

sin fronterasJUSTICIA
Desde hace más de dos décadas, la activista y abogada Mónica Ramírez ha enfocado su trabajo en la defensa de las mujeres migrantes en Estados Unidos
OPINIÓN

INSPIRE COLLABS
POR DIANA CASTELLANOS GIVAUDAN
Nutrióloga
@diana_nutandfood | @inspire.collabs
¿Comer orgánico sirve o da igual?
No se trata solamente de comer. Se trata de elegir conscientemente qué queremos poner en el único cuerpo que tendremos toda la vida
Cada vez que alguien ve el precio de un jitomate orgánico suele surgir la misma pregunta: "¿De verdad vale la pena o es puro marketing?". La respuesta no es tan simple como un sí o un no.
Primero entendamos qué significa que un alimento sea orgánico. Para obtener esta certificación, agricultores, productores e incluso algunos restaurantes deben cumplir normas muy estrictas relacionadas con el manejo de sus cultivos y productos. Entre ellas está la limitación o prohibición de pesticidas sintéticos, fertilizantes químicos, antibióticos y organismos genéticamente modificados.
Pero más allá de la etiqueta, ¿qué beneficios tiene? Desde el punto de vista ambiental, la agricultura orgánica puede ayudar a disminuir la contaminación del suelo y del agua, favorecer la biodiversidad y reducir el impacto de ciertas prácticas agrícolas intensivas. Y aunque a veces olvidamos este punto, cuidar el planeta también es una forma de cuidar nuestra salud.
Ahora hablemos de nutrición. Algunas investigaciones han encontrado que ciertos alimentos orgánicos pueden contener concentraciones ligeramente mayores de compuestos antioxidantes y menores residuos de pesticidas. Sin embargo, esto no significa que sean más nutritivos o que una persona que consume alimentos convencionales esté comiendo mal.
Aquí está el punto importante: comer más frutas, verduras, leguminosas y alimentos frescos siempre será mejor que no comerlos
Porque la realidad es que un aguacate convencional sigue siendo mejor opción que una galleta ultraprocesada con etiqueta "natural".
Mi recomendación como nutrióloga es sencilla: si tu presupuesto te permite incluir algunos productos orgánicos, adelante. Si no es posible, no te angusties. La calidad global de tu alimentación tiene un impacto mucho mayor que una sola etiqueta. La nutrición no se trata de perfección. Se trata de tomar mejores decisiones de forma consistente.
Y si algo me encanta ver hoy en día, es que cada vez más personas se preguntan de dónde viene su comida, cómo fue producida y qué impacto tiene en su salud. Esa curiosidad ya es un gran paso. Porque al final, no se trata solamente de comer. Se trata de elegir conscientemente qué queremos poner en el único cuerpo que tendremos toda la vida.

EN BUSCA
del sueño americano
Empresas de textiles, labores domésticas y agricultura son los principales trabajos a los que tienen acceso las mujeres migrantes al cruzar la frontera
MARÍA FERNANDA FERNÁNDEZ
FOTOS: ESPECIAL
En el territorio estadounidense residen 14.1 millones de migrantes mexicanas, quienes tienen un importante aporte económico anual al país, con actividades que van desde manufactura, administración y cuidados, por mencionar algunas.
Los perfiles laborales dependen en gran medida de qué tan reciente es la llegada al territorio vecino, pues los primeros trabajos a los que las mujeres acceden están relacionados con la contratación en empresas textiles, el trabajo doméstico y la agricultura en el área de recolección de alimentos.
También aumenta la tendencia al autoempleo con la creación de emprendimientos, como se mencionó en el coloquio “El otro lado: Nuevas perspectivas de la relación México-Estados Unidos” realizado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
En este sentido, se estima que la aportación de las mexicanas a la economía estadounidense es de 1.1 billones de dólares al año, según Latino Donor Collaborative (LDC), ya que una vez que se establecen para una larga estancia comienza
Son ocho millones de trabajadoras mexicanas en E.U.
El 26% ha notado una mejoría en su economía desde que migró.
Los salarios promedio para las mujeres agricultoras van de 10 a 15 dólares por hora. Los salarios para mujeres en puestos gerenciales son de entre 35 y más de 50 dólares por hora.
LA AGRICULTURA es uno de los principales sectores a los que las migrantes tienen acceso al llegar al país vecino.
Impacto directo


Presencia
importante
En Estados Unidos hay 22.2 millones de mujeres latinas.
Una de cada cuatro mujeres en E.U. es latinoamericana.
Una de cada cinco mujeres en el país vecino es mexicana.
La edad promedio de las connacionales es de 30 años.
La edad media de las estadounidenses es de 44 años.
Alrededor del 69% las mexicanas que residen en ese país trabaja.

