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Ellas conquistan el podio

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Sábado, 21.06.14 Número CLXXV

Ellas conquistan el podio Nathalie Stutzmann es la primera mujer que se pone al frente de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León en sus 23 años de historia [P3]

SOMBRA CIPRES LA

DEL

:: HENAR SASTRE


2 LA SOMBRA

Sábado 21.06.14 EL NORTE DE CASTILLA

DEL CIPRÉS

Fermín Herrero, reciente ganador del Gil de Biedma. :: HENAR SASTRE

El poeta abulense José María Muñoz Quirós. :: RICARDO OTAZO

Hacia una escuela poética castellana La Fundación Jorge Guillén publica sendos poemarios del soriano Fermín Herrero y del abulense Muñoz Quirós CARLOS AGANZO

blogs.elnortedecastilla.es/elavisador/

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xiste en la actualidad una escuela poética castellana digna de ser considerada como tal? A priori la respuesta es no. Pese a que los poetas que han nacido o que escriben en Castilla y León ocupan un lugar relevante no sólo en las letras españolas, sino en el conjunto de la literatura escrita en la lengua de Cervantes, lo cierto es que la variedad de estilos, de tendencias y de territorios personales que muestran estos autores es tan grande que a un estudioso le costaría, al menos a primera vista, encontrar rasgos claros de identidad entre ellos. La pregunta me viene a la cabeza por la coincicencia en la publicación, con apenas unos días de diferencia, de dos títulos de dos autores castellanos y leoneses en las colecciones de la Fundación Jorge Guillén. De una parte, el fla-

mante ganador del último premio Gil de Biedma, el soriano Fermín Herrero, que ha dado a la imprenta tres libros inéditos, entre ellos ‘Ilyria’, el primero de su producción que considera «para bien o para mal, cuajado», y que se incluye, al lado de ‘Espejismo’ y de ‘Zizkov’, en el volumen conjunto ‘Inmediaciones’ (número 76 de la colección Cortalaire). De otra, el abulense José María Muñoz Quirós, que presenta un nuevo libro suyo, absolutamente personal, en un año en el que se esperan al menos dos títulos más con su firma, publicados en diferentes lugares de España: ‘El brillo de la tormenta’ (número 7 de la serie Maravillas Concretas). Evidentemente, no resulta fácil identificar, utilizando estos dos casos concretos, espacios comunes que pudieran ayudar a pensar en una escuela, como no fuera una cierta

presencia, patente o latente según las ocasiones, de la naturaleza y del paisaje de Castilla en el fondo íntimo de sus poéticas. Y más si hablamos de las obras primerizas de Fermín Herrero, donde todavía no se percibe con claridad todo ese gran despojamiento que constituye lo mejor de su obra posterior. «En la inquieta palabra –escribe Muñoz Quirós– / me construyo el paisaje / que me limita, el árbol / donde en su sombra miro / deshacerse la carne de la lluvia / al resbalar sobre las hojas». «Has de inventar la lluvia –parece que le replica Herrero– / en adelante, el néctar sobre el trébol, / el cáliz de los lirios y la semilla / que profanas». Sin embargo, basta hacer el ejercicio de escuchar al tiempo las dos voces, a lo largo de sendas trayectorias que se prolongan a lo largo de varios decenios, para encontrar una ine-

quívoca armonía. Esa armonía que José María Muñoz Quirós y Fermín Herrero, al lado de otros poetas como el zamorano Jesús Losada, el salmantino José Luis Puerto o el palentino César Augusto Ayuso, por citar sólo a unos cuantos, mantienen también en producciones que, por más que busquen, experimenten, se pierdan o se distraigan en inquietudes individuales, terminan siempre gravitando sobre universos comunes: la emoción del paisaje, la tentación del silencio, la perplejidad ante el paso del tiempo, la tendencia a la desnudez, la pulsión del lenguaje y, al fondo, el misterio. Huellas que vienen de Jorge Manrique, que pasan por fray Luis de León, y que confluyen en Jorge Guillén y Claudio Rodríguez. Y que cuentan con su poeta en avanzadilla, Antonio Colinas, y hasta con su cantor: el Amancio Prada de la música callada de San Juan. Después, cada quien tiene su canto, su voz propia e inconfundible, su vuelo que toma diferentes direcciones y diversas alturas. Pero que, como sucede en toda buena formación de jazz, nunca se aleja tanto del sonido conjunto como para romper su armonía. Por eso es siempre tan nueva, tan por estrenar, tan sorprendente, tan vibrante la poesía que escriben estos poetas nuestros. Y tan reconocible, al mismo tiempo, por la memoria del corazón. ¿Existe una escuela poética castellana? En ocasiones pienso que sí.

INMEDIACIONES Autor: Fermín Herrero. Fundación Jorge Guillén. Colección Cortalaire, Nº76.

EL BRILLO DE LA TORMENTA Autor: José Mª Muñoz Quirós. Fundación Jorge Guillén. Colección Maravillas Concretas. Nº 7.


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Instrumentistas, cantantes, compositoras, pedagogas, las mujeres han ido demostrando sus habilidades en todos los campos de la música. Desde los noventa tienen cierta presencia en los

podios internacionales, aunque las batutas femeninas son aún excepcionales. La contralto Nathalie Stutzmann es la primera mujer que dirige a la OSCyL en sus 23 años de historia.

Nathalie Stutzmann Directora

«Parece que algunos directores temen que seamos buenas» VICTORIA M. NIÑO

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a cita de esta semana con la Sinfónica de Castilla y León pone fin a su temporada, un año lleno de acontecimientos para Nathalie Stutzmann (París, 1965). Ha venido otras veces a Valladolid en su condición de cotizada contralto, pero en esta ocasión es la primera batuta femenina que se pone al frente de la OSCyL. Para su debut en el podio del Miguel Delibes ha elegido la ‘Sinfonía nº40’ de Mozart y la ‘Cuarta’ de Mahler. «Dirigir Mahler es un reto estimulante, me resulta difícil describirlo porque es una música que está en mi sangre. Cantarlo desde dentro de una orquesta, sintiendo esa gran vibración convierte la música en algo orgánico, natural, así que espero pueda trasmitirlo a la orquesta», explica esta hija de cantante. Y de la obra sinfónica de Mozart ¿por qué la más popular? «Me gusta hacer obras muy conocidas desde otra perspectiva. Precisamente porque es conocida, hay que intentar refrescar su audición, dar otra visión a la orquesta. Es un reto interpretarla y ese es nuestro trabajo: poner nuestra vida en la música, no solo tocar lo que pone en la partitura, eso lo puede hacer un ordenador. Y lo que debe hacer el director es ser esa inspiración para el equipo». –Creó su orquesta de cámara, Orfeo 55, pero no se ha ceñido al mundo vinculado a su tesitura (contralto), el barroco. –Nunca fue mi especialidad, no me gusta especializarme. Me gusta la música no porque sea barroca o clásica sino si es bonita o no. He hecho mucho Händel y Bach. Acabo de gra-

bar un disco de arias de Händel con Orfeo 55. Esa es una parte de mi vida, pero lo que prefiero es la dirección sinfónica, es un anhelo que está desde el inicio dentro de mí. Solo quiero ser director, sin apellido. Hay muchas mujeres especialistas en barroco. Yo solo quiero mostrar la música, toda la música, de otra forma. Ahí sí soy una pionera. En febrero dirigí la ópera de Donizetti ‘L’elisir d’amore’ en Montecarlo. Al acabar hablé con Carolina de Mónaco y me dijo que era la primera mujer que dirigía en ese foso. Para mí fue un cierto shock. Pero luego gana la música, me han pedido que vuelva así que es buena señal. Espero sea más normal en adelante –¿Aportan las mujeres una lectura distinta de la música? –Eso es muy difícil saberlo. Creo que le pasa como a otras profesiones; cuando se habla de líderes profesionales, se identifica con hombres. En el caso de las mujeres, la gente siempre espera que hagas más porque eres mujer en un territorio dominado por los hombres. Sinceramente creo que siempre habrá más hombres en el podio porque es una carrera que demanda mucho tanto físicamente como mentalmente. Es muy exigente, tienes que ser muy fuerte, se necesita un carácter especial, incluso dentro de las mujeres fuertes porque tienes que ponerte al frente de mucha gente. A veces mis colegas consideran más gratificante hacer su papel, interpretar o cantar tu parte y dejar que te aplaudan, así todos te quieren. Yo tengo una ventaja, mi tamaño. Soy una persona grande, y creo que eso intimida más a la orquesta que si fuera una ‘lady’. No significa que por ser mujer seas buena, pero esperan que seas mejor. Conozco a muchos directores malos y a nadie le preocupa que sean hombres, son

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La contralto francesa Nathalie Stuztmann ha estado en otras ocasiones en Valladolid como cantante. :: HENAR SASTRE


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malos sin más. En cambio en el caso de las mujeres, se subraya este extremo. Para mí dirigir es algo natural, hasta el punto en el que olvido que aún es, en cierto modo, una rareza. Hay expectación, como en el primer ensayo con la OSCyL. Pero a los diez minutos ya nadie, o así creí percibirlo, pensaba en mí como una mujer sino como un músico compartiendo música con ellos. Por supuesto hay curiosidad, me conocen como cantante, pero después no importa. Al final todo depende de tu personalidad. –Se formó en dirección con Jorma Panula y luego contó con el apoyo de Rattle y Ozawa. ¿Qué le parecen las declaraciones de Panula sobre que «las mujeres carecen de habilidad para dirigir»? –Las hizo recientemente sí, son terribles. Hablaré con él. Dirigí este año en Helsinki, y él, que nunca deja el campo, vino a verme e hizo todo el

viaje para escucharme. Me felicitó con el entusiasmo del profesor orgulloso de su alumna. Quizá algo le pasó a su cerebro, quizá tuvo una mala semana con alguna mujer que quería ser directora y no tenía talento suficiente. En cualquier caso hubo muchas reacciones en su contra. Mis mentores, Rattle y Ozawa no son así, me animan mucho y gracias a ellos tengo giras. –Panula es octogenario, pero un director mucho más joven como Vasily Petrenko se manifestó de parecida forma anteriormente ¿son voces aisladas o hay una corriente en la música actual? –Las de Petrenko fueron unas declaraciones innecesarias. Todo esto me lleva a pensar que quizá empecemos a molestar, parece que temen que seamos buenas y lo encuentro divertido. Quizá les demos miedo. –También Panula apunta como compositores ‘masculinos’ a Stravinsky o

La directora estadounidense Main Aslop. :: GRANT LEIGHTON

Bruckner frente a otros más ‘femeninos’ como Debussy. ¿Comparte esa división? –Para mí dividir las obras en masculinas y femeninas es una simpleza. Debussy era francés, no femenino. Eso solo quiere decir que quizá los franceses seamos mas refinados, o lo pretendemos, como idea nacional, independiente de si eres hembra o varón. Fundamentalmente creo en la gente equilibrada, que tiene una parte de yin y otra de yang. Me parece que es más rico e interesante encontrar gente equilibrada y ellos me parecen voces aisladas. –Debutó en la dirección tras una exitosa carrera como contralto ¿por qué asumió ese riesgo? ¿Por qué pasar de una orquesta de cámara que controla al proceloso mar del sinfonismo? –En el fondo de mi ser había una voz que me decía que debía hacerlo. Es la culminación de mi pasión por la música. Crecí como pianista, como

«La dirección es la culminación de mi pasión por la música. Me gusta cantar, pero la voz es solo un instrumento» «Sé lo difícil que es tocar o cantar con un mal director, así que intento que la orquesta sea feliz tocando»

bajo, como cantante. Siempre me gustó cantar, adoro la música vocal, pero mi voz es para mí solo instrumento, lo utilizo así. Una sola voz es limitada. La música es armonía, arquitectura, ritmo, color, y creo que alcancé el punto donde ya no tenía ningún

La francesa Nadia Boulanger.

problema técnico, podía resolverlos fácilmente, pero musicalmente no podía expresar todo lo que tenía dentro. La voz tiene un repertorio limitado, el color del contralto es bonito pero reducido el número de obras para ella, aunque yo intentara explorar todo. Estaba en el punto en que necesita mostrar lo que había aprendido, lo que siento. Quería hacer música de verdad. –¿Hacer música de verdad es controlarlo todo? –Es construir, cuando tienes en tu cabeza la música desde la primera a la última nota. Cuando eres cantante o instumentista dependes de un director, no llegas a la interpretación que tienes en el corazón. Mientras que como director puedes sugerir. Sé lo difícil que es tocar o cantar con un mal director, que no transmite, así que intento hacer feliz a la orquesta. Debemos recordar siempre por qué hacemos música, puede ser

La australiana Simon Young. :: RETO KLAR

Mujeres con batuta :: V. M. N.

