Page 1


Silencios

2

SILENCIOS

Emilia García


Silencios

3

Cada vez que algo se acaba se produce un silencio. Un espacio en blanco. Un hueco. Un dolor. Un miedo. Aunque puede ocurrir lo contrario y el silencio s贸lo sea el indicio de algo que comienza


Silencios

4


Silencios

Silencio Primero

Descreí de los dioses. Descreí de los hombres. Y el silencio se alzó en un mes de abril turbio y extendió sus brazos y me acunó en su dolor. Abril se hizo oscuro y eterno mientras lamíamos el dolor del silencio. Sus cuencas vacías. Su espalda. El tierno vello de la nuca.

5


Silencios

6


Silencios

El silencio y el ángel

El silencio con un ángel de la mano, rondaba las calles. De puntillas, sorprendía el frescor agónico del portal de las casas, hasta que llegó a la mía. El silencio entró en mi casa con el ángel de la mano y se sentó paciente a la orilla de mi mesa, y esperó que a golpe de latidos mi corazón se abriera como una rosa o como un misterio. Y allí, sobre el enigma rojo, húmedo y cálido del latido dejó el ángel su gemido inaudible: ¿ De qué ha servido el dolor de todos tus muertos?

7


Silencios

Los mayores El dolor multiplica su fuerza sentado junto a los mayores a la espera de la brisa. Acaricia sus arrugas incontables, piel plegada sobre los recuerdos, ensimismada y fĂŠrtil.

8


Silencios

El dolor les susurra al oĂ­do canciones de arterias y hospitales, baladas de aguijones verdes. El dolor los envuelve mansos con su sonrisa sin boca en la toquilla luz de miel de la tarde. El dolor hurga en sus corazones. Rastrea las huellas de una esperanza. Los vuelve niĂąos. Los acuna. Y acunados por el dolor, vestidos por el miedo, los mayores tienden sus manos a los dioses.

9


Silencios

10


Silencios

Silencio Segundo

Sentíamos la sed caliente golpeando a borbotones las puertas del corazón. Y el silencio se hizo Océano. Y desbordó los vasos. Y acrecentó la sed. Y se llenaron de algas las palabras.

11


Silencios

Coraz贸n Te aceleras. Te precipitas. Te contraes. Te expandes.

12


Silencios

13

Y en el vértigo de la sangre, ni te desangras ni te consumes. Eres todo percusión. Si se callara el mundo te volverías loco. Dime... ¿ Qué nombre darás al latido de tus muertos? ¿Al dolor sin sol de los que te prestaron la sangre? ¿Dónde están sus huesos?


Silencios

14


Silencios

15

Entre dos sombras ( a mi padre, un hombre bueno)

A los trece años por cumplir, entre dos sombras vi como te llevaban, aunque tú no querías. A los trece años por cumplir vi cómo desbarataban los muebles, los perfumados secretos de mamá, la esperanza bordada de sus sábanas, sus sueños tirados por los suelos. Y tu callabas, aunque no querías. A los trece años por cumplir vi cómo te sacaban casi invitándote, mostrándote el camino,


Silencios

las puertas de tu propia casa. Siempre entre dos sombras. Y tú cruzabas el umbral, aunque no querías. Entre dos sombras. Tú Callado. Tu Silencio. Tú echando un paso tras otro. Sin quererlo. Tú Subiéndote en el coche. Sin quererlo. Tú girando la cabeza, despidiéndote aunque no querías.

16


Silencios

Tú Soñando despierto, buscándote en los poros los recientes recuerdos. Memorizando los besos. Saboreando los colores de la tarde de ayer cuando las sombras aún estaban lejos. Tú acorazando el corazón. Tú blindando la memoria. Tú Fundiendo los labios en esa sonrisa triste. ¡Cuántas horas de dolor! ¡Cuántas horas de desmayo! ¡Cuántas veces las sombras volvieron sobre ti inhumanas, salvajes, ávidas, feroces. Mas no te pudieron.

17


Silencios

El silencio te llam贸 con una voz de agua dulce. De agua-azul de agua-viva de agua-alma. El silencio te llam贸 y tu voz se zambull贸 azul tras los peces de cristal. Y se nutrieron de algas las palabras.

18


Silencios

19


Silencios

20


Silencios

Silencio Tercero

El silencio nos visitĂł una tarde cuando los hombres y los dioses se fueron uno tras otro sonriendo a niĂąos infinitos. Infinitos niĂąos habitando el blanco, el lugar de la nieve, el lugar del beso helado ya para siempre.

