MARTES 11 DE AGOSTO DE 2026 heraldodemexico.com.mx
Manuel Enríquez, 100 AÑOS
Desde la trayectoria del músico que renovó lenguajes e instituciones hasta el presente del Foro que fundó en 1979, revisamos una herencia artística aún insuficientemente reconocida
ALEJANDRO OYERVIDES
Suplemento Semanal
Viaje al pasado
Un atrio llamado
CENTENARIO Arcos platerescos, una cruz atrial y antiguos planos revelan el origen del Centenario, construido sobre terrenos del convento de San Juan Bautista
REDACCIÓN
FOTOS: ESPECIAL
E
l Jardín Centenario nació como espacio público en el contexto de las celebraciones por los cien años del inicio de la Independencia, en 1910. Su apertura transformó una parte del antiguo atrio del templo de San Juan Bautista y dio a Coyoacán un nuevo lugar de paseo y reunión, cuyo nombre quedó ligado a las conmemoraciones impulsadas durante el gobierno de Porfirio Díaz. El terreno tenía entonces una historia de casi cuatro siglos. Había pertenecido al amplio atrio del conjunto religioso de San Juan Bautista, establecido durante las primeras décadas de la Nueva España. La reducción de aquella superficie permitió destinar su parte poniente a la nueva plaza, aunque varios elementos anteriores quedaron incorporados al jardín. El más visible es la portada atrial ubicada hacia la avenida Francisco Sosa. El arco doble de piedra fue construido en el siglo XVI y conserva en sus columnas figuras de ángeles talladas por manos indígenas. Formaba parte de uno de los accesos al antiguo atrio; otra de las arcadas fue trasladada a un costado del templo y una tercera desapareció. También permanece la cruz atrial, testimonio de la función que tuvo el terreno antes de su apertura al uso público. La celebración de 1910 dio nombre al Centenario, pero no fijó definitivamente su fisonomía. Durante las décadas siguientes el jardín fue objeto de proyectos que modificaron sus prados, andadores, mobiliario, iluminación y áreas de riego. Los planos de la época permiten reconstruir un espacio que continuaba definiéndose mientras Coyoacán experimentaba también cambios en su traza y en su relación con la capital. Uno de los registros más detallados data de junio de 1932. El arquitecto F. Orozco elaboró el Proyecto de jardín en el ex-atrio de la parroquia
Enlahistoria
Fechas fundamentales en la historia de este espacio del sur capitalino.
1528
Los dominicos levantaron un inmueble provisional,antecedente del actual.
1910
Es el centenario de la Independencia y de ahí se toma el nombre reciente del lugar.
Dato clave El Jardín Centenario forma parte de un sistema junto con las plazas Hidalgo y la Conchita,y Sta Catarina.
de Coyoacán, del entonces Distrito Federal, una planta de conjunto que muestra el Centenario compuesto por 23 prados, con bancas, vegetación, postes de luz, un tinaco para riego, una portada de acceso y un espejo de agua. El plano distinguía claramente el jardín del atrio parroquial, que conservaba dos secciones rectangulares de pasto inglés y tres parterres perimetrales. En enero de 1933, un nuevo levantamiento registró los jardines situados en el atrio de San Juan Bautista y la Plaza Centenario. Aparecían tres áreas rodeadas por una banqueta perimetral, dos al oriente y una al poniente, divididas por la calle Carrillo Puerto. El dibujo incluyó el arbolado, las plantas ornamentales, bancas, una fuente, tomas de agua para riego, una cruz, un monumento a Hidalgo e incluso un tobogán.
