heraldodemexico.com.mx

![]()
heraldodemexico.com.mx

Las vacaciones pueden ser el mejor momento para ponerse al día con algunos de los libros más recientes de la literatura en español y descubrir nuevas voces
AZANETH CRUZ
¿Hasta dónde llegan los límites de la percepción humana? Esa es la pregunta que atraviesa Los sueños de Patanjali, la nueva novela de Pepe Gordon (Ciudad de México, 1953) , publicada por Grijalbo, en la que el autor entrelaza la ciencia, la filosofía y la literatura para cuestionar si los sentidos muestran toda la realidad.
La historia comienza con Juan José Marina, un neurocientífico retirado que, casi por azar, se encuentra con los antiguos Yoga Sutras, atribuidos al sabio indio Patanjali. A partir de ese descubrimiento, el protagonista inicia un recorrido que lo conduce hacia "los misterios más profundos de la gramática, a mundos que no vemos y a estratos de la realidad que solo ciertas palabras, quizás olvidadas, pueden revelar".
En ese trayecto conoce a Estela Gerson, filósofa e historiadora, con quien comparte una experiencia desconcertante, ambos se habían soñado antes de conocerse. A partir de esa coincidencia, emprenden la búsqueda del hijo desaparecido de ella, un novelista joven.
"El sueño de Patanjali plantea que, si la mente puede unificarse con la de otra persona y con la naturaleza, entonces podrían ocurrir fenómenos que hoy calificamos como extraordinarios, cuando quizá solo demuestran que todo está profundamente integrado", explica Gordon en entrevista con El Heraldo de México.
“La desaparición del novelista es el punto de partida de la historia porque Juan José se enfrenta entonces a un fenómeno que desafía su formación científica, el de haber soñado con el dolor de una madre antes de conocerla. Ese misterio abre una reflexión sobre la conciencia y los límites de la percepción”, dice.
Con esta novela, el escritor y periodista cultural cuestiona ¿qué distingue una alucinación de una experiencia auténtica de expansión de la conciencia?
En el libro conviven personajes ficticios con figuras históricas como Mircea Eliade, William Butler Yeats y Gustav Meyrink, intelectuales que en distintos momentos estudiaron las enseñanzas de Patanjali y que exploraron los estados ampliados de la conciencia.
"Me interesaba reunir personas del pasado y del presente que explicaran aquello que Aldous Huxley llamó abrir las puertas de la percepción, pero también quería abordar lo que hoy investiga la neurociencia", señala el autor.
Para Gordon, el yoga al que hace referencia Patanjali tiene poco que ver con la práctica física actual, ya que se trata, explica, de una experiencia de unidad en la que la mente alcanza un estado de quietud desde el cual desaparecen las fronteras entre el individuo y el mundo.
"Estamos hablando de algo tan antiguo como la propia humanidad, la unidad de la existencia", dice Gordon, para quien la realidad depende de quién la observa.
"La misma realidad es distinta para una rana, un búho o un ser humano porque cada uno filtra el mundo de forma diferente. La pregunta es cuáles son realmente los límites de la percepción
En Los sueños de Patanjali, el escritor y periodista Pepe Gordon reúne neurociencia, poesía y saberes antiguos para adentrarse en los límites de la conciencia


Gordon es asesor de la revista Muy Interesante,en donde escribe temas relacionados con el conocimiento científico y poético. Patanjali significa "una ofrenda que cae del cielo como una serpiente".

humana", afirma Gordon, quien ha destacado como conductor y director del programa La Oveja Eléctrica, revista de ciencia y pensamiento que se transmite por Canal 22, en el que conversa con notables científicos contemporáneos
Así, apunta, desde esa premisa, la novela incorpora investigaciones recientes sobre sincronización cerebral, estados de conciencia y neurociencia, sin abandonar la ficción.

