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'El hombre invisible', recuperado

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Sábado, 19.11.16 Número CCXLVII

SOMBRA CIPRES LA

DEL

‘El hombre invisible’, recuperado Ralph Ellison abrió con su obra un camino que llega a nuestros días con nombres como Morrison o Angelou [P2]

Un granjero negro posa para la cámara de Alexandre Meneghini.


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DEL CIPRÉS

LITERATURA AFROAMERICANA

Sábado 19.11.16 EL NORTE DE CASTILLA

La melancólica crónica de un traicionado por la izquierda M

ás de tres décadas han transcurrido desde que ‘El hombre invisible’, de Ralph Ellison, viera la luz por primera vez en español a través de una reedición de Lumen en 1984 publicada al socaire del 30 aniversario del nacimiento de esta obra, editada por primera vez en nuestra lengua en los años sesenta. Tras varios años descatalogada, la novela, que ganó el National Book Award en 1952 pese a ser coetánea a otros clásicos indiscutibles de la literatura como ‘Esperando a Godot’, ‘El viejo y el mar’, ‘Al este del Edén’ o ‘El vizconde demediado’, ha re-

SAMUEL REGUEIRA

emergido en las librerías este otoño, gracias al rescate de aquel texto íntegro, por parte de Debolsillo, en su traducción primigenia a cargo de Andrés Bosch. El libro recoge la crónica de un negro sin nombre en pos de su identidad en el Estados Unidos de los años cuarenta, un ‘hombre invisible’ al que sus compatriotas blancos se niegan a ‘ver’ (a aceptar), y que muestra al lector tanto su desencanto con la sociedad como el sentimiento de traición hacia la Hermandad que lo engatusa; una versión del Partido Comunista norteamericano que, a su vez, defraudara en vida las expecta-

tivas del escritor. Es esta una obra melancólica, en resumen, cuyas críticas han suscitado distintas controversias en torno a la verdadera intencionalidad del volumen, a la minoría racial reflejada y al autor mismo. ‘El hombre invisible’ comienza con su protagonista ganándose una beca a puñetazos con otros compañeros negros jaleados por un público de blancos, en una especie de ‘Battle Royale’ que le llevará a Nueva York, donde empezará a hacer sus pinitos como obrero en una fábrica de pintura blanca, cuyo color puro solo se consigue, paradójicamente, mezclan-

do la pasta con un líquido negro, y donde culmina su trayecto como miembro de la revolucionaria Hermandad, una agrupación política que le seduce ofreciéndole su lugar en la sociedad y que más tarde lo apuñala por la espalda, al confraternizar con los mismos enemigos a los que dice combatir. La vida de Ralph Waldo Ellison (1913-1994), así bautizado en honor al poeta Emerson, transcurrió por cauces similares. Desde Oklahoma fue al prestigioso Instituto Tuskegee en 1933, y de allí a Harlem, donde vivió en pleno apogeo de las leyes de segregación racial Jim Crow, en

una era en la que el jazz de los afroamericanos, género musical para el que escribió varias críticas, solo podía adquirirse en tiendas especiales para ellos, y en un barrio donde, como recoge en la introducción de la edición de 1984, se podía ver en teatro ‘La cabaña del Tío Tom’ a escasos metros de su casa… con actores de raza blanca. Ávido por encontrar un lugar para su raza y un motivo para su existencia, al igual que su amigo Richard Wright, que triunfara en la década anterior con su ‘Hijo nativo’, Ellison se vio atraído entre los años 30 y 40 por el comunismo norteamericano, que se

Elizabeth Eckford, icono de la lucha antirracista en Estados Unidos, intenta acceder a un instituto ante un grupo de personas que bloquean la entrada. :: AP


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Debolsillo reedita ‘El hombre invisible’, el clásico de Ralph Ellison que narra el desencanto de las minorías con el Partido Comunista

dirigía al «proletariado multirracial», y colaboró en diversos diarios del partido escribiendo propaganda a favor de la emancipación de los negros como una nación dentro de la nación norteamericana. Todo cambió con la II Guerra Mundial. Las decisiones políticas del partido estadounidense pasaron por disuadir a los obreros de hacer huelga para mantener la producción armamentística, instar al alistamiento en pelotones segregados por razas e incluso disolverse durante un año supeditando así la revolución a la lucha contra el fascismo; como narra en ‘Wrestling with the Left’ Barbara Foley, una de las mayores expertas en la obra de Ellison. La periodista Carol Polsgrove, por su parte, es quien recoge la irritación del escritor en una de sus muchas cartas a Wright: «Si quieren coquetear con la burguesía, que no piensen que se saldrán con la suya. Si quieren ser piojos, por Dios que los aplastaremos como a piojos. Tal vez no podamos romper el átomo, pero quizá logremos, a través de unas pocas palabras bien escritas, mandar a esa basura de mala muerte al infierno». Cuando ‘El hombre invisible’ apareció en 1952, muchos desengañados como el autor y distintos entusiastas del macartismo pasaron por alto lado sus evidentes inquietudes raciales y existenciales en pro de su contenido anticomunista, si bien Ellison siempre defendió, en un natural anhelo de universalidad, que sus intereses estéticos iban por delante de los políticos. Buena prueba de ello fue el sistemático rechazo de apadrinar a aspirantes a escritores con sus propias aportaciones a diferentes causas ideológicas, más preocupados por lanzar un mensaje panfletario que por hacer, simple y llanamente, literatura. Numerosos intelectuales críticos con el autor, con el socialista Irving Howe a la cabeza, terminaron por echarle en cara durante toda su vida que, al igual que la infame Hermandad, Ellison había desoído sus obligaciones para con su raza y se había desentendido de sus raíces al mezclarse con la élite literaria

Seis jazzistas de cabeza alargada CARLOS AGANZO

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E

Ralph Ellison. :: AP

Muchos intelectuales acusaron a Ellison de desoír las obligaciones para con su raza El autor siempre defendió que sus intereses estéticos estaban por delante de los políticos

blanca norteamericana. El autor, que falleció en 1994 de un cáncer de páncreas sin lograr finalizar una segunda novela, simplemente defendió desde su liberalismo moderno individualista el derecho que tenía, como autor, a crear aquello que le viniera en gana, sin tener que responder ante la posteridad de su papel como miembro de una minoría afroamericana. Este debate resurgió, a modo de cariñoso homenaje-parodia, en el libro ‘X’ (2001) del escritor satírico Percival Everett (editado en 2011 por Blackie Books), cuyo héroe, no por nada bautizado con el semi jazzístico nombre de Thelonius Monk Ellison, es un escritor negro que, cansado de que la crítica le reclame la responsabilidad de asumir ese papel de cronista de las vicisitudes de su raza, resuelve firmar la colección más grande de clichés, estereotipos y lugares comunes en torno al hombre negro, un ingenioso ardid literario que funciona como complemento ideal a uno de los clásicos de la literatura más invisibles de la historia.

l largo poema rimado ‘Bars Fight’, compuesto por Lucy Terry en 1746, pasa por ser la primera obra literaria afroamericana de la historia. Mantenida por la tradición oral, la obra no se publicó sin embargo hasta 1855. Por aquellos años, además del antiesclavismo, agitado por el gigante del movimiento de liberación Frederick Douglass, nacía en los Estados Unidos el primer movimiento feminista, así que el libro de Lucy se convirtió en un verdadero símbolo de esa ‘otra’ América que ya se dejaba oír en la segunda mitad del siglo XIX. «La alfabetización es el trayecto desde la esclavitud hacia la libertad», escribió Douglass, nacido esclavo, a quien la mujer de su amo enseñó a leer clandestinamente, antes de que se convirtiera en un conferenciante arrollador por los salones de Europa y de los Estados Unidos. Su libro ‘Relato de la vida de Frederick Douglass, un esclavo estadounidense’ (1945), así como su colección de discursos, ‘Columbia Orator’, construidos al modo socrático de diálogo entre un maestro y su esclavo, constituyen una verdadera referencia para la cultura afroamericana; poco después de escribirlos, su autor marcaría, junto a Abraham Lincoln, las condiciones en las que iban a combatir los soldados negros unionistas en la Guerra de Secesión. El verdadero fenómeno de la cultura afroamericana, sin embargo, se forjó medio siglo después de la guerra en Nueva York. En los años 20, el movimiento conocido como Renacimiento de Harlem, congregó a su alrededor a numerosos músicos, escritores y artistas plásticos, contando con el apoyo de periódicos y revistas como ‘Survey Graphic’ y con el esplendor de locales míticos del barrio como el Teatro Apollo, ése que Lou Reed menciona en su ‘Take a Walk on the Wild Side’. ‘Harlem Shadows’ (1922), del novelista y poeta

Claude McKay; ‘Cane’ (1923), de Jean Toomer, y ‘Confussion’ (1924), de la también poeta y narradora Jessie Fauset, son las tres obras míticas de aquel movimiento, que contó con otros poetas como Countee Cullen o James Weldon Johnson. O como el gran Langston Hughes, poeta, novelista y periodista que fue, junto a Carl Dunbar, uno de los creadores de la ‘jazz poetry’, un modo de composición poetica que aplicaba a la escritura los principios rítmicos y estéticos del jazz. «¡Oh, árbol de plata! / ¡Oh, ríos brillantes del alma! / En un cabaret de Harlem / seis jazzistas de cabeza alargada tocan. / Una bailarina con ojos vivaces / se levanta lo más alto el vestido de seda de oro / ¡Oh, árbol cantando! / ¡Oh, ríos brillantes del alma!», escribe Hughes en ‘Jazzonia’. Además de convertirse en profesor universitario, y hasta en doctor honis causa por la Universidad de Howard, Langston Hughes fue muy conocido en España en los años de la guerra civil. El poeta, que había aprendido a amar a Cervantes, a Blasco Ibáñez y a Pío Baroja en México, donde aprendió a hablar español, llegó a Madrid acompañando a Nicolás Guillén, como corresponsal del ‘Baltimore Afro-American’, buscando el testimonio de los milicianos negros enrolados en las Brigadas Internacionales. Aunque él prefería a la Niña de los Peines, a la que acudía a escuchar en cuanto tenía ocasión, en el Madrid de la guerra civil se hicieron célebres los discos de jazz que se trajo de Harlem, y que hacía sonar una y otra vez para sus amigos en el salón de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, presidida a la sazón por José Bergamín y cuyo secretario era Rafael Alberti. A la ‘jazzmanía’ de Hughes se debe, en buena parte, la devoción por la cultura musical afroamericana de la generación Beat, en Estados Unidos, y el descubrimiento deslumbrante de la música negra por parte de algunos de los más relevantes miembros de la Generación del 27 española. Sólo en 2004, publicados por Pre-Textos, hemos podido tener en España una buena traducción al castellano de sus poemas, reunidos en el magnífico ‘Blues’.


