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erotica Magazine Digital de imagenobscura.blogspot.mx Julio 2013 No. 9

El Extraño Dr Maszovitch

Terapia no convencional, resultados inimaginables

Enigma-Fotos

Belleza en todas sus formas

María, la pequeña hija de mi pareja ¡Que escandalo! “en que estás pensando,pero si es casi tu hija”

Erich von Götha El mejor ilustrador del dolor y el placer


xultante sería demasiado simple como definición de los sentimientos que me embargan al escribir estas líneas, la razón es sencilla, más de 26 mil lectores del numero anterior de esta revista la convierten en por mucho la más leída hasta el momento, ha costado cada uno de ellos el esfuerzo de la constancia y del amor a este proyecto, a nueve meses de esta aventura comienzan a verse resultados, lo más sorprendente es que dichos lectores son de países tan distantes como Japón o tan cercanos como mi ciudad. Qué maravilla es vivir en una época donde las fronteras han desaparecido por lo menos de forma virtual, donde las personas con los mismos gustos podemos unirnos en torno a nuestros pasatiempos, donde muchas personas que antes tenían que ocultar su verdadero rostro, hoy tienen una ventana donde asomarse cubiertos en su mayoría por el anonimato, pero aceptándose en su fuero interno. Aún recuerdo esas escapadas de adolescencia al pequeño cine de mi pueblo para ver algo que elevara no solo mi temperatura, escondido en las sombras de la noche o de un descuido del cobrador, hoy puedo junto con ustedes ver más de cerca lo que siempre me definió y que hasta el día de hoy sigue siendo mi pasión: el sexo y sus diferentes manifestaciones, gracias a ti que has hecho posible tantas lecturas y a los que por primera vez me leen gracias por tu tiempo e interés.

editorial

E

Enrique Rojas Román


Desviaciones Sexuales segun Barbie


El Rincon obscuro del lector

296


Trazos eróticos Erich von Götha

COMIX REL Imagen Casera ellas quieren ser vistas Vintage los placeres del abuelo

A traves del lente Enigma-Fotos

Druuna 6 “Afrodisia”

El Extrano Dr. Maszovitch EL instituto 2a parte


MarĂ­a la pequena hija de mi pareja

El ascensor

LATOS ARTE Primer intercambio

Adriana necesita un consejo


El Extra単o Dr Maszovitch


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MarĂ­a la pequeĂąa hija

de mi pareja


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S

oy un hombre divorciado y mi actual pareja era separada, pero luego se quedó viuda un año después de comenzar nuestra relación. Yo tengo un hijo de mi primer matrimonio y ella una niña del suyo. Cuando la relación se hizo estable decidimos vivir juntos, de eso hace ya tres años, la niña contaba con 11 años, (le llamare María). Desde un principio, la niña se mostró cercana a mí pero cautelosa por mi relación con su madre, pero según fue pasando el tiempo se encariño rápidamente de mí, pues la fui mimando y acariñando hasta poco a poco darle el trato de una hija, como me hubiese gustado tener. Mi hijo vive con su madre, y la niña vive en la ciudad con su abuela, por la cercanía con el instituto donde estudia, nosotros estamos cerca pero en las afueras de la ciudad. La madre y ella se ven a diario, y yo a la niña la veo algunos días por semana, y al principio los fines de semana que le correspondía venir, pues iba con su padre, pero cuando este falleció, la niña paso a estar con nosotros de forma habitual. Remontándome al principio de mi relación con ellas, las cosas comenzaron en un ambiente de confianza, tranquilo y relajado, los fines de semana cuando estaban los dos chicos juntos, las guerras de cosquillas eran frecuentes, los juegos, las salidas de fin de semana…; mi hijo siempre se celo un poco de ella, por lo que yo evitaba mimarla en exceso delante de él, ella lo sabía por lo que cuando él no estaba todos mis mimos eran para ella sin mesura. Tras el fallecimiento de su padre –por enfermedadella se refugió aún más en mí, la madre estaba encantada de ver como la niña me había aceptado de tal modo que tras el triste acontecimiento ella fuese la que se volcase en mí. Ya contaba ella sus 12 años, la recogía en el colegio por la tarde y nos íbamos juntos a la piscina los dos, la traía a casa para hacer los deberes, muchas veces en mi escritorio, me encantaba tenerla en mis rodillas, me gustaba

achucharla, acariciarla y mimarla, se dejaba querer, le acariciaba la espalda con frecuencia, reposaba mi mano en su cintura frotando suave sus riñones, ella recibía los mimos gustosa, como una gatita que solo le faltaba ronronear. La madre y yo siempre anduvimos por casa con total naturalidad sin nudismos pero sin taparnos, entre ellas nunca se cubrieron y yo andaba en calzoncillos con normalidad, por lo que la niña hacía lo propio como nosotros y andaba en camiseta y en braguita sin recelo alguno, siempre y cuando mi hijo no estuviese en casa. Nos fuimos metiendo en los 13 años y las cosas cambiaron, ella creció mucho, demasiado, se convirtió en una chica alta para su edad, con 1,70 de estatura, como yo, calzando ya un 41, muy formada, pero con poco pecho, melena abundante, llamativa por detrás y aun niña por delante; la regla acababa de entrar en su vida, y las conversaciones con sus amigas y sus primas se habían vuelto diferentes; los chicos del instituto al acecho, las picardías, en fin, fue el año del cambio. Ella me cogía de la mano por la calle tanto solos como con su madre, le encantaba que la rodease con mi brazo por la cintura o por los hombros, supongo que poco a poco se fue formando una “ilusión”. Ya de niña era costumbre que frecuentase nuestra cama los fines de semana, tanto estuviésemos todos en casa o solos, pues la madre trabaja a turnos de semana, y hay sábados por la mañana que ella no estaba y sin embargo María venia para mi cama igual, la arropaba encantado y seguíamos durmiendo un tiempo más. Las cosas fueron cambiando sin saber muy bien por donde discurrían. Los mimos eran más flojos cuando la madre estaba en casa, sin embargo, cuando estábamos solos, María era todo ternura, sus sentadas en mis rodillas eran largas y muchas veces injustificadas. Los abrazos en el sofá, las posturas para abrazarme por


