“Procesos constituyentes en Chile: antecedentes históricos y desafíos de la coyuntura actual”
Devolver la alegría a Óscar
¿La vacuna debe ser voluntaria? ¿Obligatoria?
La época posmoderna
La Loza de Pilén
Recordando a Adriana Bórquez Adriazola: de las imprescindibles
Adriana Alicia Bórquez Adriazola, Mi madre
Querida Mamita
Editorial
Agradecemos la buena recepción de nuestro primer número, los invitamos a leer y compartir esta segunda edición.
Encuentro 81 tuvo muy buena acogida, esta revista fue visitada más de 1 500 veces en diferentes latitudes y provocó reacciones gratificantes. Les incentivamos a leer la sección cartas al editor y hacernos comentarios para mejorar en las próximas ediciones. Es un medio de comunicación abierto y esperamos que continúen comunicándose con nosotros en forma fluida.
En esta edición hubo una gran cantidad de interesados en participar, además de las colaboraciones de nuestros pares. De tal manera que les ofrecemos variados temas para entretenernos, reflexionar y discutir. Deseamos que mantengan su interés en participar y hagan suya esta publicación
La necesidad de expresión, el sentimiento que se palpa de que estamos viviendo momentos históricos y de cambios trascendentes de diversa índole en Chile, en contexto de descontento popular, desconfianza en las autoridades e instituciones y pandemia por el coronavirus nos compromete aún más en perseverar en la continuidad de este medio de comunicación independiente.
De esta edición destacamos la valiosa contribución del historiador Sergio Grez Toso, quien desarrolla una clara exposición de los procesos constituyentes
en Chile, las dificultades que enfrenta la conformación de esta nueva Constitución, así como estrategias para devolver el mandato a la ciudadanía, verdadero poder constituyente, en pos de una nueva Carta Magna, sin vicios de legitimidad, perdurable y representativa del sentir de la mayoría ciudadana.
En la sección de Entrevista continuamos conociendo o reencontrando a compañeros de nuestra generación. David Sáez es develado desde la distancia por Ruby Osorio.
Nos resulta significativo presentar un reportaje al notable astrofotógrafo Roberto Antezana, poseedor de dos récords mundiales en fotografía a distancia.
Agradecemos profundamente las múltiples colaboraciones recibidas en diversos tópicos tales como: homenaje póstumo, ciencias sociales, cultura, opinión ciudadana y entretención.
Logramos que esta edición vea la luz el 14 de febrero del 2021, fecha en que conmemoramos un día digno de recordar, “el Día del Amor''. Les invitamos a ver un video con las fotografías participantes del concurso “Encuentro Amor” y las imágenes ganadoras.
Esperamos que disfruten su lectura y la compartan con familiares y amigos.
Comité editorial
Cartas al editor
Isidora Waddington
9 de noviembre de 2020
Estimado editor:
No puedo dejar de felicitarlos ni de comentar lo que surgió de la lectura.
Simplemente, la revista me encantó.
El relato de la Doctora Ruth Depaux humaniza la visión que los pacientes muchas veces tenemos de los médicos Los vuelve cercanos e igualitarios en las dudas y los miedos con su sacrificio más allá de los turnos, logrando ser, aún con toda esa carga que nadie estaba acostumbrado a entregar, una compañía y apoyo a sus pacientes, una escucha activa que sana la angustia y la intranquilidad a la que uno se enfrenta cada vez que recibe un diagnóstico, más aún considerando la situación actual.
El cuidar su cuaderno y su celular como el tesoro más preciado, no solo habla de su compromiso por el conocimiento que estos apuntes le puede llevar a concluir, sino que también transparentan el amor y cariño a sus pacientes. ¡Grandioso relato!
Disfruté la odisea de la doctora Ruby Osorio, en la que comparte que las mayores dificultades a las que se vio enfrentada fueron las menos pensadas por su simpleza en lo cotidiano de quienes las realizan a diario. Así al tratar de entender a sus pacientes se apoyaba en la universalidad del lenguaje no verbal que era traducido y agradecido por ellos, porque les prestaba atención y se fijaba en
los detalles. Tremendo desafío donde andamos corriendo, para quienes trabajamos con entrevistas en profundidad, historias de vidas y relatos directos de nuestros usuarios. Esas pequeñas cosas.... son las que hacen la diferencia. Mis felicitaciones a la doctora.
Me pareció un tremendo aporte el dado por la joven de Constitución con respecto al estallido social, la aceptación de minorías étnicas, diversidad sexual, igualdad, etc... Una exposición digna de rescatar y divulgar, clara, respetuosa, con la que concuerdo absolutamente.
Pero sin duda, la entrevista a la doctora Carmen Rojas me cautivó, me envolvió y me trasladó a distintas experiencias de la época universitaria a través de su perseverancia y esfuerzo. Vi a mis papás reflejados en su historia de amor y apoyo constante con su amado esposo e imaginé lo coqueta y feliz que se debe haber sentido en sus viajes a Cartagena. Me dieron ganas de conocerla y pedirle permiso para compartir su historia y para decirle "gracias por hacer de su vida una historia digna de imitar por tantos y tantas"; por compartir la importancia del apoyo fraterno en las experiencias de vida y logros alcanzados, más aún cuando quienes a veces están situados más arriba no crean en ti y no estén de acuerdo con las oportunidades igualitarias; por haber ido a cobrar su sueldo y saber que era justo que el otro renunciara; por transformarse en la hermana mayor de una generación 81 bondadosa y humanitaria.
Le compartí esta historia a mi hija de 12 años que sueña
igual que ella en ser pediatra.
Por favor, con absoluto respeto y admiración mis felicitaciones no solo a ella, sino a su familia completa.
Cuando terminé de leer la revista sentí que todos y cada unos de los artículos estaban perfectamente entrelazados y que todos tienen el particular valor de entregar lo mejor a quienes están a nuestro alrededor. Creo que desde allí es justamente donde cada uno puede contribuir ya que más allá del conocimiento científico y/o experto, las relaciones humanas y la empatía son esenciales. Todo cobra sentido cuando se da la oportunidad, desde el aprender a escribir una receta, a la que recibió también Picasso Solo desde esa convicción es que la subida liviana de Diego tiene tanto sentido como la lucha de Macarena Fuentealba. No importa si el tiempo en que se dé sea contado por el sistema de los griegos o los mayas, lo importante es sin duda tener más generaciones 81 que acompañen y bailen los mismas canciones alegres que la Señora Carmen disfruta hoy junto a sus adultos mayores.
Te envío un abrazo enorme, y es realmente "maravilloso que podaran tu artículo", pues tu desilusión fue el motor de este tremendo logro.
Mi admiración a la generación 81 y espero poder leer la edición siguiente y muchas que seguramente vendrán.
Con muchísimo cariño,
Isidora
“PROCESOS CONSTITUYENTES EN CHILE: ANTECEDENTES HISTÓRICOS Y DESAFÍOS DE LA COYUNTURA ACTUAL”
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Sergio Grez Toso
Me voy a referir a los procesos constituyentes en la historia de Chile, pero no con la intención de hacer un resumen o un relato detallado de estos procesos, sino, simplemente, para mejor iluminar el actual proceso constituyente, esto es, establecer un vínculo entre lo que está ocurriendo y el pasado, además de intentar elucidar algunos conceptos teóricos que me parecen indispensables para poder entender de la mejor manera lo que está ocurriendo, lo que podría ocurrir y cuáles son las perspectivas que podemos vislumbrar en este proceso constituyente
Lo primero que hay que señalar es que nuestra historia está plagada de mitos, tanto historiográficos como políticos. El primer mito señala que Chile, a través de toda su historia republicana, ha sido una suerte de democracia ejemplar y que la mayor parte de su devenir histórico ha sido institucional,
pacífico, regulado y democrático. Esta afirmación difundida por la enseñanza formal, también por los grandes medios de comunicación y por los políticos profesionales es absolutamente falsa.
Los períodos de desarrollo verdaderamente democráticos de nuestra historia son muy reducidos. Es verdad que los ha habido, en los cuales han existido una serie de libertades civiles y políticas, que han sido más o menos respetadas, más o menos violadas, no obstante, estos han sido períodos muy breves de este devenir
Chile, desde la Independencia, no ha sido precisamente una democracia; no podía ser democracia en el siglo XIX hasta 18741875, entre otros motivos porque la mitad de la población, por cuestiones de género estaba excluida.
1 Transcripción de extractos de la conferencia de Sergio Grez Toso “Procesos constituyentes en Chile. Antecedentes históricos y desafíos en la coyuntura actual”, impartida en las Jornadas de Actualización Pedagógica organizadas por Saberes Docentes, Centro de Estudios y Desarrollo de Educación Continua para el Magisterio, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile, 9 de enero de 2020. Video completo: https://www.youtube.com/watch?v=jmLxXnPyyjM&feature=youtu.be La última parte –“Proceso constituyente: entre el plebiscito del 25 de octubre y las elecciones del 11 de abril”- fue redactada a modo de addenda, para efectos de esta publicación, a mediados de enero de 2021.
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2 Sergio Grez Toso, historiador, profesor de la Universidad de Chile, director de la revista Cuadernos de Historia Correo electrónico: sergiogreztoso@gmail.com
Las mujeres estaban excluidas de los derechos políticos y lo siguieron estando durante bastante tiempo después de esta fecha. Tampoco era una democracia para la inmensa mayoría de la población masculina puesto que solo gozaban de los derechos de voto y de ser potencialmente elegidos aquellos varones mayores de edad (21 años en el caso de los hombres casados y mayores de 25 años tratándose de los solteros) que supieran leer y escribir, lo cual excluía a la inmensa mayoría de los hombres de los sectores populares. Además, se exigía que tuvieran un nivel de ingreso, de riqueza, patrimonial, muy elevado que se medía a través del censo (que era un impuesto, no el recuento de población como lo entendemos ahora), lo que excluía también a la mayoría de la población Sin arriesgarnos demasiado, podríamos decir que hasta esa fecha gozaba de los derechos ciudadanos, en el mejor de los casos, no más del 5% de la población, porque toda la población femenina estaba excluida y la masculina iletrada o pobre también lo estaba. De tal manera de que estas personas eran, a lo sumo, de acuerdo con el concepto de la época, ciudadanos pasivos, esto es, personas a las cuales se les reconocía potencialmente la posibilidad de llegar a ser ciudadanos plenos, ciudadanos activos que gozarían de los derechos de voto y de ser elegidos en algún momento, cuando adquirieran, como se decía en el lenguaje de la época, las “luces” necesarias (la instrucción que, se suponía, facilitaría también el acceso a la riqueza) y de esa manera podrían ser algún día ciudadanos de pleno derecho.
Incluso después de 1875, no podemos
hablar de democracia porque la ampliación del cuerpo electoral que dio por supuesto que quienes supieran leer y escribir reunían el requisito del censo, no significó una ampliación muy grande del cuerpo electoral ya que los analfabetos siguieron estando excluidos, al igual que las mujeres, de la ciudadanía activa. Como si fuera poco, hay que agregar una serie de prácticas y vicios políticos de la época, que hacían que este sistema político tuviera estándares que no tenían nada que ver con la democracia, puesto que, si bien había elecciones, existían todas estas restricciones respecto de los derechos ciudadanos. Hasta 1891 existió una práctica política amparada por la Constitución, por las leyes y por la realidad factual, que era la descarada intervención de los presidentes de la República en todas las elecciones. Desde La Moneda se organizaba el fraude electoral, el presidente de turno que, como lo ha dicho bien la historiografía, era el gran elector porque concentraba en sus manos un poder enorme, tenía capacidad para intervenir en las elecciones. Desde el palacio de gobierno se organizaba el fraude electoral, a través de los intendentes, gobernadores y comandantes de la Guardia Nacional. El día de las elecciones, en algunas localidades, los opositores más reconocidos eran muchas veces impedidos de acceder a las urnas o, una vez efectuada la votación, los partidarios del gobierno de turno se robaban las urnas y realizaban un recuento de votos absolutamente fraudulento. Eso subsistió hasta la Guerra Civil de 1891 que, como sabemos, terminó con el exacerbado presidencialismo que
existía hasta entonces y sustituyó este tipo de organización del poder por una República Parlamentaria muy sui géneris, “a la chilena”, que anuló por completo el poder del Ejecutivo, del presidente de la República, sustituyéndolo por el poder de los partidos de la oligarquía, que a través del parlamento dirigía la política nacional.
Si bien se anuló por completo la capacidad de los presidentes de la República de organizar fraudes electorales, tal como se venía haciendo desde la década de 1830 en adelante, la supuesta democracia o el sistema liberal (que, reitero, no es lo mismo que el sistema democrático) conoció un nuevo tipo de alteración o de distorsión que ya existía, pero que ahora se masificó más que nunca, el cohecho, la compra y venta masiva de votos por parte de los partidos políticos. El cohecho se practicó masivamente en Chile, hasta una fecha tan tardía como 1958, cuando se instauró la cédula única electoral. Hasta esa fecha cada partido, cada candidatura, imprimía sus propios votos, con sus símbolos, con sus logos y el ciudadano (o ciudadana más tarde) vendía su voto a un determinado comando o partido, recibía de quienes le habían comprado el sufragio un voto ya marcado con el candidato o los candidatos del partido que le había comprado el voto y ese ciudadano o ciudadana era acompañado hasta la boca de la urna por un operador político (término que es de nuestra época, no de entonces, pero es lo mismo) para cerciorarse que en su ropa llevara solo el voto del partido que le había comprado el sufragio; esto ocurrió hasta vísperas de la elección presidencial de 1958.
Tampoco podríamos afirmar que nuestro desarrollo político fue perfectamente democrático, institucional, pacífico, evolutivo, por otras razones además de las ya expuestas, porque si uno examina con mediana detención el desarrollo de la política nacional, se dará cuenta, por ejemplo, que tan solo en el siglo XIX hubo cinco guerras civiles, si consideramos como tales -como deberíamos hacerlo- las guerras de la Independencia, que tuvieron un verdadero carácter de guerra civil. Además de las guerras independentistas, hubo guerras civiles en 1829-1830, 1851, 1859 y 1891 (probablemente la más sangrienta de todas, después de las guerras de la Independencia y en el siglo XX). Estas contiendas, junto a fenómenos como el cohecho, la exclusión femenina en las elecciones municipales hasta 1934, y en las parlamentarias y presidenciales hasta fechas más tardías (el sufragio pleno femenino recién se obtuvo en 1949 y las mujeres votaron por primera vez en una elección presidencial en 1952), en el siglo XX hubo otros factores que hacían de nuestro sistema político algo bastante alejado de lo que podría ser considerado un régimen democrático liberal. Porque en Chile hubo dictaduras, no solo la de Pinochet -dieciséis años y medio- también la de Ibáñez entre 1927 y 1931, una dictadura sui géneris, pero dictadura, al fin y al cabo.
Como si fuera poco, durante los períodos supuestamente democráticos hubo largos años de restricciones de las libertades políticas y civiles, de atropellos a las normas legales y constitucionales por parte
de los propios gobiernos. No me refiero solo a las grandes matanzas de trabajadores, de pueblos originarios desde el siglo XIX y como un fenómeno muy recurrente a lo largo del siglo XX, sino también a períodos de excepción constitucional, pues hubo gobiernos supuestamente democráticos, por ejemplo, los dos de Arturo Alessandri Palma, que fueron extraordinariamente represivos. Durante su primer gobierno, entre 1920 y 1925, se perpetraron dos grandes masacres de trabajadores: en la oficina salitrera San Gregorio, en la provincia de Antofagasta, a comienzos de 1921, y en la oficina salitrera de La Coruña (Tarapacá) en junio de 1925, probablemente la matanza de trabajadores más grande de nuestra historia, más grande que la de Santa María de Iquique Durante el segundo gobierno de Alessandri Palma, junio-julio de 1934, se masacró a los campesinos chilenos y mapuches en El Alto Bío-Bío, en Lonquimay- Ranquil. Su gobierno también masacró a jóvenes nacistas que habían intentado dar una especie de golpe, tomándose la Casa Central de la Universidad de Chile. Luego de ser reducidos, fueron conducidos al Seguro Obrero, frente a La Moneda, donde está actualmente el Ministerio de Justicia, y fueron masacrados por carabineros que habrían actuado por orden directa del presidente de la República. Alessandri gobernó durante largos períodos con leyes de excepción, con suspensión de las garantías constitucionales, con secuestros, desaparición de dirigentes sindicales, relegaciones de trabajadores, dirigentes sociales y opositores políticos.
Aparte la promulgación de la “Ley de
Defensa Permanente de la democracia” durante el gobierno de Gabriel González Videla, que puso fuera de la ley al Partido Comunista, de fuerte arraigo popular, siendo borrados de los registros electorales miles de sus militantes entre 1948 y 1958, hay que agregar que el segundo gobierno de Ibáñez (1952-1958), electo democráticamente, también fue muy represivo.
Si hablamos de democracia en la historia de Chile, de un régimen político que se aproximó (probablemente sin llegar a cumplir todos los requisitos) a lo que se entiende comúnmente por un régimen democrático liberal, tenemos que limitarnos al corto período entre 1958 y 1973 Tan solo quince años, no más que eso, porque en 1958 se produjeron dos hechos muy importantes: se eliminó la Ley de Defensa permanente de la democracia, esta exclusión de un sector relevante de la ciudadanía popular; además, se instauró la cédula única electoral que permitió terminar con el cohecho, pero eso duró solo hasta 1973, bien sabemos lo que viene después. Si profundizamos nuestra mirada crítica, nos daremos cuenta que durante esta época -“la más democrática” de nuestra historia, mucho más que ahora- se produjeron masacres de trabajadores como la matanza en la población José María Caro, acá en Santiago, en 1962. bajo el gobierno de Jorge Alessandri Rodríguez, hijo del León Por eso Violeta Parra en su famosa canción “La Carta”, que se refiere a esta matanza, dice que “el león es un sanguinario en toda generación”, refiriéndose al padre, “El León de Tarapacá” y “El Paleta”, el sobrenombre
de Jorge Alessandri Rodríguez, su hijo.
Durante el gobierno reformista de la democracia cristiana, de Eduardo Frei Montalba, se producen al menos tres masacres de trabajadores y pobladores: 1966 matanza de mineros de El Salvador, 1969 matanza de pobladores en Pampa Irigoyen, a la salida norte de Puerto Montt, el mismo año 69, ocho o nueve muertos, producto de la represión policial durante un paro nacional de la CUT en Santiago. En total, la Democracia Cristiana con Frei Montalba, acumuló 36 trabajadores y pobladores, incluso algunos bebés, asesinados a mansalva por las fuerzas represivas del Estado, Ejército y Carabineros. Todo este panorama nos permite cuestionar este primer gran mito de nuestra historia, el de la “democracia ejemplar”.
La ausencia de procesos constituyentes democráticos en la historia de Chile
Este es el marco general en que se han realizado todos nuestros procesos constituyentes.
Chile nunca ha vivido un proceso constituyente democrático. ¡Nunca!
Todas las constituciones, incluyendo los reglamentos constitucionales de la Patria Vieja, una decena de artefactos constitucionales, han sido concebidas y aprobadas por pequeños grupos de personajes (todos varones, salvo la última Constitución en que participa una mujer directamente y otra indirectamente, me refiero a la Constitución de 1980, que está
vigente hasta nuestros días), han emanado de las élites dirigentes o de sus representantes, de la casta política sin ninguna participación ciudadana. La mayor parte de las veces en contextos de ciudadanía restringida o de derechos políticos conculcados y, en el caso de las tres constituciones más importantes, 1833, 1925 y 1980, con la presión e intervención directa de las Fuerzas Armadas.
No vamos a ahondar en todos los procesos constituyentes, solo podemos decir algunas palabras respecto a estos tres procesos constituyentes.
1833, la Constitución Portaliana, la de Diego Portales, fue el fruto directo del desenlace de la Guerra Civil de 1829-1830, entre conservadores y liberales Venció el bando conservador cuyo ideólogo era Diego Portales y a pesar de que la Constitución vigente, de sello liberal, la de 1828, establecía que esta no podía ser reformada antes de 1836, los vencedores de la guerra civil impusieron una reforma constitucional, luego de haber realizado una purga de liberales, incluso en el seno del Ejército, donde los liberales tenían muchas simpatías. Me refiero a purga de jefes militares que habían tenido connotada participación en las guerras de la Independencia, porque muchos de estos jefes militares murieron en los combates o se salvaron con gran dificultad de la pena de muerte y tuvieron que exiliarse, como fue el caso del general Ramón Freire, uno de los próceres de la Independencia. Fue en este contexto de represión, de purga y limpieza de liberales, en que los diputados liberales no osaban, o no podían llegar al
Congreso Nacional, o si llegaban estaban acobardados, atemorizados, que se impuso una Convención Constituyente (es bueno retener el nombre) destinada a reformar la Constitución de 1828, en el fondo, hacer una nueva Constitución. Si bien en la fórmula propuesta por los vencedores de la guerra civil, los portalianos, la Convención Constituyente originalmente debía estar compuesta en parte por parlamentarios designados por el propio Parlamento (esa música la hemos escuchado recientemente) y por prohombres, personajes de connotada probidad y mérito, etc., al final la Convención Constituyente fue un artefacto íntegramente compuesto por parlamentarios; se olvidaron de los personajes destacados y de esta manera procedieron a elaborar y aprobar sin plebiscito (esa figura ni siquiera se soñaba en esa época) una Constitución que fue un traje a la medida de los vencedores de la guerra civil, la aristocracia, la oligarquía terrateniente y comercial de la zona central del país (entendiendo por zona central, el eje de Santiago a Valparaíso y a provincias que estaban un poco más al sur y un poco más al norte de estas dos ciudades principales), con exclusión no solo de los intereses de los sectores populares, sino también de las oligarquías de las dos regiones extremas del país que en la época eran Copiapó por el norte y Concepción por el sur. De modo tal que el régimen portaliano, sobre todo en su fase más dura, las décadas de 1830, 1840, 1850 y comienzos de la década de 1860, lo que nuestra historiografía ha conceptualizado como la República Conservadora, fue un régimen político altamente excluyente, oligárquico, autoritario y presidencialista.
