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Mitos cosmogónicos

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Mitos cosmogรณnicos

Mito griego

Mito maya

Mito africano

Mito chino


ÍNDICE

Introducción……………………………………………………………….Pág.3 Mito griego…………………………………………………………………Pág.4. Mito Maya………………………………………………………………….Pág.6. Mito africano………………………………………………………………Pág.10. Mito chino………………………………………………………………….Pág.11. Mito australiano………………………………………………………….Pág.12. Mito inca peruano……………………………………………………….Pág.13. Mito de la creación de Roma……………………………………….Pág.14 Webliografía…………………………………………………………………Pág.15


INTRODUCCIÓN ¿QUÉ SE ENTIENDE POR COSMOVISIÓN? Una cosmovisión es una explicación y una interpretación del mundo y una aplicación de esta visión a la vida. Cuando nos proponemos estudiar una cosmovisión, surgen las preguntas propias acerca de qué es el mundo para mí y para los demás, qué lugar ocupo en este mundo, en qué cosas creo y cómo las manifiesto. Comprender una cosmovisión es reflexionar sobre ella, interpelarla, interpretarla. La literatura es uno de los modos en que se expresaron las concepciones del mundo, que, según la forma en que se desarrollan y relacionan nos muestran cosmovisiones míticas, fabulosas, épicas, trágicas y muchas más. ¿QUÉ ES LA MITOLOGÍA? La mitología es un conjunto de mitos relativamente cohesionado de relatos que forman parte de una determinada religión o cultura. Con la palabra mitología se designan dos conceptos: el conjunto de mitos y leyendas que un pueblo imaginó y el estudio de los mismos. La palabra viene del griego mythos que significa fábula y logos, tratado. Para la conciencia mítica todo debe haber tenido un origen que quedó cubierto por las tinieblas del tiempo y del misterio, pero puede ser recuperado por la imaginación. Los mitos repiten los ciclos de la vida, son “perennes”, se repiten. Así el hombre siente que participa de la eternidad mítica y se libera de su “transitoriedad”. Dentro de la mentalidad mítica, la propia muerte puede tener sentido. El hombre se reconcilia con la vida y con la muerte y abrevia la distancia que lo separa del universo irracional. ¿QUÉ ES UN MITO? La palabra, como tal, proviene del griego μῦθος (mythos). Un mito es un relato tradicional de acontecimientos prodigiosos protagonizado por seres sobrenaturales o extraordinarios, tales como dioses, semidioses, héroes, etc. El mito ofrece una explicación de los fenómenos naturales o revive episodios de la vida de los antepasados, forma parte de la religión y de la magia. En algunas culturas se utilizaba con el fin de imponer o justificar determinadas costumbres sociales que debían aceptarse por disposición superior, espiritual o histórica. Es la primera forma literaria creada por el género humano, de hecho surgió antes que la escritura, por lo que su transmisión fue de tradición oral. Los mitos nos permiten conocer el pensamiento de la gente de distintas épocas y culturas, su visión del mundo y los seres que lo habitan. Hay muchas clases de mito: cosmogónicos si tratan de la creación del mundo y los individuos que lo habitan; etiológicos, si explican el origen de seres y cosas, objetos; teogónicos, si relatan la historia de los dioses, y escatológicos, si tratan del fin del mundo. Algunos de los temas que más abordan son el origen de algún elemento, el mundo de los muertos, el amor y el paraíso perdido. Los mitos sobreviven porque siempre constituyen una vivencia. Cualquier reflejo de vida ordinaria en el mito constituye una nueva aportación a su esencia y hace presente su poder. El mito impregna la vida del pueblo que lo creó, su fuerza creadora y mágica mantiene la presencia de aquellos que actuaron “en aquel tiempo”; rige la vida y conducta del pueblo creyente. El mito es siempre “historia verdadera”.