Otros proyectos del mismo año propusieron cambios en la distribución de la vegetación y el equipamiento. Uno de ellos mostraba 17 parterres dispuestos de manera lineal, bancas de fierro, una pequeña bodega y áreas de jardín alrededor del acceso al atrio. Algunas no se ejecutaron, aunque los planos registran distintas soluciones estudiadas para ordenar la plaza. El desarrollo del Centenario acompañó la transformación de Coyoacán durante el siglo XX. El antiguo pueblo, comunicado desde tiempo atrás con la Ciudad de México, quedó progresivamente integrado a la expansión urbana. El jardín mantuvo su función como punto de encuentro junto a la Plaza Hidalgo, mientras comercios, restaurantes y actividades culturales fueron ocupando los alrededores del centro histórico y, poco a poco, se fue convirtiendo en uno de los espacios más turísticos del sur capitalino. Una de las incorporaciones más reconocibles llegó a principios de la década de 1980, cuando se instaló la Fuente de los Coyotes, obra del escultor Gabriel Ponzanelli. Las figuras de los dos animales retomaron el topónimo de Coyoacán y con el tiempo se convirtieron en la imagen más identificable del jardín. La fuente se sumó a otra ya existente y modificó nuevamente la composición del espacio. El Jardín Centenario conserva actualmente esa superposición de épocas. La portada y la cruz proceden de su pasado como atrio; el nombre corresponde a las celebraciones de 1910; los planos de los años treinta registran la construcción y reorganización de sus áreas verdes, y la Fuente de los Coyotes pertenece a una intervención realizada siete décadas después de su apertura.
LOS ARCOS han sobrevivido al paso del tiempo y son referentes.
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Letras
En Los elefantes mueren de sed, el autor explora las grietas de un matrimonio, la infidelidad y las promesas familiares que logran sobrevivir AZANETH CRUZ FOTOS: CORTESÍA
P
ara Hiram Ruvalcaba (Zapotlán el Grande, Jalisco, 1988) hay pérdidas que no ocurren de golpe, algunas llegan lentamente, casi en silencio, hasta que aquello que parecía inamovible comienza a mostrar sus grietas. Los elefantes mueren de sed, su nueva novela, es en este sentido una “historia sobre los vínculos que se desgastan, las promesas que cambian y las preguntas que aparecen cuando una relación deja de ser la misma”. Publicada por Penguin Random House, la novela sigue a Flavio, un hombre que viaja con su esposa Mariana y su hijo Héctor a unas cabañas con la intención de pasar unos días en familia, y lo que parecía una pausa en la rutina revela tensiones que permanecían ocultas. La llegada de Marisol, una mujer relacionada con el pasado de Flavio, altera el equilibrio de la familia y pone frente a ellos una serie de conflictos que ya estaban presentes. A partir de esa crisis, Ruvalcaba observa las decisiones, dudas y contradicciones de quienes intentan mantener unido algo que comienza a fracturarse. “Es una novela sobre las posibilidades o imposibilidades de la muerte de una relación”, explica el escritor. Respecto al título, el autor cuenta que nació de una conversación con el escritor Vladimir Ramírez, quien le contó que los elefantes africanos ya no pueden regresar a los ríos de su infancia porque estos desaparecieron, una imagen que permaneció en su memoria y que, con el tiempo, encontró un lugar en la historia que quería contar. “Pensé en el agua como algo elemental, como algo que sostiene la vida, y en qué otras cosas podían representar la emoción del amor, la felicidad”, recuerda. En esta obra, indica, se acerca a la pareja como un espacio donde conviven el afecto, el desgaste y las expectativas que cada persona carga antes de construir una relación. “Uno de los puntos que me interesaba revisar era la educación sentimental con la que crecieron varias generaciones. Cuando yo era niño había ciertas cosas como el matrimonio, el compromiso y la resiliencia, se valoraban por encima de otras”, señala. Con el paso del tiempo, dice, esas ideas comenzaron a enfrentarse con experiencias más complejas. “Las relaciones humanas no pueden entenderse desde fórmulas establecidas. La reali-
Tomarencuenta
Es narrador, periodista y profesor de literatura y tiene más de 10 libros de cuento, crónica y novela. Su obra explora temas como la violencia,el amor,la migración y la sociedad.
EL ESCRITOR ha recibido reconocimientos como el Premio Nacional de Narrativa Mariano Azuela.