Ese es el origen del gran poder de intervención de los presidentes de la República en las elecciones a lo largo de gran parte del siglo XIX. Tan grande era el poder de intervención de los presidentes de la República que, durante los 30 años de la República Conservadora, a pesar de que eran gobiernos de quinquenios, pero con posibilidades de reelección (los famosos decenios que uno estudió en el colegio), Prieto, Bulnes, Montt, inmediatamente de sus primeros cinco primeros años se hicieron reelegir, y luego los dos primeros designaron prácticamente a dedo a su sucesor. Tan grande era el fraude electoral organizado desde el palacio de La Moneda que durante estas tres décadas la oposición nunca pudo elegir un solo senador. Hubo algunos senadores opositores, no obstante, inicialmente habían sido parte del bando oficialista, del bando conservador y que, en algún momento, por razones diversas, entraron en disidencia y se pasaron a la oposición, pero la oposición en todo este tiempo nunca pudo elegir un senador. Eligió diputados, mas, senadores no. Esta es una de las tantas muestras de la capacidad de intervención del gran elector de la época, el presidente de la República.
De esa manera fue elaborada la Constitución que ha tenido más duración en nuestra historia, casi 100 años, de 1833 a 1925.
Si bien hubo reformas constitucionales, las más importantes se realizaron recién hacia mediados de la década de 1870 como continuación de un proceso iniciado la década anterior, de traspaso progresivo de poderes del presidente de la República al
Congreso Nacional, porque el sistema portaliano en su fase clásica, la de la república conservadora, generaba demasiadas contradicciones, roces y guerras. Luego de dos guerras civiles en 1851 y 1859 fue necesario encontrar una fórmula de consenso en el seno de la clase dominante que permitiera un desarrollo más normado, pacífico, más “democrático” en el seno de la propia élite (no hacia el mundo de las clases medias y menos aún de los sectores populares). Esa fue la liberalización que se inicia a comienzos de la década de 1860 y que es conocido en la historiografía clásica como la República Liberal de 1861 a 1891, pero manteniendo el mismo marco constitucional.
La guerra civil de 1891 marcó el fin del presidencialismo y un inicio del parlamentarismo. Este cambio no fue objeto de una reforma constitucional propiamente tal, sino de una reinterpretación en un sentido parlamentarista de la Constitución de 1833.
No hubo cambio de Constitución, sino recién en 1925.
En esta época habían cambiado muchas cosas, se había pasado de un modo de producción colonial que imperó hasta mediados del siglo XIX a un modo de producción capitalista, incipientemente industrial. Junto con este fenómeno (el de la industrialización y el de la modernización económica) se había desarrollado un proceso de migraciones masivas campociudad de grandes oleadas de campesinos que se convirtieron en habitantes urbanos en las ciudades o en los campamentos mineros.
Al mismo tiempo se produjo el descubrimiento por parte de la élite dirigente de la “cuestión social”, es decir, la problemática obrera, que planteaba esta nueva configuración de la sociedad, la emergencia de nuevos sectores sociales, particularmente el proletariado o clase obrera y los problemas asociados a esta condición social y al desarrollo de la modernización económica.
Surgieron nuevos problemas de salud, vivienda, mortalidad, medioambientales, sanitarios, incluso, morales, según lo describen algunos personajes de la época.
En 1925 se planteó por iniciativa del presidente de la república, Arturo Alessandri Palma, la necesidad de cambiar de Constitución, de cambiar de sistema político. Alessandri pretendía volver al presidencialismo, pero un presidencialismo más moderno que el que había imperado en el siglo XIX.
En este contexto apareció un actor nuevo, el mundo popular y las emergentes clases medias.
El mundo popular organizado como movimiento obrero propiamente tal quiso hacer oír su voz, pretendió que este nuevo proceso constituyente no fuera una réplica de los procesos constituyentes anteriores, en los cuales solo había intervenido la oligarquía El movimiento obrero y popular y sus aliados de las clases medias trataron de incidir en este proceso constituyente.
Alessandri, que se había exiliado en Italia
producto de un primer golpe militar suave de los oficiales jóvenes del Ejército realizado en septiembre de 1924, fue llamado por estos mismos oficiales quienes, el 23 de enero de 1925, dieron un nuevo golpe de Estado para remover a los oficiales mayores, a los altos mandos que se habían apoderado de la Junta de gobierno imprimiéndole un sello netamente conservador. Luego de derrocar a sus superiores, los oficiales jóvenes llamaron a Alessandri Palma de vuelta al país para que terminara su mandato presidencial, el que por disposición constitucional expiraba en diciembre del mismo año.
Antes de volver a Chile, Alessandri Palma prometió la convocatoria a una Asamblea Constituyente, lo que causó gran júbilo y entusiasmo en todo el país Alessandri llegó a Santiago el 20 de marzo, nueve arcos triunfales lo esperan, cerca de 200.000 personas (una cantidad enorme para la población de Santiago de esa época, que tendría poco más de 300.000). Sin embargo, terminaría frustrando las ilusiones que concitó en el movimiento obrero y popular, o una buena parte de él. Este movimiento se había autoconvocado, organizando pocos días antes una Asamblea Constituyente de Asalariados e Intelectuales, la llamada “Constituyente Chica”, como un ejercicio previo para aunar voluntades y llegar a disputar los contenidos de la futura Constitución en la Asamblea Constituyente “Grande,” Nacional, de todas las clases y sectores sociales que había prometido Alessandri Palma.
El León de Tarapacá, olvidando su promesa, borrando con el codo lo prometido tan solo
dos o tres meses antes, nombró dos comisiones constituyentes “a dedo”, como se suele hacer en la historia de Chile por parte del poder. Una comisión que nunca funcionó más allá de una o dos reuniones, encargada de discutir los mecanismos para aprobar el anteproyecto constitucional (plebiscito, asamblea constituyente u otro).
La otra comisión presidida por él mismo, que sí funcionó, fue la encargada de discutir los contenidos de la nueva Constitución y redactar una nueva Carta Fundamental.
A pesar de que esta comisión había sido nombrada por el propio presidente de la República, este encontró reticencias en el seno de los “constituyentes”, porque el proyecto de Alessandri y sus asesores era marcadamente presidencialista, y los partidos ahí representados por voluntad del jefe de Estado (desde los conservadores hasta un representante del Partido Comunista, para dar la impresión de pluralidad) eran contrarios a la propuesta presidencial. Aunque la mayoría la conformaban viejos políticos oligárquicos que habían sido nombrados por el León, estos personajes veían con malos ojos el sello presidencialista del proyecto de Constitución elaborado por los asesores de Alessandri.
Alessandri, que era un tipo de grandes capacidades políticas, un gran demagogo, desplegó todas sus habilidades para hacer avanzar su proyecto, recurriendo al histrionismo que practicaba con gran talento. Así, cuando las cosas no se desarrollaban a su gusto en la comisión constituyente, hacía un show, gritaba,
decía que se iba, se retiraba; sus asesores lo iban a buscar, le rogaban que volviera; tenía una “muñeca” política impresionante…
Pero como esto no bastó para desarmar la resistencia a su proyecto en el seno de la comisión constituyente, el 23 de julio de 1925 llevó a una de sus sesiones al general Navarrete que era el inspector general de armas del Ejército, una especie de comandante en jefe. Este, en términos muy comedidos, le hizo entender a los señores constituyentes ahí reunidos que los hombres de armas (léase el Ejército porque él no podía hablar por la Armada) veían con mucha preocupación que los planes bien inspirados del presidente de la República no estuvieran llegando a buen puerto en un plazo adecuado Esta era una amenaza apenas velada de tercer golpe de Estado, como lo reconocen historiadores de todas las sensibilidades políticas, especialmente Gonzalo Vial, historiador conservador que llegó a ser ministro de educación del gobierno de Pinochet. Esta fue la manera en que Alessandri logró vencer las reticencias y resistencias en el seno de los constituyentes y se aprobó un llamado a plebiscito para que la ciudadanía decidiera.
Este llamado se hizo con tan solo un mes de anticipación, un período brevísimo, durante el cual evidentemente no se podía realizar ningún debate constitucional serio e informado El resultado del plebiscito, como era de esperar, fue ampliamente favorable al proyecto presidencialista de Alessandri. Fue aprobado por más del 90% de los ciudadanos que concurrieron a votar, aunque cabe señalar que solo concurrió el
42.1% del reducido cuerpo electoral de la época
La Constitución de 1925, la que es normalmente considerada como la más democrática de la historia de Chile, que estuvo vigente hasta el 11 de septiembre de 1973, fue aprobada por una minoría de ciudadanos de un cuerpo electoral muy reducido, porque aún no votaban las mujeres, no votaban los analfabetos, la mayoría de edad estaba situada a los 21 años, etc. … Esa fue la génesis de nuestra Constitución más democrática.
La tercera y última Constitución es la que tenemos hoy, la de 1980, la de la dictadura.
En un contexto de sobra conocido, doce o trece días después de realizado el golpe de Estado, en septiembre de 1973, la Junta Militar de Gobierno designó una comisión constituyente, presidida por el abogado Enrique Ortúzar, un dirigente político de la derecha que había sido ministro de Jorge Alessandri y jefe de su campaña electoral en 1970, cuando fue derrotado por Salvador Allende. La comisión Ortúzar la componía un número muy reducido de juristas (aquí apareció por primera vez en la historia en las comisiones constituyentes una mujer, doña Olga Feliú, quien después sería senadora designada), pero el genio inspirador y miembro de la comisión, sin lugar a duda, era Jaime Guzmán Errázuriz La Comisión Ortúzar trabajó alrededor de cinco años en la elaboración de un proyecto constitucional que fue remitido a la Junta de Gobierno, la cual lo envió al Consejo de Defensa del Estado, también conformada exclusivamente por
personajes derechistas y, finalmente, volvió a los asesores de la Junta de Gobierno, interviniendo en esa instancia la ministra de Justicia Mónica Madariaga, prima del dictador.
Luego de pasar por diferentes cedazos de los círculos concéntricos en torno a la Junta Militar, esta finalmente la aprobó y convocó a un plebiscito ciudadano, al igual que en 1925, con tan solo un mes de anticipación.
Este se llevó a cabo en un contexto de aún menores libertades democráticas que en 1925: dictadura militar, terrorismo de estado, inexistencia de partidos políticos legales pues estos habían entrado en “receso”, según la jerga oficial desde el 11 de septiembre de 1973, sin plena libertad de prensa ni de reunión (la dictadura solo aceptó que la oposición realizara un acto, el del Teatro Caupolicán donde hubo un solo orador, Eduardo Frei Montalva), además sin existencia de registros electorales porque estos habían sido quemados por los militares golpistas en octubre de 1973 y no habían sido reconstituidos. Entonces, para votar, las personas tenían que presentar su cédula de identidad y esta era recortada en una de las esquinas, les marcaban los dedos con tinta para, supuestamente, evitar que la gente votara más de una vez, pero hay personas de ambos bandos que cuentan haber votado más de una vez, sobre todo los del bando oficialista. Hay un testimonio de un exintegrante de la CNI, arrepentido, en un libro que cuenta que a los batallones de la CNI en Santiago los llevaron a votar cinco o seis veces el mismo día. A la CNI esto no le costaba pues tenía un laboratorio de falsificación de documentos en la Villa Grimaldi (todavía se puede visitar, es una
sala museo). También la CNI y los servicios de inteligencia de la dictadura disponían del Registro Civil, donde se fabricaban los documentos falsos-verdaderos (como los que utilizaron los asesinos del general Prats y de Orlando Letelier, o de los que intentaron matar a Bernardo Leigthon en Roma). Como si esto fuera poco, en el acto mismo de recuento de votos se produjeron situaciones realmente grotescas, la oposición de la época contabilizó nueve provincias, entre ellas Valparaíso (una tan importante como Valparaíso), en las que se contaron más votos que electores.
Ese es el origen de nuestra Constitución, ilegítima en su génesis, una Constitución que, si uno la examina bien, nunca debería haber sido obedecida por la ciudadanía Si lo fue, se debió únicamente a los pactos de la transición, tema que solo mencionamos y lo dejamos para otra discusión. Pero, reitero, esta Constitución es ilegítima, porque fue impuesta de manera más clara que las anteriores por la fuerza de las armas, en un contexto en el cual no existía la menor libertad democrática ni la menor garantía de cómputos independientes, de modo que en todas las mesas triunfó el Sí a la nueva Constitución en el contexto ya descrito (salvo en una, en la comuna de Penco, donde ganó el No; probablemente el alcalde ahí tuvo un comportamiento -a pesar de ser un alcalde designado- un poquito más cauteloso o más digno)
El proceso constituyente actual
Antes de entrar en el análisis de este proceso constituyente conviene detenerse en cuestiones conceptuales para entender
mejor lo que estamos viviendo. Todos sabemos que una Constitución es la Ley Suprema, la ley de leyes, la norma jurídica superior de un Estado organizado que ordena todo hacia abajo. La normativa jurídica tiene que adecuarse a la Constitución. No puede haber una ley que contravenga ni su letra, ni su espíritu. La Constitución organiza el Estado, determina sus bases, establece derechos y deberes, organiza los poderes públicos, les fija atribuciones y límites, establece el gran marco, el gran “rayado de cancha”.
Entendemos por proceso constituyente aquel que tiene como objetivo dotar de una nueva Constitución a un Estado. Procesos constituyentes ha habido muchos en los últimos doscientos y tantos años De muy diverso signo, ha habido procesos constituyentes absolutamente autoritarios, dictatoriales, violentos, como fue el último que vivimos en Chile entre 1973 y 1980 (porque eso también fue un proceso constituyente) así fuese medio clandestino o confidencial, ya que durante esos años la ciudadanía no supo prácticamente nada o muy poco acerca del proceso constituyente; se sabía que existía la Comisión Ortúzar, no mucho más. En el otro extremo, se han desarrollado en diversos países procesos constituyentes plenamente democráticos. Mi convicción es que el único proceso constituyente plenamente democrático, es el que se realiza vía Asamblea Constituyente
Para comprender lo que es o lo que puede ser una verdadera Asamblea Constituyente, hay que tener claro algunas cuestiones conceptuales, especialmente la relacionada
con el poder constituyente originario.
El poder constituyente originario
En el Antiguo Régimen político -grosso modo el que existía hasta antes de la Revolución francesa, tanto en Francia como en otros países y hasta bastante después de esta- la soberanía residía solo en una persona, el monarca absoluto. El rey era la encarnación de la nación. Con la Revolución francesa, y progresivamente en otros países, esta noción empezó a cambiar; la noción de la soberanía residiendo en un autócrata fue reemplazada por la idea de que la soberanía reside en la nación. El problema es que, durante la Revolución francesa y las revoluciones liberales de buena parte del siglo XIX, la nación la representaron solamente los sectores de la élite, no el pueblo en su conjunto, no lo que después entenderíamos como ciudadanía universal.
El sufragio, tal como ocurrió en Chile durante gran parte del siglo XIX, era censitario; no era universal, de tal manera que esta ciudadanía restringida consagró un régimen político estrictamente liberal, pero no democrático, porque no es lo mismo el liberalismo que la democracia. El liberalismo es el gobierno de las élites ilustradas, la democracia es el gobierno del pueblo, es decir de todos.
Entendemos por poder constituyente originario aquel que puede, es capaz o debe elaborar constituciones. Este poder, según la teoría democrática, reside única y exclusivamente en la ciudadanía. No obstante, ante la imposibilidad material de
ejercerlo de manera directa, se expresa mediante la elección de representantes para conformar la Asamblea Constituyente, un cuerpo especial de delegados (y con el correr del tiempo, también de delegadas) cuyo único fin es elaborar un proyecto de Constitución para someterlo a la consideración de la ciudadanía. La Asamblea Constituyente no decide por sí misma, es, en última instancia la ciudadanía, mediante la vía plebiscitaria, quien decide lo que los constituyentes le proponen.
Paralelamente existen los poderes constituidos, derivados del poder constituyente originario. Los poderes constituidos son los poderes del Estado; en el caso de Chile: Ejecutivo, Legislativo y Judicial ¿Podría haber más poderes? Sí, porque podría considerarse el Tribunal Constitucional o la Contraloría General de la República, como otros poderes, aunque no son parte del Ejecutivo, del Legislativo, ni del Judicial. Pero, atención, estos son poderes constituidos, derivados del poder constituyente originario y, según la teoría democrática, solo tiene atribuciones para elaborar de manera libre y soberana una nueva Constitución, el poder constituyente originario, en este caso, la Asamblea Constituyente.
Los poderes constituidos -Ejecutivo, Legislativo, Judicial o los que quiera agregársele- no tienen atribuciones constituyentes, no pueden y no deben elaborar, ni menos aprobar una nueva Constitución, porque ellos no son el poder constituyente. El poder constituyente somos nosotros, el pueblo con derechos políticos, la ciudadanía.
Ningún poder constituido del Estado tiene derecho a establecer normas para el funcionamiento de la delegación del poder constituyente originario. Esto es potestad exclusiva de la Asamblea Constituyente. A esta no se le deben fijar normas, no se le debe fijar quorum, no se le pueden determinar cuáles son las materias que se pueden discutir y aquellas que son tabú.
Entre el plebiscito del 25 de octubre y las elecciones de convencionales constituyentes del 11 de abril
El acuerdo del 15 de noviembre de 2019 y las reformas constitucionales aprobadas a partir de diciembre de ese año, apuntan a impedir la expresión libre y soberana del poder constituyente originario Para ello se estableció que el organismo que discutirá el proyecto de nueva Constitución (Convención Constitucional) deberá aprobar cualquier moción mediante un quorum superior a los dos tercios, además de prohibirle la discusión de determinados temas (como los tratados internacionales firmados por Chile). Como si esto no bastara para impedir cambios fundamentales, la casta política parlamentaria fijó normas para la elección de delegados y delegadas constituyentes que favorecen a los partidos legales, dejando en mal pie a los independientes para competir por escaños en la Convención Constitucional y “otorgó” escaños reservados para representantes de los pueblos originarios, descontando dichas plazas a las inicialmente fijadas para toda la ciudadanía (exceptuando de dicha rebaja, evidentemente, a las comunas más ricas del país).
Es preciso insistir en el carácter que tendrá -de no mediar cambios de gran magnitud- la Convención Constitucional Aunque no pocos “progresistas” han proclamado con alborozo que esta es el equivalente a una Asamblea Constituyente puesto que estará compuesta íntegramente por personas elegidas por la ciudadanía, ello no es efectivo. La Convención Constitucional no es el equivalente a una Asamblea Constituyente, no por una cuestión de nombre (aunque este también es importante) sino de contenido, porque el organismo ideado por los partidos del Acuerdo 15 de noviembre viene preformateado, con la “cancha rayada” y bien rayada.
