VOLUMEN 34
3ER TRIMESTRE DEL 2026
LA COTIDIANEIDAD DE LOS MICROMACHISMOS
Contenido 03 INTRODUCCIÓN 06
1.VIOLENCIAS QUE SE DISFRAZAN DE AMOR 1.1 El cuidado respeta la autonomía; el control busca la dominación.
13
2. CUANDO LA DESIGUALDAD SE DISFRAZA DE NORMALIDAD
18
3. VIOLENCIA DIGITAL: LA MODALIDAD DEL SIGLO XXI PARA AGREDIRA LAS MUJERES. 3.1 Grupos de riesgo 3.2 ¿Cómo protegerse del abuso digital?
23 4. VIOLENCIA EN LA MATERNIDAD 27
5. LA LUZ DE GAS QUE NOS ATENUAN
31
6. PATERNALISMO: EL CUIDADO QUE DAÑA
EL Ecologista año IX, N° 34 Julio-Septiembre 2026 Periódico oficial del Partido Verde Ecologista de México en el Estado de México.
Consejo editorial: José Alberto Couttolenc Buentello Iran Monserrath Peñaloza Cota Redacción: Paulina González Cuadros María Roxana García García Jaqueline Arzave Cordova Alejandra Paola Hernández Perdomo José Ángel Morales Herrera
El ecologista, año 9, número 34 Julio/Septiembre 2026 El Ecologista, año 9, número 34 Julio/Septiembre 2026 Es una publicación Trimestral, diseñada por MV MARKETING DIGITAL Y PUBLICIDAD, con dirección en Cda 2 de Marzo, MZA F LT 4, Casa 104c, Fracc Valle de Lerma, C.P. 52004, Lerma, Estado de México. Diseñado en México. Septiembre 2022 Correo: info.mvmkt@gmail.com
Es una publicación Trimestral editada y distribuida por el Partido Verde del Estado de México con dirección en República de Belice, número 109, Col. Las Américas. C.P. 50103, Toluca, Estado de México. Tel: 7229147192 Correo: hola@partidoverdedomex.org Página: https://partidoverdeedomex.org/
INTRODUCCIÓN Cada día miles de mujeres son violentadas de distintas formas; muchos pensaran que con la lucha feminista cualquier expresión, gesto o acercamiento a ellas se convirtió en una nueva manera de agredirlas; el verdadero inconveniente es que antes no se le daba la suficiente visibilidad a este tipo de problemáticas y –lo que no se nombra, no existe– es por ello que recientemente se han visibilizado nuevas etiquetas a las formas de violencia, o comúnmente llamados, micromachismos. De entre los micromachismos más comunes podemos encontrar el mansplaining, que consiste en que el hombre cuestiona tu conocimiento e intenta iluminar tu discurso con su sabiduría de forma paternalista y condescendiente; manterrupting, es la interrupción constante e innecesaria del discurso por parte de un hombre a una mujer; bropiating, se trata de ese momento en que tienes una idea, la aplicas y un hombre se lleva los créditos de esa iniciativa; y manspreading, que es la tendencia de los varones a ocupar más espacio del necesario en áreas o transporte público, por ejemplo abrir o estirar de más las piernas.
4
Complementando lo anterior, resulta importante mencionar que los micromachismos también se encuentran en expresiones cotidianas; pues cuántas mujeres diariamente escuchan frases como “el hombre llega hasta donde la mujer quiere”; “date a desear”; “las niñas no dicen groserías”; “seguro está en sus días”; “tu marido te ayuda con los niños o en tu casa”; “tenía que ser mujer”; “calladita te ves más bonita”; “el peor enemigo de una mujer es otra mujer”; “a las mujeres no hay que entenderlas, solo quererlas”; incluso la violenta, errónea y peligrosa idea de que cuando un niño le pega a una niña para llamar su atención es porque le gusta; hay que tener mucho cuidado con enseñarle a las mujeres desde pequeñas que si un hombre te pega es porque te ama. Incluso ejercer la presión social para que cumpla con ciertas expectativas que hace años eran lo “normal”, como suponer que si no se casa a cierta edad ya es una quedada; que debe tener hijos a determinada edad porque si no se le va el tren, pero tampoco muy joven porque entonces es criticada por “meter la pata” a tan temprana edad. La problemática es que por toda acción la mujer es cuestionada, criticada, juzgada e incluso discriminada, pues está socialmente normalizado escuchar todos los días algunas de las frases anteriores o que vivan algunas de las circunstancias que durante este ejemplar número 34 abordamos.
Siempre han existido estas formas de menospreciar a la mujer; lo que debemos hacer es dejar de normalizarlo, atacarlo de raíz con la educación de casa y alzar siempre la voz cuando veamos estas injusticias; pues con independencia de nuestro sexo biológico, todos somos seres humanos y merecemos por igual una vida digna y respetuosa en la que nadie nos humille, minimice, agreda física, económica o mentalmente. Hagamos conciencia sobre la importancia del daño que pueden causar los micromachismos en nuestro día a día.
“El miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo” -EDUARDO GALEANO
5
1.VIOLENCIAS QUE SE DISFRAZAN DE AMOR
La violencia continúa permeando y lacerando nuestros contextos sociales, se presenta de múltiples formas y puede tener una escalada que culmina en actos lamentables por las formas extremas en las que se desenvuelve, sin embargo, este fenómeno preocupa tanto ya que algunas veces se manifiesta de manera muy clara y otras tantas de formas tan sutiles que parecen normalizarse. En consecuencia, la violencia puede dejar marcas visibles pero otras veces, se esconde detrás del argumento del amor, de la costumbre, de la relación diaria o de frases condescendientes que parecen amables, dañando también a quienes la viven. En este número de la revista hemos considerado fundamental, abordar las violencias que se viven en las relaciones de pareja y que se disfrazan de amor, pero de uno que duele, daña, lacera y socava la dignidad; y que, pese a ello, se normalizan y aceptan como parte de la convivencia diaria, encontrándonos así con micromachismos. Pero ¿qué es un micromachismo? y más aún, cabe cuestionarnos ¿si por ser micro dañan menos las relaciones de pareja? Porque pareciera que son sutiles y pequeños, no obstante, estas conductas que se denominan “micromachismos” son reales y se perpetúan a través del poder y el privilegio que se ejerce frente a las mujeres. De esta manera, es preciso reconocer que en las relaciones de pareja se viven formas de desigualdad que se manifiestan en violencias que se normalizan al punto de vivirse como parte del día a día. Y es aquí donde se inserta la grave problemática, dado que aquello que se vulnera se presenta como algo “normal”.
