

Literatura MUNDIALISTA
Una selección de novedades editoriales muestra cómo el balón también se juega en las historias que nacen dentro y fuera de la cancha
LESLIE PÉREZ


ES ARQUITECTO de formación, con experiencia en la construcción.


de transformación EL ARTE COMO ESPEJO
Alán Sandoval, Sandovla, desarrolla una obra escultórica basada en el reflejo, el color y la memoria. Sus piezas buscan confrontar al espectador
POR AZANETH CRUZ
Mucho antes de convertirse en artista, Alán Sandoval, quien firma su obra como Sandovla, encontró distintas formas de crear, primero en los cuadernos intervenidos con crayolas, después en los poemas de la adolescencia y más tarde en los objetos construidos con materiales reciclados del negocio familiar. “El arte, más que una elección, ha sido una constante en mi vida”, platica. Hoy, a sus 46 años, el artista mexicano convierte esa pulsión en esculturas reflectivas de gran formato que invitan al espectador a observarse, cuestionarse y, a veces, reconocerse. “Creo que si tuviera una palabra para definir lo que vine a hacer sería crear. Siempre tuve esa necesidad. Cuando iba a un museo y veía una obra que me gustaba, más que querer tenerla, quería hacerla”, afirma.
Esa inquietud lo acompañó durante décadas, incluso mientras su vida profesional tomaba otro rumbo. “Estudié arquitectura y desarrollé una trayectoria en la construcción, el diseño de interiores y el mobiliario Sin embargo, en cada proyecto persistía una búsqueda que excedía la función. Siempre quería que hubiera algo detrás, un concepto, no me interesaba sólo lo estético. Quería que las cosas significaran algo”, cuenta. Hoy, esa búsqueda se condensa en piezas donde el vidrio, el color y la distorsión visual operan como lenguajes de memoria, identidad y transformación.
Asimismo, comparte que la escritura lo acompañó siempre en paralelo al arte, por lo que cerca de cien poemas escritos en la adolescencia nutren una nueva serie de obras. “Quería que hubiera contenido detrás de las formas. Fue entonces cuando comencé a explorar los elementos que hoy atraviesan mi obra, como los claroscuros,
los volúmenes y la forma en que la luz modifica la percepción del espacio”, comparte. Fue en ese proceso cuando descubrió las superficies cóncavas que hoy utiliza como base de sus esculturas, y entendió que ahí podía sintetizar su búsqueda.
Aunque cada pieza responde a una historia distinta, todas se articulan a partir de tres elementos: el círculo, el reflejo y el color. “El círculo representa el ciclo de la vida y el cambio constante, y también al individuo; el segundo eje es el reflejo, ya que la pieza te confronta, y el tercero es el color, entendido como un lenguaje universal. Dos personas pueden no hablar el mismo idioma, pero sí compartir una emoción a través del color”, comparte.
Asimismo, resaltó que muchas de sus piezas nacen de recuerdos personales, ejemplo de ello es una de sus primeras series, Rainy Mood, inspirada en los trayectos de regreso a casa después de visitar a su abuela los domingos. “Recuerdo las tardes lluviosas, el pavimento mojado y las gotas en el parabrisas. Iba en el asiento trasero observándolo todo”, dice.
Otra colección parte de piedras preciosas como los rubíes o los diamantes, y comparte que, aunque visualmente son piezas intensas, su sentido apunta en otra dirección. “Lo importante es lo que llevamos dentro”, explica.
Sobre su producción, detalla que cada obra combina precisión técnica y experimentación constante. “Las piezas se construyen a partir de vidrio sometido a más de 600 grados centígrados. Un mínimo desajuste puede alterar el resultado, y, sin embargo, muchos de los hallazgos también provienen del error”, refiere
“Hay veces que crees que arruinaste una pieza y ocurre algo inesperado. Nos ha pasado que un color simplemente no funciona; cambiamos y todo encaja de inmediato” Por último, comparte que más allá de la técnica, el núcleo de su obra es la introspección: “He aprendido a mirar las cosas desde fuera”, cierra
Tiene cuatro años de trayectoria formal en el mundo del arte. Participó en la última edición de la Feria de Arte BADA. Colabora con arquitectos, diseñadores y artistas Presenta su obra en exposiciones, en su estudio, ferias y proyectos nacionales e internacionales. Su práctica integra influencias del arte abstracto,la escultura contemporánea, la proporción áurea y el diseño arquitectónico. Datos clave
El originariopueblodel COLOSO
CUARTOSCURO Y ESPECIAL

