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No. 5 Oct 2012

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Edición No. 5

EL MANGLE

Octubre 2012

Periódico virtual y ecológico del árbol genealógico de raíces limeñas

Editores: Francisco Silva y Beatriz de Silva Diagramación: Andrés López Cornejo


Contenido Carátula Fotos superiores: Mamá Carlota y Papá Juan José Foto inferior de izquierda a derecha: Abel de Jesús, Luis Alejandro, Rosa Elena, Juan José, Carmencita y Carlos Julio. Sentada Mamá Carlota Editorial Edición dedicada a las raíces limeñas de la familia Mojica en el Primer aniversario de El Mangle - Francisco Silva Mojica Raíces Limeñas Mamá Rosita Celebración de un siglo de existencia - Germán Ruiz Silva La Rosa Del Limo (Bambuco) - Jose Macía Juan José Mojica Escrito de Carmen Mojica de Hanke Luis Alejandro Mojica Pequeña semblanza del tío, papá y abuelo - Gladys Mojica Abel de Jesús Mojica Crónica del primer Mojica en EEUU. - Abel Mojica Jr. Carlos Julio Mojica Recordado por su hija Consuelo y los nietos Schumacher Mojica Carmencita Mojica M. La hermana menor de la familia - Francisco Silva M.


Reflexiones ¿En dónde está Dios? - Hernando Silva S.J. El balcón de la cabaña La casa de Mamá Rosita - Luis Francisco Silva G. El rincón de la poesía Pequeña reseña de los Mojicas - Juan José Mojica M. Gastronomía casera Posta negra cartagenera - María Elena de Alvarado Plátanos en tentación - María Elena de Alvarado Notas sociales Bienvenida a Laura y Jorge - Carlos R. Silva M. Canción épica para Jorge y Laura - Germán Ruiz Silva Saludo al Padre Hernando - El Mangle Cumpleaños Cartas a la redacción Avisos


Editorial

Raíces limeñas de la familia Mojica Según el libro “Tasco Colonial y su desarrollo histórico” del pariente José Mojica Silva (1971), la familia Mojica desciende de los españoles Bernardino de Moxica Guevara y Sebastián de Moxica Buitrón, quienes fueron Procurador y Alcalde de Tunja respectivamente en el siglo XVI. Sus descendientes vivieron primero en Sátiva y luego en Tasco, de donde son oriundos don Salvador Mojica Higuera y José Francisco Mojica Corredor, abuelo y papá de Don Juan José Mojica Olivos, quien contrajo matrimonio con Doña Carlota Mojica Valderrama y tuvieron seis hijos: Rosa Elena, Juan José, Luis Alejandro, Abel de Jesús, Carlos Julio y María del Carmen. Papá Juan José murió en El Limo el 29 de Diciembre de 1902 y Mamá Carlota murió en Bogotá el 29 de Noviembre de 1929. Según los tasqueños, los Mojica de El Limo eran muy linajudos y no se explica de otra manera el talante tan circunspecto de estos queridos ancestros, quienes heredaron la casona de El Limo y sus tierras aledañas. Para mí, que tuve el privilegio de conocerlos y tratarlos a todos, eran unas personas excepcionales en todo sentido.

Mamá Rosita era una verdadera matrona española que se desvivió en un principio por sus hermanos y luego por su esposo Roberto Silva y sus hijos: María Aurora, Rosa Elena, Carlos Roberto, Antonio José, Cecilia, Hernando, Francisco y Beatriz Carlota. El tío Juanito era un patriarca castellano muy devoto y con su esposa Lucrecia Márquez sacó adelante a sus hijos Juan José, Jorge, Hugo, Luis Gabriel, Carmencita y Carlos Hernán. El tío Luchito tenía un temperamento muy francés y con su ciencia alivió a mucha gente. Era muy cordial y bondadoso con todo el mundo y muy querido por toda la familia, en especial por sus hijas Gladys y Patricia. El tío Abel, de temperamento americano, muy ingenioso, fue como un segundo papá para los niños Silva Mojica. Con su esposa Leonorcita Perico formó un bello hogar junto con sus hijos Bertilda, Carlota, Abel, José, Leonor y María Eugenia. El tío Carlos Julio, de modales muy ingleses, fue un afamado médico obstetra y gozaba mucho de sus vacaciones en El Limo rajando leña y


jugando golf en el potrero de las Mojicas. Formó un hogar modelo junto con su esposa Lucy Betancur y sus hijos Pilar, Fernando y Consuelo. A la tía Carmencita no la conocí, decían que era una mujer muy bella y que murió muy joven en el año1927. Su esposo Víctor Manuel González era muy atento con todos y heredó la finca La Chapa hoy de Acerías Paz de Rio. Carmencita dejó como

herencia a El Limo los hermosos cuadros que adornan la sala y comedor de la casona. A todos estos personajes y a su recuerdo está dedicada la edición No. 5 de El Mangle en su primer aniversario y a quienes sus hijos y parientes presentan algunas remembranzas en este número. - Francisco Silva


Raices Limeñas

Mamá Rosita - Celebración de un siglo de existencia


- Germán Ruiz Silva


La Rosa Del Limo (Bambuco)


Juan José Mojica

Describir, quien fue Juan José Mojica Mojica, es para mi dilema, lo llevo dentro de mi alma, y esos tesoros son intocables, sagrados. Más mis familiares desean recordarlo…………. Nació el 9 de febrero de 1893 en el hogar de Don Juan José Mojica Mojica y doña Carlota Mojica Olivo. Heredó el nombre de su padre y el apelativo de DON que entonces era para la persona de bien, caritativa, culta y reconocida en la comarca. Formo su hogar con la niña Tasqueña Lucrecia Márquez (Nacida el 7 de junio de 1893), con quien contrajo matrimonio el 27 de Noviembre de 1915. linda, Inteligente. Llegaron seis hombres y una mujer; hogar bendecido por Dios, de costumbres sanas, de trabajo y superación. Cual fue su formación? Sus primeras letras las recibió de una institutriz que la familia contrato para que le enseñara sus primeras letras a los hijos en la finca de El Limo; luego paso a la escuela de Tasco, continuo sus estudios en Tunja en el Colegio fundado por Francisco de Paula Santander, hoy llamado Colegio de Boyacá. Inicio estudios de Derecho en el colegio Mayor del Rosario interrumpidos por el desceso del papa Juan José. Paso a administrar la extensa herencia familiar, recoger sus logros para subsistencia de la

familia que se traslado a Bogotá en cabeza y dirección de Mama Carlota que adquirió casa propia en el céntrico Barrio de las Cruces, allí estudiaron los hermanos: Mama Rosita, Luis Alejandro, Carlos Julio, Carmencita y Abel quien viajo a los Estados Unidos a terminar sus estudios de Electricidad. La vida Tasqueña con la presencia de Don Juan José Mojica Mojica , dos veces Alcalde, Juez y permanente concejal, le imprimió al terruño honestidad, civismo y porque no decir la alegría al organizar el Toreo y las fiestas patronales de la Virgen del Rosario de Tasco en colaboración de la autoridad eclesiástica, aunque era de otra opinión política. En su casa esquina de la plaza con balcón como mirador de la sociedad Tasqueña en las procesiones y actos culturales anuales. El y Mamacita atendían, y disfrutaban del talento musical de los Tasqueños “Rasga Tipleros” y también de la banda del poblado a la cual patrocino como diputado por la provincia en la asamblea de Boyacá con instrumentos y profesores. Tenia su refugio de meditación y solaz en el cuartico del balcón donde rumiaba el progreso del pueblo y de su familia; raras veces nos invitaba a visitarlo pues para entrar allí