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Mito griego

A las puertas del Olimpo. Para los griegos las cosas empezaron así.. Al principio, todo estaba revuelto: el agua no corría, las tierras no eran sólidas, en fin, reinaba Caos (que en griego quiere decir "la boca del abismo"). De Caos nacieron la Noche y la Oscuridad, que lo destronaron y engendraron a Éter (el aire luminoso de las alturas) y al Día. De ellos nacieron la Tierra y el Mar. Por aquellos tiempos también existía Eros (el amor), un poder tan antiguo como Caos, pero que impulsaba a la unión y a la creación. Con su fuerza, Eros engendró la vida en la Tierra, hasta entonces desierta, y florecieron las plantas, crecieron los animales, se poblaron las aguas y el Cielo lo abrazó todo. De la unión entre el Cielo y la Tierra, nacieron doce Titanes enormes y fortísimos, tres Cíclopes (que se llamaban así porque tenían un solo ojo, ubicado en medio de la frente) y tres Gigantes. El Cielo, temeroso de la fuerza de sus hijos, fue encerrándolos a medida que nacían en el abismo del Tártaro. Finalmente la Tierra, como buena madre, decidió liberarlos y el menor de los Titanes, Cronos (el Tiempo), eliminó a su padre, ocupó su lugar y empezó a reinar junto a sus hermanos. Cierta vez, Eros convocó a los hijos de un Titán, llamado Prometeo y Epimeteo, y les pidió que modelaran un ser capaz de dominar a todos los animales que poblaban la Tierra. Prometeo tomó arcilla húmeda y modelo figuras con formas similares a la de los Dioses. Eros les infundió con su sopló el espíritu de la vida, y así nacieron las personas. Prometeo quedo tan encantado con las criaturas recién creadas que quiso ofrecerles algo que las hiciera mucho más parecidas a los dioses. Entonces robó una chispa de fuego sagrado y se la regaló, para que tuvieran dominio sobre el fuego.

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Ese atrevimiento de Prometeo irritó mucho a los dioses, quienes para vengarse crearon una mujer hermosísima a la que llamaron Pandora. A la que le regalaron un cofre y le ordenaron que jamás intentara abrirlo. Pandora aceptó la condición y se convirtió en la feliz esposa de Epimeteo. Durante un tiempo vivieron muy contentos; pero, como bien habían previsto los dioses, Pandora no pudo contener su curiosidad y abrió el cofre, del que comenzaron a salir todo tipo de males, enfermedades y crímenes, que se esparcieron por el mundo. Sólo la Esperanza quedo en el fondo de la caja.

Así fue como la maldad y las pasiones se fueron reinando de los hombres. La Tierra se empapó de sangre y la Buena Fe, la Justicia y el Pudor la abandonaron y volaron hacia el Cielo. Viendo esto los Dioses consideraron que la raza de los hombres no debía sobrevivir y desbordaron las aguas del Cielo y de la Tierra; tierra y mar se confundieron y solo logró sobrevivir una pareja: un hombre Deucalión, y su esposa Pirra, considerados justos y piadosos. Ambos se mantuvieron abordo de una débil barca y cuando las aguas descendieron, lloraron sobre la tierra desierta rogando piedad a los dioses. Entonces, escucharon una voz poderosa que les decía estas palabras: "Velad vuestros ojos y tirad hacia atrás los huesos de vuestra abuela". Después del desconcierto del principio se pusieron a meditar y comprendieron que su abuela era la Tierra, y que los huesos de la Tierra eran las piedras. Entusiasmados, comenzaron a caminar arrojando, a cada paso, una piedra hacia atrás. De las piedras que arrojaba Pirra nacían mujeres y de las que tiraba Deucalión surgían hombres. Así se repobló la Tierra después del tremendo diluvio.

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Mito maya

Popol Vuh

(El libro de los consejos) Anónimo.

Creación del Cosmo.