1.1 BILLONES DE DÓLARES aporta el trabajo femenino mexicano en el país norteamericano.
la ocupación en empleos de oficina, hotelería, restaurantes y bienes raíces, la mayoría como trabajos de medio tiempo, pues 60% de las mujeres provenientes de nuestro país tienen hijos y labores de cuidado en casa.
Las oportunidades aumentan y hay un cambio de panorama cuando se habla de la segunda generación de migrantes, es decir las mujeres nacidas en Estados Unidos de madres mexicanas, pues tienen mayor acceso a educación y se insertan en los sectores de nuevas tecnologías como las carreras STEM, pero también en el sector de la salud, donde muchas connacionales llegaron desarrollándose como enfermeras y cuidadoras de adultos mayores.
Hay dos estados que concentran en su mayoría a las mexicanas económicamente activas, se trata de California y Texas, siendo el primero el que mayor oferta de trabajo tiene, pues entre el 11% y el 13% representan la fuerza laboral del territorio enfocada en trabajos de supermercado, logística de almacenes y en clínicas comunitarias.
En Texas, el mercado laboral para ellas se enfoca en la preparación y servicios de alimentos,
Datos a destacar
El promedio de las ganancias de las mexicanas es de 17 dólares por hora. El 60% de las migrantes mexicanas tienen hijos.
pero cada vez hay más demanda hacia quienes tienen un perfil bilingüe que puedan trabajar como recepcionistas y asistentes de servicio al cliente, concentrando entre un 10% y un 12% la presencia de mexicanas.
Según los censos laborales realizados por el equipo de LDC, las connacionales encuentran nuevas necesidades en sus condiciones laborales en Estados Unidos, pues 69% dice estar lista para tomar posiciones de liderazgo y a 81% le interesan los derechos de las mujeres, pues a pesar del impacto económico, la brecha salarial aún es muy significativa, ya que el Institute For Women's Policy Research registra que las mujeres latinas en territorio norteamericano perciben 40% menos de ingresos que un hombre blanco no hispano.
En este sentido, el número de trabajadoras mexicanas seguirá creciendo en Estados Unidos, es por esa razón que es importante garantizar el acceso a condiciones laborales dignas, salarios base y prestaciones óptimas para que el sector formal vaya en aumento y su contribución a la economía sea aún mayor, ya que juegan un papel muy relevante para el país vecino.
OPINIÓN

CUERPO Y ALMA
POR MARÍA ELENA ESPARZA GUEVARA
Goles invisibles del Mundial
La fiesta internacional del futbol tiene muchos patrocinadores visibles y una sola base: el trabajo de mujeres cuyo esfuerzo no aparece en ningún marcador
Cuando el árbitro pita el inicio de un partido mundialista, millones de personas fijan la vista en la cancha. Nadie mira hacia los pasillos, las cocinas, los baños, los vestidores. Nadie piensa en quién limpió las gradas esa mañana, quién preparó los alimentos para los miles de aficionados o quién tiende las camas en los hoteles repletos. Detrás del torneo más visto del planeta opera una economía de servicios sostenida en gran medida por mujeres, muchas de ellas en condiciones laborales precarias, invisibilizadas para la celebración. En México, el sector de hospitalidad y servicios —hotelería, limpieza, alimentos y bebidas— está claramente feminizado. De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI, las mujeres representan la mayoría de la fuerza laboral en servicios de alojamiento y preparación de alimentos y, sin embargo, perciben ingresos sistemáticamente menores a los de sus pares hombres. Según cifras de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2024, por cada peso que gana un hombre en México, una mujer recibe 65 centavos: una brecha que en el sector de los servicios se profundiza cuando se suman las jornadas extendidas, los contratos eventuales, la informalidad y la ausencia de prestaciones de ley.
El modelo no es nuevo ni exclusivo de este mundial. Amnistía Internacional documentó para Qatar 2022 que las trabajadoras domésticas migrantes empleadas en hoteles y residencias durante el torneo enfrentaron sobrecarga laboral, trato abusivo y condiciones degradantes. De acuerdo con Human Rights Watch, la responsabilidad de la FIFA abarca no solo a quienes trabajan en los estadios, sino a los cientos de miles de personas empleadas en la infraestructura que rodea al torneo: transporte, alojamiento, seguridad y limpieza. Una cadena de trabajo femenino que rara vez aparece en los análisis de impacto económico del evento.
Lo que la FIFA no transmite es el agotamiento de las trabajadoras. La camarera que cambia sábanas a contrarreloj entre partidos, la cocinera que trabaja turnos dobles durante la fase eliminatoria, la persona de limpieza que desinfecta los sanitarios del estadio. La fiesta internacional del futbol tiene muchos patrocinadores visibles y una sola base: el trabajo de mujeres cuyo esfuerzo no aparece en ningún marcador; sus goles son indispensables pero invisibles.
Fundadora de Ola Violeta AC @maelenaesparza
LA MANUFACTURA es una de las áreas que más emplea migrantes en Estados Unidos.
OPINIÓN

