Internacionalización solidaria: el compromiso ético de la Universidad de Colima en la era digital
Cine
Elena Garro en el teatro y en el cine
Hugo Alberto Rivas Cedillo
Alexandra Pita González
Karina Ortiz Bonales
Fragmento
portada del libro Experiencias de movilidad: Una ventana al mundo No.
Internacionalización solidaria: el compromiso ético de la Universidad de Colima en la era digital.
Por Hugo Alberto Rivas Cedillo Dirección General de Prensa
Del internet al aislamiento: el origen de una transformación global
Hablar de internacionalización es inherente a la aparición del internet, popularizado en la década de los 90s, donde la sola idea de un mundo globalizado ya era una realidad, a la cual hoy en día puedes tener acceso, literalmente, en la palma de tu mano. Fenómeno que se agudizó a partir de la pandemia (20202023), momento en que nos encontramos aislados del mundo, pero habidos de información, por lo que el tener acceso a internet se volvió fundamental. A partir de ahí, algo cambió en las relaciones humanas, en la forma de interactuar, de comunicarnos, incluso hasta de entendernos, y la transformación en la Educación no solo se volvió inminente sino necesaria, trayendo el fin de una era, modificándola, adaptándola a nuestra realidad, convirtiendo lo presencial en lo virtual, pero descubriendo a su vez las bondades que debíamos como institución educativa, sí o sí, aprovechar.
La virtualidad como aliada de la internacionalización educativa
En ello, desde mi punto de vista, la Educación pudo verse mayormente favorecida, ejemplo de ello, precisamente en el tema
de la Internacionalización, pues previo a este “Boom” tecnológico, era muy difícil imaginar que un joven o una joven pudiera escuchar o presenciar una conferencia a distancia impartida por algún experto de otro país, de cualquier parte del mundo, incluso.
Si bien es cierto que el rector de esta Casa de Estudios ha declarado que una experiencia internacional no es sólo un tema académico, sino una experiencia que les cambia la vida a las y los jóvenes “pues les da mucha confianza, mucha fortaleza para darse cuenta de que tienen las capacidades para enfrentar retos académicos y laborales a cualquier nivel”, la internacionalización virtual (por llamarlo de alguna manera) vino a reforzar, fortalecer y enriquecer este tipo de experiencias, dándole la oportunidad cada vez a más jóvenes no solo de nivel superior sino también de nivel medio superior a conocer otras realidades y al intercambio de información y reflexiones.
Superando la visión tradicional de la internacionalización
Consciente de ello, el propio rector ha declarado que “la institución ha superado la visión tradicional de que internacionalizar es solamente realizar intercambios académicos”. Así mismo ha señalado que “no debemos circunscribir la internacionalización sólo al tema de movilidad
de estudiantes y profesores; habría que entender la dimensión internacional del currículo”. En este sentido, subraya la importancia de la tecnología como una herramienta que permite a estudiantes y docentes trabajar de forma remota en proyectos de investigación internacional, sin necesidad de desplazarse físicamente.
Cifras que hablan: la proyección internacional
Hoy en día, la Universidad de Colima se ha consolidado como una de las instituciones públicas de educación superior con mayor proyección internacional en México, al fortalecer durante los últimos años sus programas de movilidad, cooperación académica y redes globales de investigación. Actualmente, la institución cuenta con 410 convenios vigentes, de los cuales 330 son internacionales, lo que permite desarrollar intercambios estudiantiles y docentes, proyectos científicos colaborativos, estancias académicas y programas de doble titulación con universidades de distintos países de América, Europa y Asia.
Como parte de esta estrategia de internacionalización, la Universidad mantiene programas de movilidad en regiones como Europa, América Latina, Norteamérica y Asia-Pacífico, además de participar en organismos y redes internacionales como UMAP y la Organización Universitaria Interamericana (OUI). A través de estas alianzas, estudiantes y académicos pueden realizar estancias de investigación, participar en clases espejo, proyectos COIL y programas de cooperación científica internacional, fortaleciendo así una formación con enfoque global e intercultural.
La Universidad de Colima también impulsa programas de doble grado con institu-
ciones extranjeras en áreas como Negocios Internacionales, Comercio Exterior y Economía, mediante convenios con universidades de países como Alemania, Chile, China y Colombia.
Liderazgo del rector en organismos internacionales
Desde que el rector, Christian Jorge Torres Ortiz Zermeño, asumió su cargo en 2021, se han impulsado diversas acciones en este rubro tales como la participación y liderazgo en organismos internacionales y el fortalecimiento de la presencia de la UdeC en organismos como: la University Mobility in Asia and the Pacific (UMAP), la Organización Universitaria Interamericana (OUI), la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) y la Asociación Mexicana para la Educación Internacional (AMPEI).