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Morrison, Angelou, la antorcha en sus manos... A aunque el ya casi ex presidente Barack Obama pasará a la historia como el primer presidente negro de los Estados Unidos, antes que él otro presidente había sido calificado así por una mujer, como «el primer presidente negro» de la nación norteamericana. Y eso que era blanco. Él era Bill Clinton y ella la escritora Toni Morrison –a la sazón la primera mujer negra en obtener el premio Nobel de Literatura– que reconocía en ese frase el trabajo del presidente en favor de la igualdad racial. La poderosa Morrison (na-

ANGÉLICA TANARRO

blogs.elnortedecastilla.es/calle58/ @angelicatanarro/twitter.com

cida como Chloe Anthony Wofford en el seno de una familia obrera de Lorain, Ohio, en 1931) empezó a escribir tarde, pero con provecho. Su primera novela, ‘Ojos azules’ se publicó cuando contaba 39 años. Cuenta la historia de Pecola, una niña negra que quiere tener los ojos del color de los ojos de las muñecas de las niñas blancas. Pecola inauguraría una larga lista de personajes femeninos que, como su autora, no caben en estereotipos: dulces o inquietantes, amorosos o desquiciados, atraviesan con sus vidas la historia de «ese complejo país», por utilizar las palabras de la

escritora, que es Estados Unidos. Morrison ha escrito de la América prerracial, de la América postracial, de la época de la guerra de Corea, y lo ha hecho casi siempre a través de las voces femeninas como la de Pecola o la de Florens, protagonistas de ‘Una bendición’, la novela en la que por fin se decidió a tocar el tema de la esclavitud. Después de ‘Ojos azules’ (1970) y antes de ‘Una bendición’ (2008) habían aparecido ‘Sula’ (1973), ‘La canción de Salomón’ (1977), que obtuvo el premio de la Crítica, ‘La isla de los caballeros’ (1981), ‘Beloved’, que le valió

Toni Morrison en 2009. :: NANCY KASZEMAN el premio Pulitzer en 1988, ‘Jazz’ (1992), ‘Paraíso’ (1997) y ‘Amor’ (2003). Fue justo después de ‘Jazz’ y con tan solo seis novelas publicadas cuando consiguió el premio Nobel de Literatura. Era el año 1993 y desde luego no sería ajena a ese premio

el reconocimiento que obtuvo con ese título tan musical, su novela técnicamente más compleja y que ella reconoce como la más lograda. Si el acercamiento a esta escritora se produce con esta novela, el lector quedará para siempre tocado. Morrison es-

tre los años treinta y cuarenta –antes de que llegase el macartismo– debido en gran medida a la crisis económica, el comunismo tuvo mucha fuerza entre los intelectuales y escritores americanos. Para algunos escritores negroamericanos el comunismo podía ser la respuesta política al racismo de la sociedad; más tarde se desencantaron y se dieron cuenta de que el marxismo se centraba solo en la cuestión de la clase social pero no en el de la raza. Sus años de aprendizaje literario Wright los pasó en el Club John Reed de Chicago, en recuerdo del escritor comunista. Allí aprendió los rudimentos del mar-

xismo, y allí, probablemente, vio que podían unirse raza y conciencia de clase para crear una gran novela. La recepción condescendiente de la anterior le reafirmó en su idea de que la literatura negroamericana debía enfocar el racismo con toda su crudeza. En otro de sus ensayos llegó a escribir que el escritor negro había de abandonar su postura humilde y su conciencia burguesa para así poder desarrollar una voz colectiva que fuera nacionalista y marxista, entendiendo por nación la nación negra separada de la blanca en Estados Unidos. La novela, a pesar de estar escrita a finales de los años treinta del siglo XX, es naturalista y, como reacción, impulsó la novela moderna afroamericana de Ralph Ellison y James Baldwin, quienes prefirieron un tipo de narración en que el lector percibiese el desarrollo y maduración del personaje y que, al mismo tiempo, enlazara con las narraciones de esclavos de los siglos XVIII y XIX. Eso es ‘Hijo nativo’, una novela que presenta un nuevo arquetipo americano, con valores universales, que surge en el contexto de la América empobrecida de los años treinta, al igual que años antes lo habían logrado Steinbeck, o Dreiser en el siglo XIX, y que Ellison lograría por esos mismos años.

Raza y conciencia

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ijo nativo’ se publicó por primera vez en 1940 y desde entonces fue reconocida como una gran novela, no solo negroamericana, sino simplemente americana. Su autor, Richard Wright, que antes había publicado otra novela, ‘Los hijos del Tío Tom’, fue colocado, a pesar de los prejuicios raciales de la época al lado de escritores como John Steinbeck. No es raro que se compare ‘Hijo nativo’ con ‘Las uvas de la ira’. Las dos novelas surgen de la depresión económica que asoló Estados Unidos en los años treinta. En las dos bulle la rabia por la pobreza que recorre el país y por los trabajadores que no ven salida a la situación. La diferencia fundamental reside en que la de Wright es una historia donde a la pobreza se une el racismo. En la década de los años veinte, la literatura negroamericana había vivido un momento de esplendor con autores como Langston Hughes, Zora Neale Hurston o James Weldon, por citar solo tres. A finales de los años treinta, entre la crisis y los disturbios raciales, aquella literatura parecía agotada. El surgimiento de Wright o de Ralph Ellison, hijos de la situación política y económica, revitalizó la literatura negroamericana.

dad norteamericana en largos parlamentos. Al final –el desenlace es previsible– lo condenan a morir en la silla eléctrica. La novela es de tesis y, a pesar de todo, incluso de algunas debilidades en Wright nació en 1908 en su construcción, es una gran el estado de Misisipi. A la es- obra que muestra un persocuela asistió hasta los quin- naje con mucha fuerza narrace años. Trabajó en Chicago tiva, y que sirvió de ejemplo en la oficina de correos, y lue- para otros novelistas. go en el proyecto federal de Wright comenzó a escriescritores que el gobierno de birla, según testimonio proFranklin D. Roosevelt creó pio, en 1935. Por aquel endentro del plan nacional de tonces vivía en Chicago y harelanzamiento de bía sido testigo de la economía conolos problemas y la cido como New segregación de los Deal. Allí fue donafroamericanos. de conoció la obra También se había de Stephen Crane, dado cuenta de que Theodore Dreiser las novelas escritas –de quien tanto hasta entonces, aprendió– o Sincentradas en la vida clair Lewis. En vida Richard Wright. de los afroamericapublicó cuatro nonos, hacían poca velas y otra se pumella en la socieblicó póstumadad blanca. Era una mente. La huella literatura edulcodel existencialisrada a su juicio y mo sartriano es que los blancos poevidente en todas dían leer sin preellas y se acentúa guntarse por las raen las últimas. zones de la segre‘Hijo nativo’ James Baldwin. gación y por el pacuenta la historia pel que cada uno de de Bigger Thomas, un mu- ellos desempeñaba en la sochacho negro violento que ciedad. Las reseñas a su anmata a una joven blanca y terior narración, ‘Los hijos luego a su novia. Es deteni- del Tío Tom’, le persuadió de do y juzgado. Como abogado que el enfoque tenía que ser le asignan uno que es comu- más radical. Se mudó a Nuenista y que expone todas las va York en 1938 y allí conticontradicciones de la socie- nuó escribiéndola con mayor SANTIAGO RODRÍGUEZ GUERREROSTRACHAN

ahínco. Varias causas se unen para hacer de la novela la obra maestra que es. Por un lado, el hecho de que esté basada en la observación minuciosa, que no desapasionada, de la sociedad americana. En un ensayo de justa fama, ‘Cómo nació Bigger’, explica que el protagonista es el resultado de haber observado a sus conciudadanos y haber identificado cinco tipos de jóvenes negros violentos. Son en gran medida personas que se hallan alejadas de la vida negroamericana del Sur y que, por el contrario, encuentran fascinante el modo de vida de los blancos. Por otro lado, están los negros urbanos de Chicago que completaron la idea que Wright se había ido formando del personaje. Al final logró uno que es consecuencia de una sociedad dislocada, un joven que nada posee a pesar de vivir en una sociedad opulenta. Un tercer elemento, muy unido a lo anterior, es el interés que despertó en él el arresto y juicio de Robert Nixon y Earl Hicks, acusados de matar a una mujer blanca. En los cuadernos de trabajo de Wright hay numerosos recortes de periódicos sobre el tema. Volvió a Chicago incluso para recoger información de primera mano. Todo esto no habría ido muy lejos si dejamos de lado el ambiente político radical en que se formó Wright. En-

‘Hijo nativo’, de Richard Wright, presenta un nuevo arquetipo americano, con valores universales Para algunos escritores negroamericanos el comunismo podía ser la respuesta política al racismo


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Maya Angelou, en 2008. :: JIM YOUNG cribe sin miedo, sin red, ya desde el comienzo con ese arranque tan terrible en el que un hombre de mediana edad, viajante de comercio, un hombre casado y hasta ese momento de vida ejemplar, mata a su amante de 18 años. Y en el funeral de la joven, la

esposa del asesino intenta desfigurar su cuerpo con una navaja. La historia entonces retrocede y a partir de ahí emprende el ritmo de la música, de una composición jazzística en la que las distintas voces funcionan como los instrumentos del concierto.