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adia Boulanger (1887-1979) es un buen ejemplo de mujer interesada por la música en su totalidad; la interpretación, la composición, la docencia, la dirección. Algunos de sus últimos alumnos –Gardiner, Barenboim, Philip Glass, Quincy Jones– llenan patios de butacas. Durante siete décadas su piso parisino fue una escuela visitada por intérpretes y compositores, estrenó obras de Stravinsky y de Copland, dirigió la BBC Symphony, la de Boston, la de Filadelfia o Nueva York cuando en la mayoría de

los países europeos la mujer no tenía derecho al voto. La organista de la boda de Rainiero con Grace Kelly, la pianista que tocó para John F. Kennedy y Jackie, dedicó su vida a la música sin que su falda significara más que una prenda propia de su sexo. Boulanger dirigió más en América que en Europa. Influyó el parón de las guerras en el viejo continente, pero su caso evidencia una incorporación al podio más natural en el nuevo territorio. La matriarca de la dirección operística fue la niña prodigio Sarah Caldwell (Missouri, 1924-Maine, 2006). La también violinista Marin Aslop (Nueva

York, 1956) es ayudada por Leonard Bernstein en el camino de la dirección sinfónica. Hoy en día es titular de la Sinfónica de Baltimore y principal invitada de la de Sinfónica de Sao Paulo. Uno de los que la invitaron a dirigir fue Jesús López Cobos. «Recuerdo aún el revuelo que causó en Cincinnati el ver en el podio a una mujer. Fue a comienzos de los noventa, cuando yo, como director artístico de la orquesta, invité a Marin Alsop. En estos años ha habido un auténtico boom de jóvenes directoras que han enriquecido nuestra profesión, colaborando a que se pierda poco a poco la idea de que

La directora tinerfeña Gloria Isabel Ramos. :: G. R. director es sólo una palabra masculina. La música no tiene género y todos, hombres y mujeres, tienen mucho que decir a partes iguales». Nacida en Montevideo en una familia judía Gisele Ben-Dor debutó en 1991 y desde enton-

terrible tocar durante seis horas sin ningún placer. Empecé a cantar con Karajan y sobreviví a todos estos directores, es divertido compartir estar experiencias. De alguna forma tengo la sensación de que, aunque es diferente, el trabajo que hago con la orquesta es parecido al que hago yo con mi voz, siempre intento hacerlo así. Nadie lo nota. Cuando cantas, todos se fijan en la voz, te dicen «me encanta, su color» y es bonito oírlo. En cambio cuando dirijo, la gente sí se pregunta cómo hago musicalmente esto o lo otro. Hablamos de música no de la voz, para mí es gratificante. –No es extraño ver dirigir desde el piano o algún otro instrumento, pero sí era nuevo hasta usted un director que cantara a la vez. –Es otra de mis ideas locas que parecen ser mi especialidad. Siempre tuve dos sueños en mi vida, cantar y dirigir. Tenía que encontrar el momen-

ces no para de dirigir las grandes sinfónicas por el mundo. Su labor activa en favor de las mujeres directoras desde 1999 en San Francisco la ha convertido en mentora de otras muchas colegas. La australiana Simone Young (Sydney, 1961)

es la primera directora titular de una orquesta europea, la Filarmónica y la Ópera de Hamburgo y lo es en la doble vertiente musical y administrativa. La británica Jane Glover, la francesa Emmanuelle Haim, la letona Anu Tali, la alemana Catherine Rückwardt, son otros ejemplos de directoras. En España la primera directora titular ha sido la tinerfeña Gloria Isabel Ramos (ganadora del Concurso de Cadaqués) quien estuvo al frente de la Orquesta de Córdoba entre 2001 y 2004. En la temporada 2009-10 debutó con la London Symphony tras rodarse en los podios alemanes. Hay docenas de españolas formadas para llevar la batuta, muchas trabajan en un plano discreto como Alicia Coduras, otras como Pilar Jurado son más visibles.


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to adecuado para iniciar esta carrera de directora, pero quería que fuera dirección de verdad, sinfónica y de ópera. Aún soy joven y puedo cantar y un día tuve el sueño de algo que nadie había hecho, cantar y dirigir. Todo el mundo dijo, «es imposible», y eso me llevó a intentarlo; «claro que es posible y os lo demostraré». Me decían es ridículo, te va a agotar, no podrás cantar más, etc... Lo hice a mi manera, y como me resultaba natural, lo logré. Al cabo de cinco años el público se ha acostumbrado, nadie lo encuentra raro ya. Necesitamos abrir nuevas caminos a la gente. Esto se ha constituido en costumbre en mi caso. Una de las cosas más emocionantes de la vida es intentar alcanzar tus sueños. Cuando sueño algo, intento hacer lo posible por lograrlo, no sé por qué pero es así. Siempre me gusta ponerme retos. –¿Cuál es el próximo? –Me encantaría ser directora

titular de alguna orquesta sinfónica. Me gusta la idea de un largo camino juntos, tener ocasión de construir una relación de amistad y trabajo. Lo he vivido con Orfeo 55, veo cómo tocan hoy y cómo sonábamos hace cinco años y es interesante observar la evolución, me encantaría poder hacer eso en una sinfónica. Hay un repertorio inmenso, me gustaría hacer las sinfonías de Brahms, las de Mahler, como hago esta semana la ‘Cuarta’ que quiero disfrutar al 100%. Recientemente hice mi primera ópera y me han invitado para ‘Tannhäuser’. –Ha trabajado con los especialistas historicistas y sus orquestas, pero no ha querido quedarse entre ellos ¿no le seduce tanto el barroco? –Me encantan esos especialistas pero no podría ser uno de ellos, es demasiado reducido para mí. Adoro a Händel, hace dos semanas terminé el próximo disco sobre sus arias, también a Bach. Me gusta can-

tar con orquestas barrocas, pero también me gusta la sinfónica. Aquel es un mundo demasiado limitado, aprendes mucho de cada tipo de gente. Con la voz pasa igual, como contralto podría cantar solo barroco, pero ¿qué hay de Mahler o Debussy, de Schubert, Schumann o Brahms? Me los perdería, no puedo limitar mi vida así. ¡La música es tan rica! Creo que los músicos deben tener una completa visión del repertorio. Cuando pienso en Mahler incluso en Mozart interpretados con instrumentos modernos me es sencillo gracias a que conozco las reglas de barroco. Ayuda mucho, puedo hablar con mis músicos de diferentes sonidos, más cortos, del control de vibrato. Como cantante de Malher cuando lo hago con mi orquesta de cámara y lo encuentro pequeño, les pido más y ellos saben a qué me refiero. Me gusta abrir puertas. La semana pasada toqué con Orfeo otro pro-

grama loco en París. La primera parte eras cantatas y arias de Bach con instrumentos antiguos, luego un concierto de violín de Bach con instrumentos modernos y Renaud Capuçon como solista. Y la tercera parte, dirigí Schönberg, ‘Noche transfigurada’. Mostrar ala conexión de la música y sus mundos es interesan-

«Ser pionera, abrir nuevos caminos, se ha convertido en mi especialidad» «Siempre habrá más directores que directoras, es un trabajo muy exigente física y mentalmente»

El privilegio de interpretar a través de otros

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i sueño era aprender a dirigir una orquesta sinfónica y en pos de él estudié todas las especialidades superiores de música que me permitieron alcanzarlo. Pertenezco al Plan 66 según el cual era necesario estudiar dos instrumentos para cursar dirección. Escogí piano y guitarra. El Real Conservatorio Superior del Liceo pasó a ser mi segunda casa. No tenía buenas condiciones como instrumentista, pues mis manos eran muy pequeñas. La voluntad fue mi motor. La meta era la dirección y la composición. Estudié con Salvador Mas durante tres años y los dos restantes con Albert Argudo. El ser mujer se perfiló como un elemento diferencial desde el primer momento. Aún recuerdo la pregunta de Mas: ¿por qué quieres ser directora de orquesta? Esperaba que leyese mi mente y que adivinase que mi sueño era conducir con mis manos la música. Vi que tenía una ardua labor por delante: demostrarle que era capaz. Mas nos aportó técnica, ética, un profundo conocimiento de la sinfonía clásica y del funcionamiento de la orquesta así como de la psicología para tratarla. Fue duro con las mujeres y me explicó el porqué: hasta la fecha, el mundo de la dirección había sido masculino. Las mujeres que llega-

ALICIA CODURAS MARTÍNEZ

Directora. Responsable de la Orquesta de Almansa.

sen debían estar dispuestas a soportar de todo. Su entrenamiento fue extraordinario y las dos de su promoción que llegamos al final podemos dar testimonio de que somos todo terreno. Mi entrada en la dirección semiprofesional se produjo cuando el Conservatorio me otorgó la responsabilidad de crear la orquesta de grado medio. También puse en marcha la orquesta de cámara de la Basílica de Santa María del Mar, dirigí como invitada la orquesta de acordeones, la banda Municipal de Barcelona y otras formaciones, pero nunca tuve una oportunidad real en el mundo profesional. Desde 1990 dirijo la Orquesta de Cámara de Almansa Gaspar Cassadó. Se trata de un proyecto mu-

sical y pedagógico que llena el vacío existente. Es duro, con pocos medios y está «en el fin del mundo», pero nunca he dejado de dirigir y eso es lo que yo más ansiaba en esta vida. Esta actividad me permite trabajar con jóvenes, ver cómo progresan y alcanzan metas más lejanas. Supongo que el hecho de ser mujer me ha condicionado para quedarme en ese discreto plano musical en España, pero todo ello lleva llenando ya más de quince años de mi vida. La forma de trabajar de un director no depende del género, sino de su personalidad y de su escuela. Todos los directores aportamos algo a las obras: cualquier interpretación es una aproximación a lo que hay escrito en una partitura. No existen versiones exactas y así debe ser. El carácter de cada uno de nosotros es la clave de la interpretación, así como la energía y los sentimientos. Cuando el director conecta con la orquesta y logra ese estado de comunión que no se puede explicar con palabras, no hay sensación que se le pueda igualar. Por todo ello, no puedo más que dar las gracias a todos los músicos que han confiado en mí: soy directora de orquesta y es un privilegio, pues constituye una de las actividades más bellas que puede experimentar un ser humano.

te, ver cómo los instrumentistas pueden adaptarse produciendo distintos colores pero sin embargo no cambia la forma de hacer música. –¿La ha dirigido alguna vez otra mujer? –Aún no pero seré dirigida por Marin Aslop en octubre. Cantaré la ‘Tercera’ de Mahler en Sao Paulo. Este año estuve con ellos como artista en residencia. Ahora vuelvo como invitada con su directora titular al frente. –¿Cómo se viste para dirigir? –Tengo dos o tres formas, a veces cambio. Para esta ocasión elegí el blanco y negro. Cuando dirijo, el traje debe dejarme ser yo misma, no puedo ponerme algo para parecer lo que no soy. Dirigir es una actividad muy física, necesitas estar cómoda por eso necesito pantalones, te mueves mucho. Necesitas sentir libres tus brazos. El frac esta diseñado para el cuerpo de los hombres, a ellos les queda per-

fecto, a las mujeres no tanto. En vez de frac, tengo chaquetas chinas, flexibles, pero ahora con el calor no las uso. Prefiero una chaqueta abierta. –Las manos son el segundo elemento expresivo como cantante, y el primero en la dirección. –También la cara, todo el cuerpo, es el lenguaje del cuerpo, este es nuestro instrumento en el podio. Es raro hacer música sin producir el sonido cuando estás acostumbrada a hacerlo. –¿Hay música en sus vacaciones? –Me gusta nadar en el mar. Hago dieta de una o dos semanas sin música, aunque en mi cerebro siempre está. Después de la dieta, pongo algo de música, a menudo los conciertos de violín de Bach y entonces lloro. Me doy cuenta de que esa es todo mi vida, mi comida es la música. Mi energía viene de la música. Si no fuera por la música sería una batería descargada.