Actualmente, el rector es vicepresidente regional para México de la Organización Universitaria Interamericana (OUI-IOHE), reelecto para el periodo 2025-2027. Dicho organismo agrupa a más de 350 universidades e instituciones de educación superior de 28 países del continente americano.
La “Internacionalización solidaria”: un eje transversal del modelo educativo Como podemos apreciar, la internacionalización se ha vuelto un tema relevante en nuestra institución, tan es así que se ha incluido como uno de los ejes transversales dentro del Programa de Gobierno Universitario 2025-2029, denominado “Internacionalización solidaria”. Este eje busca integrar la dimensión internacional en todas las funciones universitarias: docencia, investigación, extensión, vinculación y cooperación académica. A su vez, este eje también forma parte del Nuevo Modelo Educativo de la UdeC, definiéndola como un mecanismo “para ampliar los horizontes de aprendizaje”.
Al respecto, el rector ha sostenido que las universidades deben responder a desafíos globales y formar estudiantes con visión internacional, sin perder el compromiso social local. Por ello, la internacionalización debe ser: transversal, colaborativa,
humanista, vinculada con sostenibilidad y pertinencia social. Asimismo, ha insistido en que el modelo contemporáneo de internacionalización ya no depende sólo de intercambios físicos, sino también de: redes de investigación, cooperación virtual, internacionalización del currículo y proyectos multiculturales e interinstitucionales.
Principios y alcances de un modelo ético y colaborativo
La Internacionalización solidaria se concibe como un enfoque integral de la educación superior, sustentado en los principios de reciprocidad, cooperación y responsabilidad global. Su alcance trasciende la movilidad académica tradicional, orientándose hacia la construcción de relaciones académicas éticas, colaborativas y socialmente responsables entre instituciones y comunidades de aprendizaje a nivel mundial.
Su propósito central es fortalecer alianzas significativas que contribuyan activamente al desarrollo sostenible, la justicia social y el bienestar común, promoviendo la inclusión, la equidad y el diálogo intercultural frente a los desafíos globales contemporáneos. Desde esta perspectiva, la internacionalización se convierte en una herramienta estratégica que enriquece los procesos educativos, científicos y de vinculación de la Universidad de Colima, potenciando su papel en la cooperación académica y científica internacional.
Al integrar dimensiones globales que articulan lo local con lo internacional, la internacionalización solidaria impulsa el diálogo de saberes, la innovación social y la formación de profesionales y ciudadanos críticos, reflexivos y comprometidos con su entorno. De este modo, consolida la proyección solidaria y ética de la institución en el contexto global, contribuyendo a la construcción de sociedades más justas, inclusivas e interculturales.
Democratizar el conocimiento: el futuro es humano, no solo digital
Para el rector, la internacionalización es una enorme fortaleza y una prioridad para la Universidad: “en la institución
le apostamos a la internacionalización como un medio para elevar la calidad de nuestros procesos y resultados de las funciones sustantivas: docencia, investigación y extensión”. Uno de los objetivos principales de este eje es, precisamente, democratizar los conocimientos y la información intercultural y así formar profesionales con el dominio de la técnica y, al mismo tiempo, personas con la sensibilidad y conciencia de sentirse parte de una amplia comunidad humana.
Conclusión: de un privilegio tecnológico a una humanidad compartida
Lo que hace tres décadas parecía un privilegio tecnológico reservado a unos cuantos —escuchar a un experto al otro lado del mundo sin moverse del aula— se ha convertido hoy, gracias a la conjunción entre innovación digital y voluntad institucional, en una posibilidad democratizadora al alcance de la mano. La Universidad de Colima no solo ha sabido leer esa transformación: la ha asumido como un compromiso ético. Bajo el principio de una internacionalización solidaria, trasciende el viejo paradigma del intercambio físico para abrazar una visión donde la cooperación virtual, las redes de conocimiento y el diálogo intercultural se integran transversalmente al currículo, la investigación y la vinculación social.
Así, al mirar el futuro, la Universidad no solo forma profesionistas con visión global, sino ciudadanas y ciudadanos críticos, arraigados en lo local pero capaces de construir puentes justos y sostenibles en un mundo que —aunque alguna vez imaginó la globalización en una pantalla— hoy exige, más que conectividad, humanidad compartida.
