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Suplemento Mirador

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Suplemento Cultural de El Nuevo Diario

Mario Vargas Llosa

recibe premio en RD Premio internacional Pedro Henríquez Ureña «Hace unos años hice una crítica severa a la política del Gobierno respecto a la inmigración de origen haitiano, lo que me acarreó muchas críticas de periodistas y políticos dominicanos. Que, pese a ese antecedente, se me conceda este premio habla muy bien del espíritu democrático, tolerante y abierto que por fortuna parece prevalecer en el país. Será muy grato para mí volver a esa tierra querida con motivo de esta generosa distinción», escribió Mario Vargas Llosa al aceptar el Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña, entregado en el marco de la Feria del Libro de Santo Domingo. / Página 4 Mario Vargas Llosa recibe el Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña de manos del ex ministro de Cultura, José Antonio Rodríguez, designado embajador ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Escritores dominicanos residentes en el extranjero participan en la Feria del Libro

Franklin Gutiérrez

Yrene Santos

Silvio Torres-Saillant

Rosa Silverio

Miguel Ángel Fornerín

Más dominicanos del exterior - Eugenio García Cuevas, Miguel Ángel Fornerín, José Alejandro Peña, Rubén Sánchez Feliz, José Acosta, Keisy Montás, Dinorah Coronado, Karina Rieke, Jorge Piña, Daniel Baruc, Puro Tejada, Virginia Díaz, Luis Alejandro Polanco, Ana Marchena, Ana María Céspedes, Alejandro Arvelo, Luis Ricardo Arévalo, Yrene Santos, Norma Feliz, Yini Rodríguez, Mayobanex Pérez, Aralis Rodríguez.


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Imaginación en primera clase Apuntes para una perspectiva de literatura dominicana Este año la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo tiene el sello de prestar atención especial a la “diáspora literaria”, al tener a la misma República Dominicana como país invitado de honor a esa esperada gran fiesta del conocimiento y la lectura. Las experiencias de los escritores que residen en el extranjero y los que viven en el país son distintas, aunque todos compartan suelo patrio. Sabemos de las diferencias de opiniones en torno al uso del término “diáspora”, y por esa razón queremos entender que en este caso se trata solo de una manera de nombrar escenarios extranjeros, ajenos a la vida cotidiana de la isla. El que conoce la historia de nuestra literatura debe reconocer que el escritor dominicano ha viajado siempre. En ese sentido se puede decir que toda América y gran parte de Europa han sido y siguen siendo escenarios testigos de muchas de nuestras aspiraciones literarias. Sin embargo, de todos los lugares lejos de las Antillas, es posible que Estados Unidos sea el que cuente con el mayor registro de la presencia de nuestras letras en ultramar. Allí hay escritores dominicanos desde la segunda mitad del siglo XIX, y formamos parte de la literatura hispana que se escribe en aquella nación. El que quiera ampliar estas notas puede recurrir a las páginas del libro “Literatura dominicana en los Estados Unidos”, de los profesores universitarios Franklin Gutiérrez y Daisy Cocco de Filippis. También hay datos interesantes de autores dominicanos en “The Norton Anthology of Latino Literature”, del profesor universitario de origen mexicano Ilán Stavans. Esta clase de registros son rastreables desde finales del siglo XIX. Autores que vivieron o que aun residen en el extranjero han sido también merecedores de reconocimientos superlativos. Uno de ellos es Pedro Henríquez Ureña, a quien se le concedió el mérito de dictar la prestigiosa cátedra Charles Eliot