"Hemos estudiado con enorme profundidad el universo exterior, pero conocemos mucho menos nuestro mundo interno. Hoy podemos fotografiar agujeros negros y, sin embargo, apenas comenzamos a entender cómo surge la experiencia consciente”, comparte.
Pero más allá del misterio que sostiene la trama, dice Gordon, Los sueños de Patanjali buscan abrir una conversación sobre la imaginación, el conocimiento y la capacidad humana para percibir nuevas dimensiones de la realidad. "Esa es la función de la literatura. Abrir ventanas hacia otros mundos posibles”, ataja.
De esta manera, fiel a su estilo, el autor demuestra en esta obra que la física cuántica y la poesía no son enemigas, sino dos ventanas distintas que miran hacia la misma noche estrellada, transformando el conocimiento puro en puro asombro, porque el objetivo no ha sido responder preguntas sobre la existencia de fenómenos, sino seguir preguntando.
La artista y escritora
Tanya Huntington se dedica a la memoria, la maternidad, el arte, la política y la migración en su más reciente libro En contra de las olas y otros ensayos
El ensayo como una forma de observar el mundo, cuestionarlo y establecer conexiones entre la experiencia íntima y los grandes debates sociales es para la artista, escritora y teatrera binacional Tanya Huntington (EUA, 1969) , el punto de partida de En contra de las olas y otros ensayos, su libro más reciente, publicado por LibrosUNAM.
En este volumen, la Huntington, quien ha colaborado en diversas plataformas como Tierra Adentro, reúne textos que transitan por temas como el feminismo, la maternidad, la literatura, la política, la migración, la traducción y la identidad cultural desde una mirada crítica y personal para proponer una conversación sobre cómo la memoria individual y colectiva dialoga con los procesos históricos y sociales.
“Es una antología de ensayos, reúne algunas columnas que publiqué en la revista Literal. Voces Latinoamericanas y otros textos escritos para distintos proyectos”, contó la autora y explicó que, con el tiempo, sintió que había ciertas líneas temáticas de sus principales preocupaciones que valía la pena reunir.
Dividido en cuatro secciones que tiene que ver con sus excursiones, los asuntos ambientales y de género, la política y lo que llama “reflexiones misceláneas”, el libro funciona para ella como un “autorretrato intelectual” que se construye a partir de sus facetas como escritora, traductora, artista plástica, dramaturga, madre y observadora de los vínculos entre México y Estados Unidos.
Asimismo, comparte que los ensayos combinan memoria personal, crítica cultural y referencias literarias, entre ellas la tradición de la crónica latinoamericana, a Juan Villoro y a Virginia Woolf, sobre la última, Huntington aclara que la referencia a “Las olas” de la escritora británica se limita al título, ya que el título de su libro alude a la metáfora de las “olas” utilizada para narrar la historia del feminismo.
“Entre más leía sobre la clasificación del feminismo, más no sentí que describía realmente la complejidad del movimiento porque el feminismo no avanza de manera lineal ni uniforme, por eso me interesaba escribir en contra de esa nomenclatura y proponer otra forma de mirar”, señaló la artista.
En este libro de ensayos, la maternidad ocupa también un lugar central, ya que Huntington reflexiona sobre la relación entre creación artística y trabajo de cuidados, así como sobre las desigualdades que atraviesan la vida profesional de mujeres y hombres dentro del campo cultural.
“Nací en Dakota del Sur en 1969 y me naturalicé mexicana desde hace más de tres décadas, para mí, ser mexicana fue una elección, y eso cambia mucho la forma de pensar la identidad... Construi-

ES
de
Luis
Guzmán: Entre el águila y la serpiente
" CONSTRUIMOS VERSIONES DE NOSOTROS MISMOS SEGÚN LA LENGUA DESDE LA QUE HABITAMOS EL MUNDO".