OPINIÓN

Espacios sin sentido
SINESTESIA
TOMÁS LUJAMBIO
@tlujambiot
Con raíces prehispánicas y una historia marcada por haciendas, ejidos y urbanización, la colonia Santa Úrsula Coapa conserva vestigios de uno de los pueblos más antiguos del sur de la CDMX
POR REDACCIÓN
Mucho antes de que el futbol la volviera conocida en todo el mundo, Santa Úrsula Coapa era un asentamiento indígena en el extremo sur de la cuenca de México. Su historia se remonta a tiempos prehispánicos y forma parte del antiguo territorio de Coyoacán, una región transformada por la erupción del volcán Xitle, ocurrida hace casi dos mil años, que cubrió extensas áreas con lava y dio origen a los pedregales que todavía caracterizan buena parte del paisaje del sur de la ciudad. Durante la época colonial, el antiguo pueblo recibió la advocación de Santa Úrsula Virgen y Mártir, de quien tomó su nombre actual. La segunda parte del nombre, Coapa, proviene de una región histórica integrada por pueblos, ranchos y haciendas que se desarrollaron en esta zona rural del sur de la capital novohispana. A lo largo del siglo XVIII la influencia de la Hacienda Coapa fue determinante para la vida económica de la región y el nombre terminó por extenderse a los territorios circundantes.
Uno de los testimonios más antiguos de esa historia permanece en el templo de Santa Úrsula. El catálogo de monumentos históricos del INAH señala que su origen podría remontarse al siglo XVI, cuando funcionaba como una ermita vinculada al proceso de evangelización de los pueblos indígenas de la zona. La construcción fue modificada en distintas etapas y la fachada actual corresponde principalmente al siglo XIX. Hasta bien entrado el siglo XX, Santa Úrsula Coapa conservó un carácter rural. Sus habitantes se dedicaban principalmente a actividades agríco-
las y al aprovechamiento de las tierras comunales y ejidales. La zona permanecía relativamente aislada del centro urbano y estaba rodeada por campos de cultivo, caminos de tierra y antiguos terrenos volcánicos. Diversos estudios sobre la memoria histórica del pueblo refieren que la vida comunitaria giraba alrededor de la parroquia, las festividades patronales y las formas tradicionales de organización vecinal.
La transformación definitiva comenzó en la década de 1960. En 1962 iniciaron las obras del Estadio Azteca sobre terrenos del antiguo ejido de Santa Úrsula. La construcción del inmueble, inaugurado en 1966, coincidió con un proceso de expansión urbana que modificó profundamente el sur capitalino. Nuevas vialidades, fraccionamientos y servicios atrajeron población procedente de distintas partes de la ciudad El pueblo rural quedó incorporado al crecimiento metropolitano.
Pero Santa Úrsula Coapa no desapareció. A diferencia de otras zonas absorbidas por la mancha urbana, conservó elementos de su identidad histórica.
Aunque todavía subsisten el antiguo templo, fiestas patronales, tradiciones comunitarias y una memoria colectiva ligada a su condición de pueblo originario. Esa coexistencia entre lo antiguo y lo moderno es una de sus principales características. A pocos metros de uno de los estadios más famosos del mundo sobreviven calles, prácticas religiosas y formas de convivencia que remiten a una historia muy antigua.
Actualmente, la cercanía con zonas como Ciudad Universitaria, la Calzada de Tlalpan y el Estadio Azteca la han convertido en una colonia estratégica de la ciudad que sigue construyendo una historia única.
La atracción por los espacios liminales habla del miedo a lo desconocido y de la incomodidad frente a la ausencia de significado
Tiene sentido que una película escrita y dirigida por un influencer haya nacido de una navegación aleatoria por internet.Para los nativos digitales,la esfera digital no solo se ha vuelto su principal fuente de entretenimiento e información sino,al parecer,de inspiración.Ese es el caso de Kane Parsons,quién encontró en su computadora la imagen que terminaría por conducirlo a su primer blockbuster dirigido con apenas 20 años: Backrooms La película gira en torno a los llamados espacios liminales: lugares de transición que parecen misteriosamente inconclusos o abandonados.Ahora bien, estos escenarios no son productos exclusivos de la ficción.En la cotidianidad,por ejemplo,centros comerciales a medio remodelar,pasillos que no llevan a ningún lado,estacionamientos vacíos o tiendas saqueadas también suelen generar esa sensación de incomodidad que hizo a Backrooms tan inquietante y accesible globalmente.
Pero ¿qué tienen estos espacios que producen tanto desconcierto? ¿Por qué una película que consiste,básicamente,en recorrerlos daría más miedo que una sobre monstruos violentos o fantasmas vengativos?
Si Freud siguiera vivo,probablemente argumentaría que los espacios liminales nos resultan siniestros porque nos obligan a desconocer brevemente aquello que nos resulta fiablemente familiar. Para él,los espacios liminales provocan un corto circuito precisamente porque nos hacen sospechar de los sitios,las personas y los objetos más cotidianos de nuestra vida.
Sin embargo,lo inquietante de esta película no radica meramente en la extrañeza del backroom, sino en la ausencia total de sentido que parece regirlo.Al final del día,este tipo de espacios liminales desconciertan aún más cuando nos ponen frente a la ausencia de sentido que a la presencia de algo desconcertante: puertas que no abren,habitaciones que se estrechan hasta volverse inhabitables,sillas apuntando a la pared o señales de alto en medio de un cuarto mal iluminado.Sitios y objetos hechos para ser habitados y utilizados,pero desprovistos de alguien que les conceda una razón de ser.
Lo curioso es que,a pesar de intimidar,los espacios liminales nos seducen.Cada vez que tenemos la extraña oportunidad de habitarlos,algo se apodera de nosotros de la misma forma en que se apodera del protagonista del filme: una curiosidad autodestructiva que no puede evitar recorrer y encontrar el sentido a un espacio que se distingue,precisamente, por degradarlo a toda costa.Un espacio,al fin y al cabo,muy parecido al internet.
CORTESÍA