La obra deja constancia de la maestría técnica de una autora que siempre se ha rebelado con el hecho de que sus novelas se analizaran desde el punto de vista sociopolítico, cosa por otra parte casi inevitable, pues en ellas está la vida de su «complejo país» con sus logros y sus zonas más oscuras, con sus contradicciones y su enorme potencial y siempre desde el punto de vista de la población negra, denunciando sin alegatos panfletarios su situación marginal, los abusos cometidos contra ella, su camino hacia la igualdad. Una presunta igualdad ante la que se ha manifestado en alguna entrevista de forma ambivalente: la de quien ve por un lado que los estereotipos raciales están desapareciendo, y la de quien está al tanto de las noticias y comprueba como el racismo está vivo y goza de buena salud. En un lúcido ensayo escrito tras la victoria de Trump y publicado en ‘The New Yor-

Morrison demostró en ‘Jazz’ su capacidad para construir una novela de gran complejidad narrativa Angelou fue una activista que nunca dejó de defender a los negros y a las mujeres

ker’, Morrison analiza cómo una parte del electorado de Estados Unidos se ha sacrificado a sí mismo por el temor a que desaparezca la supremacía blanca. Con todo, como a cualquier escritora que lo es por encima de sus temas y sus circunstancias, a Morrison no le gustaría quedar enclavada en la etiqueta de escritora afroamericana, continuadora de una tradición que se remonta al siglo XVIII con las novelas de esclavos. Pero es inevitable ver, en estos días en que la novela de Ellison, al que ella consideró uno de sus maestros, vuelve a estar viva en las librerías españolas cómo la antorcha de esa literatura ha llegado a nuestros días gracias a ella en primera línea, sin duda, en parte por la celebridad del Nobel, pero sin olvidar el nombre de Maya Angelou. La casualidad –o quizá no sea casual, casi nada importante lo es– ha querido que coincida en el tiempo con la recuperación de su novela

Policías arrestan a un ciudadano durante una manifestación por los derechos civiles en Birmingham (Alabama) en 1963. :: BILL HUDSON-AP

más conocida, ‘Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado’ (Libros del Asteroide’) en una nueva traducción de Carlos Manzano. Angelou, que falleció en mayo de 2014, fue sobre todo una poeta y una activista que nunca dejó de defender los derechos de los negros y de las mujeres. Su vida, en la que ejerció desde la prostitución a la producción teatral, en la que tuvo tiempo de ser periodista y de formar parte del elenco del célebre musical ‘Porgy and Bess’ la reflejó en siete autobiografías. ‘Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado’ fue la primera, la que refleja su difícil infancia hasta convertirse en una mujer independiente, la que le dio fama internacional. De ella dijo James Baldwin, otro destacado representante de la literatura afroamericana, que es «un libro que lanza al lector a abrazar la vida». Quizá algo que tienen en común la obra de estas dos potentes escritoras.


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O no somos V

olvía ya de nuevo a la casa, al otoño y al invierno, dejando los paisajes alejados aceptando otros hermosos colores. De momento la lluvia se fue mostrando, horas goteando del tejado al suelo. Ya que el verano se había llevado el sol muy despierto y su calor. La ciudad espera el beneficio de que aún queden días con el ambiente sosegado. Sí, en los cafés o en

las calles animadas; sin dejar jamás de comentar el video repetido y repetido del resultado de un año desastroso sin acoplarse la realidad, desencajada en la vida; y ya ahora reprendiendo a un caminar torcido. Ante el descubrimiento del comportamiento verdadero de cuantos rigen en los mundos estamos todos. Crecer ha de estar separado del engaño de la trampa. Devoción importante y muy ve-

Historias

E

s lugar común afirmar que para desentrañar las claves de un suceso histórico es imprescindible que muchas primaveras pasen desde que se produjo. En ese largo trecho que media entre el suceso en cuestión y su análisis, el especialista, amén de no ser parte implicada en el episodio que investiga –por lo que su criterio no podrá ser tachado de parcial–, poseerá tal cúmulo de datos que, en su poder, serán preciso bisturí con el que diseccionar con minuciosidad lo remoto. ¿Es totalmente indiscutible lo expues-

to? Sobre el papel nadie pondrá objeción alguna; no obstante, quizá obviemos otros elementos que matizarían esta opinión, y al matizarla la verdad irrefutable se transformará, inmediatamente, en verdad relativa, o, lo que es lo mismo, en algo que no es verdad absoluta. Porque los años que separan una contienda o una revolución de su estudio no están delimitados por gruesos paréntesis que eviten que el presente se contamine del ayer. Existen paréntesis, sí, pero no de hormigón, sino trazados en el aire, y así el río del

lada para que nadie se quede atrás (unos) o muy lejos (otros, aún peor). Salir adelante abrir lo auténtico indiscutible. Un positivo estar gobernando la dirección de hacer crecer, con todos dentro, el gran camino de la confianza y lo verdadero. Escribió Miguel Torga: «No, el hombre no tiene caminos ideales y caminos ocasionales. El hombre tiene los caminos que hace».

pasado llega al océano de nuestros días alterado por los residuos provenientes de la fábrica de los prejuicios y por las hojas que se desprendieron de fantásticas flores aromáticas. Si, además, no olvidamos que a nuestras reflexiones las acompaña la dulce música proveniente de mitológicas flautas, y que al pronunciar un pensamiento subyace el mensaje de los demonios que conviven con nosotros, podemos concluir que un acontecimiento pretérito será narrado de una forma u otra dependiendo quien ponga los ojos en él. Tomemos como ejemplo a Felipe II. ¿Por qué circulan biografías no sólo diferentes sino antagónicas entre sí? ¿Cómo unos lo representan como prototipo de príncipe renacentista, interesado por todo lo relacionado con las artes y las ciencias, y no faltan quienes exhuman su cadáver para

Cierto es que se vive colgado de la memoria y de la esperanza, pero hay momentos de tiempo muy largos que no se pisa el camino de buenos pasos. ¿Dónde se ha escondido la forma de vivir dentro de un arreglo inteligente y justo? ¿Esto era una frase o un grito al aire? Hay una pendiente que arreglar. Imposible pasar de largo sin abrazar el arreglo de lo perdido. Educación, aplicación, seriedad, justicia, limpieza de espíritu y humanidad grandiosa. Imponente, unos políticos sin capacidad de honestidad y gran preparación, podrían retirarse. Meditar en el desierto, para no distraerse. Conseguir aquello que es camino de salvación. Con movimientos sanos y buscar una forma adulta y ge-

DONDE HABITO

LOS TRIGALES AZULES

gen para retratarlo únicamente colores negros o rosas que conducen, indefectiblemente, a una pintura monocroma? ¿Acaso en la policromía no se halla la verdad? La década de los treinta en España es singular paradigma de lo que este sábado referimos. Durante cuarenta años nos contaron que, ante el bárbaro clima existente en la sociedad patria, al glorioso ejército nacional no le quedó más remedio que intervenir. Una vez muerto Francisco Franco, aquello se ha relatado como si una panda de desalmados, harta de que el personal disfrutara de lo lindo, no tuvo otra ocurrencia que pasar a todo quisque por las armas. Y cuando un estudioso de esa época nos asegura que ambos juicios son errados y pensamos que, ¡albricias!, alguien verterá algo de luz sobre el asunto, va y nos describe, en un triple salto mortal,

ROBERTO RODRÍGUEZ

mostrarnos su carne presuntamente putrefacta desde antes de que muriera? Comprendo que el comportamiento y las decisiones de un individuo influyente en el devenir de un país, de un continente o de este planeta son susceptibles de interpretación; sin embargo, ¿por qué algunos esco-

ELENA SANTIAGO

¿Dónde se ha escondido la forma de vivir dentro de un arreglo inteligente y justo? ¿Esto era una frase o un grito al aire? nerosa. Sin noticias de su propia economía si no se envuelve en justicia. Abrir sabios libros e inmensas ganas de serios y profundos cambios pensando en lo llamado España y llamado mundo. Sabiduría sana, por favor. Libros, trabajo a lo largo y a lo ancho, y con cuanto sea preciso para un arreglo con mayúsculas. Al fin, vivir, es un preciso pacto, conveniente y sin engaños. Realidad abierta alcanzada que nos asista a todos los mundos, una vida convertida y con luz. No es excesivo el brillo de la luz. O, ¿el mejor viento? Es frecuente y capaz, moviendo hasta lo invisible. Apunto necesariamente el volver a Torga y digo con él: «Dejo aquí una vez más mi protesta contra toda esta filosofía del pesimismo que nos está ahogando, y contra esa literatura del absurdo que nos liquida». Pensar y corregir. Caminar con la cabeza y el alma despejadas, enderezando posibilidades de abuso y dolor, llevando ahora, ya, hoy mismo encauzando presente y futuro. Es así: es España (de puertas abiertas) y los caminos se dejan arreglar. Lo que hay que salvar es lo de todos. En marcha debida. Nada de perder expectativas, anhelos. Tanto: búsqueda urgente y humana, confiando en cerebros y amor. Juntos y en la verdad, o no somos.

a Francisco Franco como paladín de la Segunda República. Válgame Dios. Tuve la fortuna de leer este verano el volumen ‘Cuatro historias de la República’, recopilación de artículos de Pla, Chaves Nogales, Camba y Gaziel de ese periodo. Es curioso, pero pocos libros nos aproximan a la realidad española de aquellos años como éste, escrito no desde la distancia y sí en el íntimo contacto temporal. No es un diario de vencedores o vencidos; es un diario, común, de cuatro hombres que soñaron una España mejor y, al despertar, se vieron dentro de la más terrible de las pesadillas. Y es que, quizá, no hubo una España de vencedores y otra de vencidos, sino una única España que se desangró por la herida que le infirió el odio. Cuando lo tengamos presente entonces, y sólo entonces, esta herida cicatrizará.


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Carta a mi hijo Q

uerido M: Naciste en Nueva York durante el penúltimo año de la presidencia de Barack Obama. Cuando cumplas un año, Donald Trump, aprendiz de tirano, estará ya afilándose las uñas antes de entrar a vivir en La Casa Blanca. El pasado día ocho de noviembre tú y yo fuimos juntos al colegio electoral de nuestro barrio y ambos salimos con un adhesivo en nuestro pecho diciendo que habíamos votado. Aunque tú no votaste, yo lo hice por ti. Vimos a unos cuantos amigos que iban a hacer lo mismo, nos abrazamos, te hicieron cucamonas en cuatro o cinco idiomas, y luego nos deseamos lo mejor. A la salida del colegio electoral eran aún las diez menos cuarto de la mañana, y tantas emociones te habían dejado exhausto, de modo que te quedaste dormido en tu carrito. Te lleve a pasear por la ciudad. Era un día muy hermoso de otoño. La gente iba orgullosa con sus adhesivos en el pecho, otros iban a conseguir el suyo al colegio correspondiente. Tu tío Bernard Harcourt, a quien envié el selfie en que estamos con nuestras etiquetas, respondió entusiasmado y orgulloso. Él y Mia se disponían a hacer lo propio. Inmediatamente después nos dimos a recorrer hacia el sur el parque de Riverside hasta la 79 y allí subimos a Broadway, donde te despertaste. Era muy emocionante. Era la primera vez que votábamos, pues yo mismo no había obtenido la nacionalidad sino unos pocos meses antes de tu nacimiento. Por la tarde antes de volver a casa nos detuvimos en el supermercado del barrio, donde todo el mundo te conoce por tu nombre. Las cajeras te hicieron fiestas de todo tipo, como siempre, y tú las llenaste de sonrisas, les extendiste la mano, emitiste grititos de alegría. Todo ello en español, ya que es la lengua que tú y yo hablamos entre nosotros, y la que hablan las cajeras caribeñas y mexicanas de nuestro súper. Una señora que estaba delante de nosotros y que llevaba una camiseta de apoyo a Trump, dijo algo vago sobre extranjeros, así que educadamente y en inglés le indiqué que tú habías nacido en los USA, y que también yo era ciudadano. Me