Pedro Vergés

Pedro Henríquez Ureña

Julia Alvarez

Junot Díaz

Rhina Espaillat

Norton (1940-1941) de la Universidad de Harvard; el humanista fue el primer y hasta ahora único dominicano en lograr dicha distinción que comparte históricamente con el genio de la música clásica Igor Stravinsky y los poetas T.S. Eliot, Robert Frost, Octavio Paz y Jorge Luis Borges, entre otros de renombre universal. Henríquez Ureña dictó la cátedra Charles Eliot Norton en inglés y luego fue traducida y publicada en español bajo el título “Las corrientes literarias en la América hispánica”. Otro dominicano con logro superlativo es Pedro Vergés, actual

ministro de Cultura. Vivió en España mientras estudiaba literatura y filología, y en 1980 ganó el Premio de la Crítica de narrativa castellana, en cuya lista de galardonados figuran Camilo José Cela, Ana María Matute, José Donoso, Juan Carlos Onetti, Mario Vargas Llosa, Javier Marías y otros grandes de la literatura en lengua española; a ese galardón se agrega el Premio Internacional Vicente Blasco Ibáñez, ambos por su novela “Sólo cenizas hallarás (Bolero)”. De igual manera Junot Díaz, que escribe en inglés, se convirtió en 2008 en el primer y único domini-

cano hasta la fecha, y segundo caribeño después del cubano Oscar Hijuelos, en ganar el codiciado Premio Pulitzer de literatura, que otorga un panel de críticos estadounidenses. Por otra parte se encuentra el éxito de Julia Alvarez, autora de la novela “En el tiempo de las mariposas”. El presidente Barak Obama la condecoró por su trayectoria en 2013 con la Medalla Nacional de las Artes, reconocimiento que suma a una variedad de premios que consagran su obra. Hay otros logros de autores dominicanos residentes en el extranjero: Rei Berroa, poeta y profesor


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El poeta Rei Berroa sirve de guia al invidente escritor argentino Jorge Luis Borges en George Mason University, en 1984. universitario que vive en Washington, fue condecorado en 2009 en Francia con la Medalla de Vermeil de la Academia Francesa de Artes, Ciencias y Letras; también ganó en 2012 el Premio Internacional Trieste de Poesía, de Italia, y el Mihail Eminescu de Rumanía. La poeta y traductora Rhina Espaillat ganó en 1998 el Premio T. S. Eliot, que otorga Truman State University, de Missouri; el ensayista y profesor de la Universidad de Toronto, Néstor Rodríguez, obtuvo en 2002 el Premio Concha Meléndez de la Crítica Literaria, en Puerto Rico; y el Premio al Pensamiento Caribeño (2003-2004), en México. El narrador José Acosta cuenta con el Premio Internacional de Poesía Odón Betanzos Palacios, que se otorga en Nueva York; el Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén, con base en México; y el Premio Casas de las Américas (de Cuba), en la categoría de Literatura Latinoamericana en los Estados Unidos, por su novela “Un kilómetro de mar”. Otro narrador residente en Estados Unidos que logró un galardón importante es Rey Andújar: Premio Latinoamericano y Caribeño ALBA Narrativa 2015, por su novela “Los gestos inútiles”. Aunque no alcanzó a ganarlo, merece mención Rita Indiana, residente en Puerto Rico, por haber figurado entre los finalis-

tas del Premio de Novela de la Bienal Mario Vargas Llosa 2016, con su obra “La mucama de Omicunlé”. También, Rafael Rodríguez Hernández, que reside en Miami, recibió en 2011 la codiciada beca de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores, con sede en España. Somos conscientes de los muchos que han ganado premios nacionales en el país con obras escritas en el exterior, pero la falta de espacio obliga a concluir aquí estas breves notas sobre literatura dominicana en el extranjero. En realidad, no hay intención de omitir ni olvidar a nadie deliberadamente. Estos son solo apuntes para celebrar la Feria del Libro de Santo Domingo 2016, que por primera vez tiene al “gremio” de escritores dominicanos residentes en el exterior como invitado especial, con atenciones de Primera Clase. El hecho propicia el diálogo sobre nuestra literatura, que debe ser “una sola e indivisible”. Quizá es tiempo de entender que el “aquí” y el “allá” son la misma cosa; que las diferencias, si existen, serían solo de forma y contenido. Creemos que lo esencial debe ser el ejercicio escritural y la indiscutible necesidad de pertenecer a ese solo país donde nacimos, y que cargamos a cuesta sin importar cuán lejos nos llevan las circunstancias que hacen de nosotros viajeros eternos de la imaginación.