De la Garza y Derbez, 2020, p. 21. Lo anterior, podemos visibilizarlo en frases como: “Yo te ayudo”, pero la responsabilidad sigue siendo tuya. Es decir, una de las acciones más cotidianas traducidas en micromachismo es la correspondiente a la distribución de las tareas del hogar en donde es común escuchar que “él ayuda” a cocinar, limpiar, cuidar a los hijos o hacer las compras, lo que incluso implica un deber de gratitud de las mujeres hacia los hombres que colaboran en estas tareas, pero que conlleva que el quehacer domestico sea responsabilidad femenina.
7
Es preciso replantearnos que en una relación se requiere corresponsabilidad, es decir, el cuidado del hogar y de la familia no es una ayuda que una persona presta a la otra, sino más bien es responsabilidad compartida. La diferencia parece mínima y sutil, pero transforma por completo la dinámica de pareja. Cuando una mujer debe pedir que su pareja haga una tarea que también le corresponde, recordar cuándo toca realizarla o supervisar cómo se hace, la carga no desaparece: simplemente cambia de forma. Aparece entonces la llamada carga mental, ese trabajo invisible de organizar, anticipar, recordar y resolver las necesidades de la vida cotidiana. Otro micromachismo que se vive en las relaciones de pareja surge bajo la apariencia del cuidado y se traduce en expresiones como: “No te lo estoy prohibiendo, solo me preocupo por ti”. Y aquí se inserta con el disfraz de cuidar y proteger, una dominación y control que coarta la libertad de la otra parte y limita su autonomía. Por ello, acciones como preguntar constantemente dónde está la pareja, con quién está, por qué tardó, cómo está vestida, quién le escribió, seguir su ubicación en tiempo real, revisar su teléfono u otros medios de comunicación o señalar por qué quiere salir sin él pueden presentarse como una manifestación de amor, sin embargo, es necesario diferenciar el cuidado, del control y la dominación.
7
1.1 El cuidado respeta la autonomía; el control busca la dominación. Frases como “solo quiero saber dónde estás porque me importas” pueden parecer afectuosas, pero cuando se convierten en una exigencia permanente de información, pueden establecer una relación de vigilancia. En toda relación debe saberse que el amor no debe requerir demostraciones constantes de dónde estamos, con quién estamos ni qué hacemos. Por otra parte, el dinero dentro de las relaciones de pareja se puede convertir en una herramienta de poder y es aquí donde se insertan los micromachismos en la dimensión económica. Y es que decidir unilateralmente cómo se utiliza el dinero, cuestionar los gastos de la pareja, controlar sus ingresos, exigir explicaciones por cada compra o considerar que el hombre debe ser quien tome las decisiones financieras son prácticas que reproducen relaciones de dependencia y que ejercen control a tal punto que la violencia patrimonial se presenta dejando en completa vulnerabilidad a la víctima, lo que dificulta que se aleje de su agresor al no encontrar los medios para subsistir por sí sola.
En los últimos años si bien las relaciones de pareja han evolucionado a tal punto que ambos trabajan para la contribución de los gastos del hogar y ello ha permitido que las mujeres dejen el espacio de lo privado para estar en lo público, aún es común que persistan ideas como “el dinero que ganan las mujeres es para el hogar y su administración corresponde ejercerla a los hombres”. En este contexto, hablar de autonomía económica no es un asunto menor, ya que tener capacidad para decidir sobre los propios recursos también significa contar con mayores posibilidades de elegir, negociar y, cuando sea necesario, salir de una relación que se ha vuelto dañina. También existen micromachismos que se han perpetuado a través de las expectativas de la sociedad bajo la frase “así somos los hombres”, y los estereotipos se traducen en que lo masculino es sinónimo de virilidad, fuerza, decisión, imposición, dureza, autosuficiencia, etc. Lo contrario a lo femenino en donde se debe ser delicada, cuidadosa, amorosa, tierna, vulnerable, sensible, entre otras cualidades.
Con lo anterior como contexto, se ha normalizado que sean las mujeres quienes deban sostener y ceder para mantener las relaciones de pareja. Estas ideas no solamente perjudican a las mujeres, sino que además limitan a los hombres al imponerles una masculinidad basada en la fuerza, el control y la ausencia de emociones, por ello es tan normal escuchar “que los hombres no lloran”, pero es fundamental repensar estos micromachismos para dejar de vivir en las expectativas sociales y asumir nuestra independencia y nuestra identidad como seres humanos únicos e inigualables. En una relación, la igualdad es una condición fundamental para que esta sea sana y ambos puedan construir juntos sin que el género determine quién decide, manda, cuida, asume responsabilidades o debe sacrificarse, lo que incluso ayuda a que ninguno deba renunciar a su identidad. Otro micromachismo que se normaliza y vive en parejas es la minimización, que busca minorizar y atenuar situaciones complejas que requieren atención y regulación, lo que podemos ejemplificar al terminar alguna discusión con expresiones como: “Estás exagerando”, “Era una broma”, “Eres demasiado sensible”, “Ya vas a empezar”, “Estas en tus días”, “Ni que fuera para tanto”, entre otras; frases que buscan cerrar temas difíciles de abordar, pero que al final terminan la conversación sin que se haya resuelto el problema. Lo anterior afecta las relaciones de pareja, porque se pierde de vista la responsabilidad de asumir los hechos y traslada la responsabilidad hacia quién se está expresando el malestar. Una persona puede equivocarse en la interpretación de una situación; sin embargo, descalificar sistemáticamente sus emociones impide construir un diálogo auténtico.