respondió diciendo que en tal caso debía hablarte en inglés. Pausadamente le respondí que no veía por qué, ya que el español es una lengua «perfectamente razonable» (esas son las palabras que usé) en este país. La señora quedó en silencio durante unos instantes y luego replicó diciendo que en todo caso hablar español no era patriótico. Le dije, sencillamente, que aquello no era verdad. Eran las 16:30. Cuanto le conté esto a tu tío Claudio Lomnitz, se le cayeron las lágrimas. El extraño intercambio me dejó conmocionado, pero en ese momento no tuve tiempo de pensar en ello, porque nos encontramos con Philip Kitcher, un filósofo y amigo que acaba de publicar dos libros que hemos leído en el último año, uno sobre ética, y otro sobre política y religión. Philip llevaba todo el día viendo los resultados de encuestas a pie de urna. Exhibió ante nosotros algo que solo podría describir como un optimismo opaco. De repente me sentí preocupado, y por primera vez en todo el día pensé que lo impensable podía suceder. Esa noche te dejamos con la niñera para ir a casa de nuestra amiga Sara Lipton, una historiadora que trabaja sobre cuestiones de racismo y antisemitismo, a seguir los resultados electorales. Según fueron pasando las horas nos dimos cuenta de que podíamos abandonar toda esperanza: el megalómano, mentiroso, racista y machista de extrema derecha, Donald J Trump, iba a ganar las elecciones. Con él, iban a ganar los que le habían ido acompañando durante el camino: Stephen Bannon, Chris Christie, Rudy Giuliani, Jeff Sessions, y tantos otros que ahora mismo se están disputando las carteras del gabinete de su autócrata de cabecera. Un muro se acababa de elevar en las mentes de millones de americanos, una nueva frontera tristemente sencilla de construir, prodigiosamente difícil de derribar. Cuando leas esta carta todo eso será, presumiblemente, historia. Pero hoy es todavía una historia no escrita. Ese muro es una metáfora verdadera, existe ya como metáfora de una vida cotidiana inminente. Quiero que sepas que, como ha escrito recientemente nuestro

Un muro de ladrillo cierra una calle de Nueva York. :: J. R.-V.

ISLA FLUVIAL JESÚS RODRÍGUEZVELASCO

amigo y tío tuyo Stathis Gourgouris, la democracia es una experiencia política de alto riesgo. Es cierto. Pero por ello, uno tiene la obligación de detenerse y analizar ese momento de máximo peligro en que sucede el hecho histórico. Debe examinarlo en profundidad y ponerlo en relación con otros momentos de peligro que han sucedido y siguen sucediendo en nuestro entorno. Es de ese examen de donde surge el respeto por el otro, el reconocimiento por la vulnerabilidad de aquellas personas que no disfrutan del privilegio social y económico de que no-

sotros disfrutamos por el mero hecho de ser hombres blancos. Ese examen es lo único que puede demoler el muro –aunque siempre sea una demolición provisional, a la espera del próximo momento de peligro. No tenemos por qué aceptar un gobierno que aprovecha esta vulnerabilidad y la explota brutalmente con el único objetivo de hacerse más fuerte, de justificar movimientos de exclusión, de cercenar conquistas sociales que permiten a los más desfavorecidos llevar una existencia digna. No aceptar ese gobierno es también una posición democrática.

Esta es ya una carta muy larga, pero no puedo dejar de escribirla. Quizá este es el momento más peligroso que hayamos vivido últimamente. Tus abuelos maternos, en otra historia, vivieron la guerra civil siendo adolescentes. Tu bisabuelo materno estuvo cinco años en un campo de trabajo en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Amigos nuestros, personas que te quieren o que incluso cuidan de ti, gente a la que respondes con cariño y sonrisas, corren el riesgo de ser deportados. Esa es la carga de la historia. Y recae sobre nosotros.


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DEL CIPRÉS

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egún está el percal, cada vez más gente huye, como gato escaldado, del mundanal ruido, siguiendo a Fray Luis y los pocos sabios que en el mundo han sido. De esta constatación, de la necesidad de liberarnos del peso de la existencia y de las tribulaciones, congojas y rutinas que conlleva y, en consecuencia, la tentación de desembarazarse del mundo, de una sociedad en la que priman la flexibilidad, la urgencia, la eficacia, etc., y aun de uno mismo, parte ‘Desaparecer de sí’ (Siruela) de David Le Breton. Ante este furor competitivo se analizan formas del desapego, diversas modalidades de rechazo, negación y escape, sobre todo en los vulnerables adolescentes, con los autistas hikikomori o los ermitaños otaku japoneses como máximos exponentes: rumia depresiva, exilio interior, abandono, fatiga crónica hasta el agotamiento, trastornos de disociación, el abismo de la anorexia, los botellones hasta el delirio, las tinieblas del alzheimer, la tiránica abducción tecnológica, la indiferencia narcisista o la comunicación espectral tan fomentada por las redes y, en último extremo las desapariciones voluntarias –unas 2.500, de adultos, de media al año en Francia–, enigmáticas casi siempre, como la del físico italiano Majorana. Por tanto, en sucesivos capítulos se pregunta Le Breton por el concepto mismo, problemático, de identidad, y se apuntan maneras, discretas por lo general, de desaparecer, a raíz de la moderna «incertidumbre radical sobre la continuidad y la consistencia del yo» que señalara en ‘El desencantamiento del mundo’ (Trotta) Marcel Gauchet, frente a «la velocidad, la fluidez de los acontecimientos, la precariedad del empleo, los múltiples cambios que impiden la creación de relaciones privilegiadas con los otros y aíslan al individuo». Repasa numerosos casos de personas que, de una u otra manera, se han suprimido en vida a sí mismos y en relación a los demás, buscando adrede la insignificancia que somos: desde gente anónima al ejemplo paradigmático de la «soledad ontológica» de Emily Dickinson o al del retiro inquietante en el sanatorio de Herisau de Robert Walser. No olvida, ya que hemos citado a estos dos tan eximios como raros escritores, la vertiente literaria del asunto: la obra de Samuel Beckett, que «se despliega bajo la égida de la desaparición»; todos los Bartleby del mundo, los del «preferiría no hacerlo», sumidos en la renuncia absoluta a cualquier actuación o contacto social; los irresolutos Oblomov; quienes se multiplican

para no ser nadie, como el ortónimo Fernando Pessoa en su voladura heteronímica. No es de extrañar, ante la perspectiva que constata Le Breton, ante la enorme tensión que supone «mantener un lugar en el seno del vínculo social» que «el individuo hipermoderno esté desconectado». Entre los desconectados, los que rompieron todos los lazos mundanales en favor de la fuga, la retirada, el silencio, la calma, la interioridad y la desposesión se encuentra Sue Hubell. Es una de las que, según el ensayista francés «sin haber vivido necesariamente una historia dolorosa han elegido la discreción, la soledad, el ‘wilderness’, el recurso a los bosques». Justamente ‘Un año en los bosques’ (Errata Naturae), con prólogo del Nobel Le Clézio y cita inicial de Rilke, es el tí-

UN ÁNGULO ME BASTA FERMÍN HERRERO

tulo bajo el que relata su experiencia de doce años en una granja aislada –primero con su marido, luego solo con sus perros gatos y gallinas– en las montañas del sur de Misuri, subsistiendo como apicultora, oficio de cuya maestría da buena muestra, no en vano los lugareños le pusieron como mote ‘La Dama de las Abejas’. En diversos capítulos, de primavera a primavera, siguiendo el orden de las estaciones, se explaya también en la vida y milagros de sus vecinos, amigos y conocidos: cucarachas, zarigüeyas, avispones cariblancos, coyotes, ranas arbóreas, de los pantanos y estridentes, murciélagos, chotacabras, linces, ciervos, serpientes, peligrosas arañas reclusas pardas, llamadas violinistas o argiope o tarántulas… Las lecciones de botánica,

zoología, ornitología o meteorología local a pie de campo de esta antigua bibliotecaria, émula en cierto modo de Thoreau, son magníficas, fruto de la profundización a través de la atención y el cuidado: conoce al dedillo las querencias y costumbres de los animales que le disputan la propiedad del terreno, a los que respeta por encima de todo. Me la imagino abriendo leña en invierno o allí en su colina, a la sombra del robledal de detrás de su cabaña, tarareando a Händel mientras lee un koan anónimo sobre la naturaleza. La verdad es que cada vez quedan menos rincones del planeta donde aislarse de todas, salvo que alguien emprenda una aventura extrema, como la de Chris Mc Candless que narrara Jon Krakauer. De hecho, la propia

Hubbell tiene contacto con los aborígenes e incluso con veteranos de guerra, acude a un infame Asado de Cerdo Anual y hace giras por las carreteras interestatales con su camioneta como autocomercial de la miel. Sobre esta imposibilidad de encontrar lugares vírgenes ironiza de entrada Álvaro del Amo en ‘El año de la reconciliación’, nouvelle que junto a ‘El nieto’ conforma el volumen ‘Tabú’ (Menoscuarto) con el incesto y la zoofilia de fondo. Para ello se vale en principio de la figura de un explorador visionario, harto curioso, como su narrativa en general, que allá por el año 2025, tras una incursión amazónica, asegura haber descubierto un nuevo tipo de avestruz sudamericana con la que se ha desposado, circunstancia que provoca un impacto pla-


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Solitarios Apartarse o que te aparten

Una de las balsas de la expedición KonTiki II, rumbo a la isla de Pascua, emulando la de Thor Heyerdahl en 1948. :: EL NORTE

netario través de redes y televisiones. La felicidad conyugal desata una epidemia de solidaridad, ósmosis e intercambio de papeles entre hombres y animales, de ahí el título. A partir de aquí, entre bromas y veras, pueden figurarse los derroteros descacharrantes de la narración, fruto de una imaginación prodigiosa, capaz de mantener el embrollo, que sólo puede derivar hacia el desastre, durante más de cien páginas, siempre con el peligro inminente de que se le vaya de las manos. Que quizá. El propio Del Amo es un rara avis, un solitario de escritura y planteamientos en extremo originales, un gran creador de atmósferas, también fílmicas. Es uno de tantos rescates necesarios –recuerdo sus primeras narraciones en Anagrama, que asocio en la lectu-

ra a las de Chirbes– de la benemérita editorial palentina. El humor desaforado, un tanto sarcástico, de la mezcla disparatada de los reinos animal y humano, deja paso en ‘El nieto’ a una historia familiar de secretos y mentiras inconfesables construida como un collage, a veces con capítulos enteramente dialogados, en crudo, sin verbos dicendi. Estamos ante un autor del que siempre cabe esperar la sorpresa y el acierto. «Estaba convencido de que mi vida iba a ser de soledad», afirma el protagonista de ‘Gritos en la llovizna’ (Seix Barral), de Yu Hua como corolario de la historia de su niñez y adolescencia. El «pues solo soy y pensar cómo me sepa valer» del Lazarillo resuena a lo largo de esta novela con apariencia de ‘bildungsroman’, en realidad, por el tono de-

senvuelto y el antiaprendizaje consustancial, de tintes picarescos: «no hay que reparar en medios para alcanzar un objetivo» es la enseñanza máxima que adquiere el narrador-personaje. De este escritor chino hemos comentado aquí, más o menos por extenso, sus tres novelas publicadas con anterioridad también por Seix Barral, aunque posteriores en su escritura, ya que ésta que nos ocupa es su ópera prima, espléndidas cada una a su manera, siempre desde la óptica de los humildes y derrotados. Yu Hua es en todas ellas un narrador muy solvente, muy visual, de una eficacia portentosa a la hora de contar. Concibe los personajes con una perspicacia y delicadeza, notables, conmovedoras: inolvidables en ‘Gritos en la llovizna’, entre otros, el padre bas-

DESAPARECER DE SÍ

UN AÑO EN LOS BOSQUES

David Le Breton, Siruela, 204 pp., 18,95 €.