a la cancha al estilo Jalisco Subir
Juan Pablo Villalobos
publica una breve novela donde se mezcla la ilusión y la esperanza con la derrota, sentimientos que se alimentan del jogo bonito del Brasil de México 70
LUIS CARLOS SÁNCHEZ
Cuando Juan Pablo Villalobos (Guadalajara, 1973) se fue a vivir a Barcelona se sintió “como un farsante”. Desde niño fue hincha del Atlas, ese equipo mexicano acostumbrado a la derrota: “Dije ‘no, no puedo irle al Barça porque gana mucho’. Entonces me decían ‘pues vele al Español’. Y dije ‘no, tampoco voy a irle a un equipo igual que el Atlas’. No iba a sufrir dos veces”.
Con su segundo equipo amado, al escritor le pasó lo contrario de lo que generalmente sucede con las herencias paternas: fue por su hijo que se volvió aficionado culé. “Tenía síndrome del impostor, realmente hasta que tuve hijos, y se
hicieron muy del Barça, por obvias razones, sentí que podía legitimarme a ser del Barça, yo me hice del Barça a través de mi hijo y ahora ya lo asumo”.
El futbol siempre ha estado cerca de Villalobos. Jugó hasta los 15 años, en la selección de la escuela y en la liga municipal de Lagos de Moreno: “Era un futbol llanero, en la Unidad Deportiva municipal, con canchas de tierra, polvo y patadas”. Siempre, además, se emocionó con los grandes astros, sobre todo centrocampistas: desde Platini hasta Iniesta o Pedri: “Me gusta esa posición, un poco el cerebro del equipo, el que organiza, que tiene el gesto imprevisible. Creo que la belleza del futbol está en esa posición”.
Como autor, el juego de 22 hombres sobre la cancha fue lógico que apareciera, tanto en forma de ficción como a manera de memorias de la infancia, crónicas o perfiles deportivos. Al fin y al cabo, dice, lo que sucede en 90 minutos, o más si el encuentro se alarga, canaliza muchas tensiones sociales y, sobre todo, permite creer.
“Es contrafactual, en el futbol no hay hechos que sustenten que puedes tener esperanzas de que algo va a suceder, y sin embargo quieres creer. Yo quiero creer que México va a ser campeón, no va a ser campeón, pero puede suceder, es muy difícil, pero no es imposible. Perú no puede ser campeón porque no está clasificado para el Mundial y México está clasificado, todos los clasificados pueden ser campeón. Es muy difícil que suceda, sin embargo, creemos, queremos creer y no necesitamos evidencias”, dice.