la espalda frotándose contra mí,…un sin fin de pequeñas cosas que fueron despertando en mi cierta alarma y a su vez un pequeño morbo. Empecé a fijarme en ella, cada mes estaba más bonita, mas mujer, aparentaba 16 años para quien no la conocía, sus pechos comenzaban a surgir, su fino bello sobre su piel florecía, y las hormonas de los dos parecía que se comunicaban. ¡Que escandalo! “en que estás pensando – me decía yo-, pero si es tu hija”; solo tiene 13 años, te estas volviendo enfermo. Se libraban mis primeras batallas en mi conciencia, pero esta no tuvo mucho tiempo para actuar, mi supuesta “hija” alborotaba mis neuronas, el morbo aumentaba día a día y en mi conciencia un martillo me golpeaba tratando de devolverme a la realidad, para evitar…. Surgió de la forma más simple, la madre trabajaba en el turno de mañana, María se vino para mi cama y dormimos hasta cerca de las 10, nos levantamos y desayunamos, como cualquier otro día; debíamos ducharnos y arreglarnos para salir a hacer algunos recados. Tras el desayuno me pidió el ordenador para ver sus correos de las amigas del día anterior con las que estuviera chateando; accedí, mientras fui recogiendo el dormitorio, ella me llamo, pues habían surgido varios mensajes del antivirus por entrada de troyanos y estas cosas de la informática, me acerque y le cogí el sitio para revisar lo sucedido, se sentó en mis rodillas, ambos en camiseta y en calzoncillo y braguita; sin importancia en lo del ordenador, solventado el tema ella continuo revisando el correo que le quedaba, yo no me levante y ella tampoco; era de las muy pocas veces que la tenía semidesnuda sentada sobre mí, como de costumbre comencé a acariciarle la espalda pero cada vez baje más la mano hasta tocar el nacimiento de sus nalgas, ya lo había hecho otras veces y nunca se opuso a ello; a veces le daba un cachete sin malicia, nunca le pareció


mal que le tocase el culo a modo de broma, ella también lo hacía conmigo y con la madre, pero jamás había dejado mi mano totalmente posada sobre su nalga. Ella se sentía cómoda, yo seguía con mis caricias, unas veces paraba mi mano en su cintura y otras la bajaba tanteando el terreno y como no hubo protesta me aventure y la deje caer hasta que la tuve sobre aquella tersa nalga. De repente me sentí violentado, pues empecé a notar como la excitación se traducía en una rebeldía de mi miembro en mi calzoncillo y no quise que me viese así, retire la mano y me quise levantar con la disculpa de que nos íbamos a retrasar en nuestras faenas y ella me dijo “espera que ya acabo y te ayudo yo”, me relaje al ver que mi bulto se suavizaba sin crecer, pero volví a colocar la mano en su culito suave, mientras le comentaba que había que retirarse pues debíamos ducharnos, ella me insistió en que le diese un minuto más, yo encantado. Le comente que no nos daría tiempo a hacer los recados si no nos íbamos para la ducha ya, pues ella era muy tardona en la ducha, salvo cuando lo hacía con su madre, jamás se había duchado conmigo, por supuesto, por lo que de broma le dije: “si te parece te puedes duchar conmigo, a ver si acabamos antes”, y para mi tremenda sorpresa me contesto: “vale”. Me quede pensando en la respuesta, me acababa de meter en un lio, nunca estuve del todo desnudo delante de ella, ni tampoco ella delante de mí. Puse mi otra mano en su barriga, como abrazándola y note sus latidos como pequeñas palpitaciones nerviosas, no pensé que lo de la ducha fuese en serio. Acabo con el ordenador, nos levantamos del escritorio y nos fuimos hacia el baño, tome la iniciativa y pase delante, suponiendo que ella no entraría, pero me equivoque, por lo que opte por ser lo más natural posible, total

cuando mi hijo era pequeño se duchaba conmigo, intentaría que con ella fuese lo más normal posible. Hicimos correr el agua mientras yo me quite la camiseta, ella también, pero estaba de lado no dejándose ver, yo seguí como si nada, y retire mi calzoncillo, ella hizo lo mismo con sus braguitas, yo me gire para acercar la toalla para luego, y ella aprovecho para introducirse en la bañera, en ningún momento la había visto por delante, pero cuando me gire y vi aquella hermosa espalda dando paso a un redondo y fantástico culo, me di perfecta cuenta de que aquella ducha iba ser un suplicio para mi convertirla en algo “normal”. Entre a su vez en la bañera corriendo tras de mi las cortinas, ella frente al grifo regulando la temperatura del agua, semi inclinada, yo detrás sin separar mi vista de su culo y mi miembro creciendo de forma inevitable y sin forma de disimularlo, ¡que sopor!, ella se giró e inevitablemente lo vio, me disculpe y ella se le quedo mirando diciéndome que no me preocupase, que algunas veces a papa le había pasado lo mismo, decía que eran las ganas de mear, yo le conteste que ya se me pasarían (ni ganas tenía yo de orinar, buena salida la del padre en sus días). La observe de arriba abajo mientras ella cogía la esponja y el jabón, perfecta juventud, senos duros a medio desarrollar y monte de Venus algo más abundante de lo que me lo había imaginado, pero muy bien echo sin un pelo fuera de lugar. Se echó gel en su esponja, se la cogí de la mano y la gire para enjabonarle la espalda, quedándome detrás de ella menos violento por mi irremediable erección que ya no bajaría mas pues la lívido iba en continuo aumento; le frote la espalda, le bese el cuello como solía hacerle a veces en la cocina cuando le daba los buenos días, pero esta vez era puro deseo, seguí bajando con la esponja hasta alcanzar su cadera que comencé a frotar por los lados


hasta llegar a enjabonar sus nalgas, que escandalosa suavidad, tanteando el canal del culo que ella permitió le pasase la esponja, a la vez que yo me agachaba para hacerle las piernas, ella dejaba correr el agua por su espalda sacando el jabón que yo le daba, cuando tuve su culo frente a mi cara se lo bese mientras mis manos recorrían sus piernas sin mucho control, se lo bese en distintos sitios disfrutando de su “permiso” mientras mis manos subían por delante de sus piernas, ella me cogió la esponja y yo volví a ponerme de pie mientras acariciaba sus laterales al subirme sin tocar nada con total suavidad, creo que ella sabía que el juego había comenzado, pero… hasta donde. Hecho más gel en la esponja y se giró hacia mi comenzando a enjabonar mi pecho, la miraba a los ojos y tuve la tentación de besarle los labios, preferí esperar, levante los brazos posándolos sobre sus hombros mientras ella pasaba la esponja hasta mi cintura y luego acercándose a mí, rodeándome con sus brazos enjabonaba mi espalda a una distancia tan corta que fue inevitable que se rozara con mi polla dura, durísima de tanto aguantar, ello le recordó que estaba ahí y dejo mi espalda para volver al frente donde retomo su recorrido en mi vientre y mirando hacia abajo comenzó a enjabonar mis inglés, me volvió a mirar a los ojos y mientras -desprevenido- note como sus manos alcanzaban mi miembro rebozándolo de suave jabón, baje una mano recuperando la esponja, ella la soltó sin dejar de sujetar entre sus manos el tesoro que acababa de encontrar, quise comenzar a enjabonar su pecho pero mi reparo era mayor que el de ella, por lo que posee la esponja sobre su vientre y comencé a frotar en círculos suavemente hasta ir tocando ligeramente sus pechos y el jardín de su sexo, ella seguía sin soltar mi polla que acariciaba muy lentamente sin saber muy bien qué hacer con ella, yo en cambio decidí dar un paso más y solté la esponja dejándola caer al fondo de la