En primer lugar, mediante el mencionado quorum de dos tercios imposible de superar en los temas verdaderamente relevantes. Para entenderlo, basta recordar la votación que se produjo en el Senado, hace un año, para definir el agua como bien de uso público. Hubo 24 votos a favor y 12 en contra. Como el quorum requerido era supra mayoritario, a pesar de que los partidarios de la reforma duplicaban a los de la mantención del status quo, se rechazó la moción. En la Convención Constitucional ocurrirá exactamente lo mismo pues seguimos prisioneros de la lógica binominal, porque le bastará al sector más conservador de la política chilena tan solo un tercio de los delegados para impedir cualquier transformación radical De mantenerse el quorum de los dos tercios más un voto para aprobar y un tercio para bloquear, la nueva Constitución no será sino la legitimación del modelo actual. No se podrá obtener ningún cambio- a menos
que los sectores más conservadores lo autoricen- como ha ocurrido durante estos treinta años
Esta trampa fue colocada para legitimar el mismo modelo de economía y de sociedad contra el cual se han levantado los pueblos de Chile. Con paridad de género, cupos reservados para pueblos originarios y cierta participación de independientes, perfectamente se puede legitimar el actual modelo, pues no todas las mujeres, los indígenas e independientes que sean electos para la Convención Constitucional serán necesariamente progresistas consecuentes. Conviene tener presente la conformación del Parlamento actual para prever como escenario más posible una salida conservadora si no cambian las condiciones descritas
A mayor abundamiento, precisemos que la elección de los delegados constituyentes será por listas, donde opera el “chorreo” de votos. Suponiendo que haya candidaturas que emerjan desde cabildos o asambleas territoriales, luego de juntar firmas (obligación que los partidos políticos no tienen que cumplir), tendrán que superar a aquellas listas rivales que sean sus más cercanas competidoras, a todos los candidatos y candidatas de la lista rival que suman sus votos y “chorrean” entre ellos. Recordemos que hay diputados y diputadas que fueron electos con el dos por ciento de los votos (o menos) porque fueron arrastrados por integrantes de lista más potentes. Así está programada la elección de constituyentes del 11 de abril de 2021. Todo lo anterior sin considerar las dificultades para la inscripción de
candidaturas independientes colocadas por el Servicio Electoral (SERVEL), la fragmentación existente en el seno de los movimientos sociales y las pulsiones de figuración y poder de líderes y lideresas de reciente fervor constituyente, escasamente conocidos más allá de su “nicho” de origen (el barrio o una acotada reivindicación gremial o sectorial), que expresan su “empoderamiento” político de marcado hedonismo e individualismo neoliberal mediante una defensa a ultranza de sus “identidades” e intereses de “capilla”, negándose a la articulación con movimientos y sectores que deberían ser aliados. De allí entonces, la proliferación de una cantidad inimaginable de candidaturas “progresistas” independientes que, más que amenazar a los partidarios del status quo, no hacen sino debilitar las posibilidades de representación de las fuerzas transformadoras.
Al momento de borronear estas líneas (mediados de enero de 2021) podemos afirmar que, a pesar de lo anterior, no todo está perdido.
El factor fundamental para lograr romper con esta camisa de fuerza que nos han tratado de imponer con el “Acuerdo por la Paz social y la nueva Constitución” y con las reformas constitucionales que le
sucedieron, es la movilización social. Esta se puede romper solo si se repite una movilización ciudadana como la que tuvimos en octubre y en la primera quincena de noviembre de 2019. Con millones de personas movilizadas y una adecuada estrategia podemos destruir esta jaula de hierro.
En lo inmediato, habría que intentar elegir una buena cantidad de delegados y delegadas constituyentes independientes, probados a lo largo de años de lucha, verdaderamente representativos de los movimientos sociales, más algunos intelectuales orgánicos que hayan acompañado a estos movimientos, ya sea en listas independientes o utilizando cupos en listas de partidos críticos del Acuerdo del 15 de noviembre de 2019 El siguiente objetivo es lograr un tercio de bloqueo. Así como los sectores más conservadores pueden hacerlo con un tercio, las fuerzas transformadoras también, pero no nos basta bloquear porque esto significa quedar en una situación similar a la que nos encontramos. Aspirar a más significa alcanzar el cincuenta por ciento más uno de los delegados y delegadas constituyentes. Con el apoyo de una gran movilización social estos delegados podrían declarar a la Convención Constitucional libre y soberana,
3 El paradigma de esta fragmentación e individuación del campo de los independientes progresistas es el distrito 10 (Santiago, Providencia, Ñuñoa, Macul, San Joaquín y La Granja) donde se inscribieron más de 180 personas para reunir apoyos a sus candidaturas, siendo la mayoría de sus nombres absolutamente desconocidos fuera de círculos muy acotados, sin trayectorias comprobables en las luchas sociales y políticas populares o en la producción de pensamiento crítico. Nuestra visión crítica de este fenómeno no implica negar el meritorio esfuerzo desplegado en numerosos puntos del país por ciertas listas de independientes que son la expresión de un genuino deseo de cambio estructural proveniente de las bases populares.
transformándola en una verdadera Asamblea Constituyente que fije sus propias normas Este acto de coraje y decisión política permitiría incluso la mantención del quorum de los dos tercios, restando argumentos al Partido del Orden, a condición de introducir el mecanismo del plebiscito intermedio para dirimir todos aquellos puntos (los temas más importantes y controvertidos de la nueva Constitución) en que en el seno del organismo constituyente no se pueda superar el mencionado quorum. De esta manera sería la ciudadanía quien zanje el impasse por mayoría absoluta de
los sufragios válidamente emitidos (50% más 1) Este mecanismo permitiría que, en todo momento del proceso constituyente, la ciudadanía sea el titular efectivo de la soberanía y que esta no le sea birlada como lo ha sido durante toda la historia de Chile.
Si no se dan estas y otras condiciones que aún no es posible precisar, el proceso constituyente culminará en una nueva frustración de las esperanzas populares, acrecentando las posibilidades de nuevos “estallidos” de impredecibles consecuencias.
Acertijos
1.- Midiendo el lagarto
La cabeza de un lagarto mide 9 cm. La cola mide tanto como la cabeza más la mitad del cuerpo y el cuerpo mide la suma de las medidas de la cabeza y de la cola.
¿Cuántos centímetros mide en total el lagarto?
2.- El zapatero estafado
En un mall de Nueva York un hombre fue a una zapatería, se probó unos zapatos y compró uno de 60 dólares. Pagó con un billete de 100 y el zapatero que no tenía vuelto envió a su asistente a la perfumería del lado a cambiar el billete de 100. Luego le entregó los zapatos nuevos al cliente junto con 40 dólares de vuelto.
A los pocos minutos el dueño de la perfumería viene donde el zapatero y le indica que el billete de 100 es falso y le pide que se lo cambie lógicamente por uno verdadero.
El zapatero honesto lo verifica y le cambia el billete falso.
¿Cuánto pierde el zapatero?
¿Los zapatos? ¿El vuelto de los zapatos? ¿Los zapatos más el vuelto? ¿Los 100 dólares más los zapatos?
Ninguna de las anteriores.
3.- La paloma indecisa
Por vías contiguas, dos trenes avanzan en dirección contraria: uno de ellos marcha a 70 km/h y el otro a 50 Una paloma vuela desde la locomotora del primer tren a la del segundo Desde allí regresa a la del primero y así sucesivamente, haciendo reiterados vuelos de una locomotora a la otra. Su velocidad de crucero es de 80 km/h, y cuando inició sus vuelos las locomotoras se encontraban a 60 km una de otra.
En el momento en que los trenes se crucen, ¿cuántos kilómetros habrá volado la paloma?
Respuestas en la página 59 Link
Fotografía a distancia
Roberto Antezana
Gabriela Vollmer
Una nueva modalidad de fotografía en Chile Un nuevo arte en la fotografía
Así como la astrofotografía que antes del año 2000 era una práctica totalmente desconocida en Chile y Sudamérica y ahora se practica en todo el mundo, hace poco nació esta nueva especialidad. Sin embargo, existen registros de observaciones dirigidas a cadenas montañosas y luces de ciudades desde principios del siglo XIX, especialmente en Baja Silesia, Gran Polonia y la República Checa. Ya en una forma moderna y digital, las observaciones distantes surgieron alrededor del año 2006, y en el año 2008 se estandarizó y creó el sitio web observacje.eu, página que reunió a diferentes fotógrafos de distancia del mundo También se reglamentó la participación en esta modalidad de fotografía, y el material logrado se envía
a Dalekie Obserwacje, una organización polaca que valida los récords
¿En qué consiste la fotografía a distancia?
Se trata de retratar puntos del planeta muy lejanos al límite del horizonte, como por ejemplo fotografiar una montaña lo más lejana posible. La fotografía tiene que ser de tierra a tierra o de océano a tierra, desafiando la curvatura de la tierra, no siendo válida desde un avión, globo o transbordador espacial, y tampoco fotografiar a los astros.
La fotografía a distancia se practica hace una década en Europa y Canadá, actualmente en Estados Unidos y Asia, muy poco en Australia y Sudamérica, muy reciente en Chile y casi totalmente desconocida en África.
Roberto y Gabriela trabajando en equipo. Lago azul en Llanada Grande, Puelo.
La fotografía a distancia es un gran desafío, maravilloso y entretenido para quienes buscan nuevas experiencias en la vida Implica estudiar mucho la geografía del planeta a través de Google Earth y de meteorología. Ubicar puntos geográficos del país como montañas y rutas, luego viajar, conocerlas y ver el resultado. Si el cálculo es exitoso para ver un objetivo muy distante que ya se había estudiado, se logra una satisfacción enorme.
Se puede ganar o perder. Para tener más posibilidad de éxito, se recomienda seleccionar las montañas más altas del país, luego alejarse a cientos de kilómetros a otro punto lo más alto que se pueda sin que se intercepte un cerro a medio camino y registrarlo en una fotografía donde se debe usar el máximo zoom de la cámara o un gran teleobjetivo montado en un trípode.
Una de las más bellas imágenes del 1.er récord mundial, el 4 septiembre de 2015 desde la sierra de San Luis al monte Mercedario a 384 km de distancia. En la foto se ven los gigantes de América como el Tupungato, Plata, Aconcagua y Mercedario.
El 2 ° récord mundial en julio 2016 desde cerro Champaquí, Córdoba al cerro El Plata a 438 km de distancia
Monte Aconcagua desde Valparaíso a 156 km de distancia. Las distancias son todas lineales.
Se debe tener ya conocimientos de fotografía para lograr este tipo de captura También, los mejores logros resultan ser los perfiles de altas cumbres al atardecer o al amanecer Para eso hay que estudiar e identificar muy bien el perfil de la montaña del ángulo donde se verá y su altura. Así se pueden lograr mayores distancias sobre los 100, 200 y 300 km.
Récord sudamericano, cerro El Plomo de Santiago y Nevado El Plomo 5.a Región a 333 km de distancia desde cerro Gupo, Cauquenes.
"Iluminados"
Apu Wamani en su hora azul junto a la ciudad dorada de Santiago En primavera se producen días de mucha transparencia Fotografía a distancia a la hermosa capital junto a su Apu El Plomo, con sus imponentes 5.450 m s.n.m., el macizo más cercano a la ciudad.
"Akonkauak"
El gran coloso de América con sus 6 963 m s n m
De la lengua quechua «akonkauak» podría significar ‘la roca que mira sus alrededores’ o ‘centinela de piedra’ Del aimará «kon qaua», que podría traducirse como ‘centinela blanco’ o ‘monte nevado’
A
Nuestra experiencia a través de la fotografía a grandes distancias nos ha dado la sensación de ser teletransportados Retratar el coloso Aconcagua sin estar presente en sus laderas da la sensación de tocar el Marmolejo al hacer el tremendo zoom y congelar la imagen. También pareciera que casi tocamos el Apu El Plomo desde rincones lejanos de la región metropolitana. Son tremendas y lejanas montañas, difíciles de acceder, por lo tanto, registrarlas generan una gran satisfacción y alegría.
La fotografía a distancia motiva a superarse, te mantiene despierto, hace desarrollar la imaginación y creatividad, transformando al fotógrafo en investigador de la naturaleza
Esta práctica puede ser competitiva. Hay cada vez más personas realizando esta actividad, estableciendo nuevos récords de distancia, y el desafío es cada vez mayor con fotografías logradas sobre los 400 km. Los logros se publican en la página de Fotografía a Distancia Chilena y en entidades de competición internacional.
Chile ofrece muchos lugares para practicar fotografía a distancia gracias a los cielos más puros del mundo y a la enorme cadena montañosa de la cordillera de los Andes.
Nota de la revista: Los apus (del quechua apu, ‘señor(a)’) son montañas concebidas por vivientes desde épocas preincaicas en varios pueblos de los Andes
Se yergue el imponente trío montañoso sobre Santiago, conformado por Loma Larga, Mesón Alto, Marmolejo en el centro. A la derecha el volcán San José́. Fotografía a distancia, a más de 100 km.
Devolver la alegría a Óscar
La Nonna
Diego de cinco años salió a pasear con su papá y de repente en una vitrina vio un acuario y se quedó mirándolo extasiado.
- Papá mira qué lindo los peces, ¡mira los colores! ¿me podrías regalar uno para tenerlo en casa?
Papá le dijo:
Llegó muy contento a la casa con su pecera con su pez de colores, al que le puso Óscar, además compraron unos alimentos, eran unas pequeñas bolitas y debía darle 10 cada mañana; los primeros días el pececito se movía por toda la pecera moviendo sus
aletas y su cola, pero al pasar una semana, Óscar empezó a quedarse en el fondo de la pecera y sólo subía cada mañana para recoger el alimento después de que Diego se lo daba. Al observar esto Diego le dijo a su papá:
- Qué raro porque si Óscar era un pececito que se movía y se veía como que estaba contento, ahora está tan tranquilo en el fondo de la pecera
Papá le dijo:
- Se me ocurre que está muy solo, ¿a ti te gustaría que te sacaran de la sala de tu
colegio donde tienes a todos tus amigos y te pusieron en otra sala solo? A lo mejor al principio estarías feliz de tener para ti sólo un profesor, pero con el pasar de los días seguramente comenzarías a echar de menos a tus amigos, ¿no crees?
- Si papá tienes razón, ¿y qué podemos hacer para que Óscar se vuelva a poner contento?
Papá le responde:
- Qué te parece si probamos de llevarlo a esa laguna que hay en el parque donde hay muchos peces, a lo mejor no te acuerdas porque te llevamos hace tiempo cuando eras más pequeño.
- Ya papá, probemos de llevarlo ahí y después podemos ir a visitarlo cada vez que podamos.
- Muy bien, iremos el sábado, le dijo el papá.
Cuando llegó el fin de semana se prepararon y llevaron la pecera al parque, caminaron hasta encontrar la fuente donde estaban nadando muchos otros pececitos de diferentes tamaños y colores.
Diego tomó al pez en sus manos y le dijo a Óscar: que seas feliz ahí con tus nuevos amigos para que estés contento y yo te
traeré algunos alimentos cuando mi papá me traiga a este parque, y depositó suavemente a Óscar en la fuente De inmediato vio como Óscar movía su cola y sus aletas y se mezcló entre los otros peces. Lo estuvieron contemplando un buen rato, hasta que finalmente se fueron.
Toda la semana Diego se acordó de Óscar, pensando en cómo estaría. Su papá aceptó volver a llevarlo al sábado siguiente y Diego no se olvidó de llevar sus pelotitas de alimentos. Llegaron al lugar, se puso en la orilla y no distinguía cuál podía ser Óscar hasta que empezó a tirar sus bolitas de alimento y llegó Óscar rápidamente a comérselas y se puso muy contento.
- Hola Óscar ¿cómo has estado? Me alegra verte moviendo tu colita tan feliz, creo que al fin estás en el lugar en que tenías que estar, ahora entiendo que no fue muy bueno querer tenerte en una pecera a ti solo y no pensar que te podías poner triste, pero ahora yo podré disfrutar de verte no sólo a ti sino a todos tus amigos cada vez que venga al parque, ¿verdad papá?
- Claro hijo, me alegra mucho que comprendas que estar con otros nos hace más felices, tener familia y amigos siempre hará que en tu vida puedas reír más. Lo abrazó y besó con mucho amor, antes de tomarlo de la mano para regresar a casa.
Bordeaux, Octubre 2020
¿La vacuna debe ser voluntaria? ¿Obligatoria?
Rodolfo Schmal S.
La pandemia sanitaria provocada por SARSCov2 se ha instalado no solo en Chile, sino que a nivel mundial, sembrando incertidumbre e inseguridad a todo nivel Países cuyas autoridades parecían estar encarando de buena forma la pandemia, al igual que sus respectivas poblaciones, están mostrando fisuras que invitan a moderar expectativas; otros países, bajo liderazgos autoritarios y negacionistas están viendo multiplicar las consecuencias negativas de sus respectivas decisiones en torno a la materia.
Desatada la pandemia, la carrera por las vacunas no se hizo esperar, y desde fines del 2020 encuentra a varias de ellas en pleno proceso de distribución Esto supone que han pasado por el “debido proceso”, que conlleva el desarrollo de toda vacuna, desde que se inicia la etapa de investigación básica o exploratoria, hasta su término con la etapa de fabricación y distribución de la vacuna.
La presentación de un proyecto para que la vacuna contra el COVID-19 sea obligatoria
Foto por Daniel Schludi en Unsplash
ha abierto un debate interesante con quienes sostienen que debe ser voluntaria Hasta ahora, en términos generales, el proceso de vacunación se ha presentado con carácter de voluntario.
Los argumentos a favor de la vacunación obligatoria se centran en que una persona que no se vacuna es un potencial facilitador de la transmisión de Sars-cov 2 a terceros. Quien no se vacuna puede dañar la salud de quienes lo rodean. En consecuencia, toda persona vacunada se presume que disminuye el riesgo de dañar a terceros. El bien común es el que invita a la obligatoriedad de la vacuna, asumiendo que su efectividad sea alta y en la medida que no tenga costo o este sea mínimo para el usuario o bien, sea absorbido por el Estado
Hasta la fecha, a falta de vacuna, lo que se ha estado implementando es una suerte de confinamiento obligatorio, expresado en toques de queda, cuarentenas y otras medidas. A lo largo del año 2020 y del presente año, hemos podido apreciar que el confinamiento obligatorio encierra costos individuales, económicos y sociales, que se han estado expresando de las más diversas maneras entre otras, menores ingresos económicos y una mayor violencia intrafamiliar . Con la aparición de la vacuna debiese cambiar el escenario. En tal sentido se asume que la vacunación obligatoria conlleva mayores beneficios y a menores costos que el confinamiento obligatorio, en especial a los grupos más vulnerables de contraer Sars-Cov 2, ya sea por edad personas mayores como por quienes viven hacinados los más pobres . De allí el interés por procurar disponer
de la vacuna al más breve plazo posible.
Cabe consignar que la vacunación obligatoria permite distribuir uniformemente entre todos los riesgos asociados a la obtención de la inmunidad de todos. Esto implica que la responsabilidad del logro de un beneficio para toda la sociedad es compartida por igual entre todos los miembros de la sociedad.
Esta inmunidad colectiva se podría alcanzar con alternativas menos coercitivas, voluntarias, por la vía de recomendar y alentar la vacunación a través de fuertes campañas informativas a través de los medios de comunicación y redes sociales La experiencia vivida a lo largo de todos estos meses señala que persisten sectores dentro de la sociedad que prestan oídos sordos a las recomendaciones o restricciones que se han estado impulsando.
En todo caso existe cierto consenso en que, al menos para ciertos grupos personas mayores, personal de salud y otros , la vacuna contra COVID-19 debería ser obligatoria, sancionando a quienes no se vacunen mediante multas o restricciones de libertad de movimiento.
Quienes están en contra de la vacunación obligatoria afirman que ella solo se justifica en la medida que previene enfermedades graves y muy contagiosas, y si bien Sars-Cov 2 es muy contagioso, COVID-19 no está calificada como una enfermedad infecciosa de alto riesgo, debido a su baja tasa de letalidad.
Se asume como tal la proporción de fallecidos por COVID-19 y la cantidad de personas afectadas por la enfermedad Por tanto, no es calificada como grave, porque quienes mueren son pocos en relación a quienes contraen Sars-Cov 2. Sin embargo, habría que interiorizarse respecto de las secuelas de quienes sobreviven a la enfermedad (COVID-19), así como de la validez de las estadísticas que se manejan.
Otro punto que esgrimen quienes se oponen a una vacunación obligatoria reside en que se ha comprobado que la gravedad de COVID-19 está asociada a la edad, afectando más a las personas mayores y menos a los jóvenes. Muy probablemente, forzar a los jóvenes a vacunarse en un ambiente democrático, provocaría que reaccionaran negativamente, con las eventuales consecuencias políticas.
Por último, un elemento que ha surgido con fuerza en contra de la vacunación obligatoria descansa en las dudas que despierta la rapidez con que han aparecido las vacunas que se han estado desarrollando. Dudas legítimas por cierto, dado que normalmente toman su tiempo y que en esta ocasión se ha acelerado tanto por la cantidad de recursos financieros, humanos, logísticos que se han destinado, como por la colaboración multinacional que se ha establecido. Dudas que se ven incrementadas por la ausencia de información pública, completa, clara, confiable y fidedigna respecto de los niveles de eficacia y seguridad, tiempos de inmunización y consecuencias colaterales de las distintas vacunas.
Todo ello explicaría que así como existen quienes están disponibles para vacunarse de inmediato, otros prefieran “esperar a ver qué pasa”, y un grupo no menor, no esté dispuesto a vacunarse en modo alguno. Estos últimos se amparan en razones religiosas, culturales, o por una mirada paranoica y/o conspirativa de intereses inconfesables de distinto orden que estarían tras quienes promueven la vacunación.
No cabe duda que queda camino por recorrer, que se requiere un mayor involucramiento de los distintos grupos sociales, más educación, más información, más comunicación efectiva, más confianza, más claridad.
Leída esta columna, y con los conocimientos que dispone, ¿cuál es su decisión?