Hiram Ruvalcaba cuestiona al amor EL HERALDO DE MÉXICO
Martes 11 de agosto de 2026
dad es que nadie sabe de qué habla cuando habla de amor”, afirma. En este sentido, señala que la infidelidad, uno de los ejes de la novela, sirve para explorar las decisiones humanas y sus consecuencias, un tema presente en la literatura desde Anna Karenina, de Tolstói, hasta Madame Bovary, de Flaubert. “Creo que estos conceptos tienen que abrir discusiones mucho más profundas desde el punto de vista humano. No estoy invitando a los lectores a que sean infieles, pero sí creo que es importante decir que uno no es feliz porque es fiel; la fidelidad es parte de un proceso de amor”, explica. A través del protagonista, señala, aparecen también las ideas con las que una generación creció sobre el matrimonio y la pareja, muchas de ellas cuestionadas por nuevas formas de entender los vínculos hoy. Héctor, el hijo, ocupa también un lugar importante en la historia, su presencia funciona como una mirada distinta sobre lo que ocurre dentro de la familia. “Las figuras de la infancia son pequeños faros que nos revelan si una relación funciona o no funciona”, dice. Sin embargo, comparte, la novela deja abiertas preguntas sobre las ideas que heredamos acerca del amor y sobre las formas en que se elige construir una vida junto a alguien. “¿Qué tipo de relación me enseñaron? ¿Qué tipo de relaciones he tenido? ¿Han estado bien?”, cierra.
III
Aniversarios
OPINIÓN ESCRIBIR CON LUZ
CYNTHIA MILEVA @cynthiamileva
Ojos mecánicos La vigilancia tecnológica ha sustituido la mirada humana por una red de imágenes que clasifica, controla y decide qué parte de la realidad vemos
A
ras de asfalto,la ciudad actual opera como un obturador insomne.Para comprobación de Michel Foucault,aquí estamos: vigilados desde el cielo y no precisamente por obra del Espíritu Santo.Habita una lente en nuestros propios dispositivos,en cada fachada,y en esos aparatos aéreos que parten el pastel geopolítico a su antojo.Olvídese usted del anticuado flâneur que vagaba sin rumbo,armado con la secreta ambición de atrapar el mundo con la camarita de bolsillo. Ese romanticismo callejero ha caducado.Las cámaras de seguridad y los sensores biométricos de las esquinas no se detienen jamás a contemplar la melancolía de una tarde nublada,ni el perfil del ser amado y menos el bodegón improvisado sobre el mantel de la cafetería; su labor es otra muy distinta.La maquinaria tecnológica y las esferas de la administración están ahí para auditar, clasificar y anticipar los pasos de la muchedumbre. Frente a este despliegue,el fotógrafo tradicional que todavía cree estar capturando la “verdad del instante decisivo” no pasa de ser un náufrago analógico arrollado por una marea de datos. Como si se tratara de un gigantesco hormiguero observado a través de una lupa,la soberanía ejercida desde el ojo cenital está muy lejos de ofrecernos una ventana objetiva a la realidad.Su verdadera eficacia reside en elegir qué porción de miseria humana merece salir en alta definición en las pantallas del mundo y qué se borra de un plumazo del mapa oficial. Es precisamente aquí donde el cruce teórico se pone jugoso para los estudios visuales,trenzando las advertencias de Vilém Flusser sobre la tiranía de la imagen técnica,los análisis de Hito Steyerl en torno a la hipervisibilidad y las geografías críticas que diseccionan el espacio.De este modo,logramos conectar la micropolítica del cuerpo fichado en la esquina con la macropolítica que administra el paisaje desde el aire. De la visión artificial que nos acecha a pie de banqueta hasta el ojo satelital que todo lo abarca, hemos terminado por ensamblar una red mastodóntica de miradas mecánicas que ya ni siquiera nos necesitan para consumir,traducir e interpretar el mundo.Atrapados en esta trampa,el arte de ver va quedando sepultado bajo el peso de una sobreproducción visual incesante,mientras aplaudimos la construcción de nuestro propio Gran Hermano digital.