teníamos que hacer movimientos gimnásticos, el espacio libre era mínimo, pues tropezábamos con colecciones de periódicos como: el Mensajero, Cromos, la Linterna, El Liberal, El Tiempo, El Espectador, etc, etc. Y claro su bandola colgada del techo porque la amaba, tocaba con gracejo, tonadas folclóricas que el tío Arístides le dirigía y amenizaba las reuniones familiares. La familia fue creciendo. Juanchito entro al seminario, a Jorge se lo llevo Mama Rosita para que estudiara en Santa Rosa. Pasaban los meses, los años y fue imprescindible buscar horizontes para continuar con la educación de los otros hijos. El destino nos llevo a Tunja. Ciudad que nos abrió sus brazos, nos dio armas para trabajar. Mama Luca aporto su amor de madre y sus capacidades de mujer emprendedora, responsable amante de su esposo e hijos, para lograr éxitos y triunfos familiares. Ella preparaba la maleta de cada hijo para llevarlo a la Universidad en Bogotá. Papacito Trabajaba en el catastro, recorrió el Departamento y cuando regresaba de sus viajes nos describía los paisajes conocidos sus gentes y nos daba ánimo y amor por nuestro país. ”Prepárense para prestarle un servicio a la tierrita que nos vio nacer” Era su frase.

Me ausenté de mi país para estudiar en Alemania. No me sentí lejos pues la cariñosa y cumplida correspondencia con papacito me alentaba a seguir adelante. Mi regreso fue feliz y triste encontré a todos pero no pude abrazar a mi hermano Luis Gabriel.

Ahorrando centavo a centavo que ocasionalmente recibía papá le pidió a Juanchito (el tercer Juan José Mojica de la familia) que diseñara una estrella de siete puntas en honor a sus hijos para que enmarcara el retablo de la virgen del Rosario patrona de Tasco y que actualmente preside el altar mayor. No puedo dejar de presentar la estampa de papá en su misa cotidiana a las 9 en la iglesia de Lourdes arrodillado sostenido con su paraguas, orando y dando Gracias a Dios… - Carmen Mojica de Hanke


Pequeña semblanza de Luis Alejandro el tío, el papá, el abuelo

amigo en todos sus problemas y tristezas. Fue un destacado tenista en Facatativa donde ejerció por varios años. Le encantaban los carros y siempre disfruto de excelentes modelos: Ford, Lincoln, Mercury Monterrey. Era muy elegante. En las tierras cálidas siempre usaba vestidos blancos completos y zapatos del mismo color, conquistando a las muchachas mas bonitas de la localidad, y en las tierras frías usaba vestido con chaleco, abrigo y sombreros de última moda. El tío Luchito, mi papá, fue un personaje de su tiempo. Tierno, dulce, juguetón. El preferido por sus sobrinos y su nietos con quien compartía su afición por el juego de cartas, el póker, sus historias de aparecidos y fantasmas, dejando sentimientos de angustia y miedo cuando en las noches limeñas había que salir a traer leña para prender la chimenea. Hoy todavía se siente recelo de salir en la oscuridad por los corredores de la Casona. Fue un excelente Médico querido por todos sus pacientes a quienes no solo curaba sus cuerpos sino también sus almas, pues era su confidente, su

Amante de la pólvora, en todas las Navidades llegaba al Limo cargado de cajas llenas de luces de Bengala, volcanes, rodachinas, busca niguas, globos de hermosos colores, alborotando a toda la muchachada y prendiendo las novenas. Uno de sus más caros afectos fueron los perros compañeros inseparables de sus paseos, fogatas, soledades, especialmente El Boby a quien le mando construir una tumba para recordarlo siempre. El cine fue uno sus pasatiempos favoritos, y de hecho fue él quien llevo sus famosas películas a las inolvidables funciones limeñas de las


ocho en punto de la noche. Y una de sus estrellas preferidas fue Sarita Montiel, tanto que compro varios discos importados directamente de España. También le gustaban los tangos de Carlos Gardel, la música de Jorge Negrete y Agustín Lara, siendo un admirador furibundo de Mari a Félix.

Este es un brevísimo recuento de su personalidad y de su temperamento alegre, jovial y descomplicado, que tanta huella ha dejado en nuestras vidas y en nuestra familia y que siempre llevaremos en el fondo de nuestros corazones. - Con amor tu hija Gladys

Abel de Jesús Mojica: Crónica del primer Mojica en EEUU. "Salvado por una nariz"

Corría el año de 1919, Abel Mojica Mojica se graduaba de bachiller en el Colegio Boyacá de Tunja, todo un honor en esos tiempos cuando un gran porcentaje de los colombianos eran analfabetas. Sus condiscípulos más aventajados soñaban con ser admitidos en universidades de Bogotá. Sin embargo Abel tenía planes más ambiciosos, y sus sueños a veces rayaban en lo inverosímil.

Se decía que su economía estaba creciendo vertiginosamente y que sus científicos estaban desarrollando procesos industriales verdaderamente revolucionarios. Además las universidades norteamericanas comenzaban a liderar proyectos de investigación, desplazando a las pocas instituciones europeas que no habían sido destruidas durante la primera guerra mundial.

Desde tiempo atrás venía leyendo acerca de los Estados Unidos, ese gran país que se había consolidado en Norte América una vez superada una feroz guerra civil. Según los artículos periodísticos esa nación estaba admitiendo inmigrantes de todo el mundo y una verdadera oleada de europeos estaba llegando, huyendo de los horrores de la Primera Guerra Mundial.

El joven Mojica se había distinguido desde niño por su inteligencia, curiosidad intelectual, y habilidad mecánica. Si bien adoraba su terruño boyacense, sentía en lo más profundo de su ser que sus horizontes estaban muy lejos de ese entorno rural y bastante primitivo. Devoraba cualquier escrito acerca de los más recientes avances tecnológicos y soñaba despierto al


observar crudas lejanas tierras.

fotografías

de

Un buen día decidió comunicar sus planes a su mamá Doña Carlota y a su hermana mayor Rosa Elena, quienes manejaban la familia desde que su padre Don Juan José había fallecido dejando muy jóvenes a cuatro varones y dos niñas. Les informó sin muchos rodeos su aparentemente descabellada decisión de vender parte de su herencia y viajar a los Estados Unidos para estudiar una profesión muy novedosa llamada Ingeniería Eléctrica. Su firme propósito era aprender acerca de esa recién descubierta ciencia que eliminaba el uso de velas para producir luz y también facilitaba muchos de los trabajos ejecutados en ese entonces por hombres y animales. Ellas se esforzaron por escucharlo muy atentamente, pero escasamente atinaron a comprender lo que ese inquieto muchacho quiso decirles. Obviamente opinaron que esos planes eran toda una locura y comenzaron a rezar a la Virgen Santísima para que cambiara de parecer. Imagínense la locura, Abel planeaba cabalgar un par de semanas hasta el puerto de La Dorada sobre el río Magdalena,

luego tomaría varias embarcaciones hasta llegar al mar Caribe y finalmente pensaba utilizar el vapor S. S. CALDAS, un gran barco transportador de banano que lo llevaría a una inmensa y lejana ciudad llamada Nueva York. Pero Abel no estaba bromeando, en el término de unos meses vendió buena parte de sus tierras en la hacienda El Limo y guardando las morrocotas de oro en un cinturón especial confeccionado por Doña Carlota, comenzó una travesía que se prolongó durante dos aparentemente interminables meses.


