Homenaje a un pionero:
a los 94 años falleció Victorio Confetto
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Septiembre 2020
Villa Gesell Año - XXXIII Nro 2029
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Temporada 2021, con más dudas que certezas orada o p n , m s a e t u navir en la cos ión de la t co o r o c El ac ísti cer r c i e u f r i t c n r e a o l a t d a la p no y el sec o si”, pero l para c i l p om er os si y se c no. El gobi turismo “ anitaria y l s rá ra de ve n que hab situación ltan la los n e a a u l r o c t i u r aseg umbre po ar dif ación tan s del j a i v ra id a up incert ientos pa ran preoc as empres l ra rim ne reque ación y ge s como en otocolo pa ic pr nte planif ales visita a tiene su lizar la ci ly ña poten iila Gesel s para se ación. ra r. V ocup secto con bande s, playa
Cumplimos 33 años: un repaso por
ilustraciones históricas de Héctor Regalli
Una vida entera... El pasado 8 de septiembre, El Fundador cumplió 33 años. Este nuevo cumpleaños nos encuentra en un momento muy especial de la evolución, ya que por la pandemia, dejamos de ser un medio gráfico para dedicarnos, al menos por el momento, en forma exclusiva al soporte digital.
El Fundador
Desde aquel lejano 1987, acompañamos la evolución de la ciudad, que s también la nuestra. Con unos quince mil habitantes, las localidades del sur aún como un bosque prácticamente deshabitado, y menos de diez años de autonomía municipal, esa Villa Gesell era aún un
pueblo, pero que mostraba el meteórico crecimiento que hoy nos encuentra con una verdadera ciudad. A lo largo de estas tres décadas, El Fundador pasó de diario a semanario, de semanario a revista, y hoy a revista digital. Por otra parte, nuestro medio digital, El Fundador Online, con casi quince años de existencia, manteniendo la tradición de brindar a la comunidad información y servicios, el objetivo con el que se fundó este medio. Si bien los soportes han cambiado y con toda seguridad seguirá
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cambiando, la tarea que nos imponemos es mantener la esencia; ser actores útiles de la comunidad, buscando siempre la verdad, y levantar la bandera de la autonomía de opinión a la que todo medio debe aspirar. Así, sea cual sea el soporte y el formato del medio, el lector podrá seguir buscando el respaldo de trayectoria, seriedad y veracidad que todos los que trabajamos en El Fundador hemos sabido construir a lo largo de estos 33 jóvenes años. Gracias por acompañarnos!!!!
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4 / El Fundador / Agosto 2020
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ESPACIOS VERDES
Con el espíritu de Carlos Gesell Entrevista a Loli Pagano, Subdirectora de Espacios verdes, quien refleja en su tarea la pasión de un grupo de personas que continúan con un fuerte compromiso la obra del fundador. “Me siento muy orgullosa de este grupo, donde cada proyecto lo hacen como propio, se nota la pasión y el sentido de pertenencia que se reflejan en los resultados y eso las plantas lo sienten”, afirma Loli Pagano, Subdirectora de Espacios Verdes. Quienes visitan el vivero también sienten esa pasión que recuerda el espíritu del fundador Carlos Gesell. ¿Cómo resultó la primera experiencia del ecocanje y cómo sigue el plan? Fuimos gratamente sorprendidos por esta nueva experiencia, tanto por la idea de mitigar la problemática de los residuos electrónicos como la respuesta que obtuvimos de la gente. Se acercaron más de 180 personas a realizar el canje. Un gran orgullo lograr el cambio de objetos en desuso por plantas de producción municipal. La idea es repetir esta acción, pero aún no tenemos fecha. ¿Podés contarnos el trabajo de rutina diaria con respecto a la generación de plantas y árboles, y en particular el trabajo en el invernadero? Diariamente, los empleados del vivero se organizan en varias tareas, como la de la producción, riego y mantenimiento, obviamente según la época del año se rotan algunas tareas. Tienen su mesa de trabajo dentro del invernáculo, como también la líneas de camas donde se siembra al lado de estufa que ellos mismos realizaron, también tienen una segunda mesa de trabajo de verano, debajo de un hermoso y añejo ciruelo muchas veces se reciben desde semillas hasta gajos de poda para realizar esquejes que traen los propios vecinos, el vivero está a cargo Tati, una súper laburante que ha demostrado después de tantos años su amor a esta tarea. Además del sector del vivero, nos dividimos en 3
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cuadrillas más, de poda, de corte de pasto y de plantación en espacios públicos. ¿Cómo está organizado el predio al aire libre? El predio exterior está organizado de tal forma que, en una parte están situados los árboles para espacios públicos, otro sector donde se encuentran los arbustos o plantas más chicas, otra parte donde se sitúan las plantas para los contribuyentes. ¿Podés contarnos los planes de ampliación y de crear un nuevo espacio en la zona del Golf Club? Hay un proyecto para crear un vivero productor masivo, ya aprobado por el HCD hace unos años, situado entre el club de golf y la ruta 11, justamente en esta semana ya se aprobó la agrimensura del predio, para poder empezar a delimitar el lugar. La idea es que se pueda realizar bajo un proyecto realizado por la escuela técnica. El año pasado nos reunimos con las autoridades del colegio Vives
y así lograr un trabajo en conjunto con estudiantes geselinos. El proyecto es superador, donde se podría sumar un punto verde, con chipeadoras, aserraderos, compostera entre otras cosas. En nuestro recorrido por el vivero, encontramos en un galpón una serie de bancos, y un gorro gigante de Navidad. ¿De qué se tratan? Lo que has podido fotografiar, es una muestra de lo que podemos ir sumando a algunos espacios de nuestra ciudad, el gorro navideño por ejemplo, lo realizamos el año pasado para el ingreso a la ciudad en las VG del acceso norte. Los bancos también realizados por nosotros, para ir generando áreas de descanso y disfrute de los geselinos. Me siento muy orgullosa de este grupo, donde cada proyecto lo hacen como propio, se nota la pasión y el sentido de pertenencia que se reflejan en los resultados y eso las plantas lo sienten!!! jaja ¿Cómo es tu historia personal con
Gesell y con este oficio? Desde que tengo uso de razón vengo a Gesell, primero porque mis padres venían a trabajar todo el verano. Los primeros años vivíamos en los camping, con el correr de los años ya alquilaban casas o departamentos, mi madre Irma enfermera y mi padre Enrique, electricista y operador de cine, luego pasado algunos años y ya super enamorados de este lugar le compraron un lote a Don Carlos, donde recuerdo ir a pagar la cuota todos los meses al chalet en el bosque fundacional. tengo los recuerdos más lindos de mi infancia en esta Ciudad, amo a esta ciudad. Como así feliz de que hace unos cinco años me convocara Gonzalo Vázquez, Director de Medio Ambiente en ese momento (después de que como vecina con mucho sentido de pertenencia venia aportando ideas o proyectos...siempre desde la vereda de querer sumar) para ocupar una labor que me hace muy feliz, justo había terminado paisajismo en Pinamar sin tener idea de que iba a poder ejercer lo que más me gustaba.