«Nunca quise ver techos de cristal, por eso rompí tantos» Pilar Jurado Soprano, compositora y directora :: V. M. N.

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iempre va subida sobre tacones altos, hasta cuando ensaya, «es que no sé ir con otra cosa», dice. Pilar Jurado comenzó como soprano y sigue siéndolo, pero también la primera compositora en estrenar en el Teatro Real, empresaria de su propio sello discográfico y directora. «No me hice hueco en la composición por ser intérprete vocal reconocida, fue todo al mismo tiempo. El mismo año que la prensa nacional e internacional se hizo eco de mí y mi actuación en el estreno de ‘Antigua Fe’ de Luis de Pablo –en la inauguración del Madrid Cultural 1992– comencé a ser premiada en concursos de composición, lo que me llevó a emprender de forma paralela estas dos disciplinas», explica la madrileña.. «Los contratos internacionales como soprano se simultanearon con los encargos que recibía de diferentes instituciones y me vi obligada a abandonar la docencia que hasta el momento desarrollaba en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. Al poco tiempo concluí mis estudios de dirección de orquesta y empecé a dirigir conciertos con algunos grupos instrumentales y orquestas. Así se comienza y es el destino el que va guiando tu camino». Considera que la naturalidad con la que pasa de un campo a otro se debe «posiblemente el hecho de que nunca haya visto imposibilidades. Nunca quise ver techos de cristal y quizás por eso dicen que rompí tantos. Una carrera musical es difícil y muy exigente llevarla a cabo seas hombre o mujer, requiere de mucha confianza

Pilar Jurado. :: IÑAKI BILBAO en tus posibilidades y un tesón a prueba de bombas». Más que sensibilidades devenidas del sexo considera que «es la persona y sus circunstancias las que determinan la calidad de su trabajo», cuenta quien cantó a las órdenes de Gloria Isabel Ramos «en una fantástica experiencia». «Poder expresarme musicalmente en cualquiera de las disciplinas que desarrollo es un privilegio, es poder aportar una visión global del universo musical que recreo que obviamente pasa por el tamiz de mi sensibilidad femenina», afirma Jurado. «Creo que el gran logro de las mujeres de este siglo es convertir en hechos naturales lo que hasta ahora han sido sólo excepciones».


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La tragedia de Laertes es su ignorancia. No sabe por qué huele a podrido en Dinamarca

The Drilling Company en acción, en un parque de Manhattan. :: J. RODRÍGUEZ-VELASCO

Laertes, o la corrupción del reino N

o todos los días sucede que Laertes te estreche la mano. Mucho menos aún que te ofrezca el refugio de su paraguas rojo para resguardarte de la lluvia. Pero puede suceder en Bryant Park, a espaldas de la Biblioteca Pública de Nueva York, un rectángulo de hierba arrancado al fárrago y al tráfago de Times Square que grita dos manzanas más al oeste. Pero podía suceder entre jueves y sábado del pasado mes de mayo, sobre todo si se trataba de un día de primavera hecho un rosario de tormentas. Una de las cuentas del rosario cae a las siete de la tarde. Zeus amontona las nubes y arroja los rayos con liberalidad digna de mejor causa, y el reino de Dinamarca es solamente una precaria combi-

nación de lonas y lienzos y bastidores y palenques de metal que rezuman agua por todas partes. Todo parece anunciar que este escenario no se convertirá hoy en un reino que huele a podrido. Nadie hablará con un fantasma ni increpará calaveras; la mujer no estará insistiendo en exceso, ni nadie tendrá que ser cruel para poder ser gentil. Nadie pedirá en el último suspiro que se intercambien los perdones. Las pocas personas que ahora se sientan alrededor de la escena en sillas y veladores de metal verde incómodo y dejándose empapar por el cielo ennegrecido están casi seguras de que esta tarde no se producirá la magia del teatro. Algunas están planeando ya volver mañana o pasado y consultando, desesperanzadas, las previsio-

nes meteorológicas; otras se preguntan en qué emplearán el resto de la tarde; algunas otras ya se fueron hace un rato.

ISLA FLUVIAL JESÚS RODRÍGUEZVELASCO

La lluvia para un instante y Hamilton Clancy, el director de The Drilling Company, se aventura entre las piezas mojadas sobre la escalinata que hace de proscenio. Desde allí anuncia a la audiencia que, a pesar de la lluvia y a pesar de la que se avecina, los actores saldrán a escena. Claudio, Polonio y Laertes, sin embargo, se presentarán sin sus aparatosas bandas de tul, para evitar que el inminente chaparrón los arruine. Lo mismo da lo que haga Hamlet porque está loco. La reina saldrá tan elegante como debe sin bajarse de sus zapatos de tacón, y Ofelia llevará unas dudosas zapatillas de color rosa. Rosencrantz y Gildernstern, como si no, porque de todos modos nadie sabe quién es quién. La obra, dice Clancy –a quienes ustedes quizá conoz-

can por sus papeles en películas de los hermanos Coen–, se representará con unos pocos cambios pues tanto el piso como las estancias del que será un castillo están resbaladizas y conviene no hacer demasiadas cabriolas que acaben con alguna que otra crisma rota. The Drilling Company no sólo significa Empresa de Perforaciones o Compañía de Ensayos, o cosas así (‘drill’ es también un ejercicio o un simulacro). También se puede traducir como Compañía de Prospecciones. Puede decirse que hoy este Hamlet es una enorme prospección, un ensayo no por representar lo que hay, sino por explorar lo que muy bien podría haber. Según dice su propia página en línea, el proyecto de esta compañía «se basa en el jazz. Es la conjunción de muchas vo-

ces en torno a un tema universal, o en torno a una melodía, que sirve como apoyo a la expresión de lo individual.» La compañía prevé cierto grado de improvisación, es decir, lo que toda la vida, en la jerga teatral, se llamó morcillas. Todas estas morcillas no inquietan a nadie. ¿Puede también el espectador improvisar? El espectador tocado por la mano y la cúpula protectora de Laertes ya no puede ver la obra desde la infinita abundancia de palabras de Hamlet. Quiere entrar en la casa de la tragedia por una puerta diferente. Este individuo de la audiencia que se revuelve en su silla sabe que esta entrada no carece de consecuencias. Sigmund Freud eligió la tragedia de Edipo para tender algunos hilos centrales del psicoanálisis, pero ¿y si, como sugiere Judith Butler –desarrollando una intuición de George Steiner–, el psicoanálisis hubiera decidido escuchar la voz de Antígona? La tragedia de Laertes es su ignorancia. No sabe por qué huele a podrido en el reino de Dinamarca. Todos los demás saben y engañan, o saben e intentan deshacer el engaño. Laertes simplemente ignora. Es el pelele de las trazas de los otros. Parece haber una sola razón para su ignorancia: sólo él dejó de sacar los boletos para poder ver cómo una compañía de comediantes aficionados convertía el palacio del rey de Dinamarca en el palacio del rey de Dinamarca; su mente no pudo hallar el camino en el laberinto de la catarsis al ver el rostro del rey en ese momento en que un malhechor que desea ser rey destila en silencio unas gotas de veneno en el oído del rey. No ve el rostro del rey cuando ve que otro lo representa sí mismo fingiendo el dolor por la muerte del rey. Laertes, que no a asistido a la velada, no puede darse cuenta de que los cómicos no pueden guardar nada para sí, lo cuentan todo, iluminando zonas invisibles de la política y la sociedad. Como no está presente en ese instante sublime del teatro, Laertes no puede saber por qué han perdido la vida y el juicio su padre y su hermana. Cuando Laertes yace exangue en escena, la tormenta se reanuda y ya es de noche.


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Exposición de Antoni Arissa en el Espacio Fundación Telefónica. :: JAVIER LIZÓN

Arissa 5 de junio He visto una foto excepcional de un fotógrafo excepcional. La foto se titula ‘El perseguido’. Es un contraluz en una calle en curva, un hombre con sombrero y gabán avanza por la calzada con las manos en los bolsillos, hace frío, quizá sea un hombre apacible; el sol parece de atardecer y proyecta la sombra del hombre en un suelo adoquinado. Es una escena de los años treinta, posiblemente. Lo que vuelve enigmática esa foto, revelando un instante insólito como los que buscaba captar el gran CartierBresson, es que hay dos sombras. Existe otra sombra detrás de la sombra del individuo que camina; pero no se ve a quién pertenece esa segunda sombra, está tapado por el único hombre de la foto. Esa sombra sin cuerpo lo trastoca todo, crea de la nada una historia posible y verosímil: a raíz del hecho de que tiene detrás otra sombra que no es la suya, el hombre de la foto pasa a ser de inmediato un perseguido. Alguien lo sigue. Quizá él no lo sepa. Quizá, como dice un verso de Carlos Piera que recuerdo, «persiguen en ti lo que no eres». No

importa si es cierto, baste con que el espectador lo imagine para que enseguida se pregunte por qué y por quién es perseguido ese hombre, y así convertirlo en personaje de una trama. Aquí el fotógrafo, como los espías, se ha limitado a crear la coyuntura –un hombre con dos sombras evidentes–, el resto es cosa de nuestra imaginación. El fotógrafo, sin embargo, no es muy conocido para el gran público. Lo será más a partir de ahora, gracias a la brillante exposición que la Fundación Telefónica le dedica en Madrid. Su nombre es Antoni Arissa (1900-1980) y es, sin duda, uno de los mayores fotógrafos españoles. Pero su historia es la historia de un silencio. No siempre fue fotógrafo, apenas solo entre 1922 y 1936. Era impresor y tipógrafo. Al acabar la Guerra Civil abandonó la fotografía para sumirse en la invisibilidad y la desgana, dedicándose solo a su imprenta. Falleció en 1980 y sus herederos se desprendieron del material fotográfico, mucho del cual se destruyó. Una desgracia, a la luz de cómo se considera hoy el inmenso valor de este artista de la fotogra-

‘El perseguido’, de Antoni Arissa. :: COLECCIÓN TELEFÓNICA fía. Lo poco que se conservó, se vendió a un chamarilero; alguien con vista lo compró y lo cedió al Museo Nacional de Arte de Cataluña. Como todo el mundo, tampoco yo sabía nada de Arissa. Leo en la información de la exposición que su descubrimiento

OTRA GALAXIA ADOLFO GARCÍA ORTEGA

se debe al trabajo de los historiadores Rafael Levenfeld y Valentín Vallhonrat. Hemos de estarles agradecidos por darnos la oportunidad de ver la obra, aunque sea en parte, de un fotógrafo inmenso, expresivo, innovador, sofisticado, intuitivo, a la altura de los grandes de su tiempo. Esta exposición es un acto de salvamento y de gozo estético deslumbrante.

6 de junio Arissa se exilió de sí mismo. Pienso en ello. Exiliarse de todo no es mala idea. Regresar algunas veces, pero de incógnito, regresar sin avisar y volver a marcharse. He aquí algunas nuevas conjugaciones del verbo ‘escribir’, que, en reflexivo, también quiere decir ‘irse’.