IV
Manuel Enríquez
100 EL HERALDO DE MÉXICO
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A un siglo de el compositor pe una figura poco es su papel decisivo difusión y renovaci contemporá
Aniversarios
EL MÚSICO fundó el Foro Internacional de Música Nueva.
H
e su nacimiento, ermanece como studiada, pese a o en la creación, ión de la música ránea en México POR IVÁN MARTÍNEZ
ace unos meses, hablando de los aniversarios musicales que habría este año, alguien me preguntó por el centenario de Manuel Enríquez: ¿qué pensaba yo de su figura y del aniversario? La respuesta fue inmediata: que sigue siendo una figura incomprendida, que la historia ha sido injusta, que sus aportaciones musicales, culturales e institucionales deberían ser más ampliamente reconocidas y que, viendo los anuncios que se venían para la primera mitad del año —su aniversario sucedió el 17 de junio—, le íbamos, como comunidad y como país, a quedar debiendo. Para la mayoría, Manuel Enríquez quizá solo es el nombre que alguien le puso al Foro de Música Nueva. Su música prácticamente no se escucha en las salas de concierto. Para la gente que estudia composición y la comunidad que se dedica a la música contemporánea en general, es el personaje que fundó ese foro y un compositor de vanguardia que existió en México durante varias décadas del siglo XX. Quizá un par de generaciones anteriores a la mía le recuerde por haber sido una persona muy visible que llegó a dirigir el Conservatorio Nacional por unos meses, pero se quedó con la idea de su no tan feliz salida tras una huelga estudiantil. Y poco más. Como compositor de vanguardia su música es poco estudiada y es entendible, que tenga adeptos y críticos. Al ser un creador que rompió con vehemencia con el nacionalismo que 50 años después sigue dominando, quizá hasta natural. Pero su música debería ser de las más estudiadas: sus cuartetos de cuerdas, junto a los de Chávez, Lavista y Gabriela Ortiz, son la guía, estética y cronológica, para entender la música del México moderno. Muy pocos musicólogos le han estudiado desde ese punto de vista, a diferencia de quienes se introducen a los otros tres nombres. Pero aún menos, y eso es una contradicción de la musicología en un país tan apegado a la cultura institucional y de lo ceremonial, la musicología le ha entrado a la historia de nuestras instituciones musicales y los personajes que las gestaron. Visto que finalmente hubo algunos conciertos dedicados a su música y en unas semanas escucharemos más, a propósito de la edición anual del Foro, es en este otro aspecto donde nos quedamos aún más cortos en el reconocimiento: Enríquez es el músico, quizá única-
UNA TRAYECTORIA, CREATIVA E INSTITUCIONAL, DOCENTE Y DE GESTIÓN, ADEMÁS DE REVALORARSE DEBIERA REPENSARSE mente junto a Carlos Chávez, que mayor impulso dio a las instituciones musicales de México, a la creación de ellas. Como hizo Chávez en la primera mitad del siglo, hizo Enríquez en la segunda: no solo dominaron el camino de la creación, sino guiaron la construcción de los espacios para que ésta fuera posible: crearla, escucharla y preservarla. Ambas facetas debieran ser igualmente revaloradas, discutidas, y por supuesto debatidas. Músico jalisciense que nació en Ocotlán en 1926, sus primeras glorias, el primer reconocimiento lo tuvo como violinista, aunque desde joven había tomado clases de composición con Bernal Jiménez, viajando constantemente a Morelia para verle. Acudió a Juilliard, donde se perfeccionó como violinista pero donde también, alejado siempre de lo que sucedía en la creación dominante de la capital mexicana, comenzó a experimentar en el terreno de la composición fuera de las bases tradicionales que le habían brindado aquí. Así, aunque volvió a México como violinista, su camino en la creación estuvo más bien influenciada por el acercamiento a vanguardias que ya habían sobrepasado lo que sonaba aquí: en los legendarios cursos de Darmstadt se alineó con Stockhausen, Ligeti, Berio, Xenakis. No dejó de tocar y la práctica continua como violinista, fuese tocando a sus contemporáneos como solista o como miembro de su propio cuarteto, legó el corpus más importante de violín escrito