10
De la Garza y Derbez, 2020, p. 136. Los micromachismos también aparecen en decisiones aparentemente insignificantes cómo elegir dónde comer, decidir qué película ver, determinar cuándo visitar a la familia, establecer quién administra el dinero o considerar que determinadas actividades “no son apropiadas” para una mujer. Y hay que aclarar que una decisión aislada como las enunciadas anteriormente no necesariamente constituye una práctica machista, sin embargo, el problema aparece cuando existe una sistematicidad en el que una persona termina cediendo porque la otra impone, presiona, se enoja o utiliza la ley del hielo como un mecanismo de castigo.
Y estos micromachismos son complejos primero de detectar y luego de eliminarlos de nuestras formas de convivencia, ya que se encuentran ligados profundamente a nuestra historia de vida y en cómo aprendimos a amar. Desde pequeños, por ejemplo, podemos recibir mensajes que asocian el amor con los celos, la protección con el control, el sacrificio con el cariño y la renuncia personal con el compromiso.
Las siguientes frases ¿te suenan?: “Si te cela es porque te quiere”. “Un buen hombre debe proteger a su mujer”. “La mujer es quien mantiene unida a la familia”. “Ella sabe mejor cómo cuidar a los hijos”. “Los hombres no saben hacer esas cosas”.
7
Son ideas que, aunque pueden parecer inocentes, cuando se convierten en reglas de convivencia contribuyen a reproducir relaciones desiguales, por lo cual debemos aprender a identificar estos micromachismos presentes en nuestra cotidianidad para estar dispuestos a transformarlos. Reconocer los micromachismos no significa convertir cada conflicto de pareja en una acusación con sobrecarga emocional que termine por desgastar la relación, sino más bien, aprender a desarrollar una mirada crítica sobre aquellas prácticas que hemos aprendido y que quizá repetimos sin cuestionarlas. Entonces el cambio aparece, cuando la reflexión motiva a las parejas a deconstruirse para brindar mejores prácticas, conductas, acciones, etc. Sin duda, el amor también necesita desaprender y reaprender.
Quizá uno de los mayores desafíos de las relaciones contemporáneas consiste en comprender que amar no significa poseer, controlar, limitar e imponer, sino más bien dejar en libertad, respetando la individualidad y esencia del otro. Desaprender los micromachismos implica revisar conductas que durante generaciones fueron consideradas normales o ¿no te resulta familiar la escena de la hora de la comida donde el padre de familia esta sentado junto a los hijos y todos ellos están esperando que la mamá sea quien les sirva la comida y los atienda como prioridad? Y este es el gran ejemplo, la mujer y sus necesidades (incluso alimenticias) pasan a segundo término, porque la prioridad es su pareja y posteriormente los hijos, lo que en primera instancia es tan frecuente que parece totalmente normal, pero ¿no sería válido que toda la familia contribuyera en tareas a efecto de que todos puedan comer al mismo tiempo y convivir compartiendo los alimentos? Debemos cuestionar estas conductas normalizadas. Los micromachismos son pequeños solamente cuando los observamos de manera aislada, pero cuando se acumulan, pueden construir una estructura completa de desigualdad, por eso es importante aprender a reconocerlos.
7
Si bien, una relación sana no es aquella en la que nunca existen conflictos, si lo es aquella en la que se aprende a transformarlos y a asumir responsabilidades para tener estabilidad. Y es precisamente aquí donde comienza una nueva manera de entender el amor, no como un espacio donde alguien manda y alguien cede, sino como un lugar donde dos personas pueden acompañarse respetando su libertad, autonomía e individualidad. “Nadie pertenece a nadie, pero hay quienes deciden caminar juntos compartiendo lo mejor de sus vidas” -Gabriel García Márquez.
Fuentes de consulta De la Garza Gálvez C. y Derbez E. (2020). No son micro. México: Grijalbo.
2. CUANDO LA DESIGUALDAD SE DISFRAZA DE NORMALIDAD No es ningún secreto que a lo largo de la historia las mujeres han ocupado una posición de desventaja frente a los hombres. La lucha por modificar esta realidad ha permitido importantes avances jurídicos, sociales y culturales; hoy hablamos de igualdad, de derechos humanos, de participación política y de autonomía de las mujeres como principios que, al menos en el plano formal, difícilmente podrían ser cuestionados.
Sin embargo, existe una contradicción que merece nuestra atención: que la igualdad esté reconocida en las leyes no significa que necesariamente exista en la vida cotidiana. Hemos aprendido a identificar las formas más evidentes de violencia y discriminación contra las mujeres; sabemos reconocer una agresión física, una amenaza, el acoso o determinadas expresiones de violencia psicológica, pero ¿Qué ocurre con aquellas conductas que, por su aparente insignificancia, ni siquiera consideramos violencia? ¿Qué sucede cuando una desigualdad se presenta como una costumbre, una broma, una muestra de caballerosidad, una opinión o, incluso, como una forma de “cuidarnos”? Es precisamente en ese espacio donde aparecen los micromachismos, cuyo concepto no hace referencia a actos pequeños porque sus consecuencias sean necesariamente menores, sino porque se manifiestan, generalmente, mediante comportamientos cotidianos, sutiles y normalizados. Son expresiones de una cultura que continúa asignando roles diferenciados a hombres y mujeres y que, muchas veces sin ser cuestionadas, reproducen relaciones de poder, pues no olvidemos que el poder no implica necesariamente imponerse mediante la fuerza. Constantemente la mujer se encuentra sujeta a los estándares que la sociedad le ha impuesto, colocándole roles y estereotipos de género; como que se espera que sea ella quien recuerde las citas familiares, organice actividades del hogar o se encargue del cuidado de los hijos; desarrolle determinadas tareas que “le corresponden” por el simple hecho de ser mujer; y por si no fuera suficiente se busca a una mujer de carácter firme, pero con límite, que visto desde otra óptica es denominada “mandona”, pero si lo hiciera un hombre se reconoce como liderazgo; se le exige cuidar su apariencia mientras se juzga su inteligencia por su aspecto; se interpreta su autonomía como rebeldía o su seguridad como arrogancia.