Yo era otra de Zeydel Bernal
Por Krishna Naranjo Zavala
Dejar de ser la de siempre. Ser otra. Ver lo que hemos sido. Yo era otra (2025), el poemario de Zeydel Bernal, nos brinda una palabra clara, un verso directo como su personalidad decidida. Quién no ha asistido a las conducciones vitales y espontáneas —y por ello desenfadadas y liberadoras— que la autora ha realizado a diversos escritores de Colima o que radican en nuestro estado aportando su creatividad al panorama literario. Este camino extenso emprendido por la poeta nos muestra que la palabra sabe mejor cuando se participa en un diálogo, en el acto de convidar el pan. Porque estos encuentros, inaplazables, dan esperanza, tocan nuestras fibras sensitivas. Es en el intercambio del verso cuando acariciamos el dolor o la alegría, emociones desplegándose en la complejidad y la contradicción que somos.
Escribió José Emilio Pacheco en “Interrogaciones”, un agudo poema en prosa: “Qué extraño estar aquí y no en otra parte, hoy y no en 1204 o en 1827. Qué misterio ser yo y no tú, o tú y no yo”. Veamos ese ejercicio de quien se mira a sí misma a través de la escritura, de sus metamorfosis y sus anteriores versiones. El poemario, de verso libre, se organiza en tres apartados: “Cantos para volver del fuego”, “Memorias del cuerpo y de la sombra” y “Rituales”. Cabe señalar que al final del poemario sus lectoras encontrarán una interesante pregunta que, al menos para mí, contiene su respuesta. Tal interrogante deja una certeza: hay que dotarle un amoroso destino a la Palabra en tanto creadora.
En verso libre, los poemas del primer apartado nos dejan ver, en algunos momentos, un lenguaje depurado que la voz lírica teje para manifestar su verdad ante, por ejemplo, el sentido transformador del fuego. De igual manera, se expresa una voz que apuesta por alzar una sentida petición de la colectividad cuyo estilo tiende al mecanismo compositivo de la oración: Agua santa, queremos vernos en ti haznos visibles a los nuestros.
Déjanos respirar. (p. 20)
El poemario de Zeydel propone una cartografía universal, pero también cotidiana e incluso íntima. Estas vetas interpretativas constituyen el obsequio de la literatura para nosotros siempre errantes de un mundo que no cesa de asombrarnos, por
fortuna y por desgracia. Reconoceremos en las páginas de este trabajo, una ciudad herida que puede ser la nuestra, el país entero o de otros confines. Las atmósferas, las sensaciones y las metáforas de Yo era otra se expresan en versos puntuales que hacen apropiárnoslos. El clima de violencia se deja sentir:
Vivos y muertos exigimos salir del lugar común de este presente clausurado, de la violencia que nos aturde. Por eso gritamos.
Este país debe parirse otra vez desde sus ruinas,
reaprender palabra por palabra lo que nos han arrebatado. (p. 23)
Un poema que evoca la sentencia de Gabriel Celaya: “La poesía es un arma cargada de futuro”. Así, Zeydel Bernal nos propone una voz colectiva que necesita saber que todo cuanto nos rodea, puede rehacerse. Ofrecer otro horizonte. Porque, la cito: “reaprender palabra por palabra” es también renacer. En la segunda sección del poemario, la memoria afectiva cobra relevancia, así como la muerte con sus flores en ruinas ante la mirada de la poeta. Un poema que renemora a la abuela inaugura este apartado. Vemos, en los versos de Zeydel, a una mujer mayor que reacciona con extrañeza, quizá se trata de la pérdida de la memoria. Leemos versos que traslucen el acto mirarse a sí misma, a la vez entrar en los otros, entrar la figura de la abuela, ejercicio de otredad:
Infiltrarme en tu tiempo, estar ahí, antes del daño porque el cáncer no fue tu última muerte. (pp. 33 – 34)
Finalmente, la poesía es una suerte de ritualidad. En la tercera sección del poemario, la voz lírica ha llegado, me parece, a una de las afirmaciones más contundentes: ser feliz. Pienso en este poema como una condensación de un manifiesto propio, de la poeta y, por qué no, en una libre declaración de lo que se es y se desea. Leamos “Danza con la sombra”:
Mira: soy feliz, en fuga, como un gato tras su sombra. Como un ratón que no se deja atrapar.
Mírame de frente, como si en mí naciera el horizonte.
La constancia del amanecer me promete algo eterno.
Todo lo que marcha no regresa.
Pero no deseo cargar el mundo: quiero entregarlo todo, morir de vida, abrir mis fronteras, ser desborde, lumbre.
Soy hermana de cada todo que existe.
Paso por esta tierra y soy mi propia metamorfosis.
Zeydel Bernal nos ha compartido que la escritura es una manera de transformarse. De viva voz ha dicho: “Yo escribo para vivir, para respirar”. Celebremos su oficio creativo, seamos con ella, el verso; esa otra que se desprende en múltiples posibilidades líricas.