7 de junio Detecto por todas partes una voluntad por amaestrar la literatura, por hacerla simple,

rebajarla a niveles de comprensibilidad básica, casi infantil, por dejarla en manos de una masa de lectores incompetentes y planos; es como si en el teatro se le diera al público el papel de los actores. El resultado está a la vista: se prima poco o nada el riesgo en la creatividad literaria, abunda la repetición mortecina; se publican sin cesar novelas que no transmiten pensamiento sino vacío, anestesia, inanidad; el lector medio no busca horizontes nuevos, se ha encallado en el embotamiento de una literatura insípida e incolora. No hay un viaje en la lectura, sino una permanente sensación de llegada ya en la misma salida, llegada de no sé sabe de dónde, además. Vivimos el imperio de la lectura caducada mientras se consume. Pero no hay que engañarse: la revolución siempre está en la técnica, en los soportes, no en las palabras. La mente va detrás, poniéndolas.

9 de junio No me cabe duda de que ‘Días de Nevada’ (Alfaguara), el último libro de Bernardo Atxaga, escritor con mayúscula desde hace muchos años, es una novela, y de las más originales que he leído últimamente. Tiene la fuerza de la ficción y la estructura articulada de unos episodios dentro de otros episodios. Para mí eso es una novela y la leo como tal. Me atrapa como si me zambullese en una piscina y reconozco que no puedo sustraerme al poder hipnótico que, en todo caso, tiene

B. Atxaga. :: R. GUTIÉRREZ este libro poderoso y sencillo. ¿Sencillo? En absoluto. La sencillez siempre es equívoca en Atxaga. Ha elaborado aquí, en realidad, un mecanismo de relojería con forma de paisaje desértico. ‘Días de Nevada’ es un diario pormenorizado e íntimo de la estancia en Reno de un escritor vasco y su familia; en él se entreveran historias, recuerdos, sucesos, personajes y vivencias del momento presente y del pasado, con una evocación sutil. Y de pronto se transforma en algo mucho, mucho más complejo que un diario. Está al nivel de ‘Un hombre solo’ (1994), novela extraordinaria de Atxaga cuya redacción me sigue pareciendo inimitable. ‘Días de Nevada’ posee el don de la expresión precisa, rescata los detalles y, al nombrarlos, salen de la trivialidad a la que estaban destinados para pasar a ser piezas importantes de una fábula portentosa.


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DEL CIPRÉS

Ángeles Caso

EL ESCRITOR EN SU BIBLIOTECA

‘La Odisea’ Homero Aguilar

«Fue una lectura que me deslumbró de niña. Un libro que leí en su momento como una novela de aventuras, y que ahora me sigue deslumbrando con su profundidad».

‘Las olvidadas. Una historia de mujeres creadoras’ Ángeles Caso Planeta

Un rincón de su biblioteca. :: J. M.

JESÚS MARCHAMALO

H

abíamos hablado por teléfono un par de meses antes, y me contó que acababa de cambiarse de casa. Una de esas mudanzas que todavía era un recuerdo palpitante: su biblioteca metida en cajas –¡ay!– y sus libros, los pobres, buscando un acomodo en los estantes: arriba, arte e historia, por riguroso orden cronológico; y abajo, literatura –novela y poesía–, por orden alfabético de autores. Y también riguroso. Porque se reconoce Ángeles Caso (Gijón, 1959) desordenada para todo en la vida, o para casi todo, a excepción de los libros. De modo que en esta biblioteca rige de siempre un orden predecible, una cartografía rigurosa, como una ley orgánica, y el hábito, curioso, de las dos limpiezas anuales en las que se quita el polvo de los lomos, se recolocan las baldas con cuidado, y se sacan de casa esos libros –dos o tres cajas, a veces alguna más– que ya no se necesitan y de los que durante años se encargaron su hija y sus amigos, que los llevaban a alguna librería de viejo a cambio del dinero que les daban por ellos: «No se puede acumular tanto libro», confiesa. Pero en medio de ese mundo ordenado, impecable, irrumpió la mudanza, así que aún pervive algo de aquel bullicio cuando la visitamos: dos

bibliotecas que han ido encajando, como piezas de un puzzle. Una que se despliega en los estantes, compartiendo las baldas con carpetas y cajas, con fotos familiares, minúsculos recuerdos, velas y piedrecitas; y otra que anda en las cajas todavía, en una habitación convertida provisionalmente en almacén, trastero, o en armarios donde están apiladas y en las que un rótulo en cada una de ellas, el inventario, dice lo que contienen: allí están Virginia Woolf y Homero, por ejemplo, y allí también un libro que le dedicó Juan Rulfo en Oviedo, cuando le otorgaron el Premio Príncipe de Asturias y fue, tímido y temeroso, apuesto, con unas enormes gafas de cristales oscuros, a recogerlo.

Brontës y esvásticas En las estanterías, ese orden escrupuloso del que hablábamos, y que al tiempo es mapa y territorio: prehistoria, el hombre de neandertal, culturas del mundo antiguo – reparo en ‘Los egipcios’ y ‘Los griegos’, de Asimov, ambos en Alianza–; ‘La vida cotidiana en Pompeya’, de Robert Etienne, y después ‘Roma, El imperio romano’, de Roldán, Bázquez y Castillo, y el volumen dedicado a la Edad Media de la colección ‘Historia general de las civilizaciones’, de Destino. Hay también diccionarios, manuales, libros de ortografía y gramática y una sección amplia, oscura y desasosegante, dedicada al nazismo. «El Tercer Reich es el mejor ejemplo de la imagen del mal, de

la capacidad para el mal. Siempre me ha preocupado y desazonado mucho, y por eso he leído tanto de ese periodo». Son dos baldas que ocupan Hermann Göring y Goebbels, al lado de ese libro, ‘Yo, comandante de Auschwitz’, de Rudolf Höss, escrito en prisión poco antes de ser ahorcado, tras los juicios de Nuremberg, en el mismo cadalso del campo en el que murieron miles de prisioneros, y también Primo Levi , ‘Si esto es un hombre’, y Grossman e Ilya Ehrenburg, ‘El libro negro’, donde se habla de ese mundo de estandartes y esvásticas , trufado de uniformes de Hugo Boss, negros como el papel de calco y calaveras. En un rincón soleado, sobre la chimenea, ese panteón de dioses: Chopin, Voltaire y Goethe, Mozart y Austen. Y en el centro, los libros de mujeres –pintoras, escritoras, artistas– , cuyos lomos recoloca alineándolos, como en las

«Es un libro que fue el resultado de muchos años de investigación, y nunca pensé en que pudiera ser un éxito mientras lo escribía. Sin embargo, me ha dado muchísimas satisfacciones: se estudia en los institutos, en la universidad, y se ha convertido en una obra de referencia. Es un libro al que estoy muy agradecida».

‘Cinco horas con Mario’ Miguel Delibes Destino

«En casa no hubo nunca problemas con lo que leíamos, cosas que mucha gente prohibía nosotros las leíamos con naturalidad. Recuerdo que con doce o trece años leí a Cela, ‘La familia de Pascual Duarte’, y ‘Cinco horas con Mario’, y quedé deslumbrada por Delibes».

librerías, con el borde de las estanterías; biografías de Camille Claudel, la escultora, alumna aventajada y amante de Rodin; de Suzanne Valadon, madre de Utrillo, el pintor, que fue modelo y artista de talento ella también; Woolf y Pardo Bazán y tantas otras, bajo la atenta mirada de las hermanas Brontë, ocupando una balda, como en un altar laico: Charlotte, Emily y Anne, en el retrato que les pintó, al óleo, algo infantil, su hermano.

Homero y Rafael Y al lado, apoyados en un sujetalibros –«siempre tan difíciles de encontrar», cuenta–, algunos de los libros que su

padre, José Miguel Caso, catedrático de Filología, gran lector, dedicó a Jovellanos. «Nací en una casa en la que había libros y mi padre fue quien nos transmitió el amor por ellos. Cuando volvía de clase, juntaba a los hermanos y nos leía en voz alta, y recuerdo que me sabía de memoria toda su biblioteca, la tenía entera en la cabeza». Y algo de aquella biblioteca paterna, reconoce, está ahora en ésta: en el orden, la división por temas, filosofía y pensamiento, historia de las ideas… «He reproducido su manera de ordenarla, podría decirse que esta biblioteca es el espejo de la de mi padre, de infancia». De aquella biblioteca de in-


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Todo ordenado Ángeles Caso suele conservar recuerdos en los libros, notas, traspapeles, flores

fancia, dos libros que todavía conserva; en la nutrida sección de arte –por orden cronológico, ya saben: Manet, Rodin, Van Gogh–, un librazo de ‘Rafael, the complete work’, se titula, que le trajo cuando tenía 14 años su padre de un viaje, y que le pareció un prodigio, cuando ya en casa se sabía que estudiaría Historia del Arte. El otro, un álbum de Nestlé, ‘La Odisea’, ahora en las cajas; una colección de cromos que fueron una fascinación, y que años más tarde le sirvieron de guía para viajar, casi peregrinar, a Grecia. De allí recogió hojas de árboles, flores, pequeñas ramitas que hoy guarda, prensa-

La escritora posa con Bout, su perro. A la derecha, una dedicatoria de Bowles, un libro de su amiga Concha García Campoy con flores de Ibiza y dos estanterías, la segunda con los libros heredados de su padre. :: J. M.

das, en su ejemplar de Aguilar leído y releído. Porque suele Ángeles Caso conservar recuerdos en los libros –notas y traspapeles, flores–, como esos que atesora abajo, con la literatura, separados, y que llegaron no hace mucho de Ibiza, tras visitar la casa de su amiga Concha García Campoy al poco de fallecer. Trajo tres de sus libros

–Bowles, Berger y Banville–, en los que guardó hojas de uno de los olivos del jardín. En las baldas, esos vecindarios accidentales que provoca, ingenuo, el orden alfabético: Dos Passos y Dostoievski; Fitzgerald y Flaubert; Tsvetáieva y Twain y también, por ejemplo, Use Lahoz y Kundera, Fernando Delgado y Dickens, Melville y Menéndez Salmón. «Me divierten esos azares en las baldas, de modo que cuando a algún amigo le toca junto a otro escritor que admiro, le llamo y se lo digo. Hace poco hablé con Ignacio Martínez de Pisón, que está al lado, en la eme, de Carson McCullers, una de mis escritoras favoritas». Y veo, en los estantes, a Amos Oz, Nabokov, Valle-Inclán, Sackville West, Vargas Llosa, Stefan Zweig, libros de neurociencia y de divulgación científica, y también esa pequeña balda con libros dedicados: Jorge Amado, una vieja edición de ‘Doña Flor y sus dos maridos’, comprada en la librería Ojanguren de Oviedo, según se lee en el sello, y otro de Paul Bowles, a quien entrevistó en uno de sus viajes a España: «Para Ángeles Caso –dice con letra minúscula, temblorosa–. Gracias por su manera de conducir la interrogación». Cuenta que cada vez le gusta más tener buenas ediciones de ciertos libros, o de ciertos autores, Proust por ejemplo, a quien lee siempre que se engancha escribiendo, y de quien busca desde hace tiempo una edición cuidada, bonita y elegante de La Recherche. Y ahí, en Proust, tenemos que dejarlo porque llega Bout –es francés, se lee Bu–, el pequeño y travieso Bout, Bu, también gran lector, como atestiguan las marcas de sus dientes en dos o tres de los álbumes de jardinería, sus favoritos, que devoró y nunca mejor dicho de cachorro, y que no para ahora hasta que sale –cara de bueno, el pelo tapándole los ojos– en la foto.