bañera, me agache y en vez de recogerla pare a la altura de su ombligo para besarlo, ella me acariciaba el pelo mientras yo con mis besos derivaba por su vientre hacia sus ingles, acariciando con mi mano su joven bosque, recogí de nuevo la esponja con la que se lo enjabone y ella abrió ligeramente una pierna, me permití pasar la esponja por el medio con suma cautela, deje caer la esponja tras correr el agua por su cuerpo aclarando el poco jabón que quedaba, con la mano suavemente empuje su pierna hacia un lado sugiriendo separarlas, ella la levanto posándola sobre el borde de la bañera, momento en el que yo acerque mi boca a su sexo, besándolo y buscando con mi lengua despacio la entrada de su intimidad, ella suspiro y tenía la respiración agitada, yo seguí despacio con la lengua en postura incomoda agachado con la cabeza hacia arriba y cayéndome el agua en la cara, con los ojos cerrados privándome de ver su expresión, pero todo valía la pena a pesar de reconocer que aquello era un suicidio en toda regla, yo con la hija de mi pareja, de 13 años (a poco de los 14), de locos. Tras conseguir abrir la ranura de aquel fantástico monte con la lengua y de sentirla gemir y suspirar de forma continuada, decidí incorporarme parar recuperar un poco la compostura, cuando la veo con los ojos cerrados y los pezones erectos, que sin dudar me lleve a la boca por primera vez acariciando sus suaves y duros pechos juveniles, le acaricie la cara, abrió los ojos, me vio de frente y la bese en los labios, al tacto solo, fue fantástico, le di la vuelta, y retomando la esponja, cómplice en todo este juego, la abrace frotándole los pechos por delante, a la vez que me aproximaba a ella haciéndole sentir por detrás mi polla sobre sus nalgas, ella se apretó contra mí y comencé un vaivén arriba y abajo, rozándola sobre el canal de su culo hacia su espalda. Aquello fue definitivo. Decidido al suicidio, solté la esponja, me


retire un poco hacia atrás, pose mis manos en su cintura a la altura de sus ingles, tire un poco de ella hacia mí, y con una mano, le hice un gesto en la espalda para que se inclinase un poco, acerque de nuevo mi miembro a ella, esta vez por el medio de sus piernas, y empecé el vaivén de nuevo mientras mis manos corrían por su cuerpo entero, note su excitación y sus nervios; tocando con mi vientre sus nalgas haciendo llegar del todo mi polla a su pubis para cubrirlo por fuera, acerque una mano a su entrepierna y con un dedo la fui acariciando comprobando que ella no rechazaba aquel paso; cerré el agua para evitar que esta empeorase la lubricación para penetrarla lo mejor posible. Con la mano, suave moví su pierna al igual que antes, ella entendió y volvió a posarla sobre el borde de la bañera, aproxime mi miembro a la entrada de su cueva, me parecía increíble lo que estaba a punto de hacer, yo con 38 años desvirgando a mi hija virtual; estaba excitadísimo desde hacía ya mucho rato, sentí el calor de su entrada, estaba muy nervioso, me la cogí con la mano tratando de acompañarla un poco, note que me latía, comencé con el capullo a frotarla, haciendo suave presión, poco a poco, cada vez más presión, ella quieta, respirando muy muy agitada, centre mi capullo y empuje despacio, notando como estaba en el umbral de la puerta, un poco más , mi capullo estaba dentro, acababa de entrar, y de repente frene de golpe, el calor que mi punta recibía y mi terrible excitación me iban a jugar una mala pasada, estaba a punto de correrme ahí mismo, no puede ser, Dios, aguanta, aguanta, aguanta, y tratando de controlarme, la aprieto con fuerza con la mano pero el primer disparo había salido con fuerza, el primer chorro de leche acababa de llegar al interior de la entrada de ella (aunque ella no lo sabía, yo no tenía miedo, pues tengo la vasectomía hecha desde hace 6 años), me relajo, pensando que hacer,

noto como el tirón se suaviza, sabiendo que este primer aguante lo supero. Entre tanto ella que por inexperiencia no tiene idea de lo que está sucediendo, noto como con un ligero movimiento de su cadera, sube un poco el culo, se deja venir hacia atrás, y la penetración se produce con total suavidad, contando que mi leche está en la entrada; ella lanza un gemido, un pequeño “ay”, casi inaudible, que a mí me hace recordar de inmediato su virginidad, de modo que rápidamente cojo control de la penetración y retrocedo un pelín para volver otra vez a empujar despacio bombeando lentamente centímetro a centímetro hasta notar como se deslizan al interior tres cuartas partes de mi miembro, no empujo por temor, a ella comienzan a temblarle las piernas, lleva ya un buen rato en esta postura, y la noto débil para continuar la follada, además noto todo su calor en mi polla repitiéndose las ganas de regar todo su interior, por lo que antes de que sea más tarde la voy retirando lentamente, incorporándose ella y observando yo como mi miembro sale levemente manchado por una ligera estela rojiza, que me hace imaginar es el pequeño sangrado de la desfloración de María. Acabamos rápido la ducha, saliendo yo primero para dejarla a ella un poco de intimidad, sin apenas cruzar palabra. Yo me encuentro muy extraño con lo echo, ella no me habla, yo cuestionándome lo que acabo de hacer; aun en el baño, sacándome fuera de la ducha, ella finaliza, sale de la bañera y me sonríe, aquello me alivia inmensamente, se acerca y me besa en los labios con dulzura; le ayudo a secarse aprovechando para no perder el contacto físico, todo sin mediar palabra, yo le pregunto si se encuentra bien y ella asienta con la cabeza. Se envuelve la toalla al cuerpo y sale del baño, la sigo sin toalla, desnudo y la cojo por detrás por la cintura y la acompaño a su cuarto, le retiro la toalla estirándola sobre la cama, donde la tiendo sobre la toalla encima de la