Referencia:
Bernal, Z. (2025). Yo era otra. Archivo Histórico del Municipio de Colima.
Christian Jorge Torres Ortiz Zermeño Rector
Joel Nino Jr Secretario General
Jorge Martínez Durán Coordinador General de Comunicación Social
Directorio
Jorge Vega Aguayo Director General de Prensa
El Comentario Semanal
José Ferruzca González Director del periódico El Comentario
Marco Antonio Vuelvas Solorzano Editor
Miguel Ángel Ávila García Edición y diseño
Recordar / olvidar
¿Por qué es importante pensar la memoria?
Por Alexandra Pita González
La memoria es un tema de investigación para científicos de distintas áreas —exactas, sociales, humanísticas, de la salud—, pero independientemente de si nos dedicamos a su estudio o no, es un problema que nos atañe a todos. Esto es así porque se trata de algo tan intrínsecamente humano que lo tenemos por dado: lo usamos todo el tiempo y, sin embargo, raramente nos detenemos a reflexionar sobre ello. No es extraño que así sea; tendemos a naturalizar aquello que nos es tan propio que ni siquiera percibimos su presencia ni su poder, hasta que falla o falta del todo. Solo reparamos en la memoria cuando entramos en los territorios del olvido: ya sea porque, con la edad o el cansancio, comenzamos a tener lagunas, o porque, lamentablemente, cada vez se escucha hablar más de enfermedades en las que ese olvido es un camino de ida, del que ya no se regresa. Aun así, lo que perturba a los familiares de quienes padecen Alzheimer es la inmensidad del olvido, porque se siente —no solo se piensa.
He visto cómo las personas con esta dolencia repiten las mismas preguntas, como si en algún punto del camino toda la historia compartida desapareciera y con ella no solo la capacidad de ese familiar querido, sino la de todo un grupo: esa necesidad tan humana que es recordar. Hay algo devastador en ese proceso que va mucho más allá del diagnóstico clínico. Lo que se pierde no es solo un nombre, una fecha, una cara; lo que se pierde es el hilo que teje la identidad de una persona con la de quienes la rodean. Cuando alguien olvida quién eres, algo de ti también se diluye en ese olvido. Esas
preguntas repetidas reflejan una angustia no solo individual sino profundamente social, porque la línea que marca el momento en que empieza una y termina la otra es difícil de trazar.
¿Pero qué es exactamente lo que recordamos, y cómo funciona ese proceso que parece tan natural y sin embargo es tan extraordinariamente complejo?
No importa si nuestra perspectiva nace de entender el proces que sigue el cerebro para gestionar cada fragmento de información (codificación, almacenamiento y recuperación) o de pensar en sus particularidades y la forma en que esto se hace visible en nuestro día a día. La arquitectura del archivo mental nos impone pensar que el cerebro organiza nuestro mundo a través de una red de subsistemas interconectados. Nuestros recuerdos no son solo datos, están “anclados” por la química del sentimiento y el contexto social. Por eso se habla de que hay distintos tipos de memoria: la emocional (indispensbale, relacionada con la supervivencia), la autobiográfica (que permite la no menos acción de archivar la identidad), la
olfativa (que habilita esos entrañables recuerdos de la abuela o la madre).
Lo fascinante de esta arquitectura es que no opera en compartimentos estancos. Cuando un aroma nos transporta de golpe a la cocina de la infancia, no es un solo sistema el que se activa: es una constelación de memorias que se despiertan simultáneamente, arrastrando consigo emociones, sensaciones corporales, fragmentos de conversaciones que creíamos olvidados. La memoria, en ese sentido, no es un archivo ordenado sino un tejido vivo, en constante reconfiguración. Cada vez que recordamos, en realidad estamos reconstruyendo, y en esa reconstrucción inevitable algo se modifica, algo se añade, algo se pierde. Recordar no es reproducir: es reinterpretar. Por lo tanto es fruto de una permanente selección, proceso que se produce no solo cuando se imprime por primera vez un recuerdo a partir de un estímulo, sino cada vez que se la recrea en nuestra mente. Cada una de estas memorias opera a nivel individual para permitirnos habitar este mundo, y tanto la memoria como el olvido se convierten en herramientas valiosas,
esenciales, fundamentales, que habilitan simultáneamente una extraña mezcla en la que se funden el pasado, el presente y el futuro. Como nos recuerda la filosofía, la interaccion entre percepción y el mundo como representación es fascinante no solo como creación sino porque a partir de ellas se construyen explicaciones de lo que es y no es, de lo cierto e incierto, de las verdades y las mentiras.