en México, en extensión, en técnica, en vitalidad y en posibilidades: los cuartetos sofisticados, pero lo mismo obras de vanguardia para distintos ensambles, y piezas concertantes lo mismo conceptuales que casi a manera de hobby, en estilo barroco. Enríquez pasó brevemente por la incipiente música electrónica, por la politonalidad, el serialismo, el aleatorismo controlado e incluso la música de cine; y aun en su visión cosmopolita del arte y de la concepción de su propio mundo sonoro, México estuvo al centro: igual musicalizó poemas nacionalistas (una de sus obras maestras y una de mis favoritas es Manantial de Soles, sobre el poema “Eje”, de Paz) que legó arreglos sinfónicos icónicos de piezas del catálogo vernáculo tradicional que se siguen tocando y aplaudiendo por su intensidad y riqueza orquestal. Fue un amplio conocedor del lenguaje de cada instrumento de la orquesta y la consagración poética con que hoy celebramos a Lavista en el terreno de la exploración y uso de nuevos sonidos en instrumentos tradicionales (de la microtonalidad y los armónicos a los multifónicos en los alientos), no sería sin la primera intuición de Enríquez. Y de la misma manera, su privilegio y poder institucional fue el motor para que solistas y ensambles que hoy reconocemos como las figuras pioneras de la música contemporánea de México, tuvieran sus primeros impulsos: la orquesta de percusiones de la UNAM y todos los grupos de percusiones que siguieron, el cuarteto Latinoamericano, el trío Neos, la nueva vida del Quinteto de alientos de la Ciudad de México. “El músico de hierro de la segunda mitad del siglo XX”, como lo llamó el musicólogo Aurelio Tello; de quien hace falta una evaluación “serena y desapasionada” y que fue, ante todo, en las palabras de José Antonio Alcaraz a su muerte en 1994, “un renovador”: la presencia “clave, decisiva” en la evolución de nuestra música, a “la que llevó hacia perspectivas inéditas”, y cuya figura ejemplar permanece “como la de un creador que jamás se amparó bajo el asilo de la eficacia probada, emprendiendo nuevas y estimulantes aventuras cada vez”. Una trayectoria, creativa e institucional, docente y de gestión, que además de revalorarse a manera de homenaje, debiera repensarse también en estos últimos términos, sobre todo entre las nuevas generaciones de creadores.
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Saber más Nació en Ocotlán, Jalisco,el 17 de junio de 1926. Fue compositor,violinista,docente, investigador y gestor cultural.
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Aniversarios
El Foro de Musica Nueva REVISA SU PRESENTE
OPINIÓN SINESTESIA
TOMÁS LUJAMBIO @tlujambiot
Un espectáculo hueco La adaptación de "La Odisea" de Christopher Nolan privilegia la experiencia inmersiva del universo homérico, aunque diluye la profundidad del poema
En el centenario del natalicio de Manuel Enríquez, el encuentro que fundó en 1979 prepara su edición 48 con un análisis de su modelo y la búsqueda de nuevos vínculos entre músicos y públicos
N
o sorprende que toda adaptación cinematográfica de una obra literaria se conceda libertades creativas a la hora de trasladar la historia a la pantalla grande.Adaptar no consiste únicamente en ajustar un relato de un medio a otro,sino en transformarlo hasta convertirlo en una obra con identidad propia; de lo contrario, siempre sería preferible volver al texto original. Sin embargo,en ese proceso creativo,el director a cargo de adaptar se arriesga,inevitablemente,a ganarse la admiración de unos o la detracción de otros cuántos. En este sentido,la adaptación de La Odisea realizada por Christopher Nolan siempre estuvo destinada a provocar opiniones divididas.Mientras algunos reprocharon la inverosimilitud de los vestuarios,la superficialidad de los diálogos y la simplificación de los personajes homéricos,otros detestaron la forma en que el director inglés se apropió del poema para modificarla a ojos modernos.Sin embargo,exigir una fidelidad absoluta