De la ilusión también se alimenta la aventura del protagonista de “Al estilo Jalisco” (Almadía / Universidad Iberoamericana, 2026), novela breve, con dibujos de Julio César Pérez, que Juan Pablo Villalobos entrega ahora en español, después de aparecer en portugués, idioma en el que nació. El título, por supuesto, alude a la famosa frase inmortalizada por José Alfredo Jiménez y su trama es una hilarante historia sobre un mexicano soñando con el jogo bonito de la selección verdeamarela de México 70.
La Brasil de Pelé, Jairzinho, Tostão y Rivelino brillando en el Estadio Jalisco el 3 de junio de 1970 contra Checoslovaquia, queda tatuada en la memoria de un niño que estuvo ahí. Sin rumbo fijo y sin ninguna esperanza en el futuro, el protagonista se muda a Río de Janeiro donde, después de varios fracasos amorosos, se embarca en una hazaña imposible: la de recrear teatralmente la actuación del equipo carioca y revivirla en México.
“Todos necesitamos darle sentido a la vida, a nuestras experiencias. Nos agobia, nos asusta el sinsentido, y a veces cuando estamos muy solos, muy vacíos, como le pasa a este personaje, no sabe muy bien qué quiere en la vida, no tiene muy claro sus gustos, sus intereses y cree que en Brasil va a encontrar lo que le falta: el sentido. Su manera de darle sentido a la realidad es irse a Brasil, y por eso va a una aventura un tanto absurda, pensando que en Brasil va a encontrar lo que no encuentra en Guadalajara”.
Sin embargo, en realidad se trata del principio del fin y todo sale mal. La historia se convierte en una sucesión de giros inesperados, jocosas situaciones en las que se ve inmiscuido el crimen organizado y delirantes muestras de pasión que terminan por cambiar la historia de esa tarde de 1970. Va de la gloriosa actuación de Brasil al cómico remedo de un grupo desarrapados. Del anhelo de iniciar el negocio de la vida, a la desilusión del fracaso.
“La novela habla de un mundo que está desapareciendo, que es más cercano a la calle, más cercano a la infancia, al juego. Los niños de hoy admiran a los jugadores no solo porque juegan futbol sino también porque son multimillonarios, porque son estrellas y los observan, los ven en las redes sociales, cómo viven, con sus yates, sus viajes, sus relojes, su ropa, su estilo de vida”, dice Villalobos.
El mundo de Al estilo Jalisco, “está más en una idea, alguien diría romántica, del futbol, que viene del futbol llanero, de jugar en la calle, de reivindicar los estadios pequeños, los equipos malos, como mi Atlas, de reivindicar una manera de entender el juego que no pasa por ganar, por ser campeón, por ser el mejor jugador, el balón de oro, el mejor pagado, el mejor contrato, sino porque el fútbol es un juego, para entretenernos y divertirnos”.
Sobre el autor
Villalobos nació en Guadalajara, Jalisco, en 1973, y creció en Lagos de Moreno, Jalisco. Es autor de novelas como Fiesta en la madriguera,Te vendo un perro y Si viviéramos en un lugar normal . En 2016 obtuvo el Premio Herralde de Novela por No voy a pedirle a nadie que me crea. Su obra ha sido traducida y publicada en más de 14 países
desde el Historias
manchón penal