cama, quedando cruzada en diagonal con una pierna en la cama y la otra en el suelo, le beso la frente, el cuello, le acaricio los hombros, le rozo sus pechos y volcando mis caricias sobre su vientre me centro en sin perder tiempo alcanzar su sexo con la boca que ella inmediatamente recibe con agrado, abriendo sus piernas para facilitarme la llegada, yo le sujeto la pierna que estaba el en suelo posándola sobre mi hombro ya que acabo de rodillas a pie de la cama, y comienzo a comerle el conejito con exquisito esmero y cuidado para que se relaje todo lo posible, evitando los nervios del primer intento, por lo que mis movimientos con la lengua son cuidadosamente pensados, sin prisa y con una paciencia que nunca imagine emplear en esta tarea. La siento gemir, su respiración vuelve a ser acelerada, se acaricia los pechos, mantiene las piernas abiertas sin presión, mueve la cadera arriba y abajo, llevo cerca de 20 minutos saboreando su manjar con absoluto cuidado, decido introducir un dedo para acompañar el juego siendo primero bien lubricado, ella lo recibe sin problema, pienso incluso que esta tan a gusto con la nueva sensación que no es consciente de lo que le estoy haciendo, aprovecho y meto el segundo dedo sin ningún inconveniente, aquello completamente encharcado en mi saliva y sus jugos, está estupendo para intentar volver a penetrarla y consumar y finalizar lo que había empezado; pero, noto como ella comienza a mover la cadera en forma de espasmos, a golpes cortos, sus gemidos son ya en voz alta, mueve las piernas ligeramente con nerviosismo, se acerca algo que ella aún no conoce y yo no puedo parar ahora, por lo que continuo en mi puesto tras ya 30 minutos arrodillado en la alfombra, y con más ahínco que antes continuo lamiendo y succionando su clítoris, notando como la excitación sube hasta que surge la explosión entre gemidos (que temí oyesen los vecinos), y los bruscos golpes de

cintura, cerrando sus piernas dejándome atrapado entre sus muslos, mientras a pesar de la situación no abandono a mi niña en su primer orgasmo. Retiro los dedos y dejo de hacer toda presión con la boca, pero sigo pasando la lengua con muchísima suavidad mientras ella coge aire y se deja rendir sobre su lecho. Abandono su monte y subo por ella, yo estoy que no puedo más, directo a sus tetas, las beso con mi cara muy mojada, la beso en la boca, ella se abraza a mí y aprieta aún más mi boca contra ella, noto como la punta de mi polla acaba de tocar su entrepierna resbaladiza y moviendo mi cintura intento conducirla al centro de aquel coñito empapado en su primer orgasmo y ella levanta las piernas, yo le sostengo una y mirando hacia abajo observo como se la voy introduciendo toda y bombeando despacio entra en su totalidad sin dificultad hasta que mi pubis cierra contra el de ella, me aguanto así un poco con toda dentro haciendo fondo y comienzo a follarla muy despacio, pues yo no aguanto ni un minuto más, noto que mi cuerpo desea reventar, vuelvo a hacer fondo y con ella apretando, sin moverme, la cojo por las nalgas, le susurro al oído que me abrace con sus piernas, así lo hace, la levanto despacio en el aire, mientras hago la maniobra para cambiar de postura, me olvido de las ganas de correrme, hago todo lo posible para evitar pensar en ello; me giro, me siento en la cama quedando ella sobre mí y me tiendo hacia atrás para que sea ella la que pueda dar rienda suelta a su cuerpo arrancándome su premio cuando yo ya no pueda más. Me mira me besa y comienza a moverse encima de mí, debe de ser instintivo, porque para no haberlo hecho nunca yo estaba asombrado viendo cómo se contorneaba sobre mí, sube y baja, la deja toda dentro y con el pubis adelante y atrás, una y otra vez, ella se frota contra mí, se tira sobre mi pecho y se vuelve a levantar


de golpe de un impulso, yo la noto muy agitada, se sube por las paredes y ella me dice: “otra vez, otra vez”, entiendo que le vuelve, y se va a correr en toda su expresión, yo no aguanto más y le digo que siga sin parar que estoy a punto de correrme, no pares niña, no pares , por Dios no te pares ahora, sigue; y ella tenaz y a su vez descontrolada entra en un trance convulsivo dando bruscos golpes de cadera, y noto como se corre terrible y largamente, apunto esta de soltarse de mi sacándosela y se lo impido cogiéndola por sus nalgas con fuerza clavándola encima de mí, hasta el fondo, momento en el que yo exploto de placer y eyaculo en su interior, la que creo, fue la eyaculación más abundante y exagerada de mi vida, todo lo que aguante antes y todo lo que genero después, batió en el fondo de su coñito, notando ella con fuerza y extrañeza a la vez. Note que mi polla no paraba de manar, tenía yo pequeños espasmos, empujando con fuerza dentro de ella, una y otra vez, tanto que note mi pubis mojado y mirando hacia el vi como rezumaba leche del coñito de María, tenía tanta presión dentro que el líquido se salía de la cavidad vaginal. Ella cayo rendida sobre mi pecho, cara con cara, notaba yo todavía mi miembro duro y no la podía sacar por la postura, me estuve quieto por no incomodarla, pero poco a poco se fue deshinchando agotada saliendo sola, y María reclinada sobre mí, mientras la abrazaba, notaba como toda la leche bajaba desde su interior quedando calientita sobre mi vientre. Le acaricie su precioso culo, notando toda su entrepierna completamente mojada. Le indique que tenía que levantarse para asearse, se incorporó sobre mí y seguía goteando sobre mi cuerpo, se echa la mano a su raja para parar el líquido y lo nota muy viscoso, y le digo: “es mi leche hija, tu premio”, se ríe, se echa a reír, con risa nerviosa, corre al baño y yo detrás de ella, se sienta en el bidé y le explico cómo creo debe de asearse, y ante su

asombro y aún más del mío, observamos como allí sentada un reguerito fino de su premio sigue bajando escapándose por el desagüe. Aseados y cansados en exceso, volvemos para mi cama a dormir otro rato pasando de todos los recados, explicando al regreso de su madre que nos habíamos quedado dormidos y que tras ducharnos y recoger la casa ya no habíamos tenido tiempo para las compras. Le explique sinceramente mi alegría de haber compartido aquella experiencia con ella, y a su vez mi tremendo arrepentimiento, por haber abusado de su cariño y de su confianza; le explique mi miedo al más mínimo comentario, pues tanto ella como yo éramos totalmente conscientes de que aquello estaba mal, porque aunque no fuese mi verdadera hija, ella es menor de edad, a mí un comentario suyo me puede costar la cárcel, la separación de su madre y la perdida de toda una vida, desde el negocio hasta el prestigio social del que hace unos años a esta parte estábamos disfrutando. Ella me prometió que nunca aquello se sabría jamás por ella, que me quería muchísimo y nunca permitiría que me hiciesen daño. Hace ya cuatro meses de esto, y no hemos parado de hacerlo. Luis.