o una coincidencia plena con nuestra lectura personal parece una expectativa ingenua,sobre todo frente a una superproducción hollywoodense como ésta. Después de todo,esta obra de Hollywood estuvo pensada,desde su presupuesto inicial,para ser espectacular y no necesariamente intelectual.En su afán por apresurar el viaje de Odiseo y simplificar la trama para garantizar su accesibilidad,no cabe duda que Nolan termina por aplanar los personajes y abordar superficialmente los ejes temáticos que distinguen al poema homérico.Pero reconocer esas concesiones no basta para descalificar la película por completo.Después de todo,su ambición nunca fue trasladar íntegramente el trasfondo intelectual de Homero,sino materializar la potencia visual de su universo. Por ello,creo que es preferible valorar La Odisea de Nolan por su naturaleza inmersiva que por su grado de fidelidad.De no hacerlo,se pierde la oportunidad de gozar la escala épica con la que la película nos transporta,gracias a los recursos propios del cine,a la cueva de un Cíclope aterrador,al hogar de soldados gigantes,al corazón de tempestades desatadas por los dioses del mar,a la morada inquietante de una hechicera o incluso a los confines sombríos del inframundo. Más allá de eso,me temo que el producto final que ofrece Nolan es justo lo que alguien esperaría de un director apropiado por la maquinaria hollywoodense: un caballo deslumbrante por fuera,es cierto, pero desafortunadamente hueco por dentro.
VI
POR ALIDA PIÑÓN
M Enla agenda Enríquez recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1983,en el área de Bellas Artes. En su catálogo figuran obras para orquesta, cámara, instrumentos solistas, medios electroacústicos, danza,teatro y cine. La programación no se limita a conciertos,ha incorporado conferencias, clases magistrales,talleres y otros.
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ás de 23 obras de Manuel Enríquez tendrán 27 ejecuciones en la Ciudad de México y diversos estados del país durante la edición 48 del Foro Internacional de Música Nueva (FIMNME), que se realizará del 6 al 21 de noviembre. A 100 años del nacimiento de su fundador, el encuentro prepara una edición especial con un coloquio sobre su legado y su poco conocida música para cine, instalaciones sonoras, invitados que trabajaron con él y una clausura en el Palacio de Bellas Artes con intérpretes que fueron asesorados por el compositor. “Hasta el momento, hay más de 23 obras y 27 ejecuciones que, en la República Mexicana y en la Ciudad de México, expondrán a las audiencias a la música de Enríquez. Logramos que llegaran una gran cantidad de propuestas con programas ejecutando música del maestro. Fue maravilloso”, refiere José María Serralde, coordinador nacional de Música y Ópera del INBAL. Nacido en Ocotlán, Jalisco, el 17 de junio de 1926, Enríquez fue compositor, violinista, docente, investigador y gestor cultural, una figura fundamental para la incorporación de las vanguardias de la segunda mitad del siglo XX a México. Dirigió el Conservatorio Nacional de Música y el Cenidim y, en 1979, fundó el Foro, que programó durante sus primeras 16 ediciones para abrir un espacio a la creación contemporánea y acercar al país lo que se hacía en otras partes del mundo. “Manuel Enríquez curó, decidió, gestionó la venida a México de artistas, compositores y compositoras que no hubiéramos visto de otra manera. El Foro Internacional de Música Nueva tenía un propósito de profesionalización para las nuevas músicas. También arrastró a su generación, a la generación de autoras, de intérpretes, a una disciplina: la de interpretar lo nuevo en el sentido más amplio de la palabra”, refiere Serralde. Después de la muerte de Enríquez, en 1994, el encuentro adoptó su nombre e incorporó cuerpos colegiados y posteriormente convocatorias públicas. Por sus programas han pasado generaciones de compositores como Mario Lavista, Julio Estra-
Aniversarios
ESTE AÑO la convocatoria establece la presencia de mujeres en cada concierto. LA CLAUSURA será en el Palacio de Bellas Artes y preparan un homenaje.