Ver más:
Pour ou contre la vaccination obligatoire? par Dr Jean-Yves Hindlet en https://www.lespecialiste.be/fr/actualites/medical/ pour-ou-contre-la-vaccination-obligatoire.html
La OMS se opone a la vacunación obligatoria contra COVID-19 en https://www.lefigaro.fr/flash-actu/loms-est-opposee-la-vaccination-obligatoirecontre-le-covid-19-20201207
Vacuna contra el COVID-19: ¿debería ser obligatoria? Dos expertos dan su punto de vista a favor y en contra en https://www.bbc.com/mundo/noticias55165092
¿Debería ser la vacuna contra el COVID-19 obligatoria? en https://www.dw.com/es/deber%C3%ADa-ser-lavacuna-contra-el-covid-19-obligatoria/a-55876589
Zoom-Cuentro con David Sáez Méndez
Ruby Osorio
Estamos zoomeando con David, ¿después de cuántos años que no nos habíamos hablado?
Desde que salimos... 38 años... una vida...
Lo encuentro en su estudio, delante de un librero copado. Nos embarcamos en un diálogo fácil, entretenido y largo, que nos lleva por variados caminos, todos muy interesantes y que me dejan con el deseo de participar al menos de una de sus comidas conversadas, de las que disfruta tanto.
Me llena de gusto el relato de su desarrollo como médico, persona y
Santiago-Londres, 8 de diciembre de 2020
académico el que hace con candidez y honestidad, transmitiendo tranquilidad y paz consigo mismo . Se ve contento y satisfecho con lo alcanzado, con su cercana relación con “sus cabros”, y siento que me habría gustado haberlo tenido de profe.
Actualmente se desempeña como profesor asociado de la Facultad de Medicina, jefe del Servicio de Neurología del Barros Luco y subdirector del Departamento de Neurología del Campus Sur, además de ser el actual director de neurología de la Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía.
Estuvimos juntos en la U desde 1975. ¿Cómo llegaste?
Terminé 4.° Medio en un Liceo de San Miguel. Postulé a medicina, me gustó desde la educación básica. Nos fuimos a matricular juntos a la U con el Nino Navarrete, que era compañero de liceo mío. Al principio era mi partner, porque no conocía a nadie más.
Terminamos y de la U te fuiste de general de zona.
Los cargos a general de zona salieron un día antes de elegir. Nos fuimos a la casa de la Nati buscando en la revista Geochile cómo sería algún lugar. Allí estaba su hermano Alfredo, quien
había conocido Contulmo, y me dijo que era muy lindo. Así que me fui a Contulmo. Es un pueblo muy bonito en la Cordillera de Nahuelbuta, en la Provincia de Arauco. Yo estoy plenamente satisfecho de mi vida ahí, donde me casé hace 36 años. Sigo casado y tengo 3 hijas. Ya no viven conmigo. Ninguna quiso estudiar medicina, pese a que incluía bonos para que postularan. Una es abogado y las otras dos del área de la ingeniería comercial, con mención en administración una y economía la otra, haciendo un doctorado en EE. UU. Ahora, estamos solos con mi mujer en la casa ¡y mis dos perritas! Tuve a mis dos hijas mayores ahí. Nacieron… las saqué yo mismo, por cesárea.
¡Qué responsabilidad!
Teníamos un brote de carbunco, estaba convulsionado el pueblo. Nos llegaban en lote pacientes en camionetas, todo el día, toda la noche… al final tuvimos
9 casos no más. Mi mujer no quiso irse a Conce. Yo monté en cólera y le dije: “¿Y quién te va a atender, entonces?”. (Agita los brazos por sobre su cabeza). “Tú, pues’ me dijo…”. (Se ríe).
Cuando empezó con contracciones, yo empecé con náusea y vómitos de puros nervios yo creo, después me repuse y actué automáticamente.
Estuve 6 años, es lo máximo que se podía estar. Ahí crié a mis dos hijas mayores y lo pasamos bien.
*Carbunco: enfermedad infecciosa causada por una bacteria llamada Bacillus anthracis. La infección en los humanos compromete con mayor frecuencia la piel, el tracto gastrointestinal o los pulmones. Se contrae con frecuencia cuando se inhalan esporas de carbunco transmitidas a través del aire durante procesos como el curtido de pieles y el procesamiento de la lana.
¿Tú estabas casado antes de irte?
No, no, no, yo me casé estando allá Ella era refugiada política: era del MIR. Estudiaba enfermería en la Universidad de Concepción y tuvo que dejar la carrera. Vivía con su abuela. Ahí la conocí yo. Un día llegó un edicto de la Gobernación a todos los funcionarios públicos, prohibiendo juntarse con esta persona. Tú sabes que estábamos en épocas duras en ese entonces... bueno, como yo soy porfiado (se ríe), empecé a ir a verla todos los días... y caí, ¡¡pos!! (Más risas).
¿Y hubo consecuencias?
Bueno, afortunadamente no, aunque el director del servicio no me quería. Entonces tuve de director del hospital al Dr. Polenzti
Uriarte, que era un 7, pero solo duró un año. Luego mi segundo jefe venía trasladado de Arauco, estaba casado con la hija del rector designado de la Universidad de Concepción y era amigo de Pinochet.
(Abre los brazos con expresión). Él me acusó de comunista La alcaldesa me acusaba de mirista ¡¡¡Y yo no era ninguna de las dos cosas!!!
¿Y cómo saliste del paso?
Porque llegó otro director, el Dr. Jacob, médico jefe de la tercera división de ejército. Ese gallo era un caballero. Un día que hubo paro médico, él nos llamó el día antes: “Por favor, si tienen alguna noticia, cualquier cosa que contarme, no usen las radios, porque están intervenidas por la CNI… me llaman por teléfono directamente”. ¡Imagínate! Después tuve de jefe al Dr. Copaja. Ya me habían nombrado director del Hospital de Contulmo. Me mandaba a revisar programaciones de otros hospitales, por saber estadística Nos implementó el Club Deportivo del hospital y nos otorgaba premios económicos para el hospital, nos ayudó todo lo que pudo.
¡Qué bonito! ¿Y cuánto tiempo estuviste en ese cargo?
Estuve 4 años de director. Éramos dos médicos no más. Ahora hay como 7. (Serio, recuerda pensativo). Primero estuve con un colega, Polentzi Uriarte. Me dejó escondido en el hospital cuando Pinochet fue a Contulmo, a inaugurar la antena de televisión y era obligación ir al acto. Yo le dije: “Si tú me obligas Polentzi, yo renuncio” Fue él
David, las dificultades que tenías tú con ciertos personajes no eran nuevas, eran dificultades que habíamos tenido todos durante los tiempos de la universidad…
Claro, en los tiempos de la universidad fui militante del Partido Socialista (Sonrisa cómplice) teníamos un pequeño núcleo en la escuela. Participé en el primer congreso clandestino del Partido Socialista, como delegado universitario, el año 78. Uno tenía que reunirse con otros muy en secreto.
En primer año nadie habló de política. Nadie. En segundo año, en un paso práctico de Fisiología, llegó el rector delegado, Agustín Toro Dávila, a visitar. Yo te diría que él fue un excelente rector, para lo que hubo después. Este gallo era académico de la Facultad de Historia y Geografía y en realidad, quería a la universidad. Ahí vi que, entre miradas, la Nati Riquelme no estaba muy feliz de la visita del Sr este, Sandra Reyes tampoco Solo por miradas… y saliendo de esa clase conversamos. Ahí fue la primera vez que tuve una conversación de apertura política con algún compañero.
La verdad es que yo también tengo pocos recuerdos de conversaciones políticas. Cuando teníamos espacios, me acuerdo que nos juntábamos en el casino grande y se hablaba principalmente de fútbol…
¡Claro! ¡Si ni siquiera se podía contestar! Me acuerdo una vez, me voy a callar el nombre, ¿ah? (¡Gesto amonestador con el índice y risa cómplice!) Después de la clase de potenciales microfónicos con el gato, que nos hizo el Prof. Hugo Adrián, cantó el Nano Aranda en el escenario del Julio Cabello, con el gato como micrófono. Después estábamos en la cola del casino
cuando alguien dijo: “¡Uff! ¡En vez de usar al gato, podríamos usar upelientos pa’ demostrar estas cosas!”
Entonces, ¿cómo dirías tú que fue tu tiempo en la universidad, cómo te formó, cómo te ayudó para tu futuro?
Recuerdo una anécdota, el primer día de clases de Matemáticas, me senté al lado de Vito Scharaffia. No sé si te acuerdas de él. Vito era un tipo genial. Me dice, “¿Te das cuenta que todos los idiotas están tomando apuntes aquí?”. Y yo aquí voy doblando mi cuadernito y tirándolo pa’l lao: “¡No puedo ser tan idiotas!”. (Se ríe). Después me fui dando cuenta que no, ¡que pensaba las mismas cosas que otros que paraban el dedo y hablaban así! (Chasquea los dedos) yo calladito, siempre he sido muy tímido (Levanta las cejas y gesticula con su mano en afán de cerrar la boca como con un cierre). ¡Solo en el aspecto de la medicina estoy sobre compensado!... Esto me lo entregó la escuela, fíjate, yo creo que nuestra formación fue muy buena. Yo compito con los cabros, los estudiantes y los recién egresados, los becados más viejos y conversamos de cosas y yo, (chasquea los dedos)... ¡tengo las respuestas! Ahora ellos me dicen que yo tengo mucha memoria. No es cierto, uno une cosas que aprendió... si hasta las matemáticas que uno veía tan inútiles, te sirven para la vida.
David, tú ahora estás en el otro lado de la moneda, ahora tú estás dando clases. ¿Cómo ves tú a los alumnos ahora? ¿Han cambiado en algo?
Los profesores viejos decían: “Qué va a ser
de mí cuando sea viejo, quien me va a atender, si estos cabros no tienen idea de nada” (Risas) En realidad, pese a las diferencias que hay entre las distintas generaciones, en todos lados hay gente buena. Nosotros, que vivimos más represión, autorepresión en gran parte, no le íbamos a discutir a un profe porque sí. Hoy los cabros son bastante más libres, más claros y conocedores de sus derechos. ¡Y los exigen! Discuten abiertamente, son contestatarios. Y eso es bueno finalmente, porque hace crecer no solo al cabro, sino también al profesor. Te exige estar al día en cosas fuera de lo que es la medicina. Para mí la universidad es ir a aprender la lección y para qué sirve. Aprender a pensar, a tomar decisiones por sí mismo, a hacerse responsable Es formar mentes pensantes, no tecnócratas
Me acuerdo de una discusión con la Dra. Izquia Siches en una clase de VIH en 4.° año, por un decreto que decía que no se debía tomar examen de VIH sin el expreso consentimiento del paciente, lo que vulneraba la ley y el Código Sanitario.… eh… ella dijo que había que proteger los derechos de los pacientes. La discusión fue si propiciar los derechos individuales o los derechos de la sociedad. Y la agarraron pa’l leseo los compañeros. Ahora es presidenta del Colegio Médico.
En eso están mucho más abiertos de mente que nosotros, nos costó formar opiniones, porque no tuvimos perdimos nuestra adolescencia Esa es la verdad Pero, bueno, no salimos tan torpes, ni tan malos. Nos fuimos formando, por aquí, por allá, conversando con otra gente, armando nuestra estructura de personalidades y nuestra sustentación ideológica más tarde.
¿Cómo llegaste a tu carrera académica?
Mira, em cuando terminé mi beca en el Salvador; no había cargos para neurólogos en ninguna parte del país. Fui al servicio de salud de Bío-Bío y me dijeron: “Aquí ya tenemos una neuróloga, por 22 horas”. ¡Para un servicio que hoy tiene más de 1 millón de habitantes! Hice un reemplazo en el Hospital Salvador, después me fui al Hospital Psiquiátrico y renuncié, porque no había mucho intercambio entre los médicos y yo estaba acostumbrado a que la medicina fuera conversada. Me fui al Félix Bulnes y de ahí, el año 94, ¡quedé en un cargo en el Barros Luco! (¡Con cara de sorpresa!) Primero hice docencia “al gratín”, sin contrato… estaba a cargo del internado y una serie de cosas, más pasos (seminarios) con los becados Creamos la neuroinfectología, para ver todo con el VIH y hacíamos interconsultas en el Hospital Lucio Córdova. Después de 2–3 años me contrataron como docente. Llegué a ser director de departamento, el departamento que tuvo de director al Dr. Arriagada… palabras mayores en la neurología chilena.
Y la neurología, ¿cómo llegó a tu vida?
Mira, yo pensaba ser internista. Ese era mi objetivo de vida. Cuando terminé de general de zona, yo estaba 4.° en la lista nacional de puntajes. Entonces, en el Congreso de Medicina Interna, amigos míos de la escuela y otros colegas internistas, me dijeron que no podía perder el puntaje que tenía, que aquí, que allá, que con la medicina interna me iba a morir de hambre y postulé a neurología.
Mira, yo tenía esta imagen: ¡Ah! Seguramente asistió a alguna clase magistral, de algún maestro de Neurología, etc., que lo inspiró y lo puso en esta línea. Pero no fue así tan romántico. (Risitas).
No, fue más concreto el asunto. Circunstancial, sí… pero estoy completamente agradado en ella, porque hay que saber harto de medicina interna.
Entonces las circunstancias de la vida médica te trajeron a la neurología y la academia.
No puedo decir que no lo había pensado nunca, pero se dieron las circunstancias. La verdad es que creo que lo que más me gusta de lo que hago es la parte académica
¿Tienes un cargo clínico, académico o una mezcla?
Ahora soy jefe del Servicio de Neurología del Barros Luco y soy eh… subdirector del Departamento de Neurología del Campus Sur, entregué la dirección (se ríe satisfecho), después de dos períodos continuos.
Y soy profesor asociado en Neurología de la Facultad de Medicina. ¡¡Y con una millonada de pesos!! Pero la docencia tiene otras recompensas.
Qué te ha dado la docencia en lo personal, lo profesional.
Mira, primero que nada, me siento un tipo querido, por la gente que yo he formado.
¡Yo he formado a un cuarto de los neurólogos de este país, por lo menos! Me siento con reconocimiento, porque los cabros me quieren. Yo voy a cualquier parte de Chile y ahí tengo ex-alumnos, que me reconocen (¡se ve chocho!)… Me invitan a hablar de algún tema a los cursos profesionales o a los cursos de la misma Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía. Incluso fuera del país. Soy invitado habitual de Bolivia, a veces de Uruguay, de Perú. Algo que uno no espera, pero se agradece el reconocimiento. Refuerza tu ego, sobre todo para un tipo inseguro como yo.
Eso de llamarte a ti mismo inseguro viene de muy cerca, ¿no?
No, pero es que yo te digo que lo era Y le agradezco a esa ocasión con Vito Scharaffia. (Recuerda con emoción). Me fui soltando al conocerlo, porque él así (hace sonar los dedos), decía lo que pensaba. Así me armé mi careta en lo médico… pero me sacan de esto y… (pausa pensativa), ¡yo no sé cómo pude pedir matrimonio! (Nos reímos a carcajadas).
Los tiempos vividos nos marcaron mucho. Uno sentía que había límite para explorar, no podía meter las patas, no podía asomarse a la posibilidad de que algo no fuera a ser correcto.
Así es Además, en nuestro tiempo, la alternativa de dejar la universidad era irse a trabajar en cualquier cosa, porque no había universidades privadas, no había otras opciones. Y si perdías la universidad… al campo laboral… no quedaba otra.
Y siempre que pasaba en la micro, veía a los pobres gallos con una picota, haciendo un hoyo a la orilla del camino y yo me decía, yo no resistiría esto, Señor, por Dios…
Bueno, estas cosas que nosotros hacemos, mucha gente dice: “Yo no sé cómo lo pueden hacer, yo no lo podría resistir…”.
Y a uno le parece tan simple y natural después de todo…
Y en ese sentido, lo que te ha hecho crecer es el conocimiento…
Indudablemente… El paso más grande que di fue cuando perdí el miedo a no saber algo ¡Cuando me dije, si nadie sabe todo!
¿Y cuándo fue eso?
Fue unos 8–10 años después de terminar la beca. Tenía que revisar pósters y trabajos de otros colegas con el Prof. Vergara, con el Prof. Arriagada, con el Prof. Cartier, todos grandes figuras de la Neurología. Y yo me sentía un pollito ahí al lado de ellos. Un día, estando medio achunchado, me digo: “Yo sé lo que sé, algunos saben más de una cosa, otros saben más de otra... Punto”. ¡Chao! ¡Y ahí perdí el miedo!
¿Y cómo te sentiste?
Liberado (se ríe, incrédulo), fíjate… capaz de enfrentar cualquier cosa
¡Qué bonita anécdota! ¿Y tú, la cuentas a veces?
Eh, por supuesto, a los cabros les cuento la historia (Se anima) Les digo: “¡Si nadie nace sabiendo!” Todos vamos creciendo con el tiempo… y eso es lo que tienen que aprender ellos. El conocimiento es transitorio, se renueva rápidamente. Lo que uno tiene que crear es una estructura de pensamiento. Tenemos que enseñar a pensar. Ese es el deber de un docente. Temas abstractos se te olvidan a la salida de la clase, o a la semana siguiente, si tienes suerte. Por eso les digo a los cabros, si Uds. no tienen idea de algo, igual piensen y respondan la lesera que se les ocurra. Total, a esta altura de la vida, Uds. tienen derecho a equivocarse. Después, solos con el paciente, no van a tener ese derecho. Cada paciente es un libro para nosotros, cada paciente es un examen que damos
Desde nuestro tiempo, el espectro de la educación ha cambiado 1000 %. En ese tiempo nosotros teníamos acceso a unas pocas universidades, ahora hay muchas, no solo cursos cortos sino también cursos largos, como Medicina. ¿Y cómo comparas tú el acceso a la educación médica con los tiempos nuestros?
Es más fácil hoy en día. Si tú te echas un ramo dos veces, que era una causal de eliminación de la carrera, tú puedes irte a otra universidad privada a terminar, te reconocen lo que has hecho. Los costos son muy similares, las universidades públicas no son más baratas que las privadas Y esto que la educación es un bien de consumo es una gran falencia. Viene de la dictadura y no se corrigió nunca más.
En el mundo y en Chile, han cambiado
muchas cosas. En este minuto hay una suerte de situación doble. Hay un desajuste político social y además ahora la pandemia. En el hospital Barros Luco, que sirve a una gran población, ¿cómo ha afectado esto a tu trabajo?
Mira, el estallido social no tuvo grandes implicaciones en el quehacer diario, pero el COVID ha sido una suerte de choque contra la muralla… yo no sé si estará bien enfrentado desde el punto de vista nacional. Chile, pese a tener una estructura de salud basada en la atención primaria, no destinó ni un veinte a la atención primaria por el COVID. Todo se fue en comprar ventiladores, y hubo que aprender a hacerlos funcionar, ¡por lo menos prender y apagarlos! (Risas) Fue una política que salvó vidas en realidad, pero con el trazado de los pacientes se debería hacer mucho más. Se tomaron medidas tardías también, el hospital sufrió un cambio completo. De repente en la mitad de marzo se dijo: “A partir del 1o de abril ya no hay más atención ambulatoria”. Solo teníamos la atención de pacientes hospitalizados, el servicio de urgencia y alguna que otra cosa que estuviera necesitando de atención urgente. ¡Nada más!
Después se diseñó un sistema de atención de salud por teléfono y la telemedicina. Pero hay que recordar que la gente de nuestras poblaciones, del área sur de Santiago es pobre en recursos; acceso a un computador, a un teléfono celular siquiera, es difícil en muchos casos. Afortunadamente hemos ido saliendo. Ya tenemos atención de policlínico habitual, aunque no sé qué va a pasar ahora, pues
están planeando escenarios catastróficos para el mes de enero El ministerio habla de la segunda ola y yo creo que es prematuro hablar de una segunda ola en Chile… la vamos a tener más adelante.
¿Te ha tocado ver pacientes con COVID19? Porque me imagino que tú no estás en primera línea...
Nosotros tuvimos pacientes con accidente vascular y COVID en el servicio: de 339 pacientes que ingresaron entre abril y agosto de 2020, el período más crítico, 57 hicieron COVID, no fue despreciable. ¡Y yo fui resguardado, por los mismos
cabros! “¡No se meta a la sala, profe!”. “Oiga, ¡qué se cree, si Ud no aguanta ni un ventilador! ¡Se nos muere a la primera!” Y me echaban de la sala. Los cabros me cuidaron, me protegieron… ¡Estoy muy agradecido de ellos! Soy diabético, hipertenso, tengo una serie de cosas que me afectan, pero igual, uno usa doble mascarilla, la N95, la otra quirúrgica encima. Uno termina cansado de ponerse y sacarse esos delantales plásticos, el calor es insoportable cuando estás con la máscara facial. Algunos aguantan solo la mascarilla.
Y yo les digo aguántense, sino después no va a haber cómo atender a la población.
¿Puedes decir algo del impacto en los funcionarios del hospital?
Sí, mira, tenemos 19 becados y 11 hicieron COVID, ¡11! De los enfermeros, prácticamente todos hicieron COVID y un buen porcentaje del personal técnico paramédico. Afortunadamente no tuvimos ningún muerto.