Siento siempre un privilegio trabajar en el casco fundacional de Villa Gesell, no solo por la carga histórica sino que a la vez siento que tiene magia, la magia que necesita todo sueño cuando empieza a ser realidad, hasta los eventos que se realizan cambian gracias a esa energía que solo experimentamos los que amamos este lugar ¿Qué pensás y sentis al trabajar cotidianamente lo hacía don Carlos para desarrollar la forestación? Continuar la tarea de forestación pero teniendo en cuenta ya en especies acordes al desarrollo paisajístico urbano, ampliar el abanico de especies nativas de la región y continuar trabajando en forma conjunta con los Bomberos Voluntarios en las tareas de prevención de incendios, tema no menor en estos tiempos.. Continuar con la tarea de poda en altura para prevenir accidentes en tormentas, ya que cada vez son más intensas. Sin duda hay mucho más por hacer.
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PANDEMIA
Avanza la planificación de la temporada, con más dudas que certezas Los centros turísticos se preparan para una temporada que, en el mejor de los casos, estará cargada de complejidades. Mientras terminan de definir con la Nación algunos protocolos a aplicar, y en el caso de las provincias hacen estimaciones de cómo puede llegar a ser la curva de contagios, los intendentes de los centros que suelen tener la mayor afluencia de visitantes ya comenzaron a preparar sus propias exigencias. Teniendo en cuenta que las estadísticas muestran que siete de cada 10 que visitan la costa argentina lo hace en su propio vehículo, en la costa ya es casi una decisión tomada que aquel que esté de vacaciones y alquilando una vivienda registre COVID-19 y no necesite internación “deberá volver en su auto a su lugar de origen a hacer la cuarentena”. En la misma línea, los balnearios bonaerenses están terminando de definir la posibilidad de pedir un certificado de hisopado o PCR pero eso sólo sería una parte del problema.
Hay temor a que empiecen a circular certificados de dudosa procedencia por lo que se está analizando utilizar un sistema blockchain, como el que regula a las criptomonedas, para “encriptar” los certificados médicos pero “es algo que tiene que decidir y definir la Nación”. Parece más difícil encontrar una solución a las aglomeraciones en la playa y a la posibilidad de que alguien que alquile contraiga el virus y tenga que hacer una cuarentena en el lugar. “Se está conversando el traslado de hospitales móviles y también con las prepagas para que garanticen el servicio a sus afiliados en una zona en donde no tienen una red tan aceitada”, contó un intendente costero. En Villa Gesell, donde la prestación de salud privada es mínima, la mayor apuesta es fortalecer el sistema público. Respecto de las playas y los balnearios, el Ministerio de Turismo de la Nación definirá en las próximas semanas cómo será el protocolo y
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una posibilidad cada vez más cierta es que se establezca un cupo de cantidad de personas que puedan permanecer en cada balneario el mismo tiempo. Villa Gesell fue el primer distrito en presentar un protocolo. El Secretario de Turismo Emiliano Felice señaló “trabajamos desde la Municipalidad con las instituciones y los prestadores, y consensuando hemos diseñado protocolos y este plan sanitario, que es un paso muy importante, porque nos permite quitarnos dudas y organizarnos para que los turistas puedan disfrutar de la temporada.” Entre otros puntos, el sistema se basa en información, en señalética, con banderas para marcar si las playas (roja y verde) están saturadas o con espacio, también personal que informe y oriente sobre dónde poder encontrar una playa con lugar, coordinando con el Operativo de Seguridad en Playa, e información en las web oficiales y una app
Los guardavidas tendrán máscaras y guantes, sumarán mangrullos móviles y deberán monitorear que se mantenga el distanciamiento. Se utilizarán drones de monitoreo para controlar la densidad de ocupación, y entre otras comodidades se sumarán senderos de madera de acceso a las playas públicas, y espacios de higiene con agua, jabón y alcohol. En nuestra ciudad se están dictando también capacitaciones para empresarios, comerciantes y personal de servicios turísticos, a fin de poder implementar el Sello Sanitario, que distinguirá a los prestadores que cumplan los protocolos establecidos. Control sanitario Una de las opciones que están en estudio –y que se presentarán la semana próxima en un encuentro del consejo consultivo de turismo– es que todos los turistas cuenten con un test negativo de coronavirus. En ese caso, el Estado se haría cargo del costo de los testeos de aproximadamente 5
millones de argentinos que viajan cada temporada. “Es un costo que tenemos que asumir. El año pasado, la temporada de verano generó ingresos por $300.000 millones”, destacaron. Hace algunos meses, se había discutido la posibilidad de que el turismo arranque por regiones, que se habiliten las opciones turísticas en primer lugar para los ciudadanos que vivan en la misma provincia donde se
encuentra el destino a visitar. Pero ahora la idea más fuerte es que todos puedan moverse por las distintas provincias. Devolución del 50% de las compras en servicios turísticos A partir de octubre, comenzará a funcionar el sistema de devolución del 50% de las compras realizadas en pasajes y servicios turísticos dentro de la Argentina que forma parte de la
Ley de Emergencia para el sector. La semana próxima saldría la reglamentación de la ley para que el sistema se pueda poner en marcha. Los turistas que realicen antes del 31 de diciembre de este año la compra de un pasaje o un servicio turístico (hoteles, excursiones, entre otros) para viajar por el país podrán obtener la devolución del 50% de esa compra para gastar durante 2021 también en pasajes o servicios turísticos e incluso
también en restaurantes de la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo. Según el plan oficial, al turista se le acreditará el 50% de lo gastado para volver a usar en compras de servicios turísticos durante 2021. Si se gastan $100.000 antes del 31 de diciembre de 2020, se obtienen $50.000 para gastar durante el año próximo. El Ministerio de Turismo habilitará en octubre una página web donde se podrán cargar los datos de las facturas y que serán validadas por la AFIP. Luego, a través de una billetera electrónica o una tarjeta del Banco Nación se acreditará el 50% de lo gastado que se podrá volver a usar en compras de servicios turísticos durante 2021. Si se gastan $100.000 antes del 31 de diciembre de 2020, se obtienen $50.000 para gastar durante 2021, por ejemplo. Las estimaciones son que el Estado haga una inversión de $30.000 millones en el programa, de lo que una parte importante se recuperará a través del IVA que se recaude en cada compra (la primera compra y la segunda hecha con el reintegro). Calculan que se pueden llegar a concretar un millón de operaciones con este sistema.