EN 1994, tras la muerte de su fundador, el encuentro adoptó el nombre de Foro Internacional de Música Nueva Manuel Enríquez.
LA MÚSICA de Enríquez tendrá ejecuciones en la CDMX y otras ciudades.
23
Obras de Enríquez se van a interpretar en el foro.
2
Semanas de programación tiene este año.
16
Ediciones fueron planeadas por su fundador.
48
ediciones se celebran en noviembre próximo.
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da, Ana Lara, Gabriela Ortiz, Hilda Paredes, Javier Álvarez y Víctor Rasgado, además de solistas, ensambles y orquestas nacionales y extranjeras. Los estrenos se convirtieron también en una de sus características y, a lo largo de su historia, el Foro ha sido una plataforma para primeras audiciones de autores mexicanos y extranjeros. El mundo en el que fue creado, sin embargo, cambió. Hoy un compositor puede conocer de manera inmediata lo que escribe otro de su generación a miles de kilómetros. Serralde habla de una primera época bajo la conducción de Enríquez, una segunda vinculada con los cuerpos colegiados y las convocatorias, y la posibilidad de construir una tercera. “El Foro Internacional de Música Nueva tiene que asumir que ya no es la única puerta para crear puentes entre lo nacional, lo internacional y la escena contemporánea. Las generaciones, las autoras, los autores, bien sea de escuelas compositivas que tienen sus maestros o de autoformación, porque también hay quienes lo hacen, se están comunicando con el quehacer internacional, con el quehacer del mundo de su generación, todos los días, a toda hora. Ya no es opcional”, señala. Desde 2025 se estableció una mayor rotación, al ponderar propuestas de quienes no hubieran sido programados dos años consecutivos. La convocatoria dispone además que en cada concierto debe haber al menos una mujer en el escenario o una compositora programada; de ser posible, ambas. Este año, por primera vez, la convocatoria se dividió en dos fases: primero fueron elegidos intérpretes y agrupaciones y meses después las obras de compositoras y compositores que completarán esos programas. “Nos conectamos, o sea, sabemos qué hace el otro, pero no nos conectamos. Bueno, pues este Foro tiene que conectarse. El nuevo Foro creo que es un foro de conexiones, un foro de rastreos, un foro de espacios”, explica. El centenario estará presente en buena parte de la programación. La convocatoria ponderó los programas con obra de Enríquez y sumó como contraparte a la finlandesa Kaija Saariaho, de quien también se escuchará una cantidad importante de música. El 18 de noviembre se realizará el Coloquio Manuel Enríquez, en colaboración entre el INBAL, Sonus Litterarum y el Cenart, con académicos, intérpretes, compositores y gestores que abordarán sus facetas como intérprete, compositor y gestor cultural. “Habrá momentos de reflexión interesantísimos porque vamos a abordar las tres facetas del maestro: la de la interpretación, la composición y la gestión cultural. Pero, además, hablaremos de temas que no se habían antes abordado, como su música de cine, que se conoce poco”, adelanta. El Conservatorio Nacional de Música, en su 160 aniversario, será sede de la actividad académica. La presencia internacional está bajo la curaduría artística de José Wolffer, exdirector de Música UNAM. Los nombres todavía no han sido anunciados, pero habrá invitados que compartirán cómo fue trabajar con Enríquez, particularmente en torno a la electrónica, además de obras vinculadas con esa tradición experimental. También habrá piezas de arte sonoro e instalaciones en alianza con museos del INBAL y conciertos de electrónica con obras de hasta ocho canales. La clausura se realizará en el Palacio de Bellas Artes con intérpretes que fueron asesorados por Enríquez y que tocarán su música, además de otras participaciones internacionales aún por anunciar. “Si logramos como sociedad conectar las formas exploratorias de la música, las formas nuevas, las formas de exploración sonora, de experimentación, que es básicamente lo que compone la programación del Foro; si logramos conectarlo con el universo de la creación musical en extenso, algo estaremos generando”, cierra.
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