PENSAR EN FEMENINO
POR SUSANA A. OCHOA TORRES
Profesora investigadora y jefa de academia de Filosofía Social y Política del Instituto de Humanidades, Universidad Panamericana, Campus Guadalajara sochoa@up.edu.mx
Goles sobre fosas:
El grito silenciado del juego limpio
La fiebre del balón se respira en el aire. México se ha vestido de fiesta, para iluminar sus estadios y desplegar esa calidez hospitalaria que tenemos y que tanto nos gusta presumir ante el mundo. La justa deportiva más grande del planeta está presente. Sin embargo, detrás de la pirotecnia de los palcos y el rugido de la afición, se proyecta una sombra que ninguna luz artificial puede disipar: la de un país que sangra, el de las miles de ausencias que no se nombran en las transmisiones oficiales. ¿Cómo cantar un gol cuando en el eco de la tribuna resuena el silencio de los desaparecidos?
Mirar este escenario desde el Feminismo Centrado en la Persona no es un acto de boicot, sino un imperativo ético de lucidez. Esta corriente no entiende de cuotas abstractas ni de discursos de escaparate; su médula espinal es la dignidad intrínseca e inviolable de cada ser humano, singular e irrepetible. Mientras la geopolítica del deporte celebra estadísticas y promete derramas económicas, este feminismo pone la mirada en el rostro concreto: en la madre que rasca la tierra con las uñas buscando un rastro de su hijo, en la hermana que marcha bajo el sol, en el dolor encarnado que no sabe de treguas futbolísticas.
Existe una desconcertante esquizofrenia social en nuestra cancha. Por un lado, exigimos un “juego limpio” implacable, donde el árbitro asistente de video (VAR) analiza cada milímetro de una jugada y el árbitro castiga la menor infracción. Por el otro, habitamos una realidad donde la impunidad es el director técnico del día a día, donde las reglas del juego social están rotas y las víctimas colaterales de la violencia parecen no importar, siempre y cuando el balón siga rodando. No se trata de satanizar el balompié ni el legítimo deseo de alegría de un pueblo históricamente golpeado. El juego es un catalizador humano bellísimo. Pero la verdadera “justa” no puede limitarse al terreno de juego. Una sociedad que se desvive por albergar el mundo en su casa no puede seguir barriendo sus tragedias debajo de la alfombra verde del césped.
El Feminismo Centrado en la Persona nos convoca a un urgente ejercicio de empatía y congruencia. Si somos capaces de conmovernos hasta las lágrimas por un gol en el último minuto, tendríamos que ser capaces de indignarnos con la misma fuerza ante la injusticia cotidiana. Que este mundial no sea el opio que anestesie nuestra memoria, sino el megáfono que visibilice que, detrás de esta fiesta, hay una deuda humanitaria pendiente. Que la red del rival no sea lo único que se rompa; rompamos también el pacto de indiferencia. El partido más importante de México no se juega en la cancha, se juega a diario en un juego limpio donde todos tenemos las mismas oportunidades, y la violencia no es nuestro lenguaje. ¡Qué viva México! Pero que viva mejor. Que cada ciudadano alcance sus sueños y que la Patria nos abrace, proteja y conduzca.
Trabaja
DERECHOS POR SUS
Por más de 20 años, Mónica Ramírez ha trabajado por defender los derechos de las mujeres migrantes
en el país del norte
DANIELA ZAMBRANO
FOTOS: ESPECIAL
Con más de dos décadas de experiencia y de lucha por la defensa de los derechos de las mujeres migrantes en Estados Unidos, la activista y abogada Mónica Ramírez se ha convertido en un referente en esta agenda. Nacida en Ohio, Estados Unidos, Ramírez es descendiente de migrantes mexicanos quienes encontraron en el campo su medio de trabajo; sector en el que años más tarde Mónica enfocaría su labor social.
De esta forma, en 2003, con el objetivo de luchar contra la discriminación de género de la que eran objeto las trabajadoras agrícolas, Mónica inició el primer proyecto legal con el que protegió los derechos humanos de estas mujeres; sin embargo, 11 años más tarde, este proyecto evolucionó a Justice for Migrant Women, organización sin fines de lucro que trabaja por la defensa de los derechos civiles y humanos de las mujeres migrantes y agrícolas en Estados Unidos.
En este contexto, el trabajo de Justice for Migrant Women se ha centrado en erradicar la violencia sexual contra las mujeres migrantes trabajadoras y es que, de acuerdo con Victim Rights Law Center, hasta 80 por ciento de las mujeres migrantes latinas que trabajan en el sector agrícola estadounidense sufre acoso sexual, así como coerción y discriminación de género a lo largo de su vida laboral.
El interés de Mónica en el campo comenzó a los 14 años, cuando empezó a investigar sobre la importancia de los trabajadores agrícolas para la alimentación de la población en Estados Unidos, desde entonces, comenzó a desarrollar su labor social en este sector
Asimismo, la organización también se cen-

