Colección
Ciudad y río (poesía)
El mensú ediciones www.elmensuediciones.com.ar
Castro, Magdalena Es todo lo que ofrezco. - 1a ed. - Villa María : El Mensú Ediciones, 2012. 80 p. ; 20x14 cm. - (Ciudad y río / Darío Falconi; 12) ISBN 978-987-27570-3-8 1. Poesía Argentina. I. Título CDD A861
Fecha de catalogación: 11/12/2011 Contacto con la autora: mensu.ediciones@gmail.com
Editor . Darío Falconi Diseño de tapa . Robinson Ríos Diseño de interiores . Darío Falconi Logo editorial . Santiago Gallardo La imagen de portada corresponde a una fotografía de Mario Baessler (http://mariobaessler.de/). © 2011 Magdalena Castro. © 2011 Mario Baessler. © 2011 El Mensú ediciones. Queda hecho el Depósito que establece la Ley 11.723 www.elmensuediciones.com.ar / http://elmensu.blogspot.com mensu.ediciones@gmail.com (0353) 4549453 — (0353) 154201252 ISBN 978-987-27570-3-8 1ª edición. Tirada: 100 ejemplares Libro de edición villamariense (Argentina). La responsabilidad de las opiniones expresadas en las publicaciones de EL MENSÚ son exclusiva competencia de los autores, firmantes y herederos; las mismas, no reflejan necesariamente el punto de vista del Editor ni de la Editorial. Del mismo modo la editorial no se responsabilizará por la utilización de las imágenes que pueda contener la publicación, la inclusión de las mismas, como el permiso de hacer uso de ellas dependerá de cada autor/es. Prohibida la reproducción parcial o total, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión o transformación de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito de su Editor. Su infracción será penada por las leyes 11.723 y 25.446.
ES TODO LO QUE OFREZCO
El mensú . ciudad y río . 12
Es todo lo que ofrezco
Magdalena Castro
a mi madre, que estoy segura me lee desde donde estรก.
Agradezco especialmente a
Susana Zazzetti,
que apuntal贸 este sue帽o.
La poesía existe para que la muerte no tenga la última palabra. Edgar Bayley
Veo en la poes铆a, un lugar de encuentro, de confluencia, de reuni贸n. Alejandra Pizarnik
I El viento de mayo le exige
al columpio su andar;
pรกjaros de metal nadan
entre las nubes. El tiempo se va sin memoria.
Y son las palabras esclavas de ausencias
y heridas.
Estodoloqueofrezco
17
II Ningún sol como éste me vistió
Paz que arde
de lilas y violetas.
con sutileza
y se percibe en
el asombro de las nubes. La oscuridad se ha ido. Alguien la esculpió entre rayos y claridad.
EI amor despertó y las palabras
cantaron poemas que disolvieron
la mañana de fuego. Estodoloqueofrezco
19
III Repicarán campanas en la hora poblada de
silencio.
Palomas grises - blancas guardarán su vuelo entre las ramas, acallarán ruidos lejanos para escuchar la voz que te llamará sin nombrarte.
Lloverán fragmentos de oraciones y perdidas esperanzas renacerán, donde el tiempo dejó huellas. Estodoloqueofrezco
21
IV Un vaho gris
contamina mi rojo
en lenta oscuridad.
La razón se retuerce de impotencia
ante el huésped imprevisto. Más tarde
lo calmará
un llamado de bronce
con vientos extraños.
Estodoloqueofrezco
23
V A veces
cruza las calles,
mendiga bajo el frio, duerme
en una esquina.
No hay nada
en sus bolsillos
rotos.
Un pĂŠtalo de tristeza en ronda cae
sobre la noche
cargada de hambre.
Estodoloqueofrezco
25
VI Amasa pan
madrugada por medio: harina
levadura agua.
Se dora
en ladrillo y barro le単a y calor.
Ba単o de sudor en trigales.
Esperanza en espera.
Manjar que no saborean hijos del infortunio.
Estodoloqueofrezco
27
VII Me estremece un cielo de
amatista y topacio. Un aire
en círculos
gira sin piedad;
pulpo que entrelaza
las ramas de los árboles.
Invisibles tentáculos atrapan
el blanco de las alas
el bermejo de los ojos
y allí un labriego,
hijo de los surcos
en soledad.