Tiro de esquina
El volumen está conformado por 13 historias escritors por Samanta Galán Villa, Álvaro Ernesto Obregón “Astro”, Antonio Rocha, Ali López, Daniel Navarrete, Tito Estevez y Francisco Domínguez.
La editorial nació hace seis años y sigue en crecimiento.
Siete autores jóvenes integran la antología ¡Bolita por favor!, título que inaugura una nueva colección dedicada al futbol de la editorial Gato Tuerto. Los relatos, sin embargo, van más allá de la cancha
LUIS CARLOS SÁNCHEZ
ILUSTRACIONES:
CORTESÍA
Cuando el pitido final llega, el futbol continúa. El juego no se limita a la cancha, 22 hombres sobre el terreno protagonizan un duelo que despierta pasiones durante 90 minutos, pero afuera sigue la pasión. Así lo saben los siete autores que se suben al campo con ¡Bolita, por favor! Cuentos del quinto partido y más historias de futbol (Gato Tuerto Ediciones, 2026).
Trece historias de Samanta Galán Villa, Álvaro Ernesto Obregón “Astro”, Antonio Rocha, Ali López, Daniel Navarrete, Tito Estevez y Francisco Domínguez, que van más allá de la cancha. “No es un libro que festeje el Mundial como tal, es un libro que festeja el futbol, que festeja a la familia, que festeja a esos niños que fuimos todos y que nos ilusionamos con este deporte, que lo amamos”, dice Antonio Rocha, autor y fundador de Gato Tuerto.
En un principio, explica, la antología de relatos buscaba hablar de ese anhelado quinto partido con el que sueña el aficionado mexicano en los

CON ESTE volumen los escritores inauguran una segunda etapa del sello editorial.
mundiales, sin embargo, con la reunión de las primeras historias, las temáticas se desperdigaron como un balón rodando por el césped.
“Fue creciendo, vimos los tejes y manejes y cosas bajo el agua que se manejan en el futbol, pero al fin y al cabo estamos hechos de lo que pasó primero, de lo que nos ilusionó primero y este libro festeja eso, los cuentos y todas las historias que vienen son más de pérdida, de cariño familiar, de lo que pasa después del futbol, también hay cuentos que hablan de los mundiales, pero están las dos partes que hacen que el libro sea un todo muy completo”, dice.
¡Bolita por favor! también inaugura una segunda etapa de la editorial y el nacimiento de la colección Galaxia Balompié. Nacida hace seis años, Gato Tuerto fue creada con la intención de apoyar la escritura emergente. “Nos dimos a la tarea de hacer algo más profesional, tenemos otra colección que se llama Cien Metros, de cuento; Cuerpo Presente, de novela y La Migra, de terror, ya es una editorial con un catálogo más organizado”. A la fecha, cuenta con un catálogo de más de 40 títulos.