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Ilustraciones de gunsmithcat

El ascensor


M

e llamo Mónica, tengo algo más de treinta años, y la verdad es que nunca había hecho demasiado caso a los maliciosos cotilleos que circulaban por el bloque en el que vivo con mis padres, respecto a que mi amiga y vecina Paqui, de mi misma edad, era una lesbiana. He de reconocer que algunas veces me había dado la sensación de que me miraba con un cierto deseo e interés. Pero como ella nunca me había hecho ni la más mínima insinuación achaque esta impresión a haber oído alguno de esos rumores, y no le di ninguna importancia. Ese día iba a salir de compras con mi amiga, y estaba muy contenta porque, gracias al buen tiempo, podía volver a ponerme un vestido de primavera que me gustaba mucho, pero que me costaba horrores de abrochar ya que tenía un montón de odiosas trabillas en la espalda que eran muy difíciles de ajustar. Dio la casualidad de que también estrenaba un coqueto sujetador calado con cierre por delante, realmente precioso, que me ayudaba a realzar todavía más mis ya de por si grandes y firmes pechos; que siempre he pensado que eran la parte más atractiva de mi anatomía, dado que es en la que más se fijan todos los hombres que conozco. Mi vecina iba con una corta minifalda, que le permitía lucir sus largas piernas; y un fino suéter, que lucía como de costumbre sin sujetador. Pues, en verdad, sus pequeños senos apenas necesitan nada que los mantenga firmes. Aun así en más de una ocasión le había aconsejado su uso, aunque solo fuera para disimular los traviesos y puntiagudos dardos de carne que se marcaban claramente en la ceñida blusa, como queriendo atravesarla. Les cuento todos estos detalles para que se hagan una idea de lo mal que lo pase cuando nada más arrancar el ascensor, en el que por suerte bajábamos las dos solas, note que se me soltaba el cierre del sujetador. Así se lo dije a

Paqui, y esta paro el ascensor de inmediato. Le comente que tendríamos que subir hasta mi casa a que me lo pusiera bien, pero ella me dijo que lo más seguro es que no hiciera falta llegar a esos extremos. Después, soltándome el lazo del vestido con desenvoltura, se metió hábilmente debajo del mismo, para intentar arreglar la incómoda situación. Yo me sentí muy violenta, sobre todo cuando note la insinuante presión de su rodilla en mi intimidad, bien instalada entre mis piernas separadas, pues mis braguitas eran muy finas y me hacían notar todos sus roces con demasiada intensidad. Pronto sentí su cálido aliento entre mis senos; y, aunque no vi ningún motivo para ello, note como apretaba suavemente mis pechos al tiempo que conseguía cerrar de nuevo el sujetador. Mientras Paqui salía de debajo de mi vestido pude notar claramente cómo se apoyaba, brevemente, en mi sensible entrepierna. La verdad es que no me enfade lo más mínimo ante su osadía; al contrario, me sentí bastante excitada con la insólita experiencia. Por eso me puse roja como un tomate y no me atreví a mirarla de nuevo a los ojos. Ni siquiera cuando, a los pocos instantes de arrancar, note que se me volvía a soltar el sujetador. Al oírme maldecir se imaginó lo que sucedía, volvió a parar el ascensor y, dedicándome una sonrisa de lo más turbadora, se introdujo de nuevo bajo mi vestido. Esta vez Paqui palpo de manera rápida, pero claramente posesiva, toda mi intimidad por encima de las bragas, antes de llegar a mis pechos, que ya temblaban de excitación. Y, durante todo el tiempo que estuvo bajo el vestido, el continuo roce de su inquieta rodilla se hizo tan insidioso que termine por empapar las braguitas con mis dulces flujos. Luego, al llegar a la altura de mis senos, abrió totalmente el sostén aunque no tenía porque. Dedico todo el tiempo que quiso a contemplarlos con


detenimiento, mientras yo sentía su cálido aliento a escasos centímetros de mi piel más sensible. Después utilizo las dos manos para, con mucho tacto, y unas caricias tan suaves como enervantes, volver a introducir uno de los senos dentro de su copa. Como vio que yo no decía nada (aunque mi corazón latía a toda máquina y mi respiración era cada vez más agitada), al introducir mi otro seno en su copa correspondiente, me masajeo a fondo todo el pecho; amasándolo, y estrujándolo, de una forma realmente cariñosa y sensual. En vista de mi pasividad aprovecho la estupenda ocasión que se le brindaba para acariciar y jugar, dulcemente, con mi grueso pezón rosado; hasta que este, agradecido, se endureció como una pequeña piedra entre las amorosas manos que lo cobijaban. Una vez que Paqui hubo abrochado mi sujetador, no puso el menor disimulo en apoyar toda la palma de su mano en mi excitada entrepierna; llegando al extremo de deslizar uno de sus dedos a lo largo de mi húmeda rajita, antes de salir del vestido, con una sonrisa de oreja a oreja. Pues mientras salían sus dedos se deslizaban por encima de mis bragas, de un modo turbador, empapándose en el abundante fluido que encharcaba la prenda. Después, ya con el ascensor en marcha, me miró fijamente a los ojos, y empezó a oler su mano como si se hubiera probado el mejor de los perfumes. Yo estaba tan cortada que no hacerte a reaccionar, ni siquiera cuando se me volvió a soltar el cierre del sujetador; pero se me debió de notar en la cara, pues ella, sin necesidad de consultarme, volvió a detener el ascensor. Esta vez, sin decirme ni una sola palabra, se fue directa al asunto. Paqui solo se detuvo unos breves instantes en juguetear con mis húmedas braguitas, haciendo que sus hábiles dedos con solo unos movimientos separaran mis labios menores hasta provocar un