Cómo se acordaba de su mamita cuando en medio de la noche oía a los rudos marineros del carguero bananero merodeando en los camarotes tratando de robar las pertenencias de los pasajeros. No podía contener la risa al escuchar sus palabrotas de frustración, al no encontrar ni pizca de dinero en los bolsillos del mozalbete colombiano. Él era un joven de escasos 23 años, alto, delgado, blanco, y bien parecido quien se distinguía del resto del grupo de 31 pasajeros compuesto por colombianos, ingleses, venezolanos, panameños, y holandeses. Abel estaba empeñado en mejorar su precario inglés tratando de comunicarse con los oficiales de la tripulación y evitando socializar con los otros latinos quienes tan solo soñaban con las rubias de ojos azules, que según creían, les estarían esperando en el gran país del norte. La travesía en alta mar fue larga y extenuante, y el calor del verano parecía hacerla interminable. Las escalas en Curacao y Jamaica ayudaron un poco a romper la monotonía. Sin embargo todas las penurias del viaje fueron recompensadas con creces el 12 de Julio de 1920 al avistar la majestuosa Estatua de la Libertad, situada a la entrada de la bahía de Nueva York. Pasaron los años, Abel trabajaba de día en una enorme panadería

dedicada a la elaboración de galletas y cuyo propietario, un adinerado y rudo judío, le tomó mucho aprecio por su seriedad y dedicación al trabajo. Terminada su jornada diaria de ocho horas corría presuroso para abordar un tren que lo llevaba al norte de Manhattan donde estudiaba Ingeniería Eléctrica en el City College of New York. Llegaba a su apartamento a la medianoche donde estudiaba un par de horas a la luz de una lámpara de tungsteno, que no dejaba de maravillarlo. Cómo recordaba las velas de cebo que en más de una oportunidad le chamusquearon las pestañas. Pero todo no era color de rosa. Llegaron tiempos difíciles y una gran depresión económica arrasó con gran parte de la riqueza de los Estados Unidos. Luego del estruendoso colapso de la bolsa de valores de Nueva York, la otrora pujante economía se derrumbó, y poderosas empresas se declaraban en quiebra por doquier. Conocidos hombres de empresa se suicidaron lanzándose desde los rascacielos, incapaces de afrontar la vergüenza de la bancarrota, mientras que profesionales y académicos pedían limosna en las calles. El propietario de la fábrica de galletas redujo sus tres jornadas a un medio turno con los operadores más veteranos, mientras que el resto de empleados fueron despedidos. Abel rezaba todas las noches ante la


estatua de la Virgen, regalo de despedida de Mamá Carlota. Bien sabía que aún le faltaban dos años más para graduarse pues no quería regresar a Colombia sin haber completado sus estudios de ingeniería. Pasaron los meses y poco a poco la economía estadounidense comenzó a recuperarse y la fábrica de galletas volvió a enganchar personal y a encender todos sus hornos. Ya Abel había sido promovido a supervisor y el judío propietario estaba recuperando su riqueza. Un viernes en la tarde le solicitó que viniera el domingo para supervisar la producción de un pedido especial; Abel le respondió que una vez fuera a misa con su novia se haría cargo de la fábrica. El propietario no cabía en su asombro, cómo era que este judío suramericano asistía a servicios religiosos católicos solo por complacer a una muchacha?? Al aclararle Abel que él siempre había sido católico, el judío soltó una sonora carcajada, diciéndole: "Mr. Mojica usted es un hombre afortunado, su nombre bíblico y su nariz aguileña lo salvaron de perder su empleo durante la depresión económica. Yo había decidido

mantener únicamente a los empleados judíos más capaces y usted fue seleccionado asumiendo que con ese nombre y esa nariz usted era sin lugar a dudas un correligionario”.

Luego de graduarse de ingeniero y de practicar unos años, Abel regresó a Colombia, ante la enfermedad terminal de su mamita. Tiempo más tarde conoció a orillas del río Chicamocha a una niña bogotana quien disfrutaba de sus vacaciones escolares en la población de Santa Teresa. Era la bella y espiritual Leonor Perico Ramírez a quien adoró hasta su muerte y con quien tuvo 7 hijos, 22 nietos y 26 bisnietos.


Desde muy jóvenes, sus sobrinos y más tarde sus hijos se deleitaron oyendo sus relatos acerca del gran país del norte y admirando las extraordinarias fotografías contenidas en las revistas que cada semana le llegaban desde allá. Esas fabulosas crónicas influenciaron muy positivamente no solo a sus hijos, sino a toda una generación Mojica, sobre quienes tuvo una gran ascendencia desarrollando en sus jóvenes mentes la ambición de estudiar y aspirar a metas cada vez más elevadas y difíciles.

Hoy nos preguntamos cómo hubiese cambiado la vida de Abel y la de sus descendientes, si este hubiese perdido su empleo en Nueva York teniendo que haber regresado a Colombia con su misión inconclusa?? Abel murió en Bogotá en 1977 adorando a su Leo, consciente de haber dejado un sólido legado de honestidad y rectitud entre los suyos, aunque frustrado de no haber tenido una segunda oportunidad para visitar a su inolvidable Nueva York City. - Abel Mojica Jr.


Carlos Julio Mojica

No es para nadie desconocido que mi papá era una persona seria, dura, estricta y con alguna frecuencia de mal genio. Esa imagen lo persiguió durante toda su vida y aun después de muerto, la mayoría de las personas así lo recuerdan. Cuando Beatriz de Silva me llamo y me contó que este numero estaba dedicado a los mayores, dije que

oportunidad tan maravillosa nos da El Mangle para que todos conozcan la faceta desconocida de mi papa. El abuelo tierno, dulce, querendón, consentidor y paciente que era mi papá. Solo lo conocieron los nietos mayores, los hijos de Pilar y son ellos quienes en esta oportunidad hablan de sus experiencias con el. - Consuelo