tra en la igualdad salarial y otras protecciones laborales, como actividades relacionadas con la ley federal Be Heard in the Workplace (Sé escuchado en el lugar de trabajo), la Ley de Equidad Salarial, entre otras iniciativas estatales y locales. También, Justice for Migrant Women ha tenido iniciativas de participación cívica rural centradas en las necesidades de las mujeres migrantes y comunidades vulnerables para garantizar que sus necesidades sean tomadas en cuenta por líderes políticos.
Y es que, de acuerdo con la propia organización, hay tres factores principales que dificultan la participación cívica en las zonas rurales de Estados Unidos: la falta de acceso a la información, la escasez de espacios cívicos y los problemas de infraestructura.
En este sentido, desde la organización, se han desplegado diversas iniciativas que están

HA TRABAJADO con actores clave que visibilizan el movimiento.
La reconocen
Fue condecorada con el Premio Nacional de Liderazgo Transformacional Latino de Casa de Esperanza.
Obtuvo el Premio LCLAA Trabajadoras de Florida Central.
La galardonaron con el Premio Jessie de la Cruz a la Activista Comunitaria y al Servicio de California de Asistencia Legal Rural.
orilladas a la asistencia social como la ayuda alimentaria, con la que han repartido comida a comunidades vulnerables en diferentes estados de E.U.; también han abordado el tema de la organización de las y los trabajadores agrícolas, centrándose en la dignidad laboral, así como el impulso a la igualdad salarial de las trabajadoras del campo, todo esto de la mano de diversas organizaciones con las que colaboran. Por 11 años, Justice for Migrant Women ha trabajado en pro de los derechos de las mujeres migrantes, bajo el liderazgo de Mónica Ramírez, quien ha sido reconocida por esta labor no solo en Estados Unidos, sino también alrededor del mundo; en 2018 fue reconocida por Forbes como una de las 100 mujeres más poderosas de México, y en 2021 integró la lista de líderes emergentes de TIME, además de diversos reconocimientos alrededor del mundo

Nombrada una de las personas más influyentes por TIME. 2007
Es licenciada en Derecho por la Universidad Estatal de Ohio.
Cuenta con una maestría en Administración Pública por la Escuela Kennedy de Harvard.
Justice for Migrant Women tiene su sede en Fremont, Ohio.
Sobre Mónica
MÓNICA HA INCIDIDO en las políticas migratorias.
Mónica crea Proyecto Bandana.
Nace Justice for Migrant Women.
OPINIÓN