La naciente colección obedece la pasión futbolera de los editores. “En el espectro de los autores mexicanos somos pocos los que escribimos de futbol y necesitamos algo especializado, no hay ninguna editorial que haga futbol, por eso nace dedicada especialmente al futbol, y ya veremos si posteriormente hacemos una colección dedicada al deporte”.
En la antología, la mayoría de las historias están ubicadas en la ciudad y, siendo un sentimiento inherente al futbol, muchas de ellas hablan de la pasión. “La pasión es algo que no se puede fingir, es algo que no se puede cambiar, todos hablan de ella, también hablan mucho del amor y de la pérdida, que creo que son cosas inherentes al fútbol: la pasión, el amor y la pérdida, no de muerte, sino pérdida de derrota”.
En conjunto, los cuentos también revelan la escala nuclear en la que se mueve la pasión futbolera. “Las historias hablan mucho de la familia, que también es algo inherente al fútbol. Yo creo que la familia, la amistad, es algo que el fútbol trae de la mano y dentro de ese espectro se manejan los relatos. Quizás es porque somos mexicanos y nos gusta hablar de eso, el mexicano es muy familiar, es amiguero, además de que el mexicano tiene un apego muy, muy, muy normalizado con la muerte”, explica.
Sin evadir los conflictos y la situación planetaria, Peloti y el Mundial es un libro que sirve
como guía para entender a las 48 naciones que disputan
la Copa del Mundo
POR LUIS CARLOS SÁNCHEZ
Argelia es el país más grande de África, pero su población es de apenas 2.38 millones de habitantes que viven pegados a la costa debido al desierto del Sáhara. Irán inventó el polo, pero en la actualidad ha dejado de ser popular. En Escocia existen los Highland Games, una competencia que consiste en lanzar, en falda, troncos pesados. Diferentes por sus aficiones, idiomas o población, todos tienen en común que disputan la Copa Mundial de Futbol.
“Solemos estar de acuerdo en que el Mundial implica diversidad, porque llegan de muchos países, pero no terminamos de hablar del todo, y con la seriedad que corresponde, de la diversidad interna de los propios países”, dice el dramaturgo y guionista Sebastián Kohan. Él, y un equipo donde también participa Gina Jaramillo, Mariana Anzorena, Rafael Igartúa y Daniel González, escriben Peloti y el Mundial (Alfaguara, 2026), un libro que habla de futbol, pero, sobre todo, de sus participantes.
En el libro, con prólogo de Jorge Valdano, epílogo de Marion Reimers y dibujos de Alejandro Magallanes, se habla de Portugal, pero no se centra en Cristiano Ronaldo; dedica siete páginas a Argentina, pero sólo una vez se menciona a Messi; arranca con México, pero jamás se toca el nombre de Memo Ochoa. Es un libro sobre futbol, a propósito del Mundial, pero que funciona más como guía cultural para entender el juego. Todo contado por un divertido personaje llamado Peloti Peloti, cuenta Kohan, nació un día mientras veía un partido de la Eurocopa entre Alemania e Inglaterra. Su pequeña hija, Martina, se negaba a ver futbol y para mantenerla interesada “empecé a contarle historias sobre los países en un tono de cuento infantil, pero no eran temas infantiles. Me acuerdo que vi el público del estadio ese día y étnicamente era muy diverso”.
“No era el público que uno se imaginaría de un partido Alemania-Inglaterra. Lo primero que me di cuenta y le conté a mi hija es que las poblaciones de los países, aparentemente blancos, no son blancos, empecé con una cuestión migratoria, étnica. A partir de ahí nos dimos cuenta de que el futbol y los mundiales son la mejor oportunidad y el mejor espacio para hablar de estos temas, de los que no se suele hablar demasiado”, recuerda.
Dividido en los 12 grupos, integrados por 48 países, que participan en el Mundial de Futbol 2026, en el libro se da cuenta del origen del nombre de cada nación, su ubicación y lema, número de habitantes, tamaño, deportes principales, mundiales jugados, nivel de futbolismo y de libertad, idiomas, elementos culturales, historia y anécdotas diversas que hablan de la idiosincrasia de cada uno.
Una gran vitrina para conocer EL MUNDO

EL DRAMATURGO y guionista Sebastián Kohan es uno de los autores del volumen.




LAS ILUSTRACIONES son autoría del artista visual Alejandro Magallanes.
El personaje que acompaña al lector, dice el autor, es heredero de personajes como Mafalda “Peloti nace de estas niñas y niños que quieren saberlo todo, que necesitan saberlo todo, que necesitan vivir con un pensamiento crítico, porque es indispensable moverse en la vida sabiendo quiénes somos y a dónde vamos”.
“Los padres de Mafalda no son exactamente las personas que más quieren hablar de política con Mafalda, pero es ella la que se encarga de que los padres se masajeen el coágulo y les respondan cosas complicadísimas. Peloti es la niña preguntona que viene de esa tradición y en ese sentido el libro es absolutamente político, pero también es un libro lleno de humor. No creemos que la política tenga ese espacio solemne al cual nadie quiere entrar”, dice.