Más de ella
Huntington es doctora en Letras Latinoamericanas por la Universidad de Maryland Como artista visual desarrolla una obra plástica multidisciplinaria que ha exhibido en México.
mos distintas versiones de nosotros mismos según la lengua desde la que habitamos el mundo”, compartió la autora sobre la experiencia de vivir entre distintos idiomas y tradiciones culturales. Esa mirada aparece en los ensayos dedicados a la traducción en textos como ‘¿Qué hay en un muro?’ y ‘That Mexican Thing’ que exploran los imaginarios alrededor de la frontera entre México y Estados Unidos, así como las tensiones culturales que atraviesan ambas sociedades. “Entre México y Estados Unidos ha existido durante mucho tiempo un diálogo de sordos”, expresó la escritora, quien manifestó que la mejor trinchera es la cultura.
“La literatura genera empatía, es mucho más difícil rechazar al otro cuando has leído una novela o un poema que te acerca a su experiencia y a su manera de ver el mundo", añadió.
Y explicó que no escribe para decirle al lector cómo son las cosas, que le interesa más compartir hallazgos, entusiasmos y preguntas. “El ensayo, al final, también significa intento, prueba, esa idea me gusta porque libera al texto de la obligación de ofrecer respuestas absolutas”, refirió.
Finalmente, Huntington habló sobre la construcción de la voz propia en la escritura y explicó que, tras años de formación académica, descubrió el valor de partir de sus propias vivencias para crear literatura.
“Hay un momento en que te das cuenta de que ya no hay que esperar a que te den permiso”, compartió al referirse a la confianza para escribir desde su propia experiencia, un momento en que encontró en el ensayo como una vía para transformar lo cotidiano en reflexión literaria y nuevas formas de interpretar la realidad.
Actualmente Tanya Huntington trabaja en nuevos proyectos de ensayo, uno que dedica a las áreas naturales protegidas y reservas de la biosfera en México, y otro sobre la historia visual de la poesía. Asimismo, prepara un poemario con el Fondo de Cultura Económica (FCE), continúa su trabajo en litografía desde Oaxaca y desarrolla nuevas funciones La Alacena, monólogo que escribió y dirigió sobre la pintora María Izquierdo.

CORTESÍA
“LAS CLASES PURA SANGRE, MANEJAN EL CARNAVAL Y LO CONTROLAN”.
Claudia Amador es profesional en Estudios Literarios de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Sus cuentos han sido publicados en España,Uruguay y Colombia.Forman parte de distintas antologías.