Y el servicio o el gobierno, no sé cuál de los dos, ¿qué apoyo le ha dado al personal de salud?
Nada, nada… el personal de salud, te digo hasta el mes de marzo, tenía que comprar sus equipos de protección personal: mascarillas, guantes, delantales azules. Ahora no nos ha faltado, en general.
Pero nada más. Apoyo psicológico o económico para el personal no ha habido. Cero el ministro de salud dijo que los médicos habían recibido un bono. Eso fue para meter una cuña porque no hemos recibido ni un peso extra, y me alegro que así sea, porque no creo que debamos ser nosotros los primeros en recibir un bono, cuando los del personal técnico paramédico son los primeros en la atención del enfermo. Yo partiría dándoles un bono a ellos.
O sea, han estado enfrentando la cosa solitos.
Solitos. (Afirma con un suspiro). A lo más unos golpecitos en la espalda... Yo creo que debería haber algún tipo de reconocimiento, no puede ser que no haya nada.
Ser médico es una posición privilegiada, te permite acceder a conocer otros profesionales, otras disciplinas, uno puede dar cursos, ir a congresos, donde se tiene intercambio con otro tipo de horizontes… eso para un médico normal. Para un académico o un docente, eso es un poco más, tiene más oportunidades de acceder a otras líneas de contacto, de visión…
Claro, uno participa de intercambios… de trabajo, opiniones, participa en foros, tiene que conocer de qué está hablando, asistir en calidad de dador de respuestas. Uno cultiva cierto ámbito de la patología y el mío es el de la neuro-infectología. Y en esto, somos pocos los que podemos hablar de Neuro VIH: meningitis, encefalitis...
y tuberculosis encefálica, que todavía tenemos en Chile. Y con el tratamiento del VIH salió el SIRI, como complicación En el Hospital Lucio Córdova, hemos visto por primera vez muchas cosas. Eso te hace crecer y te da una postura profesional por la cual te invitan a hablar en el país y afuera. En un congreso en Uruguay, tuve que dejar mi almuercito, ¡estaba el embajador de Chile y el presidente Mujica esperando!
También me dedico a los movimientos anormales y trabajo en la Liga del Parkinson.
Hemos contribuido a la salud pública chilena con la formación de neurólogos, cosa que hasta mediados de los 90 no había en número suficiente. Fuimos los primeros en introducir la trombolisis y la trombectomía en el sistema público Pero no somos los que más publicamos. Aquí les digo a los cabros, no es la gallina que más huevos pone la que más figura, sino la que más cacarea, cuando pone un huevo. Entonces, eso es lo que hay que hacer. Bueno, antes el Barros Luco no publicaba, nada. Con un colega, Jorge Nogales, que le gustaba escribir, nos enviábamos lo que escribíamos, lo corregíamos y lo dejábamos más o menos pulido. Así fui aprendiendo.
Ahora estoy sacando un libro sobre la muerte encefálica, soy el editor; convoqué a un grupo para escribir del tema. La Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía me auspicia Tengo que aprovechar las ventajas, porque soy director de la sociedad. (Risas).
Tú has llegado lejos en tu vida profesional, has logrado llegar a la parte más alta de la pirámide. ¿Cuál ha sido tu motivación, tu motor?
¡Mi epitafio! (¡¡Plop!!, carcajadas). Quiero que en mi tumba diga: “Formador de formadores”. La verdad es que es el intercambio con la gente joven. Es enriquecedor. Te plantea y te muestra el mundo de otra forma, más benevolente de lo que es (Con entusiasmo contagioso). Los cabros todavía están llenos de buenas intenciones, tienen un pensamiento social, tengan el pensamiento político que tengan. Somos todos seres humanos y tenemos que pensar que este carro hay que empujarlo.
Pienso que formador de formadores es algo que te llegó por tu trabajo. Me refiero más a lo que te ha motivado a seguir este camino, que tal vez por ser bien inteligente y trabajador no te parece que ha sido difícil, pero que ha requerido de esfuerzo, tu motor interno.
¡Ah! ¡Claro! Es la cosa intelectual, de saber más y ser cada día mejor. Motivaciones económicas no he tenido jamás en la medicina. No tengo un mal pasar, la consulta privada no es una de las cosas que me fascine, salvo ir a la Liga del Parkinson donde veo viejitos con Parkinson.
Ser un aporte social a la igualdad, a la equidad en Chile. Eso hicimos con la Tatiana Figueroa: desarrollamos el programa de trombolisis y después el de trombectomía, porque entonces sólo estaba disponible en clínicas del sector oriente de Santiago. ¡Y esto era una inequidad grandiosa! Yo estaba de jefe de servicio en
ese tiempo y el director del hospital era amigo mío. Un día y le dije textualmente: “Mira, h----n, aquí los cardiólogos hacen y deshacen con sus tratamientos pa’l infarto. ¿Y nosotros? ¡Nada! Este Procedimiento existe desde el año 1996 en Chile”. ¡Y era el 2009 ya! El país no había avanzado nada en esto. El hospital nos apoyó, finalmente. El primer paciente estaba fuera de protocolo, estaba muy dañado, pero era su única opción. Estaba enclaustrado, solo tenía movimiento de ojos. Y cuando le fuimos haciendo el procedimiento, ¡empezó a levantar un brazo! Mandé a buscar al director: “Mira, para que veas cómo funciona la trombolisis”. Y el gallo terminó moviendo las 4 extremidades, hablando, o sea, ¡notable! ¡Ni que hubiera sido contratado para eso! ¡¡Fue verdaderamente un milagro!! Ya de ahí no bajamos más.
Y con este programa de trombolisis y trombectomías, hoy uno tiene la certeza de que, si le da en Concepción, en Antofagasta, en Temuco, en Punta Arenas, en Coyhaique, en Puerto Montt, si le da un accidente vascular, va a tener atención, como si estuviera en el primer mundo. Sí, hemos marcado escuela.
¿Este debe ser uno de tus proyectos favoritos?
Yo creo que sí, de todas maneras. La medicina es parte de una cosa social, no puede ser algo privativo Yo no la puedo ver alejada de la realidad del resto… por eso mis 2 hijas mayores nacieron en Contulmo. Si yo le hacía las cesáreas al resto de la población, ¿por qué yo iba a tener una exclusividad distinta a la que
tenía la gente que tenía que atenderse obligadamente conmigo?
Si bien es cierto todo tiene costo en la vida y eso es lo que la gente no entiende muchas veces. Porque uno dice: la salud debe ser gratuita. ¡No! ¡Nada es gratuito! ¡Alguien siempre paga! Sea impuesto directo o indirecto, y si queremos mejorar, tenemos también que estar dispuestos a meternos la mano al bolsillo y pagar más impuestos, para tener acceso a algo mejor.
¿Tienes un recuerdo de alguna situación que te haya impactado de alguna o de otra manera?
Mira, de luna de miel, nos fuimos en tren a Buenos Aires. En la cola para el baño escucho unos gritos: “Se me muere la nena, se me muere la nena” Mi mujer salió y dijo: “Mi marido es médico”. Me fue a buscar el conductor del tren. ¡Tuve que aguantarme el pipí ahí un buen rato! (Risas). Era una cabra de 19 años, había perdido el conocimiento y había hecho una especie de convulsión focal. Había sido recién operada del corazón. Pa’ qué te digo. No tenía idea qué tenía. Le dije al conductor, nos vamos hasta la siguiente estación y ahí que haya una ambulancia, la bajamos y se va al hospital de Mendoza de nuevo. Llegamos a esa estación y se sube un doctor argentino, con pinta de cowboy. Ni me miró. Entonces le pone el fonendo a la nena y ahí recién me mira y me dice: “Tiene los ruidos timbráaados (¿Qué será eso?) Y la protrombina hace una semana estaba en 45 %.” Y, bueno, ¡uno no manda donde no es su país! Le dijo: “Nena estás bien”. Y a los viejitos: “No tiene nada la nena, podés seguir el viaje, ningún problema”.
El viejito se arrodillaba y le besaba la mano. Y bueno, nos fuimos, con la nena a bordo Como a la hora de viaje, empieza de nuevo. Ahora llegaron a golpear directamente a mi puerta. Veo a la nena en las mismas condiciones previas y dije al conductor: detenga el tren y nos devolvemos de inmediato. ¡¡Y lo hizo!! (Incrédulo). ¡Nos devolvimos! Yo bajé con la nena agarrada de mi mano. El colega argentino no subió de nuevo al tren. La puse en la ambulancia, mientras la gente sacaba la cabeza por las ventanas del tren y gritaba: “Debieran haberle hecho caso al médico chileeeno, si estos boludos no tienen idea”.
En lo que tú me cuentas, tu progresión en tu carrera te ha llevado hasta la punta de la pirámide, ¡lo haces ver tan simple y natural! Pero, no es simple llegar adonde estás, en la universidad más grande del país. La pregunta es si has tenido tú, a tu manera de ver, un desafío.
Cuando terminé la beca no había cargos para neurólogos. Me di cuenta que nuestros grandes maestros de la neurología enseñaban muy bien, sabían muchas cosas, pero se pavoneaban, dejando al resto ignorante y colgado. Conversando con otros colegas, nos propusimos acercar la neurología a la gente y a nuestros colegas, o sea, crear la necesidad de la existencia del neurólogo Hoy, hay neurólogos por todo el país y en los hospitales regionales tienen neurólogos de turno, cosa que antes solo existía en el Barros Luco. Creo que lo hemos logrado.
Una última cosa, ¿tienes pasatiempos? O mejor, ¿tienes tiempo para pasatiempos?
Bueno, hasta el año pasado jugaba futbolito, pero me fracturé un brazo y ahí abandoné las canchas. Pero espero volver, porque a uno le hace bien lo lúdico del deporte. No hace bien hacer deporte por hacer deporte o por tener otra obligación, sino porque le entretiene y se divierte.
Y ¿con qué cosas te relajas tú, porque tu trabajo es bien intenso, las responsabilidades son altas.
Conversando una comida. No soy tomador, pero si podemos conversar una comida, largo rato, horas.
Y en eso, ¿tienes quién te acompañe?
Nunca falta gente en mi casa. Ex-becados, que cuando vienen de provincia vienen acá, actuales becados, colegas de otros hospitales... no me falta. Y la Natividad Riquelme. Con la que siempre me reúno. ¡Y ahora está a punto de ser abuela!
David, me queda una sola pregunta. Mirando tu vida, lo que has hecho, lo que has vivido, en una pura hipótesis, si tú tuvieras frente a ti al David que entró a la universidad, con su inocencia y su juventud, ¿qué le dirías como consejo para su futuro?
¡¡Avíspate!! (Risas). Yo era muy inocente. En todo sentido. Me faltaba mucho mundo. Me sirvió, me enriqueció mucho la universidad, me sirvió el contacto con mis compañeros y mis compañeras.
Me acuerdo de la Katica Ramírez que quería que les preguntara y yo me las daba de profesor ¡Ya en ese tiempo! Les preguntaba: “A ver, señorita, qué opina Ud. de este paciente”. (Voz y actitud doctoral). Todo eso que hacía, al final fue una contribución a mi crecimiento.
Tus compañeros te decían “el Zorrito”.
El Zorro. Eso venía porque era colocolino. Ese apodo me lo puso Víctor Salazar, porque el entrenador del Colo-Colo de ese tiempo era el Zorro Álamos, entonces yo era el Zorrito. El Zorro Álamos era un excelente entrenador y muy astuto. Y ya para mí fue un cambio de categoría, porque en el liceo a mí me decían “el Ratón” (Más risas)
Bueno vamos a terminar aquí. ¿Si quieres decir algo antes de terminar?
En realidad, mi vida ha sido una buena vida, he conocido buena gente. De la otra también. Si bien el ser humano en principio es egoísta, por lo que muchas sociedades no avanzan, aislados, como individuos somos generosos, somos buena gente. El mundo... no es malo.
Una visión optimista del mundo. Como buen educador. ¡Gracias, David!
La noble “olla común”
Horacio Hernández Anguita
Tal vez, uno de los rostros más duros y desgarradores de la pandemia sean las situaciones de pobreza extrema existentes en el país. En muchos casos, debemos decirlo, la pobreza estuvo oculta y tapada por los anuncios triunfantes de cifras macroeconómicas, que nunca hicieron visible la realidad angustiante de gran parte de la población marginal, dando las espaldas a los ciudadanos y ciudadanas que no participan de los bienes y servicios del llamado crecimiento
Sin embargo, ahí están las imágenes crudas que día a día podemos ver. Ellas son indicadoras de una realidad dramática y triste que deber ser enfrentada.
El coronavirus trajo consigo el horror de los contagios y mortandad a todas las condiciones sociales. Mantiene la amenaza hacia todos los sectores y pone en peligro la salud de la población, dejando en evidencia las falencias del sistema sanitario. Además, se produce a causa de la exposición a contagios, la parálisis en la economía, que, sin lugar a dudas, es hoy devastadora. Con ello, quedan al desnudo las graves iniquidades sociales, y, sobre todo, la precariedad laboral de miles de trabajadores y trabajadoras. Agréguese a lo dicho, la inquietante fila de desocupados y cesantes, con las secuelas de incertidumbre. Así, las familias no tienen dinero para el sustento.
Hoy como ayer, principalmente en los ámbitos poblacionales, pero también en los estratos medios, donde se vive al límite, vuelve a surgir a lo ancho y largo del país, “la olla común”. Es la expresión presurosa y diligente de la organización social y solidaria en barrios, parroquias, unidades vecinales y locales comunitarios. Caracteriza a las ollas comunes, sobre todo, el nacer de la propia comunidad afectada con liderazgos sencillos y abnegados, donde encontramos mucho sacrificio y generosidad, uniendo a vecinos o lugareños, mediante una cadena de manos que permiten dar alimento al hambriento...
Estas organizaciones, saben bien que “la unión hace la fuerza” y además, que el hambre en los niños, jóvenes, adultos y ancianos no se calma con discursos ni promesas… ¡Se necesita la comida día a día! Por ello, buscan hacerse de verduras, fideos, arroz o porotos, con todo lo que les esté al alcance. No faltan los que consiguen la harina para el pan. Así, de manera admirable, nace un conjunto de iniciativas barriales, incluidas las colectas, las que aseguran una alimentación constante a los vecinos. Todo esto, con turnos, alternancias de trabajos, prestación de servicios u oficios, y el respeto delicado a la higiene y normas sanitarias de la cuarentena.
Puede haber algún municipio u otra institución que ayude a estas ollas comunes, pero, en general, se trata de organizaciones comunitarias, más bien populares, propias de un acervo cultural que afronta las dificultades extremas solidariamente. Es que los planes sociales del gobierno para paliar la crisis son completamente insuficientes. Tal como las “ayudas” de los grandes poderes financieros y económicos, incluidos los de la Confederación de la Producción y del Comercio porque, por desgracia, no logran llegar hasta los vastos sectores de la marginalidad y la pobreza extrema.
Se levanta, entonces, como emblema de humanidad, servicio y espíritu solidario, más allá de cálculos y estrategias, la noble olla común que rescata la dignidad herida y permite compartir el alimento y el pan en fraterno y alegre encuentro común, mitigando el sufrimiento y el desamparo. Es el accionar del espíritu de servicio y comunión.
Fundación Roberto Hernández Cornejo. Talca, 21 de octubre de 2020
Olla común en la comuna de Lo Espejo
José Silva Díaz
Hace 5 años un grupo de amigos profesionales, nacidos en la comuna de Lo Espejo y a los cuáles la vida nos había brindado la posibilidad de estudiar, trabajar y crecer económicamente fuera de la comuna, decidió volver a reencontrarse con su gente. Comenzamos a trabajar con un comedor para gente en situación de calle, donde brindábamos alimentos, ropas y artículos de aseo.
Al unísono decidimos apoyar a la población migrante de haitianos en una escuela de lengua española, entregando ropas, pañales, leche y asesoría legal.
Comprendimos que la comuna necesitaba reencontrarse, pensar en forma positiva y cambiar su calidad de vida.
Creamos una pequeña agrupación que comenzó a crecer con el tiempo, y así comenzó una campaña para recolectar medicamentos, sillas de ruedas, colchones antiescaras, mercadería, etc.
Los vecinos empezaron a responder con ayudas y apoyo, los espejinos ya se sentían más importantes y útiles, con la capacidad en sus manos de cambiar la realidad de muchos. Hoy ya somos 100.
Durante la pandemia y contando esta vez
con la ayuda de ustedes como médicos, pudimos llegar a alrededor de 11 ollas comunes, se entregaron 30.000 platos de comida y unas 4000 onces durante 4 meses.
En Navidad, también gracias a ustedes, pudimos entregar más de 2000 bolsas de dulces y regalos para los niños.
En un tren (Tren de la Paz) se recorrió toda la comuna y llegó al último punto de ella a las 12:15 de la noche, lleno de alegrías y regalos, llevando algo de alegría a los niños y niñas que tanto sufren por la droga, la delincuencia y la marginalidad.
Hoy estamos entregando sillas de ruedas y colchones antiescaras donadas por la Asociación Patch Adams. Pensamos en el futuro formar un par de clínicas para diabéticos y pacientes con enfermedades broncopulmonares residuales de la infección por COVID-19.
Hemos trabajado en este grupo por 4 largos años y seguiremos trabajando por el bien de los más necesitados y desvalidos. Nos hemos mantenido gracias a donaciones de amigos y simpatizantes
En nuestro trabajo en las ollas comunes se produjeron muchas situaciones inesperadas.
Les contaré dos de ellas. Una muy triste y una divertida.
Al comenzar con este gran desafío de colaborar con la iniciativa de las ollas comunes, hubo una persona que fue la primera en abrirnos las puertas de su casa, su nombre era Juan. Profesor de Historia, un hombre discapacitado que solo se podía trasladar en silla de ruedas. Vivía solo y no podía preparar sus alimentos, solo comía pan o empanadas que le regalaba una vecina, la persona que nos contactó para contarnos la historia de don Juan y nosotros no dudamos en acudir para ver cómo podíamos asistirlo .
La primera vez que lo vimos y le llevamos su comida se enojó porque llegamos a las 13:00 horas, él acostumbraba a comer su empanadita (que era su almuerzo) a las 12:30, pero la recibió de igual manera y la guardó para comer en la tarde. Así aprendimos que justo a las 12:30 teníamos que estar afuera de su casa con el plato de comida; y así fue semana tras semana. A medida que pasaban los días fuimos creando una amistad con don Juan, tanto así que algunas veces cuando amanecía enfermo entrábamos hasta su pieza para servirle la comida en su cama.
Ya teníamos su número de teléfono y lo llamábamos cuando nos atrasábamos un poco, pero un día cualquiera llamamos y no contestó Al principio no le tomamos importancia, luego volvimos a llamar y tampoco contestaba. Así que decidimos dirigirnos a su casa, preparamos su plato de comida y partimos.
Cuando llegamos a la casa de don Juan había dos personas que nunca habíamos visto Eran el sobrino y un amigo Cuando preguntamos por don Juan, nos dijeron que ya no estaba, él había fallecido. Nos causó una gran impresión y fue muy difícil de asimilar que nuestro amigo ya no estaba.
Aunque parezca obvio ahora mirando hacia atrás, nunca pensamos cuando comenzamos con esta labor, que nos encontraríamos con algo así.
Nos afectó bastante, pero tomamos la experiencia para darnos fuerza y seguir luchando para que a nadie le faltara un plato de comida en su mesa.
A don Juan nunca lo hemos olvidado, siempre empezamos la ruta fuera de su casa, tocamos la bocina y salimos a repartir los platos solidarios.
Y nuestra anécdota más divertida:
Es difícil contar alguna anécdota después de ver tanta necesidad, pero igual hubo momentos divertidos en todo este proceso.
La rutina era: nos preparábamos para salir a repartir los platos, los acomodábamos en el auto, los contábamos, nos subíamos al auto y salíamos a repartir.
Cuando estábamos a punto de llegar al extremo más alejado de la comuna de Lo Espejo, sentimos que el auto empezó a detenerse hasta que quedó completamente parado al medio de la calle.
No sabíamos qué pasaba hasta cuando nos dimos cuenta de que estábamos sin bencina En el momento no sabíamos qué hacer, pedimos ayuda, pero no nos pescaban. Entonces una de las personas que estaba en el auto agarró unos platos y salió corriendo a repartir
y los otros dos tuvimos que empujar el auto más de 30 cuadras para llegar a la bencinera
Fue un momento estresante, pero cuando terminó el día nos reímos a carcajadas de esta odisea.
Vino, barajas y mujeres: la música Ranchera en Chile
Parte I: Contextualización histórica
Amanda Ávila Reynaldos y Manuel Márquez Illanes
“La chilena”, estado de Guerrero, México
Compartimos los principales hallazgos de esta investigación, que tiene como propósito exponer cómo llega la música ranchera a nuestro país y de qué forma penetra en el campo chileno, arraigándose principalmente en la cultura rural. Para esto les invitamos a leer nuestra primera colaboración, en la que presentamos una contextualización histórica que refleja los primeros aproximaciones culturales entre México y Chile, previo a la existencia de la “industria cultural”.