14
4
Precisamente ahí es donde debemos detenernos, porque los micromachismos tienen una característica particularmente peligrosa: pueden pasar desapercibidos incluso para quienes los ejercen y para quienes los padecen, se reproducen porque hemos aprendido a considerarlos normales. Desde la infancia comenzamos a recibir mensajes que parecen inocentes, pero que terminan construyendo expectativas distintas para hombres y mujeres. Un color, un juguete, una forma de vestir, una manera de hablar, una actividad que se considera “propia” de niñas o de niños, poco a poco aprendemos qué se espera de nosotros y, sobre todo, qué se espera de nosotras. A las mujeres se les enseña con frecuencia que deben ser delicadas, cuidadosas, obedientes, responsables, bonitas, inteligentes, pero no demasiado intimidantes; fuertes, pero sin dejar de ser femeninas; independientes, pero sin dejar de cumplir con las expectativas tradicionales. La contradicción es evidente: se exige perfección, pero cuando una mujer se aparta de aquello que socialmente se ha establecido como correcto, puede ser señalada, cuestionada o incluso repudiada.
4
Así, la desigualdad no siempre llega acompañada de una prohibición, a veces llega en forma de una pregunta: “¿por qué eres tan mandona?”, o de una expectativa: “tú sabes organizar mejor, hazlo tú”; de una interrupción: “déjame explicártelo”; de una asignación aparentemente inocente: “las mujeres son más ordenadas, que ellas se encarguen”; de una justificación: “es que los hombres somos así.” o incluso de un supuesto reconocimiento: “qué admirable que trabajes y además atiendas tu casa.”
¿Recuerdas el gran discurso del personaje Gloria en la película Barbie? Te dejamos el link para que lo puedas volver a escuchar, y concienticemos sobre la importancia de abordar estos temas. https://vt.tiktok.com/ZSVTrNkrj/
10
El problema no está necesariamente en una frase aislada, el problema aparece cuando miles de estas conductas se repiten hasta convertirse en la estructura invisible de nuestra convivencia, por eso resulta insuficiente preguntarnos únicamente cuántos derechos tienen las mujeres reconocidos en una ley, también debemos preguntarnos qué ocurre cuando esos derechos se ejercen en espacios donde todavía persisten prejuicios y estereotipos. Porque una mujer puede tener jurídicamente el derecho a participar en política y al mismo tiempo ser cuestionada por la manera en que se viste, por su tono de voz o por su carácter; puede tener derecho a trabajar, pero continuar siendo considerada responsable principal de las tareas domésticas; tener derecho a expresar una opinión, pero ser calificada de conflictiva cuando la expresa con firmeza; tener derecho a decidir sobre su propia vida, pero ser cuestionada cuando esa decisión no coincide con las expectativas que la sociedad ha construido para ella. Ahí está la paradoja de los micromachismos: mientras la igualdad avanza en el discurso, la desigualdad puede permanecer escondida en las prácticas cotidianas, por lo que valdría la pena decir que quizá por eso son tan difíciles de combatir.
11
¿Cuántas veces tiene que repetirse un “no es para tanto” para que comprendamos que sí lo es?, ¿Cuántas veces una mujer tiene que ser interrumpida, cuestionada, infantilizada, responsabilizada o juzgada por conductas que en un hombre serían consideradas normales?, ¿Cuántas pequeñas desigualdades son necesarias para construir una desigualdad estructural? Los micromachismos nos obligan, entonces, a cambiar la mirada, no basta con identificar las formas más evidentes de violencia contra las mujeres; también debemos cuestionar aquellas prácticas que, por haber convivido con ellas durante generaciones, hemos dejado de percibir. Indudablemente, combatir el machismo no significa únicamente sancionar la violencia cuando ésta ya ocurrió, significa cuestionar las pequeñas conductas que ayudan a construir el terreno cultural en el que esa violencia puede normalizarse. La verdadera igualdad no consiste únicamente en que hombres y mujeres tengan los mismos derechos escritos en una norma, consiste también en que puedan ejercerlos sin tener que enfrentarse cotidianamente a prejuicios, estereotipos y expectativas distintas por razón de su género. Quizá el reto de nuestra generación no sea únicamente conquistar nuevos derechos, sea aprender a reconocer aquellos obstáculos que permanecen precisamente porque ya no parecen obstáculos, ahora se esconden en una broma, en una costumbre, en una expectativa, en una interrupción, en un “yo te ayudo” cuando en realidad la responsabilidad siempre fue de ambos. Y mientras no aprendamos a identificarlas, seguiremos llamando normalidad a aquello que, en realidad, es desigualdad.
17
3. VIOLENCIA DIGITAL: LA MODALIDAD DEL SIGLO XXI PARA AGREDIR A LAS MUJERES. “De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el 21.5% de las mujeres de 12 años y más que utilizaron internet en México fueron víctimas de ciberacoso en 2025 (INEGI,2026).”
INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía). "Módulo sobre Ciberacoso (MOCIBA) 2025.
El uso de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC) se ha incrementado en la última década de una forma acelerada en la sociedad mexicana, tan solo de 2024 a 2025 el porcentaje de personas de 12 años y más que utilizaron internet pasó de 83.7% a 86.7%, es decir, una población total de 109.5 millones de personas. El universo poblacional que diariamente utiliza estas tecnologías es muy grande, su uso ha revolucionado la forma en que convivimos e interactuamos, sin embargo, se ha documentado que existen conductas perpetuadas por agresores que ponen en riesgo la integridad de las personas en estos sitios. La violencia en sus diversas modalidades es un problema que atañe a toda la población, no obstante, como enuncia el INEGI, las mujeres son las que más se adolecen de esta problemática. La violencia de género contra las mujeres y las niñas en línea es una forma universal de discriminación basada en el género y una violación de los derechos humanos, impulsada por los desequilibrios de poder, el patriarcado y la misoginia. La reproducción de este tipo de conductas en los espacios digitales son un reflejo de lo que ocurre en el exterior, un sistema de dominación que violenta a las mujeres y agrava la desigualdad de género. Las exigencias en nuestro país para contrarrestar esta situación son mayúsculas. Es por ello que la comunidad internacional, a partir de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), ha realizado arduas investigaciones que permitan trazar rutas para combatir esta problemática. A partir de ello, se ha logrado identificar diversos tipos de violencia digital contra las mujeres y niñas que ponen en manifiesto que los espacios digitales son centros que deben ser concurridos con cautela ante la inexorable situación de que puedan ocurrir eventos lamentables que pongan en riesgo la seguridad de este sector.