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33 años de El Fundador Ilustraciones históricas
Por Héctor Regalli
Arriba: Intendente Barrera y concejal Martínez Salas. Abajo: Ziampris, Baldo, Brocos y Erneta. Baldo, Tavarone, Erneta y Martínez Salas, buscando el voto de las colectividades.
Intendente Taboada y doctor Corti, y un tema recurrente con los años, la energía eólica.
Arriba, discusiones políticas por la red de gas natural. Abajo, la creación de la playa nudista. Arriba, el intendente Baldo y el concejal Tavarone. Abajo, el intendente Taboada como El Rey León.
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Anécdotas de Villa Gesell
Historias en el Antón Rolando Pozzi nos acerca otra anécdota, en la que recrea los viajes en el célebre “Antón”, muchas veces manejado por el propio “Don José”, y las experiencias que tuvo en esos recorridos inolvidables. La empresa de don José Antón estaba en San Isidro. Varios comerciantes de esa zona se instalaron en Villa Gesell. Pinciroli, que era de Martínez, puso una casa de materiales importante. Los micros salían de la calle Alsina, levantaban pasajeros en Puente Saavedra, Juramento y Cabildo, y en Constitución. En la ruta 2 paraba en Chascomús y en Maipú, después desviaba a la izquierda en Las Armas, faltando 100 kilómetros para Mar del Plata, y por la estrecha 74 llegaba a Madariaga, y desde ahí por camino de tierra, pasando por Estación Juancho. Algunos entraban a Pinamar y terminaban en Gesell. Cuentan que han hecho tramos por la playa y en ocasiones de encajarse, todos los hombres bajaban a empujar. Era una empresa muy familiar. Llevaban algunas frazadas para ofrecer a quien las necesitara. Todos los choferes eran muy amables. Creo haber viajado más de treinta veces, varias de ellas con el mismo don José al volante. Recuerdo algunas históricas anécdotas de esos viajes. En Madariaga, Antón tenía un transbordo arreglado para los días de lluvia. Quedaba el Antón ahí y subíamos a unos colectivos chicos modificados que tenían tracción también delantera. Eran Chevrolets ‘38 y ‘47, en los que ya nos ubicaban en asientos fijos, no cómodos. En estas unidades, a falta de bodega se utilizaba el pasillo. Ahí se apilaba todo el equipaje, a veces hasta el techo. No
eran solo valijas. Fuera de temporada la mayoría de los pasajeros eran propietarios que llevaban distintas cosas para sus casas. Resultaba curioso ver al chofer girando el volante para ambos lados con agilidad y al colectivo deslizarse derechito por el centro de la ruta, chapaleando barro. El viaje normal de una hora demoraba tres. La parada del centro era frente al hotel Villa Gesell sobre la avenida 3 de arena. Después, yendo para el fondo paraba en El Gateado, en la 114 (ex paseo 14). Antes del ‘63, año en el que inauguraron la Telefónica, el único teléfono público estaba casi al final del campo del ACA. Un acopladito de chapa con una escalerita era lo que
había, y se hablaba colocándose auriculares. Si el coche en que viajábamos entraba en Pinamar, estaba claro quién bajaría en esa última parada. A esos pasajeros los delataban los mocasines, los sacos sport y los pañuelos de cuello. En la Villa vestíamos standard, casi uniformados. Pantalón Grafa o vaquero, alpargatas o borceguíes y campera de cuero o gabán azul. De noche, infaltable una linterna. Años después con el discutido asfalto, llegaron los primeros mocasines. Aconsejado por mi viejo, no sé en qué año, hice cambio de domicilio “para ser geselino” a la hora de pagar los
José Antón (derecha) junto al fundador Carlos Gesell.
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impuestos, ya que los residentes pagaban menos. El único inconveniente que tuve fue un viaje obligado para unas elecciones, cuando Gesell aún pertenecía a Madariaga. Los partidos políticos trasladaban votantes en diversos vehículos. Recuerdo lo frío que estaba ese domingo viajando en la caja de una camioneta. ¡Cómo extrañé el Antón! Los micros de esa época no tenían suspensión neumática. Nadie quería viajar atrás “sobre las ruedas”. Los pasajes de ese sector eran los últimos en venderse. El tema de las ubicaciones me recuerda algo que le sucedía a un compañero de colimba rosarino. Las noches que viajaba a Buenos Aires regresando de un franco, siempre lo hacía sentado adelante junto a uno de los choferes. El motivo era que el pasaje lo sacaba la novia, una rosarina hermosa, y el que vendía los pasajes era amigo (cómplice) de los choferes… Antón salía de San Isidro con pocos pasajeros, con una luz tenue de color en su interior. Una noche que subí en Puente Saavedra me resultó atractiva una veterana rubia. Con ella fuimos conversando hasta Constitución. Allí se completó el pasaje, salvo el asiento junto al mío. Yo estaba sobre la rueda y la rubia ubicada por el 8, bien adelante. Ya había perdido la posibilidad de cambiarme de asiento, cosa que solía hacer cuando atrás estaba libre un espacio como para
dormir más cómodo. Me la tenía que jugar sí o sí en Constitución, con la rubia ya sentada junto a una señora mayor y yo solito con siete horas por delante en el peor de los asientos. Me animé cuando ya arrancábamos y le propuse viajar a mi lado. Aceptó y le cedí la ventanilla. Un rato circulamos a baja velocidad con luz tenue de color, que apagaron al tomar la ruta. Conversábamos en voz baja y la cosa se fue poniendo linda, salvo por el humo de los cigarrillos. En Chascomús no bajamos, y entre mimos y arrumacos en la 74 me dormí sobre su hombro. Llegando a Maradiaga comenzó a clarear. Cuando desperté por la luz, mi cara estaba a centímetros de mi levante. Me acordé del tango “Justo el 31”, donde el tipo relata “que una noche de hambre la llevó a la pieza y cuando prendió la luz dio un grito y se desmayó”. La rubia bajó en el centro y yo en El Gateado. Dos días después,