Ganadora del Premio de Narrativa Elisa Mujica, Altasangre de Claudia Amador cuenta la historia de una familia de vampiros entre el bullicio y el ritmo del carnaval
LUIS CARLOS SÁNCHEZ
Claudia Amador (Barranquilla, 1998) pasó del odio al amor, y de regreso, con el famoso carnaval de su ciudad natal. Como a todos los niños del Caribe colombiano le enseñaron que esa fiesta que se celebra anualmente para dar inicio a la Cuaresma es parte de su patrimonio: “Desde el colegio aprendimos a tocar instrumentos, , lo que representan los bailes y las danzas”.
El carnaval siempre fue una especie de “paisaje de fondo” de su vida hasta que su familia se volvió “súper religiosa” y, entonces, la bulla colectiva se volvió negativa: “Ahora me dijeron que el carnaval era satánico, como Shakira en su momento también lo fue, porque Colombia es muy supersticiosa. Recuerdo claramente cuando mi mamá me dijo: ‘En el carnaval se le dan las llaves al diablo’. Eso a mí nunca se me olvidó”. Amador debió crecer para reconciliarse con su fiesta. Poco antes de mudarse a Bogotá donde lleva tres años viviendo decidió enterarse por sí misma de qué iba ese jolgorio, considerado el segundo más grande del mundo después del que sucede en Brasil. “El carnaval es algo que está en todo momento, que nos atraviesa, justo cuando me iba a mudar es que yo me reconcilio realmente con la tradición”.
Antes, sin embargo, la autora barranquillera se había rebelado contra todo lo que significaba Caribe. Asumió una estética gótica y se interesó por lo místico y el terror. Por esos años también comenzó a escribir cuentos, mucho más cercanos a la “ficción extraña” y a la ciencia ficción, pero fue gracias a la literatura que terminó por dimensionar lo que cada año sucede en Barranquilla. Fue “una unión de coincidencias”, dice.
“En la universidad, a raíz del Quijote, estudiamos la carnavalización de la literatura. Fue muy impresionante ver cómo lo que yo pensaba que era muy local, que era mi carnaval, resulta que sucede desde hace miles de años en muchas partes del mundo y sucede también en la literatura. Ese juego de cómo las personas ven el desfile, performan, ven performar y se rompen las barreras entre quien ve, lee o consume a quién. Entonces me pareció muy valioso, porque dije ‘yo conozco de esto, lo he vivido en carne propia’. Jugar con eso abría toda una ventana, todo ese sincretismo”.
Ahí fue cuando realmente comenzó a gestarse Altasangre (Alianza Editorial, 2026), primera novela de Claudia Amador, que en 2024 resultó ganadora del Premio Nacional de Narrativa Elisa Mújica. Pero lo de la escritora colombiana no es una historia folclórica, ni tampoco un relato realista de lo que sucede en las calles de Barranquilla, la manera de abordar el carnaval para Amador es el terror, o como dice la contraportada del libro, se trata de una novela “gótica-vampírica-tropical”. Entre el colorido carnavalesco, el bullicio de la música y las danzas frenéticas al ritmo del bullerengue y la cumbia, Altasangre nos cuenta el rito de iniciación de una nueva reina de la fiesta, que pertenece a una influyente familia de mujeres vampiro, sedientas de sangre y de poder. Un relato oscuro que sucede entre sueños y deseo, muy al estilo de otras voces latinas como la de Mariana Enríquez o Mónica Ojeda, pero que no deja de hablar de tradiciones, creencias y supersticiones.
“En Latinoamérica tenemos una tradición muy fuerte, una mezcla, nada es blanco ni negro, sino que todo es gris y el carnaval no es una excepción, son una mezcla de la tradición, de la colonización, son mezclas muy sincréticas, el carnaval representa ese sincretismo, esa unión de ritmos, de rituales, de cosmovisiones, ahí tenemos toda esa herencia africana, indígena y española. El carnaval es, primero, esa gran muestra de la colonización”, dice Amador.

LUIS CARLOS SÁNCHEZ
Donde el muro aparece descarapelado, José Manuel Cuéllar Moreno (Ciudad de México, 1990) ve “heridas de la memoria”. Es como si la construcción fuera un ente vivo que todo lo ve y todo lo siente. Así concibe esa casona porfiriana de la céntrica calle de Bucareli, en el número 158: “Para mí es una entidad viva, palpitante, no solamente es un espacio geográfico sino que es una casa que existe, que se puede visitar, que se puede tocar, que se puede respirar su atmósfera”.
Así también, Bucareli 158 (Tusquets, 2026), se titula su tercera novela, en la que explora las conexiones entre el espiritismo y la política nacional, en la que el pasado emerge de los pisos que rechinan al caminar, del eco rebotado en los muros tapizados y del terciopelo empolvado de las cortinas. La atracción fue magnética: “Era como si la casa estuviese albergando un secreto, con estos cristales rotos que invitaban a asomarse, a investigar qué pasó detrás de esos muros”. Ahí, el filósofo de formación —especialista en la obra de Emilio Uranga— ubica a Ifigenia, una modesta trabajadora doméstica que se hace cargo de la limpieza de la casa, pero que debe lidiar con Eulalia Madero, una señorona de la clase alta, venida a menos, pero ligada en el pasado con altos funcionarios del gobierno que gustan de asistir a sesiones espiritistas, discretas y a puerta cerrada. En Bucareli 158 todo se desata cuando Ifigenia encuentra, oculto en la pared, un pequeño diente envuelto en algodón. “Un poco de lo que va la novela es explorar estos músculos secretos, estas otras prácticas, esta otra manera en que se han tomado decisiones en nuestro país, no solamente en los salones de la Secretaría de Gobernación, sino a puertas cerradas, en otras casonas. Y desde luego, estas decisiones que han tomado nuestros políticos inspirados en espiritismo, todos
Muy al estilo del terror de la literatura latinoamericana, José Manuel Cuellar cuenta, en Bucareli 158, una historia sobre la relación entre política y prácticas esotéricas
estos rituales que han llevado a cabo tienen una consecuencia y un efecto inmediato en los ciudadanos de a pie”.
La presencia de un ser casi demoníaco de nombre Nicolás de Rocabertí e, incluso, del Monstruo de Tacuba (aquí llamado Eusebio Cárdenas) se entremezclan con la historia que busca recuperar el tono gótico y suspense de la Aura de Carlos Fuentes, El huésped de Amparo Dávila o Casa tomada de Julio Cortázar. En la historia de
Más sobre él
José Manuel Cuéllar Moreno es Doctor en Filosofía por la UNAM
Es autor de La razón pendular de Emilio Uranga.Una historia del existencialismo mexicano