NUESTRAS CAUSAS
POR MTRA. CLAUDIA S. CORICHI GARCÍA
Presidenta Nacional de la Colectiva 50+1
@Claucorichi
Malena Ríos y su lucha contra la violencia
Más allá de un caso individual, esta historia interpela a la sociedad mexicana, ya que la justicia no puede reducirse a la imposición de una sentencia
El ataque con ácido contra la saxofonista oaxaqueña María Elena Ríos, no sólo evidenció una de las expresiones más crueles de la violencia de género en México; también expuso las profundas fallas del sistema de justicia.
A casi siete años de la agresión, el caso continúa siendo un símbolo de resistencia, pero también de la persistente impunidad que rodea a muchos delitos cometidos contra las mujeres.
Malena nos relata en el podcast “Vencer el Silencio”, producido por la Colectiva Sorora, que las consecuencias del ataque trascendieron las severas lesiones físicas.
Además de enfrentar numerosas cirugías reconstructivas y largos procesos de rehabilitación, debió reconstruir su vida. A ello se sumaron amenazas de muerte, episodios de revictimización, cuestionamientos públicos, discursos que intentaron desacreditar su testimonio e incluso ataques a su familia.
La violencia institucional ha sido otra constante en este proceso.
Durante años, ha denunciado retrasos judiciales, resoluciones controvertidas y presuntas irregularidades que, en su opinión, han favorecido a personas acusadas de participar en la agresión, como la de su presunto agresor que fue trasladado de la cárcel a un hospital privado bajo el simple argumento de “padecer hemorroides y depresión”.
Estas circunstancias revelan un problema estructural: en México, denunciar e incluso probar no garantiza el acceso oportuno a la justicia y, con frecuencia, las víctimas deben sostener una larga batalla legal para evitar que sus casos queden impunes.
Frente a esta realidad, Malena ha transformado su dolor en activismo. Su lucha impulsó la denominada Ley Malena, conjunto de reformas que busca reconocer los ataques con sustancias corrosivas como una forma extrema de violencia de género y sancionarlos con mayor severidad en los códigos penales locales, y que ya está presente en al menos 15 estados de nuestro país.
Más allá de un caso individual, esta historia interpela a la sociedad mexicana, ya que la justicia no puede reducirse a la imposición de una sentencia; implica asegurar atención médica especializada, acompañamiento psicológico, reparación integral y procesos judiciales libres de corrupción.
Mientras las víctimas y sus familiares continúen enfrentando obstáculos institucionales, la impunidad seguirá alimentando la violencia.
Nuestra voz debe sumarse a la de ella: ¡No estás sola!
Luchan desde diferentes trincheras
A
lo largo de la historia de la agenda inmigrante en Estados Unidos, las mujeres mexicanas han jugado un papel fundamental en la defensa de los derechos de sus connacionales

María Látigo de Hernández
Nació en la ciudad de Monterrey en 1896 y fue maestra de primaria. Durante la Revolución Mexicana, cruzó la frontera con Estados Unidos y se convirtió en una inmigrante que comenzó a luchar por los derechos de sus compatriotas. Junto con su esposo, en 1929 fundó la Orden de los Caballeros del Norte, organización que
reunió activistas y políticos en favor de los derechos civiles para inmigrantes y chicanos. Se manifestó y publicó escritos en contra de la segregación, la opresión racial y la educación de muy mala calidad que recibía este grupo vulnerable. En 1932 se convirtió en la primera mujer mexicana locutora de radio en Austin, Texas.
EMARÍA FERNANDA FERNÁNDEZ
FOTOS: ESPECIAL
n Estados Unidos residen aproximadamente 5.6 millones de mujeres nacidas en México, lo que representa un 47.4% del total de la población migrante mexicana en el país vecino, quienes, a lo largo del tiempo, han jugado un papel fundamental en la historia de dicha nación.
En ese sentido, a pesar de que muchas de ellas han llegado a la nación americana en situaciones irregulares, han encabezado múltiples luchas en las que exigen —y lo siguen haciendo— mejores tratos para sus connacionales, así como la defensa de sus derechos humanos.
En este contexto, te presentamos a algunas mexicanas defensoras de derechos humanos que han puesto el ejemplo.
Odilia Romero y Janet Martínez
Fundadoras de CIELO (Comunidades Indígenas en Liderazgo), organización sin fines de lucro que trabaja con inmigrantes indígenas que residen en Los Ángeles, California. Luchan por la justicia social, que incluye la erradicación de la violencia de género, el acceso a los derechos lingüísticos, la preservación cultural y la salud reproductiva. CIELO provee de traductores de lenguas originarias a más de 27 territorios en Estados Unidos, en donde Odilia es intérprete de zapoteco, español e inglés. En meses recientes, Janet ha liderado protestas contra las redadas encabezadas en el país.
Greisa Martínez
Llegó a Norteamérica cuando tenía ocho años, y a pesar de que su padre fue deportado, la familia se quedó, por lo que ella terminó estudiando en la Universidad de Texas y fue ahí donde fundó el primer grupo de estudiantes indocumentados y activistas. Se unió a la organización United We Dream en 2012, hasta convertirse en la directora ejecutiva de esta en 2020. Greisa comenzó un fondo en 2025 con el objetivo de recaudar 30 millones de dólares para financiar asistencia legal para familias inmigrantes en el país, llamado Defending Our Neighbors; gracias a esta iniciativa forma parte de la lista TIME 100 Philanthropy 2026.