Capítulo 1 No había todavía un hombre, ni un animal, pájaros, peces, cangrejos, árboles, piedras, cuevas, barrancas, hierbas ni bosques: sólo el cielo existía. No se manifestaba la faz de la tierra. Sólo estaban el mar en calma y el cielo en toda su extensión. No había nada junto, que hiciera ruido, ni cosa alguna que se moviera, ni se agitara, ni hiciera ruido en el cielo. No había nada que estuviera en pie; sólo el agua en reposo, el mar apacible, solo y tranquilo. No había nada dotado de existencia. Solamente había inmovilidad y silencio en la oscuridad, en la noche. Sólo el Creador, el Formador, Tepeu, Gucumatz, los Progenitores, estaban en el agua rodeados de claridad. Estaban ocultos bajo plumas verdes y azules, por eso se les llama Gucumatz, De grandes sabios, de grandes pensadores es su naturaleza. De esta manera existía el cielo y también el Corazón del Cielo, que éste es el nombre de Dios. Llegó aquí entonces la palabra, vinieron juntos Tepeu y Gucumatz, en la oscuridad, en la noche, y hablaron entre sí Tepeu y Gucumatz. Hablaron, pues, consultando entre sí y meditando; se pusieron de acuerdo, juntaron sus palabras y su pensamiento. Entonces se manifestó con claridad, mientras meditaban, que cuando amaneciera debía aparecer el hombre. Entonces dispusieron la creación y crecimiento de los árboles y los bejucos y el nacimiento de la vida y la creación del hombre. Se dispuso así en las tinieblas y en la noche por el Corazón del Cielo, que se llama Huracán. El primero se llama Caculhá Huracán. El segundo es Chipi-Caculhá. El tercero es Raxa-Caculhá. Y estos tres son el Corazón del Cielo. Entonces vinieron juntos Tepeu y Gucumatz; entonces conferenciaron sobre la vida y la claridad, cómo se hará para que aclare y amanezca, quién será el que produzca el alimento y el sustento. 6


–¡Hágase así! ¡Que se llene el vacío! ¡Que esta agua se retire y desocupe [el espacio], que surja la tierra y que se afirme! Así dijeron. ¡Que aclare, que amanezca en el cielo y en la tierra! No habrá gloria ni grandeza en nuestra creación y formación hasta que exista la criatura humana, el hombre formado. Así dijeron. Luego la tierra fue creada por ellos. Así fue en verdad como se hizo la creación de la tierra: – ¡Tierra!, dijeron, y al instante fue hecha. Como la neblina, como la nube y como una polvareda fue la creación, cuando surgieron del agua las montañas; y al instante crecieron las montañas. Solamente, por un prodigio, sólo por arte mágica se realizó la formación de las montañas y los valles; y al instante brotaron juntos los cipresales y pinares en la superficie.

Y así se llenó de alegría Gucumatz, diciendo: –¡Buena ha sido tu venida, Corazón del Cielo; tú, Huracán, y tú, Chipi-Caculhá, Raxa-Caculhá! –Nuestra obra, nuestra creación será terminada, contestaron. Primero se formaron la tierra, las montañas y los valles; se dividieron las corrientes del agua, los arroyos se fueron corriendo libremente entre los cerros, y las aguas quedaron separadas cuando aparecieron las altas montañas. Así fue la creación de la tierra, cuando fue formada por el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra, que así son llamados los que primero la fecundaron, cuando el cielo estaba en suspenso y la tierra se hallaba sumergida dentro del agua. De esta manera se perfeccionó la obra, cuando la ejecutaron después de pensar y meditar sobre su feliz terminación.