4 19
A continuación, algunos tipos de violencia digital que se han podido identificar: TIPO DE VIOLENCIA
DEFINICIÓN
EJEMPLOS
Ciberacoso
Expresiones o comentarios discriminatorios, y/o envío de materiales sexualmente explícitos no solicitados.
Implica el uso de las TIC para abusar, humillar, molestar, intimidar a una persona por razones de género.
Ciberhostigamiento
Implica la comisión de una conducta con el objetivo de acechar, molestar, atacar o abusar verbalmente a una víctima.
Actos reiterados de hostigamiento a través de correos electrónicos, llamadas, mensajes y/o chats en línea.
Consiste en utilizar la imagen, información de una persona o la creación de una identidad falsa con el fin de amenazarla, intimidarla o dañar su reputación.
Creación de perfiles falsos en redes sociales o de correos electrónicos que utilizan la información o imagen de una persona para sustraer su información.
Suplantación y robo de identidad en línea
(ONU, “Violencia Digital contra las mujeres”)
20
3.1 Grupos de riesgo
La manera en que un problema social se presenta en un sector poblacional no siempre se manifiesta de forma homogénea, hay variables que pueden modificar la situación aun cuando se trate de la misma problemática.
A su vez, hay acciones que la ONU Mujeres recomienda realizar en caso de que exista un posible riesgo de sufrir este tipo de violencia.
Por ejemplo; una niña de 13 años puede ser víctima de ciberacoso de una forma completamente distinta de la que podría sufrir una mujer de 45 años; ambas son víctimas de un mismo tipo de violencia digital, no obstante, la forma en que puede ser perpetuada puede cambiar el panorama por completo. Mientras que la primera puede ser susceptible de engaños por una persona completamente ajena a ella, la segunda puede ser víctima inclusive de su propia pareja sentimental.
“El 73% de las mujeres periodistas han sufrido violencia en línea en el ejercicio de sus funciones, incluidas amenazas de violencia física y sexual”
3.2 ¿Cómo protegerse del abuso digital? Nuestro país posee un marco jurídico en el ámbito federal y local que prevé la sanción de este tipo de conductas, como lo es la llamada “Ley Olimpia”. Un conjunto de reformas que se realizaron en el 2021 a la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y al Código Penal Federal, que buscan reconocer la violencia digital y sancionar los delitos que violen la intimidad sexual de las personas a través de medios digitales.
UNESCO “Violencia en línea contra las mujeres periodistas”, 2020. Gobierno de México “La Ley Olimpia y el combate a la violencia digital”, 2021
14
1. Bloquear y denunciar. Corta el contacto y usa las herramientas para restringir a esa persona de tus plataformas digitales. 2. Frena la difusión. Si hay imágenes íntimas, usa Take it Down o StopNCIIpara eliminarlas. 3. Guarda evidencias. Capturas, enlaces y fechas. 4. Protege tus cuentas. Activa la verificación en dos pasos y revisa constantemente la seguridad de tus aplicaciones. 5. Pide apoyo profesional. Acude con una persona de confianza o instituciones especializadas en la atención de víctimas de violencia digital. La violencia digital es un problema que compromete la integridad de millones de mujeres en nuestro país, se ha sistematizado una red de dominación que impide su libre desarrollo en espacios digitales ante el temor de ser víctimas de este tipo de violencia.
15
La solución no es exclusiva de ellas, generar una denuncia o volverse resilientes ante el problema solo son medidas accesorias, lo ideal sería que adicionalmente se sumarán esfuerzos para crear conciencia colectiva sobre lo que implica el abuso digital y como termina influyendo en el día a día de las mujeres.
4. VIOLENCIA EN LA MATERNIDAD Los micromachismos son pequeños gestos, actitudes, comentarios y prejuicios que se manifiestan en lo cotidiano contribuyendo a la inequidad y colocando a la mujer en una posición inferior al hombre en ámbitos sociales, laborales, jurídicos y familiares.
En la vida cotidiana, los micromachismos continúan siendo frecuentes y, en muchos casos, son normalizados o incluso romantizados por la sociedad. Al tratarse de expresiones que suelen pasar desapercibidas o que se consideran socialmente aceptables, sus efectos pueden ser invisibilizados. Sin embargo, este tipo de conductas puede afectar progresivamente la autoestima, la autonomía, la toma de decisiones y el desempeño de las mujeres. Por esta razón, el presente artículo centra su atención en la manera en que los micromachismos se manifiestan durante el embarazo y en el contexto de la maternidad. La maternidad constituye una etapa de la vida que históricamente ha estado vinculada de manera particular con las mujeres y sobre la cual persisten diversos estereotipos y expectativas sociales; en la actualidad todavía son frecuentes comentarios y cuestionamientos como: “¿Y los hijos para cuándo?”, “¿Ya eres grande, cuando vas a tener hijos?” o “¿Y por qué tan joven tuviste un hijo?”. Aunque estas expresiones pueden parecer simples preguntas o comentarios cotidianos, reproducen determinadas expectativas respecto de lo que una mujer debería hacer con su vida y del momento en que debería convertirse en madre; asimismo, pueden generar presión social y repercusiones emocionales, especialmente cuando se cuestionan las decisiones personales relacionadas con la maternidad.
Los micromachismos relacionados con la maternidad también se manifiestan en el ámbito profesional; pensemos por ejemplo en una mujer profesionista que ha alcanzado el puesto laboral que desea y que, al mismo tiempo, decide ejercer su derecho a ser madre. En este contexto pueden surgir cuestionamientos como: “¿Podrás con el trabajo y con tu hijo?”, “¿Vas a dejar de atender tus responsabilidades laborales para cuidar a tu hijo?” o “¿Tu desempeño profesional cambiará después de ser madre?”. Estas expresiones reflejan la persistencia de estereotipos que ponen en duda la capacidad de las mujeres para conciliar su vida profesional con la maternidad.