caminando con mi primo una mañana la vimos sin maquillaje. Ya sabía de la historia en el Antón y no lo podía creer. Lo que yo no podía creer era lo distinto que es una cara maquillada de noche con luz tenue de color y una sin maquillar una mañana de sol en la avenida 3. Otra historia hecha posible por el Antón fue la de los Noni-noni. En alguna de las unidades que llegaban a la Villa muy temprano, además de bolsos y valijas venían semanalmente varias cajas de cartón sin membrete. Las despachaba Guaymallén en Constitución, con alfajores Noni-Noni para “fabricarlos” en Gesell. Você me entende… Jorge y Antonio eran dos socios que montaban por dos meses la empresa Noni-Noni. Tenían un camión para distribuir en la costa no sé qué otro producto. Alquilaron un pequeño local con una habitación y un bañito en la 3, junto a “La Garrapata”. Enero uno y
febrero el otro, Jorge y Antonio disfrutaban un mes con sus esposas. El local-fábrica funcionaba desde las 18. Para decorarlo adecuadamente consiguieron algo que se parecía a una vieja máquina de panadería y unos estantes con tarros de dulce de leche (según la etiqueta). Inventaron, eso sí, un armazón de madera rectangular con alambre tejido de pajarera. Ahí en eso, a las 18 tenían amontonados tipo desparramo los Noni-Noni para comenzar la función. La pareja de turno, luciendo impecable delantal blanco con monograma y gorro, ante la mirada de los turistas acomodaban prolijamente los alfajores en cajas muy coloridas con 6, 12 y 24 unidades. Al entrar, los candidatos quedaban encantados con el aroma que emanaba la elaboración. Atrás de una cortina, en un jarrito de aluminio con agua, hervía aburrida una ramita de vainilla. Pero fue en un Antón fuera de
temporada en el que viví una experiencia que agrandó mi amor por la Villa. Un viernes a la noche en Constitución subieron dos mujeres. Una ocupó el asiento junto al mío ayudada por su amiga, que antes de bajar al despedirse me susurró algo que no entendí: intuí “cuídela”... Quedé intrigado y estaba atento para entender aquella insinuación. Al rato de andar notando que mi vecina no dormía, inicié la conversación. Me explicó que no veía, pero que no era totalmente no vidente. Estudiaba abogacía en Bs. As., en donde solo distinguía grises. Los fines de semana los pasaba en Gesell porque el aire puro y los espacios abiertos le hacían un regalo. Notaba las diferencias del color del cielo, el mar y la vegetación. Ese detalle hacía que para ella valiera la pena viajar toda una noche envuelta en el humo de los cigarrillos para poder disfrutar esas importantes pequeñas cosas. Rolando Pozzi, junio de 2020
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Avanza el nuevo barrio “Médanos”
Inversión privada y acompañamiento estatal para que los geselinos puedan tener su vivienda El emprendimiento inmobiliario “Médanos”, es un nuevo barrio que apunta a satisfacer la necesidad de lotes accesibles para destinar sobre todo a vivienda permanente, ubicado en el oeste de nuestra ciudad, y es una muestra de la importancia en la articulación público privada para el desarrollo urbano. El pasado lunes el intendente Gustavo Barrera y Alejandro Mazzei, titular de la inmobiliaria que comercializa el proyecto, firmaron el convenio urbanístico mediante el cual la Municipalidad se comprometió a tender la red de agua corriente y autorizó la subdivisión de las parcelas. Por su parte el desarrollador se
comprometió a entregar a la Municipalidad una porción de parcelas para ser incorporadas en el Programa Lotes con Servicios que ya lleva sorteados 236 terrenos en Villa Gesell, quedando el resto de las parcelas libres para que el desarrollador las ponga en el mercado a un precio muy accesible para el público geselino. Cuando Alejandro Mazzei llegó a Villa Gesell con la intención de invertir el Estado lo orientó hacia los intereses colectivos locales, hacia los geselinos. Surge así Barrio Médanos en un terreno enorme, en medio de la ciudad y poco visibilizado hasta ahora. Muchos han pasado por la Avenida Circunvalación sin percibir la magnitud
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del terreno lindante entre los Paseos 119 y 130. Ya que desde ahí hasta la ruta es hoy donde se emplazará este barrio abierto. Los más de 900 lotes que han quedado disponibles para la venta los comercializa la inmobiliaria Mazzei. Ubicada en Boulevard y paseo 110, es la primera inmobiliaria que abre sus puertas en dicha arteria, dato que confirma que el objetivo del desarrollo son los residentes locales, el vecino de Villa Gesell. La obra que se está desarrollando garantiza un crecimiento planificado, ordenado, normativo y absolutamente diagramado. Los lotes que conforman su extensión tienen entre 300 y 500 mt2. Ninguno de ellos distará más de
300 mts de la plaza más cercana ya que el plano cuenta con nueve plazas dentro del barrio, las mismas, a pedido del Secretario de Planeamiento Gerardo Galli, fueron diagramadas como reservorios de agua pluvial para proteger a los propietarios de los anegamientos por lluvias. Las manzanas están diseñadas para que todos los lotes tengan un frente con vereda, los mismos serán entregados con servicios (alumbrado público, agua corriente, calles consolidadas) y financiados en pesos y en cuotas fijas. Una obra de semejante magnitud logrará, en sus cuatro etapas de desarrollo, promover la generación de
trabajo local dado que la construcción es uno de los motores de la economía; en este caso Barrio Médanos es el desarrollo urbanístico más grande dentro de la localidad de Villa Gesell. Esta capacidad productiva se ve impulsada también por la opción de financiamiento en la construcción de viviendas que ofrece la inmobiliaria. Mazzei Propiedades diagramó cuatro tipos de lotes para generar viabilidad en el acceso a la propiedad de los interesados, con diferentes metrajes, ubicaciones y tipos de financiación; el objetivo del inversor y el compromiso asumido con la Municipalidad es apuntar al público local, el objetivo es que las familias geselinas puedan acceder a ser propietarios. De esta manera Mazzei comercializa el Barrio Médanos haciendo coincidir el objetivo de la inversión privada con el objetivo del interés público. Así “…Ser dueño es mucho más fácil…” como comúnmente se lo escucha decir a Alejandro Mazzei. Si querés contactarte con la inmobiliaria Mazzei llama al 02255 47 77 67.