¿Qué ocurre entonces cuando la memoria deja de ser individual y se convierte en la memoria de un pueblo, de una nación, de una época entera?
La historia, disicplina en la cual me inscribo apasionadamente, se basa en las memorias, tanto individuales como colectivas. A través de ellas tenemos testimonios de cómo fue vivido y al contrastar muchos documentos/memoras, se busca entender lo que sucedió. Sin embargo, solemos olvidar en ese proceso interviene más de una memoria y que estas no siempre son coherentes entre sí, sino a veces estan en plena contradicción. Solemos olvidar los silencios, lo no dicho.
Aunque prolijamente científico, nuestro método olvida por momentos lo complejo que es la construcción social de la memoria: esa que está anidada en el contexto en el que se forma y cristalizada en el momento en que se enuncia. Somos conscientes de que el recuerdo de un mismo acontecimiento, vivido por personas que estuvieron en un mismo espacio y tiempo, es un proceso muy complejo de reconstrucción y deconstrucción: una batalla entre recuerdos individuales -no exentos de luchas de poder- en la que, finalmente, un grupo determina qué es lo que pasará a la historia escrita como recuerdo colectivo sobre un evento traumático (una guerra, un terremoto) o, al contrario, un evento de regocijo (una celebración, un triunfo). El dicho “la historia la escriben los que ganan” no solo nos lleva a pensar en la manera en que el poder impone intencionalmente un recuerdo sobre lo ocurrido, sino también en cómo se busca en el pasado la legitimidad que le falta en el presente. Los monumentos que se erigen y los que se derriban, los
nombres que se borran de los libros de texto y los que se graban en mármol, las efemérides que se celebran y las que se silencian: todo eso es política de la memoria. Y esa política no es neutral; nunca lo ha sido.
Pero si la memoria colectiva puede ser un instrumento de poder, el olvido colectivo lo es aún más. Las sociedades no solo construyen relatos sobre lo que ocurrió. Pactan, a veces de manera explícita y a veces en silencio, lo que prefieren no recordar. Las amnistías políticas, los archivos sellados por décadas, las generaciones que crecen sin conocer capítulos enteros de su propia historia: todo ello forma parte de lo que algunos historiadores llaman el “olvido administrado”. No es el olvido natural del tiempo, sino el olvido como decisión. Y esa decisión, como toda decisión de poder, beneficia a unos y perjudica a otros. Las víctimas de la historia que no se cuenta no solo pierden justicia; pierden también existencia simbólica. Cuando un acontecimiento desaparece del relato oficial, quienes lo vivieron quedan atrapados en una soledad particular: la de recordar algo que, para el resto, nunca sucedió.
Esto nos pone frente a una tensión genuina que la historia (y otras disciplinas) no siempre resuelven con comodidad: ¿cuándo recordar es necesario para sanar y cuándo puede convertirse en un obstáculo para la convivencia? No hay una respuesta única, y quizás no deba haberla. Lo que sí sabemos es que suprimir la memoria no la elimina; la empuja hacia adentro, donde sigue operando de otras maneras en el resentimiento, en la desconfianza, en las fracturas que reaparecen cuando menos se esperan. La memoria colectiva no procesada no desaparece: se sedimenta.
¿Y qué pasa con esas memorias que no elegimos cargar, pero que de todas formas nos pesan —las que el cuerpo guarda aunque la mente preferiría soltar?
Sin la capacidad de recordar la historia parece repetirse pero recordarlo todo también tiene un alto costo. Sin la posibilidad de olvidar, estaríamos literalmente para-
lizados por el peso de cada detalle vivido. El olvido no es solo ausencia, es también una forma de higiene mental, una condición necesaria para seguir avanzando como individuos y como sociedad.
Podríamos seguir pensando la memoria y el olvido porque es un tema apasionante. Pero en lugar de ello, me gustaría invitar a pensar en la forma en que nuestro cuerpo guarda recuerdos de cosas que nuestra mente prefiere olvidar. Esa memoria, puede retener desde el acoso que alguien sufrió en su entorno (escolar, laboral, familiar) hasta el impacto físico de un accidente o intervención y esto es solo por mencionar dos aproximaciones que, lamentablemente, me son cercanas. Sabemos que generan un estrés residual que contamina el cuerpo y el alma, uno que acelera el ritmo cardíaco sin aparente motivo; y, sin embargo, no nos animamos a exponerlas, a compartirlas, porque en el fondo seguimos creyendo que el único poder que tenemos sobre la memoria y el olvido está en mantenerlas bajo nuestro silencioso control personal.
