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CanciĂłn para dormir a los hijos

Ya es hora de dormir. Ya el sol se aleja dejando en las terrazas su roja huella. Ya el verde de los ĂĄrboles se va cerrando y en sus brazos de nidos renace un canto: Ya se duermen los niĂąos, y las estrellas son promesas de luz que el sol les deja.

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Ya la noche se acerca pausadamente a dejar un lucero sobre tu frente. Y la brisa nocturna, muchacha fresca, un perfume de cantos deja en estela: Ya se duermen los ni単os, y las estrellas son promesas de luz que el sol les deja.

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Por si mañana

Porque no sé si el mañana Me firmará un cheque en falso Y me quedaré sin fondos, Atesoro, escribo, guardo. Y entre líneas y entre noches Alimento los recuerdos. Los labios de la memoria Me van dictando los sueños.

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Vuestras primeras palabras, Vuestros primeros silencios, La sorpresa, la alegrĂ­a, El temor, el desconcierto. Los deseos consentidos Y los caprichos frustrados. Las rabietas, los triunfos, La dulzura, los fracasos. Las lĂĄgrimas de la risa Y las lĂĄgrimas del llanto. Todo quisiera guardar En un cofre limpio y blanco.

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En un cofre que el amor Con alas haya sellado Y que abierto a vuestro vuelo Inunde el cielo de pรกjaros.

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Vuestra risa Hoy todavía puedo De una mirada Dejar rendido el sol A vuestras alas. Hoy todavía puedo con mis palabras dibujaros la risa fresca y ancha. Vuestra risa pequeña Que se desata Incrédula de males, Solar e intacta.

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Vuestra risa de dĂ­a, De amor y luces. Vuestra risa de peces Y pan azules. Hoy todavĂ­a puedo De una mirada Dejar rendido el sol A vuestras alas.

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Jugando con ellos Para sentiros reĂ­r fui sembrando de juguetes los rincones de la casa y despuntando los muebles.

Fui pilotando cucharas surcando mares de sopas, templando el aire a la orden de tan hortĂ­cola flota.

Fui alboroto de tambores Y estruendo de cacerolas 12


Fui cantante y batería Cocinera y directora. Y apacible fui el rumor De noches de fantasía De canciones en susurros Y secretas melodías. Y suave fui el sueño Que besaba vuestros ojos Con el cuidado de un ángel Celosamente amoroso.

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Los nombres

Me cautivó el balanceo breve y blanco en mi cintura, fue aquel primer movimiento y florecí de dulzura. Siguiendo un rastro de nombres propios, exactos, amables, que acunaran mis latidos con los vuestros, os iba en sueños, llamando. Bosque de significados que exploraba y deshojaba noche a noche: Rubén y Carlos. Y florecí de fragancia.

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Rubén, tú traías Rubén, tú traías bajo el brazo No el pan, sino la vida, La luz, el bálsamo A mi corazón herido.

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Corazón de niña triste, de mujer recién construida. Con la Inocencia segada de un tajo, y una negra broma ascendiendo a carcajadas por las calles de su vida. Rubén, tú traías bajo el brazo no el pan, sino la vida, la luz, el bálsamo a mi corazón herido. Tú me llenaste de sol. desnublaste el cielo todo para cubrirme de risas. Así que puedes saber que me iluminaste el alma. Me alumbraste con nacer. Me sembraste de esperanza.

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No sé qué hacer

Carlos dice que se aburre esta mañana. Que no sabe qué hacer, que está sin ganas. Como un cometa errante anda vagando. Del salón al estudio deja su rastro. Miniaturas con ruedas, coches y naves, ciclistas, pilotos, pista y garaje.

Universo de juegos que se marchita mientras Carlos se aburre y se fastidia.

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Se ha pegado a mi sombra y explorador, va dejando seĂąuelos de cazador. Y adivino las redes de su mirada, y en sus pĂ­caros ojos lucir la trampa. Me adelanto suave al estratega, desbarato sus planes con una tregua. Y un paseo de besos y de cosquillas, derriban los castillos de la desidia.