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Metrópoli Me mudé en esta ciudad más de veinte veces. Y en todas las mudanzas, entre los libros que cargaba, siempre el mismo libro. Me lo habían regalado, después lo presté, lo perdí y volví a comprarlo. La secuencia de pérdida y recuperación se repetía y se repite hoy hacia el infinito y el libro, desde la primigenia Minotauro, de edición en edición, pareciendo el mismo, nunca lo es, y en una de esas esta es la mejor definición del libro que se me ocurre: su instinto de cambio, el pasaje del desasosiego en que vivimos al desapego y la conciencia del presente en función de lo que viene. Lo he visto en un anaquel junto a una ventana a la 9 de Julio, en un estante sobre la cama en San Telmo, en una repisa de la cocina en el Bajo, en el piso encima de una pila acá en Olivos. Viajó conmigo por muchos barrios y estuvo en diferentes viviendas, y también en cuartos de hotel. Cambiando de ediciones, cambiando de tapa, de tipografía. Fue leído en bancos de plaza, en el pasto de parques, junto al río. A medida que me mudaba, la ciudad era otra como era otro el barrio. La visión de la ciudad cambiaba. Cada barrio imponía una perspectiva y una atmósfera particular. Me daba cuenta de una obviedad: la ciudad no era una sola, la visible. Era muchas, aún las desconocidas, las imaginadas. Se habrán dado cuenta: hablo de “Las ciudades invisibles” (1972) de Italo Calvino. En uno de sus más bellos ensayos,
“Por qué leer los clásicos” Calvino escribía que un clásico es ese libro al cual se vuelve y, en la vuelta, no dice lo mismo. Y esto, me doy cuenta, no sólo pasa con su libro prodigioso sobre ciudades sino también con la ciudad en que vivo, nunca igual a sí misma, siempre cambiante y siempre diversa. Anoche, una vez más, por enésima, terminé de leerlo. En verdad el “terminé” es presuntuoso. Así como nunca termino de conocer la ciudad, que seguramente no será la misma cuando la peste quede atrás, tampoco puedo garantizar que no regresaré a una lectura reincidente como si no lo hubiera leído. En fin, me encuentro una vez más con un ejemplar de “Las ciudades invisibles” subrayadísimo, con marcas recientes, anotaciones y, la sensación no es nueva, ignoro por dónde empezar esta nota sobre el escritor al que le habría gustado ser el hombre invisible. En 1974 Calvino vivía en un piso en París, ciudad que amó y conoció – si acaso se puede conocer a alguien, a otro, a uno mismo, a una ciudad. Por entonces París cambiaba como había cambiado un siglo antes con Haussman. En las excavaciones se encontraban huesos del pasado. París evolucionaba hacia hoy: una ciudad nueva se construía sobre la anterior, la contenía. A Calvino, además de fascinarle el cambio arquitectónico, le atraía el metro. Un día, en una estación, vio un hombre descalzo. No era un clochard, no era un hippie, no era un gitano. Por el aspecto podía haber sido un
Por Guillermo Saccomanno
profesor, alguien parecido a él. Pero sin medias, sin zapatos, absolutamente descalzo. Se confundía con los pasajeros. Y ellos ni reparaban en el detalle, no le prestaban siquiera una mínima atención. El escritor tenía muchas razones para amar París, por ejemplo: el anonimato que le permitía. Reacio a la visibilidad de los escritores, la cháchara que despliegan los medios en torno a la figura que invisibiliza su escritura, Calvino, mientras sobrevenía este tiempo en el que nadie existe si no es visible, había elegido París porque le resultaba también una ciudad enciclopédica, museística, que desplegaba a cada paso la atracción por las taxonomías, los elementos más heterogéneos y también los más cotidianos expuestos con su correspondiente clasificación. Le bastaba pararse ante una tienda de quesos o una de vinos para observar la variedad y su clasificación. Y aquí es donde “Las ciudades invisibles” se abre ante nosotros como un proyecto de capturar la historia y el misterio de lo urbano en todas y cada uno de sus tránsitos, estados, facetas, secretos. Ni más ni menos, un ensayo narrativo que se interesa por la totalidad y recala, con asombro, en la especificidad, el lugar desde donde ir hacia el todo. Marco Polo, el legendario mercader veneciano, le informa a Kublai Kan acerca de las ciudades que ha recorrido, muchas integrantes de su reino y otras no tanto. Casi todas son imaginarias y apenas dos o tres reales y contemporáneas. Cuando su publicación, Pasolini señalaba que aun cuando Calvino, antiguo compañero de ruta, se había apartado del marxismo y en su libro no pudiera entreverse la lucha de clases, el suyo, dado su rigor estudioso y atento a la dialéctica de las transformaciones sociales, era el libro de un marxista que recurría, lector in fabula, al mecanismo de “Las Mil y una noches”. Marco Polo replicaba la prodigalidad ingeniosa de Scherazade: cada ciudad, de hecho, es un cuento. Todas las urbes predisponen el intercambio de recuerdos, deseos, recorridos y destinos. De acuerdo, podríamos categorizar este libro como uno de viajes, pero su itinerario refiere, tras cada exploración, un viaje interior. Calvino también entendió su escritura como la de un diario, uno que seguía sus cambios de humor y sus reflexiones, libros que leía, exposiciones o discusiones con amigos. Otra opción, parecida a un consejo de lectura,
consistía en que lo leyéramos como se leen los libros de poemas, de ensayos o uno de cuentos. Sin embargo, hay más. Porque “Las ciudades invisibles” se prestó, desde su publicación, como un profético tratado de urbanismo que induce a pensar, mientras lo leemos, en escritores que se centraron en lo urbano, lista que podría incluir, entre otros, a Charles Baudelaire, Walter Benjamin, Lewis Mumford, Marshall Berman y García Canclini. La metrópoli está en todas partes y en ninguna, es un aura y nos posee. “Incluso lo que parece una ciudad arcaica sólo tiene sentido en la medida en que está pensado y escrito con la ciudad de hoy delante de los ojos”, dijo Calvino. “La crisis de la ciudad demasiado grande es la otra cara de la crisis de la naturaleza”. Y es en este punto quizá donde su lectura se vuelve no sólo plan de fuga en una cuarentena sino también hipótesis de trabajo seria para considerar qué existencia, con conciencia de clase, deseamos cuando la peste haya quedado atrás. Hablo de una actitud seria en la elaboración de un plan sobre cómo queremos vivir, si es que nos interesa seguir viviendo. Por qué no empezar por el otro que uno es. Lo admito, puedo estar engañándome al respecto. La primera persona del plural me supera. “No hay lenguaje sin engaño”, piensa Marco Polo. Y también: “No se debe confundir nunca la ciudad con las palabras que la describen”. Podría juzgarse a Calvino como un moralista, pero a la vez como un trágico existencialista que se empeña en vislumbrar un horizonte de calamidades. Marco Polo y Kublai Kan se escuchan y se rebaten. Se prestan atención y ponen en discusión los argumentos del otro. El destino se torna incierto y amenazador en la noche profunda del relato. Aunque la cita a continuación pueda sonar redundante estimo la validez en este tiempo de la conjetura de Marco Polo: “El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno y hacer que dure y dejarle espacio”.