Mis niños, de 8 y 6 años están empezando a averiguar de sus ancestros, por todos los lados y el mayor es bastante exhaustivo en sus inquietudes sobre el tema, quiere saber como se llamaban, cuales eran sus apellidos, de dónde eran, cuando nacieron, cuantos años me llevaban, en fin es de nunca acabar... Pues empecé por explicarle que a mi abuelo Carlos Julio le decíamos Pico Pico por que siempre que llegábamos a la casa nos decía pico pico y bajaba la cabeza para que le diéramos (mi hermana y yo) un beso en la calva. Era un abuelo de diálogos sobre historia (para mi era fascinante la historia de como Bolívar y su ejercito libertador pasaron por El Limo y dejaron a su abuelo sin un solo burro) y geografía y sobre todo de grandes discusiones sobre porque los aviones de Cornflakes no aterrizaban de punta sino poniendo la barriga; se reía de todo lo que le alegaba o le discutía. Siempre lo encontré sentado leyendo, el periódico de los Santos, o el de los Cano, o el de los Ospina o el de los Gómez, y entre párrafo y párrafo había tiempo para probar lo que Cristina le cocinaba o lo que yo el

preguntaba de lo que fuera y luego le alegaba... Hasta que me mandaba a dónde Minina por un poco de "tenteallá". Con el paso del tiempo he podido contrastar las diferentes imágenes que él proyectaba, hombre severo, con el que no se chisteaba, devoto de su familia y de su profesión, buen católico (todavía recuerdo lo que era rezar la novena con él) y muy culto. Le encantaban los conciertos de la Radiodifusora Nacional, que sintonizaba en un Phillips que tenía en su mesa de noche. Los acordes con los que se introducía el nombre de la emisora y el programa aún me suenan por ahí dentro. Mientras su salud se lo permitió siempre fue a nuestros cumpleaños y se sentaba en la cabecera, dónde siempre mi mamá le tenía a él un puesto especial diferente a los nuestros, no eran platos de cartón y vasos de plástico. Me hizo falta mucho tiempo y madurez para haber podido disfrutar de lo que hoy diríamos su "ancho de banda" - Alberto Schumacher Mojica


Mi abuelo, Carlos Julio Mojica "Pico Pico”

Dr. Mojica. Profesor Mojica. Pico Pico…

Amoroso, consagrado, juguetón, cómplice, serio y consentidor.

Tres formas de nombrarlo que habitan en mi, hace tantos años que los recuerdos parecen divagaciones. Recuerdo su casa y jardines en la calle 64. El frío, el eco, la sala prohibida (consultorio y oficina), a veces parecía que se hablaba de un viejito gruñón, y lo parecía, allá, sentado en su silla tomando el sol, pero nada más lejano de la realidad, podíamos, con mi hermano, hacer toda una sopa sobre su cabeza y el tan solo reía. Desde mis recuerdos este hombre tierno y jovial no se parece al que es descrito por mi mamá y mi tía…

Uno de los recuerdos más gratos que tengo de él es cuando lo acompañaba a la Clínica de Marly, me presentaba orgullosamente y yo sentía la admiración y el respeto que le profesaban estas personas mientras hablaban con él. Cuando me quedaba a dormir en la casa de ellos Mínima me llevaba a su cama el Domingo por la mañana para leerme las tiras cómicas del periódico y Pico Pico ahí al lado leía y participaba también animadamente con sus caricias o comentarios y su inolvidable risa, la que uno presentía que le iba a empezar a doler el estomago. Nos encantaba jugar en el consultorio de él, él se hacía el que no veía para permitirlo pícaramente, nos colábamos para curiosear entre el instrumental, nos subíamos a la camilla a jugar, nos encantaba la sala de espera y las carreras que pegábamos desde ahí hasta el comedor y la vuelta... Haciendo sonar el piso de madera! Cuando salíamos en su carro toda la parafernalia de su pinta con sombrero, abrigo y antes de arrancar se cambiaba las gafas y me explicaba..... unas son para ver de cerca y otras son para ver de lejos. Con amor, - Cristina Schumacher Mojica

Estoy seguro que esas tardes en que nos veía jugar influyeron notablemente en mi para sentir gusto por la observación, parecía que no estuviera, pero me daba cuenta que nos veía con atención por sus gestos y sonrisas. Claro las historias que narran de sus pacientes y su dedicación y compromiso profesional también influyeron en mi interés por el servicio y cuidado del otro. - Camilo Schumacher.


Pico Pico Los recuerdos que tengo acerca de mi abuelo Carlos Julio Mojica, desgraciadamente son muy pocos, sin embargo son muy lindos, como una relación de abuelo a nieto. Me acuerdo que siempre que llegábamos a la casa de él lo primero que hacíamos era tratar de entrar al salón donde tenía su consultorio, que por obvias razones no nos dejaban ni tocar la puerta. El primer recuerdo que tengo es m abuelo en la entrada de la calle al antejardín en la puerta montado en una escalera con guantes de jardinería y armado de unas tijeras para podar un buganvilla que adornaba la entrada, eso lo hacia por que siempre habían unos gusanos que supuestamente eran venenosos y él se encargaba de quitarlos. Tiempo después, no puedo decir cuanto tiempo, me acuerdo que entrabamos ala casa y en la sala estaba pico pico sentado en su silla y sobre sus piernas una cobija de cuadros azules y líneas grises, lo saludábamos y nosotros le preparábamos el desayuno, muchas veces eran huevos fritos o revueltos con cucarachas y lombrices y él se moría de la risa, creo que alguna vez hasta le echamos mocos, la verdad

no me acuerdo que decía, pero si me acuerdo que se reía. Cuando terminábamos de cocinarle, sacábamos los caballos de juguete y cabalgábamos encima de él. Empezábamos por las piernas, luego los brazos y por ultimo cabalgábamos en la calva de él, que para nosotros era un gran desierto (mi mama atrás decía, pasito con su abuelo, pasito….), y con cada galope el cerraba los ojos, obviamente los caballos hacían sus necesidades ahí en el desierto y nos parecía chistosísimo, pues el cerraba los ojos y hacia caras de asco al igual que mi abuela y mi mama. También, en el cuarto de el jugábamos con sus sombreros y los bastones utilizándolos como caballos. No me acuerdo de su voz y me acuerdo que tenia un andar lento, pero me acuerdo que era muy divertido molestar con el hasta cuando mi mama nos decía que ya nos teníamos que ir por alguna razón, cuando la verdad era que seguramente él ya estaba cansado de vernos revolotear al lado suyo……. - Andrés


Carmencita Mojica M, La hermana menor de la familia

Solo sabemos de ella por los cuadros que pintó y que adornan la sala y el comedor de la casona.

En las memorias de Mamá Rosita poco habla de ella, dice que estudió en el Colegio de las Terciarias en Tunja, que se casó con Víctor Manuel González y que murió en Mayo de 1927. En la fotografía que encontramos de su matrimonio luce muy bella y está acompañada por las damitas de honor Marorita

Víctor Manuel González era de

y Nenita y el pajecito Carlos Roberto.

Corrales, pariente de Luis Rojas,

Era la cuba de la familia, como

padre del poeta Jorge Rojas, amigo

decimos en Boyacá al hermano

muy cercano de la familia Mojica.

menor, se sabe que era como seis años menor del tío Carlos Julio,

Murió de complicaciones al nacer

que era muy bella, amante de la

su hijo Alvarito quien sobrevivió

pintura y de la poesía. Su esposo

solo unos pocos días. - Francisco Silva M.


Reflexiones

¿En dónde está Dios?