Fragmento tomados de Popol Vuh. Las antiguas historias del Quiché, traducidas del texto original con introducción y notas de Adrián Recinos, Colección Popular, núm. 11, FCE, México, 32ª reimp., 2005. Primera parte. Capítulo primero (pp. 23-25)

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La creación del Hombre Capítulo II

Y dijeron los Progenitores, los Creadores y Formadores, que se llaman Tepeu y Gucumatz: “Ha llegado el tiempo del amanecer, de que se termine la obra y que aparezcan los que nos han de sustentar y nutrir, los hijos esclarecidos, los vasallos civilizados; que aparezca el hombre, la humanidad, sobre la superficie de la tierra.” Así dijeron. Se juntaron, llegaron y celebraron consejo en la oscuridad y en la noche; luego buscaron y discutieron, y aquí reflexionaron y pensaron. De esta manera salieron a la luz claramente sus decisiones y encontraron y descubrieron lo que debía entrar en la carne del hombre. Poco faltaba para que el sol, la luna y las estrellas aparecieran sobre los Creadores y Formadores. De Paxil, de Cayalá, así llamados, vinieron las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas. Éstos son los nombres de los animales que trajeron la comida: Yac [el gato de monte], Utiú [el coyote], Quel [una cotorra vulgarmente llamada chocoyo] y Hoh [el cuervo]. Estos cuatro animales les dieron la noticia de las mazorcas amarillas y las mazorcas blancas, le dijeron que fueran a Paxil y les enseñaron el camino de Paxil. Y así encontraron la comida y ésta fue la que entró en la carne del hombre creado, del hombre formado; ésta fue su sangre, de ésta se hizo la sangre del hombre. Así entró el maíz [en la formación del hombre] por obra de los Progenitores. Y de esta manera se llenaron de alegría, porque habían descubierto una hermosa tierra, llena de deleites, abundante en mazorcas amarillas y mazorcas blancas y abundante también en pataxte y cacao, y en innumerables zapotes, anonas, jocotes, nances, matasanos y miel. […] A continuación entraron en pláticas acerca de la creación y la formación de nuestra primera madre y padre. De maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres, los cuatro hombres que fueron creados.

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Éstos son los nombres de los primeros hombres que fueron creados y formados: el primer hombre fue Balam-Quitzé, el segundo Balam-Acab, el tercero Mahucutah y el cuarto Iqui-Balam. Éstos son los nombres de nuestras primeras madres y padres. Se dice que ellos sólo fueron hechos y formados, no tuvieron madre, no tuvieron padre. Solamente se les llama varones. No nacieron de mujer, ni fueron engendrados por el Creador y Formador, por los Progenitores. Sólo por un prodigio, por obra de encantamiento fueron creados y formados por el Creador, el Formador, los Progenitores, Tepeu y Gucumatz. Y como tenían la apariencia de hombres, hombres fueron; hablaron, conversaron, vieron y oyeron, anduvieron, agarraban las cosas eran hombres buenos y hermosos y su figura era figura de varón. Fueron dotados de inteligencia; vieron y al punto se extendió su vista, alcanzaron a ver, alcanzaron a conocer todo lo que hay en el mundo. Cuando miraban, al instante veían a su alrededor y contemplaban en torno a ellos la bóveda del cielo y la faz redonda de la tierra. Las cosas ocultas [por la distancia] las veían todas, sin tener primero que moverse; en seguida veían el mundo y asimismo desde el lugar donde estaban lo veían. […] Entonces les preguntaron el Creador y el Formador: –¿Qué pensáis de vuestro estado? ¿No miráis? ¿No oís? ¿No son buenos vuestro lenguaje y vuestra manera de andar? ¡Mirad, pues! ¡Contemplad el mundo, ved si aparecen las montañas y los valles! ¡Probad, pues, a ver!, les dijeron. Y en seguida acabaron de ver cuánto había en el mundo. Luego dieron las gracias al Creador y al Formador: –¡En verdad os damos gracias dos y tres veces! Hemos sido creados, se nos ha dado una boca y una cara, hablamos, oímos, pensamos y andamos; sentimos perfectamente y conocemos lo que está lejos y lo que está cerca. Vemos también lo grande y lo pequeño en el cielo y en la tierra. Os damos gracias, pues, por habernos creado, ¡oh Creador y Formador!, por habernos dado el ser, ¿oh abuela nuestra!, ¡oh nuestro abuelo!, dijeron dando las gracias por su creación y formación. […] Pero el Creador y el Formador no oyeron esto con gusto. –No está bien lo que dicen nuestras criaturas, nuestras obras: todo lo saben, lo grande y lo pequeño, dijeron. Y así celebraron consejo nuevamente los Progenitores: –¿Qué haremos ahora con ellos? ¡Que su vista sólo alcance a lo que está cerca, que sólo vean un poco de la faz de la tierra! No está bien lo que dicen. ¿Acaso no son por su naturaleza simples criaturas y hechuras [nuestras]? ¿Han de ser ellos también dioses? ¿Y si no procrean y se multiplican cuando amanezca, cuando salga el sol? ¿Y si no se propagan? Así dijeron. –Refrenemos un poco sus deseos, pues no está bien lo que vemos. ¿Por ventura se han de igualar ellos a nosotros, sus autores, que podemos abarcar grandes distancias, que lo sabemos y vemos todo? […] Entonces el Corazón del Cielo les echó un vaho sobre los ojos, los cuales se empañaron como cuando se sopla sobre la luna de un espejo. Sus ojos se velaron y sólo pudieron ver lo que estaba cerca, sólo esto era claro para ellos. […] 9