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VICTORIO CONFETTO, PIONERO
“Don Carlos era un gran director de orquesta, pero le faltaban músicos” El pasado 8 de septiembre, a los 94 años, falleció uno de los grandes pioneros de la ciudad. Frontal, pero simpático. Enérgico, pero amable. Conservador, pero decidido. Esta era la fórmula personal de Victorio Confetto, pionero de la década del 50 que trabajó en casi todas las instituciones geselinas, en forma paralela a una actividad comercial como constructor e inmobiliario, que le dio sus buenos réditos económicos. Trabajó nueve meses como secretario privado de Carlos Gesell. De su experiencia, matizada con algunas anécdotas, se trata esta nota del archivo de El Fundador, que compartimos para homenajear al querido Victorio. Llegó a Villa Gesell en 1957, de modo que su título de pionero lo tiene ganado, no tanto por el calendario recordemos que los primeros geselinos datan de la década del 40sino por una enorme tarea en instituciones de la ciudad. "Creo que menos en la Asociación de Mujeres Embarazadas, estuve en todas", comenta con un humor que no lo abandona en toda la charla. Vino a este recóndito lugar de veraneo cuando estaba a punto de volverse a Italia. Había montado una empresa de construcción en Buenos Aires, pero estaba decepcionado porque si bien tenía trabajo, le costaba mucho cobrarlo. A los veinte años emigró de Italia favorecido por las leyes de aquella época. Un amigo del embajador de Argentina en Italia lo invitó a venir y de acuerdo a aquellas normas, no pagó un peso. Nacido en Benevento, Nápoles, decidió cruzar el océano a pesar de que tenía trabajo como Geómetra (un equivalente al agrimensor de acá). Construyó una casa en Avenida 3 entre Paseos 109 y 110, que se llamó Ursulina, y hoy está reformada y convertida en el restaurante Matilda.
Entonces me di cuenta que, salvo la playa, los chicos no tenían ninguna diversión. Compré el local de Avenida 3 y Paseo 110 (hoy Temas) y construía una pista de patinaje. Fue un éxito. Lo que más recuerdo es el momento en que, al final de cada noche, me sentaba en la cama a contar la plata. Ahí estaba, contante y sonante, el dinero que me costaba tanto ganar y sobretodo cobrar, en
¿Se entusiasmó enseguida con la Villa? Si, pero sobretodo después al año de haber llegado. Porque cuando construía la casa, teníamos una montaña de canto rodado y los chicos me volvían loco jugando con ella.
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Buenos Aires. Victorio se salvó de ir a la guerra, porque justo en el momento en que le tocaba, tenía 17 años y había terminado el secundario. Para evitar ser movilizado, se anotó en la facultad de Ciencias Navales, porque de ese modo lograba una prórroga como estudiante. No tenía mucho que extrañar en Italia y una vez que
encontró un horizonte económico interesante, se quedó en la Villa. Se casó recién en 1962, de modo que tuvo tiempo de sobra para contar su platita en la cama, antes de formar una familia, integrada por su esposa Lidia Olea y sus hijos Nazareno y Andrea. ¿Cómo fue su relación con Carlos Gesell?
Junto a sus hijos, tras ser nombrado Ciudadano Ilustre.
Tuve mucho contacto con él y trabajé durante nueve meses en su oficina. En realidad, todo comenzó cuando me pidió que me ocupara de la Cooperativa de Electricidad. Yo, no para chantajearlo, pero sí con interés, le ofrecí un canje. Yo me ocupaba de la cooperativa pero él me daba la venta del Plan Galopante. Era un pedido lógico, porque yo necesitaba dedicarme a mi trabajo. Tenía una empresita de construcción y también me ocupaba de la venta de casas y lotes. ¿El canje fue un éxito? Seguro. El Plan Galopante se vendía sólo. Venía la gente con la tarjetita de
don Carlos, había que llenar una planilla y firmar al pie. ¿Quiénes más vendían el plan? Vanneste, Irell, Salgado, Llorens y yo, creo que nadie más. ¿Don Carlos no lo vendía? No, era muy respetuoso en ese aspecto. Cuando él, como se dice ahora, tercerizó la venta, dejó de vender. Y las comisiones que pagaba eran buenísimas. Te daba el 6% por cada lote vendido. Pero resulta, que de acuerdo al plan galopante, si el comprador construía en un año, se le descontaba un 50% del valor del lote, pero a nosotros, la comisión seguía
aplicándose en función del valor inicial, de modo que terminábamos cobrando el 12% del valor real que se
había pagado por el lote. Victorio siguió demostrando su
Un recuerdo reciente Era el 6 de junio de 2019, estábamos en la plaza Carlos Idaho Gesell, en el acto que conmemoraba el 40º aniversario del fallecimiento de Don Carlos, llegó Vittorio y nos preguntó, ..."donde me puedo sentar?..." Lo acompañamos a la primer fila de sillas y le dijimos: ..."Aquí Don Vittorio, en primera fila donde siempre deben estar los Pioneros..." Él se sentó al lado de Sonja Tomys, la saludó con ternura, se dió vuelta y nos sonrió con un hermoso "gracias..." que salió de su boca, pero se inició en su corazón, se dibujó en sus ojos y se eternizó en su sonrisa... Así lo recordaremos querido Don Vittorio, vuele alto !!!! El equipo de los Museos Municipales
Homenajeado por el HCD junto a Inocencio Barrios.
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Dos imágenes de Confetto en su juventud. habilidad para los negocios, porque nunca recibió un peso de don Carlos en concepto de comisión. Siempre las cambiaba por lotes. Así, siempre obtenía alguna ventaja adicional, porque para Carlos siempre era mejor entregar tierra, que le sobraba, que dinero, que no siempre había. Estas transacciones no van en detrimento de la habilidad comercial del fundador. Al contrario. Victorio considera que era un vendedor excelente, una luz. La gente trataba de pagarle menos por un buen lote, argumentando que tenía un proyecto interesante, de
crecimiento, nuevo para la ciudad., etc. Don Carlos los dejaba hablar, hasta el final y luego decía: "tengo resuelto su problema: en vez de este lote, le doy este otro". Y le ofrecía un lote más alejado, que valía exactamente lo que el comprador estaba ofreciendo. ¿Y el canje cómo anduvo por el lado de la cooperativa? Bueno, fue un trabajo duro. Ingresé en el 62 y en esa época era realmente mucho trabajo, porque la energía se producía aquí. Ahora es una risa
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manejar la cooperativa, con subir una palanca alcanza. Antes, cada fin de temporada, había que revisar todos los motores. Era muy costoso y cada vez se fue haciendo más difícil. Por ejemplo, cuando había cortes, teníamos que desconectar todos los transformadores, hacer los arreglos, poner en marcha los motores y luego conectar de nuevo, uno a uno, los transformadores. ¿Porqué le pidió don Carlos que usted se ocupara? Hacía falta gente. El era el Presidente,
y yo el Vicepresidente en ejercicio de la presidencia. Porque una vez, luego de una fuerte discusión, don Carlos dejó de venir. A veces se generaban debates muy acalorados. Y no había mucha gente conocedora de la parte técnica. ¿Fue una etapa de mucho compromiso que se plasmó también en otras instituciones? Si, yo estuve en casi todas. Y no puedo estar en una comisión haciendo de relleno. Me meto de cabeza en lo que hago. Cuando se
hizo la interconexión eléctrica con Madariaga, tuvimos un trabajo tremendo. Viajaba todos los días a La Plata. Lo mismo cuando se hizo el aeródromo, casi diariamente había que hacer trámites en el edificio Cóndor de la Fuerza Aérea. Y en este sentido quiero destacar a una persona que hizo mucho por Villa Gesell y a la que nadie le da pelota: Jorge Martínez Salas. A mí me consta que tenía un conocimiento impresionante, en La Plata, de gente muy importante. Y utilizó todas esas relaciones para el bien de Villa Gesell. Destrabó trámites fundamentales, como el camino a Pinamar, el muelle, las cloacas, el agua corriente. Lamentablemente no se lo reconoce como se debiera. Usted, siendo un hombre conservador, ¿no perdía tiempo y dinero dedicándose tan a fondo a las instituciones? Para mí, el trabajo en las instituciones fue un servicio, pero reconozco que me dio influencia y conocimiento de gente, que a la larga también me generó un rédito económico. Ahora bien, siempre puse como prioridad el bien de las instituciones en las que trabajé.