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Kate O’Brien: Una biografía de Teresa de Ávila

La filóloga irlandesa Kate O’Brian. :: EL NORTE

GALERÍAS JOSÉ MARÍA MUÑOZ QUIRÓS

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a escritora irlandesa, una de las voces más autorizadas de la cultura de su país, hispanista de altos vuelos, de mirada inteligente y lúcida, escritora de novelas que tuvieron, y tienen, muchos lectores fieles, a pesar de la polémica que siempre acompañó a cada publicación, nacida en 1897 y desaparecida en 1974, retorna hasta la actualidad con la edición, por vez primera en castellano, de su biografía de Teresa de Ávila, en los umbrales del V Centenario de su nacimiento en la ciudad castellana de las murallas. Nos parece de una enorme oportunidad la publicación de este libro de la escritora irlandesa, justo ahora, y su aparición, de la mano de una de las editoriales más solventes de la poesía actual, Vaso Roto, que la escritora mexicana Jeannette L. Clariond dirige y selecciona con indudable certeza, es una apuesta inteligente por textos de indiscutible belleza. La presencia de K. O’Brien en la cultura española se enraiza con Ávila, y desde esta mirada en Castilla se abre al conocimiento del resto de España. Lo dice contundentemente en su biografía cuando afirma: «Para cualquiera, en cualquier siglo, nacer y ser niño en Ávila es un golpe de suerte,y Teresa y su lugar de nacimiento sin duda casan bien el uno con el otro…» La presencia de la escritora, constante y reincidente, en Ávila pasó desapercibida para los ciudadanos; no supie-

Monumento a Santa Teresa frente al Monasterio de la Encarnación en Ávila. :: JOSE RAMÓN LADRA ron ver, ni conocieron, la importancia de esa mujer que año tras año visitaba, contemplaba y sentía, en lo más hondo, la plenitud de un lugar como esta ciudad en la que se encontraba reconfortada vital y espiritualmente, donde vivía, durante meses a veces, a la que miraba con el entusiasmo y la proximidad que su inteligencia y su sensibilidad le permitían, desde una curiosidad que sólo personas como ella pueden alcanzar. La hispanista irlandesa se sintió fascinada por la figura de Teresa, por su singularidad y su hondo sentir, y fruto de

esta experiencia redactó, y más tarde publicó en inglés, el resultado de sus reflexiones: «escribo sobre Teresa de Ávila por propia elección, que es apasionada, arbitraria y personal. Nadie tiene que estar de acuerdo con nada de lo que diga; pero tampoco debe sentirse herido por ello…». Desde esta postura y este planteamiento abordó el texto, ahora publicado por vez primera en castellano, después de su primera edición en 1951. Una traducción impecable de Antonio Rivero Taramillo nos acerca el texto de K. O’Brien con nítida belleza, y desde el

«La presencia de la escritora pasó inadvertida para los ciudadanos de Ávila» «O’Brien es un ejemplo de admirable persecución, de reflexión sincera»

primer momento sabemos cuál es la intención de la autora: «…es una apología no de Teresa sino de la constante admiración que esta escritora ha sentido hacia ella…». Aclarado el punto de partida de esta biografía, nos encontramos frente a un texto distinto, ante un acercamiento a la figura de Teresa de Ávila realizado dese el estudio personal y sincero de una mujer, hablando de mujer a mujer, escuchando las palabras de Teresa con el entusiasmo : «Por ello, sostengo que a través del poder de la palabra –puesto que sus palabras nos

han transmitido lo que ella fue– Teresa es una mujer genial…». La brevedad del texto no impide la intensidad de cada página. Tres capítulos, a modo de escenarios, forman el ensayo: Infancia. Vocación. Marta y María pasean juntas. La linealidad histórica y vital se pone al servicio de la mujer, de la mirada diferenciadora de Teresa, y vamos caminando con el personaje, reconociéndonos en él, sabiendo la intencionalidad de todos sus pasos, su manera de interpretar la vida. Ante todo, se nos reaparece la escritora, el personaje que precisa tomar decisiones, abordar su propia identidad: «contempló la vida religiosa con una simpatía que parece haberle sorprendido. Pero no sintió el más mínimo deseo de ser monja; aunque –dice– también temía el casarme…» pero: «ella, que fue persona muy compleja y sometida a feroces pruebas, fue afortunada en el brillo de su fe». La andadura teresiana en las fundaciones fue, en esa trayectoria vital, el inicio de un conocer en la vivencia, en el proyecto de vivir y en la observación y la intensidad de sus anhelos: «pero tenía san José; tenía una idea que cada vez se fue ampliando más hasta tener un objetivo…». Ya está en marcha la andariega, la iniciadora de aventuras espirituales y humanas, la sabedora de la luz y de la belleza de Dios. La admiración de la escritora irlandesa por Teresa de Ávila se complementa con la cercanía que sintió con la ciudad que fue su cuna. El ensayo adquiere una íntima sensación épica, de próxima intuición, de búsqueda. K. O’Brien es un ejemplo de admirable persecución, de reflexión sincera, de encuentro sentido. Con este libro, pequeño y esencial, la vida de Teresa de Ávila no es perseguida desde la anécdota ni desde la sorpresa vital, sino que se aborda desde la ejemplaridad que esta mujer supone para quien busca en sus obras, en sus emociones y en sus palabras la genialidad de su significado.


LECTURAS

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Pinceladas de color Los Grisones suizos, una nación plural

JOSÉ GIMÉNEZ CORBATÓN

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os Grisones es el cantón suizo de mayor extensión y también uno de los que más variedad ofrece: un universo en sí mismo, o una Confederación en miniatura, como lo llamó el periodista Alain Pichard en su libro ‘La Suisse dans tous ses États’. En él se hablan tres idiomas: el alemán, el italiano y el romanche. Junto al alemán, sus habitantes se expresan también en alguno de los dialectos que se usan en la Suiza germanófona, bastante alejados del alemán estándar y con notables diferencias regionales. La diversidad del romanche es aún más significativa, cinco dialectos que sobreviven a un contexto cada vez más globalizado, y que en este amplio territorio compuesto por ciento cincuenta valles se reparten entre la escasa población que los utiliza. Pese a ello, el romanche, del que se ha elaborado una lengua escrita común, forma parte de las cuatro lenguas nacionales reconocidas des-

de 1938 en la Confederación Helvética. No goza, sin embargo, de la consideración oficial que ostentan el alemán, el francés y el italiano, y aunque hablar romanche constituya un derecho, no resulta obligatorio su uso por parte de las instituciones federales, cantonales o locales. En palabras de Alain Pichard, para buena parte de grisones el romanche constituye la lengua del corazón, y el alemán la del pan. Estas dos lenguas conforman el acervo lingüístico que maneja el escritor Arno Camenisch. Nacido en 1978, es autor de una trilogía que ahonda en el mundo rural grisón. Tres volúmenes publicados en el breve lapso de cuatro años (2009-2012) y de los que Xordica Editorial acaba de traducir las dos primeras entregas, ‘Sez Ner’ y ‘Detrás de la estación’. Plasmados en diferentes registros, les une el estar concebidos a base de breves fragmentos que se leen a menudo como microrrelatos, apuntes del natural o notas de gran diversidad. El resultado es un fresco rico en matices de la vida grisona que el autor ha conocido en su infancia y con el que confecciona la visión actual del cantón. La perspectiva panorámica

Campo de dientes de león frente a la cumbre del Piz Arlos, en los Alpes. :: JAKOB MENOLFI perfila una población en su mayoría, montañesa, muy diseminada, y que en casi su totalidad vive a más de mil metros de altitud. El cantón posee escasa industria, situada en buena parte en torno a la capital, conocida como Cuira, en romanche; Coire, en francés; Coira, en italiano; y Chur, en alemán, que es el topónimo que aparece en estas novelas. Algo de ganadería y, sobre todo, el turismo, son las principales fuentes de ingresos. Han sufrido la emigración, en buena parte a otros cantones suizos más desarrollados económicamente. Se practican dos religiones, la católica y la protestante, siendo mayoritaria la segunda. El Rhin cruza su territorio por la parte más occidental, cercana a los cantones de Uri, Glaris y Saint-Gall. En ‘Sez Ner’, un narrador en tercera persona va dando pinceladas de color a la vida en un alp, una suerte de asentamiento ganadero de estío,

donde se reúnen pastores, campesinos, porqueros, queseros, y de paso se practica la caza. También los animales se erigen a veces como protagonistas de las idas y venidas que llenan la actividad diurna y nocturna en torno a los pastos de verano, la elaboración del queso, y las visitas de excursionistas y turistas que suelen observar la

SEZ NER DETRÁS DE LA ESTACIÓN Arno Camenisch. Traducción de Rosa Pilar Blanco, Ilustraciones de portada de Fernando Lasheras, Zaragoza, Xordica Editorial, 115 y 98 páginas, 13,95 y 11,95 euros.

vida del alp como un mundo de color que roza lo exótico. La voz narrativa nos va presentando los puntos de vista de los diferentes personajes, a veces contrapuestas, a menudo enfrentadas o rivales, al tiempo que nos describe los trabajos cotidianos, el clima, las formas, los olores y los ruidos, un cuadro lleno de pintoresquismo, naturalista y siempre atento al detalle más inesperado. El humor es también otro de los recursos de que se sirve Camenisch para observar una realidad muy alejada de la que la inmensa mayoría de los europeos de hoy vivimos y conocemos. Ese mismo humor está aún más presente en ‘Detrás de la estación’. Aquí la voz es la de un niño que, al lado de su hermano mayor, nos describe la vida cotidiana de un pueblo grisón de apenas cuarenta habitantes. Los abuelos, los padres, los vecinos, los tenderos, los tres o cuatro profe-

sionales liberales, también algunos animales… nada escapa a la mirada infantil, condicionada por la edad, la lejanía de los adultos, y el afán de vivir travesuras que rompen las normas y a menudo la prudencia. La forma narrativa es también fragmentada, colorista, y atenta a detalles en los que sólo alguien que ha conocido de cerca ese universo puede anotar. Éstas son novelas que conviene leer despacio. Así disfrutaremos con un campesino que sólo habla con Dios cuando siega a mano; un abuelo que receta la labor de cortar leña para combatir la envidia; un padre que da consejos en prosa y en verso, ríe y llora junto a la cama de sus hijos recién acostados, gracias al pez que, en el interior de su boca, nada entre las palabras. O con el incensario que, para esos mismos niños, no es sino una máquina de humo en la que el cura echa cigarrillos ardiendo.


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LECTURAS

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La ciencia al servicio de la ficción

EL ARCHIVO DE GÖTTINGEN José David Sacristán de Lama. Editorial Libralia.

José David Sacristán deja sentir su experiencia ensayística en el libro ‘El archivo de Göttingen’

JAVIER GÓMEZ GONZÁLEZ

Profesor de Sociología de la Ciencia. Universidad de Valladolid.

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a ciencia y la literatura son dos amantes que han asumido infinidad de posturas, desde las más íntimas hasta las más distantes. No son pocos los autores, desde Nisbet hasta Feyerabend, que han reivindicado el carácter literario de las obras científicas y es fácil comprobar la validez de esta idea si se leen ensayos de investigadores clásicos como el entomólogo Jean-Henri Fabre, con su poética sensibilidad, y su inquietud literaria que poco a poco se va perdiendo en un mundo científico dominado por artículos de carácter breve y redacción aséptica y fría. Pero también la ciencia ha sido argumento de la literatura, en especial sus avances tecnológicos que han prota-

gonizado el género de la ciencia ficción, tanto en sus variantes duras como en sus formatos más soft, y que han dado a la literatura autores de la talla de Ray Bradbury o Stanislaw Lem. Y junto a ella, se podría identificar un género de menor volumen centrado en la actividad de los científicos como contexto narrable, como el escenario de la ficción. En este último punto se ubica la obra de José David Sacristán de Lama (Roa, 1949) cuya obra ‘El archivo de Göttingen’ (Libralia) reflexiona sobre la ciencia y el trabajo científico, al mismo tiempo que desarrolla una trama argumental en la que convergen desde la etnografía de laboratorio, hasta la literatura histórica y conspirativa tan al gusto de los últimos tiempos. Esta inmersión de José David Sacristán en la ficción y la narrativa viene avalada por sus antecedentes como ensayista –‘Una Lengua para Babel. La nueva imagen el mundo’, Ediciones del Serbal, 2005, y ‘La próxima Edad Media’, Edicions Bellaterra, 2008–, contando, además,