21


Silencios

Los ni単os Los dioses y los hombres habitando el camino de la muerte. Los dioses y los hombres sonriendo a otros ni単os. Infinitos ni単os

22


Silencios

para habitar el blanco el lugar del beso trasparente. Los dioses y los hombres sonriendo a todos los niĂąos del mundo a los muertos y a los no nacidos. Los dioses y los hombres hermanados, fundidos, confundidos en una marcha triunfal. Los dioses y los hombres radiantes de credo, pisando fuerte las flores tiernas, el brote luminoso y tĂ­mido irradiado en la frente del niĂąo.

23


Silencios

Silencio Cuarto

Y descreĂ­ de los hombres. De la palabra dicha. Del gesto aprendido. Del camino trazado.

24


Silencios

De la idea. Del pensamiento. De la palabra. Y me hice hiedra. Y me abracé al muro caliente de mi cuerpo y me nutrí del sudor del miedo El miedo sonrió a mi hambre y a mi sed. Y comprobé saciada que ya llevaba la sombra de un ala en la retina. Una sombra-vuelo que planeaba por las rías malvas de los pulmones. Una sombra vuelo que iba desbrozando los jardines del pecho.

25


Silencios

Proclamas Oigo sus ardientes discursos y el 煤tero se me encoge de dolor y la esperanza me tiembla de tristeza y la sangre se hiela en su camino. Oigo sus discursos patri贸ticos y grises y mis manos se deshacen en la tierra llorando vientos sin futuro.

26


Silencios

Oigo sus discursos sin corazón y todos los niños del mundo se encaraman a mis pechos hambrientos de vida. ¡Hasta cuándo la desolación de las batallas! ¡Hasta cuando la mentira de la guerra! ¡Hasta cuando esta broma ciega! ¿Es que no oís el llanto del silencio? Dejadnos vivir en paz con la inocencia.

27


Silencios

28


Silencios

Silencio Quinto

Descreí de los dioses. Descreí de los hombres. Era un abril infinito cuando al borde de las lágrimas el silencio me mostró sus pliegues. Los barrotes del miedo con los que apresaban las preguntas. El clamor de lo indecible.

29


Silencios

30


Silencios María

En otoño el dolor llegaba a la plaza más hambriento y más temprano pasando la lengua por las rendijas ásperas y tristes de puertas y ventanas. Saltaba de piedra en piedra esquivando humedades sin nombre y se instalaba en faldas sin edades. Negras de luto y negras de olvido. María veía venir su propio dolor. Reconocía su silbido de bala azul y frío. Su canción de cárcel tensando el mandil de viuda eterna. Cuando María, clandestina y sola, mostraba su pelo al sol, el dolor celoso lo teñía de blanco, lo trenzaba ligero, lo recogía en la nuca. María Martín Camacho era mi abuela y el mes de septiembre de mis ocho años, miedo y dolor se aliaron y le ganaron la batalla.

31


Silencios

Manuela Quiero imaginarte fresca, con la risa joven enredando el reclamo de tus tacones, cuando ibas de su brazo alegre

32


Silencios

y el mundo tenía fiestas que contar y los domingos sabían a chocolate. Quiero imaginarte entonces cuando navegabas en sus besos, cuando le llamabas dulce cuando él te sonreía tierno. Quiero imaginarte antes de tus veintiocho, cuando la vida aún era vida. Cuando le acariciabas el pelo cuando las palabras de amor tenían sentido y dormías junto al abuelo. Y le amabas, y te amaba y reíais y soñabais en silencio. Cuando la vida era vida y el mundo aún tenía días de fiesta.

33


Silencios

Tu voz

Regreso de nuevo a la casa vacía. A los hijos dormidos apenas. Con sueños de ti. En esta hora de frío, roto el silencio a campanadas regreso de nuevo a la casa vacía.

34


Silencios

La casa vacĂ­a. Con tu recuerdo. Con tu ausencia que el hambre no devora. Y cuento los llantos que me separan del sol, y sueĂąo contigo y me muerdo las manos para silenciar el grito y no despertar a los hijos que duermen ahora en nuestra casa, para siempre vacĂ­a sin ti.

35


Silencios

36


Silencios

37

Y me hice mujer para siempre Con una tristeza dulce palpitando en el cuenco sin fin de mis manos. Una tristeza redonda y callada. Una tristeza rosa blanca vertiendo su aroma de azúcar filtrando su almíbar de nieve debajo de las puertas de las cerradas contraventanas de mi casa. Abrí mi casa a la nieve y al fuego encendido y perpetuo, Y el agua desbordo mis ojos. Y licuó mis senos. Y me hice río. Y en el río se lavó el silencio, y en sus aguas se miraron los dioses y los hombres bañaron sus cuerpos y la mujer que fui, que soy, la que pudo haber sido, se alzó hacia las nubes y sonrió.


Silencios

38

Abril 2007

Silencios. Emilia García  

Poemario.