A pesar de las enormes distancias geográficas que separan a nuestro país de la nación azteca, los acercamientos culturales entre Chile y México registrados en los anales de la historia se remontan al transcurso del período colonial (entre fines del siglo XVI e inicios del siglo XIX) en donde ambos territorios se encontraban bajo el dominio del imperio español.
Estos primeros contactos culturales se producían por lo menos una vez al año y se realizaban a través de embarcaciones comerciales que conectaban el puerto de Acapulco (estado de Guerrero, México) y el puerto de Valparaíso.
Los permanentes contactos culturales del período colonial, se vieron abruptamente interrumpidos hacia principios del siglo XIX cuando las élites criollas de las colonias hispanoamericanas se rebelaron contra la metrópoli española. De esta forma, el caos general producido por las guerras de independencia, congeló por largo tiempo los intercambios culturales que habían sido característicos de la época colonial.
Los vínculos culturales entre Chile y México se vuelven a abrir hacia mediados del siglo XIX, esta vez producto de la “fiebre del oro” de California. Este proceso movilizó a miles y miles de campesinos chilenos, que se embarcaron en dirección a las tierras norteamericanas. Una escala obligada que debían realizar los aventureros chilenos para llegar a California, era el estado de Guerrero, donde dejaron su huella cultural a través de la difusión de las cuecas que hasta la actualidad son conocidas como “las chilenas” y que forman parte del folclor de ese territorio.
Algunas décadas más tarde, específicamente hacia fines del siglo XIX y dentro del contexto del gobierno de Porfirio Díaz, las relaciones internacionales de México se vieron ampliadas debido a un notable crecimiento económico que favoreció el desarrollo de las artes y su posterior difusión por los jóvenes estados latinoamericanos. De esta forma, a fines del siglo XIX llegaron a nuestro territorio hermosas piezas de piano elaboradas en el país de los mexicas. En nuestro país, esta música fue conocida como “estilo de salón” y circuló ampliamente entre los sectores sociales medios y altos de las principales ciudades de Chile.
Hacia el año 1910 en México, se inició uno de los hitos más relevantes de su historia nacional, esto es, la Revolución mexicana. Este inesperado y traumático proceso revolucionario, tuvo como principales protagonistas a los sectores campesinos e indígenas, que a través de “los corridos” entregaron su particular visión de los hechos ocurridos durante el transcurso de la Revolución. En esta misma línea, la Revolución mexicana fue una gran fuente de inspiración tanto para las producciones discográficas, así como también para las producciones cinematográficas mexicanas.
“Los corridos” del folclor azteca, fueron inspirados originalmente en sectores campesinos e indígenas de la Revolución mexicana.
A
De este modo, ya hacia la década de 1930 “los corridos” llegaron a través del cine a los lugares más apartados de la América Latina. Dentro de este contexto, en el año 1936 llegará a Chile la primera película mexicana Allá en el rancho grande de Fernando de Fuentes.
Durante esa época nuestro país estaba viviendo un intenso proceso de migraciones del campo a la ciudad. Miles y miles de campesinos llegaban a diario a las capitales provinciales en busca de trabajo y una mejor calidad de vida.
En ese entorno, el cine mexicano representó un enorme atractivo para un público de origen campesino recién llegado a la ciudad, que se identificó de inmediato con las temáticas y personajes abordados en los filmes mexicanos.
En la próxima publicación profundizaremos en la época de oro del cine mexicano, contextualizándolo dentro del surgimiento de las industrias culturales, que a través de las potentes industrias cinematográfica y musical mexicanas permitieron la llegada del corrido mexicano a nuestro país y otras naciones latinoamericanas, produciendo un fenómeno de cultura de masas sin precedentes.
¿Quieren profundizar más? Les invitamos a ver nuestra primera cápsula audiovisual sobre este tema. Pueden verla en el siguiente enlace:
Link
Autores:
Amanda Ávila Reynaldos, socióloga, editora Revista Convergencia Piducana, creadora de Sudaca Kitsch, email: amavilarey@gmail.com, +56 9 9770 4036.
Manuel Márquez Illanes, licenciado y profesor de Historia, Geografía y Ciencias Sociales, email: mmarquez013@daemcurepto.cl, +56 9 5077 8107.
Salitre
Mario López Ibáñez
El 14 de febrero de 1879 se conmemora la invasión chilena a Antofagasta, que dio inicio a la llamada guerra del Pacífico o guerra del Guano y el Salitre.
Los acontecimientos que llevaron a este día se remontan a la primera mitad del siglo XIX Los imperios mundiales se esmeraban en conseguir fuentes para los fertilizantes agrícolas en todo el mundo. Estados Unidos, por ejemplo, mediante la ley Guano Act autorizaba a cualquier particular estadounidense a tomar posesión de cualquier isla deshabitada en cualquier parte que tuviera guano o deshechos defecatorios de aves marinas. Esto generó una serie de enfrentamientos y de guerras en todo el mundo.
Comenzó una serie de conflictos, dando origen al problema territorial entre Bolivia y Chile, lo que trajo como consecuencia la guerra del Pacífico, también denominada guerra del Guano y el Salitre por estas sustancias que sirvieron de excusa para determinar los límites imperiales de un negocio intercontinental.
Aunque el impuesto de los diez centavos y el tratado de 1873 aparecen a primera vista como los detonantes del conflicto, las causas fundamentales de la guerra fueron profundas y complejas. Entre ellas los historiadores señalan la vaguedad de las fronteras coloniales, el interés por el negocio del salitre y la tensión producida
por las diferencias entre el progreso de Chile y la inestabilidad política y económica de los aliados. A ello se añade la competencia entre Perú y Chile por la hegemonía regional que incluía una alianza con Bolivia como aliado menor.
El 18 de septiembre de 1866, José Santos Ossa y Francisco Puelma lograron la adjudicación legal de la concesión de terrenos salitrales en las cercanías de la zona que sería conocida como La Chimba posteriormente Antofagasta tras una solicitud enviada al gobierno boliviano.
El 19 de marzo de 1868 se constituyó la Compañía Melbourne Clark (Melbourne Clark y Cía), tras la integración de intereses chilenos e ingleses. Esta compañía fue formada por Francisco Puelma, José Santos Ossa, Jorge Smith, Melbourne Clark, Agustín Edwards Ossandón y Gibbs & Cía. Posteriormente el 5 de septiembre de 1868, esta empresa obtuvo una ampliación de la concesión otorgada por el gobierno boliviano, esta vez por 15 años. Todos ellos bajo el paragua económico de la casa de Rothschild en Londres.
En 1873, esta compañía establece un contrato con dicho gobierno, por el cual puede explotar el salitre en la zona y además puede construir un ferrocarril hasta Antofagasta desde Las Salinas. Dicho tratado de 1873 no fue aprobado por el Congreso boliviano, pero posteriormente
con el apruebo del nuevo tratado de límites de 1874, esta zona queda bajo la jurisprudencia de Bolivia, y en unos de sus puntos se decreta que no se podían gravar nuevos impuestos sobre el anterior.
En 1878 la Asamblea Nacional
Constituyente boliviana se abocó al estudio del acuerdo celebrado por el Gobierno en 1873. Decidió ratificar el contrato si se pagaba un impuesto de 10 centavos sobre quintal de salitre exportado de territorio boliviano, lo cual fue considerado casi unánimemente como una flagrante violación al tratado de 1874.
Sin embargo, en febrero de 1879, el gobierno boliviano de Hilarión Daza rescindió las licencias otorgadas a la CSFA, embargó sus bienes y ordenó su remate público para el 14 de febrero de 1879.
En la mañana de ese día fuerzas chilenas impidieron el remate con la ocupación de Antofagasta. La fragata Blanco Encalada llevaba un mes en la bahía a la espera de órdenes. Ese 14 de febrero, cerca de las siete de la mañana lanzó salvas de artillería como saludo a los buques de guerra chilenos Cochrane y O'Higgins que se acercaban lentamente al puerto.
Una hora más tarde, desembarcó el primer contingente de tropas. La prensa boliviana consigna que "más de tres mil rotos de poncho, encabezados por otros de levita, se amotinaron y, entre la algazara más espantosa, se dirigieron a la Prefectura.
Allí arrancaron el escudo boliviano y lo rompieron para izar después el pabellón chileno y tomaron el cuartel." (Ardiles, 2013: 146)
Para el historiador Benjamín Vicuña
Mackenna, la ocupación militar de Antofagasta se trató de un espectáculo cívico en que los soldados servían de escolta al pueblo y estos eran saludados con exclamaciones muy chilenas y pintorescas muestras de patriotismo. (Vicuña
Mackenna, 1880: 17)
Después de tomar la ciudad, el coronel Emilio Sotomayor se dirigió hacia el interior y ocupó el Salar del Carmen y la quebrada de Caracoles.
Esta acción militar fue una anomalía si se
toma en cuenta que la compañía que la pedía era una compañía de capitales ingleses con accionistas minoritarios chilenos. Al anularse los contratos con la CSFA, según el gobierno de Bolivia se terminaba el pleito con Chile y cualquier queja de la compañía debía ser presentada ante los tribunales comunes bolivianos. En caso de que Chile pretendiese oponerse a la pérdida de sus derechos, Daza pensaba llamar al Casus Foederis del tratado secreto que unía a Perú y Bolivia. Y así ocurrió.
Caricatura publicada en noviembre de 1879 en la revista chilena El Barbero.
Daza de Bolivia, Prado de Perú y el presidente argentino Avellaneda a la izquierda, se unen para contrarrestar la supremacía militar chilena, representada por Santa María y una inmensa bala de cañón.
Sigue una serie de movimientos militares en la que la supremacía naval chilena fue decisiva en las operaciones anfibias y terrestres. Bolivia abandona militarmente a Perú, participando con posterioridad en escaramuzas aisladas. Después de la ocupación de la capital peruana, Lima, la guerra entre Chile y Perú continuó por dos años más entre los remanentes del ejército, guerrillas y montoneros peruanos contra las fuerzas chilenas de ocupación, hasta la firma del Tratado de Ancón en 1883, en el que Perú, entre otras cosas, cedió el Departamento de Tarapacá y a su vez, le fueron retenidas las provincias de Arica y Tacna.
Al año siguiente se firmó el Pacto de Tregua entre Bolivia y Chile de 1884, que puso fin al estado de guerra entre ambos países Por su omisión en el tratado, Bolivia aceptó la anexión chilena de la franja 23°S-24°S y aceptó la ocupación militar chilena de la zona entre el río Loa y el paralelo 23°S.
Pero su soberanía quedó en disputa y fue resuelta a favor de Chile en el tratado de 1904 entre Chile y Bolivia Además en el Tratado de Lima de 1929, Chile devolvió Tacna al Perú y Arica fue cedida a Chile.
Es también llamada primera fase de la guerra del Salitre o guerra del Guano y del Salitre.
El salitre fue la principal fuente de riqueza de Chile hasta el descubrimiento del salitre sintético por los alemanes, durante la Primera Guerra Mundial, que pondría fin al auge salitrero. Lo que generaría una lucha intestina en Chile entre el poder económico y el político que permitirá que capitales británicos, fundamentalmente de la mano del “Rey del Salitre” Thomas North (así era llamado en Londres) quien usaba a la familia Edwards como su quinta columna en Chile, y que tuvo bajo su control al propio General Manuel Baquedano.
North junto al General Baquedano
Esto escalaría cuando el presidente Balmaceda intentó usar los capitales del salitre para industrializar Chile Durante su gobierno, él efectuó muchas obras como el Ferrocarril desde Antofagasta a Puerto Montt. Sin embargo, la derecha chilena, bajo control de los Cifuentes, Edwards, Walker, Larraín y otros apellidos comunes en la época actual se lo haría imposible, quebrando la legalidad y trasladando el Congreso al norte por exigencia de la Marina de Chile, generando la segunda fase de la guerra del Salitre o guerra civil de 1891. Esta terminó con una derrota del
gobierno gracias al accionar de la derecha que impidieron la llegada de naves al país, compradas por Balmaceda, y al accionar del General Baquedano que entorpeció las acciones de defensa militares al desviar o simplemente traicionar las ordenes centrales. Algunas de las unidades se pusieron al revés sus guerreras, quedando el forro blanco de ellas al exterior, dando lugar a la popular frase "darse vuelta la chaqueta".
Con la muerte de Balmaceda se da termino a la segunda fase de la guerra del Salitre.
Respuestas acertijos
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Anécdota en una plaza
Patricia de la Maza
Era febrero de 1992, yo ya tenía tres hijos. Diego, el más pequeño, había nacido hace pocos días. Decidí tomar unas vacaciones en un lugar tranquilo y arrendé una parcela en Limache. Fui solo con mi hermana y sus dos hijas, ya que mi esposo y cuñado tenían que seguir trabajando, solo nos visitaban los fines de semana.
Una mañana salimos a caminar a la plaza de Olmué. Allí mis dos sobrinas Catalina y Javiera, junto a mis hijas Carla y Daniela jugaban y corrían por toda la plaza mientras yo paseaba en brazos a mi bebé Diego.
Mi hermana se encontró con dos mujeres con una guagua; eran una abuela, su hija y nieto de un mes de vida. Mi hermana se acerca, me cuenta que ha estado conversando con ellas, estaban muy angustiadas por el bebé, me solicita que vaya a conversar con ellas porque tal vez les pueda ayudar.
Me contaron que estaban muy preocupadas por el bebé, que tenía vómitos, que habían ido a tres pediatras e incluso el día anterior habían ido a orar a Santa Teresita para pedir por un milagro. Les pregunté por los síntomas, explicaron
que vomitaba después de cada vez que tomaba pecho y a veces grandes cantidades incluso salía por la nariz; les habían dicho que lo pusieran en silla nido, que le dieran unas gotas para el reflujo, además de masajes en el dorso para ayudar a eliminar gases, pero que a pesar de todos los esfuerzos no veían mejoría.
Les pedí me dejaran examinar el bebé en un banco de la plaza, que tenía experiencia con niños. Accedieron y pusieron a la guagua sobre un banco de la plaza donde pude examinarlo. Posterior a ello les sugerí que debían llevarlo a un servicio de urgencia infantil con una nota donde puse como sospecha diagnóstica: hipertrofia del píloro.
Como en esos años no teníamos celulares, les señalé en que parcela nos
encontrábamos y que si tenían alguna novedad la hicieran saber, más tarde, esa misma noche, cuando ya estaba por quedarme dormida cerca de las 24 horas, sentimos sonar la campana de la parcela, grande fue mi sorpresa al ver llegar a la abuela de Inti, con un gran ramo de flores, llorando me dice: doctora, mi nieto ya fue operado y se encuentra en recuperación, no sé cómo agradecerle que usted lo haya examinado en la plaza.
Me puse muy contenta de haber podido ayudarles.
Un mes más tarde, cuando ya estábamos en Santiago, llegaron a mi casa. La abuela, su madre y hermanita mayor. Además de flores y chocolates a un hermoso Inti, ya totalmente recuperado en el peso y rebosante de vitalidad.
Desde Bordeaux, Francia
Breve historia de un romance
Juana Nepomucena
No me acuerdo bien del principio ni del final.
Fue un romance torpe y adolescente, breve y a escondidas. Recitábamos con afanes nerudianos (no te quiero, y no sé si te quise), y aunque nos conocimos en primevera, yo te hacía reír con” te recuerdo como eras en el último otoño”. Con todo en contra nos juramos amor eterno y vivíamos acorde, entre las nubes, carentes de realidad.
Y aunque tus ojos color miel quedaron clavados en mi alma, un día en que ni nos despedimos, nos arreglamos para no ser más. Sospecho que fui yo, aunque parece que te eché la culpa. Pero eso ya no interesa.
No supe más te ti aunque por ahí estabas, por ahí.
Y la vida, implacable, seguía. Por esos años hice o creí hacer lo que quería, era joven, perdía el tiempo sin ningún remordimiento.
Algo así como 12 años más tarde en verdad en el otro mundo, en un día de San Valentín, iba yo en un tren en Nueva York
Sin ninguna advertencia, presagio, ni anuncio, creí verte en mi mismo carro, cerca de la puerta, listo para bajarte.
A la larga te bajaste.
Pero antes pasaron cosas.
Primero tus ojos, son los mismos que siguen ahí, acá y allá.
Se detuvo el tren. Se abrieron las puertas. El tiempo no pensaba detenerse pero al menos todo iba en cámara lenta.
Diste un paso, te acercaste. Diste otro paso, entremedio pasaba gente.
Cuando diste el último paso, mi cuerpo estaba al frente tuyo (¿o no?), pero no parecía yo: sentí fugazmente lo de antes. No voy a exagerar, no te estaba esperando, pero me faltaba algo, me di cuenta ahí.
Quedamos frente a frente y sin decir nada me diste un ramo de rosas
Antes de irte nos miramos (esos ojos), y yo, por supuesto, volví a dejar pasar el momento, sin articular palabra.
Como siempre, quedó todo a la suerte, al destino, o a cualquiera de los dos.
Y como no era una película gringa, no nos favoreció el guión: no nos abrazamos y los pasajeros no aplaudieron.
Te fuiste ahora sí para siempre y dejaste el ramo de flores en mis manos. Me sentí aliviada y reconciliada en una extraña forma que ni siquiera voy a tratar de explicar.
Han pasado muchos años. No creas que me acuerdo muy seguido. Tampoco pienses que esta historia es de ti, tu sabes que es de mi. Por último, si la lees, no preguntes, es posible que no sea lo que viviste, yo ni sé si es lo que viví He llegado a pensar de que hay algo real, hay algo inventado y hay algo que hice encajar.
La época posmoderna
Ricardo Murga Cornejo Prof. de Historia y Geografía Abogado
Jean-François Lyotard Formulador del posmodernismo
Hay consenso entre los intelectuales de las disciplinas sociales en cuanto a que en las últimas décadas del siglo pasado, y ya adentrado el siglo XXI, se observa un cambio de paradigma a nivel mundial. Paradigma se refiere a una teoría o conjunto de teorías que sirve de modelo a seguir para resolver problemas o situaciones determinadas que se planteen [1].
Los modelos en los que a partir del siglo XVIII se sustentaba el mundo moderno en los diversos ámbitos del quehacer relevante de las naciones (político, económico, social, cultural) han sido objeto de una profunda revisión y cuestionamiento que han traído como consecuencia la aparición de nuevas visiones acerca del sentido de la vida en lo personal y social.
Este cambio de paradigma es lo que caracteriza y da nombre a nuestra época posmoderna
A partir del siglo XVIII la modernidad se propuso pasar de la “tradición” (época medieval) al “cambio” (capitalismo), lo que recibió el nombre de “progreso”. Esto implicaba: secularizar la sociedad, es decir, separar la Iglesia del poder político; promover el conocimiento (razón, ciencia, positivismo) como armas contra el fanatismo y herramientas del progreso; consolidar el Estado nacional (formación del nacionalismo) y crear un nuevo modelo político basado en la separación de poderes y la libertad de los ciudadanos (democracia representativa) y desarrollar todas las potencialidades económicas de la industrialización
Pero la historia de los siglos siguientes mostraría las consecuencias de tan “inspirador” modelo: la expansión del
imperialismo (colonialismo), la aparición de la ideología comunista (en reacción al capitalismo), el nacionalismo exacerbado que produjo dos guerras mundiales y otros conflictos armados durante todo el siglo XX la gran crisis del año 29, y finalmente la “guerra fría” que dividió al mundo en dos bandos enemigos durante cuatro décadas.
En la segunda mitad del siglo pasado, la aparición de las nuevas tecnologías (especialmente de las comunicaciones) formarían un nuevo escenario: el triunfo de la cultura del consumo y la cultura de masas. ¿Era eso el cumplimiento de la promesa del progreso? ¿A eso se limitaría el progreso? La disgregación de los valores, la pérdida de la fe en la trascendencia de los grandes relatos históricos (ciencia y filosofía, razón y verdad, orden y progreso, Estado y nación, modernización y desarrollo), y el desasosiego generado por el hastío frente a una cultura absolutamente mercantilizada y
Grafiti de Banksy
Grafiti de Toto
mecanizada constituirían pues, la condición de la época posmoderna [2].
La globalización
Lo interesante de este cambio de paradigma es que se ha venido desarrollando en el contexto de la globalización, entendida esta como un proceso económico, tecnológico, político, social y cultural a escala mundial que consiste en la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo, uniendo sus mercados a través de una serie de transformaciones sociales y políticas que les brindan un carácter global, todo ello impulsado por las grandes empresas trasnacionales que reemplazan a los estados en la toma de grandes decisiones.