Con la gran diversidad de naciones que convoca, incluso algunas en conflicto como es el caso de Irán y Estados Unidos, “el futbol es una vitrina que visibiliza conflictos armados, migratorios, situaciones de pobreza, de refugio, de exilio. Hay una diversidad no sólo en términos de clases, de pobres y ricos, sino una diversidad étnica que siempre existió, y se ve mucho en el futbol europeo, en el futbol más comercial y mainstream, donde Lamine Yamal es un jugador que es catalán, pero que podría ser del país de su madre (Guinea Ecuatorial) o de su padre (Marruecos)”.
Y si algunos piensan que el de 2026 es uno de los mundiales más envueltos en conflicto, Kohan opina lo contrario: “Tenemos la sensación de que estamos en un momento más convulso que otro, no estoy tan seguro de eso: cada vez que se juega un Mundial se juega en un contexto de muchos conflictos armados, de guerras, de crisis, de hambrunas. No creo que ahora sea demasiado diferente que en otros momentos”.
“Lo que sí creo es que se ha perdido la vergüenza para decir ciertas cuestiones públicamente, desde que asume Trump y vimos un genocidio en Gaza en vivo, hay algo que nos hizo perder la vergüenza. Pero también es cierto que este es el Mundial al que van más países que nunca y eso nos permite conocer realidades de países que no conocíamos”, agrega.
EL LIBRO para niños es publicado por Alfaguara.
CORTESÍA
LUIS CARLOS SÁNCHEZ
Si hay algo raro en el mundo es un argentino fanático del juego brasileño. La disputa exige fidelidad y más tratándose de futbol, pero Eduardo Berti (Buenos Aires, 1964) creció viendo las hazañas de Zico, Rivelino, Toninho Cerezo, Falcão, Socrates: “Yo moría con esos jugadores, por supuesto quería que Argentina les ganara cuando jugábamos, pero después los amaba”, recuerda. Al escritor argentino lo que le interesaba era el goce estético de los 11 sobre la cancha. “A veces mis amigos se enojan conmigo o se ríen porque me gusta mucho el fútbol como hecho estético, si a veces el otro equipo juega muy bien, o veo otros equipos que juegan muy bien, enseguida me pongo a verlos y los elogio. Muchos de mis amigos no entienden eso”, agrega al teléfono. Raro, muy raro, también resulta la existencia de un ser humano capaz de ser el mejor en lo que hace y odiarlo. En el deporte existen algunos casos, quizás el más paradigmático es el del tenista André Agassi, quien abiertamente confesó que odiaba la disciplina, pero en el futbol también hay casos como el de Gabriel Batistuta, quien llegó a decir que le aburría el juego, o el de Carlos Vela, para quien sólo era un trabajo más.
Con ciertos matices, así sucede con Eliseo Alegre, el personaje principal de La estrella y la memoria (Impedimenta, 2025), novela donde Berti habla de una leyenda escondida de la historia del futbol argentino, un nombre que no está en los registros de ninguna hemeroteca, que tampoco pisó el pasto de los estadios de primera división y al que no le interesó sacar jugo a su talento, a pesar de ser el mejor futbolista de todos los tiempos.
El autor está de acuerdo en que se trata de una especie de antihéroe: “También tiene bastante de héroe trágico. Me pareció interesante el ejercicio de construir un libro alrededor de un héroe bastante pasivo, un deportista es pura acción física, pero en el fondo él es bastante pasivo porque no son sus deseos tanto lo que mandan sino los deseos de los demás y la pregunta es ¿qué hace él frente a los deseos de los demás?, ¿qué hace él frente a ese talento que le cayó en la cabeza como una piedra?”.
La idea de Eliseo Alegre comenzó a gestarse hace unos 15 años, Berti pensó en su infancia cuando también soñaba, junto con el resto de sus amigos, con ser una figura del futbol. Pero algo faltaba y la idea no terminaba por cuajar, pero ya “tenía cuadernos llenos de apuntes”. Berti regresó entonces a los guiones de televisión que alguna vez escribió sobre la historia del tango y ahí encontró la clave: un coro de voces que reconstruyen el mito, que van forjando la leyenda.
Y sólo así podía ser porque de Alegre no existe un audio o una grabación casera en video, nada, sólo el recuerdo de quien lo vio jugar. “Cada uno pone algo, la leyenda es como una especie de vaso