Mito africano

El dios africano llamado Mawu Lisa, creador de la tierra, asume formas duales, mitad masculino mitad femenino, simboliza la dualidad de la vida, y es descrito como el dios de dos caras, donde la cara de Mawu es de una mujer unos ojos son la luna, y Lisa que tiene cara de hombre cuyos ojos son el sol, se divide el dios en la noche y el día. Mawu Lisa es el creador del universo y dio a luz a todos los dioses que se encuentran en el panteón Fon, sus hijos están repartidos entre todos los reinos del cosmos, lleva un estandarte con el símbolo de la luna y solamente tiene un seno, se encuentra siempre rodeado de sus hijos o criaturas que sirven de emisarios entre los seres humanos y él, no actúa directamente sino a través de sus hijos. Para la creación del universo y la tierra, Mawu Lisa, necesitaba de un ser que tuviera la suficiente fortaleza y resistencia, que soportara y comprendiera lo que quería hacer, para ello eligió a uno de los animales más fuertes que había creado, una serpiente cósmica llamada Aido Hwedo, quien de ahora en adelante sería su acompañante, esta serpiente asumiría rasgos duales muy similares a su dios protector, en este caso las formas de Aido Hwedo serían una serpiente sustentadora y otra protectora quien siempre acompañaba al creador en sus andanzas por el universo, generalmente la deidad iba en su boca, mientras este formaba el mundo, cuando terminó su obra, el creador observó que el planeta era muy pesado, ya que contenía árboles, montañas, y muchos animales, habían muchas cosas que hacían del planeta una mundo pesado. En consecuencia, le solicitó a Aido Hwedo que se enrollase y se colocara debajo del planeta como en una especie de cojín para poder transportarla, la serpiente observó que había mucho calor en el planeta y como no le gustaba le pidió al creador que le buscara una solución, entonces el creador formó los océanos y la serpiente pudo mantener el planeta en peso sin tener calor. Se dice que Aido Hwedo, al sentir el gran peso del planeta, cambia de posición trayendo como consecuencia que se generen los terremotos y tsunamis en el planeta. Su alimentación está basada en barras de hierros que producen unos monos rojos que moran debajo del mar, y cuando el hierro se agota comienza a comerse su propia cola, desequilibrando su carga y el peso de la tierra cayendo al mar. En ese momento aparece una segunda serpiente llamada la del Arco Iris, la cual vive en el cielo y envía a la tierra los rayos de los dioses, es una serpiente gemela que también se encarga de enviar los rayos del sol para calentar el planeta. 10