Culturas

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eyenda urbana: Es una de esas cosas de las que todo el mundo acaba por enterarse. Que todo el mundo sabe. Como que aquella chica, amiga de una prima del pueblo, tuvo un estripper negro en su despedida de soltera, y que, a su debido tiempo, dio a su esposo un hermoso hijo mulato. Como que las cloacas de Nueva York están pobladas por una estirpe de cocodrilos blancos y ciegos. Por supuesto, todo el mundo conoce a alguien que conoció a la chica, o a algún poce-

ro cuya mano fue sesgada y deglutida en las fauces lechosas de la bestia. También todo el mundo sabe que filosofía, literatura, historia, música, pintura, escultura, arquitectura, danza, moda, el vino, los trajes regionales, y hasta el fútbol y los bocatas de calamares, son cultura. También, por alguna razón, se sabe, que la ciencia no es cultura. Es otra cosa, otro tipo de conocimiento ajeno a la cultura. Un saber extraterrestre. A nadie se le ocurre que un médico, que conoce cada cartílago sea culto. Sólo sabe

tar a ‘El archivo de Göttingen’ como una obra de pensamiento. Según avanza la lectura, la ensayística deja lugar a la ficción que avanza con un ritmo febril y con cierta capacidad para sorprender y a veces desorientar al lector con el despliegue de una trama argumental en la que afloran algunos de los recursos temáticos que han dominado las obras de escritores que el mismo autor considera como fuentes de inspira-

ción: David Lodge (‘Pensamientos secretos’), el mexicano Jorge Volpi (‘En busca de Klingsor’), el indio Amitav Ghosh (‘El cromosoma Calcuta’) e incluso las primeras obras de Philip Kerr (‘Una investigación filosófica’). Esta afortunada fusión entre ciencia e intriga constituye el aspecto más destacable de ‘El archivo Göttingen’. La obra es capaz de aunar la ficción más visionaria con la erudición rigurosa; la descripción de paisajes y caracteres que cualquier castellano y leonés podría incluso poner nombre, junto a la referencia a paisajes remotos, y una conclusión en un futuro no tan distante, sobre cuyo carácter utópico o dístópico el lector debe posicionarse. La novela es breve, si se compara con la práctica habitual de este tipo de literatura, y en algunos puntos se percibe una cierta celeridad en el tratamiento argumental que impide desarrollar el potencial de una trama compleja, pero esta posible carencia se convierte en mérito para el lector inquieto puesto que facilita la interacción con una obra que, entre sus principales méritos, cuenta con una lectura fácil, rápida y que permite interpretaciones para todos los gustos, desde las más eruditas hasta las meramente lúdicas.

‘súmmun’, la perfección, y que no debe cambiar. Estas culturas, las civilizaciones que las cobijan, mueren. La cultura debe de ser y es –afortunadamente– dinámica, evolutiva. Como la ciencia. Una de las cosas que nos dice la ciencia es que no lo sabemos todo, que cuanto más sabemos más preguntas aparecen en el horizonte. Mientras haya misterio habrá poesía, dijo Bécquer, ese rimador para alumnas de instituto. No creo que pensara en la ciencia. Es más, me temo que el poema en cuestión nace de un cierto horror a que la ciencia acabe con todo misterio. Pero es al contrarío: mientras haya misterio habrá ciencia. Y poesía, y música, y pintura… Habrá cultu-

ra. Muchos postulados estéticos revolucionarios nacen de hallazgos científicos. Sin la relatividad, por poner un ejemplo famoso, que, entre otras cosas, postula la realidad de una cuarta dimensión, ni el cubismo ni Picasso se hubieran dado. A veces también el arte podría alimentar a la ciencia. Hay que tener en cuenta que todo es física. Vemos cuadros, las letras de los libros, las esculturas, las calles, por la reflexión de la luz. Oímos música por la vibración del aire. Cuanto mejor conozcamos el mundo, mejor podremos describirlo o alterarlo, interpretarlo, en nuestras formas artísticas. Excluir la ciencia de la cultura es como negar tener cabeza, o torso.

José David Sacristán, en la librería Margen. :: HENAS SASTRE con un prolongado ejercicio profesional en el campo de la arqueología, tanto en la universidad como en la administración pública. Y esta impronta se percibe claramente en ‘El archivo de Göttingen’, puesto que junto a guiños eruditos que expresan un conocimiento avanzado sobre la labor de un laboratorio de investigación arqueológica, esta obra cuenta con un componente ensayístico importante, sobre

cosas. Sólo si fuera un entusiasta, por ejemplo, de las fugas barrocas, o de los restaurantes de vanguardia, se consentiría en admitir que tiene un barniz de cultura. Sería culto por sus aficiones, no por ser médico. Todos sus demás conocimientos sobre causas y evolución de enfermedades, sobre cómo atajarlas, en el saber popular –que sí es cultura– le hacen ser «listo», pero no culto. Si es así con la medicina, la rama de la ciencia, en apariencia más próxima a nosotros, qué no ocurrirá con cosas como la física o la astronomía, o la química. Las matemáticas, que propiamente no son una ciencia, sino un lenguaje –y como todo lenguaje, capaz de crear cosas tan extrañas como ma-

todo en los primeros capítulos, que expresan debates e inquietudes que remiten a algunas de las controversias fundamentales de la sociología de la ciencia, abordando temas como la responsabilidad de los científicos, el reconocimiento o la ética de la investigación. No es raro leer en esta obra referencias a Robert Merton y a conceptos centrales de la ética y la epistemología. Pero sería mentir etique-

EL TALISMÁN DE LA COSTURERA CIRO GARCÍA

ravillosas–, tampoco son consideradas cultura. Los libros sobre ciencias, por lo tanto, son menos cultura que una novela de Corín Tellado. Sin embargo la cultura no sería posible sin la ciencia. O sería una cultura estancada, fósil, muerta. Las culturas estancadas lo están porque dan por supuesto que lo saben todo, que su acervo es el


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La voz prodigiosa Pablo Andrés Escapa publica ‘Mientras nieva sobre el mar’, su tercera colección de cuentos preciosistas

CÉSAR AUGUSTO AYUSO

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l leonés Pablo Andrés Escapa (1964) es un solvente autor de cuentos que trasluce, en todos sus libros, la particular sensibilidad de su mirada y el rigor y el primor de su estilo. Un estilo hecho de delicadeza y melancolía, de imágenes y matices tan sorprendentes como hermosos. ‘Mientras nieva sobre el mar’ es su tercer libro de cuentos, e incluye 14 narraciones. La primera y la última sirven de marco a la docena restante, pues se abrazan entre sí y descubren las claves de la fantasía y los propósitos del autor. En medio de la llanura cereal castellana, un peculiar

Robinson vive aislado en un faro levantado al azar. El náufrago que a él arriba no amenazará, como teme, su preciada soledad; muy al contrario, las historias que brotan de su facundia transformarán la realidad de manera tan maravillosa que niegan el tiempo y lo cubren todo de belleza. La imagen de la nieve cayendo sobre el mar no es sino el trasunto del milagro de la palabra, su fuerza recreadora y transformadora. La vida, el mundo, está lleno de maravillas que solo hay que descubrir, y nada mejor que la palabra fecunda y prodigiosa para encandilar el alma y envolverla en el resplandor de la esperanza y la pureza. La palabra obra el milagro de redimir la materia de su pesantez, del peso muerto que la aprisiona, y revestirla de la levedad del misterio, ese que penetra en el alma para quedarse en ella hecho «inocen-

cia y franqueza». Levedad, delicadeza, ingrávida fantasía es lo que va haciendo crecer estas historias en su enramada de ensoñaciones y lentitudes, en su tejido de zozobras y paladeos íntimos. No en vano, el misterio de la navidad germina en muchos de estos cuentos, en los mejores de ellos. Las noches invernales son más propicias a descubrir la luz en la larga tiniebla, y en el hondón del solsticio más refulge el milagro. ‘Surcos’ y ‘Figuras’ son dos de estos relatos que parecen salidos de un evangelio apócrifo, magníficos en su ambientación y en la sobria fisonomía de los personajes, o en esos detalles u objetos secundarios –un juguete infantil, un viejo buey– en los que se origina el halo de su fascinación. Son historias hechas de temblores y veladuras, de intimidad y sutileza, en las que el milagro florece en lo peque-

Pablo Andrés Escapa.

Algunos de estos cuentos suceden en un valle recatado en el que los niños estrenan la vida entre sorpresas y secretos delirios

ño, incluso en los cristales rotos. Así sucede en otro cuento magnífico: ‘Semillas’, cuyo protagonista es también la infancia, con su memoria llena de fantasía y estupor, como ‘Ojo de buey’. Muchas veces, como sucede en estos cuentos y en otros antes publicados del autor, el temblor y el misterio que son culmen del cuento están cifrados en unas pocas palabras que pronuncia una boca. Son palabras líricas y sentenciosas que salen de un personaje como oráculos y llenan el ánima de los otros de sugerencias. Ellas, muchas veces, abrochan los cuentos y los llenan de sentido. Algunos de estos cuentos, como también es habitual en el autor, suceden en un valle recatado en el que unos niños estrenan la vida entre sorpresas y secretos delirios. En uno de estos aletea el recuerdo del poeta de Moguer, al que describe sucinta y bellamente con estas pinceladas: «De cerca, el poeta tenía la piel muy blanca, la barba muy negra y la mirada como un horno con fiebre». El autor halla, sin duda, en los pequeños y olvidados pueblos una inocencia y una diafanidad ya borrada en las ciudades. Otros cuentos, en cambio, homenajean a las literaturas más fantasiosas y arriscadas –a Cunqueiro o a Borges– y enhebran episodios exóticos

MIENTRAS NIEVA SOBRE EL MAR Pablo Andrés Escapa. Páginas de espuma, 2014.

y muy imaginativos, con abundantes referencias culturalistas o históricas, y vienen envueltos en una finísima ironía que, a veces, llega a convertirse en auténtica parodia de lenguajes altivos. En medio de ellos, un quiebro prodigioso deshace la sutil ironía en mágico lirismo y, de pronto, la verdad del cuento se ilumina. En una servilleta, unos condenados a muerte pueden ver dibujada su salvación la noche de navidad, o un unicornio extasiarse ante la figura de María. Es la tensión lírica, la libérrima ensoñación, la más candorosa seducción de la palabra lo que hace de la narrativa breve de Pablo Andrés Escapa un huerto cerrado, bien lejos de otros terrenos extensivos donde se cultiva el realismo turbio o el escepticismo obligado. Una pequeña delicia.

LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

Yo amo y mimo a mi... :: SUSANA GÓMEZ Agachándose hasta colocarse a la altura de los más pequeños, la poeta Vanesa Pérez-Sauquillo (Premio Ojo Crítico de Radio Nacional, 2012; accésit Premio Adonáis 2011) da voz y ritmo a este álbum, en el que su protagonista enumera algunas de las cosas que hace a lo largo del día por su mamá: pintar sus libros, alegrar las paredes, adornar el salón con sus juguetes, llenar de agua el suelo del baño para que aprenda a patinar o darle un susto que

¡POBRE MAMÁ! Vanesa Pérez-Sauquillo y Miriam Cordes. Editorial Bruño (Sello Cubilete). 32 páginas.12 euros. Edad recomendada: a partir de 4 años.

le haga reír. Todo eso con la clara intención de que la “pobre mamá”, que tanto la necesita, no se aburra nunca. Contada desde la entrañable y lúdica perspectiva de los narradores no fiables, la historia va deshilvanando las travesuras desde la mirada inocente de su artífice, en páginas invadidas de ternura y humor blanco que arrancará la sonrisa del (pobre) adulto, al tiempo que le brindará la oportunidad de un posible diálogo con los más pequeños de la casa. Por otro lado, y gracias a su estructura de frases breves, lenguaje accesible y sencilla tipografía de palo seco, el título se revela muy adecuado para aquellos que comienzan a explorar el universo de letras y ficciones. Como no podía ser menos en la propuesta, la ilustración ocupa un lugar preeminente en el viaje, con imágenes repletas de color cuya legibilidad completa su función: la apuesta que la editorial Bruño hace en el sello Cubilete, por dar a luz álbumes diseñados y pensados para los primeros lectores.

