es la más liberadora. La más pacificadora. No hay actitud que suavice más el corazón humano como la expresión: “YO ME ABANDONO EN TI SEÑOR. Se aconseja practicarla cuando una persona se encuentra próxima a dar grandes pasos en la vida o que está enfrentando en circunstancias difíciles. La oración de abandono y confianza por excelencia es el Padre Nuestro.
Método: Entra en la capilla o a un lugar adecuado para orar. Ponte en la presencia del Padre, en actitud de entrega. Puedes utilizar frases como: “hágase tu voluntad” o “en tus manos me entrego” o “mi Dios y mi Señor” o cualquier otra frase de abandono total en Dios. Debes tratar de no distraerte y mantenerte en silencio interior, a fin de no darle órdenes o sugerencias a Dios o tratar de imponerle tu voluntad. Dios no necesita de tus órdenes, porque Él ya te conoce. El abandono es una ofrenda a Dios, humilde y valiente, de silencio en la Fe.
Haz que tu ser, mente y espiritu se llenen de silencio y paz. No recuerdes nada negativo de tu vida (enfermedades, vejez, fracasos, divorcios, rasgos negativos de tu personalidad, equivocaciones, entre otros…), porque al recordarlos te será más difícil abandonarte en Dios. Déjate, abandónate totalmente en Él.
7. EJERCICIO DE ACOGIDA:
En este ejercicio de acogida, yo permanezco quieto y receptivo. Traigo a mi mente todas las personas que me rodean a diario, les doy la bienvenida. Los acojo, así como Cristo acogió a toda la humanidad: con amor, respeto, reconociéndoles su dignidad de personas, dándoles el puesto como hijos e hijas de Dios que se merecen, perdonando aun a quienes nos han ofendido y traicionado. Acogerlos, así como son.
Este ejercicio es un momento para abrir nuestro corazón a otras personas y sanar heridas del pasado. Es el momento para cerrar ciclos y abrir nuevas puertas a la amistad con las personas que, al mismo tiempo, nos llevan a la amistad con Dios. Acogemos en la Fe, deja que el Espiritu Santo entre en ti e inunde todo tu ser a fin de que puedas irradiarlo en las relaciones con los demás.
Entrar en silencio es importante. Siente cómo Jesús toca esa herida que te duele, cómo saca la espina de la angustia que aún queda en tu interior y que te oprime.
ALGUNAS ORIENTACIONES PRÁCTICAS
1. Cuando, al orar sientes sueño, ponte de pie. Cuerpo recto y talones juntos.
2. Cuando sientas que no puedes orar, no te sale nada, tu mente se dispersa etc.. entonces, no hagas violencia para sentir, simplemente quédate alli y pide paciencia, perseverancia y esperanza. Simplemente déjate mirar y amar profundamente por Dios.
3. Nunca olvides que la vida con Dios es VIDA DE FE. La fe no es emoción, sino convicción. No es evidencia, sino certeza.
4. Para orar bien, necesitas método, orden, disciplina acompañada de flexibilidad, comprensión y perseverancia. Porque el Espíritu Santo sopla donde quiere, cuando quiere y como Él quiere.
5. Ilusión: NO. Esperanza: SI. Porque la ilusión desaparece, mientras que la Esperanza permanece.
6. Piensa que Dios es gratuidad. Su pedagogía a veces nos desconcierta. Por ello, no hay lógica humana, sino MOCIONES DEL ESPIRITU.
7. La oración es RELACIÓN CON DIOS. Lo que significa movimiento de las energías mentales. UN MOVIMIENTO DE ADHESIÓN A DIOS.
8. Dios te visita durante la actitud orante, pero solamente en el momento que El elige para visitarte.
9. Una sola frase puede ayudarte a orar. Repítela con fe, con constancia, con amor y veras que Dios vendrá a ayudarte y estará contigo.
10. Anonádate frente a Dios, no seas orgulloso ni pretencioso, sino humilde y desarrolla el sentido de escucha a Dios.
11. Tal como el deportista requiere ejercitarse y practicar diariamente para la competencia, de la misma manera el cristiano ha de preparar su alma para el combate espiritual, en donde no se gana una medalla de oro, sino un acercamiento a Cristo. Por lo que la oración requiere disciplina y práctica diaria.
12. El éxito de la oración depende en mucho de la persona, del lugar, del método utilizado, pero también de la constancia, es por eso por lo que a la oración profunda se le llama EJERCICIO ESPIRITUAL.
Nuestro deseo es que en este 2026, AÑO DE LA ORACIÓN los Episcopales podamos avanzar en nuestro camino de oración y espiritualidad cristiana, tanto a nivel personal, como Diocesano.
Tengamos en cuenta que LA ORACIÓN, es un ejercicio, no es una diversión, tampoco es algo que se practica solo por unos momentos. Hay que ejercitarse, orando diariamente para poder alcanzar una meta espiritual.
Les bendiga Dios:
Rvdmo. Rafael L. Morales Maldonado Obispo Diocesano
Rvdo. Can. Gilberto Garcés Torres Pastoral / Evangelismo / Misión
Rvda. Can. Amelia M. Cintrón Velázquez
Canóniga del Ordinario