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M. Vargas Llosa declara “fascinación” por RD

Mario Vargas Llosa

Santo Domingo (EFE).- La XIX Feria del Libro Santo Domingo 2016 abrió sus puertas oficialmente en honor a la poetisa nacional Salomé Ureña, y en cuya ceremonia inaugural el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa recibió el Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña. Vargas Llosa dedicó buena parte de sus palabras de agradecimiento para destacar los lazos que le atan al país y la “fascinación” que le causan la música y la simpatía de los dominicanos. “Conocí a este país en 1974 y desde entonces he tenido con él una historia de amor, tempestuosa, tropical y caribe que no ha estado exento de traumas y diferencias”, exclamó el escritor al principio de su intervención y recibiendo una gran ovación. Afirmó que le conmovía recibir el premio en “circunstancias especiales” y que jamás olvidará ese reconocimiento. “Momentos como estos se convierten en imágenes alicientes y estimulantes que sirven para enfrentar el desánimo y el desaliento que acompaña a todo creador”, dijo el autor de “La tía Julia y el escribidor”. Los palabras del escritor recibieron sonoros aplausos del público que asistió al Teatro Nacional dominicano, aunque un pequeño grupo nacionalista realizó una protesta en su contra porque éste criticó una sentencia del Tribunal Constitucional que decidió que los hijos de

los extranjeros indocumentados no son dominicanos. El laureado escritor hispano-peruano también dedicó palabras de elogio para el ensayista dominicano cuyo nombre lleva el galardón, a quien calificó como uno de los “secretos responsables” de que hoy la literatura latinoamericana sea conocida en todo el mundo. “Creo que Pedro Henríquez Ureña no ha recibido el reconocimiento que merece, ya que luchó desde muy joven por la universalización de la literatura de América Latina, y considero que recibir un premio con su nombre es un mandato que nos obliga a representar la obra de este extraordinario pensador”, afirmó Vargas Llosa. Vargas Llosa, quien lamentó la forma en que Henríquez Ureña terminó sus días “en la casi pobreza” en Argentina, afirmó que el intelectual dominicano siempre tuvo claro que la literatura debe ser universal. “Tenemos la obligación de participar de este desagravio a uno de los grandes de nuestras letras, que como un responsable escritor, supo nunca disociar la literatura del campo moral”, expuso. La Feria del Libro de Santo Domingo, que se extenderá hasta el próximo 2 de octubre, está dedicada a los escritores dominicanos de la diáspora y acogerá conferencias especiales de literatos de España, Italia, Israel, Venezuela, México, Uruguay, Cuba, Perú, Argentina, Puerto Rico y Estados Unidos. (Agencia EFE)

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COSETTE BONNELLY Directora Ejecutiva

JOSÉ CARVAJAL Director Asociado

MINERVA DEL RISCO Editora Asociada


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Voces de intercambio opinan sobre la diáspora FRANKLIN GUTIERREZ Nueva York Los escritores dominicanos no deberíamos dividirnos, ni ser divididos, entre los residentes en la isla y los que viven en el extranjero porque, en esencia, somos escritores dominicanos donde quiera que estemos y debemos mantener esa condición por encima de cualquier mezquindad que la amenace. Vernos y actuar como una unidad indisoluble sería útil para ambas partes, dado que el intercambio de conocimientos y pareceres es siempre saludable. Pero no ocurre así. En República Dominicana se cree que los nacionales residentes en los Estados Unidos, Europa, Asia, Latinoamérica, o el Caribe, viven en la diáspora, como si “diáspora” fuera sinónimo de escenarios geográficos foráneos. El distanciamiento entre los escritores locales y sus colegas emigrantes, tiene implicaciones que superan la creencia popular. A partir de la Guerra de Abril de 1965 los dominicanos comenzaron a salir masivamente de la isla y los escritores o intelectuales que lo hicieron durante el gobierno de Joaquín Balaguer comprendido entre 19661978 eran considerados, por sus compañeros de oficio o del partido político que militaban, como traidores de sus principios revolucionarios y de la Patria. Eran, en el sentido político de la palabra: parias. Y esa percepción no ha cambiado. Aunque en esa disputa los escritores emigrantes han cargado con la peor parte, distanciar a unos de los otros, es una necedad. CESAR SANCHEZ BERAS Massachusetts En todos los procesos migratorios, siempre será vital, el pensamiento, la comunicación y la interacción del escritor y la obra, tanto de los que se quedan, como de los que salen. Los que no abandonan la isla, tienen una visión y un decir escritural, que se complementa con la nueva perspectiva del que sale. Los que salen tienen una visión más acabada de donde residen, pero que se complementa con la perspectiva de los que se quedaron, para seguir afianzado a la identidad. Siempre ha sido así. Ocurrió con los Ureña, en el caso dominicano, pero también con los puertorriqueños que