dirigiendo el coro de Mar de Ajó o de Castelli. Así era el viejo: sabía muy bien lo que hacía, pero no contaba con una buena orquesta. ¿De su relación comercial con don Carlos, algo quedó en el tintero? Si, una venta que estuve a punto de hacer y que finalmente no se concretó. Resulta que uno de los dueños de Sudamtex, de apellido Cohen, quería comprar todos los lotes que le quedaban a Gesell hacia el sur. Era más de la mitad de la villa. Era una venta de ocho millones de dólares. Imaginate que para mí representaba "pararme" para toda la vida. Esta empresa quería hacer una aeródromo paralelo al mar y no se qué otros proyectos tenía. Cuando estaba todo cocinado, don Carlos dijo que no. Esta gente luego compró en Uruguay, en Punta Ballena.
El secreto del aeródromo Victorio Confetto, Carlos Gesell y el Comodoro Gusani eran las tres personas que conocían el proyecto de construir un aeródromo en Villa Gesell. Confetto como hombre de confianza de don Carlos y Gusani como propietario de una casa en la villa y hombre "de corazón geselino". Don Carlos ponía todo lo demás: la idea, con el objetivo de hacer crecer a la villa, los terrenos, el dinero. Los tres mantuvieron en secreto el proyecto porque necesitaban evitar que los dueños de Pinamar se enteraran. "Si Pinamar se entera, quedate tranquilo, que el aeródromo no se hace nunca en Villa Gesell", le dijo, quien ese momento era Jefe de la Fuerza Aérea. Según Confetto, Pinamar estaba más organizado, tenía gente de influencia, cosa que no ocurría con Villa Gesell. De modo que todo el proceso del aeródromo se mantuvo en reserva y se anunció de golpe, con una declaración de la Fuerza Aérea que declaraba de interés estratégico el futuro aeródromo geselino. Pasado el tiempo, Gusani le mostró a Confetto una carta, que sacó del cajón derecho de su escritorio. Era una carta de Jaúregui, Intendente de Madariaga, en la que pedía informes sobre el proyecto. "Si esto se presentaba en otra oficina, aunque no podía revertir la decisión, hubiera demorada muchísimo el trámite", le confesó Gusani, que tenía la carta en su poder.
¿Cómo le resultó su experiencia de trabajo con Gesell? Fue una experiencia difícil. Había muchos problemas dentro de la empresa. Pero a mí me tuvo siempre mucha confianza y además, como yo no dependía de él, y por mi personalidad, le decía las cosas de frente y sin guardarme nada. Esto generaba fuertes discusiones, pero también un gran respeto. Por otra parte, quien tenía una excelente relación conmigo era Doña Emilia. Para mí, don Carlos era un gran director de orquesta, al nivel de Toscanini o Von Karajan. Pero yo quisiera ver a uno de estos grandes
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LA TIERRA ELEGIDA-Relatos de Juan Forn
El mal dormir Creo que todos estamos durmiendo mal en estos días: no sólo los que están en cuarentena sino también los afortunados en fase 5. Porque, mal que nos pese, si hay un momento que nos iguala a todos es el momento de cerrar los ojos para dormir: somos todos iguales frente al sueño. Mi abuela, que era una cristiana renegada (con el acento en renegada), decía que la única comunión que era capaz de concebir era ésa. Cuando se asomaba al cuarto donde dormíamos todos mis primos y me oía dar vueltas insomnes en la cama, se acercaba a murmurarme en el oído: “Dormite, así te juntás con los demás”. Eso es el insomnio, hoy más que nunca: esa policía de frontera que nos impide sumarnos a la comunidad de los durmientes. El insomnio es caprichoso: a algunos les niega de entrada el sueño; a otros los deja dormirse, pero los ataca a traición a las cuatro de la mañana, esa hora fatídica en que, como dice Marina Benjamin, “la naturaleza de la oscuridad se vuelve porosa en sus contornos”. Los padecientes de esa clase de insomnio usan mucho una imagen: se sienten arrancados del sueño como una planta de la tierra; ven cómo cae de ellos todo vestigio de somnolencia mientras sus raíces patalean en el aire, pura confusión. Somos extraños para la noche: en cuanto nos acostamos, descubrimos que la oscuridad transfigura todo, nos comportamos como extranjeros en ella. Porque la noche viene después del día, y después de trabajar necesitamos descansar, y se nos dice desde niños que el sueño es reparador y nutriente. Creemos a tal punto en él que le hemos concedido un lugar privilegiado en nuestras casas: un cuarto propio, confort, oscuridad y silencio, colchón de alta tecnología, cubrecama de pluma de ganso, sábanas suaves, almohadas mullidas. Pero el sueño exige confianza a cambio de sus beneficios. No por merecerlo nos lo ganamos, ésa es la paradoja: cuanto más intentamos dormir, más nos evade. Es imposible esforzarse en ceder, imponerse activamente la pasividad. Cito de nuevo a Marina Benjamin: “La mente del insomne es como un resplandeciente banco de peces inquietos que nadan como dardos. La mente del insomne patrulla sus fronteras, se alimenta de pensamientos repetitivos, rítmicos y tontamente enigmáticos, fragmentos de canciones o de publicidades, recuerdos de infancia, algo visto en internet u oído por la calle. La basura no tiene fin. Y, mientras tanto, el insomne piensa: la parte equivocada de mí está dormida y la parte equivocada está despierta”. Los insomnes forman una comunidad extraña: podrían redactar un manual de ansiedades comunes, sin embargo no quieren, o no saben comunicarse entre sí. Cada insomne está solo. Y ni siquiera es una soledad deseada: los pensamientos rumiantes del insomne lo canibalizan, el recuento de las interminables horas perdidas lo abruma. Se vuelve exigente por desesperación: no lo conforma dormir como en una nube, quiere dormir como una piedra.