Dentro de ti, en lo más profundo de tu conciencia, allí está Dios. Pero también está en el aire que entra por tu nariz, va a tus pulmones, y llega a todas las células de tu cuerpo. Dios está en tu sangre. Con ella recorre todo tu cuerpo transitando por tus venas y tus arterias. Está en tus nervios. sensaciones a tu sensaciones visuales, gustativas…

Llevando cerebro: auditivas,

Está en tu alma. En tus pensamientos, en tu ciencia, en tus recuerdos, en tus amores.

Fuera de ti, está en la palabra sensata, en la verdad que te dicen, aunque te duela. Está en los innumerables buenos ejemplos que ves. Está en el amor que une a las familias. Está en la bondad de las gentes. Está en el perdón que se da todos los días. Donde hay algo de bondad, de verdad, de amor, de comprensión, allí está Dios. Tomado de libro “Amarás”, espiritualidad laical. - Hernando Silva, S.J.


El balcón de la cabaña

La Casa de Mamá Rosita

Desde que tengo uso de razón, recuerdo que la casa de Mamá Rosita era punto obligado de reunión cada semana. Por lo general el plan de los sábados o los domingos antes de misa era ir a tomar onces o simplemente a “hacer visita” a la casa de Mamá Rosita. Allá veíamos cada semana a Mamá Rosita, a Papá Roberto, a mis tías Cecilia y Marorita, y a mis primos Javier, Luis Gabriel, Lucrecia, y María Esperanza, además de docenas de tías, tíos, primos y primas que normalmente se congregaban en esa casa de la 93. La tertulia transcurría en la sala, en

donde los adultos se sentaban alrededor de los abuelitos mientras los chicos dábamos vueltas por la casa buscando en qué entretenerse. Algo que recuerdo mucho de la casa de Mamá Rosita en El Chicó era la ausencia de escaleras. Yo estaba tan acostumbrado a nuestra casa con esa media docena de niveles y sus respectivas escaleras, que la casa de Mamá Rosita era toda una rareza arquitectónica en comparación. Cuando estábamos chiquitos, con mis hermanas María Clara y Claudia solíamos jugar un juego cuando había mucha gente en la casa que


llamábamos “esconderse de todos”; el reto consistía en tratar de ir de un sitio a otro de la casa sin que ninguna persona nos detectara. En nuestra casa era fácil, pues con tantas escaleras podíamos arrastrarnos rumbo al garaje o pasar agachados rumbo a los cuartos, camuflados al lado de las barandas de las escaleras. En cambio en la casa de Mamá Rosita era todo un desafío, pues al haber solo un piso no había muchos lugares en dónde esconderse. La sala, el comedor, los cuartos, estaban todos comunicados por un pasillo circular, así que sin importar en qué dirección se iba uno, siempre se terminaba en el punto de partida. Aparte de los domingos, yo pasé muchos almuerzos entre semana en esa casa pues en esa época la sede de Primaria de mi colegio, el Liceo de Cervantes, quedaba en lo que hoy es el Centro 93, sobre la carrera 15. A la hora del almuerzo, mientras los demás niños almorzaban en la cafetería, yo me iba a la casa de Mamá Rosita a almorzar (eran otros tiempos; no me imagino hoy a ningún sitio que permita que los alumnos salgan del colegio a la hora del almuerzo). Aparte del privilegio de merendar un almuerzo casero en la apacible casa de mi abuelita en lugar de cualquier cosa maluca de la cafetería escolar, esos almuerzos para mí representaban una aventura pues el primo Luisga a veces me montaba en su Kawasaki de

motocross para atravesar la carrera 15. Creo que era la envidia de mis compañeros de clase, que me veían llegar del recreo de almuerzo en una ruidosa motocicleta. Con el paso del tiempo la 15 se congestionó mucho, así que terminé pasando mis almuerzos en la casa de Carlos Roberto y Norela, que me quedaba mucho más cerquita y me podía ir a pie sin tener que arriesgarme a cruzar la 15. Curiosamente esa era otra casa de un solo piso, y las únicas escaleras eran las que había en la cabañita que mis primos Silva Gil tenían en el jardín; seguramente mi primo German no diseñó ninguna de esas casas. Otra cosa en común entre esas dos casas era el menú en donde nunca faltaban las sopas, consomés y changuas. Una colega de Cecilia dictaminó alguna vez que la changua era el secreto de la longevidad de Mamá Rosita, y se llevó consigo la receta a Estados Unidos. Supongo que esa enfermera no estaba muy lejos de la verdad, a juzgar por la longevidad de Mamá Rosita, sus hermanos y demás representantes del clan Mojica. O de pronto no era la changua, sino esa calma en que vivían. La casa de Mamá Rosita fue siempre un oasis de paz en el cual se podía escapar, por un par de horas a la semana, del ruido y el atafago tan propios de la vida Bogotana. Sentado en la sala alrededor de Mamá Rosita, podía escuchar a los adultos comentar noticias de El Tiempo, El Espectador y El Siglo, o relatar divertidas


historias familiares. En ese último tema, Mamá Rosita era una fuente asombrosa de información. Escuchándola, podía aprender mucho de la historia y el frondoso árbol genealógico de la familia, y poco a poco llegué a entender por ejemplo porqué aunque mi papá era Silva Mojica yo tenía primos con apellidos Mojica Silva y Mojica Mojica, o porqué tenía varias tías y primas que ostentaban el nombre de Carlota. A propósito de ese nombre, también aprendí con gran asombro que mi querida tía Beatriz Carlota había nacido ni más ni menos que en El Limo. Años después, las visitas de la casa del Chicó dieron paso a las de la casa de Cecilia en la Bella Suiza. En esa casa continuaba reinando Mamá Rosita con su aureola de paz, siempre serena sentada en la sala o en el comedor, abrigada con sus eternos chales y sacos de hilo. Las visitas familiares de los fines de semana se extendieron gracias a la cercanía con una iglesia adonde íbamos a misa, y a la casa de Carlos Hernán y Carlota adonde íbamos a visitar a mis primas y primo Mojica Mojica, y a deleitarnos con el pan fresco de la panadería de Carlos H. Una cosa que recuerdo vivamente de esta casa de la Bella Suiza (seguramente existió en la del Chicó, pero estaba muy chiquito para acordarme) era un tarro rojo con tapa blanca, que estaba siempre sobre el mueble al lado del comedor. En su

interior, ese humilde tarro de plástico contenía un delicioso tesoro: las famosas galletas de Mamá Rosita. No podía faltar en cada visita a esa casa una par de galletas de ese tarro, las cuales eran cuidadosamente administradas por Mamá Rosita, Marorita, Nenita y Cecilia para que no quedara nieto sin su respectiva galleta. Esas galletas eran el complemento perfecto para las onces con chocolate; menos mal que María Esperanza guardó la receta para disfrute de las generaciones venideras. Al final de la tarde vendría la procesión de una cuadra para ir a misa a la capilla de Cristo Maestro, seguida por algo de televisión al regreso pues Cecilia y Marorita no se podían perder “Don Chinche”, programa que veían con fervor casi religioso. Luego vendría la habitual despedida de Mamá Rosita hasta la siguiente semana; normalmente a esa hora ya Mamá Rosita estaba en su alcoba, y los hijos y nietos y bisnietos pasábamos por turnos a desearle a la abuelita las buenas noches. Hasta la siguiente semana… o antes, si era posible tener alguna excusa para regresar a esa casa durante la semana, para disfrutar de ese remanso de paz a pocas cuadras de la congestionada Carrera Séptima con 127. Durante algún tiempo de mi vida universitaria me dediqué a dictar clases de computador para ganar unos pesos extra en mis ratos libres, y casualmente uno de mis “alumnos” de por las noches era un señor profesional que vivía a una cuadra de