La globalización es a menudo identificada como un proceso dinámico producido principalmente por la sociedad y que ha abierto sus puertas a la revolución informática, llegando a un nivel considerable de liberalización y democratización en su cultura política, en su ordenamiento jurídico y económico nacional, y en sus relaciones nacionales e internacionales
Este proceso originado en el seno de la civilización occidental y que se ha expandido alrededor del mundo en las últimas décadas de la Edad Contemporánea recibe su mayor impulso con el fin de la guerra fría (caída del muro de Berlín en 1989 y desintegración de la URSS en 1991), y continúa en el siglo XXI. Se caracteriza en lo económico por la integración de las economías locales a una economía de
mercado mundial donde los modos de producción y los movimientos de capital se configuran a escala planetaria (“nueva economía”) cobrando mayor importancia el rol de las empresas multinacionales y la libre circulación de capitales junto con la implantación definitiva de la sociedad de consumo.
El ordenamiento jurídico también siente los efectos de la globalización y se ve en la necesidad de uniformizar y simplificar procedimientos y regulaciones nacionales e internacionales con el fin de mejorar las condiciones de competitividad y seguridad jurídica, además de universalizar el reconocimiento de los derechos fundamentales de ciudadanía.
En la cultura se caracteriza por un proceso que interrelaciona las sociedades y culturas locales en una cultura global (aldea global), aunque existe divergencia de criterios sobre si se trata de un fenómeno de asimilación occidental o de fusión multicultural.
En lo tecnológico la globalización depende de los avances en la conectividad humana (transporte y telecomunicaciones) facilitando la libre circulación de personas y la masificación de las TIC y el internet.
En el plano ideológico, los credos y valores colectivistas y tradicionalistas causan desinterés generalizado y van perdiendo terreno ante el individualismo y el cosmopolitismo de la sociedad abierta. Los medios de comunicación clásicos, en especial la prensa escrita, pierden su influencia social frente a las nuevas redes
sociales y la producción colaborativa de información de la web 2.0 (quinto poder) [3].
Posmodernidad y deconstrucción
Podemos señalar que la posmodernidad es el movimiento cultural, literario, filosófico y artístico que se impuso entre las décadas de 1970 y 1980, como oposición al movimiento moderno, criticando la formalidad, la racionalidad, y en busca de una nueva expresión que presta especial atención a las formas y no a los convencionalismos. En tanto que la modernidad se caracterizaba por la racionalidad, la uniformidad, la organización y el considerar que existe una única verdad absoluta, al contrario, la posmodernidad promulga la aceptación de un estado emocional e intuitivo presente en todos los seres humanos, la diversidad y posibilidad de que todos pensemos diferente, la existencia del caos y conflictos como un estado viable y permisible, y la aceptación que no existen verdades absolutas con blancos y negros, sino cientos de grises y matices.
El movimiento posmoderno es atribuido al filósofo y sociólogo francés Jean Francois Lyotard (1924-1998).
Los nuevos paradigmas reemplazan aceleradamente a los de la modernidad que han sido dominantes en la cultura occidental por más de tres siglos, pero sobre todo en el siglo XXI, caracterizado por la enorme velocidad de los cambios y la aparente inexistencia del tiempo y del espacio, ante lo cual surge la urgencia de replantearnos filosóficamente
donde estamos. Lo posmoderno está ligado a una experiencia de ruptura, de discontinuidad, de una crisis referida en particular a los discursos apocalípticos que fueron frecuentes en los años sesenta, sobre el fin del arte, de la filosofía, de lo social, de lo político, de la historia. Después de la segunda guerra mundial se abre una reflexión y una toma de conciencia de una crisis de lo moderno, debido a razones históricas, económicas, pero sobre todo a razones socioculturales que caracterizan a la sociedad contemporánea como una sociedad postindustrial. Su configuración es el resultado de las revoluciones tecnológicas que marcaron el paso a formas de organización siempre más complejas: en particular el paso de la industria mecánica a la industria electrónica, las telecomunicaciones y la informática, que han introducido una profunda transformación de la sociedad y de la cultura, comportando una profunda reestructuración del trabajo, del saber y de la política. Lo posmoderno es una reflexión de y sobre este nuevo modelo de sociedad, sus bases materiales y sus productos culturales. Aquello que se pide a los hombres posmodernos, entonces, es saber vivir en un mundo que ha perdido su centro, en el cual no hay referencias aceptables y en el cual todo es un eterno precipitar sin altos ni bajos [4].
La posmodernidad se caracteriza por rebelarse contra lo estandarizado y el conformismo. El cuestionamiento es una clave fundamental, que se expresa en los ámbitos histórico, científico, literario, religioso y hasta artístico. En la posmodernidad el foco del poder se centra
en la industria del consumo. Los medios de comunicación y las grandes corporaciones multinacionales pasan a ser las modificadoras constantes de la economía y del mercado. En una época notoriamente carente de visión al futuro, el único objetivo personal parece ser la liberación ideológica, corporal, comunicacional y existencial. Algunos cambios significativos incluyen la aceptación social del misticismo, de los movimientos nacidos por género e identidad, y de las modas eclécticas Paradójicamente, en la posmodernidad también aparecen fuertes movimientos ecologistas de protección del medio ambiente, la concientización por especies y sitios en peligro de extinción, las campañas globales y la protesta por las injusticias sufridas por los sectores más carenciados [5].
Como corriente filosófica, la posmodernidad busca nuevas formas de pensamiento centrados en el crecimiento del individuo a través del uso de la tecnología. Se caracteriza por criticar las corrientes de pensamientos antiguos que son considerados anticuados, como el positivismo y el racionalismo Como período histórico, la posmodernidad abarca desde el final del siglo XX hasta el día de hoy, por lo tanto, su definición exacta es aún difusa y en proceso de definición [6].
El concepto clave para entender la posmodernidad es el de deconstrucción. La idea de deconstrucción se emplea en el terreno de la filosofía y de la teoría literaria con referencia al acto y el resultado de “deconstruir”. Este verbo alude a desmontar, a través de un análisis
intelectual, una cierta estructura conceptual. La deconstrucción se lleva a cabo evidenciando las ambigüedades, las fallas, las debilidades y las contradicciones de una teoría o de un discurso (que sustentan a un paradigma). Lo deconstruido, en este marco, queda desmontado o deshecho. Al desmontar la estructura del lenguaje que utiliza un texto, sus diversas significaciones quedan expuestas. La deconstrucción demuestra, en este marco, que existen múltiples lecturas posibles Propuesta por Jacques Derrida (1930-2004) a partir de ideas de pensadores como Martin Heidegger (18891976), “la estrategia de deconstrucción” se basa en un análisis de las estructuras que componen el discurso. Más allá de la filosofía, la noción suele utilizarse en el lenguaje llano para mencionar la búsqueda de las falsedades o las falacias que oculta un discurso. Puede decirse que la deconstrucción se encarga de revisar “los conceptos” con la intención de descubrir el proceso histórico y cultural que subyace a ellos. De esta manera se puede demostrar que la claridad aparente de un texto no suele ser tal [7]. Así ocurre, por ejemplo, con el moderno concepto de “progreso”
Coincide con esta idea Serrano Caldera, para quien el concepto de “desconstrucción” de Jacques Derrida es clave en la caracterización de la posmodernidad. Desde esta perspectiva, la posmodernidad parte de la desconstrucción de los grandes relatos, los sujetos y los paradigmas en el arte, la historia, la política, la economía, las ideologías, la religión y, subrayaría, en la construcción de una nueva forma de
organización de la producción y de la economía mundial, y, en general, de la cultura y la vida social. La posmodernidad no es solamente la deslegitimación y desconstrucción de los modelos, paradigmas y relatos que dejarían a la ideología, entre otras cosas, archivada en los museos del tiempo irremediablemente pasado, sino que es la construcción de nuevos modelos a partir de una realidad globalizante [8].
El hombre posmoderno
El hombre posmoderno se define desilusionado, alejado de la ilusión de su progreso, y entregado al consumo instantáneo como búsqueda de placer y satisfacción. Los medios son los principales transmisores de cultura, sin un enfoque específico. Busca vivir el hoy, concentra su atención en el aspecto físico y no en su intelecto, y es la época del interés del
hombre común por la tecnología y la innovación. El hombre posmoderno está embargado por el sinsentido de la vida. En la posmodernidad se desvanecen tanto las creencias en utopías y la fascinación por el futuro (que se torna incierto y desesperanzado), así como la atención y valoración por el pasado y la historia. El principal foco de atención está en el presente, en el hoy, lejos del cultivo cultural. La posmodernidad nace como crítica y rechazo a la modernidad, considerando que esta falló en su intención de establecer la linealidad. Se deja atrás la búsqueda de unificar el parecer (pensamiento, expresión), y se abre la conducta apática, desconectada del mundo a su alrededor, centrada en el avance personal y en el propio progreso. Para el hombre posmoderno los valores y prácticas de la religión, la creencia, la fe y la espiritualidad dejan de ser relevantes. Se inclina a favor del pluralismo, de la
Times Square, New York
diversidad, de la satisfacción inmediata, y convierte a su cuerpo (y no su intelecto) en herramienta para lograr esas metas
Para el hombre posmoderno el lenguaje se define como la clave de la verdad. Lo utiliza para modelar el pensamiento, contextualizar la realidad, y lo aplica a partir de puntos de vista y no como un medio universal e incuestionable. El lenguaje explica la realidad que se experimenta e interpreta, de acuerdo al propio parecer.
Para el hombre posmoderno todo es relativo; asume como cierto que cada quien desarrolle su propia realidad.
Las verdades no son absolutas sino relativas a las circunstancias, creencias, estilos, países, culturas, generaciones Se desconfía que la razón y el pensamiento sean la única alternativa para la toma de decisiones, dando cabida a las emociones, la inteligencia emocional y la intuición, como herramientas válidas. La Filosofía y las corrientes filosóficas se transmutan en el pragmatismo, donde ya nadie se va a hacer matar por una ideología o extremismo absurdo [9].
A
La Ópera de Sidney
Perspectiva
La época posmoderna se encuentra en pleno desarrollo No sabemos qué nuevos rumbos tomarán los sujetos individuales y colectivos que intervienen y participan en este proceso de cambios, toda vez que los nuevos paradigmas no plantean una visión escatológica hacia la cual referir el sentido final de la historia. Es probable que la actual emergencia sanitaria ocasionada por el COVID-19 que está afectando de manera sin precedente a los países, traiga aparejado cambios profundos y novedades en todos los ámbitos del quehacer humano, lo que vendrá a configurar nuevas características de la época posmoderna. Traen gérmenes nuevos los vientos, vamos hacia el albur de otra edad.
(6) https://www.significados.com/posmodernidad/ (7) https://definicion.de/deconstruccion/ (8) https://bdigital.uncu.edu.ar/objetos digitales/1020/serranocuyo17.pdf. La filosofía ante los (8) retos del siglo XXI. Algunas aproximaciones a un nuevo proyecto filosófico. Alejandro (8) Serrano Caldera.
(9) https://www.caracteristicas.co/posmodernidad/#ixzz5O5iJm0E7. Enciclopedia de (9) características (2017). "Posmodernidad".
La Loza de Pilén
Manuel Ávila Friz
Magister en Desarrollo Rural
La tierra es y ha sido valorada en una dimensión que trasciende el carácter objetivo, donde adquiere significados que se vinculan con las distintas formas de concebir el mundo, plasmada en mitos y rituales, especialmente en aquellos grupos humanos que viven de actividades agrícolas de subsistencia. La tierra en Pilén, además, es la materia fundamental para la producción de loza, que crean sus mujeres.
La loza de Pilén es la manifestación de un modo particular de vida que expresa a través de su lenguaje el principal rasgo cultural de esta localidad rural con un fuerte arraigo a la tierra y a la producción de cerámica que, pese al tiempo y al conocimiento de nuevas tecnologías de producción, se ha mantenido con escasas innovaciones dando cuenta de un “elemento de resistencia cultural”. A través de las creaciones de cerámica las mujeres representan la vida material y subjetiva de su entorno.
Pilén se encuentra ubicado a 15 Km. al poniente de la ciudad de Cauquenes. Es una comunidad rural que hasta ahora se ha resistido a ser absorbida por los procesos de modernización, como ha ocurrido con otras localidades rurales. En Pilén el tiempo parece haberse detenido, todavía es posible observar al campesino arando la tierra mediante tracción animal, allí la producción de alimentos para el autoconsumo y la venta de los exiguos excedentes agrícolas
son actividades complementarias a la creación y venta de piezas de loza.
La creación de loza es el elemento articulador de esta forma de vida donde se combinan la actividad locera, el cultivo de hortalizas y la recolección de productos silvestres junto con la producción de carbón, labores que corresponden a la llamada economía familiar campesina, en la que participan niños(as), mujeres y hombres
Esta forma de producción de cerámica en Pilén, la han hecho merecedora del reconocimiento de “Tesoros Humanos Vivos” por la UNESCO, en el año 2012, y la certificación de marca, con la que los productos son vendidos y exhibidos bajo el rótulo de “Loza de Pilén”. A pesar de la enorme importancia de la actividad alfarera, no todas las mujeres aprenden el “arte de elaborar loza”. Cuando existen dos o más mujeres en un hogar, una de ellas debe dedicarse a los quehaceres domésticos y a la producción de hortalizas. Los hombres ocupan su tiempo mayoritariamente en pequeños predios o en fundos cercanos donde realizan trabajos temporales y de medierías. Escasos son los “añeros” trabajadores de fundos permanentes .
Pilén en lengua mapuche significa lugar de neblina o garúa. Sus mujeres y sus hombres ven en la loza la principal
actividad económica, oficio esencialmente desempeñado por artesanas que crean una gran variedad de objetos utilitarios y de adornos, elaborados sin más herramientas que las que provee el medio natural improvisadas paletas y cuchillos de madera, piedras para pulir las piezas y las hábiles manos de las mujeres loceras.
La comunidad de Pilén es asociada por los cauqueninos y los visitantes de la temporada estival con ollas, cántaros, platos, pailas y un sinnúmero de figuras antropomorfas y zoomorfas de greda, de color rojo y negro, también con la feria libre de los días miércoles y sábados, con olores a tierra y con el sabor dulce de las frutas secas que ofrecen las loceras junto a sus creaciones de barro cocido.
El proceso de elaboración de la loza
Selección y recolección de la greda
La identificación de la greda que sirve para locear se basa en el conocimiento empírico, es un proceso que debe pasar necesariamente por la experimentación, son las loceras quienes reconocen las propiedades de la materia prima que les permite obtener los resultados esperados en sus trabajos. "La greda buena se reconoce porque uno sabe cuál es la que sirve porque ha trabajado con ella"... "Hay una greda negra y una amarilla. Es mejor la negra porque la amarilla tiene más oropel". Para probar cual es la greda buena se debe pasar la mano por un terrón y escupir, si al pasar el dedo ésta se liga es señal que sirve". La labor de extracción a veces es acompañada por un familiar varón quien pica la tierra
con un azadón o picota para ser transportada en canastos de mimbre que los mismos lugareños confeccionan
La preparación de la greda
Una vez que la greda es acopiada en un lugar de la casa se procede a limpiarla de hojas u otros trozos de vegetales o de pequeñas piedras; posteriormente se deposita en el lugar habilitado por la locera para luego ser molida con un mazo de madera o fierro hasta lograr convertirla en finas partículas, posteriormente se cierne en un harnero para evitar el paso de cuerpos extraños. Después se deja remojar hasta lograr una consistencia parecida a la masa de hacer pan. Cabe destacar que no todas las loceras usan las mismas técnicas, existiendo algunas que mezclan gredas de distintas consistencias o agregan arenilla; otras, en cambio, usan la materia prima tal cual la extraen del cerro.
El modelado
Locear es como denominan a esta etapa del proceso. Toda la pieza es trabajada a mano, sin utilizar tornos ni maquinarias. Las artesanas ponen sobre sus piernas un pedazo de tabla y sobre éste una base, generalmente una tapa de tarro donde van dando forma con sus manos y simples utensilios a la porción de greda de la cual resultará la pieza que se esté creando. Nacen de esta manera múltiples objetos de utilidad doméstica y de adorno tales como: pailas, fuentes, ollas, maceteros, tazas, teteras, ceniceros, canastos gallinas, chanchitos de alcancía entre otras.
El secado
Cuando el modelado está listo las “piezas verdes” -crudas-, se dejan orear al sol, la loza recién moldeada no se puede secar al fuego de inmediato porque se corre el riesgo de sufrir partiduras. El tiempo de secado depende de la intensidad del sol y del criterio que emplee la artesana. La condición necesaria para dar por terminada esta etapa es la comprobación completa del secado de cada pieza. Posteriormente se pasa a una primera etapa de bruñido.
El colorido
Las piezas de loza terminadas son de color rojo o negro. El color rojo lo proporciona el “colo”, un tipo
de tierra especial que se encuentra en pequeñas cantidades adentrándose en la montaña en lugares de difícil acceso. Los terrones de colo se echan a remojar en un tiesto hasta que quede una consistencia espesa y homogénea para ser aplicado antes del bruñido con un pedazo de tela o brocha.
El color negro se logra en el momento del cocido. Después de sacarlas del fuego se decide si quedarán rojas o se teñirán de negro, se obtiene este color cuando la cerámica aún está ardiendo, cubriéndolas con champas de pino las que al quemarse impregnan el humo que despiden en las piezas de loza
El cocido
Se utilizan dos tipos de combustible, estiércol de vacuno seco o leña de culén preferentemente. En una primera etapa se realiza un precocido, también llamado "chuchocar". Una vez que está encendido el estiércol o la leña se esparcen las brasas, luego se van poniendo cada una de las piezas sobre el rescoldo, allí permanecen hasta que toman un color marrón oscuro.
Seguidamente se cubren las piezas por completo con el estiércol o con leños delgados de culén seco, luego se anima el
fuego con hojas de pino que se distribuyen por el contorno de la pila, la que arde entre unos veinte o treinta minutos. Los ojos atentos de las loceras vigilan constantemente el preciado tesoro que cubren las brasas, quienes premunidas con una pala u horqueta van sacando de la hoguera las piezas que han tomado un color rojo intenso. Durante el período de cocción hay piezas que se "saltan" resquebrajan porque alguna ampolla de aire quedó en el interior o alguien la “ojió”.
Las Herramientas
La mayoría de ellas son elaboradas o preparadas por las loceras.
Paletas, son trozos de madera que acompañan el modelado de los ceramios; con ellas se les va dando forma a las piezas.
Cuchillos de madera, se usan para cortar la greda húmeda de la parte superior de los ceramios.
Bruñidor de madera, son palos muy delgados que se usan para pulir los ñongos aquellas partes que es imposible bruñir con un bruñidor de piedra.
Bruñidor de piedra, son de color blanco porque son más resistentes, sirven de pulidores o lijas.
Cordobán, es un trozo de cuero que se utiliza para pulir los contornos de las bocas de ollas, olletas, jarrones, pailas.
Cuchara mocha, es una cuchara de metal a la que se le corta el mango; se usa para dejar más lisa la cubierta de las piezas.
La Transmisión del Oficio
La adquisición del oficio de locera es un aprendizaje producto de la socialización de las niñas; éste se produce en contacto con las madres y a la vez maestras Ocurre silenciosamente y hasta parece ser imperceptible para las jóvenes, pues es parte de la vida cotidiana y en numerosos casos es atribuido a la gracia de Dios. El reconocimiento social de locera se produce
en el momento de dejar la casa paterna para contraer matrimonio o cuando la madre fallece. Antes de estos hechos son sólo ayudantes de las loceras mayores.
Son pocas las loceras que se proponen enseñar su arte a hijas u otras familiares, generalmente los secretos de las técnicas del modelado, del bruñido y de la cocción son guardados celosamente debiendo experimentar cada aprendiz sus propios "detalles" de los métodos y técnicas. La locera Elcira Pérez comentaba en el año 2000, que aprendió sola el oficio, mirando los trabajos de otras loceras, los que comenzó a observar detenidamente y preguntando, si quería hacer algún diseño lo imaginaba y lo llevaba a cabo
Aunque algunas de las loceras reconocen haber adquirido el conocimiento de las técnicas por transmisión de sus madres, tías o abuelas, otras lo atribuyen a la inteligencia individual. “Yo aprendí sola, por mi propia inteligencia, a mí nadie me enseñó”.
De similar forma a la de sus madres, abuelas y tatarabuelas en los faldeos rojizos de Pilén las manos de las loceras continúan dando forma y vida a la tierra a través de sus creaciones.
Recordando a Adriana Bórquez
Adriazola: de las imprescindibles
Ana Carolina Reynaldos
Cuando conocí a Adriana en 1991 ella había retornado hace poco a Talca. Buscaba apoyo psicológico en el programa CINTRAS dirigido a los adultos afectados por la represión política, que complementaba el trabajo que realizaba PIDEE, dirigido a los niños afectados por la detención de sus padres, cárcel, exilio y retorno. A poco de andar nos dimos cuenta que en realidad más que apoyo psicoterapéutico ella necesitaba compañía y alguien con quien compartir. Pero en ese intertanto, debido a sus problemas de movilidad, y ya que vivíamos cerca, yo acudía a su casa de La Florida para cumplir con las sesiones.