Sue Hubbell, Errata Naturae, 304 pp., 19,50 €.

«Le Breton repasa numerosos casos de personas que se han suprimido de la vida a sí mismas y en relación a los demás» «El propio Del Amo es un solitario de la escritura y planteamientos en extremo originales, un gran creador de atmósferas»

TABÚ Álvaro del Amo, Menoscuarto, 208 pp., 16,90 €.

tante salido, tarambana y borrachín; la frágil e inquietante, macilenta y enfermiza, madre adoptiva; el amigo que muere de un ictus o alguno muy episódico como el poeta talentoso maltratado por su esposa arpía. A través de ellos muestra con precisión, como quien no quiere la cosa, las vicisitudes de la vida corriente durante el maoísmo: las autocríticas, los escarnios públicos, las cárceles o los campos de reeducación. Desde una primera persona desenfadada, en apariencia ingenua, que ve el mundo con desparpajo e incluso descaro, el argumento se despliega con gracia y naturalidad, a partir de la imagen que da título al libro: en la oscuridad cerrada de una noche lluviosa, en su cama, un niño se aterroriza al escuchar el grito no menos desampara-

GRITOS EN LA LLOVIZNA Yu Hua, Seix Barral, 320 pp., 20 €.

do de una mujer cuyo lamento le impide conciliar el sueño. Es un recuerdo que va hilvanando con otros episodios hasta conformar su visión del mundo a las puertas de la juventud en Nanmen, su Ítaca particular. El azar, unido a otras desgracias, junto a su natural pusilánime y poco proclive a fomentar el clan, condena al personaje principal a la humillación, el descrédito y la marginalidad, lo convierte, no por voluntad propia como sucedía con Hubbell, en un ser solitario, apartado. Pero es justamente su aislamiento, repudiado por su familia y entregado a otra, el estar siempre como un pasmarote, lo que posibilita su aguda capacidad de observación que traspasa la amistad, siempre amenazada por la traición o el empuje carnal y sus efluvios.


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GALERÍAS

Antonio Buero Vallejo

JOSÉ MARÍA MUÑOZ QUIRÓS

Historia de una mirada 1.

Si unimos a estos rasgos realistas un lenguaje que reflejaba la procedencia social de cada uno de ellos, y si además el argumento de la obra va desenmascarando una vida de apreturas, de incomodidades, de grandes sacrificios, y todo ello desde un dominio poético y literario profundo, el producto es todo un acierto, toda una novedad sorprendente que se asentaba en la sociedad española con aires renovadores.

En este año de centenarios, Antonio Buero Vallejo también hubiera cumplido cien años. Desde su inicio en el mundo del teatro, el dramaturgo de Guadalajara mantuvo siempre una atenta mirada hacia su alrededor, hacia la sociedad de una España que salía de un fratricida guerra incivil y entraba en una dictadura voraz. Es el teatro la manifestación cultural y literaria que mayores posibilidades tiene siempre de incidir en la sociedad, en los individuos y en la mentalidad de sus ciudadanos. Y este hecho, a su vez, es el que dificulta en tantas ocasiones la posibilidad de dar rienda suelta a sus propósitos, de asentarse en un tiempo concreto y en una circunstancias que vienen determinadas por el fluir de la vida. Lo contrario a un teatro reivindicativo y crítico es una manifestación ceñida y adaptada a unos requisitos que el poder y el estamento oficial exigen. Y esto era lo habitual en ese momento en el que la censura y el inquisitorial mundo oficioso de estos años no permitían nada que no estuviera bendecido por los entresijos de la dictadura.

3.

Todos los jóvenes escritores de teatro que conformarían la Generación del 50 van a asumir a Buero Vallejo como modelo de sus producciones: José María Rodríguez Méndez, Martín Recuerda o Lauro Olmo verán reflejados sus deseos de cambio en su teatro, desde el inicio, y reconocerán su magisterio. A partir de ahora, cada estreno de Buero será un eslabón en la difícil tarea de llevar una obra a los escenarios en España, bajo los dictados de la censura, y tener la enorme inteligencia de saber mantener la integridad con la capacidad de burlar a los censores. Era un arriesgado trabajo de simbolización, de claves que manejaba el público seguidor del autor capaz de hacer guiños significativos a los espectadores. De esta manera, ‘En la ardiente oscuridad’ o ‘Un soñador para un pueblo’ se convierten en verdaderas metáforas de la situación que atravesaba el país, de los dolorosos tiempos de la Dictadura, de las reivindicaciones que el pueblo estaba demandando desde numerosos frentes. El teatro de Buero Vallejo se alza como indiscutible signo de repulsa, de búsqueda de soluciones, de propuestas cívicas, todo ello envuelto en una singular manera de escritura dramática, de armazón teatral de gran calado.

2.

La aparición en la escena de ‘Historia de una escalera’ supone un inmenso apoyo a quienes estaban comprometidos con una nueva manera de entender el hecho teatral. Los planteamientos que se reflejaban en las carteleras del momento, en los diversos teatros comerciales de Madrid, eran el resultado de una situación política y social muy concreta, dominada por una oficialidad que todo lo observaba, que ejercía un control en todos sus movimientos. Nada escapaba a la censura, al lápiz rojo de sus miradas. Por eso la obra inicial de Buero Vallejo sorprendió desde su estreno por ese chorro de agua fresca que se derramaba sobre el teatro español, por esos planteamientos que, de alguna manera, contradecían la norma de estos años difíciles. Convertir el rellano de una humilde escalera de una casa de vecinos en escenario de una historia, donde los personajes entran y salen, se relacionan, aman y sufren su realidad, era toda una osadía.

4.

Una de las imágenes más reconocibles de Antonio Buero Vallejo. :: EL NORTE

Hablar del teatro de Buero Vallejo nos conduce a una simbiosis de la escena con la conciencia del hombre, de tal manera que cada una de sus obras es una pieza más del puzle gigante y complejo de su visión de la realidad, muchas veces solo observada y comprendida por quienes tenían las claves.

Si bien todos sabían, por ejemplo, que cuando salía a escena una viejecita añosa y casi incapaz de andar se estaba refiriendo a la Dictadura, el sentido último de su teatro es la propuesta de una existencia diferente, más vital, más auténtica, capaz de sacar de los hondos pozos de la desazón al individuo. Cuando estrenó dos de sus obras más complejas y clarividentes, ‘La fundación’ y ‘El tragaluz’ su arte dramático llegó a la cumbre de vitalismo y de apuesta por un compromiso existencial, alcanzando las más altas cotas de teatralidad que había ido forjando en obras anteriores. Los personajes, la acción y el lenguaje (los tres grandes elementos de la vivencia dramática) se pusieron al servicio de la sociedad desde un escenario, tambaleando algunos de los principios más asentados en la cultura y en la vida españolas. Es el Buero Vallejo de la emoción y del atrevimiento conceptual, de la observación más lúcida y de la percepción más arriesgada de los grandes problemas del hombre en un momento y en un espacio concretos.

5.

Antonio Buero Vallejo tuvo la gran pasión de la pintura, se asomó a ella como aprendiz aventajado, como creador y conocedor de esta manifestación estética. Muy conocido es su retrato del poeta Miguel Hernández, con quien compartió cárcel en los penales de la posguerra. Queda esa imagen tan repetida y tan difundida de un poeta ensombrecido por la tristeza y el dolor. En este 2016 hubiera cumplido cien años, un camino jalonado por la vida y la creación literaria. Una obra que soporta, en muchos de sus títulos, el paso del tiempo, el cambio del escenario en la que fue dibujada, el final de un momento histórico en el que fue escrita con ansias de transformación. Antonio Buero Vallejo es siempre la historia de una mirada que nos sabe mostrar los entresijos y las peculiaridades del alma humana.


LECTURAS

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La edad feliz de la lengua

RETRATOS DE MUJERES Charles Augustine Sainte-Beuve. Prólogo de Benedetta Craveri. Selección y traducción de José Ramón Monreal. Barcelona: Acantilado, 2016. 428 págs.

Sainte-Beuve describe una época añorada a través de las figuras de un grupo de literatas

:: SANTIAGO RODRÍGUEZ

S

ainte-Beuve ha quedado como uno de los más destacados críticos literarios del siglo XIX. Su tesis principal era que la vida iluminaba la obra del autor. Fue una idea que tuvo su momento de apogeo y también de decadencia. Si en SainteBeuve la inteligencia y el ojo crítico le permite sortear los peligros del biografismo, en sus discípulos, ayunos de las características del maestro, la crítica basada en la vida del autor se convierte en chismes más o menos maliciosos, y en recolección de anécdotas muchas veces carentes de un verdadero interés. Marcel Proust fue uno de los primeros en refutar a Sainte-Beuve, y lo hizo tanto en un libro ensayístico como en su monumental obra ‘En busca del tiempo perdido’. En el fondo, toda la literatura de la primera mitad del siglo XX, más algunos precursores como Gustave Flaubert son la demostración de que

la vida del escritor no explica nada de la obra. Sin embargo, Sainte-Beuve perdura. No cabe duda de que parte de su permanencia reside en la pereza y en la incapacidad de cambiar de ideas una vez estas se han aposentado con firmeza en la sociedad. Todo hecho cultural, toda vez que ha hecho su aparición, permanece para siempre aunque sea en un estado agónico. Que T. S. Eliot y algunos otros críticos del siglo XX mostraran las fallas del método biográfico apenas tiene relevancia. Sainte-Beuve continúa. El lector se preguntará por las razones para leer estos ‘Retratos de mujeres’. Hay razones importantes, aunque entre ellas no figure la de comprender mejor la obra de las escritoras agrupadas en el libro. La primera es la personalidad de las seleccionadas. En una época donde la mujer no tenía relevancia en la vida social, estas, sin embargo, lograron concitar la atención y el favor de muchos hombres. Se dedicaron

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No analiza sus obras con profundidad pero sí que logra un retrato vivo y acorde de tales mujeres

El crítico y escritor francés Charles Augustin Sainte-Beuve. :: EL NORTE a tener salones literarios, lugares donde un grupo de amigos se reunían para hablar, sin pretensiones, de lo mundano. Importaba más

en algunos de ellos la agudeza y el ingenio con que se expresaban las opiniones que el valor de las mismas. El retrato de ese mundo, del que

el duque de La Rochefoucauld era un asiduo y llenaba con sus constantes frases ingeniosas, es vívido a través de las mujeres que des-

cribe Sainte-Beuve. Es también el retrato de una época que acaba, pues para el autor la edad feliz de la lengua y del gusto tiene lugar entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, años en los que casi todas ellas viven. Eso sí, Madame de Stäel es una excepción por representar el nacimiento del Romanticismo en las letras. En las páginas del libro el lector encuentra un grupo de mujeres que ocuparon sus horas en la escritura, sobre todo la epistolar, que tienen una intensa vida social, en muchos casos vivida desde el jansenismo y en otras desde la voluptuosidad del placer. El literario era el afán y la ocupación central de todas ellas. Sainte-Beuve no analiza sus obras con profundidad pero sí que logra dar un retrato vivo y acorde de tales mujeres. Esta es, por supuesto, la razón principal para leer el libro.