"QUISE RECUPERAR
UNA LARGA TRADICIÓN DE LITERATURA GÓTICA, DE TERROR".
Cuéllar, la casona funciona como una máquina narrativa que va revelando secretos.
Eulalia Madero “comienza a confundirse con la propia casa, de modo que la historia comienza a supurar de las paredes, en el momento en que la casa comienza a revelar todos sus secretos, los planos temporales comienzan a dislocarse, a desdoblarse”.
Entonces la narración va de los años 50 y 60 del siglo XX a varios siglos atrás, cuando todas estas historias de sesiones espiritistas apuntan a Palacio Nacional, a aquelarres y misas negras con gente importante, y a un nombre: Nicolás de Rocabertí
“Él existió, fue un teólogo, un filósofo del siglo XVII de origen catalán, que vino a la Nueva España, que tuvo una relación muy estrecha e incluso sospechosa con la Virreina, gran amigo de Juan de Palafox, y que fue juzgado por el Tribunal de la Santa Inquisición por una serie de libros de tratados que escribió y que están parcialmente perdidos. Este personaje tan misterioso, tan fascinante, parece ser el origen de una serie de grupos políticos en México y que llegan, por supuesto, hasta Francisco I. Madero, nuestro gran espiritista”.
—¿Ha sido fanática nuestra clase política? “Sí, por supuesto, y esto va más allá de la novela, es algo que se ha documentado desde Madero. Se nos olvida que nuestros círculos liberales, estos círculos que fomentaron y que lideraron la Revolución Mexicana, estaban guiados por la teosofía de Madame Blavatsky, por el espiritismo de Allan Kardec, estaban convencidos de la inmortalidad del alma, estaban convencidos de la metempsicosis o la reencarnación de los espíritus en distintos cuerpos”.
“Todo esto llama la atención a los políticos mexicanos y las prácticas espiritistas están documentadas hasta López Portillo y más acá. Sí, por supuesto que sí, que nuestra política tiene un ingrediente de fanatismo”, concluye.
OPINIÓN