Estodoloqueofrezco
29
VIII A este verde lo atrapó:
el camino,
los pájaros y la agonía
de la tarde.
La tormenta mortificó
los árboles
y sus copas
se destiñeron.
No pudieron retenerlo “Las hojas no midieron el color del verano”.
Estodoloqueofrezco
31
IX Un ni単o descalzo amasa barro con los pies.
Juega y mira el cielo:
aves que no cruzan,
cometas que no suben; despreocupado, feliz.
No le interesa el mundo, ni su ropa
enlodada.
Estodoloqueofrezco
33
X Se mira
sigilosamente en el espejo turbio.
Busca un hueso pero encuentra tan s贸lo
un remolino
que desfigura su hocico. Cabizbajo se va
como vino
con las tripas vacias.
Estodoloqueofrezco
35
XI Acechan en la oscuridad fieras que rugen escondidas. Quiebran el silencio. Azotan palabras.
Hostigan. Cercan pensamientos libres en la noche de furia.
Estodoloqueofrezco
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XII Deshoja palabras como pétalos en un mundo sordo
que pasa por la
esquina.
Lo ahoga la angustia. Sin embargo,
extiende su mano
y pelea
en ruego
para que sus sueños
no sean
desfallecida imaginación.
Estodoloqueofrezco
39
XIII Cruza la calle.
Vacilantes las huellas. Un viento crudo empuja
la diagonal de una sombra
la desventura,
el desamparo; la nada.
Estodoloqueofrezco
41
XIV Calló el silencio.
La voz entró por la ventana
y despertó mi piel, agudizó la imagen que lastimó mis sueños,
desencajó alaridos
que me persiguen
como si fueran
llantos de perro.
Estodoloqueofrezco
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XV
Somos
Nada nos separa.
el ave y su nido,
las sombras y la noche. Ninguno cree en otros cielos
sólo en el amor
aunque la luz muera;
aunque jamás regresen “imposibles pájaros
que nunca más diremos”.1
1
Jorge Rossi - poeta. Estodoloqueofrezco
45
XVI Lentos
pasos de tortuga que no lastiman el suelo
ni con la carga
pesada de otoĂąos. Hay magia
en su andar, sosiego, agonĂa
profunda
de silencios. Paso a paso se detiene.
Estodoloqueofrezco
47
Paso a paso, palidece la vida
ante sus ojos. Paso a paso, palabras,
recuerdos;
desconsuelo que
aviva el dolor
paso
a
paso.
XVII Cruza
un puente
que se bambolea sin ecos de pasos.
Una luz
lo ilumina y
llega
con calma al final. Ocaso.
Regresa al nido.
“Pajaro de sueño afiebrado”.
Estodoloqueofrezco
49
XVIII Pabell贸n; camino oscuro largo
ancho
blanco y verde a toda hora.
Pasos con cautela
fuego en la mirada.
En medio del silencio una risotada un alarido un llanto
da muerte a
la esperanza. Estodoloqueofrezco
51
XIX Diseminadas escucho:
voces que se extinguen en instantes eternos.
Encierros que liberan fantoches estáticos. Ni un tímido fulgor que ahuyente esta pena.
Palabras que pesan
lloverán sobre mis espaldas en este caos
que dejó sin eco
mi voz.
Estodoloqueofrezco
53
XX Verano
Reptiles en urdimbres, masajeando el suelo. La tierra con sudor de sombras.
Y el arroyo que apenas se sentía. Y yo ahí
entre el cielo
y las piedras,
la fuerza del viento me traía
el calor de una voz.
Estodoloqueofrezco
55
XXI Mañana de niebla. Silencio de pájaros.
Un silbido cruza la calle. Camina entre el caserío por árboles que quemó el verano.
Mundo que emerge entre la neblina y el cielo entre el hombre y su nostalgia. Después
el silbido se pierde en lo bajo del poblado.
Instante de belleza inventada por la bruma; Estodoloqueofrezco
57
todo desaparece con sigilo s贸lo en mi piel queda el oto帽o.
XXII A veces parto sin rendirme.