24
Los estigmas asociados con la maternidad suelen colocar a las mujeres frente a una doble exigencia social, por un lado, se cuestiona si serán capaces de mantener un desempeño profesional adecuado después de convertirse en madres; por otro, se espera que prioricen permanentemente las necesidades de sus hijos e hijas por encima de sus propios proyectos, intereses y desarrollo personal. Un claro ejemplo de cómo los micromachismos se hacen presentes en los ámbitos laborales, son las siguientes historias narradas por trabajadoras, que Early Institute redactó en un artículo titulado “Discriminación laboral por embarazo”. “Desde que me embarace comencé a ser discriminada, en mi incapacidad se me solicito trabajo e incluso el mismo día del nacimiento de mi bebe tuve que atender requerimientos desde la camilla de la clínica. Después del parto existieron oportunidades de crecimiento laboral, sin embargo, nunca se me dio la oportunidad aún y cuando la solicite y contaba con el perfil y la experiencia de quienes fueron promovidos. Cuando pregunte la razón, me contestaron que por mi hijo. Antes de despedirme me cambiaron a un puesto de menor nivel”. “En ese entonces era Perita Ejecutiva Profesional, realizaba labores de búsqueda y exhumación de cadáveres, elaboración de perfiles biológicos de restos no identificados y dictámenes parciales, entre otros. A los pocos días de enterarme de mi embarazo, fui diagnosticada con amenaza de aborto y otras complicaciones de salud, presente mi licencia médica, pedí permisos para acudir a citas médicas y solicite no me enviaran a viajes de comisión, pero no se me concedió e incluso recibí amenazas de despido, me decían que eran temas personales y que debían cumplir con mi labor porque no había nadie más que pudiera hacerlo.
25
Realicé un viaje de la Cuidad de México a la Sierra Tarahumara con un trayecto largo y complicado a temperaturas altas, sin haber comido y concluyendo mi diligencia a las dos de la mañana volví a ser diagnosticada con amenaza de aborto y a los nueve días con dieciocho semanas de gestación, tuvieron que practicarme un aborto”.
De lo anterior se desprende que aún persiste la presencia de diversos micromachismos relacionados con la maternidad, los cuales, aunque en muchas ocasiones se presentan de manera sutil o son considerados conductas socialmente normalizadas, contribuyen a reproducir estereotipos y desigualdades de género. Si bien el marco jurídico mexicano, a través de ordenamientos como la Ley Federal del Trabajo y la Ley General de Salud, contempla disposiciones encaminadas a garantizar condiciones adecuadas para las mujeres durante el embarazo, así como para aquellas personas que tienen responsabilidades de cuidado, en la práctica continúan existiendo brechas que dificultan el pleno ejercicio de sus derechos.
Estas desigualdades no necesariamente derivan de la ausencia de disposiciones legales, sino también de las prácticas, prejuicios y conductas que persisten en determinados espacios laborales y sociales. Un ejemplo de ello son las ideas respecto de la capacidad, compromiso o productividad de las mujeres por el hecho de ser madres, así como la percepción de que las responsabilidades relacionadas con el cuidado de las hijas e hijos corresponden principalmente a las mujeres. Aunado a ello, la cultura patriarcal que todavía se encuentra presente en algunos sectores de la sociedad y en determinadas prácticas culturales y comunitarias de los pueblos mexiquenses ha contribuido históricamente a la reproducción de roles y estereotipos de género, bajo esta percepción, se atribuye al hombre una posición de autoridad y toma de decisiones, mientras que a la mujer se le asigna predominantemente el cuidado del hogar, de las hijas e hijos y de otros integrantes de la familia. Este tipo de construcciones sociales limita el reconocimiento de las mujeres como sujetas con plena capacidad para participar y desarrollarse en los ámbitos laboral, político, económico y social.
No obstante, las mujeres han demostrado que la maternidad y las responsabilidades familiares no deben constituir un obstáculo para su desarrollo integral ni para el ejercicio de sus derechos; su participación activa en el ámbito laboral, profesional, político y social evidencia que pueden desempeñar simultáneamente diversas responsabilidades y desarrollar plenamente sus capacidades. Para concluir, combatir los micromachismos relacionados con la maternidad requiere no solo del fortalecimiento y cumplimiento de las disposiciones jurídicas existentes, sino también de una transformación cultural que permita eliminar los estereotipos de género y reconocer que las responsabilidades de cuidado constituyen una tarea compartida, asimismo que la maternidad no es una limitante para que una mujer desarrolle adecuadamente su trabajo, con lo anterior se estará alcanzando una sociedad igualitaria, pero sobre todo que los micromachismos se visibilicen y se reduzcan en el contexto social.
19
5. LA LUZ DE GAS QUE NOS ATENUAN
Todas las mujeres desde pequeñas han soñado con tener un amor de película donde aparece el hombre perfecto que se enamora de ella a primera vista y desde entonces nada vuelve a ser como antes; claro que todos sabemos que esas cosas donde viven felices para siempre solamente existe en la pantalla; pero qué pasa con aquellas historias que viven las mujeres en la vida real que parecen sacadas de una película de terror. En el año 1944 se estrenó la película Gaslight donde la trama principal es sobre una pareja de casados, ella heredó la fortuna de su tía y él busca quedarse con toda la riqueza; pero no utiliza el método de cualquier otra película donde matar a la protagonista y hacerse la victima sería lo más fácil; utiliza la manipulación y la violencia psicológica para hacerla creer que está perdiendo la cordura, volviéndose loca y dudando de su realidad, pero, sobre todo de sí misma. Le esconde cosas en su propia casa o las cambia de lugar, la convence de que ciertos hechos nunca sucedieron y son solo producto de su imaginación; lo que poco a poco la va dejando mentalmente agotada, hasta que con ayuda de un inspector recobra la cordura y puede ser detenido el esposo de nuestra protagonista. Una de las situaciones que provocan mayormente que comience a perder la cordura es que las lámparas de gas se van atenuando cuando su esposo no se encuentra en casa, al ser un efecto que solo ocurre mientras esta sola, él no le cree y refuerza la narrativa de que esta mentalmente inestable; lo que ella no sabía era que ese efecto se debía a que él entraba al ático de la casa desde una propiedad abandonada para ver qué podía robar y al encender las lámparas de ahí, las de la casa se atenuaban.