indecente bostezo, antes de llegar de nuevo ante mis pechos. En cuanto abrió el sujetador del todo, perdió solo unos momentos en recrearse la vista con el abrupto paisaje, antes de empezar a masajear uno de mis senos con sus largos y hábiles dedos. Su boca, y su lengua, se encargaron de que el otro se convirtiera en un auténtico volcán; y pensé, al sentir sus maravillosos mordisquitos en mi pezón, que me iba a correr en cualquier momento. Pero fue su otra mano, la que introdujo dentro de mis bragas, para explorar mi todavía virginal cueva, la principal culpable de que me corriera como nunca antes lo había hecho, mientras mordía mis manos para amortiguar los escandalosos jadeos que emitía. Mi viciosa vecina no se conformó solo con eso y, desentendiéndose de mis agradecidos pechos, bajo su cabeza hasta llegar a la altura de mí entrepierna. Allí, después de bajar mis lindas braguitas hasta sacármelas por los tobillos, se dedicó a contemplar a su gusto mi encharcada intimidad, generosamente expuesta ahora que por fin podía separar mis piernas mucho más, como ella deseaba. Pronto se entregó a una larga serie de succiones y lameteos que me hicieron alcanzar una increíble serie de orgasmos que, aun hoy, los recuerdo y me tiemblan las piernas. Sobre todo el ultimo que alcance dentro de aquel ascensor, en el que Paqui además de pellizcarme el abultado clítoris con una mano mientras saboreaba golosamente mi cueva, se las ingenió para introducir uno de los expertos dedos de su otra mano en mi estrecho orificio posterior; incrustándolo casi por completo en su interior antes de empezar a maniobrar hábilmente, consiguiendo arrancarme un auténtico aullido de placer. Quede tan floja después de este violento orgasmo que me tuve que apoyar en mi amiga, debido a que mis débiles rodillas amenazaban con doblarse de un momento a otro. Desde


luego ese día no fuimos de compras, subimos a su casa y me enseño todo lo que una mujer puede enseñar a otra respecto a los secretos del amor. Desde entonces vivimos juntas, y no hay día que no riamos al recordar la cara que pusieron los ancianos vecinos que abrieron, aquella mañana, la puerta del ascensor, y vieron el aspecto que teníamos.


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Trazos

Eroticos

el arte de

Erich von Gรถtha


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Primer in tercambio

Ilustraciones de Fameni


D

espués de veinte años de convivir junto a un hombre muchas cosas se estancan. Sobre todo luego de criar hijos, trabajar...es decir, cuando lo cotidiano es monótono y sacrificado y los momentos dulces de la pareja se vuelven más escuetos. Porque los hijos nos dan alegría pero nada tienen que ver con la pareja, es un mundo privado que solo dos conocen a fondo. Yo disfrutaba de las cosas simples y siempre pensé que ese era mi mundo y que el otro -el de la aventura, la pasión, la trasgresión era solo de ficción o para personas signadas, especiales. Esa forma de pensar, que es la de muchos, me permitía vivir en una supuesta paz. Por ejemplo tener una vida sexual de uno por semana, a la noche, sin mucho barullo (por los chicos) y directo al orgasmo, sin muchas vueltas, ya que conocemos nuestros cuerpos y sensaciones al centímetro y para fantasear es necesario pensar en lo desconocido. Un día al pasar por el quiosco de revistas vi una que tenía un título rimbombante “Fiesta de las parejas liberales”. Me entusiasmo tanto esa frase que la pedí sin saber de qué revista de trataba. Por esa situación vergonzosa por la que uno a veces atraviesa la guarde rápidamente en la cartera y recién la saque cuando llegue a casa. Cuando leí su título me di cuenta que era una publicación dedicada a los “swinger” y sin saber bien de que se trataba supuse que comentaría casos de las parejas del jet set viviendo a lo loco emociones desenfrenadas. Cuando la hojee comprendí que en mis manos estaba el pasaporte a una zona de transgresión y que quienes surcaban esa zona no eran divas, modelos, artistas o empresarios en sus cruceros, sino gente como yo, parejas y matrimonios que se atrevían a vivir a contramano de la moral y las sanas costumbres. Escondí la revista pues sentía vergüenza de que me vieran con ella.

A los pocos días, después de leerla detenidamente en horarios donde estaba sola se la mostré a mi marido y recién ahí descubrí que él se sentía como yo, abúlico y necesitando que algo nuevo pasara en su vida. Me confeso que conocía la revista y que nunca me había comentado de ella porque pensaba que yo rechazaría la idea de integrarnos a algunos de los grupos que en ella se anunciaban. Un mes después estábamos sentados en un cómodo sillón. El lugar era muy lindo, un loft decorado con buen gusto. Nos habíamos conectado con un grupo “swinger” y era nuestra primera experiencia en la materia. Fuimos los primeros en llegar. El dueño de casa trato de apaciguar nuestra ansiedad y mi miedo (que por lo visto se hacía evidente). Pasados unos minutos el lugar se llenó de gente. Todos hablaban compartiendo sus historias. Por suerte estaban vestidos con ropa de noche ya que yo había comprado un vestido muy elegante y atrevido y me hubiera deprimido de haber sido la única exótica vestida así. Sentí que varios hombres me miraban y me gusto. Pensé que recobraba mi individualidad así que abandone la postura de ser chiquito y me senté como una mujer fatal. Corrí el tajo de mi vestido para que se vieran mis piernas y el bronceado de lámpara que había logrado con diez sesiones en las últimas semanas. La sangre corría por mis venas como si tuviera burbujas. ¡Qué lindo! Un hombre joven y guapo me invito una copa de champagne. La tome sugestivamente al tiempo que arriesgaba miradas provocativas a cuanto varón pasara frente a mí. Luego de bailar salsa, lo que hice con mi esposo, pusieron lentos y en ese momento las parejas comenzaron a intercambiarse. No lo podía creer, pero estaba bailando apretada con dos hombres al mismo tiempo. Ellos me rodeaban con sus brazos y sus atrevidas manos