TOMÁS LUJAMBIO
@tlujambiot
La vida pública pierde su dimensión humana cuando las guerras, las contiendas electorales o los asesinatos sólo se miden por su potencial capital
Si,por algún motivo u otro,has tenido la oportunidad de ver un partido del mundial, es probable que hayas notado la predominancia publicitaria de una empresa en específico: ADI Predictstreet. Seguramente no la conozcas,y no te culpo: su existencia data apenas de marzo de este mismo año pero,pese a su corta vida,ha tenido la oportunidad de anunciarse en uno de los eventos más vistos en el mundo.¿Su secreto? Cotizando la vida misma.
Básicamente,ADI Predictstreet es uno entre muchos mercados predictivos: plataformas digitales donde cualquier usuario puede apostar sobre acontecimientos futuros.
Sin embargo,aunque estas empresas quieren venderse como instrumentos financieros diseñados únicamente para anticipar riesgos y catalogar información colectiva,su presentación apenas rasca la superficie.
A pesar de que la mayoría de las apuestas en estos mercados digitales están relacionadas con las finanzas o el deporte,el resto destaca por ser sorprendentemente irrelevante o,aún peor, alarmantemente inmoral.
En ellos,es posible apostar sobre cosas tan intrascendentes como resultados deportivos,fechas de estreno en la industria del entretenimiento y la posible llegada alienígena pero,también,sobre posibles bombardeos en Gaza,golpes de estado en Latinoamérica o incluso asesinatos políticos.
En estos sitios web,desde lo más sacro hasta lo más ruin es juzgado simple,inhumana y descaradamente por su retorno de inversión.Y ahí radica, precisamente,su perversidad.
En un mismo sitio convergen enmascarados de dinero los peores males de la sociedad actual: la normalización de violencia,la mercantilización de la muerte,la banalización de la vida y la glorificación del mercado.
En la interfaz de estos mercados predictivos la realidad se degrada y comienza a contemplarse en función de su rentabilidad.
De pronto,un genocidio,una guerra o una elección presidencial dejan de valer por su impacto material y pasan a valer por su potencial capital. De esta forma,en lugar de atender el mundo para comprenderlo o transformarlo,estas plataformas predictivas nos van acostumbrando,poco a poco, a ponerle un precio.

POR LUIS CARLOS SÁNCHEZ
Nadie es capaz de anticiparse a un accidente, “son inevitables, nos pongamos donde nos pongamos”, dice la multifacética Blanca Lacasa (Madrid, 1972). Los accidentes, además, vienen sucediendo desde que la humanidad existe y “seguirán sucediendo en la noche de los tiempos”.
Lacasa se refiere a un accidente fuerte, a esos que hacen perder el control y dejan, prácticamente, en la locura. Por supuesto que los hay de diferente magnitud y consecuencias, pero ella quiso hablar del accidente que descoloca: “Siempre ha sido un tema que me ha obsesionado mucho y me ha obsesionado el enamoramiento, no tanto a veces las historias de amor”.
“El enamoramiento, que es esa especie de accidente, yo lo he dado a llamar así, de esa cosa que irrumpe a veces sin buscarlo, sin quererlo, casi sin desearlo, y de repente te ves envuelto en ese torbellino. Me interesaba cómo se produce, básicamente porque creo que es una cosa que sigue pasando, es muy transversal, nos pasa a todas, a todos, y nos pasa casi a cualquier edad”, explica.
Autora de libros infantiles y ensayo, periodista de secciones culturales y podcasting, Lacasa debuta como autora de novelas con una novela breve, brevísima apenas 74 páginas , tan breve que bien podría imitar ese subidón que en ocasiones suele ser enamorarse. En El accidente (Libros del Asteroide, 2025), cuenta la historia de dos personas comunes y corrientes, como usted y como yo, que se sienten atraídas y se ven imposibilitados a detener la marcha de atrabancado amor, aún cuando ambos tienen pareja.
En unas cuantas páginas, la escritora española Blanca Lacasa cuenta en El accidente la impulsiva y locuaz historia de dos personas cuando se enamoran