la casa de Cecilia. Así que al terminar, yo aprovechaba para hacerle visita un rato a Mamá Rosita y mis tías, y de paso comer una que otra galleta de más. Era muy chistoso que ellas recordaban a este señor, que para mí era todo un ejecutivo de bigote y corbata, como un muchachito del barrio, contemporáneo de mi primo Javi. Durante las vacaciones, El Limo era como la otra casa de Mamá Rosita, que compartía con sus hermanos y sus respectivos descendientes. Tan lejos de Bogotá, en El Limo reinaba la calma pero también el ruido que traía el juego alborotado de las varias docenas de primos que se congregaban en cada veraneo. Me imagino cómo habrá sido Mamá Rosita más joven, supervisando las labores domésticas de la casona mientras mantenía disciplinados a sus ocho hijos. No supongo que esto último haya sido fácil: ¿se imaginan a Pachito, Toñito, Hernandito y Carlos Roberto de chiquitos? Pobres Mamá Rosita y mis tías, cómo habrá sido la cantidad de pilatunas que habrán hecho esos muchachos en compañía de sus primos. Supongo que por eso nunca comentó que nuestra generación saliera desjuiciada; en comparación, yo creo mi generación estuvo fue llena de angelitos y querubines. En esa casona única en su especie, las alcobas tenían nombre propio: “la alcoba de Mamá Rosita”, “el cuarto

de Carlos Julio”, “el cuarto de las abejas”, “el consultorio de Luchito”, “los Apartamentos”. Sitio especial en esa casa era “la alcoba chiquita”, una alcoba dentro de otra alcoba (la de Mamá Rosita) en donde cuenta la leyenda que nació Beatriz Carlota. Normalmente yo dormía en una alcoba al lado de la despensa, en donde no sé cómo nos acomodábamos mis papás, mis hermanas, Babar, mi primo Jorge, Adriana Casas, Carolina Gil, y algún otro invitado de turno. Sin embargo, a veces era tanta la gente que nos repartíamos en donde hubiera cupo, así que pasé varios veraneos pernoctando en el cuarto de Mamá Rosita, a pocos metros de la temida Alcoba Chiquita. Y es que en El Limo cada cuarto tiene su espanto, pero yo vivía convencido de que la Alcoba Chiquita tenía el doble de espantos. Y no ayudó el hecho de que Mamá Rosita me contó de uno de esos misterios limeños que albergaba su alcoba: una extraña mancha oscura, del tamaño de la cabeza de un clavo grande, en la pared al lado de su cama. Mamá Rosita me contó que esa misteriosa mancha se movía, y que más de una vez ella había golpeado la mancha con la suela de su zapato, pensando que acaso sería algún bicho. En El Limo repetíamos cada noche la ceremonia semanal de la Bella Suiza, pasando por turnos a darle las buenas noches a Mamá Rosita (y los que sabíamos de su existencia, a revisar furtivamente la mancha de la pared moviéndose a la


luz de la vela). Después de Año Nuevo, también era tradición ver en la baranda frente a su cuarto una inusual exposición de vasos con agua y huevo, los cuales Mamá Rosita se encargaba de interpretar: un matrimonio, un viaje, un hijo... Con el paso del tiempo, la rutina bogotana de “vamos a donde Mamá Rosita” se pasaría al apartamento de la 106. Ahí seguían, con su inmutable tranquilidad, Mamá Rosita, Moíta y Ceci. Seguían los mismos muebles que recordaba de la Bella Suiza, y el mismo preciado tarro de galletas en el comedor. Lo que sí había cambiado era la concurrencia, a medida que se multiplicaba el número de descendientes de Mamá Rosita y sus hermanos. Mis primos mayores ahora tenían hijos, los que pasaban a engrosar el cada vez más numeroso grupo de bisnietos de Mamá Rosita. Mientras tanto, los nietos de los hermanos de Mamá Rosita, al igual mis

hermanas y yo, otrora niños de nuestra generación, ahora estábamos estudiando en la Universidad. Futuros abogados, ingenieros, doctores. Me pregunto si Mamá Rosita vaticinó la llegada de más de uno de esos bisnietos, o la profesión de sus nietos, cuando “leía” con voz experta esos extraños vasos al frente de su alcoba en El Limo. Al igual que las casas anteriores, ese apartamento fue (y continúa siendo) escenario de innumerables tertulias familiares, celebraciones de Novenas y cenas Navideñas. A pesar de haber crecido en una época muy convulsionada de nuestro país, siempre recuerdo a Mamá Rosita como una persona serena y devota, sentada apaciblemente en la sala de la casa de la Bella Suiza o del apartamento en la 106, o disfrutando del almuerzo en el patio del Limo al calor del agradable clima de enero. Gracias a las memorias de Mamá Rosita, transcritas e ilustradas por María Esperanza en 1980 y republicadas recientemente en edición de lujo por la familia de Carlos H, las nuevas generaciones pudimos tener una idea más clara de cómo era la vida cotidiana en El Limo y la ciudad de Bogotá de antaño. Estoy seguro de que en el mundo no hay muchas personas como nosotros, que hayan tenido la fortuna de beneficiarse de las vivencias y enseñanzas de una abuelita que viviera más de 100 años. - Luis Francisco Silva


El rincón de la poesía

Pequeña reseña: facsímil del original escrito por Papá Juan José


Gastronomía casera

Posta negra cartagenera

Ingredientes •

Posta de punta de anca o lomo ancho

•

Ajo

•

Cebolla

Preparación

•

Pimentón

•

Sazonador

•

Cubo Maggi

Se lava la carne con agua fría y se condimenta con ajo, cebolla, pimentón, sazonador, cubo Maggi triturado, 1 cucharadita de salsa soya y se deja reposar de un día para otro.

•

Salsa soya

•

Mantequilla

•

Aceite

•

Panela rallada o raspada

En una sartén o plancha se dora con mantequilla, un poco de aceite y panela rallada. Cuando esté bien dorada por todos lados se corta en rodajas y se lleva al horno bañándola con el jugo que soltó. El tiempo de cocción depende del gusto. - María Elena de Alvarado


Plátanos en tentación

Ingredientes • • • • •

Plátanos bien maduros Azúcar Mantequilla Kola Roman Astillas de canela

Preparación Se colocan en una olla los trocitos de plátano con un poco de azúcar, mantequilla, astillas de canela y suficiente Kola Roman para cubrirlos. Se cocinan a fuego lento moviéndolos con suavidad para que el color quede parejo. - María Elena de Alvarado .