Mito chino

Los cielos y la tierra eran solamente uno y todo era caos. El Universo era como un enorme huevo negro, que llevaba ren su interior a P'an-Ku. Tras 18.000 años P’an-Ku se despertó de un largo sueño. Se sintió sofocado, por lo cual empuñó un hacha enorme y la empleó para abrir el huevo. La luz, la parte clara, ascendió y formó los cielos, la materia fría y turbia permaneció debajo para formar la tierra. P’an-Ku se quedó en el medio, con su cabeza tocando el cielo y sus pies sobre la tierra. La tierra y el cielo empezaron a crecer a razón de diez pies al día, y P’an-Ku creció con ellos. Después de otros 18.000 años el cielo era más grande y la tierra más gruesa; P’an-Ku permaneció entre ellos como un pilar gigantesco, impidiendo que volviesen a estar unidos.

P’an-Ku falleció y distintas partes de su organismo, se transformaron en elementos de nuestro mundo. Su aliento se transformó en el viento y las nubes, su voz se convirtió en el trueno. De su cuerpo, un ojo se transformó en el sol y el otro en la luna. Su cuerpo y sus miembros, se convirtieron en cinco grandes montañas y de su sangre se formó el agua. Sus venas se convirtieron en caminos de larga extensión y sus músculos en fértiles campos. Las interminables estrellas del cielo aparecieron de su pelo y su barba, y las flores y árboles se formaron a partir de su piel y del fino vello de su cuerpo. Su médula se transformó en jade y en perlas. Su sudor fluyó como la generosa lluvia y el dulce rocío que alimenta a todas las cosas vivas de la tierra. Y por último... las pulgas de Pan Gu... ¡se convirtieron en la humanidad!

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Mito australiano

Al principio la Tierra era un espacio vacío y llano, en cuyo interior descansaba la «Gran Madre Serpiente» que permaneció en un profundo sueño durante muchísimo tiempo. Repentinamente se despertó y reptó por el interior de la Tierra hasta llegar a la desierta superficie. Comenzó a recorrer la Tierra y, a medida que avanzaba, tal era su poder, que provocó una gran lluvia, formándose lagos, ríos y pozos de agua. Cada sitio que visitó lo nutrió con la leche de sus pechos rebosantes, haciéndolo fértil y una frondosa vegetación creció en la Tierra antes yerma. Grandes árboles con frutos de muchos colores y formas brotaron de la tierra. La gran serpiente introdujo su nariz en el suelo, levantando cadenas montañosas y abriendo profundos valles, mientras que otras partes las dejó lisas y desiertas. La «Madre Serpiente» volvió hacia la superficie y despertó a los animales, a los reptiles y a los pájaros primeros, y finalmente creó a los peces. Por último, según cuenta la leyenda, la serpiente extrajo de las entrañas de la propia Tierra a la última de las criaturas, el ser humano. De la «Madre Serpiente» los seres humanos aprendieron a vivir en paz y armonía con todas las criaturas de la creación, ya que eran sus primos espirituales. Además, le enseñó a la gente la vida tribal, a compartir y tomar de la Tierra solamente aquellos bienes que necesitasen, respetando y honrando a la Naturaleza. Según esta leyenda, gracias a la «Gran Serpiente», hombres y mujeres aprendieron a convivir como hermanos con la naturaleza y también aprendieron que cada elemento había sido colocado en equilibrio. El ser humano entendió que su papel era el de guardián y protector de ese equilibrio y que debía transmitir este conocimiento de generación en generación. Antes de desaparecer, la «Madre Serpiente» advirtió que si el hombre abusaba y mataba por placer o por gula, encontraría al culpable y lo castigaría. En algunas variantes de este mito, la «Madre Serpiente», llamada «Madre Eingana» vivía, y aún vive, en el «Tiempo del Sueño», de donde regresa en algunas ocasiones para crear más vida. También es considerada como la «Madre Muerte», por lo que tiene un nervio conectado o atado a cada una de sus criaturas y cuando lo desconecta esa vida se detiene. Si la Madre Serpiente muriese, todo dejaría de existir.