Sobre la autora
Blanca Lacasa ha publicado más de una docena de libros infantiles,además de ensayo. Traducida a varios idiomas, es autora de Las hijas horribles La autora afirma que no le gusta “atenazarse” con ningún género.
“El enamoramiento irrumpe a veces sin buscarlo casi sin desearlo. Me apetecía reflexionar sobre qué sucede cuando nos enamoramos, ese momento en el que parece que perdemos completamente la razón, y parece que nuestra vida se desbarata entera en un segundo”, cuenta. Casi como si de un informe policial se tratará, Lacasa quiso diseccionar en su relato ese momento: “Jugando un poco con esa cosa del accidente, hacer algo muy aséptico, muy frío, visto desde fuera, porque a veces se entiende mejor, se desnuda un poco todo de tanta subjetividad o de tanta emoción, pero al mismo tiempo puede resultar más terrorífica o más irónica”. Lacasa no es terapeuta ni científica de las emociones, pero se anima a dar una respuesta a qué sucede cuando nos enamoramos: “La locura Es algo que nos ocupa mucho espacio, siempre me ha llamado la atención en que se convierte en algo muy obsesivo. En los momentos que no está y que somos funcionales casi de milagro, sigue en un segundo plano, con el enamoramiento parece que estamos programados para tirar con esa obsesión”.
Ese empeño quiso ser atrapado por la autora: “Nos enamoramos y uno vuelve una y otra vez a esos lugares a esos pensamientos intrusivos que vienen de la nada y que aparecen de repente, cuando no se los espera. Para mí era importante que el lector sintiera esa especie de obsesión, esa rapidez, esa sensación un poco de ahogo”.
Jenaro Martínez entrega la segunda parte de su saga Invasión silenciosa, donde su paleontólogo protagonista enfrenta fuerzas de otras regiones de la galaxia
LUIS CARLOS SÁNCHEZ HA SIDO
La anécdota podría ser cierta: un paleontólogo mexicano explora el desierto de Coahuila en busca de huesos de dinosaurio y entre los restos se topa con una misteriosa pieza de metal que rápidamente se presta para la especulación. En redes sociales comienza a circular la idea de que se trata de un artefacto extraterrestre y la aventura se desata.
Jenaro Martínez (Monterrey, 1973), quien ha trabajado durante tres décadas en la industria de la tecnología y las telecomunicaciones, demuestra la vitalidad que tiene la ciencia ficción de manufactura mexicana. Si en la primera parte de Invasión silenciosa (2023) ya se había adentrado en la historia del paleontólogo David Fernández, en la segunda parte de su saga Invasión silenciosa. La verdad oculta (Hachette, 2026), la imaginación no encuentra límite.
Ahora, su héroe mexicano debe adentrarse en otras regiones de la galaxia para evitar la extinción de la humanidad, pero el terror está al acecho: no sólo encuentra aliados sino que también se enfrenta a enemigos que pueden destruir una civilización. La historia espacial camina de la mano con lo que sucede en la Tierra, con Victoria Collins y las ambiciones de poder y expansión militar de las grandes potencias planetarias. En el aire solo queda una duda: ¿Puede el hombre realmente controlar su destino?
“Muchas personas piensan en la ciencia ficción con superhéroes, naves espaciales y explosiones, para mí es cómo si te pusieras unos lentes y pudieras ver el mundo con otra perspectiva, un poco más relajado, sin tomártelo tan en serio, te permite ver el entorno, la condición humana. En el fondo de esta historia, más allá de la acción y el suspenso y las naves espaciales, están las preguntas”, cuenta el autor en entrevista.
En la cabeza de Jiménez rondan cuestionamientos como ¿qué significa ser humano en este momento?, ¿por qué, precisamente ahora, resurge la inteligencia artificial, una tecnología tan poderosa que avanza día con día y que aún de no ser humana toma decisiones por nosotros, decisiones financieras, de todo lo que vemos en las redes sociales?, o ¿qué pasará con los niños que hoy están creciendo con la IA?
Jenaro fue de esa generación que creció viendo las películas de George Lucas y Steven Spielberg, pero fue hasta que llegó a los 40 cuando sintió ansiedad de sacar las historias que había cargado desde niño: “Me propuse contarlas y empecé a buscar, encontré talleres de literatura para desarrollar mi habilidad, soltarme y sobre todo convencerme de que yo viviendo donde vivo y tra-
tecnólogo, conferencista, locutor de un programa de rock y productor.
Datos clave
Jenaro Martínez también es emprendedor y cofundador de la Editorial 42 Líneas.
Sobre él, Alberto Chimal ha dicho: Nos recuerda que podemos imaginar también en castellano”.