Notas sociales Bienvenida a Laura y Jorge

Palabras pronunciadas desayuno

en

el

Club Uniandinos. Bogotá. Agosto 18 de 2012 Queridos familiares._ Queridos amigos y amigas._ Queridos todos y todas. Quiero compartir con todos vosotros el profundo sentimiento que me embarga en estos días hasta las fibras más íntimas de mí ser. Es emoción, alegría, satisfacción, entusiasmo, también una leve sombra de nostalgia debido a motivos personales; pero siempre son sentimientos muy positivos.

Os quiero explicar el motivo de este evento Laura y Jorge quieren hacernos experimentar la solemnidad y emoción que se percibió en su boda acaecida en la bellísima catedral del Laceo en la ciudad de Zaragoza. Igualmente propiciar un encuentro con todos nuestros familiares que le expresa una feliz bienvenida. Esta ceremonia matrimonial fue apreciada por muchos por medio del Internet. Cabe recordar que en esa catedral fueron coronados algunos reyes de Castilla y Aragón. La visita de esta feliz pareja es la que ha suscitado mi profunda emoción: Laurita al presente es mi coleguita, toda una médica y además


especialista en oftalmología. Con cuanta satisfacción recibimos la visita de Jorge Vivanco. Mejor esposo difícilmente hubiera podido conseguir Laura. Jorge es un joven con cualidades muy especiales según referencia de quienes lo han conocido: Ingeniero, serio, amable, cordial que irradia en todo su comportamiento un especial sentido de calor humano. Lamentamos que no hayan podido venir a este evento sus padres José Manuel y María José, personas muy queridas y distinguidas. Sepan ellas desde este momento que ya los consideramos miembros de nuestra familia. Gran alegría nos ha causado la visita de Myriam, Carlos Alberto y María Paz quienes se han venido desde México DF a participar en este inolvidable encuentro familiar. María Paz es una Arquitecta muy especial pues practica un tipo de arquitectura muy distinta a lo usual que ella llama arquitectura verde o ecológica. Además practica una disciplina particular que ella denomina PERMACULTURA, también relacionada con la ecología (aplausos para María Paz). Os dais cuenta todos vosotros que con esta afortunada unión de Laura y Jorge nuestra familia queda involucrada con España, afortunada y

dichosamente, pues nuestra madre patria.

España

es

Mucho es lo que debemos a ella: la lengua, la religión, la cultura, la literatura, la poesía y en fin el quijote, pues aquí todos alguna vez fuimos quijotes y aún lo somos gracias a Cervantes. Algunos hemos luchado contra molinos de viento o hemos ido en busca del yelmo de Mambrino. Todos esto lo iras notando mi querido Jorge a medida que te vayas integrando a esta familia que te recibe con todo el corazón y con los brazos abiertos por parte de Norela mi esposa y parte mía te recibimos como verdadero y querido hijo. Finalmente expreso algunas palabras acerca de mi querida colega Laurita quien a pesar de no haber terminado su especialidad aún se perfila ya como una sobresaliente oftalmóloga pues hasta el presente ha operado más de veinte cataratas. Ella es ya toda una oftalmóloga pero debido a su especial talante amable, cordial, cariñoso y humanitario ella no va a intervenir solamente la parte física del órgano de la visión sino también el espíritu de su paciente. Por eso se dice que los ojos son el espejo del alma. Este es el sentimiento, Laurita, de tu abuelito que te adora. - Carlos R Silva Mojica


Canción épica para Jorge y Laura Breve canción épica de una flor, un mar, una ilusión y un encuentro, con música de Federico García Lorca (En la visita de Jorge Vivanco Val y Laura Herrera Silva de Vivanco a Colombia. Agosto 2012).

mirándolo distraída con sus ojos entrenados en alta oftalmología, mientras el señor aquél, que dijo ser ingeniero, convertido en bucanero a la búsqueda de joyas mas allá del ancho mar, subido en un ascensor, se gastó como dos años haciéndole malabares para llamar su atención.

Había una vez un lejano y exótico país donde apareció una delicadísima flor, transparente, escondida y pensativa, a quien llamaban Laurita, de tan especial belleza que si fuera conocida, de todos los países de este singular planeta le llegarían pretendientes queriendo tener sus pétalos para admirar y besar. Se pasaron varios años mientras se hacía señorita, estudiaba con los Mayas para volverse Doctora y soñaba, como no, con algún príncipe azul de algún reino de ultramar que la quisiera mimar… Hasta que llegó una fecha en que detrás del océano que ella ansiaba traspasar, el mismo que navegaron Colón y sus carabelas, allá lejos, en la España que una vez envió a Cortéz, apareció un jovenzuelo con pinta conquistadora, que sin mayores desplantes, muy sereno y muy discreto, se acercó a la dulce flor para decirle pasito, bien cerquita del oído, que estaba sintiendo ser el dichoso afortunado que la podría poseer. La flor que era muy sensible se sentía en primavera y se quedó en su jardín

El corazón de la flor se empezaba a conmover al presentir que algo grande le podría suceder y dos familias distantes, que antes no se conocían, una en esta América naciente y otra en la Europa de siglos, empezaron a palpar un destino inesperado convirtiéndolas en viento que loco de sentimientos iba a llenar de sueños, de caricias y calor, la famosa catedral llamada de El


Salvador, donde se casaran Reyes de Castilla y Aragón. Hasta allí llegó la flor vestida toda de blanco como capullo primario del mismísimo Creador y hasta allí llegó el señor llamado Jorge Vivanco Val, que la tomó de la mano con suavidad e ilusión para declarar su amor, mientras Zaragoza muda temblaba de la emoción y el enorme mar aquél que antes los separaba, encrespaba olas enormes espumosas de pasión.

Luego dicen que pasó lo que tenía que pasar, es decir mas de dos cosas y otras que falta contar… que desde dos continentes todos quieren abrazar a la pareja de Laura y su Jorge Señorial, pareja que es un navío de cien velas desplegadas, poblado de familiares felices de comprobar que aquella flor singular es ahora el centro mismo de un viaje muy especial, luminoso, dulce, tibio y tan feliz como un niño, donde el aire deja en todos bocanadas de cariño.

Saludo al Padre Hernando

Nuestro Capellán de cabecera y autor de la columna Reflexiones, está viviendo ahora en la Casa Pedro Arrupe de la ciudad de Medellín. Hace un mes tuvo que ser operado de urgencia y hoy vive gracias a un bypass que le pusieron. El Mangle se alegra de su recuperación y agradece a Abel Jr. y a Mayu quienes ahora residen en Medellín todas las atenciones y amabilidades que han tenido para con el Padre Hernando.