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LECTURAS

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LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

Filosofía para niños: pensar la libertad :: SUSANA GÓMEZ La libertad es el tema que la colección ‘Wonder Ponder’ (Preguntar y reflexionar) ha elegido como eje de su tercer título, en una propuesta que atiende a idénticas premisas que sus dos obras anteriores – ‘Mundo cruel’ y ‘Yo, persona’ –, ambas reseñadas en esta sección. Con la misma actitud no dirigista y semejante

vocación de alteridad, esta suerte de caja filosofal invita a pensar de un modo sencillo, que no pueril, algunas de las grandes cuestiones que desde siempre han preocupado al ser humano. Y lo hace con la sana intención de ser seriamente divertida. A caballo entre el hecho lector, el encuentro lúdico y la reflexión filosófica, este libro-jue-

go propone un centenar de preguntas a partir de catorce tarjetas ilustradas, que dan pie a un debate en el que no existen las verdades únicas o las respuestas correctas (la duda, ya lo dijo Aristóteles, es el principio de la sabiduría). Avocado a la multiplicidad de perspectivas, el espacio se resiste a ser encasillado, al tiempo que abre el co-

fre del pensamiento di-vertente gracias a una se-rie de preguntas sin pa-tronaje: ¿Sentirse libre ess ?; lo mismo que ser libre?; s¿Qué cosas crees que esu tán ya decididas sobre tu futuro?; ¿Qué te hacee ncumplir las normas (cuanos do las cumples)?; ¿A los rleones hace falta domar?; los? ¿Y a las personas?;

El último regalo de Julien Gracq

LAS TIERRAS DEL OCASO Julien Gracq. 267 páginas. Editorial: Nocturna Ediciones. PVP: 15,00 €.

CRISTÓBAL VILLALOBOS

R

aras veces el panorama editorial se ve agitado por una visita del pasado, por el regalo de un escritor que, desalentado ante los rigores de la actividad literaria, olvida en algún cajón un trabajo incompleto, quizás no lo suficientemente bueno, y que, con el tiempo, descubrimos como una auténtica obra de arte que no se merece las inseguridades de su autor. Este es el caso de ‘Las tierras del ocaso’, de Julien

Gracq, manuscrito que ha pasado casi cincuenta años inédito, hasta que su descubrimiento en el año 2014, siete años después de la muerte del escritor francés, constituyó un auténtico acontecimiento cultural en el país vecino. Ahora, gracias a la traducción de Juliá Jódar, podemos disfrutar de la edición castellana de esta obra, publicada hace apenas unos días por Nocturna Ediciones, que sigue recuperando la obra de este creador de culto tras la publicación de ‘El rey Cophetua’ (1970; Nocturna, 2010) y ‘La península’ (1970; Nocturna, 2010). Las tierras del ocaso sitúa la acción en un lugar indeterminado en el tiempo, que bien podría ser, por las des-

Mucho ruido

M

ucho se ha hablado y mucho se ha esperado la traducción al español de ‘El problema de los tres cuerpos’, la primera novela en chino que gana el prestigioso premio Hugo, que viene a ser el mayor galardón dentro del campo de la ciencia ficción. Bien, pues ya está aquí. Y no sé si decir si tanta expectativa estaba justificada o no. Si la novela es tan grande o importante

como se lleva diciendo. La prosa es correcta, hasta buena, pero no excepcional. Tal vez se deba a la traducción, no puedo decirlo. Aunque se agradece que en esta ocasión no sea la traducción de otra traducción. Pero las traducciones de Nova hace tiempo que adolecen de cierta flojera, cierto matiz de cosa hecha a toda prisa, que han llevado a que me lo piense mucho a la hora de adquirir un libro publicado en esta colec-

cripciones, cualquier lugar de la Europa de la baja Edad Media, quizás unos inicios imprecisos de la Edad Moderna, en un Reino asediado, inmerso en una decadencia obviada por las clases privilegiadas, que asfixia a los protagonistas del relato y los empuja a salir de la comodidad de sus ocupaciones para lanzarse a la lucha, en busca de los invasores. Una metáfora que, desde los inicios de la historia, resulta familiar al lector avezado, pues el autor no oculta que se trata de una alegoría de la Francia de la ocupación nazi, una desagradable etapa de la historia que Gracq vivió y sufrió en primera persona. Y es que Julien Gracq fue testigo de excepción de la bar-

ción. Eso y el hecho de que la calidad del papel, del cartón de las portadas, a veces incluso de la impresión, es pésima y absolutamente desproporcionada con el precio del producto. Casi, o no tan casi, un timo. Sin embargo la novela de Cixin Liu tiene su interés, por no decir que a ratos, muchos ratos, es muy interesante. En otros cojea, no es fácil decir por qué, apenas una sensación, el interés decrece. Aunque hay que decir que se recupera con presteza. Se ha hablado mucho de la originalidad de la trama, que la tiene, aunque no alcanzo a

lón de fondo de ‘Las tierras del ocaso’ ya que, más allá de una crítica a la hipocresía de la Francia de la Tercera República, que se dejó vencer por el nazismo ante la lucha de solo una pequeña parte del país, es un canto universal contra la opresión. Un canto por la vida y la libertad, que son la misma cosa

en muchos párrafos, extrapolable a cualquier época y lugar de la tierra, y que se materializa en el viaje y las aventuras de un reducido grupo de voluntarios que recorren «ciudades amuralladas para la nada» entre «las negras pesadillas nocturnas y el deslumbramiento frente al amanecer del mundo». Un canto de amistad y resistencia frente al cataclismo que se avecina en cada fin de época. Las tierras del ocaso puede leerse, en parte, como una continuación de El mar de las Sirtes (1951), novela por la que Gracq obtuvo el premio Goncourt, que acabaría rechazando. Sin embargo, y como destaca en el acertado

bía cosas que la novela no desvela hasta casi llegado el final, y que en cierta manera, estropea esa bien lograda, aunque ligera –como hecha de palos y sedas– estructura que nos conduce de uno a otro descubrimiento. Tras una breve instrucción en el salvaje y triste ámbito de la revolución cultural china, la novela, ya en el presente nos enfrenta a una serie de suicidios de eminentes científicos. El motivo de estos suicidios se nos revela pronto: el universo no parece estar comportándose como debiera, y la ciencia se les revela como inútil, incapaz de re-

solver y predecir las leyes que rigen el mundo. Decirnos por qué esto es así y si es realmente así ocupará todo el resto de la historia, hasta un final que de no ser, al menos en mi caso, por comentaristas y reseñas que revelan más de lo preciso, se nos mostraría como un giro sorprendente. Quizás uno de los elementos más originales de la historia, sea ese juego de realidad virtual, que se llama igual que la novela ‘El problema de los tres cuerpos’ y que sirve no solo para ayudar a avanzar en la historia, sino también como didáctico y amenísimo, incluso diverti-

Julien Gracq. :: EFE barie que asoló Europa. En plena juventud, con apenas veintisiete años, se afilió al Partido Comunista, que abandonó a causa del pacto germano-soviético, para acabar posteriormente como prisionero de guerra en Silesia durante la Segunda Guerra Mundial. Una experiencia que, sin duda, fluye como te-

EL TALISMÁN DE LA COSTURERA CIRO GARCÍA

decir si tanta como se pretende. Intentaré no caer en el error de desvelarla demasiado que tantos críticos han comentado y qué quizás me han estropeado un tanto el deguste de esta novela. Sa-


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LO QUE TÚ QUIERAS Ellen Duthie y Daniela Martagón. Editorial: Traje de Lobo (Serie Wonder Ponder). 14 tarjetas y cien preguntas. 17, 95 euros. Edad recomendada: a partir de 8 años.

epílogo del libro Bernhild Boie, esta novela presenta una mayor amplitud de registros, mostrándose llena de acción, de imágenes, rica en tonos y matices que la convierten en una de las obras más interesantes de este autor, ya de por sí con una interesantísima obra, de la que queda mucho por descubrir en nuestro país. Julien Gracq, uno de los grandes de la literatura francesa del siglo XX, escribe, en palabras de Luis Alberto de Cuenca, una novela delicada, exquisita, muy bien escrita. Crea un universo propio, un mundo nuevo recorrido al ritmo del paso de las estaciones, del tiempo y de los paisajes, con una maestría descriptiva y un estilo personal, en el que destaca un vocabulario y una expresión lírica que tiende al poema en prosa, en el que cada página debe ser leída con atención y paciencia, para descubrir nuevos significados e imágenes a cada nueva lectura. Un placer para los sentidos que el azar ha regalado a los admiradores de este escritor francés que parecía que no podía volver a sorprendernos.

do, repaso de los grandes avances científicos de la humanidad. También se ha discutido mucho sobre si nos hallamos ante una novela de ciencia ficción dura, es decir, una novela que se atiene a lo que sabe o sospecha la ciencia, o no. Yo diría que sí, a pesar de las dos o tres suposiciones y licencias que se toma, la novela se ciñe bastante al marco de lo que físicamente es posible o no. Uno de sus mayores defectos es quizás el trazado de los personajes, más que tosco. Se diría que no son más que otra escusa para hacer seguir la trama.