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De cuando hac铆a c贸mo que estudiaba La tele, el ordenador, los juegos en internet y para colmo, el rat贸n, enred谩ndose en mis pies.

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¡ La merienda! ¡los deberes! Se acabaron las pantallas. Tienes la lección pendiente y no pasas de la página. Los ojos sobre el papel pero…¿dónde la mirada? ¿En qué vuelo andas pillado capturando musarañas? Y no me vengas con cuentos que antes que tú, fui pirata. Que antes que tú me embarqué y aún sin redes, navegaba.

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Camino al conservatorio Camino al conservatorio mi hijo me habla del espacio profundo. De la expansi贸n de la materia y de su inevitable regresi贸n. De la detenci贸n del tiempo en un futuro muy lejano. Me habla de agujeros negros, de universos en continuo crecimiento y de galaxias que se mueren. Mi hijo me habla desde el coraz贸n grande de la adolescencia.

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Yo escucho su voz y sonrío recordándome allá, lejos, mirando las estrellas.

Enero de 2008. Hoy hemos vuelto a casa temprano. Faltó el profesor de lenguaje musical y por el camino, Carlos me hablaba de todas esas cosas.

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¿Por qué se ha roto el sol? ¡Por qué se ha roto el sol? Me preguntabas. Era una tarde gris Y tu metáfora. Para escalar a lo alto De la montaña, Distraías mi vértigo Con tus palabras.

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Avanzabas primero Abriendo sendas En la cumbre, los juegos, Merienda y meta. ¿Por qué se ha roto el sol? Me preguntabas. Y azul ardió la tarde Con tu metáfora.

1982.Rubén y yo, de excursión por Cerro Coronado. Estaba nublado. El sol se veía a jirones entre las nubes y Rubén me preguntaba eso: ¡Por qué se ha roto el sol?

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Fue otro

Fue otro quien bajó del autobús. otro más fuerte. Más crecido. Otro. Le vi el dolor joven, la dulce belleza soñándole los ojos, latiendo en su corazón. La mirada inocente, prendida de vida nueva recién descubierta. Las llamas de la tarde Todo lo acariciaban, Todo lo envolvían. Cuando el bus abrió sus puertas, bajó, para abrazarnos un alma grande y alada que a todos había rozado. Cuando Carlos volvió después de hacer con el Instituto la ruta de la Generación del 27, abril de 2008

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La sonrisa del hijo Sonrisa de la carne rosa y de los ojos limpios. Sonrisa recién reflejada en las aguas del futuro. Sonrisa virgen contagiosa y rítmica. Ríete mi niño resguardame al frescor de tu inocente cantata. Déjame vivir en el fulgor de tus labios. En las estrellas con que creces la casa toda cuando ríes.

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Entre viñetas

El sillón lo ocupa apenas su tierno y pequeño cuerpo. Ensimismado en viñetas, Rubén se pierde en el cuento. No se mueve. No lo oigo. Rubén está camuflado en las páginas del bosque entre encinas y castaños.

¿Volará de rama en rama? ¿Saltará de claro en claro? ¿Se refrescará en las fuentes Con las ardillas y el gamo?

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Mas un silencio de luto De golpe me desconcierta. Un sollozo imperceptible Que me toma por sorpresa. Me acerco muy lentamente Como temiendo asustarle. De sus ojos van al libro Dos tristes sendas brillantes.

Dos pequeños ríos tristes, Mansos, callados, inmensos. Con el cuento del revés Rubén lloraba en silencio.

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Que un cazador despreciable Y agazapado en lo oscuro Con un tiro de maldad Alcanzó al “abuelo búho”. Aún so sabía leer. Rozaba apenas tres años Y con el cuento del revés, Rubén me acunó en su llanto.

De cuando descubrí a Rubén llorando, con un tebeo de su serie favorita “las ardillas Banner y Flapy” . Era donde se contaba la muerte del abuelo búho. Rubén tenía el tebeo del revés y lloraba calladamente, Cuando le pregunté me contestó que habían matado al abuelo búho.

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A mis hijos.