Cumpleaños

Octubre 1 Isabella Alicia Mojica Simón 2 Natalia Niño 12 Luis Francisco Silva 12 Carlota Mojica de Mojica 14 Laura Alvarado Silva 14 Laura Herrera Silva 14 Daniel Silva Mejía 16 Ángela María Mojica Osorio 19 Gloria de Niño 20 Lucrecia Mojica Silva 21 Jurgen Mojica Sanabria 24 Ángela Mojica Mojica 24 Leonor Mojica Perico 25 Carlos Alberto Vargas Mojica 25 Iván Druet Mojica 27 Danny Fitch Ruiz Noviembre 7 Carlos Hernán Mojica Mojica 7 Ricky Mojica Beltrán 9 Nathan Abel Mojica 10 Sofía Ariza Mojica

11 Luz Helena Silva González 14 Ana María Fonseca Mojica 16 Laura Macía Vergara 17 Juan David Niño 18 Gabriela Ariza Mojica 19 José Vicente Pérez 20 Carmencita Mojica de Hanke 23 Luis Guillermo Niño 26 Alejandro Niño Mojica 27 Ana María Mojica 27 Benjamín Maldonado 28 Martha Sofía Vergara de Ruiz 30 Ana María Niño Diciembre 1 Yolanda Ruiz Silva 1 Carlos Alberto Herrera 2 Sebastián Muñoz Silva 3 María Jimena Zúñiga 3 Franz Hanke 3 Natalia Vergara 5 María Clara Silva 7 Luis Carlos Sánchez 10 Juan Diego Lozano Mojica 10 Irmele Hanke 11 Juan Guillermo Vélez 13 Humberto Silva Gil 15 Patricia Vergara 16 Catalina Mojica Velandia 16 Kristina Fonseca 16 Carlos José Fonseca Jr. 23 Juan Carlos Sandoval Mojica 23 Enrique Silva Gil 28 Teresa de Mojica 31 Carlos Sandoval


Cartas a la redacción

Querida Beatriz: FELICTACIONES!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Esta edición esta maravillosa, me trae muchos bellos recuerdos y algunos muy especiales como los vividos en la cancha

de

tejo,

ojalá

muy

pronto

vuelva

a

estar

disponible y podamos pasar momentos tan agradables como los que hemos pasado. Un gran abrazo y beso desde este México lindo Carlos Alberto Herrera


Muy apreciados publicadores de El Mangle: En el Editorial de la edición #4 (julio2012),

hablando

de

piedras

ilustres

en

nuestro

amado

Limo,

(piedragorda, la del miradero, la "adquirida" recientemente por la Cabaña) el autor menciona "...también son famosas las ocurridas entre algunos parientes de esa Casona"...pero supongo que por elemental prudencia, para no herir susceptibilidades y no caminar sobre campos minados, no entra en materia... Me permiten? Primero agradezco la inclusión en la portada en que aparecen en El Miradero mi mamá y mi hermanita, esta última con unos pantalones rayados que me parece que eran miiiios y que ahora vengo a descubrir en esa fotografía después de haber rabiado y haberlos buscado por mucho tiempo. Qué piedra. Y segundo, con el tema de las piedras pero hablando de Los Tíos a quienes está dedicada la edición #5, en mis recuerdos de niño en El Limo, década del 1940, son imborrables las rabietas de Papá Roberto si a las 12.30am no se había servido aún el almuerzo; el malestar de mi padrino Carlos Julio si en el almuerzo que él presidía en el oscuro comedor se ponía muy ruidosa la mesa de los niños; el furionón del tío Abel si manos demasiado entusiastas o inexpertas se metían con su delicada planta eléctrica Pelton; el altisonante disgusto, manifestado medio en serio medio en broma por el Tío Lucho, cuando en la mitad de la proyección de Miguel Strogoff, con la sala ya arrullada por el llanto espasmódico de las niñas, 8pm., justo cuando los malvados tártaros iban a dejar ciego al héroe, Correo Secreto del Zar, ...záss, se rompía la película y los que quedábamos ciegos éramos todos nosotros; Y los regaños de Mamá Rosita, que no eran piedras sino solo maternal ira santa, cuando alguna espontánea colaboradora salaba la sopa o el Agustín o el Vidalucho se demoraban en el mandado o Beatricita Carlota se portaba mal. Un abrazo Germán Ruiz S.


Beatriz y Pachito: Una serie de hechos difíciles me habían mantenido al margen de la vida Limeña: la enfermedad de mi mamá que hemos tenido que enfrentar y que para mí ha sido una prueba difícil. Hoy,

me siento mejor y después de leer los números 3 y 4 del periódico El

Mangle, quiero felicitarlos sinceramente pues ha sido un esfuerzo grande con muy buenos resultados dada la seriedad y el empeño que Uds. dos le han puesto. Del número 3 quiero resaltar la portada y los artículos correspondientes a la querida y absurdamente demolida "Casita de la Planta Eléctrica" que era todo un símbolo del Limo y una obra de avanzada en la época en la que mi papá dedicó todo su saber, su imaginación y su amor, como lo relatan Pachito y Toñito para llevar el desarrollo a su adorado Limo. Fue el centro de la vida especialmente de la familia Silva Mojica. Pero cuando los Mojica Perico tuvimos uso de razón, fue motivo de orgullo por la obra realizada por ese personaje inolvidable para todos los que lo tuvimos cerca... Todos pecamos por dejarla desaparecer. También

fue

Unos muy

por emocionante

acción ver

salir

y a

la

otros

por

omisión.

luz

fotografías

perdidas

absolutamente inéditas que podrán continuar siendo conocidas gracias al hobby de José, quien manda una carta en nombre de papito con quien siempre se ha identificado, y nos regala esa preciosa fotografía de un Abel Mojica joven, hermoso, cosmopolita y lleno de vida junto a sus queridos sobrinos a quienes consideraba casi como a sus hijos. Del numero 4 los felicito por la maravillosa portada, me encantó el artículo de Pachito , el artículo e Hernandito, las poesías de Toñito, las cartas enviadas por Yolanda y Toñito y la variedad de artículos interesantes a todos los lectores. Un gran aplauso por su obra y que continúe día a día en desarrollo. Un gran abrazo para cada uno. Leonor Mojica Perico


Beatriz y Pachito, gracias otra vez por enviarme la ultima edición del Mangle; esta linda y que tal la portada? le mostré a mis hijos y nietos esa foto de cuando yo era joven con esos pantalones... claro que se rieron mucho... en este momento estoy copiando la receta de la masa de empanadas que hacia Mama Rosita; mañana llega Danny de Haití y su comida preferida son las empanadas ...! las hacemos de carne de res, de pollo y de queso ! ya les contare como quedaron. Felicitaciones a Luis Francisco, escribe muy bien y me encanto su articulo y el lomo al trapo se lo vi hacer por primera vez a Hernando Rodríguez. Tal vez cuando los niños entren al colegio en Agosto pueda sentarme a escribir algo pues ahora estamos en pleno verano y hay muchas actividades además del calor...por ahora les envío un saludo para todos y que sigan con esta magnifica labor de editar el Mangle. Un abrazo, Yolanda Ruiz


Colección impresa de El Mangle Las personas interesadas en obtener las 5 primeras ediciones de El Mangle impresas favor comunicarse con los editores a una de las siguientes direcciones: beatricesi@hotmail.com

(celular 313 3488844)

fransilvamo@gmail.com

Conozcamonos Las próximas cinco ediciones de El Mangle estarán dedicadas a las familias de los hijos de Papá Juan Jose y Mamá Carlota. Comenzaremos con la familia de Mamá Rosita, los Silva Mojica y todos sus descendientes, así que vayan alistando las fotografías de los grupos familiares con sus nombres, comentarios, etc. etc. El árbol genealógico de la familia Mojica es muy grande y es tiempo de que nos conozcamos al menos por este medio cibernético.


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No. 5 Oct 2012 by El Mangle - Issuu