emigraron a NY, y con los cubanos que se fueron a Europa o a la Florida. ROSA SILVERIO Madrid Yo tengo contacto con escritores de la isla que he sugerido para publicaciones y ellos a su vez me han recomendado a mí. Y es que no sólo nos mantenemos al día de lo que se escribe aquí y allá sino que también se crean sinergías. Además, este contacto hace que los escritores que pertenecemos a la diáspora conservemos ese sentido de pertenencia a la isla y a su patrimonio literario. Del mismo modo, los autores que residen en el país tienen en nosotros embajadores que les sirven de anfitriones y promotores en los lugares que residimos. En mi caso yo he promocionado aquellos autores que me gustan, he repartido libros aquí y allá de los autores con los que tengo relación y he organizado eventos en los que la literatura dominicana ha estado presente, en particular esos autores con los que mantengo contacto y cuya literatura conozco. JIMMY VALDEZ Nueva York Más que el significado que arroja la palabra “importante” las relaciones entre los escritores migrantes y los que se desarrollan en el ambiente del país están obligadas a transitar por la arteria de lo vital y el complejo que es el todo de lo humano en su esencia (el escritor dominicano es ante todo, dominicano, aunque el tiempo y los lugares de su realidad inmediata le fuercen a la ausencia física, social y productiva en las variantes y sus infinitos conocidos e imaginables). Solo el ego como hidra de cien cabezas puede acuñar resentimientos y cultos nocivos entre los obligados a irse y los obligados a quedarse. Entre los que decidieron ver entrar en sol desde la realidad sorprendente que es nuestra patria y aquéllos cuyas infinitas causas han sido llevados a tierras ajenas buscando unicornios. Se escribe para lograr vernos en la vida con otros espejos (se escribe para que la escritura sirva de puente). Se escribe desde el éter de las cosas. Se escribe por empatía. Así pienso.

DANIEL BARUC ESPINAL México Los escritores dominicanos que estamos en el extranjero, los que formamos la llamada “diáspora”, siempre formaremos parte de la literatura nacional, lo reconozcamos o no, estemos antologados o no, formemos parte del canon oficial o no. La experiencia de vivir y escribir en otros suelos nos enriquece, pues nos da otros ángulos de visión, otros contextos desde los cuales ver el mundo, otra cosmovisión. No somos mejores ni peores que los escritores que aún viven en la isla por el simple hecho de vivir en otras latitudes, simplemente somos influenciados por otras circunstancias, lo que cambia nuestro enfoque. Creo que el contacto con los colegas que viven en dominicana es muy enriquecedor para ambas partes, pues a ellos podemos compartir nuestras experiencias de extranjería, de desarraigo, de otredad, mientras ellos nos pueden volver a centrar en lo que somos, en esa manera dominicana de ver el mundo, manera que uno nunca quisiera perder, pero que a la larga pierde. Mientras más fraternidad haya, mientras más contacto entre unos y otros, la literatura dominicana se verá fortalecida. KIANNY ANTIGUA New Hampshire En mi caso creo que, además de lo literario, afecta la geografía pues en el pueblo donde vivo solo hay tres dominicanos y todos estamos bajo el mismo techo. En lo que ha literatura se refiere, a mí me ha servido tanto de punto de comparación como de aprendizaje y, por supuesto, de pertenencia. Me llena de gusto y de orgullo ver que mis colegas, especialmente los jóvenes de mi generación, se están esforzando grandemente en cultivar una literatura genuina, fresca. Compartiendo con ellos siento que no estoy tan sola en este mundo lleno de mundos y donde la soledad es indispensable. Yo nunca voy a ser una escritora americana ya que, aunque tenga ciudadanía y resida en este país, yo soy dominicana. Desde luego que mi escritura se nutre de mis vivencias y mis alrededores, pero mi yo escritural siempre vuelve a la matriz, a la raíz.