ya invadían mis partes púdicas. Sentí que uno de ellos penetraba en mi escote acariciando los pezones y mi cuerpo se erizo. Entonces empecé a buscar a mi marido con la vista. Él estaba sentado hablando con una bella mujer. No reparaba en mi o trababa de no hacerme sentir vigilada. El hombre que tenía a mi espalda subió mi falda y lentamente metió sus manos entre mis piernas. Lo detuve. Era muy fuerte lo que me pasaba y deseaba vivir cada momento con plena conciencia. Me senté al lado de mi esposo, pero antes de que pudiera hablar con él, buscar su estimulo, alguien me tomo del brazo y pregunto si no quería acompañarlo a la habitación, es decir derecho a la cama. Mire a mi esposo y el me impulso con un gesto. Cuando entre en la habitación me senté en la cama. A mi alrededor había parejas disfrutando del sexo sin medias tintas. Me di cuenta que no saldría de allí, si así lo deseaba, sin que cada uno de esos hombres me poseyera. Pensé en mi casa, en los líos que los chicos le estarían haciendo a mi madre, en la ropa que tenía que lavar y planchar al otro día, en las cuentas que restaban por pagar... Me pare, me saque el vestido y me zambullí

en aquella cama que, como si tuviera mil brazos, me atrapo. Casi no podía distinguir las bocas. Los penes cambiaban sin que yo perdiera ni un minuto de sensaciones. Hasta me encontré besando senos ajenos. Tuve allí una cantidad de orgasmos tal que en números equiparaban a tres meses de mi vida sexual normal. Compartí el calor de cuerpos desconocidos y recibí los fluidos de hombres que me desearon por un instante. Salí de la habitación tratando de arreglarme el pelo, buscando a mi esposo, preocupada por mi audacia. Lo encontré sentado tocándole los senos a la misma mujer con la que lo había dejado antes de entrar a esa lujuria que no era como en las películas, ni cómo viven las diosas. No lo era porque esa era real y nunca podrían filmarla capturando su esencia, como que allí las grandes divas serian mujeres frívolas e intrascendentes. Mi esposo me confeso que no había podido lograr su erección ya que le costaba adaptarse a tanto placer a su alcance. Me susurro al oído que cuando llegáramos a casa le contaba todo lo que había hecho y él se hacía su fiestita privada. Sin duda lo iba a hacer, teníamos mucho para llevarnos a nuestra cama.


A traves Del Lente la vision de

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Adriana necesita un consejo

Ilustraciones de Jace Wallace


H

ola, me llamo Adriana y quiero contarles mi historia porque necesito un consejo. Soy una mujer ya madura, me falta poco para llegar a los 50 años. Pese a ello mantengo mi cuerpo en forma porque desde muy joven estoy acostumbrada a las dietas y al gimnasio. Mi cabello es rubio, tengo pechos que se mantienen firmes igual que mi trasero, y como entenderán, me considero atractiva. Pues bien, la cuestión es que hace ocho meses me divorcie de mi marido por cuestiones que no vienen al caso. Todo ese tiempo no estuve con ningún hombre, y la verdad que más pasa el tiempo, más me doy cuenta de que lo necesito. Hasta que hace poco tiempo ocurrió algo que me cambio la vida. Les contare. Un sábado me invitaron a cenar Daniela y Carlos, un matrimonio amigo, ambos de mi edad. Fuimos a un lugar elegante, y después decidimos ir a un disco a tomar una copa antes de irnos cada uno a su casa a dormir. Hacía años que no entraba a un lugar así. Pues allí nos encontramos con Gabriel, el hijo de Daniela y Carlos. Tiene 25 años, practica rugby de modo que tiene un cuerpo fenomenal. El chico estaba triste porque se había peleado con su novia, y lo que menos quería esa noche era conversar con tres personas adultas. Pero yo suelo ser una mujer muy divertida, hice algunas bromas y le cambio el humor. Tanto que me invito a bailar un poco. A las risas, acepte. Esa noche yo llevaba un vestido rojo, de finos breteles, escotado y algo corto, la verdad es que me veía muy bien y poco me importo lo que pensaran quienes me observaban bailando con alguien mucho más joven que yo. Bailamos largo rato. Daniela y Carlos nos avisaron que ya era hora de irnos, porque tenían sueño, y me sorprendió escuchar a Gabriel que decía “si Adriana acepta, nos quedamos un rato más y después yo la acompaño

hasta su casa”. Por supuesto acepte encantada. Yo también necesitaba divertirme. La cuestión es que seguimos juntos toda la noche y terminamos desayunando a la madrugada en un bar muy agradable. Después me llevo en su auto hasta mi departamento. Una vez en la puerta y antes de despedirnos, Gabriel me agradeció todo lo que había hecho por él, me dijo que estaba muy mal de ánimo, se sentía solo, y que yo lo ayude a salir de eso. Le aclare que él también me había ayudado a mí, que yo también estaba sola. Me miro intensamente. Y me dio un beso. Yo respondí con otro. En ese momento me olvide de que era hijo de un matrimonio amigo, me olvide de la diferencia de edad, me olvide de todo. Solo pensé que él era un hombre y yo una mujer que hacía mucho tiempo no tenía sexo. Y descubrí que mis ganas de él eran muy intensas. Entramos a mi departamento besándonos y acariciándonos. Gabriel me hizo recostar sobre un sillón, me cubrió de besos todo el cuerpo, llego a mis piernas, subió mi vestido e hizo a un lado mi tanga. Fue directo a lamer mi vagina. Uh, le agradecí con un gemido de placer. Hacía mucho que no sentía una lengua allí en mi intimidad, y me encendió hasta hacerme arder en un segundo. Gabriel tenía una lengua maravillosa y la sabia usar. Lamio y mordisqueo mi clítoris, separo los labios de mi vagina y la introdujo dentro de mí... en síntesis, me volvió loca y me hizo tener el primer orgasmo de la noche. Grite como una desesperada mientras sentía que se mojaban hasta mis muslos. Era mi turno. Lo tire en el sillón, le quite rápidamente los pantalones y los bóxer, y quedo a la vista una verga maravillosa. Gruesa, de cabeza abultada, con las venas marcadas, y en la base dos huevos grandes y pesados. Uff. La tome con mi mano por la base y comencé a lamerla con entusiasmo. Me gusta hacerlo, y sé