¿Las elecciones que haces son elecciones libres?... son algunos de los interrogantes que se proponen, en un estilo con ecos platónicos o mayeúticos que invita a mirar, preguntar(se), dialogar... y dudar. Como en anteriores ocasiones, esta caja de ‘Filosofía Visual para niños‘ cuenta con dos láminas pensadas para que los lecto-jugadores planteen sus propias preguntas, además de facilitar la construcción de un mapa visual y conceptual del tema. El póster, esta vez, se despliega en una particular Rue del Percebe: ‘La Casa de la Real Gana’.

Tradición oral, juegos de regazo y placer lector :: S. G. Diseñada para los más pequeños, la colección ‘mus mus’ recupera la tradición oral de narraciones y juegos de regazo, en textos que giran alrededor de contenidos básicos sin olvidarse por ello de la musicalidad, el ritmo, las reiteraciones, la rima, la creación de personajes, las reta-

hílas, la ruptura del pacto narrativo, la ironía, la hipérbole… y una serie de conceptos claves en la formación de la competencia poética, que confirman que la sencillez no está reñida con la calidad literaria, el sentido estético y, en suma, el placer lector. Prueba de ello es este título que presenta de adelante ha-

EL FAQUIR DE GRANCABEZA Teresa Porcella y Giulia Orecchia. Editorial Combel. 16 páginas. 7,50 euros. Edad recomendada: de 0 a 3 años.

cia atrás los números del 1 al 5, en páginas de cartón y formato medio con esquinas redondeadas (bien pensado

para las primeras edades), donde las solapas van descubriendo las serpientes menguantes del faquir de Grancabeza. Todo ello aderezado con un humor amable y limpio, un final que sorprende con la aparición de lo desaparecido e ilustraciones de gestualidad sólida y expresión sencilla que hacen muy legible tanto el discurso textual como el visual. Finalmente, en la última página se incluye un código QR para descargar la canción, cuya escucha apoya los contenidos, el divertimento y el sentido estético y musical que guía el álbum.

El delirio del laúd: Ida Vitale C CÉSAR A AUGUSTO A AYUSO

L

a poesía de la uruguaya Ida Vitale penetra en España, toda sigilo y refinamiento. Leerla es seguir una estela seductora, hecha de gloriosa y zozobrante intimidad y de amor por las palabras. El año pasado publicaba Visor ‘Cerca de cien’, una antología muy selecta y atinada de su obra. Ahora es en Granada, con ocasión de haber obtenido el premio García Lorca en esa ciudad, donde aparece otra no menos sugerente, que toma el título de un poema de su primera época y que reúne en siete apartados sus mejores poemas atendiendo a otros tantos motivos o referencias temáticas. Considerada junto con Idea Vilariño la poeta de más actualidad de Uruguay, a pesar de su presencia intermitente en el país, pues conoció el exilio en México y ahora el retiro en Austin (Texas), la que ha sido también destacada ensayista, crítica literaria y traductora, llega a la vida más plena (nació en 1923) con una obra lírica bien cuajada. Es mucho lo que su voz aporta a la ya de por sí espléndida lírica hispanoamericana actual. Desde sus primeros libros emerge una voz íntima, clarividente, dulcemente atenuada y, sin embargo, profunda, penetrante. Aunque dócil y aferrada a la vida, temblorosa de nostalgia e incertidumbre. Su poesía será, desde su apari-

SOBREVIDA. ANTOLOGÍA POÉTICA Ida Vitale. Granada, Esdrújula Ediciones, 2016.

La poeta uruguaya Ida Vitale, en una imagen de 2008. :: NACHO GALLEGO-EFE ción en 1949, un desafío a la zapa del tiempo con la enseña amorosa de las palabras. Como dice en un poema: «¿Y qué día será / más que lo que este, / futuro ya y recuerdo?». O en otro: «Todo estaba a mi alcance, / todo de pronto es nada». Una voz íntima, delicada y misteriosa, intensamente femenina –recuerda no sé por qué a la de la malagueña María Victoria Atencia– que más tarde, a partir de ‘Oidor andante’ (1972), cambia por cierto hermetismo y sequedad surrealista y que en el magnífico ‘Jardín de sílice’ (1980) se hace eco de la belleza barro-

ca. Por una parte, la muerte y el sueño, sobrevolando; por otra, aliteraciones y juegos verbales. También surrealismo suavizado por el corazón, tamizado de nostalgia y, aun así, emboscado en el más fiero dolor: «Serás ceniza y no tendrás sentido», llega a decirse. En su voz ensimismada, en busca de su propia melodía, siempre contenida y sublime, se da un convivio permanente con las palabras, en búsqueda incesante de ellas. «Tristes hermanas», las llama, con las que intenta hacer su poesía, ese residuo de la memoria que deja solo «un vago polvo y un per-

fume» Y también de ellas dice que son «palacios vacios», o que tienen vocación errante. Sabe que canta en la noche, en lo oscuro. El conceptismo no está ausente de otro gran libro, ‘Léxico de afinidades’ (1944), ni la deriva por territorios metafísicos: «¿Se sabrá algo para siempre? / Nada se abraza para siempre, / alma abrasada desde siempre». El derrumbe del tiempo, que hace de la vida un «viento voraz», aviva el escepticismo, la paradoja borgiana. Solo las palabras, de nuevo, entre las manos, a disposición, a pesar del sinsentido y la co-

dicia de la pérdida. Es un modo transparente y misterioso de salvarse ante sí misma, y que expresa de la más bella manera: «atreverse –como la saxífaga– a florecer entre piedras». En los últimos años se han sucedido los libros, quizás como una necesidad de asedio a la contradicción en la que se siente envuelta, en la perentoriedad de justificación, si no de salvación. Porque las palabras vienen a ser como esos infinitos pasadizos que la comunican con la realidad, que la peraltan a un desconcertante infinito, como un reino que se le abre humanamente más allá de las palabras y a pesar de ellas: «Entiende lo incomprensible / y ámalo», dice, donde todo es pérdida, incluida la palabra. La contradicción y el olvido emergen en esta poesía última, sin por ello dejar desguarnecida a la hermosa e inquietante realidad, que, en ella, se transfigura hablando de las aves o de las flores. Magnífica la poesía de Ida Vitale, visionaria y sensible, en lucha contra el ángel. Entre el ascenso y la caída, entre la clarividencia y la agonía, siempre con un anhelo de ser, de ir más allá del tránsito irremediable.


14 LA SOMBRA

Sábado 19.11.16 EL NORTE DE CASTILLA

DEL CIPRÉS

H

ay en español un tipo de construcciones tan particular como frecuente caracterizado por la presencia del verbo ‘ser’, una oración de relativo sin antecedente explícito y un segmento intensificador o enfático. Me refiero concretamente a ejemplos del tipo ‘En Valladolid es donde vivo’, ‘Con cariño es como hay que tratar a los niños’, ‘El sábado es cuando celebramos los cumpleaños’ o ‘De bobadas es de lo que estuvimos hablando toda la tarde’. Entre los gramáticos no hay acuerdo sobre cómo denominarlas (aunque sí parece que hay unanimidad en considerarlas como un tipo especial de construcciones atributivas) y se las conoce con el nombre de estructuras ecuacionales, estructuras hendidas o estructuras pseudohendidas. Quienes se han ocupado del tema coinciden en considerarlas como estructuras de énfasis en las que se realza una unidad lingüística determinada. En los ejemplos anteriores, el lugar (en Valladolid), el modo (con cariño), el momento temporal (el sábado) y el objeto de la acción (de bobadas). Sostener que son estructuras enfáticas implica que en la lengua hay estructuras no enfatizadas (Vivo en Valladolid, Hay que tratar a los niños con cariño, Celebramos los cumpleaños el sábado, Estuvimos toda la tarde hablando de bobadas). En los enunciados de este tipo podrían considerarse tres partes: a) el segmento enfatizado (en Valladolid, con cariño, el sábado, de política); b) el verbo ‘ser’, portador de los morfemas verbales, que funciona como mero enlace entre las dos partes; y c) la oración de relativo, encabezada por el relativo correspondiente al elemento enfatizado (‘donde’, ‘cuando’ y ‘como’ si se enfatiza un lugar, un momento temporal o el modo o manera de hacer algo, respectivamente; ‘quien’ si lo enfatizado tiene un referente personal; y ‘que’ precedido de ‘lo’

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si el énfasis tiene que ver con el objeto de la acción. Existen tres procedimientos de enfatización: en el primero, el segmento enfatizado aparece en primer lugar (como en los ejemplos de los que he partido); en el segundo, el verbo ‘ser’ encabeza el enunciado, seguido del segmento enfatizado (Es en Valladolid donde vivo; Es con cariño como hay que tratar a los niños, etcétera); en el tercero, el segmento enfatizado aparece en último lugar, como cierre del enunciado (Donde vivo es en Valladolid, Como hay que tratar a los niños es con cariño). No podría precisar cuál de los tres es más frecuente, pero me interesa detenerme en los dos primeros porque son el origen de estructuras en las que la última parte aparece

modificada en dos direcciones: sustitución del relativo correspondiente al segmento que se pone de relieve por la forma ‘que’ y ausencia de preposición en el caso de que tuviera que aparecer. Me refiero a ejemplos del tipo ‘Es de su hijo mayor que se siente más orgullosa’, ‘Así es que se divierten los jóvenes’, ‘Desde el jueves es que no lo veo’, ‘Cien euros es que estoy dispuesto a gastar’, ‘Es con los resultados de los exámenes de sus hijos que está descontenta’ o ‘Fue por ir a más velocidad de la permitida que le pusieron una multa’. Ejemplos que a buen seguro les ‘chirrían’ a muchos de ustedes. Estas construcciones se conocen con el nombre de construcciones de ‘que’ galicado, y no son otra cosa que estructuras copulativas enfáticas formadas por el verbo ‘ser’, un elemento destacado que se antepone al verbo y una oración encabezada por ‘que’. De ellas la ‘Nueva gramática de la lengua española’ de la RAE (2009-2011: §40.12a) dice que «están presentes en todas las áreas del español, aunque son especialmente frecuentes en el de América» y no alude en ningún momento a su consideración como incorrectas, aunque más adelante añade: «aparecen –como formas correctas generalizadas– en francés, italiano, catalán y portugués, entre las lenguas románicas, y en inglés, alemán, danés o noruego, entre las germánicas». Los manuales y libros de estilo recomiendan evitarlas. A mí este caso me parece un ejemplo típico de desencuentro entre los usos y las normas. Desde una consideración no eurocéntrica de la lengua, donde hablantes del español europeo dicen ‘Es en la adversidad donde (o cuando) se conoce realmente a los amigos’, hablantes hispanoamericanos dirán ‘Es en la adversidad que se conoce realmente a los amigos’. Un ejemplo más de diferenciación entre el español de España y el español de América.