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La diáspora vista por autores en Rep. Dom. MARTHA RIVERA-GARRIDO Lo primero que revisaría sería el concepto mismo de diáspora, tal y como muchos otros (insularidad p. ej.) que se han ido transformando a partir de las tecnologías de la comunicación y la información, y de los procesos globalizadores que acentúan la interculturalidad. ¿Hasta qué punto existe una diáspora realmente en momentos que nos colocan a todos, en tiempo y en espacio, de múltiples maneras, en el mismo lugar: el no-lugar? Retrotrayendo esto, a aquí y ahora, y para referirme a nuestros inmigrantes ocupados en el ejercicio escritural, te diría que no la orientaría hacia la importancia del “contacto”, porque gracias a todo lo anterior estamos irremediablemente cerca de manera constante, viviendo realidades distintas pero vinculadas y vinculantes. Lo importante sería pensar en términos de lo presencial, tanto de las personas como de sus obras, entre los de “aquí” y los de varios “allá”, en acontecimientos aglutinantes como son las ferias de libros. En ese sentido pues sí, es importante entonces, no acercarnos, sino encontrarnos. Ese es el evento a celebrar. RAFAEL GARCIA ROMERO El contacto mío con la diáspora, que la conforma una singular coalición de intelectuales, escritores, poetas, artistas y gestores culturales, se produce de manera constante. La Feria del Libro Dominicano en Nueva York, y otras que se hacen en distintas ciudades de Estados Unidos, constituyen puentes de firme vínculo. Muchos son escritores, intelectuales y maestros universitarios, con los que mantengo un contacto cercano y fraternal, de consulta e intercambio constante; y eso se traduce en proyectos comunes, publicaciones en antologías de mis cuentos, artículos de colaboración para revistas y conferencias; y otros, dentro de esa coalición, son la diáspora: todos anónimos, arropados por esa palabra, y desconocidos para mí. Y yo también me veo como lo que para muchos de ellos soy: un escritor por conocer. O sea, un desconocido para una parte de ellos. El vínculo, de la forma que lo planteo, se extiende a saber qué escriben, qué cantidad de ellos mantiene vigencia en el oficio y cuáles empiezan a hacer un trabajo de importancia. TOMÁS CASTRO BURDIEZ Con los escritores dominicanos radicados en el extranjero, no tengo tanto contacto, como en los años ochenta, a raíz de mi primera visita, y luego de cinco años que viví en Estados Unidos. Hay varios escritores importantes, que sigo con interés, como son los casos de Junot Díaz, Julia Alvarez y José Acosta. El contacto es esencial, tomando en cuenta que en nuestro país no hay una política efectiva del libro y la lectura, tampoco las librerías, quebradas en su mayoría, permiten la difusión de las obras de nuestros autores radicados en el extranjero o en el país.

La Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra en el marco de la

felicita a los distinguidos miembros de la familia universitaria

Manuel Pablo Maza Miquel, S.J.

Profesor Asociado de la Facultad de Ciencias y Humanidades

Carmen Pérez Valerio

Directora Corporativa Departamento Editorial

Por la designación de sendas calles del recinto ferial con sus nombres y un día dedicado a reconocer la labor cultural y la trayectoria profesional de cada uno de ellos. En nuestros 54 años de historia institucional hemos tenido el privilegio de contar con profesionales que desde su quehacer van dejando en la comunidad universitaria y en la sociedad huellas imborrables con sus conocimientos, su liderazgo y servicio, lo que nos satisface y nos enorgullece.

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