Eso de partida ya era impresionante pueshabiendo ella sido propietaria de una casa a pocos metros de su vivienda - había sido despojada de ésta y debió “tomarse” este espacio al borde de El Bajo, frente al Cerro La Virgen. Fue tan firme en su determinación que a Bienes Nacionales no le quedó más remedio que más tarde acceder a dejar ese sitio a su nombre. Pero era un espacio sin ninguna comodidad. Su casa entonces era una mediagua de dos piezas sin baño ni cocina, de manera que sus necesidades debía suplirlas con la buena voluntad de los vecinos que le permitían usar su baño. Sin embargo, ese pequeño hogar estaba lleno de adornos y recuerdos que lo hacían muy acogedor. De a poco y con sus propios medios y de sus hijos fue haciéndole mejoras hasta dejarla habitable.
¿Pero quién era esta mujer que se empeñaba en vivir en su país, contra todos los obstáculos vigentes en ese momento para los retornados y en particular para ella? ¿Tenía la necesidad de un techo sobre su cabeza que justificara volver a Talca, con el recorrido que ella había tenido hasta allí?
Adriana Alicia Bórquez Adriazola había nacido en Osorno el 13 de enero 1936 Sus padres fueron Alvaro Bórquez Scheuch, funcionario de la Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno (SAGO) y empresario agrícola, y de Haydée Adriasola Rosas, dueña de casa. Estudió en el Colegio Alemán y luego en la Alianza Francesa de Osorno. Se formó como profesora de Francés en el Pedagógico de la U. de Chile en Santiago, donde se tituló en 1962. Ejerció como docente en distintas ciudades, hasta que fue designada a la ciudad de Talca en 1968, donde vivió el golpe militar de 1973.
Debido a sus actividades clandestinas de apoyo a personas perseguidas por la represión, sufrió el rigor del régimen dictatorial: primero, exonerada política de su trabajo en 1974, secuestrada por la DINA en 1975 y torturada en los centros de detención de Colonia Dignidad (Parral, Región del Maule) y la Venda Sexy -también conocida como La Discotheque- de Santiago.
Después de pasar meses ocultándose de las fuerzas de inteligencia, que la buscaban sin descanso, partió al exilio en Inglaterra en 1976 junto a dos de sus hijas, Alicia y Selva. Sus otros tres hijos, Adriana, Carlos Fidel e Isolda, quedaron en Chile al cuidado de familiares. En el exterior continuó su lucha política, a través de la denuncia de los crímenes de la Junta Militar. En Oxford creó y dirigió el Centro de Documentación e Investigación sobre Detenidos Desaparecidos en Latinoamérica ‘Búsqueda’, organización consultiva de diversos organismos internacionales. También colaboró con Amnesty International.
En la Universidad de Oxford obtuvo el grado de Magíster en Sociología de la Educación En enero de 1979, se trasladó a Tanzanía (Korogwe y Moshi), África, para servir un puesto en Educación en los años 1979 y 1980. Junto a su pequeña hija sufrieron los embates de la malaria y sobrevivieron.
Durante su exilio escribió en publicaciones de Inglaterra, resto de Europa, Estados Unidos, así como en la prensa local. Salen a luz algunos libros, como Poesías de Exilio (bilingüe) y Navidades.
Regresó a Chile en 1985 y se sumó al trabajo de diversas Organizaciones de Derechos Humanos, en Santiago, Valparaíso y finalmente Talca (Comisión de Derechos Humanos y colaboradora de CODEPU). Continuó publicando esporádicamente en diarios y revistas, y realizó actividades solidarias en poblaciones, en centros y talleres con grupos marginales.
En Chile editó: Un Exilio, en 1998 (reeditado en 2015), Resistencia (2000), Historias de mujeres (2002), Puertas en la oscuridad (2017) y Colonia Dignidad. La vivimos, la conocimos (2018), todos centrados en el tema de la represión. En el 2009 aparece Kawéskar. Ser Pensante de Piel y Hueso. En la 2011 ofrece en una edición artesanal limitada su Poemario, que muestra su parte más sensible y amorosa. Su última publicación: La casa de al lado (2019), texto que expresa un punto de vista testimonial de los inmuebles que fueron sede del horror y tortura de los años de dictadura militar, se presentó de manera póstuma.
Sus declaraciones a nivel nacional e internacional ante tribunales de justicia, parlamento alemán, Amnesty International, diferentes iglesias así como en conferencias, seminarios y entrevistas fueron fundamentales para identificar a varias de las víctimas (algunas desaparecidas hasta hoy) y a algunos de los captores pertenecientes a las fuerzas represivas, tanto de la policía secreta del estado (DINA) como del enclave alemán Colonia Dignidad.
Fue la primera persona en interponer una querella criminal en el año 1997 contra quienes resultaren responsables de torturas en Colonia Dignidad, lo que ayudó a investigar y procesar a Paul Schaeffer, líder de la Colonia, y sus cercanos colaboradores. Gracias a esto fueron declarados reos Fernando Gómez Segovia (miembro del aparato de inteligencia del estado) y Gerhard Mücke Hoschitzke (líder de la
Colonia Dignidad). Este es un hito histórico pues por primera vez se condenó a un jerarca de esta organización que hasta el momento había gozado de absoluta impunidad. Su ejemplo impulsó a muchos otros a encauzar sus denuncias por el camino judicial.
La información que ella y otros sobrevivientes a las torturas en Colonia Dignidad aportaron, permitió realizar algunas películas como La colonia (Orlando Lübbert, 1985) y Colonia (Florian Gallenberger, 2015) además de otro film en proyecto, La memoria del viento, del mismo Lübbert, relatando los horrores allí vividos.
Recibió numerosos reconocimientos por su aporte a la búsqueda de justicia a las víctimas de la represión política como la distinción en el 56º Aniversario del día de los Derechos Humanos en 2004 otorgado por la Agrupación de Detenidos Desaparecidos y la Intendencia Regional, premio Elena Caffarena Morice otorgado por el Ministerio de la Mujer en el año 2005, y el Premio Derechos Humanos de la Universidad Católica del Maule en 2012, entre muchos otros.
Entonces ¿realmente necesitaba ella volver a esta ciudad, donde fue acusada a las autoridades por colegas del propio establecimiento donde daba clases, denuncia que le valió la prisión, tortura y exilio? ¿Qué le impedía seguir cómodamente en la bella ciudad de Oxford, donde tenía trabajo, amigos, reconocimiento? ¿Por qué dejar Europa donde residían tres de sus cinco hijos, que además ahora le habían dado nietos?.
Solo quien haya conocido de cerca a esta mujer de convicciones férreas y un sentido de justicia e integridad a toda prueba podría entender que para ella más importante que la comodidad y el pasar fácil por la vida, era hacer justicia. No sólo para ella sino para los miles de personas que sufrieron en carne propia la prisión, la tortura, las amenazas, la exoneración laboral, el exilio, el retorno a un país que no los reconocía como sobrevivientes dignos merecedores de un espacio entre nosotros sino como “un cacho” para el Estado y la comunidad que en ese minuto aún no se hallaba con la democracia ni con una real justicia para todos.
Después de darla “de alta” porque no era mucho lo que yo podía hacer por ella en 1991, inevitablemente nos seguimos encontrando en actos y otros espacios de protesta política y nos volvimos grandes amigas. Vio crecer a mis hijos y vio salir mis primeras canas así como me vio jubilar en mi trabajo. Aunque no siempre era fácil relacionarse con ella, pues podía ser aguda y seca como un látigo, sin rodeos ni diplomacia, había otros momentos en que podía ser muy dulce y delicada. Pero por sobre todo, valiente e incorruptible.
Si bien en sus años más combativos no tuvo la oportunidad de vivir una maternidad con la máxima dedicación, pues habían otros que la estaban pasando peor que ella y sus hijos, desde que yo la conocí en adelante pude ser testigo de su inmensa dedicación a sus hijos y nietos, a los que amaba por sobre todo. Ellos también la quisieron inmensamente, así como sus vecinos y amigos de toda la vida.
Difícil encontrarse con otra mujer igual. Optimista a pesar de todo, conectada con la juventud Animaba a los editores de Convergencia Piducana y encargaba sin falta el siguiente número cuando se hacía en papel. Vivió sus últimos años sin temor y sin privarse de nada: viajó, emprendió con un café en el centro de Talca, se fue a vivir a la costa maulina y luego al extremo sur.
Su voz no se cansó de denunciar hasta su último aliento las injusticias y atrocidades de los militares en contra de la población chilena durante los 17 años que duró la dictadura.
Nadie se explica cómo podía vivir con su historia clínica impactante, no sólo por las secuelas de la tortura, sino por intervenciones y enfermedades catastróficas que logró sortear durante años pero que finalmente la obligaron a descansar.
Adriana amiga, muy alta nos dejas la vara, pero eres de aquellos seres imprescindibles que ilumina como un faro a las nuevas generaciones que necesitan modelos como el tuyo para continuar en la senda de la búsqueda de la justicia social y la real democracia.
Talca, julio 2020
Adriana Alicia Bórquez Adriazola, Mi madre
Isolda M. Bórquez
Después de casi un año desde que partió la mujer más admirable que he conocido, me han pedido que escriba sobre ella. Aún está viva su imagen, su olor, su voz, su legado en mi corazón y en mi pensamiento diario.
El año 76 o 77, teniendo yo 11 o 12 años, mi padre recibió una carta, que en su remitente decía, “Esperanza Lechí” y pude reconocer la letra ¡Era mi mamá! ¡Sí! Aquella profesora de francés y escritora, que yo había dejado de ver hace tanto tiempo, no estaba muerta ni desaparecida, estaba en el exilio. Había esperanza…
Cuando volvió el 85, comenzamos a acercarnos tímidamente, no había vivido con ella y no sabía cuánto había sufrido. No sabía mucho de ella, la verdad. Mi padre y mi abuela no ayudaron mucho a que ella estuviera presente en mi vida.
El primer encuentro fue en casa de Fidel, mi hermano. No fue lo mejor, yo tenía aprensiones por las cosas que mi padre y abuela le recriminaban a ella en Valparaíso. A pesar de eso, acordamos que yo tenía la libertad de acercarme si quería verla de nuevo. Recuerdo que se alojó por unas semanas en casa de unas misioneras en El Cortijo en Santiago y me invitó a visitarla. Aclaramos mentiras que me habían dicho y fui entendiendo que los hechos tenían dos versiones. Cada vez que conversábamos, era como recuperar el tiempo perdido.
A veces la encontraba con su mirada triste en el horizonte y me relataba algunas de sus vivencias. Nunca pregunté, dejaba que ella tomara sus tiempos y si quería contarme algo, lo agradecía.
Más adelante, quedé embarazada de mi hijo Nicolás y quise que naciera en Valparaíso. Mi mamá ya llevaba un tiempo trabajando en la Comisión de Derechos Humanos, Cenpros y con grupos de mujeres pobladoras del Cerro 18. Junto con sus actividades, tejía conjuntos de color lila y otros colores para el nieto que venía en camino, viviendo en Calle Elías, el 4to Sector Ampliación y el 5to Sector en Playa Ancha.
En Talca, ella había tenido su casa propia que, cuando la secuestraron, fue dada a un agente de la CNI y luego a otras personas. Mi mamá decidió tomarse un terreno en la misma población, en una esquina donde terminaba la calle principal, con carpa y bandera, mientras sus vecinas le ofrecían agua y baño. Entretanto, en las vacaciones en que íbamos y veníamos a Talca, había adquirido una mediagua, la que íbamos desarmando por partes para empezar a construir. Para Nico, era una aventura dormir casi a la intemperie. A medida que veíamos cómo se comenzaba a fabricar la cocina y el baño, veíamos el avance a lo que sería su casa. Nos bañábamos con una manguera y nos tapábamos con un biombo que daba al Bajo.
Éramos tan felices con esos “pequeños lujos”
Estuve en Santiago unos años en distintas orquestas y cuando me iba de gira, Nico se quedaba en Talca con su “Lela”. Mi mamá decía que ella era su Lela y “su padre”. Le enseñó a defenderse, a andar en bicicleta, a disfrutar de los atardeceres y un gran etcétera. Él montaba su bicicleta, ella su triciclo y se largaban a sus aventuras de idas y vueltas de Talca a Colín o de Talca a Pencahue solo para llegar a la plaza y hacer un picnic.
Pasamos todas las Navidades juntas desde 1985. En mi casa paterna no se acostumbraba a celebrar esa fecha, así es que aprendí con ella la importancia de estar en familia en esa época del año, hacer el árbol, comer una cena modesta pero llena de amor y cariño, dar y recibir regalos hechos por nuestras manos. A veces ella estaba en Inglaterra para ese día, debía dividirse entre su familia del exilio y nosotros, por lo que acordábamos antes qué comeríamos, qué usaríamos, y que cenaríamos a la misma hora. Por lo general, con Nico nos tocaba alrededor de las siete de la tarde y ella nos llamaba por teléfono.
Mientras ella vivía en Talca, en el 94 partí a vivir allá, lo que nos acercó muchísimo más que antes. Nos veíamos seguido, casi a diario, teníamos conversaciones profundas, de política, de amor, escuchábamos música, veíamos alguna teleserie al término del día de trabajo de ambas. En tanto, ella estaba llena de actividades, tenía un Taller de mujeres pobladoras donde hacían sábanas (AMUTUI), trabajaba en la Comisión de
Derechos Humanos, alfabetizaba en la Biblioteca de la población, daba entrevistas a periodistas extranjeros, a la televisión alemana sobre su secuestro en Colonia Dignidad y seguía conectada a Inglaterra y Alemania, luchando por encontrar a Schaeffer y sus secuaces para que fueran juzgados.
Por el 2000 tuve que partir al norte por trabajo. Nico llegó a vivir conmigo a finales de este y un año después nació mi segunda hija, Lirit. Viajaron a vernos mi mamá y hermana, que había venido a visitarla desde Italia y nuevamente mi mamá tejía como arañita para que su nieta luciera sus trajecitos de lana que hacía con tanto cariño. Al estar tan lejos la una de la otra, solo en las vacaciones de verano y fiestas patrias podíamos juntarnos, pero nos llamábamos seguido.
Un año después del terremoto que sacudió gran parte del país, volví con mi familia a la quinta región y, por la cercanía, podíamos arrancarnos más fines de semana a Talca para compartir nuestras vidas. Desde ese momento, sin ponernos de acuerdo, comenzamos a hablar a diario a las 21.00 hrs. A esa hora acababa la teleserie de turno y empezaban las noticias, ese era el momento en que nos juntábamos, reíamos, llorábamos, comentábamos de la vida, de cómo estaba el país, la temperatura, nos dábamos consejos mutuos, era nuestro momento Nuestras conversas duraban al menos 30 minutos y fácilmente podían llegar a la hora y media.
El 2012 es un año sumamente importante: en mi certificado de nacimiento aparecía, por fin, el nombre de mi madre Luchamos tanto por eso. La corrupción de mi padre había borrado mañosamente el nombre de Adriana del documento oficial desde que yo tenía seis años. Salimos del Registro Civil de Los Andes, nos abrazamos y lloramos, posteriormente fuimos a tomar un café y torta para celebrar. Finalmente ese trozo de papel representaba el lazo que siempre tuvimos.
El tiempo fue quitándole movilidad, cada día se desplazaba con mayor dificultad, hubo operaciones negligentes a sus caderas y pie y un cáncer que reaparecía. El último tiempo, le costaba respirar y estaba cansada Con Lirit y Nico tratábamos de ir lo más posible a verla, sabíamos que quedaba poco tiempo y teníamos que aprovecharlo, aprender de ella.
Esa es (y no era, porque ella sigue viva en mi corazón y en la vida de quienes la amamos) mi mamá, una mujer amante de la vida, muy inteligente, sabia, culta, sencilla, solidaria, de humor negro en familia, soñadora, apasionada, con amor a las cosas simples, la naturaleza, el sonido del mar y su brisa, el gorjeo de los pajaritos, leal, justa, luchadora, con una fortaleza a toda prueba.
La extraño tanto. No podría haber tenido otra madre, la mía ha sido la mejor, mi mejor amiga y compañera. Disfrutamos el estar juntas hasta el último aliento. En esta ocasión me acompaña desde mi escritorio…
Julio 2020
Querida Mamita,
Querida Mamita
Selva Flores Bórquez
Tu primer aniversario ha llegado y pienso en el asombroso año que el mundo ha vivido y cómo la agitación social se ha apoderado de tantos países alrededor del mundo, mientras la injusticia crece y los líderes del mundo demuestran lo poco que valen. Y por supuesto, la pandemia…
Sin embargo, hoy no quiero hablar contigo de todas esas cosas, solo quiero escribirle a mi queridísima mamita y recordar nuestros últimos diez días juntas y cuán preciados son estos para mí. Hablamos y reímos y hablamos un poco más y nos abrazamos la una a la otra. Quería estar ahí para ti, hacerte sentir segura y que supieras que te apoyaba y que todo estaba bien así es como me sentí toda mi vida, queridísima mamita.
A medida que crecía, siempre sentía calidez y seguridad contigo cerca de mí. Tu aceptación y amor nunca fallaron, incluso cuando la distancia kilométrica pudo hacer las cosas más complicadas Siempre has estado para mí y saber que podía contar con tu perspicacia, comprensión y lucidez constantemente me ha ayudado en tiempos de duda y confusión.
Puede que algunos piensen que era difícil vivir contigo y que el peso de tus elecciones de vida pudo ser abrumador de vez en cuando… Pero no, tu presencia nunca ha sido complicada o difícil de llevar; el hilo
rojo de intimidad, comprensión y cercanía que comenzó desde que tengo conciencia nunca me ha dejado… y lo extraño ahora.
Tu seriedad, tu profunda seriedad y tu tristeza sabían cuándo ceder a la pura alegría y felicidad y sabías cómo reír y disfrutar el momento es verdad que no eras liviana como una pluma, pero ¿cómo podías serlo? Nunca fue mi prioridad, en todo caso.
Obviamente había cosas en las que no estábamos de acuerdo, algunas de ellas bastante importantes para mí y ocasionalmente discutimos por eso mismo. Pero eso no duraba mucho, nos respetábamos mutuamente lo suficiente como para saber hasta qué punto ya no valía la pena seguir haciéndolo.
Hoy te escribo a ti, mamita, y no a la mujer que dejó un legado, hay otros que pueden hacer eso. Solo quería compartir el cariño que sentía en el nido de tu amor y hacerte saber cuánto te extraño
Selva Flores Bórquez
Avisos
Próximo libro de David Sáez (actualmente en prensa)
Libros del historiador
Sergio Grez
Libros del historiador Sergio Grez
Juan Guzmán Tapia, un juez para recordar
Juan Salvador nació el 22 de abril de 1939 en San Salvador, hijo de Raquel Tapia Caballero y del poeta y diplomático Juan Guzmán Cruchaga; curiosamente su padrino fue el dictador salvadoreño Maximiliano Hernández.
En su juventud, debido en parte a su formación conservadora y católica se educó en el Saint George's College era partidario de los principios de la derecha chilena. Se opuso a Salvador Allende y apoyó el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, encabezado por el general Augusto Pinochet, aunque lamentó la muerte del presidente.
Desde temprana edad pudo conocer a destacados intelectuales y escritores
latinoamericanos y europeos. Vivió en Colombia, Venezuela, Estados Unidos y Argentina. Se graduó en Derecho en la Universidad Católica de Chile, perfeccionó sus estudios en París, trabajó como consejero financiero en un banco de EE. UU., y volvió a trabajar como juez en la localidad chilena de Panguipulli. Gracias a su fluidez en el francés hizo un papel secundario en “Estado de Sitio”, película de Costa-Gavras
Sin embargo, su reconocimiento no es por un papel cinematográfico, sino por su condición de juez en Santiago de Chile, donde le correspondió investigar los crímenes de la dictadura de Pinochet a pesar de la indiferencia cómplice del poder judicial de esa época.
Entre los años 1999 y 2004 encabezó numerosas exhumaciones de restos de detenidos desaparecidos, a partir de las cuales creó la figura del “secuestro permanente”. El año 2000 logró el desafuero de Pinochet, quien recordemos estaba como senador designado y vitalicio, en el marco de 19 delitos de “secuestro permanente” a los que sumó otros 57 casos de homicidio. Se tomó la hebra investigativa y probatoria al encontrar que Pinochet, habría otorgado, a través de su firma, amplios poderes a Sergio Arellano Stark, en el caso de “La Caravana de la Muerte”, produciendo el asesinato y desaparición forzada de 97 presos políticos. Su detención se llevó a cabo en una clínica de Londres, Reino Unido, el 16 de octubre de 1998.
De todos es conocido el desenlace de dicha intervención.
Con posterioridad a su retiro del poder judicial el año 2005 nunca se le dejó acceder a la Corte Suprema se dedicó a escribir sus memorias, realizó actividades académicas, y recibió premios y homenajes por su valiente labor de intentar hacer justicia. Juan Salvador Guzmán Tapia falleció este 22 de enero a la edad de 81 años.
Honor y Gloria para un hombre correcto, valiente, ético e intachable, de esos imprescindibles en la historia de nuestra patria.