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Todo esto te daré. Dolores Redondo (Planeta)

Los herederos de la tierra. Ildefonso Falcones (Grijalbo)

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Mis momentos. Andrea Camilleri (Duomo Nefelibata)

Harry Potter y el legado... J. K. Rowling (Salamandra)

Patria. Fernando Aramburu (Tusquets)

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La montaña de coral. N. Cactus y T. D’Incalci (Fragatina)

Falcó. Arturo Pérez Reverte (Alfaguara)

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Los secretos que jamas te... Alberto Espinosa (Grijalbo)

Los secretos que jamás... A. Espinosa (Grijalbo)

Homo Deus. Yuval Noah Harari (Debate)

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La magia del orden. Marie Kondo (Aguilar)

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La era de la Yihad. Patrick Cockburn (Capitán Swing)

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Ser felíz no es caro. Miguel Ángel Revilla (Espasa)

Los reinos de papel. J. Marchamalo (Siruela)

Estudios del malestar. José Luis Pardo (Anagrama)

Aquellos maravillosos kioscos. J. Ferrer (EDAF)

Las uvas de la ira. Hector Castiñeira (Plaza & Janés)

Emocionario. C. Núñez (Palabras aladas)

Panóptico. Hans Magnus Enzesberger (Malpaso)

Yo no soy mi cerebro. M. Gabriel (Pasado&Presente)

Homo Deus. Yuval Noah Harari (Debate)

Aquellos maravillosos kioscos. J. Ferrer (EDAF)

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La corte de los engaños. Jambrina (Espasa)

Harry Potter y el legado... J. K. Rowling (Salamandra)

La vida del pastor. Rebanks (Debate)

Tú no eres como... A. Schrobsdorff (Errata Naturae)

Mirlo blanco, cisne negro J. M. de Prada (Espasa)

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La felicidad de los pececillos. Leys (Acantilado)

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La caza del carnero salvaje. A. Murakami (Tusquets)

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Ascensiones en la montaña palentina. Villegas (Pindia)

Las uvas de la ira. Hector Castiñeira (Plaza & Janés)

El universo en tu mano. Galfard (Blackie Books)

La España Vacía. Del Molino (Turner)

Guía del cielo 2017. E. Velasco (Procivel)

Las escuelas que cambian el mundo. Bona (P&Janés)

SPQR. Mary Beard (Crítica)

El universo en tu mano. Galfard (Blackie Books)

Ellas mismas. Ángeles Caso (Libros de la letra azul)

Ni pena, ni gloria. F. Grande Marlaska (Planeta)

La Invención de la Naturaleza. Wulf (Taurus)

La Edad Moderna. Luis Ribot (Marcial Pons)

El universo en tu mano. Galfard (Blackie Books)

El acontecimiento poético. J. I. Tundidor (Del laberinto)

Ni pena, ni gloria. F. Grande Marlaska (Planeta)

Estudios del malestar. Pardo (Anagrama)

El cacique de Grijota... Varios (Región)

SPQR. Mary Beard (Crítica)

En el punto de mira. Baltasar Garzón (Planeta)


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Sábado 19.11.16 EL NORTE DE CASTILLA

QUINCE MINUTOS DE FAMA

Alberto Peña Iglesias Nací en Salamanca en 1973. Muy pronto me llevaron mis padres a vivir a Quintanarraya en la provincia de Burgos. Ya con 17 años llegué a Valladolid donde me hice Maestro Asador. Aquí en mi Figón del alma manejo mi horno con buen lechazo castellano, agua, sal y 100 kg de leña al día… pues llevaré más de doscientos mil cuartos de lechazo asados.

ÁNGEL MARCOS


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LA SOMBRA DEL CIPRÉS

Sábado 19.11.16 EL NORTE DE CASTILLA

Director: Carlos Aganzo Coordinadora: Angélica Tanarro

N

o me gusta la luz. Por las noches jamás hay velas o candiles en los cuartos, ni por más frío que haga se encienden en ellos las chimeneas. A veces, en lo más duro del invierno, abro las ventanas y permanezco sentado mientras la nieve entra en las salas heladas. No siento el frío ni me disgusta la oscuridad, forman parte de mi vida. Las velas solo las enciendo para leer. Las noches son interminables y tengo el vicio de la lectura. Sin embargo, no puedo leer mucho tiempo. La leve luz que ilumina las páginas, las delicadas letras como inscripciones hechas en la piel de los cuerpos humanos me recuerdan mis viejas andanzas por los pueblos, mi espera en las encrucijadas de los caminos, mis visitas a los cuartos donde están los durmientes. Ay, el deseo ¿por qué existirá?, ¿por qué nos perturba e invariablemente nos decepciona al realizarlo? Todos en esta comarca saben quien soy, nadie se aventura en las noches por los caminos. No quieren encontrarse con Nosferatu, el vampiro, el no muerto, el portador de enfermedades, ni con su ejército de damas y niños sangrientos. Nuestras salidas en otros tiempos eran diarias y la lista de las víctimas interminable, pero todo esto cesó hace mucho. Los campesinos removían nuestras tumbas durante el día, y acababan con nosotros cortándonos la cabeza y clavándonos una estaca en el pecho. Disfrutaban haciéndolo, pues los hombres son crueles. No es cierto que quieran acabar con la oscuridad, con los deseos infames, con los crímenes. Por eso nos llaman, por eso dejan por las noches los postigos de sus ventanas entornados, quieren ver en nosotros el reflejo de lo que son en lo más hondo de sí mismos. Y esa noche yo vi esa mirada retadora en los ojos de aquella mujer. Te he venido a buscar, me dijeron sus ojos cuando la abrí. Selena, que así se llamaba, era española, de un pueblo del Sur. Era una mujer hermosa que se vestía como un varón. Llevaba el pelo recogido en un turbante, pero esa noche, tras arreglarse en su cuarto, se lo dejó libre sobre sus hombros. Cenamos juntos y cuando por fin se retiró a descansar, me acerqué a su cuarto para verla. A su lado, había dos niños esperando. Les había prohibido que se acercaran a ella pero ¿quién puede controlar a los seres salvajes? Les eché de allí lleno de ira, y estuve contemplando a Selena mientras dormía.

:: ILUSTRACIÓN BEATRIZ MARTÍN VIDAL

El brillo del mundo A la noche siguiente, cenamos juntos. Selena me enseñó los dibujos que había hecho. Donde yo veía putrefacción y miseria, ella veía criaturas anhelantes en cuyo corazón latía una oculta pureza. Pintas cosas que no existen, le dije. Yo desprecio la noche, soy su cautivo, no puedo escapar de su reino, pero Selena amaba su oscuridad, las sombras, el misterio de las sombras, lo que hay mas allá de lo visible. Hay muchas cosas en este lugar que deben de resultarte extrañas, le dije, ¿por qué no me preguntas por ellas? Selena se limitó a encogerse de hombros y, por

toda respuesta, me dijo que quería pintar mi retrato. Naturalmente, me negué. Los espejos no me reflejaban, y cuando me acercaba a mis víctimas solo veía horror en sus rostros. No quería ver mi propia imagen, conocer la razón del espanto que causaba. Pero ella no tardó en convencerme. Ay, las jóvenes y los niños, qué no conseguirán de nosotros, los seres cansados de vivir. A su lado todo se vuelve juego y distracción. Selena tardó varias noches en concluir el retrato. En una de aquellas sesiones me di cuenta de que se había quitado la cadena y la cruz que ce-

ñían su cuello y empecé a visitarla cuando se acostaba. Fueron unas noches magníficas. Ella trabajaba sin descanso en su pintura, que luego cubría con un paño, pues me había prohibido verla sin terminar, y yo esperaba ansioso el momento en que agotada se retiraría a su lecho para visitarla. Una de esas veces, mientas bebía su sangre, abrió sus ojos para mirarme, lo que me hizo realizar el ademán de retirarme. Pero ella me retuvo dulcemente contra su pecho. Soy yo quien lo quiere, parecieron decirme sus ojos. Por fin, me anunció que había terminado el retrato.

Estaba muy pálida, y se quedó dormida sobre la mesa. Volví a beber su sangre mientras la sentía exhalar su último aliento. Su rostro tan leve me recordó entonces esas amapolas que se desmayan en las manos cuando las cortas. Es difícil explicar lo que sentí al retirar el paño que la cubría y verme al fin a mí mismo. Llevaba una larga túnica y permanecía de pie ante una fronda de imprecisos contornos. Tenía las manos afiladas sobre el vientre y mis dedos eran verdes, como aquella fronda. Pero lo más sorprendente era mi rostro. Sin un solo pelo, los ojos amoratados, la boca pequeña de la que surgían dos dientes afilados. No parecía tan oscuro, ni tan maligno. Incluso daba un poco de risa, lo que no me gustó, lo reconozco, y me hizo abandonar el cuarto levemente molesto. Selena estaba muerta y yo cumplí rigurosamente con el ritual que la impediría transformarse en una de aquellas criaturas obscenas que vagaban por el castillo. Y me olvidé de todo aquello. Pero pasó el tiempo y una noche me acordé de las noches que había posado para ella, y sentí el deseo de volver a ver el retrato. Me pareció distinto a la primera vez. Me sorprendió sobre todo la luz que desprendía mi figura. No era una luz que viniera del exterior, sino que nacía de mi propio rostro y de mis propias manos, como esa luz que desprenden las luciérnagas en las noches de verano. Los machos llaman así a las hembras, que atraídas por la fosforescencia de sus cuerpos acuden a su encuentro. Es el deseo el que les hace brillar. Pero esa luz ¿qué es? Estaba en los cachorros de los animales, estaba en los niños, en los jóvenes. No duraba mucho. Los cachorros se transformaban en ganado para el matadero, los niños y los jóvenes en hombres y mujeres que no sabían qué hacer con sus vidas, y esa luz se apagaba. ¿Desprendo yo una luz así?, ¿es ella la que hace que las muchachas me llamen en secreto desde sus lechos, la que hizo que Selena me pintara? Pero ¿qué quieren, qué ven en mí? Han pasado los años desde entonces, y a veces, en las noches más frías, subo a contemplar mi retrato. Y me parece que Selena está allí, viendo cómo lo hago. No preguntes, me dice. Solo los tristes, los moribundos, los pobres tienen necesidad de preguntar. Y un artista nunca es pobre. Incluso en la noche más negra es suyo el brillo del mundo.

DÍAS FELICES GUSTAVO MARTÍN GARZO

Ay, el deseo, ¿por qué existirá?, ¿por qué nos perturba e invariablemente nos decepciona al realizarlo? Su rostro tan leve me recordó esas amapolas que se desmayan en las manos cuando las cortas


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'El hombre invisible', recuperado by El Norte de Castilla - Issuu