Pero ese control es una ilusión más reconfortante que real. La memoria no nos pertenece del todo; nos habita, nos moldea, y a veces nos traiciona sin que lo elijamos. Quizás parte del trabajo que nos toca como individuos, como comunidades, como disciplinas académicas, es aprender a relacionarnos con ella de otra manera: no como un archivo que hay que custodiar, sino como un territorio vivo que hay que explorar con honestidad, con cuidado y, sobre todo, con humildad.
Sinapsis Gráfica
Elena Garro en el teatro y en el cine
Por: Karina Ortiz Bonales
Cuando pensamos en referencias de la escritura mexicana tenemos nombres que aparecen en mayúsculas dentro de la historia de los libros, nombres como el de Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Octavio Paz que además es Nobel de Literatura forman las grandes referencias de escritores consagrados, numerosos estudios académicos se han desarrollado a partir de sus obras, son citados por autores que comienzan considerados referencia para desarrollar el oficio, y llenan las fechas conmemorativas de las redes sociales en sus aniversarios luctuosos y de nacimiento, eso lo tenemos bastante cercano.
Por otro lado, sin el afán de venir a molestar otra vez con lo mismo tenemos la mirada pendiente en la lista y nos faltan nombres de mujeres, se me viene a la mente Rosario Castellanos de inmediato porque parece que ha librado la convención, tenemos a otra mujer y hoy vengo a hablar de ella para ver si estamos de acuerdo en que ya tiene su lugar también en este listado, me refiero a Elena Garro.
Es una escritora muy versátil que cultivó prácticamente todos los géneros literarios, que desde muy joven se vinculó al arte desde la danza y el teatro, no comparto para nada el afán de victimizar o encumbrar su camino, creo que debemos apegarnos al reconocimiento de su producción, cierto es que deslumbran sus avatares personales, especialmente su matrimonio con uno de los autores mencionados en párrafos anteriores, sin embargo al poner de lado esa parte de su historia tenemos a una mujer que destacó y es recordada por su producción y
también por tener muchos gatos, pero de eso hablaremos en otra ocasión.
Especialmente en esta Sinapsis Gráfica quiero hacer alusión a la relación de Garro con el teatro y el cine, porque como decíamos ya su capacidad para cultivar el cuento, la novela, el guión cinematográfico, la dramaturgia, la poesía, la crónica, el diario y hasta el periodismo con notas de sociales es destacada muchas veces en cantidad, ciertas obras con mayor calidad que otras pero siempre presente su huella y capacidad de crear, reconocida con soltura por su novela Los Recuerdos del Porvenir o por los cuentos de la Semana de Colores, sabemos que la producción de su obra abarcó mucho más.
El teatro de Garro se compone de dieciséis piezas teatrales aunque se desconoce el orden de creación. Doce de las piezas de Elena pertenecen al teatro breve: Un hogar sólido está inspirado en el árbol genealógico de Garro, Los pilares de doña Blanca escenifica la canción infantil que le da nombre, El Rey Mago presenta a un hombre que no puede alcanzar su libertad porque no se atreve a seguir las indicaciones fantasiosas de un niño, Andarse por las ramas se trata de una mujer llamada Titina que está cansada de los regaños de su marido y pretende escapar dibujando con un gis rojo una ventana que luego abre para llegar a las ramas de un árbol, Ventura Allende trata de un campesino que entra a un zoológico y cansado de no recibir ayuda se convierte en borrego, El Encanto, tendajón mixto presenta la enorme diferencia entre los que tienen la capacidad de la ilusión y quienes carecen de ella, La mudanza aborda el dolor de los que se están volviendo viejos y presienten la muerte, dicen que se inspiró en algunos familiares de Octavio Paz para construir los personajes, La señora en su balcón
presenta las razones de vivir y la sinrazón del suicidio en una mujer que revive tres momentos de su vida antes de tirarse por el balcón. El árbol da vida a las reacciones de una mujer llamada Martita trastornada por las creencias de su sirvienta Luisa que la orillan a confesarse con un árbol que se seca sin que ella logre el perdón, Los perros escenifica el ciclo trágico de la violación femenina como iniciación sexual, Benito Fernández muestra un puesto de cabezas en el mercado de la Lagunilla a donde acude el descabezado Benito a comprarse una, en El rastro el protagonista Adrián Barajas se enfrenta a la muerte en su jacal y las siguientes cuatro obras pertenecen al teatro de largo aliento de tres actos: La dama boba, su trama explora las diferencias de la realidad y de sus apariencias con perspectivas occidentales e indígenas mexicanas, Felipe Ángeles, es una pieza dramática crítica de la Revolución Mexicana. No es histórica del todo a pesar de que sigue fielmente los documentos del juicio de Ángeles, pero la figura del protagonista logra rebasar la imagen de un héroe oficial hasta alcanzar la conciencia colectiva de todo el país, Sócrates y los gatos es su única pieza sobre el tema del 68, en ella se percibe el terror y la impotencia, la trama se centra en Verónica y su hija Lely que en compañía de sus gatos, se esconden después de sobrevivir a la matanza en la plaza de Tlatelolco y Parada San Ángel compuesta por tres actos fue su última pieza que cuenta con otra versión llamada Parada Empresa que redujo a dos actos que relatan las desventuras de Fermín y su esposa Silvia, decía Garro que aunque la obra no era fantástica el segundo acto podría resulta un poco mágico dentro de su desarrollo completamente realista.