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Mito inca peruano

Entre los pueblos incas se cuenta este mito de la creación, en el que el dios Viracocha, dio origen a un universo exento de luz y, en un principio, creó a una raza de gigantes que decidieron desobedecerlo. No conforme con su creación, Viracocha ordenó que lloviera sobre la tierra por innumerables días y noches, hasta que todo se viera sumergido en el agua. De esta forma, los gigantes creados por el dios, desaparecieron. Consciente del error que había cometido en el pasado, Viracocha decidió crear esta vez criaturas semejantes a él, y así fue como nacieron los seres humanos. Posteriormente, para que estas criaturas pudieran apreciar su belleza y la belleza que los rodeaba, Viracocha creó la luz, por medio de los cuerpos celestes como la luna, las estrellas y principalmente, el sol. Además, Viracocha pobló la tierra con innumerables especies de plantas y animales, que estarían por debajo del hombre en cuanto a su importancia. Puesto que en un principio los seres humanos no contaban con conocimiento alguno, Viracocha envió a Viracochan, un nuevo hombre que enseñaría al resto la mejor manera de obrar y comportarse para poder vivir en paz, sin dañarse unos a otros y sin dañar el resto de las creaciones del dios. Viracochan enseñó a los hombres la manera de cultivar, cómo germinar las plantas y cuándo era el tiempo preciso para cosecharlas. Les mostró en los campos y montes cuáles eran las hierbas que eran buenas para combatir enfermedades; así como las vestimentas que debían portar para no ofender a su dios A pesar de la bondad de Viracocha, con el paso del tiempo muchos hombres comenzaron a burlarse de su dios, debido a que siempre se vestía humildemente. Estos hombres fueron transformados en piedras. Fue a partir de entonces que el resto de seres humanos aprendió que su dios podía ser muy bueno, pero también que podía castigar a aquellos que no se comportaran de forma honorable y humilde.