medio vacío que se va completando, cada uno lo completa con sus deseos, con sus fantasías, la gente que quiere que sea el mejor, todos quieren ser el mejor amigo, todos quieren ser el gran confesor, todos tienen algo que decir, los testimonios se contradicen, incluso, por momentos”.
En la novela de Berti, el futbol actúa como una lupa que amplifica temas como la vocación, la amistad, la pasión, la construcción del ídolo. La historia de Eliseo Alegre “relativiza los conceptos de éxito, de fracaso, hay una paradoja en el personaje, se llama Alegre y en el fondo uno siente que es un poco como esos payasos tristes que hace alegres a los demás, pero uno se pregunta sí él es feliz, están ese tipo de paradojas entre el éxito y el fracaso, la felicidad ajena y la propia”.
Durante la conversación, el futbol vuelve a crear fantasías, como la del héroe perdido del escritor argentino. Hincha declarado, del Banfield en Argentina y del Barcelona en España, Berti sueña con que México, siendo por tercera ocasión sede el Mundial, encumbre otra superestrella del futbol, como ya sucedió en 1970 con Pelé, y en 1986 con Maradona. "Va a ser un Mundial muy interesante, más allá del negocio es el tercer mundial de México"
Cuando la no lo es todo GLORIA EN LA CANCHA

En La estrella y la memoria, Eduardo Berti convierte una leyenda de pueblo en una reflexión sobre el talento, el olvido y la manera en que una comunidad fabrica sus propios mitos
OPINIÓN

ESCRIBIR CON LUZ
CYNTHIA MILEVA
@cynthiamileva
Estética de fachada
Al terminar el Mundial, la conservación de los espacios públicos definirá si las intervenciones dejaron algo más que una buena fotografía
Es casi imposible habitar la Ciudad de México en estos días y no ser alcanzado por el brochazo gordo de la polémica futbolera.El asunto no es menor.Incluso a quienes nos importa un comino este deporte,fuimos arrastrados por los cambios de marcha y milagros estéticos en lo que ya era una ciudad esquizo.Evocando esa vieja costumbre estudiantil,dejamos la tarea de la maqueta para el domingo por la noche,con el Jesús en la boca para que el resistol secara antes de la entrega del lunes a primera hora.
Al escribir estas líneas en la víspera de la inauguración del Mundial de Fútbol,pensar la ciudad desde la superficie de lo visual no solo es una bonita discusión de sobremesa; también es mantener activo el debate de si estos cambios son,más que un proyecto de urbanismo a largo plazo,una intervención que prioriza la estética de la fachada en la construcción de un “espacio folclórico fotografiable” para la mirada turística.Capturar la foto del entorno maquillado se convierte,como diría Susan Sontag,en el bálsamo que el turista necesita para domesticar la hostilidad de una ciudad que no entiende.
Más allá de la burla del “coloreado”,es entender la tensión entre la imagen-acción y la imagen-simulacro.La primera es aquella que transforma verdaderamente el entorno,la que echa raíces y dialoga con las necesidades cotidianas de la comunidad.A diferencia de la imagen-simulacro, que opera como un truco óptico para simular orden y prosperidad donde antes hubo abandono.
Ver que la gestión de la ciudad se reduce a diseñar fondos para fotografías genera una molestia natural y el espíritu primitivo del inconforme se ha manifestado vandalizando los nuevos murales y estructuras como protesta contra el derroche.Pero el vandalismo ciego,también es una trampa.El gasto está hecho y los recursos salieron de nuestros bolsillos.Destruir estos entornos por rencor político no solo es desearle la muerte al capitán del barco en el que viajamos todos,sino escupir al cielo.Lo inteligente,lo verdaderamente ciudadano,es apelar a la apropiación de lo que ya nos dejaron bonito; como aquel camellón que estuvo seco por años y ahora luce verde y vivo.
El reto comenzará cuando se apaguen los reflectores y la marea de turistas vuelva a casa.Es ahí donde las autoridades deberán garantizar el presupuesto para su conservación,y nosotros la madurez para protegerlo.De lo contrario,si cedemos a la desidia,la entropía hará su trabajo: en unos meses esas capas de pintura no serán más que costras de color en el suelo,y flores marchitas regresándonos sin anestesia a la gris realidad.