En una nota de Elena para presentar la segunda versión teatral de El árbol menciona que escribió teatro por compensa-
ción, porque sus deseos verdaderos eran hacer teatro desde la escena. Es decir ser actriz, apuntadora, tramoyista, bailara o aun acomodadora, menciona. Lo importante era estar en el teatro, pero que un matrimonio temprano le impidió con decisión férrea estar en las tablas. Entonces decidió aproximarse a él escribiéndolo y remata diciendo que se considera discípula, mala, pero discípula de los escritores españoles, no solo de autores de teatro sino de los prosistas como Valle-Inclán y Gómez de la Serna y que para su vergüenza, no lee casi nunca a autores modernos que le parecen ramplones y faltos de imaginación. Así comprendemos sus influencias y el tono de su escritura dramática atravesada por lo cotidiano pero siguiendo las métricas de sus grandes referentes, fiel a la costumbre de una escritora autocrítica el término mala discípula está en su cabeza, pero al paso del tiempo comprobamos que ese juicio no es atinado, Elena escribe obras de teatro que destacan y mantienen su esencia, mencionaremos ahora su relación con el cine.
Las contribuciones de Garro al cine mexicano son destacadas. El guionismo cinematográfico está relacionado íntimamente con la dramaturgia. Su primera actividad en el cine fue como actriz del corto Humanidad de 1934 dirigido por el pintor mexicano Adolfo Best Maugard, en ese momento Elena era estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y tomaba clases de danza clásica.
Inició sus labores de guionista bajo la dirección de Julio Bracho, con Historia de un gran amor, inspirado en la novela de Pedro Antonio de Alarcón, El niño de la bola. Los actores fueron Jorge Negrete y Gloria Marín. El nombre de Garro no apareció en los créditos. En 1958 Garro colaboró como argumentista en Las señoritas Vivanco, dirigida por Mauricio de la Serna, con las actuaciones de Pedro Armendáriz, Ana Luisa Peluffo, Manolo Fábregas y en los papeles protagónicos las llamadas “abuelitas del cine mexicano” Sara García y Prudencia Grifell. En el argumento contribuyó también Juan de la Cabada, con adaptaciones de Josefina Vicens y del
mismo director. Esta cinta alcanzó tanto éxito que tuvo otras películas, aunque ya sin la colaboración de Elena.
Luego tenemos las películas que fueron construidas a partir de las creaciones de Elena Garro, destaca la relación con el aristócrata, director y productor de cine Archibaldo Burns que filmó Perfecto Luna, en color, con argumento de un relato de Garro que posteriormente fue incorporado a La semana de colores, sin que la autora colaborara en el guión. La cinta fue enviada al Festival de Cannes, pero no tuvo buena fortuna, también quedó enlatada y nunca logró distribución comercial. Con Archibaldo Burns también se filmó Juego de mentiras o La venganza de la criada, inspirado en la obra El árbol, él mismo la adaptó para cine. La amistad de Burns con Elena duró décadas y se dice que tuvieron una relación sentimental, la novela Paseo de la Reforma de Elena Poniatowska recrea las peripecias de este vínculo en dónde los personajes se llaman Ashby Egbert y Amaya Chacel dónde resaltan la frivolidad y los excesos de la burguesía, basadas en los hechos reales de un junior adinerado que quiere hacer cine y conquistar a una mujer hermosa recién divorciada.
En 1965 se estrenó el filme Sólo de noche vienes con la dirección de Sergio Véjar y argumento original de Garro, que también colaboró en el guión, junto a Manuel Zeceña y el propio director. Las actuaciones fueron de Elsa Aguirre y Julio Alemán. Destaca la música de Charles Trenet.