El Gaslighting o luz de gas en español, adoptó dicho nombre gracias a la película anteriormente mencionada; y podemos definirlo como el intento de hacer que una persona dude de su razón o juicio mediante una prolongada labor de descrédito de sus percepciones y recuerdos; si bien muchas formas de violencia dejan una marca física, económica o psicológica más fácil de detectar, el gaslighting se caracteriza por menoscabar la autonomía de la víctima, su capacidad de decisión y de evaluación con el fin de ejercer un control total sobre ella a través de afirmaciones y conclusiones falsas realizadas por el abusador de forma astuta, insidiosa y disimulada. Pero ¿por qué el gaslighting se considera un micromachismo? Primero debemos entender que los micromachismos son actitudes, gestos o comentarios cotidianos y sutiles con los que los hombres ejercen poder o dominio sobre las mujeres; sin embargo, a pesar de llamarse “micro” debemos concientizar que no son pequeños ni inofensivos; se les llama así por su baja intensidad aparente, lo que hace que pasen desapercibidos y estén muy normalizados en la sociedad.
28
Hacer luz de gas llega a comenzar de forma tan sutil que puede ser difícil de detectar, especialmente en la etapa de enamoramiento cuando esta violencia se ejerce en una relación de pareja, durante dicha etapa es más fácil dejar pasar las señales de alarma; por ello resulta tan importante recordar el síndrome de la rana hervida, una fábula de Oliver Clerc muy utilizada en la psicología y la criminología para explicar la victimología de quienes sobreviven –o no– a una cadena de agresiones y violencias dentro de una relación ya sea de pareja, familiar o de amistad. Cuando tu pones una rana en un cazo con agua hirviendo, la rana de inmediato en cuanto sienta el calor saltará para escapar y sobrevivir; contrario a cuando el agua esta fría y poco a poco se va calentando, la rana comienza ajustar su temperatura corporal con la del agua para mantenerse cómoda, pero llega un momento en el que el agua se encuentra a punto de hervir y la rana ya está agotada y sin fuerzas debido al proceso de adaptación, lo que le imposibilita saltar para escapar y termina muerta.
Cuando las mujeres viven una relación violenta psicológicamente es mucho más probable que vivan el segundo caso de la rana; pues el violentador no llega y de inmediato evidencia su estrategia de abuso psicológico, es con el paso del tiempo en la relación que poco a poco comienza el chantaje, la manipulación y –en este caso– el gaslighting.
Para identificar un poco mejor si alguien esta atenuando tu luz de gas existen 4 principales ejemplos, como cuando busca negar hechos con la finalidad de invalidar tu memoria: “eso nunca pasó”, “te lo estas imaginando”, “yo nunca dije eso”; minimiza tus sentimientos o te hace sentir que tus reacciones son desproporcionadas: “eres demasiado sensible”, “que exagerada eres”, “era solo una broma”; se lava las manos y te echa la culpa de sus reacciones: “si no me hubieras provocado, no te habría gritado”; cuestiona tu cordura para desestabilizarte: “estás perdiendo la cabeza”, “estás loca”, “son imaginaciones tuyas”, “tu solita te haces películas”.
Muchas veces la principal dificultad está en reconocer que somos una víctima de gaslighting porque es un tipo de maltrato psicológico sutil y no siempre es fácil saber cómo defenderse; cuando te hacen luz de gas, poco a poco diferentes áreas de tu vida se pueden ir degradando de forma progresiva y en los casos más extremos, el gaslighter puede llevar a su víctima al aislamiento social. Es importante aprender a no normalizar aquellos comportamientos que minan la autoestima, que hieren sentimientos y que nos hacen sentir una persona inadecuada y culpable de lo que decimos o hacemos — las relaciones sanas no duelen—
Debemos recordar que todas las frases anteriores tienen como finalidad la manipulación para desacreditar abiertamente a la otra persona, bajar su autoestima, la hace dudar de sus valores, inteligencia, honestidad, memoria y percepción de la realidad; por lo que debe ser una conducta reiterativa para que se pueda considerar como gaslighting. Entre las consecuencias a las que se debe enfrentar la víctima están la incertidumbre en los recuerdos, pues como el manipulador puede tergiversar eventos pasados para desacreditar la memoria de la víctima, ésta termina teniendo dificultades para saber si realmente ocurrió algo o es producto de su imaginación; desconfianza en el razonamiento propio, la manipulación constante puede hacer que la víctima pierda la confianza en sus propios juicios y decisiones, llevándola a depender de lo que hace y piensa el manipulador; preocupaciones sobre la salud mental, ya que en los casos más graves, el gaslighting puede hacer que la víctima sospeche de su cordura y piense que se está “volviendo loca” o que ha perdido completamente el sentido de la realidad, también la baja autoestima, pues la manipulación constante puede hacer que se sienta inútil o incapaz en todos los ámbitos de su vida.
30
23
6. PATERNALISMO: EL CUIDADO QUE DAÑA Abordar los micromachismos implica dimensionar aquellas conductas que, aunque parecen pequeñas, cotidianas o incluso inofensivas, reproducen relaciones de desigualdad entre hombres y mujeres. Maxime que implican comportamientos, frases, actitudes y gestos que, de manera sutil, pueden limitar la autonomía y libertad femenina, reforzando la idea de que los hombres tienen mayor autoridad, capacidad o poder de decisión, sólo por el simple hecho de su sexo.
Los micromachismos pueden clasificarse en distintas categorías, entre ellas se encuentran los utilitarios, encubiertos, coercitivos y de crisis. Cada uno opera de manera diferente; sin embargo, cuando hablamos de paternalismo resulta especialmente importante detenernos en los micromachismos encubiertos o indirectos, porque su principal característica es que el ejercicio de dominio puede quedar oculto detrás de una aparente preocupación, protección o buena intención.
En el contexto de las relaciones entre hombres y mujeres, el problema aparece cuando esta lógica se construye a partir de una desigualdad de género: él protege porque supone que ella no puede protegerse sola; él aconseja porque considera que sabe más; él decide porque cree que su criterio es superior. Así, lo que aparentemente se presenta como ayuda puede convertirse en una forma sutil de control.