Dulce Matuz
Nacida en Sonora, cruzó la frontera en su adolescencia para reencontrarse con su madre. Cofundó la Arizona Dreamer Coalition (ADAC), con el objetivo de exigir una nueva ley que diera permiso a las infancias que llegaron con su familia a EU sin obtener derechos a la salud y a la educación para que pudieran legalizar su estatus migratorio luego de obtener un grado universitario o de prestar el servicio militar. Gracias a estos esfuerzos, logró que Barack Obama suspendiera las deportaciones a los dreamers durante su administración y en 2012 se convirtió en una de las 100 personas más influyentes de la revista TIME.


COLUMNISTA INVITADA
Cuando ya no puedes dejar de verlo
Los seres humanos somos seres de patrones. De hecho, cuando esos patrones nos benefician, solemos llamarlos hábitos
¿Alguna vez te has detenido a observar cómo discutes con tu pareja? No me refiero al motivo de la discusión. Me refiero a la forma. ¿Quién habla primero? ¿Quién se calla? ¿Quién intenta resolverlo todo? ¿Quién se aleja? ¿Quién termina cediendo? ¿Quién pide perdón?
Ahora piensa en tu relación con tu mamá, con tu jefe o con alguna amistad. ¿Notas algo familiar?
La mayoría de nosotros creemos que reaccionamos de manera espontánea. Pensamos que cada conversación, conflicto o decisión ocurre de forma aislada. Sin embargo, cuando empezamos a observarnos con atención, descubrimos algo fascinante: repetimos mucho más de lo que imaginamos.
Los seres humanos somos seres de patrones.
De hecho, cuando esos patrones nos benefician, solemos llamarlos hábitos. Nuestro cerebro ama las rutas conocidas porque le permiten ahorrar energía y funcionar de manera más eficiente.
El problema es que no distingue entre los patrones que nos ayudan y los que nos limitan. Por eso no solo repetimos hábitos. También repetimos conversaciones, reacciones, dinámicas y formas de relacionarnos. Hay personas que siempre terminan haciéndose responsables de todo. Otras que evitan cualquier conflicto. Algunas buscan constantemente aprobación. Otras necesitan controlar cada detalle para sentirse seguras. Muchas veces estos comportamientos se vuelven tan automáticos que dejamos de cuestionarlos y comenzamos a creer que simplemente “así somos”. Hasta que un día empezamos a mirarnos. Y ahí comienza la incomodidad. Porque descubrir un patrón no significa que desaparezca. Al contrario. Empiezas a verlo en tiempo real.
Te escuchas justificando algo que no te gusta. Te observas diciendo que sí cuando querías decir que no. Notas cómo vuelves a cargar responsabilidades que no te corresponden.
Y entonces aparece una verdad difícil de ignorar: gran parte de lo que vivimos no depende únicamente de lo que hacen los demás. También depende del lugar que nosotros ocupamos dentro de la dinámica.
Piensa en una danza. Durante años aprendimos ciertos pasos. Los repetimos tantas veces que dejamos de cuestionarlos. Mientras ambas personas sigan ejecutando los mismos movimientos, la coreografía continuará exactamente igual.
Por eso muchas veces sentimos que vivimos la misma historia con distintos personajes. Pero la sensación es familiar. No porque todas las personas sean iguales, sino porque seguimos bailando los mismos pasos.
Fundadora y CEO “Yo en Gestión 360°” @adesaracho