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No le alcanza con dormirse; pretende, además, percibir el cruce de la frontera de un reino al otro, para servirse de él en noches futuras. Marina Benjamin pertenece a esa cofradía de solitarios y en su libro Insomnio habla de todas las taras que padecen (“Ésta es la canción del insomnio y voy a cantarla”, dice). Habla, por ejemplo, de las envidias inesperadas. Cuenta que, de chica, en la misma época en que empezó a padecer insomnio, su padre fue perdiendo la audición pero se negaba a usar audífono por
europeos”). Finalmente se inscribe en un curso de terapia conductista de cinco semanas. En la primera jornada les explican que las curas de sueño que imponen reposo obligatorio son contraproducentes (en las curas de sueño victorianas se alimentaba sólo de leche a los pacientes, como a bebés, no los dejaban sentarse ni usar las manos, hasta debían orinar y cagar acostados). El remedio moderno contra el insomnio es la restricción de sueño. Hay incluso una fórmula, un número mágico: dividir la cantidad de horas
coquetería. Así logró ser una máquina de soñar despierto, un sonámbulo al revés. “Convirtió su sordera en una manera de contrabandear sueño al terreno diurno”. Marina probó todo en su lucha contra el insomnio: probó dormir al aire libre en las noches de verano, pero las estrellas se le clavaban como agujas en los párpados cerrados. Probó dormirse mirando una foto del dormitorio de un crucero, imaginándose tendida en ese confort mientras las olas la mecían. Probó la valeriana y el melatol (“No hacen efecto, sépanlo”), probó con antihistamínicos (“A veces funcionan pero hay que tomar cada vez más y generan adicción”), probó el temazepam y descubrió que la volteaba, sí, pero la dejaba tonta todo el día siguiente: “Induce una especie de amnesia del desvelo, es como sueño pero falso, porque no cura, no corrige los síntomas; los suprime nomás”. En sus infinitas rumias nocturnas, Marina descubre el secreto de Las mil y una noches (“Scherezade era insomne; sólo así lograba llegar despierta a cada nuevo amanecer. Con su relato sin fin inducía al rey al sueño y así lograba un día más de vida”); lamenta haberse identificado de niña con la Princesa del Guisante y no con La Bella Durmiente; se maldice por aquellas noches en que marchó a la cama con una linterna para leer a escondidas. Incluso llega a culpar al colonialismo por su insomnio (“Los imperios europeos llevaron la pólvora y el sarampión a sus colonias, y volvieron con azúcar, café, tabaco y chocolate: esos estimulantes fueron masivos generadores de insomnio para los
que uno duerme por la cantidad de horas que pasa en la cama tratando de dormir. El número que dé es el coeficiente de sueño y, dividido por diez, indica la cantidad de horas que uno necesita dormir. Marina piensa: “¿Convocan insomnes y nos privan de dormir? ¿Nos ponen a calcular y sumar cada minuto que pasamos acostados? ¿No es precisamente eso lo que impide dormir a los insomnes?”. Igual lo intenta, pero es como si todo su ser se le refugiara en el cráneo. No hay postura posible, su bruxismo se intensifica, espía a sus compañeros, los cuerpos en reposo no son bellos ni serenos: giran, gruñen, resoplan, patean como ella. Decide abandonar el curso. Vuelve a su casa exhausta, repitiendo como un mantra la frase del filósofo Hume (“Hay que hacer las paces con la incertidumbre”), pero tampoco logra dormir. Se levanta en medio de la noche, camina a tientas hasta el living, se desploma en el sofá. Desde la alfombra, su perro alza la cabeza y la mira con ojos vacunos. Marina palmea el espacio vacante en el sofá, el perro se acurruca a su lado y se apaga en cuestión de segundos, el lomo contra ella, las piernas laxas, extendidas hacia el otro borde del sofá, como una gaita. Su cuerpo tibio se eleva y se desinfla rítmica, hipnóticamente. Los minutos pasan, el silencio se espesa y, de a poco, muy de a poco, los ojos de Marina se cierran, su respiración se acompasa con la del perro, su mente se aquieta y, por fin, entre una respiración y otra, accede al sueño de los justos.
Las recetas de Olivia Curry de mejillones con milanesitas de gatuzo Ingredientes (para dos porciones): 2 filetes de gatuzo, 250 grs de mejillones pelados, media cebolla, tres dientes de ajo, dos huevos, pan rallado, curry, 150 ml de crema de leche, perejil, una cucharada de mostaza, 25 grs de manteca, aceite. Usaremos dos sartenes: una, para freír las milanesitas, y otra para el curry. Para hacer las milanesitas, recortaremos prolijamente la pancita de color blanco del gatuzo, de manera
que el filet quede bien parejo. Entonces, cortamos al medio el filet, y nos quedan dos mitades de unos 15 cm de largo cada una. Salpimentamos, pasamos esos filets por el huevo batido al que previamente le agregamos perejil y ajo picados finamente, y también una cucharada de mostaza . Después los pasamos por pan rallado, y están listas para freír. Ponemos a calentar el aceite en una de las sartenes, al mínimo. En otra sartén, pondremos a fuego firme 25 grs de manteca y un chorrito de aceite. Enseguida ponemos a dorar la cebolla cortada doble
cincelado, o sea picada finita. Cuando esté transparentada, agregamos los mejillones y revolvemos suavemente, con cuchara de madera. Vamos a ir sarteneando y veremos cómo el mejillón va largando sus perfumes atlánticos. En un minuto y medio, será tiempo de espolvorear con un buen curry, aromático y alegre, con picor marcado. Sarteneamos nuevamente por veinte segundos y es hora de agregar la crema y poner a fuego mínimo. En este punto subimos el calor de la sartén para freír los filetes. Ponemos el gatuzo por dos minutos de cada
lado, hasta lograr un ligero dorado, que nos garantizará la crocancia de la milanesa y al mismo tiempo la tierneza de la carne, cuyo sabor es exquisito. Al sacarlas de la sartén, las apoyamos en servilleta de papel para retirar cualquier exceso de aceite. Emplatar las dos mitades del gatuzo formando un X en el plato, y para servir de la otra sartén, usar una cuchara para agregar el curry rodeando a los filetes. Lindo, rico, sano, y de nuestros mares. Marida con un buen chardonnay, bien frío…
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24 / El Fundador / Junio 2020