Tempestad que castiga como sombra inconsciente
pegada a la noche. A veces parto grifo abierto
de pesada lanza. Mis regresos anuncian
el ritual de los sueños y digo sin esmero:
no encenderé fogatas,
no tendremos momentos
con todo
lo más dulce
del recuerdo.
No seré alondra ni tristeza,
Estodoloqueofrezco
59
solo serĂŠ una hormiga cargando
palabras incendiarias.
XXIII Intenté atrapar
palabras distendidas,
sólo junté unas letras en el bolso;
tantas cosas con ellas: un pañuelito,
una cinta para el cabello, una pipa
(recuerdo del abuelo),
una hoja donde se leía:
amor, que andas sin andar; confundida voz de abandono.
Estodoloqueofrezco
61
XXIV En la tierra el sudor de la fiebre fundi贸 el llanto de los hombres.
Hilachas de cuero lastimaron la inocencia. Insensatos buitres se disfrazaron de jueces, y bebieron su sangre.
EI cuerpo fue: sacrificio, t煤nica de perd贸n, calvario en el G贸lgota sin flores
sin piedad.
Estodoloqueofrezco
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XXV Soy otra. Escarabajo que sortea arenas y heladas.
Soy otra. Balbuceos de hojas y de orugas.
Soy otra. Existencia sin quejas; calla olvida sin mirar hacia atrรกs.
Estodoloqueofrezco
65
XXVI No vi llorar al hombre
ni suplicar piedad
ni olvido
ni en su mirada orgullo,
ni maldecir las voces
que lo hirieron. un
Vi
hombre que carga
oscuros laberintos con su peso.
Estodoloqueofrezco
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XXVII Tantas veces. Sufrió:
el graznido del silencio, la palabra equivocada, la suerte en destierro. Cruzó cenizas,
fiebre de vacíos.
Noches incurables. Vivió
irrumpiendo la memoria. Anudó
mentiras y halagos, Dejó
que el olvido se adueñara de su vida y
sobrevivió. Estodoloqueofrezco
69
XXVIII Es todo lo que ofrezco: palomas en vuelo, caballos blancos,
ventanas abiertas; y un pie
bendito
que aplasta
a la serpiente.
Estodoloqueofrezco
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Orden del Libro
ES TODO LO QUE OFREZCO
Palabras preliminares / 11 Poema I / 17
Poema II / 19
Poema III / 21 Poema IV / 23 Poema V / 25
Poema VI / 27
Poema VII / 29
Poema VIII/ 31 Poema IX / 33 Poema X / 35
Poema XI / 37
Poema XII / 39
Poema XIII / 41
Poema XIV / 43 Poema XV / 45
Poema XVI / 47
Poema XVII / 49
Poema XVIII / 51 Poema XIX / 53 Poema XX / 55
Poema XXI / 57
Poema XXII / 59 Poema XIII / 61
Poema XXIV / 63 Poema XXV / 65
Poema XXVI / 67
Poema XXVII / 69
Poema XXVIII / 71
sobre la colección Ciudad y río Es muy triste ver a una ciudad sin río, pero más lo es una literatura sin poesía.
Villa María ha sido cuna y casa de poetas. Desde los albores de aquello que denominamos “literatura local”, han dejado su impronta un destacado número de exponentes. Nombres como el de Geremías Monti, Bruno Ceballos, Héctor Broggi Carranza, Rosa Tejeda Vázquez de Theaux... hasta la recordada Edith Vera, no faltan cuando hablamos de precursores y de buenos poetas. No es casual que una colección de poesía nos presente como editorial. Desde este nuevo emprendimiento continuaremos con esa tradición tan bella de dar a conocer los versos de nuestras dos ciudades que, con sus realidades particulares, (con)forman parte de un mismo lugar. Emulando el cauce del Ctalamochita, esta colección navegará por nuestras aguas y continuará su marcha hasta bañar quién sabe qué márgenes. En este recorrido se incorporarán quienes ya han hecho un oficio de la palabra y aquellos noveles que buscan, eternamente, el eco de su voz.
Darío Falconi editor EL MENSÚ ediciones
Es todo lo que ofrezco de Magdalena Castro se terminó de imprimir en el mes de Enero de 2012, por orden de EL MENSÚ ediciones en DOCUPRINT S.A. Tacuarí 123 (C1071AAC), Buenos Aires, República Argentina.