El Olimpo contado a los niños :: S. G. Heracles, Dafne,Adonis, Hermafrodito, Hefesto, Pandora, Níobe, Laocoonte, Io, Dédalo, Edipo... una nutrida galería de personajes desfila por las páginas de este pequeño volumen, en el que dioses, diosas, ninfas, náyades héroes y humanos se dan cita a lo largo de 23 fábulas con vocación de cercanía divulgativa, sin omitir por ello el placer de la mejor ficción. Es así como una buena muestra del Olimpo desciende para protagonizar historias asequibles a los lectores a quienes va dirigido, en un título capaz de engancharles e introducirles en ese imaginario compartido donde la mitología griega es habitante de excepción. Fuentes esenciales de nuestra cultura y origen de una profunda intertextualidad, las narraciones se rematan con curiosidades menos conocidas sobre el mundo clásico, al tiempo que ofrecen un amplio panorama de las historias más célebres. Como antesala, el reto lanzado por

sus autores en el breve prólogo, donde retan a sus jóvenes receptores a adentrarse en los “relatos más bellos jamás contados” y a comparar: la reunión de hadas que otorgaron los dones a la Bella Durmiente con Eris y su manzana de la discordia; la tragedia de Antígona y Hemón con el drama de Romeo y Julieta... El mito, reiterado y reinventado en fin, que no cesa.

LAS MEJORES FÁBULAS MITOLÓGICAS Toni Llacay y Montserrat Viladevall. Editorial Oniro. 192 páginas. 14,95 euros. Edad recomendada: de 9 a 12 años.


14 LA SOMBRA

Sábado 21.06.14 EL NORTE DE CASTILLA

DEL CIPRÉS

L

a palabra ‘eufemismo’ significa, literalmente, hablar bien. Desde un punto de vista lingüístico un eufemismo es una palabra o expresión más suave o decorosa con que se sustituye otra (considerada tabú) de mal gusto, grosera, malsonante, inadecuada, dura o violenta. Por tanto, las nociones de tabú y eufemismo están íntimamente relacionadas. Las palabras o expresiones tabuizadas se evitan por motivos sociales, políticos, sexuales, religiosos o supersticiosos. Su empleo provoca el rechazo o la recriminación de la comunidad de hablantes de una lengua o de un grupo social. Por ejemplo, suele ser tabú lo referente al sexo (nombres de los actos y órganos sexuales), lo escatológico (es decir, lo relacionado con los excrementos) y en algunas culturas el nombre de Dios, la muerte, el nombre del demonio o determinados animales (como la culebra, la comadreja o el lobo). Para evitar el tabú la lengua pone a disposición de los hablantes el eufemismo, que, como he señalado arriba, les permite esquivar lo que provoca rechazo, lo ofensivo, lo molesto o lo desagradable. No todos los eufemismos (o tabús) son iguales: en unos casos consiste en utilizar la forma más adecuada a un estilo y a una circunstancia (‘axila’, ‘talón’, ‘pecho’, ‘servicio’ o ‘baño’ y ‘pañuelo’ son términos más adecuados en un contexto formal o neutro que ‘sobaco’, ‘calcaño’ o ‘calcañar’, ‘teta’, ‘váter’ y ‘moquero’, respectivamente); en otros se trata de tener más delicadeza o ser más respetuosos con ciertas personas (términos como ‘invidente’, ‘sin techo’, ‘amigo’ o ‘amiga’, ‘disminuido psíquico’, ‘paralítico’, ‘interno’ y ‘persona de color’ tienen más carga de respetuosidad que ‘ciego’, ‘mendigo’ o ‘vagabundo’, ‘amante’, ‘retrasado’, ‘inválido’, ‘preso’ y ‘negro’); en otras ocasiones se intentan suavizar los tacos o palabrotas, aunque la intención ofensiva e insul-

USO Y NORMAS DEL CASTELLANO MARÍA ÁNGELES SASTRE PROFESORA DE LENGUA ESPAÑOLA EN LA UVA

EUFEMISMOS

Más normas y recomendaciones para el uso correcto del castellano. Envíe sus consultas a: elcastellano. elnortedecastilla.es

tante se mantenga (‘miércoles’, ‘jolín’, ‘mecachis’ y ‘caracoles’ suavizan a ‘mierda’, ‘joder’, ‘me cago en’ y ‘carajo’). Como pueden ver, este fenómeno no es nuevo. Incluso hay palabras o expresiones que los hablantes usan sistemáticamente sin tener conciencia de que son eufemísticas, como ‘dar a luz’, ‘hacer el amor’, ‘estar en estado’, ‘donde la espalda pierde su casto nombre’, ‘la tercera edad’, ‘personas mayores’, etcétera. A mí me sigue sorprendiendo la cantidad de expresiones eufemísticas de reciente creación, unas veces sin ánimo aparente de esconder lo evidente y otras, claro está, que tratan de enmascarar la realidad. Expresiones como ‘cese temporal de la convivencia’, ‘alimentos que favorecen el tránsito intestinal’, ‘residuos sólidos urbanos’, ‘en estado de embriaguez’, ‘personas con sobrepeso’, ‘centro penitenciario’, ‘residencia para la tercera edad’, ‘conflicto armado’, ‘interrup-

ción del embarazo’, ‘regulación de empleo’, ‘países en vías de desarrollo’ (últimamente sustituida por ‘países emergentes’), ‘armas de destrucción masiva’, ‘expedientes de regulación de empleo’, ‘inmigrantes subsaharianos’, ‘daños colaterales’, ‘falta de liquidez’, ‘tráfico de influencias’, ‘terrorismo de baja intensidad’, ‘retenciones’ (que no atascos) en las entradas o salidas de las grandes ciudades, ‘revisión de salarios’, ‘agencia tributaria’, ‘desayuno saludable’, etcétera son moneda común en los medios de comunicación actuales, tanto en el ámbito de la información como en el de la publicidad. En el ámbito político y económico, quie- El eufemismo nes piden indepenpermite esquivar dencia hablan de autogobierno; los reajustes lo que provoca rechazo, lo ofensivo, de precios siempre son al alza, pero los lo molesto reajustes de plantilla o lo desagradable lo son a la baja; la desaceleración económica es una vulgar crisis económica. ¿Y qué me dicen de las ‘ruedas de prensa sin preguntas’ (si una rueda de prensa es una reunión de periodistas en torno a una figura pública para escuchar sus declaraciones y dirigirle preguntas), de los ‘recortes’, del ‘crecimiento negativo’, de las ‘deslocalizaciones’ de las empresas, de los ‘eres’, del ‘necesita mejorar’ en las calificaciones, de la ‘línea de crédito’ que nos abrieron en Europa para evitar decir que nos rescataron? Vale que los eufemismos son necesarios, pero yo creo que en muchos casos se han convertido en un mecanismo de perversión del lenguaje y de distorsión de la realidad, como en el caso de la rueda de prensa sin preguntas.

LOS LIBROS MÁS VENDIDOS EL CORTE INGLÉS VALLADOLID

OLETVM VALLADOLID

CERVANTES SALAMANCA

MARGEN VALLADOLID

FICCIÓN

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La mirada de los ángeles. Camila Läckberg (Maeva)

Los cuerpos extraños. Lorenzo Silva (Destino)

Pacto de lealtad. Gonzalo Giner (Planeta)

Los cuerpos extraños. Lorenzo Silva (Destino)

Bajo la misma estrella. John Green (Nube de tinta)

Pacto de lealtad. G. Giner (Planeta)

Luz de candela. Mónica Carrillo (Planeta)

Consummatum est. C. Pérez Gellida (Suma de letras)

Luz de candela. Mónica Carrillo (Planeta)

Nos vemos allá arriba. P. Lemaitre (Salamandra)

La analfabeta que era... Jonas Jonasson (Salamandra)

Nikolai de Argos. Javier Arribas (Reus)

La noche soñada. Maxim Huerta (Espasa)

La mirada de los ángeles. C. Lackberg (Maeva)

Las tres bodas de Manolita. A. Grandes (Tusquets)

El viento en las hojas . J. Ángel González (Anagrama)

Cien años de soledad. García Márquez (Random House)

Corona de damas. T. Soto (Grijalbo)

La buena reputación. I. Martínez de Pisón (Seix Barral)

Un hombre sin aliento . Philip Kerr (RBA)

NO FICCIÓN

NO FICCIÓN

NO FICCIÓN

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La Intocable. E. Inda y E. Urreiztieta (Esfera)

Tu hijo en Harvaerd... F. Alberca (Espasa)

El libro Troll. Rubius (Temas de hoy)

Soba na soba... Bustamante (Fuente de la fama)

Reinas malditas. Cristina Morató (Plaza&Janés)

Sba na soba... J. Bustamante (Fuente de la Fama)

La desventura de la libertad. P. J. Ramírez (La Esfera)

Libro del Troll. El Rubius (Temas de Hoy)

Yo fui a EGB. J. Ikaz y Jorge Díaz (Plaza&Janés)

Bisutería con gomas... C. Dorsey (El Drac)

Estoy bien. J. J. Benítez (Planeta)

Sentido de viaje. P. Almarcegui (J. Castilla y León)

Las gafas de la felicidad. R. Santandreu (Grijalbo)

Los secretos de la felicidad L. Rojas Marcos (Espasa)

Las gafas de la felicidad. Rafael Santandreu (Grijalbo)

Cioran. Alberto Domínguez ( Al revés)

Gente Tóxica. Bernardo Stamateas (B de bolsillo)

Compendio ilustrado y azaroso... Fundeu (Debate)

El libro de los 50 años de Forges. Forges (Espasa)

Intensidad max. Elsa Pataki (La esfera de los libros)

SANDOVAL VALLADOLID

LIBRERÍA DEL BURGO PALENCIA

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PUNTO Y LÍNEA SEGOVIA

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Las tres bodas de Manolita. A. Grandes (Tusquets)

La buena reputación. I. Martínez de Pisón (Seix Barral)

Pacto de lealtad. Gonzalo Giner (Planeta)

La mirada de los Ángeles. Camila lackberg (Maeva)

Nos vemos allá arriba. Lemaitre (Salamandra)

Cien años de soledad. García Márquez (Random House)

Las tres bodas de Manolita. A. Grandes (Tusquets)

La noche soñada. Máxim Huerta (Espasa)

La hermosura. Carlos Aganzo (Libros del Aire)

Pacto de lealtad. Gonzalo Giner (Planeta)

La mujer loca. Juan José Millás (Seix Barral)

Nos vemos allá arriba. P.Lamitre ( Salamandra)

El viento en las hojas. González Sainz (Anagrama)

La mujer loca. Juan José Millás (Seix Barral)

Regreso a tu piel. Luz Gabás (Planeta)

Pacto de lealtad. Gonzalo Giner (Planeta)

Skagboys. Wells (Anagrama)

Los surcos del azar. Paco Roca (Astiberri)

La analfabeta que era... Jonas Jonasson (Salamandra)

Un paso al frente. Luis.G.Segura (Tropo editores)

NO FICCIÓN

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NO FICCIÓN

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La Tercera República. Garzón (Península)

Rumbo a una vida mejor. Jorge Bucay (RBA)

Palabrología. Virgilio Ortega (Crítica)

Reinas Malditas. Cristina Morató (Plaza y Janes)

José Ortega y Gasset. Gracia (Taurus)

Yo fui a EGB. J. Ikaz y Jorge Díaz (Plaza&Janés)

La vida es suero. P. García y Enfermera saturada (Amarie)

La Desventura de la libertad. P.J.Ramírez (La Esfera)

Gente, años, vida...Ehrenburg (Acantilado.)