bajando donde trabajo, podía ser un escritor que hiciera algo digno de leerse por miles de personas”.
Pero hubo otro elemento que el escritor quiso incluir en su historia. Al principio, cuando comenzó a idear Invasión silenciosa pensaba en Hollywood como escenario, pero poco a poco se fue revelando el desierto mexicano: “Nací en Monterrey, pero crecí en Coahuila, mi abuelo tenía un rancho en donde había fósiles de conchas y caracoles, ya en los 2000 Coahuila resultó ser una tierra riquísima en fósiles de dinosaurios; eso o le dio una identidad al personaje”. Invasión silenciosa, además, fue pensada como una trilogía. Jenaro Martínez ya trabaja en la tercera entrega: “Tengo bien diseñada la conclusión, estoy trabajando en esa última entrega, espero que en un par de años se publique. La primera parte tuvo que ver con descubrir que nuestra realidad es más compleja de lo que nos habían dicho; en la segunda nos dimos cuenta que no estamos solos y que somos parte de un contexto más amplio, la tercera parte creo que será sobre encontrar cuál es nuestro papel como humanidad para salvarnos y continuar hacia adelante”.
OPINIÓN

CYNTHIA MILEVA
@cynthiamileva
La fotografía moldeó la mirada con la que la artista terminaría construyendo una de las obras más reconocibles del siglo XX
Julio es,quizá,el auténtico “mes de las dos Fridas”.En este tramo del año se concentran, como en un palíndromo biográfico,tanto el aniversario de su nacimiento como el de su partida de este mundo.Particularmente celebro del Museo de Arte Moderno,la designación de un lugar solitito para la pintura de Las dos Fridas y su convocatoria a un concurso fotográfico que provocó resultados maravillosos,dejando ver el cariño y la creatividad de los entusiastas de la pintora mexicana.
Por estos días y con el arrastre de las actualizaciones en torno a ella; como la reapertura del Museo Dolores Olmedo,los aniversarios y la inminente serie sobre su vida,se avecina en el horizonte una nueva ola de “fridomanía”.Pero antes de que las pantallas se saturen con la enésima dramatización de sus dolores,vale la pena detenerse.Conviene tomar un respiro frente a la caricatura de postal y refugiarse en el tacto exquisito del papel a través del libro Frida Kahlo: sus fotos,bellamente coordinado por Hilda Trujillo y editado por RM.
Para entender a la Frida desafiante que mira de frente a la cámara,hay que regresar al cuarto oscuro de su infancia.Ahí su padre,el fotógrafo alemán Guillermo Kahlo,documentó la arquitectura colonial de México por encargo de Porfi.Una época en la que Frida creció al cobijo del oficio y entre la cultura visual de lo que significó una cámara en casa.
«Por el trabajo de su padre,Frida se familiarizó desde pequeña con las técnicas fotográficas...las hijas le asistían en el cuarto oscuro,retocaban con delicadas pinceladas las placas fotográficas».


Además de la técnica,Don Guillermo le heredó su sensibilidad para el retrato y su propia obsesión por el autorretrato,desarrollando en ella una alianza indisoluble entre la luz y el pigmento.Para Frida,las fotos nunca fueron registros pasivos; eran objetos de poder,fetiches que funcionaban como extensiones vivas de las personas.Atesoraba los retratos de sus familiares predilectos y,de la misma manera, recortaba o doblaba el papel para sepultar en el olvido a los personajes caídos de su gracia.Sobre el papel impreso anotaba dedicatorias ardientes o estampaba besos con el carmín de su labial para sellar la presencia de su amado; incluso,incorporó la materialidad de la foto en sus propios lienzos,como esa mano pintada que sostiene el pequeño retrato de Diego siendo niño.Así,la primera Frida se construyó desde la penumbra de la plata,preparando el escenario para el estallido del mito.