Arturo Ripstein dirigió Los recuerdos del porvenir en 1968, la adaptación fue de Julio Alejandro y el mismo director. La estelarizó un grupo de actores de la nueva generación de entonces: Daniela Rosen, Julián Pastor, Pedro Armendáriz hijo, Susana Dosamantes, Claudio Obregón y Beatriz Sheridan. El papel protagónico fue del italiano Renato Salvatori y Bruno Rey realizó el doblaje para que sonara con acento mexicano. Lilia Aragón prestó su voz a la narradora. Con fines de corrección política se cambió la Guerra Cristera presentada en la novela por la tan representada Revolución Mexicana.
Su última intervención cinematográfica fue en 1971 con la película Las puertas del paraíso, dirigida por Salomón Laiter, con argumento original de Elena, quien por estar en el exilio no colaboró en la adaptación, sino que quedó en manos de Eduardo Lizalde y el director. La trama describe la vida de una juventud cosmopolita y sus vicios, incluida la drogadicción. Las actuaciones de Jacqueline Andere, Jorge Luke, Milton Rodríguez y Ofelia Medina pretendieron ser realistas. La cinta tuvo poco éxito en taquilla, aunque recibió un Premio Ariel como la mejor película mexicana de 1972.
En conclusión, la trayectoria de Elena Garro en el teatro y el cine mexicano revela a una creadora cuya imaginación no conoció límites de género ni formato. Al transitar con maestría desde la dramaturgia breve hasta el guionismo de gran éxito comercial, Garro consolidó un legado como escritora versátil que logró superar las etiquetas biográficas para imponer la fuerza de su propia voz. Su impacto en las artes escénicas y visuales permanece vigente, no sólo como un referente histórico de la literatura del siglo XX, sino como una presencia viva que sigue desafiando nuestra percepción de la realidad a través de la potencia de sus imágenes y la profundidad de sus historias.
Poemas Miguel Ángel León Govea
De niño quise probar que el volcán en realidad era una metáfora, fuego de pirámides edificadas por el tiempo. Probar, que más que los siglos es la memoria quien deposita sus capas en los fértiles campos de la existencia.
De niño no sabía cómo nombrar la arqueología de mis anhelos “Papá, llévame al volcán” era todo el lenguaje técnico del que disponía.
De niño, ocho años de niño, en el tamaño de mis dedos todo el volcán cabía. Hoy, mis mediciones son meditaciones, porque leo en sus cenizas el futuro de mi cuerpo; porque creo en el colapso como el lapso que durará aquí mi pensamiento. De niño quise subir ese volcán, pirámide de mis memorias, y recibí a cambio toda la esperanza.
Ayer bañé a mi padre
La vejez es fortaleza ante la muerte.
El cuerpo se prepara, setenta y cuatro años de entrenamiento hacen de su cuerpo un homenaje a la vida.
Sus piernas como el tallo de la última hoja lista para florecer.
El mismo fémur que me ensenó, cuando niño, cómo tomar su lugar en el carro, en caso de un infarto.
El mismo par de tibias con que subimos la montaña y me señalaban dónde pisar. Cómo no caer al vacío.
Sus manos que tejían nuestras ropas, en realidad, los recuerdos.
Ayer bañé a mi padre. en el mismo baño en que treinta y seis años atrás me enseñó a bañarme.
El agua es vida. Estas lágrimas, papá, son la semilla.
Quiero un libro de poesía ante la guerra
Quiero un libro de poesía ante la guerra, versos que orillen a la muerte a refugiarse en la vida.
Palabras y no ciudades convertidas en hogueras.
Estrofas de avanzada recitando en la memoria el derecho universal al silencio de la noche.
Un premio a la mejor página antibalas. Reimpresiones de la historia herida. Y un banco para donadores de tiempo.
Quiero un libro de poesía ante la guerra
Quiero un libro de poesía firmado por todos los altos mandos de la inocencia.
Bienvenida
Hace tiempo que el mar es tu voz y yo he llegado a tierra triste para escarbar un tesoro inexistente. Sucede que lentamente mueren en mí los puntos cardinales, los recuerdos son un mapa antiguo interesante e inservible para encontrarte.
No sé en dónde estás, sucede.
En el canto de los mirlos titilan sólo ecos, y nuestras pupilas tiritan hincadas sobre la sal.
Creo en tu presencia como olas que golpearán eternamente mi cuerpo, arena de tiempo.
Creo en tu presencia como un mundo relativo, a una vía láctea de tocarte en aquel beso que no existimos.
Pero en dónde estás, sucede.
Y es cierto, el cielo es sólo eso. Bienvenida/Archivo/Guardar como: /a la nostalgia.
Catedral de sal
A veces, un hombre cae en la mesa de un desierto.
Desnudo, piensa en la mirada que tendrá frente a su espejismo.