Las tres claves de la felicidad. M. Álvarez (La Esfera)

La desventura de la libertad. P. J. Ramírez (La Esfera)

La Primera Guerra Mundial. AA.VV. (Anaya)

50 años de Forges Forges (Espasa)

Vivir para contarla. Gabriel García Márquez (Mondadori)

Perdulario. A. F. Benéitez (Diputación de Salamanca)

Abajo el régimen... Conversación.. (Icaria)

Por qué las cosas... Carmena (Clave Intelectual)

La Tercera República. A. Garzón (Península)

Reinas malditas. Cristina Morató (Plaza&Janés)

Yo fui a EGB. Javier Ikaz (Plaza y Janes)


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Sábado 21.06.14 EL NORTE DE CASTILLA

Coser y cantar D

ecían los antiguos que «coser y hacer albardas, todo es dar puntadas», como queriendo dar a entender que para conseguir determinadas cosas bastaría con la determinación de hacerlas y el esfuerzo que se quisiese poner en terminarlas. Tal vez de aquel refrán saldría después la frase hecha «coser y cantar», cuya aplicación ha venido a ser habitual cuando queremos expresar lo fácil que puede resultarnos algo. Como casi siempre que se usa una frase proverbial, parece que se sobreentiende una segunda parte, que ya no es necesario recordar aunque en su momento tuviera uso y sentido o sirviera para explicar el contexto. En este caso sería «coser y cantar, todo es empezar», como queriendo revelar en ese colofón que la dificultad de cualquier empresa estribaría más en la voluntad de iniciarla que en el trabajo posterior. Parece deducirse también que para coser habría que tomar aguja, dedal e hilo a fin de que la puntada estuviera completa. De cualquier modo las dos actividades, tanto la de coser como la de cantar, venían juntas en el refrán porque podían simultanearse –en una se empleaban las manos y en la otra la cabeza– y ello sólo podría explicarse siendo una mujer quien se ocupara de ambas, haciéndolo con una soltura y desparpajo que hubiese estado vedado para un varón. No sé si por esa razón u otras, hasta el siglo XIX sólo las mujeres cosían, o, entrando ya en el campo de los gremios, los oficiales y sastres encargados de vestir a todos, o sea a pobres y a ricos. Y recalco lo de pobres y ricos porque, desde fines de la Edad Media hasta bien entrado el Renacimiento hubo, entre quienes tenían en sus manos el gobierno y la administración de justicia en los reinos de España, una preocupación constante por evitar la utilización abusiva de los bordados (y sobre todo de su coste) en los trajes civiles. Se detectaba que por algún lado había engaño o fraude y éste solía consistir en que los bordadores daban los patrones a los sastres, y éstos y sus mujeres ponían por las nubes la mano de obra, de modo que lo que cosían «cantaba» demasiado. «Y si esto hubiesen de ser vestidos de caballeros y señores y personas de renta –recordaban las Cortes al Rey

Isaac Singer, por Edward H. May. Carlos–, tolerable cosa era, pero la nación de estos reinos es de tal calidad, como se ve, que no queda hidalgo ni escudero ni mercader ni oficial que no use de los dichos trajes, de donde vienen a empobrecerse muchos y no tener de qué pagar las alcabalas y servicios a Vuestra Majestad; por ende, a V.M. suplicamos lo mande quitar del todo con esta moderación: que en ninguna ropa de vestir haya ni se pueda traer otra guarnición sino sólo un pasamano o un ribete o pestaña de seda de ancho de un dedo, y que no se pueda forrar ninguna ropa en otra seda ni tafetán. Otrosí, porque la pragmática de los brocados y tela de oro y plata se guarda mal, a lo menos fuera de la Corte, suplicamos a V.M. de nuevo la mande guardar y poner mayores penas...» Estas peticiones se hacían lloviendo sobre mojado porque en ocasiones anteriores

ya se había alertado acerca del perjuicio que hacía a la economía del reino el que «lo que unos traen, quieran traer los otros», sobre todo en materia de bordados, brocados, dorados, hilos tirados, telas de oro y plata y labrados. La prohibición se hacía, pues, teniendo en cuenta no sólo el alto precio que habían de pagar los españoles por su vicio de presumir vistiendo a la manera de los reyes, sino considerando además la inclinación de los naturales de estos reinos a contravenir las leyes, costumbre que nos sigue distinguiendo. El tema, repito, venía de antiguo y ya en muchas ocasiones se había mandado guardar y ejecutar unas normas semejantes, lo cual, lejos de resolver el problema, había suscitado nuevos fraudes por parte de los oficiales y «menestrales de manos» quienes, para no incurrir

en las penas correspondientes, habían inventado otras formas de bordado y recamado que disparaban las costas en las hechuras llegando a ser más cara la mano de obra que el precio real del vestido. Vamos, que más que cantar, los gobernantes ponían el grito

en el cielo al ver que las haciendas se perdían allí donde según ellos no debían perderse... Otro cantar era el de los tejidos y los telares. El ruido de estos ingenios, a pesar de que tenía un maravilloso pulso rítmico y creaba una auténtica sinfonía con su movimiento, no solía dar opción al artesano a cantar en alto, de modo que debía de ensayar «para adentro» sus cánticos y esperar una ocasión más propicia para lucir antes los vecinos su voz y su memoria. Y al escribir estas líneas me acuerdo, cómo no, de la inolvidable Dolores Fernández Geijo, del Val de San Lorenzo, que tanto y tan bien había ensayado sus romances siguiendo el ritmo del telar... Dolores era de otro tiempo y otro mundo, porque ya desde el siglo XIX había entrado en los hogares una nueva invención que acabó con lanzaderas, con agujas, con los hilos (los de lana, los de seda y hasta los de Ariadna, que tal vez podrían habernos guiado para salvarnos de los «telares» actuales), con las canciones y con todo lo que sonara a antigüedad. Además de la evolución de las fábricas de tejidos, probablemente el invento que más contribuyó a la imposición de la moda y sus tiranías en todos los hogares españoles fue la máquina de coser. Aunque su invención se atribuye a numerosos autores, se asegura que el primer prototipo usado con provecho fue el del austríaco Josef Madersperger, quien regaló la patente del curioso aparato, que fabricó en 1825 y que aún se conserva en el Museo de la Técnica de Viena. Un norteamericano de origen judío, Isaac Merrit Singer, patentó en 1857 una máquina de coser similar a la de Madersperger y otros inventores posteriores. Su principal aportación, que sin embargo no patentó, fue incorporar a la máquina una rueda, accionada con los pies por medio de un gran pedal, que permitía a la persona que cosía usar ambas manos. Sus máquinas daban tan buen resultado que pronto se impusieron a las de sus competidores.

LA PARTITURA JOAQUÍN DÍAZ

«El invento que más contribuyó a la imposición de la moda fue la máquina de coser» «En Valladolid, la empresa Singer se instaló en la calle de Regalado 6»

Algunos malintencionados atribuyen la invención del nuevo modelo de máquina de coser al hecho de que Singer tuviera dos esposas y 8 hijos, con la consiguiente carga doméstica que ello suponía (dos mujeres eran demasiado para un cuerpo aunque fuese tan «cantarín» como el de Singer), y precisamente eso le hizo agudizar el ingenio para buscar algo en lo cual mantenerlas entretenidas. Sus biógrafos recuerdan que mientras estaba casado con su primera mujer, Catalina Haley, mantuvo relaciones con Mary Ann Sponsler a quien no contó nada de su estado, tal vez porque una de las muchas profesiones en las que probó suerte fuese la de actor. En cualquier caso se le recuerda como una persona imaginativa que inventó diferentes máquinas aunque la más conocida y la que le hizo pasar a la posteridad fue la de coser. En Valladolid la empresa Singer se instaló en la calle de Regalado 6 desde los años 60 del siglo XIX, y ya bastante después pasó a la calle del Duque de la Victoria. La cosedora tuvo tanto éxito y estuvo tan en boca de todos, que en 1886 se estrenó una Zarzuela titulada ‘Máquinas Singer’, que en Valladolid al menos se representó con notable aceptación en el Pabellón Español, en el Campo Grande. O sea, lo de siempre: coser y cantar...


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LA SOMBRA DEL CIPRÉS

A

demás de ser una disciplina y un método, la ciencia es también un mito, y como mito funciona en la mayoría de nuestras cabezas siempre que en alguna conversación sale a colación la ciencia. Pero vayamos más lejos: no solo es una disciplina, un método y un mito, también funciona como una divinidad bifacial como Jano, con una cara benigna y otra maligna. Agradecemos las bondades de la ciencia que ha permitido curar tantas enfermedades y está en la base del alargamiento de nuestra vida, pero la tememos cuando se va doscientos pueblos más allá de lo que entendemos por moral y se dedica a inventar artefactos extremadamente destructivos. En la novela popular la ciencia suele mostrar esa bipolaridad. En las novelas de James Bond, por ejemplo, vemos que la ciencia ayuda a los buenos en su lucha contra el mal, pero también ayuda a los malos en su lucha contra el bien. En historias como ‘Frankenstein’, ‘Las manos de Orlac’ y ‘El gabinete del doctor Caligari’ la ciencia, también la ciencia psiquiátrica, muestra su cara más diabólica, pero no olvidemos que en ‘Fausto’ de Goethe también. Podría ser Fausto el primer doctor ambivalente de la literatura europea, y conformaría el más primordial y representativo de los pactos entre el Diablo y la Ciencia. Fausto hunde sus raíces en la mitología popular, lo que incitaría a pensar que el pueblo no confiaba demasiado en los científicos y los veía muy dados a establecer acuerdos con los poderes subterráneos. La ambición por destacar suele ser la causa de la mal-

Sábado 21.06.14 EL NORTE DE CASTILLA

Director: Carlos Aganzo Coordinadora: Angélica Tanarro

dad que ejercen los científicos de los mitos y los relatos de toda índole. El esposo de Madame Bovary es un buen ejemplo: le tienta la ambición, contagiada por su mujer, de hacer una operación exitosa y nueva más que el deseo de ayudar al cojo, que es a la vez el tonto de pueblo. Desde la Ilustración, la ciencia ejerce sobre nosotros un poder inmenso, y hasta puede que superior al que ejercían las divinidades. Es un dios en toda regla, y como decía Unamuno, se ha convertido sencillamente en la ideología de nuestra época. Se habla todavía de derechas, de izquierdas, de liberalismo, de socialismo, pero en realidad la verdadera ideología, el verdadero sistema de ideas de nuestro tiempo es la ciencia. Está más claro que el agua, y tiene además la ventaja de ser una ideología universal que a la corta y a la larga todos van asimilando en sus presupuestos básicos y muy especialmente en sus mitos, que son todo un soporte que la convierte al mismo tiempo en todo un poder, ya que no hay poder sin una mitología que los sustente. Pero la mitología vinculada a la ciencia no solo impregna a la disciplina en sí, también impregna las teorías sobre el universo que periódicamente divulga la ciencia, y que están llenas de mitología en su misma forma de ser denominadas: agujeros negros, horizonte de sucesos, materia oscura, antimateria, gran explosión... Claro, teníamos que llegar a la gran explosión, al ‘big bang’, desde hace tiempo el nuevo mito primordial de la humanidad. ¿Por qué un mito? Porque independientemente de que exhiba u oculte una verdad científica, lo formulamos como un mito,

:: ILUSTRACIÓN IRENE GRACIA

a saber: Antes de que se inventase el tiempo existía un huevo original tan denso y pequeño que en realidad era como un punto sin dimensión. Ese huevo estalló, dando origen al universo y a su expansión.

La ciencia

MITOLOGÍAS JESÚS FERRERO

Sabemos que en principio un mito, en su definición más estricta, es un relato muy denso, y a menudo contradictorio, que puede contarse en cuatro o cinco frases, y que por eso puede ser ampliamente compartido. Pues bien, eso es el ‘big bang’ para la mayoría de nosotros: un mito lleno de lo que se podrían llamar elementos mágicos: el huevo invisible, la explosión ilimitada... Todo pura magia medieval, si lo pensamos dos veces. A los alquimistas les hubiese gustado mucho el mito del ‘big bang’.

Lo mismo podría decirse de entelequias tan asombrosas como los agujeros negros o como la antimateria. Todo indica que el ‘big bang’ empieza a ponerse en cuestionamiento, y ya se habla de dos grandes explosiones en lugar de una. Es lo bueno que tiene la ciencia: como sus teorías duran como mucho un siglo para ser sustituidas por otras que a su vez serán refutadas tarde o temprano, la ciencia se convierte en una narración permanente y en una permanente creadora de mitos.


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