Los micromachismos encubiertos o indirectos son conductas sutiles que buscan mantener una posición de superioridad o control sin recurrir necesariamente a una confrontación abierta. Precisamente por su carácter indirecto, pueden resultar difíciles de identificar tanto para quien los ejerce como para quien los recibe, con frecuencia generan confusión, culpa, inseguridad o dudas sobre las propias capacidades, favoreciendo el deterioro de la autoestima y de la percepción de autonomía de la víctima. Dentro de este universo encontramos inserto al paternalismo, una conducta que puede presentarse como cuidado, protección o interés por el bienestar de otra persona, pero que termina justificando la intervención sobre sus decisiones. De acuerdo con la Real Academia Española, el paternalismo es una tendencia a aplicar formas de autoridad y protección propias de la relación entre un padre y sus hijos en otros ámbitos de la vida social, política o laboral; una de sus características fundamentales es que quien adopta esta posición considera que tiene la capacidad de decidir qué es lo mejor para otra persona, incluso cuando esta no ha solicitado su intervención.
De la Garza y Derbez, 2020, p. 65.
32
El paternalismo puede convertirse en micromachismo cuando un hombre asume, de manera consciente o inconsciente, una posición de tutor, guía o protector frente a una mujer adulta, partiendo de la idea de que ella necesita orientación, autorización o supervisión masculina para tomar decisiones. La clave no está en que un hombre ayude a una mujer, brindar ayuda por sí mismo, no implica machismo, el problema se presenta cuando el apoyo se impone, cuando se presupone incapacidad o cuando la protección se utiliza para justificar que la mujer tenga margen para la toma de decisiones. Frases aparentemente cotidianas como “déjamelo a mí”, “tú no sabes de esto”, “yo sé qué te conviene” o “lo hago porque quiero cuidarte” pueden adquirir una dimensión paternalista cuando se utilizan de manera recurrente para desplazar la capacidad para la toma de decisión de una mujer. El mensaje implícito deja de ser “estoy aquí para apoyarte” y se convierte en “yo sé mejor que tú lo que necesitas” y esta diferencia lo es todo en las relaciones en las que se ejerce el paternalismo como un micromachismo. Uno de los efectos más evidentes del paternalismo es la infantilización. Una mujer adulta es tratada como si necesitara la supervisión permanente de alguien que sabe más, tiene mayor experiencia o posee una supuesta capacidad superior para enfrentar determinadas circunstancias, esto lo vemos reflejado en contextos como el laboral en donde se suele referir a las mujeres como “las niñas de la oficina”, frase que no denota un significado de otorgar cuidado a quienes colaboran en un espacio sino más bien a su falta de capacidad para tomar decisiones, pues no es lo mismo referirte a las niñas de la oficina que a las mujeres del espacio laboral.
4
33
Esta infantilización puede manifestarse en otros espacios como en relaciones depareja, la familia, la política, la educación o incluso los servicios de salud. Puede aparecer cuando se le explica algo básico a una mujer experta en el tema; cuando se pone en duda su criterio profesional; cuando un hombre responde por ella; cuando se toma una decisión sin consultarla; o cuando se considera que una mujer necesita que alguien “la cuide” para evitar que tome decisiones equivocadas. En todos estos casos existe un elemento común: la reducción de la autonomía bajo el argumento de que se está buscando su bienestar. Entre las conductas cotidianas que pueden adquirir un carácter paternalista se encuentran: Explicar conceptos básicos a una mujer que es experta en el tema, asumiendo que necesita esa explicación. Interrumpirla para “aclarar” lo que está diciendo o responder por ella. Utilizar expresiones como “déjame a mí hacerlo” o “déjalo, yo lo hago mejor”. Dar consejos no solicitados desde una posición de autoridad o superioridad. Invalidar una opinión por considerarla demasiado “emocional”, “ingenua” o “infantil”. Tomar decisiones por ella en el hogar, el trabajo o la vida personal bajo la idea de que así se “resuelve mejor”. Cuestionar su capacidad para manejar dinero, responsabilidades o situaciones de presión. Actuar como si fuera necesario autorizar o aprobar sus decisiones. Utilizar la protección como argumento para restringir su libertad. Hablar sobre su vida como si quien lo hace tuviera una autoridad equivalente a la de un padre sobre una hija.
4
34
Por ello, una pregunta sencilla pero toral que puede ayudarnos a identificar la diferencia entre apoyo y paternalismo es ¿si la persona está ayudando porque se lo pidieron o está interviniendo porque considera que sabe mejor qué debe hacer la otra persona?
Los micromachismos sobreviven, en buena medida, porque se normalizan, ya que una conducta que se repite durante años puede terminar percibiéndose como parte natural de una relación, aunque detrás de ella exista una distribución desigual del poder.
Lo grave del paternalismo es que sus efectos alcanzan no sólo a quién lo sufre, sino que reproducen y construyen una estructura cultural violenta en donde los hombres aparecen como fuertes, racionales, protectores y capaces de resolver, mientras que las mujeres son asociadas con la fragilidad, la dependencia y la necesidad de protección.
Por eso es necesario aprender a reconocer aquellas prácticas que han sido justificadas históricamente como actos de caballerosidad, protección, experiencia o buena voluntad.
De esta manera, una conducta aparentemente individual termina reforzando una expectativa colectiva. Por ello, una de las mejores formas de comenzar a desmontar el paternalismo consiste en cambiar algunas preguntas y actitudes cotidianas, cómo en lugar de asumir “yo sé lo que necesitas”, podemos preguntar: “¿quieres que te ayude?” En lugar de decidir, podemos preguntar: “¿qué quieres hacer?” Y en lugar de corregir automáticamente, podemos escuchar. ¡La igualdad también se construye en pequeños actos de atención al otro!
4
Porque una sociedad igualitaria no se construye únicamente mediante grandes transformaciones legales o institucionales, también se construye en la vida cotidiana, en la pareja, en la familia, en los espacios laborales y en cada decisión que respetamos. Hoy más que siempre debemos dejar de confundir paternalismo con amor, protección con control y ayuda con superioridad. Una relación verdaderamente igualitaria no necesita tutores ni personas tuteladas, necesita personas capaces de reconocerse mutuamente como adultas, libres y con capacidad para decidir sobre su propia vida. Fuente de consulta De la Garza Gálvez C. y Derbez E. (2020). No son micro. México: Grijalbo.
23
“Teníamos dos opciones: estar calladas y morir o hablar y morir. Decidimos hablar.” Malala Yousafzai
VOLUMEN 34
3ER TRIMESTRE DEL 2026