que lo hago bien. Los gemidos de Gabriel me confirmaban que lo estaba disfrutando muchísimo. Chupe con entusiasmo, con pasión, con ganas. Después de tanto tiempo volvía a tener un pene en mi boca y eso me ponía feliz. Y muy caliente. Gabriel susurro “jamás una mujer me la chupo así, es maravilloso”. Tomo mi cabeza y empezó a mover sus caderas, cogiéndome la boca hasta hacerme ahogar. “Trágala toda, que te entre toda”, decía una y otra vez. Fuimos corriendo hasta mi dormitorio, mi vestido voló por el aire igual que su camisa y nos tiramos en la cama. Allí hicimos un 69 espectacular, me pase su verga por toda la cara, la chupe hasta dejarla dura y brillante. Después me senté sobre ella dándole la espalda a mi amante. Uy, fue maravillo sentir ese tronco duro y grueso deslizarse dentro de mi vagina mojada. Lo cabalgue con furia, me clave una y otra vez su verga en la concha hasta sentir que me la hacía arder. Gabriel me sujetaba por las nalgas, las abría y cerraba y las volvía a abrir todo lo que podía. Estábamos muy calientes los dos. Después me hizo girar hasta que quede de frente a él y mordió mis tetas mientras yo seguía mi cabalgata enloquecida. “Eres la mejor hembra que me he cogido”, decía Gabriel. “Ya sabía yo que las veteranas son las más calientes, y ahora lo puedo comprobar”. Fue un polvo bestial y en todas las posiciones. No sé en qué momento quede con la mitad inferior de mi cuerpo sobre la cama y la cabeza, los brazos y las tetas apoyadas en el piso alfombrado de la habitación. Gabriel se puso detrás de mí y me penetro en esa forma. Volvió a abrir mis nalgas y me hundió un dedo en el ano. Ah, me hizo gritar. Y cuando sentí que sacaba su verga de mi vagina y la dirigía hacia mi ano le dije que esperara, que se detuviera, que no estaba preparada. No es que sea virgen de allí, he practicado

mucho el sexo anal (a mi ex marido le apasionaba) pero siempre bajo ciertas condiciones que Gabriel no pensaba respetar. El chico apoyo la ancha cabeza de su pene en mi agujerito y empezó a empujar. Lance un grito de dolor. “Gabriel, por favor no”, implore. Pero él estaba más entusiasmado que nunca. “Te voy a hacer el culo mi amor, es mi sueño. Vas a sentirla como te entra milímetro a milímetro”. Y vaya si la sentí. Esa barra de carne durísima y gruesa fue penetrando en mi esfínter poco a poco, sin que yo pudiera evitarlo. Además, generalmente cuando tengo sexo anal yo pongo un tope: con mi mano apoyada en el vientre de mi pareja le digo hasta donde puede penetrarme. Pero en esa posición agitaba mis brazos en vano, no podía alcanzar a Gabriel que estaba sobre la cama. Conclusión: me la hundió toda. Y después empezó a bombear, lento y profundo. Cuando paso el dolor terrible que sentí al principio empecé a disfrutarlo. Sentía su verga entrar y salir, toda a lo largo. Mi ano quedo muy dilatado. Gabriel estuvo largo rato cogiéndome así hasta que se vacío dentro de mí con un grito. Sentí que me inundaba. Fue maravilloso. Terminamos los dos abrazados en la cama, y antes de que se fuera le hice mi regalo especial, algo que reservo solo para aquellos hombres que lo merecen: le hice una larga mamada, permití que se vaciara en mi boca y me trague toda su leche. Eso lo volvió loco. Desde ese día empezamos una relación intensa. Gabriel está encantado conmigo porque hacemos cosas que las chicas de su edad no se atreven. Eso permite que disfrutemos mucho, pero también se ha convertido en un problema. Les explicare por qué. Me he enamorado de Gabriel. Él lo sabe, y por eso me pide cada vez más cosas. Últimamente insiste en vaciarse dentro de mi vagina, pero yo no quiero porque temo que


me deje preñada. Biológicamente aun puedo tener un hijo, pero no lo deseo. El insiste, y no hay manera de convencerlo de que use un preservativo. Dice que quiere ver mi concha inundada por su leche. Pero hay más. También dice que su fantasía es verme coger con otro hombre. Quiere mirar mientras me penetran. Hay varios de sus amigos que están dispuestos a cumplir su sueño. Y también pretende estar conmigo y con otra mujer. Quiere presenciar una escena lésbica entre nosotras, que le mamemos la verga juntas y luego penetrarnos. Yo lo amo tanto que creo que voy a ceder a sus deseos. Me pregunto si eso es lo que debo hacer. Adriana


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Vintage Los placeres del abuelo


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El rincon obscuro del lector Da Clic k

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ma

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in la menor duda, este libro reúne todos los requisitos que pueden satisfacer tanto al más refinado erotómano como al lector que comienza a iniciarse en el campo de la literatura erótica. He aquí una serie de historias rebosantes de imaginación, llenas de sugerencias más o menos veladas y, por encima de todo, llenas de deseo en el más carnal de los sentidos, y el lector podrá comprobarlo con relatos tan suculentos como «Pincho moruno» o «Pascualino y los globos» ; podrá asimismo descubrir las infinitas posibilidades que ofrece la gastronomía con «Una mujer sorprendente» o, en fin, tal vez acabe corroborando sus sospechas de siempre en torno a la relación que unió al Dr. Watson y Sherlok Holmes.

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ras causarse una fisura anal por apurar su depilado íntimo, Helen, la adolescente protagonista de este relato-confesión, se encuentra en la unidad de Medicina Interna, y mientras espera analiza aquellas regiones de su cuerpo que la opinión biempensante suele considerar poco propias. Porque a Helen la mueve una indomable curiosidad por sus recovecos y orificios. En efecto, a la muchacha le gusta el sexo: en solitario o en pareja; por vía anal, oral y vaginal, menstruando o con chocolate... Y el lector se deja contagiar por la risa de esta antiheroína moderna, que elabora sus traumas infantiles con un lenguaje fresco y trufado de guindas poéticas. Una primera novela transgresora, equilibrada y con humor.


Cabalgaré toda la noche Por una senda colorida Mis besos te daré en derroche De una manera algo atrevida Me aferraré de tus cabellos Por no caer de ese galope Voy a atender a mis anhelos Antes que el día nos sofoque Me perderé de madrugada Para encontrarte en mi abrazo Después de nuestra cabalgada Me acostaré en tu regazo Sin importarme si en ese instante Soy dominado o si domino Me sentiré como un gigante O tan pequeño como un niño Y las estrellas del lugar Se nos acercan para ver Y aún conservan su brillar Después de nuestro amanecer Y en la grandeza de ese instante Mi amor cabalga sin saber Que en la belleza de esa hora El sol espera por nacer


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Erotica 9 julio 2013