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EL MITO ROMANO DE LA CREACIÓN Antes del mar, de la tierra y del cielo que lo cubre todo, la naturaleza ofrecía un solo aspecto en el orbe entero, al que llamaron Caos: una masa tosca y desordenada, que no era más que un peso inerte y gérmenes discordantes, amontonados juntos, de cosas no bien unidas. Ningún Titán ofrecía todavía luz al mundo, ni Febe renovaba creciendo sus nuevos cuernos, ni la tierra se encontraba suspendida en el aire que la rodeaba, equilibrada por su propio peso, ni Anfitrite había extendido sus brazos por los largos límites de las tierras. Y aunque había allí tierra, mar y aire, inestable era la tierra, innavegable era el mar y sin luz estaba el aire: nada conservaba su forma, cada uno se oponía a los otros, porque en un solo cuerpo lo frío luchaba con lo caliente, lo húmedo con lo seco, lo blando con lo duro y lo pesado con lo ligero. Esta disputa un dios, o más bien la naturaleza, la dirimió, pues escindió las tierras del cielo, las aguas de las tierras y separó el límpido cielo del aire espeso. Y después que los desplegó y los sacó de la masa oscura, los unió en sitios separados con paz armoniosa. La fuerza ígnea y sin peso del cielo convexo brilló y se buscó un lugar en lo más alto de la bóveda; cercano a él por su ligereza y situación está el aire; más densa que ellos, la tierra arrastró consigo los elementos pesado y quedó apretada por su propia gravedad; y el agua que la rodea ocupó la parte final y abarcó el disco sólido. Cuando el dios, quien quiera que fuera, hubo de ordenado así la masa, la dividió y, una vez dividida, la distribuyó en partes; primero a la tierra, para que no quedara desigual por todas partes, la enrolló bajo la figura de un enorme globo; después, ordenó que se dispersaran los mares, que se inflaran de rápidos vientos y rodearan las costas de la tierra circular. Añadió fuetes, inmensos estanques y lagos, y encauzó el raudal de los ríos entre riberas tortuosas: éstos son absorbidos en parte por la misma tierra en diferentes lugares, en parte llegan al mar y, recibidos en llanura de aguas más extensas, golpean los litorales en lugar de las riberas. Ordenó también que se dilataran los campos, se hundieran los valles, los bosques se cubrieran de hojas y se elevaran los montes pedregosos. Y como hay dos zonas que cortan el cielo por la derecha, otras dos por la izquierda y una quinta es más tórrida que éstas, así el celo de Dios dividió la masa inclusa en igual número y otras tantas zonas quedan marcadas sobre la tierra. De ellas, la central no es habitable a causa del calor; espesa nieve cubre a otras dos; entre ambas situó otras tantas, y les dio un clima templado, de claro mezclado con frío. Por encima está el aire, tanto más pesado que el fuego cuanto más ligero que la tierra y que el agua. Ordenó que allí estuvieran las nieblas, allí las nubes y los truenos que perturban la mente de los hombres y los vientos que producen relámpagos y rayos. El Hacedor del mundo no permitió a los vientos ocupar el aire a su gusto; todavía ahora cuesta impedirles que destrocen el mundo, aunque cada uno dirige sus soplos en regiones distintas: tan grande es la discordia entre los hermanos. El Euro se retiró a la Aurora, a los reinos nabateos, a Persia y a las cumbres que se extienden bajo los rayos matutinos; el véspero y las costas que se calientan con el sol de poniente están cercanos al Céfiro. El frío Bóreas ocupó Escitia y los Siete Triones; la parte opuesta de la tierra se humedece con las asiduas nubes y la lluvia del Austro. Por encima de estos colocó al límpido éter, que carece de peso y no contiene nada de las heces de la tierra. Apenas había marcado así todo dentro de límites fijos, cuando los astros, que habían estado mucho tiempo oprimidos por ciega oscuridad, empezaron a hervir por todo el firmamento; y para que ninguna región estuviera sin sus seres vivos, los astros y las figuras de los dioses ocuparon el suelo celeste, las aguas tocaron a los brillantes peces para vivir allí, la tierra recibió a las fieras y a las aves el aire movible. Un ser más sagrado que éstos y más capaz de una mente profunda faltaba todavía y que pudiera dominar sobre lo demás: nació el hombre, al que o lo creó de semen divino el Hacedor del mundo, origen de un mundo mejor, o la tierra reciente y separada hacía poco del elevado éter retenía el semen de su pariente el cielo, a la que el vástago de Yápeto mezclándola con agua de lluvia modeló en forma de figura de dioses que lo gobiernan todo. Y mientras los demás animales miran inclinados a la tierra, dio al hombre un rostro levantado y le ordenó que mirara al cielo y levantara el rostro alto hasta las estrellas. Así la tierra, que hacía poco había sido tosca y sin forma, cambió y se revistió de figuras humanas desconocidas.

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Webliografía

- Carlos Garcia, Gual (2014) Historia mínima de la Mitología. Madrid, España http://www.turnerlibros.com/viewer/book/historia-m%C3%ADnima-de-lamitolog%C3%ADa.html

- Carlos Raúl Yujnovsky (2010) Literatura E.S.4. Tinta Fresca, Buenos Aires.

-Cervantes Biblioteca. Disponible en web: http://bib.cervantesvirtual.com/FichaMateria.html?Ref=43281

- Fernando Avendaño (2010) Literatura IV Las cosmovisiones míticas, épicas y la mirada trágica. Ediciones Santillana. Saber clave. Buenos, Aires. http://www.secundariafavaloro.com.ar/pdf/literatura/relatosdeorigenes.pdf

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